¡Hola, sempais! Espero que estén disfrutando de un buen día. Yo estoy aquí reportándome con el nuevo universo Stoki que vino a mi cabeza durante la última semana (nwn). Esta historia —que por alguna razón terminó como serie en vez de one-shot, como era lo planeado (7w7U)—, por supuesto que va inspirada por cada una de las personas que me honró con su review en la serie pasada (nwn):
Soontoclosethisaccount: Si vieras —gráficamente— lo enamorada que estoy del Stoki gracias a ti, entenderías que te agradezco más que solo el comentario (nwn). Me hacía, por supuesto, mucha ilusión tener un comentario tuyo aquí en mi humilde fic. Te aseguro, danna, que me encontraré la manera de vengarme de cada uno de esos malditos que lastimó a Loki. No se la acabarán (owó). En fin, me alegra mucho que el fic te guste y me digas cosas tan bonitas acerca de mi forma de escribir. Espero de todo corazón que esta contribución te guste tanto como la otra (uwu)
Jovi: Me alegra que lo hayas percibido de esa manera (nwn). Reitero con mi más profundo agradecimiento el que la historia encuentre un lugar en tus gustos. Gracias por tus palabras, en serio que me han pintado una sonrisa en la cara. Espero, de igual manera, que esta nueva serie te guste.
AkatsukiDrak: Mil gracias por tu comentario, sempai (TwT). En realidad, de verdad estaba pensando en el rapto de la boda, pero durante un segundo tuve esa visión del accidente, la impotencia de Steve al pensar que no solo era su culpa, sino que eso los podía separar y entonces… el giro inesperado —incluso para mí, que ya andaba pensando en cómo escribir el funeral (xDU)—, incluso con Odín al "aceptar" las cosas. A decir verdad, siento que eso fue algo cutre, pero no me pareció que el sujeto mereciera más atención de la necesaria (owo). Yo también adoro a Sigyn, la imagino tan guay que sin siquiera verla, me cae muy bien. En fin, espero que esta siguiente aportación igual te parezca merecedora del tiempo y el comentario.
KariDz: Lo que te diga no me alcanza, para expresarte el agradecimiento por tus palabras. Pero de verdad te reitero las gracias, cada vez que me bloqueaba en esta "continuación" —digámosle así aunque no tienen nada que ver una con otra además de mi al parecer sentido trágico contra ambos—, veía tu comentario y me obligaba a no abandonar la idea, por más extraña que me sonó en un principio. Bueno, (nwn) espero desde el fondo de mi corazón que disfrutes esta nueva historia y me honres con tu comentario (owo)
Bueno, sin desear hacerlas esperar de más, aquí les dejó con el siguiente Universo Stoki (:D)
Advertencia: … No sé cómo demonios vino la idea, pero de alguna manera se fue combinando con una serie de otros universos planificados para la pareja, en este mismo fic y terminó con esta cosa rara. De cualquier manera, espero que les guste. ¡Oh! Y recuerden que los personajes no me pertenecen, son de Stan Lee, yo solo les he tomado prestados para que mi mente enamorada de Loki y Steve los haga quedar juntos aunque sea imposible que eso sucediera (nwn)
(~*~Cien veces "para siempre"~*~)
Hado: Escarlata en zafiro
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Solamente la imagen en los espejos puede demostrarle quién es él. Aquellos ojos que le devuelven la mirada son los únicos que pueden hablar en su nombre. Todas las palabras que ha guardado en su corazón durante las noches frías y solitarias deben permanecer ahí para siempre, como secretos que ardiendo en su garganta, lo consumirán en silencio sin que nadie se dé cuenta de nada; pero eso está bien. Resulta ser, efectivamente, que nadie puede verlo cuando se ha encerrado en esa gran habitación, la cual se ha convertido repentinamente en una celda. Sin embargo, hay algo conciliador en ese abandono que empieza a cubrirlo con una suave manta de frío, justo igual que el aliento que sale de su boca y congela lentamente el cristal.
El silencio que empieza a ceñirse a su alrededor, junto a las sombras que descienden lentamente, ofrecen el refugio más apacible que nunca tuvo en su vida; se convirtieron en un santuario acogedor y familiar.
Con cuidado, estiró la mano hacia el espejo y tocó con la punta de los dedos la superficie, siguiendo la línea de su fino rostro, tan diferente al que había conocido durante toda su vida mientras se le permitió fingir que no pertenecía a aquellos monstruos que tanto odiaba; pero vivió en una mentira. Él era esa asquerosa criatura de piel azul como el zafiro y de ojos rojos como la escarlata. Él es un monstruo que se mira al espejo y se daba cuenta del por qué todos lo odian.
Después de tanto tiempo, ahora lo entendía.
Las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos fueron detenidas únicamente por una cosa: La certeza de que eso no cambiaría nada.
Abrió la boca para decir algo, pero sus palabras murieron en sus labios antes de ser expulsadas. Tenía miedo de preguntar quién era él, aunque supiera que nadie le iba a contestar, porque estaba solo. Siempre lo había estado.
Su corazón se retorció de dolor, y con una exclamación ahogada, como a quien estaban ahorcando, se dejó caer de rodillas, apoyándose en las manos para no caer directo de cara. Apretó los dientes hasta que éstos rechinaron y él debió preguntarse cómo es que podían seguir en su lugar.
A pesar de la fuerza de control a la que intentaba recurrir, el sentimiento que ardía en su pecho con intensidad continuaba creciendo, expandiéndose y conquistando cada parte de su ser con la desesperación y el sufrimiento de saberse engañado…utilizado. En respuesta, sus labios se separaban más y más, lanzando un grito mudo que jamás llegaría a los oídos de nadie.
Formó dos puños con las manos y empezó a golpear el suelo con fuerza una, dos, tres, diez veces y más, hasta que las manos le corroían con un intenso dolor físico que apenas podría distender ligeramente lo emocional. Manchas de sangre quedaron como runas sobre el suelo de piedra caliza, firmando con tinta roja la sentencia que se desencadenó sobre él cuando ese hombre al que pensó su padre durante toda la vida, le confesó su verdadero origen.
Todo era una mentira. Él era una ilusión que preparó Odín para engrandecer a su hijo verdadero. Loki era la sombra destinada a perder y no tenía esperanza, porque se la arrebataron al mismo tiempo que negaban su libertad. Era no más que una reliquia guardada en espera de ser usada, con el único propósito de volver al sitio donde nació pero que ya no le pertenecía en absoluto, pues le habían enseñado a odiar los monstruos que vivían ahí…e irónicamente, le enseñaron a despreciarse a sí mismo.
Se dejó caer de costado en el suelo, encogiendo las piernas y sintiendo que las paredes de esa gran habitación se cerraban contra su cuerpo, acalambrando sus miembros por la sensación de estar preso. Contraía el estómago sin llorar, y la falta de aliento se debía a que sus pulmones no recibían el aire que jalaba copiosamente sin éxito alguno.
Los labios empezaron a temblarle y por fin, como si apenas empezara a sentir la realidad de las palabras de su…padrastro, las lágrimas empezaron a salir de sus ojos. Sollozó cada vez con más fuerza, intentando entender por qué jugaron con su vida, con sus sentimientos…por qué eran tan crueles las personas que habitaban ese mundo podrido. Tratando entender por qué el destino lo había escogido para sufrir de esta manera, aplastándolo con fuerza por haber nacido extranjero y llegar aquí, a un sitio al que nunca perteneció por mucho que todos fingieron acogerlo. No, esa también era una mentira: De ningún modo le extendieron la mano, jamás le permitieron demostrar su valía ya prejuzgado como estaba, siempre hablaron mal de él y lo echaban a un lado, lo trataban de menos y despreciaban igual que a un insecto asqueroso. Tanto tiempo preguntándose qué hizo mal… Y ahora lo sabía: Nació con aquella naturaleza monstruosa.
Pero, esperen un momento. ¿Naturaleza monstruosa? ¿Realmente podía existir ese término fuera de los asgardianos? ¿Qué hay de natural y digno de absolución, hacer que un niño desprecié su propia raza? ¿Cómo se atrevían a decir que él era lo perverso en ese sitio donde todos eran demonios con caras de ángeles? Ellos confundían la belleza con la bondad, se había dado cuenta porque él nunca fue hermoso como su hermano Thor o Balder, ni digno de los buenos tratos de gente como Sif, que destilaba belleza externa. Como tantas otras personas, confundieron lo hermoso con la grandeza, y él permitió esos pensamientos incluso dentro de su cabeza.
Jamás se le dio la oportunidad de sentir la caricia en el rostro que producía el amor real, pues todo fue una gran farsa, de aquellas que ni siquiera su Lengua de Plata era capaz de construir. Le hicieron creer que podía ser parte de ellos mientras se reían de sus esfuerzos por encajar y ser aceptado, por hacer bien y utilizar su aguda inteligencia para el beneficio de los Aesir, cuando siempre lo tacharían de mentiroso y traicionero. Un hombre que se puede engañar incluso a sí mismo, ¿por qué habría de merecer la atención y el amor del resto? ¿Cómo pueden confiar en él? ¿Cómo puede ser alguien bueno? Estaba condenado a perder, a sufrir y a carecer de esperanza. Solamente era parte del diseño de un plan.
¿Eso es lo que significaba ser Loki?*
Conocía la sensación de vacío y resignación, pero siempre debió asegurarse de mantenerla lejos, de fingir que podía con ello.
El corazón siempre le pendió de un hilo delgado, demasiado tenso y gastado. Podía romperse en cualquier momento, y mientras se esforzaba por ponerse de pie para dejarse caer nuevamente, supo que se trataba de este segundo.
Sus propios sollozos pararon en algún momento, aunque él no sabría precisar exactamente cuándo. Seguía recostado en el suelo, abrazando sus manos sangrantes en un intento de calmar el punzante dolor que recorría desde la punta de los dedos hasta los hombros. Al mismo tiempo, todo lo bueno dentro de él se quebró y no quedo nada más que el odio, la ira y la decepción. El dolor que, todavía apabullante, seguiría recordándole por toda la eternidad que nunca tuvo un hogar y nunca lo tendría. Era inútil buscar, porque ser Loki significaba no tener esperanza… ¡pero!… él se encargaría de arrebatarle eso también a los demás.
—Quid pro quo —murmuró entre dientes, escupiendo las palabras mientras obligaba a su cuerpo a retomar aquella forma humana que, a pesar de todo, le ofreció cierto consuelo. Alzó la mirada esmeralda, y una última lágrima resbaló por su rostro, a lo que Loki se apresuró a tallarla con fuerza, dejando una marca roja sobre la piel blanca. No lloró más, ya no lo haría; era una promesa.
0*0*0
Las altas columnas doradas del palacio de Asgard reflejaban los últimos rayos del sol con tanta fuerza, que por un momento le trajeron a la memoria esas leyendas que devoraba en los libros con avidez y fascinación, en donde decían que la magnificencia de sus estructuras era capaz de cegarte, justo igual que la luz hacía con las polillas. Las torres del palacio se alzaban hacia el cielo, desde el centro la más alta y descendiendo simétricamente por ambos lados, recordándole desde la distancia la imagen de un órgano musical. El cielo se iba tiñendo de matices azul zafiro y nubes rosas de un lado a otro.
Todo aquello construía la visión de que Asgard formaba parte de un hermoso cuadro que a su vez, pertenecía a una colección de suma belleza. Y aunque él sabía que no pertenecía a ese mundo, gustaba en demasía de aquellas apacibles formas que se creaban cuando cayendo el anochecer, observaba desde el balcón de su habitación. Sin embargo, había de reconocer que a diferencia de su hermano mayor, no le gustaba pasearse por las calles pregonando grandeza y poder, así que casi no conocía más allá de los muros del castillo donde a veces le parecía, era intensión de Odín mantenerlo encerrado.
Mientras el sol se escondía detrás del horizonte, igual que un animal en su madriguera, Loki contemplaba el reino con poca curiosidad, como si todos los secretos que ocultara aquella ciudad dorada ya le estuvieran desvelados desde hace mucho, mucho tiempo.
Él no pertenecía a ese lugar, y como a cualquier extraño se le era tratado con cierto desdén e inferioridad. Aunque todavía dolía en lo más profundo de su ser, había comenzado a mitigar esa emoción y sustituirla absorbiendo todo conocimiento de historia y magia que tuviera a la mano, pues encontraba cierto alivio en cada palabra que se grababa en su memoria, permitiéndole explorar el cosmos en silencio, así como también la perspectiva de Asgard para con los demás reinos —a los cuales, por cierto, se encargaba de minimizar tanto como era posible—.
Por otro lado, justo cuando la noche empezaba a cubrir el reino, Loki se sentía abstraído por las sombras que se abrían camino lentamente a través de las calles, a las cuales encendían un montón de luces que hacían ver a Asgard realmente mágico, como si las estrellas bajaran para danzar y acompañar a los habitantes, rindiendo también un homenaje silencioso a la belleza del lugar.
Loki no se permitía admitirlo en voz alta, y cada vez que se miraba en el espejo se obligaba a recordar que este no era su hogar, pero cuando la noche llegaba, percibía con ese lugar cierto vínculo que deseaba conservar consigo el resto de su vida. De todo el reino, adoraba especialmente las fuentes en las plazas, pues del fondo brotaban miles de colores que convertían el agua en una imitación perfecta del Bifrost, el puente por el cual arribaban los barcos de comercio entre los ocho reinos que mantenían contacto con Asgard. Cuando pequeño, el de ojos verdes encontraba fascinantes las audiencias que tenían algunas criaturas con Odín, por lo que acostumbraba a escabullirse y mirar a escondidas las mercancías que presentaban, o simplemente los idiomas que utilizaban y la clase de cultura que los acompañaba.
Hasta ahora, conocía "personalmente" a los Elfos —luminosos y oscuros— que habitaban en las tierras Alfheim y Svartálfaheim respectivamente; por supuesto conocía a los hombres de Midgard; en una ocasión, Odín incluso recibió a uno de los Antiguos Enemigos proveniente de Jötunheim, su propio lugar de origen. Al resto de los mundos los conocía apenas por los libros que leía en su tiempo libre, ya que nunca había tenido la suerte de encontrar alguno de sus representantes en el Gran Salón del Trono.
De cualquier manera, para él era importante en ese entonces conocer a los otros reinos, pues si llegaba a ser elegido por su padre para convertirse en el soberano de Asgard, tendría que haber aprendido a conocer a sus aliados, sabiendo distinguir y respetarlos tanto como fuera posible. Incluso de no ser quien obtuviera ese importante papel, desearía ser un digno consejero para que su hermano supiera continuar con el reinado de su padre, que le parecía justo y correcto. Pero las cosas habían cambiado mucho desde que hace nueve años se enterara de la historia que se escondía detrás de cada mirada de desaprobación o burla que algún día le dirigieron todos, sin que él pudiera saber siquiera la razón de la arrogancia contra su persona.
Con los pensamientos ensombrecidos, cerró los ojos y respiró de aquella brisa fresca que lo iba abrazando lentamente desde las alturas del palacio. Se mantuvo en silencio, disfrutando de la caricia del viento mientras estaba solo y tenía la oportunidad de fingir que le crecían alas para salir de aquel sitio que lo sofocaba cada día más, al esforzarse en convertir su naturaleza en algo que nunca sería, muy a pesar de la mentira que era capaz de construir a partir de usar un camuflaje para no desentonar tanto.
Se dio media vuelta y la capa verde que colgaba de su espalda, adornando el traje de cuero negro, bailó con más fuerza al aire. Loki se apresuró a entrar a sus aposentos, decorados en oro y cortinas esmeraldas que caían como cascada desde el techo hasta la cama gigante, donde descansaban varios volúmenes de hechicería abiertos en una u otra de las —pocas desgastadas— páginas. Al lado de la cama estaba un pequeño pilar de mármol, adornado con la forma de una serpiente emplumada; encima se encontraba un plato de cristal considerablemente grande, lleno de agua que se movía como si estuviera cayendo gotas de lluvia sobre el contenido. Hasta hace varios minutos, Loki había estado practicando magia con este elemento, perfeccionando la técnica para manipularlo a su antojo al mismo tiempo que controlaba en el aire un violín, que tocaba para él una suave melodía creada por él mismo durante la tarde.
Hizo un movimiento con la mano, y el violín paró de interpretar la música antes de desplazarse hacia su estuche con cuidado. Los libros que estaban desperdigados sobre la cama se cerraron inmediatamente, levantándose en el aire para regresar a su respectivo lugar en el librero que Loki tenía en una de las esquinas del cuarto. Por otro lado, el jotun esperó más tiempo para aquietar el agua, alzando la palma y cerrando los ojos para murmurar unas palabras casi ininteligibles; respondiendo a éstas, el agua empezó a tomar la forma de un fénix, que sobrevoló la habitación en respuesta a los susurros de Loki. Para cuando la puerta de los aposentos se abrió repentina y estrepitosamente, el hombre de ojos verdes ya había arrojado el fénix directo a la cara del intruso que, no para su sorpresa, resultó ser su hermano.
Thor soltó un bufido cuando su rostro quedó completamente empapado, a lo que Loki se permitió sonreír divertido. El rubio se limpió el rostro con la mano y observó a su hermano con una mueca de ligera indignación.
—¡Loki! —Exclamó, con el ceño fruncido—. ¿Por qué has hecho eso?
El jotun se encogió de hombros e hizo que el agua se calmara con un señalamiento de mano. El mayor hizo un puchero, aun en espera de su respuesta.
—Te tengo dicho miles de veces que toques la puerta antes de entrar —indicó al fin el moreno, alzando la barbilla. Su hermano arqueó las cejas y le dedicó una de sus despampanantes sonrisas, disculpándole el escarmiento de hace unos segundos.
—Ambos sabemos que si lo hago, nunca me dejarías entrar. Váyase a saber la razón.
—La intimidad es importante para mí, en especial cuando estoy trabajando la magia y necesito concentración. Lo cual no puedo hacerlo —añadió mientras le dirigía una mirada reprochadora que no bastó para borrar la sonrisa del otro—, cuando entras y empiezas a hacer alboroto porque tus amigos quieren ir a algún sitio, y vienes a invitarme. —Lo último había parecido más a sarcasmo, si se tiene que aclarar.
—Hablas como si realmente te molestara salir de palacio, Loki —contestó Thor, acercándose y poniéndole uno de sus musculosos brazos sobre el hombro. El de ojos verdes frunció el ceño mientras alzaba la cabeza para mirar directamente a la cara de su hermano, que le pasaba de altura por casi una cabeza—. Pasar todo el día en tu habitación, seguramente no es bueno para la salud.
—A mí me gusta —señaló con más rudeza de la que pretendía—, e infinitamente más que ir con tus amigos. —Lanzó un suspiro. A veces le parecía que su hermano era el único que realmente ignoraba que era el hijo del más peligroso enemigo de Odín…no sabía si agradecerlo o qué—. Y entonces, ¿cuál se supone que es el plan ahora?
—Bueno, los chicos y yo estábamos pensando en dar una vuelta a la Plaza Central montados en los pegasos —Explicó Thor, alzando el brazo libre para señalar el horizonte con cierta exageración. Loki chasqueó la lengua.
—Que están en los establos, muy bien encerrados para que nadie que no posea conocimiento extenso sobre la magia, los tome —terminó de decir el joven. Thor rio nerviosamente.
—Eres un adivino.
—No voy a hacerlo —dijo Loki inmediatamente, haciendo una mueca—. La última vez que les ayude, yo fui el único que tuvo la culpa, ¿recuerdas? La arpía de tu noviecita me dejo plantado mientras intentaba conseguirles aquel arsenal prohibido.
Thor apretó los labios en una fina línea, disculpándose y poniendo cara de cachorro regañado.
—Pero, Loki —murmuró—… ya sabes que no lo hizo a propósito. Heimdall mandó a los guardias y ella apenas tuvo tiempo de esconderse.
—No me interesa. —Loki se soltó del agarre de su hermano y le dio la espalda, yendo hasta el librero y observando los volúmenes con fingido interés y animadversión (esta última no tan aparentada, claro, pero no dirigida precisamente a su hermano)—. Ustedes pueden liarse, pero yo no quiero formar parte de sus asuntos. —Antes de que Thor pudiera responder, una voz interrumpió en la estancia:
—Ya te decía yo que Lackey** es un cobarde egoísta que no nos ayudaría en nada. —Ambos hombres se giraron a ver a la mujer de largos cabellos negros que recién entraba al cuarto de Loki. Detrás de ella venían los otros amigos de su hermano, enfundados con ropas de fiesta, como si hubieran dado por sentado que él iba a acceder a su petición, que si bien no era lo más difícil del mundo, no le interesaba en lo absoluto—. Seguramente ahora querrá acusarnos con su padre —acusó, levantando las cejas hasta que por poco se escondían entre los mechones de cabello. Thor torció la boca.
—Mi hermano no haría eso —le defendió, aunque su voz sonaba baja, justo igual que cuando albergaba sus dudas (lo que no pasaba muy a menudo, porque su hermano era increíblemente confiado en ciertos aspectos, pero no en lo que concernía a Lengua de Plata). Sif puso una de sus manos en jarra, mostrándose incrédula. Loki le echó una mirada ponzoñosa, desde la coronilla hasta la punta de los pies, mientras su hermano volvía a dirigirse a él—: ¿Verdad, Loki?
—¿Por qué necesitaría hacerlo cuando sin mi ayuda, nada más saliendo de esta habitación se precipitan como gorilas echando gritos? En su cara se les nota lo que planean. —Fandral se metió a su habitación (¿por qué demonios todos se tomaban esa libertad sin su permiso?), luciendo un rostro exageradamente preocupado, más para hacer burla que sintiéndolo realmente.
—¿Qué sucede contigo, Sif? —Al menos, esa mueca irritante estaba destinada a la arpía esa—. ¡Estás ahuyentando a nuestra única esperanza de salir a conocer chicas humanas esta noche!
—No sabía que a Sif también le interesaban las mujeres —comentó Loki con malicia—, en especial porque siempre trata de eclipsar a todas con sus alucinados sentidos de ser la más bella.
—Solamente estás celoso, Lackey.
Sin darle a entender que le prestaba atención, miró a Thor.
—Así que es para conocer chicas —suspiró Loki, rodando los ojos.
—Y comer grandes festines —añadió Volstagg. Hogun suspiró mientras se cruzaba de brazos y sonreía ligeramente a su amigo pelirrojo. Loki frunció el ceño mientras el amante de la comida se acercaba y le dedicaba unas palmadas en el hombro que por poco le tiran al suelo—. Ya sabes, Loki, que todos te debemos mucho así que, ¿por qué no empezar a retribuirte justamente?
—Sí —concedió Sif con cinismo—, como por ejemplo, una cesión de belleza para (intentar quizá en vano) mejorar ese aspecto de serpiente que tienes. —Fandral y Hogun se sonrieron nerviosamente con la joven, mientras que Thor y Volstagg compartieron una mirada un tanto incómoda. Al fin, los últimos dos volvieron a emitir una especie de carcajada para aliviar la tensión, cosa que no funcionó para Loki, al que le hervía la sangre de odio por las palabras de la mujer—: Eso sí que te recompensaría todos los problemas que has tenido, los cuales a propósito, tú te los has buscado por ser torpe y querer hacernos travesuras.
—No podrán seguir apelando a mi buen corazón durante toda la noche —dijo entre dientes—, así que será mejor que se larguen de mi habitación antes de que los convierta en insectos y aplaste con mi bota.
—Venga, que no hay necesidad de ponerse violento —intervino Fandral—. Solamente estamos jugando contigo.
—Es cierto —dijo Thor, poniéndole una mano en la cabeza y sacudiéndole los cabellos. Loki se hizo a un lado violentamente—. Hermano, por favor. No te volveré a pedir nada más en mi vida. Realmente queremos conocer a los midgardianos.
—Pues para variar, siéntense a leer y estudiar.
—Gracias, pero preferimos vivir las experiencias —comentó Sif, sonriéndole coquetamente a Thor, que le correspondió con la mirada. Loki no debió forzar la mueca de asco.
—Adelante. Pero sin mi ayuda —contestó Loki—. Ahora, ¡salgan de mi habitación!
—Loki… —llamó su hermano.
—¡Ahora! —ordenó. Los otros hicieron una mueca de fastidio antes de salir. Thor miró una vez más a su hermano—. En serio no me importa lo que tú y tus amigos hagan, pero te quiero fuera de mi vista. Estoy harto de que me usen de su chivo expiatorio, porque a fin de cuentas yo soy el único que tiene la culpa al final.
—Asumiré toda la responsabilidad si algo sale mal.
—¿Estás insinuando que algo saldría mal si los ayudo? —Preguntó el joven, indignado. Thor se encogió de hombros—. De todos modos, nunca cumples tu palabra para conmigo; solamente te importa quedar bien con esos amigos tuyos, así que sal de aquí.
—Como quieras. Qué egoísta eres —le recriminó Thor mientras salía y cerraba la puerta con fuerza. Loki arqueó las cejas y apretó los dientes. Se giró de nuevo hacia el balcón y caminó hacia ahí, observando el reino nuevamente y enfurruñándose.
¿Cómo se atrevía a decir eso cuando jamás en su vida se ha molestado en darse cuenta del comportamiento que tienen sus amigos con él? Loki sabía que su hermano le estimaba, y más cuando cumplía sus caprichos; era la única persona que le sonreía cálidamente además de su madre (a la que tomaba por tal, aunque no compartieran sangre), pero no estaba dispuesto a sentir culpa por negarse a ayudarlo. ¡Loki siempre terminaba metido en problemas! Y aunque no negaba que las travesuras le divertían, no podía seguir permitiéndose esos deslices que empeoraban su de por sí mala relación con los Aesir.
Quedarse en Asgard dependía de ello. Este era el único hogar que conocía, a pesar de que hubiera dejado de sentirse como tal hace mucho tiempo.
Con un ligero suspiro pesado, bajó la mirada hacia la entrada principal de palacio, donde entraban ordenadamente dos filas de personajes. Frunció el ceño antes de inclinarse y soltar una maldición. ¡Había olvidado completamente que la llegada del cometa Yggdrasil era mañana! ¿Cómo había sucedido eso? Él jamás se desatendía de los asuntos puramente formales. La noche siguiente, se firmarían los papeles de Alianza cuando el cometa surcara los cielos, reformando así la supuesta Era de hermandad y unión entre los reinos. En esta ocasión, por primera vez en doscientos cincuenta años, la ceremonia se llevaba a cabo en Asgard, por lo que cincuenta invitados importantes de los ocho reinos venían a hospedarse en diversos sitios cerca del palacio o en el mismo.
Se sintió un tanto más estúpido al no darse cuenta de las palabras de Thor respecto a "conocer chicas humanas". ¿Cómo pudo dejar pasarlo por alto? Acaso se debía sentir más aletargado que de costumbre. Bueno, pensó mientras iba hacia el armario y abría las puertas hacia un pasillo de casi seis metros de largo y dos de altura, rebuscando entre las prendas algo que pudiera utilizar para la presentación de esa noche.
De pronto se quedó estático, casi sin aliento al darse cuenta de que ahí también estarían los jotun. Tragó saliva y se echó lentamente para atrás, con la frente cubierta de arruguitas de preocupación. El cometa Yggdrasil ocurría solamente una vez cada treinta y un años, por lo que Loki, al tener solo veintiocho amaneceres, nunca se vio obligado a relacionarse con sus congéneres.
Una sensación de pánico, así como también un frío helado en todo el cuerpo, empezó a apoderarse de él mientras sentía que estaba siendo encadenado al suelo. Pasándose la lengua por los labios, tomó una gran bocanada de aire para relajar el nudo en el estómago y la sensación de sofoco que empezaba a atenazarlo con fuerza. Cerró los ojos. De manera apenas perceptible podrían verse las negras pestañas temblando al compás de sus oscuros pensamientos. Nunca podría llegar a decirlo en voz alta, pero tenía miedo de enfrentarse con aquella realidad, aquel destino que lo había arrastrado a este sitio desolado e incorrecto.
¿Jötunheim conocería acerca de la fortuna de su príncipe perdido? ¿O incluso a ellos no les hacía falta saber nada acerca de su destino? Pertenecía a ellos tan poco como a Odín, sino es que menos.
Alzó las manos a la altura de sus ojos y recordó la tonalidad azul que hace nueve años le ahogó en pura desesperación y odio. Nada de eso había cambiado, pensó con cierta tristeza que se depositaba en su mente como una caricia filosa, igual que si intentaran clavarle un cuchillo con intenciones de pétalos. Se preguntó si acaso Odín le llamaría frente a alguno de esos gigantes para anunciar su procedencia. Aunque eso sería un tanto estúpido, ¿cierto? ¿En qué podría beneficiarle a Odín que los jotun se enteraran de que había secuestrado al hijo de Laufey? Aunque Loki maquinara sobre eso todas las noches, nunca le dejaba nada en claro, pues era muy estúpido e irracional.
Dejó que sus manos cayeran de nuevo al costado y observó con ojos tristes la nada, traspasando la barrera del tiempo y espacio, deseando ser cualquier otra persona. Eso era imposible, lo sabía muy bien, pero a pesar de todo era un pensamiento que no podía apartar de sí mismo. Ya debería de estar acostumbrado a la fuerte punzada en el pecho y la garganta, casi como si fuera a echarse a llorar; pero no lo haría. Se lo había prometido, y Loki era un hombre de palabra, aunque nadie le creyera.
0*0*0
De vez en cuando echaba la vista hacia atrás, añorando decir los pensamientos que se juntaban en sus labios sin atreverse a salir, puesto que eso significaría mostrar una debilidad que, al salir de Midgard en aquel barco, dejó en claro que no pretendía darle cabida en su mente o corazón. En vez de eso, trataba de concentrarse mejor en la extraña quietud del mar, por donde el navío se deslizaba igual que un barquillo de papel en algún lago que reflejara el cielo estrellado; a estas alturas, era como si estuvieran flotando sobre el firmamento, en donde la luna y las estrellas se unían con el horizonte y parecía que eran un solo paisaje.
Tan oscuro, tan hermoso… Steven jamás había visto algo así, aunque no le sorprendía demasiado, pues jamás se atrevió a salir del reino en el que vivió durante toda su vida. Midgard estaba a sus espaldas, y mientras iba caminando lentamente hacia la proa, se sintió melancólico. Había en su interior una fuerza que lo arrastraba a pensar que estaba yendo hacia el camino equivocado, y que lo que encontraría en Asgard lo llevaría a la destrucción, pero se veía obligado a cumplir la promesa que le hizo a Anthony Stark con respecto de acompañarlo a la celebración del cometa en calidad de guardaespaldas y amigo, pues el castaño se encargó de recordarle que no necesitaba la ayuda de nadie. Además, necesitaba saber que en Asgard encontraría la esperanza de salvar a Peggy.
Soltó un suspiro antes de sentir que alguien le palmeaba el hombro. Al girarse, se encontró con Tony; el castaño portaba en las manos un par de copas y al menos cuatro chicas detrás de él, siguiéndole y sonriendo con cierta fascinación. Steve se esforzó en regalarle una sonrisa jovial a su amigo mientras éste se apoyaba en las maderas y le ofrecía una copa, que se apresuró a coger entre las manos, aunque no se disponía a tomar un solo trago.
—Allá delante empiezan a verse los indicios de Asgard —comentó Tony, empinando el vino blanco a los labios y sonriendo casi inmediatamente, gustoso porque dentro de poco tiempo vería con sus propios ojos el cometa de Yggdrasil, en ningún otro lugar más que en la Ciudad Dorada, a la que siempre deseó conocer, pero que los deberes en casa (si es que así se le podía considerar), no se lo permitían. La excusa del cometa era perfecta para alejarse un tiempo de su padre y la vida tan ajetreada como la conocía, sin mencionar que buscaba expandir su popularidad por todos lados—. Con su gran calidad de paraíso, porque he escuchado que ahí las mujeres son tan hermosas como las mismísimas Diosas del Olimpo.
Steve frunció el ceño y se encogió de hombros, restándole importancia.
—Creí que solamente querías venir para observar el cometa —señaló, a lo que Tony puso los ojos en blanco.
—Mi estimado y querido amigo, uno nunca debe cerrarse las puertas a más oportunidades cuando viaja —comentó con una mirada casi soñadora—. Hay que saber hacer la vista gorda. —Volvió a sorber de la copa—. Mira el lado bueno, estando ahí quizá conozcas a alguien especial.
—Yo ya tengo a alguien especial —murmuró Steve, bajando la mirada hacia el agua. Ahí se dibujó el rostro perfilado y blanco de Peggy—. Solamente quiero regresar para volver a verla.
Tony hizo una mueca y lanzó una especie de suspiro exhausto.
—Sabes que quizá no sobreviva —le dijo en un tono suave. Rogers chasqueó la lengua y, sin pensarlo muy bien, se llevó la copa a los labios y la tomó hasta el fondo, sintiendo un ligero calor en la garganta y el pecho, aunque no sabía si por la bebida u otra cosa—. Necesitamos a un gran hechicero para eso, y además una de las flores de Hela. —Steve sintió que el corazón se le moría en ese instante mientras Tony le volvía a palmear el hombro, en esta ocasión con la compasión latente en su mirada—. Quizá podamos encontrar las dos cosas en Asgard; después de todo, vienen todos los soberanos y siempre van acompañados de un buen as de la magia, sin mencionar que de pura casualidad, podríamos conseguir una entrevista con la mismísima Hela y convencerla de que nos ofrezca una de sus plantas.
—Quizá —admitió Steve, balanceando la copa entre sus manos—. Debimos haberla traído con nosotros.
—Tú bien sabes que eso era imposible —murmuró el Stark, volviendo la vista hacia el horizonte—. El dolor sería insoportable y no habría garantía de nada. Mejor, que permanezca con su familia.
Él también deseaba pertenecer a esa familia, más que nada en el mundo. Tony le miró atentamente una vez más, hasta que sonrió y le señaló las luces doradas en la distancia.
—La esperanza muere al último, Steve —trató de animar—. Y nosotros ya llegamos a nuestro destino. —Miró hacia atrás, donde al timón se encontraba Nick Fury, con el rostro adusto fijo en su destino; él realmente era todo un rey, aunque muchas veces Tony pregonara que podría hacerlo mejor—. Recuerda que nuestro estimado soberano, te ayudará en lo posible.
Steve se esforzó en sonreír y asintió. Tenía que guardar esa creencia.
Un ruido sordo, como si cortaran el aire, le hizo alzar la cabeza hacia el cielo; una reacción que tuvieron casi todos los humanos mientras grandes dragones surcaban el cielo estrellado con la velocidad suficiente para difuminarse con la noche. Tony arqueó las cejas y empezó a reír entusiasmado, contagiando un poco a Steve de la fascinación que le causaban las criaturas en las que montaban los elfos. Más de un midgardiano estiraba la mano hacia el firmamento y exclamaba sorprendido; para ellos no era muy común ver a los elfos, pues éstos poco o ningún interés tenían en ellos.
—Cuánto quisiera poder montar en alguno —terminó de decir Tony mientras observaban al último dragón desaparecer en la noche; era de un intenso color azul zafiro, con las membranas alares de un color pálido y brillante, que parecía dejar tras de sí llamas blancas. Steve alcanzó a ver al Jinete, de largos cabellos platinados y la cara de dos tonalidades diferentes, que contrastaban justo igual que su dragón en la oscuridad. Rogers compartió durante un segundo la mirada con aquel elfo oscuro, antes de que éste desapareciera en dirección a Asgard—. ¿Steve? ¡Hey, te estoy hablando!
El joven se viró hacia el otro, que tenía los brazos en jarra y el ceño fruncido.
—Lo siento, no estaba escuchando —admitió. Tony puso los ojos en blanco—. ¿Qué decías?
—Iré a comunicarle a los chicos que llegamos, ¿me acompañas?
Asintió y con un paso lento, acompañó a Tony a los camerinos, donde debían estar sus amigos.
Pronto llegarían a Asgard, y ahí encontraría cómo ayudar a Peggy.
0*0*0
El banquete no tardaba en servirse cuando Loki llegó al Gran Salón, en donde ya se reunían la mayoría de los invitados. Incluso con todos éstos, desde enanos hasta jotun, el sitio continuaba viéndose absurdamente espacioso. Los grandes pilares que se alzaban muy por encima de sus cabezas eran de un color dorado con varios matices de mármol, y sostenían el techo decorado con grandes cúpulas encristaladas, que permitían que la luz del sol o la luna atravesaran los vitrales y proyectaran sobre el salón halos de variados colores, ofreciendo a la estancia un aspecto mágico.
Para la ocasión, ocho enormes mesas compartían el espacio, en cada una de ellas había cincuenta platos, cubiertos y vasos que esperaban pacientemente por ser utilizados en los variados festines que Odín mandó preparar para sus aliados. Por su parte, todos éstos se paseaban y platicaban entre ellos; las damas con sus largos vestidos que se deslizaban sobre el suelo como si sus portadoras flotaran, y los hombres elegantemente ataviados con sus respectivos trajes, alzando la barbilla y bebiendo vino mientras reían jovialmente.
Loki eludía a casi todos ellos, incómodo entre toda esa gente. De vez en cuando, alzaba la cabeza en búsqueda de su hermano mayor o sus inconscientes amigos, pero no tuvo éxito alguno. Por un instante, lamentó ser tan bajo en consideración. La pregunta le surgió repentinamente: ¿Por qué estaría en un punto medio entre la forma humana y los jotun? Es decir, los gigantes tenían una estatura promedio de casi tres metros de altura o cuatro, y él incluso era algo bajo en comparación con los humanos. De no ser por la coloración de su piel y ojos, sería casi igual a todos en Asgard, y aun así, no sería ni lo suficientemente hermoso o fuerte. En efecto, él estaba en un punto muerto entre ambos, pero si debiera decidir a dónde pertenecer, sería a Asgard. Por supuesto, pensar así no podría más que causarle un punzante dolor, pero él intentaba hacer caso omiso de su anhelo secreto que continuaba ardiendo en su pecho con demasiada intensidad.
—Loki —llamó una voz femenina que, lejos de causarle el típico desagrado, lo llenó de una atención afable como no sucedía con nadie. Al darse media vuelta, Frigga le indicaba con la mano que se acercara; llevaba un maravilloso vestido blanco de mangas largas que brillaba con intensidad gracias a la pedrería y las luces de los candelabros que colgaban aquí y allá. El de ojos verdes se acercó rápidamente—. Oh, hijo. Qué bueno encontrarte. Tu padre te ha estado buscando por todas partes, igual a Thor, ¿le has visto?
—Estaba buscándolo —respondió Loki, intentando no sonar tan cortante al escuchar a la mujer hablar de Odín como su padre—. Seguramente que continúa arreglándose; ya sabes lo delicado que se pone respecto a las fiestas.
—Pues espero que tengas razón, pero, ¿cuándo no suele olvidarse de las celebraciones importantes? Cielos, creo que mandaré a alguien a buscarle, pues tu padre no puede empezar el banquete sin la bienvenida, y pues, necesitamos estar todos.
Loki se obligó a sonreír, aunque por dentro lo que más deseaba era darse la vuelta e irse a su habitación para continuar con sus asuntos, pretendiendo ignorar a la supuesta familia que tenía. Asintiendo, le ofreció el brazo a Frigga.
—Vamos al trono de Odín —dijo, no soportando la idea de llamarlo padre—; desde ahí tendremos mejor vista del Salón. Si mi hermano resulta estar en su habitación —cosa que dudaba—, yo iré a buscarlo inmediatamente.
La reina asintió y dedicándole una de sus sonrisas maternales, le acompañó hasta el trono, en donde Odín estaba sentado con la mano sobre el mentón, en un estado meditativo a pesar de verse rodeado de diversos personajes importantes de los reinos. Loki y Frigga se detuvieron cerca y en silencio, echando discretos vistazos de un lado a otro. El de ojos verdes contuvo las ganas de chasquear la lengua, debido a que estaba seguro de que Thor se olvidó completamente del festejo y que a seguro, debió de irse a la Plaza con sus amigos estúpidos que le harían mal a la presentación de Asgard —no que le importara en lo absoluto—. Sin embargo, después él sería el mal hermano que no se encargó de avisarle al rubio cabeza de chorlito, pues sería su responsabilidad, blah, blah, blah.
Cuando vio a un jotun dirigir su atención directo al trono, como perforándole a él con la mirada, se giró hacia el otro lado, tratando de ignorar a éste. Por primera vez en mucho tiempo, agradeció cuando el alto de su hermano Balder los alcanzó a ambos y se puso delante. Loki no dudaba que intentaba dejarlo invisible ante los demás, como avergonzado de que su madre le sostuviera del brazo todavía, pero en realidad, el jotun respiró mejor cuando éste le bloqueó del resto de invitados.
Odín alzó inmediatamente la cabeza y se puso de pie, acercándose a los tres.
—¿Ninguna señal de Thor? —Preguntó a Balder, que se echó los dorados cabellos hacia atrás, dedicándole una despampanante sonrisa al anciano, capaz incluso de tranquilizar a los peores monstruos del mundo.
—No, padre. Sin embargo, ya mandé a soldados para buscarle a su habitación. Seguramente se quedó dormido —le dirigió ahora una mirada a Loki—, ¿verdad? Porque se supone que le recordaste de la fiesta de esta noche.
Frigga fue la única que pareció percibir cierta irritación proveniente del menor; en cuanto a Odín, se giró a verlo con una ceja arqueada en espera de su respuesta.
—Mis disculpas si Thor no tiene la memoria ni interés suficiente puestos en un acto tan importante —murmuró con cuidado, escogiendo las palabras lo mejor posible—. A decir verdad, estoy seguro de que yo no debería de hacerme cargo de recordárselo, en vista de que soy el menor y no me corresponde tu tarea, querido hermano. —Añadió con ponzoña. Los ojos azules de Balder destellaron con fuerza.
—Loki —interrumpió Odín—, ya sabes que Thor es un olvidadizo de primera.
—En efecto —concedió y soltó del brazo de Frigga—, por lo que espero que comprendan que es extenuante ocuparme de mis asuntos, los que mucho tienen que ver con los Aesir, y preocuparme también por todo cuanto tenga que ver con Thor. —Frunciendo el ceño, se dio media vuelta y bajó los escalones.
—¿A dónde vas? —Preguntó Balder.
—A buscarlo —respondió, todavía de peor humor. No podía creer que en serio su hermano hubiera olvidado la celebración previa al cometa, y que en cualquier caso, eso fuera su culpa. ¡Como si no tuviera otros asuntos que atender! A pesar de lo que la gente creía, él no era una maldita sombra pegada a su hermano. No desde hace muchos años.
Varios minutos después, luego de dar vueltas alrededor del Gran Salón y mientras se dirigía a la puerta principal del palacio, escuchó repentinamente la voz de Odín alzándose sobre la gente. Con un gesto casi incrédulo, se volvió hacia el trono, en donde a la distancia pudo observar a Balder y Thor —éste último jadeando copiosamente—, parados en fila junto a su padre y su madre, que miraba como buscándole con la mirada. Loki tensó la mandíbula.
—Ya no retrasaremos más la situación, mis estimados invitados —comentó el rey, alzando los brazos—: La familia real les da la bienvenida a cada uno de ustedes, así que por favor, siéntense a comer gustosos del festín que mis cocineros han traído para ustedes. Demos inicio a la llegada del comenta Yggdrasil, deseando prosperidad y vida, alianza y amistad entre nosotros, los reinos.
Loki sintió cómo se le revolvía el estómago de puro coraje. Se suponía que no debían comenzar sin que toda la familia real estuviera presente para abrir el banquete. Él ya sabía que no pertenecía a ese sitio, pero si Odín se la pasaba pregonando que lo amaba como un hijo, entonces… ¡Habían esperado a Thor! Y quizá únicamente eso.
Con la respiración entrecortada, debido a la ira y la frustración, no disponiéndose a permanecer en ese lugar ni un minuto más, se dio media vuelta y chocó contra alguien que le tiró encima el contenido de su copa. Algunos que estaban cerca se giraron y rieron un poco, mientras Loki alzaba la mirada y observaba a un chico tan alto como él, de cabellos rubios y unos intensos ojos azules que le contemplaban con preocupación.
—Lo siento —se apresuró a decir el chico, moviendo las manos torpemente y mirando de un lado a otro, hasta sacar un pañuelo de su saco y acercarse a limpiarle la ropa. Sin embargo, Loki se apartó, encolerizado por su mala suerte.
—Pero qué idiota eres —le reprochó, entre dientes—. ¡Mira lo que has hecho!
—En verdad lo siento —se disculpó de nuevo el joven—. Permítame…
—¡No! Apártate de mí.
Las cosas que siguieron transcurrieron con una rapidez asombrosa: Lo primero que Loki notó fueron las exclamaciones de todos los presentes, algo que no tenía nada que ver con su pequeño incidente. Después, casi al mismo tiempo, las puertas del Gran Salón causaron un enorme estruendo, llamando la atención a un joven sencillo que corría con el rostro deformado a causa de la consternación.
—¡Los dragones están atacando Asgard! —Exclamó—. ¡Los Elfos Oscuros están atacando la ciudad!
El joven Laufeyson se giró a ver hacia el centro, donde Odín abría los ojos de par en par, fijando la vista en el chico antes de hacerlo sobre un personaje que se abría paso con elegancia al mismo tiempo que rudeza, entre los invitados.
—Hola, Odín —habló con fuerza éste, al que Loki se sorprendió de reconocer como Malekith, el Maldito. A través de la gente, podía ver la mitad del rostro negro y los largos cabellos platinados—. Mucho gusto ser invitado a tu humilde celebración —en el acto, el elfo alzó una ballesta y con una certera puntería, antes de que nadie pudiera hacer nada, lanzó una flecha en dirección a Odín, que sin sorprender a nadie, la tomó antes de siquiera ser rozado. Los guerreros empezaron a movilizarse en contra de Malekith, que sonrió divertido antes de alzar las manos—. ¡Este será un gran festín, damas y caballeros! Sin embargo —hizo una pausa mientras los guerreros le tomaban de los brazos, capturándolo—, esto solamente es la distracción.
Desapareció ahí en medio de la nada. Su risa, no obstante, se escuchaba en todas partes. Loki alzó la mirada, y estaba a punto de iniciar alguno de sus hechizos, cuando el resto del caos se desató. Los elfos oscuros, respondiendo a una orden silenciosa, empezaron a desenvainar sus armas, asesinando a algunos de los invitados que todavía estaban demasiado cohibidos para reaccionar. Al instante, los jotun también empezaron a mirar de un lado a otro, alzándose y tomando por donde pudieran a otros de los supuestos aliados, arrojándolos contra las columnas para que éstos se estrellaran y dejaran unas manchas rojizas que escurrían al mismo tiempo que ellos al caer inertes al suelo.
Los gritos de pelea se escucharon por todas partes, con algunas mujeres corriendo a esconderse y otras sacando armas de debajo de sus faldas. Loki observó atónito cuando un elfo oscuro uso un kindjal para cortarle la cabeza de una tajada a un joven desprovisto de armas. En reacción al sentido de amenaza, él se olvidó de todo y sacó sus cuchillas, clavándole una en la frente al elfo.
No entendía nada. A decir verdad, las cosas se desarrollaban demasiado rápido para que él pensara en otra cosa aparte de atacar a cuanto se le acercaba con un arma. En medio de todo el desastre, notó por las ventanas el ataque de los dragones a la ciudad, incendiando todo lo que podían alcanzar las llamas.
De pronto, mientras se giraba para atacar a alguien con una de las cuchillas, recibió un puñetazo que lo tiró al suelo con un golpe sordo que, sin embargo, llegó a sus oídos con la fuerza de una columna desplomándose a un lado. Aturdido cuando la cabeza le golpeó la nuca, soltó un gemido y observó al elfo que sostenía un hacha cubierta de sangre negra. Loki frunció el ceño y se empujó para atrás justo al tiempo, antes de que el arma cayera cerca de lo que anteriormente debiera apuntar a ser su pecho. Con una mueca de coraje, su oponente volvió a alzar el arma, y justo al instante, un jotun le pateó con fuerza, proyectándolo contra varios individuos que cayeron al suelo antes de que los gigantes, les aplastaran con los pies.
Loki soltó el aliento que había contenido, observando con pánico la mirada que el jotun le dirigía. Con el corazón desbocado, intentó ponerse de pie. El gigante ya estiraba la mano hacia él cuando Loki juntó la magia en su palma y lanzó al rostro del gigante una esfera de fuego que le encendió la cabeza; en reacción, éste comenzó a gritar y sacudir los brazos de un lado a otro.
El moreno siguió retrocediendo hasta que, en ese momento, a su lado cayó un cuerpo inerte. Era un elfo luminoso, que mantenía los ojos abiertos y vacíos. Loki ahogó una maldición y se obligó a poner de pie, tambaleándose ligeramente mientras extraía la sangre de aquella desafortunada criatura, atrayéndola hacia sus brazos y formando una secreción dura y brillante como el rubí, al mismo tiempo que filosa como un par de katanas. Con los brazos convertidos en dos potenciales armas, empezó a moverse ágilmente, atacando a los elfos oscuros y algunos gigantes de hielo.
En una ocasión, estuvo a punto de ser herido mortalmente por uno de los primeros, pues mientras se defendía de un jotun, ya se le había acercado demasiado cerca. Al girarse, no le habría dado tiempo de contratacar ni esquivar; el golpe metálico de un escudo fue lo único que impidió que fuera asesinado. El escudo, adornado con una estrella blanca en el centro y una imitación de tiro al blanco con azul y rojo, regresó a las manos de su dueño luego de asestarle varios golpes a otros. Loki apenas le dirigió la atención al rubio de antes mientras éste se posicionaba a sus espaldas.
El joven Laufeyson compartió un segundo la mirada con los orbes cerúleos, antes de que éste, luego de golpear a otro contrincante, se volviera hacia él y le ofreciera el escudo como una especie de trampolín. Loki retrocedió un segundo sin dudarlo, se impulsó y corrió para saltar al escudo; sin palabras había comprendido, pensó mientras el rubio le empujaba hacia atrás y él giraba hábilmente para caer en los hombros de un jotun y cortarle el cuello con las navajas que tenía ahora por manos.
El frío que le heló la sangre justo al momento de ponerse sobre los hombros del gigante, le hizo perder el equilibrio, y cayó sin remedio hacia delante. Justo sobre el hombre del escudo, que sin estar preparado, apenas se giró para recibirlo. Loki emitió un gemido adolorido mientras abría los ojos y se encontraba topando nariz con el otro. Deshizo el hechizo que mantenía la sangre con aquella forma letal y se puso de pie, justo para ver —apenas siendo consciente— la guerra que se había desatado entre todos los invitados, así como los cadáveres tumbados en el suelo de mármol ahora sucio por la sangre.
Odín, justo en el trono, se dedicaba a pelear con Malekith, mientras más allá, Thor se desquitaba dando martillazos a una serie de contrincantes; él parecía especialmente feliz.
Alguien tironeó con fuerza de su brazo y lo movió, atacando a otro que ni siquiera había notado.
—¡Loki! —Gritó alguien, haciendo que él tragase saliva ruidosamente; aquella voz era como si gritaran tragando un fierro caliente—. ¡Loki Laufeyson!
Se le escapó el aliento al escuchar su —verdadero— nombre completo.
—Quédate cerca de mí —indicó la voz suave de aquel rubio. Loki se planteó la posibilidad de mandarlo a callar, pero estaba tan aturdido que ni siquiera cuando una jotun se acercó a un lado de ambos y el rubio atacó a ésta, pudo esquivar el golpe que les propino la gigante entretanto lanzaba un grito adolorido y tallaba los ojos con el brazo libre; el impacto que les propinó tan fuerte que ambos salieron proyectados por la ventana del palacio. El sonido de cristales, la explosión de pánico que le dio al no ser capaz de tocar el suelo con los pies, hizo que se olvidara incluso del dolor en el cuerpo.
—¡Steve! —Escuchó que gritó alguien mientras ambos caían al vacío.
El vértigo mientras veía a los dragones aumentó al sentir la sordera gracias al viento chocándole en la cara. Recurriendo a lo primero que se le vino a la mente, lanzó un hechizo de control a uno de los dragones que sobrevolaban cerca; éste se giró precipitadamente antes de chocar contra el castillo y aplastar a su jinete. Inmediatamente, se volvió hacia ambos y voló rápidamente para atraparlos. Tanto Loki como el rubio cayeron sobre el lomo del dragón, el segundo resbalando por poco hacia el aire. El asgardiano se giró y le tomó de la mano, pero el peso ya había desbalanceado al dragón, y ahora se giraba en una pirueta demasiado arriesgada de la que Loki apenas logró sostenerse por medio del arnés para dragón. Sin embargo, el impacto ya estaba hecho, y el dragón cayó sobre uno de los edificios dorados del reino, destruyéndolo todo mientras se volcaba contra las paredes y se removía una última vez antes de que un gran escombro le cayera sobre la cabeza.
El cuerpo inerte del dragón resbaló desde las alturas del edificio, mientras Loki se soltaba del arnés y caía sobre el suelo, con su compañero de batalla encima, clavándole el escudo de manera que le sacó el aire.
Escuchó un golpe sordo que debía corresponder al cuerpo del dragón y mientras observaba los grandes cortes y magulladuras que tenía el rubio, preguntándose si estaría vivo, un pedazo de los escombros le golpeó en la frente y, tan ridículo como se sintió durante los segundos en que la luz permaneció con él, perdió el conocimiento.
0*0*0
Steve llamó al asgardiano tres o cuatro veces antes de mirar al cielo y ver que los dragones seguían moviéndose. Con el ceño fruncido y la respiración agitada, el rubio tomó entre sus brazos al otro y lo levantó, muy a costa del dolor en el tobillo y el hombro derecho. Apretó los dientes y los párpados, emitiendo un gemido adolorido. Justo después, se ocupó de caminar lenta pero sin detenerse, hacia la salida del edificio. Durante el trayecto se encontró con una niña que gritaba asustada y se escondía debajo de una mesa, aferrando una pequeña muñeca. Se le acercó y, pasando a Loki sobre el hombro sano, cogió la mano de la niña y los sacó a ambos del edificio. Apresuró el paso a esconderse en algún callejón, levantando el escudo después de un rato para cubrirlos a los tres de los escombros que seguían cayendo.
No sabía si estuvo ahí horas o tan solo minutos, pero cuando el silencio se hizo presente y empezó a ver a los asgardianos salir de sus escondites, se permitió dejar caer el escudo al suelo y mirar a su alrededor. Respiraba profusamente para recuperar el aliento.
El último de los dragones desaparecía en el cielo, y lo identificó como el del elfo oscuro que anteriormente había visto surcar los cielos. Sin embargo, además del cielo nocturno, en Asgard ya no se conservaba nada igual, pues las torres de los edificios dorados estaban derruidas y cubiertas de llamas; las calles que al cruzarlas le parecieron senderos hacia el paraíso ahora tenían grietas por todas partes, hoyos donde había algunos cuerpos quemados o gente aullando por auxilio.
¿Cómo podía haber sucedido esto? ¡Los jotun y los elfos habían atacado Asgard un día antes del tratado de paz!
La niña se acurrucó en su cuerpo, apretándole en un abrazo que le dolió en las costillas. Sin embargo, Steve no hizo amago de evitarla, en vez de eso, la atrajo en un pequeño abrazo durante indeterminado tiempo antes de observar al joven asgardiano. Por un segundo pensó en irse al palacio nuevamente o ayudar a los heridos, sin embargo, se quedó ahí observando al moreno, sintiendo un ligero alivio cada vez que se cercioraba de que aún respiraba.
Quién sabe cuánto tiempo pasó antes de que una mujer llegara corriendo, abrazando a la niña, que rápidamente se había separado de Steve para ir al encuentro de la que parecía su madre. La pequeña indicó que había sido el rubio quien la salvó y la mujer, tan hermosa como Tony había dicho que eran las mujeres ahí en Asgard, le agradeció infinitamente. Preguntó qué podía hacer por él y Steve estuvo a punto de negar, cuando se le ocurrió dejar sobre refugio al moreno.
—¡Es Loki! —Exclamó ésta al mirarlo luego de escuchar la escueta petición del rubio, e inmediatamente hizo una mueca de desconcierto o desagrado, quién sabe—. Pues, yo… supongo que podría…
Se quedó casi un minuto en silencio, por lo que Steve se preguntó si acaso algo andaba mal o estaba pidiendo demasiado. Al menos parecía que la mujer conocía al chico, pensó. Momentos después escuchó el gemido adolorido de Loki y se giró para verlo. Éste abría poco a poco los ojos y se esforzaba en sentarse; de la frente le escurría un hilillo de sangre, pero fuera de eso y el cansancio, parecía estar de las maravillas...bueno, dentro de lo posible.
—¿Dónde estoy? —Preguntó con la voz ronca y un tanto rasposa. Steve escuchó a la mujer tomar a su hija en brazos e irse de ahí rápidamente. El rubio se talló la frente, donde los cabellos se le pegaban en la piel por el sudor y la suciedad.
—Estamos en las afueras del palacio —respondió. El joven Laufeyson se hizo para delante, tan rápido que pareció pescar un mareo. Steve le sostuvo un poco por la espalda—. Despacio. Recibiste un fuerte golpe en la cabeza.
Loki frunció el ceño y trató de ponerse de pie, a lo que Steve se apresuró a ayudarlo. Sin embargo, éste no tardó en sacudirse la mano que él había puesto bajo su axila para darle apoyo; Steve no dijo nada, simplemente frunció ligeramente el ceño y bajó la mirada.
—Tengo que volver —anunció, empezando a caminar. Steve lo siguió a costa del dolor, pues quería ir a palacio para ver que sus amigos estuvieran bien. El asgardiano se volvió hacia él—. ¿Por qué me estás siguiendo?
—Necesito ir al palacio también —aseveró con firmeza, cojeando mientras Loki aumentaba su ritmo, ignorando o poniendo prioridades ante los heridos—. Oye —dijo el rubio con voz baja—, gracias por ayudarme cuando… iba a caer.
El otro le ignoró olímpicamente, sin detenerse hasta que un niño lleno de cortes se le acercó, jalando de su capa verde y rasgada.
—Por favor —dijo el infante (de no más de nueve años), con los ojos llorosos—… mi hermana, ayúdela. —Loki se quedó estático durante demasiado tiempo—. Alteza, por favor.
¿Alteza? Repitió Steve mentalmente, abriendo los ojos de par en par, mientras el joven Laufeyson hacía una mueca y levantaba la mirada hacia el castillo, para después chasquear la lengua y acercarse a donde el niño le indicaba que estaba herida la chica. Steve, atraído por esto, los siguió hasta donde una muchacha permanecía recostada en la pared de una casa, con los ojos cerrados por donde escapaban pequeñas lágrimas; era tan idéntica a su hermano, que Steve pensó que eran gemelos, hasta notar que la forma de aquel cuerpo delgado ya pasaba mucho la edad infantil y entraba a la adolescencia.
—Hermanita —dijo el niño, mientras los padres alzaban la mirada—, encontré quien puede ayudarte. —Loki tensó la mandíbula, hincándose justo después para examinar las heridas de la pequeña, reparando en una herida que le atravesaba el costado con un pedazo de metal o algo parecido. Steve sintió un estremecimiento, y un gran pesar al escuchar a los padres sollozando y acercándose a Loki para pedirle ayuda. El de ojos verdes, con un cuidado meticuloso, sacó el metal del cuerpo de la chiquilla y ésta emitió un grito agudo, con más lágrimas resbalando de sus ojos.
—Chst. Chst, mocosa —le dijo Loki sin ningún tipo de amabilidad, arrojando el metal al suelo. Puso ambas manos en la herida de la niña, que se removía inquieta y adolorida. Un destello verde empezó a salir de las palmas de Loki al instante, y segundos después, la niña estaba estática y respiraba pausa y tranquilamente. Steve miraba sorprendido al príncipe mientras éste suspiraba y le dedicaba una sonrisa torcida a los dos pequeños, cuando ella abrió los ojos y su hermano se lanzó a abrazarla. Los padres se acercaron y le dedicaron al asgardiano un torrente de palabras casi ininteligibles, que Loki recibió con un notable sonrojo.
—Gracias, gracias Alteza —decían atropelladamente. Los otros aldeanos que estaban cerca, empezaban a aglomerarse, pidiéndole a Loki que sanara sus heridas. A Steve, el joven Laufeyson le pareció un tanto renuente a colaborar en ciertos casos (de hecho, el príncipe no escatimaba en esfuerzos para hacerlos a un lado e ignorarlos), pero en los más serios o casi mortales, aceptaba donar un poco de su ayuda. Steve se sentó un rato para descansar el tobillo y luego, se fue a ayudar a sacar de los escombros a la gente, que inmediatamente le pedía que llevara a los heridos con Loki.
Durante tres o cuatro horas se hallaron ahí, sin poder moverse a ningún lugar, hasta que Loki jadeaba y se había puesto pálido. Una larga fila de heridos todavía lo esperaba, a pesar de que sus "pacientes" fueron disminuyendo conforme llegaban algunos otros hechiceros y médicos. Al fin, Loki rechazó a cal y canto seguir ofreciendo su ayuda. Los asgardianos le miraron con odio, pero el otro se levantó, apoyándose en las paredes y haciendo una mueca adolorida, antes de caminar lejos de ahí. Steve se puso de pie, con los miembros entumecidos a causa del esfuerzo que había hecho.
Sujetó a Loki cuando éste iba a darse de bruces contra el suelo, y cuando sus miradas se encontraron, sintió el gran cansancio del joven mientras se dejaba caer de rodillas lentamente, como escurriéndose de sus brazos hasta apoyarse en las manos para no caer pecho tierra o de costado.
A pesar de todo, a Steve le pareció que se avergonzaba de la repentina debilidad que se apoderó de su cuerpo y que si por él fuera, prefería estar solo. El rubio se inclinó.
—Hiciste… —se detuvo y corrigió su modo—: Hizo un maravilloso trabajo allá atrás —le dijo, a lo que Loki alzó la cabeza y le fulminó con la mirada; es claro que había escuchado las palabras de los heridos que faltaban y se rehúso a ayudar, no por falta de disposición sino por escasa energía (cosa que no parecían comprender). El coraje parecía alimentar el brillo en esos ojos tan asombrosos como un par de esmeraldas—. Puedo llevarlo a palacio —sugirió entonces, extendiendo los brazos. Loki soltó una risa burlona y casi divertida.
—Apenas puedes sostenerte en pie tú —comentó. Steve se ruborizó.
—Puedo llevarle perfectamente.
Loki miró a los asgardianos que iban y venían ayudando a los heridos, con una mueca al sentirse ignorado completamente, alzó las manos y el brillo verde empezó a aparecer en sus palmas.
—¿Dónde te duele? —Le preguntó al rubio, que inmediatamente negó con la cabeza.
—No es necesario que…
—¿Dónde te duele? —Exigió el moreno. Steve bajó la mirada.
—El tobillo izquierdo y el hombro derecho —señaló. Loki asintió y ocupó quizá las últimas energías del día en curar a Steve. El rubio no pudo sino sorprenderse por la grata sensación de frío que le cundió las heridas, como si al ponerle las manos ahí, el príncipe se dedicara a bajarle la hinchazón como lo haría ponerse una buena cantidad de hielo. Era algo agradable que le hizo cerrar los ojos ligeramente y suspirar de puro alivio, pues ahí donde el cuerpo le punzaba se sentía ardiendo igual que si le pusieran un fierro candente sobre la piel. Aun a pesar de la ropa, casi podía percibir las yemas del otro con tanta sensibilidad como si estuviera desnudo; el pensamiento, sobra decir, le hizo sonrojarse hasta la raíz del cabello—. Mmm-hm. —Gimió al sentir el pronto alivio y la ligera caricia que sucedía en su interior. Solo hasta que separó los párpados, se dio cuenta de que los había cerrado. Loki le observaba dubitativo, con las cejas ligeramente arqueadas y la boca semi abierta, váyase a saber por qué. ¿A caso había hecho algo vergonzoso?
—Tu corazón —murmuró entonces el de ojos verdes, pillándolo de sorpresa—, tienes un corazón tan… —se quedó callado, sacudiendo la cabeza y luego aplicando curación al tobillo, que le provocó el mismo consuelo que en el hombro. En esta ocasión, Steve percibió el ligero rubor del moreno que se apagaba conforme las fuerzas parecían írsele de las manos… literalmente. Le puso una mano sobre las suyas cuando el pie ya no le dolía tanto y Loki alzó la mirada, curioso, deteniendo el procedimiento.
—Gracias. De verdad me siento mucho mejor —Steve se puso de pie luego de decir esas palabras, y seguidamente se inclinó para cargar a Loki, que negó con la cabeza.
—No quiero que me cargues así —dijo—. No soy ninguna dama.
—¿Entonces…? ¿De caballito, lo prefiere? —Sugirió Steve mientras se giraba y le ofrecía la espalda. Aún a pesar de la mueca de molestia, Loki aceptó el ofrecimiento y se trepó a la espalda del rubio, al que ya no le costó en absoluto enderezarse y empezar a caminar, mientras el asgardiano se abrazaba ligeramente a su cuello y apoyaba la barbilla en el hombro de Steve. El aliento del asgardiano era más bien frío, pero al de ojos azules le gustó esa sensación de frescura al tenerlo pegado contra la espalda. Sonrió un poco, mientras escuchaba las indicaciones del príncipe para llegar al palacio, con la voz medio convertida en murmullo hasta que por fin, se quedó dormido.
En el cielo, ya se empezaban a ver los colores del amanecer.
0*0*0
Como si su organismo le advirtiera que estaba en las puertas del palacio, Loki abrió los ojos lentamente. El rubio todavía le llevaba sobre la espalda, con un cuidado quizá demasiado exagerado. Sonrió un tanto divertido, hasta que reconoció el escenario más allá de la piel tersa del otro bajo la capa de sangre seca y suciedad, alertándose de inmediato al encontrarse en un sitio donde se desarrolló una cruenta batalla hace unas pocas horas.
Se removió un tanto inquieto.
—Ya llegamos —indicó Steve con suavidad—, tranquilo.
—De cualquier manera, bájame —le exigió, a lo que Steve se detuvo y lo bajó con cuidado. Loki sintió que el mundo le daba unas vertiginosas vueltas antes de detenerse y dejarlo parado con algo de náuseas, que se forzó a deshacer tan rápido como le fue posible. El rubio le miró con un poco de preocupación, mientras Loki asentía y se despedía de él con una mano—. Busca a tus amigos o lo que sea; yo debo retirarme.
—Aguarda —pidió el otro, captando su atención nuevamente—, ¿estás seguro de que te encuentras bien?
La preocupación en aquellos ojos era tan sincera, que Loki pestañeó repetidas veces sin llegar a comprenderlo del todo. Abrió la boca y la cerró un segundo después, sin atinar a decir nada realmente. Tardó varios segundos en darse cuenta de que ya debía de estar yendo con su familia, cuando asintió con lentitud, como si temiese de algo inespecífico.
—Yo…
—¡Loki! —Gritaron a sus espaldas, por lo que él se giró sin enterarse de sus propias palabras. Thor venía corriendo, con varias heridas en el rostro y los brazos, lo que a ser sincero preocupo un tanto al menor, ya que su hermano acostumbraba a salir ileso de las batallas—. ¿Dónde has estado? ¡Maldita sea! Padre te necesita.
Loki frunció el ceño.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó, recuperando la mueca estoica. Thor le tomó del brazo y tiró de él, llevándole lejos. Loki apenas se giró a mirar al rubio, que permanecía observándole con cierta cohibición.
—Padre fue envenenado. ¡Está muriendo y necesita de tu magia!
Loki se detuvo de tal manera que, por la fuerza del rubio, casi cae al suelo. Thor se giró a verlo con cierta desesperación y el ceño fruncido hasta que sus cejas se tocaban.
—¿Qué estás haciendo? —Exigió Thor, componiendo una mueca de coraje. Loki abrió la boca y la cerró repetidas veces, sin moverse, al fin negó con la cabeza.
—No puedo hacerlo —murmuró con apenas fuerzas. Los ojos de su hermano se volvieron encolerizados y le apretó tan fuerte la muñeca que creyó que estaba por rompérsela y soltó un alarido casi silencioso, componiendo también una mueca—. Basta, me estás lastimando.
—¿A qué te refieres con que no puedes hacerlo? ¿A caso no quieres salvar a nuestro padre?
—¡No seas idiota! —Bramó el moreno entre dientes—. Es que ya no tengo magia. Me he pasado la noche remedando a toda la gente… y si doy un poco más de mi fuerza… voy a morir.
Thor le soltó del brazo.
—Pero tú jamás te quedas sin magia. —Loki sintió que el estómago se le encogía, presa de un fuerte nudo mientras la garganta se le secaba—. ¡Necesitas actuar ahora o padre morirá! Tal vez, si solamente le alivias un poco hasta que te recuperes…
—De verdad, ya no puedo —soltó Loki, apenas con fuerza. La inminente verdad (aunque Thor no la creyera), así como la impotencia le hicieron colisión dentro de su cabeza, gritándole que no había por qué llorar por la persona que asaltó su cuna y se lo llevó, aquel que lo despreciaba con todas sus fuerzas… —. Lo siento. —Su voz se escuchaba quebrada, por lo que Thor se vio aún más consternado.
—Eres el único hechicero que puede hacerlo. Loki —le tomó de los hombros y le obligó a verle—, de verdad sé que tú puedes.
Consideró la opción de dar su vida realmente a cambio de Odín, al fin y al cabo, eso es lo que le estaba pidiendo Thor. En su mente, todavía alcanzaban a verse las imágenes de la pelea que su padrastro debió sostener contra Malekith y la herida de muerte que debió hacerle el maldito elfo antes de desaparecer en la noche oscura, junto con los gigantes de hielo. Ellos realmente eran monstruos, y quizá, de hacer tal cosa por Odín, la gente dejaría de verlo de aquella manera que rayaba en el desprecio. Tal vez, podía darse un verdadero lugar en el corazón de Asgard, en el de esa familia.
Asintió lentamente y dejó que Thor le llevará por los pasillos, sonriente por la esperanza que se le iba dibujando en el rostro.
Por fin, llegaron a los aposentos de Odín, en donde descansaba el anciano respirando con un agudo silbido, que provenía de la boca semi abierta. Los ojos a medio cerrar no parecieron dar cuenta a la presencia de Loki, que se acercó lentamente al lecho y estiró las manos hacia el pecho del hombre. Cerró los ojos un momento y trató de reunir sus últimas energías. Lo extenuante que le dejó el simple hecho de reunir aquella energía fue también como si con la hoja de una espada se la clavaran una y otra vez por todas las partes del cuerpo, entumiéndole los miembros y apenas permitiendo que él conservara una pizca de raciocinio en el cerebro que le permitiera ordenar sus pensamientos.
Frigga, que estaba ahí dentro, frotando entre sus manos una esquina de las cortinas doradas que decoraban los la habitación, le miró con preocupación, levantándose ante la figura encorvada de Loki, que llevó las manos al pecho de Odín y, sacando fuerzas de quién sabe dónde, empezó a extraer el veneno del organismo del anciano.
Cada vez que le faltaba el aire, tomaba una bocanada que le raspaba la garganta. Sus manos ya empezaban a temblar cuando llevaba casi la mitad del veneno, y el dolor en su cabeza le corroía el resto del cuerpo, que después de unos minutos se había empezado a entumecer.
Odín abrió los ojos, respirando mejor y aplazó su mirada en Thor, ignorando a Loki, que se había arrodillado en la cama y continuaba curándole, a medio perder el conocimiento. Fue ligeramente consciente de que alguien entraba en la habitación, y vio a Balder cojear hasta donde su madre y abrazarla con fuerza. Luego, se volvió hacia Loki, dirigiéndole una mirada ponzoñosa. El jotun trató de concentrarse e ignorar las vueltas que le daba el mundo, la extraña forma en que todo empezaba a moverse mientras más perdía la energía… la vida.
Ya tenía la cabeza medio sumida en el colchón, y alcanzó a percibir el aroma a lavanda y el regusto de sangre que provenía del rey. No, era la que él escupía de su propia boca. Estaba bien, todavía podía y le faltaba poco…
—Loki —llamó Thor, alarmado—. Espera, descansa un momento —pidió el rubio, a lo que Loki hubiera querido apartarle las manos en los hombros.
—Puedo —suspiró mientras se obligaba a enderezarse y continuar con su tarea durante unos minutos—… ya ca…casi…
Y entonces sucedió: Odín alzó la mirada hacia Loki y le miró con esos orbes azules combinadas en una expresión de enfado y asco tal vez.
—Jotun —dijo en voz baja con una pizca de burla, haciendo que la palabra le perforara en los oídos. Luego, el anciano miró a Thor—. Gracias por todo, hijo. Cuida del reino y a tu her…
—Padre… —empezó a decir Thor, mientras las lágrimas escapaban de los ojos de Loki y éste respiraba entre sollozos, entrando en una especie de crisis. ¿Cómo se atrevía a ignorarlo? ¡Estaba muriendo por salvarlo, maldita sea! —. ¡Loki! —Gritó su hermano, alarmado al ver que los ojos de Loki se volvían de un rojo escarlata, absorbiendo en sangre incluso la esclerótica. Y cuando los pensamientos del jotun volvieron a colisionar dentro, Loki gritó con tanta fuerza que el resto de sangre que todavía no escapaba de sus labios y manchaba sus dientes, salió disparada para manchar las colchas—. ¡Loki!
El brillo verde que había sido expulsado de las manos del moreno se disipaba con rapidez, y ante las miradas atónitas de todos, él terminó adquiriendo esa apariencia tan terrible.
Lo siguiente que salió expulsado de sus manos, fue un viento helado que al instante de salir de sus palmas se convirtió en estalactitas que atravesaron el cuerpo de Odín, desde la cintura hasta el pecho, yendo parar una al cuello. Odín abrió los ojos un segundo, mientras la vida se le escapaba de los ojos y emitía un ligero suspiro que se ahogó antes de terminar.
Se quedó mirando un punto en la nada, en el rostro de Loki, que se echó para atrás temblando de pies a cabeza mientras poco a poco, le regresaba la sensación de estar con vida, como si al recuperar su forma original, hubiera regenerado la fuerza, aunque distaba mucho de ello; él simplemente estaba reaccionando ante lo que acababa de hacer.
Frigga se había llevado las manos a la boca, con los ojos anegándose de lágrimas; Thor parecía incapaz de moverse, observando a su padre perder la vida sin poder hacer nada; Balder soltó un grito antes de acercarse a Loki para agarrarlo del cabello.
—¡Maldito! ¡Desgraciado infame! ¡Monstruo traidor! —Le decía mientras tomaba de los cabellos a ambos lados de la cabeza y se la estrellaba en el suelo una, dos, tres veces hasta que la sangre empezaba a escurrir de ahí. Reaccionando a ello, Loki alzó los brazos y apretó el cuello de Balder con fuerza; los ojos desorbitados de éste por la ira. El menor ya estaba muy débil, y apenas atinaba a rebatirse de un lado a otro buscando librarse del otro sin éxito, hasta que, alimentado por el odio, empezó a congelar el cuello de quien fuera su hermanastro. Fue cuando Thor se lo quitó de encima. Loki le miró con desprecio antes de lanzar una esfera de fuego que le pegó de lleno en el pecho. El rubio empezó a maldecir mientras Loki, apenas con fuerzas, se giró y empezó a gatear hasta la salida, poniéndose de pie y usando sus fuerzas para volverse invisible y esconderse en una habitación cualquiera cuando el conocimiento lo iba a abandonar de nuevo.
Se había creído capaz de llegar a los establos, pensó mientras caía sobre el suelo. Miles de imágenes incongruentes y confusas desfilaban por su cabeza antes de sumirse en la oscuridad.
Cuando despertó la cabeza le dolía intensamente, pero de alguna manera ya se sentía descansado. El lugar donde estaba era un cuarto… no, una celda. Se sentó con cuidado mientras observaba de un lado a otro, reconociendo los gruesos cristales reforzados que lo separaban del exterior por casi dos metros; las líneas rojizas anaranjadas también las conocía como aquellas que le impedían hacer magia. Había una mesilla con una botella y un frasco lleno de frutas, las que a propósito, estaban seguro de que eran venenosas. Dejó caer los brazos a los costados y arqueó las cejas, impresionado por continuar vivo.
Miró sus manos, aquellas que eran como las de un asesino. Eran las de un asesino.
Sintió tanta vergüenza y odio que incluso se olvidó una vez más de la promesa que hizo para no llorar. Había matado a Odín… al hombre que… lo secuestró y le mantuvo prisionero toda su vida, como un objeto en espera de ser utilizado. Sin embargo, era el mismo hombre que un día le puso una mano sobre la cabeza y le dijo que era bueno aplicando la magia y que quizá algún día, podría ser rey. No importaba la mentira de aquello, pero Loki algún día había querido a Odín. Y ahora, lo había asesinado.
Se cubrió la cara con las manos y permaneció en silencio. Después de tres lágrimas derramadas, ya no salió ninguna más. No le veía caso a arrepentirse, si eso no iba a solucionar nada.
Por otro lado, no estaba dispuesto a morir en ese lugar. Levantó la mirada y entonces, con gran sorpresa se encontró con una mujer de asombrosa belleza, es decir, al menos la mitad de su rostro y cuerpo, pues contrastaba la belleza de un lado con la putrefacción del otro; ella despedía un olor nauseabundo que Loki apenas pudo contener para dar una arqueada.
—Hela —murmuró con cautela, mientras ésta sonreía combinando la displicencia y la afabilidad—. Señora de Helheim, ¿qué puedo hacer por ti?
—Querido Loki, mi muy estimado príncipe de Asgard —ladeó la cabeza, mientras su voz cantarina y fina se extendía por toda la estancia—, o debería decir, de Jötunheim.
Loki frunció el ceño y le miró amenazadoramente, cosa que pareció dejar por alto la mujer, que miró el sitio con una sonrisa cada vez más amplia.
—Grandes aposentos para un traidor. Es decir, me sorprende que no estés en mi morada.
—¿Qué quieres?
—Agradecerte —respondió mientras se inclinaba hacia él. Loki se obligó a mantener su rostro inmutable por mucho que deseaba torcer la nariz de asco—: Has traído a Odín a mi reino. Y no tienes idea de cuán feliz me hace eso… aunque —hizo una pausa y se alejó un poco de él—, no vayas a pensar que todo esto ha sido parte de un elaborado plan mío. Todo esto es causa de Malekith, el Maldito y por supuesto, el Padre de Todos, que ha creído tan ingenuamente que podría gobernarte a ti, destinado a los planes más grandes.
Loki lanzó una carcajada seca y divertida.
—Sí, claro —se burló, mientras la mujer le tomaba del cuello. Sintió un frío hiel que le dejó quieto mientras una parte de él parecía morir al contacto de Hela, que depositó un beso en su frente y lo soltó inmediatamente.
—Cierto es que las circunstancias se te están dando de una manera diferente a lo planeado —comentó encogiéndose de hombros—. Y es muy posible que mueras al amanecer, tal como se está planificado. Sin embargo… yo puedo cambiar eso, pues me sirves más vivo que muerto.
—¿Ah, sí? —Preguntó, incrédulo y apoyándose más en la pared, ofreciéndole a la mujer una mirada cínica—. ¿Por qué? ¿Para qué piensa la señorita que puede usarme a su antojo y sin preguntarme?
—Yo jamás te obligaría a nada, Loki Laufeyson —murmuró ella con divertida afabilidad—. Es solo que hay muchas cosas que tú puedes ofrecer antes de llegar a mi mundo.
—¿Cómo qué?
—Como darle muerte a todos aquellos que me destinan su crueldad en un futuro… sin mencionar que te harán sufrir mucho a ti. Tenemos un punto en común, Loki. Y si tú aceptas mi propuesta, te sacaré de aquí.
Estiró la mano huesuda hacia él, pero Loki no correspondió el gesto.
—Primero, quiero escuchar tu propuesta. —La mujer hizo una especie de mueca y luego se encogió de hombros.
—Bien —aceptó ella—: Tú sabes que todas las almas valerosas y puras de los mundos terminan llegando al Valhalla —Loki asintió—. Pues, para salvaguardar mi destino de los azotes que tomarán los asgardianos conmigo, necesito un alma pura. Pero ésta jamás vendrá a mí… alguien debe traérmela, en el mismo cuerpo de su portador.
—Que esté vivo. —Terminó de decir el asgardiano. Hela asintió.
—Por supuesto, eres el único capaz de engañar a una persona sin corromperla en lo absoluto —continúo ella—. Y el único también, capaz de abrirle las puertas de Helheim al humano que necesito.
Loki arqueó las cejas.
—¿Un humano? —Preguntó sorprendido—. Si buscas un alma pura, ¿por qué no encontrarla en un elfo luminoso? Ellos…
—Ellos no son lo que necesito —exclamó Hela con los ojos brillando intensamente; Loki se quedó callado, hasta que la mujer sonrió de nuevo—. Sé cuánto dolor sientes, Loki —susurró—. Sé cuánto has esperado por las respuestas, y te aseguro que mi viaje será revelador y trascendental para ti. Incluso, puedo prometerte el poder que mereces, no en Jötunheim ni en Asgard, sino en los ocho reinos además del mío. —Le dio la espalda, sonriendo aún más—. He visto todo lo que te han hecho, y puedo sentir cuán cansado estás de ello. Es decir, ¡mírate! Ibas a sacrificarte por Odín, y ¿cómo has terminado? Encerrado aquí, con la sentencia de muerte firmada. Siendo que mereces tanto la vida que te arrebató ese bastardo de Odín, el poder que contienes dentro de ti. Querido —dijo, acariciándole el rostro de nueva cuenta—, yo puedo darte todo. Y lo único que necesitas, es darme un alma.
Loki alzó la mirada, viendo en los ojos de la mujer, el reflejo de su propia muerte, de la culminación de sus injustas torturas y tratos. Desvió su vista unos segundos.
—Hace nueve años prometiste que no te dejarías querer a nadie, que no permitirías dejar impune las burlas de todos. —Insistió Hela—. Estoy aquí porque es el momento adecuado para decir basta.
Sus palabras, lo sabía Loki que era el mejor mentiroso de los reinos, eran una promesa sincera. Loki la miró.
—Esa alma —hizo una pausa—, ¿tiene nombre?
La sonrisa de Hela se hizo más grande y asintió.
—Steven Rogers.
Continuará.
¡Yai! Tiene mucho tiempo de que no escribo algo tan raro (xD). Pero me permito decirles que el fic se sostiene gracias a sus comentarios, por lo que espero que les haya gustado y me permitan darle una continuación, de la cual espero no tardarme -ahora me enfocaré en el otro Stoki (:D)-. En fin, muchas gracias por leer y comentar, sempais. Miles de bendiciones por hacer que esta escritora se anime a continuar con sus ideas (nwn)
A propósito, el título de la serie: "Hado" que viene equivaliendo a ser un sinónimo de destino, no sé muy bien qué tenía que ver (xD), pero a ver a dónde nos lleva el mentado "destino" que prepare mi cabeza conforme los días (:D)
Matta ne~ (owo)/
*Esta forma de expresar, tengo que decirlo, pertenece más bien a los videos de "Thor & Loki. Hermanos de sangre", los cuales vi recientemente.
**Lackey: Significa lacayo en inglés y, ¡oh! Sorpresa, tiene un gran parecido a la pronunciación de Loki. El "apodo" —que a propósito, no hace falta decir cuánto odio (u-ú)— también sale en los capítulos que mencione arriba.
