¡Buenas, sempais! Espero estén pasando un bonito día. Yo estoy aquí presentándome para ofrecerles la segunda parte de la Serie que empecé con el capítulo anterior. Por supuesto, antes anunciándoles cuánto me alegra que hayan encontrado la historia digna de sus comentarios, que son la única cosa que mantiene viva mi llama escritora (xD). Ok, antes de los bien merecidos agradecimientos de siempre, quiero disculparme porque anteriormente había dicho que me abocaría a "Cerúleos bajo la luna", sin embargo, bajo una buena dosis de gomitas de San Luis, mi cerebro y manos me pedían a gritos continuar con este fic (uwuU), así que lamento hacerlas esperar con la otra actualización (nwñ).
También hay un par de asuntos a tratar en cuanto a la continuación de esta serie (owo): (1) La verdad es que en medio del apogeo de inspiración y tratando de darle un poco de bases —claro, cómo tienen mucho sentido mis "bases" (¬¬U) *sarcasmo*—, el Stoki me andaría comenzando en el capítulo que sigue; de momento me apetecía demasiado tratar un poco más a Hela y Steve (nwn), así que espero no les moleste y me permitan llegar a lo que sigue para definir bien el desarrollo de nuestra querida parejita. (2)... No me aguante, de verdad, así que de una vez anunció: Un personaje muere hoy (nwn), ¿adivinan de quién se trata? (owó) —bueno, a mí me parece muy obvio de quién hablo (xD)—, espero que mi falta de anime-gore no disminuya lo que la imaginación y las gomitas me permitieron sacar, pero la verdad no tenía ganas de ponerme sádica toda la semana nada más para ese personaje, así que probé ser... ligeramente más "gentil" —aunque admito que ganas no me faltaban de mandar al cuerno mi "buen corazón" (nwn)—.
Ahora, a mis sempais:
Soontoclosethisaccount: No tienes idea de lo feliz que me hicieron tus palabras (QwQ). El solo hecho que me hayas dejado review me llena de alegría porque, gracias a eso, me permito no desistir de continuar con la historia. Créeme que sentir que las actualizaciones valen la pena por los comentarios, me alivian el hecho de que no pueda con las otras historias; tengo el mal hábito —o pensamiento— de medir la calidad o validez de mi historia con el número de reviews, así que para mí, vale mucho que me honres con el tuyo —además de que por tu culpa me volví fan de la pareja (owo)—. Y con respecto a Sif, merece lo peor del mundo (¬¬), su forma de tratar a Loki —en especial en los videos que me pasaste—, es como para no recibir ni pizca de perdón...ya me encargaré de vengarme en mil universos diferentes (xD). Sinceramente espero disfrutes el capítulo y me permitas a mí gozar de tu comentario (:D).
ilyasha77: También te mando mis más sinceros saludos y bendiciones (nwn) y de pilón mil gracias por comentar, sempai. Primero que nada, porque mientras leía tus palabras se me ocurrió el nombre del capítulo y como ya he dicho con anterioridad, no puedo seguir sin uno —y suelo tardarme demasiado en encontrarlo (eweU)—. En fin, cielos, espero llenar todas tus expectativas con respecto a esta serie (x3), sinceramente voy leyendo lo que escribes y solamente trato de imaginar cómo exponer todas las respuestas de forma coherente y satisfactoria para ustedes. Loki es asombrosamente genial, y me lamento mucho que la actitud de todos para con él sí me parezca la de Odín; es decir, todo lo que le han hecho pasar, es justificable que él reaccione de la manera que lo hace. ¡Ellos son los monstruos! (o.ó) Y ahora hago campaña para asesinar a todo cuanto le hirió sin justificación —o simplemente me caiga mal (nwn) *persona harta de guardarse la frustración y el odio contra ciertos personajes*—. Espero que la actualización de hoy te complazca lo suficiente para honrarme con otro de tus queridos comentarios.
AkatsukiDrak: Nunca está de más —y es necesario— decirte cuánto te agradezco por tu comentario. Me pinta una sonrisa saber que la historia te ha gustado y que has pasado un buen rato leyendo esta cosa rara (xD) —seamos sinceras, que lo es realmente—. Dado que he creído no manejar tan bien la Lengua de Plata que posee Loki, me hace feliz que al menos pueda mostrar esa faceta que despierta en nosotras no solamente empatía hacia tan complejo y excepcional personaje, sino también esa clase de conexión que nos identifica con él. Mis respetos a Stan Lee por haberlo creado y —cómo no— a Tom Hiddleston por haber realizado de manera convincente a Loki... es decir, en serio que cuando se entera de quién es, la forma en que actúa hizo que me saltaran las lágrimas —y quien doblo en español a Loki, hizo un nudo en mi garganta porque hasta se le quiebra la voz (xD)—. En fin, me estoy yendo completamente por las ramas (nwnU). Espero que mi actualización alcancé tus expectativas y sea merecedora de tu tiempo y review (uwu), que no hay mejor felicidad que leer palabras como las tuyas.
KariDz: ¡Hola sempai! Un gran placer contar con tus palabras y te lo agradezco mucho. Bueno (xD), supongo que a mi percepción sigue siendo raro y enredado, pero si también es diferente y eso hace que te guste, espero continuar con ese último toque (nwn). Oh, lamento que Odín ya no tenga una segunda oportunidad (Q-Q)... no, la verdad el tipejo ese se merece ir a donde Hela, en la "mejor" habitación (xD), ósea puede decir lo que quiera en su defensa, pero sí me parece un idiota de los más grandes. Por ejemplo, ¿cómo se supone que pretendía hacer la paz con Jötunheim, si jamás le dijo nada a Loki? ¡No solamente se lo robó sino que le mintió toda su vida! Y sí, a Loki le corresponde obedecerlo y hacer —como siempre— lo que a esos les plazca *ironía* ¿Es que tiene el cerebro del tamaño de una bacteria? ... Ok, lo siento, se me activó la neurona "Denfender-a-Loki-de-los-idiotas" —sí existe en mí (xD)—. Bueno, a ser sincera yo también me veo muy cruel con que lo odien TODOS, pero a ser sincera, no tengo planeado pintarme a Thor como otro de la larga lista por matar —aunque ya hacen mucho las películas como para que no le dé siquiera una lección (¬¬)—; por otro lado, mi cabeza no concibe a otro más que Steve para tenderle esa mano que él necesita (*w*), aunque por mucho sea de las parejas más "imposibles" de todas. ¡Sí! *risa malvada*, me encanta jugar con las almas y el conflicto entre el juramento por tu vida y el amor que crece por ese al que debes "traicionar" (x3), espero que te guste lo que viene (owó) y me sigas honrando con tu comentario (nwn)
Y luego de estos agradecimientos tamaño Biblia —jo, realmente tengo que empezar a medir mis palabras (uwuU)—, les dejo el capítulo:
Hado: Detrás de una máscara
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¿Qué se siente perder la esperanza? Es como drenar toda tu sangre y regalarla al destino, para recibir únicamente los azotes que te depara un sendero repleto de rojo, que rebosa de aquella tinta hasta cubrirte por completo, ahogándote en medio de la desesperación, y cuando el aliento se termina, no queda más que tocar fondo. Perder la esperanza es sentir todas las flechas de una aljaba y arder en una hoguera sin final, como si no bastara que la muerte ya tocara la puerta. Los últimos suspiros del alma, cuando un velo oscuro cubre los ojos mientras todo a tu alrededor parece terminarse, es lo que deleita tanto a los dioses que condenan a ciertas personas a un camino que no podrán cambiar aun luchando con todas sus fuerzas.
Eso es lo que significaba perder la esperanza, y Loki al fin comprendía lo vacío que estaba sin ella, como si le hubieran despojado de la única amiga que podría ofrecerle consuelo.
Sobra decir que muchos años atrás perdió la fe en lo que decían las personas. Al ser él considerado por todos únicamente como un "mentiroso" de primera categoría —por no decir el mejor—, sabía identificar las dos caras de las personas. Para Loki, siempre resultó sumamente divertido encontrar el corazón de la gente, y mucho más hacer de ese conocimiento una ventaja contra los demás. Conocer el corazón del resto era un punto a su favor, y cómo no, también algo que los Aesir nunca dejaron de aprovechar.
Eso es precisamente lo que define a las personas: Son egoístas y abusadoras, toman todo cuanto quieren de ti para desecharte en cualquier sitio que más les convenga o enterrarte bajo tierra, en un agujero donde nadie va a encontrarte jamás, y como si corrieran una pesada y gruesa cortina en su memoria, se olvidan de ti y las cosas horribles que hicieron contigo. Esa es la verdadera naturaleza humana, y Loki sabía de ello más que de sobra. Por eso aún permanecía estático, con las palabras de Hela resonando en las paredes de su cerebro con más fuerza de la conveniente, ahogando poco a poco la cruda verdad tras la faceta casi amable de esa mujer.
Steven Rogers era el nombre del alma que esa mujer deseaba, un alma pura que ella necesitaba y, poniéndose en las circunstancias, él también.
Frunció el ceño, como si aquello le pudiera ayudar a pensar mejor las cosas. No tenía intención de ser usado de nueva cuenta, pero como ya antes lo había dicho, no le quedaban muchas opciones a escoger.
Levantó la mirada hacia el huesudo y maloliente brazo que la señora de Helheim extendía hacia su persona, en espera de la respuesta que pudiera ofrecerle. Uno diría que él —y cualquiera en su posición— aceptaría sin pensarlo, pero Loki tenía derecho y varias justificaciones para temer de la promesa que se dibujaba en los ojos de Hela, en la curva maliciosa que se instalaba en sus labios, convirtiéndose en una fuerte soga para escapar de un laberinto donde hace mucho que había estado perdido.
Es cierto que la esperanza es todo cuanto le quedaba desde años atrás, por lo que a decir verdad, era consciente de que únicamente servía para hacerse daño a sí mismo; la esperanza era un arma de doble filo, pensó al volver a trabar contacto visual con aquellos ojos tan llenos de vida y muerte al mismo tiempo.
—No tengo todo el día, Loki Laufeyson —dijo Hela con el ceño fruncido, pero sin perder en ningún momento la sonrisa. El moreno hizo una mueca; detestaba su nombre completo, pues siempre se le erizaba el cabello y le revolvía el estómago—. ¿Cuál será tu respuesta? El tiempo ya corre, así que yo no lo pensaría demasiado.
Estaba harto de jugarse la vida en busca de las expectativas de todo lo correcto; acaso el camino para destruir era el único que le habían dejado para escoger. Después de todo, su vida no significaba nada para los asgardianos —ni tampoco para los jotun, ya que estaba en eso—. Sin importar cuántas veces se esforzó en complacerlos, ni cuánto deseó que lo quisieran, en la Ciudad Dorada siempre le odiaron y nunca le dieron una sola oportunidad de redención. Él solamente era el hijo de Laufey, un juguete para divertirse torturando y un objeto a utilizar cuando más les conviniera. Entonces, ¿por qué sería injusto defenderse? Llegados a este punto, aprovecharse de aquel insignificante humano no sería distinto a lo que le enseñaron durante toda su vida. No le gustaba aplicar la misma regla, pero ya no tenía muchas opciones.
—¿Quién me asegura que cumplirás tu palabra? —Preguntó con desconfianza, aunque Hela no pareció en absoluto ofendida.
—¿Quién me asegura que tú, príncipe de las mentiras, cumplirías tu palabra? Está claro que tendremos que dar un salto de fe.
—Para ti es fácil decirlo; no es tu vida la que estamos apostando.
—¿Qué vida has poseído aquí encerrado? Y no hablo de esta celda, ni de este momento en específico —rebatió, dejando caer el brazo. Loki estuvo a punto de ruborizarse hasta la raíz del cabello (aunque gracias a su buen autocontrol no sucedió nada), pero el mohín que hizo con la nariz obvió que la respuesta le desagradaba. No obstante, debió admitir que de cierta manera, Hela estaba en lo cierto—. Escucha —dijo, dándose media vuelta y paseándose por la celda con aparente displicencia—, necesito tu ayuda, pero no voy a rogarte.
Estaba absolutamente seguro de ello.
Loki bajó la mirada y se puso de pie casi de inmediato.
—Trato hecho —aceptó, sin permitirse cavilar mucho en el asunto. Es decir, podía dar un salto de fe o morir en ese lugar, preguntándose el resto de su vida sobre qué habría sucedido de aceptar la oferta (esto último quizá por muy poco tiempo antes de ir a parar a Helheim).
Hela se giró de nuevo hacia él, ampliando una vez más su escalofriante sonrisa mientras Loki extendía el brazo hacia ella. Casi al instante, la reina correspondió al apretón de manos. En cuanto sus dedos se ciñeron sobre la palma, el jotun sintió una quemazón en ésta, como si un ácido le estuviera corroyendo la piel, atravesando el nervio y haciendo que las punzadas llegaran a todo su cuerpo en oleadas estremecedoras que le hicieron hervir la sangre, y que por un momento amenazaron con estallar su cerebro. Sin embargo, Loki no se permitió mostrar el dolor que sentía mientras mantuvieron contacto. La mujer parecía satisfecha por esto último, aunque no hizo mención alguna de ello cuando habló, aun con las manos apretadas:
—Nuestro pacto está sellado: A cambio del alma de Steven Rogers, yo te sacaré de aquí y te ofreceré el poder de los ocho reinos (sin contar el mío, por supuesto). —Parecía extasiada de escucharle afirmar luego de estas palabras, incluso cuando su voz fue apenas un quedo murmullo—. Así sea, Loki Laufeyson. Yo te doy mi palabra como reina de Helheim. —Él hizo una mueca cuando de sus palmas empezó a escurrir la sangre de ambos. El olor nauseabundo de la carne en putrefacción se hizo más fuerte mientras las gotas, escarlata y negra, caían sobre el suelo. Un momento después, Hela le atraía hacia su cuerpo como si pretendiera abrazarlo, aunque simplemente posó sus labios en el oído de Loki—. No te atrevas a traicionarme, o no habrá sitio donde puedas escapar del destino que te daré, mucho peor que la simple muerte.
En respuesta, Loki se limitó a sonreír.
—Nunca haría tal jugarreta contra usted, mi Señora —le aseguró. Hela soltó una risita que le hizo estremecerse—. Y entonces —añadió con cierta tensión, alejándose de ella y soltándole la mano—, ¿cuál es el plan?
—Yo me haré cargo de eso —contestó con sencillez.
Ante la escueta respuesta, Loki arqueó ligeramente una ceja y después, se miró la palma con curiosidad: Por dentro de la piel, como un tatuaje brillante de color azul turquesa, se delineaba el dibujo de un árbol cuya mitad estaba muerta y ennegrecida como el carbón mientras la otra, de un color blanco, se encontraba llena de hojas. En las ramas superiores se podían ver dos cuervos, uno blanco posado en la parte muerta, y uno negro que se hallaba graznando en el otro lado. El dibujo, no más grande que la palma de su mano, estaba encerrado en un círculo hecho con las figuras de huesos. Loki alzó la mirada hacia Hela, que hizo un ademán para restarle importancia.
—Con tu magia y ese tatuaje, tendrás la llave para entrar en Helheim. Mi reino te dará la bienvenida. —le explicó ella casi enseguida—. Te recomendaría estar muy descansado entonces, o podrías morir. —Se encogió de hombros como quien no quiere la cosa. Justo después, le tomó la muñeca con fuerza y volteó la palma hacia su rostro, paseando por el dibujo las yemas de su mano "buena" antes de escribir una tosca runa justo en el centro con la uña larga del índice—. Asegúrate de que nadie más que ustedes dos cruce la puerta.
Le soltó y el jotun miró con detenimiento la runa que trazó Hela y que tenía una palabra tan conocida para él que incluso temía de su significado. Tragó saliva y observó a la mujer, que le sonreía divertida.
—¿Por qué Ragnarök? —Preguntó con un hilo de voz.
—El destino de los Dioses —contestó ella—: Tú estás marcado para llevarlo a cabo. Es la marca que define tu nacimiento, vida y muerte.
La respiración de Loki fue irregular por un instante, como si el mundo se le quedara en completa oscuridad. Una vez más, bajó su atención a la marca brillante, haciendo una mueca adolorida antes de jalar una gran bocanada de aire y esperar en silencio, mientras dentro de él parecía marchitarse su alma con renovadas fuerzas.
—Soy una criatura despreciable, ¿verdad? —Preguntó, mirando su palma—. Soy como esos traicioneros y mentirosos que irán a parar en Naströnd. Nunca tuve oportunidad; estoy maldito.
—Tienes más oportunidades de lo que crees —concedió la mujer, acariciándole el rostro—. Y en realidad, tú no vas a parar ahí… o ese no es el plan si me ayudas —aseguró, captando la atención de Loki—. Yo jamás llamaré a las puertas de tu cuerpo, si me concedes esto. Podrás vivir eternamente y, mientras me ofrezcas las almas que yo te pida, tenemos un trato para la eternidad.
—¿Presumes, Hela, de ser una inmortal?
—Soy la reina de Helheim. Y estoy muerta desde antes de haber nacido, sin embargo, mi existencia depende propiamente de la vida que proceda en el Universo. No soy inmortal, pero soy tan longeva como lo sea la Tierra misma. Hasta que suceda el Ragnarök —añadió rápidamente. Loki frunció el ceño.
—Y si seré la causa de tu muerte, ¿cómo es que me deseas vivo?
—Tú no conoces el tipo de soledad que yo, Laufeyson —respondió—. Hay muchas cosas peores que la muerte, y quizá la nada es mejor destino para mí del que crees.
Loki volvió a mirar el dibujo en su mano. El asunto que trataban se le iba escapando de las manos y lo sabía, por lo que estaba empezando a adquirir malhumor por todas las formas que se esbozaban acerca de su futuro. No había más que tristeza, desgracia, muerte, soledad y sangre; todas las cosas que siempre quiso evitar, pues deseaba estar lleno de la misma vitalidad y brillo que sus hermanos.
Pero no estaba permitido que él decidiera su propio camino. Qué injusticia.
Soltó el aire que había estado conteniendo y sacudió la mano en un ademán casi indiferente, antes de alzar la cabeza hacia Hela.
—¿Por qué no te llevas tú misma esa alma?
—Hay algo que alimenta el espíritu de las personas con tal intensidad que desaparecen los límites. De nada me sirve que Steven haya perdido la esperanza. Lo necesito repleto de ella, y también de amor. —Loki chasqueó la lengua y torció el gesto antes de que el sentido de alarma se disparara en su cerebro. Fuera de la celda, hubo un ruido que le llamó la atención y volteó a ver hacia el umbral del calabozo donde estaba. Al no encontrar nada, le dirigió su atención nuevamente a Hela, justo cuando ésta continuaba, acaso callando también por el mismo motivo—. El amor puede purificar el alma o destruirla y llenarla de odio. Lo que Steve sienta por esa persona, y el sacrificio que está dispuesto a hacer, es la única cosa que yo realmente necesito de su alma ya de por sí blanca como la nieve.
—Eso no responde mi pregunta.
—No te diré la respuesta exacta. Necesito que, respecto a ello, te mantengas al margen y quizá, lo más ignorante posible —contestó ella, encogiéndose de hombros—. Pero te lo doy a pensar.
—¿Cómo sabré quién es él?
—Porque igual que en mi caso, eres el único hechicero capaz de prestarle su ayuda —respondió Hela, volviéndose transparente. Loki abrió los ojos de par en par.
—¡Espera! ¡Dijiste que ibas a sacarme!
—Y saldrás de aquí, Loki. Ten un poco de paciencia. —Desapareció como el humo en el aire; solamente quedó aquel olor y sensación fría que le subía por la columna vertebral. El moreno se quedó estático mucho tiempo, esperando acaso que sucediera algo, pero todo se mantuvo igual. Él continuo encerrado, en silencio… esperando nada y todo al mismo tiempo.
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Incluso cuando ambos príncipes asgardianos desaparecieron al virar en la esquina del pasillo, Steve permaneció mirando aquel punto con cierta expresión somnolienta, pestañeando como si acabara de despertar de un pesado letargo que consumió años enteros de su vida. Del mismo modo, la respiración se iba escapando de sus pulmones, y cada bocanada de aire era como intentar tragar una enorme pastilla sin agua.
Con cuidado, Steve se fue caminando hasta una de las paredes y se apoyó en ella, percatándose de que poco a poco, las fuerzas volvían a él con la misma naturalidad que si hubiera descansado toda una semana.
El príncipe de Asgard era muy poderoso, pensó mientras alzaba el brazo y cerraba el puño repetidas veces, como tratando de averiguar si acaso regresaría el dolor en cualquier momento. Frunció el ceño, perdido entre sus pensamientos, los cuales se iban figurando expectativas acerca de lo que había encontrado después de todo, en aquel lugar.
Tragó saliva mientras sus ojos se volvían nuevamente a la esquina del pasillo, donde hace ya varios minutos que Loki había desaparecido. Lanzó un pequeño resoplido al notar cómo su corazón asimilaba antes de tiempo una esperanza para su oportunidad con respecto a salvar a Peggy.
Cerró los ojos un segundo y respiró profundamente, con un nudo en la garganta que se iba disipando con demasiada antelación; una que posiblemente acarrearía consecuencias demasiado grandes y fuera de su control. Sin embargo, no pudo dejar de saborear el ligero rayo de esperanza que se dibujaba frente a sus ojos, mientras se daba cuenta de que Loki era precisamente a quien necesitaba; lo sintió mientras le curaba las heridas y establecían contacto visual. El príncipe tenía un alma poderosa e hipnótica, una mirada extraviada pero un corazón firme, y poseía encerrada dentro de sí una gran cantidad de magia, así como también un sentimiento incandescente que, aunque a Steve se le escapaba de las manos, se percibía con tanta intensidad que le inspiraba cierta actitud protectora.
Dejó escapar una especie de suspiro antes de abrir los ojos y forzarse a volver a la realidad: Asgard había estado bajo ataque y él tenía que correr en busca de sus amigos, para saber si estaban bien. Sin embargo, sus piernas tardaron demasiado tiempo en reaccionar, y para cuando lo hicieron, fue probablemente porque alguien lo llamó a varios metros. Reconoció la voz de Tony casi de inmediato, mientras se volvía hacia aquella dirección y echaba a andar, sintiéndose algo ansioso al ver los escombros y el polvo que el Stark venía sacudiéndose del cabello; lucía como a quien le han tirado harina en la cabeza.
—¡Estás con vida! —Exclamó el castaño una vez que se encontraron y se miraron de arriba abajo, como para verificar que estaban bien. La sonrisa que le dedicó Tony fue de aquellas que parecían sardónicas pero que realmente, escondían un gran alivio—. Ya te creía perdido cuando caíste de la ventana. ¡Tremendo golpe! No te veía sobreviviendo.
Steve apenas pudo controlar su rubor antes de que éste apareciera. Sacudió la cabeza y luego forzó una mueca de disgusto.
—Me encanta tu forma de dar la bienvenida.
—Por supuesto. Las personas suelen encantarse de todo lo que hago, aunque es más común que adoren y bendigan cuanta palabra sale de mis labios —comentó burlonamente. Steve puso los ojos en blanco—. De cualquier modo, justo a ti te estaba buscando. El resto de los chicos también anda mirando aquí y allá buscándote.
—¿Todos están bien? —Preguntó mientras Tony le daba la espalda y empezaba a caminar por donde había aparecido, seguido de cerca por el rubio, que dirigió una última mirada hacia atrás.
—Sí, claro. Lo mejor que se puede estar luego de andar por aquí y por allá peleando contra esos malditos elfos y gigantes. Ahora mismo estábamos ayudando a los heridos y llevándolos donde los hechiceros o a primeros auxilios. —Comentó Tony seriamente, y luego encogiéndose de hombros—. Los reyes están con la quijada hasta el suelo, sin poder creerse lo sucedido. En los calabozos están algunos esbirros, a los que se espera poder interrogar lo más pronto posible.
Steve asintió, no sabiendo muy bien cómo empezar a comentar acerca del ataque. ¡Era algo impensable! Por lo mismo, les habían tomado por sorpresa. Nadie nunca imaginaría un combate en plena celebración por la llegada del cometa Yggdrasil, que significaba el nuevo inicio de una Era de hermandad, la paz y la prosperidad entre los reinos.
En silencio, al menos de su parte ya que Tony iba de lo más feliz hablando de cómo había peleado, fueron a los pisos superiores, donde se encontraron con Bruce aplicando primeros auxilios a unos niños de no más de diez años, que tenían unas largas cortadas en los brazos, pero que esperaban sin sollozar a que el doctor terminará de suturar las heridas. Natasha, con sus largos cabellos rojos meneándose, iba de un lado a otro ofreciendo su ayuda para cargar a los heridos. Clint estaba a varios metros, cargando los cadáveres y llevándolos al centro del salón, donde ya estaban varios cuerpos amontonados, con los ojos cerrados igual que si durmieran pacíficamente; Steve era un soldado, pero aun así, el escenario que se desarrollaba frente en sus ojos le horrorizaba un poco, y trataba de evitar establecer contacto visual donde las heridas de muerte aun supuraban sangre.
—¡Bruce! —Exclamó Tony, sentándose cerca y palmeándole el hombro al aludido cuando terminó con su tarea. Banner se acomodó los anteojos, los que Steve pudo notar ya tenían una grieta en el cristal—. Qué buen trabajo el que estás haciendo.
—Gracias, supongo —murmuró en respuesta antes de fijar la mirada en Steve—. Me alegra verte sano y salvo.
—A mí también me hace feliz verte, Bruce —concedió el rubio con sinceridad y luego echando un vistazo a su alrededor; en el aire flotaba un aroma rancio y amargo.
—¿Qué estás buscando? —Preguntó Tony, luego de hacer una pequeña mueca cuando Bruce se deshizo del brazo que le había puesto sobre los hombros, y forzándose a sonreír burlonamente—. ¿Encontraste algo bueno en la fiesta, antes de todo este desastre?
A Steve le fastidiaba su insistencia por olvidar a Peggy, pero reconocía que Tony no lo hacía con mala intención, es solo que era… un Stark. Esa actitud parecía correr por las venas de toda esa familia, pensó antes de hacer un mohín irritado y negar con la cabeza, apretando la mandíbula al mismo tiempo, para indicarle al castaño que sus comentarios no eran bien recibidos.
—Deja de decir lo primero que se te venga a la cabeza —intervino Bruce, arrugando el ceño—, o te ganarás una buena paliza.
—¿Por parte de quién? —Preguntó éste, sonriendo con malicia y altanería—. Yo puedo con cualquiera.
—Sí, por eso he tenido que rescatarte como cuatro veces a lo largo de nuestra velada —dijo la voz femenina de Natasha, que se había acercado por detrás de Steve y ponía la mano en la cintura—. Como sea —añadió antes de que Tony empezara con sus típicas habladurías—, yo creí que venir a Asgard sería una experiencia de lo más exótica, no catastrófica. —Lanzó un suspiro y se echó los cabellos hacia atrás—. Pero me fiaría de mi intuición al decir que el ataque de los elfos y los jotun contra la Ciudad Dorada, ha sido pura y específicamente personal.
—Tal vez les gusta la idea de plantear el caos —aventuró Tony—. Fury está segurísimo de que la estrategia es sembrar la confusión y el desastre. Es conveniente hacerlo en estos días, las cosas se tensan todavía más.
—¿Y por qué hacer algo así? —Preguntó Steve, frunciendo el ceño. Bruce fue quien continúo la línea de pensamiento de Natasha y Tony:
—Los reinos, por mucho que aleguen de lo contrario, son una bomba de tiempo —apuntó mientras echaba un vistazo y bajaba la voz—. Desde hace mucho que se respira la tensión entre unos y otros.
Steve hizo una mueca. Es cierto que en las últimas décadas se escuchaban muchas cosas respecto a la inconformidad de los individuos, pero creía que existían maneras más diplomáticas para solucionar las cosas además de entrar y atacar a diestra y siniestra.
—En fin —alegó Tony, sobándose disimuladamente el mentón donde ya había un cardenal y se escondía simplemente por la barba—, ¿sabes? —Steve le prestó atención al sentir que la mirada castaña se dirigía a él—, a lo largo de la velada hemos visto a algunos hechiceros poderosos que podrían ayudarnos para tu objetivo personal, Steve.
El rubio esbozó una media sonrisa.
—¿De verdad?
—Claro. He estado analizando las capacidades de todos por aquí —añadió, señalando hacia el frente, donde estaba un gran gigante, de facciones adustas y largos cabellos rojos como el fuego, sus ojos resplandecían con un brillo espectral que consumía la esclerótica y la pupila, como si dentro de su cuerpo también expidiera llamas como las que delineaban su silueta con fuego—. Él es Surt, el rey de Muspelheim; tiene a su servicio asombrosos hechiceros. Antes de la pelea entable conversación con uno o dos, y me entere de que su reino es casi tan rico en nigromantes como en Svartálfaheim. Puedo conseguir un pasaje de ida y vuelta, ya tengo varias direcciones y nombres.
Rogers abrió y cerró la boca un par de veces. Tony había venido para conocer Asgard, para presenciar la ceremonia y apreciar desde la torre más alta el cometa Yggdrasil; una parte de Steve no dudaba del buen corazón de su amigo, pero agradecía infinitamente el interés de éste por ayudarlo. Recordó varias noches atrás, cuando zarparon de Midgard y Tony le palmeó el hombro, prometiéndole de antemano que haría lo imposible por ayudarlo. No pudo evitar ruborizarse en ese momento, asintiendo lentamente.
—Gracias, Tony —respondió.
—La nigromancia es jugar con fuego —atajo Bruce, poniéndose ligeramente pálido—. Meterse con magia negra es igual que hundir las manos en ácido, sino es que peor.
—Estoy totalmente de acuerdo —manifestó la pelirroja, poniendo una mueca adusta—. ¡Y me sorprende que tú aceptes la loca idea del idiota de Stark! —Exclamó, volviéndose hacia Steve, que se encogió de hombros.
—Pues yo no veo que ustedes aporten nada —comentó Tony, sonriendo con molestia—. Además, lo de la nigromancia era poco más que un dato curioso. Establezco la fuerte relación de la magia con los habitantes de Muspelheim, solamente eso.
—A mí me parece que sugerías otra cosa —dijo Natasha, frunciendo el ceño. Tony hizo un ademán con la mano y chasqueó la lengua—. Y por otra parte, no confió demasiado en los Gigantes de Fuego.
—Es claro que son mejor opción que los de hielo. —Comentó en seguida con una exagerada parsimonia.
—Basta de comentarios sinsentido. —Respondió Natasha, afilando la mirada.
—Chicos, esperen —interrumpió Steve, alzando los brazos—. No hay necesidad de pelear. De momento, deberíamos pensar mejor en cómo prestar ayuda a Asgard.
—Si sigues teniendo esa buena alma, te condenarás a ti mismo a algo malo —señaló Stark sin malicia, más bien como constatando un hecho que, a decir verdad, molestaba a Steve—. En fin, que en esta ocasión me pondré de acuerdo contigo, Capi —añadió, poniéndose de pie y desemperezándose casi enseguida, haciendo una mueca cuando le tronó un hueso—. Todo aquí estará caótico. Fury dice que el peligro se avecina, así que mejor tenerlos como amigos, más ahora que Odín ha sido envenenado.
La mención del asunto hizo que Natasha y Bruce abrieran los ojos de par en par. Steve, aunque ya había escuchado eso al separarse de Loki, se sintió igual de tenso que sus dos amigos. Tony, por su parte, parecía restarle importancia al asunto, tan olímpicamente que debía admitir, le daba coraje.
—Había escuchado algo así, pero me sorprende que fuera cierto —comentó Bruce por fin—. Vi a Odín peleando con aquel elfo, y debo decir que le llevaba una clara ventaja…
—El elfo se ha marchado después de que apuñaló a Odín —explicó Tony—. Como dice Natasha, todo este ataque parece más personal que otra cosa, pero de igual manera desencadenará severas consecuencias para los nueve reinos.
—Pero el hombre aún no ha muerto —aclaró Steve—. Hace rato he visto que uno de sus hijos se llevaba a su hermano, que parece ser un excelente hechicero.
—¿Quién? ¿Balder a Thor, o al revés? —Preguntó Tony, arqueando una ceja—. Por favor, a todas vistas se nota que ninguno sirve para eso. Que me parta un rayo si alguno de los dos pudiera salvar al hombre.
—Me refiero a Loki —aclaró Steve. Los otros tres fruncieron el ceño.
—¿Tiene un tercer hijo? —Empezó a preguntar Tony.
—Por supuesto que tiene un tercer hijo —dijo Bruce, poniéndose de pie y sacudiéndose la ropa desgarrada y manchada de sangre ajena. Tony pareció meditarlo hasta que aplaudió.
—¡Oh, ya recuerdo! Sí que lo tiene. Creí que había muerto o algo así, ya que no estuvo presente en la ceremonia de apertura. —Steve apenas reparó en ese pequeño detalle cuando las puertas del Salón se abrieron y empezaron a atravesarlas los guardias de palacio. El rubio frunció el ceño, mirando con el mismo pasmo que sus amigos—. ¿Y ahora qué sucede?
Steve se apresuró a avanzar hacia ellos y reparó en la figura de una mujer alta que examinaba a varios metros de distancia la escena; la identificó de inmediato y se quedó estático, observando por primera vez en su vida a la señora de Helheim. Los guardias se acercaron a Hela y cruzaron varias palabras con ella. Steve sintió un escalofrío recorriéndole la espina dorsal cuando vio la sonrisa de ésta y asintió, inclinándose lentamente hacia un perro monstruoso que babeaba copiosamente y tenía unos intensos ojos de color rojo, era parecido a un lobo de color negro; su saliva se combinaba con la sangre oscura de la mano —posiblemente de un elfo— que estaba en su hocico.
Hela acarició la cabeza del perro y le soltó unas indicaciones. El perro la miró un instante antes de tragarse la mano y rugir, con el pelo erizándose antes de echar a correr en dirección a la puerta, seguido por los guardias. La reina se enderezó y sonrió tan complacida que uno diría que para ella, el día era magnífico. Y después, se giró a verlo a él.
Steve retrocedió un paso, hasta topar con Tony, que lo había seguido.
—¡Hey! ¿Qué te sucede? —Preguntó. El joven rubio apartó la mirada de Hela, avergonzado por haberla observado tan desvergonzadamente—. Oye, es Hela —murmuró el castaño, con una voz exageradamente aliviada—. Podríamos ir y preguntarle justo ahora… oh, desapareció.
El rubio alzó la mirada hacia donde anteriormente estuvo la mujer, pero efectivamente, ésta había desaparecido.
—¡Pónganse a hacer algo de utilidad! —Bramó alguien detrás y Steve se encontró con Clint, que venía con Bruce y Natasha—. Hay mucho por hacer.
Steve agachó la mirada y respiró profundamente para deshacerse de la sensación de que Hela hubiera puesto sus ojos directamente en él, haciendo que durante un segundo, pareciera que la muerte tocaba a su puerta con violencia. Sintió cómo se le apagaba la esperanza, pues no estaba muy seguro de cómo acercarse a Hela y pedirle una de aquellas flores que podrían salvarle la vida a Peggy. Lanzó una especie de bufido antes de darse media vuelta y retirarse en silencio, para ayudar a los heridos.
De cualquier manera, debía intentarlo, ¿verdad?
0*0*0
Antes de que diera el mediodía, todos en Asgard se enteraron de la noticia. A modo de protocolo, los reyes hicieron la procesión fúnebre junto a su gente, acompañando a los asgardianos que lloraban la muerte de su Señor. Caminaron durante horas hasta alejarse de la ciudad, penetrando los bosques del Sur, donde por encima de las altas copas de los árboles, se podía percibir la punta de una torre plateada, que brillaba poco menos que las del palacio, pero que no por eso dejaba de mostrarse hermosa e imponente a la distancia.
—Valhalla —explicó Bruce en susurros cuando Clint preguntó a dónde se dirigían ahora—. Es como la Capital de Asgard y responde al nombre que nosotros tenemos para el Paraíso o el Cielo. Aquí se trata del edificio más importante del reino donde descansan todos los guerreros que murieron en batalla y las mujeres castas.
—Es su panteón —añadió Tony en susurros—. También se le considera como el Reino Sagrado —añadió con cierto sarcasmo. Steve frunció el ceño un segundo y luego bajo la mirada hacia Natasha, que iba seria y con la cabeza erguida—. Es un lugar de descanso, pero si me permiten comentarlo, la visión de un Paraíso donde los muertos de Asgard descansan, es tan absurdo como lo es en nuestra visión. Todos sabemos que queramos o no, vamos a parar a Helheim. Nadie es tan puro de corazón como para merecer la bendición de los dioses.
—No puedo creerlo —gruñó Clint con fingida sorpresa—. ¿Estás diciendo que tú te incluyes en el grupo? Creí que te veías como la octava maravilla del mundo.
—Y lo soy —sonrió Tony con cinismo—, si hay alguien que debiera merecer estar en un sitio como el Paraíso o el Valhalla, soy yo, pero ya ves. Soy capaz de admitir que, con respecto a la visión de pureza (lo que reitero que me parece estúpido y extremadamente delimitador), yo no podría entrar. Me esfuerzo por ser bueno y no cabe duda que lo soy, pero empecemos por decir que uno está destinado a siempre ceder a las tentaciones, aunque sea de vez en cuando.
—Pues yo diría que Steven está muy cerca de conseguir lo que sea que haya después de la muerte, y se parezca al Paraíso —apuntó Clint, quizá tratando de jugarle una broma o inmiscuirlo en la conversación donde, a todas vistas, el chico se ponía de malhumor con el evidente narcisismo de Tony… aunque no por mucho tiempo antes de empezar a hablar igual de sí mismo. Clint le dio un suave codazo a Rogers—. ¿Eh?
—A mí me parece que cualquiera que no tuviera la insana idea de matar a su propio padre (o semejantes actos tan oscuros y terribles), debería tener la oportunidad de ir a un Paraíso —comentó Natasha por primera vez desde que se enteraron de la noticia por voz de Fury. A Steve se le retorció el estómago al recordar la mueca de disgusto del hombre mientras les explicaba que Loki, el hijo menor de Odín, había sido quien asesinó al rey de Asgard. Bajó la mirada, pensando en aquel chico que asistió a los heridos hasta que ya no podía más que sostenerse a medias a sí mismo, y supo que no podía creerse al cien por ciento aquellas palabras que estuvieron en boca de todos durante las últimas horas, mientras se preparaba la marcha fúnebre hacia el Valhalla.
—Suenas bastante convencida de ello —murmuró Steve sin notar apenas su nota amarga en la voz. Natasha se volvió hacia él.
—¿Tú no?
—Solamente digo que no parecía el tipo de persona que… —su tono de voz empezó a subir.
—Eso es lo malo de ser tú, Steve —interrumpió Tony—: En tu tremenda ingenuidad, no concibes que hay muchas personas en el mundo que no poseen una pizca de bondad en sus corazones… si es que tienen uno, claro.
—Él…
—Steven —intervino Bruce en un quedo susurro que, los cuatro chicos se sorprendieron de alcanzar a oírlo. El de lentes se encogía incómodo al notar las repentinas miradas de los que marchaban a su lado—, es algo imprudente que hablemos del hombre que asesinó a tan benigno rey. Sé que todos quisiéramos que la noticia fuera una mera mentira, pues hemos perdido a un gran hombre que velaba por el bien de su gente y quizá, se extendía hasta los demás reinos…
Steve apretó los labios en una fina línea y asintió. Tony, por su parte y siendo imitado por Clint, pusieron los ojos en blanco ante las palabras de Bruce, las que deberían alegrarse decir, permitieron que el resto de las personas volvieran a ignorarlos.
El silencio entre los amigos volvió a caer pesado mientras caminaban por el sendero. No hicieron ninguna pausa a lo largo del trayecto, pero sin embargo, Steve no se sintió en absoluto exhausto. Aunque gozaba de una buena condición —algo que no siempre fue así—, consideró peculiar sentirse todavía tan lleno de energía, algo que de inmediato no pudo evitar atribuir a la magia curativa de Loki.
A su lado, sus amigos jadeaban cada vez más y se esforzaban por seguirle el paso al resto de asgardianos. Sin embargo ya era notable que muchos, principalmente de otras razas ajenas a los humanos de Midgard y Asgard, paraban en medio del sendero o se quedaban rezagados. Steve continuaba caminando con firmeza, como llamado por una fuerza que regía sobre sus piernas y su consciencia.
Cuando al fin llegaron a la torre, solamente los asgardianos pudieron cruzar el umbral, a los demás se les dejó esperando afuera. En cuanto el último súbdito de Odín hubo traspasado la puerta, el resto tomó asiento y sacó comida o se recostó para dormir una siesta, agrupados cada quien en su raza y mirándose unos a otros con desconfianza o tensión, hablando acaso de lo caótico de la situación.
Tony miraba al cielo cuando Steve, luego de dar un par de vueltas en búsqueda de Hela, llegó y se sentó a su lado.
—El cometa no tardará en pasar —anunció repentinamente el castaño—. ¿Qué sucederá para entonces? ¿Alguien firmará los Acuerdos?
—Fury está tratando eso con los otros —dijo Bruce—. Ahora más que nunca, ha dicho que se debe de firmar el Acuerdo.
—Estoy de acuerdo en que son tiempos difíciles —comentó Steve—, no debemos permitir que alguien como ese elfo logre su cometido de sembrar el caos.
—Los jotun y los elfos oscuros seguramente empezaran a tener precio por su cabeza —suspiró Clint, recargándose en un árbol—. Qué días tan desafortunados.
—Creí que eran los cazarrecompensas como tú y Natasha los que más se beneficiaban de ello —soltó Tony con una sonrisa. Ambos chicos le miraron con desaprobación. Steve negó con la cabeza y volvió a ponerse de pie; aún tenía muchas energías dentro de sí y quedarse sentado le desesperaba un poco. Los nervios a flor de piel le anunciaban lo poco que iba a seguir soportando el comportamiento infantil de sus amigos—. ¿A dónde vas? —Preguntó Stark al ver que se iba.
—Tengo que despejar la cabeza.
—¿Buscarás de nuevo a Hela? —Preguntó Bruce.
—Tal vez… después de todo, es ella la que determinará si Peggy puede tener una oportunidad.
—Pues no sé de dónde te has sacado las energías —comentó Tony—, pero puedo acompañarte si quieres.
—No —negó rápidamente, haciendo que el otro arqueara las cejas—. Quiero estar solo un momento… no te ofendas, Stark.
—De algo que tú me digas, para nada —sonrió Tony, imitando a Clint y apoyándose en un árbol, sin dejar de observar a Steve mientras éste se iba con paso lento.
Ya tenía rato de no sentir la mirada de Tony cuando vio al perro de Hela y se quedó estático, como si el moverse un solo centímetro significará la muerte. El perro gruñó al verlo y se levantó, ladrando con fuerza. Steve se preparó a sacar del bolsillo el extraño aparato —creación de Stark—, que hacía aparecer el escudo que le funcionaba como una excepcional arma. Sin embargo, no se vio en la necesidad de hacer nada pues, al instante siguiente de que la amenaza se dibujara en el hocico del animal, apareció Hela.
El aire se le escapó mientras observaba de cerca la silueta de la mujer, que le dirigió un escueto saludo y acarició la cabeza del perro, que inmediatamente se sentó y cerró la boca, portándose tan dócil como Steve consideraba normal en una mascota fiel y obediente. Casi podría decir que respiraba mejor, pero el hecho de hacerlo, le traía un olor nauseabundo a los pulmones. Esperó unos segundos antes de inclinar la cabeza en señal de respeto.
—Alteza —dijo, con apenas fuerza en la voz. El sonido del aire se confundió con la risa de la mujer, y después llegó el silencio (qué tanto se había alejado de las personas, pensó Steve sin obtener una respuesta concisa).
—Steven Rogers —saludó la mujer con un pequeño asentimiento casi imperceptible. El rubio, que había mirado un segundo al perro volvió su atención a Hela cuando ésta pronunció su nombre, igual que si fueran amigos de toda la vida—. Espero que Garm no te haya espantado; mi chico suele ser bastante hostil cuando interrumpen en su comida.
—Para nada. Es decir… —hizo una pausa—. Lo siento si he… interrumpido a su perro.
—Oh, descuida. —Hubo un largo silencio entre ambos, hasta que por fin, Hela ladeó la cabeza y añadió con ceremonia—: ¿Me buscabas? —Steve sintió que el corazón se le disparaba en el pecho y luego subía hasta su garganta—. No te sorprendas de algo así, puesto que yo de antemano conozco el camino que traza la vida de los mortales. Desde el momento en que te concibieron, ya sé que vendrías a mí.
—No dudo de su gran poder, Señora —susurró él—. Pero supongo que sobrepasaba más del que me permití pensar —añadió con todo respeto. Hela se vio complacida por sus palabras.
—Sin embargo, lo que te trae aquí todavía es un poco ambiguo en mi cabeza. Hay muchos destinos que se deparan a los hombres, muchos universos si así quieres llamarles, así que aunque nuestro encuentro está muy claro desde siempre, necesito que definas qué buscas conmigo. ¿Salvar a Bucky? —Aventuró, a lo que el joven compuso una especie de mueca que hizo desaparecer la confusión que se apoderó de él ante la explicación—. ¿Acaso se trata de Stark? ¿De Peggy?...
—¿Algo malo está por pasarles? —Preguntó atropelladamente. Hela lanzó una carcajada.
—No, no has entendido —murmuró y se encogió de hombros—. Tu destino se define por salvar el destino de una persona, ¿quién es?
Steve apretó los labios antes de suspirar.
—Peggy.
—Oh —parecía que le había dado una buena noticia—, ya lo sospechaba —dijo, encantada antes de acariciar al perro, que todavía lo miraba con animadversión—. Este es, por mucho, el camino más interesante.
—¿Qué significa eso…Alteza?
—Lo que viene será muy trascendente para ti, de cualquier manera. —Se encogió de hombros y caminó hacia él, rodeándolo y fijando su vista en todo detalle—. Peggy está muy enferma y le queda poco tiempo, así que tú has venido a Asgard con la esperanza de encontrar dos cosas: Una flor de Hela y un hechicero que pueda emplearla.
—Sí —admitió, con un nudo en la garganta—. ¿Puedo salvar a Peggy?
—Por supuesto —respondió ella con una sonrisa y Steve inmediatamente respiró el alivio de sus palabras, creyéndolas al instante—. Desafortunadamente —añadió—, la tierra donde crece la flor que necesitas, solamente se puede trabajar una vez cada cien años y únicamente por la sangre del que la busca —explicó y se encogió de hombros—. Es preciso saber si tienes un alma pura —le dijo con suavidad y cierto toque maternal—, ¿la tienes?
Steve frunció el ceño.
—No lo sé. —Respondió al final. Hela se acercó y le puso el dedo índice de la mano bella en la frente y respiró profundamente. Movió la cabeza de un lado a otro y cerró los ojos al mismo tiempo que soltaba un suspiro quedo, casi lleno de placer. Steve se ruborizó hasta la raíz del cabello mientras veía cómo ésta esbozaba una gran sonrisa y luego se separaba de él—. Qué hermoso. —Dejó caer la mano al costado—. Dime, Steven, ¿sabes que quien usa la flor de Hela para salvar a un moribundo está destinado a habitar en Natrönd durante el resto de la eternidad? —El rubio negó con la cabeza—. Es un acto muy puro ofrecer tu alma por otro, pero al mismo tiempo transgrede la naturaleza misma de la naturaleza y el destino. La flor de Hela promete mucho como la hermosa leyenda que es en mi reino, pues habla del sacrificio por amor, pero el final suele ser trágico.
—No me importa. Quiero intentar...quiero hacerlo —dijo Steve, tragando saliva pero con la mirada firme. Hela asintió.
—Lo sé. Y me encanta cuando alguien dice eso, porque significa que lo vale. —Sonrió con autosuficiencia—. También me gusta ayudar a la gente como tú; no muchas veces se encuentra un alma tan asombrosa como la que posees, así que podría intentar concederte tu alma intacta después de perecer. Aunque, digamos que un intercambio es más bien lo que deseo —Le acarició el rostro—. Hagamos un trato entonces, ¿estás dispuesto a escucharlo?
—Sí, mi Señora —respondió casi de inmediato. Hela miró de un lado a otro, tornándose seria, parecía divertirse con la rapidez con que estaba hablando, casi sin pensar… y es que no lo estaba haciendo.
—En el calabozo de Asgard —dijo ella con cuidado—, está encerrado el hechicero que tú necesitas y del cual, yo también preciso su ayuda —Steve frunció el ceño ligeramente al intuir una alarma disparándose en su interior—. Su nombre es Loki. Debes liberarlo y traerlo ante mi presencia. Él te agradecerá usando su magia para otorgar a la flor de Hela los poderes que se requieren en la tarea de curar a Peggy. Después, tú podrás marchar a gusto a Midgard y salvarla.
El chico la miró con cierta desconfianza.
—¿Loki? ¿El hijo de Odín? —Preguntó. Ella pestañeó, sorprendida.
—¿Le conoces? —Luego arqueó su única ceja, meditando la respuesta—. Oh, ya veo. Con razón puedo sentir su presencia en ti… su magia te rodea como una burbuja. Tal vez Garm es demasiado susceptible a ella y por eso te ha tratado tan mal. —El perro, del que Steven ya casi se olvidaba, ladró—. Pobre Loki —añadió Hela, esforzando una mueca apesadumbrada—, siempre lo ha regido esa clase de aura destinada al desprecio.
Steve se mordió la lengua para no preguntar absolutamente nada, y luego se miró las manos, como intentando ver con sus ojos la misma "energía" que percibían los otros dos.
—¿Al desprecio? —Repitió él, alzando la mirada y dejando caer a los brazos al costado. Hela le dirigió una mirada intrigante—. Durante esta jornada al Valhalla he escuchado que… él es malvado. —La mirada de la mujer le hizo retroceder, pues le atravesaba como cuchillas repletas de veneno.
—Él es… diferente —fue lo único que dijo entre dientes y parecía molesta—. Y por ser distinto se le ha tratado con menos mucho respeto que yo a Garm —anunció, palmeándole la cabeza al perro con algo parecido a una caricia—. Loki es para los asgardianos como un perro al que se le puede ordenar y golpear cuando les plazca, y eso joven Rogers, no acarreara otra cosa más que la muerte de todos —explicó. Steve tragó saliva—. Si permitimos que llegué el amanecer, cuando esté a punto de ser decapitado y se burlen de él una última vez, se desatará el bien conocido Ragnarök. Yo no pienso quedarme de brazos cruzados, pues aunque rijo el reino de los muertos, cuando no haya vida aquí, desapareceré. Y es obvio, que no me propongo a ello.
Al rubio le confundió durante un instante la palabra del Ragnarök, hasta que recordó vagamente a Stark alegando cosas sobre el fin del mundo y cosas tan pesimistas que, a ser sincero, hubiera preferido pensar que nunca sucederían. Pero ahí estaba la reina de Helheim, hablándole del destino hasta ahora incierto de la vida en el planeta. Sin embargo, ¿por qué habría de mentirle? ¡Ella desaparecería! Por supuesto, no le convencía que el hijo de Odín llevará a cabo su venganza… y si eso sucedía al amanecer…
—¿Y qué pasará cuando lo libere y él me ayude? ¿A caso lo matará? —Preguntó con la voz estrangulada al recordar la mirada de Loki, que se veía escondida tras una muralla derruida, tal vez por los maltratos a los que se veía sometido.
—No. —Contestó y sonrió—. Porque a través del viaje que ustedes harán, descubrirá muchas cosas acerca de sí mismo que le permitirán… ser feliz. Y cuando eso suceda —añadió, ladeando la cabeza—, él podría convertirse en la luz que nos ofrezca la armonía entre los reinos. Todo gracias a ti. Por supuesto, la decisión está en tu persona únicamente.
Steve abrió la boca y la cerró.
—¿Usted sabe cuál es el final de todo?
—Hay muchos —concedió ella, encogiéndose de hombros—. Incluso en este. Podrías negarte y mañana todos moriremos. Podrías ir a medio camino y fallecer, o que sea Loki quien perezca y ya no podrás salvar a Peggy. Podrías llegar hasta mí, quedarte con la flor y salvar a tu amiga y ayudar al mundo. Todo depende de qué decisiones tomes a lo largo de tu travesía.
—Uno suele hallar su destino en el sendero que toma para evitarlo* —murmuró Steve, a lo que Hela levantó la barbilla.
—¿Esa es tu forma de decir que no?
Steve negó con la cabeza.
—Lo haré —respondió después. Hela sonrió en gran medida.
—Muy bien. Cuentas con el factor de la esperanza, y eso es todo cuanto necesitarás además de la sabiduría. Entonces, aclarado esto...necesito tu sangre —dijo un segundo antes de sacar un cuchillo del vestido y alzarlo sobre su cabeza y dejarlo caer con violencia, antes de que Steve pudiera moverse siquiera.
0*0*0
Lo llamaron monstruo, traidor, mentiroso, alimaña, desalmado, serpiente y muchas cosas más. Mientras tanto, su mirada se afilaba a cada segundo, aumentando conforme la indignación crecía. Cuánto deseaba poder usar su magia y hacerle explotar la cabeza a todos los que se atrevieron a insultarlo y a escupirle incluso al vidrio que los separaba. Podía sentir su odio, porque él mismo se veía reflejado en ellos. ¿Qué mierda podrían saber de él? ¿Cómo se atrevían a insultarlo?
Cuando antes de que el sol cayera apareció Sif enfundada en su vestido negro de luto, Loki mantuvo el contacto visual por mucha repulsión que la mujer aplicó a sus ojos.
—Siempre supe que terminarías en ese lamentable estado, Lackey. ¿Te gusta tu gran habitación? Es un poco más digna para el gusano rastrero que contiene, ¿no estás de acuerdo?
—¿Vienes a hablar en nombre de mi hermano Thor, creyendo que te alabara por tus palabras? ¿Crees que te va a agradecer? —Preguntó Loki, poniéndose de pie y sonriendo—. Eres tú la que viene arrastrándose, porque sabes que mi hermano tiene la mente más puesta en mí que en cualquiera de tus palabras, así como ha sido siempre.
Sif tardó un momento en sonreír.
—Dudo que sea así —comentó ella con sorna—, pues siempre ha creído de todo lo que he dicho de ti. ¿No es verdad? Lidiar con tu compañía es peor que comer excremento… y tu hermano estuvo de acuerdo. Por eso me cortaste el cabello; eras tú el que se ponía celoso por la atención de Thor, y de mi belleza.
Loki hizo un mohín con la boca, formando una pequeña "o" al mismo tiempo que juntaba las cejas.
—¿Todo esto es por tu cabello?
—Es porque mataste a Odín, maldito traidor —apuntó ella, escupiendo las palabras—. ¡Él, que era tú padre y lo asesinaste! ¿No tienes honor? ¿A caso tus celos por todos, ya que son más hermosos y valerosos que tú, te llevan a sacar ese sucio estado mental que tienes? Lackey, Lackey. ¿Cuánta gente necesita odiarte para que te estalle la cabeza?
—Las mismas que tú necesites humillar para convencer a otra persona que eres la más bella del reino, pequeña zorra inmunda. Lo cual, a propósito, solamente has logrado vendiéndote a cuanto falto de cerebro dejes que te toque.
—Muchos creen que soy hermosa.
—Oh, admito que tienes una belleza excepcional, pero adivina, si nadie está contigo es porque…
—Yo así lo quiero —interrumpió ella. Loki sonrió.
—Te he visto rogar por la atención de Thor durante años, y aunque hubo un tiempo en que creyó encontrar algo en ti… ¿sabes qué? Te dejó por una chica de pueblo, que al menos tiene cerebro. Y ni siquiera es tan hermosa, pero posee atributos que tú no alcanzarías ni con diez mil años de vida ni mil amantes más: Humanidad, dignidad y gentileza. Así que dime lo que se te antoje sobre que estás sola porque así lo quieres, ambos sabemos que solamente tocan a tu puerta cuando están buscando placer carnal, más no amor real.
Sif lo miró con odio, a lo que Loki sonrió aún más.
—Al menos, tocan a mi puerta. No como contigo, que nadie se interesa nunca en ti —contestó con agilidad la chica. Loki se quedó en silencio; si debía ser sincero, y aunque apenas mostró expresión en el rostro, ese había sido un golpe bajo, y le había dolido—. ¿Qué? ¿Ahora no es tan malo que hagan fila para siquiera tocarme, no?
Loki se dio media vuelta y luego regresó la mirada a la chica. Arqueando las cejas, el hombre alzó las manos a la altura de los hombros, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. Su constitución de por sí delgada, se delineó aún más ante la mirada sorprendida de Sif, que siguió la transformación de Loki por los ahora largos cabellos negros como el ébano y que caían suavemente sobre los hombros y la espalda con rizos sedosos. La cara se perfiló más y los labios se volvieron carnosos, pintados de un color oscuro. Los ojos que resplandecían en el rostro ahora femenino, brillaban con la misma intensidad de antes, pero ahora tenían una expresión casi seductora que aumentaba con la sonrisa. El cuerpo femenino, muy bien dotado, era digno de ser envidiado por cualquier mujer.
Sif retrocedió lentamente, aturdida mientras Loki avanzaba, con los tacones golpeando el suelo y los movimientos elegantes de una criatura llena de una belleza exótica y mística.
—Escúchame bien, niña —le dijo la voz femenina del asgardiano—: Yo podría tener a cualquiera, ya que asumo la forma que desee. Sin embargo, reconoceré el poco interés que tengo en perder el cerebro por algo como el amor.
—Tú no eres capaz de sentir amor. Ni de obtenerlo.
—Y creo —dijo él, tomando la forma de Sif y sonriendo—, que en eso congeniamos. Somos iguales. —Sonrió con sorna—. No… yo soy mejor —dijo, volviendo a su forma "real"—, porque de estar en tu lugar, ya me habría preguntado cómo es que se pueden usar mis poderes en una celda que inhibe cualquier tipo de magia.
Apenas cayó en la cuenta, Sif le miró con horror. Cuando bajó la mirada hacia donde llevaba siempre la espada, una mano huesuda le sujetó de la muñeca. Sif alzó la vista para encontrarse con el rostro de Hela, que la contemplaba con una expresión adusta, antes de apretarle con fuerza. La chica lanzó un grito que la reina de Helheim se encargó de callar mientras le ponía la otra mano en el cuello. Sif empezó a removerse mientras su muñeca, en contacto directo con la podrida de Hela, empezaba a envejecer hasta convertirse en lo más parecido a un cadáver.
Loki miraba desde dentro de la celda, la mirada llena de terror de Sif.
—Es posible que ella quiera hacernos un favor a cambio de una muerte rápida —interrumpió Laufeyson cuando el efecto producido por el agarre de Hela estaba por llegar al hombro. La reina lo miró dubitativa, pero obligó a Sif a avanzar hasta la celda y la empujó dentro de ella. Para entonces, Sif no sabía por qué si Loki le permitió con su magia atravesar el cristal, no había escapado desde antes. La chica cayó dentro y se puso de pie, soltando un gemido al apoyarse en el brazo ahora parecido al de Hela.
—Que sea rápido. No creo que te convenga que Steven vea tu tan ansiada venganza. —Ordenó la mujer, tomando la espada que se le había caído a Sif. La chica los miró a ambos antes de empezar a soltar puñetazos que Loki esquivaba con facilidad.
—¡Guardias! —Gritó mientras levantaba la pierna y se esforzaba en patear a Loki, que se hacía para atrás y volvía a tomar su forma femenina antes de blandir el brazo como lo hiciera con una espada y rasguñaba a Sif en el rostro. Sonrió.
—Muere sabiendo que yo puedo ser mucho más bella que tú —le dijo, rasguñándole el rostro de nuevo. En cualquier otro momento, Sif habría jurado que un ataque de esos era tan estúpido como creía que era el mismo Loki, pero cada rasguño le corroía como si fuera ácido. Gritó mientras del rostro comenzaba a salirle humo y las heridas eran como si la cortaran con un cuchillo y luego tomaran los extremos de la piel para separarla aún más—. ¿Qué pasa, oh, gran guerrera? —Preguntó con cinismo mientras le propinaba una patada que le alcanzó lleno en los labios con el filo de los tacones—. ¿Quién es la torpe e inútil ahora?
Se agachó a recoger a Sif de los cabellos y la obligó a ponerse de pie para golpearla contra el cristal, donde reflejaba el rostro de la joven. Ella observó con terror la sangre, la horrible faz que ahora poseía.
—Mírate atentamente —susurró Loki a su oído—, porque esta eres tú realmente: Un monstruo.
La tiró con fuerza al suelo, donde Sif se quedó aturdida, mirando un punto en la nada y sangrando de todas partes. Loki se acercó a ella y le puso el pie en el pecho, hundiendo con fuerza el tacón hasta que la otra parecía rogar por aire. El asgardiano, que le miraba desde arriba quitó el pie del pecho de la mujer, que empezó a toser.
—Cuánto deseo matarte —le dijo, volviendo a su forma masculina y arqueando las cejas—, pero dudo mucho que incluso para vengarme así valgas la pena. Quiero que te veas en el espejo para siempre, y sepas cuán horrible eres, por dentro y por fuera. Y que así debió ser desde el momento que naciste… aunque quizá, te haya hecho un favor, ya que aprenderás el valor de no conseguir todo con tu carita.
—Bastardo —escupió ella con un borbotón de sangre.
—La quiero en Helheim —anunció Hela con toda la tranquilidad. Sif apretó la mandíbula y trató de ponerse de pie; Loki se volvió hacia la otra mujer, que paseaba sus dedos sobre el filo de la espada—. Y necesitamos un cadáver y uno de tus clones.
—Yo quiero que sufra más.
—Y lo hará. En Naströnd, la gente como ella sufre. —Loki frunció el ceño y miró a Sif, que se ponía de pie. La sangre que escurría de su rostro la volvía irreconocible ahora—. Ahora, hazlo.
Loki miró a los ojos a esa mujer, la que siempre lo torturó con crueles palabras y la que puso en su contra a Thor, a su hermano. Alegaba que era quien pedía la atención del rubio, pero ella siempre hizo lo posible por arruinar todo cuanto se relacionara con su hermano y no fuera Sif. Es la misma mujer que empezó a ponerle apodos y le hizo la vida infeliz a costa de rumores.
Se acercó y Sif retrocedió. Podía leer el miedo que intentaba ocultar entre la ira y el dolor.
—¡Aléjate! ¡Guardias, ayuda!
Loki no dejó de avanzar hasta que la mujer topo con la pared.
—De rodillas —le ordenó Loki. Ella se estiró más—. ¡Arrodíllate! —La venita en su sien sobresalió en gran medida. Hela arqueó la ceja, mientras Sif se mantenía firme—. O te arrodillas, o haré que lo hagas.
Con cuidado, Sif lo obedeció. Loki se acercó y le puso un dedo en la cabeza. La mujer apretó los ojos.
—Loki… no voy a disculparme por nada. Yo siempre supe que eras un ser infame y retorcido; un monstruo.
—Tú ayudaste en gran medida a crearlo —murmuró y empezó a presionar su frente hasta que empezaron a saltar chispas azules de la yema de sus dedos, los cuales poco a poco se volvían de la tonalidad común en los jotun. Sif sintió un repentino frío en el cerebro, igual que al comer helado demasiado rápido—. ¿Cuántas personas necesitan odiarte para que te estalle la cabeza? —Preguntó él antes de que Sif emitiera un grito y justo después, su cabeza desapareciera en una explosión que rebotó sobre el cristal, la pared blanca de atrás y la ropa de Loki. El cuerpo cayó de costado con un ruido pesado y metálico debido al ropaje de la muchacha—. Una —finalizó el asgardiano, dándose media vuelta.
—Qué ilustre venganza —comentó Hela, entrando en la celda y meciendo la espada de un lado a otro.
—Aun no puedo salir —fue lo que dijo Loki—. Me diste parte de mis poderes, pero no puedo salir. ¿Por qué?
—Paso a paso, jotun; siempre has sido paciente, no cambies tus hábitos y cedas al instinto de enfurecerte, pues la ira es otra de las cosas que impulsa a todos a mi morada —respondió—. Buena espada, ¿eh? —añadió restándole importancia al asunto.
Loki se sentó en la banca, mirando indiferente el cuerpo de Sif.
—Lo es. Odín la preparó como un regalo especial para ella. No es como las cosas que conseguí llevando a los enanos los cabellos de esa arpía, pero es un arma respetable; justo como su dueña. —Sobra hacer notar el sarcasmo de su último comentario. Volvió a poner atención a Hela—. ¿Gustas que haga del cadáver de Sif una copia mía? —En respuesta, la mujer sonrió y asintió.
—Sabía que eras tan endemoniadamente listo —comentó—. Odín cometió un gran error en no convertirte en rey de Asgard —dijo acercándose y moviendo con el pie el cuerpo flácido. El asgardiano, sin embargo, no se esforzó en sentirse orgulloso o siquiera satisfecho por el halago—. Y quiero al clon con la forma de esta mujer. —Añadió, a lo que Loki se cruzó de piernas y apoyó la barbilla en la mano—. Todos deben pensar que moriste, que intentaste escapar y la damita rastrera se encargó de evitarlo.
—¿Y darle gloria cuando ni se la merece y ya está muerta? —ironizó el príncipe.
—Hazlo —indicó ella. Loki se puso de pie y usó la magia para hacer lo que se le ordenó. Diez minutos después, estaba ahí una copia exacta de Sif y el cadáver en el suelo era una imitación perfecta de sí mismo; para éste último había usado una poderosa magia que cambiaba permanentemente la forma de una persona. Hela lo miraba atentamente cuando el asgardiano se enderezó y correspondió el contacto—. Ahora, que ella salga de aquí —Loki frunció el ceño, pero de inmediato miró al clon y éste, volvió invisible el cuerpo y luego salió de la celda—. Perfecto. Nadie sabrá qué pasó aquí —añadió ella—. Loki.
—¿Hum?
—Pronto conocerás a Steven Rogers…—contestó ella, y se quedó callada demasiado tiempo antes de asentir —. Ah, existe una cosa más que no te dije que necesitaba de ti.
—¿Qué…? —No terminó lo que iba a preguntar, puesto que Hela había avanzado y le clavaba la espada en el pecho. Loki bajó la mirada mientras, presa de un espasmo, escupía un hilillo de sangre—. He…Hela…
Ella le miró con frivolidad y sacó la espada. Loki se apretó la herida y retrocedió, perdiendo fuerzas en las piernas.
—Necesito sangre extraída a partir de un golpe mortal —murmuró la mujer. El asgardiano cayó de rodillas, aun sujetándose la herida—. Descuida, querido, no vas a morir. Yo me encargo de eso.
Loki veía borroso y la consciencia se le iba de nuevo.
—Me engañaste…
—Para nada. Si tú no me traicionas, todo saldrá de acuerdo al plan. —Cuando Loki se desmayó, Hela lo sujetó y luego le depositó con cuidado en el suelo—. Tú solamente debes traerme el alma de aquel que te amará para siempre.
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Steve perdió el conocimiento y cuando volvió a abrir los ojos, le dolía la cabeza como si alguien hubiera bailado sobre ésta. Además, también tenía adolorido el cuerpo. Recordó a Hela y el cuchillo bajando directo a su corazón, y cómo si le faltara repentinamente el aire, se puso de pie y lanzó un grito, palpándose el pecho. Dentro podía sentir los latidos y se dejó caer de nueva cuenta sobre el pasto, jadeando igual que si despertara de una pesadilla.
Tragó saliva y se pasó la lengua por los labios resecos. El gruñido de un perro le hizo volver a sentarse como resorte y mirar hacia el costado, donde estaba Garm observándolo. Ya no había rastros de Hela y por obvias razones, Steve sintió que las náuseas le harían vomitar en cualquier momento.
El perro, que parecía haber crecido hasta ser del tamaño de un caballo, se inclinó hacia delante, como ordenándole —sí, ordenándole— que se montara en su lomo. Steve miró hacia la torre del Valhalla, esperando que de los arbustos apareciera cualquiera. Tardó menos de diez segundos en darse cuenta de que nadie vendría a ayudarlo, y no es como si estuviera en peligro… ¿verdad?
Con toda la agilidad que pudo luego de sentir que acababa de volver a la vida, se montó sobre Garm. El animal gruñó de nuevo antes de ponerse de pie y obligarlo a sostenerse del lustroso pelaje. Un momento después, corría a través del bosque devuelta al palacio de Asgard. Más de una vez las ramas le golpearon el rostro y él se vio obligado a inclinarse hacia el animal, que continuaba galopando tan rápido como un caballo.
El aire contra el rostro le hizo disfrutar un poco del viaje, pese al dolor en las piernas y la creciente sensación de que algo andaba mal. Cuando llegó a Asgard solamente unos pocos ancianos y niños, que estaban muy grandes o jóvenes para acompañar la marcha fúnebre, estaban por ahí, y ninguno le prestó demasiada atención.
Garm se sacudió a Steve cuando llegaron a las puertas del palacio, y el rubio cayó con un ruido sordo. Hizo una mueca mientras se sentaba y se sobaba la espalda baja con una mano. El perro se enderezó y soltando un gruñido más, se dio media vuelta y desapareció de la vista del rubio. Steve levantó la mirada hacia el palacio, vacío y desposeído de toda la vida que había ostentado la noche anterior.
Se puso de pie y empezó a caminar al interior del lugar, dedicándole unos segundos al recuerdo del frío hiel que lo consumió mientras Hela lo apuñalaba. ¿Qué había sido eso? Mierda, tal vez no había decidido bien. Se detuvo en pleno pasillo y miró de un lado a otro, sin encontrar a nadie dentro. Él, como soldado, sabía que era peligroso abandonar a cal y canto el reino para viajar al entierro de Odín; cualquiera podría venir y atacar, pensó mientras continuaba, especulando sobre dónde podrían estar los calabozos.
Las instrucciones que Hela le susurró antes de perder el conocimiento volvieron lentamente a su cabeza: Se fue hacia la derecha, en donde topo con una gran pared que interrumpía el paso y escondía el camino hacia los calabozos. Se pegó lo más que pudo y deslizó las manos por la pared hasta dar con una pequeña corriente de aire. Miró una vez más sobre el hombro y empujó con fuerza. Se escuchó un chasquido y luego, Steve se apresuró a arrastrar la puerta secreta hacia la izquierda. Un largo pasillo se abrió frente a sus ojos, iluminado únicamente por unas cuantas antorchas.
El joven estaba tentado de tomar una, pero desistió de la idea; acaso solamente la necesitaría cuando se terminará el camino iluminado y, según Hela, eso no sucedía. Se acomodó justo en el centro de la puerta y arrastró el pie, casi de inmediato la puerta secreta volvió a su lugar y él se quedó en ese profundo silencio. Una gota de sudor le corrió por la sien mientras caminaba con cautela, repitiéndose que esto lo hacía por Peggy y… ya que estaban en eso, por el mundo.
Sus latidos era lo único que resonaba en sus oídos cuando llegó a un largo pasillo, cubierto de ventanales donde se veían barrotes. Continúo caminando hasta la puerta de casi cuatro metros que se mantenía abierta a solamente treinta pasos más. Steve se asomó, extrañado por la ausencia de guardias.
Solamente había nueve celdas, todas ellas de una peculiar estructura que parecía una caja blanca con un lado de cristal. Ocho de ellas estaban vacías, solamente en una, la última de todas ellas, se encontraba un cuerpo tumbado pecho tierra, con rastros de sangre en todas partes. Steve sintió un tirón más en el corazón antes de correr y golpear el vitral con fuerza. Sin embargo, el cristal estaba demasiado reforzado como para imaginarse siquiera la oportunidad de romperlo con las manos; debió imaginarlo.
Buscó durante lo que le pareció una eternidad algo con qué abrir la celda, pero no había nada a la vista. Trató de la misma manera, hacer memoria por si acaso Hela también le susurró la forma de sacar a Loki de ahí, pero la desazón acrecentó en su pecho al no obtener nada de sus recuerdos de horas antes.
Con rapidez, sacó de sus pantalones el aparato de Tony, apretó el botoncito rojo y enseguida apareció su confiable escudo. Se alejó apenas lo suficiente y empezó a estrellar el metal contra el cristal. Al instante sintió cómo temblaba su cuerpo debido a la fuerza, igual que lo haría una campana al repicar, pero Steve no se detuvo y continúo golpeando una y otra vez, en especial cuando vio que surtía efecto y se empezaban a crear grietas.
Puede que hubiera estado ahí una o dos horas, tal vez más, aunque descartó la opción de que hubiera sido tanto, ya que dudaba que la ausencia de guardias fuera cosa de tanto tiempo. En su cabeza resonó una voz que intentaba advertirle algo que, sencillamente se le escapaba de las manos.
—¡Aguanta! —Exclamó cuando faltaba solo medio metro para abrir un resquicio lo suficientemente ancho para pasar por él—. Vamos, aguanta.
El hombro le punzaba con fuerza debido al esfuerzo, pero no mucho tiempo después, por fin ya estaba dentro de la celda y se hincaba a un lado del príncipe. Dejó caer el escudo y éste hizo un sonido metálico y pesado al chocar contra el suelo.
La escena se presentó ante él como un extraño déjà vu mientras tomaba por los hombros al chico y lo giraba boca arriba. Miró consternado el manchón de sangre que brotaba en el pecho del moreno y dejó escapar el aire, ignorando cómo poner en orden los miedos que se le iban arremolinando en la cabeza.
—¡Oye! —Exclamó, depositándolo en el suelo con cuidado y, tomando las prendas de Loki para abrirlas. Batalló un poco con ellas (¿por qué los asgardianos usaban esas ropas de cuero tan extrañas?), hasta dejar el torso descubierto del otro. Fijó la vista en la piel blanca, especialmente a la altura del corazón, desde donde la sangre seca se esparcía hacia el costado del moreno. Steve puso la mano en la herida, esperando notar el calor de la sangre, pero Loki ya no estaba sangrando. Con los ojos abiertos de par en par, limpió con sus manos la sangre de una herida que no existía y pensó en la forma que Hela también lo había atacado en el pecho y la sensación de que se moría, y luego el despertar violento, como cuando te caes de la cama. Pasándose la lengua por los labios acercó el oído derecho al pecho de Loki y percibió la respiración y el latido del corazón—. Está vivo —suspiró, apenas con fuerza.
Estiró el brazo hacia el escudo y apretó el dispositivo que escondió su arma, casi inmediatamente lo guardó consigo y luego pasó el mismo brazo debajo de la nuca de Loki. Su otra mano terminó detrás de las rodillas de éste. Rogers emitió una especie de resoplido mientras se apoyaba bien en los pies y se ponía de pie, cargando con el moreno.
Muy bien, ¿ahora qué?
Se sintió un completo estúpido y estaba en proceso de salir fuera de la celda cuando escuchó el gruñido de quien fuera el hombre inconsciente, claro, hasta hace unos momentos. Steve bajó la mirada para encontrarse con los orbes esmeraldas del asgardiano.
—¿Qué haces… aquí? —Preguntó con un hilo de voz. Steve continúo caminando.
—Voy a sacarte —explicó Steve—. Necesito… —El ruido de unas voces del otro lado del gran pasillo hicieron que se le encogiera el estómago. ¡Mierda! ¿Lo habían descubierto?—. Oye —se dirigió al otro, que hacía una mueca adolorida mientras se palpaba el pecho desnudo y pestañeaba extrañado. Steve pensó que podría sonrojarse ante el pensamiento mudo que parecía flotar en la mirada del asgardiano, pero las voces se acercaban demasiado rápido—, alguien viene. ¿Hay alguna salida aparte de…? —Se vio interrumpido por seis hombres que recién bajaban aquellas escaleras y observaban aturdidos a los otros dos.
—¡Es Loki! ¡Lo están ayudando a escapar! —Gritó el que parecía el cabecilla. Steve pensó en dejar caer al príncipe el tiempo suficiente para luchar y quizá, salir bien parado de la situación, cuando de repente apareció Garm y empezó a despedazar a los guardias. El rubio miró con terror la forma en que una hermosa mujer se bajaba del lomo del animal y degollaba a otro par; era claramente de Asgard, por la ropa brillante más parecida a armadura que a un vestido—. ¡Señorita Sif! —Bramó el hombre antes de verse asesinado por la espada de la chica, que se enderezó con un ademán molesto.
—Imbécil —soltó con ponzoña antes de mirar a ambos. Loki sonrió mientras Garm se acercaba a ambos—. ¡Tú! Apresúrate a montarle —señaló al perro que se inclinó hacia delante—. Hela dice que los llevará al puerto Bifrost. De ahí, ustedes están solos. —Steve apenas se podía mover—. ¡Rápido!
—Gracias. —Dijo antes de acercarse a Garm y subir a Loki delante de él. Nada más se sujetó con fuerza del pelaje de su montura, ésta se dio media vuelta hacia la pared contraria a la salida. Steve apretó la mandíbula cuando el perro empezó a trotar en la pared y atravesaba uno de los vitrales. Escuchó el gemido propio y el de Loki mientras se veían arrojados al vacío, todavía en el lomo del animal, que cayó con la agilidad de un gato sobre el barranco para el que daba aquella salida, y continuaba su trote saltando por las piedras.
Steve sentía que en cualquier momento iba a caer de costado, pero el viaje una vez que llegaron a los pies de la montaña, fue tan relativamente cómodo como andar a caballo.
—¿Estás bien? —Preguntó Steve subiendo un par de notas su volumen de voz, pues mientras el perro corría rodeando Asgard, el aire los golpeaba, creando un silbido en los oídos—. ¿No te encuentras herido?
Loki se quedó en silencio, echándole un rápido vistazo al rubio, que sintió un nudo en la boca del estómago al notar aquella expresión lastimera del otro. Se atrevió a probar algo.
—Hey, chico —habló, dirigiéndose en esta ocasión a Garm—. ¿Podrías detenerte un momento?
El perro ignoró la petición y saltó el tronco de un árbol caído. Steve se inclinó hacia delante, notando apenas que había puesto los brazos a ambos lados del cuerpo que iba enfrente. Por un momento pensó en retirarlas, pero la violencia de la caída luego del salto, le dijo que por ahora no resultaría inteligente desafiar su suerte contra la gravedad y la poca obediencia del can gigante.
Por otro lado, Loki soltó una mano y la puso sobre la cabeza del perro; un segundo después, el animal se detuvo tan repentinamente que por poco termina impulsándolos hacia delante. Steve miró a Garm.
—Él solamente obedece las órdenes mentales —explicó Loki—, siempre y cuando la reina de Helheim —no pasó desapercibido el tono desdeñoso ante el honorífico— así lo quiera, y tú le pongas una mano sobre la cabeza —terminó. Steve no dijo nada, pero se bajó del animal y tendió una mano hacia el asgardiano para ayudarle a bajar, pero éste se limitó a observarlo con el ceño fruncido—. ¿Qué estás haciendo?
—Descansemos un momento —sugirió, esbozando una leve sonrisa. Loki no parecía convencido.
—¿A caso estás loco? Debemos partir de inmediato al Bifrost —le dijo, echando chispas por los ojos—. No pienso salir de ahí solamente para caer en las manos de los Rastreadores cuando vengan a buscarme, y solo porque tú hablas de descansar. ¡Súbete de nuevo!
—Hay que revisar tus heridas…
—No tengo ninguna —señaló y luego arqueó una ceja—. ¿O es una excusa para terminar con tu tarea de quitarme la ropa? —Aunque el tono era de irritación, se le escapaba la burla. Steve se ruborizó tanto que podría haberle salido humo por las orejas… tal vez podría cocinar algo si le pusieran una sartén sobre la cabeza.
—Yo no… es decir… solamente… jamás… no quería… —tartamudeó. Loki dejó escapar un resoplido—. Per… ¡Lo…lo siento mucho! Creí que…
—Súbete —ordenó Loki en su lugar—, ahora mismo si no quieres que te deje varado aquí en la nada, para ser la presa de los Rastreadores… o algo peor —añadió mirando la noche que se extendía como un manto sobre el cielo; no había ninguna estrella, y la luna también parecía haberse desvanecido, consumida por la oscuridad que se ceñía sobre Asgard. Steve hizo una mueca antes de hacer ademán de subirse, sin embargo, se detuvo cuando escuchó el chasquido de una rama. Ambos hombres se volvieron hacia las sombras, al igual que Garm que empezó a gruñir antes de ladrar una vez; el rubio percibió la pequeña forma de un conejo echar a correr lejos. Steve miró a Loki—. ¿A qué esperas? ¡Anda!
Steve obedeció de inmediato y se acomodó. El asgardiano, que poco a poco parecía recuperarse del letargo casi mortal al que se vio sometido, volvió a palmear la cabeza del perro y éste continúo con su carrera con renovada velocidad.
No tardaron mucho más tiempo antes de divisar el puerto en la cercanía. Garm cruzó las primeras calles y luego se detuvo. Loki le palmeó la cabeza, pero el perro lo único que hizo fue gruñirle.
—Esta es nuestra parada —indicó, bajándose. Steve hizo lo mismo segundos después, ya cuando el perro se alzaba y él perdió pie. Alzó los brazos para asirse de algo, pero antes de caer de bruces contra el suelo, una mano firme le sujetó e impidió su (segura) caída. El hombro del rubio chocó levemente en el pecho del asgardiano, que plantó los pies en el suelo—. Ten más cuidado. —Steve alzó la mirada, avergonzado. Por otro lado, el príncipe le observó un segundo antes de soltarlo y volver la cabeza hacia la esquina de la calle ensombrecida.
—Gracias —murmura Steve al perro de Hela, que lo mira con sus ojos escarlata antes de inclinar la cabeza y salir corriendo por donde habían llegado.
—¿Por qué le das gracias al…? —Loki se interrumpió y luego, empujó a Steve hacia la pared de la casa, justo cuando varios guardias pasaron corriendo en la calle principal—. De acuerdo. Lo importante es escapar de Asgard —indicó el moreno, ante la mirada sorprendida de Steve.
—¿Y hacía dónde vamos? —La pregunta que sabía, se debió formular primero en sus labios, era por qué le hacía pensar que iban a ir juntos. Eso es lo que Steven quería, pero…—. ¿Iremos juntos? —Añadió después, y Loki se volvió hacia él con una sonrisa.
—¿Estás quejándote? —A falta de una respuesta coherente, Steve negó con la cabeza. Loki asintió y luego, se acercó con lentitud a la esquina, observando el largo puente del Bifrost—. Tú sígueme.
El asgardiano echó a correr y Steve, aunque lo pensó durante un par de segundos que transcurrieron con extrema lentitud, le imitó. Loki tenía una buena velocidad, pensó cuando durante un par de veces, estuvo a punto de perderlo de vista. El puerto estaba casi vacío y Steven lo agradeció infinitamente, pues era consciente de que había ayudado a un asesino a escapar y que probablemente, con la muerte de Odín ya en boca de todos, muchos podrían reconocer al chico.
La distancia fue considerable hasta que Loki pareció dar con un barco que le fuera formidable; éste era grande y parecía recién pintado, con molduras tan finas y elegantes que Steve podría jurar que se trataba del transporte de algún noble importante. El asgardiano no pareció dudarlo mientras con magia, hacía caer un par de cuerdas hasta sus manos; una de ellas se la extendió a Steve. El rubio la tomó con cierto sentido de culpabilidad, antes de que la cuerda subiera, llevándolo a bordo junto al otro, que ya subía hacia el timón mientras Steve procuraba no resbalarse, presa de la conmoción que sufrió durante unos segundos.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó, mirando de un lado a otro, esperando encontrarse con un montón de marineros. Sin embargo, Loki no le prestaba una pizca de atención y movía las manos de un lado a otro, arriando las velas con una mueca seria y para nada remordida por la consciencia, como le sucedía al rubio que se apresuró a ir a su lado para intentar detenerlo—. Oye, espera.
—Callado —ordenó Loki con el ceño fruncido y tomando el timón—, porque debemos salir de aquí.
—Pero estás robando un barco.
—Estoy tomándolo prestado —y de la misma manera extraña que todo había sido hasta entonces, el barco empezó a moverse. Steven frunció el ceño.
—Puede haber gente aquí.
—Claro que no —rebatió—; Hela lo ha dejado para nosotros. —El rubio abrió y cerró la boca un par de veces. En el puerto escuchaba a unas personas haciendo exclamaciones, y cuando se asomó discretamente, vio que todos señalaban el barco como si estuviera embrujado. Regresó su atención a Loki, que timoneaba con cierta dificultad, como si supiera mucho más de teoría que de práctica.
—¿Hela, has dicho? —Preguntó, subiendo los escalones hasta donde estaba el asgardiano. Éste le miró y asintió.
—Sé que tú me necesitas —contestó con una sonrisa de lado—; es lo que me explico ella.
Steve miró con un tanto de desconfianza al asgardiano.
—Requiero de tu magia y llegar a Helheim —admitió con cautela—, ¿sabes el camino?
—Por supuesto, pero no te va a gustar —respondió y luego, se sumieron en un largo y pesado silencio que únicamente se rompía por el sonido del aquietado mar y las olas que se formaban mientras se deslizaban a la lejanía de Asgard.
Steve miraba de nuevo hacia atrás, haciendo nada porque la magia de Loki se ocupaba de todo cuanto haría una tripulación completa; miraba la Ciudad Dorada en silencio, preguntándose si estaría haciendo lo correcto… preguntándose por Tony, Bruce, Clint y Natasha, a los que dejaba fuera de un viaje que le prometieron hacer juntos.
Lanzó un suspiro y pensó en las consecuencias de la flor de Hela, aquella que arriesgaría su vida pues no existía garantía de que la reina de Helheim pudiera cumplir su palabra, o porque simplemente el viaje era muy arriesgado… y si lamentó algo de lo sucedido ese día, fue de no haberse despedido de sus amigos.
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Aunque con la magia podría manejar sin problemas el barco, Loki prefería concentrarse en cualquier otra cosa además de los hombros caídos del rubio, que miraba todavía en la lejanía, como extrañando Asgard por más que, según le parecía, él era quien debía sentir cierto vacío por abandonar el lugar al que consideró —para bien o para mal— su hogar durante toda su vida. No obstante, Loki únicamente se sentía molesto e indignado; la amargura le subía por la garganta y le quemaba en el pecho.
Steve alzó la cabeza en algún momento, con una expresión asombrada en el rostro mientras Loki, pestañeando sin entender muy bien qué sucedía, lo imitó antes de encontrarse con el cometa Yggdrasil surcando los cielos oscuros, dejando tras de sí un rastro blanco que hacía un gran trabajo sustituyendo a las estrellas que no habían aparecido.
Ambos permanecieron en un mutismo que deseó que no se rompiera, observando el cometa que debiera significar la reanudación de la paz, y que en lugar de eso, para Loki significaba el momento culminante de su paciencia, el despojo de todo aquello que conoció alguna vez y que pertenecía a una mentira en la que, tal vez al fin había comprendido, no deseaba participar.
Los últimos dos días parecían haber transcurrido con más longevidad que su vida entera… y era horrible recordar todo lo sucedido.
—Es hermoso —murmuró Steve, tan bajo que posiblemente no había pensado en ser escuchado. Loki desvió la atención del cometa al chico, a la forma en que sus ojos azules como el cielo, parecían absorber la imagen y el brillo para convertirlos en algo propio. Loki arrugó la frente antes de asentir.
—Lo es.
—Me pregunto… qué estará sucediendo en Asgard ahora mismo —dijo, bajando la mirada hacia Loki y afilándola un tanto. Al jotun no le pasó desapercibida la desconfianza, pero no le culpo en absoluto—. Dime, ¿realmente asesinaste a Odín? ¿Es justificado que te encerrarán?
Loki soltó una especie de carcajada.
—¿Fuiste a sacarme de ahí sin saber eso? —Preguntó—. Vaya; en qué vuelve la necesidad a los mortales —añadió con sorna—. No es algo que pudieras entender, niño.
—¿Niño? —Repitió Steven—. Ya tengo veinticuatro. —Loki se encogió de hombros—. ¿Cuántos años tienes tú, de cualquier manera?
—Treinta y dos —respondió, fijándose en Steve y pensando que se veía mucho más joven de lo que afirmaba; lo atribuyó a la expresión inocente de su mirada y la ligera torpeza que ya desde antes, había notado. Apretó los labios en una fina línea, procurando no chasquear la lengua—. Te ves más joven.
—Hmph —bufó éste, volviendo la vista hacia el cometa. Loki utilizó la magia en el timón—. Tú… —corrigió—: Usted también se ve mucho más joven. —El moreno casi se sonríe por el tono casi respetuoso al que estaba tan desacostumbrado como para que, en cualquier otro momento en que le quedaran fuerzas suficientes, pudiera ruborizarse un poco.
—Supongo.
Steven miró con tristeza el cometa antes de volver su atención a Loki, que se sentaba en los escalones.
—¿Entonces… por qué lo hizo? —Preguntó Steve, con un tono incómodo. Loki se volvió hacia atrás.
—¿A caso te importa? —Fue lo que contestó—. Sinceramente, creo que es algo que a solo a mí me concierne. Yo tendré mis razones para hacer o no lo que me plazca.
—¿Por qué me ayuda? —El rubio pareció arrepentido de interrogarlo con respecto a ello, pero Loki no veía problema en confesarlo.
—Porque eras mi última esperanza de ser libre —respondió con desgana. Los ojos del rubio transparentaban su siguiente pregunta, aunque después de varios minutos de silencio, Loki debió preguntarse si por respeto no habría cuestionado acerca del qué se refería exactamente; bueno, se supone que era un príncipe de Asgard, que podría tener cualquier cosa que deseara con solo chasquear los dedos, o que poseía el amor de su familia y que seguramente, asesinar a Odín era un acto de crueldad y traición… sin embargo, Loki no veía ese tipo de duda haciendo conflicto en la mirada de Steven—. Conque te llamas Rogers Steven, ¿huh?
—Ajá… Y usted, el príncipe de Asgard: Loki Odinson. —Pareció cohibido al ver la mueca que hizo.
—Solamente Loki —señaló entre dientes. Steve pestañeó rápidamente antes de asentir; no preguntó nada más, por lo que el jotun agradeció infinitamente.
—Bueno —dijo el rubio, estirándole la mano. Laufeyson alzó la mirada, arqueando las cejas—, es un gusto conocerlo.
—Dudo que realmente creas eso —sentenció con seriedad. Steve negó con la cabeza—. Simplemente estás afanándote a pensar que puede ser un placer conocerme, ya que necesitas de mi ayuda y automáticamente, quieres creer que soy de fiar. Pero sin duda has escuchado más de Lengua de Plata que de Loki, y tu miedo a que te traicione, como suelen terminar la mayoría de mis supuestas deslealtades, son de un conocimiento general al que no quieres apelar. —Dijo con parsimonia—. Ahora mismo seguro que piensas que siendo un asesino de mi propio rey y… —en este punto debió tragar saliva, cosa que parecía más para recuperar el aliento que demostrando la renuencia a considerar a Odín su progenitor—, padre —murmuró antes de continuar—: soy poco menos que un monstruo desalmado.
Steve bajó la mirada y devolvió su mano al costado en silencio. Loki se puso de pie, enderezándose lo más que pudo antes de dar media vuelta y bajar los escalones hacia la cabina del capitán.
—Me lo suponía —añadió.
—¡Aguarda! —Exclamó Steven, haciéndole parar su camino y levantando la mirada; el menor se inclinaba hacia delante—. Si me dices que todo ha sido un error, yo podría creerlo… y no me costaría —agregó ante la sorpresa de Loki—. El que asesino a Odín no puede haber sido el mismo que ayudo a todos esos heridos hasta casi desvanecerse.
La expresión del moreno permaneció inmutable.
—Lo es —respondió, pensando en Sif—. Estoy seguro de que son el mismo monstruo. —Hizo una pausa larga mientras giraba el pomo y se metía; lo primero que notó entonces, fue que la puerta lo dirigía a lo más parecido a una caja que nunca vio. En la pared que yacía frente a sus ojos estaban dos puertas—. Hay dos habitaciones —alzó la voz para indicarle a Steven—. Yo tomaré la de la izquierda. —Luego de decir eso, se metió dentro de la respectiva recámara, sin mediar otra palabra. Apenas cerró la puerta, corrió el pestillo y se apoyó en la madera.
Dentro no había mucho más allá de una simple cama con cobijas y un ropero que formaba parte de la pared. La ventana daba vista hacia el extenso mar, donde todavía era capaz de ver un punto dorado en la lejanía. Caminó con pasos lentos hasta la cama, donde tomó asiento y luego se echó en toda su estatura. Alzó la mano donde tenía la llave para entrar en Helheim y trazó con el dedo índice el contorno de la runa que, según Hela, definía su nacimiento, vida y muerte.
—Esperanza es lo que menos me queda dentro —murmuró con ojos tristes, apretando la mano en un puño y mirando el techo—. No soy libre… no lo seré nunca.
Sin embargo, todavía podía intentarlo, ¿verdad? A la mejor esto solamente se trataba de otra broma pesada que le hacían.
Cerró los ojos y dejó escapar el aire.
"Si me dices que todo ha sido un error, yo podría creerlo y no me costaría. El que asesino a Odín no puede ser el mismo que ayudo a todos esos heridos hasta casi desvanecerse".
La mente humana tiene una sorprendente capacidad para tejer una red de mentiras, las que sostienen y defienden con uñas y dientes si eso les permite seguir viviendo en su fantasía. Eso es lo que pensaba Loki acerca de las palabras de Steven, que desconociendo todo de él, le prometía algo que ni aquella a la que creyó su familia durante toda su vida pudo darle nunca.
Jotun. La voz de Odín le taladró, como muchas otras noches, el cerebro. La burla, el sentimiento de dolor al saber que su presencia era despreciada hasta el punto en que, ni dando su vida por su padrastro habría sido aceptado. Jotun, monstruo, Loki… ¿cuál era la diferencia?
Mientras se sumía en el sueño se dio cuenta que Sif había tenido razón en última instancia: Él no era capaz de amar o ser amado. Ese era su destino. Todo lo demás escondía una mentira de la misma forma que lo hacía la máscara con la faz.
Continuará.
¡Jashin! Por un momento pensé que me venía con una actualización de cincuenta páginas de Word —y todo por culpa de mis comentarios (.w.U)—, como se me hizo un hábito donde Naruto (owo), y me veía más tentada de jugar con ese impulso por el hecho de que ya quiero poner Stoki y apenas los he juntado (u-u). Pero prometo que lo que viene ya será puramente la forma en que Steve terminará olvidándose de la existencia de Peggy (*w*)... Bueno, (e-e) lo siento mujer, pero eso debía suceder tarde o temprano (xD), en especial si tu competencia se trata de Loki Laufeyson, que es sexy tanto en su forma humana como azul de jotun (xDU) —hay que reconocer que debe ser el único que puede hacer eso (;D)... ¿o solo yo pienso así? (n/nU) *rascándose la nuca*—.
¿Hela continúo siendo de su agrado? (:D), espero que sí, en lo personal me encanto meterla en la historia (x3) así que deseo que sea bien recibida a pesar de lo ambivalente que me está saliendo (owoU). ¿Disfrutaron la muerte de Sif? (nwn), me habría gustado darle una más cruel y merecida (e-éU), pero la venganza es venganza...contra esa asquerosa arpía (¬¬). ¿Que cómo pasé a utilizar el recurso de Loki-female?... No tengo la más jodida idea (¬¬U), creo que eso sí fue completamente culpa de las gomitas con azúcar y mi cerebro extraño que no se resistió a restregarle en la cara a Sif que, de haber querido, Loki siempre pudo robarle atención —que igual lo hace, pero ustedes me entienden,... espero (.w.U)... de cualquier manera, no tengo el gusto neutral de saber quién sería más bonita realmente, la mayoría de mis decisiones se dejan llevar por quiénes son los personajes (xDU)—. ¿Les sigue prometiendo algo el fic como para continuarlo? Solamente deben dejar sus comentarios (x3); eso me mantendrá con vida (D:) —hablo muy en serio (¬3¬)—.
*Frase que pertenece a la película de Kung Fu Panda (*w*); cielos, lo que son las buenas películas que esconden grandes filosofías dentro (xD).
Por último, agradezco su tiempo, su comentario, etc. ¡La existencia de TheLoveIsArt es debido a personas como aquellas que tienen el buen corazón de decirme que mi trabajo no ha sido una perdida de tiempo! (nwn)/
Hasta luego, sempais (owo), espero leerlos pronto.
PD: Me esforzaré mucho para sacar la continuación de "Cerúleos bajo la luna" (xD) como siguiente actualización de mi parte.
