Kenny McCormick era, sin lugar a dudas, una persona con una vida miserable, pese a las burlas de sus amigos, los problemas en casa y su inmortalidad, se demostraba feliz ante las personas, demostraba que era fuerte y que nada malo ocurría. Lamentablemente, todos tenemos esos momentos, en que te sientes tan inútil, en que todo se derrumba, en que te rompes en miles de pedacitos, te lamentas e intentas encontrar algo bueno en ti mismo, pero no lo logras y solo te hieres más.
Y eso era lo que ocurría con Kenny en este instante, sentado y apoyado en la pared de su sucio cuarto, no dejaba que nadie lo viera ni supiera de ese problema. Se repetía en su mente que todo estaría bien y que las cosas mejorarían. Que Karen no había sido llevada a esos hogares de niños en adopción, que Kevin volvería pronto a casa y que Carol y Stuart no habían sido arrestados.
Las lágrimas corrían por su rostro hasta perderse en su barbilla, su labio era fuertemente mordido hasta el punto de sangrar, logrando una risa triste por parte de Kenny. Nunca lo admitiría, pero le temía a las personas, por la calle, cuando pasaba a un lado de algún desconocido o aun siendo conocido, sentía un gran pánico, pero por fuera se mantenía calmado.
Recorrió con sus ojos la habitación, notando que a su lado había un trozo de vidrio de la ventana rota, tomó el fragmento entre sus manos y lo puso sobre su muñeca, oprimió y deslizo el vidrio, haciendo una profunda cortada. Una sonrisa amarga apareció en sus labios. Su muñeca comenzó a sangrar, hizo otro corte, igual de profundo que el anterior. ''Eres un completo cobarde'' se dijo mentalmente.
Maldijo en voz baja ese estúpido culto, que lo hizo ser inmortal y tener que vivir cada día ese martirio sin fin, que tendría que soportar hasta que pueda morir eternamente. No sabía que le esperaría después de la muerte, podía ir tanto al cielo como al infierno, no tenía la menor idea de donde terminaría, solo sabía que prefería eso a seguir viviendo.
Grito tan fuerte que sintió que se quedaría mudo, pero en ese grito, podía sentirse toda la desesperación que estaba viviendo. Muriendo lentamente, para el día siguiente volver a revivir y tener que actuar como si nada pasase frente a las personas. Las personas creen que es solo para llamar la atención, pero no es así, solo lo dicen porque no lo han vivido, porque no entienden lo mucho que duele aquello, es un sentimiento inexplicable.
Al perder tanta sangre se desmayó, no murió esta vez. Las lágrimas se secaron en su rostro, dejando unas líneas brillantes bajo sus ojos y en sus mejillas, su labio manchado con sangre seca y su brazo herido apoyado en el suelo.
Despertó al día siguiente, se levantó del suelo con cuidado de no hacer algún movimiento brusco y abrir las heridas, entro al cuarto de baño donde se lavó la cara y los dientes. Su muñeca la lavo al final, para después envolverla con una tira de ropa gastada y vieja. A pesar de todo, seguía sintiendo esa molestia dentro de él, que lo consumía en silencio.
Salió de la casa y se fue directo a la parada de autobús que siempre tomaba con sus amigos y ellos ya habían llegado antes que él. Se acercó y tomó posición a un lado de Cartman.
-Hey Kenny-Le hablo Stan- ¿Cómo estás?
-Estoy bien.
Quería tener a alguien en quien confiar, alguien que le ayudara y que no le juzgara, pero nadie iba a ayudarle, estaba solo.
