La llave en la cerradura, un rápido giro de muñeca y ya está dentro de la casa. Se quita los tacones y los sostiene en una mano, mientras con la otra engancha su chaqueta en el colgador de la entrada. Una luz tenue emana desde la sala de estar, y permea el resto de la mansión.
« ¿Emma? » Pregunta suavemente, prácticamente al aire, pues al doblar por el pasillo hacia el origen de la luz se percata de una sheriff rubia dormida en su sillón, con una manta a punto de desprenderse de su precaria posición sobre ella. Y el premio a la guardiana del año es para... su mente conjura una burla por pura costumbre; pero el semblante de paz de La Emma Durmiente derrite su sarcasmo habitual. En dos tiempos ha ido a parar al borde del sillón, donde se apoya quedamente; sólo entonces nota un envase de helado vacío en la mesa, y un desorden de cosas que no suceden cuando ella está presente en sus noches de películas. Está a punto de girar los ojos hacia atrás y remecer a la princesa cuando ésta suspira y sus intenciones se desvanecen.
« Emma. » Su voz es más un arrullo que una alarma. « Emma... despierta. » La luz parece surgir más de la misma rubia que de la lámpara del estar. La antigua reina se ve súbitamente invadida de ganas de tocarla; y no debería. Día tras día baila con Emma justo al borde del precipicio, del punto de no-retorno; deambulan por ese limbo que se extiende entre el Bosque del Te Quiero y la Montaña del Es Más que Eso. No debería prestarse para tales desvaríos después de todos los derrumbes emocionales de su vida... Y sin embargo, Emma. La irritante, hinchadora, adorable Emma. La idiota que en un momento puede estar disparándose en un pie y al otro es capaz de decir todas las cosas correctas. Sólo ha conocido más contrastes en ella misma...
La Savior arrisca la nariz, perturbada por una invisible mota de polvo, y la palma de Regina va a dar a su mejilla. Te odio por arruinar mi autocontrol., le transmite en silencio. Emma, todavía dormida, se acurruca contra su mano; inhala profundamente y pronuncia un Regina exhalado que le deja la piel de gallina a la interpelada. Ésta, sobrepasada, intenta retirarse; empero, por esos embrollos del destino, la princesa se resiste, y en una hábil maniobra digna de un ninja, la apuntala bajo su cuerpo contra el sillón.
« ¡Emma! » Espeta la morena en un susurro, con tal de no despertar a Henry. "¡Qué estás haciendo!"
« Mmm mmm mmm no, Ginny, cinco minutos más. » le ruega, pero todavía tiene los ojos cerrados y, ¿será posible que aún esté dormida? Y, más importante aún... ¿Ginny?
Regina se retuerce bajo la rubia y está al borde de utilizar magia para sacársela de encima. « Miss Swan, si esto es una broma, te juro que… »
Emma emite una risita pequeña y se acomoda en el pecho de la hechicera, quien enseguida se colorea de encendido carmín. « ¿Miss Swan, eh? A sus órdenes, Madam Mayor … » responde con una vocecita seductora.
Y es la gota que colma el vaso y Regina comienza a girar su muñeca para suspender a La Idiota Durmiente en el aire cuando el mundo entero se detiene; porque Emma le planta un sonoro beso en los labios y procede a acurrucurse aún más sobre su pecho para seguir durmiendo sobre ella.
Miss Mills se revuelve entre sus sábanas, y se lleva los dedos a los labios una vez más. Todavía puede sentir sobre ellos la vibración de la boca de la rubia, rubia impertinente que dormita en el piso de abajo, a todas luces inocentemente, abrazada de un peluche tamaño humano que la morena debió conjurar de modo que la princesa dejara de quejarse - aún dormida -, por su ausencia. Mientras tanto, ella no ha pegado pestaña y su cobertor de plumas vuela de lado a lado, pateado mil veces durante su insomnio, y el reloj de su velador marca las tres y las cuatro y las cinco y las siete, y tiene que levantarse y enfrentarse a la música porque no puede resistir un minuto más dando tumbos en su cama. Se calza una bata de satín sobre su escuálido pijama y baja las escaleras un escalón a la vez hacia la cocina. Maldita Swan, todavía durmiendo, y maldita ella, que se ruboriza nada más verla, con el beso en reproducción continua en su mente. Demonios, demonios, demonios.
Enciende el calentador de agua y rompe un par de huevos para preparar tostadas francesas, pues Henry ya lleva tres mañanas seguidas mencionando sutilmente, ¡qué ganas de comer tostadas francesas! y, a pesar de que no son el alimento más nutritivo, puede permitirse consentir a su hijo de tiempo en tiempo. Se distrae un segundo recordando a un Henry preescolar, y casi se muere del susto cuando siente un beso en la mejilla y escucha un somnoliento Buenos días muy cerca de su oreja derecha.
« ¡Wow! Tranquila. » Le indica Emma, atrapando hábilmente un par de huevos que habían rodado fuera del mesón ante el exabrupto de Regina. « Estos se salvaron de milagro. »
« ¡Emma! ¡¿Quieres matarme acaso?! » la reta, con bastante más energía de la esperable, lo que sorprende a la rubia.
« Sorry, pensé que me habías escuchado, parece que soy más sigilosa de lo que pensaba. » La mira como buscando algo en su rostro, hasta que finalmente decide dejar ahí su duda. « Oye, ¿y ése peluche? »
Un oso tamaño humano figura sentado en el sillón.
La antigua reina sigue sin mirarla. « No sé, estaba ahí cuando llegué. »
« Ah, pensé que lo habías traído tú… » Ante la cara de extrañeza de la morena, se apura en continuar, « tiene el mismo olor de tu perfume », confiesa al tiempo que se ruboriza.
« Posiblemente lo conjuraste tú misma mientras dormías. » Otra vuelta a otra tostada.
El rubor da paso al asombro. « ¿Durmiendo? ¿En serio? ¿Se puede? Wow. Tengo más habilidades para esto de las que creía. Puro talento innato. » Le guiña un ojo pero Regina no acusa recibo y se mantiene pendiente de las tostadas. Emma ya no puede aguantarse. « 'Gina, ¿pasa algo? » le pregunta con ojitos de cachorro, ojitos a los cuales Regina es súbitamente inmune.
« No. ¿Por qué debería pasar algo? » le devuelve la pregunta a la defensiva, aumentando la preocupación de la rubia.
« No sé, estás... extraña. Como… »
« ¿Como…? » Le levanta una ceja inquisitiva.
« … Como acelerada. » Como no prestándome atención. La mira intensamente, buscando otra vez, y Regina rehúye su mirada. Emma suspira e intenta otro acercamiento. « Entonces, ¿cómo te fue con Whale? ¿Se comportó como un caballero? » Su mirada y su voz se endurecen. « ¿O tengo que ir y partirle la cara? Puedo hacerlo, tengo a la ley de mi lado », asegura.
« Fue un perfecto caballero », afirma la ex-alcaldesa.
« Oh. » Silencio. « Y… ¿disfrutaste de la cita? » vacila en preguntar.
Regina eleva los ojos hacia el cielo; con suerte recuerda algo de la cena. Todo su cerebro está ocupando procesando cierto beso de cierta rubia, y la neurona que queda de turno está actualmente cocinando el desayuno.
« No fue nada especial », concluye.
« Y… saldrías con él de nuevo? » Emma hace su mejor intento para no morderse los labios de suspenso.
« No, no creo, no », da vuelta una de las tostadas. « Sigue siendo Whale. » afirma, o más bien escupe, el nombre.
La cara de la princesa se ilumina como un sol de repente. « Qué mal », comenta, sin poder evitar que sus ojos sonrían.
« No pareces muy triste al respecto », otra vuelta a la tostada.
« Pero lo estoy, lo estoy. Nada de qué preocuparse, sin embargo. Hay muchos más peces en el mar », ahora la sonrisa se irradia a sus labios. Muy a su pesar, Regina se fija en los mentados labios y un escalofrío la estremece.
« O sea que pretendes seguir calzándome en citas con ineptos », suspira la morena.
No, no pretendo, pero Henry me tiene con la soga al cuello. « Encontraremos a alguno que dé la talla, Reg. Confía en mí. » La mano de la rubia va a buscar el brazo de Regina, quien al contacto se aleja como si la hubieran quemado. « Ok. Definitivamente algo sucede contigo hoy », concluye la rubia, herida ante el evidente rechazo de su interlocutora. « ¿Qué pasa? ¿Sigues molesta conmigo por haberte persuadido de salir con Whale? Lo siento, Regina, posiblemente no fue la mejor idea. »
« No, no estoy molesta, está todo bien, Emma », insiste, pero su lenguaje corporal genera ondas de incomodidad que no pasan desapercibidas para la Savior.
« Me estás mintiendo. » Su decepción es palpable en el aire. « No me dejes fuera, Regina. Dime qué pasa. Es Whale, ¿verdad? » Súbitamente todo tiene sentido para la princesa. « Intentó sobrepasarse contigo. ¡Maldito cerdo, tengo una celda que tiene su nombre! »
Regina la detiene pues Emma ya va por su estrella de Sheriff y su cartuchera. « ¡Te dije que no tiene nada que ver con Whale! »
La rubia se voltea para mirarla. « Entonces es Hood. Tiene que ser Hood. ¿Te estuvo molestando de nuevo? ¿Quieres que vaya y patee su trasero en mallas? » Hace el ademán de ir a coger su arma otra vez.
« ¡Emma! ¡Para con tus ínfulas de justiciera! No he hablado con Robin en semanas. Con suerte nos saludamos al pasar. »
Los aires de vigilante se desinflan en su pecho. « Oh. Pero entonces… ¿qué pasa? » insiste.
« Ya te dije que nada, Emma » repite. Sólo que me besaste y te estás desentendiendo de todo O en su defecto que tienes un problema de sueño importante.
« Ok. ¿Hice algo? Por supuesto que hice algo. No hay otra opción » concluye, derrotada. « Posiblemente pueda remediarlo si me informas sobre qué diantres hice. » le solicita.
Regina cae de la cuerda floja y reacciona como un látigo. « Mi mundo no gira en torno a ti, Emma. Todo lo que me pasa no tiene automáticamente que ver contigo. », le espeta, arrepintiéndose inmediatamente ante la desazón que se configura en el rostro de Emma.
El pecho de la princesa se aprieta de pronto y siente como si un elefante se le hubiera sentado encima. « Wow. Ok, claramente estás enojada por algo y no me quieres aquí. » Coge sus cosas y su chaqueta marrón y se encamina a la puerta. « Me voy a la estación, hablamos después. »
« Emma, no te puedes ir, ni siquiera has desayunado. » Se opone la morena, su cariño por la rubia triunfando sobre su incomodidad actual.
« Comeré cualquier co— » ¡Ring-Ring! suena su celular. « Espera. ¿Aló? ¿Anna? Sí, sí estaba despierta, ¿qué pasó? Ajá… ajá… oh, por los mil demonios. Ya, voy para allá de inmediato. Nos vemos » termina la llamada. « Un par de Niños Perdidos capturaron a Olaf con intenciones de derretirlo. Ahora tengo que irme. »
Regina envuelve dos tostadas francesas en un paquetito, coge una manzana del cesto de la fruta y le entrega todo a Emma. « Puedes desayunar en el camino. » Hesita un momento y finalmente se eleva en la punta de los pies para besar la mejilla de la princesa. « No dormí bien anoche, me desperté algo irascible esta mañana. No quise hacerte sentir mal. Lo siento. » Un beso en la otra mejilla, de disculpa. « Que tengas un lindo día. »
La Savior se derrite ante el gesto, el elefante se levanta de su pecho y sus ojos son miel de repente. « Ok. Perdona por insistirte tanto. Nos vemos luego. » Besa a su vez a la morena en la mejilla y luego sustrae una tostada del paquete y se llena la boca con ella. « ¡Despídeme del kid! »
Apenas Emma desaparece por la puerta, un adormilado y afranelado Henry baja por las escaleras.
« Buenos días, Mamá. » Beso. Busca a su madre biológica con la mirada y no la encuentra. « ¿Y Ma? »
« Tuvo que irse a trabajar, Henry. Un par de Niños Perdidos haciendo de las suyas. Toma, creo que esperabas esto de desayuno. » A Henry se le ilumina la cara al ver las tostadas francesas. « Sé entender tus 'indirectas', cielo. »
« ¡Están deliciosas! » se las zampa a gran velocidad y es igual a Emma cuando lo hace, y Regina no puede evitar sentir una dulzura en su corazón al darse cuenta. Henry se fija de pronto en el oso tamaño familiar varado en el sillón « ¿Y eso? »
« Pregúntale a tu madre. » La morena evade la pregunta, al no querer mentirle al muchacho.
« Ooh, ¿Ma utilizó magia mientras dormía? ¿Puede hacer eso también? Hmm. Complicado », reflexiona el chico.
« A qué te refieres con también, cariño? » Le pregunta, curiosa.
« ¿Cómo? ¿No lo sabes? » Henry levanta una ceja y es su fiel reflejo también. Dulzura otra vez.
« ¿Qué es lo que no sé? » Mirada atónita.
Henry se explica. « Ma es sonámbula, Mamá. Pero le pasa muy a lo lejos. Sólo cuando ha dormido poco o está preocupada por algo. Hasta habla y todo. Una vez en Nueva York tuve que tacklearla cuando estaba abriendo la ventana encaramada sobre una escoba, con toda la intención de salir volando sobre ella. Obligado a tirarle agua encima para que dejara de insistirme que aquella no era una escoba cualquiera, sino su Nimbus 2000, y que yo como buen muggle no entendía nada, y que iba tarde a su cita con una tal Ginny. No estoy seguro de que fuera Ginny Weasley porque no era pelirroja. Y sí, discutimos el tiempo necesario para que me soltara toda esa info." Regina intenta contenerse pero la desbordan las carcajadas. "Sí, ríete no más, Mamá, recuerda que vivíamos en el piso dieciséis. No es tan gracioso como suena. Tuvimos que instalar una serie de tarros con cuerdas en torno a las ventanas cosa que Ma se tropezara con ellos, se fuera al piso y se despertara antes de lanzarse a su siguiente partido de Quidditch. Not cool » le advierte.
« Emma es sonámbula… » Regina se lleva una mano a los labios inconscientemente. « Henry, ¿y recuerda algo al día siguiente? ¿De lo que hace mientras está dormida? »
« Ni una palabra. » Henry la observa, suspicaz. « ¿Por qué? ¿Hizo algo más mientras dormía? »
Regina se colorea de carmín de pronto. « No, sólo dijo un par de cosas… »
« ¿Qué cosas? » Un sabueso tras un hueso, aquel muchacho.
« … Algo sobre no querer levantarse. » Mills salva el juego y su hijo abandona el tema, pero ella no tiene tanta suerte. ¿Podrá decirle a Emma lo que sucedió? ¿No sería sólo mortificar a la rubia y a sí misma? ¿Es capaz de olvidarse de lo sucedido y dejar las cosas como están?
Su celular vibra sobre el mesón de la cocina, lo recoge y ahí está Emma posando en una selfie con un re-congelado Olaf, ambos con gafas de sol y cara de winners, mientras en el background se puede ver a una tropa de Niños Perdidos colgando de una red en un árbol bajo el cual figuran Elsa y Anna lanzándoles bolas de nieve.
Le muestra la foto a Henry y ambos mueren de la risa. La dulzura irrumpe una vez más en el pecho de la morena y acepta que, definitivamente, no puede olvidar nada que tenga que ver con cierta Savior.
Notas¡Perdónnnn sé que estamos a un capítulo por mes prácticamente! No me merezco sus follows ni favorites ni reviews (por favor no se detengan), que me hacen muy feliz y los leo todos. Sobre este episodio… ¡por fin un beso! Aunque sé que no como lo esperaban. Tampoco era lo que Regis esperaba. Y cierta rubia no tiene idea. Paciencia que esto va a fuego lento para que termine siendo muy sabroso…
En el próximo capítulo… ¡Ruby vuelve a las andadas! ¡Nos leemos!
