Capítulo 9 - Duetos

La joven deambulaba por el bosque, a punto de caer en la más absoluta desesperación. Llevaba días en aquel pueblo extraño, lleno de personas con vestimentas curiosas, que montaban corceles de acero y hablaban con una mano sobre la oreja. No entendía nada y, lo que era peor, no había encontrado ningún rastro de su hermana. ¿Dónde estaba? ¿Dónde había ido a parar? Recordaba vagamente un enfrentamiento, luego oscuridad y después... un granero y un cartel de Bienvenidos a Storybrooke. Inicialmente se había ocultado en una cueva en el bosque, pero luego unas personas habían llegado a inspeccionar sus cosas. Y cuando había vuelto sobre sus pasos para liberar a un cervatillo que la asustó y que congeló por error, éste ya no estaba. Sucedían cosas extrañas por esos lares.

Habría dado cualquier cosa por algo familiar en aquella tierra extraña...

En eso, un murmullo lejano llegó a sus oídos.

Do you wanna build a snowman...?

¿Huh? ¿Qué era aquella melodía?

Come on, let's go and play...

No, no podía ser.

I never see you anymore,
Come out the door,
It's like you've gone away...

"¡Anna!" Elsa corrió por la arboleda persiguiendo la melodía, hasta que llegó a un claro en el bosque donde figuraba un solitario muñeco de nieve con una zanahoria como nariz.

Se acercó, suspicaz. "¿Olaf?"

La cabeza del muñeco se agitó violentamente, asustando a la muchacha; la zanahoria voló lejos y la nieve también, dejando al descubierto una larga y húmeda melena rubia y unos ojazos verdes que la miraban de vuelta, igualmente sorprendidos.

"¡De verdad eres Elsa! ¡No lo puedo creer!"

La Reina de Arendelle se quedó de una pieza frente a ella. "Tú no eres Olaf. ¿Dónde está Anna? ¡Escuché su voz!"

Emma se sacudió el resto de la nieve y produjo una radio con el cassette de la banda sonora de Frozen dentro. A Storybrooke sólo había llegado el cassette. Todavía no lo podía creer (tanto que no existieran CDs allí como que Disney todavía fabricara cassettes), y para ser sincera, tampoco podía creer que su plan para atraer a Elsa hubiera funcionado. "Mi nombre es Emma Swan, soy la Sheriff de este pueblo y esto es sólo una grabación." explicó, apuntando al reproductor. "Tu hermana y tú son famosas por estos lados." le sonrió.

Pero Elsa no le sonreía de vuelta; miraba la radio horrorizada. "¡Has capturado a mi hermana dentro de aquel aparato! ¡Libérala ahora!" exigió en el tono más real que pudo pronunciar.

Emma levantó ambas cejas. "¿Qué? No, no. Tu hermana no está aquí. Esto sólo es su voz." Intentó explicar.

Elsa pareció espantarse más aún. "¡Le has robado su voz!" exclamó. "¡Devuélvela de inmediato!"

Emma comenzaba a impacientarse. "No, mira, escúchame, esto es una radio, es un artefacto que..."

"¡No intentes engañarme! ¡Llévame con mi hermana en este mismo instante!" La joven apuntó al suelo intentando reforzar su punto, provocando sin querer que un témpano de hielo conjurado por su magia impactara la bota de Emma.

"¡Hey! ¡Ouch ouch ouch ouch ouch!" La Sheriff saltaba en un pie, indignamente, cuando una bola de fuego surgió de la nada, interponiendo distancia entre ambas mujeres, que se fueron de espaldas por esquivarla.

"¡Regina! ¡Eso estuvo demasiado cerca!" Su dedo gordo latía dentro de su bota y ahora estaba en el piso. La cosa no pintaba bien.

"Te dije que tu plan era estúpido." afirmó la ex-alcaldesa, apareciendo tras un árbol e ignorando olímpicamente la réplica de Emma. "¿Estás bien?" se acercó a ella y le ofreció su mano para levantarla, la cual la rubia aceptó.

"¿Plan?" gimoteó Elsa, a duras penas levantándose porque sus extremidades temblaban. "¡Lo sabía! ¡Capturaron a mi hermana y planean encerrarme a mí también! ¡No lo permitiré!"

La joven reina apuntó sus manos hacia la tierra, y de la nieve brotó una figura gigantezca y rugiente.

"¡GROOOOARRRR!"

"Nononono no, ¡Marshmallow no!" En un rápido movimiento, Emma se movió delante de Regina con la intención de protegerla del gigante nevado y desenfundó su pistola. "¡Atrás! ¡Atrás, malvavisco, te digo!"

Regina se llevó ambas manos a la cabeza. "¿En serio, Emma? ¿En serio? Llevamos, qué, ¿cuántos meses practicando magia? ¿Y planeas dispararle a un monstruo de nieve?" Elevó los ojos hacia al cielo en una plegaria, hasta ese momento, silente. "¿En qué me equivoqué, Señor? ¿Por qué me has abandonado?"

La Savior entrecerró los párpados, molesta. "¿Es un reflejo, ok? ¿Recuerdas que era cazarrecompensas? Dispara primero y pregunta después. ¿Y de verdad crees que éste es el momento para criticar mi desempeño má—? ¡CUIDADO!"

Marshmallow se había aburrido de oírlas discutir como un matrimonio y, tras un gesto de hombros de Elsa que claramente transmitía un No me mires a mí, yo no las conozco, había procedido a embestirlas.

La princesa terminó nuevamente de espaldas en el piso con Regina aterrizando sobre ella, sin un rasguño. "Esto es tan injusto. ¡Frozen salió recién el año pasado! ¡Nadie puede! ¡No tiene sentido!"

Regina bufó, todavía tumbada sobre la Savior. "¿Vas a cuestionar el sentido de todo esto? ¿En medio de la contienda entre la hija de Blanca Nieves y la Evil Queen versus Elsa de Arandelle? ¿De verdad?"

Emma rodó los ojos hacia atrás. "Tienes un punto ahí. Odio cuando tienes razón."

"Siempre tengo razón." Contraatacó la morena, poniéndose de pie y conjurando una bola de fuego que derritió un trozo de hielo del tamaño de un camión que se les venía encima.

"¿He mencionado todo lo que te aprecio?" agregó la rubia, sudando frío al darse cuenta de lo cerca que estuvo de morir.

"No lo suficiente, dear."

" Te adoro." continuó Emma al tiempo que se reincorporaba y esquivaba algo que sólo podía ser una bola de nieve -¿en serio?-, sin imaginarse lo que aquella frase provocaba en Regina. "Eres la mejor amiga ever".

Marshmallow se predisponía a lanzarse contra ellas nuevamente, cuando a Emma se le ocurrió intentar otra idea.

"¡Elsa! ¡Elsa! ¡No hay un plan! ¡Sólo queremos que dejes de congelar cosas!" vociferó hacia el rincón congelado entre dos árboles donde la joven reina se había guarecido. "¡Somos amistosas! ¡Mira, me sé hasta tu canción! The snow glows white on the mountain tonight..."

Regina no se lo podía creer. Emma era la idiota n#3. ¿Por qué demonios se preocupaba tanto por lo que pasara o dejara de pasarle a una Charming de tomo y lomo? "¡Emma! ¡Qué estupidez crees que—!"

Not a footprint to be seen.

Las dos mujeres se giraron al unísono buscando el origen de la voz de ultratumba.

Era... Marshmallow.

"A kingdom of isolation..." continuó Emma.

"And it looks like, I'm the Queen." El gigante de nieve miró hacia el piso, tímidamente.

"The wind is howling like this swirling storm inside..." La rubia se acercó a él, mientras Regina permanecía de piedra en su lugar.

"Couldn't keep it in, heaven knows I've tried!" cantó con desesperación, al tiempo que la la Sheriff se detenía frente a él, transformándose en un dúo.

Emma: Don't let them in
Marsh: Don't let them see
Emma: Be the good girl
Marsh: You always have to be
Emma: Conceal, don't feel
Marsh: Don't let them knoooooooowwww
Emma: Well now they knooooooow

Regina reevaluó toda su vida hasta ese punto en ese minuto; sin embargo nada habría podido prepararla para la fundición de Marshmallow, que se transformó en sólo nieve en un segundo, y la aparición triunfal de Elsa desde su fortaleza congelada, con su traje destellando más intensamente que antes.

Elsa: Let it go, Let it go,
Can't hold it back anymore.
Let it go. Let it go!
Turn away and slam the door!

A Emma le brillaban los ojitos. Si Regina tenía dudas de que la Savior hubiese sido una fanática de Disney encubierta, pues bien, acababa de salir del clóset. Observó cómo las dos rubias se acercaron para enfrentarse en un coro final.

Emma: I don't care
What they're going to say
Let the storm rage oooooooooon
Elsa y Emma: The cold never bothered me anyway.

"¡Esto estuvo increíble!" La princesa jadeaba y se sujetaba el abdomen. Le ofreció la mano a la otra cantante. "Quizás no partimos de la mejor manera, así que me presentaré de nuevo. Emma Swan. Sheriff de Storybrooke y Savior residente. Un gusto."

Elsa le sonrió de vuelta y estrechó su mano. "Elsa de Arendelle. Reina regente y en búsqueda de mi hermana, la princesa Anna. Igualmente." Giró a su izquierda para mirar a Regina. "¿Y tú eres...?"

La morena rodó los ojos hacia atrás por enésima vez aquella mañana. "Regina Mills. Ex-Reina Malvada del Bosque Encantado y ex-alcaldesa de Storybrooke. Única persona presente que no disfruta de los musicales. Enchantée.


« Regina. »

Silencio.

« Regina, ábreme. »

Más silencio.

« 'Gina… por favor. »

Sólo recibió el sonido de ropas deslizándose por la puerta como respuesta.

Emma apoyó la cabeza contra la madera y cerró los ojos. ¿Cómo había podido estropearlo todo?

Repasó los hechos en su mente por enésima vez en el día.


Aquella mañana, después de encontrar a Elsa, las madres de Henry (Team Moms!) se habían comprometido a ayudar a la recién llegada encontrando también a su hermana, Anna. En realidad Emma se había ofrecido mientras que Regina refunfuñó algo parecido a siempre tienes que andar salvando a gente aleatoria. Hola, complejo de super-héroe; sin embargo, tras ejercer su poder de persuasión (según Emma) / cansarse de sus ruegos quejumbrosos (según Regina), la morena había acordado colaborar. Se encontraban en medio de una lluvia de ideas en el antiguo despacho de Regina en la alcaldía cuando aparecieron Hook (con su habitual cara de borrego degollado cada vez que miraba a Emma, lo que enervaba rápidamente a la ex-alcaldesa) y Charming. La rubia le había avisado a su padre de lo que ocurría por si es que conocía de casualidad a Anna (una nunca sabe en el Bosque Encantado, pensó la Savior), y Hook aparentemente se había sumado de propia iniciativa; pero una vez que el pirata se unió al equipo, el asunto degeneró rápidamente. Killian argumentó que quizás Regina había finiquitado a Anna así como lo habría hecho con Marian de no ser por el pequeño viaje en el tiempo que Emma y él habían realizado; Regina negó con vehemencia la acusación, arguyendo que de haber hecho algo así lo recordaría, porque Anna era una princesa, perteneciente a una familia real, a diferencia de Marian que era sólo una doncella y cuya muerte no habría generado gran tumulto. La discusión escaló velozmente, con Hook sobre Regina como un sabueso tras un hueso y con la antigua reina a punto de volarle la otra mano al pirata de una llamarada. Emma debió interponerse físicamente entre los dos; sujetando y tranquilizando a Regina y retando a Hook, lo que no le sentó bien a Killian (ni pasó desapercibido para Charming, quien hábilmente optó por mantenerse al margen de toda la discusión, mientras la cabeza de Elsa giraba de lado a lado como siguiendo un partido de ping-pong, cada vez más confundida). Entonces el pirata, furibundo, exclamó que nadie les aseguraba que la Evil Queen no tuviera el corazón de Anna en su bóveda-ya-no-tan-secreta; tras lo cual Regina, también enfurecida, le vociferó de vuelta que no le debía ninguna explicación a formas de vida inferiores como él. Sin embargo, Emma, viendo una manera de apaciguar a Hook y cortar el tema, le sugirió a la hechicera que bajaran a la bóveda para aquietar a Garfio y seguir con la búsqueda. A Charming le picó la curiosidad que Regina aceptara; últimamente parecía ceder en todo lo que Emma le solicitaba. No obstante, no pudo continuar en sus cavilaciones porque dentro de la bóveda, en medio de todos los cofres vacíos de corazones que habían sido devueltos a sus dueños, figuraba un cofre cerrado, muy correctamente ordenado bajo la letra « D ». Garfio se adelantó, lo tomó en sus manos, sopló el polvo de la cubierta y leyó en voz alta, levantando una ceja: De Arandelle, Anna. Las mejillas de Emma se drenaron de color y Regina se tornó pálida como el papel. Elsa se acercó al cofre y éste se abrió, revelando un batiente corazón, intensamente rojo, en su interior.

« Regina… » Los ojos de Emma eran grandes como platos. « No… »

« ¡Emma, yo no lo hice! ¡Me tendieron una trampa!» La morena parecía desesperada. ¿Es que siempre tenía que terminar siendo el chivo expiatorio del villano de turno?

« La evidencia apunta hacia lo contrario, Su Majestad. » Hook parecía complacido con el giro de la trama. Quizás ahora Emma aprendería a valorarlo en vez de andar tras la Reina Malvada a todas horas.

Charming se rascó la barbilla. Quizás debían tomarse las cosas con calma, después de todo, no era la primera vez que alguien incriminaba a Regina en un acto criminal. Sin embargo, la reacción de las mujeres le llamaba la atención; su hija parecía a punto de llorar, como si alguien hubiera pateado a su cachorro favorito, y Regina, rayando en el frenesí, semblaba sólo interesarse por lo que Emma pensara de ella. ¿Qué demonios estaba sucediendo entre las dos?

Elsa terminó con el sufrimiento en el ambiente cuando tomó el órgano en sus manos, lo revisó de cabo a rabo y afirmó, Este no es el corazón de mi hermana. Debería tener una estría de hielo por un… accidente que tuvimos una vez. Y no la tiene. Ergo, no le pertenece. De hecho, ¿no les parece un poco pequeño para ser un corazón humano? Más bien aparenta ser de un— Regina la interrumpió y le birló el corazón de las manos. De un cervatillo, concluyó, la mirada más fría que los poderes de Anna. Ok, me imagino que vamos a visitar al Sr. Gold ahora, ¿verdad? Con Cora y Zelena fuera de la foto, el sospechoso usual en incriminar a Regina en algo es él, opinó David, todavía suspicaz de su hija, a quien parecía haberle vuelto el alma al cuerpo luego de escuchar que Regina era inocente.

Resumiendo, sí, efectivamente, Rumplestiltskin figuraba en la historia, como siempre. Dentro de su nuevo cariz de hombre renovado (y con Belle al lado mientras contaba la historia), confesó que Anna le había pedido ayuda para probarle a su hermana que sus padres no le temían, que en base a eso firmaron un acuerdo, pero que finalmente Anna no llevó a cabo su parte del trato y, como habían acordado previamente… la aprisionó en su propio collar en forma de copo de nieve. En ese punto de la historia Elsa se llevó la mano a la boca en sorpresa e incredulidad, mientras todos los demás presentes rodaron los ojos hacia atrás al unísono. Elsa le exigió razones para tal comportamiento al cojo malvado y Hook explicó, Toda magia viene con un precio, cariño. Luego Rumple explicó, y debían tomar el hecho de que revelara sus motivos como un acto de buena fe, que su idea era utilizar a Elsa como runner-up de Regina en caso de que la última no lograra concretar la maldición, y para eso nada mejor que tener a Anna como moneda de cambio para un eventual trato. Clásico de Rumplestiltskin, opinó Emma, pero había algo que todavía no le quedaba claro; ¿cómo terminó la Reina de Arandelle dentro de la bóveda del Dark One? Gold se apresuró a explicar que justo cuando logró apresar también a Elsa aparecieron los Hook y Emma del futuro, y así como los olvidó a ellos también olvidó lo inmediatamente anterior… que había capturado a Elsa. Y luego Regina dio señales de que iba a ejecutar correctamente la maldición, así que todo quedó ahí. ¿Y el collar? ¿Dónde estaba el collar? ¿Dónde estaba Anna? Rumple, no me digas que… ¡es el collar que se robaron anoche! se exclamó Belle, llevándose una mano a la frente. Tras un ¡¿QUÉ?! colectivo, Rumple les informó que había sido víctima de un robo la noche anterior, donde le habían sustraido el collar entre otros artefactos valiosos, y que lo había reportado a la oficina del Sheriff, con Campanita. De hecho él pensaba que por eso habían llegado todos en masa a verlo. En ese momento Charming se llevó a Elsa a la estación del Sheriff para ver si Campanita había logrado algún progreso en la investigación; pero a Regina todavía le cabía una duda. ¿Qué hacía ese corazón de cervatillo en su bóveda?

« Era mi evidencia forjada para comprar tiempo en caso de que apareciera alguien de Arandelle buscando a su Familia Real. Así irían tras de ti mientras yo preparaba mi siguiente jugada maestra. » Rumple sonrió ante la furia de Regina. « Querida, te prometo que no lo recordaba. No puedes negar, además, que era un plan perfecto. E incluso, sirvió para probar la confianza de los Charmings… ¿pasaste la prueba, Miss Swan? ¡Jijijiji! »

Aquella risa de diablillo sacaba de sus casillas a Emma, definitivamente. Sintió que su corazón rodaba por el piso cuando Regina la miró con tristeza, para luego desaparecer en una nube de humo morado. Quiso seguirla, pero Hook la detuvo. No sabes dónde fue, ¿cómo la vas a perseguir? Además, love, lo más lógico era dudar, considerando su prontuario. No puede culparte por eso.

La Sheriff inspeccionó como un halcón la mirada de Garfio. Lo más lógico, claro está. De hecho, demasiado lógico para mi gusto. Casi como si hubieras sabido que ese corazón falso estaba ahí, lo acusó. El pirata tragó saliva y Rumplestiltskin dejó escapar otra de sus risitas repulsivas; en dos tiempos Emma le arrebató la daga de las manos a Belle y la sujetó fuera de su alcance, aprovechando su diferencia de porte.

« Lo siento, Belle. Hay algo que necesito saber. Rumple. ¿Hook sabía de tu evidencia forjada? »

El diablillo se deleitó en contestar, « Por supuesto. Canjeó un favor que le debía y se lo conté. Parecía muy interesado en cualquier información que pudiera enemistarte con Regina, dear. Me pregunto por qué. » Sonrió reptilmente.

« Tú, ¡maldito cocodrilo! » le gritó Garfio. « Belle, ¡esa daga es falsa! ¡Tu esposito te ha engañado todo el tiempo! » le acusó, y la sangre se le heló cuando comprobó que el Dark One seguía sonriendo. ¿Habría cambiado la réplica por la verdadera?

« Confío plenamente en Rumple, Garfio. No así en ti. No dudaré de mi esposo por cualquier calumnia que puedas inventar. » afirmó la joven decididamente, y Emma sintió que se le revolvía el estómago al comparar la confianza de la muchacha con su duda frente a Regina.

« ¿En serio, Killian? Esto es súper sencillo de comprobar. » opinó la rubia, con la daga todavía en la mano. « Rumple. Dale un beso al Capitán Garfio. »

Aquello terminó en una escaramuza entre Garfio intentando resistirse y Rumple intentando besarlo contra su propia voluntad. Emma finalmente le devolvió la daga a Belle, quien agregó un ¡en la mejilla! ¡un beso en la mejilla! que el Dark One logró sin mayor dificultad. Posteriormente reprendió a su esposa por haberle ordenado aquello en vez de simplemente haber suspendido la orden anterior, a lo que Belle contestó que era lo mínimo que se merecía considerando el daño que le había causado a las hermanas de Arendelle. En eso Emma abandonó la tienda con Hook pisándole los talones y Rumple pensó que al menos no había sido el gran perdedor de la jornada.

Después de eso, Emma había terminado las cosas con Killian. Éste reconoció haber incriminado a Regina porque estaba celoso de toda la atención que la rubia le prodigaba en detrimento de pasar tiempo con él, y que parecía como si Emma en verdad estuviera enamorada de la ex-alcaldesa; inicialmente lo había tomado como una broma y había aprovechado de molestarla cuando Ruby tocaba el tema, pero de un tiempo a esta parte todo había cambiado. Emma lo empujó lejos de ella y le espetó que no entendía nada y que si se volvía a entrometer en su relación con la otra madre de su hijo perdería algo más que su mano. Si hasta hablas como ella, Swan, eres tú la que no entiende nada, le recriminó Killian. Emma lo sujetó violentamente del cuello de su chaquetón de cuero. Lo que sea que sienta o deje de sentir por Regina no es de tu incumbencia. Fuck off.


Y ahora estaba allí, del otro lado de la puerta del antiguo despacho de Regina, hasta donde la había rastreado, sintiéndose como la idiota que la morena siempre le decía que era.

« Regina, sé que estás allí. Veo la luz prendida. » Suspiro. « Yo… lo estropeé todo, lo sé. Dudé cuando no debí haber dudado. Soy una idiota. Siempre me dices que lo soy, ¿no? Sólo estaba… dándote la razón. »

Perpetuo silencio.

« Sé también que últimamente parece que todo lo que hago es disculparme. Pero eso es porque… » Aire. Mucho aire. « Porque me importas, Reg. Lo sabes. Dime que lo sabes… »

Sólo el sonido del viento entre los árboles le contestó. Emma ya se estaba impacientando.

« Regina, vamos. Sal de ahí, pelea conmigo, grítame, rétame. Sólo… no me dejes fuera. No puedo arreglar las cosas si no me dejas entrar. » Apoyó nuevamente su cabeza contra la puerta.

La antigua reina no respondió.

« ¡Ok! Si crees que me voy a rendir tan fácilmente, estás muy equivocada. » Se dejó caer al piso, con la espalda apoyada contra la puerta. « No me moveré de aquí hasta que salgas. Tenemos que arreglar las cosas. No pienso estar una semana o más con el corazón en la mano hasta que Henry nos obligue a hacer las paces. » Bufó. « Nuestra… amistad… » Maldito Hook. Ahora le parecía que se mentía a sí misma al hablar de amistad. Tenía que rearmarse. ¡Maldito Hook! « Nuestra amistad es complicada, y hay muchas cosas en el pasado que nos separan pero… pero quiero creer que son más las cosas que nos unen. Si tú no quieres pelear por… esto… yo lo haré. Porque totalmente vale la pena. Tú vales la pena.Y no sólo porque es lo que Henry querría, que nos llevemos bien, sino porque… es lo que yo quiero. Porque… » Escondió la cabeza entre sus rodillas. Porque te quiero. No podía decirlo. Simplemente no podía. No que fuera un, te amo tampoco, ¿los amigos se decían que se querían todo el tiempo, cierto? Pero no podía. Porque, de una u otra manera, significaba mucho más que un te quiero amistoso, dicho al pasar, y al ponerlo en palabras, al pronunciarlo, lo volvería algo real y tangible en vez de abstracto y etéreo, y ya no podría ignorarlo. Y era mucho más cómodo ignorarlo… ignorar las mariposas en su estómago cuando la morena le sonreía, los escalofríos que le provocaba cuando le coqueteaba expertamente, las arritmias cardíacas que padecía cuando, al ver una película, Regina dormitaba sobre su pecho… Demonios. Demonios-demonios-demonios. Estaba perdida. Finiquitada. Acabada. ¡Maldito Garfio!

La puerta se abrió y la princesa se fue de espaldas al piso. Relucientes orbes de chocolate la miraban de vuelta.

« Emma, es tarde. Vete a casa. Tengo mucho que pensar. » La ex-alcaldesa había montado su fachada de entereza; pero la rubia sabía que no era real.

« Regina. » Se puso en pie de un salto e intentó aproximarse a la morena. « Lo siento, de verdad. No debí dudar de ti. »

La hechicera se escabulló de entre sus manos. « Por supuesto que debías dudar. Después de todo lo que he hecho… no podría culparte por ello. »

« Has cambiado. Ya no eres quien solías ser. Todos hemos cambiado. » Quiso tocarla de nuevo. « Por favor, acepta mi disculpa y dejemos esto atrás. No quiero que estés enojada conmigo. »

« Emma. » Infinita tristeza. « No estoy enojada contigo. »

La Savior exhaló. « Entonces, déjame abrazarte. »

« No, no me toques. » La Sheriff retrocedió como si la hubieran electrocutado. « Emma, no lo entiendes. Por favor, vete a casa. »

« ¿De verdad quieres que me marche? »

La pregunta se mantuvo en el aire. Regina no contestó, adelantándose al superpoder de Emma. Emma, a su vez, se sintió más estúpida aún por tener un supuesto superpoder infalible y aún así haber estropeado las cosas.

« ¿Qué es lo que no entiendo? Todo el mundo me lo dice hoy. Aparentemente es algo de conocimiento general en Storybrooke. » Lo había pensado como una broma, pero lo pronunció bastante más sombríamente de como sonó en su cabeza.

Regina suspiró. « No estoy enojada contigo porque dudaras de mí, Emma. Estoy sentida. Racionalmente sé que no puedo culparte, pero mi corazón no sabe de razones y desea tu confianza absoluta. »

Emma intentó acercarse una vez más. « Reg, yo confío en ti. » Y una vez más la hechicera la esquivó.

« Pero no absolutamente, Emma. No puedo pedírtelo tampoco, pero aún así la quiero; confianza absoluta que no puedo obtener. Como ves, me enfrento a un conflicto irresoluble. Y por eso necesito tiempo para dejarlo atrás. Así que, te lo pido una vez más… vete a casa, Emma. »

Emma tragó saliva y sintió como si un puñetazo de plomo le hubiera dado de lleno en el abdomen. « A ver, déjame ver si entendí bien. ¿Quieres dejarme atrás? » preguntó, incrédula.

Regina elevó las cejas en sorpresa y negó con la cabeza. « No, Emma, eso no es lo que… »

« Es que eso es lo que estás diciendo, Regina. Que somos un problema que no sabes resolver. » Alineó los hombros y su mirada se transformó en metal líquido.

La hechicera guardó silencio; y era que, a pesar de todo, la princesa había dado en el clavo. No sabía cómo resolver los sentimientos que Emma hacía surgir en ella. Era todo tan difícil, tan complicado, tan entretejidas como estaban sus vidas, casi como si el destino las hubiera ido guiando la una hacia la otra a través del tiempo y los Reinos.

« Ya veo. Sé que me equivoqué, pero no creí que fuera suficiente para terminar… las cosas… entre las dos así, tan fácilmente. »

Regina inhaló audiblemente. « ¡Emma! Nunca dije que— »

« No es necesario que lo digas, Regina. Dieciséis años en el sistema de adopción me enseñaron cómo reconocer el rechazo. » El corazón de la reina se detuvo. « Perdona por molestarte. Buenas noches. »

Emma se giró para abandonar el despacho y a Regina le tomó exactamente 0.2 segundos el lanzar la precaución por la ventana. En dos grandes zancadas llegó al lado de Emma y la abrazó fuertemente por la espalda; sintió como esa vez la rubia inhalaba audiblemente en sorpresa.

« Eres una completa idiota, Emma Swan. ¿No ves que el problema no es que no te quiera, sino que te quiero demasiado? » Reunió todas sus fuerzas para acallar un sollozo que amenazaba con escapársele y oyó un gemido abandonar los labios de Emma. « ¿Que aunque sé que es imposible, aún así lo quiero todo? Toda tu confianza, toda tu amistad, toda tu compañía, toda… » Tú. Toda tú. Tampoco podía decirlo, porque hasta los saltos de fe tenían sus límites. Escondió la cara en el duro cuero de la chaqueta de la Sheriff, pero la protección de la oscuridad duró sólo unos instantes; Emma se volteó en sus brazos para mirarla y Regina contempló atónita las silenciosas lágrimas que huían de los ojos de la Savior.

« Tú también eres una idiota porque si algo me han enseñado tú y Henry es que nada es imposible. » Era la hija de Blancanieves y el Príncipe Encantador, por Dios Santo, la ilusión de lo imposible se había agotado tres temporadas atrás. « Y porque yo también quiero todas esas cosas. » Cerró los ojos y en su mente saltó de un avión sin paracaídas. Abrió los ojos para mirar los de Regina, llenos también de lágrimas, porque las dos estaban llorando como unas magdalenas. « Porque yo también te quiero. »

Y la fachada de Regina terminó de derrumbarse y dejó escapar el sollozo que la ahogaba, y se hundió en los brazos de Emma y se mantuvieron así largo rato, abrazadas en medio del despacho de la alcaldía, rodeadas solamente por la noche y por el viento.

Notas

Ay Señor, Ay Señor me ahogo en feelings y ahora viene el 4x05 que supuestamente es SQ-centric y estas dos se han tomado mi vida…

Nada más que agradecerles, como siempre, por seguir esta historia, y disculpar el retraso (que aunque se tomen mi vida estas dos idiotas igual mi vida real pelea de vuelta) y pedirles que se queden conmigo porque ahora sí que debería empezar la Operación: Amor Verdadero…

Un abrazo y nos leemos.