Su fuerza es implacable y el vigor de su estirpe explota por sus venas cuando sujeta el Mjölnir y lo apunta hacia su hermano. « Juro que te mataré, Roki, si intentas hacerle daño a Gina Foster. »
El hombre tendido en el piso sonríe sardónicamente mientras se reincorpora. « No descansaré hasta arrebatártela como me la has arrebatado tú a mí, hermana. » Roki prácticamente le escupe las palabras a la cara.
Rizos rubios refulgen en el viento y de un puñetazo (con el brazo que no sujetaba su martillo), su hermano queda fuera de combate.
La diosa guerrera Thor se percata de la incomodidad de sus compañeros de equipo, que presenciaron el intercambio.
« Es adoptado. »
Una melodía familiar reverbera en sus oídos, removiéndola del mundo de los sueños. Es el tema de Han Solo y la Princesa Leia de la banda sonora de La Guerra de las Galaxias.
« ¿A… aló? » Su voz suena como de ultratumba. ¿Qué hora es? Ocho de la mañana. Entrecierra los ojos para leer mejor el calendario que tiene pegado en una de las paredes de su cuarto. Ocho de la mañana de un domingo. Valor.
« ¿Todavía durmiendo? ¿En serio, Miss Swan? »
La maquinaria dentro de la cabeza de Emma comienza a girar. Sí, aquél es el ringtone específico para la otra madre de su hijo. Sólo porque más adelante viene la Marcha Imperial. Aunque jamás alcance a sonar y tenga el tema por sí mismo en su celular.
« Por supuesto que estaba durmiendo. ¿Sabes la hora que es? » Su voz ya va por lo menos en guardián de la cripta, es decir, mejorando.
« Por supuesto, dear. La hora en que prometiste llegar para ayudarme con el almuerzo familiar que tu hijo propuso que tuviéramos junto con tus padres. » Puede sentir el latigazo sarcástico desde el otro lado de la línea. El maldito almuerzo… lo había olvidado. Había estado tan ocupada evitando a la morena durante la semana que…
El haz de luz configuró la imagen de una sonriente y dormida Emma Swan plantándole un tremendo beso en la boca a una desprevenida Regina Mills.
Oh no. Ahí venía la taquicardia y la sensación de boca seca de nuevo. Ya estaba pensando en hacerse ver por Whale, porque, falso médico o no, igual tenía un recetario con el cual podría prescribirle algo que aliviara sus síntomas.
« ¿Emma? » Una nota aterciopelada supera al sarcasmo en el tono de Regina. « ¿No lo habías olvidado, cierto? » La verdad es que la única razón por la cual le había resultado mantener la distancia con la hechicera era porque esta última tenía la misma agenda.
« Obvio que no, es sólo que… mi alarma no sonó. Estaré allí en veinte minutos. »
« Que sean quince. » Click.
No hay manera de correrse del entuerto por más tiempo. Emma ahoga un gritito de desesperación en su almohada, y luego un recuerdo súbito la impresiona.
¿Se acababa de soñar como Thor fulminando a Robin?
Toc-toc-toc.
Un ruido de tacones sobre el parquet y la puerta que se abre.
« Hey. » Savior con manos en los bolsillos de sus jeans apretados, evidentemente nerviosa, balanceándose en sus botas.
« Emma. » A pesar de haberla estado evitando, Regina la ha echado de menos, y puede sentir dentro del pecho la calidez que su presencia le provoca.
« Hey. » Repite la rubia, algo más tranquila. También ha extrañado a la reina.
La morena se aparta para dejar entrar a la princesa, cerrando la puerta tras ella. Emma se quita la chaqueta y la cuelga en el perchero de la entrada.
« ¿Y tus llaves? » La anfitriona se dirige hacia la cocina y le indica con un gesto a su invitada que la siga.
« Pensé que correspondía que tocara. » Se rasca la cabeza.
Regina levanta una ceja. « Emma, duermes aquí por lo menos tres veces por semana. » Ambas mujeres se ruborizan ante el empleo del verbo dormir. « Y para algo te di las llaves. »
Emma sonríe recordando el momento, porque en realidad Regina le lanzó una copia de las llaves y esgrimió argumentos del tipo Por si hay una emergencia o Henry y yo perdemos nuestras copias o cosas así, y se hizo la desentendida respecto de lo importante que era el hecho de que confiara lo suficiente en la Savior para honrarla con las llaves de su mansión.
Llegan a la cocina y a Emma la soprende el volumen de alimentos sobre el mesón. « Vengo de comprar. » Explica Regina, y la rubia recuerda que había quedado de acompañarla a eso también. El arrepentimiento la impulsa a guardar cada cosa en su lugar sin necesidad de que la morena se lo indique. A ninguna de las dos les extraña que la princesa sepa exactamente dónde va cada cosa.
« La harina no, dear. Prepararemos— »
« ¿Lasagna? » Emma da un saltito de júbilo y Regina suelta una risotada en respuesta.
« Iba a decir canelones… » Emma pone cara de cachorra abatida. « Pero si la idea de mi lasagna te provoca tanto placer… » Continúa con un tono coqueto.
« Gozo. Puro gozo. » Refuerza la rubia, e inconscientemente se acerca un poco más a la morena, quien sin querer observa los labios de la princesa y se corta en un abrir y cerrar de ojos.
« Um… también necesito un par de huevos para la masa. » Le solicita, apurándose en buscar un bowl para la mezcla, mientras Emma suspira y reúne los ingredientes.
Pasan alrededor de quince minutos en los cuales la conversación no vuelve a fluir, hasta que Emma junta valor para tocar el tema que las tiene a las dos claramente incómodas.
« Ehm… Henry me dijo que al parecer actué dormida la noche que me quedé aquí. »
A Regina se le cae el batidor y Emma se muerde el labio inferior en respuesta.
« ¿Recuerdas algo? » La hechicera bate los huevos nerviosamente (utilizando otro utensilio limpio, por supuesto).
« No, la verdad no. » Suspira, y es que mataría por acordarse de los labios suaves de Regina deslizándose sobre los suyos propios, pero la vida a veces te trolea y ella ya lo sabe.
La morena parece aliviarse/desilusionarse en un mismo segundo. Agrega un poco de harina a su mezcla y continúa batiendo. « Oh. »
« Pero… con la ayuda de uno de los artefactos de la tienda de Gold… pude ver lo que pasó. » Opta por dejar fuera del relato la presencia de Ruby y la invasión de su casa, y se enorgullece de haber podido mantener una voz firme durante aquella última oración.
Regina, mientras tanto, no tiene tanta suerte ocultando el rubor de sus mejillas. « Sabes que es peligroso jugar con las cosas de Rumple, Emma, sobre todo ahora que no está. »
« Era algo más científico que mágico. » Argumenta. « Pero… lo importante es que te debo una disculpa. » Sostiene su mirada. « Lo siento, Reg. No puedo controlar las cosas que hago mientras estoy dormida, pero aún así… » Toma aire. « …besarte… » Regina también inhala abruptamente. « … estuvo totalmente fuera de línea. Lo siento. »
Regina traga saliva y cierra los ojos por un instante.
Y es la gota que colma el vaso y Regina comienza a girar su muñeca para suspender a La Idiota Durmiente en el aire cuando el mundo entero se detiene; porque Emma le planta un sonoro beso en los labios y procede a acurrucurse aún más sobre su pecho para seguir durmiendo sobre ella.
Un escalofrío la recorre. Por Dios, ¿es que alguna vez logrará olvidarse de aquel beso?
« Está bien, Emma. No se puede controlar el ser sonámbula. No tienes que pedirme disculpas. »
La rubia apoya ambos codos sobre el mesón de la cocina y sujeta sus mejillas entre sus manos. « Yo creo que sí. A la mañana siguiente estabas claramente incómoda, cuando te tocaba retrocedías como si te hubiera quemado. » Tormenta en ojos esmeralda. « No quiero que te sientas incómoda conmigo. »
De alguna manera, aquel es un punto de inflexión, y Regina también lo entiende así; sus ojos son chocolate fundido al mirar a la Savior. « Me siento a gusto contigo. » Y es verdad. Posiblemente es con quien se siente más libre a parte de Henry.
Emma sonríe tímidamente. « ¿En serio? » De pronto tiene cuatro años, máximo cinco. Regina reúne todos sus esfuerzos para no caer derretida al piso en ese momento.
« En serio. Lo suficiente como para decirte que saques esos codos de mi mesa de trabajo y dejes de holgazanear, mira que viniste a ayudarme y no a mirar como cocino. ¡Chop-chop! » La morena truena sus dedos, provocando una carcajada en la rubia.
« ¡Ok, ok! ¡No es necesario que saques el látigo! » Regina levanta una ceja de manera sugerente. « Dios mío, tienes un látigo. » Y no es una pregunta, sino una súbita comprensión.
« No quieres saberlo. » Sonríe la morena, volviendo a su bowl y riéndose de buena gana ante la cara de incredulidad de la rubia; pero la risa muere en su boca cuando un par de brazos la rodean por detrás y la inunda el calor de la otra mujer en su espalda. Yo también me siento a gusto contigo, murmura Emma en su oído, para después ocultar su rostro en el cuello de la morena e inhalar profundamente su aroma.
Si Regina no se tambalea es sólo porque Emma la está sujetando.
« Eres buena con los bebés. »
« Tengo un Master después de Henry. »
Emma se ríe. « Lo veo. » La imagen de la morena con un bebé en brazos le llena el corazón. « ¿No has pensado en tener otro? »
« ¿Otro qué? »
La rubia gira los ojos hacia atrás. « Otro bebé, sabelotodo. »
La antigua reina menea la cabeza. « No necesito otro bebé. Ya tengo a mi pequeño príncipe. » Su mirada busca a Henry en la sala, quien conversa animadamente con sus abuelos y le sonríe luminosamente cuando sus ojos se encuentran.
« Sí, pero nuestro kid está creciendo a pasos agigantados. Ya es prácticamente un adolescente, pronto vas a tener que mirarlo para arriba. » Argumenta la princesa, jugando con la naricilla de su hermano.
« No sé qué voy a hacer con dos adolescentes en la casa. » Suspira la morena, reprimiendo una carcajada; Emma la pellizca en el abdomen en represalia. « ¡Prohibido tocar, bebé a bordo! » Le aclara, y por toda respuesta Emma comienza a hacerle cosquillas.
« ¡Cuidado con Eaden! » Les advierte Snow desde la mesa, para luego volver a concentrarse en la historia de su nieto, quien añade un les juro que esas dos juegan como si tuvieran cinco años a su relato antes de continuar transmitiendo todos los detalles sobre su proyecto para la feria de ciencias del colegio.
« ¡Emma, para!, para en este mismo momento o… o… ¡jajajaja! » Intenta resistirse pero la rubia la supera; a duras penas logra asir a Eaden contra ella. « No… nooo, suficiente… Emma… ¡Emma! ¡Jaaajajaja! » La risa de Regina suena maravillosa en los oídos de la princesa. « Emma… te juro que me venga— venga— ¡jajajajajaaa! »
« ¿Te vengarás aunque sea lo último que hagas? » Se detiene porque la reina ya jadea de agotamiento; luego extrae a Eaden de sus brazos y comienza a hacerle morisquetas - imitando a Regina maldiciéndola - como si no hubiera pasado nada, a las cuales Eaden responde con balbuceos dichosos.
« Ter… terminaré contigo. » Suspira la morena, aliviada de poder volver a respirar tras el traidor ataque a su persona.
Emma finge desesperación. « ¿Qué? ¿Cómo puedes amenazar con dejarme, Regina? ¡Tenemos un hijo, por todos los cielos! »
Regina rueda los ojos hacia atrás tan fuerte que incluso David puede oírlo desde el otro lado del comedor. « Idiooo-ta. » El insulto se ve menoscabado por la sonrisa con la que es pronunciado.
« Y estábamos justo discutiendo sobre si tener otro. Y ahora hablas de terminar. ¿No es terrible, hermano? » Pone cara de desazón y Eaden hace un puchero. « ¿Ves? ¿Ves? Estás entristeciendo a Eaden con tu comportamiento, 'Gina. »
La morena levanta una ceja, sin dejarse impresionar. « Si tuviéramos otro hijo, ¿lo utilizarías para manipularme así como utilizas a Eaden? » Rescata al bebé de los brazos de la Savior. « Es prácticamente trabajo infantil, hermana descorazonada. » Regina la juzga con la mirada y, lo más increíble es que, al observar la facie enfunfurruñada del pequeño, la rubia siente como si Eaden también la estuviera juzgando.
« De verdad tienes talento con los bebés. Este ya está de tu lado. » Afirma Emma, observando la interacción de la díada. El lactante balbucea feliz y le sonríe a Regina, quien a su vez le sonríe de vuelta, hasta que Eaden comienza a agarrar su blusa en un claro gesto de querer llegar hasta su pecho, logrando liberar un botón que estaba ya a medio desabrochar; la rubia opta por mirar hacia otro lado antes de ruborizarse.
« Snow, tu hijo tiene hambre. » Regina deja el sillón para depositar al bebé en brazos de su madre.
« Subiré a recostarme con él un momento. » No es una pregunta, pero de todas maneras Snow observa a Regina, esperando su venia, y cuando la obtiene se dirige hacia la pieza de invitados en el segundo piso, conversando con Eaden todo el trayecto.
« ¿Duelo de espadas? » David le ofrece a Henry, levantándose de la mesa. « ¡Para bajar este festín que prepararon tus madres! » Se sujeta el abdomen bonachonamente.
« ¡Obvio! » Henry ya está en la puerta, cogiendo un sable láser de juguete que guarda en el paraguero de la entrada. David lo sigue y coge otro antes de cerrar la puerta tras de sí.
Regina sonríe mientras camina de vuelta hacia Emma; la mansión está llena de gente, de familia, después de muchos años en que sólo fue ella, y luego Henry y ella, y luego sólo ella otra vez. Mas ahora… Snow está arriba con Eaden, David juega en el patio con Henry, y Emma… Emma figura tendida en el sillón, batallando contra el sueño postprandial. A la ex-alcaldesa las vueltas del destino le eran insondables, pero no podía sacudirse la cálida sensación de que todo empezaba a encajar nuevamente en su vida.
Emma se reincorpora parcialmente para dejar que la morena se siente, y luego acomoda su cabeza en su regazo. « ¿Y tú, no quieres bajar la comida también? » La voz de la antigua reina es pura miel y azúcar en íntimos momentos robados como aquel, y por todos los reinos, no es capaz de evitarlo, como tampoco puede evitar que su mano izquierda se pierda delicadamente en rizos dorados.
« Mmm, no, no hagas eso… » La princesa prácticamente solloza.
« ¿Por qué? » Regina no se detiene. De hecho, siente que el sueño la invade también a ella.
Emma se voltea para mirarla, súbitamente seria. « Porque me quedaré dormida y luego puedo… »
Mas la hechicera no le permite continuar. « Emma. No seas infantil. Sucedió una vez, y, además, ahora que estoy prevenida de tus actividades nocturnas, » añade con tono sugerente, « perfectamente podría defenderme. » Más y más caricias. « Trabajaste mucho hoy. Te mereces una siesta. »
Emma refunfuña otro poco, pero luego suspira y se deja ir, y en segundos su respiración pausada y profunda le indica a Regina que ya está dormida; es tan relajante acariciar los rizos de la rubia y sentir el compás de su respirar, que en pocos minutos la ex-alcaldesa también la sigue al reino de Morfeo.
Cuando David y Henry vuelven al living, tiempo después, encuentran a ambas mujeres fuera de combate, dormitando sin ninguna preocupación en el mundo. A Charming le impresiona la paz en el rostro de Regina - tan distinto entonces respecto de las facciones vengativas de su antiguo yo en el Bosque Encantado - y también le impresiona descubrir la misma paz en el de Emma; su hija, siempre tan resguardada y protegida, es la imagen de la entrega en el regazo de la antigua reina.
Atando finalmente los cabos sueltos que venía encontrando hacía ya tiempo, el rubio traga saliva y se lleva una mano a la nuca, en un gesto que su hija aparentemente heredó de él. ¿Cómo le va a explicar a su esposa lo que está presenciando?
Henry le susurra a su abuelo, « Oh, súper bien, cuando duerme tranquila a Ma no le da la sonambulera. » Se ríe ante su propio ingenio lingüístico. Luego se percata de algo extraño en la posición de una de las manos de Emma y añade, « ¿No te parece como si Ma estuviera sujetando algo? »
Thor empuña su Mjölnir cuando estrecha entre sus brazos a Gina Foster.
« Has vuelto », suspira la morena en su oído.
« ¿Alguna vez lo dudaste? » La diosa guerrera la mira con ternura infinita. « La eternidad en Asgard no tiene sentido sin ti. » Pausa un instante, buscando la esencia de la otra mujer en su mirada. « Te amo. »
Los ojos de la humana se llenan de lágrimas que le desbordan del alma. « Lo sé. »
El martillo divino cae de su mano cuando Thor se ríe y vierte todo su espíritu en sellar con un beso de Amor Verdadero los labios de su amada.
Notas
¡Ok, sé que esto fue puro fluff! ¡No lo puedo evitar! Amo a estas dos, y amo los Swan Mills Charming family feels, y lo doméstico, y todo. Amo también sus comentarios y follows. Amo todo. Hoy es un día de amor infinito.
¡Próximamente, un capítulo donde la trama avance! (jeje) Y para terminar, una cita del seco de Antoine de Saint-Exupéry...
¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito. -Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... " -¿Crear vínculos? -Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo... -Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...¡Nos leemos!
