Capítulo 5: El Plan
« Entonces » pronunció Emma, dando inicio a la conversación que Regina venía intentando evitar hacía días, « Amor Verdadero », concluyó, como si hubiera develado todos los secretos del universo con aquellas dos palabras.
La morena la miró con ojos grandes. « Emma, esto no es necesario ». Luego redirigió su mirada hacia el bowl donde la rubia había depositado harina, huevos y mantequilla. « Comienza a amasar. »
Era un sábado por la mañana y se encontraban en el departamento de Emma, un par de cuadras más abajo en dirección al mar que el de sus padres. Henry estaba en su entrenamiento de fútbol, y mientras tanto su madre biológica figuraba como aprendiz de Chef; después de mucho rogar, había conseguido que Regina accediera a enseñarle las clásicas galletas de chips de chocolate de la Casa Mills, mucho mejores, según el adolescente, que las de fabricación industrial.
« ¿Cómo no va a ser necesario? Por supuesto que lo es. Te encontraremos un Amor Verdadero genial. » afirmó.
El uso del plural llamó la atención de la antigua reina.
« ¿Te encontraremos? » preguntó, suspicaz.
Emma esquivó su mirada.
« Hum, puede que Henry se haya sumado al equipo de búsqueda… » comentó, agregándole un poco de sal a la mezcla.
« Falta sal. » corrigió la morena. La Savior se apresuró a espolvorear un poco más. « ¡Emma! Como si no fuera suficientemente humillante todo lo que ha sucedido, ¿ahora tienes a nuestro hijo jugando de celestino? » Regina profirió un gran suspiro. Había hecho muchas cosas malas en su vida, y probablemente aquello era retribución divina.
« No es mi culpa, el chico es demasiado despierto. Nos oyó hablando al respecto y acto seguido me presentó un cuaderno con un detallado recuento de la Operación: Amor Verdadero. » le relató, arqueando las cejas.
« Por todos los Reinos. » La ex-alcaldesa hundió su cabeza entre sus brazos, apoyada en el mesón de la cocina americana de la rubia. « Tengo miedo de preguntar ».
« En primera instancia tuve que tarjar citas en línea, citas a ciegas, citas express. Y también eliminé un perfil de facebook a medio crear que estoy segura iba a utilizar para meterte en Tindr. » Ante la cara de confusión de su interlocutora, la rubia agregó: « No quieres saberlo ».
« Muy seca. Agrega otro huevo. » indicó la morena. « Emma… esto no es tan sencillo. El Polvo de Hadas no se equivoca. No sé si sirva de algo intentar forzar una relación que vaya en contra de los designios de la magia. » concluyó, cabizbaja.
El corazón de Emma se apretó en su pecho. Tenía que alivianar la situación.
« Quién eres tú y qué hiciste con Regina. » fingió preguntarle. « ¿En serio? ¿Siempre has tomado tu destino en tus manos y ahora te vas a rendir a las profecías de unas novicias voladoras? »
Regina levantó una ceja. « ¿Cuánto tiempo llevas esperando para decir eso? »
Emma le sonrió coquetamente. « Sólo como… un año. Pero de todas maneras. » Dejó de amasar un instante. « Mi argumento se mantiene. » le señaló, apuntándola con el dedo índice.
« Ahora el azúcar. Y no dejes de amasar. » volvió a instruirla. « Emma, dices eso porque no creciste en nuestro mundo, y a pesar de poder usar magia, aún no comprendes su verdadero poder. Es inmenso. » reforzó.
Emma suspiró. « Ok. Supongamos que creo en los polvillos mágicos. Supongamos que creo que… Robin… », continuó, como escupiendo el nombre, « era tu alma gemela. Hincapié en el era. »
« ¿A qué te refieres? » le preguntó su interlocutora.
« Qué tal si en el momento en que Campanita hizo el truco, sí eras el alma gemela de Robin Hood… pero después eso cambió? » le preguntó, apoyando los codos en el mesón. « Corrió mucha agua bajo el puente desde entonces. Robin se casó con Marian, activaste la maldición… sólo digo que quizás dejaron de ser almas gemelas en el proceso. Quizás Marian es la actual alma gemela de Robin, y la tuya anda allí afuera, esperándote. » concluyó su teoría.
Regina guardó silencio.
« Nunca lo habías pensado así. » se regocijó la rubia, como si hubiera encontrado un resquicio legal a todo el hocus pocus de los polvillos estúpidos.
« No, reconozco que no. » respondió la hechicera. « Pero Emma, si, y nótese que es un condicional, sólo si así fuera… ¿cómo sabes que mi alma gemela está en este mundo? Lo más lógico sería que se hubiera quedado en el Bosque Encantado. ».
La Sheriff rodó los ojos hacia atrás y Regina se divirtió, porque aquel era su gesto.
« ¿'Lo más lógico'? ¿En serio? Estamos discutiendo los resultados de unos putos Polvos de Hada aquí. » se quejó.
« Emma. Lenguaje. » Regina le llamó la atención.
« ¡Pero si Henry ni siquiera está aquí! » se quejó la rubia.
« Sí, pero te será más difícil contenerte ante él si el resto del tiempo hablas como un marinero. » le explicó, tras lo cual Emma le prodigó su mirada fea. « No te amurres. » le pidió. « Pensé que solamente tendría que lidiar con un adolescente aquí, pero a veces parece que tengo dos. » terminó, al tiempo en que frotaba la frente de Emma con su pulgar derecho. « Harina ».
Cuando la morena la tocaba, aunque fuera mínimamente, la princesa tenía grandes problemas manteniéndose molesta; y por la sutil sonrisa de Regina, parecía que el secreto estaba al descubierto. Demonios.
« Volviendo al tema. » prosiguió la rubia. « Ya que todo el mundo parece ser tan fan del concepto del polvo… » intentó suprimir una risa por el doble sentido de su comentario, lo que le ganó el epíteto de adolescente de parte de Regina, « creo que lo mejor es recrear la situación. » dictaminó.
« ¿Cómo? »
« Volveremos a usar polvitos de hadas y veremos a quién te dirigen esta vez. »
« Emma… no sé si te has dado cuenta, pero las Hadas y yo… no tenemos una relación cordial. Blue jamás te prestará de sus polvos para algo que pudiera ser beneficioso para mí. » afirmó.
« Entonces extraeremos un poco nosotras mismas de las minas. » ofreció la rubia.
« De todas maneras necesitaríamos un Hada que lanzara el polvo. » continuó la hechicera.
« Posiblemente pueda convencer a Campanita de— »
« Ni lo sueñes. » la interrumpió la ex-alcaldesa. « Campanita perdió sus alas por mí una vez. No querría ayudarme y yo tampoco se lo pediría. » Emma bufó. « ¿Lo ves? Volvimos al primer casillero. » concluyó la morena.
« Entonces convenceré a Blue. » estableció la rubia. El lenguaje corporal de Regina deletreó un sí, seguro. « Subestimas mis poderes de persuasión, querida. » contraatacó Emma.
« Ajá, ajá. Mejor persuade a esta 'masa', si podemos llamar así a la majamama desunida que tienes en ese bowl, de tomar forma de una buena vez para agregarle los chips de chocolate. » le lanzó la morena, cada palabra untada en deleite.
« ¡Hey! Puede que no se vea muy bonita pero… » Emma recogió un poco del menjunje con sus dedos y se lo llevó a la boca. « ¡sabe delicioso! » Tomó un poco más con su dedo índice y se lo ofreció a Regina. « Prueba. » la desafió.
« Estás loca si crees que voy a probar eso. » estableció la otra mujer.
Emma comenzó a cacarear como un pollo asustado.
« ¿En serio, Emma? Kindergarten. »
« Vamos, Reg, no es como si estuviera envenenado tampoco, ¿quién hace esas cosas a estas alturas? Oh, espera. » le sonrió.
« Eso fue bajo, Miss Swan. » le devolvió la hechicera.
« Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas, Madam Mayor. Prueba. » la desafió nuevamente, sosteniendo su dedo índice frente a esferas de chocolate.
Regina rodó los ojos hacia atrás, tomó la mano de Emma e introdujo el dedo cubierto de masa dentro de su boca. La princesa se percató muy tarde de que posiblemente nunca había tenido una idea peor, considerando que el nivel de calor y de humedad en su cuerpo subieron por los aires y de que estaba segura que sus pupilas habían alcanzado la midriasis total cuando Regina soltó su dedo con un Pop audible y procedió a lamer otro poco de masa que no había retirado la primera vez.
« Mmm. Agrégale un poco más de vainilla y estamos listas para los chips. » añadió la antigua reina, a todas luces inconsciente del increíblemente sensual evento que acababa de tener lugar y del cual era totalmente responsable. « Emma. » repitió, cuando la rubia no hizo ademán de moverse.
« ¡Chips! ¡Chips! ¡Voy por los chips! » contestó la joven, intentando reponerse de su crisis de ausencia rápidamente para no pasar más bochornos ante la morena.
Morena que figuraba con una sonrisa traviesa del otro lado del mesón. « Emma… aquí están los chips. » señaló, y la rubia se sintió enrojecer todavía más en aquel instante, porque los chips estaban en un bowl sobre el mesón, al lado de la masa, y bajo sus narices todo el tiempo, en el mismo lugar donde los había dejado después de moler a golpes de martillo unas barras de chocolate según se lo había indicado Regina.
« ¡OH POR DIOS! ¡Qué delicia! »
« Emma, más lento, la idea es dejarle a Henry también. » le sonrió Regina, viendo cómo la rubia engullía galleta tras galleta caliente a medida que las iban desmoldando de la lata del horno.
« Es que… ¡Henry tiene razón! ¡Son diez mil veces mejores que las compradas! » Parecía tan feliz, más pequeña aún que el mismo Henry, y el corazón de Regina fue movido por la ternura. « Gracias, Reg. Las amo. »
« Cuenta la leyenda que saben aún mejor con un vaso de leche. » añadió la morena.
Emma se precipitó a servir dos vasos de leche cuando su celular vibró.
12:35
De: Henry
Para: E. Swan.
Ma! Robin dirigió el entrenamiento hoy y es SECO. Hizo un gol d chilena! Fue increíble!
La rubia frunció el ceño.
« ¿Qué pasa? » le preguntó la morena.
« Nada. Henry siendo un fanboy de Hood. Aparentemente puede golpear una pelota y eso lo hace digno de admiración. » bufó.
Regina había notado que Emma parecía apenas tolerar a Robin. Sospechaba que era una manera de demostrarle su apoyo, pero a veces intuía que había algo más de fondo.
« Lo he visto jugar, es el pasatiempo de los Merry Men. Efectivamente tiene cierto talento para correr detrás de una pelota. » afirmó.
Emma bufó otra vez. « Robin, Robin, Robin, Robin. ¿Qué tan bueno tiene Robin, en todo caso? Incluso como alma gemela. » continuó. « Habemos rubios mucho más atractivos y talentosos en este pueblo, como mi papá… aunque ya tiene a su amor verdadero… o yo… » Enrojeció súbitamente, como si su mente recién hubiera alcanzado a su boca. « O… bueno, hay un montón de princesas rubias. Da para pensar en la poca representatividad del medio. De hecho, esto sería mucho más fácil aún si te interesaran las mujeres. » concluyó.
« Nunca he dicho que no me interesen. » le respondió Regina y debió proseguir, porque Emma parecía haber perdido la voz, al estilo de Ariel, y eso que ni siquiera estaba usando su disfraz de Úrsula. « En el Bosque Encantado, amor es amor. El género es totalmente independiente de ello. »
« Ah, eh, bueno, mm, eso… eso facilita las cosas. » aventuró, tartamudeando. Regina levantó una ceja. « Eh, me refiero a que, abre el abanico de posibles prospectos al otro 50% de la población. Sólo— »
En ese momento la puerta se abrió de golpe y un jadeante Henry apareció en escena.
« ¡GALLETAS CON CHIPS DE CHOCOLATE! » vociferó, lanzándose como una flecha hacia el contenedor de vidrio donde Regina había ido guardando las que lograba rescatar de Emma.
« Henry, ¡están calientes! » le previno Regina, señalando la lata del horno.
El chico miró a su madre biológica, quien se relamió una miga de la comisura de los labios.
« ¡Ma se las comió calientes! ¡ALTA TRAICIÓN! »
« ¿Yo? ¿Moi? ¿Et tu, Brutus! Yo aquí como una esclava cocinándote galletas para que te alimentes después de tu entrenamiento mientras tú fangirleas en torno a un ladrón de poca monta! » le lanzó de vuelta su madre, agarrando el contenedor de galletas en dos tiempos. « No habrá galletas para ti hasta que te retractes. »
« ¡Mamá! » exclamó Henry, indignado, buscando que Regina lo ayudara.
« No habla en serio, cariño. » lo tranquilizó la morena, amenazando a Emma con la mirada.
« No metas a tu madre en esto. » les devolvió la rubia. Henry hizo ademán de acercársele y Emma retrocedió. « Atrápame si puedes, Turbo. » lo desafió.
« ¿Acabas de tratarme de caracol? » le preguntó el chico, cada vez más indignado.
« Yep. Y ni siquiera un caracol de Disney. »
Henry profirió un grito de guerra y comenzó a perseguir a su madre por todo el departamento, mientras su otra madre se sujetaba la cabeza e intentaba esconder una sonrisa.
« ¡Tengo dos niños! ¡Emma, detente en este minuto!»
La princesa esquivó a Henry hábilmente y le devolvió una mirada luminosa a Regina.
« ¡No hasta que reconozcan que soy más talentosa que aquel ladrón de poca monta! ¡Que les apuesto ni siquiera sabe hacer galletas! » se carcajeó, sorteando un cojín que su hijo le lanzó a la cabeza. « Muy lento, kid. Slooowpoke slowww. Ése tampoco es de Disney.» Henry estuvo a punto de lanzarse contra ella nuevamente, pero Emma destapó el jarro de galletas, ladeó la cabeza hacia atrás y colgó una frente a su boca.
« ¡NO! » gritó Henry.
« Ok kid, así es como van a ser las cosas. Eliminaré a los rehenes uno a uno hasta que tú y tu madre reconozcan mi supremacía frente a ese ladrón en mallas. » le amenazó.
« No te atreverías. » pronunció ominosamente Regina, sumándose al juego.
« No tienes idea de lo que soy capaz. » afirmó Emma tenebrosamente.
La morena reconoció sus palabras siendo lanzadas de vuelta hacia ella. « Emma… » le advirtió, acercándose.
« ¡Destruiré la felicidad de estas galletas aunque sea lo último que haga! » exclamó la rubia con falso odio mordiendo cada palabra, y engulló la galleta que sostenía en sus manos.
« ¡Nooooooooooooooo! » Henry les regaló su mejor imitación de Luke Skywalker tras enterarse de que Darth Vader era su padre.
Emma sólo escuchó un « Suficiente. » emanar de los labios de Regina y luego se vio envuelta en una nube de humo púrpura, que rápidamente se transformó en el cuerpo de la hechicera asiéndola hábilmente por la espalda y conteniendo sus movimientos.
« ¡Henry, ahora! » le instruyó la morena, tras lo cual en un instante el chico usurpó el frasco de galletas de las manos de la rubia y corrió a encerrarse en su habitación con su botín.
« ¡Hey! ¡Hey! » se quejó Emma, contornéandose con todas sus fuerzas pero sin poder desprenderse del abrazo forzoso de Regina. « ¡Usaste magia! ¡No vale! » vociferó.
Desde la pieza del chico se oyó un « ¡La comisión determina que el uso de magia es válido dado lo apremiante de las circunstancias! »
« ¿La comisión de…? ¡Acabas de inventar la put—! »
Una mano sobre su boca le impidió continuar.
« Lenguaje, Miss Swan. Si tanto deseas superar a Robin Hood, puedo reconocer que tu lenguaje es infinitamente más soez que el suyo. Un logro encomiable, considerando que el hombre vivía en el bosque rodeado de forajidos. »
Regina sintió a Emma inhalar profundamente, y luego una nube de humo dorado la tumbó en el sillón; cuando se despejó, la rubia figuraba sobre ella, manteniéndola atrapada con su cuerpo.
« ¡Emma! ¡Usaste magia! » se quejó la morena, intentando liberarse.
« Aparentemente hay una comisión que determina estas cosas. » rió la princesa de vuelta.
« ¡La comisión determina que está fuera de lugar! » se oyó desde detrás de la puerta de Henry.
« ¡Nadie convocó a tu comisión! » gritó Emma de vuelta, para rápidamente volver a concentrarse en Regina, que estuvo a punto de soltarse tras el descuido de la rubia. « Tranquila allí, Houdini. Te liberaré apenas reconozcas que soy mejor que Robin. En todo aspecto. » enfatizó.
Regina dejó de contornearse.
« ¿En todo aspecto, Miss Swan? » le preguntó azucaradamente. « Caramba, no podría decirlo. Verás, con Robin hicimos algunas cosas que… nosotras dos nunca hemos hecho en conjunto. » le explicó, seducción goteando en cada palabra, deleitándose con la súbita rubicundez de Emma. Se le había dado vuelta la tortilla. « No podría establecer una comparación así. »
Emma tragó saliva y alineó sus hombros. Sabía lo que Regina estaba haciendo y moriría antes de permitirle salirse con la suya.
« Eso podemos arreglarlo. » pronunció seductoramente la princesa, y Regina sintió un latido bastante más abajo de su corazón en ese momento. Tenía que ser ilegal, en lo que estaban metidas, porque lo estaba disfrutando demasiado.
« ¿Podemos, Miss Swan? » preguntó, fingiendo inocencia, y no tan inocentemente enlazando una de sus piernas ataviada en medias con una de las de Emma, cubierta por jeans. Regina Mills era muchas cosas, pero no era alguien que se replegara ante un desafío.
Emma debió aunar todo su autocontrol para no girar los ojos hacia atrás ante el placer que le había causado el último movimiento de la morena. No podía detenerse a pensar que tenía a Regina atrapada bajo ella contra su sillón, con su hijo en la pieza de al lado, porque su cabeza explotaría. Sólo podía seguir adelante si pretendía salir airosa de aquella contienda.
« Considerando el reciente descubrimiento que también te interesa el otro 50% de la población… » comenzó la rubia, mientras Regina mantenía su sonrisa de gato de Cheshire bajo ella, y por alguna razón la princesa no podía dejar de mirar esos labios rellenos. « Y considerando que tienes cierta predilección por los ladrones rubios, yo creo que… »
En ese instante, sucedieron varias cosas. Primero, tocaron a la puerta y por el departamento retumbó la voz de Snow con un « ¡Honey! » del otro lado. Segundo, las dos mujeres se separaron como si se hubieran quemado. Tercero, apareció Henry con un jarro de galletas vacío, corriendo a abrir la puerta. Cuarto, entraron los Charmings, incluyendo al bebé, y se extrañaron de encontrarse con su hija sonrosada y fuera de aire, al lado de una Regina totalmente compuesta. Quinto, Snow le recordó que iban a almorzar donde la Abuelita aquel día, tras lo cual Henry agarró su chaqueta y salió del apartamento. Sexto, David le preguntó a Regina si los acompañaría, a lo cual la morena se negó porque tenía otros planes. Séptimo, Emma le levantó una ceja, por lo que la hechicera se vio persuadida a agregar « Con Kathryn. Voy a almorzar con ella. », y luego se castigó mentalmente porque, ¿desde cuándo tenía que rendirle cuentas a la Sheriff de sus andanzas?. Octavo, Emma se percató del frasco de galletas vacío y profirió una maldición. Noveno, Regina le llamó la atención por el uso del lenguaje. Décimo, Snow le plantó una chaqueta encima a Emma y sacó a todo el mundo del lugar.
Algunos minutos después llegaron a Granny's y Ruby los llevó hasta su mesa de siempre. Snow le explicaba a su hija las últimas gracias de Eaden, que no tenían fin considerando que el bebé tenía sólo un mes. En eso, el celular de Emma vibró, y Emma se excusó para chequearlo.
14:22
De: Regina
Para: E. Swan
Swan por sobre Hood.
Emma encendió una sonrisa de mil megawatts, meneó la cabeza y guardó el teléfono, para acto seguido concentrarse completamente en el menú de Granny's, que ya se sabía de memoria. Henry miró la cara de su madre e infirió que el mensaje que había recibido era de su Mamá; agradeció que sus abuelos no se hubieran percatado del salto cuántico en el ánimo de Emma, porque justo en ese momento Eaden comenzó a llorar y Snow lo llevó al baño para cambiarlo.
El chico se sonrió a sí mismo.
La Operación: Amor Verdadero iba viento en popa.
Notas
Sí, le cambié el nombre al bebé. ¿Neal, en serio? ¿El nombre del ex de la primogénita? Olvídenlo. Todo lo que es Swan-Mills Family feels en este capítulo. En el próximo, Emma intentará ganarse el favor del Hada Azul, y el invierno llega antes de lo previsto de vuelta a Storybrooke. ¿Y si hacemos un muñeco? ¡Nos leemos!
