Buenos (as) días, tardes o noches, queridas sempais. Mary los saluda desde su computadora, esperando que estén bien. A decir verdad, tendré que agradecerles infinitamente porque el día de hoy debí dejar un anuncio con respecto a posponer por -mucho- más tiempo varios fics, y sinceramente me alivia saber que aquí donde mis ideas quieren dirigirse, está gustando y me concedan el honor de recibir sus comentarios. Mil bendiciones a las personas que ayudaron a que la continuación fuera posible:

AkatsukiDrak: No sabes cuánto me alegra seguir contando con tus palabras, sempai (QwQ), te estoy muy agradecida a ti porque, gracias a que comentaste, me arriesgué a publicar de nuevo. Jeje, la verdad me estuve debatiendo un rato sobre poner o no lo de Sherlok Holmes, pero al final no me aguante, así que me alegra leer que te ha encantado; Tony es genial en cualquiera de sus papeles –siempre olvido el nombre del actor (xDU)-, y la verdad, me encantó imaginarlo asustado –aunque soy consciente de que eso nunca pasaría en la vida "real"- al ver que Thor entra a golpear a tan buena persona como Steve. La verdad, creo que es cosa de asustarse si Tony se la pasa fastidiándole la vida a todos (xD). En fin, que espero seguir haciendo este fic merecedor de tu tiempo y tus comentarios (owo)

KariDz: Mil gracias por comentar (uwu) y encima, con esas palabras (QwQ). Me alegra que el fic te parezca hermoso y me hace feliz escuchar que ahora te encanta la pareja; eso es lo mejor que pudiste decirme (x3). ¡Dar muerte a Sif es mi propósito de algún día! Se lo merece por bocona (7-7). De verdad que me alegró leer tus palabras, porque me alentaron más a seguir con esto (owó). Jajaja, lo sé, lo sé; Loki es un verdadero personaje que es difícil imaginar cediendo, por lo que este capítulo tiene mucho OoC con él (.w.) De cualquier manera, espero que la historia te siga gustando y me sigas concediendo el favor de tus comentarios (nwn)

Ilyasha77: No tienes idea de lo raro que me vieron mis papás cuando al leer tu comentario se me dibujo una sonrisa en los labios. En fin, qué bueno leer que te gusta la historia, y me honra ser la primera autora de Stoki que lees (nwn). Estoy completamente de acuerdo con lo de Steve, a ser sincera, mucho de lo poco que me venía gustando la estructura de la historia es el hecho de que él fuese tan conformista, pero ya sabemos cómo es el amor, nada más apendeja a lo grande (eweUU). El fic, por otra parte, será una recopilación de ideas, por lo que la cosa está en juntar a estos dos en todos los Universos y posibilidades que se me vengan a la cabeza; la serie "para quien", tendrá este capítulo y el epílogo, antes de pasar a otras, que de igual manera, espero te gusten mucho a ti y a las demás (nwn).

Jovi: Tu comentario me hizo muy feliz, no solo porque dijiste que te gusto la manera en que escribo, sino que eso permitió que te pareciera interesante pese a no estar acostumbrada a la pareja. Mis más sinceras gratitudes por comentar, que eso me motiva siempre a continuar rebabándome el cerebro en búsqueda de palabras para realizar la continuación. Espero no decepcionarte, que continúes leyendo mi fic (nwn), y honrándome con tus comentarios.

Leonis-Alterf: Gracias a tu comentario, pude decidir el nombre del capítulo y te lo agradezco -normalmente no puedo seguir sin uno- (nwn). Querida sempai, no te disculpes por no dejar comentario antes (QwQ), en especial porque a fin de cuentas, te abriste un espacio para hacerlo después de todo, lo que de verdad me hace muy feliz. ¡Por Odín! Cuánta razón tienes, es una batalla horrible eso de buscar material de ambos (=-=) no sé por qué si son tan lindos, la gente no suele darse cuenta. Bueno, a mí también me seduce lo imposible… es decir, de todas las que pude escoger de Loki –porque a fuerzas necesito que esté él para que me interese (nwnU)- y otro Avenger, y vengo escogiendo esta que casi no da, pero que tiene mucho potencial. De cualquier modo, espero que mi contribución siga pareciéndote digna, y mientras la inspiración me lo permita, seguiré esforzándome con ellos (owo), guardando la esperanza de que te guste.

Bueno, podría pasarme el día agradeciéndoles, pero no quiero hacerlas perder más tiempo con mis desvaríos (xD) –me entusiasman los comentarios (nwnU)- y les dejó con la continuación:


3

-Fortaleza-

Para quien sabe luchar

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Siempre pensó que tenía bajo control sus emociones, pero fue muy ingenuo. Él construyó una habitación de muros resistentes a su alrededor, y sin embargo, con demasiados agujeros por los que se podía empezar a romper ese sitio seguro en el que se encerró a sí mismo. Quería alejar a todos y al mismo tiempo, tener a alguien que se acercara y se percatara de cuán vulnerable se sentía, de cuánto anhelaba ser amado y cómo bramaba por ayuda con un grito mudo que, sin usar la voz, era la forma incorrecta de hacerse. Pero tenía miedo de admitir que como el resto de la humanidad, él necesitaba sentir a alguien sujetando su mano, haciendo el esfuerzo por comprenderlo y susurrarle al oído palabras que lo motivaran a seguir viviendo por el simple hecho de que, en algún momento, al cerrar los ojos durante el día para escapar un poco de su aburrida realidad, él se sintiera más cercano a un hogar, a ese sitio al que realmente pertenecía.

De cualquier manera, Loki sabía que había perdido. El simple hecho de constatar algo así ya era demasiado doloroso, pero no poder superarlo resultaba patético y muy indigno de alguien que ostentaba decir, siempre se esforzaba por dar lo mejor de sí. Cómo se odiaba por ser un mentiroso, incluso consigo mismo. Decía que no importaba nada de lo que sucediera a Steve de ahora en adelante, pero en la silenciosa y fría oscuridad, él temía ser abandonado incluso por el hombre al que amaba; al único que le ofreció la oportunidad de tocar su corazón con palabras cursis y promesas que se permitió desear, fueran ciertas.

Carecía de la voluntad suficiente para animarse a sí mismo a luchar, ¿de qué le iba a servir? ¿A dónde le estaban llevando todas sus (muy posiblemente erróneas) decisiones?

En su cabeza se repetía una y otra vez la misma escena. Una y otra vez rememoraba el tacto de ese último y afligido beso con el que se había despedido Steve y que Loki hubiera deseado ser capaz de atrapar en una eternidad, no en un momento efímero que se terminó antes de darse cuenta que ese era el adiós definitivo. El que había pedido a Steve que le diera, aun sin quererlo.

No iba a llorar; sería ridículo hacerlo ahora. Loki había decidido esto, él se dejó caer en esa ilusión rota y destinada al fracaso. Le dolía, por supuesto que sí, porque era humano y a pesar de todo cuánto hubiera dicho odiar el suculento delirio del amor, nada detuvo esas emociones que estallaban en su interior cada vez que Steve siquiera lo miraba, y que encendía una cándida llama donde fuera que tocaran sus labios. Antes de darse cuenta, y aun sin querer admitirlo, Loki se había enamorado.

Todas estas palabras cursis y la tragedia que se le avecinaba a cada paso, le demostraba lo absurdo que se había vuelto, lo estúpido y vulnerable que se sentía al pensar que nunca iba a poder mirar a Steve envejecer a su lado. Temía de ese momento en que todo cambió y ya no hubo marcha atrás, maldecía ese instante en que le pareció válido arriesgarse a enredar sus brazos entorno al cuerpo del otro, sentir la calidez de su pecho y el contraste de todo en ellos, porque había que admitirlo: Steve y Loki eran demasiado opuestos para que fuera siquiera un poco creíble el momento en que posaron los labios uno sobre el otro.

La tenue luz del ocaso ya se estaba ciñendo sobre el cuarto poco a poco, envolviéndolo a él con esa mortecina luminosidad anaranjada que, repentinamente, le pareció acogedora por la forma en que iba calentando sus miembros. Una suave brisa le removía de un lado a otro los cabellos y mientras Loki separaba los brazos del barandal de su balcón, observó con detenimiento las copas de los árboles que rodeaban la mansión Laufeyson; las hojas se movían de un lado a otro, convirtiendo el sitio en la visión de un mar esmeralda e inquieto. Había algo fascinante y melancólico en la ilusión que se iba apoderando de su mente, y al parpadear, se obligaba a invocar esa imagen y no la de Steve.

Se quedó ahí mucho tiempo, pensando en nada y todo a la vez.

Luego de lo que pareció una eternidad, cuando el sol del sexto día desde su rompimiento con Steve se estaba ocultando, él volvió a meterse dentro de la habitación, cerrando la puerta que conducía al balcón.

Su habitación era mucho más amplia que la de Steve; de hecho, casi tres cuartos del departamento podrían caber dentro. El tono sobrio de las paredes era parecido a un verde muy apagado y claro contrastaba armoniosamente con el de las colchas blancas de la cama. Ahí sobre ellas, descansaba una caja larga y delgada; a su lado, estaba la chaqueta de Steve.

Loki se acercó con el ceño fruncido hasta la cama y tomó la prenda entre sus manos. Estaba fría, y pensó que aunque él se la hubiera puesto más que el primer día, no habría logrado darle la misma calidez que dejaba Steve impregnada durante mucho tiempo —incluso después de quitársela—. Apenas bajó ligeramente la cabeza, rechazando la mueca en su rostro y manteniéndolo en una máscara entre indiferente y escrutadora, como si tan solo estuviera tocando cualquier cosa. Sin embargo, sus ojos delataban todos los sentimientos que le golpeaban el pecho y confundían a su aguda mente ahora demasiado atrofiada.

Cerró los ojos y en un gesto ridículo —que sinceramente ya no le sorprendía—, respiró profundamente el aroma de la chaqueta de Steve, haciendo amago de conservar ese olor para el resto de su vida. Era algo que jamás había hecho y que muy en el fondo esperó nunca tener que vivir, pero estaba pasando ahora, y él era incapaz de creérselo del todo.

Con cuidado, dobló la chaqueta y la metió en una caja. Lo había estado pensando bien durante los últimos tres días y decidió que suficiente daño se hacía conversando memorias de Steve, que no necesitaba algo más para torturarse a sí mismo.

Antes de tapar la caja pasó una vez más los dedos sobre el cuero. Volvió a repetirse que no le importaba, y aunque sabía que se engañaba, el consuelo que le ofreció su propia mentira lo alivio en gran medida. Sonrió de lado, ignorando el qué hacer ahora.

Tomó el paquete entre las manos y salió de la habitación. Paró en seco antes de salir totalmente del umbral de la puerta, pues ahí estaba Thor, que lo observaba con un gesto contraído en la mirada. Loki deseó apartar la vista, y le sorprendió cuando de alguna manera, logró mantenerse firme ante el rubio, enderezándose tanto como podía. Incluso aunque su estatura era mucho más baja que la de su hermano, ver que éste parecía encogerse en su lugar le confería cierto alivio.

—Loki —empezó a decir Thor, despegándose de la pared y dejando caer los brazos hasta ahora cruzados—, necesitamos hablar. —El de ojos azules miró el paquete en las manos del otro, y Loki arqueó la ceja, molesto por la indiscreción de su hermano—. Ahora mismo, sino te importa.

—Tengo asuntos que atender —declinó Loki, girando hacia el pasillo y echando a andar—. Y tú no te meterás en ellos.

Thor le siguió a paso rápido.

—Lo que le dijiste a nuestro padre hace rato —dijo el rubio, y sonaba todavía incrédulo; Loki se ruborizó—, lo ha dejado… nos ha dejado a todos muy aturdidos. Creo, desde el fondo de mi corazón, que deberías hablar seriamente con ellos respecto a lo que te está sucediendo.

—No me está sucediendo nada —señaló Loki fríamente, bajando las escaleras.

Thor estiró la mano y le tomó del hombro. Loki por poco pierde el equilibrio, lo suficiente para que pensara que sin el agarre de su hermano, posiblemente habría resbalado y rodado sobre los escalones. Se volteó sobre el hombro para fulminar a Thor con la mirada y se aseguró de poner los pies firmemente en el suelo. El rubio se disculpó con una mueca, pero no le soltó en ningún momento. El moreno podría haber intentado deshacerse del gesto, pero el rostro tan compadecido de su hermano le causó más que solamente un ardor en la boca del estómago que le subía hasta la garganta, sino la oportunidad de desquitarse de todos los confusos sentimientos que le estaban consumiendo los días con una eternidad y torturas por demás insoportables.

Pero el orgullo no le permitió aceptar mucho tiempo el gesto, y no bien se recuperó de su malestar en la garganta, se sacudió la mano de Thor con un desdén.

—Déjame en paz —soltó entre dientes. El mayor alzó la cabeza, como si hubiera tratado de asestarle un puñetazo en la barbilla—. No quiero que te metas en mis asuntos.

La expresión de Thor cambió por la de aquel muchacho adusto y lleno de liderazgo que había visto muy pocas en su vida; las suficientes para que se sintiera descolocado porque ese gesto intransigente se lo estaba dirigiendo realmente a él.

—Pues a mí no me interesa lo que tú quieras —le dijo seriamente—. No mientras estás actuando así. Loki, creo que es mala idea que continúes fingiendo que no te pasa nada.

—¿Quién necesita fingir lo que es un hecho? —rebatió él, tan bien como pudo. Thor puso los ojos en blanco.

—Oh, por favor —soltó con sarcasmo el otro—. Deja de actuar igual que si fueras un gigante de hielo, que eres muchas cosas, pero no eso.

—Sí que lo soy.

—Claro que no.

—Que sí.

—Que no.

—Que sí.

—¡Que no!

—Que sí, y te callas. —Thor abrió la boca e inmediatamente después la cerró, apretando la mandíbula y los puños. Loki se viró para seguir con su camino.

—Me preguntó por ti —dijo el rubio y Loki se detuvo casi enseguida, con la boca semi abierta. Luego de un par de segundos la cerró y sin volverse a su hermano dijo con la voz más fría que logró:

—¿Y? —A ser sincero, no conseguiría articular nada más, o quizá no tenía ganas. Thor pareció decepcionado al hablar de nuevo.

—Nada más —contestó—. Ya no dijo otra cosa.

—Bien. No me interesa escucharlo —se giró y le dedicó a Thor una media sonrisa—. Si estás esperando que te pregunte cómo está, te llevarás una gran decepción.

—No —respondió—, eres tú el que se la llevará. —Hizo una pausa muy larga, acaso notando que Loki apretaba con fuerza la caja hasta que sus dedos sintieron hormiguear por la fuerza con que apretaba el paquete—. Loki, no sé si realmente pretendes ignorar todo esto, pero tu felicidad es lo único que te debe importar. Si te preocupas por el nombre de nuestra familia… es decir…

—Si eres un digno hijo de Odín, entenderás que debo proteger mi honor.

—Tu honor no tiene nada que ver en tu necedad con respecto a la familia, sino con lo que dicta tu corazón. Si eres un digno hijo de Odín, pelearías.

—¿Contra qué? ¿Y por qué? —Preguntó Loki, entre dientes—. Ya sé: Has estado viendo demasiadas películas melosas con tu novia, ¿cierto?

—Al menos eso me da la oportunidad de notar cuánto estás sufriendo tú.

—Lo que ves son actores, ¿o tienes tan poco cerebro como para confundirlos con la realidad? —Añadió con ponzoña—. ¿Sabes? No me contestes; la respuesta está muy clara.

—Loki —llamó el rubio, volviendo a perseguirlo justo cuando él empezó a caminar—. Mi padre está preocupado, nuestra madre también. Y yo, que sé precisamente lo que te pasa, no puedo simplemente ignorarlo. —Hizo una mueca—. Steve y tú… Vas a terminar destruyéndolos a ambos.

—¡Basta! —Gritó Loki, harto de las persecuciones de su hermano. Se volteó y le aventó la caja; Thor la atrapó apenas—. Escúchame bien —le dijo con la venita saltándole en la sien y los ojos a medio inundarse por lágrimas contenidas—, no voy a ser un fenómeno. ¡Quiero ser aceptado por mi padre, que únicamente tiene ojos para su preciado hijo primogénito! ¡Me importa una mierda lo que mis sentimientos me pidan con tal de que él no me mire (por una vez) como si le hubiese fallado!

—Loki…

—Estoy harto de que me comparen contigo. —Interrumpió Loki, observándolo con odio—. ¡Podría ser mejor si me dieran la oportunidad y, a ser sincero, no voy a desperdiciarla por alguien como Rogers! Él no es nada comparado con todo lo que he buscado en mi vida; él no puede darme lo que quiero. Y tú, perfecto imbécil, deja de pensar que yo puedo darme el lujo de hacer lo mismo que tú, de inhibir mi razón hasta que no me queden más que burbujas en la cabeza.

—Para, por favor. Hermano… lo único que quiero es que seas feliz. Todos queremos eso para ti. No hay ningún favoritismo. Mis padres te aman mucho, y no te abandonarán por nada. Estás tan equivocado respecto a ellos.

—¡Déjame en paz! Y para de meterte en mi vida, porque si yo no tengo el derecho o la oportunidad, jamás permitiré que tú sí. ¡Te odio tanto! —Tomó aire y por fin, una lágrima escapó de su control. Loki se la talló con fuerza, hasta dejarse un rastro rojizo en la cara—. A ti… a todos. —Lo último apenas alcanzó a ser un murmullo, pero Thor parecía haberlo escuchado muy bien.

El silencio se instaló entre ambos. Atrás, Frigga se dejó ver, caminando con paso cauteloso; miró a sus hijos desde los pies de las escaleras, consternada. Odín apareció no mucho tiempo después, con el ceño fruncido y el gesto preocupado.

—¿Qué pasa aquí? —Preguntó el hombre, imponiendo su voz lo suficiente para hacer voltear a Thor; Loki simplemente escondió la cara de sus padres—. ¿Thor? ¿Loki? —Exigió.

La mujer se acercó al menor y le tomó de los hombros. Él se preguntó si acaso daba la imagen de alguien que estaba a punto de desplomarse. Nunca había rechazado el apoyo de su madre, pues por mucho, parecía la única de la familia que era consciente de sus sentimientos. Loki miró hacia Thor, que estaba a varios escalones más arriba; siempre se veía tan superior, tan lejano… él sabía que nunca iba a alcanzarlo. El rubio aun sostenía entre las manos la caja que le había arrojado.

Loki jadeó, incapaz de controlar las lágrimas. El pecho le dolía y era incapaz de hacer llegar el aire a sus pulmones. Sentía el nudo en la garganta atenazándole el cuello con tanta fuerza que parecía que fuera a desmayarse. Le dolía mucho; sollozó con más fuerza.

—Loki —le llamó Frigga con su voz maternal, pero no era suficiente para que él reaccionará; en las paredes de su cerebro lo único que era capaz de escuchar eran las suaves palabras de Steve diciéndole que lo amaba, diciéndole que le deseaba mucha felicidad. ¡Odiaba tanto a Rogers! ¿Cómo podía simplemente hacerle eso? ¿Por qué él no podía atreverse a ofrecerle a Steve todo lo que era? ¿Por qué le importaba ser amado por terceros? ¡Cómo odiaba a Steve! A él, a todos—. ¿Qué pasa, hijo mío?

Odín ya estaba encaminándose hacia ellos y por el rabillo del ojo, Loki podía ver unos cuantos sirvientes que lo observaban con sorpresa y desaprobación, como si se estuvieran preguntando qué necesidad tenía de llorar. ¡Tenía todo el derecho del mundo! El agua ya se había desbordado del vaso y él se sentía… sofocado. Quería salir de ahí, desaparecer… dejar de sentir.

En vez de corresponder el gesto de Frigga, se llevó la mano al pecho y dejó escapar más sollozos. Y luego gritó antes darse media vuelta y bajar corriendo las escaleras hasta la puerta principal. Su familia y los curiosos se quedaron atónitos. Él abrió y azotó la puerta.

La oscuridad en la casa todavía no lo alcanzaba. Él miró de un lado a otro, respirando agitadamente. Era como si hubiese corrido una maratón…

No sabía qué hacer ahora, pero como no quería ser alcanzado por nadie, simplemente echó a correr hacia el pequeño bosque que rodeaba la casa, perdiéndose entre los árboles y fundiéndose en las sombras, justo como lo sabía hacer. A lo lejos, escuchó que Thor le llamaba; quizá hasta había salido a buscarle.

Los oídos le zumbaban con fuerza y cuando tropezó con alguna piedra, maldijo en voz baja, se levantó y continúo corriendo a pesar del dolor punzante que le recorría el tobillo y la espinilla.

Cuando se quedó sin aliento, lo cual pareció llevar más tiempo que nunca, se apoyó en el tronco de un roble y se dejó caer de sentón. Miró de un lado a otro y se sintió más solo que nunca; fue como si apenas se diera cuenta de lo enojado, triste y solitario que había estado siempre.

Encogió las piernas hasta el pecho y se quedó mirando un punto en la nada, con los ojos ardiéndole de nuevo porque no se permitió seguir llorando, o tal vez, ya había derramado las lágrimas suficientes.

Qué harto estaba de todo en su vida. Lo único que le había hecho realmente feliz fue Steve, lo comprendió ahora. Lo sabía antes, pero lo quiso negar. Simplemente, no luchó… él no iba a hacerlo, incluso entendiendo lo mucho que necesitaba hacerlo.

Está bien; siempre había logrado sobreponerse a esas situaciones. No sería diferente en esta ocasión.

—¡Loki! —Escuchó a Thor y levantó la cabeza en su dirección.

—Vete —susurró para sí mismo—. Vete. —Se obligó a levantarse, ignorando el dolor en el pie—. Solamente, déjenme. —La luz de una lámpara se movía entre la oscuridad; sabía que Thor estaba corriendo, que en algún momento iba a encontrarlo—. Los odio tanto.

Abrazándose a sí mismo, se alejó de donde podía ver la lámpara. Cuidaba sus pasos, aunque no le importaba; no prestaba atención a dónde iba, ni quería. Decepción, repulsión, dolor… eran cosas con las que siempre había vivido, pero que ahora le pesaban demasiado.

Ojalá pudiera ir con Steve; en ocasiones como estas, era cuando más ansioso estaba por llegar a su departamento para compartir la cama, para fingir que la distancia entre ambos se acortaba lo suficiente para que la esperanza no se le apagara y las fuerzas no se desvanecieran. Detuvo sus pasos mirando hacia el piso.

Nada iba a cambiar; al final, Loki iba a aceptar lo que fuera que pidiera su padre. No era un niño pequeño para creer que existían los cuentos de hadas. A diferencia de Thor, él conocía sus responsabilidades y estaba muy cansado de escuchar y tratar de creer o ver las cosas de la misma forma en que lo hacían todos. Loki tenía prohibido hacer cualquier cosa que decepcionara a sus padres, aunque le sucediera muchas veces, él debía creer que algún día iba a lograr algo que hiciera que Odín le aprobara. Y Steve estaba lejos de ofrecerle eso.

Cerró los ojos y pensó en la primera vez que besó a Steve, en la suavidad de los labios, en lo cómodo y natural que se sentía hacerlo, casi como respirar. Era sencillo, no debía esforzarse en aceptar algo prohibido. Steve no le exigía nada… ni siquiera que hablara en voz alta de sus sentimientos; Steve vivió en la duda de si él lo amaba o no, pero nunca dejó de decirle que lo amaba, como si esperase en silencio por una respuesta que, ingenuamente, Loki creía haberle dado desde el principio. Abrió los ojos y se pasó una mano por los largos cabellos oscuros. También a Steve le había fallado.

Thor llevaba mucha razón —sino es que toda—: Loki iba a destruirse a sí mismo. Sin embargo, muy en el fondo esperaba que eso no le sucediera a Steve… él no se merecía ese destino. Loki sí, por supuesto… todo lo que él hacía resultaba en fracaso, en mentiras.

Miró en dirección a la lámpara, que se agitaba cada vez más lejos. Apretando la mandíbula se fue en esa dirección.

—¡Loki! ¡Vuelve! —Escuchó casi diez minutos después, cuando estuvo cerca de Thor—. ¡Contesta, hermano!

Una rama se quebró en su siguiente paso y Thor se volteó inmediatamente, con la cara llena de angustia. Loki entrecerró los ojos por la luz y el mayor se apresuró a dirigirla hacia abajo; el rubio se acercó y le puso una mano en el rostro. En esta ocasión, Loki no rechazó el contacto.

En un movimiento rápido, Thor lo abrazó con fuerza. Él no hizo nada por detenerlo.

—Lo siento tanto —dijo el otro en su oído—. Loki, siento mucho que tú no…puedas estar con Steve.

El joven alzó los brazos y estrechó a su hermano, clavándole las uñas en el proceso de ignorar una vez más el dolor.

—No digas tonterías —dijo, con la voz convertida en un murmullo—; yo ya lo sabía desde el principio.

0*0*0

Thor no conocía otra manera de deshacerse de la aprehensión que yendo hasta el origen del problema: Steven Rogers. Nunca pensó que llegaría un día en que él creyera que Steve, siendo tan bueno, mereciera tanto una paliza. Todo lo que quería era despedazarle la cara a golpes, pero a los dos debió parar. Le quedaba el suficiente raciocinio para darse cuenta que eso no le iba a ayudar en nada.

Miró a Tony y el castaño abrió los ojos de par en par, como si creyera que iba a golpearlo a él también.

—Sino me golpeas yo…yo te daré uno de los desayunos a la Capi —dijo entonces Stark y Thor se contuvo de hacer una mueca de fastidio o de aventarle algo a la cabeza; ¿es que se le había secado el cerebro? Bajó la mirada hacia Steve, que lo contemplaba con la marca rojiza de un puñetazo en la nariz y otro en la comisura de la boca, por donde escurría sangre. Le soltó de la camisa y Rogers hizo una mueca cuando su nuca chocó contra el suelo. Justo cuando Thor se puso de pie y sacudió la mano (un tanto adolorida) con la que había golpeado a Steve, el castaño se paró y se acercó rápidamente a donde su mejor amigo—. Mierda. Steve, oye, ¿estás bien?

El rubio pareció tardar varios segundos en enfocar la mirada del todo y luego, apoyándose en los codos se esforzó por sentarse erguido. Haciendo caso omiso de la pregunta de Tony, le prestó toda su atención al hijo de Odín, que lo miraba con el ceño fruncido. Steve se limpió la barbilla, conteniendo un gemido por tallar con demasiada fuerza.

Thor volvió a señalarlo.

—Eres un idiota —Le dijo, respirando profundamente—. El más grande… después de mi hermano.

Tanto Steve como Tony arquearon las cejas, desconcertados. Thor se cruzó de brazos, haciendo que los músculos le resaltaran aún más.

—¿De qué hablas? —Preguntó Steve, pestañeando rápidamente. Fue Stark quien contestó, poniéndole una mano debajo del brazo y jalando para que Rogers se pusiera de pie.

—Oh, Steve, Steve. Creo que es muy claro —dijo—. Y debo añadir, que estoy en total acuerdo con Thor. —El rubio lo miró como si apenas reparara en su presencia. Por su parte, Thor carraspeó.

—Callados —ordenó como nunca lo hacía con sus amigos. Los otros dos le miraron aún más incrédulos—. Stark, te juro que si escucho uno de tus comentarios, voy a cruzar la sala y te golpearé con tanta fuerza, que despertaré a tu primer ancestro. Y tú —dijo en esta ocasión dirigiéndose a Steve—, más te vale que me expliques qué demonios sucede contigo.

—No sé qué decir —admitió Steve, confundido—. ¿Explicarme sobre qué?

Enfurecido, Thor volvió a caminar hasta él y lo tomó del cuello de la camisa, zarandeándolo. Tony frunció el ceño al instante.

—Oye, oye. Tómatelo con calma, Thor —intentó tranquilizarlo, a lo que él se volvió para amenazarlo con la mirada. A diferencia de hace unos momentos, Stark no pareció siquiera un tanto intimidado, y en vez de eso, le tomó de la muñeca y se la apretó con fuerza, haciendo que soltara a Steve—. No puedes entrar así nada más como una bestia enardecida, y golpear a Steve así nada más. Mucho menos, exigirle que te explique algo cuando es claro que tuviste la decencia suficiente de voltearle las ideas.

Haciendo una mueca, Thor se deshizo del agarre del castaño y volvió a mirar a Steve.

—Si realmente te importa —empezó a decirle—, vas ir con mi hermano y solucionarás todo esto. —Steve retrocedió un par de pasos, pálido—. Tú lo amas, ¿o no? ¿Entonces por qué mierda te has quedado todos estos días aquí? ¡Y encima, desayunando con el idiota de Stark como si apenas resintieras la ausencia de Loki! Más te vale que tengas una buena excusa o… o… no sé qué voy a hacer.

Steve abrió la boca y la cerró de nuevo. Una vez más, fue Stark quien metió la cuchara.

—De acuerdo, Thor —interrumpió, mirándolos a los dos—. Quiero que quede claro que es la primera vez que vengo en casi semana y media, que el desayuno de Steve fue peor que comer cenizas, y que no hay necesidad de lastimarlo físicamente cuando, te aseguro, está más que destruido emocionalmente.

Thor miró al chico, relajando el ceño y bajando la mirada avergonzado por su actitud. Steve continuaba sin hablar, solamente contemplándolo a él como si intentará descifrar lo que seguía a continuación.

—¿Eso es cierto? —Preguntó el más alto de ellos. Steve dejó escapar el aire y luego se encogió en su lugar, mirando la nada con una expresión tan lastimera que Thor casi se acerca a palmearle el hombro y abrazarlo para disculparse—. Lo siento, Steve.

—¿Por qué? —Se limitó a decir el rubio—. No es… como si jamás hubiera esperado este resultado.

—Bueno, con tanto tiempo —intervino Tony, volviéndose hacia Thor—, es duro pensar que Loki fue quien decidió todo.

—Loki no quiere esto —indicó Thor, alzando las cejas—. Mi hermano está… necesito que ustedes dos se arreglen.

—¿Arreglarnos? Creo que eso es lo que menos quiero hacer ahora —señaló Steve—. El tiempo nos hará mejor.

—Él está sufriendo mucho —admitió, dándose media vuelta y sentándose en uno de los sillones. Se frotó las sienes, pues le dolía la cabeza; Steve le siguió con la mirada, al igual que Stark—. Rogers, en serio que él no va a poder. —Alzó la cabeza parar encarar al otro rubio—. No sé tú, pero Loki se guarda todo y luego finge que no le importa aunque esté rompiéndose por dentro.

—Lo sé —contestó Steve rápidamente, sorprendiendo a los otros dos—. Pero también sé lo que es importante para él y… lo único que quiere es enorgullecer a Odín. Estoy bien con eso si a él lo hace feliz.

—Mi hermano está encaprichado con una idea ridícula de que a él no lo quiere mi padre —concedió mientras se ponía de pie como un resorte—. Jamás ha intentado escuchar lo contrario, pero… —hizo una pausa—. Soy su hermano —agregó con seriedad—, lo conozco tan bien como el vivir con él me lo ha permitido. Hace cuatro años algo cambió en Loki… no, más bien, alguien lo hizo cambiar, y fuiste tú. He especulado en silencio el por qué se volvió repentinamente feliz. Siendo sincero, no me esperaba que hubiese sido una relación contigo, pero...ahora que lo pienso, tiene mucho sentido. Cada vez que yo hablaba de ti, él me prestaba más atención de la acostumbrada y se interesaba por preguntar acerca de lo que te gustaba hacer y otras cosas. Me siento algo estúpido en realidad; cualquiera podría haberlo notado de fijarse muy bien y no lo sospeché hasta que las cosas volvieron a cambiar y él pareció…tan destruido. No sé por qué se empecinan a mentirse a sí mismos.

Steve frunció el ceño, tal vez en un —inútil— esfuerzo de que ninguno de sus amigos prestara atención a las mejillas, que ya le ardían como si le hubieran apagado un cigarro en la piel. Se sentía un tanto descolocado por las confesiones que le estaba dando el hermano mayor de Loki, puesto que significaban que hubo una parte del moreno que realmente intentó averiguar más cosas de él. Y eso lo halagaba al mismo tiempo que le entristecía, porque a fin de cuentas, Loki se lo había dicho: Nada iba a cambiar.

Fue como intentar tragar vidrio cuando pronunció las siguientes palabras, pero todas ellas eran sinceras:

—Loki decidió y yo voy a respetar eso; no quiero hacerle daño. —Fue como si al decir eso, se librará de una carga. Era cierto que él no buscaba lastimar a Loki, por lo que no debería de sentirse como si todo le estuviera saliendo mal.

—Mi hermano es un necio y, por si fuera poco, demasiado orgulloso —Thor levantó los brazos al cielo, y por el rabillo del ojo, Steve vio al castaño asentir varias veces con rapidez—. Todo pareciera un tira y afloja con él, pero —volvió a señalarlo—, él te ama. Y sé que si tú lucharás por estar a su lado, Loki aceptaría ese gesto.

Un pesado silencio cayó sobre ellos.

—Y hacerlo para este siglo —intervino Tony, dándole un empujón en el hombro a Steve—, antes de que sea demasiado tarde y te conviertas en un viejo solitario que morirá lleno de remordimientos. —Rogers se giró a ver a su amigo, con los ojos ligeramente abiertos por la sorpresa—. Ya te lo digo yo que soy lo más magníficamente inteligente del planeta: Loki realmente tendría que ser un descerebrado para no aceptar lo que tú puedas ofrecerle y —añadió al ver la mueca de enfado de Thor—, no creo que él sea un idiota siquiera.

—Pero… —murmuró Steve, agachando la cabeza todavía más—, yo no tengo nada que ofrecerle. No tengo dinero, no puedo darle hijos, no puedo darle la aprobación de nadie…

Thor se sintió casi tan miserable como Steve por el hecho de ver su rostro preocupado y abatido. Quería decirle algo significante que pudiera hacer entender al otro lo importante que era para Loki, pero a ser sincero, es obvio que tenía mala mano para lo del sentimentalismo —por algo había entrado nada más a golpear—; ese maldito problema, pensó, debía de ser de familia. Le enfurecía tanto.

—Deja de minimizarte tanto —pidió Tony con una mueca exasperada y preocupada al mismo tiempo, aunque por supuesto, la última estaba muy bien escondida—. Es increíble lo ciego que estás.

—Por favor, para con tus bromas —pidió Steve con repentino malhumor.

—Capi, usted siempre piensa lo peor de mí —suspiró Stark, haciendo una mueca. Thor se adelantó varios pasos y le puso una mano en el hombro a Steve, que se viró rápidamente a verlo, con un gesto de alerta en la mirada; en otras circunstancias, él se habría echado a reír, pero ahora no.

—Steve —llamó en voz baja—, al menos habla con él.

Tony se apartó de ahí, como si estuviera irrumpiendo en algo muy íntimo. Sacó el teléfono y se lo puso al oído, hablando con rapidez durante treinta segundos antes de colgar. Steve apenas le prestaba atención, sin embargo, y mantenía la mirada fija en Thor. El hijo de Odín se estaba preguntando si acaso llevar a Steve donde su hermano sería lo indicado, pero le bastó recordar la noche anterior para decidir que incluso sería a la fuerza.

—Muy bien, señores —interrumpió Tony, justo cuando Steve abría la boca para contestar—. Todos sabemos cómo terminaría esto, así que, he llamado a Jarvis y él vendrá acá por nosotros. ¡Iremos directo a la casa de Odín! —Lo último lo dijo con pose de súper héroe, a los que ambos rubios solo hicieron una mueca de preocupación; tal vez, el desayuno a la Capi de hoy realmente quemaba el cerebro.

0*0*0

"Todos sabemos cómo terminaría esto", repitió Steve mentalmente mientras miraba por la ventana de la limosina. Estaba incómodo en tan ostentoso lugar, al contrario de sus dos amigos, que parecían desenvolverse en su propio hábitat, sintiéndose tan aliviados como para prender la gran televisión y conversar sobre el partido de futbol americano. Por otro lado, él apenas le prestaba atención. "Todos sabemos cómo terminaría esto"… maldita sea, ojalá y fuera así.

En realidad, no sabía cómo lo habían convencido de subirse a la limosina, pues eso significaba que iría a ver a Loki y no sabía qué tan preparado estaba. El corazón de por sí le latía con dolorosa fuerza en el pecho y resultaba extraño y fuera de lugar su deseo por ponerse a correr por las calles, solo para sentir que la sofocación era justificada.

Cerró los ojos, pero en todo el camino no logró ni relajarse o quedarse dormido. Lo único que consiguió realmente, fue evocar desde sus memorias el sonido de la voz de Loki mientras él acariciaba su cuero cabelludo, con delicadeza, con lentitud. Aquella primera noche que se entregaron el uno al otro y Steve se le quedó mirando indeterminado tiempo, esperando por el momento en que el moreno alzará la mirada hacia él y le ofreciera una de sus sonrisas. En ese entonces, la sensación de asco que tenía de sí mismo logró desvanecerse en casi su totalidad y lo único que llegaba a preguntarse era cómo mirar a Loki después de esto. ¿Qué podría saber él si siempre ocultó su atracción hacia los hombres, renegando todo cuanto pudiera tener que ver con el asunto? Él nunca había hecho algo como esto. Nunca se imaginó haciéndolo.

—Loki —llamó entonces mientras las sombras todavía los engullían a ambos. El joven Laufeyson se removió y soltó un suspiro, emitiendo un ruido gutural para hacerle saber que lo estaba escuchando —, ¿estás despierto?

—Ajá —respondió Loki con un quedo murmullo—. ¿Qué sucede? —Añadió justo después, al ver que Steve ya no decía nada. El moreno se giró hacia él y Steve se sintió nervioso al tenerlo cara a cara; el rubor que se instaló en sus mejillas lo golpeó con tanta fuerza que por poco retrocede y cae de la cama. Acaso pudo haber hecho una mueca, porque Loki frunció el ceño y las arruguitas en su frente se hicieron notorias, no como una muestra de desprecio o molestia, sino casi, con una especie de preocupación latente—. ¿Me vas a decir que ya estás arrepentido, Rogers? —Su tono delataba burla, pero muy en el fondo, Steve supo que escondía algo más. Lo desechó rápidamente, intentando no hacerse demasiadas ilusiones.

—¡Para nada! —Exclamó, sentándose como un resorte, asegurándose de que las sábanas continuarán cubriéndole de la cintura para abajo—. Jamás me arrepentiría de algo como esto.

Loki le miró desde abajo y esbozó una sonrisa divertida.

—¿Qué sucede entonces? —Preguntó unos momentos después. Steve se ruborizó aún más, con el único deseo de esconder el rostro entre las sábanas, sin embargo, los ojos esmeralda del otro esperaban por una respuesta y, cómo no, él no podía negársela:

—Solamente quería decir tu nombre —murmuró Steve y en un acto impulso, le puso la mano en el rostro. Loki pareció sorprendido y posiblemente, también hubiera tratado de alejarse, pero simplemente se le quedó observando en silencio—. Loki.

El moreno cerró los ojos y luego alzó su mano para ponerla sobre la suya; las temperaturas de sus cuerpos contrastaban en gran medida, pero a Steve le gustaba lo frescas que se sentían las del hijo de Odín. Sonrió por instinto, sin importarle lo estúpido que se viera.

—No me despiertes para esas tonterías, Steve —le dijo el otro y de inmediato, como respondiendo a las palabras, el corazón del rubio se disparó con una descomunal fuerza; esa era la primera vez que Loki le llamaba por su nombre de pila—. ¿Qué hora es? —Preguntó justo después. A Steve le pareció que tardaba horas para voltear la cabeza al buró donde descansaba su pequeño reloj y miraba la hora.

—Apenas darán las dos de la madrugada —respondió con la voz ronca. Loki chasqueó la lengua y dejó que su mano resbalara de nuevo a la comodidad de las colchas—. Siento haberte despertado.

—Bueno —el moreno lanzó una especie de risa sorda—, no estaba dormido. Ya te lo dije.

Steve se mordió el labio inferior y se recostó lentamente, tratando que la desvencijada cama no rechinara demasiado. Loki no se movió, simplemente respiraba profunda y tranquilamente. La imagen de su espalda desnuda mientras se movía de arriba abajo al ritmo de su respiración, le producía a Steve una quietud asombrosa en esa parte de su cerebro que le pedía a gritos reaccionar ante lo que acababa de pasar entre los dos. Le decía que, mientras pudiera, echará a correr lejos del joven Laufeyson, pues no recordaba la última vez que se sentía tan lleno de vida. No desde la muerte de su amigo Bucky en aquel incendio que les arrebató el hogar a muchas personas, así como la vida a otras cinco además de su amigo.

Sintió un retortijón en el estómago, pues la sensación de pérdida todavía permanecía con él. Bucky fue el primer chico por el que se sintió ligeramente atraído, y a sus once años por supuesto que eso le había asustado, pero tuvo la suficiente voluntad para permanecer en un recato absoluto, de tal manera que nunca nadie se dio cuenta de su condición. Cuando Bucky murió y él se presentó al funeral, el dolor era grande y la sensación de soledad hacía que el mundo diera vueltas y vueltas, como en un carrusel. Pensó que desde entonces, trataría de controlar sus sentimientos lo mejor posible, para que nadie viera cuán afectado estaba por perder a alguien como el castaño; un dolor que iba más allá de la simple amistad.

Frente a frente con Loki, se veía incapaz de lograr hacer algo parecido. Tenía la estúpida necesidad de mirarlo todo el tiempo y de alguna manera, cada vez que éste le entraba en contacto visual, Steve tendía a actuar de la forma más torpe que existiera en el planeta. En su cabeza, la voz de Bucky se burlaba de él por no ser capaz de organizar cómo dar un paso delante del otro, ya que en muchas ocasiones terminó resbalando o dando traspiés al encontrar mirada con Loki.

Siempre creyó que él solo pensaba que era un verdadero estúpido sin remedio; al ver a Loki recostado a su lado, sus pensamientos se atropellaban con tal velocidad que era una tarea imposible organizarlas lo suficiente para que se entendieran. No obstante, le rodeaba esa tenue felicidad que no se apagó hasta que al despertar, Loki pareció pertenecer a un sueño lejano y distante.

Cuando se encontraron de nuevo en la escuela, Loki le dijo que ya tenía un proyecto mucho mejor que el del día anterior. Sin embargo, se lo dijo con la misma frialdad que si se dirigiera a cualquiera; la decepción en el rostro de Steve no se hizo esperar.

Dos días después, Loki abandonó su típica visita a la biblioteca en hora del almuerzo y accedió, disque de mala gana, a sentarse con los amigos de Thor. Se acomodó al lado de Steve y dejó su charola en la mesa. Steve recordaba con un tanto de emoción los escasos momentos en que, teniendo las manos sobre el comedor, Loki rozaba con los nudillos sus manos. El rubio apretaba el estómago con fuerza, endureciendo la expresión con la esperanza de que nadie se diera cuenta de lo que pasaba en su cabeza —con eso de que resultaba un chico muy transparente debía tener cuidado—. Por otro lado, el moreno apenas si parecía darse cuenta de la tensión.

Thor sugirió ir a jugar algo, a lo que Tony y Clint se apuntaron de inmediato. Loki negó con la cabeza y nadie le convenció de nada; Steve, que estaba a punto de aceptar la propuesta con tal de alejarse un poco, fue interrumpido por el moreno:

—¿Entonces me quedaré solo? ¿Para eso me sacaste de la biblioteca? —Le reprochó a su hermano.

—Tú no quieres jugar, Laufeyson; no es nuestra culpa —recordó Tony. Steve negó con la cabeza.

—Está bien. No tengo muchas ganas de jugar —declinó. Los demás permanecieron observándole, un tanto incrédulos—. Vayan ustedes —servía que arreglaba la situación con el hermano de Thor, añadió mentalmente y respirando profundo, les dedicó una apenas perceptible sonrisa. Los tres amigos se miraron y, encogiéndose de hombros, dijeron ir a buscar a Natasha para que hubiera más jugadores y salieron disparados en pos de la joven.

Una vez solos —bueno, en la mesa, puesto que todo el patio escolar era un gentío de chicos corriendo y gritando—, Steve bajó la mirada.

—Loki… —llamó y entonces, escondió las manos debajo de la mesa, para estrujarlas y deshacerse de los nervios. Antes de poder añadir nada más, el moreno imitó su gesto con una mano y buscó una de las de Steve. El rubio se tensó y dejó escapar una especie de bufido que lo dejó sin aliento entretanto, Loki entrelazaba sus dedos—. ¿Qué…? —Preguntó atónito, sin volver la mirada al joven Laufeyson; sentía como si le estuviera a punto de dar una deficiencia respiratoria. Loki no lo soltó, pero también pareció tensarse al momento. Empezó a hacer un ademán de soltarlo, pero en cuanto Steve sintió que sus dedos empezaban a deslizarse para escapar de los suyos, los volvió a atrapar; apenas la punta de los dedos.

—Empezaba a pensar que ya te arrepentías —murmuró. Steve negó con la cabeza.

—Yo nunca me arrepentiría.

Loki le miró con esos increíbles ojos esmeraldas y una media sonrisa entre altanera y aliviada. Durante el resto del descanso, estuvieron ahí en silencio, simplemente sosteniendo sus manos y escondiéndolas de todos. Aquella noche, fue la primera que Loki volvió a su departamento para estar juntos. Ya se había formado ese acuerdo tácito; ya ambos estaban condenados.

Cuando en el presente, Steve volvió a abrir los ojos, Thor y Tony estaban en un desacostumbrado silencio; ambos apartaron la mirada al instante en que él se volvió consciente de su presencia. Parecían saber exactamente lo que estaba pensando, pero eso no le sorprendía en lo absoluto.

—En diez minutos llegaremos —indicó Tony, mirando por la ventana—. Así que, trata de relajarte Steve.

¿Cómo le pedía eso? No se le ocurría peor sugerencia. ¿Se había quedado dormido o por qué aquellos recuerdos le consumieron tres horas de viaje con tanta rapidez? ¿Qué se supone que iba a decirle a Loki una vez que estuvieran frente a frente?

—Esto no es una buena idea —murmuró. Thor sonrió de medio lado.

—¿Y cuándo tenemos algo parecido?

—Pues, perdóname, pero a mí me sucede eso muy seguido —intervino Stark—. Y estoy seguro de que esto saldrá bien.

Sí, como no.

Ojalá y Steve hubiera hecho caso de su intuición.

0*0*0

El sonido de la puerta principal cerrándose rompió con las ensoñaciones de Loki, que inmediatamente se esforzó en mirar hacia el umbral de la puerta de la sala, esperando que la figura del recién llegado apareciera en su campo visual. Le pareció una eternidad hasta que por fin, Thor se hizo presente, girando la cabeza de un lado a otro, como si estuviese buscando urgentemente con qué apagar un fuego. El moreno hizo una mueca; desde la noche anterior las cosas habían estado muy tensas entre su familia y él, por lo que en menos de veinticuatro horas, sentía que hubiese transcurrido con la lentitud de una eternidad.

No había ningún sonido en la gran estancia; desde hace rato, Odín le había puesto "mute" a la televisión, y no sabía si la llegada de su hermano mayor lo aliviaba o le ponía de peor humor. Cuando Thor le vio y esbozó una de sus enormes sonrisas, Loki sintió que un escalofrío le bajaba por la espalda. Odín y Frigga se miraron extrañados, pero se quedaron en silencio, por lo que de alguna manera sí le aminoró los nervios.

Thor se giró hacia atrás.

—¡Sí está! —Exclamó entusiasmado el rubio. Odín se puso de pie, haciendo gala de esa imponencia y elegancia tan propia de él. Después de decir eso, su hermano mayor se volvió hacia su familia—. Padres, Loki tiene un asunto urgente que resolver.

—Ahora mismo estamos hablando con él —señaló Odín, frunciendo el ceño y peinándose los encanecidos cabellos. El moreno sintió que la respiración se le iba cuando apareció Tony Stark, jalando del brazo de una tercera persona, a la que inmediatamente identificó. Se puso de pie como un resorte, casi soltando un alarido de dolor, como si le hubieran dado un puntapié. Negó con la cabeza, enmarcando un gesto amenazado.

—Basta, Tony —pidió la voz de Steve y Loki casi suelta una sarta de groserías. Quiso esconderse en el agujero más pequeño del planeta y desaparecer para siempre; sus ojos estuvieron a punto de llenarse una vez más de lágrimas, presos de la desesperación y el coraje contra su hermano—. Por favor, paren.

—Señores —dijo Tony apareciendo con su pose de absoluta seguridad, su cuerpo erguido y altanero—. Es urgente que permitan a mi amigo hablar con su hijo —agregó con solemnidad mientras inclinaba la cabeza. Loki se quedó mirando a Thor durante varios segundos y luego volver su atención a Steve, que agachaba la cabeza, completamente rojo y avergonzado; parecía que le hubieran traído a la fuerza, y por alguna razón, eso le dolió un poco—. Lo siento, pero es algo que deben atender rápidamente.

Odín apretó la mandíbula y Thor empujó a Tony con una mano.

—Callado. Deja que Steve hable, por todos los Cielos. —Murmuró y luego deshizo el agarre del castaño para con el rubio y lo acercó lentamente a la sala. Éste miró al empresario con sumisión, pero luego de pasar saliva, alzó la mirada con firmeza; Loki se dio cuenta del brillo que habitaba dentro, como un fuego azul, mortecino y vivaz al mismo tiempo. No pudo evitar sentirse… feliz.

—Buenos días, señores Laufeyson —dijo Steve, haciendo una pequeña reverencia con pose de firmes—. Mi nombre es Steven Rogers, y lamento mucho irrumpir de esta manera en su casa… —el rubio se detuvo parar dirigirle una fugaz mirada—, pero quisiera que me permitieran hablar con Loki. No es demasiado tiempo —añadió, observando a los dos mayores—. Es cosa… de unos minutos.

Frigga pareció meditarlo, mientras que su padre, con la única ceja arqueada, parecía que fuera a mandarlo muy lejos. Loki le dirigió a Odín una mirada donde juntaba muchas palabras silenciosas. Sin embargo, como siempre, éste pareció pasarla por alto.

—Estamos en un asunto importante —sentenció el anciano, sin variar en su expresión. Thor se adelantó un par de pasos.

—Padre, por favor.

—¿Por qué es tan urgente, lo que quiera decirle el joven Rogers a Loki? —Cuestionó—. Nosotros hablamos de una crisis familiar que…

La mirada desairada de Steve, combinada con los días tan horribles que padeció, hicieron que Loki empezará a avanzar hacia él y, ante la mirada atónita de todos, lo cogiera de la muñeca y le sacara de la estancia con un paso apresurado, tan rápido que durante un instante le pareció que sus pies iban a enredarse el uno con el otro e iba a tropezar; no podría hacer una cosa más patética que esa, pensó con molestia, pero él no se permitió siquiera mirar hacia atrás, desde donde sus padre lo llamaba. Si lo pensaba bien, Loki sabía que su obligación era soltar a Rogers y obedecer a Odín, pero tenía la cabeza demasiado en otro sitio. O quizá, se dijo, lo tenía justo en el lugar preciso.

Pensó en salir al bosque, allá donde tal vez —y solo tal vez—, no pudieran encontrarlos, pero para cuando se dio cuenta, ya giraba repentinamente hacia las escaleras y las subía, con Steve siendo arrastrado sin que pareciera oponer resistencia, pues no acababa de creérselo todavía.

—¡Loki, explícame qué sucede en este instante! —bramó Odín, y a Loki le dolió un poco darse cuenta de que le importaba una mierda lo que le exigiera su padre en esos instantes; apenas ahora, al ver a Steve, se había dado cuenta de las terribles ansías que le carcomían por estar con él. Se sujetó del barandal cuando calculó mal su paso y casi tropieza con el escalón. Sintió la firmeza de Steve y acaso, eso fue lo único que le impidió caer—. ¡Loki!

El de ojos verdes le ignoró. Cuántas veces le había fallado a su padre, incluso esforzándose por hacer todo bien… ¿qué mal podía significar que eso empeorará un poco más?

—Espera, Loki —tartamudeó el rubio, pero para entonces, Loki entraba en su habitación y lo metía dentro de ella con un jalón violento. Steven dio varios pasos antes de recuperar el equilibrio y enderezarse; para entonces, el moreno ya cerraba la puerta con violencia. Corrió el seguro y se viró para observar al otro hombre, que parecía atónito con sus ingenuos ojos azules abiertos de par en par, como si estuvieran a punto de salirse de sus cuencas—. ¿Qué estás haciendo?

Respirando agitadamente, como si hubiera corrido kilómetros y kilómetros, Loki esforzó una mueca de disgusto que no llegó realmente a sus ojos. Ahí estaba Steve; no sabía para qué habría venido, pero él se sentía absurdamente feliz de tenerlo delante, ahora, como si no hiciera falta más que estirar la mano para estar más cerca que nunca, incluso aunque los separaban un par de metros.

Le molestaba esa distancia, así que con paso decidido, caminó hasta donde el rubio, le echó los brazos al cuello y le plantó un beso en los labios. Steve emitió un ruidito sorprendido y un gemido adolorido por el impacto del cuerpo de ambos mientras Loki arrugaba la nariz y se pegaba más y más a su cuerpo, intentando traspasar aquellas cosas que, sin ser físicas, se mostraban como obstáculos entre ambos. Sin embargo, lo primero que notó fue que Steve intentaba alejarlo, tomándole de los hombros y empujando suavemente. Logró separarlos un segundo antes de que el moreno volviera a empujarse, alcanzando de nuevo los labios del rubio, que se habían abierto para pronunciar su nombre.

La forma en que le hicieron le dejó en claro a Loki que podía continuar, que podía seguir forzando esa caricia… porque bueno, no se trataba de ninguna imposición. Las manos de Steve empezaron a recorrer sus hombros, haciendo que cada parte que rozaba empezará a arder intensamente hasta que al fin, Roger alcanzó su cintura y enredó los brazos entorno a ella, atrayéndolo con esa combinación de fuerza y delicadeza que siempre tenía con él, pero que de momento, lo atrapaban de la misma manera que la primera vez en una sensación placentera que le hizo ahogar un gemido gutural entretanto ambos se acoplaban a las exigencias del otro.

Si alguien hubiera tirado la puerta en ese preciso instante, o si de pronto hubiera una catástrofe, Loki creyó que no sería suficiente para salir de esa pequeña burbuja. ¡Mierda, mierda! ¿Por qué pensaba todas esas cosas absurdas? ¡Ese no era ni remotamente su carácter! ¿Qué clase de maldición le había caído? ¿Por qué Dios se equivocó tanto con él?

Entreabrió los ojos para ver el rostro de Steve, como siempre lo hacía. Le gustaba la tranquilidad que tenían los rasgos del rubio justo en aquellos momentos en que estaban juntos, como si él también pensara que estos efímeros instantes le quitaban un enorme peso de encima.

Le pasó una de las manos por la nuca, despeinándole un poco en el proceso mientras empezaba a caminar. Steve retrocedía lentamente, con cuidado, sin dejar de besarlo ni perder el ritmo pese a lo atónito que aún parecía momentos antes. Loki le empujó de espaldas en la cama y lo siguió después, echándose encima con las piernas abiertas para dejarlas cómodamente a ambos lados del rubio, acorralándole lo mejor posible antes de mirarlo desde arriba con los ojos enturbiados, pasándose la lengua por los labios y disimulando un enojo que no sentía para excusarse de tener la respiración agitada por la felicidad que le golpeaba cada parte de su cuerpo con intensidad.

Steve tragó saliva y le miró a los ojos. También respiraba entrecortadamente, con el pecho subiendo y bajando igual que si hubiera corrido una maratón; sus mejillas estaban tan rojas que le fue casi imposible no sonreír por instinto.

—Te amo —soltó Steve en un susurro quedo, ronco y que sin embargo, alcanzó sus oídos para que esas palabras resonaran con ímpetu dentro de las paredes de su cerebro; él disfrutaba escucharle decir aquello, y sin importar qué, se sentía exactamente como la primera vez que se las murmuró al oído, como algo nuevo, cálido, extraño, sincero…—. Loki —ese era el momento para responderlo, ya lo sabía, pero aun así, su lengua se congelaba y nada de Lengua de Plata le quedaba dentro. Steve, que como siempre parecía aceptar su silencio como una respuesta, alzó el brazo y le puso una mano en la barbilla, resbalando las yemas de los dedos con lentitud hacia su manzana de adán, donde sintió que se estremecía de un súbito deleite—, te amo demasiado.

—Yo… —empezó a decir y entonces, escuchó los gritos de su padre al otro lado de la puerta mientras aporreaba a ésta. También podía oír a su hermano, su madre y al idiota de Tony. La mano de Steve cayó al colchón de la cama y él se volvió hacia él. El rubio frunció el ceño, enmarcando un gesto duro en la mirada.

—No voy a obligarte a decidir —indicó Steve—. Yo sé cuán importante es para ti la opinión de tu padre, y lo entiendo. No quiero hacerte daño… Loki, piénsalo bien: No soy nadie, no tengo nada para ofrecerte además de mis sentimientos, los que a propósito, ambos sabemos que pocas personas ven como algo normal y/o bueno. —El rubio se apoyó en los codos para enderezarse y entonces, mientras lo contemplaba, notó los moretones del rostro—. Te amo, algo así nunca va a cambiar. Pero es precisamente por eso que he decidido que no voy a arrastrarte a un mundo donde no pudieras estar bien.

Loki se le quedó mirando, con la boca semi abierta. Sintió nuevamente como si su corazón se le partiera en dos, pero acaso logró, como siempre había sido propio de él, borrar la expresión adolorida de su rostro. Luego pensó que era patético que ahora, cuando sentía tanto dolor, las lágrimas no salieran expulsadas de sus ojos; justo después comprendió que era justamente porque la agonía era tan grande que algo como las lágrimas estaban vetadas de darle alivio, de expresar cuánto sufría ahora.

—Steve —susurró con apenas fuerza en la voz—, no digas eso.

En la puerta, los golpes se terminaron; ya no se escuchó nada. Quizá por el zumbido en los oídos, tan fuerte que debió evitar reaccionar a sacudir la cabeza.

Al volver sus ojos a Steve y entrar en contacto visual, el aire se le escapó.

Ahí en la mirada del rubio se leía precisamente cuánto había intentado retenerlo, cuánto le dolía también estar diciéndole algo parecido. De la misma manera, se leía lo mucho que intentaba comprender su situación y la resignada aceptación que bailaba en su rostro. Steve sabía más que nadie acerca de cuánto había esforzado toda su vida para escuchar a su padre decir que estaba muy orgulloso, para que lo reconociera como un igual a Thor. Eso, y que los demás lo tratarán diferente a siempre, eran lo que Loki siempre había deseado en toda su vida.

De aceptar los sentimientos que guardaba por Steve, de antemano se podía despedir de mejorar la relación con su padre. Pero… ahorita, justo en este preciso instante, algo cambió en su interior. Estaba asustado, por supuesto que sí, y aun así, de pronto se preguntó qué estaba haciendo con su vida. ¿Siempre iba a fingir? ¿Llevaría su don de la palabra más allá de lo imposible solo para intentar convencerse de que todo iba a la perfección? ¿Cómo pudo vivir cuatro años escondiendo a Steve? ¿Cómo podía gritarle mudamente que lo amaba y esperar que eso funcionara? ¿Cómo se le ocurrió siquiera que esa era la manera de ser feliz? ¿Por qué siempre debía aprender todo por las malas?

El rubio tomó sus muñecas y las apretó un segundo antes de sonreírle tristemente.

—Por favor —pidió Steve—, olvídame.

Loki frunció el ceño, encabronado. El malhumor se le disparó en un segundo, tanto porque estaba enojado consigo mismo, como con Steve y el resto del mundo. Siempre había creído que necesitaba ser amado por todos, igual que su hermano y nunca dejó de pregonar su decepción, sus celos. ¿Qué necesidad había? ¡Vergüenza debería de darle pensar que algo iba a cambiar! Él era una persona odiosa, era consciente de que no se acercaba ni remotamente al modelo ejemplar al que aspiraba, y que nunca sería. Y Steve lo sabía, pero aun con todos sus defectos —que no eran pocos—, lo quería.

Él no quería pertenecer a ese mundo donde Rogers pretendía dejarlo. Quería pertenecer al de Steve, compartirlo y vivirlo. Ser amado por la única persona que él amaba más que a nadie, que no le pedía nada a cambio y le entregaba todo.

Negó con la cabeza.

—¡Te amo, Steven Rogers! —Gritó, apenas sin pensar (por supuesto, de qué otra manera se atrevería)—. ¡Y estoy orgulloso de eso! No voy a dejarte… ni quiero que me dejes. Lamento haberme tardado tanto en descubrir cuán poco me importa lo demás sino estás tú. —Hizo una pausa y zafándose del agarre del otro, se llevó las manos al cabello y se lo despeinó—. Cielos, qué estúpido me siento hablando así… pero… —hizo una pausa—. ¡Te amo!

¿Qué no podía decir algo más?

—Loki… espera. No estás pensando bien, no estás escuchándome.

Los ojos verdes le destellaron y apretó la mandíbula.

—Me falló a mí mismo más de lo que decepciono a mi padre; soy una desgracia, una decepción y una vergüenza para ellos, y eso no va a cambiar nunca, porque sin importar cuántas veces digan que me quieren, todos sabemos que jamás voy a pertenecer aquí. No quiero. —Las manos de Steve se asentaron en su rostro, negando con la cabeza.

—No sigas. —Le pidió—. Yo…

—¡Cállate! ¿O acaso vas a fingir que separarnos es lo que quieres? —Steve volvió a negar con la cabeza—. Deseó luchar por estar contigo.

Le parecía que no terminó de decir esas palabras antes de que el rubio le sujetara de la nuca y lo volviera a besar. Ahí estaba, la explosión de sentimientos en su interior. Ahí estaba también el único lugar donde sabía que quería permanecer. Nadie le iba a arrebatar eso; lo defendería con uñas y dientes.

Un día, despertaría con Steve encanecido y de edad avanzada. Sabría que la lucha valió la pena y logró lo único que su corazón quiso siempre.

Entonces, podría sonreír y cerrar los ojos en paz.

CONTINUARÁ.


(x3) ¡Ahí está~! (=w=) Cielos, no tienen idea de cuántas veces escuché determinadas canciones del repertorio en mi celular cuando veía que me daban un poco de inspiración ( ), en serio que hubo un momento en el más absoluto silencio, podía escucharlas como si las oyera a tiempo real (xD). De cualquier modo, espero que las canciones hayan hecho bien su trabajo y les haya gustado el capítulo de hoy (uwu).

Les vuelvo a reiterar mis gratitudes y adelanto más de ellas para cualquiera que dejé un comentario (QwQ).

Entonces, me despido queridas sempais (owo). Sigan teniendo un buen(a) día, tarde o noche (nwn)/