Aquí de nuevo!! Perdón por la tardanza, es que toda la semana estuve alejada de mi PC T.T Pero bien, aquí estoy otra vez, dejándoles el segundo capi nn Bien, como quede medio nula por todo lo que me estruje los sesos escribiendo, simplemente les dejo que lean.

Espero que les guste!! (A mi me fascinó escribir este caliente y húmedo encuento... uff! XD)

Atte: Draconiger

PD: visiten mi página de Arts

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Capítulo II

"Traspasando la línea de la moral"

Una suave y joven mano me lleva hasta mi propia habitación, ojos lujuriosos y ansiosos clavados en mi. Un niño travieso tratando de hacerme traspasar la línea de la moral.

-Quiero hacerlo despacio…- dice haciéndome detener frente a él, dibujando líneas sobre mi pecho con sus dedos. Su perfecta boca se acerca a mí nuevamente y su suave y húmeda lengua juega con la mía. Muerdo su labio inferior. Él suelta un gemido. Sus nada tímidos dedos bajan por mi abdomen, y mi respiración se detiene en cuanto él acaricia mi erección por sobre la tela de mis pantalones- Quiero lamer cada milímetro de su cuerpo...

-¿Y estás esperando por una invitación?- sale de mi garganta en un suave jadeo, mis ojos negros cubiertos en lánguidos párpados. Al instante siento aquel esponjoso músculo rozando mi cuello, una lengua empapada acariciando el lóbulo de mi oreja y viciosos dientes mordiendo la sensible piel. Cierro los ojos, tratando de no pensar.

-Adoro su aroma…- susurra antes de morder dulcemente la piel sobre mi clavícula. Suelto un gemido inaudible, preguntándole a Dios cómo el maldito niño aprendió a usar aquella boca con tanta habilidad. Sus dedos juegan con mi cinturón, deslizándose dentro de mis pantalones, acariciando la cabeza de mi erección.

"Adoro tu boca… y tus dedos…" pienso, pero ni siquiera me arriesgo a abrir la boca. Mordiendo mi labio inferior, siento como la torturadora lengua se desliza, bajando por mi pecho, acariciando mi pezón derecho. Algo nerviosa, mi mano asciende y mis dedos acarician el enmarañado cabello azabache, encontrándolo extrañamente suave.

Mordiendo y lamiendo y chupando y volviendo a morder a mis enrojecidos pezones, el muchacho hace que mi erección se tense cada vez más en súbitas palpitaciones. Y solo puedo pensar en pedirle en que haga algo con mi miembro.

De repente siento aquella exquisita lengua romper el contacto con mi piel, y suaves y húmedos besos marcar una ruta hacia mi cuello.

-Déjeme desnudarlo…- susurra en mi oído, haciendo que el cálido aire choque contra mi piel, sus ágiles dedos bajando mi cremallera. Siento que me quiero venir en este instante.

Buscando su boca, lo sostengo de la barbilla y lo beso de nuevo, enredando hambrientamente nuestras lenguas, soltando suaves gemidos en la desolada mazmorra. Pero sus dedos son tan lentos en dejar mis caderas desnudas... y mi miembro palpita en cada movimiento, y no puedo...

En una perfecta batalla de lenguas, sin separarnos uno del otro, tomo mis pantalones y boxers y los bajo, dejando a mi dolorosa erección finalmente libre.

Rompiendo la conexión, él da un paso atrás, y sus ojos se dirigen instantáneamente a mi miembro.

-Mierda, usted... es hermoso... - gime abalanzándose a mí, presionando su cuerpo desnudo contra el mío, rodeando mi cuello con sus brazos, hundiendo su lengua ansiosamente en mi boca. Trato de seguir el ritmo del insaciable músculo, mientras nuestras tiesas erecciones se frotan una con otra, haciéndole soltar débiles gemidos. Me siento en una extraña gloria.

-Quiero chuparlo…- susurra mordiéndome el labio-... quiero hacerlo venir en mi cara...

-Quiero que cierres tu pervertida boca- lo reprendo tratando de hacerle ver quién sigo siento. Tu maldito profesor Severus Snape.

-…y yo quiero cerrarla alrededor de esta roja cabeza…- la punta de sus dedos acarician toda la extensión de mi miembro, y él desciende, arrodillándose en el suelo.

No puedo respirar. Mis ojos ven su rostro inocente, blancas manos apoyadas abiertas sobre los huesos de mi cadera, su suave y rosa lengua realizando una línea húmeda en el margen del negro vello que rodea a la base de mi pene.

Dejando su mortificante juego, él mira a su potencial presa solo un segundo, e inclina la cabeza hacia un costado, cerrando los ojos...

-Potter…- sus labios separados se amoldan a la ancha base, besándola. Lo vuelve a hacer, más cerca del glande, haciéndome soltar un gemido. Muerdo mi labio viendo como la punta de su lengua viaja desde la base hasta la punta y, finalmente, realiza una exquisita succión en la enrojecida cabeza.

-Siéntese en la cama…- susurra.

-No me dirás qué hacer, muchacho insolente..

-Estará más cómodo, es solo eso- sonríe. Soltando un bufido, sintiendo a mi erección rogar por acción inmediata, hago lo que dijo. Él se acerca y se arrodilla entre mis piernas. Y sin decir una palabra, sostiene mi miembro con su mano derecha y abre la boca, haciendo entrar al palpitante mástil dentro de ella.

-Mierda…- suelto en un gemido, cerrando los ojos.

-Cuide el vocabulario, profesor…- sonríe antes de volver a meter mi miembro, succionándolo en un ritmo terriblemente placentero. No puedo responderle. Dios, es tan perfecto cómo me lo imaginé.

-Mírame, Potter…- susurro, y siento débiles contracciones en mis testículos al ver aquellas esmeraldas alzarse hacia mí mientras su lengua realiza suaves dibujos alrededor de la enrojecida cabeza y luego vuelve a meter mi erección completa, succionándola febrilmente.

Es mío. Sé que es mío en una forma que James nunca fue.

-Más fuerte…- ordeno, y él obedece al instante.

Arriba y abajo y arriba y de nuevo abajo. Sus negros cabellos se mueven en compás con sus intensas succiones. Veo como mi erección desaparece en su boca, sus sonrosados labios presionando con fuerza contra ella, haciéndome adorar aquella perfecta cueva.

-Aquí…- le digo tomando su mano, colocando los dedos alrededor de la base de mi erección, y le muestro el ritmo que debe mantener en aquella parte donde su boca no llega.

Magistralmente, el niño es capaz de mantener un pulso perfecto. Y eso, agregado al hecho de ver su desnudo cuerpo entre mis piernas, su húmeda boca succionando mi endurecido miembro, el cabello negro adherido a la sudorosa frente, y los anteojos haciendo equilibrio en la punta de su nariz, me hacen sentir a punto de llegar al maldito orgasmo.

-Inepto… no lo estás… haciendo… bien…- miento tratando de mantener la razón solo unos segundos más. Pero el gruñido del muchacho seguido de una profunda succión me hacen perder la cabeza, sintiendo múltiples contracciones que me hacen descargar dentro de la boca del niño aquella extrema dosis de placer que estaba conteniendo.

Mis brazos se aflojan, y hundo los codos en el colchón. Tratando de respirar, lo observo; la suave y rosada lengua manchada en hilos blancos lame mi miembro, limpiándolo. Él es... mierda, es tan... caliente...

-Adoro su sabor también... señor…- susurra lamiendo sus labios, con pequeñas gotas de semen deslizándose por su mentón.

Soltando un gemido me desplomo en la cama, cerrando los ojos, tratando de pensar que ésto no está pasando.

De repente siento un delgado cuerpo trepar sobre el mío, una muy suave y excitantemente húmeda piel acariciando la mía, y labios ardientes secando la transpiración de mi cuello en dóciles besos.

-¿Le gustó? – susurra mordiéndome juguetonamente el lóbulo de la oreja. Suelto un leve gruñido de aprobación como respuesta y él ríe en mi cuello. Sus labios lo besan, succionando placenteramente mi piel, mordiendo débilmente el ángulo de mi mandíbula. Siento un extraño y maravilloso déjà vu.

Poco a poco, siento cómo sus besos se vuelven ardientes, fogosos… Aun más calientes que nunca…

Sus manos recorren mi pecho ansiosamente, su lengua saborea cada porción de piel a su alcance, y frota su erección ardientemente contra mi pubis. Y una vez más su lengua se embute en mi boca, y un extraño sabor, mezcla de inocencia, inmoralidad y semen, shockean mi sentido de la razón.

-¿Estás excitado?- susurro en su oído, dibujando una línea en su columna con mi dedo índice.

-S-sí… lo estoy…- gime cerrando los ojos.

-¿Quieres que practique sexo oral contigo, Potter?

-Dios...!!... sí...

Lo tomo del mentón y vuelvo a besarlo. Mis dedos acarician sus cabellos y mi otra mano ataja su cintura. Lo volteo boca arriba en las sábanas y me subo a horcajadas sobre él, sobre aquel quebradizo cuerpo desnudo a mi disposición, y aquella sensación de gloria vuelve a mi una vez más.

Entrecubiertas esmeraldas me observan con embelesamiento, su boca semiabierta jadeando excitantemente, los bombeos de su corazón fácilmente escuchados por mis oídos, y una piel blanca y perfecta esperando por mis labios. Soltando un jadeo ataco aquella magnífica boca, presionando su lengua contra la mía, mordiendo su labio inferior, haciéndole soltar suaves gemidos, jugando con mis dedos sobre sus pezones.

Viciosas y ardientes lenguas pelean en una fatal batalla, y él gime arqueando la espalda cuando la punta de mis dedos tocan su miembro endurecido como una roca, mordiendo brutalmente mi labio, haciéndolo sangrar.

-Te odio, Potter…

-Yo también…- gime lamiendo violenta y torpemente la herida. Yo hago el mismo antiestético movimiento sobre sus labios y él abre la boca dejándome besarlo ferozmente una vez más.

Huelo el suave perfume de hombre hundiendo la cara en su cuello y eso me hace perder otra parte de mi compostura restante. Recorro la blanca piel con la lengua, presionando aún más cuando paso debajo del ángulo de su mandíbula. Él gime otra vez, y una vez más cuando desciendo, mordiendo su clavícula.

-Usted es más… caliente… de lo que… imaginé... - jadea, y yo asiento con un gruñido, acariciando con la punta de la lengua el suave y sonrosado pezón, sintiendo cómo se endureció cuando lo toco de nuevo-... mierda... es tan... - no puede completa la frase, y la finaliza con una súplica cuando succiono la excitada piedrita.

Sin imaginar cuán dulce podía saber el muchacho, ni cuán placentera podría volverse la noche, rozo con mis dientes la piel sobre sus costillas, sintiendo continuas arremetidas de su erección contra mi pecho.

-Detente.- ordeno presionando sus caderas contra la cama con mis manos- O te vendrás antes de que mis labios toquen tu erección... - él jadea, cerrando un poco los ojos, y yo me acerco a su rostro-... y tú no quieres eso... - digo acariciando su duro miembro con mis pulgares-... ¿o sí, Potter?

-No…- gime, lamiendo sus labios, casi sin respirar. Sus dedos se hunden en mi cabello y acariciándolo, susurra-... ¿por qué no comienza a lamer mi miembro, profesor...?

Sintiéndome a punto de morir, preguntándole ahora a Dios por qué el muchachito es capáz de pedir por satisfacción sexual con semejante desvergüenza, bajo, y toco con mis labios aquella sensible piel debajo de su ombligo, rozándola con los dientes. Dibujo un círculo alrededor de él con mi legua y, finalmente, la hundo dentro, realizando allí suaves movimientos, escuchando sus excitados jadeos.

-Hay otro orificio con el que me gustaría hacer lo mismo... - susurro, y él gime un casi inaudible "Oh, mierda..."

-¿Qué has dicho, Potter? - lo reprendo.

-Quiero que se devore mi miembro- responde fuerte y claro, como repitiendo algo que no entendí.

-Bien... - sonrío-... entonces ponme tu miembro en la boca.

Él me observa sin respirar por unos segundos, y finalmente su mano derecha baja, sus dedos aferran la palpitante erección y la empujan-... dios, usted es... tan... extraño... - gime apoyando el glande en mis labios. Jadeo suavemente sintiendo la húmeda y caliente piel y pienso en cuan exquisito es tener a un travieso y lujurioso muchachito en mi cama-... por favor... - escucho-... chúpelo... - con la implorante erección rozando mis labios.

La textura del endurecido miembro me hacen perder la última gota de compostura que había tratado de sobrevivir, y mis labios se separan y mi lengua hace una húmeda línea sobre la exquisita erección.

-… oh, Dios… - gime cerrando solo un segundo los ojos, con las mejillas teñidas de un rojo intenso, y empuja su pene contra mis labios una vez más-... por favor… necesito mi miembro en su boca…- suplica.

Mirándolo a los ojos, beso el enrojecido glande; él deja de respirar. Recorro con mi lengua aquella suavidad por unos segundos, y finalmente lo deslizo dentro de mi boca, hasta el fondo, sintiendo la cálida cabeza casi en el comienzo de mi garganta, y realizo una succión firme y profunda- ... mierda! ...- gime tirando la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda, y vuelvo a hacerlo, una profunda succión que le hace aferrar con fuerza las sábanas, y otra, más fuerte aún... y otra... otra...

-… Ah! … dios!… por favor, solo… nh!…

Luego de unos exquisitos segundos de gemidos y súplicas, siento en mis labios el salado sabor de su presemen; mis dedos masturban la base de ha mojada y rígida erección, sintiendo la perfecta forma de los músculos debajo de la delgada piel, y eso me hace recordar cuán exquisito se sentía ver a un muchacho gemir por mis succiones.

-… mierda!… señor no… no puedo… aguantar…

-Puedes venirte en mi boca…- susurro colocando el lujurioso y palpitante miembro entre mis labios una vez más, succionando más fuerte que nunca. Y entonces, suelto un jadeo al notar esa maldita y extraña gloria una vez más, sintiendo cálidos y salados chorros de semen chocando contra mi paladar y descendiendo hasta mi garganta, oyendo sonoros gemidos del hermoso muchachito debajo de mi cuerpo, acompañando las suaves contracciones de sus jóvenes músculos...

James…

-…Potter…- escapa involuntariamente de mi garganta. Maldito déjà vu…

Por suerte sin darse cuenta, él toma mi mentón, observándome con aquellas esmeraldas enmarcadas por negras pestañas.

-Quiero… besarlo…- susurra respirando entrecortadamente. Me acerco a su rostro. Puedo sentir los acelerados latidos de su corazón.

-¿Estás cansado, Potter?- susurro.

-Un poco...- jadea- ...solo... necesito un segundo para... respirar...

-No respires…- mi lengua se inmiscuye entre aquellos labios y encuentra la suya, acariciándola suavemente. Puedo escuchar las profundas inhalaciones y exhalaciones de su nariz, así que, dándole una tregua para que pudiese tomar algo de aire, bajo besando su húmedo cuello, sintiendo el sabor agridulce de su joven y sedosa piel.

Una de sus manos acarician mansamente mi cabello, y poco a poco su respiración se normaliza. Pero aquel perfecto cuerpo de sólo 15 años, blanco, húmedo, jadeante, delicioso, delgado, quebradizo, me hace perder el cansancio, la compostura, mientras mis instintos no me dejan detener.

Lamiéndole el lóbulo de la oreja, succionando suavemente la sonrosada piel debajo de éste, mi mano desciende por su abdomen, su pubis, él húmedo y cansado miembro, y los testículos, finalmente tocando aquella tentadora línea entre sus nalgas.

-Señor…- susurra.

-Abre tus piernas...- ordeno en un susurro, y maravillosamente, él lo hace obediente. Mis dedos bajan un poco más, hundiéndose en la exquisita línea, encontrando los ajustados músculos alrededor de aquella entrada.

En mi cabeza retumba una sola frase...

Es virgen...

Y siento mi miembro tensarse aun más.

Lo miro; sus ojos están cerrados, su ceño fruncido, y sus labios separados, rojos y húmedos. Volviendo a su pecho, recorro con mi lengua uno de sus suaves pezones, mientras abajo, mis dedos presionan suavemente los tensos músculos. Él suelta un débil jadeo. Presiono un poco más, mordiendo suavemente la excitada piedrita sonrosada. Él deja escapar un suave gemido. Voy hasta su cuello, besando y succionando la húmeda piel, con mis dedos masajeando la tensa entrada, amenazando con suaves presiones del índice contra la diminuta entrada. Él abre más sus piernas, gimiendo.

-Quiero que te acuestes boca abajo en la cama…- le susurro al oído deteniendo mis masajes, quitándole lentamente los anteojos, colocándolos en la mesa de noche.

-Okay…- él apenas responde.

-No tengas miedo…- lo calmo- … no voy a penetrarte aún...

-Pero hágalo pronto ¿esta bien?- sonríe recostándose boca abajo en las sábanas, descansando su cabeza de un lado en la almohada.

Arrodillado a horcajadas sobre sus piernas, lo observo, o creo que no hay nada más hermoso que aquellas nalgas perfectamente redondeadas, su piel pálida unificada con su suave espalda, mostrando la forma de los omóplatos marcada por la posición de sus brazos, los jóvenes músculos en ellos, y las traviesas manos ahora calmadas, colocadas tranquilas sobre su cabeza en la almohada. Todo a mi mera disposición.

Quiero devorarte lentamente…

Cómo nunca lo hice con tu padre…