Capítulo 6: Los Trabajos de Emma

« Y esto, es un auto. Abreviatura de Automóvil. Que como se puede intuir, es un auto… que se mueve. ¿O quizás es un móvil que se maneja solo? »

Marian rió ante el intento de explicación de Emma. Aquella mañana de otoño (un otoño que, curiosamente, avanzaba a pasos agigantados hacia el invierno), la rubia se había presentado en su casa y le había ofrecido un tour por el pueblo para explicarle cada cosa que todavía no hubiera adivinado del funcionamiento de la vida moderna. Bueno, « moderna » entre comillas, porque Storybrooke se había quedado detenido en los 80s. ¿Betamax como formato de video para la cámara de seguridad de la cárcel? ¿En serio? Pero bueno. En aquel momento, Emma figuraba con Roland a caballo sobre sus hombros y Marian a su lado, apuntando hacia todo lo que aún se le escapaba. Hasta entonces, la rubia había hecho el mejor esfuerzo por explicar lo que era un microondas, una lavadora, un televisor y un celular. Marian sólo le sonreía y hacía gestos de comprender, pero Emma sospechaba que sólo la estaba confundiendo más.

No que pudiera hacer nada al respecto, considerando que había escuchado unas campanitas en su cabeza cuando pasó frente a la puerta de la familia Hood esa mañana. Y gracias a Dios que Blue la había prevenido, porque de lo contrario se habría encaminado directo al hospital. Y si recordamos que Whale era un médico ficticio… aquello no podía terminar bien.

Aquella mañana, casi al rayar el alba, cuando terminaba su turno en la Estación, Emma se había dirigido al convento para solicitar audiencia con la Madre Superiora. Le había pedido Polvos de Hadas para Regina y, tal y como la hechicera había previsto, el bicho se los negó. No obstante, tal y como ella misma había vaticinado, sus poderes de persuasión no debían ser menospreciados. Así que, luego de argumentar vehementemente que Regina estaba muy avanzada en su camino hacia la redención, habiendo salvado al pueblo y a todos sus habitantes en más de una ocasión; que la aparición de Marian definitivamente constituía un obstáculo importante hacia dicha redención, y que nuevamente su familia era la causa de la desdicha de la antigua reina, Regina se merecía una segunda oportunidad con el polvillo en cuestión. Además, ¿no quieres que reaparezca por aquí la Evil Queen en gloria y majestad, verdad? ¿Cuenta la leyenda que hubo una maldición para acabar con los finales felices la última vez, huh? había agregado la rubia, y aquello había terminado por convencer al Hada. Hada que la había interrogado respecto de su interés por ayudar a Regina, más allá de la culpa y el faux-pas en que se había visto envuelta. Se lo debo, había contestado la Savior, dejando fuera el Ella me importa, somos amigas, somos familia. Tenía la impresión de que, posiblemente, Blue se habría inquietado ante tal declaración. Pero quizás debió haberlo dicho porque, demonios, odiaba a aquella Hada complicada que no pudo darle los polvos así no más y le encargó tres buenas acciones a cambio porque toda la magia viene con un precio. Y tal vez no había leído lo suficiente el libro, pero, ¿no que las hadas no te cobraban comisión mágica? ¿Aquello no era más Rumple-Style? ¿Y acaso no había arriesgado su vida por Storybrooke más de una vez, con el tema de ser la Savior y todo eso? Nooo, nada de aquello valía. Así que ahí estaba, pegada con Marian, confundiéndola más respecto a la vida moderna que ayudándola, todo porque había oído las campanitas de que alguien necesitaba su ayuda. Debió haber traído a Henry para que la ayudara, porque claramente se manejaba mejor con la modernidad que ella.


Eran cerca de las 8 de la noche cuando Emma se dejó caer sobre un piso en el mesón de Granny's, derrotada.

« Cielos, Emma, qué te pasó. » le preguntó Ruby, automáticamente plantándole una cocoa frente a ella. « Te ves como si te hubiera pasado un camión por encima. »

La rubia sorbió un par de veces su cocoa antes de reabrir los ojos para contestar. « Un camión de nieve. Estuve toda la tarde quitando nieve de la entrada de la casa de Doc. » le informó. Ante la mirada atónita de la mujer, agregó. « Sí, nieve. En Octubre. No me preguntes cómo. » Emma había refunfuñado audiblemente cuando oyó las campanitas pasando frente a la casa del enano. Miró al cielo y exclamó, « Malditas Hadas », al tiempo que agarraba una pala apoyada en la cerca de entrada de la casa que, dicho sea de paso, era la única que estaba nevada. Investigaría aquello después.

« ¿Andas de Savior por el mundo? ¿Por qué tenías tú que sacar toda esa nieve? » Inquirió la mujer-lobo.

Emma procedió a explicarle que necesitaba Polvo de Hadas para… algo, y que Blue le había exigido tres buenas acciones a cambio.

« Caramba, cualquiera pensaría que te habría regalado el polvo después de haberles mentido a tus padres respecto de que uno solo podía entrar al armario que te trajo a este mundo. » comentó la mesera, mientras restregaba - ahora sí de verdad - una mancha en el mesón.

« ¡¿QUÉ?! » gritó Emma, furibunda. « ¡¿Que ese bicho hizo qué?! »

« Espera, ¿no lo sabías? Oooh, no lo sabías… » comprendió la morena. « Hmm. Parece que metí la pata. » añadió, hundiendo la cabeza entre los hombros.

« Si me disculpas, Ruby, tengo que ir a patear un trasero mágico. » anunció la rubia al tiempo que se ponía de pie.

Pero no llegó mucho más lejos, porque cuando se reincorporó sintió que sus oídos piteaban y que toda la sangre se drenaba de su cerebro, y luego se fue a negro.


Durante su inconsciencia, Emma había soñado con un viaje a través del océano. Había sentido la brisa marina en su rostro, la humedad de las olas, la alegría al arribar a un Nuevo Mundo, como había anunciado Ruby encaramada en un mástil. Luego se había internado en el bosque, más adentro y más adentro, hasta que... ¿Pongo? le había robado unas galletas del bolsillo y, persiguiéndolo, se había encontrado de frente con una mujer morena y de ojos profundos, rodeada por hojitas que danzaban entre los colores en el viento. Se observaron largamente y en su alma supo que ya nada sería lo mismo después de aquel encuentro.

Se despertó jadeante y ruborizada. Se había soñado como Emma Smith encontrando a Reginahontas.

Reginahontas que la miraba con preocupación a escasos centímetros de su rostro.

« Finalmente despiertas. » suspiró la ex alcaldesa. Emma notó que vestía un traje de dos piezas negro y llevaba una bufanda roja alrededor del cuello. Y un maquillaje y cabello impecable, por supuesto.

« ¿Regina? » aventuró la rubia. « ¿Dónde… dónde estamos? ¿Qué pasó? ».

« En tu departamento. Te desmayaste en el diner. » le contestó la morena, y agregó, adelantándose a la siguiente pregunta de su interlocutora, « Henry está con tus padres. Decidimos que se quedaría con ellos esta noche para que no se fuera a contagiar.» Ante la cara de confusión de la princesa, continuó. « Estás con gripe, Emma. Casi 40 grados de fiebre. Delirabas sobre unos nativoamericanos, incluso. » concluyó, mirándola muy seriamente.

Emma deseó ser tragada por las sábanas. Dios, permite que no haya dicho nada sobre—

Regina interrumpió su plegaria. « ¿Qué estabas pensando, Miss Swan? » la regañó. « Miss Lucas me informó que estuviste excavando nieve toda la tarde. Nieve que, curiosamente, sólo se concentraba en un lugar. ¿No se te pasó por esa cabeza dura que podía ser un fenómeno mágico? » le espetó.

Fail. Totalmente podía ser un fenómeno mágico. ¿Cómo no lo pensó antes?

La expresión de Emma le sirvió de respuesta a Regina. « Lo supuse. » continuó. « En serio, Emma. A veces pienso que estás avanzando en el dominio mágico y luego haces algo estúpido e irracional como esto. Supongo que tu genética es más fuerte. » comentó, tragándose el « idiota » que la rubia escuchó de todos modos.

« Lo siento… » se disculpó, con un hilillo de voz.

« Preocupaste a todo el mundo. Tuve que contener físicamente a Henry de entrar y tus padres sólo aceptaron dejarte bajo mi cuidado cuando les expliqué que podía ser un virus mágico y que si ellos se contagiaban se lo transmitirían también a Eaden. » explicó. « Tu madre me tiene vuelta loca, ha estado llamando cada quince minutos como reloj. » se quejó.

Bajo mi cuidado. Sólo entonces Emma cayó en cuenta del paño húmedo sobre su frente, de la palangana llena de agua al pie de su cama y de las mangas remangadas en la blusa de Regina.

« Ahora que despertaste, finalmente te puedes tomar el antipirético. Abre. » le instruyó la antigua reina y, a todas luces, actual enfermera, al tiempo que depositaba en su boca un comprimido de ibuprofeno.

Emma sintió una oleada cálida que nada tenía que ver con la fiebre. Ingirió a grandes tragos el vaso de agua que le ofreció Regina, y cuando lo volvió a dejar sobre su mesita de noche, la lectura del reloj despertador (otro resabio ochentero) la dejó atónita. « ¡Regina! ¡Son las tres de la mañana! ».

La morena observó el reloj como si nada. « Tres treinta y nueve para ser exactos. » corrigió. Sujetó la barbilla de la rubia delicadamente con una mano y la elevó unos centímetros, para mirarla directamente a los ojos. « ¿Tienes problemas para ver? » preguntó, temiendo un efecto secundario de la gripe mágica. Notó que las mejillas de la princesa se coloreaban todavía más, y removió el paño húmedo de su frente para palparla con el dorso de su mano. « Cielos, Emma, parece que la fiebre está volviendo. » Acto seguido, le enchufó un termómetro de mercurio en la boca y procedió a humedecer nuevamente el paño para reponerlo sobre su frente. « Recuéstate bien. » le ordenó antes que la rubia pudiera pronunciar palabra, arreglando las almohadas tras su cabeza de forma tal de que quedara lo más cómoda posible, al tiempo que levantaba las frazadas para arroparla mejor.

« Eres tan… mamá », murmuró Emma ocupando sólo un lado de su boca de manera tal de evitar la caída del termómetro. La mirada de su interlocutora se iluminó al recibir lo que evidentemente había sido formulado como un cumplido; esto alentó a la rubia a continuar. « Regina, es tarde y según mis cálculos llevas siete horas cuidándome, no quiero contagiar— »

« Silencio, » le instruyó la ex-alcaldesa, con una voz llena de cariño que se apresuró a camuflar, « o dejarás caer el termómetro. »

Emma se ruborizó nuevamente y obedeció como si hubiera vuelto a ser una niña que aceptaba órdenes de alguien más que no fuese ella misma.

Una vez que hubieron transcurrido tres minutos, Regina le quitó el termómetro y lo examinó a la tenue luz de la lámpara ubicada sobre el velador.

« 38ºC… aparentemente me imaginé lo de la última alza febril. » le sonrió.

Emma intentó disculparse de nuevo. « Regina, en serio, aprecio muchísimo que estés aquí, pero no quiero seguirte molestando, y es tardísimo, y si has estado sentada en esa silla de madera todo el rato demás que tienes el tremendo lumbago, y si te enfermas por mi culpa yo— »

« Basta. » la morena la interrumpió suavemente. « No me vas a enfermar. Conjuré un par de hechizos protectores antes de empezar. Además soy la persona más calificada para manejar este tipo de asuntos mágicos. Y… » hizo una pausa que capturó aún más la atención de Emma. « … no soy una experta en el tema, pero tengo entendido que esto es lo que los amigos hacen, ¿no? » le preguntó, guiñándole un ojo en el proceso.

La Sheriff agradeció no tener el termómetro puesto, porque el calor que emanaba a borbotones de su corazón habría desparramado el mercurio por todos lados. Levantó su mano para sujetar la que Regina tenía apoyada sobre el cubrecama.

« Lo es. Es sólo que… no estoy acostumbrada a que cuiden de mí. Siempre he tratado de pasar desapercibida y no dar problemas. » Orbes verdes se hundieron en chocolate, desarmando a la hechicera. « Esto también es nuevo para mí. Gracias, Reg. »

A veces, era difícil para la antigua reina no arrepentirse de nada. Después de todo, si Emma no estaba acostumbrada a que cuidasen de ella, aquello era responsabilidad directa de la morena al haberla separado de sus padres. Pero no podía arrepentirse; Henry. Henry no existiría de no ser por la maldición y por toda el agua que había corrido bajo el puente. Si volviera atrás, no cambiaría nada. De vez en cuando se aventuraba a pensar que tampoco cambiaría la muerte de Daniel… pero aquellos eran pensamientos dolorosos que no tenían cabida en su corazón en aquel instante, con Emma aferrada a su mano, mirándola con ojos luminosos.

« Emma… »

A veces no habían palabras. A veces se perdía en ella.

Con un sonoro « ¡Puf! » un cojín se materializó a la altura de su zona lumbar, y recién entonces la ex-alcaldesa se percató de que sus manos enlazadas refulgían de morado y dorado.

« ¡Emma! ¡No uses magia cuando estás así de débil! » Regina soltó su mano y la rubia sintió la pérdida de la conexión de inmediato.

« No fue a propósito, sólo pensé por un instante que con un cojín ahí no te dolería la espalda. » se excusó, intentando esquivar el gesto de reproche de la morena, quien movía la cabeza de lado a lado.

« No más magia. » Dictaminó, elevando su dedo índice a la altura del rostro de la princesa para reforzar su orden. « Todas tus energías deben estar puestas en recuperarte. »

« Ya me siento bien. » se rebeló la rubia, justo cuando la maldita gripe mágica le provocó un acceso de tos que suscitó una ceja elevada de parte de su interlocutora, que en dos tiempos abrió hábilmente los botones de su pijama de franela rojo, recogió algún tipo de ungüento de la mesita de noche y lo frotó vigorosamente contra el pecho de Emma.

Entonces, la Savior notó un par de cosas. Primero, que el menjunje brilló al contacto con su pecho. Segundo, que el ataque de tos cedió espontáneamente. Tercero, que estaba con pijama. Cuarto, que no tenía puesto su sostén. Quinto, que su corazón había latido desbocada y arrítmicamente cuando Regina había posado sus dedos sobre él, y que seguramente tendría que haberlo sentido.

¡¿Es que acaso Regina le había cambiado de ropa y la había visto desnuda?!

Emma no pronunció palabra, pero su cara gritaba la pregunta.

Regina soltó una carcajada. « Si tienes esa cara porque acabas de darte cuenta que estás con pijama, sí, efectivamente te cambié de ropa porque estabas toda sucia y empapada; pero lo hice mágicamente, para respetar tu pudor. » le explicó, todavía riendo.

Roja como una manzana, la princesa decidió que sólo podría controlar su vergüenza saltando a la ofensiva. « Vaya manera de respetar mi pudor, frotando mi pecho de esa manera. » contraatacó, sonriendo a su vez.

« ¿Detuve tu acceso de tos o no? » la desafió la morena. « Además, las dos somos mujeres,Miss Swan, no es como que no sepa qué escondes bajo la franela; lo que tú posees, yo también. » enunció lentamente, lo que provocó que la mirada de Emma descendiera inconscientemente hacia lo que ella también poseía. Punto para los Evil Regals, resonó en la mente de la antigua reina y se rió otra vez, trayendo a Emma de vuelta a la realidad posterior al semi-trance que le había causado el busto de la ex-alcaldesa. « Y deja de quejarte como un bebé, Henry no reclamaba cuando le aplicaba estas pomadas a él. » afirmó, con un dejo de nostalgia en su voz.

Eso último desarmó a Emma nuevamente.

« Gracias. » suspiró la rubia, lo que capturó la atención y curiosidad de Regina. Se apresuró a aclarar. « Por esto. Por estar aquí para mí. Y por haber estado y estar siempre ahí para Henry. Insisto; eres una gran mamá. »

El corazón de Regina, como tantas otras veces frente a las palabras de Emma, se saltó un latido. Era impensable la facilidad que tenían para pasar del coqueteo descarado a los sentimientos profundos y conmovedores. A veces, la antigua reina no era capaz de soportar la eternidad de ciertos momentos, el peso de las emociones compartidas. En ocasiones, Emma tampoco, y alguna de las dos salía del paso bromeando o utilizando otro recurso para el mismo fin. Aquella vez, le tocó a Regina.

« No soy tu madre, no obstante. » Su celular vibró sobre el velador. « Esa es tu madre. » rodó los ojos hacia atrás, cogiendo el teléfono. « ¿Aló? Sí, Snow. Ajá. Sí. Sí, está mejor, ya le bajó la fiebre. No, todavía fuera de combate. » sonrió maliciosamente. Emma inhaló para hablar y dejarla al descubierto, pero la otra mano de Regina le cubrió la boca y se lo impidió. Cuando intentó resistirse y amenazó con morderla, Regina se dejó caer sobre ella, todavía tapándole la boca, utilizando el mismo brazo para anclarla a la cama. Entre la risa y la convalescencia, Emma era incapaz de liberarse. « Ajá. Sí. » continuaba Regina como si nada; luego ocluyó el teléfono contra su mejilla y murmuró un seductor Ríndete que efectivamente desinfló a Emma, quien levantó los brazos en sumisión. Regina la soltó y volvió a su asiento, totalmente indiferente a la escaramuza que acababa de tener lugar. Eres malvada, murmuró Emma, prodigándole su mirada fea, a lo que la ex-alcaldesa contestó un casi inaudible Y te encanta, derrochando sensualidad y peligro en cada sílaba. Emma se fue de bruces sobre su almohada. « Sí, creo que mañana ya estará bien y ya no habrá peligro de contagio. Sí. Ok. Adiós. » con un click, la morena colgó el teléfono y luego lo apagó. Emma la miró inquisitivamente. « Si planeamos descansar algo, tengo que apagar el celular, de lo contrario tu madre nos lo impedirá. » afirmó. « Y esto ha sido muy divertido, pero ahora tienes que dormir. » ordenó, arreglando nuevamente las almohadas de Emma.

« Okey. » suspiró la rubia. « Buenas noches, Reg. » se despidió, girándose hacia la morena y sujetando su mano nuevamente.

Regina se asombró con el gesto, pero luego se relajó y acarició con su pulgar el dorso de la mano de Emma.

« Buenas noches, Savior. »

Ninguna de las dos se percató que fuera de la ventana de Emma, había comenzado a nevar.


Notas

¡Por fin! Este capítulo se demoró más en llegar porque estuve de viaje. Sé que mencioné que ciertas chicas de Arandale estaban por llegar, pero mis chicas de Storybrooke se arrancaron con los tarros una vez más; de hecho, este capítulo iba a terminar siendo mucho más largo si ejecutaba todo lo que tenía planeado para él, así que decidí dividirlo en dos. Así que para el próximo, sí que sí, Winter is coming.

Sobre algunas comentarios que me han dejado en los reviews, sí; Elsa va a aparecer de un momento a otro. Ahora, no tengo planeado incluir a Elsanna en el tema, al menos no románticamente, pero SisTP, sí, todo el rato. Creo que ni aunque quisiera podría, porque Em y Reg se toman todo el escenario, como habrán podido comprobar. A la lectora que solicitaba rayos para Robin: ¡me reí ene con tu comentario! Tenemos que resolver el tema de las almas gemelas de alguna manera; intentaré un par de cosas, y si no funcionan, pondremos a Emma disfrazada de Thor dándole un zuácate con el Mjolnir, ¿qué tal? ¡Ajajajaja me mueroooo! A la lectora brasileña: ¡Muito brigado! (¿Está bien?) Qué increíble que estés leyendo esta historia aunque no esté escrita en portugués, ¡muchas gracias!

Lo otro, ¿40 follows? ¿En serio? Lloraré por siempre. ¡Muchas gracias a todos por leer! ¡Nos vemos pronto!