||Este es el capítulo dos del fic... ¿No? ¿Enserio?... pues si... En fin aquí esta, los personajes no son míos si no de Kokoa Fujiwara creador de Inu x Boku que por cierto es triste saber que se ha ido. Como sea... espero que les guste, este capítulo es parte del fic con el que participo para el reto: El arte es un BANG. Gracias por leer... Disfrútenlo ||


/Somos iguales/

Después de todo aquel ajetreo por fin pudo estar a solas con sus propios pensamientos, había disfrutado totalmente su cumpleaños y claro, el Día de San Valentín. Sus amigas tuvieron el detalle de darle un pequeño presente. Karuta le obsequió unas mallas negras ceñidas de encaje por su cumpleaños y una bolsa llena de dulces de todo tipo por razón del 14 de Febrero. Por su parte Nobara no paraba de abrazarla, y la pálida chica comenzaba a creer que había más razones por las que se rehusaba a soltarla, además el ambiente tenso entre la rubia y el zorro.

Dejando de lado todo éso, ella se había sentido bastante a gusto por lo cual tuvo la necesidad de disculparse cientos de veces ya que fue la única que no tenía regalos para los demás, usando de pretexto que no festejaba por tales cosas así que en realidad nunca estaría interesada por ello.

Como siempre Kagerou hizo su aparición regalándoles a todos los presentes algo específico pero la mayoría fueron objetos de tortura, sólo Karuta y Ririchiyo fueron las "afortunadas", a una le trajo rollos de sushi que por cierto le encantaron y no pudo evitar consumirlos al instante y a la otra intentó raptarla. Entre Miketsukami, Nobara y Ririchiyo le dieron su merecido haciendo que se marchara como el cobarde que era.

El día parecía no llegar a su fin, ¿Pero a quien le importaba? La estaban pasando bien, por lo cual no se percataron de que Karuta y Watanuki habían desaparecido del lugar. Mientras tanto Miketsukami intentó llegar donde Ririchiyo gran cantidad de veces, pero si no era Natsumi con sus nuevas propuestas de juego era Nobara con su apego a la chica que le impedían tener un tiempo a solas.

Ririchiyo se excusó con todos por tener que marcharse temprano.

-Ririchiyo permítame acompañarla- le dijo el zorro mirándola con ternura.

-No, Miketsukami, estoy bien muchas gracias- le contestó para después pretender subir el primer escalón.

Un repentino jaloneo la hizo frenarse, giró para averiguar que ocurría. El joven estaba de rodillas sosteniéndole la mano, mirándola con súplica -Por favor Ririchiyo déjeme ir con usted- insistió aún desde el suelo.

La chica sentía que su corazón latía con fuerza pero aún así estuvo a punto de negarse de nuevo, de no haber sido porque tampoco podía estar demasiado tiempo lejos del muchacho. Bufó disimuladamente -Puedes hacer lo que quieras- le dijo deslizando su mano para zafarla del agarre del otro.

-Me hace inmensamente feliz- le dijo sin soltarla, se puso de pie acercándose demasiado a ella para envolverla en un cálido abrazo.

Por un instante para ambos desapareció el mundo, él tuvo la sensación de que sólo estaban ellos dos, ella se sentía agradecida, después de todo no habían tenido su propio festejo.

-Ririchiyo- Le susurró al oído aún abrazado de ella.

-¿Si?- le preguntó un tanto nerviosa por la cercanía pero de igual manera se dejaba abrazar.

-Tengo un regalo para usted- le contestó también en un susurro.

La chica se sintió aún más apenada -Pero yo no te he hecho nada- agregó tímidamente.

-Usted ya me ha dado mi regalo- le respondió oliéndole el cabello de forma automática.

Esa acción la hizo ruborizarse -Miketsukami- le llamó con su rostro hundido en su pecho.

-Salgamos de aquí- le indicó para después cargarla en sus brazos.

Ririchiyo no se opuso ni tampoco intentó en ningún momento ocultarse, le hacía inmensamente feliz estar con él.

Nobara se interpuso entre ellos y las escaleras -Si vas a decirle algo dícelo ahora- le ordenó con un tono retador.

-Nobara ¿Qué haces?- le preguntó el moreno tratando de empujarla para que se hiciera a un lado. Pero no logró moverla de su lugar.

Miketsukami y Ririchiyo estaban tan inmersos en su mundo feliz que no oyeron a la rubia ni mucho menos se percataron de la discusión acalorada entre éstos dos en los escalones. El zorro simplemente avanzó escaleras arriba esquivando de pura coincidencia los ataques de la mujer de las nieves.

Sorinosuka contrarrestaba los dardos congelados de Nobara -¡Basta! ¡Es absurdo!- le gritó hasta que la pareja hubo desaparecido.

El muchacho y su novia llegaron a la habitación de ella donde la bajó para que pudiera abrir la puerta. Cuando así lo hizo se disponía a entrar siendo detenida de nuevo -Puedes entrar conmigo- le dijo sin mirarlo, pero casi al instante sintió que la liberaron.

El zorro entró detrás de ella cerrando la puerta a su paso -Prepararé el té- sentenció avanzando hacia la cocina.

-Miketsukami- le llamó sin moverse de donde estaba -Ya no eres más mi guardaespaldas, ni mi sirviente- le indicó mirándolo cariñosamente.

-Ririchiyo, yo estoy para servirle- le dijo al tiempo que se giraba para verla con seriedad.

-Puedes hacerlo pero ya no eres de mi propiedad, de hecho nunca lo fuiste- Quiso explicarle tratando de encontrar las palabras adecuadas para sonar sutil pero firme.

-Mi vida existe por usted- le dijo inclinándose ante ella -Si quiere que deje de servirle, pido humildemente que termine con mi vida- agregó tomando entre sus manos la katana extendiéndola para que la chica la tomara.

Rápidamente sacudió la cabeza en señal de desaprobación tomando el arma para alejarla de él -No entiendes- le respondió un poco enfadada procediendo a avanzar e hincarse a su lado.

-Ririchiyo ¿Que hace?- le preguntó confundido clavando en ella por primera vez una mirada de tristeza combinada con la felicidad, algo extraña a decir verdad.

-Ahora tu y yo somos iguales- le respondió tomando la iniciativa acariciándole la mano enguantada.

-No puedo ser igual a usted- dijo negando con la cabeza pero dejando que lo acariciara.

-Sôshi- le llamó con una sonrisa.

Los ojos del muchacho brillaron más de lo usual y no se permitía apartar la vista de los violetáceos ojos de ella.

-Shi... Shirakiin- le respondió inclinándose hacia ella para hacer que sus labios se encontraran.

La azabache imitó la acción permitiéndose corresponderle, al principio con ternura, luego las caricias, los besos se intensificaban y de pronto sin darse cuenta -o tal vez si- los dos yacían en la cama desnudos, con las sábanas revueltas que apenas les cubrían. El cabello de la chica majestuoso como negra seda adornaba los bordes del mueble, la mujer misma se encontraba ahora dormida entre los brazos del zorro. Miketsukami no cabía en sí mimo de la alegría y apenas si pudo conciliar el sueño, sería guardián de ésa chica, su chica, para siempre...

Fin del capítulo

Bianca nwn/