¡Buenos días, tardes o noches, sempais! Mucho gusto saludarlos hoy e invitarlos cordialmente a otra pequeña contribución al Stoki de mi parte (nwn) Ahm, no sé qué decir exactamente ahora (.w.), la verdad es que esto ni se pensaba para convertirse en una historia de esta pareja (xD)... a lo largo de la semana, estrujándome los sesos para encontrar algo que me hiciera olvidar la Universidad, dejé volar mi imaginación y terminé escribiendo esto. Así que, supongo que espero que lo encuentren merecedor de su tiempo, porque realmente no sé qué sentido tiene (xDU).
Advertencias: Yaoi; -tremendo- OoC (en serio, ora si tengo razones dónde justificar eso, pero ya las irán encontrando por sí mismas); mundo alterno (nwn), con una de esas ideas que me llegan con demasiado chocolate.
¡Atención!: Los personajes de Marvel no me pertenecen, son propiedad de Stan Lee. A él todo el crédito por haberse inventado todo y ofrecer a la humanidad historias que pasaron motivar la creación de películas con maravillosos actores (*-*)... Yo no puedo imaginarlos en cómic (=w=U) -y no tiene nada que ver con que jamás haya leído uno (xD)... o sí, quizá un poco-.
Realmente espero que gusten de este... ¿primer capítulo? A ser sincera, la idea es hacer varias pequeñas historias (hasta ahora independientes una de otra) acerca de esta linda parejita... pero por supuesto, eso es solo si ustedes creen que vale la pena (.w.)
¡En fin! Bajo advertencia no hay engaño, así que gracias por atreverse a continuar (nwnU)
(~*~Cien veces "para siempre"~*~)
1
-/-Silencio-/-
Para quien esconde el corazón
.
Tenía sed. La garganta le ardía como si hubiera intentado tragar un metal caliente, pero eso no fue suficiente para empujarlo desde su pesado y delicioso letargo; apenas le hizo ligeramente consciente de que las sombras todavía se dibujaban a través de las paredes, aún más tangibles por la luz blanca de la luna que se colaba por la única ventana. Volvió a cerrar los ojos, soltando un suspiro quedo.
Tras sus párpados empezaron a desfilar imágenes difusas acerca de sus propias memorias, de recuerdos íntimos que a veces le hacían sonreír y en otras ocasiones, llorar. El sonido de las palabras susurrantes que alguna vez pronunciaron la gente a su alrededor se oían en su cabeza, rebotando en su cerebro con fuerza mientras él intentaba conciliarse de nuevo con el sueño al cien por ciento, hasta no ser consciente de nada. Ni siquiera del cuerpo que debiera estar descansando a su lado en la cama pero que, sin embargo, ya estaba ausente.
Solo hasta ese momento se obligó a abrir los ojos, realmente despierto y girar el cuello. Sus largas pestañas rubias cubrían los ojos casi del todo, pero incluso con la poca luz que rondaba la habitación, debería ser suficiente para entrever el brillo azul enturbiándose lentamente al descubrir que tenía razón: Ya nadie lo acompañaba.
Deslizó la mano sobre el colchón y las suaves telas de seda que acariciaban su piel y le provocaron un pequeño estremecimiento por lo frías y solitarias que se sentían. Precisamente, no encontrar la tibieza de quien fuera su amante cada noche es lo que dolía de despertar en las mañanas. La duda constante, el atisbo de esperanza que le quemaba en el pecho y se desvanecía entre sus manos como el humo; la irritación combinada con la desazón que se instalaban en su mente, dando lugar a un —desgraciadamente habitual— bufido exasperado.
Compuso una mueca. Ya con varios segundos de esa aplastante sensación en el pecho, logró espabilar lo suficiente su cabeza, por lo que se obligó a empujar las colchas con los pies y sentarse. Frotó sus ojos, deshaciendo las lagañas y ahogando un suspiro entretanto se peinaba el cabello rubio con los dedos. Algunos de los mechones lacios volvieron a resbalar a su frente, pero Steve apenas les prestó atención.
Hacía demasiado calor, se lamentó mientras fruncía el ceño, tanto que desearía poder quitarse el pantalón del pijama que se había colocado improvisadamente en la noche, pues aún a pesar de todo, continuaba dándole vergüenza recostarse desnudo cerca de Loki; como si no lo tocara cada noche, recorriendo con los labios la piel blanquísima y fría del moreno; como si necesitara esconderse de quien conocía cada centímetro de su piel; como si Loki fuera a quedarse más de tres horas después de que hiciesen el amor.
Siempre era lo mismo, no había por qué sorprenderse. A estas alturas, la sorpresa no era lo que más le llenaba de amargura la boca, sino la costumbre que se había formado entre ambos, algo tácito que decidió el cuerpo de Steve sin preguntarle qué tanto hería a su corazón despertar y abrazar la ausencia de Loki.
Se sobó el puente de la nariz, preguntándose exactamente qué intentaba hacer al eludir la verdad de que esto era una estupidez. Siempre lo supo, pero igual que la primera vez, deseaba creer en la mentira de que ambos podrían estar juntos. Esas —crueles y conciliadoras— palabras continuarían rondándole a través de cuánto tiempo el joven Laufeyson siguiera encaprichado por él.
Rogers había escuchado a sus amigos advertirle de ello una y otra vez, pero aunque su cerebro respondía con raciocinio, ahí en el departamento, arrinconado por el hombre de los ojos verdes, las defensas se le deshacían y terminaba accediendo, sucumbiendo al deseo que despertaba Loki en su interior. Aún más, darse cuenta de que tenía sentimientos encontrados le hacía soltar palabras cursis en el oído del otro, sin ser correspondido. Loki simplemente escuchaba, como si estuviera ofreciendo su cuerpo para el consuelo de aquellas pesadillas que un día atraparon a Steve y también permitiendo que un mocoso como él hablará desde el corazón, liberando secretos o pasiones que, esperaba muy en el fondo, menguaran conforme el tiempo pasara.
En alguna parte, quizá a Loki se le dibujaba la compasión por la ingenuidad de Steve, por los sentimientos retorcidos de amar a alguien del mismo sexo.
Las mejillas de Steve se colorearon de un intenso rojo. Jamás en su vida pensó admitir nada acerca de su homosexualidad, porque estaba mal. Su propia religión declaraba que gente como él iba a parar en el Infierno, por ir en contra de la ley natural del único Dios en quien podría creer alguna vez; a las gente como él, muchos decían, no existía oportunidad alguna de redención.
Nadie puede tener la más remota idea de cuánto se odiaba a sí mismo. Verse en el espejo y descubrir que algo andaba realmente mal con él, era una sensación indescriptible; Steve no tenía palabras en su vocabulario para expresarlo, pero no hacía falta oírlo cuando uno prestaba atención a sus ojos celestes, tan opacos, temerosos y cansados de ocultarse mientras él bajaba la mirada y caminaba por el pasillo de la escuela, que muchas veces parecía haber perdido el alma y era simplemente un cascarón vacío. A veces, tenía la oportunidad de fingir con éxito que todo estaba bien. Pero él sabía la verdad, pues a sus espaldas todos seguían señalándolo y él, en silencio, aceptaría que era poco menos que un fenómeno, incluso cuando en el siglo XXI, ya empezaba a aceptarse un poco a las personas de su… condición.
Y entonces, Loki simplemente apareció.
Hace seis años que llenaba su vida con un montón de emociones que bien sería difícil —e inútil— enumerar, y Steve intentó ignorarlas hasta el cansancio. No hacer caso del brillo en aquella mirada, tan inteligente y ávida de conocimiento; de las muecas frías que se embellecían en cuanto una media sonrisa se apoderaba del rostro pálido y casi demacrado de Loki; ni la forma en que se sentaba a leer en la biblioteca, bañado por la luz del sol que se colaba por la ventana, ajeno a que Steve entraba solamente para verlo y leer los mismos libros que el moreno tomaba prestados.
Antes de darse cuenta, se absorbió por cada detalle de su figura, y cuando Thor —el hermano mayor de Loki—, dio por fin con la manera de —obligar— que éste se presentara con sus amigos, Steve descubrió que también adoraba la forma cínica en que se comportaba, aún más cuando se dio cuenta de que el sarcasmo y la hábil Lengua de Plata solamente escondían una gran fragilidad.
El de ojos verdes estaba celoso de Thor, y eso se podía ver a todas vistas. Steve notaba cuánto se esforzaba en sacar las mejores calificaciones —aunque al ser tan inteligente, apenas hacia esfuerzo—, y cuánto más intentaba pulir las habilidades con los deportes —siempre con menos resultado y saliendo frustrado de casi todo lo que respecta al asunto—, pero no se rendía. Quería ser reconocido, dejar de verse como una sombra al lado de Thor, quien a pesar de todo —lo bruto, egoísta y desconsiderado que llegaba a ser sin darse cuenta—, la gente continuaba prefiriendo sin apenas notar la presencia del menor.
Eso último era comprensible, tuvo que admitir, pues Loki tenía muy mala mano para soportar a la gente. A él le gustaban los espacios grandes y solitarios, razón por la cual se pasaba la vida en la biblioteca, evitando a la gente siempre que podía. Además de que, para aliviar el peso de que todos olvidaran su existencia, se empecinaba en odiarlos o verse a sí mismo demasiado superior, cuando en el fondo era claro que también había algo que detestaba de ser Loki, conocido únicamente por ser el hermano de Thor y nada más. Steve no entendía por qué Loki era tan renegado, a veces incluso por su propia familia. Como si a pesar de todo, él no perteneciera a ese lugar ni a ningún otro. Era entonces cuando Steve se daba cuenta de lo parecidos que eran, hasta cierto punto.
Por su parte, hace apenas unos meses que había sido capaz de verse ligeramente libre, y todo gracias a Loki. Él intentaba retribuirle de la misma manera, hacer de su carga algo menos pesado, pero Loki simplemente arqueaba una ceja y le decía que era un ridículo, que no había en el mundo nadie que lograra comprender lo usado y solo que se sentía. Pero ignoraba un hecho importante: Steve también se veía como un mero objeto y juguete que Laufeyson podía manipular a como se le diera la gana. Lo triste y ridículo del caso, es que al rubio parecía no importarle, con tal de tener a Loki unas horas.
La primera noche le costó entenderlo.
En la escuela, su maestro Coulson decidió ponerlos en pareja para el nuevo proyecto de física, y vaya la suerte de ambos chicos, quedaron emparejados por dos pequeños números pintados en rojo sobre un papel doblado. A Steve le hizo infinitamente feliz, aunque solamente cuando Loki se acercó a preguntarle cuál era el plan que se animó a decirle que podían quedarse de ver en su pequeño departamento, donde tenía una absoluta paz. Al moreno pareció animarle la idea, puesto que la otra opción era quedarse en su lujosa casa con Thor, Bruce, Tony y Clint no le agradaba un pelo.
—Al menos tendremos paz —sentenció, rodando los ojos y cruzándose de brazos—. Entonces, saliendo de la escuela iremos a tu casa, para terminar con esta tontería lo más pronto posible.
Las cosas no salieron del todo como habían planeado, puesto que mientras intentaban trabajar, algo falló y el cohete a propulsión que intentaban hacer, prácticamente explotó. Steve se apresuró a correr por agua y apagó el pequeño incendio que había dejado una mancha en el suelo. Ambos quedaron con la cara tiznada, y Steve fue el primero en romper el silencio, preguntando ansioso si no le había sucedido nada. Loki, debajo de la negrura de la cara estaba rojo y en la sien le sobresalía una pequeña venita que palpitaba mientras el chico apretaba la mandíbula.
—¿Loki? —Repitió al ver que era ignorado—. No pasa nada…
—¡Maldición! —Exclamó el moreno, poniéndose de pie y pateando los restos del cohete, haciendo que Steve se encogiera un poco mientras observaba la rabieta del de ojos verdes—. ¡Maldición! ¿Por qué no nada me sale bien? ¿Por qué no, por una vez en mi estúpida existencia, hacer algo perfecto?
—Loki —le llamó con apenas fuerza—. ¡Hey, Loki!
—¡Cierra la boca, idiota!
—Por favor, cálmate. Volveremos a empezar; no pasa nada. —Lamentable uso de palabras, pensó justo cuando el chico se viró para fulminarlo con los ojos encolerizado, brillando como si dentro de ellos hubiera un fuego inagotable. Steve tragó saliva, pero logró sonar firme—: Está bien.
—¿Cómo puedes decir que está bien? ¡Me equivoqué e hice volar nuestro proyecto! Mierda, deberías estar más enojado tú que yo. Incluso he quemado el piso de tu departamento.
Si esa fue su manera de disculparse, Steve jamás se lo preguntó. Por otro lado, tampoco es como si le hiciera falta escuchar nada parecido.
—No es para tanto—comentó Steve, encogiéndose ligeramente de hombros y dedicándole su mejor sonrisa al chico—. Yo me haré cargo de eso más tarde. Y en cuanto al proyecto —hizo una pausa y se atrevió (quién sabe cómo) a levantar la mano y ponerla sobre la cabeza de Loki, peinándole los cabellos que ahora le caían en la frente—, al menos estamos bien y podemos empezar de nuevo. No hay problema.
Loki se hizo para atrás, con el ceño fruncido. Ver eso le produjo a Steve un golpe en el estómago, y se recordó que debía comportarse más recatado, que ya se había dejado llevar mucho al tocar esos lacios cabellos negros. El hermano de Thor refunfuñó algo que Steve no entendió, pero que parecía una sarta de insultos.
—¿Eso quiere decir que no estás enojado? —Preguntó entonces el chico, tomando por sorpresa a Steve—. ¿De verdad crees que fue un accidente o empezarás a decir que intenté hacer una mala broma?
Steve pestañeó confundido hasta que recordó: Loki tenía fama de ser un muchacho que disfrutaba de las travesuras. Sin embargo, para las cosas de la escuela era alguien muy serio y no dudaba que su intención hubiese sido otra que la perfección.
Volvió a sonreírle, con naturalidad. De manera escueta, justo como lo sabía hacer. Loki se quedó en silencio.
—Fue un accidente y por supuesto que no estoy enfadado. ¿Por qué lo estaría? Errar es humano y a decir verdad, tú jamás te equivocas. —Soltó con cierto deje de admiración sincera, pero que pareció pasar desapercibido por Loki, a grandes escalas.
—No te burles de mí, Rogers —el tono ponzoñoso que aplicó el de ojos verdes fue suficiente para helarle la sangre a Steve. Inmediatamente se dio cuenta de su equivocación.
Y de alguna manera, Loki terminó discutiendo con él, soltándole improperios que le herían, refunfuñando durante demasiado tiempo y luego al fin, resaltando aquello que hizo de sus vivaces ojos verdes un iris sin vida, sin brillo, tan opaco y triste que Steve comprendió que el chico estaba dolido. Terminaron olvidando el proyecto y se quedaron hablando largas horas; Loki se desquitaba con palabras todo lo que parecía aquejarle de la vida, y Steve no dejaba de preguntarse cómo se había ganado la suficiente confianza para escuchar los secretos del joven. Bueno, no es como si sospechara que Loki jamás dijo nada de eso, o fuera tan egocéntrico como para pensar eso, pero el de ojos verdes se lo aclaró más adelante.
—Por supuesto —le había dicho entonces entre dientes—, todo mundo quiere estar con Thor. Es el sol y el centro del Universo entero, la perfección y belleza en persona. Los mismos Dioses enmudecen a su comparación. ¿Y yo qué tengo? ¿Una inteligencia que se ignora y un carácter apático que me separa de todos? ¿Qué me hace diferente? ¿Por qué no puedo ser igual que Thor?
Steve quiso contestarle muchas cosas, decirle cuán especial era siendo "diferente". Pero no podía abrir la boca, o si lo logró, ningún sonido brotó de la garganta. Loki le había mirado, dubitativo antes de que el rubio se animara a contestar por fin:
—Que quieres ser igual, precisamente —respondió en su lugar, con un murmullo. El otro enrojeció de ira y parecía dispuesto a soltarle una buena tanda de golpes verbales, pero Steve se apresuró a interrumpirlos con la voz temblorosa—: Deberías estar feliz por ser tú. Eres maravilloso —agregó con un hilo de voz—. Tienes muchas cosas más que Thor no posee.
—¿Cómo qué?
—Bueno… ehm… pues… tal vez… —comenzó a tartamudear, ganándose una mirada de reproche por parte de Loki, al mismo tiempo que una divertida e impaciente sonrisa se iba apareciendo conforme pasaban los segundo. Era obvio que el sonrojo de Steve le hacía parecer un semáforo en alto—…eres inteligente y responsable.
—Eso no tiene nada de especial. Nadie le hace caso a tales cosas.
—Tienes una mente aguda y…
—Y definitivamente no se te ocurre nada, ¿verdad? ¿Acaso tienes la mitad del cerebro, como el idiota de mi hermano? ¡Cielos! Stark tiene razón; eres muy transparente y terriblemente aburrido. —Steve se ruborizó aún más, avergonzado por las (crueles) palabras de quien fuera su amor secreto y de paso, de uno de sus amigos—: Al menos piensa antes de hablar.
Steve siempre lo hacía. Él no iba por ahí pregonando idioteces por todas partes, justo igual que Stark, pero frente a Loki quería… ahora simplemente quería dedicarle un alivio, un elogio que valiera la pena.
—Nunca te rindes —soltó rápidamente. Loki frunció el ceño, observando a Steve mientras él agachaba la cabeza—, porque…
—Yo siempre le falló a mi padre —soltó repentinamente el moreno, haciendo que Steve arqueara las cejas—. No soy tan idiota para no darme cuenta de que está… decepcionado de mí —las palabras parecían perforar su garganta, por lo que Steve abrió la boca, sin alcanzar a hacer ningún sonido antes de verse interrumpido—: No digas nada, por favor, Rogers. De verdad que no tiene ningún caso.
Le dolía ver que el hermano menor de Thor entornaba los ojos con algo de desesperación mientras decía lo harto que estaba de seguir intentando por algo que jamás obtendría: El reconocimiento de su padre y la oportunidad de ser alguien por sí mismo.
El rubio bajó la cabeza. Ofrecía una imagen insegura de cómo continuar hablando ahora. Pero en vista de la petición que Loki hizo unos segundos atrás, prefirió guardarse las palabras. Ojalá existiera una manera de demostrarle al de ojos verdes cuán especial era por el simple modo de caminar que tenía, por la sonrisa que de vez en cuando curvaba sus labios y fulminaba a Steve tan rápido como una bala. Necesitaba que lo supiera, pero sería egoísta y patético pensar que admitirle su enamoramiento sería la mejor forma de halagarlo.
—¿Vas a guardar silencio? —Preguntó Loki, segundos después, despegándose de la pared donde estaba apoyado. El corazón de Steve dio un vuelco antes de que bajase la mirada—. ¿Realmente no hay nada en mí que valga la pena siquiera mencionarlo?
—Me dijiste que ya no hablara —murmuró Steve. Loki arqueó las cejas—. Pensé que cualquier cosa que añadiera iba a ser mal recibida.
—Bueno —admitió Loki—, eres la primera persona que se sienta a escuchar conmigo de estas cosas. De hecho, el primero al que se lo digo. ¡Maldición! No me gusta admitir nada de este asunto, así que supongo que buscaba que me empezaras a soltar tus palabras de santurrón —rio amargamente, mientras al rubio se le encogía el estómago—. Quiero escuchar algo bueno de mí. Al menos, tú haces el intento. Debe ser difícil, ¿a que sí?
Steve negó con la cabeza.
—Yo… yo podría… —empezó a decir—, yo quisiera decirte muchas cosas. Tienes muchas cosas buenas, Loki.
—Quiero escucharlas.
—¿Eh?
—Ya me oíste. Quiero que me las digas. Ahora mismo. Ni siquiera lo pienses demasiado.
Se miraban a los ojos y Steve se sentía atontado cuando empezó a hablar sin coherencia alguna, hipnotizado por el brillo fugaz que atravesaba los ojos verdes de Loki.
—Cuando estás leyendo, tan concentrado y abstraído en las palabras del libro… y ríes por algo que viene en el texto, creo que no puede haber algo más maravilloso que verte leer. Sientes tanta pasión por ello que es difícil no imaginar cómo leer podría ser otra cosa más que fascinante. Yo… yo leo todos los libros que tú tomas.
Loki hizo para atrás la cabeza, con los ojos abiertos de par en par.
—¿Eh?
—Eres muy inteligente. Sabes responder a todo y lo sabes hacer incluso cuando has pasado la clase mirando por la ventana, fijando la vista en quién sabe qué cosas lejanas. —Hizo una pausa y tomó aire; una voz en su cabeza le pedía detenerse, pero su lengua continuaba moviéndose rápidamente, tanto que se preguntó si acaso Loki le estaba entendiendo—. Tú finges ignorar todo y hasta ser malicioso, pero realmente tienes un buen corazón: Hace dos semanas le ayudaste a un niño pequeño contra un niño mucho más grande. Nadie se detuvo a ayudarlo, pero tú lo hiciste.
—¿Me viste…?
—Al contrario de Thor o Stark —interrumpió—, tú no te la pasas exhibiendo nada de lo que posees. Simplemente te gustaría resaltar lo que consigues por ti mismo. Y eres muy orgulloso entonces. —Se detuvo un segundo, palpando las siguientes palabras—. Dices lo que piensas cuando es adecuado, y aunque en general eres una persona reservada, sabes tratar a los demás cuando (según tú) lo meritan. Eres culto e interesante. Eres artístico y estudioso. Y además —por favor, pidió en silencio, por favor muérdete la lengua antes de decirlo—, eres muy hermoso —¡Lo dijo! Maldita sea. Como si apenas se diera cuenta de que realmente había soltado esas palabras, Steve se cubrió la boca con la mano, ocultando también gran parte de su rostro ante la expresión boquiabierta de Loki.
El de cabellos negros abrió la boca y la cerró, pestañeó algo incrédulo y luego asintió.
—¿Lo dices como un cumplido o… lo dices en serio?
Cualquier cumplido que le hubiera hecho Steve era en serio; al menos, él lo creía fervientemente. Así que preguntar algo así puede que fuera un tanto estúpido. No contestó. Sentía demasiado calor para hacerlo y poco a poco la respiración le faltaba, así que terminó por voltearse de espaldas a Loki y tratar de respirar profundamente, para recuperar el aliento y deshacerse tanto del sonrojo como del retortijón en el estómago.
—Rogers —exigió Loki, impaciente—. Tú no serás gay, ¿verdad?
Ahí estaba: Un sonido dentro de su pecho, como de hucha rota. El mundo se le derrumbó en un segundo y se quedó helado. No había desprecio en las palabras de Loki, ni siquiera sorpresa, pero lo certero de esas palabras le causó un mareo repentino. No se diga la seguridad que ofrecía el tono del chico.
—Yo… yo… —tartamudeó, dándose media vuelta. Esperaba encontrarse con una mueca de asco o disgusto, pero Loki simplemente esperaba, como si en realidad le diera la oportunidad de negarlo. Acaso fingiría creerle si él decía que era una broma, pero las palabras murieron una tras otra en sus labios.
—De acuerdo —dijo Loki, quedándose en silencio otros diez segundos—. ¿Te gusto?
Steve apretó la mandíbula. ¿Cómo podría siquiera pensar en responder eso? Las uñas pulcramente cortadas le herían la palma de la mano y él no sabía cómo detener los latidos de su corazón, que probablemente eran tan perceptibles a los oídos del otro como si fueran tambores.
De pronto, la cercanía de Loki fue demasiada. Steve se regañó por no darse cuenta de que el otro se adelantaba varios pasos hacia él; un olor como a sándalo y las sustancias con las que habían trabajado esa tarde. Cuando el rubio alzó la mirada se encontró con el rostro impasible de Loki, todavía tiznado y cubierto por un par de mechones de cabello rebelde. Los ojos verdes destellaban entre la curiosidad y lo cínico; no le agradó esa mirada. Se esperaba de todo, desde el desprecio hasta la burla, incluso el silencio. Todo menos que Loki se mordiera el labio y, tomándolo del rostro, le plantara un beso en los labios.
El rubio soltó una exclamación y se alejó de un salto, retrocediendo hasta dar con la pared y tirando un par de cosas del librero. También se golpeó la pantorrilla con la mesa de noche, pero apenas soltó un quejido más bajo que el gemido de sorpresa por lo que el otro acababa de hacer. Loki arqueó una ceja, como si no comprendiera del todo qué había pasado. Justo después, se llevó el dedo índice a los labios y se lo pasó en el contorno, como si tardíamente pensara en acostumbrarse a tener algo sobre la boca.
—¿Qué pasa? —Preguntó al fin, a lo que Steve abrió y cerró la boca, contrariado y tartamudeando cosas sin sentido—. ¿No querías que te besara?
—Yo… no… pero… sí… lo que… es…entiendo… por… cuándo… qué acabas… —Loki sonrió, lo hizo de esa manera espontánea y sincera que le indicaba a Steve que realmente se estaba divirtiendo. En sus ojos bailaba una sombra enternecida, pero la vergüenza podía más con él y no le permitía sentirse de otra manera más que como una broma—. ¡Ese era mi primer beso!
¿Por qué? ¿Por qué la primera cosa coherente que logró decir fueprecisamente eso? Durante un segundo, pareció que Loki iba a soltar una carcajada, pero después simplemente le miró con cierta congoja. Sino lo conociera, diría que estaba a punto de disculparse.
—¿En serio lo era?
—¿Para qué querría mentir con algo así? —Exclamó Steve, aunque su voz se fue convirtiendo en un murmullo al pensar bien en lo que acababa de pasar: Loki lo besó, y en un acto impulso se había alejado. Llevó su mano a los labios, haciendo una imitación ingenua de lo que hizo el otro; los labios de Loki eran suaves, pero estaban fríos… no, más bien, frescos, como el resto de su cuerpo—. ¿Por qué me besaste?
Loki le miró directamente a los ojos y sonrío a medias.
—¿Te gusto yo? —Repitió a modo de respuesta. Steve apretó los labios en una fina línea y, tomando valor, asintió una vez—. Entonces, es claro el por qué.
Steve frunció el ceño, apenas de manera perceptible. ¿A qué se refería? Antes de que pudiera comprenderlo del todo, Loki volvió a acercarse y le plantó un segundo beso. Steve se quedó estático, sin saber exactamente con qué proceder ahora. En su vida debió considerar siquiera la idea de que algo así sucediera; ser correspondido por Loki… pero él no había dicho nada parecido, ¿verdad?
Loki era una persona que se sentía falta de atención, eso también saltaba a la vista. La gente tendía a olvidar su existencia, pero Steve se sentía atraído, magnetizado por todo cuanto a él se refería y es claro que la razón por la que el de ojos verdes le besaba, era por esa idea de objeto empolvado que tenía de sí mismo.
Steve supo de inmediato que debía detenerlo, pero era la forma en que poco a poco sus labios se iban acoplando a las exigencias del moreno, y la tentación de ponerle las manos en los hombros para deslizarlos hasta las caderas y terminar en un abrazo firme, con la idea de no soltarlo mientras pudiera permitirse ese cuerpo pegado contra el suyo.
No logró, ni ese día ni hasta ahora, dejar de rogar por la llegada de Loki. Para tomar su cuerpo como si todo en él llegara a pertenecerle algún día… incluso el corazón. Por supuesto, el moreno no hacía otra cosa más que observarlo impasible mientras Steve lo embestía cada noche, probando la calidez falsa de las caricias, volviéndolas su único refugio cuando ya conocía el resultado irremediable.
Sin embargo, Steve se sentía abandonado por todos, alejado de la única posibilidad de ser feliz con alguna otra persona, así como trató de hacerse creer durante esos largos años de contemplación muda. Como resultado, él se aferraba más al moreno, atrapando sus caderas con las manos y pidiéndole que se quedara con él, que dijera que ambos se pertenecían mutuamente.
Loki no decía nada; simplemente esperaba que todo terminara para recuperar el aliento y depositarle un beso en los labios, apenas un roce que le dejaba ansioso por más contacto, pero que se sentía tan íntimo y especial que el corazón le saltaba en el pecho a punto de hacerle explotar los tímpanos con los latidos tan fuertes.
Esperanza. Amor. Felicidad. Ya se había dado cuenta de que esos sentimientos le hablaban en el oído cuando Loki estaba cerca, pero necesitaba aprender a callarlos porque sabía bien que nunca iba a ser correspondido, y porque además, así tenía la posibilidad de fingir que al despertar podría soportar el dolor.
En el presente, Steve lanzó un suspiro nuevo y se puso de pie. No se molestó en buscar las sandalias. Solamente iría a la cocina, tomaría un vaso de agua fría y quizá… ya vería qué haría después.
El pasillo estaba tan oscuro como siempre, por lo que no se percató de que había algo diferente hasta que al final de éste, sintió la brisa fresca envolviendo el lugar. Se estremeció y asomó la cabeza con cautela, abrazándose a sí mismo mientras echaba una ojeada. Todo estaba como siempre: El sillón de dos plazas con vista a una pared llena de bocetos y algunos cuadros, la pequeña mesa de noche donde algún día se hubiera golpeado, un televisor considerablemente grande que el ostentoso de Tony le regaló de cumpleaños y el par de libreros atascados de volúmenes empastados de cuero y desgastados de tantas veces que los había ojeado. Sin embargo, sí había algo diferente, y lo notó nada más se talló los ojos para asegurarse de que no se trataba de un sueño.
Ya casi era madrugada, por eso le costaba creer que ahí, parado frente al diminuto balconcillo de metal, con la gran ventana abierta de par en par, estaba Loki, contemplando la vista del barrio en silencio, cruzado de brazos y apenas apoyado en el marco de la pared.
Traía sus pantalones de mezclilla y encima, se había puesto la chaqueta de cuero favorita de Steve. Su silueta se dibujaba por la luz de la luna y el rubio tuvo que preguntarse si ese halo casi celestial no provenía de su imaginación.
Con una punzada en el pecho se recordó que esta no sería la primera vez que soñaba despierto con encontrárselo. El golpe solo fue más fuerte cuando sí, de hecho, faltaba sentido para pensar que después de seis años de visitarlo, esa noche Loki hubiera decidido quedarse más tiempo del acostumbrado. Por otro lado, uno diría que estaba contemplando la vista antes de irse.
Steve sintió aún más extraño que Loki no se volviera hacia él. Estaba tan absorto mirando las luces de la ciudad como para percatarse de su presencia y quizá, lo agradecía. Esa imagen era perfecta, aún si fuera una ilusión lo llenó de un gran regocijo, una paz absurda que tardó demasiado en hacer desaparecer.
No se movió ni un centímetro, incluso aunque deseó correr por su cuaderno de bocetos o, de perdida, tener el celular a la mano. Temeroso de que desapareciera de un segundo a otro, no parpadeó de nuevo. Y luego, como si notase la mirada de Steve, Loki volteó la cabeza ligeramente, apenas para alcanzarlo con el rabillo del ojo sobre el hombro. El corazón del rubio se agitó como de costumbre, pero no se esforzó en sonreír.
Antes de cualquier otra cosa, ya había notado el brillo triste y abatido en la mirada de Loki, así que caminó hacia él en silencio. No lo abrazó, tampoco empezó a hablar. Deseaba hacer algo, pero era obvio que el moreno prefería mantenerse en silencio durante un tiempo. La tristeza en sus rasgos le causó una punzada más en el pecho.
—La vista desde aquí es mucho más hermosa que desde mi casa —comentó Loki después de un par de minutos. Steve dejó caer los brazos a los costados, pero de inmediato empezó a jugar con los pliegues del pijama, buscando algo que hacer con las manos—. Solamente quería… —su voz se convirtió en un murmullo y desapareció. Segundos después, el único sonido era el de unos pocos autos en la calle. Steve tragó saliva.
—¿Te irás ya? Tal vez me pueda cambiar y llevarte en la moto —sugirió, desacostumbrado a ese rostro frágil. Sabía que las palabras podrían enfurecer al moreno, y no se equivocó del todo, pues éste se apresuró a chasquear la lengua.
—¿Tan ansioso estás porque me vaya?
—Para nada —añadió con rapidez, enrojeciendo hasta la raíz del cabello. En un acto reflejo, estuvo a punto de tomarle la mano—. Es solo que… —hizo una pausa—, nunca te quedas tan tarde. Debe pasar algo o no te sientes bien y quizá no es buena idea dejarte ir solo por la ciudad. No me gustaría que te pasara nada.
Loki se giró a verlo, dubitativo, buscando acaso alguna señal de que mentía. Pareció encontrarlo sincero y se encogió de hombros.
—No quiero volver allá, eso es todo.
—¿Quieres hablar de ello? —Preguntó Steve, aún más nervioso y preocupado. Loki hizo una mueca—. Sabes que puedes quedarte aquí entonces todo el tiempo que quieras. ¿Te preparo algo caliente? La noche está algo fría.
El de ojos verdes se apresuró a meterse dentro y cerrar la ventana. Steve tardó en comprender que ese era un gesto para que él ya no tuviera frío; bueno, no era como si Loki le pasara un brazo por los hombros y lo estrechara contra sí para protegerlo del aire, pero al menos quedaba explícito que también se preocupaba por él… un poco.
Steve fue directo a la cocina. A Loki le gustaba el café negro, así que prendiendo la luz se puso a buscar en la alacena. El de ojos verdes lo miraba desde el umbral de la puerta, apretando los puños en torno a la chaqueta; el rubio tomó nota de que estaban de la misma altura, aunque por mucho, Steve había dejado de ser el joven enclenque de entonces y ahora era demasiado musculoso como para que la prenda le quedase holgada a Loki.
Rogers ya estaba sacando las tazas cuando Loki le llamó:
—No quiero nada —anunció, haciendo que Steve se volviera hacia él, casi tirando la taza. Nada más se enderezó, apretó los labios en una fina línea y esperó—. Bueno, quiero hablar contigo seriamente sobre algo, pero… eso no es algo que pueda hacer con una taza. Prefiero no tener algo en la boca o… o no diré nada.
Steve casi se paraliza, no sabía si de miedo o anticipación. Asintió y, dejando con cuidado el pequeño frasco donde guardaba el azúcar, se acercó lentamente. Loki le indicó que se fueran a sentar al sillón y así lo hicieron. Steve tomó asiento, removiéndose incómodo y nervioso. Loki hizo lo mismo, con la excepción de que se quedó tan estático como antes, mirando un punto en la nada.
El silencio se aplazó hasta que Loki decidió romperlo por fin, con la voz ronca.
—Nunca le quise decir a mi padre que tenía una relación contigo —admitió con rapidez—. No quería que nadie lo supiera hasta que, aclarara el asunto conmigo mismo. Pero ahora —soltó el aire—, tarde o temprano te enterarás de que… mi padre acaba de comprometerme con alguien.
Steve sintió como si le propinaran una patada en el estómago, le sacaran el corazón para tirarlo al suelo y pisotearlo hasta convertir el órgano en algo inservible y volvérselo a colocar en el pecho. Le dio un frío intenso, y por un momento, pensó en abrazarse de nuevo. Dejó escapar una especie de exclamación ahogada e hizo una mueca antes de asentir, para que Loki continuara; no iba a ser capaz de decir nada. El dolor fue tan apabullante que debió decidir si controlar las lágrimas o el nudo en la garganta. Por supuesto, se decidió por las primeras, así que no había posibilidad de que pudiera hablar con claridad.
Loki frunció el ceño, como insatisfecho por su respuesta.
—La boda será el treinta de junio —añadió entonces. Después se quedó callado, esperando por alguna reacción de su parte. Pero Steve era incapaz de pensar siquiera cómo reaccionar, mucho menos qué se esperaba de él ahora que las cartas estaban echadas—, si te importa saberlo.
Llevaban casi cuatro años en esa aventura, pensó Steve, así que importaba saberlo; pero ser sincero, esas palabras no deberían de salir de la boca de Loki, la misma que buscaba todas las noches y que al moverse, pronunciaba un sonido casi perfecto a sus oídos. ¡Llevaban cuatro años viéndose! ¿Cómo…? ¿Por qué…?
Las preguntas llegaban a su cabeza, pero morían antes de siquiera salir por su boca. Después de varios minutos de pesado silencio, Steve al fin desistió de mantenerse en ese mutismo insoportable, mientras Loki le observaba como preguntando qué sucedería ahora. Él no lo sabía. Él… simplemente se estaba arrepintiendo de haber dado un salto de fe con alguien como Loki. ¿En qué mundo, desquiciado y alterno, alguien como él podía estar con el hijo de Odín, el magnánimo empresario de Asgard? Steve no era nadie además de un chico de mente retorcida que gustaba de un hombre, y que hacía el amor con tal cuando era obvio que Loki no le correspondía. Steve no era nadie. No por nada Loki jamás lo presentó siquiera como un amigo.
—¿Con quién? —Preguntó con un hilo de voz. Las lágrimas en los ojos empezaron a disiparse y rogó a Dios porque no fuera porque ya estuvieran corriendo por sus mejillas. Loki se puso dos dedos en el puente de la nariz y frunció aún más el ceño.
—Su nombre es Sigyn. —Respondió Loki y se encogió de hombros, sonriendo a medias—. Es algo así como una amiga de la infancia.
Steve contrajo el estómago para no decir nada, pero apenas pudo ocultar la mueca dolorida por esas palabras. Loki dejó caer la mano al costado y lanzó una risa seca.
—Ya veo —fue lo único que atinó a contestar—. ¿Desde cuándo… estás comprometido?
—Hace un par de semanas —admitió el otro rápidamente. Steve apretó la mandíbula y los puños e inmediatamente, Loki se tensó también, como si advirtiera que algo malo estaba por pasar.
—¿Por qué me lo dices hasta ahora? —Preguntó Steve, con una calma resignada pese al dolor y (por qué decir que no) el coraje que le subía un amargo sabor a la boca—. ¿Por qué guárdatelo hasta ahora?
Loki pareció momentáneamente avergonzado.
—No sabía cómo empezar a decirlo —contestó con firmeza—. Yo pensé… yo creí que… jamás se me ocurrió que mi padre fuera a hacer tal cosa.
—Pero lo hizo, y tú no me dijiste nada.
—¿De qué iba a servir que lo hiciera? —Era cierto, no podía rebatirle eso. Steve desvió la mirada una vez más y asintió solo una vez, apenas de manera perceptible.
—Serviría si me dijeras qué es lo que quieras tú —murmuró con apenas un hilo de voz. Loki contrajo el rostro en una mueca que no tardó en desaparecer, aunque la palidez todavía era palpable incluso en la oscuridad. Steve conocía muy bien cada parte de ese cuerpo y podía suponer de las emociones del otro con solo mirar la forma en que se movía en determinados momentos, pero era imposible leerle la mente, o saber si todo lo que pensaba era cierto. Jamás se atrevería a preguntarlo porque, desde un principio sabía que eso era imposible—. Loki, responde.
Silencio, un largo y pesado silencio que pareció perforarle todo el cuerpo con espinas. Steve supo la respuesta de inmediato y se levantó del sillón. Nunca le había exigido nada a Loki, pero había sido estúpido aguardar que correspondiera algo así. ¿Saben? Se trataba de Loki, y muchos le advirtieron que él era incapaz de tocar un corazón que no existía. Le dijeron que el moreno estaba vetado de las emociones buenas, que solo tenía para ofrecer el odio y los celos, el caos y la envidia. Steve quiso ver algo más. No lo logró, lo aceptaba y ahora, cuando perdía definitivamente la oportunidad, se alejaría.
—¿A dónde vas? —Preguntó Loki atropelladamente. Steve se detuvo a medio camino del pasillo y giró sobre su hombro con un intento de sonrisa.
—A dormir. —Contestó con sencillez—. Buenas noches, Loki.
—¿Cómo dices eso? —Exclamó el moreno, levantándose como un resorte—. ¡Oye, ponme atención! ¿Que acaso no te molesta lo que te estoy diciendo? ¿No piensas decirme esas ridiculeces de siempre? —empezó a abrir y cerrar la boca, como si tratara de dar con las palabras exactas para continuar, pero solamente tartamudeando la primera durante un largo instante—. Me…me…me amas, ¿no?
Steve se sorprendió de escuchar la voz de Loki quebrada, pero no hizo amago de cumplir el capricho. ¿De qué le iba a servir rogarle que se quedara?
—¿Tan fácil piensas desecharme tú también? —Gritoneó el de ojos verdes, dando largas zancadas hasta quedar a un metro de distancia—. Ósea, que me has dicho "te amo" sinfín de veces mientras hacemos el amor pero no tienes el valor de enfrentarte a la situación contra mi padre, ¿huh? ¡Qué cobarde eres! —agregó entre dientes; Steve pudo ver la venita de la sien tan marcada como siempre que Loki estaba realmente enojado y por alguna razón, el rubio también enfureció.
—Es muy hipócrita que digas algo así cuando tú jamás le hablaste de nuestra relación —le contestó, sorprendentemente afable, como si intentase razonar con él—. Aunque puede que jamás hayamos tenido una, en vista de que en estos cuatro años juntos, nunca te he escuchado decirme ni una sola vez, algo que me hiciese pensar que compartías mis sentimientos.
Loki retrocedió con la boca abierta y luego la cerró.
—Creí que quedaba implícito al dejar que tú me tocarás —añadió entre enojado y azorado—. ¿Por qué yo aceptaría venir cada noche sino fuera porque te quiero?
El rubio emitió un ruidito ahogado y retrocedió un paso, como si acabara de recibir un puñetazo en medio del estómago. Su corazón se disparó con una rapidez y fuerza que creería imposible. Loki le fulminó con la mirada antes de adelantarse más y empujarlo una vez con ímpetu, haciéndole retroceder otro par de pasos.
—¡Dímelo! —Gritó con voz de histeria y la venita de la sien sobresaliendo a través del gesto contraído en la frente y la boca. Y Steve no podía creerlo: Lo cristalino de los ojos que se iban cubriendo de una capa de agua—. ¿Tan fácil piensas desecharme tú también? —repitió, con la voz quebrada. Steve se apresuró a negar con la cabeza y estirar las manos hacia Loki, que se sacudió el gesto con violencia—. ¡No me toques, pedazo de cabrón egoísta! —Exclamó, sorprendiendo aún más al rubio—. Maldita sea. Qué estupidez.
¿El qué era una estupidez? Por un momento, Steve se vio tentado de decirle que el único que se estaba comportando como un cabrón egoísta y estúpido era él, pero entonces se dio cuenta de que la felicidad iba abriéndose paso en su mente, mientras se daba cuenta de que Loki realmente había dicho que lo quería; no era la típica y empalagosa confesión que se veía en las películas de amor, pero era muy al estilo propiamente inusual de la persona que Steve amaba.
—Te amo, Loki —murmuró entonces, captando la atención del otro, que se cubría la boca con la mano en una muestra de desespero y amargura—. Yo pensé que sería fácil para ti desecharse de mí —admitió—. Soy demasiado poca cosa para ti. Yo no puedo creer que tú me quieras, ¿sabes?
Loki pestañeó rápidamente, como si Steve acabara de darle una verdadera muestra de imbecilidad. Arqueando las cejas, el moreno soltó algo parecido a una carcajada ahogada.
—¿Por qué sería ese el caso, Steve? —Preguntó Loki, con una de sus sonrisas sardónicas—. ¿Cómo alguien tan bueno como tú, podría tener siquiera la mísera idea de que yo soy el que debería despreciarte? —Se acercó, poniéndole las manos en el rostro; estaban casi de la misma estatura, Loki apenas le sacaba un par de centímetros—. Yo no soy nada más que una sombra. Nunca nadie presta atención a alguien como yo… pero tú… —se quedó callado unos largos minutos, como si de nuevo no supiera muy bien cómo proseguir. Steve sonrió enternecido y azorado al mismo tiempo—… te fijaste en mí —añadió al fin y dejó resbalar sus manos hasta los hombros de Steve—. Y soy yo quien no entiende por qué. Siempre estoy pensando que un día, tú dirás que te has aburrido de mí; que abrirás los ojos y te darás cuenta de que, no soy nadie. No soy apuesto y carismático como Thor, misterioso como Clint o amable y caballeroso como Banner. Incluso Stark tiene cierto aire de convertirse en el centro de muchos sin que la idea pertenezca a su mala imaginación. Lo que quiero decir, es que yo soy solo… yo.
Es cierto. Steve no sabía por qué Loki fue siempre su amor secreto, aquel por quien se arriesgó a admitir lo que mantuvo en secreto toda su vida desde que fue consciente de lo que era en realidad. Y Loki era caprichoso, travieso, rencoroso, vengativo, egoísta, apático, mentiroso (incluso consigo mismo), grosero, voluble, sarcástico, gruñón. Se le venían muchas más a la cabeza, en realidad, pero acaso ya había enumerado suficientes para darse cuenta de que no importaba, todo aquello constituía la personalidad de Loki; le daban complejidad a su ser. Y más que eso, escondían los sentimientos frágiles y temerosos del moreno.
Loki tenía miedo a fallar en las expectativas que ponían sobre él, aunque muchas veces decía que nadie le prestaba el suficiente interés para algo parecido. Loki temía al fracaso, a las cosas que se hablaban de él, y se esforzaba al máximo para resaltar de buena manera entre los demás, para que todos se detuvieran en un segundo de su éxito y lo reconocieran. Era ese mismo chico pálido, frío, delgado que miraba con ojos tristes el mundo, en la espera de una oportunidad para demostrar su valía. Era aquel que escondía sus sentimientos porque le parecen la peor forma de terminar en el suelo, de humillarse.
Abrirse al mundo le causa pavor, y es justo por eso que nadie conoce la faceta de Loki que se enternece por los animales y les da comida, o que alguna vez llegó a meterse en problemas para ayudar a un compañero de los bravucones. Steve, que cada segundo trata de guardar en su mente una imagen diferente de su amante, le resulta complicado atrapar toda la esencia, pues Loki sabe esconder muy bien sus sentimientos. Le resultaba triste pensar, se dijo a sí mismo, que el otro se vio obligado a aprender algo así.
Steve sonrió y junto la frente con la de Loki.
—Justamente por eso te amo, Loki —murmuró. Le escuchó chasquear la lengua y luego lo sintió alejándose repentinamente—. Lamento no haberme dado cuenta de que tú…
—Yo no dije que te amaba —interrumpió Loki, casi gritando. Steve sintió el acostumbrado retortijón en el estómago, pero se obligó a sonreír—. De todos modos, espero que sepas que mi padre no va a cambiar de opinión. —Se giró a verlo, completamente serio y Steve también perdió la sonrisa—. Acaso, solamente lo aceleraría más.
El rubio bajó la mirada.
—Lo sé —dijo, consumido por el pesar, la resignación y luego, el vacío.
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Ninguno hizo amago de buscar la piel del otro cuando regresaron a la cama, simplemente se quedaron en esa oscuridad, en un silencio que apocaba al mismo tiempo que aliviaba. Loki se giró de cara hacia Steve, que se mantenía mirando un punto en la nada, casi sin percatarse de cuando tímidamente, el moreno se fue acercando hasta poder apoyar la frente contra el hombro de Steve.
Él nunca se estremecía, pensó Loki intrigado. Sus pieles contrastaban como dos polos opuestos; la de Steve siempre era tan cálida y desprendía un calor tenue que lo envolvía antes de que el rubio se decidiera siquiera por rodearle con los brazos. Su piel lo tentaba a estar tan cerca como pudiese, respirando el aroma a jabón y la colonia del rubio, acurrucándose al final como un gatito sobre el regazo de su amo.
Le gustaba la cercanía de Steve; no había cosa más conciliadora.
Tardó mucho —o así le pareció a él—, en sentir que Steve le rodeaba con un brazo y lo atraía un poco más hacia sí. No se estremeció. Loki tenía la piel fría, en los peores días bien podía ser considerado como un cubo de hielo gigante, pero aun así, Steve lo estrechaba con toda naturalidad, sin siquiera soltar una exclamación. Y la forma en que durante las noches, sus cuerpos parecían encajar a la perfección, sumaba más placer a la escena, incluso en un ambiente tenso y desanimado como ahora.
Se sentía relajado, incluso un poco feliz.
Cerró los ojos y dejó volar la imaginación, allá donde existiera un mundo donde pudiesen estar juntos. Sin importar nada más… sin que interesará los prejuicios de la gente, sus propios miedos. Deseaba corresponder a Steve y atreverse a decirlo.
Eran solo dos palabras. Y sino las decía ahora…
—¿Steve? —Llamó, con un nudo en la garganta. El rubio emitió un sonido gutural para indicarle que lo escuchaba. Loki miró cómo subía y bajaba la manzana de Adán del rubio y él también tragó saliva. Lo que estaba a punto de hacer era algo impensable—. Yo, de verdad te agradezco que me quieras. —Murmuró con apenas fuerzas—. Quiero que sepas… que yo también te amo.
El rubio perdió toda sensación de sueño y se tensó. Loki cerró los ojos y se acurrucó aún más. Quería escuchar a Steve responderle, pero o el rubio estaba demasiado atónito o el cansancio no le dejó escuchar nada.
Se sumió en un profundo letargo, sin enterarse de nada. Solamente deseando poder despertar y ver a Steve encanecido y con la piel de edad avanzada.
Entonces sabría que lo logró. Que estuvieron juntos por siempre, tal y como quería muy en el fondo de su cobarde, frío y roto corazón.
¿FIN?
Un asco de contribución, lo sé (u-u). Pero intento mejorar -aunque no lo parezca-, ya le agarraré el ritmo a esto (xD)... o al menos eso espero lograr. Tremendo OoC, yo se los advertí (xD)... pero no me aguanté las ganas de poner tantas cursilerías, me siento avergonzada, pero bueno... mi cabeza dice, mis manos hacen, y yo solo me quedó con la esperanza de que lo hayan disfrutado y me concedan un comentario (nwn) respecto a esta cosa... rara (._.U)
(nwn)/ Bueno, a quien corresponda: Muchas gracias por leer. Espero que haya valido la pena y sea merecedor de su tiempo. Por ahora, me despido (owo): Matta ne~, sempais (x3)
