¡Buenas, sempais! Me alegro mucho de poder pasearme de nuevo por este fic, todo gracias a sus encantadores comentarios que motivaron, como siempre sucede con una escritora (uwu), la continuación de esta pequeña idea Stoki que, con el capítulo de hoy, encuentra su final (owo). Agradezco infinitamente a las personas que se animaron a dejar review, pues sé que esto se vio muy OoC, un poco fuera de lugar, etc. (ewe) De cualquier manera, me permito recordarles, a todas aquellas personitas a las que gusto mi humilde forma de escribir, que la siguiente idea ya está empezando a tomar forma en mi cabeza (xD), por lo que espero no tardarme mucho en publicar la segunda forma en que mi imaginación decida juntar a estos dos adorables personajes (x3)
Como siempre, primero los agradecimientos:
ilyasha77: Mil gracias por comentar, sempai (xD). Lamento haberte espantado, pero me alegra que pienses que le doy vida a los personajes; sinceramente, es la meta de toda escritora y en lo personal, me hace infinitamente feliz escucharte decir que lo estoy logrando (TTwTT). Si te confieso un secreto, por un momento se me paso por la cabeza algo parecido como lo del acantilado, pero la tragedia no me sonaba mucho... bueno...sí, no... tal vez (:D)...en fin, me alegro que te haya gustado y de la misma manera, espero que las siguientes extrañas ideas que me vengan, sean de tu agrado, pues gracias a ti (y a los otros que comentaron), me siento motivada de continuar explotando las ideas para esta pareja. Mi te agradece mucho (o3o)
KariDz: No se me ocurre por donde empezar (.w.U)... ¡Oh, ya sé! (x3) Odín sabe, y ahora tu también (xD), que tus palabras estuvieron por sacarme una lágrima de felicidad, y me hiciste saltar de emoción. Pero aclaro, yo nunca he querido matar a sempai (owo), porque... bueno, ¿por qué mataría a quien me deja comentarios que me hacen sonreír? Con tremendos días que he tenido, leer tu comentario fue como encontrar un vaso en medio del desierto... en serio (xD). Desde el fondo de mi corazón espero leer de nuevo que el capítulo te ha gustado, ya que, como digo, es el último de esta mini serie (owo).
AkatsukiDrak: A ti, sempai (ya te lo había dicho, pero lo reitero), te debo que este fic solamente no se abandono al principio por tu comentario (TTwTT), te estoy eternamente agradecida (owó). Me alegra que el capítulo te haya gustado, y espero que de nuevo lo encuentres digno de tu tiempo y tus comentarios. No lo sé, en mi caso es un tanto fácil escribir respecto a los sentimientos de Loki porque últimamente, me sucede un poco, aunque en mi caso es mi hermano menor (._.U)... creo que de alguna manera, el cariño que me he desarrollado por este personaje es debido a la terrible complejidad de sus sentimientos respecto a su familia. Pero si alguien es capaz de arreglar todo eso, es el buenazo de Steve (:D)... no dejaré de pensarlo (xD) ni tratar de escribirlo.
Soontoclosethisaccount: Miraba el maldito epílogo desde hace casi dos horas y media, y nada más ver que me honraste con un comentario, hizo que mis manos se empezarán a mover -espero que para bien- (x3). Mil gracias por comentar, sempai (*w*)... y decir que esta bien hecho, me hizo muy, muy feliz. Pero no se diga como leer que ya habías continuado tu historia -creo que me preparaba para otra ausencia larga, me alegra ver que no fue así (xD)... y no tienes idea de cuánto (.w.)-. Yo también odio a mucha gente asgardiana (7-7), y Sif encabeza la lista (xD). Espero realmente que te guste el capítulo y las ideas que vienen (nwn)/, para seguir teniendo la oportunidad de leerte en un review, porque siempre me hace sentir bien recibir comentario de una de las causas por las que me vuelvo fan de algunas parejas (:D)
Y luego de esto, les dejo el capítulo:
4
-/-Destino-/-
Para quien encontró felicidad
.
El aliento de Steve le golpeaba suavemente el rostro y Loki respiró profundamente, ahogando un poco de los miedos que todavía se arremolinaban en la boca de su estómago, como puñetazos que le quitaban el aire y le impedían disfrutar del todo esa placentera y suave sensación de que el rubio le acariciara el rostro de esa manera, pasándole las yemas de los dedos con cuidado sobre la barbilla y los pómulos. Se estremecía ante el contacto; no podía parar de desear la cercanía de Steve.
La libertad, el alivio que sentía por al fin haber cruzado esa línea tan gruesa que los separaba y comprender cuán sencillo habría sido dejarse llevar, permitir que su corazón fuera tocado por los murmullos del otro, que siempre estaban ahí para repetirle lo mucho que le amaba, sin necesidad de que él hiciera nada. Recordaba todas las palabras que le susurró Steve desde el primer día, pensó dejando escapar una sonrisa, y en ninguna de sus memorias tuvo que esforzarse por ser alguien que no era, por dar más de lo que podía. Rogers siempre estaba ahí para abrazarle y contemplarlo como si fuera la cosa más hermosa del mundo, cosa que distaba mucho de ser una verdad.
El calor empezó a invadir su pecho, con la misma fuerza delicada que sucedía cada vez que estaba cerca de Steve. Allí donde las manos del otro le tocaban, comenzaba a sentir un hormigueo que le infundía una terrible seguridad de que las cosas les saldrían bien, aunque posiblemente esa era la mentira más grande que podía decirse a sí mismo.
Intentó no pensar demasiado en ello, porque era inútil empezar a preguntarse cuál sería el final. Se dedicó mejor a percibir lo mejor posible las caricias de Steve, el susurro que pronunciaba entre un beso y otro, llamándolo como si él pretendiese alejarse de nuevo. Loki tragó saliva y exploró los labios del rubio igual que la primera vez que fue consciente de cuánto necesitaba su cercanía. Parecía, en este momento, como algo nuevo y extraño que ambos desconocían; como un fuego helado que abrasara sus cuerpos mientras exploraban sus propios sentimientos y probaban los del otro.
El corazón le latía con fuerza dolorosa en el pecho y el chasquido de sus labios contra los de Steve se quedó muy lejos de su conciencia, acaso como si no estuviera pasando nada. La unión que se estaba dando ahora, la sentía como algo que distaba de ser más físico que emocional. Se dio cuenta entonces, de que siempre había estado apoyándose en Steve, y que este preciso momento, fue el único por el que estuvo esperando.
Aquella primera noche, al despertar a un lado de un Steve profundamente dormido, no fue la primera vez que se detuvo a observar con atención las facciones del otro. En ese entonces, Loki se permitiría decir que Steve era un enclenque, y el más torpe que hubiera conocido jamás, sin embargo, él se sintió fascinado desde el primer momento en que Steve le dirigió una de sus tímidas y sinceras miradas. Había algo distante en el chico que le hacía sentir cierta curiosidad, como cuando mientras iba caminando y tropezaba o cuando estaba sentado con su hermano y él pasaba, saludándolo con un tartamudeo apenas perceptible.
Loki nunca pensó que se podría amar tanto a otra persona, mientras una suave sonrisa se empezaba a formar al verlo esa noche. Había deseado quedarse horas observándolo, en una de esas contemplaciones que en realidad nunca podía llevar a cabo porque muy en el fondo, era demasiado inquieto para hacerlo.
Era una sensación aplastante y placentera la que tuvo cuando rozó la mano de Steve con la suya, como intentando entrelazar sus dedos sin despertarlo. Y luego de regresar a su casa, estuvo dando vueltas una y otra vez, pensando tan atropelladamente que no alcanzaba a diferenciar una idea de otra. Sin embargo, reconocía a Steve en casi todos sus sueños despierto, entretanto un absurdo calor le invadía las mejillas. Y por supuesto que tuvo miedo, porque acaso se había equivocado sobre mantener a raya todos sus sentimientos. Le dolía intensamente pensar en lo inaceptable que eran esa clase de emociones por un hombre, en lo deshonroso que resultaría para su familia si se decidía por tomar un camino renegado.
Pero ahora comprendió que buscar la felicidad no era un sendero inaceptable, que cada quién tenía la oportunidad de escoger. Y él no volvería a equivocarse. Estaba harto de jugar a ser la marioneta de los deseos de su padre, de los prejuicios que tenían las personas respecto a este tipo de amor, de los estúpidos intentos de encajar en un mundo donde él parecía desencajar y aún más, porque él había buscado la aceptación de personas a las que sinceramente, odiaba.
Steve le había confesado alguna vez que tenía miedo de descubrir sus sentimientos, pero que cuando lo había conocido, no pudo controlar ni esconder aquello que siempre renegó de sí mismo. Loki debía admitir que se sintió feliz al saber que no era el único inseguro ante la situación, pero de alguna manera se rezago y no logró deshacerse de la aprehensión. Obligó a Steve a ocultar todo y al mismo tiempo, él se guardó todas las palabras que debió decirle desde el principio.
Errar es humano, se dijo mentalmente, lo importante era aprender y mejorar.
Entreabrió los ojos para observar una vez más el rostro de Steve, que mantenía el ceño ligeramente fruncido y que, como si deseara imitarlo, también abrió los ojos ligeramente. Las largas pestañas rubias le acariciaron ligeramente los pómulos. Loki dio una especie de respingo antes de llevar sus manos al rostro del rubio, sosteniéndolo y apretándolo un poco más contra el suyo.
—Steve —jadeó en algún momento, aunque sus oídos estaban zumbando tan fuerte que deseó fuera solamente un pensamiento. Las manos del rubio le rodearon de nuevo la cintura; una de ellas subió por su espalda hasta la nuca, en el proceso haciéndole una caricia que volvió a hacer que se estremeciera. Necesitaba más cercanía. Ya nada de lo que pasara fuera de esa habitación podría importarle.
Steve ya no dijo nada, simplemente se separó. Tenía las mejillas encendidas en ese gesto que le inspiraba ternura al moreno, y los ojos del rubio brillaban con intensidad como dos piedras preciosas. Loki, todavía con las piernas abiertas, se sentó en las de su novio para más comodidad y estar cara a cara, aunque de todos modos, se veía más alto de lo común.
Un par de mechones empezaron a resbalar a su frente y con una media sonrisa, Rogers comenzó a apartárselos.
—Gracias —murmuró entonces ante la mirada cohibida de Loki—. Gracias por quererme también.
Estaba en proceso de decir algo cuando Steve negó con la cabeza. Él le miró dubitativo, llenó de una incertidumbre que hizo al mundo dar vueltas y vueltas, antes de detenerse con las siguientes palabras del rubio:
—Pero eso no va a cambiar nada, ¿verdad? —Se hizo el silencio entre ambos, mientras Steve le iba soltando poco a poco. Loki sintió como si eso no fuera real; todo sucedía tan lento y rápido al mismo tiempo, con el corazón latiendo dolorosamente dentro de su pecho, de tal manera que ahogó un gemido. Trató de negar con la cabeza, pero su cuerpo se sentía tan pesado que no sabía cuántas fuerzas requería para hacer ese simple movimiento—. Loki —continúo, apretando la mandíbula un segundo—, ¿estás seguro de que esto es lo que quieres? ¿El posible rechazo de tu padre? ¿El que yo no pueda ofrecerte ninguna comodidad o aceptación de la mayoría de la gente? ¿De verdad lo has pensado, cómo sería una vida conmigo?
Sí, quiso contestar, lo pensó cientos de veces a lo largo de esos cuatro años. Los primeros meses lo atribuía a su estupidez irremediable e incluso, a su necedad porque lo amaran, a la soledad que sentía lejos de Steve porque él cumplía todos sus caprichos y le repetía hasta el cansancio aquellas palabras cursis y ridículas, pero que sin embargo lo llenaban de algo parecido al regocijo. Lo pensó durante mucho tiempo, imaginándose despertar de los brazos de Morfeo y admirar el rostro apacible de Steve, como cada madrugada antes de irse a su casa… que ya no se sentía como tal sin el rubio.
El problema radicaba en no saber si realmente estaba seguro de querer luchar, de atreverse a dar un salto de fe. Él no era bueno para esas cosas, tenía demasiado miedo de todos, de que le mintieran y le destruyeran. Le costaba un poco concebir un mundo donde Steve y él pudieran estar juntos para siempre, porque de alguna manera, siempre dio por sentado que iba a perder. Para las cosas importantes, Loki tenía la mala tendencia de bajar la cabeza. Sin embargo, ahora que le había dicho a Steve que lucharía por estar con él, no era solamente que se sintiera obligado a no fallar en eso, es que no deseaba otra clase de final.
Cerró los ojos y se inclinó para darle uno de esos besos fugaces a Steve, donde juntaba acaso todos los sentimientos que nunca salían de su boca. Era ese tipo de besos que le daba después de hacer el amor, que guardaban la promesa de volver y el deseo de que el rubio lo recibiera de nuevo.
—Sería feliz —respondió justo después de separarse, con un murmullo apagado. Frunció el ceño, sintiendo cómo se enrojecían sus mejillas. Fue tanta la intensidad que experimentó en los cachetes, que inmediatamente se cubrió la cara con el dorso de la mano y volteó la mirada, ocultando la vergüenza que sentía. ¡Él no hablaba así! ¡Loki Laufeyson no era ningún romanticón absurdo que no supiera cómo manejar los sentimientos que explotaban en su interior! De verdad, odiaba a Steve; siempre sacaba lo peor de él. Bajó la mirada una vez más al otro hombre, considerando que acaso, hablar de sus sentimientos era lo mejor que podría hacer en cualquier circunstancia como esta, porque era necesario e importante—. Yo sería…soy muy feliz contigo.
Steve contuvo el aire y luego lo soltó, sus ojos estaban abiertos de par en par. La sonrisa que empezaba a enmarcarse en su rostro estaba llena de un alborozo que, Loki lamentaba, no podía presumir de haber visto muchas veces.
Estaba a punto de decir algo, Loki lo supo mientras veía que los labios de Steve se separaban, y entonces la puerta de su habitación se abrió de par en par. El moreno se giró en redondo, sin apenas tener tiempo de deshacerse de la comprometedora posición en que estaban ambos. Al final, o fue muy tarde o estaba demasiado atónito para intentarlo, pues se quedó estático al ver la cara de sus padres: Frigga se llevó la mano a la boca, arqueando las cejas y poniéndose pálida. Por su parte, Odín se quedó pasmado demasiado tiempo, examinando con descaro la escena de arriba abajo, como si fueran una especie de exhibición extraña y sinsentido.
El estómago se le contrajo un segundo y creyó que iba a desplomarse, pero únicamente sus labios se movieron, temblando ligeramente. Steve le soltó la cintura y se encogió en su lugar, enrojeciendo hasta la raíz del cabello.
Detrás de los mayores se encontraban Thor y Stark, parpadeando con rapidez. Loki empezó a moverse para bajar de Steve y se detuvo repentinamente. ¿Por qué demonios iba a hacer eso? Ya no servía de nada ocultar algo tan obvio. De cualquier modo, se puso de pie y giró hacia sus padres, poniéndose frente a Steve, que lo miraba entre aturdido e incrédulo. Loki se quedó en silencio; todos hicieron lo mismo. Odín, después de lo que pareció una eternidad empezó a abrir la boca, pero como si le dieran un puntapié, Loki soltó las palabras:
—No voy a casarme con Sigyn —dijo con una firmeza que en el interior, no sentía—. Yo estoy enamorado de Steven Rogers.
El silencio volvió a caer pesado sobre ellos, pero únicamente la mujer llegó a reaccionar más o menos pronto.
—Loki… —murmuró Frigga, sin bajar la mano. La expresión entre atónita y confundida le causó un golpe emocional al moreno, pero se mantuvo tan firme como pudo—. ¿Por qué…?
—¿Por qué soy gay o por qué es a Steve a quien escojo? —Interrumpió—. No me dignaré a ofrecer una respuesta a ninguna cuestión, porque lo ignoro y sinceramente, dudo que importe. —Frigga negó con la cabeza y dejando caer la mano a su costado, se acercó lentamente a ambos. Loki se tensó y estaba seguro de que lo mismo sucedía con Steve una vez que la mujer posó su mirada en él, como analizándolo detenidamente.
El de ojos verdes apenas fue consciente de que su hermano se deslizaba entre la puerta y Odín para acercarse a él y ponerle un brazo sobre los hombros. Tal gesto no era algo que nunca pasara entre ambos, en especial cuando su tonto hermano mayor se la pasaba pregonando su afecto cada dos por tres; sin embargo, se trataba de un abrazo que pretendía mostrarle cuánto lo apoyaba, y sinceramente no supo si considerarse absurdo o nada más azorado. El caso es que de cualquier modo, se sintió remotamente mejor y logró deshacerse un tanto de la aprehensión porque sus padres ya no dijeran nada.
—Padre, madre —intervino Thor, con seriedad—. No pediré que disculpen a mi hermano y a su… —se giró un poco a ver a Steve, que tenía el rostro como un rubí—…novio —terminó, ofreciéndole una sonrisa antes de volver con los mayores—, porque no hay nada qué disculpar. Es normal y si ambos se quieren, no tiene nada de malo. ¡Loki y Steve…!
—Oh, por favor —interrumpió Tony muy bajo, poniéndose la mano en la frente—. Thor, si dices una palabra más, te aseguro que empezaré a dudar cuál de ustedes dos es realmente el gay (no incluyo al Capi, porque ya sé la respuesta). —Stark recibió más de una mirada ponzoñosa, que el otro ignoró con un ademán de encogerse de hombros—. Es la verdad.
—En serio —murmuró Thor, entrecerrando los ojos—, voy a golpearte.
—¿No continuarán con su drama de novela?
—¡Cierra la boca, Stark! —Gritó Loki, moviéndose con rapidez, tomando un cojín y, con una puntería certera que tal vez nadie se esperaba (aunque no tenía por qué sorprenderles), golpeaba al otro justo en medio del rostro. Tony retrocedió un par de pasos y se golpeó la cabeza contra la pared, soltando un alarido de sorpresa más que de dolor. No obstante, Loki presumiría de saber que con tal ímpetu con el que lanzó el objeto, seguramente le habría dolido—. ¡Lárgate, que esto no es asunto tuyo!
Odín y Frigga estaban sorprendidos, no solo por la noticia, sino por el disparate de (mal) sueño que era esto.
—Loki, deberías de unirte al equipo de beisbol —susurró su hermano y, enfurecido, Loki le metió un puntapié.
—¡Tú también, vete!
—¡Pero si estoy de tu parte! —Aulló Thor sobándose la espinilla—. ¿Por qué siempre aquí? —Se quejó en voz baja.
—¡Basta de estupideces! —Gritó Odín, con la voz más fuerte y escalofriante que Loki jamás le escuchó. Thor se enderezó, poniéndose en firmes, mientras que él se encogió en su lugar. Odín avanzó hacia ellos y fulminó a Steve con la mirada; el de ojos verdes no podía verlo del todo, pero Rogers se puso de pie e hizo una pequeña reverencia—. Vete. —Loki se giró rápidamente para decir algo, pero su voz se quedó atorada en la garganta cuando notó que su padre lo miraba ahora, como si leyese su mente. Se volvió al rubio—. Ahora.
Steve apretó los puños y endureció la mirada.
—Señor, yo…
—¡VETE! —Bramó el hombre, con los ojos desencajados—. ¡Lárgate y no te acerques jamás a mi hijo!
—Odín —llamó la mujer, poniéndole una mano en el hombro a su esposo en búsqueda de calmarlo, pero el resultado solamente fue que él se sacudió el gesto con dureza. Thor frunció el ceño mientras que Loki no terminaba de creerle—. Por favor, cálmate.
Tony miraba desde fuera, con la boca abierta. Steve frunció el ceño.
—Accedo a irme ahora, pero no voy a acatar lo segundo —no tienen la maldita idea del alivio que le produjo escuchar eso a Loki—; amo a Loki.
—Si lo amas enserio —dijo Odín entre dientes, apuntándole con el dedo—, lo dejarás en paz. Creo que eres consciente de cuán mal estará su reputación después si esto llegará a hacerse público.
—¿Qué reputación? —Soltó Loki, al fin acercándose a Steve y poniéndose a un lado—. ¡Como si tuviera una al lado de mi estúpido hermano! ¿Y a ti, cuándo te ha importado lo que haga o deje de hacer? ¡Nunca! ¡Nunca tienes ojos más que para Thor, así que por mí, sigue igual porque no voy a renunciar a Steve!
Odín le miró con los ojos encolerizados, y ante la mirada atónita de todos, alzó la mano y la bajó con violencia, asestándole un golpe en el rostro. Loki se sintió aturdido mientras el anillo de bodas le golpeaba y le partía los labios. Fue tanta la fuerza del golpe, que el joven perdió el equilibrio y cayó al suelo. Aunque Frigga y Thor se inclinaron para ayudarlo, Steve fue el que más rápido se precipitó hacia él y lo tomó por los hombros.
Loki, que no recordaba la última vez que su padre le hubiese golpeado, se sentía aturdido y apenas notaba que Steve lo llamaba. Su voz sonaba demasiado lejana y no lograba, como siempre, abrirse paso en su nublada mente. Lo que le hizo reaccionar fue el punzante dolor, e inmediatamente alzó la mirada hacia su padre.
Cuánta decepción se veía en sus ojos. Cuánta vergüenza de que su hijo fuera un fenómeno y un monstruo. Cuánta desgracia se leía en el gesto contraído de la boca.
Los ojos de Loki se llenaron de lágrimas, pero no derramó ninguna. El peso que le hundía el pecho era fuerte y le sofocaba como el día anterior y aun así, él no hizo amago de pronunciar palabra.
—Así que toda la vida ha sido eso —comentó Odín, girándose al otro lado como si no pudiera mirarle a la cara—. Lárguense ustedes dos —dijo, refiriéndose a Tony y Steve. Thor se enderezó, con la mandíbula apretada.
—No puedo creer que hicieras eso a mi hermano —murmuró entre dientes. Odín le miró.
—Cállate. ¿Tú lo sabías? ¿Por qué nunca lo dijiste? ¡Pudimos haber hecho algo para evitarlo! ¡Tu hermano es un anormal! ¿Tienes idea de cómo nos hará quedar esto? ¿Cómo le hará sufrir a él? ¡Son unos inconscientes que no entienden nada!
Loki miró a Steve, y entonces sí que dudo poder aguantar las lágrimas. El rubio tenía una mueca de tortura mientras le pasaba la yema de los dedos por los labios ya ensangrentados. La respuesta en sus ojos estaba claro al momento en que le besó la frente.
—Perdón —le dijo y se puso de pie. Loki se quedó estático mientras el rubio pasaba a un lado de los padres y salía al pasillo, seguido de Tony que lo llamaba a voz en cuello. Odín alzó la barbilla, como un león que acaba de deshacerse de algún rival. Frigga miraba aterrada a su esposo una vez se agachó a mirar la herida en el rostro de Loki, que seguía sin poder apartar la mirada de la puerta.
De pronto, todo volvía a transcurrir muy lento; podía ver la respiración enfurecida de su hermano, la forma en que las fosas nasales se abrían, y de pronto se dio cuenta de lo mucho que debió parecerse a Odín de joven; su madre le abrazaba con fuerza, pero él ahora se limitaba a contemplar la silueta de su padre, quien al mismo tiempo, evadía las miradas de los otros.
—Hablaremos después —dijo el anciano, volteándose una vez más—, cuando tengas la cabeza en el lugar que tú sabes, le corresponde.
—¡Odín! —Gritó la mujer poniéndose de pie, enfurecida—. ¿Cómo pudiste hacer esto?
—Aquí quien manda soy yo —dijo él en respuesta—. No voy a permitir que por un capricho, todo se venga abajo. Sabes lo importante que es el matrimonio con Sigyn y cuán mal la pasará él en su vida si no se compone.
Si no se compone, repitió Loki en su cabeza, no sin cierta incredulidad molesta. ¿Si no se compone?
—No estoy enfermo —murmuró Loki, sin que ninguno además de su hermano le prestara atención; él comenzó a reír y en esta ocasión, sus padres le miraron atónitos—. ¡Eso es precisamente lo que odio de ustedes! —Su voz salió entrecortada, ronca—. ¡Son una basura de familia! ¡No estoy enfermo, ni tampoco soy un maldito objeto que puedes sacar de la manga cuando te conviene! Me rehúso a casarme con Sigyn. ¡Y también a llamarlos "mi familia"! Por mí, todos ustedes pueden morirse.
—Loki Laufeyson —llamó su padre, pero él se limitó a escupir sangre al piso.
—¿Qué? ¿Vas a golpearme de nuevo o me mirarás con cara de que soy lo peor que pudo pasarte? No me importa. ¡Ya no me importa!
Con grandes zancadas, se metió en el baño de su cuarto y corrió el seguro. Cuánto habría deseado poder escapar por la puerta de su habitación, pero los tres estaban muy cerca para poder esquivarlos y él no pensaba ni rozar sus brazos. Escuchó a Thor y Frigga llamándolo, pero él ya estaba abriendo la amplia ventana que daba a las afueras de la mansión y apoyándose en el wáter para salir por ahí. Como siempre, no costaba trabajo; el problema era pasar a la enredadera que subía hasta el techo por una especie de red de madera blanca. Sin embargo, fuera el coraje o las prisas, ese día resultó condenadamente fácil bajar por ella. Cuando tocó suelo, miró la ventana de su habitación y luego corrió hacia la entrada principal, donde guardaban los autos.
El Volvo SC90 color dorado de Odín era su favorito; siempre había querido conducirlo, pero cómo no, a él eso no se le estaba permitido. Sonrió maliciosamente antes de abrirlo. Su padre dejaba un repuesto de llaves debajo del asiento del copiloto. Las tomó y encendió el motor. Acaso alguien podría escucharlo, pero hizo caso omiso del asunto mientras salía hacia los árboles. Costaba un poco de trabajo entrar a la vereda, en especial porque el auto sí iba más rápido de lo que a él le acomodaba. Pero a la mejor, poco quería conducirlo bien.
Poniéndose el cinturón, dio una vuelta de ciento ochenta grados. Por la ventana de su habitación notó a Thor, que lo miraba como si hubiera leído sus pensamientos y supiera que ya había escapado del cuarto de baño.
—Esta si será una travesura para que te enojes, padre —murmuró Loki mientras hacía retroceder el carro y chocaba la cajuela contra el tronco de un árbol. El sonido y el empujón por la fuerza le aturdieron varios segundos, y para cuando volvió la mirada a la mansión, Thor desapareció de la ventana, probablemente pensando que él no había pretendido hacer eso. Loki hizo avanzar de nuevo el auto hacia delante, y luego volvió a ponerlo en reversa para golpearlo una segunda vez. Ya un tanto satisfecho, volvió al camino y salió con rumbo a la entrada principal. Tal vez, podía alcanzar el carro donde fuera que hubieran llegado los otros tres hombres—. ¡Vamos, maldito cacharro de mierda!
Iba demasiado enojado. Iba demasiado rápido. Y aun así, no iba a alcanzar a Steve.
Miró la puerta principal, que se abría lentamente para recibir algún auto lujoso que no identificó. Él frunció el ceño y apresuró a empujar el acelerador con más fuerza de la necesaria, eludiendo casi a la perfección el otro auto, que fue golpeado con el capó del Volvo. El impacto en realidad no fue suficiente para tener que detenerse, y aunque arrancó parte de la pintura y rayó las puertas color esmeralda del otro, Loki obligó al Volvo SC90 a continuar el camino. No prestó atención a quién le había golpeado; mientras el carro donde iba siguiera funcionando, a él no le importaba nada.
Pensó en la mirada de Steve ahora, y se preguntó si acaso él intentaba decirle que todo estaría bien. Se talló los ojos.
—Te dije que quería luchar por ti —siseó, colérico—. Ya no quiero vivir nunca más ahí.
A lo lejos, después de un cruce, vio la limosina de Stark. El semáforo estaba en amarillo; todavía podía lograrlo. Aceleró más. El semáforo se puso en rojo.
Hubo un claxon, pero antes de que Loki pensara en voltear, la camioneta roja ya había golpeado directamente donde estaba él. En esta ocasión, el choque fue muy fuerte y el auto se volcó. Loki sintió el terrible dolor que le aprisionó las piernas y luego el resto del cuerpo mientras el Volvo seguía girando dos veces más hasta quedar con el techo sobre el pavimento.
Abrió los ojos, sintiendo esa típica sensación de que el estómago se te va a la boca por el hecho de estar de cabeza, de que el aturdimiento no permita que pienses del todo, y que el dolor envuelva cada parte de tu cuerpo luego de que la sorpresa pasara.
Vio que algunas personas se acercaba de curiosos a ver, pero le costaba mantener la consciencia despierta.
—Steve —murmuró mientras recordaba la limosina y lo cerca que había estado de ella. Un segundo después, la oscuridad lo cegó.
0*0*0
Ojalá hubiera podido mantenerse en aquella burbuja, mientras Loki le decía que era feliz a su lado, donde tal vez podría escuchar de nuevo que el moreno le amaba. Sin embargo, la ocasión se deshizo de sus manos tal como se suponía que pasara fuera de un brillante cuento de hadas. La realidad que los azotaba a ambos era muy distinta, y tal vez no era su destino encontrar la felicidad, pero aun así, Steve no quería concebir ninguna manera de vivir además de estar con el moreno.
Es cierto lo que dijo a Odín: Se iba a ir por ahora, pero tenía pensado volver. No sabía cómo lograría su objetivo de estar con Loki, pero ahora no estaba dispuesto a echarse para atrás, a conformarse con lo poco que recibía gracias a los miedos del otro ante su padre.
Tony le miraba atentamente.
—Eso estuvo horrible —murmuró de pronto, luego de salir de la mansión y echar un vistazo por la ventana, apenas dejando que su mirada siguiera un carro verde que cruzaba a su lado con dirección a la casa Laufeyson—. No pensé que fuera a terminar así.
—Yo sabía que esto iba a pasar —admitió Steve, haciendo una mueca y mirando también por la ventana—. Habría sido estúpido pensar de otra manera.
—De cualquier modo —añadió Tony, encogiéndose de hombros y sonriendo un poco, tal vez intentando animarlo—, me alegra ver que su relación no es unilateral…
Steve no pudo evitar dejar escapar un resoplido medio aliviado, medio exhausto. A decir verdad, él también lo agradecía. Vivió en la incertidumbre acerca de los sentimientos de Loki, pero ahora conocía cómo se sentía el moreno con respecto a él, y lo hacía un tanto feliz. Quizá no sería lo más fácil, pero las palabras que nunca le dijo Loki a través de tantos años, se las había resumido en dos días, de manera que era capaz de ver que no mentía.
—A mí también —admitió en voz baja.
—¿Y qué piensas hacer ahora? ¿Escabullirte como Romeo y tocar el balcón de tu Julieta? —Aunque se escuchaba como burla, realmente Stark parecía andar pensando en una escena así—. Ya te imagino también como el príncipe Felipe, luchando contra Maléfica para defender a la querida princesa Aurora.
Steve le miró, preocupado y otro poco irritado.
—Tony —llamó—, lo que sea que te tomes para estar tan mal, en serio debes evitarlo. Llevas diciendo puras tonterías.
—Seguramente es tu desayuno haciendo efecto —añadió Stark, poniéndose una mano en la frente de forma dramática y cínica. La mueca seria del rubio le hizo sonreír de manera todavía más insolente—. No te enojes, Steve. Ya sabes que estoy de tu lado. De hecho, puedo conseguirte un equipo maravilloso para entrar en esa casa durante la noche sin que nadie se dé cuenta. Te quedarás con Loki, de alguna manera, estoy seguro de ello.
—¿Por qué? —No pudo evitar la tentación de preguntar. Tony se encogió de hombros.
—Porque no conozco a nadie que merezca la felicidad más que tú —contestó con simpleza—. Y si Loki te da eso (lo cual sigo sin entender del todo), las cosas saldrán bien.
Steve frunció el ceño. Tony exageraba las cosas, pero si había algo que le sorprendía de su amigo, era la capacidad de sonar tan ridículamente infantil y verse tan serio que sus palabras no podían ser otra cosa además de ciertas. Era un don casi espectacular eso de ser realista mientras se actuaba tan pueril, meditó con cierta abstracción.
Agradecía la seguridad de esas palabras, y al mismo tiempo, le daban mucho miedo. Estaba dispuesto a decirle que se callara, cuando escuchó el estruendo de un rayo. Tony hizo una mueca y con una sorprendente sincronía, ambos se asomaron por la ventana hacia atrás. Lo único que vieron fue el momento en que el auto se balanceaba hasta quedar de cabeza. Steve sintió anticipadamente cómo se le encogía el estómago.
—Mierda —soltó Tony, sorprendido—. Qué golpazo.
Reconocía el carro, pensó Rogers sin apenas prestar atención a las palabras del otro. No había visto en su vida ningún otro Volvo dorado… pero esperaba equivocarse. La voz le brotó en un grito desesperado:
—¡Que se detenga! ¡Tony, hay que volver!
El castaño, un tanto aturdido por la ansiedad que mostraba su amigo, le indicó a Jarvis que se detuviera. No hicieron falta ni tres segundos para que Steve bajara con celeridad. Observó el panorama de los dos autos chocados a un par de calles de distancia. Tony bajó después, más curioso que preocupado, hasta que notó lo que el rubio también había pensado y que no se atrevía a tomar por una certeza:
—¿Es el carro de Odín? —Preguntó, con las cejas arqueadas.
Steve, con el corazón disparado, echó a correr en esa dirección. Le pareció una eternidad antes de que ambos llegaran a la congregación de gente que se reunía entorno a los dos accidentados. El rubio los empujó sin disculparse, abriéndose paso hasta llegar al Volvo y dejarse caer de rodillas para ver quién estaba dentro. Se le hizo un agujero en el estómago al notar que se trataba de Loki, y se apresuró a gatear hacia el carro para quitarle el cinturón al joven Laufeyson, depositándolo en el suelo con todo el cuidado posible, y luego arrastrándole fuera.
Tony estaba pidiendo a todos que dieran espacio ya cuando Steve acunaba a Loki en sus brazos. Le miró asustado, con los nervios tan a flor de piel que era sorprendente cuán consciente de algo podía estarse y al mismo tiempo, negarlo con todas tus fuerzas. El moreno tenía muchos cortes en el lado de la cara que había estado más cerca de los vidrios, y las magulladuras eran visibles aquí y allá.
Él pasó una mano temblorosa sobre el pálido (y ahora ensangrentado) rostro, murmurando su nombre quedamente sin recibir respuesta.
—Loki —llamó con los ojos llenándose de lágrimas—. ¿Me escuchas? Loki, por favor no me dejes. Vamos, despierta, abre los ojos. No te vayas.
Su voz se iba apagando conforme pasaban los segundos, pero no sabía por qué todos se quedaron en silencio. Tal vez, su rostro consternado y lleno de pánico había hecho que los otros se mantuvieran mudos. La boca le sabía salada, y estaba en proceso de preguntarse por qué cuando notó que las lágrimas le resbalaban dentro cada vez que él se lamía los labios por la ansiedad.
El pecho era lo único que le daba una sensación de realidad al asunto, pues le golpeaba constantemente de una manera que le quitaba el aliento, que le hacía sentirse demasiado vivo dentro de una pesadilla que transcurría con una increíble lentitud tortuosa. Steve no atinaba a hacer otra cosa más que apretar el cuerpo flácido de su pareja, mientras la cabeza del moreno caía hacia atrás con la boca entreabierta, como si por ahí se le estuviera escapando la vida justo en ese instante. El rubio se inclinó hacia delante y tocó la frente con el cuello de Loki, todavía susurrando que se quedara a su lado. Podía sentir la respiración todavía latente del otro, por lo que durante un segundo, sintió que volvía a respirar algo parecido al alivio.
Ya no era como si le clavaran una estaca en el corazón y no quedara más remedio que permitirle llegar hasta su objetivo. Loki seguía con vida, aún tenía esperanza.
Se enderezó y miró el rostro del moreno. Los ojos verdes se estaban entreabriendo lentamente; las pestañas temblaban ligeramente mientras Loki tosía y un borbotón de sangre le salía de la boca. Steve frunció el ceño, sin comprender del todo hasta que notó que muchos de los cristales del parabrisas estaban incrustados en su cuerpo. Por suerte, ninguno parecía haber atravesado ningún punto vital, pero estaban esparcidas por los hombros, un poco del tórax y poco más hacia la cintura.
Fuera el dolor u otra cosa, a Steve le atemorizó la mirada enturbiada de los ojos verdes, que apenas se podían mantener abiertos, observándole atentamente como si le leyera la mente.
La mano de Loki se alzó a su rostro, e inmediatamente el rubio alzó la que no cargaba con su peso y se la tomaba. Lo único que le salió durante largos instantes fue un sollozo ahogado. El moreno frunció el ceño y sonrió cínicamente. Solamente él era capaz de hacer eso, como restarle importancia al asunto y fingir que no le pasaba nada en lo absoluto. Steve odiaba esa mirada y esa sonrisa que parecía decir "¿qué se le va a hacer?".
—Está bien —le prometió, deseando estar en lo cierto—. Loki, no dejaré que te pasé nada más. No tengas miedo. Te pondrás bien, lo prometo, pero mantente despierto. Mírame a los ojos y no te duermas.
—Esa es una opción —susurró Loki, con la voz quebrada. Tragó saliva (o sangre) y tosió un poco, formando una mueca adolorida—. ¿Steve?
—Chst. Mantente callado, solo… quédate aquí, ¿entiendes? Ya no hables, porque…
—Lo…lo siento —se disculpó con la voz entrecortada y casi ininteligible, por lo que Steve debió considerar haber escuchado mal; desear que hubiera sido eso. ¡Loki nunca se disculpaba! ¿Por qué…? El miedo volvió a arrinconar el raciocinio mientras negaba con la cabeza, aún incapaz de decir absolutamente nada—. No te lo dije… suficientes…veces —susurró con la mirada perdiéndose en otro lugar. Steve le sostuvo la mano con más fuerza—: Te a…
—Pues que esta no sea la última vez —le pidió—. O no te perdonaré.
—Te amo —suspiró Loki, mientras forzaba su respiración; ésta se escuchaba como un silbido cada vez más débil. La fuerza que el moreno aplicaba para mantener la mano alzada se le fue acabando, pues solamente Steve las mantenía unidas.
—¡Loki! Quédate aquí, por favor. —Lo último no sabía a ciencia cierta si había alcanzado a pronunciarlo siquiera—. Por favor.
Le sintió más flácido y frío que nunca. De pronto, parecía que estuviera dormido. Steve abrió la boca, pero de ella no brotó sonido alguno, porque de pronto él tampoco tenía fuerzas para seguir sujetando la mano del moreno, y cuando al abrazarlo ésta cayó sobre el pavimento con un sonido quedo, el rubio sintió que se moría justo en ese instante.
La sordera ante los otros sonidos del mundo se deshizo, y pudo escuchar la masa de gritos a su alrededor. A Tony diciéndole algo que su cerebro no logró procesar. Después notó que alguien se tiraba de rodillas al otro lado de Loki; unos largos cabellos de un rubio anaranjado como una llamarada cayeron sobre la ropa del moreno mientras una voz femenina bramaba el nombre del hijo de Odín una y otra vez. Steve deseó que se callara, que se apartara.
Poco tiempo después llegó Thor, que golpeó el pavimento y gritó un montón de maldiciones, abrazando a la mujer cuando ésta se precipitó a sus brazos, como buscando apoyo. Steve alzó la mirada ligeramente para ver el rostro lloroso de ambos, tan increíblemente hermosos que resultaban como poco, un par de ángeles en desgracia.
Tony le sostuvo por los brazos y lo puso de pie.
—Ya están aquí los paramédicos. Suéltalo un momento, Steve. Todo irá bien —escuchó que le decía el castaño. Las punzadas en su cabeza hacían que fuera extremadamente difícil entender las palabras, y para cuando Stark lo jaló y él debió depositar a Loki en el suelo, hubo un momento de oscuridad y desesperanza. Los hombres con traje blanco alzaron al otro en una camilla y se precipitaron a la ambulancia; antes de siquiera avanzar, se movieron con rapidez para usar el desfibrilador para, tal vez, intentar revivir a Loki.
Steve se quedó mirando la manera en que los movimientos se difuminaban, como el paisaje de fondo en una pintura. Todo estaba borroso, pero podía notar la forma en que los paramédicos abrían la camisa de Loki y colocaban los dos electrodos en el pecho. La descarga hizo que el cuerpo del moreno se alzara y cayera sobre la camilla; una, dos, tres, cuatro veces.
Tony fue lo siguiente que vio, cuando éste le tomó del rostro y lo giró hacia él. Su mirada café, tan firme y adusta contrastaba con la suya, igual que cielo y tierra chocando en una lucha extraña en la que Tony pretendía mantenerlo cuerdo mientras, poco a poco, Steve sentía que se le desvanecía la consciencia.
Esto era su culpa. Lo sabía. No tenía ninguna excusa con la que justificar lo que le había hecho a Loki. Debió quedarse en su casa, debió quedarse callado, impotente ante su felicidad pero sabiendo que de alguna u otra manera, Loki estaba bien.
Todo esto era su culpa.
Y solamente el abrazo de Tony le impidió desplomarse cuando escuchó el pitido en aquel aparato, que indicaba el fin de una vida.
0*0*0
Había una luz blanca y molesta. Sentía los párpados pesados, como si intentara abrirlos estando cocidos, pero cuando al fin lo logró, la punzada en la cabeza le hizo ahogar un gemido y removerse un tanto incómodo. El dolor en todo el cuerpo no se hizo esperar, así como la incomodidad de verse en una camilla dura, lleno de un montón de aparatos como suero y respirador. Miró de un lado a otro, tratando de identificar algo en ese sitio blanco. Vio un televisor, y frente a los pies de la cama una maceta con una enorme planta de la que no recordó su nombre, mucho menos cuando notó la pequeña mochila de color azul con rojo que, le resultó más conocida que su propia mano y al mismo tiempo, tan lejana como si perteneciera a un sueño lejano.
Trató de mover la mano izquierda, pero se sentía mucho más pesada que la otra, a la que apenas logró flexionar los dedos.
¿Dónde estaba? ¿Por qué todo le dolía? ¿Qué había sucedido?
La escena de una camioneta golpeando el auto donde iba le pasó por la cabeza, pero recordar le provocó otro intenso dolor de cabeza. Soltó una maldición mental antes de girar la mirada hacia el lado izquierdo y abrir los ojos desmesuradamente.
Medio recostado sobre el borde de la camilla, en una posición que se preguntó cómo podía llegar a ser cómoda, Steve le sujetaba la mano, explicándole por qué no había podido moverla.
Frunció el ceño, aturdido y aún demasiado débil como para pensar siquiera en decir algo. Abrir los labios seguramente constaba de un esfuerzo sobrehumano, demasiado agotador como para intentarlo siquiera.
Se mantuvo observando a Steve, la forma en que su espalda subía y bajaba, encorvada lo suficiente para que seguramente él se quedara dormido. Loki pensó que Rogers era el único que accedía a dormir en cualquier parte con tal de tener a los otros cómodos o simplemente, porque estaba preocupado de la seguridad del otro y no quería separarse de su lado. A saber por qué la segunda le hacía tan feliz.
Cerró los ojos un rato y quizá hasta se quedó dormido. Más al rato, cuando decidió abrirlos de nuevo, ya se sentía más despierto, aunque no menos adolorido. Volvió la mirada a un lado, encontrándose con Steve todavía dormitando. Con una especie de sonrisa y ya con la fuerza suficiente, giró la mano que estaba debajo de las de Steve, y entrelazó sus dedos como lo hiciera cada noche. El rubio soltó un suspiro quedo antes de empezar a removerse y enderezarse, tallándose los ojos como lo haría un niño pequeño.
Al fin, cuando Steve pareció consciente de que él estaba despierto, su rostro cambió a uno preocupado y un tanto alterado. Fue como la primera vez que lo besó; es decir, tenía la misma mueca sorprendida y ruborizada. Trató de sonreírle, pero hasta eso le costó demasiado trabajo, y tardó varios segundos en lograr su objetivo.
—Dios mío, Loki —soltó Steve con la voz ronca—. Estás bien.
Él tragó saliva antes de contestar.
—Como si me hubieran pasado —dijo, recuperando el aire después de esa frase tan corta— un auto por encima del pecho.
—Estás bien —repitió, apretando los labios en una fina línea y luego poniéndole una mano en el rostro—. Yo no sabía qué haría si algo te pasaba, si ya no despertabas. Loki… estaba tan asustado de no volver a ver tus ojos.
Loki pestañeó y luego soltó una especie de risa sin algún sentimiento en concreto.
—¿Empezaremos tan pronto con la rutina de cursilerías, Steve? —Preguntó, cerrando los ojos. Pudo sentir, o sospechar la forma en que las mejillas del rubio se oscurecían de un tono carmesí—. Continúa —dijo—. Quiero escucharlas.
Sin embargo, Rogers no dijo nada. Se limitó a inclinarse y depositar un beso en su frente. Loki abrió los ojos esforzando una mueca de reproche.
—No puedo decirte nada ahora.
—¿Por qué?
—No se me ocurre algo que pueda decirte lo aliviado que me siento de que estés vivo.
—Poca falta me hace escuchar algo en concreto —respondió, poniendo los ojos en blanco—. Mejor cuéntame… ¿Stark tiene algún moretón por el cojín? Ojalá hubiera tenido algo más duro que lanzarle al tremendo idiota. —Hizo una mueca y respiró profundamente para relajar los músculos, al mismo tiempo que Steve, aun notando su dolor, se esforzó en regalarle una sonrisa.
—Tiene un chichón en la nuca —contestó Steve, intentando sonar divertido—. No ha parado de quejarse de ello.
—Bien lo tiene merecido.
—Llevas mucha razón —concedió Steve, pero pareció no saber qué más decir y todo volvió al silencio hasta que el rubio lo rompió—: Allá afuera está tu familia y una mujer que, según se presentó conmigo, es Sigyn.
—¿Ella está aquí? —Preguntó Loki, quizá más sorprendido de lo que debiera. Steve se mordió el labio antes de asentir.
—Está esperando a que despiertes. —Hizo una pausa larga—. ¿Quieres que la llame?
—No —respondió con celeridad—. Ya tendré tiempo de verla. Necesito hablarle de cualquier manera, pero ya será después de que esté contigo un rato más.
La cara de Steve fue como si preguntara por qué, a lo que Loki sonrió y cerró los ojos.
—Supongo que no hace falta que digas nada —le dijo y después, ambos guardaron silencio.
Tres horas después alguien abrió la puerta del pequeño cuarto de hospital, y por la forma en que Steve apretó su mano, sospecho casi enseguida de dos posibles opciones.
—Te has quedado suficiente tiempo —dijo la voz femenina de Sigyn. Loki la miró con los ojos entrecerrados, como si no quisiera que ella se diera cuenta de que estaba despierto. La voz de la chica no sonaba a que inculpara a Steve, pero de cualquier manera, él se sintió un tanto molesto de que irrumpieran en ese momento—. ¿Puedo esperar aquí, contigo?
—Si así lo desea —murmuró Steve, inseguro y tenso al mismo tiempo—, pero si lo prefiere, puedo retirarme para que esté a solas con…
—Oh, no —sonrió la otra, tomando asiento a un lado—. De querer hablar conmigo, ya lo habrías dicho, ¿cierto, Loki?
El moreno la observó. Estaba igual de hermosa que siempre, con los ojos de un azul verdoso tan increíblemente único y mágico, y el rostro sonriente ligeramente maquillado. No pudo evitar sonreírle un poco.
—En efecto —contestó despacio. Steve ya le había soltado de la mano, pero Loki apenas se dio cuenta de que la había retirado como lo haría él antes. Se sintió molesto, ofendido y dolido, por lo que tuvo que considerar lo horrible que debió pasarla Steve con ese comportamiento tan cobarde y egoísta—. ¿Sucede algo?
—Que no te he visto en lo que parecen años y ¡Cielo Santo!, pareces apto para aparecer en una película de zombis con esa cara tan demacrada.
—Muy graciosa —apuntó Loki con sarcasmo. Ella dirigió una mirada al incómodo de Steve, que se hundía en su lugar como si estuviera escuchando algo demasiado íntimo.
—Steve debe ser un buen amigo —comentó Sigyn y volvió la mirada a su amigo—, pero apuesto que como tu novio es alguien aún más excepcional. Por aguantarte y amarte, se merece uno de los premios grandes.
Loki apartó la mirada mientras que Steve empezaba a tartamudear excusas que la chica se apresuró a silenciar con una suave risa.
—Yo no… él y yo… —empezó a decir—, es decir…
—Tienes que reconocerlo —interrumpió Sigyn—. Es difícil.
—¿Qué estás buscando aquí, Sigyn? —Preguntó Loki, con el ceño ligeramente fruncido. Fue palpable el cambio radical en los ojos de la chica, pues de ese brillo vivaz y contento de siempre, se volvieron oscuros y quizá hasta entristecidos. El hermano de Thor se sintió descolocado durante un largo instante, pero no dijo nada, en parte porque temía preguntar y por otro lado, Sigyn ya se encogía de hombros y carraspeaba.
—Sé que dije que no lo necesitaba, pero pensándolo bien —dijo mirando a Steve—, ¿puedes concedernos un momento, Steve? —Preguntó la chica con una familiaridad que tal vez, molestaba un poco a Loki, pero que se decidió por guardar en silencio. El rubio asintió y con un paso algo torpe, se dirigió fuera de la habitación, dejándoles a solas. Loki se preguntó si su padre habría venido a visitarlo, pero se deshizo de la idea justo al instante, volcando su atención a la chica que tenía enfrente.
—¿Qué sucede? —Preguntó en un tono afable y sincero. Sigyn permaneció mirando la puerta por donde instantes antes, había desaparecido Rogers.
—Siempre supe que terminarías decidiendo por ti mismo, sin preocuparte de Odín. Quizá, incluso me imagine que lo desafiarías, pero nunca pensé que esta sería tu forma de hacerlo.
—Steve no es un capricho para ver si mi padre me presta atención —sentenció Loki con tanta firmeza pudo reunir aun estando débil. Sigyn lo miró y le sonrió; sin embargo, a pesar de la sonrisa, sus ojos se estaban llenando de lágrimas.
—Lo sé —murmuró—, y creo que eso es lo que más me duele.
—¿Sigyn? —Llamó él, nervioso por ver a su amiga de la infancia limpiándose los ojos con un gesto disimulado—. ¿Está todo bien?
—Sí, claro —contestó ella y respiró profundamente—. Es solo que, bueno, una parte de mí esperaba que te alegrara nuestro compromiso. Nunca se me ocurrió que yo… podría ser la causa de que no estuvieras con quien realmente amas. ¿Sabes? Es un tanto complicado imaginarte… queriendo a alguien. Supongo que pensé que yo era la única.
—Eres la única a la que me atrevo a llamar amiga —respondió él, intentando hacerla sentir mejor y tal vez, fracasando totalmente. Sigyn soltó una risa amarga y asintió.
—Ojalá eso fuera suficiente —murmuró y luego se quedó en silencio durante un largo tiempo—. No me molesta del todo porque, Steve parece una buena persona. Te quiere y eso se le nota en los ojos. Vale la pena que hayas desafiado a tu padre, porque no me cabe duda de que eso hiciste.
Algo que detestaba y admiraba de Sigyn, era la extraordinaria capacidad que tenía para darse cuenta de sus pensamientos. A ella nunca se atrevió a engañarla, ni siquiera pudo intentarlo, igual que con su madre.
—Eres la mujer más inteligente del planeta —le dijo, sin burlarse. Sigyn le guiñó el ojo, y luego de sonreírle de manera cómplice, Loki debió enseriarse para continuar—: Yo lo amo. —Ella asintió y apretó los labios en una fina línea—. Por eso, no puedo casarme contigo Sigyn.
—Bu. Pareciera que te estás disculpando —se burló la chica, pero tenía un toque quebrado en la voz. Hasta este momento, Loki se preguntó si ella había guardado sentimientos por él y se sintió repentinamente mal. Ninguna chica se fijaba nunca en Loki porque, bueno, estaba de más decirlo… por eso, creía que Sigyn solamente quería ser amable o realmente disfrutaba de hacer travesuras; nunca pensó en otra cosa más—. Ya sé que tú lo amas. Solamente estoy aquí para escucharlo de ti.
—De acuerdo. Ya lo escuchaste, ¿y ahora qué?
Sigyn le miró con una sonrisa y se hizo para adelante, plantándole un beso en los labios, suave, rápido y casi inexistente. Loki enrojeció de inmediato, pero además de eso, no sintió nada especial. La joven se puso de pie y le acarició el rostro.
—Ahora seguiremos siendo amigos, porque yo no accederé a casarme contigo. No seré quién te quite la felicidad.
Loki se mantuvo tan impasible como le fue posible.
—Encontrarás a alguien que… —era realmente malo para esta clase de charlas; nunca había tenido que dar una, ¿qué esperaban?—, bueno, tú sabes…
—Oh, ahórrate el discurso, Loki. Sé precisamente lo que será de mi futuro con mi príncipe azul —exageró el gesto—. De momento, tú ya tienes el tuyo.
—¿Por qué parece que insinúas que yo no soy…?
—Creo que es bastante obvio —se burló la chica, dándose media vuelta—. Esperaré allá fuera con los demás y anunciaré la buena nueva —añadió mientras abría la puerta. Loki pudo ver entonces a Steve parado junto a una enfermera y depositando a una niña en una silla de ruedas, casi se sonríe por el gesto preocupado y cuidadoso del otro para con la pequeña—. ¿Loki? —Se obligó a prestar atención a Sigyn—. Me alegro mucho de saber que no obedecerás a tu padre en esta ocasión y renunciarás a tu felicidad. De verdad, que eso me hace sentir muy bien.
—Supongo que a mí también —susurró él, asintiendo. Sigyn se despidió con la mano.
—Sobre cualquier cosa —le dijo ella con una voz suave—, nunca te olvides de decirle lo que sientes realmente. —Hizo una pausa larga antes de añadir—: Descansa, gatito. —Y lanzó una suave risa que no le agradó a Loki por alguna razón. Hace mucho que no escuchaba a Sigyn decirle así, pero hoy sonó diferente, insinuante, como si volviera a burlarse de su estado "pasivo" en la relación. Se enfurruñó. ¡Él no era…!
—Esta me la pagas, Sigyn —murmuró, consciente de que la rubia tenía razón.
0*0*0
Sigyn le puso una mano en el hombro, y como reacción de instinto ante el contacto de una mujer, él encogió el estómago y la miró con nerviosismo. Ella le sonreía mientras veía a la enfermera alejándose, empujando la silla de ruedas con la pequeña niña que se despedía tímidamente de él. Steve se giró a ver a la amiga de Loki, examinándola con cuidado, como si fuera la primera vez. Era el tipo de mujer que seguramente, sería el primer prospecto de los hombres, pero él no podía más que simplemente sentirse un poco inseguro ante su presencia tanto imponente como tranquila. Parecía sencilla y diferente a muchas de las que normalmente se juntaban con Stark o Thor —exceptuando claro a Pepper, Jane y (a veces) Sif o Darcy—. No obstante, si la mujer delante de él había llegado a simpatizar en algún momento con Loki, Steve debía reconocer que debía existir algo más allá, algo que quizá él nunca sabría.
Lo sintió allá dentro, cuando notó las miradas cómplices de ambos jóvenes, casi tan conectados como para leer la mente del otro. No cabe duda de que al menos, Odín había pensado un tanto en la comodidad de su hijo menor; o eso quería pensar Steve.
Sin decirle absolutamente nada, Sigyn se retiró con un porte elegante por el pasillo; su imagen era como el de una princesa que flotara por el camino como la brisa en primavera. Era realmente hermosa, pensó mientras fruncía el ceño y se volvía a la habitación de Loki, tocando la puerta y entrando justo después.
Loki alzó la mirada justo en ese instante y ambos se quedaron en silencio, observándose como muchas otras veces, pero aun así de una manera diferente.
Steve tomó asiento donde pasó las últimas horas.
—Ella va a decirle a mi padre que no quiere casarse conmigo —le contó Loki repentinamente. Steve casi se sonríe al instante por esa "buena acción" —. Seguramente eso no cambiará nada con respecto a su opinión sobre nuestra relación —apuntó y le miró de nuevo a los ojos—, pero yo tampoco retiraré las palabras que dije antes. Realmente quiero luchar por estar contigo.
—Por favor, si tu siguiente plan es aventarte de un avión sin paracaídas… —intentó esforzar una broma, pero el moreno frunció el ceño, cortándole las palabras al instante.
—No empieces a actuar como tu amigo sin cerebro. Y me refiero a Stark, no a mi hermano —señaló (ordenó). Rogers asintió firme y obedientemente, a lo que Loki sonrió con malicia, cosa que Steve debió preguntarse por qué hacía—. En fin… creo que trataré de dormir un poco. Me duele todo.
—¿Quieres que llame a alguna enfermera?
—Solo acomoda la almohada y ya —le pidió. Steve se apresuró a hacerlo y Loki sonrió más—. Vas a malcriarme. Quizá pueda acostumbrarme al trato de rey.
Steve rio, tomando la mano de Loki y mirándolo dormir en silencio, en esa contemplación muda que, a decir verdad, solamente seguía aumentando de fascinación y amor conforme los años transcurrían.
El silencio era pesado entre ambos, pero de cualquier manera, Steve permanecía observándole con esa minuciosidad que le parecía tan natural como respirar. Aún tomaba su mano y le acariciaba con el pulgar, trazando pequeños círculos en la blanca y fría piel. Sonrió apenas, consumido por el alivio de que Loki hubiera reaccionado al desfibrilador casi al último minuto, cuando ya todos parecían darse por vencidos; realmente, no lograba recordar algún momento en el que sintiera su vida pendiendo de un hilo. Tragó saliva y volvió a recargarse en la camilla, sin ninguna intención de dormir.
La respiración aquietada y pacífica de Loki le hacía feliz; ver cómo su pecho subía y bajaba mientras la boca del moreno estaba ligeramente entreabierta y dejaba escapar el aire con algo parecido a los suspiros, como si justo en ese momento, estuviera soñando con el mejor lugar del mundo. Steve sentía apenas la presión que provocaban los dedos de su pareja contra los suyos, y para su sorpresa, descubrió que éste era un gesto casi tan preciado como un beso o el mismo acto de hacer el amor. A los ojos de los demás, puede que no tuviera nada en especial, era poca cosa tomarse de las manos, pero en ese instante, Steve se dio cuenta de que ahora se sentía más cerca que nunca de Loki, y eso lo hacía infinitamente feliz: Había alcanzado el corazón del Laufeyson.
Al fin desaparecía esa distancia entre ambos.
Continúo mirándolo hasta que por fin, se percató de que en la ventana que daba hacia el pasillo, se encontraba Frigga observándolo con el ceño ligeramente fruncido. El corazón del rubio se aceleró y golpeó tan fuerte su pecho, que casi se le escapa un gemido. La mujer apretó los labios en una fina línea y se volvió hacia atrás, donde Steve fue capaz de ver a Thor y Odín discutiendo en lo que parecía una voz relativamente baja, pero que aun así no deshacía la tensión en la mirada y las venitas que sobresalían en las sienes de ambos.
Frigga interrumpió en su discusión, le dirigió unas palabras duras a su esposo y se perdió un segundo de su visión. Un momento después, la puerta se abría y entraba la mujer, con el cuello erguido y los ojos llenos de lágrimas que no parecía atreverse a derramar. Steve se sintió realmente avergonzado y se disponía a irse cuando la madre de Loki cerró la puerta tras de sí, mirándole fijamente. Después, retiró su atención a Loki y se acercó para sentarse al otro lado de la camilla, arrastrando un pequeño banco que estaba en la esquina de esa habitación.
Con un gesto completamente maternal, la mujer acarició el rostro de Loki. Por otro lado, Steve soltó poco a poco la mano del moreno y entrelazó las suyas en su regazo, encogiéndose de nuevo.
—Lo siento —dijo con la voz ronca—. Lamento de verdad todo lo que he causado con mi pre…
—Siempre ha tenido unos ojos hermosos —interrumpió Frigga, sonriendo casualmente y volteándole a ver. Steve pestañeó, confundido—; ¿verdad?
—Ahm… —fue lo único que pudo contestar, desentendido de lo que le hablaban. La mirada afable y comprensiva de Frigga le hizo recordar un poco a su propia madre, cuando le decía que había peleado en la escuela porque un bravucón trató de quitarle su dinero a un compañero.
—Los ojos de Loki —aclaró ella—, son hermosos. —Una vez entendiendo eso, Steve se apresuró a asentir—. También, lo más expresivo de mi hijo —murmuró quedito para no despertar al moreno—; siempre ha sido bueno ocultando las cosas, pero a veces hay cierta discrepancia con su mirada y lo que dice o pretende mostrar. Si sabes leer sus ojos, puedes entender cuánta cosa hay en su interior. Siendo su madre, puedo hacerlo mejor que nadie, y aun así, no deja de sorprenderme lo mucho que he ignorado a lo largo de los años. Lamento mucho no haberme dado cuenta de…las preferencias sexuales de Loki —hizo una pausa y su mirar se volvió triste—. Le hubiera ayudado. Tanto tiempo ocultándolo así… —sus ojos se alzaron nuevamente a Steve—, y ahora entiendo por qué estaba tan triste. De la misma manera, tal como dice Thor, me sorprende saber por fin cuál era la razón de que estos últimos cuatro años, se viera tan… feliz.
El rubio abrió la boca, sorprendido, lo que pareció divertir ligeramente a Frigga. Después, Steve se ruborizó aún más, sintiéndose sofocado y exhausto por el hecho de que respirar se había vuelto tan trabajoso. La mujer extendió una de sus manos hacia Rogers, que la miró indeterminado tiempo sin saber exactamente qué hacer.
—Quiero que Loki sea feliz, independientemente de quién le ofrezca eso —añadió Frigga, sonriendo amablemente—. Y te acogeré como mi propia familia, Steven Rogers, porque tú eres la razón de que Loki ya no vea con ojos tristes el mundo.
—Pero por mi culpa, él se ha hecho daño —murmuró con tristeza—. Si yo no hubiera ido…
—Fue algo imprudente, lo admito —concedió Frigga—. No estábamos preparados para la noticia, pero ahora, te aseguro, que yo te concederé mi favor. Mientras Loki te amé —la última palabra causo estragos emocionantes en su interior, lo que no pareció pasar desapercibido por la esposa de Odín—, él puede estar contigo.
Steve frunció el ceño antes de estirar la mano y tomar la de Frigga, cuyos ojos destellaron un poco más y la sonrisa se extendió.
—La gente no suele aceptar esto. De verdad no quiero causarle problemas, ni con su reputación ni con su familia —respondió, dejando escapar el aire que había estado conteniendo—. Yo lo amo tanto…
—Lo sé, querido —Frigga apretó más la mano contra la de él—. Así que no te tortures más. —Le soltó y tomó la mano de Loki. El moreno apretó ligeramente los párpados, acaso consciente del contacto de su madre. Steve se quedó quieto.
—Saldré para que pueda estar con Loki —anunció Steve, poniéndose de pie y yéndose de puntillas. Se detuvo un segundo antes de salir, para mirar de nuevo a Frigga; ésta sonreía divertida por ver la acción del otro por no despertar a su hijo—. Muchas gracias.
—A ti, joven Rogers.
Cuando salió de la habitación, se enfrentó cara a cara con Thor y Odín, con éste último fulminándole con la mirada. El rubio cerró la puerta con cuidado y se enderezó, con la mirada baja hasta el segundo en que el anciano se acercó hasta no quedar más lejos de un metro de distancia.
—Sigyn terminó el compromiso —anunció Odín con la voz saliendo forzadamente; Thor se tensó un momento, observando a su padre con esa cautela extraña que tenía siempre antes de emprender uno de los juegos de futbol—. ¿Quién eres tú para llegar y volcar de cabeza la vida de mi hijo?
—Padre… —llamó Thor, a lo que Odín le calló con una mirada.
—No me interesa qué puedas decirme —volvió hacia Steve—. Mi hijo no debería de estar con un hombre igual a ti.
—¿Igual que yo? —Repitió, sonando tan sumiso como se lo permitía el retortijón en el estómago que iba encaminado a la tristeza y el coraje.
—Nunca podrías pertenecer a nuestro mundo —anotó Odín con desprecio poco disimulado—. Es incorrecto.
—Estoy de acuerdo —dijo Steve, ante la mirada sorprendida de ambos Laufeyson e interrumpiendo la protesta del hijo primogénito—. Siempre lo supe. Y Loki también me lo dejo claro en muchas ocasiones. Si yo pudiera hacer cualquier cosa por cambiar esto, lo haría. Lamento mucho haber puesto de cabeza su mundo —añadió despacio—. No podría renunciar a luchar, señor —continúo, tragando saliva—. Ojalá pudiera… sé que le haría más bien a Loki, sería mejor para su reputación y su vida, para el dinero y sus metas más grandes, como por ejemplo, ser aceptado por usted. —El anciano abrió el ojo con sorpresa—. No sé si nunca se ha percatado (y se lo digo con todo el respeto posible), señor, cuán infeliz hace a Loki por compararlo, por minimizar todas las cosas que hace. Por no ser capaz de hacerle ver a su hijo que lo trata como un igual a Thor.
—¿Qué dices?
—Le digo todas las cosas que me ha dicho Loki sobre usted —respondió con tranquilidad—. Las ideas (quizá no tan bien fundadas) de que usted lo ve como una desgracia y una decepción. Su hijo está roto por dentro, y como no se da cuenta, dudo mucho que sepa lo que es mejor para él.
—Soy su padre —soltó entre dientes—. Todo lo que hago es en búsqueda de su bien.
—Entonces —interrumpió Thor, acercándose a Steve y poniéndole un brazo sobre los hombros—, aquí está la razón por la cual Loki…
—Se volvió un marica —terminó Odín, necio. Rogers sintió que se rompía por dentro; muy en el fondo sabía que Loki le pondría siempre por debajo de su padre, eso se lo había dejado claro en muchas ocasiones. Era algo duro de aceptar.
—No le pediré que cambié de parecer —dijo Steve, inclinando la cabeza y soltándose del abrazo de Thor—. Espero, de todo corazón, que no se equivoque. —Y diciendo esto, se dio media vuelta. El otro joven rubio, echó a andar detrás de él.
—¡Steve, si te atreves a dejar a mi hermano…! —gruñó, sujetándole por el hombro con demasiada fuerza. El rubio se volvió hacia Thor y negó con la cabeza.
—Nunca más —respondió enseguida—. Pero, de verdad espero ser yo quien esté equivocado. No quiero destruir a tu familia.
—Mi padre es un necio, pero entenderá. En el fondo, solamente está… anonadado por la situación.
—Por favor, ya no digas nada. —Hizo una pausa larga antes de sonreírle con tristeza—. Iré a comer algo, Thor —fue lo que contestó, retirándose de ahí en silencio.
EPÍLOGO.
Siempre supo que entre más cerca estaba de Steve, más lejos estaría de su padre. Y aceptaba eso, como sucedía con muchas otras cosas que jamás pudo obtener o entender; cosas que lo separaban de todo, dejándole solo. Todo el tiempo pensó que él necesitaba cambiar, que había algo mal consigo mismo y nunca tendría la oportunidad de ser diferente, de convertirse en el orgullo de Odín.
Cerró la última maleta y echó un vistazo a su habitación, respirando el aroma del piso recién lavado y el perfume que envolvía la estancia vacía, solitaria a excepción de él.
Steve y Thor lo esperaban abajo para que se fuera de ahí, y la extrañeza que sentía no se comparaba a la agobiadora sensación de incertidumbre por lo que le esperaba una vez que saliera de la casa de Odín. Apretó los párpados y dejó que el miedo que repentinamente se había apoderado de su cuerpo, se fuera diluyendo en silencio.
Cuando la puerta a su espalda se abrió, él ya estaba preparado para encarar a su padre. Con cuidado se dio media vuelta, pues todavía le dolía el cuerpo; una vez que se giró lo suficiente, endureció el gesto para demostrarle a Odín la firmeza de su decisión. El hombre, que repentinamente le pareció demasiado anciano, caminó por el umbral de la puerta y barrió la estancia con la mirada. Alguna vez, Odín le dijo que su habitación carecía de objetos que realmente pudieran definir su carácter, era muy insípida y escondía todo lo que él era realmente; eso último, era un buen propósito del interés que tenía de no mostrar nada además de lo elegante y sobrio.
Odín se apoyó sobre una de las mesillas que estaban cerca de la pared y luego continúo caminando hacia él. Loki ya no le veía tan gigante, y de hecho, justo en ese momento parecía algo derruido, como una estructura ya demasiado gastada por los años.
—Veo que tomaste tu decisión —soltó Odín con una mirada distante y la voz carente de sentimiento. Loki se limitó a asentir—, supongo que no podré hacerte cambiar de parecer.
—En efecto —contestó cortante, acomodando el brazo enyesado y procurando no hacer una mueca cuando lo deslizo por la tela que le sostenía; Thor y Steven le ofrecieron su ayuda, pero él la rechazó, pues esto es algo que debía hacer por sí mismo—. Sería inútil.
—Cuando tu madre y yo te trajimos al mundo, pensamos que lo más difícil sería verte marchar.
—Entonces, diste por sentado que yo me iría —comentó con el ceño fruncido—. Yo no iba a dar la talla en esto, ¿cierto? —Odín sonrió, divertido.
—Nunca pareciste un líder, Loki —admitió su padre, y de inmediato, él apretó la mandíbula con indignación—. Tú eres más como el artista incomprendido… yo no te comprendo. —Hizo una mueca—. Podrías tenerlo todo.
—Sí, es cierto —admitió, y luego sonrió cínicamente—. Tú no me comprendes, pero creo que eso se debe a que jamás te has dado cuenta de lo mucho que pido tu atención, y nunca me la has dado. —Luego de una larga pausa añadió—: Yo te amo, padre. Siempre he querido que estés orgulloso de mí, por lo que me molesta saber que no es así. Que te he fallado y no puedo mirarte a los ojos, diciéndote algo más que solo "pude haberlo logrado". Sé que no es cierto.
—Yo siempre estuve orgulloso de ti.
—Cuesta creer eso —murmuró, arqueando las cejas—. De cualquier modo, no importa cuántas veces me hayas dicho que me querías… ahora para ti, soy solamente un anormal, alguien que tiene una enfermedad que ni siquiera se va a curar. Eso… es lo que soy para ti, ¿no?
—Eres mi hijo —contestó él, negando con la cabeza—. Y te amo mucho más de lo que tú te permites pensar. Sé que me ha faltado mostrarme mi aprecio, pero…
—No me gusta a dónde estás yendo —cortó—. Si estás pensando que decirme todo esto, va a hacer que renuncié a Steven, te equivocas. No es por la falta de amor que me has dado… —torció la boca—, quizá al principio pensé lo mismo. ¡Todos me odian! En mi infancia, la única amiga que tuve fue Sigyn; Thor hacía que los otros me toleraran, pero yo… nunca encaje en su lugar, en ningún otro. Siempre viví a la sombra de mi hermano, y todos se olvidaban de mí. Quizá, conocí a Steve y me enamoré de él porque él me trataba como alguien. Puede que yo también lo viera como un objeto para satisfacer todo lo que me faltaba, pues es tan condenadamente fácil encandilarlo y darle gusto. Pero su sencillez es diferente a la del mundo que estoy acostumbrado a ver… él es sincero, y cada vez que me dice que me ama, suena… es… —Odín le miraba atentamente, pero se veía incómodo en su propia piel. Loki se encogió de hombros—. No hace falta que yo finja ser otra persona, ni esforzarme ni nada. Él me ama por ser yo… y a veces, hasta eso me sorprende.
—Encontrarás únicamente dolor de ese lado del camino —señalizó Odín, pero parecía más exhausto que nunca. Loki tomó la maleta y se volvió para la puerta.
—Conmigo siempre te equivocas, padre —respondió—. Lo mismo será esta vez, porque solamente me he sentido feliz con Steven y… no puedo creer lo estúpido que sueno diciendo esto, pero él es lo único que necesito. Ya ni te molestes en buscarme.
Odín le tomó del brazo sano cuando pasó a su lado. Loki no giró a verlo, temía cambiar de opinión incluso ahora. Todavía le parecía ligeramente viable fingir que nunca ocurrió nada.
—Tienes un lugar con nosotros —le dijo el anciano, con dureza—. No habló de deberes —indicó, cuando Loki se giró a verlo—; habló de un hogar… para cuando lo necesites.
Loki hizo una mueca consternada mientras su padre asentía.
—¿Qué? —Preguntó el moreno, sorprendido. Odín le echó unos cabellos detrás de la oreja.
—Eres mi hijo —repitió con la misma firmeza de antes, pero acaso, con mucha más ternura—. Lamento si nunca traté de darme cuenta de la distancia que marcaba con mis acciones. O del sufrimiento que te iba a causar obligándote a hacer cosas que no deseabas… me siento estúpido por intentar aferrarte a un plan, a obligarte a seguirlo. No tenías que hacerlo… y me alegro que hayas decidido por ti mismo. Estoy orgulloso en verdad; preocupado, pero…
—¿Qué?
—Tu decisión está tomada, y solo me queda —añadió mientras le acercaba y le besaba en la frente—, darte mi bendición. Espero que aceptes las disculpas de tu viejo padre, y le permitas seguir viéndote.
Loki se quedó en silencio durante lo que pareció una eternidad. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras soltaba la maleta y abrazaba a su padre con el brazo sano. El otro también le sujetó en un fuerte abrazo. Al menor le pareció que en ese gesto se encerraba todo lo que necesitó de su padre.
Sollozó ligeramente mientras soltaba un quedo "gracias" que su padre correspondió con un abrazo aún más fuerte.
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Loki sonrió ligeramente mientras se recostaba en la cama y levantaba la mirada a Steve, que lo seguía y ponía sus piernas a los costados del moreno, agachando casi inmediatamente a depositarle un suave beso. El otro le enredó el brazo al cuello, atrayéndolo con más ahínco hacia su cuerpo. De nuevo, la emoción empezaba a invadirlo lentamente, entretanto los jadeos se le escapaban, llamando a Steven una y otra vez, tan fuerte como se lo permitía el nudo en la garganta.
Abrió los ojos para encontrarse con los de su pareja.
—Te amo —le susurró Rogers, acercándose a su oído. La voz de éste hizo que se estremeciera y asintiera.
—Yo también —hizo énfasis en las palabras, como si no deseara que Steve se olvidara de ese detalle—. Buenas noches —El rubio soltó un suspiro aliviado antes de recostarse a su lado y medio abrazarlo con cuidado de no lastimarle. Loki se juntó un poco a su cuerpo, cerrando los ojos—. ¿Steve?
—¿Hm?
—Te veo en la mañana. —La nota alegre estuvo por escapársele, pero tal vez el sueño que le iba dando estaba terminando con la expresión de cualquier sentimiento que pudiera dársele ahora mismo. Pudo escuchar cómo Steve se reía, o tal vez, solamente fue consciente de que su cuerpo temblaba.
—Buenas noches. —A Loki no le hizo falta escucharle decir cuán feliz le hacía oír lo último, pues el tono decía mucho por sí solo. Estaría con él cada mañana de ahora en adelante, pensó mientras bostezaba y el sueño le iba venciendo. Esa era una promesa que pensaba cumplir, y cuan feliz le hizo cuando mucho tiempo después, mientras el sol de la mañana se colaba por la única ventana de la habitación, enmarcando un halo dorado a todo cuanto tocaba, aun sostenía la mano de Steve…
FIN.
¡Odín!... lo sentí muy largo (xD)... y eso que sigue sin compararse a otras actualizaciones (eweUU). De cualquier manera, son ustedes los que deciden a fin de cuentas: ¿creen que valió la pena? ¿Les gustó? Ya sé que estuvo algo cutre el final, pero me hacía meollo la insistencia de Loki por ver que estarían juntos por siempre (xD). Espero de todo corazón que la Serie: Para quien, les haya gustado (nwn).
Por cierto... no siempre estoy segura de rescatarme a los personajes (:DU)... realmente creí que ora dejaba muerto a Loki, pero no... no me dio el coraje (xD), al otro día ya estaba escribiendo que sobrevivió, lo cual, con experiencias pasadas con otras tragedias que hice, seguramente -o eso espero- no me querrán matar (:S)
Les estoy, repito, muy agradecida a quienes permitieron las continuaciones. Y ojalá dejen comentario de nuevo y tengan el interés de pasearse a los siguientes Universos del fic (owo)/
Nos leemos después, sempais -espero que pronto- (x3)
