"No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir.

Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia.

Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño."

Edgar Allan Poe


Rin había aparecido a mitad de un sendero en el bosque, apenas podía ver el fondo pues la oscuridad era en verdad profunda y el silencio sepulcral, entonces varios aullidos y pisadas se escucharon a lo lejos. La misma niña que había visto antes era cazada por lobos, corría desesperada intentado pedir ayuda pero aún así su voz no generaba un solo murmullo. Antes de darse cuenta la pequeña había sido atacada y cayó con fuerza al suelo cuando uno de sus pies se enredó con una rama. Los lobos la rodearon en segundos pero ella seguía luchando por su vida, intentó levantarse y correr... en ese instante Rin supo el porqué de aquel extraño presentimiento con la niña, era ella.

Uno de los lobos la sujetó por los hombros regresándola al suelo para hacerla su presa. Rin no terminaba de asimilar lo que vio, intentó correr a ayudarla pero al igual que con Sesshomaru su cuerpo atravesó a la los lobos y a niña haciéndola sentir totalmente inútil. En su pecho se formaba un nudo cada vez más grande y sus ojos se llenaban de lágrimas mientras seguía luchando infructuosamente con la jauría.

Un silbido se escuchó a los lejos y los canes respondieron al instante alejándose a gran velocidad para encontrarse con el que seguramente era su amo. Rin se acercó de nuevo al cuerpo inerte de la niña, se acercó a ella misma por más absurdo que eso sonase y las lágrimas comenzaron a brotar de nuevo al ver sus brazos y piernas con la marca de los colmillos.

Rin se alejó de ella y se recostó en la base de un árbol que estaba a unos pocos metros de distancia, no podía hacer nada y no tenía caso seguir observando algo que le hacía tanto daño.
Se preguntaba una y otra vez qué hacía ahí y por qué ese sueño se le hacía cada vez más real.
El sonido de unas pisadas la sacó de su trance y se levantó para ver de quién se trataba, se quedó pasmada al ver que era Sesshomaru seguido de algo que parecía un sapo y una especie de dragón de dos cabezas.

Los tres siguieron avanzando sin percatarse de su presencia cuando se toparon con el cuerpo de la niña, el sapo se acercó un poco para verla e informarle a su amo.

Amo bonito, esto parece obra de esos lobos pero no hay que darle importancia solo es una asquerosa humana — dijo el pequeño demonio verde intentando quedar bien — se me hace asqueroso que dejen los cuerpos de los débiles humanos tirados por ahí

— Será mejor que te calles, Jaken — sentenció con autoridad el oji-miel mientras desenvainaba a colmillo sagrado y se acercaba lentamente al cuerpo de la pequeña

— Pero amo bonito, qué intenta hacer... sólo es una humana y no merece su misericordia — cuestionó confundido el sirviente

— Sólo quiero probar a colmillo sagrado, ahora puedo ver a los mensajeros del infierno — el demonio blandió su espada sobre la humana y se quedó unos segundos esperando una reacción pero nada sucedió — después de todo creo que no funcionó

— Amo bonito... se está moviendo

El demonio que ya había empezado a alejarse regresó y se agachó a un lado de la pequeña, al ver que esta intentaba abrir los ojos la tomó en sus brazos y la ayudó a pararse, Jaken estaba anonadado con la escena, ¿desde cuánto su amo era tan considerado con los humanos? y sobre todo ¿Quién era esa niña y por qué su amo actuaba así con ella?

Rin esbozó una gran sonrisa cuando se encontró con los ojos de Sesshomaru y rápidamente intentó ponerse en pie. El Demonio blanco se irguió y le ordenó a su sirviente que cuidara de ella, el sapo solo pudo refunfuñar, siempre le daban más trabajo.

Rin observaba desde la oscuridad aquella escena, estaba aun confundida ¿cómo era posible algo semejante? cada vez tenía más preguntas cuyas posibles respuestas se le hacían de lo más tontas.

Los demonios se alejaron por el sendero perdiéndose en la oscuridad del bosque, al poco rato ni siquiera la brillante melena del peli-plata era visible. Antes de darse cuenta todo a su alrededor se volvió oscuridad. Se hundió en un profundo pozo lleno de confusión. No tenía idea de a dónde iba esta vez.

Rin se levantó sumamente agitada, las lágrimas se deslizaban sin cesar por su rostro y tenía esa sensación de saber que su sueño fue... mas que eso.
Cuando se sentó en la cama logró ver que Ryoma se encontraba parado en la puerta ofrenciéndole una amplia sonrisa y luego se acercó a ella.

Dice mi hermano que lo disculpes, pero el camino iba a ser algo agitado y no quería que te marearas — dijo burlón — aunque... al parecer ese sueño sirvió para algo más

— Ryoma ¿Qué... saben de las niñas?

— No te preocupes por ellas, estoy seguro de que estarán bien, supongo que pensaste mas de una vez que no eran niñas ordinarias — comentó Ryoma procurando inspirarle la confianza necesaria — en todo caso... la familia ya se está movilizando, no creo que Naraku salga con vida esta vez.

— Eso espero — expresó Rin un tanto deprimida — Por cierto, Ryoma, ¿cuánto tiempo dormí? y dónde están todos...

— Pues casi tres días. Mi padre está con Sesshomaru planeando todo para la batalla con Naraku, mi hermano va a ser el líder de un escuadrón y mi madre dijo que tenía unos asuntos que resolver. — explicó amablemente el chico

— Debo ser una molestia... espera, dices que tu hermano es líder de un escuadrón? pero solo tiene trece años! — dijo algo sorprendida, no era posible que mandaran a alguien tan pequeño a la batalla y no lograba concebir cómo Kagome había autorizalo algo semejante.

— Sí, es un gran estratega... es el genio de la familia y ¡Vamos! ya debes recordar algo... o me equivoco — hizo una pausa debiste tener un sueño interesante ¿Quieres salir a tomar aire y contarme un poco? -Le hizo un gesto con la cabeza indicándole la salida

Rin asintió cabizbaja, tenía demasiadas cosas en qué pensar y necesitaba poner sus ideas en orden — Ryoma... ¿puedes darme un minuto? Necesito tomar una ducha y muero de hambre — dijo algo apenada siendo víctima de un ligero sonrojo.

— Lo siento lo olvidé un segundo, tómate el tiempo que necesites — respondió comprensivo — todo lo que necesites está en ese armario, si deseas algo no dudes en pedírmelo.

Rin agradeció las atenciones y Ryoma salió para darle espacio. Ella por su parte buscó algo de ropa en el armario y tomó lo más práctico que se le ocurrió, unos jeans y una blusa naranja con unos convers negros siempre había sido muy simple y con tantas cosas en la cabeza lo último que quería era preocuparse por su atuendo.
Entró al baño y tomó una ducha rápida, lavó sus dientes y se vistió con las prendas que previamente había elegido. Arregló su cabello en una coleta alta y salió al salón donde se encontró con Ryoma que le había preparado algo de comer.

Espero que te guste — dijo ofreciéndole lo que había en las bandejas

— No debiste molestarte, con un par de huevos era suficiente — dijo al ver las bandejas repletas

Rin se sentó en el comedor y se sirvió un poco de todo quedando fascinada con cada bocado, Ryoma sólo la observaba fijamente y cuando ella se percató se sonrojó y desvió la mirada inmediatamente. De todos, siempre fue Ryoma con el que mejor se llevó, tenían una especie de conexión o algo parecido y llegaba a la mansión de Sesshomaru frecuentemente con su familia para platicar con ella, pero esas visitas se vieron interrumpidas después de que Sesshomaru los encontrara charlando en el jardín, no es que estuvieran haciendo algo inapropiado... pero al parecer su jefe no creyó que fuera conveniente para su ''desempeño laboral'' que ella tuviera ese tipo de distracciones.
Después de discutir con él en su despacho y decirle una y otra vez que nada estaba sucediendo entre ellos salió furiosa, nunca le había gustado dejarse mandar y le importaba un nabo que él fuera el Gran Empresario Sesshomaru. Pero aún después de todo lo que se opuso se distanció mucho con Ryoma, seguramente había hablado con el también y desde entonces no habían pasado tiempo juntos.

Los jóvenes salieron de la casa un rato, Rin necesitaba aclarar sus ideas y Ryoma lo sabía, era el momento de contarle la verdad, una que seguramente le dolería mucho pero era muy necesario que lo supiera, no podía ser la única en la ignorancia ya pesar de que todos estaban en desacuerdo con él no iba a permitir que ella siguiera en la incertidumbre... así tuviera que enfrentarse de nuevo a su tío.

La noche era muy fresca y el viento mecía los arboles suavemente, el cielo estaba despejado y las estrellas brillaban con intensidad acompañando a la luna.
Ryoma tomó un respiro profundo y observó al cielo como suplicando que las palabras adecuadas llegaran a él, la luna se reflejó en sus ojos y el silbido del viendo abrió la que sería una historia interesante.

— Rin, quieres que te cuente una historia... ella permaneció en silencio indicándole que continuara con su narración — como sabrás, hace algunos siglos Japón no era como hoy en día. Durante la época feudal las tierras eran dominadas por toda clase de deidades, demonios y bestias come-hombres. Había un demonio en particular, aborrecía a los seres humanos, su única meta era ser el Youkai mas fuerte, no conocía el miedo, el amor o la compasión. El único sentimiento que era capaz de concebir era el odio, despreciaba incluso a su medio-hermano por ser tan solo mitad bestia. Ellos dos lucharon durante mucho tiempo por una espada muy peculiar que fue heredada por su padre... entonces durante una de esas batallas fue gravemente herido y precisó refugiarse de emergencia en el bosque, se encontraba convaleciente cuando una niña en muy mal estado se acercó a ofrecerle algo de comida, por alguna razón ella no le tuvo miedo y por más que él despreciara sus atenciones seguía llegando y llevándole lo poco que podía conseguir.

Rin escuchaba paciente todo lo que el chico le contaba y un nudo se formaba de a poco en su garganta, ella sentía algo extraño por esa historia pero aun no estaba segura de lo que era, los recuerdos del sueño que tuvo durante su letargo pasaban por su cabeza confundiendola. Estaba sumida en sus pensamientos cuando la voz de Ryoma la regresó a la realidad

— ¿Sabías que algunas espadas tienen habilidades especiales? la que poseía ese demonio tenía la habilidad de regresar a las personas a la vida entonces cuando una manada de lobos atacó la niña, por alguna razón decidió salvarla. Todos los que lo conocían se quedaron sorprendidos ante tal acción, su hermano no comprendía del todo el origen de semejante compasión, incluso su madre envió a la pequeña de nuevo a la muerte con la simple intención de ponerlo a prueba, él tuvo que atravesar el limbo para rescatarla de aquella oscuridad... como dije antes, él nunca había hecho nada por nadie, menos por un humano pero esa niña lo cambió al punto de arriesgar su vida...

Rin estaba muy confundida, esa historia era igual a su sueño pero aun no podía creerlo. Ryoma la observaba atento, intentando comprender sus pensamientos y saber si estaba haciendo lo correcto y si debía continuar. La chica lo observó como suplicando que continuara con su narración y después de dudar un poco así lo hizo...ya había dicho demasiado y las dudas ya habían empezado a surgir, seguro que ella no se quedaría sólo con una fracción de la historia.

Verás... ellos dos pasaron por muchos obstáculos, ella era constantemente atacada por los enemigos de él y aún así sabiendo a todos lo peligros a los que se enfrentaba por estar con un demonio permaneció a su lado. Cuando ella tenía unos nueve años la dejó en una aldea humana para que cuidara de ella, él quería que supiera lo que era vivir con su misma especie y le dio la oportunidad de decidir si quería quedarse en la aldea o con él cuando fuera mayor. Obviamente ella no dudó un instante en regresar a su lado cuando tuvo la oportunidad y se quedó junto a él por años, evidentemente ella envejecía como todo humano y a pesar de todos los intentos de él para mantenerla con vida llegó un momento en que ella le pidió que la dejara ir.

Rin estaba llorando, las lágrimas recorrían sus mejillas y sus ojos comenzaban a ponerse rojos, había algo esa historia que le llegaba más de lo normal. Ryoma seguía implorándole a los Dioses que las palabras correctas llegaran a su boca para no herirla más de lo necesario

— Cuando ella murió él quedó totalmente devastado, su orgullo nunca le permitió aceptar lo que sentía por ella, por una humana, Durante décadas permaneció al pie de su tumba sin moverse un centímetro pero eso cambió cuando su sirviente le habló de una mujer que era igual a ella... era su reencarnación. En ese momento estuvo seguro de que no volvería a cometer el mismo error y corrió a buscarla, vida tras vida.

Se hizo una pausa entre ambos, ella intentaba asimilar las palabras que escuchaba y el simplemente deseaba saber consolarla cuando llegara el momento... le dolía verla sufrir, después de todo... siempre la había amado.

— Por... Por qué me cuentas todo esto — preguntó confundida — de qué se trata toda esa historia fantástica de deidades, demonios y espadas con poderes —Ryoma escuchó la pregunta que tanto había temido pero que sabía que tarde o temprano llegaría... era el momento de decir la verdad y ella tenía que ser muy fuerte para resistirla

— Yo... si yo te conté eso, Rin... fue... porque esa niña, la mujer que hizo cambiar a la bestia despiadada y le hizo prometer que jamás asesinaría a un humano, la pequeña que hizo que el ser que solo se preocupaba por obtener más poder arriesgara su propia vida... esa niña... y cada una de sus reencarnaciones... eres tú, Rin

La azabache abrió sus ojos como platos, una expresión de confusión que él no había visto antes se apoderó de su rostro... ¿cómo era posible esa historia? y aún por mas descabellada que sonara en el fondo sabía que era cierto. Se dejó caer sobre el pasto intentado digerir todo, el eco de las palabras de Ryoma no la dejaba pensar... ¿Cómo alguien tan normal como ella podía ser la protagonista de una historia así? no... no era posible, sus sentimientos eran un torbellino concentrado en su pecho que parecía explotar.

Ryoma se sentó junto a ella, la observaba triste... pero sabía que era necesario, necesitaba saberlo desde que su destino se volvió a cruzar con el de Sesshomaru y con el de... su hija. Extendió una de sus manos para intentar secar sus lágrimas cuando una voz familiar lo interrumpió a unos milímetros de distancia.

— Aléjate de ella — dijo furioso el mayor de los Taisho — Ya has hecho suficiente

Rin levantó la vista, ahora sus sentimientos de tristeza y frustración se convertían en furia, tenía que reclamarle por haberselo ocultado, quién era el para mantenerla en la ignorancia y decirle sólo lo que le convenía saber. Observó con algo muy parecido al odio los ojos que se posaban sobre ella con aires de superioridad y por un momento se intimidó pero no, no era el momento de salir corriendo como una cobarde, la vida le había enseñado a enfrentarse contra lo que se le pusiera enfrente y era el momento de hacerlo

— Creí que te había dicho que te fueras de aquí — Le ordenó con desprecio a su sobrino que le devolvía una mirada totalmente hostil

— Él no tiene porqué irse — le interrumpió la de los cabellos color noche

— No, Rin... será mejor que me valla, aún hay cosas que solo ustedes deben arreglar — se disculpó, por mucho que le doliera dejarla ahí sabía que era lo mejor — espero no haberte causado muchos problemas, ya entenderás mis motivos — el joven se dio la vuelta para adentrarse en el bosque que se encontraba a unos metros de ahí — Sesshomaru, no seas rudo con ella... no tiene la culpa de nada.

— Ya has dicho suficiente, lárgate de una buena vez — sentenció furioso el mayor, el chico simplemente sonrió a la azabache y se perdió en la espesura del bosque

En ese momento, Rin intentaba controlar toda la furia que sentía en su interior. Deseaba abalanzarse contra Sesshomaru por haberle ocultado la verdad durante todo ese tiempo cuando una punzada en su pecho le hizo recordar algo demasiado importante.

— Yukina... — pronunció en un susurro apenas audible — ella...

— Creo que no tardaste mucho en sacar conclusiones, sabía que debía mantenerte lejos de él pero nunca creí que tuviera el valor para decirte todo esto

— Necesito una respuesta... por qué no me lo dijiste antes

— Si te hubiera dicho que eres la reencarnación de una mujer de la que — hizo una pausa — de la que... me enamoré hace siglos no me hubieras creído. Seguro te ibas a alejar, lo hice para mantenerte cerca de mí

— Yukina... ella...

— Ella es tu hija — Le soltó sin cuidado alguno, como si fuera algo absolutamente lógico, y a su manera lo era pero para una humana común y corriente todo eso era demasiado difícil de digerir.

Los ojos de Rin se abrieron como platos... ¿era por eso que se había sentido tan identificada con ella? Las lágrimas regresaron de nuevo a sus ojos negros mientras intentaba comprender cómo era posible que tuviera una hija y que él se lo hubiera ocultado

— Debiste decirme... desde el principio

— ¡YA TE DIJE QUE NO ME HUBIERAS CREÍDO! ¿CÓMO ERA POSIBLE QUE ALGUIEN DE TU EDAD TUVIERA UNA HIJA SIN DARSE CUENTA? TE HUBIERAS ALEJADO DE MÍ, DE YUKINA — La bestia blanca cerró sus puños intentando controlar el enojo que invadía su interior — ella ya tuvo suficiente de esto... ha perdido a su madre demasiadas veces

— ¿Alejarme de mi propia hija? ¿De verdad crees que soy una desconsiderada? No te diste cuenta que desde que la conocí... — Se hizo una pausa — ...Vivo para ella. La quise desde que la vi... no... la quiero desde antes... yo tenía que saber algo tan importante como eso

Rin se abalanzó contra él mientras cerraba su puños con furia, intentó pegarle pero se topó con la pared de sus músculos. Él tomó sus manos intentando controlarla pero sólo consiguió que ella forcejeara más. Rin se sacudía descontrolada mientras intentaba soltar sus manos de las garras que las mantenían presa, su vista nublada y su cabello alborotado... estaba muy cansada. En un último esfuerzo Rin hizo uso de la fuerza que le quedaba en un intento inútil que sólo la hizo tropezar contra el pecho de su captor, el soltó sus muñecas y dejó sus manos a los costados de su cuerpo intentando pensar más claramente lo que debía decir, tal vez ya todo estaba dicho. Entonces sintió que las manos de la chica se aferraban con fuerza a su camisa mientras escondía en ella su cara, él la observó curioso durante un instante.
Ese cabello alborotado de tanto forcejear, los ojos enrojecidos por las lágrimas y la voz agitada, era la misma Rin que había conocido hace tantos siglos, la misma que siempre corría a sus brazos cuando necesitaba que la rescataran, la misma Rin que siempre había amado. A pesar de los años pasados y las reencarnaciones vividas ella no había cambiado, seguía siendo SU Rin y como siempre él iba a salvarla.

La azabache seguía escondiendo su rostro entre la camisa de Sesshomaru, intentaba controlar los sollozos que salían desde su interior pero ya no podía, tenía que desahogarse. Rin no quería mostrarse débil, no frente a él pero también... de alguna forma... sabía que sólo con él se sentía protegida, que él era la única persona con la que podía sentirse a salvo.

— Tráela de vuelta —


Espero que les haya gustado este cap, lamento haber repetido todo lo de la historia original pero lo creí necesario para que todo entrara en contexto.

No me maten XD

Muchas gracias por seguir pendientes3