Capítulo 8: Volver al Futuro
Henry puso el DVD de Back to the Future en el reproductor y se lanzó sobre el sillón. Emma lo había arrendado apenas el chico y Regina comentaron nunca haber visto la película, lo que a ojos de la rubia era sacrílego; ¿Cómo podían no conocer a Marty McFly? ¿Era que acaso nadie había entendido ninguna de sus bromas de Eres un gallina, McFly a lo largo de los años? Indigno. Inconcebible. Sí, le faltaba mostrarles The Princess Bride también. Ah. Tanto por educar y tan poco tiempo.
Emma fue a dar al otro lado del sillón con un tazón lleno de palomitas de maíz. Decidió dejar a Regina al medio a propósito, para que pudiera disfrutar de estar cerca de Henry. El hecho de que así terminara al lado de ella también constituía algo completamente fortuito y no planificado.
« Ma, palomitas. » pidió el chico, sin dejar de mirar la pantalla y estirando la mano hacia su madre, quien no hizo ademán de esforzarse en convidarle.
« No. »
« ¿No? » Aquello captó la atención de Henry. « ¿Cómo que no? »
« Dos palabras. » Emma entrecerró los ojos, desafiante. « Milky. Way»
Henry tragó saliva. Se había comido el último Milky Way del 'botín secreto' de la rubia. Lo negaría hasta el final.
« ¡Fue la abuela! »
« Ja. Buen intento, kid. La abuela, desde su último embarazo, tiene su propio botín. »
Regina apareció en la sala, se quitó los zapatos y se dejó caer suavemente entre madre e hijo.
"¿Estás segura que eres su madre y no su hermana?" la regañó, quitándole las palomitas. « Toma, amor. No olvides dejarle también a Emma. » agregó dulcemente.
« ¡Hey! » se quejó la rubia. « Estás apocando mi autoridad, Regina. ¿No es eso como parte de los Diez Mandamientos de las Normas de Crianza? » y continuó, con voz omnipotente, « Entonces Dios dijo,no apocarás la autoridad de la otra madre ».
Regina rodó los ojos hacia atrás.
« Let it go, Miss Swan. Es sólo un Milky Way. »
« ¡También nos falta ver Frozen! » exclamó Henry, la boca llena de palomitas, intentando cambiar el tema de su traición. Su madre biológica lo ignoró.
« ¿Sólo un… sólo un…? » Emma gesticulaba con ambas manos en el aire, cual italiana, intentando capturar lo absurdo de las palabras de la morena (y de paso, ignorando completamente el comentario de su hijo). « Espera », puso ojos como platos. « Regina… ¿será que acaso nunca has probado un Milky Way? » la rubia se quedó estupefacta esperando la respuesta de la Reina.
« … Es sólo una golosina, Miss Swan. » contestó ésta, esquivando su mirada.
« ¡OH POR DIOS! » Emma se llevó la mano a la boca, como contemplando una escena de lo más gore ante sí. Hasta Henry se detuvo a medio masticar y la habitación se quedó detenida en el tiempo por un segundo.
« Definitivamente ustedes dos tienen la misma edad. » opinó Regina, llevándose la mano a la frente. « Basta de tanta cháchara inconexa y comencemos con la película. » ordenó.
'Sólo un Milky Way'… jum, murmuró Emma a regañadientes y apretó play en el menú del DVD.
Pasaron diez minutos. Marty McFly se dirigía al Twin Pines Mall a juntarse con el Doc, y Regina todavía sujetaba su sien. Emma la tocó suavemente en el hombro. « Hey… ¿estás bien? » murmuró en su oído, de manera tal de no molestar a un Henry sumamente concentrado en la pantalla. El aliento tibio de Emma le provocó a la antigua reina un cosquilleo en el estómago que sepultó rápidamente. Se giró hacia ella para susurrarle de vuelta que estaba cansada por toda la magia que había tenido que utilizar rastreando el origen del hielo que avanzaba cubriendo el bosque; habían estado a punto de atrapar a la misteriosa mujer un par de veces, pero a último minuto siempre se les escapaba. Notó que Emma cerró los ojos cuando le hablaba, mas optó por ignorar eso también. « Pero yo no estoy cansada… ¿estás segura que es sólo eso? » inquirió nuevamente la Savior, con evidente preocupación en su rostro. Regina procedió a explicarle que llevaba muchos años sin ocupar su magia, por lo cual le tomaba más energía que antes controlarla. Y, además, su magia era de naturaleza más oscura y 'consumidora' que la de la rubia. Había sido discípula del Dark One, después de todo. Algo de la explicación había inquietado más a Emma, porque elevó ambas cejas antes de suspirar y pedirle « Ven ». La hechicera intentó resistirse y desestimar la importancia de su fatiga y calificar el gesto de Emma de exagerado, pero la rubia no entendía razones. «Ven » le insistió, sólo con los ojos y moviendo los labios sin emitir sonido alguno. Regina giró los ojos hacia atrás en sus cuencas por enésima vez en el día y se acercó a la rubia contra su voluntad, y sólo unos pocos centímetros. Emma, en cambio, la rodeó hábilmente por la cintura y la atrajo más hacia sí, logrando que la ex-alcaldesa quedara semi-acurrucada sobre ella, con su cabeza acomodada sobre su hombro derecho. « Qué estás haciendo » le preguntó/espetó Regina, haciendo un pequeño esfuerzo por alejarse. Muy pequeño. « Te estoy reconfortando después de un día difícil » le susurró Emma de vuelta, tan bajito que Regina pensó que se lo imaginaba. « Es lo que hacen los amigos. Ahora deja de resistírteme, mujer, y mira la película porque es increíble. » concluyó, apoyando suavemente su mentón sobre la frente de la morena. La cabeza de Regina dejó de pulsar dolorosamente y se sintió aliviada de inmediato, como por arte de magia. No, no era magia, pensó, entrecerrando los ojos y venciéndose al sueño. O quien sabe, quizás sí lo era.
Tras un par de minutos, Emma notó que la respiración de Regina se había tornado más lenta y profunda y que su postura, inicialmente tensa, se había relajado. No cabía duda: estaba durmiendo. Henry, por su parte, estaba tan absorto en la historia que no se había dado cuenta del cambio de posición de sus madres. Sin embargo, Emma... no podía ignorarlo. No podía ignorar lo bien que se sentía abrazando a Regina, lo orgullosa que estaba de sí misma por haberse ganado la confianza de la antigua reina a tal punto que ella podía dormirse en sus brazos y no temer que Emma fuera a ocasionarle algún daño, qué sé yo, enviarla a Abu Dhabi, se rió internamente la rubia. Y la cercanía... lo íntimo de aquel momento. Los tres juntos un sábado por la noche, viendo una película, con Regina dormida sobre ella y Henry un par de centímetros más allá, engullendo palomitas - claramente había olvidado convidarle, pero no importaba; Emma no podía recibir más dulzura en aquel momento pues temía desarrollar diabetes entre las golosinas y Regina -. Era todo tan... simple, tan doméstico, tan familiar. Eran una familia. A pesar de todo, eran una familia. Y para ella, que siempre había ido dando bote de casa en casa, sin jamás encontrar un hogar, ese momento, sentada en ese sillón en la mansión de la calle Mifflin... era todo lo que había soñado en su niñez. Se sintió sobrecogida por un instante, y luego un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando se percató de que podría hacer eso todos los sábados de su vida con gusto; las implicancias eran demasiadas. Resistió su instinto de echarse a correr, no obstante; porque tras el escalofrío y durante su sueño, Regina la había abrazado inconscientemente contra sí, uno de sus brazos rodeando el abdomen de la rubia. Le pondría un pin al tema de arrancarse. Lo pensaría después, fuera del abrazo de Regina, cuando pudiera concatenar ideas correctamente, lejos del influjo del perfume de la morena, que mantenía sus sistemas mentales sobrecargados.
Con el brazo que tenía libre tomó una manta púrpura - del mismo color que la magia de Regina, comparó - y la extendió sobre la morena. Con el movimiento de Emma, la otra mujer se acomodó mejor - es decir, todavía más cerca, y de alguna mágica manera sus labios fueron a dar al cuello de la rubia, quien pensó que quizás no había sido una buena idea lo de la manta, porque de pronto sentía demasiado calor. Ok, tenía que sobreponerse. Vamos, Swan. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Regina gimoteó en su cuello, aparentemente soñando algo placentero. Emma casi se atragantó. Inhaaaalaaaa... Se le ocurrió que podía moverse. Sí, ir al baño, o algo que le diera tiempo de controlar sus emociones. Pero no quería... no quería. Demonios, Swan, eres una masoquista.
Entre tanta disquisición mental, cuando volvió a enfocarse en la película el Doc le decía a Marty que había un problema con sus hijos y que tenían que Volver al Futuro (TM). Sonó Back in Time de fondo y pum, créditos. Fin. Henry salió de su trance y miró hacia el lado de sus madres, algo sorprendido inicialmente. Emma tendría que rellenar porque en cualquier minuto el chico se iba a dar cuenta de que estaba roja como un tomate.
« Shh… tu mamá está cansada, kid. Puedes contarle la película después. O podemos verla de nuevo, porque Back to the Future debe ser vista varias veces. Anualmente, incluso. » concluyó, tratando con todas sus fuerzas de mantener la voz firme y de ignorar el sinfín de impulsos nerviosos que la cercanía de la morena le provocaba.
Henry pareció iluminarse. « Déjame intentar algo, Ma… » Se acercó cautelosamente a Regina, cerró los ojos, posó sus labios sobre la mejilla de su madre y la besó. Tras unos instantes volvió a abrirlos, como esperando algún destello mágico o algo por el estilo, y su cara de decepción cuando vio que Regina no se había despertado derritió el corazón de Emma y tuvo que controlarse para no caer al piso y rodar envuelta en sus feelings. « ¡No funcionó! »
« Kid, sólo está dormida, y profundamente al parecer. ¡No está bajo una maldición somnífera tampoco! » le sonrió su madre. « Pero te va a comer a besos cuando sepa lo que hiciste. Eres lo más tierno ever. Te pasaste. Agradece que tengo a tu madre encima, porque de lo contrario te comía a besos yo misma ahora. » le amenazó.
« Maaaaaa. » el chico puso cara de disgusto.
« Yyyyyy ahí está mi adolescente ninja mutante favorito. Bienvenido de vuelta, kid. » Le desordenó el cabello con la mano que tenía libre. « Ya, ahora anda a acostarte, son como las 11. » le ordenó.
« ¿Y tú? ¿Te vas a quedar aquí? » le preguntó el muchacho con una media sonrisa.
« Ehh… no. Obvio que no. ¿Por qué habría de quedarme aquí? » inquirió de vuelta la rubia, rezando porque el carmín de sus mejillas se hubiera apagado.
« No sé, es que te veo tan… cómoda. » se burló Henry pícaramente.
Hasta su hijo la molestaba. Esto ya era el colmo.
« « Cama. Ahora. » determinó la princesa en full-modo mamá. « Y no creas que no me di cuenta de que te morfaste todas las palomitas. Strike 2, kid. Te estoy observando. » reforzó la idea llevando dos de sus dedos desde sus ojos a los de su hijo.
Henry le dio un beso de buenas noches. « Es que te vi demasiado ocupada con Mamá para poder sostener el bowl. » Emma intentó agarrarlo por la oreja pero el chico se le escabulló de las manos y llegó a paso rápido al pie de las escaleras. « Ma. » la llamó, y Emma se quedó esperando otro comentario graciosillo de su parte.
« Ahora qué? » le preguntó, observándolo acusatoriamente con los párpados entrecerrados.
Henry le sonrió. « Estoy contento de que sean amigas con Mamá. »
La ternura de la frase y del momento sacudió el mundo de Emma.
« Yo también, kid. Yo también. »
Media hora después de que Henry hubiera subido a acostarse, según los cálculos mentales de Emma, seguía recostada en el sillón con Regina durmiendo prácticamente sobre ella. En ese tiempo se había dedicado a observar con detención a la morena, acción que habitualmente le estaba vedada (o a raíz de la cual se ganaba un áspero ¿Qué tanto miras, Miss Swan?). Se fijó en la respiración profunda de Regina, en el movimiento de su pecho con cada inhalación y exhalación, en la calidez de su cuerpo contra el suyo propio, en las finas líneas de expresión en su frente que se suavizaban en su actual estado de relajo, en la cicatriz sobre su labio superior… ¿cómo se la habría ganado? Volvió a posar su mirada sobre los labios de la morena… y no supo por qué, suspiró. Entonces Regina se movió un poco y un mechón de cabello azabache le cubrió la frente… sin pensar, Emma lo apartó para volver a observar el rostro despejado de la antigua reina y en ese momento…
Su celular comenzó a vibrar reiteradamente sobre la mesita próxima al sillón.
« Demonios. » masculló Emma, agarrando el teléfono. Regina sólo gimoteó otro tanto y se aferró más a ella, llenando el estómago de la rubia de mariposas en el proceso. Demonios.
23:52
De:Grumpy
Sheriff, uno de mis hermanos tiene la pierna congelada por esos hielos azules que pillamos en el bosque. Necesitamos que
23:53
De:Grumpy
tú o Mills vengan para descongelarlo. Estamos cerca de la entrada del pueblo.
23:53
De:Grumpy
Sí, es Tontín.
Un tercer 'demonios' se conjuró en la mente de la rubia, porque Mills estaba fuera de combate y no pretendía sacarla de la casa a aquella hora, sobre todo con lo agotada que estaba. Ni siquiera se había despertado con las vibraciones. Tendría que ingeniárselas de otra manera, pero de todos modos…
Tenía que levantarse.
« Regina. »
« Mmh. »
« Hey, Regina. »
« Humph. »
« Regina. Es hora de levantarse. » pronunció la rubia, lentamente, con una voz azucarada que hasta entonces sólo había estado reservada para Henry. Demonios.
« Mmm… qué pasa… » preguntó la bella durmiente, intentando acurrucarse mejor contra el cuello de Emma.
« Tengo… tengo que ir a la estación. » inventó la rubia, ya con taquicardia con tantos arrumacos de la ex-alcaldesa. « Hay un gato en un árbol… o algo. » terminó a duras penas.
« No vayas... es tarde. » le pidió Regina, claramente dormida aún.
« Tengo que ir. Para algo tu administración me paga, ¿no lo recuerdas? » intentó despertarla dándole pie a que le respondiera con un comentario sarcástico. « Además, aunque no tuviera que ir a la estación, igual tengo que volver a casa. » trató de explicarle.
« Pero si estamos en casa. » respondió la morena.
Y era hasta gracioso, porque tanto tiempo estuvo la ex-alcaldesa intentando librarse de la otra madre de su hijo y deseando transformar en polvo el corazón de Emma… y ahora le bastaba una frase para hacer que ese mismo corazón se detuviera por sí solo. Cuando las palabras finalmente se registraron en la mente de la reina, el suyo propio también se frenó. Y se mantuvo detenido cuando se dio cuenta de que estaba abrazando a Emma por todos lados. Por todos los Reinos.
« Reg… estás durmiendo. » afirmó la rubia, dándole una salida fácil a la otra mujer.
« Mmm… al parecer, ya no. » le contestó Regina, liberándola de su abrazo finalmente. No agregó nada más, ¿qué podía decir? ¿Perdona por montarme sobre ti mientras dormía? Jamás. Apelaría a hacerse la desentendida. No le quedaba otra. « ¿Y Henry? » cambió el tema rápidamente.
« Se fue a acostar hace como media hora. » le informó la Savior. Le hablaba despacio, como si caminara sobre vidrios, cuidando de no decir nada que pudiera desencadenar una reacción de pánico en su interlocutora. « No me convidó ni una palomita; malcrías al muchacho. »
Regina escaneó los alrededores buscando el bowl, aterrorizándose cuando lo encontró vacío.
« ¿Dejaste que se comiera todas las palomitas? ¡Emma! ¿Sabes cuánta azúcar tienen? » le llamó la atención.
« ¡Hey! ¡No es como que hubiera podido detenerlo sin despertarte! » le lanzó de vuelta la Sheriff.
Aquello ruborizó a ambas y cortó esa corriente de pensamiento.
« Bueno… será mejor que vaya en camino. » comentó Emma, mirando hacia cualquier lado que no fuera la morena.
« Te acompaño hasta la puerta. »
Una vez en el umbral, Emma guardó sus manos en los bolsillos traseros de sus jeans y empezó a tambalearse de atrás hacia adelante. Regina ya sabía que hacía eso cuando estaba nerviosa, pero en vez de ponerla en evidencia optó por sonreírle sutilmente.
« La pasé muy bien. Deberíamos… hacer esto de nuevo, otro día. » aventuró la rubia.
« ¿Dormir juntas, dices tú? » le preguntó, derramando sensualidad en cada sílaba. Regina no pudo evitarlo; tanta timidez de Emma estaba despertando sus instintos de caza.
La princesa abrió los ojos como platos y pareció infartarse en su lugar. Después de algunos segundos pudo recuperarse y retribuir con un « Hey, hable por usted, Su Alteza. Yo vi la película, a pesar de tener una manta humana fuera de combate sobre mí. »
Regina contuvo a duras penas una carcajada de risa/nervios.
« Podrías haberme despertado si tanto te molestaba », la desafió.
« ¿Y arriesgarme a que me chamuscaras las cejas si te despertabas con el pie izquierdo? No, gracias. » respondió al desafío. Luego apoyó ambas manos detrás de su cabeza, y con fingido desinterés agregó, « Tampoco dije que me molestara. »
Regina sintió su corazón estremecerse dentro de su pecho y comprendió que había una sola manera de salir airosa de aquella situación. Se acercó a Emma lentamente, posó sus labios sobre la mejilla de la rubia en un dulce beso, y luego le murmuró directamente al oído, « Gracias por cuidar de mi sueño, Emma. Buenas noches. » Acto seguido, dio media vuelta, y cerró la puerta.
Cinco minutos después, cuando su cerebro volvió a funcionar, Emma pudo abandonar el pórtico del 108 de la calle Mifflin y emprender el rumbo hacia el borde del pueblo.
Cinco minutos después, cuando su cerebro volvió a funcionar, Regina pudo desprenderse de la puerta de la entrada y subir las escaleras hacia su lecho.
Habiendo resuelto el tema de la pierna de Tontín (y sólo al quinto intento, y sólo lo chamuscó un poquitito en la barba nada más), Emma volvía a su casa arriba de su Bug. Iba doblando por la calle principal cuando la música que surgía de la radio del auto se detuvo y el locutor preparó a la audiencia para la siguiente canción…
Y ahora, queridos radioescuchas, en Radio SBK nos complacemos en presentar el último éxito que está liderando los ránkings mundiales: Let it Go, interpretado por la grandiosa cantante y actriz de Broadway, Idina Menzel - que no Adele Dazeem, ¡qué vergüenza, Travolta!
Emma comenzó a tararear la melodía, que curiosamente conocía; posiblemente la había escuchado varias veces sin darse cuenta, sobre todo considerando que 'lideraba los ránkings.' Una vez terminada la canción, el locutor volvió a interrumpir…
Y eso fue la gran Idina Menzel, muchachos, con la canción principal de la nueva película de animación de Disney, basado en el clásico cuento La Reina de las Nieves: ¡Frozen, una aventura congelada! Ahora nos despedimos deséandoles una hermosa noche bajo las estrellas. Soy —
Emma frenó en seco y casi salió despedida por el parabrisas. Su mente iluminó palabras que había dejado pasar durante la jornada.
« Let it go, Miss Swan. Es sólo un Milky Way. »
« ¡También nos falta ver Frozen! »
Frozen.
Una aventura congelada.
La Reina de las Nieves.
Fuck.
La rubia encendió nuevamente el auto y aceleró de vuelta hacia la mansión de la calle Mifflin, con toda la intención de despertar a su hijo y a Regina para una segunda película aquella noche.
Notas
Este capítulo estaba escrito hace bastante tiempo, sólo una escena fluffy que brotó de mi cabeza, inspirada por estas dos. ¡Estas dos! Cada vez estoy más convencida de que serán endgame... o sea, yo al menos morí con los sweaters y el mío - trucho - ya viene en camino, ¿ustedes no? En el próximo capítulo, Emma intentará métodos poco tradicionales para enfrentarse a Elsa. ¡Hasta la próxima!
