¡Buenas, sempais! (nwn)/ Bienvenidas a este segundo capítulo... muy bien, hoy no pararé a hacer otra cosa más que maldecir al Stoki (nwn#), por gustarme lo suficiente para que no me importe que no se dejen los reviews que normalmente me motivan a escribir una continuación (e-e), cosa que me duele mucho y al mismo tiempo me alivia -no quiero dejar esto sin terminar como muchos otros que sufrieron la falta de comentarios (u-u)-, pero bueno, (._.U) qué se le hace; sino gusta, no gusta, pero por alguna razón, no dejó de escribirlo (xPU). La razón es una personita que diré a continuación (owo):

AkatsukiDrack, solamente Odín, Jashin y todas las divinidades del mundo, saben cuánto te agradezco por dejar tus comentarios (TTwTT), no sé qué haría sin personas como tú. En realidad, gracias a que mencionaste una posible continuación, me dispongo a hacer de este one-shot una pequeña mini-serie de tres capítulos a lo mucho (xD) y después seguir con las otras pequeñas ideas que me llegan a la cabeza (nwn). Con respecto a Loki, (xO) jo... en serio que las que saben manejarlo en su totalidad son Diosas, es un personaje muy complejo y la verdad me cuesta un tanto escribirlo, así que me alegro que a pesar de todo, mantenga su esencia (x3). Espero que encuentres merecedor de tu tiempo el humilde fic que ofrezco, querida sempai (owo) Muchos saludos y miles de gratitudes. A propósito, me propongo a publicar pronto el otro Stoki...que no parezca que lo olvidaré por completo como los otros fics que he dejado por hacer estos dos (xDU)

De acuerdo, los dejo con la continuación (nwn)


2

-Miedos-

Para quien se miente a sí mismo

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Loki miraba por la ventana con aire taciturno. Tenía el ceño fruncido y las arruguitas en su frente se marcaban notoriamente en el gesto contraído, adusto y de concentración total. La luz tenue del atardecer que atravesaba la ventana perfilaba su rostro, dándole un aire casi divino a la silueta y oscureciendo partes aquí y allá del lado que se mantenía hacia el interior del departamento. Desde hace rato, el joven Laufeyson tamborileaba con sus dedos la rodilla, en un ademan impaciente. Steve, con el cuaderno de bocetos sobre las rodillas y sentado en una de las dos sillas del pequeño comedor, le observaba con cierta abstracción, ora guardando la imagen en su cabeza ora pasando el lápiz en la superficie encuadernada.

Desde que amanecieron, cuando ambos despertaron en la misma cama, no se habían dicho nada. Sin embargo, Steve repentinamente le dirigía miradas felices a Loki, deseando establecer una conexión con los ojos. Incluso a pesar de que el otro eludiera el contacto visual, había un atisbo brillante en su mirada, cómplice, íntima y triste al mismo tiempo.

Él quería decir algo también, pero no encontraba las palabras exactas para iniciar una conversación. La noche anterior ni siquiera se dio cuenta de cómo o cuándo aceptó la llegada del sueño; solamente recordaba que mantenía la vista fija en Loki, pidiendo algo tan silenciosamente que él mismo no sabía qué hubiera sido. Al final, dio por perdido recordar cómo se había sentido cuando, de pronto, el otro le había dicho que lo amaba. De alguna manera, se apocaba al sentir tan pronta lo que debiera ser su separación. Steve trataba de no ser pesimista, pero lo único que le impedía caer en la desesperación nuevamente, era esa contemplación mientras dibujaba al de ojos verdes.

Respiró profundamente, en búsqueda de esa paz somnolienta que se apoderaba de él una que otra vez, e ignoró olímpicamente las punzadas en la boca del estómago, que le advertían lo fatídico del asunto. No importaba qué, Loki le dejó muy claro que de confesar su amor ante Odín, éste solamente aceleraría el compromiso con Sigyn. Y Steve tenía miedo de que el tiempo se le terminara tan pronto… que se diera punto final antes de que siquiera, él pudiera intentar todo lo posible por mantener a Loki a su lado.

Tony se lo dijo una vez: "Tú no sabes rendirte. ¡Te van a partir la cara, y aun así, te metes de lleno a la boca del lobo!". Bueno, nunca en su vida pensó que tendría que enfrentarse a un personaje como Odín, pero estaba dispuesto a hacerlo. La pregunta es si acaso, Loki también podría dar una confronta con aquel hombre al que siempre se esforzó por enorgullecer. La respuesta, contundente y cruel, le golpeó con fuerza y dejó de dibujar al instante.

Miró tímidamente el reloj de la pared; apenas eran las nueve de la mañana, pero se sentía que hubiera pasado una eternidad.

Cuando volvió la vista hacia Loki, ya no más dispuesto a dibujar que a simplemente observar, se encontró con que los ojos verdes ya tenían su atención volcada sobre él, expectante, de nuevo ansiosa y algo más que Steve no supo identificar, pero que decidió intentar explorar para después. Trató sonreír, pero casi enseguida supo que no logró su objetivo; lo vio en la mueca de desagrado que el mismo Loki hizo antes de imitarlo y forzar un gesto despreocupado.

—¿Quieres desayunar algo en especial? —Preguntó Steve por fin, encogiéndose de hombros y poniéndose de pie para ir a la cocina. Loki se mantuvo en su lugar, guardando silencio durante casi un minuto—. Tengo cereal, fruta, leche… puedo hacer unos waffles ahora mismo. O si así lo prefieres, te invito a algún sitio para comer…

Loki se encogió de hombros a las sugerencias, pero luego se puso de pie y se acercó al umbral de la cocina. Un poco de la imagen de la noche anterior volvió a Steve, y se sintió tenso un momento para luego relajar los músculos y buscar en el refrigerador.

—Casi nunca salimos a ninguna parte juntos —añadió, cerrando la puerta que emitió un sordo golpecillo—. De verdad, me gustaría que saliéramos a algún sitio.

—Steve —llamó Loki con seriedad, y el rubio supo de inmediato lo que seguía después—. No hay que empeorarlo.

—¿Empeorar qué? —Se hizo el desentendido. Loki suspiró y se acercó lentamente hasta quedar a poco más de un metro, apretando la mandíbula. Luego de un rato, torció la boca y bajó la mirada mientras arqueaba las cejas; las arruguitas en su frente volvieron.

—No me quieras hacer el tonto —le recriminó, entre dientes—. A menos que… realmente no te interese lo que va a terminar pasando. Si de verdad puedo confiar en que… —se quedó callado y chasqueó la lengua; pareció arrepentido de haber pensado algo—. Steve, no sigamos con esto. Nada va a cambiar el hecho de que voy a casarme; nos haríamos un gran favor a los dos si dejamos que las cosas sigan su curso… para cada uno.

Steve soltó el aire que había estado conteniendo y tragó saliva ruidosamente. Bajó la mirada un instante y luego se quedó quieto. Miles de emociones, pensamientos y palabras le golpeaban el cerebro y le instaban a hacer todas al mismo tiempo. Solamente fue el pesado frío que cayó sobre sus miembros, lo único que le impidió hacer algo estúpido.

Dejó escapar una sonrisa amarga, a medio camino de convertirse en un gruñido y luego se dio media vuelta para ir a la alacena y sacar una caja de waffles. El ruido de los sartenes mientras iba buscando alguno que le sirviera interrumpía el silencio. Fuera de eso, ambos se mantenían en un —casi— acostumbrado mutismo. Al fin, Steve dejó lo que estaba haciendo y se apoyó en la encimera, soltando un largo suspiro resignado.

Loki le había dicho que lo amaba, ¿cierto? La noche anterior se lo dijo claramente, pero ahora todo eso parecía de vuelta a un sueño nada más. Le dolía, pero si la sugerencia —orden, petición— de Laufeyson, les facilitaba las cosas, estaría bien aceptarlo, ¿no?

—Ayer sugeriste que hiciera algo para que esto no acabara de esta manera —murmuró y luego se giró hacia Loki, que se enderezaba en toda su estatura y lo miraba con el ceño fruncido.

—Entendiste mal. Lo que quería saber es si no te importaba nada.

—¿Y una vez que lo supiste, qué?

—Estaba buscando oír eso —admitió—. Deseaba escuchar… que te iba a importar tanto como a mí que fuera a terminarse todo.

—Me importa mucho —rectificó Steve—. Pero supongo que el hecho de que yo te amo, no cambia las cosas.

Loki sonrió de lado exhausto y asintió. El rubio se acercó y le puso una mano en el rostro, acariciando con el pulgar el pómulo derecho del moreno, sintiendo la tersa y fría piel. Quiso acercarse más y besarlo, pero ya no se atrevía. Por primera vez, su cuerpo obedecía a su cerebro y al inminente dolor del que pensaba prepararlo. Por su parte, Loki se limitó a mirarlo a los ojos, entre enojado y frustrado. Parecía que estaba a punto de gritar, fúrico. Pero no lo hizo.

—Loki —murmuró con apenas fuerzas—. Te deseo… mucha felicidad. —Se inclinó y depositó en los labios del moreno un triste beso, tan fugaz que apenas parecía como si una brisa cálida se hubiera acercado al otro. Laufeyson apretó el estómago y se mantuvo estático, con los ojos enturbiados abiertos de par en par, como si acabara de darse cuenta de que ese iba a ser el último beso que Steve iba a darle—. Aun puedes quedarte a desayunar, si quieres —añadió el rubio, separándose de él. Loki le siguió con la mirada—. Después, podría llevarte cerca de tu casa…

Loki ya se había dado media vuelta y salía de la cocina con paso apresurado. Steve solamente escuchó el sonido de la puerta principal del departamento cerrándose y supo que ya había terminado todo, que la esperanza de volver a estar con Loki se le desvanecía entre las manos, como humo que intentara atrapar con las manos.

Era ridículo, pero una parte de sí agradecía que Loki desechara esos últimos momentos con él. Entre más tiempo pasara, todo se iba a tornar más cruel.

Bueno, cuánto hubiera deseado que nada más por eso, las cosas mejoraran.

0*0*0

No había manera de que se pusiera a llorar ahora, se dijo Loki mientras caminaba por el pasillo, con un ardor en el pecho y un nudo en la garganta insoportables. Ya había chocado con varias personas, y éstas le gritaron improperios y otras cosas más, pero él apenas lograba atender a esas nimiedades; en su naturaleza tampoco estaba pedir perdón, así que… bueno, esas personas podrían recibir sus propias palabras en el mismísimo…

Se detuvo en la esquina de la calle, con la respiración agitada y algo parecido a calambres en las piernas. Ni siquiera notó cuándo empezó a correr, pero ahora que estaba agotado y —¿para qué decir que no?—, una vez que casi le hubieran atropellado por no fijarse en el cruce, se obligó a reinstaurar la calma. ¿De qué le iba a servir entrar en crisis? ¡De nada!

Así que con porte orgulloso, y como si su cabeza no estuviera maquinando mil ideas distintas al mismo tiempo, Loki continúo el camino a casa.

La distancia era considerable. Tenía que hacer al menos tres horas de viaje desde el simple y sencillo departamento de Steve hasta la enorme mansión en la que vivía, por lo que debió transbordar varias veces en el metro, hasta la última maldita estación más lejana de cualquier vida citadina. A Odín le gustaba la paz de la naturaleza, y a ser sincero, es algo que Loki también prefería; una de esas pocas cosas que presumía de poder compartir realmente con su padre.

Cuando llegó a la terminal, solo unos pocos continuaban en los vagones, pero el fresco aire que no olía a sudor le aliviaba, así que lo solitario de la estación no le molestaba en absoluto. De cualquier modo, se apresuró a salir.

Afuera, lo único que quedaba de la vida de la ciudad eran unas cuántas casas lujosas, otras más en colonias residenciales y ya. El resto era pasto, y más a lo lejos, justo donde se encontraba el muro de tres metros —más un metro de reja electrificada, por supuesto—, es donde comenzaba su casa. Una vez que cruzabas la puerta principal, había cien metros que recorrer antes de encontrar la mansión, y sinceramente, Loki ya estaba cansado de caminar aquí y allá, en especial cuando no había dormido casi nada.

Bufó molesto. No es como si no disfrutara de vivir en la más grande opulencia, pero últimamente se daba cuenta de que las supuestas libertades, encerraban un montón de desventajas. Uno de tantos ejemplos, el compromiso por conveniencia.

Sigyn era su mejor amiga de la infancia antes de que se mudaran y no volviera a saber de ella más que por las paulatinas cartas que se mandaban el uno al otro. Era una chica muy agradable, fiel, interesante y —de verdad—, Loki podía decir que era de las únicas personas a las que podía confiarle su vida o darla por ella si era necesario. Ella le había ayudado mucho los primeros años de favoritismo notable de su padre en Thor, y jamás lo había despreciado por nada que los amigos absurdos de su hermano lo hicieron a un lado… incluso los de hoy.

Aún recordaba con una media sonrisa cuando Sif comenzó a decirle de cosas, a inculparlo a propósito a él para que Thor no pagara por sus travesuras, y además insinuar que todo era porque Loki engañaba a su hermano para que lo castigaran. Sigyn inmediatamente se acercó a su lado para defenderlo y gritarle a Sif hasta de qué se iba a morir. Cuando la otra muchacha, enfurecida por los —verídicos y sagaces— comentarios de su amiga, se lanzó al ataque, Sigyn le demostró ser mucho más diestra en la pelea y, como agregado especial, la tiró en la fuente —además advirtiéndole que no volviera a hablar mal de él—. En ese entonces, Loki descubrió a su primera amiga.

En un pasado, el matrimonio con Sigyn incluso lo habría hecho feliz. Ahora… ahora no concebía algo peor.

De acuerdo, se dijo, casarse con Sif sería diez mil veces peor. Con esa perspectiva, las cosas ya no le cayeron como si estuviera en el fondo de un abismo o en medio de un mar donde era incapaz de moverse a un lado u otro.

Cuando estuvo frente a la puerta principal, tocó el timbre. Un viento frío sopló y él, más por instinto que por sentirlo realmente, se cobijó más con sus propios brazos. Hasta ese momento se dio cuenta de que aún llevaba la chaqueta de Steve puesta.

Se le encogió el estómago, por lo que se sorprendió de contestar al intercomunicador con naturalidad cuando la voz de uno de los sirvientes preguntó quién era y qué deseaba.

—¡Joven Laufeyson! ¿Estaba afuera? —Exclamó el sirviente. Loki inmediatamente frunció el ceño y evitó soltar un improperio—. Vaya, no me había dado cuenta. En seguida mandaré un auto a recogerlo.

—Lo que sea. —Dijo con un tono ponzoñoso. La reja se abrió de par en par y él la atravesó en silencio. Se sentó en una banca que estaba a un par de metros y luego se dedicó a contemplar el verde pasto que rodeaba el sitio, casi como un parque de reserva natural o algo así; los pájaros piando, el silencio, la paz… nunca le resultaron tan odiosos como ahora. Cerró los ojos y se dio cuenta de que extrañaba el ruido de los autos en ese departamento—. Mierda.

Cinco minutos después, por el camino adoquinado, apareció un carro tan negro y largo que parecía un coche fúnebre. En silencio, subió al coche y, sin responder al saludo cordial del sirviente, miró los árboles hasta llegar a la casa. Ésta se alzaba a casi quince metros del suelo, con su fachada elegante color mármol y sus chimeneas apagadas. Frunció el ceño. Había veinte ventanas nada más en la parte de enfrente, varios faroles que encendían durante la noche un ambiente casi mágico, un puente de madera por el que se cruzaba y se podía ver debajo un estanque con peces gato, y adelante, —desde donde caía como en una cascada el agua que pasaba debajo del puente—, estaba una fuente inmensa donde había una torre considerablemente alta; en la punta, se hallaba esculpido una especie de ángel que alzaba las manos al cielo, y tenía una mueca entristecida.

A Loki le gustaba su casa, porque había muchos árboles plantados aquí y allá, tulipanes, rosas, orquídeas y casa blanca adornaban el pequeño jardín que rodeaba la fuente. En el interior, todo le parecía incluso más bello… pero hoy se veía frío, seco, poca cosa.

—Llegamos, señor —anunció el chofer, y Loki casi le mira amenazadoramente por sugerir siquiera que no se había dado cuenta. No obstante, se limitó a salir de ahí con celeridad. No dio las gracias. No hizo ademán de entrar. Pero luego de un rato, se obligó a meterse dentro, apretando entre los dedos las mangas de la chaqueta de cuero de Steve.

Tendría que regresársela después, pensó. Inmediatamente se deshizo de la idea, quería guardarla para sí hasta que Steve la reclamara de nuevo. A decir verdad, esperaba que no lo hiciera nunca; un último recuerdo no le iba a hacer mal a nadie.

Lo primero que notó al entrar en la mansión, fue que no estaba la acostumbrada música de Chopin que su padre acostumbraba a poner los días de descanso, y durante un largo segundo, tuvo que preguntarse si estaría en casa.

El chofer lo venía siguiendo de cerca, y por el rabillo del ojo pudo ver que éste hacía una inclinación.

—Su familia lo espera en el comedor —anunció el hombre. Loki hizo una mueca (casi) culpable.

—Es algo temprano para que Thor siquiera esté despierto —señaló y el mayordomo hizo un gesto contraído con la nariz.

—Ya casi dará la una —informó, a lo que Loki arqueó las cejas, sorprendido. Luego, cuando recordó que ese día se quedó hasta despertar con Steve, se sintió un completo estúpido. Poco le faltaba para darse un tope en la frente cuando el hombre añadió—: Hay invitados el día de hoy, así que el señor Odín está algo desesperado por su ausencia, señor.

Como siempre, nada más basto el nombre de su padre para hacer que Loki se obligara volver a los buenos modos. Para no hacerlo esperar más, decidió que aparecería tal cual estaba. Dio unas escuetas —y un tanto falsas— gracias al hombre y se fue directo a donde su familia.

Nada más entrar sintió tensión, puesto que en la mesa para veinte personas, nueve de los lugares ya estaban ocupados. Evitó hacer una mueca al ver a los viejos amigos de Thor sentados y platicando, hasta que al entrar él, todo se quedó en silencio.

Thor no perdió su sonrisa ni siquiera cuando Odín hizo un gesto de desagrado ante la tardía entrada de Loki. Sus cabellos le habían crecido durante el verano y le llegaban poco debajo de los hombros. Los ojos azules, que resultaban iguales a los de su padre, destellaron de anticipada alegría luego de verlo entrar, como si estuviera a punto de saltar a abrazarlo. Él parecía el único que se alegró de verlo hasta que reparo en su madre, que le sonrió con ternura mientras lo invitaba a tomar asiento con un ademán delicado y elegante, digno de una reina.

Mientras iba caminando hacia su puesto, se fijó un poco en la compañía de esa tarde: Sif seguía igual de hermosa que siempre, odió admitir. Los largos cabellos oscuros le caían sobre los hombros desnudos donde colgaban un par de tirantes de una blusa de color café que le combinaba perfectamente a los ojos y contrastaba con la piel blanca. La chica le dedicó una mirada entre furibunda y divertida. Era claro que todavía no se olvidaba de la ocasión en que, haciendo una travesura, le cortó de una tajada su largo, hermoso y sedoso cabello cuando se lo tiñó de rubio para llamar la atención de Thor.

A su lado, estaba Volstagg, con su largo cabello pelirrojo peinado medianamente bien hacia atrás; se había dejado crecer una incipiente barba, pero al parecer sus modales en la mesa seguían siendo los mismos y el apetito también, puesto que sostenía una pieza de pollo con las manos y la panza le había crecido considerablemente.

Fandral, por supuesto —¿cómo iba a faltar el sujeto?—, tenía el mismo porte de caballero de siempre, con su peinado al más estilo de príncipe de cuentos de hadas. Tenía bigote, pero el resto del rostro permanecía tan pulcro como si fuera uno de esos participes en comerciales de rastrillos.

Hogun, como siempre, miraba a Loki en silencio. Sin opinar, objetar o hacer nada en su contra. Sus ojos cobre parecían destellar y decir: "Mientras no te metas conmigo, estaremos en paz". Algo de él realmente llegaba a agradarle a Loki, quizá el hecho de que no se reía tanto de las estupideces de su hermano o el otro par de insensatos que consideraban hilarante hacer chistes con tanto estuviera relacionado con Loki.

Su padre se enderezó lo más que pudo e incluso aunque Loki ya estaba más alto que él, se sintió intimidado. Con el ceño fruncido, el parche de oro le endurecía aún más el gesto y de pronto, se preguntó por qué se veía tan gigante, tan enojado. Ya no debería de sorprenderle esa actitud cabreada ante una falta tan pequeña, pues incluso a pesar de que era mucho más prudente que Thor, sus acciones siempre tendían a ser malinterpretadas; una simple travesura podía tomarse como un gesto de amenaza, y Loki lamentaba esa —injusta— reacción, puesto que se esforzaba al máximo por estar a la altura de ser un gran hijo de Odín.

—Lamento que me hayan tenido que esperar —anunció Loki mientras aceptaba la sugerencia de su madre y tomaba asiento.

Hizo una pequeña reverencia con la cabeza, en señal de refutar la disculpa. Odín soltó un suspiro y se pasó la mano sobre la barba encanecida.

—Bienvenido, hijo. Me estaba preguntando por qué no bajaste a desayunar —dijo al fin.

—Será por eso que te ves tan desnutrido, Loki —comentó en broma Sif, ampliando una sonrisa amistosa para ocultar el claro desprecio de su mirada. El moreno se mantuvo inmutable, si bien arqueó las cejas y sonrió en un gesto cómplice, por dentro quería arrojarle el tenedor a la frente. Steve alguna vez le dijo que era caballeroso, pero había una línea muy delgada entre que lo era, y la otra parte, en especial tratándose de mujeres como Sif—. Debes alimentarte bien para poder estar sano y fuerte como tu hermano.

—O como tú, Sif —añadió Thor entre risas. Era claro que intentaba halagarla, y fue eso u otra cosa lo que más enfureció a Loki, que sin embargo, se mantuvo esbozando su sonrisa.

—Es un gusto verte de nuevo, Sif —le dijo, fingiéndose afable—. Es bueno saber que te empiezas a inclinar por llevar el cabello natural y no ese teñido horrible que daba espanto… aunque, bueno —añadió, arqueando las cejas—, no hay mucha diferencia.

Los ojos de Sif resplandecieron con odio y la sonrisa coqueta que le dedicaba a Thor desapareció. Loki casi se siente satisfecho, hasta que Odín metió la cuchara.

—¡Discúlpate con ella! —Exclamó, indignado. Él le correspondió la mirada y luego asintió, para volver hacia Sif.

—Ya sabes que es una broma, te ves increíblemente hermosa, como siempre. Justo igual que una de las Diosas… de cualquier religión. —Sif no pareció convencida, pero no parecía tener otra opción que aceptar la "disculpa" de Loki. Por otra parte, la buena forma que tenía Loki de mentir hizo que los otros se lo creyeran fácilmente. Fandral sonrió amistosamente y sacudió la mano casi enfrente del moreno, captando su atención.

—¿Y de mí te has olvidado? —Preguntó, dedicándole una sonrisa despampanante que Loki ni se molestó en compartir—. ¿En serio?

—No. No me he olvidado de ninguno de ustedes, Fandral. —Respondió—. Por desgracia —añadió mentalmente. Volstagg, que miraba su plato con cierto anhelo (igual que Thor), tamborileaba en la mesa, con ansiedad.

—Bueno —intervino Frigga, alzando la mirada y extendiendo los brazos—, ya con Loki aquí, podemos empezar a comer.

El pelirrojo y su hermano fueron los primeros en llevarse la comida a la boca. Sif puso los ojos en blanco; Hogun hizo caso omiso de ellos, aunque había una pequeña sonrisa divertida en su rostro; Fandral exageró una mueca de asco por los modales antes de empezar a comer. Odín y Frigga se sonrieron antes de imitar al resto.

Pero Loki no tocó nada, se mantuvo observando el plato con ensalada y pechuga de pollo rociada con vino y queso. Pasaron casi treinta segundos antes de que se obligara a tomar los cubiertos y empezar a cortar la carne con meticulosidad exagerada, solo para hacer tiempo y no llevarse la comida a la boca, pues su estómago estaba revuelto y pensar siquiera en masticar, le producía aún más náuseas. Tardó mucho en llevarse el bocado a los labios. Justo cuando iba a empezar a comer, se acordó de Steve sentándose en las mesas de la cafetería de la escuela, agradeciendo a Dios por los alimentos y persignándose antes de comer.

Dejó a un lado el tenedor y pensó, si acaso un gesto tan insignificante como imitar a Steve, podría dejarlos solo un poco más cerca.

Alzó la mano hacia su frente, justo como le había visto a Steve hacer mil veces, pero justo cuando los dedos iban a tocar la piel, él dejó caer la mano y volvió a coger el tenedor para comer apresuradamente. La comida le sabía a cenizas, pero Loki siguió engullendo, con la esperanza de que eso terminara con el agujero en el estómago.

Tragó bocado y entonces se dio cuenta de la mirada de Thor. No era extraño que su hermano se le quedara mirando, pero algo en esta ocasión hizo que se le helara la sangre. Frunció el ceño, tratando de simular el constante golpe de su corazón en el pecho. Thor dejó en el plato su bocado y abrió la boca para cerrarla justo después. Luego volvió a sus asuntos y Loki respiró mejor.

Una vez terminada esa tortura de comida, Loki —con un poco de dolor de panza—, se disculpó y trato de retirarse.

—¿Tan pronto? —Exclamó Volstagg, levantando su copa—. ¡Pero si apenas comiste lo que yo tomo de postre!

Loki sonrió e incómodo por la mirada de Thor, declinó la oferta de quedarse y apresuró el paso fuera del comedor. Cuando llegó a las escaleras, ya sabía que su hermano lo había seguido, antes siquiera de que le pusiera la mano sobre el hombro.

—Loki —llamó el rubio, con seriedad. El moreno intentó esforzar una sonrisa, pero le salió un fracaso total—, ¿dónde estuviste anoche? —El murmullo de su hermano le hizo sentir que estaba en problemas.

—Yo… —tartamudeó antes de encogerse de hombros y decir con más naturalidad—: Tenía que arreglar ciertos asuntos con una de las escritoras a las que represento: Amora, ¿te acuerdas de ella? Estuvimos toda la noche consultando algunos detalles de su texto. Al final, era tan noche que me insistió en que permaneciera en su casa.

Thor arqueó las cejas.

—¿En serio? —Preguntó y por primera vez, pareció que dudaba realmente de sus palabras. Loki le sonrió.

—¿Por qué iba a mentirte?

—No lo sé. —Admitió Thor encogiéndose de hombros e inclinándose hacia su hermano—. Pero, es que… llevas puesta la chaqueta favorita de Steve. Yo reconocería esa cosa en cualquier parte, ya que él jamás deja de llevarla a ninguna parte —Las palabras fueron como un golpe mental para Loki, que retrocedió y casi tira de una mesita un jarrón importado desde India. Thor y él actuaron rápidamente y sostuvieron el objeto con una exclamación de susto, al menos por parte del menor, que maldecía interiormente su gran descuido. Thor acomodó el jarrón y se mantuvo serio, con una mueca tan adusta que a cualquiera podría haberle dado risa—. Loki, ¿dónde estuviste anoche?

El moreno levantó la mirada y apretó la mandíbula. Se diría que estaba tan asustado y nervioso como enojado, pero de alguna manera supo controlarse al hablar.

—Con Amora —respondió, firme—. Ella…

—¿Dónde estuviste? —Exigió, pero había algo en su mirada que se le antojo más afable y fraternal que en muchas otras ocasiones. El rubor en sus mejillas no podía ser más grande. Loki sintió que le subía algo amargo y ácido por la garganta, pero antes de contestar, Sif atravesó las puertas, acompañada por los otros tres chicos. Por el rabillo del ojo, también fue ligeramente consciente de las siluetas del mayordomo atendiendo a las órdenes de su padre.

—No te importa —se deshizo del gesto de Thor con amargura—. Ustedes sigan en sus asuntos, como siempre, sin prestarme atención. Yo estoy bien, y no necesitó que me cuides.

—¿De qué te voy a cuidar si ignoro lo que sucede? —Preguntó Thor.

—¡Hey, Thor! Vamos a jugar algo en las canchas —Gritó Volstagg. Loki le miró con desaprobación—. Si quieres, puede venir tu hermano, para que tengamos un número par.

Sif murmuró algo por lo bajo y Loki se dio cuenta de que sus palabras eran muy parecidas a "Igual habría un equipo con clara desventaja", pero debido a la urgencia de salir de ahí, incluso se olvidó de la típica molestia de pensar que seguían conociéndolo por "el hermanito de Thor".

Se dio media vuelta y continúo subiendo las escaleras.

—Oh, ¿dije algo malo? —Preguntó Volstagg, realmente consternado. Thor se giró hacia sus amigos.

—Ya los alcanzaré en un rato. —Por la forma en que hablaba, Loki notó que se estaba esforzando por sonreír, acaso de manera traviesa o burlona. Los otros exclamaron algunos "de acuerdo" que no parecían muy sinceros.

Por su parte, apretó más el paso, seguido de cerca por su hermano. Cuando se perdieron en la esquina del pasillo, faltó poco tiempo para que Thor le diera alcance de nuevo y lo sostuviera del hombro con firmeza. Loki procuró no soltar ningún ruido adolorido, incluso aunque la fuerza de su hermano podía sacarle moretones nada más por agarrarlo así como ahora, clavándole los dedos para que no se escapara y medio tirándolo al suelo en una tacleada de las que tanto gustaba al otro hacer.

Loki se volvió para enfrentarlo cara a cara. Frunció el ceño.

—Déjame —le soltó nada más se encontraron sus miradas. Thor negó con la cabeza inmediatamente.

—¿Estuviste con Steve? —Murmuró quedamente, pero sus ojos azules demostraron una vivacidad colérica que avergonzó e indignó a Loki tanto como para hablar sin pensar.

—¿Qué si fue así?

Thor se enderezó tanto como pudo, echándose un poco hacia atrás y arqueando las cejas hasta que casi se perdían entre los mechones rebeldes. Loki alzó la cabeza, odiando de pronto lo alto que era Thor o lo bajo que era él en comparación. Nunca, pensó, podría verse lo suficientemente amenazador como para intimidar a Thor; para el rubio siempre sería su pequeño hermano menor, frágil, cobarde, inseguro de todo menos del lazo que sostenían como hermanos. Pero eso había cambiado.

No. Él seguía necesitando protegerse de las cosas que le dolían, encerrándose tanto como le fuera posible. Y era un cobarde porque, simple y sencillamente, no era capaz de admitir nada de lo que sentía.

—Loki —la sorpresa en la mirada de Thor le caía como una cubeta de agua fría—, ¿entonces era cierto lo que escuché entonces?

—¿Qué?

—De Tony y Steve. Ellos estaban… pero pensé que… bueno, eres tú.

El corazón de Loki se le aceleró, pero el coraje que todavía le hacía meollo en el pecho le impidió mostrar el desconcierto.

—¿Qué estaban haciendo ellos? —Preguntó, entre dientes—. ¿Y por qué, maldita razón, tendría algo que ver conmigo?

—¿Realmente sostienes una relación romántica con Steve? —Soltó el rubio, con rapidez. Interpretó el silencio de Loki como una respuesta e inmediatamente apretó la mano entorno al hombro del más joven, haciendo que éste formara una mueca de dolor y tratara de zafarse del agarre, sin éxito. Thor inclinó la cabeza y negó con la cabeza tres veces—. ¿Por qué nunca me lo dijiste? —Alzó la mirada, y Loki se sorprendió de ver que la indignación de Thor correspondía al secretismo de su relación y no a otra cosa—. ¡No puedo creer que no se lo dijeras a tu hermano!

Lo que no podía creer es que Steve se lo dijera al imbécil de Stark. ¡El sujeto pudo decir algo imprudente! ¡Pudo hacer lo que quisiera con esa noticia! Acaso, lo tendría preparado para chantajearlo. Mierda, ahora entendía mejor esas miradas burlonas que le dirigía Tony.

—¡Cállate! ¡Cállate, idiota! —Exclamó Loki, tapándole la boca al rubio—. ¿Por qué demonios tienes que hacer una escena de esto? ¡Cállate! —Añadió cuando el otro empezó a balbucear tras sus manos—. No te importa nada de eso. De hecho… —se quedó callado una vez más durante largos segundos, antes de continuar—, de hecho, ya no importa.

Thor pestañeó rápidamente y se quitó las manos de Loki de la boca, sosteniéndolo por las muñecas, como si ofreciera una imagen tan lastimera que el rubio creyera que si lo soltaba, fuera a derrumbarse.

—¿Por qué? —No esperó mucho tiempo la respuesta antes de hacer conjeturas por sí mismo—. ¿A caso él te engañó? ¿Te lastimó? ¿Qué te hizo ese…?

—No fue él —interrumpió Loki enfurecido, dándole un puntapié. Thor soltó alarido antes de inclinarse a sobar la espinilla—. Yo no voy a desilusionar a mi padre de nuevo diciendo algo como que tengo una relación con Rogers. —Thor alzó la mirada, como si estuviera extrañado—. Ya tengo muchos problemas por simplemente… ser yo, como para que carguen con mis secretos. Así que —indicó, apuntando al rubio con el dedo—, no digas una sola palabra a nadie. Olvida esta conversación (y en su defecto), la de Steve con ese estúpido de Stark.

—Pero…

—Olvídalo. No tiene importancia. Fue… —hizo una pausa—, una aventura. Algo que pasó en una noche de mucho alcohol y ya.

—Pero Steve no toma. Y habría sido más de una vez.

Loki arqueó las cejas. Le dolía mucho toda esta situación; aún más, le molestaba ver la compasión de su hermano en la mirada.

—El idiota de Rogers malinterpretó todo, jamás mantuvimos ninguna relación romántica. Yo no quiero… yo nunca habría podido estar con él. Y tú, eres más consciente de eso que nadie. Nuestro padre terminaría odiándome si se enterara, así que, yo me caso con Sigyn, Steve se busca una buena vida, tú te vas a jugar con tus amigos de poco cerebro, y guardado mi secreto, seré la persona más feliz del mundo. Así que, no digas nada, o me encargaré de que uno de estos días termines con cero posibilidades de reproducirte con tu querida Jane.

Thor tragó saliva, y amenazándolo con toda la seguridad posible, él se dio media vuelta y se alejó del rubio, metiéndose en su habitación y azotando la puerta.

Ya dentro, Loki se apoyó en la puerta y maldijo en voz baja, mordiéndose el labio hasta que le escurrió un hilillo de sangre.

Nadie fue a verlo. No recibió ningún mensaje de texto de Steve —muy en el fondo, había esperado que éste le pidiera rectificar las cosas—. Y él, se pasó mirando desde la ventana la vista que tenía de los árboles. Hace mucho tiempo que se había dado cuenta que una imagen de un edificio destartalado, era mucho más hermosa que eso, siempre que supiera que Steve estaba ahí cerca.

Loki había sido el estúpido por pensar que podría salirse con la suya, por guardar la esperanza incluso hasta esta mañana. Él era la broma.

Era no más que un iluso sin remedio.

0*0*0

—Así que, en teoría —empezó a decir Tony, arqueando las cejas mientras miraba un plato con algo negro en el centro que contrastaba con la porcelana—, ¿se supone que esto realmente es comestible? ¿No estás intentando asesinarme? Ya te pedí perdón por todas las bromas, ¿recuerdas?

Steve frunció el ceño y le quitó el plato de la mesa. Tony sonrió y recargó la cabeza en la mano, siguiendo con la mirada al rubio, que se llevó a la boca un pedazo de esa cosa. Stark ni siquiera se esforzó en ocultar la muestra de asco antes de impedirle que volviera a comer.

—Debes estar bromeando, cariño —se burló—. Si vuelves a comer eso, ten por seguro que no vivirás para contarlo. ¡Es veneno para el estómago! Te dije mil veces que fuéramos a un restaurante.

—No tengo ánimos para ir a ninguna parte.

—Bueno, yo tengo hambre y no pienso comer tu intento de desayuno.

—Cállate, Stark.

—Siempre tan amigable —torció los ojos y luego se inclinó hacia delante, serio—. No, fuera de broma. Capi, tú sabes manejarte en la cocina mucho mejor que mi novia, por lo que normalmente acepto encantado venir hasta acá cuando podría pedir miles de menús de chef exclusivos. —Steve no lo sabía del todo pero, ¿intentaba hacerlo sonreír? No lo estaba logrando, así que era irrelevante el detalle—. ¿Sucede algo malo?

El rubio frunció el ceño y negó con la cabeza, pero apretó con fuerza el tenedor. Tony, que a pesar de lo insensible que era, solía tener sus momentos, decidió guardar silencio el tiempo suficiente antes de tomar el plato que anteriormente le habían ofrecido. Steve alzó la mirada justo para ver que Stark tragaba saliva y se llevaba a la boca el intento de salchichas con tocino y frijoles refritos con tortillas. Hizo una mueca, pero al final tragó. Sacó y metió la lengua, para enfatizar lo poco que le había gustado y una parte de Steve, que todavía se mantenía del todo despierta, pensó que había sido grosero siquiera presentarle eso a alguien como Stark.

Éste se había aparecido por la mañana, una semana después de lo ocurrido con Loki, y le dijo que lo invitaba a un nuevo gimnasio recién inaugurado. El rubio por supuesto que declinó la oferta, pero convencido de que iba a terminar yendo y quizá un poco hambriento, el Stark pidió "el desayuno a la Capi". Una parte de Steve realmente se avergonzaba del cómo había preparado el desayuno, pero para él fue ganancia que no se quemarán las cortinas de la cocina, justo como el día anterior mientras no podía hilar otros pensamientos además de cualquiera relacionado con Loki.

Casi se sonríe cuando vio a Tony estremeciéndose y cerrando los ojos como si le diera un escalofrío. Sin embargo, el gesto murió antes de salir.

—No tienes que comerte eso —le dijo por fin—. Es que, se me acabaron los suministros y no puedo permitirme el gusto de desperdiciar nada. Pero, supongo que tú deberías llamar a tu limosina e ir a comer algo decente.

Tony alzó un dedo en señal de que lo esperase, después volvió a estremecerse y soltó el aire, formando una "o" con la boca. Steve alzó una ceja.

—Deja de ser tan drámatico, Tony —reprochó. El otro abrió los ojos y sonrió.

—No estuvo tan mal —mintió—. Aunque admito que no es tu mejor platillo. —Tosió un poco y luego volvió a enseriarse. Steve podía decir que se sentía impresionado por esos cambios tan radicales—. Ahora, ¿piensas decirme, en este siglo, qué sucede contigo?

Steve bajó la mirada, los ojos enturbiados por el recuerdo de lo que sucedió una semana atrás. Al fin, se encogió de hombros y soltó una risa amarga, a lo que Tony se tensó un segundo antes de contemplarle de esa forma casi deductiva, como si fuera el mismísimo Sherlok Holmes en alguno de sus casos más complejos.

El rubio empujó el plato lejos, con cuidado. No era una persona que se quejara de todo y pretendiera que los otros le resolvieran el problema. A Steve no le gustaba causarle molestias a nadie, pero aunque Tony fingiera que se aburría de todo cuando decía y lo llamará de mil formas irritantes, o se comportara como uno de esos niños ricos que de verdad se dedicaban a joderle la existencia al mundo, Steve era consciente de cuánto podía confiar en Tony. El castaño era uno de esos chicos mimados y engreídos que, desafortunadamente, le inspiraban cierta simpatía, porque era claro que tenían más problemas consigo mismos y de ahí radicaba su conflicto con los demás. En muchos sentidos, Loki y Tony eran parecidos.

Se deshizo de la idea antes de llegar a nada más.

—No pasa nada —contestó, tan natural como fue capaz de expresarse; él no era bueno mintiendo. Loki se lo dijo miles de veces—. Solo que… no he dormido bien.

Tony estaba tragando otro bocado de la comida, por lo que Steve se obligó a imitarlo. Odiaba la comida chamuscada, pero no podía hacer más.

—Te vendrían bien, pues, unas pastillitas —recomendó Stark, haciendo otra mueca—. De cualquier modo, Steve, te lo juro… me sorprende que estando con el señorito Lengua de Plata, no hayas aprendido a hacerlo mejor. A mentir de forma convincente, me refiero.

En esta ocasión fue Steve quien hizo una mueca y dejó el cubierto en la mesa, mirando hacia otro lado. Tony arqueó la ceja, abrió y cerró la boca para luego formar otra pequeña "o" con los labios.

—Así que era eso —murmuró, incómodo—. ¿Qué pasó entre ustedes?

Nunca terminaba de creerse esa faceta de Tony en la que realmente le preguntaba por asuntos íntimos con Loki; ambos no solamente se odiaban, sino que Stark siempre había insistido en que no se dejará llevar por el otro. Aquí estaba la prueba… quizá, le preguntaba para sonreír pedante y festejar el "te lo dije" como solamente él sabía hacerlo: Soltándole comentarios agudos y sagaces sobre su ingenio e intuición, que a veces terminaban en conversaciones sin sentido sobre lo maravilloso que era Tony Stark.

Lo que más le molestaba a Steve, es que de cualquier manera como fuera a terminar, él iba a contarle.

—Odín hará que contraiga nupcias con una chica llamada Sigyn —confesó. Tony arqueó las cejas—. Se casarán cerca de un mes.

—¿En serio? —Preguntó Tony, casi atónito—. ¿Estamos hablando de la misma y única Sigyn que conozco en el mundo? ¿La súper modelo que tiene un doctorado en neurociencia? ¿Esa misma mujer?

Si esa era la forma de interesarse por lo que le sucedía ahora, pensó Steve, le arrojaría toda la comida dentro de la boca en espera de que se atragantara. Mierda, esa no era su forma de ser. ¿Qué le pasaba? Encogiéndose en su lugar, incómodo, le dirigió una mirada furibunda a Tony, quien seguía incrédulo enumerando las cosas grandiosas que tenía esa mujer, como que era una chica con un estatus casi tan alto como el suyo y tan famosa que seguramente, no podría ir al baño sin ser acosada por sus muchos admiradores.

—Mira, Tony —lo detuvo en cierto momento—. Ignoró completamente quién es esa chica y…

—¿Cómo es posible eso? Que no te gusten las mujeres y odies la tecnología, no significa que no puedas saber quién demonios es ella.

—Lo único que me interesa saber es que ella se va a casar con Loki —soltó Steve y empezó a hundirse más en la silla, mirando un punto en la nada. Tony, que había sacado su celular para usar el Internet e iluminar la ignorancia de Steve, volvió a serenarse y (muy sorprenderte) a mostrar esa mirada empática—. Te darás cuenta, de cuán poco me importa el resto de información. Fuera pobre, una extraterrestre o cualquier otra cosa, para mí nada más es la prometida de Loki.

—¿Y… —El hombre hizo una pausa larga—…hace cuánto que él sabía de esto?

—Según él, hace un par de semanas que Odín le anunció este compromiso. —Tony se pasó la mano por la barba de candado y emitió una especie de suspiro—. Bueno, en realidad, han pasado tres semanas.

—Ajá.

—Yo… —empezó a decir, como invitado por el último "comentario" de su amigo—, no sé qué se supone que debo hacer.

—Bueno —dijo Stark, lamiéndose los labios y entrelazando sus manos sobre el rostro—, si lo que haces es preguntarme, yo habría ido a tirarle los dientes a Odín —sugirió medio en broma, medio enserio. Steve le hizo una mueca de reproche por lo segundo—. ¡Es que no es justo! A menos que sea lo que Loki quiera, entonces iría a partirle la cara a él. Y eso último, lamento decírtelo, me parece el cincuenta por ciento probable. Quizá 46.9999% probable debido a que llevan mucho tiempo viéndose como para pensar que ni siquiera él se interesa en ti, lo suficiente. De cualquier manera —añadió, mirando de arriba abajo a su amigo—, me parece que tú mismo debes empezar a pensar si quieres arriesgarte a pelear por él. A lo que, debo agregar, sorprende que no lo hubieses hecho ya.

—Para de hablar un segundo —pidió Steve, tratando de hilar la posibilidad de que Loki realmente quisiera contraer matrimonio con la chica; se trataba, después de todo de una amiga de la infancia del moreno… es decir, ¿tienen la jodida idea de cuánto costaba imaginar a un Loki aceptando a alguien? Sonaba horrible, pero así era, resultaba extraño y por lo mismo, un caso especial—. Yo…no quiero causarle problemas a Loki. Y tú y yo sabemos muy bien qué clase de reacción podría tener Odín de enterarse de que, encima de estar con un hombre, su hijo estaba con un Don Nadie.

—No sé si es peor lo de Don Nadie o lo de la homosexualidad —admitió Tony, ganándose una mirada ponzoñosa del otro—. De acuerdo, momento prohibido para hacer chistes.

—¿Te parece? Porque yo estoy disfrutando mucho de lo malísimos que son.

—Sí, tanto, que estoy seguro que intentarías matarme —concedió Stark, sonriendo nerviosamente—. Mira, el chico tiene un gran complejo respecto a eso de enorgullecer a su padre, muy probablemente la razón por la que debe aceptar sin rechistar de esa decisión. Por lo mismo, creo que perderás tu tiempo intentando decidir qué hacer con un caso perdido.

Steve bajó la mirada.

—Un caso perdido —repitió, entristecido—. ¿Eso es lo que piensas?

—También pienso —continúo Tony, estirando la mano para palmearle el hombro—, que no por eso valdría menos que lo intentarás.

—Pero —dijo el rubio, alzando la cabeza—, Loki no quiere que nadie se entere de que estuvimos juntos. A la mejor, ni siquiera es gay… tal vez solamente…

—Sí, sí. Me convence que una de las cosas que Laufeyson vio en ti fue la inseguridad patente en ti mismo; es un gesto absolutamente adorable —interrumpió Tony—. Pero admito que me parece estúpido. Mira, el niño este puede fingir que ser aceptado por personas a las que no les interesa su verdadero ser, o darse cuenta de que la única felicidad en este mundo, la va a conseguir con la única persona en todo el Universo que sepa apreciar su verdadera cara. Si yo fuera Loki, me sentiría honrado por vivir de la segunda.

El rubio frunció el ceño.

—Deja de decir esas cosas sobre Loki —defendió Steve, a punto de golpearlo—. Él es una persona muy buena y no merece que todos crean que en el mundo no existo más que yo para quererlo. Loki puede ser difícil, pero una vez que lo conoces…

—Ese es el problema, querido Capi —volvió a interrumpir—: Loki no se permite que nadie lo conozca. Si tú eres la única persona a la que está dispuesto a mostrarle su (frío y peculiar) corazón, vale la pena arriesgarse a que gente como la sociedad anti homosexuales, se vaya directo a la mierda.

Tony parecía desesperado por hacerle entender algo que, sinceramente, a Steve se le escapaba. Cuando estaba a punto de decir algo más, el timbre del departamento sonó. Ambos se giraron hacia la puerta, hasta que segundos después, Steve al fin se animó a caminar hacia ella.

Cuando la abrió, se encontró con Thor. El chico venía con el ceño fruncido y sudaba un poco. Tenía la respiración agitada, como si hubiera corrido una gran distancia o se hubiese perdido —no sería la primera vez— antes de llegar a la casa de Steve.

—Thor —murmuró Rogers. Tony se giró para ver mejor, también sorprendido de encontrar por ahí al otro tan repentinamente—, ¿qué haces a…?

Antes de que terminara, Thor ya le había soltado un puñetazo en medio del rostro. Steve cayó de espaldas, aturdido mientras el golpeador se agachaba una vez más a recoger del cuello de la camisa al otro y volver a amenazarlo con el puño. Le dio otro golpe. El pobre de Steve no entendía nada.

—Eres un idiota, Rogers. —Soltó Thor antes de dirigirle una mirada a Tony.

—Si no me golpeas, yo… yo te daré uno de los desayunos a la Capi. —Fue lo único que murmuró Stark, realmente asustado.

Continuará.


Esto se publicó con tres cuartos revisados (xD)... nunca reviso nada (._.) En fin, espero que lo hayan disfrutado lo suficiente como para honrarme con un comentario (owo) Y sino... bueno... qué me queda más que mandarles una maldición JashinIggirisu (o3o)... ok, no (xD).

Vale, ¿será muy tarde para decir que Sif no me cae del todo bien? (¬¬U), no lo sé, me parece valiente, talentosa... diferente a muchas de las típicas mujeres que muestran en casi todas partes, de verdad que se merece mis respetos... es solo que, en la película de Thor, me parece absurda su forma de especular contra Loki... "oh, sí, siempre ha estado celoso, solo piensa destruir a Thor" (u-úU) Esa es una excusa bastante tonta en consideración con que Loki llevaba (todos lo sabemos) mucha razón respecto a nuestro querido Thor y, sinceramente, creo que Loki de verdad pretendiera que su hermano quedara desterrado; tal vez, solo que le quitaran el honor de ser rey, pero no desterrarlo (.w.U) esa es mi idea, de todos modos (ewe)

Bueno, por otro lado, quiero sacar el lado sobreprotector de Thor y aún más, quisiera aprender a abordar a Tony, por lo que espero que el último haya estado bien realizado (nwn)

Debido a las circunstancias, no pude poner demasiado Stoki, pero este capítulo me lo tomó como intermediario del final y del momento en que ambos se queden juntos (o no, la tragedia también me llama mucho por aquí). De cualquier forma, espero leerlos en un review. Muchas gracias por leer.

Matta ne~ (owo)/