Disclaimer: Si algo de esto fuera mío, yo estaría en las Bahamas con un daikiri en la mano derecha y un abanico en la otra. Viviría en verano constante.
THE GOOD GIRL
Capítulo cuatro: Great expectations
Nada más dejar a Lily subiendo las escaleras del área de las chicas, James se dirigió como una centella hacia su propio cuarto, casi atropellando por el camino a Louis que iba derechito al cuarto de Adah y la pelirroja, para someter a ésta última al tercer grado, ya que la había visto en los jardines, junto a James.
Una vez arriba y feliz de la vida, el merodeador de pelo revuelto abrió la puerta de su habitación y en voz alta y potente y con la misma cara que Jack el de Titanic al gritar "¡Soy el rey del mundooo!", dijo:
-¡Lo he conseguido¡Ya es mía, tíos¡Soy un auténtico campeón!- el moreno hizo un gesto de victoria con el puño, levantó la cara para mirar a sus amigos... y se encontró con que las cuatro camas del cuarto estaban vacías y no había ni rastro de sus amigos.
Frunciendo un poquito el ceño, y algo decepcionado, fue a sentarse en su cama, dispuesto a esperar a que llegaran y preguntándose dónde podían estar a esas horas. Sin embargo, tras un par de minutos de esperar mirando el techo, decidió ir a lo práctico: sacar el mapa del merodeador y encontrar el lugar donde quiera que estuvieran sus amigos.
Pero antes de que pudiera pronunciar las palabras mágicas, la puerta se abrió, dando paso a Remus, a Peter y a Sirius.
-¡Por fin!- exclamó James, con los brazos en jarras y con el mismo tono de una madre reprendiendo a sus hijos por haberse saltado exageradamente el toque de queda- . ¿Queríais que me hiciera viejo esperando o qué?
Los tres chicos cruzaron miradas de confusión, preguntándose qué había comido su amigo y al unísono y con voz de niños pequeños, contestaron:
- No, mami
James soltó una risotada, pero todavía estaba muy metido en su papel de madre amantísima al igual que Remus y Sirius, que siguiéndole el juego, habían adoptado el mismo aire compungido y de no haber roto un plato en su vida que ponían con McGonagall.
-¡He estado preocupadísima¡Las camas vacías y ni una nota...!- siguió exclamando James, con un tonillo de falsete muy agudo y apuntándoles con el dedo- . ¡Os parecerá bonito! A ver¿dónde habéis estado?
- En las cocinas- respondió Peter, un poco amedrentado.
-¡Drogándote!- exclamó James, con un falso gesto de horror y luego se dirigió a Remus, con una mirada inquisidora.
- Yo he estado todo el rato en la biblioteca
-¡Leyendo porno!- completó James, llevándose las manos a la cabeza y después, se volvió hacia Sirius- . Siri, cariño, dale una alegría a mami y dile que has estado haciendo deporte como un chico sano...
Sirius puso una sonrisita de superioridad, clavada a las que Percy Weasley esbozaría años más tarde con cada felicitación de su madre, e infló el pecho con orgullo.
- He estado en el despacho de McGonagall, madre. Puedes estar orgullosa...
-¡Sirius¡¿Has aceptado dinero de una mujer mayor a cambio de tu cuerpo¡Qué vergüenza de hijos, Dios mío¡Debería castigaros de por vida! Pero no lo haré, porque mami está muy contenta, hijos míos- James abandonó la pose dramática de madre y volvió a mirar a sus amigos con una sonrisa de oreja a oreja y recuperando su tono de voz habitual les dijo:
- Tíos, lo he conseguido. Acabo de liarme con Lily Evans- anunció, orgulloso a más no poder de sí mismo.
Los tres merodeadores no tardaron ni un par de segundos en reaccionar ante las palabras de su amigo: Remus y Peter lanzaron silbidos y exclamaciones de felicitación, mientras Sirius corría para palmotearle la espalda, en plan paternal.
- Bueno, Prongs, esto hay que celebrarlo- dijo Sirius, después de un par de minutos de felicitaciones y demás.
- Os lo dije, "el que la sigue, la consigue"- les dijo James, dejándose caer sobre la cama, con aire satisfecho- . ¡Y te he ganado la apuesta, Paddy!- añadió, en voz más alta de forma que Sirius, que estaba en el baño, pudiera escucharle.
Sin embargo, su mejor amigo estaba demasiado concentrado en el armario de provisiones que tenían en el baño, buscando algo para celebrar el triunfo de James, como para contestarle.
El armario de las provisiones, como su propio nombre indicaba, solía estar lleno de cervezas de mantequilla, botellas de variadas bebidas alcohólicas, ranas y tabletas de chocolate de todos los tipos y otro sinfín de porquerías de Honeydukes... El tipo de alimentos y bebidas que cualquiera de ellos necesitaría para un momento de crisis o por si el colegio entraba en cuarentena.
Sin embargo, en aquellos momentos, en el armario, situado debajo del lavabo y su encimera, sólo quedaba una caja de grageas Bertie Bott y Sirius no pondría la mano en el fuego porque no estuvieran caducadas.
Así que...
-¡¡Peter!!- llamó a su amigo, mientras salía a la habitación junto a los otros tres. El merodeador más pequeño le miró, interrogante- . Voy a encargarte una misión, es secreta e importantísimo que la cumplas...
Peter asintió con la cabeza, con aire solemne y un poco emocionado, mientras Remus fruncía el ceño, oliéndose lo que pasaba.
-¿De qué se trata?
-¡Vete a buscar provisiones, que no quedan!- le dijo Sirius, también con solemnidad, aunque conteniendo una sonrisa, que no tardó más de un par de segundos en aparecer. James también sonrió y Remus negó lentamente con la cabeza.
Peter, por su parte, pareció plantearse la idea.
-¿Dónde tengo que ir a buscarlas?- preguntó, sopesando sus posibilidades- . ¿A Honeydukes?
- Para empezar- le respondió Sirius, encantado porque su amigo pareciera dispuesto a hacerlo. Normalmente se hubiera negado automáticamente, aunque fuera por pura pereza...- . De paso podías pasarte por las Tres Escobas y conseguir cerveza de mantequilla... Rosmerta nos habrá guardado nuestra parte...
Peter meneó la cabeza, pensándoselo, y Sirius pensó que estaba a punto de ocurrir un milagro de la naturaleza, un evento de esos que ocurrían nada más que una vez cada diez años...
- Bah, yo paso. Está muy lejos. Ve tú- le dijo finalmente el chico castaño, encogiendo sus rechonchos hombros y repantigándose de nuevo en la cama.
- Venga hombre, no seas vago...- protestó Sirius, paradójicamente, pues era él quien le estaba pasando la pelota a otro...
Algo que rápidamente se encargó de señalarle Remus y como James también le azuzó, al final le tocó ir a él.
Refunfuñando y con el mapa del merodeador bajo el brazo, el chico salió de la Sala Común y, teniendo cuidado de no cruzarse con Filch, se metió por uno de los siete pasadizos hacia Hogsmeade, el que había junto a la estatua de la bruja tuerta, que iba directo a las bodegas de Honeydukes.
Más o menos media hora más tarde, Sirius, junto a dos bolsas llenas de provisiones, volvía arrastrándose por otro pasadizo, uno considerablemente más estrecho, para evitar encontrarse con Filch, que estaba haciendo guardia junto al pasadizo por el que había salido antes.
Después de mucho arrastrarse, consiguió salir, sacudiéndose las telarañas y seguidamente, mordiendo una rana de chocolate, para quitarse el sabor a polvo y suciedad de la boca.
Estaba dispuesto a volver a la Sala Común con todo el sigilo del mundo y con su rana de chocolate, cuando una voz cantarina, que iba a medio camino entre el tono de Heidi al llamar a Pedro y el de una actriz porno, le llamó por su nombre a sus espaldas.
-¡¡Sirius!!- allí estaba su prima Narcissa, enfundada en una corta túnica verde oscuro, con zapatos de tacón de aguja, el pelo suelto y el maquillaje impecable.
El merodeador tuvo que tragar saliva al ver que, incluso a la tenue luz de las antorchas, aquella tela fina como el papel maché le revelaba más de lo que necesitaba para poder aguantarse en el sitio.
-¿De escapadita nocturna, primito?- le preguntó la rubia, acercándose sensualmente hacia él.
- Creo que podría preguntar lo mismo¿no?- le respondió Sirius, mientras en su interior se repetía que tenía que estar tranquilo. No podía notársele nada o habría perdido- . ¿Buscando lo que la noche nos pueda ofrecer?- sugirió, con una sonrisa segura.
Su prima soltó una risita.
- Bueno, supongo que nos va en los genes...- dijo, meneando su cabello rubio platino al sacudir coquetamente la cabeza- . Pero estas búsquedas... A mí me dan especialmente... hambre- añadió, casi en un susurro y agarrándole la muñeca de la mano que sostenía aún media rana de chocolate- . ¿Te importa?
Sirius negó con la cabeza, y Narcissa inclinó su cabeza rubia y mordió, de una forma totalmente pecaminosa, el chocolate, chupándole las yemas de los dedos por el camino.
El merodeador quería apartarse y respirar profundamente, quería tragar saliva y darse una ducha de agua helada... Narcissa podía ser una nazi insoportable, pero, por desgracia para él, sabía como sacudirle la libido.
Sin embargo, Sirius no se movió de su sitio; al contrario, cogió la mano que su prima tenía alrededor de su muñeca y, acercándose aún más, le dedicó una sonrisa llena de dientes.
- Deberías tener cuidado con lo que comes...- le dijo, con un brillo acerado, cortante, en sus ojos grises. Y antes de darle tiempo a responder algo, se inclinó sobre ella, le dio un parco beso en la mejilla y soltó su mano- . Buenas noches, Cissy...
Y dicho esto, se alejó de allí a buen paso, casi huyendo y sintiendo los ojos de Narcissa, del mismo color que los suyos, clavados en él.
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Justo en el mismo y preciso momento en el que Sirius estaba teniendo su encuentro con Narcissa, en la Torre de Gryffindor, James había terminado de relatarles a Peter y a Remus toda la historia de su cita con Lily, desde la conversación sobre la mousse hasta el beso en las escaleras.
- Entonces James¿estás saliendo con Evans¿Ya es tu novia?- preguntó Peter, mirándole con admiración al tiempo que intentaba memorizar todas y cada una de las palabras de su amigo, por si podía utilizarlas en un futuro (no muy lejano, esperaba).
James, por su parte, se rascó la nuca, pensando en la pregunta de su amigo.
- Pues... Yo diría que sí¿no?
-¿De verdad?- intervino en aquel momento Remus, que estaba en su cama, en actitud pensativa, con un ceño fruncido que indicaba que no las tenía todas consigo- . Yo no lo tendría tan claro... Si lo piensas bien, James, que te hayas enrollado con ella no significa que estéis saliendo ni nada por el estilo... Muchos chicos han conseguido lo mismo que tú, pero Evans no los conservó después...
Movió la cabeza de un lado a otro, como sopesando y eligiendo las palabras que mejor le explicaran.
- Me da la sensación que ella es más del "toco y me voy" que del "hasta que la muerte os separe"...- dijo, con un expresivo gesto de la mano.
El merodeador de pelo oscuro y revuelto pareció considerar lo que su amigo, con bastante lógica, decía.
Bien, ella no había parecido perdidamente enamorada después de que él la besara (al contrario que el 90 de chicas a las que había besado) y de hecho, se había apartado mucho antes de lo que él había esperado pero también había sido ella la que había tomado la iniciativa de besarle...
Y además, las palabras de Lily aparecieron con tanta claridad en su cabeza como si ella acabara de repetírselas al oído: "Veremos como lo terminas"...
- Yo tampoco quiero un "hasta que la muerte nos separe" Moony, así que en eso estaremos de acuerdo... - le respondió finalmente a su amigo y al mismo tiempo en que la "arrogancia Potter" aparecía en escena, James esbozó una vez más su sonrisa de completa seguridad en sí mismo- . Pero a mí sí me conservará...
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Todas las mañanas, Candy Grayling se levantaba a las seis y media exactas, sin refunfuñar ni remolonear, y después de hacer un poquito de ejercicio matutino, se iba derechita a la ducha.
Veinticinco minutos más tarde, salía de punta en blanco, con el pelo anaranjado cien veces cepillado, la cara lavada y con un poquitín de maquillaje y el uniforme o vestido, según el día, colocados en su sitio y sin una arruga. Todo perfecto.
Después de eso, colocaba amorosamente su camisón de seda en el cajón correspondiente y, pese a que los elfos lo harían igualmente, estiraba sus sábanas y dejaba la cama perfectamente hecha.
Y cuando todo a su alrededor brillaba tanto como ella, despertaba a sus compañeras de habitación. Cualquiera habría dicho que aquel era un gesto casi maternal, pero, en realidad, a Candy le encantaba sentir que ella estaba divina cuando el resto tenía ese aspecto tan desarreglado y desaliñado.
Al igual que le encantaba sentir que sus compañeras de habitación, sus amigas, se maravillaban y la admiraban por estar fresca como una rosa y guapa como una estrella de cine a esas horas de la mañana y también verlas apresurarse para bajar con ella a las siete y media exactas para el desayuno en el Gran Comedor.
Por supuesto, la rutina de Candy no cambió la mañana siguiente al beso de Lily y James, aunque, precisamente la noticia de ese beso casi consiguió despeinarla cuando una de las SPA honorarias se lo contó en el desayuno.
Lo cierto y verdad era que, pese a que James y Lily se habían besado cuando apenas quedaba gente en la Sala Común, los que quedaban no habían podido contener sus bocas y, sumado al hecho de que algunos más les habían visto por Hogsmeade, la noticia de que James Potter y Lily Evans se habían enrollado se extendió como la pólvora por todo el colegio.
Al ser toda una comidilla, la poca gente, además de las SPA, que había en el comedor a esas horas tan tempranas, ya estaba comentándolo y especulando sobre si la relación entre Lily y James se quedaría en un rollo o iría más allá...
- Seguro que estaban magreándose sin ninguna vergüenza... Claro, como Evans es tan guarra...- estaba diciendo una de las SPA honorarias a Candy justo en el momento en que Lily entró en el comedor, con cara de dormida y sorprendentemente, sin Louis o Adah.
Si nada más entrar la pelirroja no se hubiera montado un verdadero revuelo entre las SPA, todos los que estaban a su alrededor podrían haber escuchado a Candy afilar sus uñas.
- Lily, querida- la llamó, con un tono meloso y falso, y para su sorpresa, Lily se detuvo, frente a ella, al otro lado de la mesa- . ¿Por qué no te sientas a desayunar con nosotras?- le ofreció, con una sonrisa de perfecta anfitriona y epítome de la amabilidad.
"Mierda" fue todo lo que pudo pensar Lily, al tiempo que resistía la tentación de pasarse la mano por la cara. Había pasado una mala noche, no se había tomado ni una mísera taza de café y había entrado tan concentrada buscando a Adah o Louis que no había sido lo suficientemente rápida para escaparse de Candy.
Pero ahora tampoco podía marcharse o quedaría como que no tenía agallas para enfrentarse a las SPA ella sola (aunque había cierta desventaja).
En cualquier caso, sonrió de forma igualmente falsa que Candy y se sentó entre dos SPA, para tener frente a frente a la líder.
Rápidamente se hizo con una taza de humeante café negro y unas tostadas y después de una pequeña dosis de cafeína, se sintió mucho mejor aunque también, empezó a notar las miradas de asco de las chicas que había a su alrededor y también que, aparte de las habituales de las SPA, había bastantes más miradas clavadas en ella.
Prácticamente todos los que estaban allí, estaban en vilo, pendientes de las SPA y de ella, de Candy y de ella.
-¿Querías algo, Candy?- le preguntó, de forma despreocupada, untando mantequilla en su tostada.
- Oh, no, nada en especial...- le respondió la líder, con un poco de afectación. Pinchó un trocito minúsculo de su tortilla francesa y se lo llevó a la boca remilgadamente. Luego sonrió a Lily- . ¿Dónde están tus amiguitos?
Lily se encogió de hombros.
- No he podido ir a buscarles, porque estoy aquí sentada contigo- le dijo, con una sonrisita ácida. Candy acababa de dejarle claro que estaba sola ante el peligro, pero ella no pensaba amedrentarse- . ¿Te importa mucho?
Candy volvió a pinchar un trocito de tortilla y compuso una expresión casual.
- No, para nada...- dijo, en un falso tono afable- . Como siempre estáis pegaditos los tres...
Y los despreciaba por ello.
- Sí, como los perros rabiosos- afirmó Lily con una sonrisa que era tan peligrosa como falsa la que Candy esbozó al escucharla.
- Qué comparación más curiosa- fue todo lo que dijo la SPA, pese a que podría haber tirado por ese camino para ofender a Lily. Pero no lo haría hasta que supiese lo que quería...- . En cualquier caso, me encantaría que me respondieras a una cosita de nada...
Para darse un aire de complicidad, sonrió a Kristin Drake, su mano derecha, que estaba sentada al lado de Lily, quien la miraba con las cejas alzadas, en señal de expectación y espera.
- Verás- continuó Candy, con el mismo tono casual, de como quien no quiere la cosa- , nos han contado una historia divertidísima acerca de ti y de James Potter juntos...
- Yo todavía me río con ella. Fue ayer por la noche, en la Sala Común. Me sorprende que no lo sepas, Candy... - le contestó, sirviéndose un poco más de café y sorprendida porque la SPA se lo hubiera preguntado directamente. Normalmente habría tirado de contactos y/o fuentes, para poder estar segura antes de hablar...
Candy, por su parte, tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no rechinar los dientes y poder esbozar una sonrisita.
-¡Oh, pero entonces es cierto¡Qué conmovedor!- exclamó, como fingiendo sorpresa mientras buscaba alguna de sus lanzas más afiladas- . Bueno, querida, no sé qué decirte... Quizá sea un poco arriesgado...
-¿Arriesgado por qué?
- Bueno... Para empezar está lo del estatus de la sangre... Ya sabes, son totalmente opuestos...- dejó caer con un gestito apurado. Candy era sangre limpia, y, aunque jamás lo dijera, estaba muy orgullosa de ello y era un motivo más para hacerle sentirse superior- Aunque, por supuesto, el tema de la sangre no es importante, al menos para mí...- añadió, con una expresión preocupada, como si quisiera evitar dar la impresión equivocada.
"Menuda mentira" fue lo que pensó Lily, mientras muchas de las borreguitas de Candy asentían fervientemente con la cabeza, como diciendo que era impensable que su fabulosa líder fuera clasista...
-¿Algún riesgo más?- preguntó finalmente la pelirroja, alzando las cejas.
-¡Oh, claro!- Candy se atusó el pelo- . Ya no sabía de qué estábamos hablando...- soltó una risita y pestañeó- . Bueno, por otro lado, ya sabes que esa clase de chicos tienen mucho éxito y suelen tener el listón muy alto... Aunque, a decir verdad, tal vez eso no represente un problema para ti que te gustan las relaciones más... abiertas
Iba derechita a ofenderla, a llamarla zorra de nuevo y Lily, pese a que estaba bastante acostumbrada, sintió que le hervía la sangre al ver la sonrisa de desdén de la SPA.
- Mira guapa- empezó a decir, arrastrando esa última palabra con intensidad- , quizá te sorprenda la apertura de esta relación en particular... Puede que sí sea un problema
Aquello fue tan claro como el agua y esta vez fue el turno de la sangre de Candy para hervir: Lily estaba dándole a entender que no parecía que James se fuera a quedar en un rollo de una noche...
Y eso la enfurecía, la enfurecía porque ella siempre había tenido clarísimo que la chica perfecta para un partidazo como James Potter, era ella... Siendo sinceros, no era James quien le gustaba en sí, sino más bien todo lo que el chico representaba y podría darle...
-¿Pero de verdad va a haber una relación?- preguntó, con interés y sorpresa- . ¡Eso sí es raro en ti!- y como estaba enfadada, descargó un poco más de su veneno- . Pero si tú nunca empiezas nada así... De hecho, las chicas y yo nos preguntábamos cuánto podrías durar sin buscar otras...- hizo una pausa para mirarla con un desprecio disfrazado- ...atenciones
¡Oh, pero qué increíblemente fácil se lo estaba poniendo Candy! Lily estuvo tentada de sonreír ampliamente, pero se contuvo llevándose la taza de café a los labios y bebiendo el ya templado líquido oscuro.
Y de nuevo estuvo a punto de sonreír de pura alegría cuando vio, por el rabillo del ojo, a una figura desgarbada y despeinada entrar por la puerta, seguida de cerca por otras dos figuras conocidas, los tres acercándose a ella...
Una idea se dibujó en su mente. Sabía que era demasiado peliculero, que podría no salir bien y resultar un paso en falso... Pero si salía, fastidiaría mucho a Candy y eso era mucho placer como para privarse de intentarlo...
Muchas cabezas se volvieron, incluidas las de las SPA que estaban cerca de Lily, a medida que James, que volvía de una entrenamiento matutino de quidditch se acercaba, seguido de muy cerca por Adah y Louis...
La pelirroja, por su parte, dejó con una parsimonia increíble, la taza sobre la mesa, se limpió la boca y al tiempo que se levantaba del banco, le dijo a Candy:
- Supongo que habrá que comprobarlo¿no?- le contestó, refiriéndose a lo que la chica le había dicho antes y luego se volvió hacia James, que acababa de llegar a su lado.
En silencio, el chico moreno recorrió lenta e intensamente a Lily con su mirada castaña y se revolvió el pelo.
- Hola...- la saludó James.
- Hola- Lily le devolvió el saludo con un guiño en sus ojos verdes y luego esbozó una sonrisa lenta y depredadora, una sonrisa que era toda una invitación.
Y James sabía reconocer una invitación... Así que, con una media sonrisa y prácticamente sin ser consciente de que había medio colegio mirándoles, se inclinó sobre ella, al mismo tiempo en que ella se estiraba hacia él, y juntaron los labios suavemente.
No hicieron florituras ni pomposidades, pero el momento tenía demasiado de escena de culebrón de bajo presupuesto como para evitar que se armara un revuelo considerable entre sus compañeros(especialmente entre las SPA) y que algunos estudiantes soltaran exclamaciones de todo tipo y/o aplausos, aunque, en el fondo, sólo fuera por aprovechar la ocasión para armar bulla...
Sin embargo, como con todo, la gente fue perdiendo el interés y volviendo a lo suyo, aunque lo suyo fuera dedicarse a cotillear o, en el caso de bastantes SPA, echar pestes de Lily... En cualquier caso, el ruido y las exclamaciones disminuyeron bastante.
Y aquel fue el momento que Lily y James decidieron para separarse. A un escaso centímetro el uno del otro, se miraron con el desafío y la arrogancia pintados en sus ojos y luego, a la vez, volvieron a sonreír.
- Nos vemos luego...- fue todo lo que le dijo James a la pelirroja, sonriéndole, mientras se giraba para reunirse con sus amigos, que estaban al principio de la mesa.
Lily, por su parte, se volvió hacia sus propios amigos, a un par de metros de ella. Louis tenía las cejas alzadas en un gesto divertido mientras Adah trataba de contener la risa al ver que, a espaldas de Lily, Candy estaba roja de ira.
- Muy bonito- le dijo Louis a su amiga cuando llegó a su lado. La cogió del brazo y se encaminaron los tres hacia la salida- . Aunque, si he de ser sincero, podrías haberlo hecho en un lugar un poco menos concurrido...
- Pero se habría perdido la cara de Candy de "acabo de tragarme mi propia colección de zapatos"- agregó Adah, mientras Lily, con una sonrisa maliciosa, giraba la cabeza para mirar a su compañera, quien tenía la sonrisa cuarteada, señal inequívoca de que, en efecto, estaba que trinaba.
- Creo que voy a terminar en el infierno por sacar tanto placer utilizando a la gente...- comentó, aún con la sonrisita malvada pintada en los labios.
Louis sonrió y movió la cabeza de un lado para otro.
- Cielo- le dijo, de forma contundente-, compartiremos un pisito todos juntos allí...
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Los días siguientes al beso con Lily en el Gran Comedor, James los pasó, como quien dice, subido a una nube.
Él no era un chico enamoradizo, más bien todo lo contrario, pero Lily era, sin duda alguna, una de las chicas más interesantes que había conocido nunca.
Y esto, junto a los comentarios que sus compañeros le hacían en el vestuario o el campo de Quidditich, comentarios que iban a medio camino entre la envidia y la admiración por la hazaña de conservar a Lily Evans más de un par de días, servían para alimentar su ego y de paso, elevarle a la susodicha nube.
Por otro lado, casi de forma inconsciente, estaba disfrutando de la ilusión de los primeros días antes de cansarse porque la relación era monótona y cortar por lo sano. Porque, por desgracia, James sufría el clásico problema masculino de necesidad constante de cambio y de retos nuevos.
En cuanto a Lily, era de las que pensaba que "quien calla, otorga", así que, si estaba en una nube y colmada de felicidad, los únicos que podrían saberlo serían Adah y Louis y ambos, de ser necesario, se llevarían esa información a la tumba.
De todas maneras, si alguien hubiera querido interrogarles a la hora de comer del viernes, le hubiera sido totalmente imposible, principalmente porque ni Louis ni Adah ni Lily pasaron por el comedor en toda la mañana.
La razón para esto estaba en que, justo al tocar la campana que anunciaba el fin de las clases hasta por la tarde y el inicio del tiempo para comer, los tres amigos habían sentido un repentino ramalazo de antisocialidad que les había llevado a comer apartados de sus compañeros.
Y el lugar elegido para ello fue la llamada "sala de música del colegio", que estaba en ala este del castillo, en la quinta planta, cerca de la estatua de Gregory, el Halagador.
En realidad, era una clase como otra cualquiera, pero debía su nombre al enorme piano de cola que jamás se desafinaba situado en el medio de la habitación, lugar del que había sido imposible moverlo y razón por la que la clase estaba en desuso.
Y sobre dicho piano estaban Lily, Louis y Adah comiéndose, de postre, un enorme trozo de pastel de dos chocolates (blanco y con leche), bizcocho y nata.
Los tres amigos tenían una forma bastante curiosa de comerse los pasteles: los dividían en capas y cada uno elegía la capa que más le gustaba. Lily siempre elegía el bizcocho porque era lo menos dulce; Adah, por la razón contraria, la capa de chocolate blanco y Louis siempre elegía la capa de chocolate con leche y, como a ninguna de las dos chicas les gustaba la nata montada, también él se la tomaba.
- Bueno, chicas¿queréis que vayamos a algún sitio este fin de semana?- les preguntó Louis, tomando su último trocito- . Puedo pedirle el coche a mi hermana...
La hermana mayor de Louis vivía en un pueblo cercano a Hogsmeade por lo que, siempre que lo pedían, les mandaba su coche, un Saab encantado para recorrer largas distancias en un tiempo mínimo.
-¡Vale!- exclamó Lily, casi automáticamente y encantada de tener plan para el fin de semana- . ¡Vámonos de compras a Edimburgo!
Pero Adah negó con la cabeza.
- Yo no puedo, lo siento. El lunes tengo un examen de Pociones y no tengo ni idea...- les dijo, mordiéndose los labios y con el mismo aire de quien no quiere chafarles el plan a los otros- . Pero podéis ir sin mí...- añadió, aunque sabía que no serviría para nada: sus amigos ni siquiera se lo plantearían.
- Bueno, otra vez será...- dijo Louis, haciendo, por supuesto, caso omiso al plan alternativo.
- Lo siento- volvió a decir la rubia.
- No importa. Además, yo muy probablemente tendré que salir con Potter...- añadió Lily, frunciendo levemente el ceño-. En cualquier caso, Louis, si Adah tiene que estudiar para Pociones, tú también¿no?
El chico rubio ni siquiera lo había pensado, pero así era. Tanto Louis como Adah daban clases de Pociones normales y corrientes, al contrario que Lily quien, siendo de las mejores del curso, estaba en Pociones avanzadas.
-¡Ay, Dios¡Joder!- soltó Louis, al caer en la cuenta, y pegando un buen bote- . Mierda, yo sí que no sé nada...- se levantó del piano y recogió su mochila y su carpeta- . Tengo que estudiar. Estudiármelo todo. Apuntes, libro, ampliación. Biblioteca- iba diciendo, más para sí que para sus amigas, mientras salía.
Lily y Adah hicieron un par de muecas sardónicas. Así era Louis, se ponía histérico perdido con cualquier examen, luego juraba y perjuraba que le había salido fatal y terminaba sacando sobresaliente.
- Me parece que yo también voy a ir a la biblioteca, quiero mirar una cosa para lo del concurso de Binns y Flitwick...- comentó la rubia, levantándose también del piano y recogiendo los platos y demás utensilios que habían utilizado para comer- . De paso dejo esto en las cocinas...
- Ah¿cómo lo llevas?- le preguntó la pelirroja, refiriéndose al concurso mientras le ayudaba a recoger.
- Bueno, no está quedando mal, pero vamos...-le contestó, sacudiendo la cabeza- . Estoy un poco atascada y encima con lo del examen... En fin¿te vienes?
Lily se lo pensó mientras hacía una pila con todos los platos.
-Mmm... Creo que no- respondió, finalmente, pasando una mano por la superficie del piano- . Me apetece tocar un poco... ¿Qué hay después?
- HM y Pociones, para variar- le dijo Adah, con una sonrisilla mientras hacía malabares con los platos para conseguir colocarse a la espalda la mochila estampada de la bandera de SKA sin tirar nada por el camino.
La pelirroja resopló, al tiempo que le echaba una mano.
- HM... Qué poco me apetece...- comentó, con cara de aburrimiento mortal- . Me parece que voy a pasar, Binns no suele darse cuenta... ¿Te importa cubrirme por si acaso?
Adah se encogió de hombros. No le importaba que Lily hiciera pellas, ella las haría también de no ser porque Historia de la Magia, incluso con el método monótono y aburrido de Binns, era una de sus asignaturas favoritas. El caso era que no podía garantizarle a su amiga que el profesor no notara su intencionada ausencia, porque últimamente le había dado por pasar lista e investigar por qué la gente faltaba a su clase...
- Yo te cubro, por supuesto. Pero no puedo asegurarte que no vaya a darse cuenta...- le avisó, pero Lily hizo un gesto un poco desdeñoso con la mano.
- Entonces, algo se me ocurrirá...- le sonrió a su amiga- . Gracias de todas maneras
La rubia le devolvió la sonrisa y cuando lo tuvo todo, se despidió de su amiga y salió de la clase, cerrando la puerta tras de sí. Y cuando estaba apenas un par de pasos lejos, pudo escuchar a Lily tocando el piano. La misma melodía de siempre...
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Lily tuvo suerte y el profesor Binns llegó a clase tan impaciente por contar la Revolución de las Cabezas Reducidas de 1622 (un acontecimiento del todo repugnante que incluía todo tipo de desmembraciones) que se olvidó de pasar lista. Sin embargo, sí hubo alguien en clase (aparte de Louis) que notó que Lily no estaba.
-¿Dónde crees que puede estar?- le preguntó James, por enésima vez a Sirius, en voz muy baja mientras el profesor Binns hablaba con emoción sobre el ataque a la fortaleza Capitia.
- Y yo que sé, Prongs- le contestó de en un siseo y mala manera Sirius, porque acababa de darse cuenta de que Peter, al quedarse dormido sobre su brazo, le había babeado la túnica. Sin la menor compasión, apartó el brazo-almohada, haciendo que su amigo cayera sobre el pupitre con un golpe seco el cual, increíblemente, no le despertó.
- Si es lista- prosiguió el merodeador de pelo oscuro limpiándose el brazo- se habrá marchado a un lugar bien lejano, como la Isla de Pascua... Y yo estoy por unirme, esta clase es un coñazo increíble...
-¿Por qué no pruebas a buscarla en el mapa?- le propuso Remus, levantando la cabeza de sus apuntes y harto de que James llevara tres cuartos de hora preguntando lo mismo.
- Buena idea, Moony- le felicitó James, con una sonrisa, mientras sacaba el mapa y Remus negaba levemente con la cabeza.
Para cuando dio con Lily, el timbre estaba sonando, interrumpiendo el discurso apasionado de Binns y haciendo que la mayoría de los alumnos saltaran de sus asientos, como si despertaran de un trance. James, en cambio, recogió sus cosas y se despidió de sus amigos, que trataban de despertar a Peter, y salió como una centella en dirección a la sala de música.
Sin embargo, cuando llegó allí, en vez de entrar directamente, se quedó parado en la puerta entreabierta, con la mano sobre el picaporte y mirando como Lily, de perfil a él, deslizaba sus largos dedos por las teclas del piano.
"Vaya, un talento oculto..." pensó el chico, mientras esbozaba una sonrisa divertida y se preguntaba cuántos talentos más tendría la pelirroja por ahí.
Y de repente, fue como un flashazo, como si estuviera allí de nuevo... Una chica bajita y gordita, pelirroja y con los ojos verdes, tocando un piano. Una chica con los dientes con aparato, pero con una sonrisa dulce al mismo tiempo, sentada junto a Candy en el comedor, luciendo una insignia de prefecta...
Un poco conmocionado, o anonadado, entró en la habitación, observando a Lily, que seguía concentrada en la melodía melancólica y triste...
Sí, ya se acordaba de ella... Esa chica era noble, dulce y buena... Y aquello iba a ser pan comido.
- Ey- la saludó, finalmente, cuando pocos metros les separaban.
Lily no se sobresaltó, pero tardó en reaccionar, como si hubiera estado muy concentrada o sumida en un pensamiento muy profundo. Al verle allí, esbozó esa sonrisa peligrosa que hacía que James quisiera comérsela en tres bocados.
- Ey... ¿Qué tal HM?- le preguntó, con cierto regocijo, mientras cerraba la tapa del piano- . ¿Interesante?
- Pues, ya que lo preguntas, te has perdido una clase apasionante sobre un montón de desmembraciones, asaltos y cabezas reducidas...- le contestó el merodeador, también sonriente.
- Qué pena...- dijo Lily, aunque a juzgar por su cara de alegría, no sentía ninguna pena- . ¿Ha preguntado Binns por mí?
- No. Estaba demasiado ocupado hablando de cuantas vísceras soltó Lucio el Soberbio cuando le abrieron en canal. No sabía que tocaras...- añadió, señalándole el piano.
- Ya. No te lo había dicho- le dijo Lily, encogiéndose levemente de hombros.
- Pero ahora ya lo sé- James volvió a sonreír- . Tocas desde hace mucho¿verdad?
Lily, que se había agachado para recoger su bolso y su carpeta, que llevaban horas tirados en el suelo, levantó la cabeza con una expresión que iba a medio camino entre la duda y la sorpresa.
- Pues sí, di clases de pequeña...- le contestó, con cierta sospecha. El merodeador no le parecía un entendido de música como para saber, con sólo escucharla, el tiempo que llevaba tocando- . ¿Cómo lo sabes?
- Porque me he acordado de ti- le dijo James, revolviéndose el pelo, mientras la pelirroja alzaba las cejas.
-¿Es que antes no te acordabas?- le preguntó, con una sonrisa. Sin embargo, había cierto matiz peligroso en su voz.
- No, exactamente. No podía ponerte una cara o una situación...- se explicó James, sin darse cuenta de que el cuerpo de Lily se había tensado un poquito- . Pero al verte tocando me he acordado.
-¿Ah sí? Qué bien...- la chica se tomó un momento para colocarse el bolso en el hombro y la carpeta bajo el brazo. Luego, le lanzó una lenta mirada, que tenía algo de fulminante y algo de divertido. Y le sonrió, aunque sin ningún calor- . Pero eres un arrogante por decir una cosa así y quedarte tan tranquilo...
James parpadeó, no se esperaba para nada esa contestación, pero quizá la pelirroja tenía razón...
-¿Ah sí?- atinó a decir
- Sí- le contestó, pero no parecía enfadada, ni siquiera molesta.
- Vaya... Lo siento- dijo, con cuidado y precaución, por si acaso.
- No, no lo sientes pero no importa. Yo también lo soy- y le dirigió una sonrisa felina y sí (NA: aún a riesgo de repetirme), verdaderamente arrogante.
El merodeador no pudo evitar sonreír y, en un impulso, agarró a la pelirroja del brazo, le cogió la cara con la mano libre y le plantó un largo y profundo beso en la boca.
"Pistoletazo de salida" pensó Lily, mientras le pasaba los brazos a James por el cuello para acariciarle la nuca y se empleaba a fondo en el beso. Tanto, que el chico no pudo evitar estremecerse y resistirse cuando la pelirroja se apartó, lentamente.
-¿Nos vamos?- le preguntó con una sonrisa y los ojos verdes brillantes. Y si James hubiera sido capaz de ver a través de aquellos ojos brillantes, hubiera sabido que quizá aquello no iba a ser tan fácil como él creía...
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La clase de Pociones Avanzadas se daba una mazmorra más abajo que la de Pociones normales, casi al lado de la Sala común de los Slytherin (aunque esto, por supuesto, sólo lo sabían ellos y unos pocos más), lo cual, de paso, siempre era muy conveniente para Slughorn, el barrigudo profesor, pues tenía el despacho al lado y así se evitaba tener que subir las escaleras.
La mazmorra estaba iluminada por la luz mortecina de las velas y cuando se abrían las cortinas de las ventanas (raramente), entraba la luz azulada que indicaba que estaban junto al lago, lo que provocaba que además de hacer un frío del copón, hubiera bastante humedad.
Por ser principio de curso, estaban sentados por orden de lista a lo largo de las largas mesas, así que Lily se encontró sentada junto a Tyler Donovan, el guardián del equipo de Gryffindor. Además del guardián, de su propia casa también estaban allí los cuatro merodeadores, Candy y un par de SPA más. El resto de sus compañeros eran, mayoritariamente, Slytherin (Snape, Narcissa Black, Evan Rosier, etc.) a excepción de tres chicas de Ravenclaw y dos chicos Hufflepuff.
-¡Buenas tardes!- les saludó Slughorn al entrar y cuando todos estuvieron sentados en sus respectivos sitios, continuó- . Bien, hoy vamos a preparar Libidines. ¿Alguno sabe lo que es¿Lupin?
Remus, que había alzado la mano para contestar, tragó saliva y empezó a hablar:
- Se trata de una poción que estimula el deseo sexual. También recibe el nombre de "Poción de la fertilidad" por la eficacia asegurada de sus resultados a la hora de concebir...
- Exactamente- dijo Slughorn, satisfecho y añadió un par de puntos a Gryffindor- . Además, esta poción también tiene otros usos, especialmente para la profesión de auror, pues es capaz de hacer que una persona, un mago tenebroso en este caso, sienta tanto deseo por la persona que le suministra la poción que toda su voluntad queda minada y anulada...
Muchos, que antes no habían mostrado mucho interés, se removieron en sus asientos, deseando empezar a prepararla.
- Su elaboración, sin embargo, no es fácil y si sale mal, sus efectos pueden ser terribles. En cualquier caso, aunque aquí contamos con gente capaz de preparar perfectamente esa poción en un periquete- el rechoncho profesor sonrió, con orgullo, y le guiñó un ojo a Lily- , aquí no vamos a probarla... Ahora, por favor, abrid el libro en la página 126...
Se escuchó el ruido de las páginas pasándose con rapidez.
- Como podréis ver, el libro incluye instrucciones de cómo preparar la poción y su antídoto y, ya que tenemos hora doble, vamos a preparar ambos. Ahora, poneos por parejas, chico y chica, por favor...
Lily no tenía pensado moverse, pero por el rabillo del ojo, pudo ver a James haciéndole una seña, así que se levantó, cediéndole de paso el sitio a Erin Atkins, la raven que estaba saliendo con Donovan.
La pelirroja se movió entre la gente, hacia el fondo de la mazmorra, y James ya estaba echando a Peter de su lado, cuando Lily pasó de largo, directa a la mesa que estaba en la esquina y en la que estaba sentado ni más ni menos que Severus Snape.
Ponerse con otro chico era, sin duda, un mal movimiento pues si había en la historia un personaje más celoso que Otelo o Ana Obregón, ése era James. Pero si encima lo hacía con su mortal enemigo, Lily se estaba arriesgando demasiado.
-¿Te importa si me siento contigo?- le preguntó Lily, con la mejor de sus sonrisas a Snape. Podía notar los ojos de James clavados en su nuca y sabía que se estaba enfadando...
Snape, por su parte, se encogió de hombros.
- Vale- fue su escueta y desapasionada respuesta.
Lily asintió y con una sonrisa para Evan Rosier, que ya estaba empezando a recoger para dejarle el sitio, invocó sus cosas hasta la mesa de Snape y se sentó junto al chico de piel cetrina, largo y grasiento pelo negro y nariz ganchuda.
- Bien¿estáis todos colocados?- preguntó Slughorn, un par de minutos después, viendo que el revuelo se había detenido- . ¿Si? Perfecto, ya podéis empezar.
La pelirroja miró a James, que tenía a su lado a una ravenclaw que le sonreía, encantada. El merodeador también estaba sonriendo, aunque la suya era una sonrisa un poco más tensa que la de la chica, que parecía estar en el cielo.
Reprimiendo una mueca de satisfacción, se volvió hacia Snape, que había empezado a calentar el agua de sus calderos (NA: de los dos? Qué detalle... xD). La chica le echó un rápido vistazo a las instrucciones.
-¿Preparo yo la poción y tú el antídoto?- le preguntó al chico, que parecía más interesado en el antídoto.
- Vale- volvió a decirle, prácticamente sin quitar sus ojos oscuros del libro.
Lily frunció un poquito el ceño, principalmente porque parecía que el Slytherin estaba pasando olímpicamente de ella, pero no dijo nada y empezó a buscar los ingredientes que necesitaría. Con eficacia, los fue sacando y pesando en la balanza, cortándolos si era necesario para lograr el peso especificado en las instrucciones.
-¿Tienes escamas de dragón hembra? Las que yo tengo son de macho...- le preguntó, un rato después, a Snape, que también estaba sacando los ingredientes necesarios para el antídoto.
- Sí- le respondió su compañero, pasándole un frasquito y volviendo a lo suyo.
Lily volvió a fruncir el ceño, esta vez con más profundidad, y sacó las escamas del frasco y las pesó, mientras intentaba adivinar porqué el Slytherin estaba siendo tan borde con ella... Vale, no eran amigos y habían hablado muy poco en los siete años que llevaban compartiendo clases, pero ella estaba siendo agradable y no veía ninguna razón para que sólo le contestase con monosílabos.
- Tengo que cortarlas- le dijo, esta vez como prueba para ver como le contestaba- . ¿Te importa?
Snape apenas la miró.
- No
Lily sacó de su caja de utensilios el cúter, pero al abrirlo se encontró con que tenía la punta doblada.
-¿Tienes un cúter?- le preguntó, mientras notaba la rabia burbujeando en su estómago.
- Sí- esa vez ni siquiera la miró, sino que se limitó a pasarle el cúter.
- Snape¿conoces alguna frase con más de una palabra?- soltó Lily, finalmente, harta.
El chico de pelo oscuro estuvo a punto de sonreír, divertido por la irritación de la pelirroja.
- Algunas- hizo una pausa para esbozar una media sonrisa, un poco despectiva- . Aunque no me explico qué haces tú aquí hablando y trabajando conmigo...
Lily sintió que la rabia se le pasaba, poco a poco, al ver que Snape era más o menos normal. Se encogió de hombros.
-¿Y por qué no? Quizá me apetezca comprobar cuál es mejor de los dos...- dijo, sonriendo con algo de socarronería y desafío.
- No hay nada que comprobar, Evans- le respondió Snape, con su rostro neutral y desapasionado, mientras volvía a su poción- . O quizá te apetezca fastidiar a Potter y por eso me está mirando como si quisiera matarme...
Lily echó un vistazo fugaz a James, quien, en efecto, les lanzaba miradas asesinas cada poco rato.
- Siempre te mira de esa manera, Snape- le contestó a su compañero, con una sonrisilla divertida.
Pero antes de que el Slytherin pudiera contestar, Slughorn, que se había estado paseando por la mazmorra, llegó hasta su mesa.
-¡Ah, Evans y Snape¡Menuda combinación más explosiva!- exclamó Slughorn, encantado al ver a sus dos mejores alumnos trabajando juntos. Se atusó los pelos de su bigote plateado- . Espero que no me defraudéis y que de estos calderos salgan maravillas...- añadió, colocándose de nuevo las manos a la espalda para seguir paseándose.
Y cuando el profesor estuvo a un par de metros, Lily cruzó en una mirada socarrona sus ojos verdes con los negros de Snape, mientras James, a un par de mesas de allí, rechinaba los dientes por lo que había oído decir al profesor de Pociones.
Otro que tampoco estaba muy contento era Sirius, sentado en primera fila y, para su disgusto, con su prima Narcissa al lado. Al contrario que Lily y Snape, que se habían adjudicado cada uno una poción para poder trabajar por su cuenta, su prima había sugerido que las hicieran en equipo, para asegurarse de hacerlas bien (NA: no eran unos hachas, como Lily y Snape).
Así que la rubia no paraba de moverse a su alrededor, pegándose a él, tocándole, y, aunque Sirius no era del todo consciente, insinuándose deliberadamente para turbarle.
Porque, en realidad, ella sabía que Sirius lo estaba pasando realmente mal, aunque él hiciera serios esfuerzos porque no se le notara nada. Por otro lado, cada vez estaba más confuso y entendía menos el comportamiento de Narcissa, que era lo menos fraternal que había visto en su vida.
Lo que Sirius no sabía era que su prima se había encaprichado con él, que sentía una gran atracción física... Y lo que Narcissa quería, fuera lo que fuese, lo conseguía.
Disimuladamente, el merodeador echó una ojeada a su reloj. Quedaba menos de una hora para que se terminase ese suplicio... No tenía más que aguantar cincuenta minutos más con su prima y sería libre...
- He oído que estás saliendo con Karen Griffin, primito...- le comentó ella un rato después, inclinándose para coger un ingrediente. No lo necesitaba, pero era una oportunidad estupenda para restregarse contra Sirius, quien se mordió con fuerza la cara interna de las mejillas.
- Sí, podría decirse así...- le respondió el chico aunque "estar saliendo" no eran las palabras que él usaría para definir su relación con la SPA.
-¿Venías de estar con ella el otro día, cuando nos encontramos?- le preguntó la rubia, atusándose el largo pelo rubio platino, en un movimiento parecido al que hacían las veelas.
- No, volvía de Hogsmeade- le dijo, intentando concentrarse en la poción que estaba removiendo en el sentido de las agujas del reloj- . ¿Y tú¿De dónde venías?
- Oh, yo había quedado con Lucius...
-¿Lucius Malfoy?- le preguntó Sirius, con algo de interés. Conocía a Lucius Malfoy, cuatro años mayor que él, desde pequeños y no veía persona que encajara mejor con Narcissa que él.
- Sí, salimos desde hace unos meses...- le contó su prima, con un tonillo afectado- . Nos vimos en la fiesta que dio tu madre a principios de Agosto, aunque para ese entonces no estabas en casa, claro...
Sirius hizo una mueca: por supuesto que no había estado en casa, para esas fechas ya se había escapado... Y si no se equivocaba, su madre habría organizado aquella fiesta para que todos los miembros de las familias de sangre limpia de Inglaterra pudieran contemplar como le tachaban del árbol genealógico familiar y le expulsaban de su propia familia.
- Me alegro por ti- le dijo, con un poco de indiferencia.
- La verdad es que no me puedo quejar, es muy atento- prosiguió Narcissa- . Podrías venirte algún día con nosotros...- añadió, colocándole una mano sobre la parte superior de la pierna.
- Lo pensaré
Sirius prefería tirarse de cabeza a una piscina de aceite hirviendo... Aunque en aquellos momentos, quizá no fuera lo más sensato pensar en cosas hirviendo, sobre todo cuando Narcissa estaba moviendo la mano que tenía en su pierna en una dirección que no le gustaba del todo... O puede que sí...
Volvió a morderse la cara interna de la mejilla, mientras volvía a mirar su reloj. Diez minutos, tan sólo diez minutos...
Finalmente, Narcissa apartó su larga mano, pero no tardó ni dos minutos más en inclinarse de nuevo sobre él, para mirar los calderos, en los que la poción y el antídoto echaban las nubes de humo blanco que indicaban que estaban prácticamente terminados.
- Es interesante esto del Libidines¿no te parece? Estimular el deseo sexual hasta hacer que la gente haga todo lo que tú quieres...- Narcissa se volvió hacia él y se humedeció los labios rojos.
Sirius tragó saliva disimuladamente, pero le mantuvo la mirada sin pestañear.
- Es una poción poderosa pero no siempre tiene por qué funcionar. Si una persona está satisfecha sexualmente, no tendría porqué funcionar...- le contestó, con seguridad y bastante lógica, mientras Slughorn anunciaba que en tres minutos empezaría a mirar las pociones.
Y la mano de Narcissa volvió a posarse en su pierna, acariciándosela por encima del pantalón.
- Es una buena teoría- le concedió, con una sonrisa y sin apartar la mano- . Pero yo creo que también depende de la persona¿no te parece?
- Puede ser...
Slughorn estaba ya por la primera fila y Sirius notaba que los vapores de los calderos le estaban mareando...
-¿Y tú, Sirius?- Narcissa se humedeció los labios rojos- . ¿Te dejarías doblegar por sexo?
El merodeador levantó los ojos grises de la mano que seguía en su pierna y, con firmeza, agarró a Narcissa de la muñeca para mantener sus hábiles dedos fuera del alcance de su piel.
- Al contrario- dijo, recuperando de golpe toda su seguridad, como si al alejar el contacto con Narcissa volviera a ser él- . En todo caso, se doblegan...
La rubia parpadeó, agitó sus largas pestañas y trató de soltarse. De repente, los papeles parecían invertidos...
-¿Podrías demostrarlo?- preguntó, casi en un susurro y justo en ese momento Slughorn llegó a su mesa, con su cuaderno de notas en la mano y Sirius soltó la muñeca de su prima.
- Bien, veamos qué trabajo han hecho los primos Black- comentó el profesor, inclinándose sobre ambos calderos. Los examinó, con un cucharón y su varita comprobó la consistencia y el olor y luego, con aire satisfecho, se irguió- . Bien, le falta un poco más de cocción a fuego lento pero es bastante buena...
Los dos primos sonrieron, asintieron y al igual que sus compañeros, comenzaron a recoger sus bártulos, primero haciendo desaparecer las pociones de los calderos con un movimiento de varita.
Y antes de que Sirius pudiera escapar de ella, Narcissa le agarró del brazo, haciéndole volverse hacia ella. Quería tenerle, quería tenerle en ese preciso momento.
- Demuéstramelo- fue lo único que dijo, en un tono firme- . Ahora
Sirius no dijo nada, pero cuando Narcissa se giró para marcharse, la siguió, de forma disimulada mientras hacía un gesto de despedida a sus amigos y otro que parecía decir "os lo explicaré más tarde".
Manteniendo una distancia de seguridad, Sirius siguió a la rubia, que caminaba contoneando sus maravillosas curvas, consciente de que el chico tenía los ojos clavados en ella.
Narcissa entró en la biblioteca, que estaba prácticamente desierta y se encaminó con rapidez a la última de las filas de estanterías, la zona más apartada, oscura y desierta de toda la biblioteca, como consecuencia de que allí estuvieran los libros que nadie leía: el diccionario, la enciclopedia muggle, etc...
Los dos se internaron en aquel espacio y protegidos por la oscuridad y por las estanterías llenas de libros, se lanzaron el uno contra el otro, besándose con ansias, todo manos.
Ninguno de los dos pensó en lo que hacían, en que eran primos, en que estaban con otras personas... Lo único que tenían en mente era eliminar la tensión sexual, deshacerse de toda ese deseo...
Sin embargo, antes de que Narcissa fuera capaz de abrirle del todo la camisa a Sirius, que ya se había encargado de mandar sus túnicas a una polvorienta esquina, el ruido de algo pesado cayendo a un par de metros les obligó a separarse.
Los dos volvieron sus ojos grises como una tormenta hacia el lugar del que provenía el ruido, la porción más iluminada de aquella zona y lo primero que vieron fue un enorme diccionario, abierto, bocabajo, tirado sobre las baldosas. A menos de un metro estaba una chica rubia, agachándose para recogerlo.
Como no, fue todo lo que pudo pensar Adah, al levantar los ojos azules y encontrarse con Sirius y Narcissa Black mirándola.
La fastidiosa habilidad que había desarrollado, sin querer, para encontrarse a Sirius en mitad de la faena le había hecho pillarle, y nunca mejor dicho, con las manos en la masa y con la persona equivocada.
Y, por desgracia para ella, no parecía que aquello fuera a ser un problema exclusivo del merodeador...
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Notas de la autora:¡¡¡Hooola a todo el mundo!! (sí, estoy viva, no he muerto!!). ¿Qué tal¿Cómo han ido las vacaciones y eso? Espero que las de todos genial y que hayáis descansado y salido mucho de fiesta y tomado el sol y todas esas cosas que se hacen en verano...
Bueno, antes de ponerme a parlotear sobre mi vida y milagros, quiero pediros perdón por todo lo que he tardado en actualizar, sobretodo habiendo dicho que tardaría un par de días. Pero tengo un par de buenas razones: la primera, que mi conexión a internet durante todo el mes de Agosto y parte del de Septiembre ha sido bastante reducida, he estado apartada de todo. Ahora podré ponerme al día con todos los fics que dejé en verano (hay tres que estoy deseando leer, pero tendré que esperar a mañana) Y la segunda y más importante, es que estaba falta de inspiración y he tenido miles de momentos en los que estuve a punto de mandar a la porra el fic porque, simplemente, no sabía como escribir lo que tenía en la cabeza.
Pero en fin, al final lo he conseguido y os traigo el capítulo recién sacado del horno... Son unas 15 páginas a Word, y no sé si es porque es un capítulo de transición (odio los capítulos de transición!!! . ) o porque he tardado tanto en escribirlo pero no me termina de gustar... Aunque por fin he podido sacar a mi querido Snape! XDD
En fin, ya me contaréis lo que os parece... Ah! Otra cosa, tengo que agradeceros los reviews, que me animan un montón, sois unos soles!! Y también hacer especial mención a mimig2, porque después de leer su fic "Detrás de los libros se esconde algo mejor", conseguí salir de cierto bache (aunque a los tres días estaba en otro), así que, si este capítulo te gusta, va por ti, wapa!! (si no, ya me dirás cual quieres x"P)
Pues eso, de nuevo, perdón por la tardanza y tanto si odiáis el fic (o a mí), como si os gusta, como si os da igual... por fi, apretad el botón de "go" y contádmelo!! Porque, parafraseando a Holofermes, un fanfic con reviews es un fanfic feliz!!!
CONTESTACIÓN DE LOS REVIEWS ANÓNIMOSJuu:¡¡Juli, preciosa¿Cómo te va¡¡Muchas gracias por tu review, me encanta!! me alegro un montón de que te gustara cómo se desarrolló la historia de Lily y James, aunque no te garantizo que esa paz vaya a durar mucho, no tendría gracia xDD. Cómo llevas "Ella y Él"? Estoy deseando leerlo, mañana sin falta lo hago (si la conexión no me falla)!! Y encontraste ya el séptimo libro? Yo me lo terminé hace un mes más o menos y me encantó!! (pero no te digo más, no vaya a ser...). Pues nada, un besito enorme!! Mua!
Cecy: ¡Hola! Muchas gracias por tu review, me alegra que te guste este fic tan raro jaja xD. Y estoy de acuerdo contigo, siempre es James el que da el primer paso y eso no puede ser! Espero que este capítulo te guste! Un besito!
Kry: ¡Holaaa¿Sii? Te gustó el capítulo? Muchas gracias!! A ver lo que te parece este... :p Fíjate que casualidad, en tu review me pusiste el nombre de uno de los capítulos que pienso hacer en el futuro (pero no te digo qué :p). En cuanto a lo que me pides, de las SPA he sacado ya algo en este capítulo (las mañanas de Candy, toda una exclusiva) y de Adah te prometo que saldrá en el siguiente. Louis aún tendrá que esperar algo más (y eso que es el personaje que más me gusta de los míos...) pero todos van a tener su parte.Pues nada, muchas gracias y espero verte en el siguiente! un besote!
