¡Buenas, sempais! (owo)/ Gusto volver a saludarlas. ¡Cielos! No tienen la remota idea de cuánto me odio por no ser capaz de pensar en el Stoki que les sigo debiendo (xo), pero es que de esas ocasiones en que me siento frente a la computadora, ya con la idea más o menos desarrollada, pero sin encontrar las palabras correctas para avanzar nada (e-eU), en especial cuando las ideas —y las palabras— de esta serie me llueven a cántaros (._.) En fin, de nuevo una disculpa por tenerlas esperando. Por otro lado, espero desde el fondo de mi corazón que reciban esta actualización con los brazos abiertos (nwn)
Pero, por supuesto, antes los agradecimientos (o3o):
ilyasha77: Mil gracias por comentar, sempai (owo). Una de las experiencias más agradables con las que una autora se puede encontrar, además de que gusten de su trabajo, es poder defender a los personajes que ama y tomar venganza contra todos los —idiotas— que se atreven a lastimar a éstos (uwu), tal es mi caso con Loki; debo decir que matar a Sif, aunque fuera de una manera hasta cierto punto "gentil y rápida", es una de las cosas que más me ha gustado hacer (xD), tanto como emparejar a todo cuanto le veo potencial, a lo que entramos de nuevo a que esta pareja toca mi corazón porque, efectivamente, sigo concibiendo a Steven como el único capaz de ofrecerle a Loki una oportunidad. Adoro la personalidad de Steve por lo mismo que tú dices, pues a pesar de que siempre se burlaron y lo trataron mal, él demuestra que sigue poniendo por encima de su bienestar el del resto. En fin, de momento, hice el intento de enfocar nuevamente una parte de "mi" Loki y su pasado, para resaltar un poco más lo que significará la presencia del Capi, también me esforcé en comenzar el acercamiento —trato de no olvidar que esto es una "mini serie" y que debo apurarle al asunto (xDU), pero me estoy peleando con ello—, por lo que espero que encuentres agradable el capítulo del día de hoy. Abrazos y bendiciones de mi parte también, sempai (x3) *inserte más agradecimientos (:D)*
AkatsukiDrak: Empezando igual que siempre: Mil gracias por comentar, sempai (x3). Bueno, yo también considero a Hela todo un personaje, simplemente no deja de intrigarme el contraste de lo que ella significa y me encantaría lograr ese enfoque al meterla dentro del fic. En este capítulo, lamenté mucho no hallar la manera de insertar su presencia, pero no estoy dispuesta a dejarla de lado por mucho tiempo, pues a fin de cuentas, me parece que Hela ha hecho el paso crucial en el fic (xD). ¡Uy! Para la muerte de Sif realmente consideraba ver Elfen Lied, pero me decidí a recordar un poco de algún capítulo de Gantz que vi hace mucho, mucho tiempo (.w.U); de cualquier forma, gracias por mencionarte la escena de Loki-female, la verdad dudaba en gran medida de poner algo así y que pudiera resultar bien logrado (:D) En cuanto a Steve, siendo sincera yo tampoco sé muy bien qué le sucede, pues es cierto que para cualquiera resultaría absurdamente fácil darse cuenta que mantener la distancia con un personaje como Loki sería lo más prudente, pero ahí entra (para bien o para mal) ese carácter bondadoso y comprensivo, que intenta comprender o juzgar por lo que sus ojos ven y no por las palabras de terceros. Eso, no me canso de reiterarlo, es lo que me llamaría la atención de una relación entre ambos; ciertamente me parece una lástima que nunca pudiera darse una oportunidad de ver algo así (u-u), pero ¡hey! para eso están los fics. Y espero que el mío continúe cubriendo tus expectativas y siga pareciendo digno de tu tiempo y comentario, que me hace muy feliz leer palabras como las tuyas. PD: Gracias por avisarme de la comunidad (*w*), de verdad que me gusto tanto ver algo así, que olvide respirar durante veinte segundos (xD)...ahora sí entraré seguido a FB (:3)
KariDz: ¡Muchas gracias por comentar, sempai! En serio que leer tus palabras me llena de felicidad (QwQ), creo que no muchas veces me sucede que siento orgullo por las cosas que escribo (xDU) en especial bajo la dosis de gomitas, porque es demasiada azúcar en mi organismo y tiendo a delirar la mayor parte del tiempo. No hay honor más grande que leer que fui capaz de crearte esa imagen de "libro". Je, me quedo corta de palabras para decirte cuánto te agradezco el comentario, en serio. Pero bueno, entrando al tema... Sí, imagino a Hela en mi fic como alguien que le guarda cierto aprecio a Loki, aunque quizá es más bien compasión y otro tanto de entendimiento en cuanto a la situación en que se encuentra él. Por otro lado, me alegra saber que ha sido de tu agrado las muertes de estos dos idiotas, que definitivamente pertenecen a la categoría de "Odiados por siempre" que hacen hervir mi sangre de puro rencor... su forma de comportarse me vuelve claramente incapaz de concederles el perdón, y de verdad que encontré un gran placer en deshacerme de ambos —todavía lamentando no haberlo hecho de manera más cruel (e.e)—. Voy de tu lado, en algún momento también creí irracional mi odio contra ella e intenté ver a esa "gran guerrera", pero en la película, cuando al arrodillarse se le pintaba esa mueca de "rebeldía", deseaba borrarle el gesto de la cara a la arpía, simplemente no puedo tenerla frente y no desear que muera, a lo que por cierto, me sorprende escuchar que nunca nadie la ha matado (._.)... (7w7) admito que me encanta ser la primera, pero no me molestaría leer más seguido que se deshacen de esa...tipeja. ¡Steve es sencillamente... perfecto! Me has leído el propósito que siempre deseó mantener en él, aunque en algún punto llegué a aburrir con esa insistencia, no puedo mirarlo de otra manera. Desde ahora no me avergonzaré de mi neurona que defiende a Loki (x3). ¡Uy! Me extendí demasiado —otra vez—... en fin, muchas gracias por comentar (TwT), espero seguir contando contigo, que la historia sea digna de tu tiempo y comentario (x3)
Joder, en serio lamento extenderme demasiado (.w.), pero es que cuando leo sus comentarios, significan tanto para mí que simplemente no puedo contenerlo. De acuerdo, sin hacerlas esperar más, aquí la continuación (n3n):
Hado: Las cicatrices de la luna
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El navío se mecía demasiado para que Loki fuera capaz de conciliar el sueño. Aunque muchos describían las travesías por mar en una noche tranquila como el vaivén de una cuna, él no era muy avezado en eso de disfrutarlo cuando era acosado por una gran cantidad de recuerdos acerca de lo que había sido su vida durante todos esos años. La impotencia —junto a la cólera— únicamente le invitaban a distraerse en cualquier cosa a su alrededor, llevándolo a cometer el peor error de todos: Concentrar sus cinco sentidos en el balanceo del barco, por lo que terminó con náuseas y la fuerte sensación de que todo el mundo daba vueltas alrededor, como un carrusel.
Gimió quedamente mientras se apretaba un poco el estómago, esperando que fuera suficiente para controlar las arqueadas de algo que nunca había comido, pues no cenó nada y en los calabozos le obligaron a ayunar; sumando esto a que había estado regalando su energía a cualquiera antes de recuperarse bien del todo, era probable que la combinación del malestar y la creciente debilidad provocaran que el barco se detuviera en medio de la nada o peor aún, que se desviara hacia un lugar inconveniente.
Se puso de pie y caminó hasta la puerta, encorvándose un poco para mitigar la sensación de que su estómago se rompería en cualquier instante. Salió de la cabina y lo primero que le recibió, fue el viento fresco que viajaba a través del mar en una noche sosegada, trayendo consigo el olor salado de las aguas. Debía admitir que respiró mejor por el simple hecho de que el bochorno dentro de aquella habitación se deshacía hasta producirle un escalofrío bien recibido —esto último, pensó con amargura, quizá por su naturaleza de jotun—. Al momento, recordó sus aposentos en Asgard y la maravillosa vista del reino desde el balcón.
Caminó por la cubierta, apoyándose en la madera que servía como barandal cerca de la proa. Miró el agua tranquila a través de la cual se deslizaba con facilidad el barco, y que le permitía contemplarse con apenas unos pocos efectos de distorsión.
Ahí estaba de nuevo aquel rostro que había detestado siempre, incluso cuando no sabía acerca de su origen; de niño, constantemente se preguntaba qué podría haber hecho mal, y se pasaba días enteros tratando de encontrar cuál era su lugar, cómo debía ser para que lo quisieran. De más estaría decir que las respuestas nunca le dieron una sola esperanza de encontrar quién fuera capaz de extenderle la mano, aunque sea solo un momento.
Antes pensó que bastaba con saber por qué a pesar de intentarlo no era alguien mejor, y si acaso obtenía la respuesta, qué más podría hacer para cambiarse a sí mismo a la semejanza de todos los asgardianos… de su hermano Thor. Pero únicamente se mantuvieron a su lado el desprecio de los demás, los escasos placeres que podía permitirse al practicar la magia y buscar cierto consuelo en las toneladas de libros que devoraba en su tiempo libre. Tal vez, permanecer en la ignorancia realmente habría sido una bendición en su caso.
La ignorancia. ¿Cómo alguien que aspiraba al conocimiento y amaba descubrir cosas nuevas, terminó por pensar aquello? Bueno, habría que aclarar respecto al tipo de ignorancia que deseaba tener: No saber quién era en realidad y lo que estaba destinado a hacer, el hecho de que por más que lo deseara y luchara en contra, el papel que los Dioses le dejaron a sus pies era únicamente la destrucción y el dolor. Lo arrastraban a ello igual que un mar tormentoso haría con un velero solitario.
De pronto —y sin querer—, llegó a su mente una noche de hace muchos, muchos años, cuando Thor se colaba en su habitación porque no podía dormir:
—Escucho ruidos extraños —le murmuraba al despertarlo—. ¿Puedes venir conmigo a registrar los alrededores? Quizá encontremos de dónde proviene esa música que resuena siempre en las habitaciones.
Loki, por más que intentara agudizar el oído mientras se sentaba derecho en su cama y se tallaba los ojos, nunca escuchaba nada, por lo que entendía el gesto de su hermano como una excusa para seguir levantado, o demasiada azúcar en su organismo que le producía sugestión, así que dirigiéndole una mirada acusadora se volvía a echar las cobijas sobre la coronilla, irritado porque a diferencia de su hermano mayor, él no siempre podía recuperar el sueño y dormir a pierna suelta nada más proponérselo o tocar la cabeza con la almohada.
Pasaron casi dos semanas, en las cuales ninguna noche dejaba de repetirse la escena. Cansado de ser despertado a plena madrugada, accedió a acompañar a Thor en su pequeña aventura de investigación.
—Pero como sea un invento tuyo —le "amenazó" con evidente malhumor; no es que disgustara de pasar tiempo con su hermano, sino que los desvelos eran muy problemáticos para él, que ya tenía suficiente con las pesadillas acerca de Jötunheim (oh, la gran ironía y crueldad de temer a tu propia raza).
—No lo es. Te juro que escucho una música todas las noches. Siempre parece llamarme…
Loki arrugó la nariz mientras salían a hurtadillas de su recámara, en búsqueda de lo que su hermano llamaba: La sonata fantasma.
Mientras más cerca estaban de la habitación de Thor y el sueño le iba abandonando, el moreno debió admitir que realmente se escuchaba una canción suave, triste al mismo tiempo que hermosa. Por la calidad del sonido, con mucha posibilidad provenía de una caja musical. Cuando llegaron ante la puerta donde se guardaban los tesoros de Asgard —a la que únicamente se les permitía entrar cuando iban acompañados de Frigga u Odín—, Loki frunció el ceño y tomó del brazo a su hermano.
—¿Qué pasa, Loki? ¿Ya te has acobardado? —Preguntó el rubio volviéndose hacia él, aunque con una sonrisa nerviosa producto de la luz cada vez más mortecina del pasillo, así como del silencio y la ausencia de personas, que era justamente lo que a Loki ponía receloso.
—Volvamos a nuestros cuartos —le pidió, observando paulatinamente hacia la puerta, donde la música crecía y lo llamaba, justo como Thor dijo—. No me gusta nada esto.
—No seas miedoso.
—Tú también tienes miedo —aseveró con un rubor en las mejillas—. Además, piénsalo Thor. ¿No es extraño que esté tan solo precisamente el pasillo donde se guardan los grandes tesoros? Me da mala espina; aquí deberían de estar al menos los tres guardias de siempre.
—Pues si sucede algo, peleáremos… O lo haré yo, y te defenderé como pueda de los jotun.
—¿Jotun? —Repitió él, intrigado más por la rápida (e "injustificada") sospecha de su hermano que por desconocer las leyendas, como le pareció a Thor que sucedía:
—Ya sabes: Piel azul, ojos rojos, gigantes de hielo con cerebro pequeño y con las ansías de destrucción de monstruos embrutecidos. —Indicó el rubio, hablando con pelos y señales. Loki frunció el ceño.
—Sé lo que es un jotun —murmuró—. Y dudo que si resultan ser ellos los que me están dando escalofríos, tú tengas más posibilidades que yo de enfrentarlos.
—Yo siempre tengo mejores posibilidades que tú —respondió Thor con una sonrisa despampanante, antes de simplemente ponerle una mano en el cabello y revolverlo, acallando la réplica que se le iba a escapar ante el comentario tan denigrante acerca de su poca condición beliciosa—. Por algo soy el hermano mayor que cuida al hermanito, ¿eh? —El de ojos verdes hizo una especie de mohín, pero cuando abrió la boca para responder, el sonido de la música estalló con fuerza y ambos dieron un salto, emitiendo un grito ahogado mientras observaban la puerta—. ¿Qué pasó?
—No lo sé —respondió Loki, con el corazón acelerado. Se volvió hacia Thor—. ¿De verdad entraremos?
Thor tragó saliva antes de asentir y responder, con las piernas temblando pero con la resolución firme que siempre lo caracterizó:
—Por supuesto que sí.
Nada más hicieron falta esas palabras para que ambos se acercaran vacilantes a la puerta. Thor se puso de puntillas para tirar de la manija, entretanto Loki volvía la cabeza hacia atrás en búsqueda de cualquier guardia… que nunca apareció —al menos, no entonces—. El rubio empujó la puerta y el menor se vio obligado a seguirle. Dentro, la luz era escasa y Loki apenas podía ver las sombras que producían las paredes inclinadas y adornadas con delgadas líneas sinuosas. Al final del pasillo, únicamente podía ver el cofre que perteneció a los jotun, antes de que su padre lo arrebatara para proteger a los reinos de la amenaza que representaba en las manos de aquellos seres.
Ambos miraron de un lado a otro por aquel pasillo hasta que por fin, dieron con el pilar que sostenía una esfera de cristal. Ésta emitía el mismo resplandor azul del cofre, como de nubes conteniendo relámpagos. Entre más cerca estaban ambos, las luces estallaban con más fuerza en el interior. Thor la miró fijamente.
—¿La música proviene de esto? —Preguntó, y Loki asintió despacio—. ¿Qué es? No lo recuerdo de la última vez que estuvimos aquí…
—Thor —empezó a decir al ver que el menor estiraba las manos hacia arriba—, ¡no lo toques! —Exclamó al ser ignorado.
—¿Por qué? —Al rubio casi se le escapaba un puchero.
—Se parece a uno de los Ojos de Niflheim —murmuró sin apartar la vista de la esfera, cuya música era aún más fuerte ahora. Reacio a permanecer ahí, intentó apartar a Thor del pilar.
—¿Y? —Preguntó éste, deshaciendo el agarre con facilidad, a lo que el otro le dirigió una mirada iracunda y reprochadora.
—¿No has leído nada acerca de…? Olvídalo —añadió al recordar con quién estaba hablando—. Thor, vámonos. Los Ojos de Niflheim solamente muestran las condenas de una persona y atraen al dragón Nidhug.
—Oh, son los que develan el futuro —se tradujo a sí mismo con exagerada confianza, sonriendo como si no acabara de escuchar las palabras de Loki—. Perfecto. Oye, ¿y si vemos quién de nosotros se convierte en rey de Asgard?
—No lo toques —insistió el menor, pisando con fuerza el suelo—. Solamente muestran las desgracias… ¡Escúchame! —Gritó cuando la música volvió a resonar con fuerza, al momento de que Thor se estiró y tomó la esfera con una sonrisa de autosuficiencia.
Al instante, la expresión de su hermano brilló mientras bajaba el Ojo de Niflheim, sosteniéndolo a la altura de su pecho. Su sonrisa se extendió hasta volverse escalofriante y Loki se dio cuenta de que, fuera lo que fuera que aquella cosa le estaba mostrando, seguramente le causaba gran satisfacción. Algo se rompió en su interior mientras la música desaparecía de sus oídos.
Y entonces… dentro de la esfera se escuchó un grito que perforó sus oídos y le hizo retroceder, tambaleándose mientras veía que Thor apretaba con fuerza el cristal, como intentando romperlo con las uñas que resbalaban por la esfera, igual que si intentara cerrar los puños sin soltar el objeto.
—¿Thor? —Llamó asustado al ver que su hermano abría la boca y soltaba el aire, en un grito mudo y repleto de dolor, que impulsó a Loki a tomar el Ojo de Niflheim y arrancárselo de las manos al rubio, que cayó de espaldas, pálido, sudando, temblando como si le estuviera dando un ataque y sacando espuma por la boca mientras sus ojos se ponían blancos.
Sin embargo, Loki apenas recordaba mucho de la visión de su hermano retorciéndose, porque él inmediatamente se quedó congelado, sus ojos abiertos de par en par mirando un punto brillante en la esfera que todavía sostenía con ambas manos. La música volvió, resonando por las paredes de su cerebro con fuerza apabullante; una música irregular y violenta, invadida por pesadillas de animales corriendo en llamas y personas llorando; de Odín observándole con decepción, de Frigga muriendo con una última mueca aterrorizada y Thor dirigiéndole una mirada llena de odio. Gritos y ojos rojos como la sangre. Olor a metal y cenizas; soledad, muerte y silencio avasallador.
De pronto, la visión de una caja musical sobre un mueble sencillo de madera. Podía ver la figura de una bailarina girando sobre su eje. El mundo tembló durante siete segundos y él giró la cabeza de un lado a otro, hasta escuchar la porcelana rompiéndose, interrumpiendo al segundo la música tranquila. Delante de él estaba una mujer de ondulado cabello castaño, largo hasta los hombros y que perfilaba su rostro blanco. Los labios pintados de rojo carmesí, carnosos y sensuales que enmarcaban una sonrisa hermosa. Loki se quedó pasmado ante la visión mientras el fino rostro se encendía como una fotografía.
El niño emitió un ruidito antes de transportarse a donde un hombre al que no alcanzaba a verle el rostro, sostenía los pedazos de la caja de música; lloraba.
Incapaz de resistir todas aquellas visiones, se dejó caer de sentón y cerró los ojos con fuerza, llevándose las manos a los oídos.
—Loki —susurró una voz masculina en su oído, suave y conciliadora, pero que en cierto punto le causaba un gran dolor—. Loki.
—Tu destino es causar el Ragnarök —bramó otra voz (si es que podía llamársele así), perforando su pecho con tan crueles palabras—. ¡Tu camino es causar dolor y ser la pesadilla del mundo, Loki Lau…!
—¡No! —Gritó él tan fuerte como pudo, y en el momento de lucidez que lo devolvió a la realidad, soltó el Ojo de Niflheim, escuchando un ruido tan fuerte como si acabara de derrumbar un edificio entero. Retrocedió mientras veía girar la esfera a los pies de su hermano, que todavía se sacudía como un poseso—. ¿Thor? —Nada más bastó decir su nombre para que el rubio se quedara estático, con los ojos abiertos y blancos—. ¿Hermano? —La voz se le quebró—. ¡Thor!
Se tiró de rodillas junto al rubio, poniéndole las manos en el pecho y sacudiéndole con fuerza, en espera de que éste respondiera. No obstante, éste permaneció en la misma posición durante lo que pareció una eternidad.
Únicamente se dio cuenta del dolor en el hombro que le contrajo el músculo con la fuerza de grilletes, para que al alzar la mirada, se encontrara con uno de los guardias. Atrás estaba Odín corriendo hacia Thor, con una expresión asustada y llena de pánico. Loki fue empujado fuera de la habitación, con el guardia gritándole improperios. Al otro lado de las puertas se encontraba Balder, mirándolo con ese desdén ya acostumbrado y detrás, estaban los amigos de Thor y otros nobles.
—¡Thor! —Gritó Loki, desatendido de los sonidos distorsionados en los que se había convertido todo a su alrededor—. ¡Por favor, mi hermano…!
—¡Lastimó a Thor! —Vociferó Balder—. ¡Ha hecho que toqué el Ojo de Niflheim!
Loki le miró con odio y se retorció para liberarse de su captor, que asentía a las palabras de su hermano mayor con un gesto airado.
—¡Suéltenme! ¡Yo no hice nada! ¡Basta…!
—¡Príncipe Loki! —Gritó alguien cerca y él abrió los ojos de par en par. Lo primero que notó fue el oscuro cielo y que le dolía la cabeza, posiblemente debido al golpe que se dio al perder el conocimiento. Frunció el ceño mientras Steve le sujetaba la espalda y lo ayudaba a enderezarse, con la inquietud de quien teme que fuera a desmayarse nuevamente—. ¿Está bien? —Preguntó, con una nota de preocupación bailando en su tono—. Con cuidado —agregó cuando Loki le apartó con un ademán despectivo—. Con cuidado —repitió en un murmullo, entretanto el moreno jalaba profusas bocanadas de aire—. ¿Qué sucedió? ¿Necesita agua? Debe reposar, así que mejor le llevo a la cama. ¿Puede escucharme?
—Sí —respondió él, con más violencia de la que pretendía—. Maldición, deja de bombardearme con preguntas un segundo.
—Lo siento —dijo casi de inmediato, pero únicamente logró que la irritación del mayor aumentara—. Es que, de pronto el barco dejó de avanzar y se sacudió con fuerza. Cuando he salido a ver qué sucedía, lo encontré a usted tumbado en el piso, gritando que...
—¿Acaso te he pedido una explicación? —Interrumpió con una mirada hosca—. ¡No me importa! Aléjate y déjame en paz.
Steve se quedó en silencio, frunciendo el ceño con cierta indignación que Loki mejor pasó por alto. Desvió la mirada y se abrazó a sí mismo, notando apenas que temblaba como gelatina. Como si leyera su pensamiento, el rubio se quitó el abrigo y se lo colocó sobre los hombros. Sobra decir la mueca de molestia que hizo el jotun, algo que desapareció cuando la reconfortante prenda le ofreció el calor de aquel humano. Su nariz percibió el aroma de jabón y otra cosa más que no supo identificar, tal vez canela. Aspiró disimuladamente aquel perfume hasta llenar sus pulmones; repitió el proceso varias veces y segundos después, comenzó a sentir que la calma se instalaba nuevamente en su interior.
Con lentitud y desconfianza, volvió la mirada a Steve, que parecía esperar por alguna instrucción o quizá, por un agradecimiento. Sin embargo, ambas serían en vano, pues Loki empezó a ponerse de pie en silencio, apoyándose en una mano mientras con la otra sujetaba la prenda del rubio. Una vez que se enderezó, tragó saliva y forzó a su rostro para volver a la máscara impasible de siempre.
Steve tenía los brazos levantados, como si esperara por verlo caer para sujetarle, cosa que irritó aún más al jotun, que se retiró con fuerza la prenda de los hombros y se la arrojó. El rubio la atrapó con movimientos ciertamente torpes, observándole con esos inocentes ojos azules que no destilaban ni un poco de indignación, como se esperaría de cualquiera luego de recibir esa clase de trato.
—¿Un poco de agua? —Ofreció en su lugar, no sin cierta cautela. Loki le miró con incredulidad, pestañeando con rapidez mientras se aseguraba de haber escuchado bien—. ¿Qué necesita? Trataré de conseguir lo que sea… claro, en la medida de nuestras posibilidades. —El joven le ofreció una sonrisa servicial—. ¿Entonces?
—No necesito nada —aseguró un segundo antes de que su estómago le traicionara y gruñera con fuerza. Loki apretó los labios en una fina línea y cerró los ojos con molestia, solamente tratando de ignorar la mirada divertida que ahora le dirigía el menor—. Cállate —le ordenó. Cuando abrió los ojos, Steve alzaba un dedo a la altura de su rostro.
—Iré a la bodega. Tal vez encuentre algo para ambos —explicó mientras volvía a colocarle el abrigo, se giraba y echaba a correr hacia la compuerta—. De favor, espere aquí o dentro de la cabina si tiene mucho frío. —Y diciendo esto, desapareció bajo la madera. Por su parte, Loki permaneció en el mismo lugar, rascándose el brazo y ruborizándose un poco ante la tremenda escena que había montado. Al fin, como si se tratara de un interruptor, recordó que Rogers había dicho que el barco se detuvo, y apresurado, Loki empezó a desplegar su magia una vez más para ponerlos en movimiento. Para cuando Steve llegó a cubierta, abrazando contra su pecho una bolsa de tela y un par de botellas, Loki tenía unos minutos de terminar con su tarea—. Oh, ¿está bien si continuamos?
—¿Por qué no habríamos de hacerlo?
—Creí que el desmayo era por cansancio y que necesitaría recuperar energías —aventuró la respuesta, encogiéndose de hombros con sencillez.
—Eso es una tontería —dijo Loki luego de chasquear la lengua—. Yo soy lo suficientemente poderoso como para llevarnos de una sentada hasta Helheim.
—No lo dudo, Alteza. Pero necesita también alimentarse y descansar —añadió, sonriendo mientras le indicaba que fueran a sentarse en alguna de las cabinas. Loki le siguió—. ¿Comemos juntos? —Sugirió el rubio, a lo que Loki se apresuró a negar con la cabeza; la mueca desairada de Steve no le pasó por alto—. De acuerdo. Encontré muchas cosas allá, pero lo más rápido son frutas. Si gusta, puedo cocinarle un poco de pescado o también hay carnes rojas, lo que prefiera.
El rubio ya le había extendido la bolsa de tela, que Loki tomó junto con una de las botellas de lo que, a seguro, era vino.
—¿Sabes cocinar? —Preguntó, curioso. El otro asintió rápidamente—. ¿Chuletas de cerdo, por ejemplo?
—Son cosa fácil. En veinte minutos puedo dejárselas listas. —Loki subió y bajó las cejas.
—De acuerdo —concedió, a lo que el rubio hizo una especie de reverencia y se encaminó de nuevo hacia la bodega, por donde seguramente habría encontrado la cocina—. Rogers —le llamó antes de perderlo de vista. El rubio se volvió hacia él.
—¿Si, Alteza? —Preguntó al ver que no añadía nada.
Pensar simplemente en agradecer por algo se le hacía extraño, no porque jamás hubiera pensado en usar la palabra, sino porque simplemente nunca se presentó la ocasión. Tenía un "sabor" peculiar incluso en la mente, como si estuviera en otro idioma, pero de cualquier manera hizo un ademán para restarle importancia mientras dejaba escapar las letras de sus labios, con cuidado.
—Gracias.
La mirada de Steve fue de incertidumbre, pero se limitó a sonreírle.
—De nada, príncipe Loki —contestó desapareciendo por la compuerta, dejando a un Loki solitario tratando de identificar burla o algún otro sentimiento en aquella forma de pronunciar su honorífico, sin ningún tipo de éxito. Sin embargo, no se guardó muchas esperanzas, pues muy en el fondo sabía que el tipo de respeto que recibía de alguien como Rogers bien podría ser fingido… de cualquier manera, todo esto era una especie de convenio, pensó mientras se recordaba que él era necesario para salvar a una persona y nada más. Cuando todo terminará, sería desechado como siempre. Para entonces, esperaba que ya no le importara.
0*0*0
Tony casi echaba humo por las orejas mientras iba y venía de un extremo a otro de la habitación, blasfemando contra Steven en una perfecta imitación de la que unas horas antes hizo Fury, también encabronado por la ausencia del rubio. Por otro lado, era muy claro que estaba dolido en el fondo porque lo había dejado de lado completamente, o eso le parecía a Bruce, que seguía con la mirada a su amigo castaño mientras intentaba cambiar la lente rota de sus gafas.
—De cualquier manera —irrumpió en las maldiciones de su amigo, entrecerrando los ojos para enfocar mejor—, ni siquiera sabemos si él ha cometido ese acto tan imprudente…
—¡Estúpido! —Exclamó Tony dándose media vuelta para encarar al de lentes—. Dilo como es: Un acto necio, irracional y estúpido.
—Como los que sueles tener tú todo el tiempo —señaló Natasha, parada junto a un Clint recargado en la pared y con los brazos cruzados. La pelirroja se echó los cabellos para atrás, y los rizos rebotaron sobre su espalda—. Bien, digamos que Rogers encontró la manera de convencer a Hela —comenzó a decir, separándose de su amigo para acercarse a Tony—, y sabemos que de no aparecer en las próximas doce horas, es que ha tomado camino hacia Helheim. Entonces ya es seguro que algo malo puede pasarle.
—Somos sus amigos —intervino Bruce con un murmullo—. Para bien o para mal, tenemos que ayudarlo —sentenció con firmeza, a lo que Tony le miró con las cejas arqueadas.
—Esa no es de tus mejores ideas —soltó con desdén, a lo que el corazón de Bruce se estrujo al saber que, en efecto, no era muy inteligente de su parte. Tony alzó los brazos hacia el techo con exasperación y los dejó caer mientras lanzaba un bufido—. Es que no concibo cómo de pronto Steven se ha vuelto tan egoísta.
—Lo que te molesta es que te haya desechado tan fácil por ir a salvar a Peggy, otra vez —dijo Clint con una sonrisa maliciosa que insinuaba (muy directamente) sobre el (posible demasiado) afecto del Stark para con el rubio. Bruce frunció el ceño y rodó los ojos, negando con la cabeza mientras se ponía las gafas y hacía una mueca de irritación—. ¿No es así, Tony?
—¿De qué estás hablando? —Preguntó el castaño, afilando la mirada—. Creo que has aspirado demasiado escombro, ¿o es que solamente ello te permite soltar las absurdas ideas que tu pequeño cerebro tardó meses en construir para "herirme"? Buju… —fingió que se secaba una lágrima antes de añadir con seriedad—: No lo estás logrando, ¿sabes?
—¡Hey! —Gritó Clint, separándose de la pared y poniéndose a la defensiva—. Eres tú el que anda detrás de Steven fingiendo la irritante demencia de un chiquillo malcriado para…
—Dejen de actuar como niños o voy a romperles el cuello en los siguientes cuatro segundos —murmuró Natasha entre dientes y al instante, ambos hombres guardaron silencio. Bruce se puso de pie y les dedicó una sonrisa entre divertida y exhausta.
—Que hagan lo que quieran —murmuró—. Tú y yo sigamos con el plan, Natasha. —La pelirroja dejó su pose a la defensiva mientras Tony y Clint se miraban confundidos.
—¿A qué plan te refieres? —Preguntó Barton, receloso.
—Pues al de acompañar a Steven —respondió con simpleza el de lentes. Tony soltó una risa y señaló a Bruce con ese tipo de burla tipo: "¿Puedes creer lo que está diciendo este sujeto?". Stark volteaba a ver a los otros dos antes de negar con la cabeza y ponerse serio—. ¿Qué?
—Y según tú, genio, ¿cómo sabemos hacia dónde ha ido nuestro Romeo? En lo que a mí respecta, si dio por su camino es que no se está dirigiendo a Midgard, o nos habría esperado. Se trata de sentido común que nos ha abandonado. Además, hay mil y un posibilidades del trayecto, pues no existe persona que conozca dónde encallan los barcos de Helheim. ¡Tal vez Hela se lo llevó sin que él pudiera explicarnos nada y nuestra querida Peggy ha vuelto a la vida!
—Para eso necesitaría estar muerta primero —señaló Clint, ladeando la cabeza y ganándose una mirada de reproche de Natasha—. Sin embargo —añadió el de ojos azules, rascándose la punta de la nariz y carraspeando—, odio admitir que Stark tiene mucha razón.
—Siempre la tengo —alegó Tony, imitando un gesto orgulloso antes de volver la mirada a Bruce—. ¿Qué sugieres entonces?
Banner tragó saliva y se acomodó los lentes distraídamente.
—Propongo encontrar a un hechicero que nos indique el camino. —Tony dio un respingo y se pasó una mano por la barba—. Tal vez incluso podamos pagar porque nos llevé a donde sea que esté. —Todos lo miraron con atención, analizando con cuidado la idea—. No es muy complicado, en realidad, si nos da la ubicación de Steven, la cosa es sencilla.
—Es cierto —secundó Tony, arqueando las cejas—. Pero tendré que insistir y continuar picando el botoncito en mi cabeza que dice que algo está mal. Steven jamás nos habría dejado atrás...él es quien habla mucho de trabajo en equipo. Y sin embargo, en esta ocasión se rehusaba mucho a dejar que lo acompañáramos, ¿por qué?
—Porque es peligroso —terminó Bruce con la línea de pensamiento de su amigo y apretó los puños nerviosamente. Tony lo señaló con aprobación.
—Exacto. Y ya sonaba entonces peligroso cuando accedió a ser acompañado, ¿qué significa el hecho de habernos abandonado sin decir absolutamente nada? ¿Algo espontáneo, decidido en segundos de vida o muerte? ¿Qué hay oculto? ¿Más peligro? No —se respondió a sí mismo, captando la atención de los otros—, si hay alguna respuesta lógica es pensar que el peligro aumentó a una escala exageradamente alta. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en Hela y más que en ella, en la secuencia de sucesos de los últimos días: El ataque de los elfos y jotun a plena firma de los Acuerdos, la inesperada muerte a de Odín a manos de su tercer hijo, la desaparición de Steve y ahora, la prematura muerte de Loki Odinson. Pienso que todo tiene un mismo fin. Llámenlo corazonada o paranoia, pero eso es lo que siento —Se volvió hacia Bruce y le puso el brazo en los hombros—. Pero sin una escena del criminen, no puedo deducir nada —alegó con el ceño fruncido y le dedicó una sonrisa al de lentes, que le produjo un escalofrío—. Señores, antes de que yo pueda pensar en hacer un movimiento a favor de Steven, ¡necesito visitar el calabozo!
Tony señaló hacia el horizonte, apretando más contra sí a Bruce ante la mirada atónita de Clint y Natasha.
—¿Y cómo para qué harías eso? —Preguntó Natasha, arqueando las cejas—. ¿Conectas la muerte del príncipe con la desaparición de Steven?
—Ha perdido la cabeza —agregó Clint, levantando la vista al techo—. Rogers jamás habría ido a buscar un asesino.
—Pero —intervino Bruce con la voz suave—, estás olvidando que lo defendía y se mostró incrédulo de la noticia acerca del homicidio. —Tony le dedicó una sonrisa—. Lo que tú estás diciendo —agregó, separándose de su amigo—, es que lo ayudo a escapar; que Loki Odinson no está muerto y que es quien lo lleva hasta Helheim.
—Eso es una acusación bastante seria —indicó Natasha, arqueando las cejas.
—Y muy mal fundada, ya que Hela podría llevárselo más fácilmente —añadió Clint. Tony negó con la cabeza.
—Estoy muy seguro que todos aquí sabemos un poco sobre la flor de Hela. Mi renuencia a que Steven la use no es porque dude que tenga un corazón puro (como pide la leyenda), ni porque odie a Peggy, sino por el sacrificio que debe hacerse. Se necesita de más que solo un barco y la resolución de entregar tu alma a Helheim, queridos amigos. Se requiere de un asombroso portador de magia y entre boca y boca, he escuchado que no hay ninguno como Loki.
—Pero él está muerto —enfatizó Natasha, con cierta desesperación.
—La sospecha es la primera defensa a favor de la supervivencia —murmuró Bruce, observando todavía incrédulo a Tony, que asentía y murmuraba un par de cosas ininteligibles—. A decir verdad, se trataría de una casualidad muy grande como para no considerarlo viable…
—Olvidan algo, detectives —interrumpió la mujer con sorna—: Steve estaba con nosotros en el Valhalla. No hay probabilidad de que hubiese llegado aquí, a menos que… —su voz se fue ahogando hasta convertirse en poco menos que un murmullo.
—A menos que hablara con Hela y ella aceptara —sentenció Bruce, finalizando el pensamiento de su amiga.
—El perro iba a su lado cuando se fue a la reunión con los otros soberanos —musitó Clint, alargando las últimas dos palabras—, y desapareció cuando se dejó ver de vuelta en la entrada del edificio.
—Para entonces —añadió Natasha con cuidado, abriendo los ojos mientras el resquicio de la duda se colaba por el rostro de los tres amigos de Stark—, ya había pasado un rato desde que llegaran Fury y el resto a esperar que la procesión terminara. Tenía tiempo de sobra para encontrarse con Steven.
—Cuando lo fuimos a buscar, no habían pasado más de veinte minutos de que apareciera Hela, pero Steve ya no estaba por ninguna parte (y como Clint ha especificado, el perro tampoco) —concluyó Bruce, pasándose una mano por el cabello—. Sí que se puede conectar una cosa con otra. Él realmente tuvo la oportunidad de llegar montando al palacio de Asgard y sacar a Loki. —Hizo una pausa y levantó la mirada hacia Clint, que hizo un gesto exasperado y se golpeó la frente.
—Fingir una muerte no es tan difícil para (cito el título que el mismo Odín le otorgo y uno entre muchos parecidos, además): el Mago de las Mentiras —completó Tony—. Sin embargo… —se vio interrumpido por Clint:
—El barco de Helheim —dijo ante la mirada reprobatoria del castaño—. Escuché a varios pueblerinos hablar de un barco fantasma que al final, resultó ser propiedad de Hela. Uno de los guardias le comunicó el rapto y puedo jurar que ella estaba sonriendo.
—Deténganse —exclamó Bruce, alzando los brazos—. ¿Se dan cuenta de que estamos hablando de una conspiración enorme? ¡Lo estamos haciendo sin pruebas!
—Para nada. A esto se le llama teoría —dijo Tony, sonriendo con autosuficiencia—. Sin embargo —repitió, enfatizando la palabra y dejando en claro que iba a terminar su anterior oración—, creo que mis sospechas se confirmarán visitando el calabozo. Hemos de saber también qué tipo de magia se requiere para ir a Helheim. Por otro lado, estoy seguro de que si todo resulta ser parte de un plan premeditado por todos menos por Steve, Loki Odinson también ha realizado hechizos para esconderlos a ambos de la faz de la tierra.
—Entonces buscamos los libros de magia de Odinson —aseveró Natasha, poniendo una mano en su cintura—, para encontrar hechizos que sean útiles de ser el caso.
—Necesitamos otro personaje capaz de utilizarlos y que conozca del camino hacia Helheim. Probablemente terminemos encaminándonos junto a un elfo o gigante de fuego —continúo Clint.
—Mientras tanto, nosotros buscamos pruebas de que Loki sigue vivo —añadió Bruce y Tony asintió, guiñándole un ojo amistosamente.
—Para advertir al resto —terminó—. ¡Eso es trabajo en equipo, señores y señorita! Steven Rogers estaría orgulloso.
—Bueno —dijo Clint—, aún falta saber si todo esto no es paranoia tuya, con lo cual ya estamos perdiendo el tiempo.
—Entonces, señoritas, no continuemos retrasando el asunto —sentenció Natasha saliendo con grandes zancadas, seguida de Clint y posiblemente, poniéndose de acuerdo de quién iría por qué. Bruce suspiró y miró a Tony.
—Espero que todo sea paranoia… o es posible que esto arme un escándalo incapaz de solucionarse. La paz entre los reinos peligra si resulta una conspiración —el de lentes bajó la mirada—. Si esto no es una casualidad…
—Te estás olvidando de la solución unánime a la que recurren todos cuando falla su plan —murmuró Tony, encogiéndose de hombros—: Se busca un chivo expiatorio.
—¿Hela? —Preguntó y luego añadió, un tanto más asustado—, ¿Steve?
—A nadie le conviene tener en su contra a la Reina de Helheim, y él es… —durante un segundo, Stark se estremeció y Bruce se dio cuenta de lo insoportable que le parecía la idea—, Steven es demasiado "insignificante" para probar que es cosa suya.
—Entonces, ¿hablaríamos (en caso de que esté vivo) de Loki? —señaló Bruce, frunciendo el ceño mientras el otro asentía.
—La triste realidad de lo fácil que es convertir en culpable al condenado. —Y diciendo esto, hizo un ademán con la cabeza al otro para que lo acompañara a los calabozos.
Bruce le siguió con pasos vacilantes, mirando de un lado a otro como si esperase que en cualquier momento fueran a materializarse los elfos o los jotun. Se rascó el codo derecho con la mano y dejó escapar un quedo suspiro mientras observaba de un lado a otro a los invitados, que cotilleaban acerca de los sucesos acontecidos en esos días. Notaba ahora más que nunca la tensión, las miradas recelosas que iban y venían, barriendo las estancias y acusando en silencio a todos a su alrededor. Él mismo se había atrapado dedicándole unas miradas ponzoñosas a los enanos que le seguían con la mirada desconfiada, semi oculta por la barba llena de escombros que se quitaban con cierta violencia para arrojarlos al suelo, también repleto de cascotes.
—Yo que tú no me enemistaría así con los enanos —dijo Tony delante suyo, haciéndole despertar de sus ensoñaciones pesimistas y cada vez más llenas de malhumor—. Puede que no se vean la gran cosa, pero te aseguro que son a los que menos quieres de enemigos.
—Me están mirando de una forma desagradable —se defendió con un murmullo quedo.
—Bueno, es que tienes la fuerza de un jotun cuando eres un simple humano; eso no es normal, por lo que pasarte desapercibido sería casi una estupidez. A mí me gustaría tanta atención —alegó mientras realizaba un ademán, como de una mujer echándose los cabellos hacia atrás. Bruce frunció el ceño, pues aunque parte de él sabía que el castaño intentaba sacarle una sonrisa, era incapaz de controlar la mirada exasperada que le dirigía justo en ese momento.
—Gracias por recordármelo, Tony —bufó con cinismo. El Stark le dirigió una sonrisa deferente y sus ojos castaños brillaron con un poco de intensidad, haciéndole entender al de lentes que su amigo se estaba divirtiendo picándole aquí y allá con los comentarios acerca de su… condición física. Un tanto molesto, votó por cambiar el tema—: ¿Cómo haremos para encontrar los calabozos? ¿Preguntamos?
—Oh, claro que no, Bruce —contestó Stark, sonriendo ampliamente—. Ya me he tomado la libertad de mandar un pequeño ejemplar de Jarvis para explorar el sitio. —Se metió la mano al bolsillo y sacó un pequeño aparato de metal con forma de gota pero de un tamaño igual a la palma de Tony. En la forma casi circular, había una lucecita azul que titilaba como una pequeña estrella—. Ha realizado un escáner de los cimientos y puede decirme dónde están.
A Bruce no le dejaba de sorprender la habilidad de su amigo para esas llamadas cosas electrónicas que recién habían empezado a desarrollarse con la existencia de Howard Stark y que había sido heredado en gran medida por su hijo. Midgard tenía ciertas desventajas en comparación con los otros reinos, y eran algo así como los olvidados de los Dioses, pero Bruce tenía que reconocerles la forma que tenían para suplir lo que el resto tenía. Ante el pensamiento de que Tony estaba logrando algo grande, sonrió de lado, entre divertido y complacido por alguna extraña razón.
El castaño arqueó la ceja y le miró, dubitativo.
—¿Sucede algo, Bruce? —Preguntó, curioso. En respuesta, el otro negó una vez con la cabeza.
—Es solo que estaba pensando que Jarvis es muy útil.
—¡Y nada más espera a que nos libre de dudas! —Exclamó con fuerza.
0*0*0
Steve ponía con extremo cuidado la comida en los platos cuando el sonido de unos pasos le hizo voltear sobre su hombro, esbozando una tímida sonrisa. Atrás, con la expresión cuidadosa de un animal herido que intenta caminar orgulloso, se acercaba el joven Laufeyson.
—Ya casi está listo —dijo el rubio, sin esperar por la pregunta que ya se formulaba en el gesto impaciente del príncipe. Éste respingó la nariz y se cruzó de brazos; Steve notó que éstos ya se encontraban metidos en el abrigo que antes le pusiera sobre la espalda y pensó que le iba demasiado holgado, pues las costuras de los hombros estaban muy abajo y por lo mismo, las mangas quedaban un tanto debajo de los nudillos—. Solo debo poner las verduras —añadió mientras hacía lo propio, girándose segundos después con ambos platos en las manos—. Aquí tiene —le alcanzó el cuenco, que Loki tomó en silencio y miró con una atención casi divertida.
—No huele tan mal —admitió el asgardiano—, para ser preparado por un simple vasallo.
—He sabido apañármelas desde que mi madre consideró sensato enseñarme —respondió con deferencia, encogiéndose de hombros. El moreno arqueó las cejas.
—Creía que a los hombres de Midgard únicamente se les hacía aprender el arte de la guerra o sus semejantes —confesó, obviando cierta curiosidad—. De hecho, es extraño hablar de una habilidad parecida entre los hombres de cualquier reino.
—Mi madre enfermó durante un tiempo, así que me instruía desde que tenía poco más de once años. Después descubrí que la cocina se me daba relativamente bien… no que esté presumiendo ahora.
—Oh —susurró Loki, mirando de un lado a otro, como si buscara algo en aquella pequeña cocineta que no era más grande que dos metros por tres y apenas tenía cabida para los utensilios básicos. Parecía incómodo en su propia piel—. ¿Hay tenedores o comeré con los dedos?
El rubio parpadeó como si durante un segundo no hubiese entendido la pregunta.
—Ya sabía que olvidaba algo —murmuró Steve, volviéndose y abriendo uno de los cajones, revolviendo un poco aquí y allá hasta dar con un par de cubiertos—. Lo siento, creo que todavía tengo la cabeza puesta en los últimos días.
—Pues deberías enfocarte mejor —reprochó (sugirió) con más dureza de la que pretendía, tomando el tenedor que Rogers le ofrecía—. Es fácil perecer gracias a la falta de concentración.
—Lo sé —dijo Steve, enseriándose—. No está en mis planes morir antes de tiempo. —La sonrisa sardónica de Loki le tomó desprevenido.
—¿Antes de tiempo? Temo que eso no está en tus manos decidirlo —señaló mientras se daba media vuelta y caminaba con elegancia a través de la bodega. El rubio tardó un par de segundos en seguirle el paso, ignorando el rechinido de las tablas bajo sus pies, que incluso le recordaban un par de historias sobre fantasmas—. Nadie puede precisar el futuro, Rogers. Es estúpido confiar en nuestras ilusiones más que en la realidad; el curso está fijado, pero no nos corresponde conocerlo. Así es más divertido.
—¿Divertido? —Repitió una vez que estuvieron fuera de la bodega y el aire frío volvió a chocar contra sus cuerpos—. ¿Para quién?
—Para los Dioses, me atrevo a decir. El solo hecho de ver que los hombres piensan que son capaces de tomar las riendas de su vida, independientes de lo que ellos decidan, debe ser algo hilarante.
—Eso es una forma algo… pesimista de creer.
—No. Es la verdad —indicó, y en sus ojos apareció una sombra que veló su mirar igual que los nubarrones grises escondían la luz del sol en los días nublados. Steve se encontró turbado por aquella expresión tan llena de amargura, pero claro que se mantuvo en silencio y tan impasible como pudo—. De cualquier manera, supongo que la esperanza muere al último.
Steve abrió la boca y la cerró de golpe, sabiendo que la pregunta que estuvo a punto de formular, probablemente no sería muy bien recibida. El silencio volvió a caer pesado sobre ambos, roto únicamente por el ruido del mar y algunas gaviotas que todavía sobrevolaban el cielo a pesar de la hora. El rubio miró el platillo, como si fuera lo más fascinante con lo que se hubiera topado en su vida, esperando acaso que Loki añadiera algo más acerca de… cualquier cosa.
—¿Realmente lo creerías? —Preguntó Loki de pronto, y Steve alzó la cabeza, postrando toda su atención en la figura esbelta del moreno; había algo en la forma de su cuerpo y la manera en que se movió que ciertamente, llegó a quitarle el aliento durante un largo instante. Le pareció una eternidad mientras lograba hilar los pensamientos, y lo suficiente para que el asgardiano se decidiera por aclarar—: Que yo no soy el asesino de Odín.
Steven tragó saliva. Antes, cuando dijo esas palabras, quizá no pensó del todo bien. Tal vez es cierto que únicamente quería hacerse con la idea de que Loki no iba a traicionarlo. Esperó porque su voz volviera, observando de lleno a los ojos esmeraldas del otro; eran tan, pero tan hermosos y brillantes.
—¿Lo hizo? —Preguntó en su lugar. Loki arrugó la nariz, golpeado—. Yo no… sería mentira sino dijera que cuando todos dicen eso, costaría creer que algo así no está del todo mal fundamentado…
—Te sorprendería descubrir cuántas cosas tienen su lado desconocido —señaló con ponzoña, haciendo una mueca de disgusto con la boca y las cejas.
—Lo sé —admitió Steven—. Y estoy pensando en ese otra cara de la moneda. Es decir, quizá no le estoy diciendo que dude que sea el asesino… porque, lo es, ¿verdad? —El silencio le dio su respuesta; nervioso, Rogers pasó la lengua por sus labios—. Bueno —añadió con rapidez, temiendo que el asgardiano fuera a arrojarlo por la borda tal como insinuaba su mirada, más herida que enfadada—, mi petición debería ser, que si usted quiere, me diera la respuesta al por qué obró de esa manera.
—¿Cambiaría algo? —Preguntó Loki, entre dientes.
—Lo cambiaría todo.
De nuevo, ambos se quedaron mudos. El moreno se dio media vuelta entonces, caminando con aquel porte elegante hacia la recámara que antes ocupaba. Steve se quedó estático, dejando escapar una especie de suspiro, apenas dándose cuenta de que había contenido la respiración durante varios segundos. De pronto, el otro se detuvo, aunque no se volvió sobre sus tobillos para encarar al midgardiano.
—Le di mi vida a los Aesir —respondió con voz suave—. Todo lo que tengo y aprendí a hacer, se los ofrecí a ellos, a Odín —Steve pestañeó, un tanto confundido mientras veía que Loki se volvía para observarlo sobre el hombro—. Y nunca importó, porque siempre me vieron como un monstruo y una burla. Sí, maté a Odín; lo haría de nuevo y cientos de veces… —Rogers observó con creciente pasmo al otro, mientras una nueva sonrisa sardónica se formaba en los delgados labios del moreno—. ¿Por qué?... Porque me cansé de ser una de sus reliquias, guardada en espera de poder ser utilizada como mejor les plazca… y sin que siquiera, sean capaces de mirarme a los ojos y agradecerme.
Steve abrió la boca, pero de nuevo la cerró sin alcanzar a pronunciar una sola palabra.
—Será mejor que entres a tu cuarto, o la comida se te enfriará —agregó Loki, resoplando y virándose para seguir su camino.
—Le creo —soltó repentinamente, sin pensar.
—¿El qué? No he dicho ninguna versión que ponga a prueba la verdad.
Las mejillas del rubio no tardaron en arrebolarse bajo el efecto de aquellas palabras. Turbado, se encogió de hombros y, cerrando los ojos en una expresión azorada y enojada contra sí mismo, empezó a caminar hacia la cabina que tomó anteriormente. Al pasar a un lado del asgardiano, se le contrajo el estómago.
—Lo siento. Hasta mañana —murmuró con tanta rapidez que seguramente, el otro no le entendería en lo más mínimo. Y como si, en efecto, los Dioses quisieran reírse un poco al aumentar su vergüenza, Steven caminaba tan nervioso que sus pies se enredaron uno con otro y terminó cayendo de bruces contra el suelo, soltando el plato y esparciendo el alimento por cubierta mientras el rubio se quedaba tumbado sobre los tablones de madera. Le costó varios segundos darse cuenta del ridículo que hizo, pero durante todo segundo fue perfectamente consciente de la mirada divertida y exasperada del mayor, que continuaba observándolo con incredulidad—. Lo siento —exclamó de nuevo, tan rojo como un tomate y empezando a tomar la comida para colocarla de nueva cuenta en el plato.
—¿Te estás disculpando por caer? —Preguntó el asgardiano con un tono claramente burlón. Steve deseó que la tierra (o el mar, en su defecto), se lo tragara entero—. Debes estar bromeando. ¿Y qué demonios fue eso? ¿Cómo te tropiezas en un barco, y de esa manera?
Steven siempre había sido más bien torpe en cuanto los nervios afloraban en su cabeza, su coordinación fallaba completamente. Sí, era un soldado y sí, los nervios eran cosa de diario, pero hace años que no daba tan mal paso como para tropezar así. Simple y sencillamente, eso se había terminado luego de someterse a un extenuante entrenamiento y varias consultas con un médico que se deshizo de aquella imagen de un joven débil y tan frágil como un cristal.
La vergüenza de por sí grande, aumentó hasta el límite en esos momentos, mientras percibía la garganta tan seca. Se sintió nuevamente sofocado, como si estuviera de darle alguna especie de deficiencia respiratoria, al escuchar los pasos del asgardiano cerca y después, ver las botas oscuras apenas a unos pocos centímetros de sus manos, que todavía buscaban los restos de comida.
—Eres en sumo torpe —soltó el asgardiano, inclinándose y recogiendo un puñado de verduras antes de echarlo de nuevo en el plato, que había perdido toda la estética que Steven se había esforzado en mostrarle al príncipe. Cuando el rubio alzó la mirada, medio dispuesto a disculparse, se encontró con una larga sonrisa que mostraba todos los dientes del otro en una expresión casi jovial, tan sincera que por un segundo, realmente se le detuvo el corazón—. Pero ha sido divertido, lo admito.
Silencio en su interior y de pronto, el golpe fuerte en el pecho seguido de una pequeña sordera que le permitió escuchar los latidos que resonaban dentro con la fuerza de tambores. Tac-tac*. Tac-tac. ¡Tac-tac! Cada vez más rápidos y furiosos, confundiendo su mente y aletargando sus miembros, como si los hubieran sedado. ¡Tac-tac! ¡Tac-tac!
Loki encontró los orbes con los otros, al parecer extrañado de su silencio o porque tal vez, le había mirado fija y desvergonzadamente, más allá de lo que sería correcto entre un simple pueblerino para con un príncipe —incluso aunque éste se hallara despojado de toda la realeza—.
Steven dejó escapar el aire y bajó la mirada, completamente azorado. Deseaba más que nunca que el ensordecedor ruido de su corazón se mantuviera dentro de él y no fuera audible para el moreno, que también se había quedado observándole con detenimiento. Poco a poco, la sonrisa se fue desvaneciendo en el rostro pálido de Loki, pero para entonces, Steven ya se había puesto de pie (plato en mano) y se sacudía las ropas con nerviosismo patente en cada movimiento. El moreno alzó la mirada antes de enderezarse con elegancia y cuidado, sin perder contacto visual con el rubio, que asintió y murmuró unas escuetas gracias antes de permanecer estático, en esta ocasión como si esperase por la orden de que podía retirarse.
—No has respondido mi pregunta —dijo Loki, arqueando las cejas y mostrando todavía una sombra divertida en los orbes esmeraldas. Steve quiso decir algo inteligente… ¡necesitaba decirlo después de tremenda muestra de ineptitud! Y sin embargo, las funciones cerebrales carecían de la capacidad de hilar cualquier cosa además de frases incongruentes—. ¿Y bien?
—¿Cu-cuál de todas…? —Tartamudeó, aún azorado. Loki volvió a endurecer la mirada.
—¿Qué crees acerca de lo que he dicho?
—Bu-bueno, yo… es-estoy —hizo una pausa larga—. Pienso que…
—¿Si? —insistió con una nota curiosa en la voz, patente mientras alargaba la vocal. Steve apretó los labios en una fina línea.
—¡Hablaba sin pensar, lo siento mucho! —Exclamó, aferrándose a la única oración que vino completa a su mente. Loki se alejó un poco, quizá aturdido por la potencia con que su grito había salido. Genial, lo que le hacía falta: Otra equivocación real—. Perdón, no era mi intención gritarle.
—Debes dejar de pedir perdón por todo —señaló Loki, con el ceño ligeramente fruncido—. Te ves ridículo.
—Lo…
—Si vuelves a decir esas dos palabras (o sus semejantes), te arrojaré en este segundo al mar y nadarás hasta Helheim —amenazó con seriedad—. Ahora —hizo una pausa y miró la comida antes de hacer un ademán elegante con el dedo índice de la mano libre—, no deberías ni de tirar o comerte eso.
En el plato, la carne y las verduras se removieron en círculo una, dos y tres veces antes de volver a quedar quietas mientras volutas de polvo se alzaban y movían como sucedía con el dedo índice de Loki. Steve contemplaba atentamente la forma en que caían justo al momento en que el asgardiano deshacía la magia. Estaba sorprendido; en Midgard era muy extraño encontrar a un hechicero, pues sus energías no eran capaces de llegar a tal cosa y se veían en la necesidad de construir artefactos que les hicieran un poco más fácil la vida, por lo que estar tan cerca de un hechicero (y uno de tan alto calibre), era casi excitante incluso cuando la tarea que estaba llevando a cabo no era la gran cosa.
—Listo. La cena está lista (una vez más) —dijo el moreno, encogiéndose de hombros. Steve asintió.
—Muchas gracias, Alteza —reconoció con sencillez, inclinando ligeramente la cabeza en una especie de reverencia. Loki pestañeó con una expresión que no supo identificar, pero que se borró casi enseguida.
—No hay… por qué —respondió, carraspeando después y juntando las cejas—. ¿Sabes? Francamente eres muy extraño, Rogers.
—¿Eso le molesta? —Preguntó Steven, y fuera de escucharse prepotente, sonó increíblemente preocupado. Loki negó una vez con la cabeza.
—De hecho, es grato encontrar a alguien como tú para variar —concedió, restándole importancia al encoger los hombros. Steve pensó que un gesto casi tan vulgar como ese, lograba un aura casi majestuoso cuando Loki lo llevaba a cabo. Se ruborizó al instante y apartó la mirada, avergonzado y buscando cualquier cosa en el cielo para distraerse; fijó su atención en las primeras gaviotas que planeaban alrededor del navío, alumbradas por los primeros colores que dan paso de la madrugada a la mañana, y se sintió repentinamente llenó de energías—. Que no se te suba a la cabeza, que no es del todo un cumplido, ¿eh?
—Entendido —asintió el rubio—. Descanse entonces, y que disfrute la comida.
—Vale.
Steve esperó pacientemente hasta que la puerta de la izquierda se cerraba quedamente, y entonces dejó escapar una larga y pesada exhalación, acaso demostrando lo agotado que se encontraba con aquel encuentro, por no mencionar el bochorno al que se vio sometido por equivocarse tanto.
Con pasos lentos volvió a su habitación y se sentó en la cama, donde las cobijas y sábanas ya estaban algo revueltas luego de un rato de sueño. Una sonrisa tímida se abrió paso en sus labios, entretanto empezaba a comer; después de no probar bocado en lo que parecía un día —y es que, en efecto así era—, masticó la carne y las verduras con un gusto por demás exagerado. Pero él no se dio cuenta de ese pequeño detalle, hasta mucho tiempo después, al descubrir que una sonrisa sincera proveniente de Loki, era suficiente para llenar de vida cualquier sitio plagado de muerte.
0*0*0
Bajaron por las escaleras que conducían al sótano, y aun sin pretenderlo, Tony podía dibujarse con claridad la imagen de Steven descendiendo por el mismo camino, sigiloso y alerta por cualquier movimiento que amenazara su (suicida) misión personal. Ante esto, el castaño únicamente fruncía más y más el ceño, hasta que sus cejas prácticamente se tocaban y tenía una expresión contraída en la boca, demasiado tenso ante la perspectiva de que su teoría era correcta.
¡Iba matar a Steve! Así como se llamaba Anthony Stark, iba a darle una lección a su amigo. ¿Cómo se atrevía a abandonarlo a estas alturas, cuando él había dejado la comodidad de su casa para acompañarlo? Le caía en la punta del estómago, igual que si hubiese tragado kilos de arena. Hacerlo a un lado era el equivalente a la fría indiferencia o la venganza definitiva…
Sin embargo, para su desgracia, era incapaz de formular cualquiera de estas últimas dos cuando estaba preocupado por Steve. ¡Sí! ¿Y qué si lo admitía? Rogers era su amigo y Tony lo quería… a veces más de lo que le gustaría.
Dejó escapar una maldición acompañada de frases ininteligibles que Bruce, a su lado, ignoraba olímpicamente —lo que agradecía en gran medida—, o que simplemente sabía que nada bueno saldría de una discusión acerca de la dicotomía en cuanto a sus sentimientos no del todo claros —pero para nada preocupantes— con respecto a Steve. Es decir… ya no sabía lo que estaba pensando.
—Hace demasiado silencio —señaló Bruce en algún momento, trayendo a Tony de vuelta al mundo real. El castaño se aclaró la garganta y asintió—. No me gusta nada.
—Bueno, supongo que se debe en gran medida a que fuera continúa siendo un caos y porque, no merece la pena custodiar estos calabozos. ¿Sabes, Bruce? A las prisiones de Asgard se les llama también "Las puertas del Abismo", y se supone que nadie puede salir de aquí. —Sonrió de lado, divertido—. Aunque eso está por verse. Al fin y al cabo, siempre existe una primera vez, ¿no te parece?
—Como dice Clint, falta saber sino es paranoia lo que nos ha traído aquí.
—¿Dónde está su ansía por la aventura? —Preguntó, no sin cierta intranquilidad cuando al fin llegaron a los pies de las escaleras y se encontraban con rastros considerablemente grandes de sangre. Tony frunció el ceño, examinando con cuidado la forma irregular en que se esparcían los charcos ya secos, arrugando la nariz por el olor todavía penetrante. Se arrodilló con cuidado—. Hay seis manchas, distribuidas en puntos donde claramente, no pertenecen a una sola persona.
—Lo que equivale a pensar que la versión de que el príncipe escapó es viable —apuntó Bruce, inclinándose. Tony se pasó una mano por la barba.
—En efecto, antes de encontrarse con nuestra guerrera tuvo tiempo de liquidar a seis individuos. Es una lástima que retirarán los cuerpos —añadió con un murmullo—. De cualquier manera, esta clase de ataques me atrevería a suponer que no son muy elegantes para alguien que ostenta de la magia —caviló, mirando a su amigo, que miraba hacia la ventana rota justo al mismo tiempo que Tony—. Y es extraño que saliera por ahí de esa manera —señaló—; no sé mucho acerca de este Odinson, pero cuando menos, debo admitir que no debe medir lo suficiente para que ese hoyo fuese producido por él. Tendría que tener el poder de volar si quiere alcanzar una altura así y encima, atravesar el cristal con ese ángulo tan interesante. Hum…
Mientras cavilaba en el asunto, Bruce ya estaba caminando en dirección a la pared donde se encontraba aquel ventanal roto; los pedazos de cristal se esparcían por el suelo, y el de lentes tuvo cuidado de no pisar los más grandes y que aún tenían el filo. Algunos de ellos los hizo a un lado con el pie, para alzar la mirada y cubrirse con una mano.
Stark miró detenidamente las manchas de sangre secas y notó que en tres de ellas, la sustancia se separaba en pequeños espacios, como los de una huella. Se inclinó para verlas mejor, detectando unas marcas que se iban haciendo menos visibles conforme se alejaban de las más grandes. Siguió con la mirada el rastro, en dirección opuesta a las escaleras, encontrándose con un Bruce que pasaba la manos sobre la superficie de piedra.
—Tony —llamó el de lentes, enfocando la vista—. Hay manchas de sangre en la pared.
El Stark se puso de pie y caminó hacia él, lo suficiente para comprobar la veracidad de las palabras.
—Y no parecen humanas —dijo con una especie de suspiro exhausto. Metió la mano y sacó su extraño aparato—. Jarvis, quiero que hagas un rápido escaneo por esta habitación y me digas si encuentras algo que indiqué la presencia de un animal… y ya que estás en eso, de Steve. —El pequeño aparato se separó para formar una "v" y se alzó por los aires antes de sobrevolar la estancia, ante la mirada de ambos—. ¿Estás pensando lo mismo que yo? —Dijo repentinamente, para captar la atención de su amigo.
—¿Qué los prisioneros de Asgard están muy silenciosos? —Aventuró Bruce, haciendo que Tony notara por primera vez, el mutismo en donde se suponía tenían capturados jotun y elfos—. Supongo, por tu cara, que no es así.
—En efecto —murmuró—. Yo consideraba lo raro que es pensar en unas Puertas del Abismo sin guardias que custodien esto; a juzgar por la posición en que yacieron los cuerpos de los guardias, es poco probable que estuvieran cerca de la celda. El asgardiano salió por esa puerta y encaró a los soldados, por lo que dirigirse hacia la ventana demuestra una ruta de escape muy forzada.
—Muy forzada —repitió Bruce—. Pues claro, del otro lado solamente hay un barranco.
El pequeño aparato regresó a las manos de Tony, que lo atrapó y miró con detenimiento, de la misma manera que Banner.
—El escaneo está completo, señor. He encontrado un cabello que perteneciera a un perro —señaló y Tony dejó escapar un resoplido—. También hay rastros de magia que se trasladan desde la puerta hasta las escaleras, por lo que he realizado un rápido análisis que indica el uso de hechicería y alcanza los niveles superiores del castillo.
—¿Cómo dices? —Preguntó Tony, incrédulo—. ¿Eso quiere decir que nuestro mago fue asesinado más arriba?
—Negativo, señor. No hay rastros de sangre que indiquen una lucha en las escaleras. Por otro lado, mucho más débil, hay estelas de magia en la pared que está detrás de ustedes; pertenecen al mismo sujeto. A pesar de que en dirección a las escaleras, mis sensores detectan una magia poderosa, es noventa y cinco por ciento probable que su objetivo haya tomado camino por la ventana.
—Pero, ¿eso significaría que se encuentra en dos lugares distintos? —En esta ocasión, fue Bruce quien soltó las palabras, abatido (y quizá tan impresionado) que a Tony le pareció que en cualquier momento iba a dejarse caer de espaldas. Al momento siguiente, el de lentes sacudía la cabeza de un lado a otro—. Tal vez los rastros de magia que encontraste, son de cuando lo trajeron aquí.
—El poder de los magos se identifica esencialmente de acuerdo a la potencia con que se utiliza.
—Lo que quiere decir que si al traerlo hacia las celdas, Odinson no utilizó la magia… —empezó a decir Tony.
—Es más bien improbable que los rastros que ahora ha visto Jarvis en las escaleras, se deban a mi teoría —terminó Banner, arqueando las cejas—. ¿Qué hay de Steven? —Preguntó al aparato—. ¿Has logrado identificar algo de él? —Tony y Bruce encontraron miradas, y el Stark parecía agradecido de que interviniera esa pregunta. Aguantó la respiración.
—No puedo asegurar nada con respecto al señor Rogers —contestó el aparato—. Quizá, si estuvo aquí no participó de la confronta.
—Entonces, Odinson escapó —sentenció Tony, señalando hacia las puertas entretanto Jarvis volvía a su lugar en los pantalones—. Bruce, hemos de verificar si acaso, Steven lo ayudó.
No quería decir que realmente, esperaba encontrar pruebas de lo contrario. Sin embargo, con todo el paso firme que logró aun presa de —cierta— consternación muy bien disimulada. Cuando cruzó el umbral reparó únicamente en aquella celda que se encontraba llena de grietas. Lento, se acercó a ella y tocó el resistente cristal, respingando la nariz al observar las líneas poco uniformes que rodeaban el agujero, que resultaban en varios golpes hechos con fuerza. Tony se adentró en la celda blanca —tallándose disimuladamente los ojos para que éstos no lloraran debido al color—, y revisó detenidamente.
Del otro lado del cristal, Bruce se acercó hasta quedar frente a frente, mirándolo a través de las gafas con esos increíbles ojos cambiantes, pues tenía un iris café oscuro que proyectaba destellos verdes cada vez que la luz le golpeaba directo; a Tony siempre le habían gustado esas orbes escondidas detrás de unos lentes que volvían casi imposible percibir ese cambio en el color que también se presentaba de acuerdo a los estados de ánimo de Bruce. En este momento, Stark podría jurar que se sentía abatido, por la forma en que se oscurecían, y para corroborarlo uno solamente necesitaba reparar en la forma que sus hombros se iban hacia delante, como si los brazos le pesaran demasiado.
Tony no era un hombre de equipo, aunque solía compenetrarse lo suficiente cuando se trataba de Steve —a la hora de luchar— o Bruce —propiamente en el campo intelectual—, así que de alguna manera, leía el gesto cada vez más decaído del hombre que estaba enfrente, observándolo con cuidado y haciendo la pregunta muda: ¿Los golpes venían de adentro o de afuera?
—Este vidrio es bastante resistente, pero parece más una aleación que otra cosa —señaló Bruce, dándole unos golpes suaves al cristal—. Es posible que lo volviesen transparente para vigilar mejor a los presos —hizo una pausa, echando un vistazo rápido al resto de las celdas vacías—… sigo pensando que es extraño.
—Para ya con lo del resto de jotun y elfos; si Asgard los eliminó, bien por todos. Muy bien —dijo, enfatizando las palabras mientras dibujaba en el aire con el dedo índice—. El hueco fue producido por varios golpes de un objeto lo suficientemente duro.
—Suponiendo, el escudo de Steve.
—Correcto. Ahora… si alguien golpea un material como este —dijo, propinando un par de puñetazos que produjeron una mueca adolorida, antes de que el castaño sacudiera la mano—, es claro que no se requiere de agotar energías hasta casi desfallecer, por muy buena que sea el arma.
—La vacilación causada por el cansancio, no permitiría al sujeto golpear en el mismo punto central durante todos los golpes. De hecho, se volvería algo inconsistente —añadió lentamente—. Algunos impactos podrían desviarse y causar rasguños.
—En efecto —contestó Tony, mordiéndose el labio—. Los rasguños no serían lo suficiente para marcarse del otro lado del vidrio.
Bruce se acomodó las gafas y se acercó tanto como pudo al vidrio. Lo registró con cuidado, detectando varias líneas delgadas y apenas perceptibles. Tony se inclinó a la misma altura y encarándolo, pero Bruce no hizo siquiera una mueca; es como si ni siquiera notara que estaban jugando al espejo, ambos mirando con atención.
—Las veo —anunció Bruce.
—Aquí no hay nada —soltó Tony enderezándose y sobándose el puente de la nariz—. ¡Estúpido! —Gritó en medio de la exasperación—. Cuando le tenga frente, te juro que voy a… —El castaño se quedó en silencio, contemplando un punto en la puerta, donde se perfilaba la figura de una mujer—. Vaya.
Bruce se giró al tiempo en que Sif aparecía en la estancia, con las cejas arqueadas y una sonrisa ladina.
—¿Se puede saber qué hacen dos caballeros midgardianos en los calabozos de Asgard? —Preguntó con una voz cantarina antes de perforar a Tony con la mirada—. ¿Sabe? Las celdas son más eficientes cuando se escoge una que no posee un agujero.
—Oh, estoy seguro de que a todos les encantaría tenerme en sus palacios —concedió, saliendo de la celda—, pero esto se convertiría en un salón de trofeos donde me pudieran admirar.
Bruce se volvió para dedicarle un mohín irritado que le pedía guardar silencio, mientras que la chica arqueó la ceja y perdió todo gesto divertido en el rostro, ahora endurecido y que recordaba a una amazona a punto de atacar.
—Sif —se escuchó una voz masculina detrás. El portador apareció, enfundado en ropas de batalla y adornando con una capa roja escarlata donde resbalaban varios mechones dorados. Tony fijó su atención en el hombre de ojos azules, que se congeló al instante de verlos ahí; en su bolsillo, Jarvis empezó a vibrar con urgencia—. ¿Qué hacen aquí?
—Señor. —Llamó Jarvis suavemente, pero Tony salió de la celda y se puso a un lado de Bruce sin atender a su nombre.
—Buenas noches, hombre…
—Príncipe Thor, para usted —interrumpió el rubio. A su lado, la chica puso los ojos en blanco.
—Señor —volvió a insistir Jarvis.
—Oh, lo siento —se disculpó Tony, rascándose la sien y caminando con altanería (de verdad, no parecía sentirlo en lo más mínimo) —. Tenía la cabeza en otro lado y no le reconocí. —Por su parte, Bruce inclinó la cabeza en señal de respeto—. Respondiendo a su pregunta, nosotros únicamente estábamos observando el lugar de los hechos.
—¿Para qué harían eso? —Cuestionó Thor, frunciendo el ceño. Bruce se adelantó.
—Teníamos un poco de curiosidad acerca de la muerte de su… hermano.
—Una curiosidad más bien morbosa, ¿no cree? —Soltó el rubio, llevándose la mano al mango de un martillo. Tony frunció el ceño y se preparó para sacar sus armas.
—No hay necesidad de pelear —adelantó Bruce, levantando las manos en señal de apaciguar la ira creciente en el asgardiano. Éste le pareció como un niño demasiado grande haciendo un berrinche—. Lo sentimos. Solamente queríamos…
—¡Señor! —Gritó Jarvis, atrapando la atención de los presentes—. El origen de la magia en las escaleras, está justo enfrente de usted; en la mujer.
Tanto Bruce como Tony alzaron la mirada a Sif, que apretó la mandíbula. Thor abrió la boca y la cerró, volviéndose después hacia la chica, con un gesto quizá demasiado desconcertado.
—Comprobar nuestra teoría acerca de que su príncipe escapó —finalizó Tony, antes de avanzar largas zancadas hacia Sif, que sacó la espada con una vertiginosa habilidad.
0*0*0
El hombre más poderoso es el que es dueño de sí mismo**, pensó Loki mientras se llevaba a la boca un poco de la comida (tan increíblemente deliciosa) que Steven había preparado para ambos, degustándola con una lentitud quizá exagerada. Cerró los ojos, presa del embelesamiento que le ocasionaba el sabor al masticar. Sonrió sin poder evitarlo; es que, ¡era demasiado agradable! La perfecta sazón del rubio era algo que nunca tuvo el placer de probar, incluso cuando en palacio se le ofrecían los manjares preparados por los cocineros más experimentados y de mejor calibre. ¡Que ellos se avergonzaran, pues no existía comparación con este ("insignificante") platillo!
O tal vez, insistió una voz molesta en su cabeza, es que habían pasado muchas horas desde su última comida. Tragó y miró su plato vacío, animándose por la nula compañía en la habitación a pasar el dedo índice sobre la superficie y luego llevárselo a la boca, mientras un ligero rubor le teñía las mejillas de carmín. No, definitivamente se debía al talento culinario del chico.
Lleno de sosiego, suspiró y dejó que sus labios se curvaran en una apenas perceptible sonrisa, poniendo el cuenco sobre su regazo para apoyar las manos en el colchón y recargarse en ellas, con la mente en blanco por primera vez en mucho, mucho tiempo.
No divagó en nada relacionado con su familia —ni la adoptiva ni la biológica—, o acerca de lecturas y hechizos pendientes. Amó el silencio y la calma en que se sumió durante los siguientes cinco minutos, entretanto la cabina empezaba a llenarse con la pálida luz del amanecer. Loki se volvió hacia el ventanal que daba hacia atrás, donde ya no se reconocía más que el horizonte del mar chocando con el cielo.
Era la primera vez que se sentía tan lejos de Asgard, se dijo mentalmente al quitar el plato y dejarlo sobre la cama, poniéndose de pie y acercándose con tardanza hacia la ventana, donde colocó la mano y trató de ignorar el reflejo que le ofrecía de sí mismo. Únicamente prestó atención a la distancia, evocando la imagen del palacio de Asgard, con aquella forma de órgano musical que siempre le vino a la mente cuando se encontraba lejos. Pero ahora, no podía ver siquiera la punta de la torre más alta. En kilómetros a la redonda no había más que mar, y algo de ese pensamiento le reconfortaba en gran medida.
Volvió su atención a la pequeña recámara, en búsqueda de algo que le sirviese de distracción pues todavía no tenía pizca de sueño. Con un mohín irritado debido a que el sitio carecía de cualquier cosa, se acercó al ropero y lo abrió de par en par. Dentro había una serie de prendas colgadas en ganchos, y en la base se encontraban dos pares de botas altas de piel; Loki las examinó con escaso interés antes de reparar en la caja que descansaba en la esquina del mueble, apartada y escondida entre las penumbras que formaban los ropajes.
La sacó e inmediatamente la agitó con cuidado, escuchando varios objetos pesados dentro. Con el ceño ligeramente fruncido, quitó la tapa y miró el contenido. El interior estaba atestado con varios objetos, a primera instancia, mientras Loki iba hacia la cama para sentarse y contemplarlos mejor, había un par de libretas pequeñas, un dije con el tamaño de un puño y la forma de un cerdo dorado, un cuchillo que tenía en el mango un zafiro y algo que parecía un alhajero.
Ya sentado en la cama se puso a explorar uno por uno, empezando por el cuchillo. Admiró el filo metálico y la piedra en el mango, que puso a la altura de sus ojos al examinarlo. A través de la piedra la habitación se deformaba, desplegándose como si fuera una pintura cubista en tonos azulados.
Dejó el cuchillo y miró el dije; éste último le dejó una sensación pesada, sin encontrarle apenas un uso claro, hasta que con un destello de reconocimiento, vinieron a su mente los enanos Brokkr y su hermano Sindri; ¡se trataba nada más y nada menos que de Gullinbursti! Uno de los trabajos que Loki encargó hace casi quince años a los enanos luego de cortarle el cabello a la —estúpida de— Sif. En ese entonces tendría diecisiete años, pero tenía una memoria prodigiosa y se sorprendía de no haber reconocido al instante uno de los regalos que consiguió a Freyja; por supuesto, este dije era mucho más pequeño de lo que en un principio había sido Gullinbursti. Pero, ¿qué demonios hacia aquí?
Ya por instinto, y antes de ser capaz de desechar la idea —pues reconocería el trabajo de esos dos enanos en donde fuera (y aunque se hubiera tardado poco más de lo esperado)—, Loki se había llevado la mano libre a los labios. Sus ojos estaban velados por la sombra del recuerdo e inmediatamente, el sosiego que se había apoderado de él se terminó.
Emitió una especie de ruidito ahogado y con los dientes apretados hasta que rechinaban, arrojó el dije al suelo; éste hizo un sonido suave y casi inaudible, pero al jotun se le antojó como el aullido del trueno y se estremeció. Un segundo después ya no era capaz de eludir la memoria de aquel enano sujetándole mientras le cocía los labios… el dolor tan intenso, la imposibilidad de gritar porque el solo hecho de forzar los labios a abrirse resultaba en una agonía insoportable, las lágrimas que le ardían y luchaban por salir pero que por orgullo él no dejó escapar. Ahí estaba, una estela de su pasado que odiaba y le causaba tanto sufrimiento; una de las tantas cicatrices que seguían recordándole su infortunio, aun cuando se encargó de que las marcas en sus labios desaparecieran.
Tardó mucho tiempo en relajarse un poco, o al menos lo suficiente para que los escalofríos que le taladraban la columna, menguaran. Obligándose a no mirar hacia el dije, y respirando profundamente para calmar el hueco en su estómago, tomó las libretas. Una de ellas, la que cabía en la palma de su mano, contenía una serie de notas como si fuera un diario, todo en el idioma más antiguo de Helheim, por lo que Loki era incapaz de leerlo. La otra —apenas un centímetro menos que la caja— tenía en su interior un montón de dibujos de animales, con una gran habilidad y trazos sinuosos, en su mayoría con una técnica de carboncillo y un efecto de claroscuro. Loki se entretuvo bastante con las imágenes, pasándolas con la lentitud apropiada para admirarlas; había gatos, perros, quetzales… en resumen, animales más bien propios de Midgard.
—Qué tesoros más interesantes guardas aquí, Capitán —murmuró a la nada, como si a su lado tuviera el espectro de quien fuera dueño del navío—. Para ser de Helheim…
Luego de un par de ilustraciones de unos escuetos dragones y pegasos, aparecieron los caballos, Loki sintió que se estremecía muy en el fondo.
"Te creías muy listo, Loki. Tú nos metiste en esto y a ti te toca sacarnos". Las palabras que le hubiera dicho Odín, montado en cólera por el peligro que corría Freyja de convertirse en el premio de aquel gigante que construyó las murallas de Asgard. En ese entonces, Loki tenía casi veinticinco años, pero el convertirse en una yegua para librarse del castigo de muerte que los Aesir insistían en darle por su errónea sugerencia de aceptar el trato, era algo que lo acompañaría de por vida. En especial porque, a pesar de todo, seguía viendo al producto de esa equivocación y —¿por qué no decirlo?— desesperación por intentar compensar a Odín con el hijo que tuviera con aquel semental: Sleipnir.
No es que realmente odiara a Sleipnir… después de todo, era su único hijo***. Tragando saliva ruidosamente, deslizó el dedo índice y medio sobre la superficie del cuaderno, delineando la figura de un caballo de lustrosa piel negra.
—Hijo —susurró con expresión triste—. Un hijo que yo jamás quise tener.
Cuando llegó a Asgard, acompañado por su cría, por supuesto que todos le miraron con desaprobación y escándalo. Odiaban a Sleipnir tanto como a él, lo que despertó en su interior un amor maternal que le impidió dejar abandonado al potro en cualquier lugar; le dio todo el cariño que ansiaba de parte de otros porque se veía reflejado en éste. El único que estaba realmente encantado con el caballo, fue —cómo no— su hermano Thor, que le insistía en llevarlo a los bosques para que corriera. Loki y su hermano se subían en sus monturas y acompañaban a Sleipnir y fue entonces que se dieron cuenta de la increíble velocidad del potro.
Entonces sí, pensó Loki con amargura, todos querían acercarse a su hijo.
"Esa criatura nos pertenece" dijeron semanas después a Loki, quien accedió ofrecerlo al servicio del Aesir siempre y cuando, fuera Odín o su hermano Thor. El regalo —parte de él odiaba en demasía esa expresión de objeto aplicado a Sleipnir—, al fin se cedió a Odín, que se mostraba (ahora) encantado con su nieto.
—Bastardos —soltó con un odio creciente, echando a un lado la libreta. Maldijo su idea de indagar en esa caja, pues el buen humor que experimentó gracias a la comida ya se había apagado por completo—. No tiene nada de nuevo, supongo.
Así que, ¿qué mal podría hacer seguir mirando? Tomó el alhajero y lo giró en sus manos con cuidado. Éste era como una pequeña concha de mar, pensó mientras intentaba en vano por abrirlo. Chasqueando la lengua, se dio cuenta de que ocupaba una llave para destaparla. Hizo un movimiento con la mano y el seguro cedió de inmediato, mostrando únicamente los pies rotos de una bailarina.
Lo supo desde el momento en que los vio, que no debía usar la magia para hacerla sonar. El mecanismo que correspondía a la llave parecía también lo que le daba cuerda, por lo que Loki volvió a realizar un ademán; se escucharon varios chasquidos mientras usaba su poder como llave. Después de varios segundos, simplemente dejó que la música hiciera presencia.
El estómago se le contrajo al ver girar despacio la plataforma donde descansaban las zapatillas, entretanto el alhajero emitía la música correspondiente, suave, triste, llena de una melancolía que le perforó los oídos y le estrujo el corazón hasta que durante varios segundos, éste le pareció un órgano inservible.
Ahí estaba la música de hace años cuando tocase el Ojo de Niflheim. Loki recreó de memoria la forma delicada de aquella bailarina, un tanto sorprendido de que la caja no resbalara de sus manos por el temblor que le recorría.
¿Qué hacía esa cosa (aberración) en el barco que Hela había dispuesto para ellos? ¿A caso intentaba burlarse de él? Loki dejó escapar el aire antes de tomar todas las cosas que estaban dentro de la caja y meterlas de nuevo dentro, de forma violenta y casi golpeando cuando éstas se resistían a quedar nuevamente en su lugar, lejos de su vista. En un movimiento torpe, golpeó el plato y éste cayó al suelo con un golpe sordo. El jotun apenas le prestó atención, ya cogiendo entre sus manos la caja y saliendo de la cabina.
¡Todo esto debía ser una broma! Gritó en su interior antes de mirar el océano, echando los brazos por encima de la cabeza para tomar fuerza. No emitió ningún sonido al aventar lejos de sí aquellos objetos. Recorrieron una distancia considerable antes de golpear contra el agua. Splash.
Loki no se sintió más aliviado, ni siquiera cuando utilizó la magia para controlar el agua y alejar más y más la caja, hundiéndola en algún punto entre la desesperación de no verla ya. Habían despertado heridas demasiado grandes y no estaba dispuesto a aceptarlas, de ninguna manera volvería a sentirse de aquella manera tan desgraciada por las memorias que el destino le imponía.
Golpeó la madera una vez, sintiendo el calambre que le corroía desde la punta de los dedos hasta los hombros, e inmediatamente se le vino a la mente aquella noche, cuando al fin descubrió quién era en realidad. La forma en que chocó los puños una y otra vez contra el suelo, hasta que sus manos sangraron. Y no pudo evitar hacerlo de nuevo. El dolor físico le aliviaba el interior.
¿Por qué siempre que era mínimamente feliz, le arrancaban ese sosiego y lo sustituían por el dolor? ¿A caso Hela había mentido acerca de su momento de gloria y únicamente lo llevaba a la perdición? ¿Steven Rogers era realmente una esperanza u otra estaca más que le causaría una cicatriz? ¿O la muerte? ¿Al fin se terminaba el suplicio?
Continúo hiriéndose hasta que de pronto, alguien le abrazó por la espalda. Loki abrió grandes los ojos y se quedó helado, demasiado aturdido como para reaccionar y sacudirse al intruso.
—Para, por favor —le pidió una voz suave y masculina al oído; inmediatamente sintió el calor de ese aliento y del cuerpo que lo estrechaba contra sí—. Deja de hacerte daño…
Pestañeó con rapidez, notando apenas la vista borrosa que se aclaró en cuanto escuchó la voz de Steven a sus espaldas. Loki miró por el rabillo del ojo, en espera de encontrar al rubio observándole atentamente, quizá con una expresión de exaspero en la mirada, pero Steve estaba lejos de su visión y de hecho, parecía ocultar el rostro en la nuca del moreno, hundiendo la nariz en los cabellos ébano.
—Detente, Loki —repitió Steve y la forma en que pronunció su nombre, se le antojo tan absurdamente íntima que no pudo controlar el miedo que ensombreció su mirada, pues jamás en su vida escuchó a nadie hablarle así… como si pudiera sentir todo el dolor que llevaba dentro y lo compartiera; más que eso, que le ofrecía llevarlo todo por él. Quizá era una alucinación, porque, ¿cómo iba a ser que este chico, que no lo conocía de nada, pudiera siquiera mostrarse tan empático con él? Con Loki Laufeyson, un jotun, un mentiroso, un ser del que siempre se podría prescindir, un objeto que todos usan a su conveniencia, un monstruo—. Todo está bien.
El de ojos verdes separó las manos de la madera que estuvo golpeando, consciente de que dejaba manchas de sangre en ellas. No se movió ni tampoco hizo amago de hablar sobre absolutamente nada; simplemente dejó que Steve continuará abrazándolo, estrechando su cuerpo como si pretendiera unirlos en una sola persona, igual que lo haría una persona que te quiere realmente. Esa idea resultaba absurda, pero deseaba imaginar que era cierta. Él era bueno haciendo creer a las personas en falacias; una mentira para él, aunque fuera demasiado grande como esta, podría resultar más que solo vivificante.
—Todo está bien —repitió Steve, estrechándolo un poco más—. Así que no te lastimes más, por favor.
—¿Por qué? —Exigió saber el príncipe, no sin cierta furia en su tono ya de por sí mordaz—. ¿Por qué haría la diferencia? Lo que tú quieres, al igual que todos, es usar mi buena habilidad con la magia. Es la única razón por la que te preocupa mi bienestar.
—No es así…
—¡Oh, por favor! ¡Me tomas por un tonto! —Se sacudió el gesto con violencia, girando sobre sus talones y alcanzando con el dorso del puño el rostro del rubio, que se tambaleó pero no alcanzó a caerse. Loki le fulminó con la mirada, ensañándose con éste aunque no tuviera la culpa de ninguna de sus desgracias—. Tú no entiendes nada acerca de mí, idiota —añadió entre dientes, casi escupiendo las palabras—. Ten en cuenta que yo solamente quiero saldar mi libertad, pero no sería mi intención en absoluto. Ojalá y pudiera deshacerme de ti, hacerte desaparecer justo igual que a una insignificancia, porque eso eres. ¡No pretendas fingirte capaz de ser una buena persona!
El otro se mantuvo en silencio, apretando los puños y sin levantar el rostro. Sin embargo, cuando terminara de decir esas palabras, Steve alzó la mirada y a Loki se le ahogaron todas las palabras, al mismo tiempo que la rabia se extinguía.
—No te lastimes más —pidió Rogers, con los ojos cristalinos—. Yo… no te conozco, es cierto. Es que soy humano, y sé que tú estás sufriendo. No entiendo por qué, pero si me dijeras…si me ayudarás a entender… quiero ayudarte. Sea lo que sea, permíteme intentarlo.
Loki retrocedió con los labios ligeramente separados. En realidad, no era capaz de procesar las palabras que le estaba dirigiendo el otro; su atención estaba puesta únicamente en los orbes cerúleos y en el rabillo de esos ojos, donde ya resbalan un par de lágrimas.
—¿Por qué… estás llorando? —articuló con apenas fuerzas, consumido por el desconcierto. Steve le miró igual de confundido, como desubicado en espacio y tiempo; un segundo después se limpiaba el rostro con cierto pasmo, de nuevo avergonzado—. Rogers —exigió con dureza, pero ya no supo cómo continuar.
—No puedo evitarlo —sentenció el rubio—. Me enfada tanto que te lastimes y yo sea incapaz de hacer algo por ti, para evitarlo.
Al principio incrédulo, Loki se quedó en silencio. Steve lloraba por él… apenas estaba procesando eso. Aunque lo veía, no podía suponer siquiera que fuera real. Sin embargo, segundos después, las carcajadas brotaban de su garganta sin control alguno y sus brazos le rodeaban el estómago, apretando con fuerza como si al hundir las uñas sobre la ropa, pudiera despertar de esa clase de sueño.
No podía evitarlo, era tan divertido y tan… enternecedor. Las risas nacían de forma espontánea, incluso aunque podía sentir la mirada reprochadora de Steve. De pronto, las lágrimas salían también de sus ojos, pero apenas alcanzaba a reflexionar que parte de ellas eran producto de la tristeza y otra realmente alegre. Al enderezarse, se encontró con Steve haciendo una especie de puchero.
—¡No tiene nada de gracioso! —Exclamó éste.
Lo veía… realmente Steve no podía dirigirse a nadie más. Había algo en él que era diferente a los demás, pues parecía un sol en medio de la tempestad. Steven Rogers no era una insignificancia; lo supo desde el momento en que curó sus heridas y percibió la clase de alma, única y demasiado tonta para su propio bien, que era capaz de llorar en lugar de otro. Era innecesario que fingiera ser una buena persona… simplemente lo era.
—Eres tan extraño —murmuró, con la voz quebrada—. Jamás pensé que llegaría el día en que viera a alguien como tú.
—Me estás llamando fenómeno… —murmuró.
—Es un cumplido —admitió, tallándose las lágrimas y ahogando un gemido adolorido al hacer que las heridas abiertas en sus manos entraran en contacto con algo; la sangre manchó su rostro e inmediatamente, Steve se adelantó para tomarle una mano, examinándola con una expresión alarmada y mirándose de arriba abajo, buscando quién sabe qué cosa. Loki habló muy quedo—: Déjalo, las curaré en un momento.
Para entonces, Steve ya tomaba un extremo de su camisa para arrancarla y envolverle una de las manos.
—Necesito una gasa —dijo, como si no hubiera escuchado lo que anteriormente había dicho Loki—, y una venda. Creo haber visto unas en…
—Eh, que no era necesario —soltó, zafándose del agarre pero sosteniendo la tela ya manchada de escarlata—. Yo me encargo de mis heridas, mocoso.
Steve hizo ademán de volver a sostenerle la mano, pero después únicamente asintió.
—Steve, por favor —le dijo suavemente, apartando la mirada y encogiéndose de hombros—. Puede… quisiera que me llamara por mi nombre de pila.
Loki no dijo nada mientras rápidamente, se ocupaba de sus cortes. Éstos desaparecieron de inmediato, y mientras hacía amago de repararle la camisa al rubio, éste negó con la cabeza, alzando una mano en señal de que se detuviera.
—Si la repara con magia, parecerá que esto nunca sucedió y no pretendo esto. Realmente deseo ayudarle.
El asgardiano soltó el aire en un resoplido claramente burlón.
—Tengo más cicatrices de las que nadie podría reparar —admitió sin querer, haciendo una mueca al darse cuenta de ello.
—Entonces, que haré todo cuanto esté en mí poder para que nadie (ni siquiera usted) lo lastime —aseveró con decisión—. Es una promesa, Alteza.
De nueva cuenta, el silencio se hizo presente y cayó sobre ambos tan pesado como parecía volverse costumbre.
—Loki —dijo repentinamente en respuesta, incómodo en su propia piel—. Nunca nadie me ha llamado Alteza… supongo que no hace mal que tú me digas así… —no dijo en voz alta, que sería al único que se lo permitiría (además de su hermano, al que también estimaba lo suficiente).
Los ojos de Steven se le iluminaron igual que a un niño pequeño al que acabas de concederle su mayor deseo en todo el cosmos. Regañándose mentalmente, Loki dejó pasar esa expresión tan complacida.
—Entonces deja, que al menos te repare la mejilla… antes de que se te hinche como un globo.
—De acuerdo —sonrió el otro—… gracias, Loki —su nombre lo pronunció tímidamente, y en un mutismo agradable permanecieron luego de que el asgardiano, posara su mano en el rostro del otro y le curara el golpe que recién le propinase minutos antes. Steve cerró los ojos mientras sentía esa frescura, parecía concentrado en controlar sus pensamientos y estaba tieso como una estatua, como si en el fondo temiera que volviera a golpearlo. Por su parte, Loki saboreó de esa expresión inocente y el pequeño atisbo de emoción que explotaba en su interior al entrar en contacto con el otro.
Una vocecita en su interior, rogó porque racionalizara la situación, pero ya demasiado tarde, Loki se dio cuenta de que no podía permitir a nadie lastimar a Steve.
Así permanecieron un largo rato, incluso cuando la magia curativa había realizado su trabajo. Steve apretaba finamente los ojos y sus pestañas temblaban por la brisa marina. Loki mantenía la palma contra la piel suave y cálida del rubio, mientras en su cabeza resonaban las palabras del midgardiano, que le rogaba porque le hiciera entender algo que escapaba de su comprensión. Steve era demasiado bueno para su propio bien; tenía un alma demasiado pura. Loki jamás deseó tanto algo como que ese chico no le sirviera a Hela…
—Listo —anunció, sin bajar la mano. Steve abrió los ojos y le miró; era apenas más bajito que él, solo por centímetros, pensó el asgardiano antes de darse cuenta de que estaban demasiado cerca. Apunto estaba su pecho de tocar el del otro. Podría haberse escandalizado, justo como sucedió repentinamente con Steve, que se alejó con traspiés y ruborizándose al máximo, pero todavía estaba en otro lugar. Intentó esbozar una sonrisa.
—¿Necesita algo? —Preguntó el rubio, a lo que Loki negó con la cabeza—. ¿Está bien?
—Por el momento, supongo que sí.
—De-de acuerdo.
—Steve —llamó con cuidado, saboreando el nombre como algo completamente nuevo. El rubio hizo un gesto con la cabeza, indicándole que le escuchaba—…llegaremos a Helheim en dos o tres semanas. Hay que encontrar la forma de que no te aburras.
—Yo estaré bien… pero, ¿usted… tú quieres hacer algo?
Loki se deshizo de toda emoción en el rostro, enfocándose en su bienestar y objetivo. Hela antes le había dicho que necesitaba saber cómo jugar sus cartas…eso es lo que estaba a punto de hacer.
—¿Por qué no me hablas un poco acerca de Midgard… y de ti? —sugirió un tanto afable.
—Si eso gusta.
El asgardiano asintió lentamente, frunciendo el ceño y obligándose a devolver a su corazón la muralla que repentinamente se había visto flaquear a causa de este joven.
—Yo he tomado mis decisiones, buenas o malas me trajeron aquí. Mi naturaleza es destruir y no me importa lo que le pase a este humano…pues para su desgracia, soy el único incapaz de poseer un corazón sincero. —Pensó, ya carente de sentimiento aparte del ansía de que, efectivamente, dejaran de lastimarlo.
Loki sabía que para conseguir la libertad, su única opción viable era la que Hela ofrecía… Steve era solamente un paquete a entregar, y pecaría de idiotez si se llegaba a encariñar con él. Pero de eso no tenía por qué preocuparse, ¿verdad?
0*0*0
No pocas veces en su vida, Thor había estado frente a las puertas de los establos. Odín siempre insistió a sus hijos que aprendieran el arte de montar los pegasos, y el rubio siempre estuvo de acuerdo que una de las cosas que más le gustaban hacer, además de entrenar con la espada y defender su (futuro) reino, era montar sobre el lomo de aquellos increíbles animales, sentir la caricia del viento que produce mientras éstos planeaban de un lado a otro, extendiendo las alas como si fueran ángeles. A él siempre le encantó ese tipo de actividades, y le había gustado pensar, que era algo que compartía con Loki, pues aunque el menor siempre prefería la biblioteca a casi cualquier cosa que le interesara a Thor, volar por Asgard era algo que los unía de cierta manera, como si formasen un vínculo especial entre ellos, los pegasos, el viento y cualquier paisaje debajo de ellos.
Pero no venía a buscar a los pegasos. Al menos, no como objetivo principal.
Había estado durante lo que le parecieron horas tratando de hilar el escenario que se formó cuando los dos midgardianos desataron una lucha con Sif… o a la que creía su amiga. Antes de que llegaran los guardias; antes de que Sif tomara la forma de Loki y desapareciera en la nada, Thor había luchado contra los otros dos en compañía de la chica. Ya entonces, una parte de él que estaba al tanto de los movimientos de Sif notó la discrepancia de aquella actitud guerrera e impulsiva, detectando la elegancia y la meticulosidad no tan propia de la mujer pero que sin embargo, su hermano destilaba como una extensión de sí mismo.
Cuando se vio proyectado contra una pared por uno de los golpes en la quijada que le propino el hombre de lentes, en su afán de ayudar a Tony que se veía apaleado por Loki/Sif, se quedó tan aturdido como para ser incapaz de moverse y observar con creciente horror, cómo los otros dos acorralaban a su contrincante, que en última instancia hizo gala de su magia para deshacerse de ellos.
Volvió a su forma original ante la mirada atónita de Thor y le dirigió una mirada cubierta de odio y burla. Enfurecido, el rubio tomó a Mjolnir y se levantó violentamente, balanceando el arma por encima de su cabeza y dando un salto enorme para hacer desaparecer la distancia entre Loki y él. Pero antes de que el martillo alcanzara al moreno, éste desapareció y lo único que recibió el fuerte impacto de Mjolnir, lo único que retumbó en la estancia, fue el suelo bajo sus pies mientras se quebraba, presa del inigualable poder de su martillo.
Después, y muy a desgana —luego de hacer otro berrinche que terminó inutilizando dos o tres celdas más—, escuchó la declaración de los midgardianos, admitiendo que sospechaban de uno de los suyos como quien ayudó a su hermano y al mismo tiempo, la justificación de que habían venido para buscar la ayuda de Hela y un hechicero que pudiera salvar a una mujer llamada Peggy. Thor no prestó del todo atención a sus explicaciones, pues el coraje y la indignación libraban una batalla en su interior. Únicamente volvió en sí cuando escuchó a Tony indicar que posiblemente, el camino que tomaron ambos era hacia Helheim.
Al asgardiano le disparó la ansiedad por encontrar a Loki y accedió a conseguirles una manera de llevarlos hasta Helheim, con la única condición —orden— de que lo dejaran ir también.
Mientras iba caminando por los pasillos, con una meta fija en la mente, Thor cavilaba acerca del chico con el que vivió todos esos años, desconociendo toda la maldad e impurezas que crecían debido a la envidia y los delirios de favoritismo y desprecio que Loki veía en sitios donde no existían. Una parte de él lo regañó por haber ignorado todas las palabras de sus amigos —y el resto de los asgardianos— cuando decían que Loki estaba mal de la cabeza, que era malvado y le guardaba un odio irracional a todos.
Sin embargo, Thor nunca creyó que ese chico tranquilo (y algo sombrío) que era su hermano, fuera capaz de destruir la vida de su padre o amenazar de esa manera la integridad del mundo en total. De acuerdo, Thor sabía que Loki no pertenecía a esa familia por la sangre, pero todos le abrían los brazos lo suficiente para que se sintiera a gusto en ese lugar, para que incluso siendo parte de esa —despreciable y monstruosa— raza de jotun, Asgard se convirtiera en su verdadero hogar. Pero se había equivocado. Su hermano —porque lo era—, había atacado la única oportunidad que se le ofreció luego de que un monstruo desalmado como Laufey lo abandonara para morir; Odín había rescatado a Loki, y esa no era la forma de pagarle todo lo que el rey le había dado.
Antes, cuando se enteró de que Sif había atrapado a Loki intentando escapar y lo había asesinado, se sintió terriblemente triste. Había perdido a dos de los seres que más amaba, pero una parte de él reconocía que su hermano se lo había buscado. Ahora, luego de cruzar las puertas hacia los establos, únicamente lo fundía la indignación y la cólera ante la perspectiva de que el jotun hubiera escapado de su destino, que hubiera engañado a todos una vez más y se burlara en su cara, asesinando a su mejor amiga para usurpar el lugar de ésta y así fingir su muerte.
Apretó los dientes mientras se detenía frente a la gran muralla de piedra. A simple vista no era más que una superficie gris y común, pero que justo en el punto medio, tenía tallada en relieve un arco de brillo dorado, cubierta de las runas antiguas de su gente, finas y concisas en las que se podía leer la siguiente inscripción: "Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo"****.
Ciñó los dedos sobre el mango de Mjolnir hasta que éstos se volvieron blancos debido a la falta de circulación. Sus ojos azules refulgían como si se consumieran en un fuego atemorizante, tan vivo como las llamas en el cuerpo de un Gigante de Fuego. Detrás de él estaban los cuerpos inconscientes de los guardias que protegían los establos, pero a Thor no le interesaban en lo más mínimo; él estaba haciendo lo que correspondía a su honor… al honor en nombre de su padre.
Siempre requirió de la ayuda de Loki en estos casos, pero el día de hoy la discreción le preocupaba nada en comparación con su objetivo. Así que, con una expresión endurecida levantó el martillo y luego lo dejó caer directo en la puerta. El sonido que se produjo fue ensordecedor y ahogó el grito de furia que escapó de su garganta en la búsqueda de propinar más violencia al impacto; fue como si un trueno golpeara la tierra y derrumbara a su vez, las torres más altas del palacio.
La piedra, como es obvio, sufrió de una serie de grietas que soltaron piedras y rompieron la inscripción hasta dejarla irreconocible, pero no cedieron hasta que Thor repitió el golpe. Ahí dejó parte de su frustración e ira, rompiéndose a la par de esa pared. Dentro, escuchó a los pegasos relinchando histéricos, llenos de pavor cuando le vieron cruzar el (ahora inexistente) umbral que los protegía de todo, menos del poder extraordinario que destilaba un arma como Mjolnir. Thor balanceó el martillo, barriendo el lugar con la mirada.
—¡Silencio! —Gritó con toda la fuerza que pudo, sintiendo la tensión en los músculos de la garganta; en su cuello resaltaron las venas—. ¡Silencio! —Repitió, haciendo que en esta ocasión, los cuatro pegasos que aún relinchaban se quedaran mudos.
Thor respiró copiosamente, mirando entre la luz mortecina hacia el frente, detrás de una cerca de oro y plata, donde bufaba un caballo de brillantes crines oscuras y piel de un gris igual de reluciente; tan magnífico y hermoso que cualquier otra criatura quedaría fuera de comparación. El rubio avanzó con largas zancadas hasta quedar frente al animal, que lo observó con unas cuencas amarillas que parecían una llama enturbiada, mostrando una inteligencia aguda a pesar de tratarse de un animal. En este punto, se podía leer la renuencia de éste a servirle, pero Thor no le dejaría opción; esa actitud indomable se iba aplacar con él ahora, sí o sí.
El caballo se paró en sus patas traseras, pero incluso de esa manera, Thor alcanzó a entrever las cuatro que se levantaban, adornadas con herraduras brillantes.
—Sleipnir —dijo, entre dientes y levantando aún más a Mjolnir, como si le estuviera amenazando; quizá lo sorprendente era ver que el caballo le entendía—. Me llevarás con tu padre hasta las puertas de Helheim, o te romperé cada hueso en las patas hasta que no seas capaz de levantarte por el resto de tu existencia, de la cual me aseguraré que sea larga.
Sleipnir permaneció alzado unos segundos más antes de caer sobre todas sus patas, resoplando por la nariz en un gesto irritado y abnegado, viendo cómo a pesar de la postura firme, los ojos del rubio empezaban a llenarse de lágrimas. El destino de Loki parecía sellado en la promesa de Thor que bailaba en sus ojos aún dolidos, y que no hablaban de otra cosa aparte de la muerte.
Continuará.
Bueno, como siempre, me quedo esperando que hayan disfrutado de esta actualización (x3) Luego de una semana sin Internet ni computadora y habiéndome terminado las gomitas, espero que de cualquier manera el resultado cumpliera con sus expectativas y les permita honrarme con un review (owo); solamente eso permite que no abandone la historia (nwn)... bueno, eso y que, por más que lo intento, la serie de "Hado" no me deja tocar o pensar nada más (._.)
Vale, ¿qué les pareció? ¿Gustaron del "acercamiento" Stoki? Admito que la forma en que Steve se mete a la boca del lobo directo y sin pensar es un poco incongruente —encima de que me salió demasiado uke (7-7) *aun no alcanzó a decidirme quién debería ser el seme en esta ocasión, así que se aceptan sugerencias (:D)*—, pero repito que en vista de que esto debería ser una "mini" serie, debo apurarle, y tanto mis manos como mi cerebro echaron a suerte esta idea, que espero haya sido la correcta (.w.U) Ahora, también me cabe mencionar que me gusta la relación entre Tony y Bruce, tanto de amigos a algo más, de momento espero saber cómo manejarla pues a fin de cuentas, planeó hacer uso del resto de los Avengers —por experiencia sé que eso de usar solamente a dos personajes todo el tiempo, se torna algo complicado—. ¿No confundí demasiado al darle vueltas al "pasado" de Loki? En realidad, ha sido complicado pensar en una "adaptación" de los detalles que tengo de este Dios nórdico. En cuanto a Thor y el final que he dejado ahora, hasta que no vea algo que realmente considere fuera del límite, el Señor de los Truenos aún tiene una oportunidad de absolución conmigo, por lo que al principio le quise ofrecer un enfoque de "hermano mayor" —entre egoísta y ligeramente protector— que parte de mí todavía le encuentra, lo que espero que encuentren aceptable.
Aclaraciones:
(1) El título del capítulo en esta ocasión lo hice pensando en la visión de Loki como alguien que "roba" —o únicamente refleja— la luz que emite Thor, tal como sucede con la luna y el sol respectivamente. (nwnU) Yo y mi mente extraña, ¿verdad, sempais?
(2) Sí… no pienso matar a Thor aquí, pero voy a darle una paliza de lo lindo (o-ó). Últimamente me está picando la situación de un Dios del Trueno demasiado tonto a la hora de darse cuenta de lo que necesita Loki; a diferencia de la última serie en el fic, aquí me empecinaré a enfocar este tipo de relación entre ellos, únicamente para llegar a mi deseo más grande con respecto a estos dos hermanos: ¡Que Thor consiga el suficiente cerebro para entender que si se mete con Loki, se mete conmigo (y con muchas otras fans, de eso estoy segura)! (xo). En fin, mientras no se le ocurra cumplir la "promesa" de matar a Loki si lo "traiciona" en la segunda película —o cualquier otra, ya que estamos en ello (7-7) —, Thor consigue tolerancia conmigo —y porque no he leído ningún cómic o más historias nórdicas, pues por lo que sé, realmente se portaba como un bruto con mi querido Loki—.
Notas:
*De acuerdo, me pasé casi diez minutos buscando una onomatopeya que representara los latidos del corazón, y muchos decían que era este (.w.)…pero de no serlo, realmente me disculpo (xD)
**Esta frase pertenece a Lucio Anneo Séneca, filósofo latino.
***Ya sé que Loki tiene seis —o siete— hijos según la mitología nórdica —no sé en los cómics—, pero ya que Sleipnir puede ir a las puertas de Helheim, es al único del que haré mención en el fic… al menos, por ahora ese es el plan (.w.U) — nunca sé a qué terrenos termino llegando, porque escribo como vienen las ideas y jamás preparo nada de antemano (xD) —.
****Es una frase que encontré en mis horas de ocio en una página llamada Sabidurias(punto)com; pertenece a Noel Clarasó.
A quien corresponda: Muchas gracias por leer, y si dejan un comentario, qué mejor (owo). Sigan teniendo una buena mañana, tarde o noche (nwn)/
