¡Hola, sempais! Bienvenidas a mi actualización (uwu). Sí, ya sé que me tardé los años en hacerla, pero de cualquier manera, créanme que —si de algún modo o por algún milagro (para mí) estuvieron esperando—, esta ausencia no es nada. Bueno, primero que nada, un agradecimiento enorme a esas tres lindas personas por las que no me atrevo a dejar morir la historia (.w.).

ilyasha77: Un millón de gracias por dejar review. Creo que una de las cosas que me fascinan de tus comentarios, es la descripción que me haces de sus personalidades; cuando te leo, definitivamente me doy cuenta de cómo y por qué amo esta pareja, aunque sea lo más crack del mundo —que si vamos a ponerlo así, no lo es tanto como parece en primera instancia—. Me encanta jugar con esa parte de Loki, sobre la desesperación, la inseguridad y la desconfianza que le tiene a las personas —y no tiene nada que ver conque mis historias suelen tener siempre ese toque de tragedia... o quizá sí, un poco(.w.)—, y la forma en que pueden salvarlo. En fin, espero que conforme se va desarrollando su relación pueda seguir gustándote, que contar con sus comentarios es lo único que me salva de la locura.

KariDz: La vida de este fic te da las gracias por seguir comentando. Me alegra que te guste la forma en que planteé esa aparición de Sleipnir, la verdad que él me vino de pronto luego de que notara —por fin y después de un tiempo ridículamente largo—, que en la película de Thor, el —idiota— de Odín va montado en él. Y de pronto tuve la exagerada necesidad de incluirlo, así como porque se supone que él puede llevar a su jinete hasta Helheim. La verdad yo también adoro esa paternidad de Loki, por otro lado, prometo darme a la tarea de centrarme en los sentimientos de Sleipnir —así como en esta ocasión ocupe un rato en Hela—. De las cosas que más amo son los triángulos amorosos, así que no te preocupes; jugaré un rato con los tres... o cuatro... o cinco... (xD) —habrías notado que son bastantes triángulos amorosos—. En cuanto a Thor, él sí que es un tema delicado y entiendo perfectamente que lo defiendas, porque así me sucede a veces conmigo misma ya que como personaje en las películas le gane mucho aprecio y creo que gran parte del daño que le hace a Loki es por ser despistado y un poco más influenciable, y admito que cuando hablaba del comportamiento "malo" de éste, pensaba mucho en el poema de Lokasenna y la serie de "Loki".. donde lo único que le dice es que va a golpearlo...o peor. En fin, hablo (escribo) demasiado (:DU); todo esto para decirte lo feliz que me haces con tus comentarios y rogar porque este capítulo sea de tu agrado, el suficiente para seguir disfrutando de tus palabras.

AkatsukiDrack: El alivio —e incluye la felicidad— es mía porque comentas. De verdad, para un(a) escritor(a) creo que lo más especial es que le digan que su trabajo es bueno, pero yo considero especial el hecho de adentrar a ustedes, los lectores, en los sentimientos de los personajes —ojalá pudiera hacer entender a mis papás cómo debe sentirse Loki, porque me miran como una fenómeno porque me encanta...no solo por Tom (aunque empezará por él en su medida)—. Y, oh, Steve, (x3), se las va a poner difíciles: O es su libertad o es el amor que poco a poco le irá tomando. Pues, de que salve a Peggy yo creo que sí seguirá hasta el final (o-ó)... ¿o quizá no? (:D); te enterarás al mismo tiempo que yo —quizá un tantito después (xD)—. La relación de Thor y Loki es bastante complicada, ya creo lo que me dijo una amiga mía: "Las chicas no va a ver cómo Thor se queda con Jane" (xD), sí, aunque el Thorki que me gusta es más la relación entre hermanos, estoy de acuerdo con mi amiga. En fin, ora que se me bajó el coraje de Thor, me encantará mostrar esa faceta suya que se divide entre el amor de su hermano y todas las cosas —estúpidas e injustificadas— que me parece le dan en las películas. En cuanto a Sleipnir, de nuevo recalcó que me encargaré más adelante de centrarme en su relación familiar. ¡Espero que te guste mucho la actualización, que me sigo esforzando con la esperanza de que sea de su gusto, sempais!

Ok, de nuevo mis cartas de media cuartilla (xD). Lo siento, me disculpo infinitamente por quitarles el tiempo con ello, pero es que, solo cuento con ustedes para no permitirme abandonar esta cosa, y siendo sincera, espero que la sigan encontrando digna de su tiempo —porque me dormía a las cuatro de la mañana con tal de escribir un momento aquí (¬¬U)... y no quiero pensar que no valió la pena—. Así que, si de pura e increíble casualidad, hay alguien más leyendo esto, por favor, no me nieguen sus comentarios (TwTU), vivo de ellos, en serio.

En fin, espero que encuentren agradable el capítulo de hoy (nwn)/ y pues, los dejó hasta el final (owo).


Hado: El deseo de los condenados.

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El mundo siempre le pareció grandioso, repleto de una magnificencia que quizá incluso los Dioses envidiaban; sabía que se trataba de una visión poco realista, pero en ese entonces no le importaba en absoluto. Encontraba fascinante la mortalidad de los seres que habitaban cada rincón del mundo, fueran grandes o pequeños, humanos o animales, ricos o pobres…, todos compartían ese destino, excepto ella. No tenía la capacidad de morir y a veces la eternidad que cargaba sobre sus hombros resultaba demasiado cruel.

Debido a su condición de longeva, mientras hubiera vida y muerte en la Tierra, continuaría sujeta al trono de Helheim, y esa verdad representaba un equivalente a una maldición pues, ¿alguien podría siquiera imaginar cuán dolorosa resultaba otrora la idea de que su eternidad le arrebata la posibilidad de amar? Nadie puede imaginar cuánto detesta olvidar por qué es importante que la lluvia empape y el fuego queme. En su condición de inmortal todo daba lo mismo, y los recuerdos —buenos o malos— se disuelven hasta que su propia memoria es como un abismo sinsentido. Aunque nadie se lo pregunte, ser la reina de Helheim era un martirio…, uno que se disponía a terminar.

La eternidad es sinónimo de soledad, porque es doloroso ver cómo el tiempo te arrebata a las personas queridas y es mejor quedarse apartado. Sin embargo, ahí permanece el anhelo, como una palabra silenciosa que perfora una y otra vez el alma.

Cuánto daría por ser capaz de dar y recibir afecto. Cuánto daría por ser capaz de morir y poseer aunque fuera un segundo, el mismo resplandor de aquellos que perecen. Porque aunque todos se horrorizan con la palabra "fallecer" y sus semejantes, definitivamente hay algo maravilloso en la forma que se entregan a la cotidianidad y la vuelven especial; ya sea con miradas, roces, acciones, etc., todas y cada una de esas cosas encienden una llama en el corazón, tan hermosa y cálida como el mismo sol.

Incluso el sufrimiento o el miedo toman partido en la perfección de la vida, ¿y (ya se estarán preguntando) cuál es esta? En opinión de Hela: Saber que morirás.

Al tener esa única certeza, deciden si van a luchar o a rendirse; si amarán u odiarán; cómo y con quién ocuparán el tiempo. Mientras su corazón siga latiendo, son libres inclusive de escoger si mueren en nombre de alguien más, por sus creencias o egoísmo.

Por ahí dicen que el destino baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos*.

Ellos tienen el derecho, y más envidia no podría sentir Hela. Ella está condenada, y sus grilletes que ostentan la infinitud como algo agradable y anhelado, únicamente esconden la tristeza, la soledad y el infortunio. Claro, todo esto no significa que le guste hacerse la mártir, sino que comprende con exactitud la mirada abatida de alguien como Loki Laufeyson. Encontró un punto en común con él y se dio a sí misma al capricho de elegir —igual que hizo decidir al príncipe—, si deseaba continuar regalando su vida a las manos de otros.

Era justo que Hela viviera… que realmente lo hiciera. Y Loki, que cargaba con el destino de todos, le daría la oportunidad de sentir aunque fuera el grato sabor de la muerte luego de tantos siglos monótonos y vacíos.

En cuanto a Steve, éste le daría lo que más ha deseado en todo el cosmos: Un alma para sí misma, una que pudiera vivir, amar, odiar, morir. Un alma que le permitiera convertirse en algo diferente a lo que significaba ser Hela, y por lo mismo… especial.

Quería la oportunidad de amar y perecer de la misma forma en que lo hacían todos. De no verse atrapada en las tinieblas con la única compañía de los muertos que vagan de un lado a otro, sufriendo por las traiciones y pecados que cometieron en vida. Deseaba salir de las puertas de Helheim y que al sentir la brisa fresca, pudiera recordar el porqué del placer que causaba cada una de las caricias del viento.

Hela, muy en el fondo, deseaba experimentar cómo era permitir a su corazón el cariño hacia otros, sin miedo a sufrir una herida que cicatrizaría pero se iba a quedar con ella por el resto de la eternidad. El amor, creía —y parte de ella seguía pensando así—, era algo digno de envidiarse. De hecho, la única cosa que permanecía en un mundo ahora tan podrido y vacío. Al final y después de todo, la existencia de alguien es valiosa por los que están a tu lado, y no sabía lo que significaba eso, pero curiosidad no le faltaba.

Por eso, y no por otra cosa, su atención fue a parar donde Loki. Él conocía con exactitud lo que sentía ella —claro, con el beneficio de la muerte—, así que se le parecía, e iban a prestarse ayuda mutuamente. Hela no temía de una traición, pues el jotun le necesitaba para salir bien parado después de tantos golpes; además, pese a que nadie quería creerlo, Loki era de fiar. Si alguien le hubiera mostrado una mano a la cuál aferrarse, estaba segura de que la palabra mentiroso jamás se le hubiera adjudicado.

Pero ya saben, las personas suelen ser crueles con quienes son diferentes. Solo unos pocos entienden lo que significa la lealtad, la amistad, la familia y el amor… y más que eso, el perdón. Los que nunca echan en falta alguna cosa, nunca se dan cuenta de cómo valorarles. Eso era una lástima, que las personas de estas décadas pensaran tan estúpidamente que el dinero y las propiedades eran lo único importante. Bufó, no había pensamiento más imbécil y ridículo. Sin embargo, más que enojarla —porque le cabreaba como nada ni nadie—, era una lástima. Sí. Todavía existían muchas cosas tristes en el mundo.

¿Un ejemplo? La chica que buscaba en este momento.

Ésta se hallaba sentada en los destruidos jardines de palacio, con sus trenzados cabellos rubios echados sobre uno de los hombros caídos y cubiertos de polvo. Tenía la cabeza gacha y las manos entrelazadas sobre su regazo, de pronto jugando con los pliegues del vestido azulado que, a esa distancia, parecían hacerle tomar partido de una fuente esculpida a detalle y precisión; el aspecto frágil y menudo le confería una hermosura sin igual, justo como debían ser los ángeles.

Hela permaneció quieta, haciendo caso omiso de Garm, que gruñía ante el pulular de la gente que iba y venía a su alrededor, cotilleando acerca del ataque, Odín y Loki, o los Acuerdos. Pero a ambas mujeres no parecía importarles en lo más mínimo. Cada una estaba abstraída en sus propios pensamientos.

Hela se sonrió, apenas durante un segundo. Para fortuna o desgracia, sabía exactamente de qué se trataban los de aquella chica. En cierto aspecto, sopesó con un toque de ironía, los compartían.

Se acercó con parsimonia, haciendo gala de unos movimientos elegantes y felinos, así como silenciosos. Garm la siguió de cerca hasta el lugar donde reposaba la joven. Y fue entonces que Hela sonrió más ampliamente, hincándose junto a ésta para mirar directo a los ojos de color verde turquesa, ya medio anegados en lágrimas. Su cara, de ser posible, era mucho más hermosa que su cuerpo, con la piel blanca y los rasgos perfilados; justamente el tipo de chica cuya belleza podía matar a cualquier hombre.

Cuando ella topó la mirada con la suya, Hela le dedicó una sonrisa casi amorosa.

—¿Por qué una cara tan hermosa como la tuya se deforma así por la tristeza? —Preguntó la reina, manifestando en su voz un tono maternal—. ¿Está todo bien?

—Oh, Alteza —contestó, limpiándose las lágrimas con el dorso de las manos, quizá avergonzada por su imagen—. Por favor, no se preocupe por mí. —Hizo una pausa, antes de mirarle con un gesto escandalizado y con las mejillas todavía más arreboladas—. No estoy insinuando que usted se preocupará por una simple súbdita de Asgard como yo, solo… —la voz se le quebró un poco, a lo que Hela frunció el ceño; pobre muchacha tan desafortunada.

Contuvo el suspiro. Igual que siempre, lo único que sabía de los muchos destinos que deparaban a la gente, era la forma en que morirían: La escena se presentaba ante sus ojos como un flashazo, una explosión de sensaciones extrañas y un tanto incomprensibles, como lo eran el miedo, el coraje, la confusión e impotencia, para luego ceder ante el sueño. Ese momento en que Hela podía ver o percibir aquellos sentimientos pasaba inmediatamente y se apagaba enseguida, pero dejaba en su mente la niebla. Sin embargo, podía decir que al saber cómo iban a morir las personas, las conocía mejor que nadie.

En su opinión, solo hasta la muerte uno se da cuenta de qué clase de persona es. Y por lo que podía ver, esta chica inspiraba más que solo belleza, sino también ternura. Se trataba de una de esas pocas personas que merecen un destino mejor del que van a conseguir, y aunque a seguro iba a ser feliz durante toda su vida, en ningún atisbo de las muchas posibilidades que tenía para su muerte, cambiaba la razón de ésta: Loki Laufeyson.

Puso la mano "sana" sobre la rodilla de la joven y notó la delicada tela, suave y fría en sus dedos. Intentó sonar afable al hablar:

—Tranquila —susurró e hizo un pequeño silencio—. Puedes contarme lo que te sucede.

—Agradezco el interés de su Alteza, pero no quiero importunarla con mis lamentos —se excusó, sorbiendo por la nariz y manteniéndose en silencio. Pero la pregunta se le formulaba en los labios y destellaba transparente en sus ojos, por lo que Hela esperó un poco. Después de debatirlo, la chica cogió el valor suficiente—: Bueno…, yo… disculpe la molestia, pero, ¿me permite hacerle una pregunta?

Luego de decir eso, la chica se mordió el labio inferior. Como parecía que no se atrevería a continuar, incluso aunque ya le hubiera asentido en respuesta, intervino:

—¿Quieres saber si alguien importante para ti ha llegado a mi reino durante la batalla? —Ella lo pensó antes de sacudir la cabeza afirmativamente. Hela le miró con minuciosidad y otro poco dubitativa.

—Más bien, alguien que murió después de la batalla —aclaró con la voz ininteligible, medio ahogándose en la vergüenza y el pánico—. Si he de ser exacta —bajó la voz hasta que apenas era un susurro, por lo que Hela debió esforzarse un poco en entenderla del todo, aunque ya sabía por quién iba a preguntar—, por Loki. El tercer hijo de Odín.

Oh, el amor, pensó Hela entre divertida y aburrida. Meditó la respuesta durante un largo rato y barrió el lugar con la mirada, quizá sopesando si decir o no la verdad. Arqueó su única ceja y ladeó la cabeza, con una expresión pensativa.

—¿Cuál es tu nombre? —Preguntó, pues ya por experiencia sabía que decirles que ya conocía su nombre (igual que si las letras bailarán como un letrero sobre su cabeza), tendía a alarmar a casi todos.

—Sigyn —contestó enseguida. Hela asintió, dedicándole una leve sonrisa.

—Sigyn —repitió cautelosamente—, ¿por qué preguntas? ¿Loki es realmente especial para ti? ¿Incluso cuando ha traicionado a Asgard y asesinado a su rey?

El mutismo de la chica no le impidió saber la respuesta.

A decir verdad, le simpatizó un poco más ahora; tenía esa figura pequeña y frágil que escondía una fuerza y voluntad sinigual. Por si fuera poco, poseía esa clase de fuego en la mirada que oscilaba entre la inteligencia y la intuición. Sigyn observaba por su cuenta el mundo y no se dejaba llevar por las aseveraciones de terceros. Su interés por Loki, se dijo mentalmente la reina, iba más allá del gusto físico que pudiera encontrar en el joven, pues si bien Laufeyson no era feo, tampoco era hermoso como sus hermanos y aun así, que una criatura tan hermosa pudiera mostrarle tal devoción silenciosa, resultaba incluso lindo. Cada quien tiene sus gustos, pero Sigyn tenía en su rostro la sombra de ese primer amor verdadero.

Pobre, pobrecita. Sigyn no era la única capaz de ver detrás de la soberbia de Loki, y tampoco sería la que ganara el corazón del hechicero, pero le sería útil a ella.

—Cuando la muerte alcance a Loki Odinson —murmuró en respuesta—, él tendrá que llegar a mi morada.

Los ojos de la joven se abrieron de par en par, aunque casi de inmediato volvió su rostro sereno. En su iris turquesa brillaba una felicidad apagada y todavía, hasta cierto punto, dubitativa. Mas no sonrió, en lugar de eso se limitó a asentir, asimilando la noticia.

—¿Dónde está, Alteza? —Preguntó con cuidado luego de un par de segundos. Hela alzó la cabeza.

—Si he de contestarlo —hizo una pausa—, debes hacerme un pequeño favor.

—Lo que sea —respondió enseguida—. Haré lo que me pida.

Hela sintió curiosidad por el amor de Sigyn hacia Loki; diminuta —porque no le servía de mucho—, pero ahí estaba. La reina miró a su perro y éste gruñó, echándose a un lado de ambas mujeres. La asgardiana no le azuzó con preguntas, incluso cuando Hela se volvió de un lado a otro, prestando atención a la torre más alta de Asgard y haciendo un mohín fastidiado ante la perspectiva de que todos sus planes fueran a arruinarse.

Ella tenía derecho a escoger. Y haría cualquier cosa por conseguir lo que deseaba.

—Eres una buena hechicera, ¿a que sí? —Preguntó, sonriendo. Sigyn asintió segundos después—. Te diré dónde puedes encontrarlo, pero primero he de advertirte que Loki está en compañía de alguien que necesito —admitió, enderezándose y tomando asiento al lado de la joven—; (si prefieres verlo así) él cumple con una tarea que le he encomendado a cambio de su salvación. Pero hay gente que puede interponerse, y eso me molesta. Necesitará toda la ayuda posible, así que —volvió a quedarse callada, mirando un punto más allá del jardín, donde caminaba un hombre de cabello castaño claro; de su espalda colgaban arco y una aljaba llena de flechas—, ¿qué tan versada estás en el dominio de la mente? ¿Crees que puedas hacer que aquel hombre te reclute? —Hizo un señalamiento hacia el aludido—. Porque, ¿sabes? Me encantaría que lo acompañaras en su travesía.

Sigyn dirigió su atención a Clint y frunció el ceño, apenas de manera perceptible. Hela decidió esperar a que hiciera su pregunta en voz alta:

—¿A dónde va?

—Ahora mismo está buscando a alguien que sepa de magia —explicó afablemente—. Y requiero que tú seas mis ojos y oídos en su pequeño grupo, pues resulta muy posible que se entrometan en la misión que lleva a cabo Loki.

—¿Por qué no se deshace de ellos, simplemente? —Cuestionó, con sumisión. La reina de Helheim hizo una especie de mueca; estaba harta de que se asemejara su persona como quien debiera impartir sentencias de muerte, pues al contrario de lo que todos pensaban, ella sabía de las consecuencias de meterse con la vida de alguien cuando su momento todavía no llegaba—. Lo siento, mi Señora —dijo la chica, inclinando la cabeza, avergonzada. Hela lo dejó pasar por alto.

Todos ustedes —no iba a especificar más—, independientemente de mis planes, deben continuar vivos —indicó, como quien no quiere la cosa—. Al menos por ahora —añadió con la voz suave y se encogió de hombros—. Entonces, ¿estás dispuesta a ayudarme?

Sigyn asintió lentamente.

—Por supuesto —accedió, tragando saliva.

—Entonces, haz los encantamientos necesarios para ello. —En este punto, hizo una pausa para mirar hacia el palacio—. Por otro lado, también tienes un trabajo de domesticación que llevar a cabo en los establos. Asegúrate de que Thor parta de Asgard y acompáñalo. —Sonrió, escrutando minuciosamente el rostro de la joven, que parecía meditar lo que sucedía—. Ahora, retírate.

Parte de ella imaginó que al toparse con una situación así, Sigyn pediría meditar su respuesta. Por supuesto, ésta parecía intuir que tiempo es lo que menos tenía. Si quería salvar a Loki, tenía que decidir ahora.

La chica le dirigió una mirada expectante a Hela, pero ella permaneció muda; Sigyn tenía la opción de escoger. No iba a obligarla a nada.

Pasó poco tiempo antes de que la rubia se pusiera de pie y se inclinara hacia delante, en una reverencia educada. Luego se volvió sobre sus tobillos, dirigiéndose hacia Clint, lista para tomar partido.

Hela y Garm la vieron retirarse, con el vestido vaporoso elevándose como si flotara.

—Pensándolo bien —dijo a Garm en poco más que un murmullo, acariciándole la cabeza distraídamente—, el amor no es algo tan envidiable.

0*0*0

Thor enseñó los dientes y alzó el martillo en dirección al umbral, donde se encontraba Balder observándole con un pasmo casi ridículo, igual que si se hubiera transformado en un jotun. Sus ojos iban del martillo a Sleipnir para detenerse nuevamente en el rostro del menor, que se enderezó todavía más, sosteniendo con fuerza las riendas del —todavía— inquieto caballo.

—¿Qué estás haciendo? —Preguntó Balder con la voz estrangulada y llevando su mano al mango de la espada, como si percibiera la potencial amenaza que expedía Thor con cada fibra de su ser—. ¿A dónde llevas esa cosa?

Nunca se lo había dicho en voz alta, pues respetaba en gran medida al primogénito de Odín, pero siempre aborreció la manera en que se dirigía a Sleipnir. De una u otra manera, éste pertenecía a la familia. Es cierto que en un principio turbaba la simple idea de tener un caballo de ocho patas como sobrino, pero en general, el caballo sabía comportarse de una manera leal —al menos así sucedió con su padre— y era una criatura que además de poseer una gran belleza, tenía unas habilidades excepcionales.

Aún consumido por la desesperación y el coraje, no creía un derecho exigirle algo a Sleipnir como si fuera una cosa. Luego de su arranque inicial y ahora que se hallaba más calmado, se odió a sí mismo por actuarigual que lo hacían todos los Aesir con respecto a Sleipnir.

—No te interesa, Balder. —Soltó con ponzoña.

Apenas se dio cuenta de que normalmente a éste nunca lo llamaba hermano, como sucedía con Loki. Balder jamás se tomó la molestia de pasar tiempo con él, y siendo sincero, Thor lo veía mucho más ajeno que a su —adoptado— hermano menor, aunque no lo supo hasta la ceremonia del cometa. El respeto, supuso, era algo muy distinto al aprecio.

Al ver que el otro no se movía un ápice, bramó con más rudeza:

—Apártate, porque yo haré lo que bien me plazca.

Era pésimo en relajar a las personas, ni se diga cuando estaba enfurecido, por lo que no se sorprendió de ver que Balder se tensaba y blandía la espada; el cómo rechinó el acero mientras se liberaba de su funda, le causó un destello de adrenalina que atrapó sus miembros en distintas oleadas que calentaban la sangre.

Sleipnir se agitó una vez más, pero inútilmente, ya que Thor le cogía de las riendas con tal vigor que uno podría decir, sus patas estaban clavadas en el suelo. El rubio no le dirigió ninguna mirada, pues quizá apartar la atención de su hermano significaría perder la confronta, y definitivamente tenía que ir detrás de Loki. Balder no lo entendería, se dijo mientras volvía a avanzar, alerta por si debía utilizar a Mjolnir.

—¡Suelta a ese animal! —Ordenó el otro, cabreado. Thor se detuvo de inmediato, apenas a cinco metros de distancia, contemplándole con una expresión golpeada.

—Es el hijo de Loki —defendió y luego echó el aire por la nariz, como lo haría un toro embrutecido—. De cualquier modo, no importa. Él me llevará a Helheim.

—¿Y para qué quieres ir allá? —Preguntó, a la defensiva—. ¿A caso buscarás a padre? —El silencio sobrevino a esas palabras, con lo que el mayor retrocedió un par de pasos, boquiabierto y con los ojos a punto de salirse de sus cuencas; las mejillas de Thor se arrebolaron bajo el efecto de la cólera, al saber exactamente lo que Balder estaba pensando: Que estaba traicionando a Odín—. No, no, ¡no!. Debes estar bromeando. ¿Es por Loki?

El menor desvió la mirada, ofreciéndole al otro su respuesta.

—¿Piensas traerlo del reino de Hela? —Rugió, haciendo que las venas en su garganta se resaltarán por el esfuerzo; no le extrañaría que se quedará afónico después de eso—. ¡Te has vuelto loco! ¿Olvidaste lo que hizo a nuestro padre?

—Por supuesto que no —siseó con una mirada cegada por el dolor y el coraje—. Y es precisamente por eso que voy en pos suya. ¡Loki no está muerto!

La expresión descolocada de su hermano fue suficiente para que se le encogiera el estómago.

—¿Qué quieres decir? Sif, ella… —en esta ocasión, se quedó en silencio al notar su mirada lastimera—. Oh, Thor. Lo siento tanto, hermano.

Parecía que fuera a abrazarlo, pensó mientras escupía al suelo. En otras circunstancias, tal vez podría haber aceptado el gesto, pero sabía que de acercarse, únicamente lo golpearía. Necesitaba descargar su ira, porque las puertas de los establos no le fueron suficientes. No obstante, el otro se quedó estático, tal vez adivinando los cruentos pensamientos que seguían desfilando por su cabeza sin control alguno.

—Conserva tu distancia —le amenazó, inclinándose hacia delante y sujetando con más fuerza el mango del martillo. Balder se enderezó, con una mueca de pasmo y los ojos destellando ira—. Traeré a Loki para que se haga justicia por sus delitos.

La sonrisa de Balder, fría y escrutadora, casi le produce un fuerte sonrojo a Thor.

—No me digas, hermano —dijo socarronamente—. ¿Estás seguro de que podrás hacerlo? Creo que yo debería de ir y seguir el rastro de Loki. Me encargaré personalmente.

—Debes quedarte con madre —aseveró con apenas un murmullo, fijando toda atención en la mirada de Balder, que destilaba un odio tan grande que él podía jurar sentirlo dirigido a su persona, aunque eso sería una completa estupidez—. Ella está muy aturdida por todo lo que ha sucedido y sería tonto dejarla sola, al mismo tiempo que imprudente abandonar el reino.

—¡Y eres tú quien me viene a hablar de inteligencia y lo prudente! Cómo ha cambiado el mundo, ¿huh? —Se burló el otro, rodando los ojos—. De cualquier modo, ya te he dicho que tú te quedarás aquí.

Thor sacudió la cabeza.

—Iré por Loki. Debo ser yo. Necesito hacerme cargo de él en nombre de nuestro padre.

—Creo (y lamento decirlo) —señaló el mayor—, que todo cuanto se refiere a Odín te tiene sin cuidado, hermano. No estoy acusándote de insensible, pero eres tú el que se siente traicionado por Loki. —Sus cejas se tocaron, imitando las de Thor, que se fruncían ante las acusadoras palabras de Balder—. Perdón, pero ¿quién asegura que no caerás en las trampas de ese maldito jotun? Muchas veces ha utilizado su aguda inteligencia contra ti, que le guardas un cariño muy grande y te ciegas a sus acciones y mente maliciosas. Tus sentimientos te traicionan.

—¡Eso no lo sabes! —Exclamó Thor, escupiendo las palabras con desesperación—. De ninguna manera, dejaré que todo lo que hemos pasado juntos no le conseguirá piedad conmigo. ¡Asesinó a Odín y a Sif! No merece clemencia —sus últimas palabras, apenas llegaron del todo a los oídos del otro.

—Todavía veo la sombra bailar en tus ojos —inculpó Balder y continúo con una voz más afable—: Déjame ser yo quien lo persiga. Lo traeré vivo para dictar su sentencia. Es más seguro así.

El silencio se instaló entre ambos, cayendo tan densa y pesadamente que de haber querido, Thor podría extender la mano y palpar la tensión. Maldijo en voz baja, considerando la propuesta de su hermano y al fin sacudiendo la cabeza negativamente. Balder se mostró impasible, pero en su mirada se entrevía la ira contenida.

—Traicionó mi confianza como tú dices, Balder —admitió, tirando de las riendas de Sleipnir, que bufó al instante—. Es justo y necesario que yo lo encuentre y traiga aquí. Si te atreves a meterte en mi camino, tendré que tomar medidas.

—¿A caso te estás escuchando, Thor? —Preguntó el otro—. ¡Loki nos ha separado! A nosotros, que somos hermanos de sangre…

—Oye, detente —interrumpió el rubio, levantando las cejas hasta que se perdían bajo los mechones dorados de su melena—. Que el único que ha optado por tomar distancia, eres tú. ¡Yo nunca te he visto actuar como mi hermano! —Hizo una pausa, aunque no meditó en absoluto sus palabras—. Loki y yo nos criamos juntos, jugamos juntos, peleamos juntos. Hay lazos más fuertes que el de la sangre.

Balder señaló a Thor con la punta de su espada.

—¿Eres consciente de que lo estás defendiendo? Pues entonces, ¿cómo esperas que me fíe de tus palabras, de que traerás ante la justicia a ese monstruo?

—Ese monstruo es mi hermano.

—Es adoptado —enfatizó Balder, sonriendo ladinamente y enfureciendo un poco más a Thor—. Y un psicópata. Anda, dime que tus palabras no son muestra clara de que tu corazón es débil en cuanto a Loki se refiere. Le tienes demasiado afecto; él te escupe en la cara y tú finges que no sucede nada.

—Le tengo el afecto necesario para comprender cuánto daño ha hecho a todos, y el justo para exigirle que responda por ello.

—Te mientes a ti mismo —señaló Balder, encogiéndose de hombros—. Pero te darás cuenta, tarde o temprano. —Miró al caballo—. Por otro lado —hizo una pausa, a lo que Thor se removió en su lugar, intranquilo debido a la ponzoña de sus ojos al contemplar a Sleipnir—, no permitiré que los daños se mantengan impunes; haré que desaparezca cada traición, cada mentira y rastro de ese imbécil. —Curvó los labios en una sonrisa escalofriante—. Dime, Thor, si acaso este bastardo tiene el suficiente raciocinio para entender que su propio padre será la causa de su muerte.

—No tocarás a Sleipnir.

—No. Al menos, no mientras tenga que llevarnos a Helheim. Servirá a los Aesir hasta el momento de su muerte, y descuida, eso es más pronto de lo que crees.

—¡Basta! —Gritó Thor—. Él entiende lo que…

Antes de poder decir nada, el caballo tiró de las riendas y agitó la cabeza de un lado a otro, encabritado y pateando sin control alguno ante la amenaza que representaban sus tíos. Balder retrocedió a la defensiva, en espera de la segura embestida que propinaría Sleipnir cuando se librará del agarre de Thor; eso claro, en dado caso de hacerlo.

El menor se aferró con fuerza a las riendas, levantando a Mjolnir con la mano, disponiéndose a golpearle. Lanzó un gruñido cuando una de las patas le golpeó la barbilla y otra el estómago. Para entonces, Balder ya estaba corriendo al encuentro del animal.

Thor frunció el ceño, consciente del brillo que refulgía en la espada de su hermano. Se tiró al suelo con fuerza, arrastrando la cabeza de Sleipnir justo a tiempo. Balder agitó la espada, trazando un arco mientras gritaba algo que ni siquiera se molestó en procesar, aliviado como estaba de no haber perdido la vida de Sleipnir. El mayor perdió pie entre su ataque y el movimiento precipitado con el que giró para volverse hacia su hermano, que ya se levantaba y blandía a Mjolnir, asestándole un golpe dirigido al mentón y que el otro apenas logró contener con la espada. Ambos lanzaron un gruñido al trabar las miradas —ahora— furibundas.

Tenían que calmarse, lo sabía muy bien. Alguien en su cabeza se lo repitió al menos tres veces, con la misma sobriedad que utilizaba Loki para razonar con él. Por tal motivo, no se sorprendió de identificar la voz de su hermano insistiendo en que lo escuchara justo ahora, como si estuviera a un lado. Sin embargo, Thor poseía poca o nula voluntad para no utilizar la violencia ahora, en especial cuando la ira le estallaba en su interior, bombeando la sangre que lo ensordecía pero que le hizo perfectamente consciente de que Sleipnir se ponía de pie y echaba a correr fuera del establo. Sin los guardias y libre del encantamiento que lo mantenía en el establo, así como gracias a su prodigiosa velocidad, podía dar por perdido al animal, y al mismo tiempo, despedirse de la oportunidad de encontrar a su hermano.

Como es obvio, sucumbir ante la perspectiva que se formaba al ver que el caballo se perdía por el umbral de la puerta, hizo que Thor no lograra mantener la calma. ¡Eso, un cuerno!

—¡Imbécil! —Bramó contra el primogénito de Odín, mientras le golpeaba con el puño libre justo en la nariz; la sintió y escuchó crujir, pero le tomó poca importancia. Se dio media vuelta y aprovechando que Balder caía de costado, aturdido por el daño, salió corriendo en pos de Sleipnir; no que tuviera la esperanza de alcanzarlo, pensó con sorna entretanto su pecho se oprimía a causa de una anticipada (pero justificada) sensación de pérdida—. ¡Sleipnir! ¡Vuelve, por favor!

Casi se resbala con los escombros de la puerta que hubiera derrumbado con anterioridad, y la única razón por la que no sucedió fue porque alcanzó a sostenerse de la pared. Lanzó un gemido al sentir cómo se doblaba el tobillo y dejó escapar el aire en una muestra de frustración e impotencia. Nadie más que Sleipnir lo podría llevar hasta Helheim, y ahora lo había perdido. Los sentimientos que se galopaban en su pecho le aturdían, logrando incluso que se le escapara lo más parecido a un sollozo como no lo había escuchado nunca de su parte, al menos que recordara.

El pánico, la rabia y el insoportable dolor al que se estaba sometiendo a causa de todos los sucesos, le agobiaban y Thor, el príncipe del Trueno, el hijo de Odín, el futuro rey de Asgard, no sabía qué hacer ahora.

Su carrera se detuvo precipitadamente y él se quedó cabizbajo, con los párpados apretados hasta que podía ver lucecitas de colores bailando. Se acabó. Si Thor no tenía la capacidad de salvar a su hermano, ¿cómo podía esperar ayudar a Asgard? Si no pudo hacer otra cosa aparte de ver cómo su padre moría y todo su mundo se desplomaba, ¿qué derecho tenía de convertirse en rey? Falló. Les falló a todos.

Y Balder quizá tenía razón. No quería ir por Loki para rescatar el honor de Odín, ni siquiera de su familia; sino que se trataba de un berrinche impulsado por el dolor de verse traicionado por una de las personas en las que siempre confió y a quien nunca dejó de querer, incluso ahora.

¿Era tan malo pedir una explicación? ¿Estaba prohibido desear que todo fuera un sueño? Eludía la realidad, lo sabía pero, ¿por qué no podía darse el lujo? ¡Loki era su hermano! Era su familia y había destruido todo… lo dejó solo, le quitó a su padre, a su mejor amiga, incluso a Balder. ¿Por qué lo hizo?

Apretó los puños hasta herirse las palmas y luego golpeó la pared. La guerra posiblemente se avecinaba y tal vez era egoísta centrarse en Loki, pero…

—Los mil rayos —susurró con apenas fuerzas, escupiendo las palabras. Levantó la cabeza y se encontró con un largo pasillo solitario. Sintió un retortijón en el estómago—. ¡Maldita sea!

No debió amenazar a Sleipnir; parte de él no quería hacerle daño. De la misma manera, dudaba de sí mismo y su obligación de hacer pagar a Loki. Le guardaba demasiado aprecio y era fácil engatusarlo… siempre lo fue. No era un digno rey sino podía ver más allá de sus propios sentimientos. Él recurría al primer impulso.

Una risa amarga salió de sus labios, impulsada por el punzante dolor en la boca del estómago; no sería un buen rey. A pesar de que pregonara todo el tiempo "cuando yo sea el rey…", nunca se sintió seguro de obtener algo así…porque durante mucho tiempo, siempre creyó que Loki tenía más posibilidad. Porque Loki era más sabio y Balder más fuerte. ¿Qué tendría él para que Odín le escogiera?**

De acuerdo, Loki era un jotun. En teoría, él jamás podría haber ocupado ese lugar como heredero, aunque confiaba que su padre lo trataba con igualdad y quizá hubiera tenido la misma probabilidad… ¿cierto?

Una imagen explotó en su cabeza y encubrió todas las demás que se disparaban como flashazos en su mente: La ceremonia del cometa Yggdrasil, la mirada de Frigga y el susurro que le dirigía a un guardia mientras le pedía buscar al menor, porque la ceremonia no puede empezar sino están todos los de la familia. Pero empezó…sin Loki.

Sacudió la cabeza. Seguramente se trataba de un error; en la ceremonia ya no se podían retrasar más.

Pateó del suelo una piedra invisible, entre enfurecido y triste por haber perdido a Sleipnir y preguntándose cómo encararía a los midgardianos cuando fuera a decirles lo sucedido.

Y entonces escuchó el trotar de un caballo. Abrió los ojos de par en par al ver que Sleipnir caminaba hacia él, tranquilo y apacible como siempre que era montado por Odín. A su lado estaba Sigyn, dedicándole una suave y cordial sonrisa. El pasmo le hizo abrir y cerrar la boca, incrédulo. Siempre había encontrado a la joven encantadora e incluso admitía haber tratado de coquetearle cuando aparecía por los jardines para mirar el entrenamiento que llevaba a cabo con sus amigos —y de vez en cuando con Loki, aunque era más común que éste se sentara en algún sitio a leer—, pero ahora le sorprendía tenerla frente y encima con su sobrino, con un sentido de la oportunidad impecable. Le echó un descarado vistazo, de arriba abajo.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Fue lo único que atinó a preguntar y poco después se ruborizó, por su actitud tan poco cortés. No obstante, la chica le dirigió una mirada divertida y afable.

—Me he encontrado con él huyendo a todo galope mientras subía a mis aposentos —respondió, sin hacerlo esperar demasiado y señalando a Sleipnir, que ahora parecía tan dócil como un conejo y observaba a Thor con indiferencia y calma—. Le he lanzado un hechizo tranquilizante —le palmeó el lomo y le dirigió una mirada acusadora—. Al parecer, le inquietaba lo que usted y su hermano, el príncipe Balder, podrían llegar a hacerle.

Las mejillas de Thor ardieron un poco más antes de volver la cabeza hacia atrás. Ante la mención de su hermano, no sabía si sentirse enfurecido o extrañado por su ausencia luego de que —casi— lo hubiera fastidiado todo. Al menos, apareció esta chica.

—¿Sucedió algo? —Preguntó Sigyn, mostrándose preocupada. Thor negó con la cabeza y luego estiró la mano hacia ella, para que le pasara las riendas. Ella no pareció del todo segura cuando obedeció, pero no lo dio a conocer en ningún momento—. Sire, lamento mucho lo que ha sucedido con su familia —añadió, inclinando la cabeza. Thor arrugó la nariz y bufó.

—El mundo se está volviendo loco.

—Ya lo creo —asintió la joven, echándole una mirada a Sleipnir—. Es una criatura hermosa.

—Oh, lo es —coincidió Thor, pero ocultando cierto tono ponzoñoso—. Cuando está tranquilo —se encogió de hombros—. Muchas gracias por tu ayuda, Sigyn.

—Estoy para servirle —concedió la joven, inclinándose—. ¿Alteza?

—¿Sí?

—Creo que sería un buen momento para avisarle que los midgardianos nos estarán esperando en el Bifrost.

Thor frunció el ceño.

—¿Qué? —Preguntó, aturdido. Sigyn se acercó y lo miró directo a los ojos.

—Mi intención es ir con ustedes —explicó y luego dirigió una mirada a Sleipnir, sonriendo levemente—. No está en absoluto de acuerdo con lo que sucederá y si se rompe el hechizo que he puesto sobre él, únicamente escapará sin la posibilidad de que hagan algo. Estoy segura, que no le gustaría que eso pasara.

—¿Me estás amenazando? ¡No olvides con quién estás hablando!

—Estoy hablando con Thor Odinson —dijo ella, escueta y educadamente—. Un hombre que quiere, más que nada, encontrar a su hermano.

0*0*0

Loki no deseaba entrar nuevamente a su cabina, así que de momento, se contentó con aceptar la propuesta de Steve para sentarse sobre la cama donde hace un rato el midgardiano hubiera estado acostado, quizá durmiendo plácidamente antes de escucharle gritar y salir a su encuentro. Siguiendo los pasos del rubio, entró con parsimonia a la sencilla habitación, que no difería mucho de la suya y que aun así, le pareció rebosante de una energía más acogedora.

Observó detenidamente a Steve, que se apresuraba a estirar las colchas y murmurar cosas ininteligibles que, a seguro, tendrían que ser disculpas por el —supuesto— caos. El moreno debió sonreír ante esto, pero tuvo que descomponer la mueca divertida justo al tiempo de que el otro se volviera sobre sus tobillos y frotara las palmas contra las piernas, igual que si estuviera nervioso. Loki encogió los hombros mientras caminaba hacia la cama y se sentaba en ella, ignorando los despliegues en la ropa de cama. Dedicó una diminuta sonrisa al rubio y éste, correspondió a ella de forma inquieta; el asgardiano consideró haber realizado un intento realmente malo de aliviar su tensión, por lo que borró lentamente el gesto, esperando en silencio quién sabe qué cosa.

Pasaron los minutos, en los que únicamente se rompía el silencio cada vez que Steve cambiaba su peso de uno a otro pie. Cansado de esto, Loki se enderezó y se dispuso a trabar conversación.

—Así que —empezó con cierto humor impaciente, realizando una pausa corta antes de continuar—, ¿cuál es el papel que desempeñas en Midgard, además de soldado, cocinero y fugitivo?

—Ninguno más —respondió Steve, soltando el aire en una especie de risa—. Bueno, a veces soy como un guardaespaldas o algo así; no estoy muy seguro porque, se encargan de decirme que es inútil que me esfuerce en ello.

—¿Cuesta mucho dar la vida por desconocidos? —Aventuró, a lo que el rubio negó con la cabeza; algo en ese simple movimiento, que no destilaba para nada presunción, hizo que Loki se sintiera un tanto estúpido una vez que recordó lo que ese (extraño) chico hacía por otros casi sin pensar…, más bien, sin pensar—. Bueno, olvídalo —agregó entonces, sin esconder el tono jovial—; he dejado pasar con quién me encuentro.

—¿Con alguien que sin lugar a dudas, desea que alguien le dé una lección a su "protegido"? —Bromeó. Loki arqueó una ceja.

—¿Tan malo es?

—Se trata de mi mejor amigo, pero suele ser un verdadero idiota —contestó, al parecer aflojando un poco la lengua y distendiendo los músculos—. La mayor parte del tiempo me sorprende que él mismo pueda encontrar la manera de ponerse de pie; es un desastre.

—Sé qué es lidiar con alguien así —convino, arrugando el ceño cuando notó que Steven todavía se mantenía en pie, un tanto lejos de su persona—. Te compadezco por eso. —Le echó una mirada dubitativa al joven y dejó que el silencio sobreviniera antes de pensar en decir algo más—: Pero darías la vida por él —aseveró, contundente. Steve se ruborizó y asintió una vez.

—Por cualquiera de mis seres amados —admitió. Los ojos de Loki se oscurecieron un segundo antes de que recuperara la compostura, pero el rubio pareció no atender al asunto (no que le molestara en absoluto)—. Nunca he imaginado alguna otra manera en la que me gustaría morir.

—¿Incluso aunque te torturaran horas (o días) antes de encontrar el final? —Cuestionó, y aun a pesar de cómo se arrugaba su nariz con desagrado, parecía interesado en la respuesta. Steve no lo pensó y asintió de inmediato. Loki no pudo sino arquear aún más las cejas—. Esperemos que nunca tengas que verte en esas condiciones.

—¡Te escuchen! —exclamó Steve con una voz ligeramente decaída. Tenía la vista fija en un punto en la nada, lejos de la cara del asgardiano, que se preguntó si acaso habría pensado en voz alta. Por cualquier cosa, se mantuvo en silencio hasta que el rubio se rascó la nuca distraídamente y sonrió; aunque parecía divertido, una sombra bailaba en su mueca—. Es decir, no me arrepiento…

—¿Es a tu novia a la que quieres salvar? —Preguntó Loki, interrumpiendo abruptamente. Al momento, los hombros del rubio se tensaron y se puso lívido—. Bueno, estoy haciendo suposiciones. No es tampoco, como si te vieras en la penosa obligación de responderme.

—Ella y yo no tenemos esa clase de relación —murmuró en su lugar el de ojos azules, captando la atención del asgardiano al momento. Sin embargo, cuando Loki hubo fijado la mirada en su persona, éste la volvió hacia otro lado—. Es algo… imposible.

—¿Por qué? —Se interesó el moreno, no importándole si acaso se vería demasiado entrometido; parte de causar dolor a la gente es que alivia un poco el interno, caviló mentalmente—. ¿Está casada? Porque si no es así —añadió, asaltado por las repentinas ganas de menguar un poco la fuerza de sus (desvergonzadas) preguntas—, no veo por qué estaría fuera de tu alcance.

El menor esperó bastante tiempo para responder. Ya entonces, había jalado una especie de baúl y se dejaba caer pesadamente. Loki seguía sus movimientos, como si no hubiera encontrado jamás en su vida nada tan fascinante. Tal vez era el caso, tuvo que admitir a regañadientes. Steve era el tipo de chico que indudablemente todas las damas voltean a ver; un rompecorazones que tenía un alma demasiado buena. Pocas veces en la vida del Universo, tendría que encontrarse algo así.

Miró atentamente la forma de su rostro, siguiendo una línea imaginaria que iba trazando un camino desde las finas hebras doradas hasta el bien formado cuerpo del otro. Un vistazo rápido y Loki pensó que lo único que podría competir con la pureza de su alma era la belleza de su cuerpo.

—Está enamorada de alguien a quien estimo mucho —explicó con desaire el rubio, rompiendo con las ensoñaciones de Loki, quien fijó su atención en los hombros caídos del otro mientras se alzaban en un gesto exhausto que pareció terminar con todas sus fuerzas—. Yo me alegro de verlos juntos y contribuir con su felicidad.

La expresión del jotun fue quizá, demasiado estupefacta. No tuvo reparos en abrir la boca y los ojos de par en par, tratando de hilar esa satisfacción personal en Steven con algo que al mismo tiempo debía producirle mucho daño; una satisfacción o demasiado noble o demasiado estúpida.

—¿De acuerdo? —murmuró, alargando las palabras y haciendo énfasis en ambas—. ¿Y si esa chica tiene a alguien consigo… por qué eres tú el que se arriesga en su nombre? ¿No te parece un poco absurdo?

—Tal vez lo sea —admitió, rascándose la nuca de nuevo—. Pero a fin de cuentas, es mi decisión —no se había escuchado molesto u ofendido por su comentario, únicamente establecía un hecho, de esa forma sincera y concisa que parecía tan propia de aquel humano. Loki se quedó pensativo.

—¿Cómo se llaman?

—¿Ah? —Exclamó el rubio, pillado por sorpresa, dando la sensación de que el asgardiano hablaba en otro idioma. Tardó pocos segundos en hilar un pensamiento con otro y apresurarse a contestar—: Son Bucky y Peggy. —Al decir el nombre de la última, las mejillas se le arrebolaron en un gesto que, si debía ser sincero, encontró casi adorable. Casi.

Loki se cruzó de piernas, apoyando el codo en la rodilla y la cabeza en su mano, esbozando una expresión entretenida.

—Ella debe ser muy bonita, ¿cierto? —Steven apartó la mirada en vez de contestar, emitiendo un ruidito ahogado que quizá, hubiera sido un quedo "sí" —. ¿Y sabe lo que estás a punto de hacer?

Steve se encogió de hombros.

—¿Por qué debería de saberlo? —Murmuró con apenas fuerzas y le siguió el silencio durante varios minutos. Loki sintió que algo en su interior se removía incómodo y mejor decidió cambiar de tema; sobra decir que el rubio también pareció aliviarse.

—Conozco mucho acerca de Midgard debido a los libros que he leído —confesó con un gesto despreocupado y seguidamente poniendo los ojos en blanco—, sin embargo, Asgard jamás ha dejado de minimizarlos pese a que en ambos reinos habitan humanos. Dime, ¿cómo es el lugar?

Steve abrió y cerró la boca sin articular palabra, aunque luego le dedicó una sonrisa divertida.

—Es mucho menos hermoso que Asgard, eso sí lo puedo asegurar —contestó, encogiéndose de hombros. Loki se inclinó hacia delante, atento a sus palabras e invitándolo a añadir algo más—. El nombre que nos ofrecen los otros reinos (Espejo de Yggdrasil), creo que nos viene muy bien porque con la nueva estructura del palacio y el material con el que fue construido, refleja las montañas que le rodean. Muchos de los comerciantes dicen que se confunde con la naturaleza —le ofreció una sonrisa apenas perceptible—. Aunque a lo largo de este ciento de años hemos reubicado el palacio en una especie de islote, cerca de una cascada, conservamos los cimientos que algún día se resguardaban en el interior de las montañas.

Loki arqueó las cejas, sonriendo con cierto desdén, aunque por supuesto que no contra el joven rubio.

—¿Como los enanos?

Steve, que pareció notar que nombrarlos no le hacía la menor gracia, asintió lentamente.

—En efecto —contestó, encogiéndose de hombros como quien no quiere la cosa—. Antes de que se forjara Midgard, ellos vivían prácticamente ahí.

—¿Hay quienes viven todavía dentro de las montañas? —Cuestionó, indiferente. El rubio sacudió la cabeza de forma negativa.

—Es más bien usado como refugio —anotó—. Durante las guerras de hace cuatrocientos años, sirvieron como fortaleza y a veces se utiliza como tal.

Loki se sintió remotamente interesado por lo que el joven le estaba diciendo, así que continuo preguntando algunas cosas y dejando que Rogers le hablara sobre los animales, los paisajes o las estaciones y las maravillas de cada uno. Saltaba a la vista que Steve gustaba principalmente de la primavera —aunque aclaraba que las otras no le molestaban en absoluto—, pues hablaba en gran medida de los animales que salían de sus madrigueras y los árboles repletos de frutos jugosos, la vida y el color con los que la naturaleza misma dejaba una marca o firma, igual que lo haría el artista.

Hablaron de la comida y la música que existía ahí; Steve le preguntó también acerca de lo que le gustaba o no de Asgard —por supuesto, había obtenido respuestas muy cortantes o escuetas—. En algún momento incluso se mencionaron a los padres del rubio y éste se quedó un largo rato hablándole acerca de las noches en que, cuando pequeño, se sentaban juntos cerca de la chimenea, para que el hombre les contara aventuras que oía de los comerciantes. Oír la fascinación de Rogers en su voz, le traía a la mente una imagen de un niño desgarbado, con las piernas encogidas sobre el pecho y una mirada y sonrisas expectantes, brillando de emoción por escuchar aquellos relatos.

—Tú amas Midgard, ¿cierto? —Preguntó en algún momento, un par de horas después de escuchar hablar al otro con gran elocuencia y un entusiasmo que refulgía en su mirada pueril—. Debe ser un lugar maravilloso.

—Bueno, admito que amo mi tierra y haría cualquier cosa por defenderla —aceptó—, pero soy consciente de que en comparación con ciertas cosas, Midgard está atrasada. Gracias a Tony manejamos cosas que nos facilitan la vida, pero… —en este punto, desvió la mirada. Loki arqueó las cejas.

—Pero prefieres vivir como antes —aventuró. Steve no tardó mucho en torcer la boca, aún reflexionando acerca de la que pudiera ser su respuesta.

—Hay algo especial en la sencillez que yo prefiero, siendo sincero. Ahora hay muchas cosas que no entiendo y me cuestan trabajo manejarlas del todo.

—¿Cómo qué?

Steven se mordió el labio inferior antes de hablar.

—Mi escudo, por ejemplo —dijo—. Es cierto que es mucho más fácil llevarle ahora, pero siempre tengo que estar revisando que no se haya caído y ni cuenta me dé. —Se frotó las manos contra las piernas, en un gesto nervioso—. Aunque debo al padre de Tony que construyera algo igual para mí. Es útil y bueno saber que, de necesitarlo, mi escudo estará ahí.

—Estoy de acuerdo —respondió Loki, cuando la imagen del ataque a Asgard acudió a su mente como un flash. Como darle las gracias por ese momento le parecía absurdo a estas alturas, decidió cambiar nuevamente el tema—: Te escucho mencionar bastante a ese tal Stark. ¿Qué papel juega en Midgard?

—Se llama a sí mismo ingeniero —respondió con inseguridad. Loki arqueó una ceja.

—¿Qué se supone que significa eso?

—No tengo muy en claro de qué se trata —admitió Steve, balanceando la cabeza y obviando que la palabra también le parecía extraña. Loki pestañeó con rapidez, abriendo y cerrando la boca, como si fuera a señalar un punto importante pero que se le escapaba cuál—. La verdad, es una palabra inventada por él, pero estoy seguro de que tiene que ver con los conocimientos y técnicas para la creación de estructuras y algunas tecnologías.

—¿Tecnologías? —Repitió el príncipe, sintiéndose repentinamente ignorante. Steven dejó escapar una risa.

—Ni la más remota idea —señaló, ruborizado. Loki se inclinó un poco más.

—¿Me estás diciendo que, aun viviendo en Midgard y experimentando todas esas cosas nuevas que los tuyos están creando, las desconoces del todo?

—Me interesa muy poco versarme en esos asuntos —explicó, encogiéndose de hombros—. ¿Sabe, Alteza? —Dejó pasar por alto la mirada inquisitiva del moreno ante el honorífico—. Cuando era pequeño, solían contarme de las épocas antiguas y siempre me tenían atrapado: Dragones, unicornios, magia y demás criaturas o aventuras fantásticas. De alguna manera, me encantaría poder revivir un poco de esos días en los que bastaba en confiar que estrellas fugaces podían cumplir tus sueños o… como lo llamaría la mayoría de mis amigos —agregó con un mohín de la nariz, igual que lo haría un pequeño ratón—: Polvos de hada, para volar.

—Entonces, tú sientes un poco de fascinación hacia la magia —musitó el príncipe, divertido—. Eres como un niño todavía, Rogers. —Bajó la mirada y soltó un resoplido antes de chasquear la lengua—. En Asgard hay pocas personas que piensan en la magia como algo además de…trucos baratos que utilizan los cobardes. Son artimañas que no tienen valor y sus usuarios somos comúnmente ridiculizados porque preferimos llevar a cabo la agilidad de la mente y no la fuerza bruta con la espada. Por supuesto, es curioso cómo teniendo este pensamiento, esa gente —sonó muy despectivo en estas dos últimas palabras— suele hacer gala de un sentido de la oportunidad impecable, y cuando mejor les conviene, recurren a los hechiceros para que les hagan de todo.

Steve lo miraba atentamente y Loki se regañó por su comentario tan lleno de amargura latente. Maldijo por lo bajo y se encogió de hombros, disque restándole importancia.

—Pero se debe estudiar mucho para aprenderla, ¿no es verdad? —Preguntó Steve, interesado—. Se debe llevar a cabo una práctica, justo como con cualquier arte (ya sea de la guerra o la estética). Y solo unos pocos consiguen equilibrar su energía de manera correcta.

—La magia está dentro de todos —sentenció él con parsimonia, un tanto inquieto por la expresión del rubio—. Pero es cierto que solo unos pocos conseguimos… darle un uso considerable.

Steve asintió, como un alumno. Loki suspiró antes de ponerse de pie e indicarle hacer lo mismo; una vez que estuvieron parados, el moreno se le acercó con elegancia y le puso un dedo sobre la frente, apenas rozándole la piel. Empero, el joven rubio se tensó de pies a cabeza, igual que si hubiera usado el poder de los jotun con él. Casi se sonríe por el pensamiento, pero a decir verdad, le desagradaba ver ese tipo de reacción. Quizá había pecado de ingenuo al creer que éste chico era diferente a los demás y que sin más, aceptaría un contacto igual.

Un segundo después, Loki juntó las cejas al ver el notable rubor de Steve, el cual por supuesto, intentaba esconder con una especie de encogimiento en su lugar, sonriendo tímidamente.

No comentó nada, ni tampoco separó la mano de él. Como había sucedido con anterioridad, Rogers únicamente cerró sus ojos, dejando que el contacto con el otro se hiciera, sin rechistar.

De cualquier modo, Loki subió el dedo hasta arriba de la coronilla, donde la cabeza de Steve terminaba.

—De acuerdo a la visión de los Antiguos, el cuerpo humano funciona como una especie de punto central que influye directamente en (lo que llamaríamos si así gustas) la energía de la naturaleza. Cuando el cerebro se libera o se expande —añadió, formando un círculo en el aire sobre la cabeza de Steve, trazando una especie de una aureola—, y alcanza el cénit de la concentración, el entorno responde y se afecta o transforma a la voluntad del hechicero. Aquí es donde entra el Pensamiento Mágico, que ofrece la capacidad de percibir y efectuar alteraciones físicas o psíquicas de cualquier índole. —Hizo una pausa—. No obstante, algo que jamás debes olvidar, es que necesita existir una comunión entre la energía de nuestro interior y la del exterior. Es importante la meditación y una práctica extenuante de ejercicios mentales (y a veces incluso físicos) para encontrar esa conexión con el mundo. Claro, todos los secretos son desvelados por un maestro, aunque existen magos que jamás precisaron de uno.

Steve se mordió el labio, al parecer tratando de asimilar la información. Loki dejó caer el brazo en su lugar, pero casi de inmediato, caminó rodeando a Steve sin apartar los ojos de su figura todavía encogida, igual que un felino acechando su presa. El rubio apenas pareció reparar en el detalle segundos después y le siguió atentamente con la mirada, más fascinado que antes con la idea de la magia, si es que eso era posible.

—¿Hay muchos magos en Asgard? —Preguntó al fin.

—Menos de los que me gustaría y todavía menos con los que valga la pena hablar —respondió de inmediato, deteniéndose a las espaldas de Steve. Éste parecía entender la orden silenciosa que le indicaba quedarse plantado donde estaba, sin siquiera volverse sobre sus talones. Loki puso las manos en sus mejillas, obligándolo a mirar hacia delante; pudo sentir la frigidez repentina del otro, aunque se limitó a ignorarla—. Si alguien te hubiera instruido en esas artes, es posible que hubieras sido un buen hechicero —aseveró el moreno, soltando el aire en una especie de suspiro que cuando golpeó la nuca de Steve, le provocó al soldado un estremecimiento—. Sin embargo, tu energía está muy dispersa ahora.

—¿Dispersa? —Repitió Steve, con la voz convertida apenas en un murmullo ronco; se apresuró a carraspear—. ¿Eso es malo?

—Ni es malo ni es bueno —contestó, separando apenas los dedos de aquella piel tan cálida—. Es lo…normal.

Steve soltó un resoplido, casi ofendido.

—Lamento si no estoy muy capacitado —murmuró con el ceño fruncido. A pesar de ello, cuando volvió la mirada sobre los hombros, e incluso con el gesto contraído en la sonrisa, sus ojos azules parecían sonreírle—. Desgraciadamente, en Midgard se valora poco esos asuntos. Los conocedores de la magia se niegan a hablarnos mucho sobre ella; se limitan a presumir sus habilidades. Eso generó la creencia de que los hechiceros invocaban entidades peligrosas o negativas.

—Y se les dio caza (tanto a brujos, como documentos e inocentes), hasta extinguir toda posibilidad de recuperar los conocimientos —agregó él, con un tono ponzoñoso—. Ya lo sé; he leído esa pequeña transición en la historia de Midgard, en la que se prendía fuego a una hoguera y que arrojaban ahí a los paganos —suspiró—. Por eso mismo, no me gusta tu tierra natal. Son bastante cerrados —luego de que dijera eso, una especie de sonrisa maliciosa asomó en su rostro—. Pero, qué va, no estaban lejos de la verdad: Sí se invoca una entidad (puede ser buena o mala), y tratamos de convencerla de que nos muestren el camino. Nuestras invocaciones se convierten en los maestros —se encogió de hombros—, pero el conocimiento requiere no solo de sacrificios propios, sino también de un juramento.

—¿Qué clase de juramento?

—Los hechiceros prometemos nunca hablar acerca de los conocimientos que poseemos, a menos que sea a un discípulo; única y exclusivamente a éste. Y, no podemos escoger a nadie que no sea digno del saber.

Loki casi se lanza una carcajada cuando observa la mueca angustiada del rubio.

—¡Pero me estás hablando de ella! ¿Qué va a pasarte? —Exclamó. Olviden el "casi", pues sin poder contenerlo más tiempo, el moreno lanzó una risa divertida que hizo al otro imitar a la perfección aquella mueca reprochadora y molesta incluso, como la que hiciera cuando estaban en la cubierta (hace lo que parecía una eternidad)—. No. Es. Gracioso. —Enfatizó éste mientras la risa del asgardiano subía y bajaba, un tanto descontrolada. Al fin, cuando logró calmarse, le dolía la garganta; era extraño, pero aunque muchos decían que al reír era su estómago el que sufría, a él le sucedía con la garganta, como si su voz no terminará de acostumbrarse a emitir esos ruidos.

—Bueno, primero que nada, yo jamás hice ningún juramento porque nunca invoqué a un maestro —señaló entonces—. Y segundo, estoy seguro que de haber tenido uno, sería estúpido que se enojara por decirte las cosas más elementales y básicas, que a ser sincero, deberían de estar en boca de todos. —La sonrisa se le borró—. Eso no habla muy bien de tu gente.

—Mi gente no tiene nada de malo —defendió, con las mejillas nuevamente arreboladas. Loki se encogió de hombros. El silencio se abalanzó sobre ellos un momento, hasta que el rubio decidió pasar por alto los últimos segundos—. Has dicho que hay pocos magos en Asgard —Loki asintió ante el mutismo que los volvió a sumir, invitándolo a continuar—, por lo que no me explico del todo qué te impulso a sentirte atraído por ella. Debiste tener algún incentivo.

Steve dejó entre ellos las palabras, flotando en el aire y haciéndole una pregunta que si era sincero, lo puso a reflexionar.

Loki siempre prefirió los libros a las personas, así que utilizaba todo su tiempo libre en la biblioteca del palacio. Seguramente se habría encontrado con algún texto que le llevó a pensar que la magia era lo suyo. O quizá el interés fue parte de una búsqueda desesperada por dar con algo que pudiera hacer bien y que sustituyera el hecho de que era casi un incompetente con las peleas cuerpo a cuerpo; ¡atención! No que fuera incapaz de defenderse a sí mismo cuando la situación lo meritaba, pero a diferencia de sus hermanos y "amigos" —nunca le gustó del todo hablar así de los seguidores de Thor—, no se sentía remotamente emocionado por rebanar los cuerpos de los enemigos y mancharse de sangre, o ponerse en peligro de tal manera que únicamente lograba mover su cuerpo gracias a la adrenalina y el miedo a morir…porque lo tenía; a Loki le aterraba la idea de perecer.

Su mirada se perdió en la lejanía, no sabiendo muy bien cómo responder a esos pensamientos sombríos que solo le recordaban que nunca encajó en ese mundo de esplendor, valentía y grandeza. Él era —solamente— Loki, y estaba condenado a vagar en un sendero de mentiras que se tejían como telarañas a su alrededor. No tenía un nombre verdadero, ni un hogar… su única certeza es que estaba solo, y que no podía confiar en nadie, ya que dar a torcer el brazo le costaría la vida o los escasos placeres que ésta misma le permitía.

—Lo siento —dijo Steve, rompiendo con sus cavilaciones—. Es decir, si he preguntado por algo que no debía.

El asgardiano puso los ojos en blanco, obviando que Rogers estaba disculpándose de nuevo innecesariamente y que, por su parte, deseaba cumplir la amenaza que dictó antes. No lo hizo porque el chico realmente parecía arrepentido de algo que no era su culpa. Todavía un poco irritado —y otro tanto enternecido, ¿por qué mentir?—, decidió responder con lo primero que viniera a sus labios, pus tal vez sería lo más verdadero que conseguiría.

—Intentaba recordar qué fue. —Hizo una pausa, de pronto considerando inventar una historia acerca de algún encuentro con un mago que dejará asombrado al rubio. No tenía muy en claro si intentaba entretenerse o porque detestaba dejar al descubierto esa parte suya que no encajaba y a veces, le dejaba cierta vergüenza y odio en la garganta; la magia era lo único que hacía bien, pero que en un sitio como Asgard, era algo tan burdo como aplaudir—. Me parece que me complementa. Lo supe desde el primer momento en que leí una historia fantástica o los pergaminos antiguos. Puedes decir que siempre estuvo conmigo en las mejores y las peores.

—Hablas de ella como si estuviera viva —comentó Steve, y aunque cualquiera podría habérselo dicho con cinismo y burla, en el de ojos azules sonaba tan natural como decir que el sol calienta; establecía un hecho, y si bien sus palabras no llegaban a afiliarse del todo con la idea, albergaban la oportunidad de que Loki asintiera y nadie se riera en su cara—. Igual que una amiga que conoces desde hace mucho tiempo.

El moreno estuvo a punto de enfurruñarse, o incluso, de que las mejillas se arrebolaran bajo el efecto de sus palabras. En esos ojos había un brillo expectante, que le hacía sentir azorado por alguna razón. Loki se dio cuenta en pleno instante, que no va a negar que considera la magia como su —única— amiga.

—¿Tienes algo en contra de ello, Rogers? —Preguntó, escupiendo la oración entre dientes. Steve negó con la cabeza tan rápido como asimiló del todo lo dicho por el príncipe.

—Hay ocasiones en que siento lo mismo por mi escudo —alegó, serio.

—Ya. —Le restó importancia con un ademán, añadiéndose mentalmente—: Pero tú tienes el hombro de una persona dónde apoyarte el día que el escudo te falte.

Cuánta envidia le daba Steven.

Si alguien se tomará la molestia de preguntarle si deseaba ser alguien más, Loki tendría que admitir que sí, deseaba ser cualquiera menos él***. Quería tener una familia, anhelaba más que nada ser amado y encontrar la felicidad que el destino se empecinó a negarle en el pasado, en el presente y en el futuro. Que ya no le arrebataran la esperanza y lo desterraran en un abismo solitario donde por más que gritara, nadie lo iba a escuchar. Loki quería encajar en un sitio y demostrarles a todos su valía.

Por mucho tiempo, cuando no lograba defenderse con la espada, pensó que la magia sería la forma de que todos se dieran cuenta de que podía hacer grandes cosas; que su inteligencia lo dotaría de un lugar prestigiado entre los más sabios consejeros del reino; que su ingenio para engañar y que traía a Asgard muchos de sus tesoros más invaluables, harían que Odín le pusiera una mano en su hombro y le sonriera, orgulloso. Pero se equivocó. La magia era un juego de niños —nada más alejado de la realidad—, su inteligencia era más bien de un ente "travieso y cubierto de caos", el ingenio que poseía y su gran habilidad en el habla era tan bueno que no se podía confiar en él… de un gran mentiroso como él, ¿Quién podría fiarse?

Loki envidiaba a todos, pensó con amargura, porque ellos tenían alguien a quien recurrir.

Un día, recordó entonces, Sif le había echado en cara que no podría entender jamás el sentido de la honestidad, la lealtad y el bien en general. Loki jamás contestó a eso, pues hubo un tiempo en que también lo creyó, pero ahora se daba cuenta de que nunca tuvo a quién ofrecerle eso realmente, nadie que reconociera su presencia como algo además de una sombra. Si bien podría jurar, incluso ahora, que su amor le perteneció mucho tiempo a Thor, Frigga y Odín, ahora que estaba solo, se daba cuenta de que no era muy diferente a no haberlos tenido nunca cerca. De hecho, en aquel destierro existía el mismo sentimiento conciliador que tuvo hace años, mientras veía en el espejo a aquel monstruo.

—Es en serio —dijo Steve, trayéndolo de nuevo a la realidad—. A mi escudo le debo la vida muchas veces.

—Tú si estás hablando como si fuera algo vivo —señaló, arqueando las cejas. El rubio se encogió de hombros.

—Supongo. —Admitió con la voz convertida en apenas un murmullo—. Pero es la verdad...que me ha salvado infinidades de veces, quiero decir.

El moreno hizo una mueca antes de volverse hacia la cama y sentarse nuevamente; ésta rechinó, por lo que Loki miró hacia las colchas con un mohín, observándolas como si fueran la cosa más interesante del planeta con la que se hubieran topado sus ojos, aunque a decir verdad (y reiterando), Steven tenía el derecho para llevarse el título.

Por poco sacude la cabeza de un lado a otro, pero se limitó a mirar hacia la ventana de la cabina, entreteniéndose al mismo tiempo en coger la esquina de la cobija y juguetear con ella con los dedos, únicamente para tener algo que hacer con ellos.

—¿Cuáles son las cosas que encuentras especiales? —Preguntó sin apenas darse cuenta de que sus labios se movían para articular las palabras. Steve, por supuesto, tardó en darse cuenta de que Loki intentaba eludir la conversación—. ¿Hum?

—Pues —dijo, apoyando su peso en un pie—, me gusta mirar el cielo estrellado y leer. Pero, encima de casi cualquier cosa, dibujar.

—Así que el soldado también es un artista. No lo mencionaste cuando te pregunte.

Steve se encogió en su lugar y se rascó la nuca, apartando la vista.

—No soy ningún artista. Apenas puedo hacerlo bien… aunque intento mejorar. Siempre que puedo, trato de practicar.

—¿Y qué dibujas?

—Cualquier cosa —respondió luego de pensarlo unos segundos—. Pero me inclino por los retratos… y a veces, los sueños. —De lo último casi se podía apostar que no esperaba ser escuchado, pensó Loki—. La verdad, el simple hecho de coger un lápiz me pone de mejor humor. Es como si el rasgueo de la punta se convirtiera en una música personal que habla acerca de mis… emociones. Me hace sentir liberado.

—Linda forma de describir lo que te apasiona —subrayó.

—¿Sí? —Loki asintió—. Vaya, gracias… creo.

—¿Y por qué, si te sientes así con respecto a la pintura, eres un soldado?

—Conocí a Peggy de esa forma —explicó Steve, e inmediatamente, el gesto jovial de Loki se borró (a saber por qué); sim embargo, al contrario que antes, el rubio no pareció notar el repentino cambio de humor que sufrió el otro y que se esforzó por controlar, ya que era algo sinsentido

—¿En serio? —El otro asintió—. ¿Cómo… cómo fue? —Se dio cuenta enseguida: El interés que ponía sobre Steven eran un completo y rotundo error. La pagaría caro de seguir así, pero confiaba en su sentido de supervivencia.

—Cuando era más joven tendía a ser muy enfermizo, flaco como una escoba, débil como el cristal y tan torpe que apenas podía dar cuatro pasos seguros —en este punto, el jotun pudo notar que se sentía avergonzado de admitirlo en voz alta—, pero cuando me topaba con un bravucón que golpeaba a alguien o un ladrón, siempre me lanzaba a la defensa de su víctima. Uno de esos días, un sujeto me metió una paliza de lo lindo —agregó con una mirada llena de nostalgia—, y termine tan mal que debí ir con el médico. Peggy era su asistente y me atendió; al preguntarme qué me había sucedido, se lo expliqué y con una sonrisa, ella me dijo que Midgard necesitaba a más gente como yo. Así que, heme ahí como soldado.

—Así que eras muy diferente a lo que veo ahora, al menos en lo físico.

—En efecto. Las chicas solían rehuirme, y también todo cuanto se refería al deporte o la lucha. Si he de ser sincero, creo que parte de mis dotes artísticas se perfeccionaron debido a ello.

Loki trató de no sentir una pizca de empatía, calzándose en los zapatos de alguien como Steve, que a pesar de todo era muy, muy diferente a él. Nada en ellos cuadraba, eran polos opuestos que ahora se encontraban ligados como las dos caras de la moneda, al mismo tiempo independientes el uno del otro, pues Loki tenía muy en claro cómo terminaría esto y no se disponía a caer cuando entregara al rubio con Hela.

¡Ahora mismo debía salir de ese cuarto!

Qué molesta voz le gritaba aquello tan cierto, pero que sin embargo, decidió ignorar, tentando demasiado la suerte y a su corazón roto que intentaba encontrar la razón por la que se aferraba a la vida. No que esperara encontrarla en Steven, pero al menos podía darse una idea de por qué la gente normal era capaz de dar un salto de fe y decir que valía la pena.

—¿Es hermosa?

—¿Ah? —El chico pestañeó, como si despertase de un profundo letargo—. Claro, lo es. —El esperado rubor apareció—. Es… tan delicada y bella —murmuró segundos después, con la mirada perdida en la nada, acaso recordando el rostro de su amada—, pero hay muchas chicas hermosas. Lo que Peggy tiene es que puede ver a través de ti y descubrir que puedes ser más de lo que todos te dicen. Ella lo hizo conmigo. No me miró con lástima, ni asco por no ser igual que los otros. Peggy me sonríe y entonces…

Loki sintió que el corazón le daba un vuelco y se detenía, haciendo que se le escapara el aire.

—¿Y entonces…? —azuzó, sin verdaderas ganas de escuchar el resto.

—Puedo mirarme frente al espejo y darme cuenta de que puedo ser especial. Que tengo el poder para serlo y que solo hace falta querer.

—Qué ridiculez —soltó, rompiendo con la burbuja donde estaba Steve; el pasmo en su mirada le complació por alguna razón—. Es fácil pensar de esa manera cuando tienes todo en bandeja de plata, o al menos, la esperanza para verlo. Sin embargo, las personas nunca cambian. Son desde el principio lo que están destinados a ser y su papel en el mundo es algo que no pueden decidir o afectar a lo que plazca en ellos.

Sus palabras amargas causaron el efecto deseado en Steve: Una sombra de dolor, pero no sabía si era propio o acaso, estaba adivinando el suyo. Loki, pese a estar impasible, sentía un torbellino en su interior, desordenando todo a su paso y destruyendo cuanto podía.

En fin, que no tenía otra opción. Disgustado, echó un bufido.

—Así que realmente la amas —señaló, carente de otro sentimiento además del ligero enfado que se ganó con el ingenuo discurso del rubio—. No sé por qué la gente se empecina en desear lo que no puede tener. Es patético.

—¿Es acaso que nunca has estado enamorado?

El tema se le estaba saliendo de las manos, pensó Loki, frunciendo el ceño hasta que sus cejas se tocaban. No quería darle el gusto de una respuesta, y más bien, deseaba salir de la estancia… pero al mismo tiempo, sus miembros no respondían a las órdenes de su cerebro. ¡Maldita sea! ¡Mil rayos! ¿Qué estaba haciendo?

—El amor es una bufonada que no me interesa conocer. Por suerte, jamás he sentido tal cosa.

—¿De verdad? —Rogers parecía tan asombrado, que los ojos se le saldrían de las orbitas en cualquier momento—. Pero, cuando uno está enamorado es muy feliz.

Loki no pudo evitar lanzar una cínica carcajada.

—¿Lo estás tú? —Soltó, con sorna—. Es decir, ¡mírate! Estás haciendo un viaje con una persona que no conoces en lo absoluto, donde probablemente mueras en el camino o que, cuando llegues a tu meta, lo único que quedé es la vaga esperanza de que tu sacrificio sirva para juntar a la mujer que amas con otro hombre. ¿Realmente estás feliz? ¿Puedes soportar la idea de verle al lado de alguien que jamás habría hecho lo mismo que tú? Dime… ¿en serio eres tan idiota?

Steven apretó la mandíbula y sus ojos recobraron un brillo extraño. Al momento, Loki se dio cuenta de que había lanzado estacas al corazón del otro y el inminente coraje que resplandeció, le hizo sentirse un tanto amenazado. La postura rígida y a la defensiva del rubio indicaba que de un instante a otro se le echaría encima para golpearlo; tal vez eso quería más que nada. Con un movimiento rápido, se puso de pie y se enderezó todo cuanto su altura lo permitía, pero esperó en vano el golpe de Steve, y nunca dio el primero.

—Si yo pensara que Bucky no se la merece, no estaría haciendo esto —dijo el rubio y de nuevo, dejó completamente atónito a Loki.

—Espera. Todo lo que dije contra ti, ¿y tú te enfadaste por lo de tu amigo?

—Porque, efectivamente, es mi amigo.

—¡Por el Valhalla, Rogers! Deja de poner a todos delante de ti —exclamó, alzando la mirada y los brazos al techo, como pidiendo paciencia—. Escucha, te haces daño. Te desgastas en vano y en nombre de personas que o no lo merecen, o no buscan tu compasión.

—Yo trato de entenderlas.

—No. Quién sabe qué estás haciendo, pero… deja de poner en peligro tu vida. Escucha —las palabras le salían sin control alguno—, y recapacita. ¿En serio crees que alguien te echará en cara abandonar ahora esta empresa tan…?

—Fue una promesa, y con cuanto respeto te lo puedo decir, estoy seguro de que no tendrías por qué entrometerte en mi decisión.

Es cierto. ¡Es cierto! ¡Es cierto!

Loki abrió y cerró la boca, sin pronunciar palabra. Al fin, chasqueó la lengua, dando por perdido el caso.

—De acuerdo. No es que me importes en lo absoluto, pero no entiendo cómo alguien puede ser tan… poco…

—¿Racional? —Aventuró el rubio, con todavía rastros del coraje. Loki asintió.

—Y absurdamente benigno —añadió—. Aunque a estas alturas no sé si llamarlo estupidez.

—Llámelo por lo que es: Amor.

Loki hizo una mueca de asco hacia la ventana.

—Eso no me… —se quedó en silencio, con Steve arqueando las cejas.

—¿Sucede algo? —Preguntó éste al ver que Loki se ponía lívido—. ¿Qué pasa?

—Jotun —susurró con apenas fuerza—. Ellos…

Antes de que pudiera añadir nada más, el primer cañonazo del gran barco de los Gigantes golpeó contra la cabina donde estaban. A saber la suerte que tenían, pensó sin alcanzar a meditar demasiado rápido o bien el asunto. No obstante, ya se encontraba en el suelo, rodeando a Steve con los brazos y cubriéndolo con el cuerpo; ni siquiera sabía cómo había terminado en aquella posición de escudo. Pensó que las astillas o el vidrio de las ventanas se le clavarían en la espalda, y tuvo la sensación de déjà vu al escuchar la explosión de los cristales en el oído, ensordeciendo todo, incluso los desbocados latidos de su corazón.

0*0*0

Tony hizo una mueca ahogada cuando Bruce le puso un poco de alcohol en la herida abierta de su frente.

—¡Auch! —Exclamó, dando un saltito en su lugar; no retrocedió porque su amigo ya había previsto la acción y le sostenía de la barbilla con firmeza, observándole con las cejas arqueadas—. Mierda, duele demasiado. Nunca una "chica" me había lesionado de esa manera. Claro, además de Natasha —añadió, observando detrás del cuerpo del doctor para encontrarse con la aludida y Barton. Ambos parecían un tanto enfurruñados porque las tareas que realizaron para ayudar a Steve parecían en vano con la aparición de Thor y su caballo mágico, al cual conocerían en unos minutos después—. ¡Vamos, chicos! De haber sabido lo que sucedería allá, no les habríamos mandado a recorrer este castillo que parece no tener fin. Aún creo que hicimos un excelente trabajo en… ¡Auch! Bruce, —reprochó, desviando la atención de nuevo hacia el de lentes—, ten más cuidado, ¿quieres?

Éste se limitó a dirigirle una sonrisa entre divertida y tímida.

—No seas quejica, Stark —vociferó Natasha, de brazos cruzados y una expresión irritada, haciendo que Tony se volviera hacia ella con un mohín indignado—. Esa herida apenas es nada.

—Sólo quiere hacerse el mártir —acusó Clint.

—Dejen de discutir —intervino Bruce, poniendo los instrumentos de primeros auxilios en el botiquín y suspirando, cansado de mediar las afrontas de sus propios amigos—. Además, estoy seguro de que podremos utilizar el libro de hechicería, junto a… ¿cómo dijiste que se llamaba? —Preguntó, dirigiéndose a Clint.

—Sigyn —respondió él, encogiéndose de hombros. Banner anotó mentalmente el nombre de la hechicera que los acompañaría, mientras que Clint curvó los labios en una tenue sonrisa, acercándose a ambos hombres e inclinándose apenas un poco.

—Es realmente hermosa —señaló, ante la mirada fastidiada (y un tanto colérica) de su amiga pelirroja. Tony se sonrió con el arquero, mientras Bruce lanzó un resoplido y se marchó de ahí, para dejarlos hablar acerca de la joven. Natasha ponía los ojos en blanco y el de lentes se sintió divertido por el desprecio ya anticipado que ésta sentía por la otra.

—¿Por qué los hombres son tan ridículamente idiotas? —Bufó la chica—. Es decir, observa a Tony: Es claro que los lapsus de mujeriego son únicamente para ocultar sus verdaderos sentimientos con respecto a Steve. No sé por qué se molesta en fingir lo contrario, ya que casi es de manejo público.

Durante un segundo, Bruce arqueó las cejas y luego las bajó, por instinto a "esconder" la punzada de su pecho —cosa en la que fracasó rotundamente—. Carraspeando, le dirigió una mueca divertida a Natasha, aunque el gesto no llegaba a sus ojos en absoluto; ella pareció notarlo, porque volvió la cabeza hacia él, entreabriendo la boca sin articular sonido. Se disculpó en silencio con la mirada, entretanto sus mejillas se teñían de un leve tono carmesí. El de lentes pensó que, si se tratara de escoger por sí solo a quién amar, bien podría decidirse por una chica igual que Romanoff: Atractiva, inteligente, valiente y muchas cosas más.

Sí, pensó con desgana, en realidad cualquiera menos Tony le vendría bien. La cosa es que era imposible no sentir celos cuando te ves atraído por un mujeriego de primera, y que además amaba a otra persona. ¡Vaya que dolía, joder! Sin embargo, Bruce nunca diría nada de eso…, así estaba bien, siendo el amigo del ingeniero.

A saber cuándo es que esos sentimientos empezaron, pero ya era tarde para ignorarlos o pensar ingenuamente que podía superarlos algún día. Por eso, algo resignado, trató de contestarle de forma amistosa a la chica.

—Yo no dudo que a Tony realmente le gusten las mujeres —señaló, haciendo tácito que no había nada qué perdonar, o quizá que también necesitaba mantener en silencio los sentimientos encontrados hacia el castaño—, pero supongo que Steve es en suma especial… bueno, lo es, no solo para Tony sino…

—Ya, entiendo —intervino Natasha, sonriéndole y ahorrándole el mal momento. Bruce desvió su atención a donde Tony reía a carcajada suelta y sintió cómo en su interior se rompía algo—. ¿Sabes? Si te sirve de consuelo, él te aprecia casi tanto como a Steve; tienen tanto en común —se le escapó la nota medio risueña que tenían todas las mujeres cuando hablaban del amor, aunque Bruce admitía que de no conocerla lo suficiente, le habría pasado desapercibido (diametralmente) este hecho—. No me sorprendería que si puede sentir algo por Steve, pueda sentirlo por ti.

La risa amarga se le escapó de los labios antes de contenerla; el aire se le escapó y por instinto, para que la otra no viera cuánto le dolía esa fútil esperanza, bajó la mirada hacia sus manos, entrelazadas una con la otra y removiéndose con nerviosismo, igual que si jugara con una pelota contra el estrés. Natasha volvió a mirarle con una expresión compasiva que hizo remover en su interior algo parecido a la ira. Banner ya tenía la suficiente experiencia para saber que era algo malo. A diferencia de Steve, él era envidioso e iracundo…Rogers no, él era tan bueno y siendo sincero, no pensaba que Tony cometiera un error al fijarse en alguien así, lo que no sucedería en el caso de tener sentimientos por él.

—Vamos, Natasha —dijo, con una expresión cansada y una sonrisa ladina—. Tú y yo sabemos que está lejos de pasar algo así —su voz era triste, así que respiró profundamente para calmar el hueco en el estómago y continuar (con aparente indiferencia) —. Steve es increíble y a pesar de cuánto se riñen entre ellos, es obvio que yo no le llegaré nunca a los talones. La distancia que hay en medio de los dos es grande… ¡enorme!

La cazarrecompensas le miró con seriedad, sin decir absolutamente nada. Bruce se enfurruñó más, aunque no sabía si por sus propias palabras o por el silencio de su amiga; acaso habría estado esperando que ella insistiera, aunque eso no era lo mejor.

—Por otro lado —añadió luego de un par de segundos (que se le hicieron largos, como la Eternidad de la Tierra)—, yo pienso que no deberías preocuparte por Clint. A leguas se nota que le gustas.

A Banner siempre le había parecido especial y enternecedora la forma en que una chica tan ruda como Natasha, podía llegar a sonrojarse. Era ese momento en que se veía —casi— vulnerable cuando él recordaba que no era tan indiferente como siempre hacía ver, igual que si a todos les llamara "tontos mortales"; ella también era humana.

—¿Ah, sí? —musitó la joven, enderezándose y volviendo a su actitud estoica. Bruce sonrió nuevamente, admirando la capacidad de ésta por desligar el cuerpo de sus sentimientos. Él asintió, volviendo la mirada a los dos chicos, que seguían cotilleándose igual que comadres—. Bueno, no es que me interese. Clint es un verdadero idiota… a veces.

—La mayoría de las ocasiones, no. Y lo sabes —añadió lo último con rapidez.

—¡Ja! Tú me serías mejor partido —concedió ella, volviendo la mirada hacia el de lentes. Natasha empezó a acercarse, retorciendo uno de sus rizos entre los dedos; sus ojos verdes brillaban expectantes, con cierta sensualidad que tensó a Bruce, tan poco acostumbrado al trato con el sexo opuesto que la repentina cercanía y seriedad de la pelirroja le caían como un saco de ladrillos en la espalda. Natasha se puso de puntillas y le acercó el rostro a Banner, pero éste se mantuvo estático, tan sorprendido que era incapaz de moverse—. Y hablo muy en serio.

—Ah… ¿Natasha? —Fue lo único que atinó a preguntar; la chica le sonrió, divertida antes de reír y hacerse a un lado. Bruce respiró mejor durante un segundo, pero frunció un tanto el ceño, en respuesta al sentido de indignación que se abría paso en su mente—. Eso no fue divertido.

—Solamente quería ser sincera contigo —apuntó ella, mirándole de nuevo—. Te aseguró que de todos, tú serías mi mejor partido —le guiñó el ojo amistosa y coquetamente. Bruce se sonrojó.

—Gracias, supongo.

—No hay por qué —le dio un codazo amigable y luego perdió la sonrisa, mientras se volvía hacia Stark y Barton—. ¡Hey, si ya dejaron de conversar estupideces, será mejor que marchemos directo al Bifrost! Les aseguro, señoritas, que a los príncipes nunca les gusta esperar. Y a mí no me gusta hacer esperar a nadie, ¡así que andando!

—Pero tenemos que esperar a Sigyn, ¿no? —Preguntó Tony, arqueando las cejas y levantando los hombros. La pelirroja torció los ojos, de nuevo mirando al arquero.

—¿No podías conseguirte una chica que no se preocupara tanto por su apariencia?

—Si así fuera —intervino Stark con una sonrisa maliciosa—, él no habría traído a esta.

Por respuesta se ganó una patada en el estómago, cortesía de Natasha.

—¡Idiota! Deja de pensar con lo que tienes allá abajo. —Vociferó, dejando sin habla a los otros. Tony cayó al suelo, abrazándose el cuerpo y tratando de jalar aire.

Bruce, a pesar de que su primer instinto fuera ir hacia donde su amigo, se quedó estático en su lugar, procurando guardar la —ahora considerable— distancia que tenía con Natasha; de verdad, no dejaba de sorprenderle la rapidez y agilidad de la chica, pues antes de siquiera parpadear, ella había llegado con Stark. No alcanzaba a reaccionar nadie en absoluto, en comparación con los reflejos de la mujer.

—Si no llega en diez minutos, ¡me largó con Banner a salvar a Steve! —Exclamó ella, yendo hasta una banca y sentándose, con los brazos y piernas cruzadas. El de lentes se sonrió con nerviosismo, asintiendo y rascándose la nuca.

—Claro. —Musitó, entretanto Clint se acercaba a Tony y le movía con una ligera patadita, que únicamente hizo que el que yacía en el suelo, le mirara de forma iracunda.

Cinco minutos después, Tony se encontraba sentado en otra banca cercana, observando con el ceño fruncido a la pelirroja. Bruce, que no sabía muy bien a dónde irse luego de que Clint se volviera con la chica, se sentó a un lado del Stark; el corazón latiéndole con fuerza ensordecedora.

—Hombre, qué injusto es esto —empezó a decir Tony—. Yo solamente estaba diciendo lo que, a seguro, pasó con ese tonto de Clint, y ella va y me golpea. Tremenda mierda.

—No hace falta que uses el lenguaje así. Te lo has buscado, y lo sabes.

—¡Ay, de mí! Sin Steve, ¿quién se pone de mi lado? —exageró el otro, con una mueca teatral. Bruce no pudo contener la mueca de desagrado, pero intentó sonar lo más afable posible.

—Él nunca está de tu lado.

—Claro que sí.

Bruce rodó los ojos y se encogió de hombros.

—Como quieras. —El silencio sobrevino a esas palabras. Al final, pasaron casi tres minutos antes de que por fin, el Stark se animara a trabar conversación de nuevo.

—Oye —empezó, rascándose la mejilla distraídamente y captando la atención de Banner—. Natasha siempre está defendiéndote (a ti y a Steve), y además, es rara la vez que parece no quererte en el equipo… en su equipo, es decir, me refiero a cuando vamos de misión y nos dividimos, ella… —hizo una pausa, sonriéndole picaronamente, aunque había algo cansado en su mirada que Bruce no logró atrapar—. Acabo de ver cómo se te acercaba, y me ando preguntando si acaso, ¿tú y ella están saliendo?

Las mejillas de Bruce se ruborizaron al instante. Abrió y cerró la boca un par de veces, sin lograr articular palabra. Al fin, las exclamaciones al otro lado del jardín donde esperaban le ahorraron dar una respuesta. Los cuatro se volvieron hacia atrás tan simultáneamente que en otro momento bien podría haber sido motivo de risa. Bruce notó la aglomeración de gente, algunos midgardianos y otros asgardianos —incluso un séquito de enanos—, que rodeaban a un caballo gris, de lustroso pelaje y de unos —no sabía si escalofriantes o hermosos— ojos amarillos.

—Mira nada más —susurró Tony, a su lado—. Quiero uno de esos…

Hubo un bramido en medio de la gente, y al fin, ésta se movió como si les apartaran con un campo de fuerza, lenta y dubitativamente. Del círculo apareció Thor, sujetando las correas del caballo que… —oh, joder— tenía ocho patas. Detrás de él iba una joven asombrosamente bella, sujetando a un pegaso blanco, seguida de otros cinco. Cada uno de los animales era hermoso, pero sin duda, quien robaba la atención de Bruce era el caballo que traía el príncipe.

Se puso de pie, casi al mismo tiempo que Tony; ambos con las cejas arqueadas y la boca abierta de la impresión. Los rubios no tardaron en llegar hasta ellos y Bruce parpadeó, atento a la mirada que parecía dirigirles el animal… daba un aire de superioridad casi humana, como si tuviera una inteligencia sinigual que, si tenía que admitirlo, le causó escalofríos.

La chica les dirigió a ambos una mirada afable y se inclinó levemente, mientras, Thor se encargaba de presentarla.

—Ella es Sigyn, hija de un noble de Asgard. Nos ayudará a buscar a mi hermano y su amigo… —miró en dirección a Natasha y Clint, a quienes no conocía—, aunque supongo que ya lo saben, ¿no?

—Yo soy Anthony Stark —prorrumpió el castaño repentinamente, dirigiéndose a la joven, que lo miró curiosa. Bruce se adelantó y le dirigió un gesto lastimero que pretendía pasar por una sonrisa afable.

—Y mi nombre es Bruce Banner.

Natasha miró de arriba abajo a la joven, y luego se acercó a Thor, haciendo un —medio— ademán en señal de respeto.

—Buen día, Sire. Mi nombre es Natasha Romanoff —indicó y señaló al arquero—. Él es Clint Barton.

Thor miró a la pelirroja con una expresión lastimera, y Bruce debió preguntarse si acaso, le recordaba a su amiga de los calabozos. ¿Habría sido tan buena luchadora como lo era Romanoff?

—Entendido. Mucho gusto en conocerles —se encogió de hombros y miró sobre el hombro a la gente, que todavía los miraba—. Bueno, Sleipnir —señaló al caballo gris— nos llevará por el camino de Helheim. Ahí encontraremos a ambos y luego, regresaremos a Asgard, donde podrán irse en paz. Los pegasos serán nuestro medio de transporte y, si acaso estamos muy cansados, pararemos en alguno de los puertos a descansar.

Con una seriedad propia de las batallas, todos asintieron.

—Esperemos alcanzarlos a tiempo —señaló Thor, mientras se volvía y ayudaba a Sigyn a montarse en su caballo; un momento después estaba sobre el lomo de Sleipnir, que le pareció nervioso y triste a Bruce, váyase a saber la razón—. Andando.

Los cuatro midgardianos se apoderaron de un pegaso y los montaron en silencio.

—¿Está bien que tu caballo no tenga alas? —Preguntó entonces Tony, sonriendo. Thor se volvió y esbozó una sonrisa que no le llegaba en absoluto a los ojos. Alzó el mentón, orgulloso.

—Agradece que los pegasos tienen alas, o sería imposible que alcanzarán a Sleipnir.

Montar un pegaso, al contrario de lo que hubiera pensado, no era la gran ciencia ni tampoco era más difícil que un caballo, así que tardó poco tiempo en acostumbrarse al galope aéreo. La brisa fría que le golpeaba el rostro le resultaba agradable, y durante un segundo, envidió a los asgardianos por tales animales. Empero, sin duda, el animal que realmente debiera codiciar cualquier guerrero, era a Sleipnir.

Y era cierto, el caballo corría como el viento (a veces le parecía que estaba por hacerse invisible frente a sus ojos); y además, podía volar. Era un animal hermoso y bien dotado, pensó Bruce, regresando miradas furtivas hacia Tony, que ahora se hallaba muy serio, tan concentrado que en otras circunstancias le habría dado risa.

Desde que Steve hubiera hecha pública su intención de salvar a Peggy, él había intentado convencerlo de lo contrario. Suponía que le resultaba insoportable la idea de perder a Rogers…, y con tal de no ver el dolor en su mirada —y porque claro, era amigo del rubio también—, Bruce habría dado la vida en esta empresa.

Joder, pensó, realmente estaba enamorado del estúpido y egoísta ingeniero. Total, ya qué se le podía hacer.

0*0*0

Durante lo que pareció una eternidad, Steve se vio tan aturdido que fue incapaz de hilar los sucesos; el cómo había terminado de espaldas al suelo, con Loki encima de él y el corazón bombeando sangre con la rapidez con que un colibrí bate las alas. Podía sentir los músculos atenazados por la sorpresa, pero además era perfectamente consciente del peso que infringía el asgardiano mientras dejaba las rodillas al lado de sus caderas, e inclinaba la cabeza hacia delante, hasta el punto en que la frente del moreno estuvo largos instantes apoyada en su mentón.

A pesar de lo aturdido que se encontraba, con un punzante dolor en la nuca —donde se había golpeado al caer de bruces contra el suelo—, lo único que le importó antes de darse cuenta de la situación, fue el cosquilleo que le producían los cabellos ébano del otro. Olían un poco a manzana y libros, apenas de manera tenue; una esencia propia que relajó su mente y aletargó su sentido de alarma, incluso cuando veía las astillas volando de un lado a otro.

Tardó en reaccionar —más tarde, tendría tiempo de sentirse avergonzado por ello—, y sujetó la cintura del asgardiano para hacer un giro y voltear las posiciones, protegiéndolo. Loki ahora tenía las manos aferradas a sus brazos, los dedos apretándole como grilletes; seguramente, pensó, más tarde podría ver los moratones. Sin embargo, ni siquiera hizo una mueca de dolor, pues su atención era robada por la respiración intranquila del asgardiano, que parecía repentinamente sumido en una pesadilla sin final. Tuvo ganas de preguntarle qué sucedía, y también de prometerle una vez más que todo iría bien. Sin embargo, el otro empezó a forcejear contra su cuerpo, igual que un animal herido al que únicamente le importa escapar. Por el mismo motivo, de ver que Loki perdía el porte sereno, le produjo un nudo en el estómago muy parecido a la desesperación.

Un segundo después, el sonido de los cañones volvió a retumbar en sus oídos y le trajo de vuelta a la realidad: Los jotun les estaban atacando, y aunque él no comprendía por qué, se obligó a mostrarse estoico.

—¿Está bien? —Preguntó el rubio al ver que el otro jadeaba y observaba su rostro, pálido como un muerto—. ¡¿Loki?!

Steve no comprendía del todo por qué los estaban atacando los jotun, aunque después de las muestras de bestialidad que presenció en la Ciudad Dorada, no le extrañaba ese comportamiento.

—Todo irá bien —murmuró, no sabiendo si se dirigía a Loki o a sí mismo. Al ver que el otro no parecía escucharlo, le sujetó el rostro—. ¡Loki, todo estará bien! —Sabía que estaba prometiendo lo imposible, pero no lograba frenar su boca. Trató de sonar conciliador y si su grito fue producto de la angustia, el asgardiano lo ignoró olímpicamente.

En vez de eso, el moreno se puso de pie, quitándolo del camino con una asombrosa facilidad, considerando lo aturdido que estuviera segundos antes. Steve le siguió cuando éste salió fuera de la cabina, en dirección al timón. Se aseguró de llevar consigo el escudo, lo desplegó y corrió detrás de Loki, con el cuerpo moviéndose apenas por instinto.

Un siguiente cañonazo golpeó directamente el mástil y lo quebró, acompañándose con el sonido del trueno. Steve se movió cuando la madera empezó a inclinarse hacia la cubierta, sin embargo, ésta no cayó y destruyó nada; en su lugar, se quedó suspendida en el aire. El rubio levantó la mirada para encontrarse con Loki sosteniéndola con magia, para luego arrojarla a un lado con aparente facilidad. Se sintió maravillado e impotente en igual cantidad, mientras subía a toda prisa hasta el timón.

Loki le dirigió una mirada extraña, como si se hubiera olvidado de su presencia o simplemente —y lo que era peor— siguiera consumido por un pánico sin nombre.

—Sin el mástil no tenemos oportunidad, y ocupo tiempo para repararlo con la magia —explicó. Steve frunció el ceño—. Tendremos que desocupar la nave.

—¿Desocuparla? —repitió el midgardiano, con los ojos abiertos de par en par. Loki le tomó de la mano y jaló de él para llevarlo hasta la proa; los disparos que efectuaban los gigantes todavía le lastimaban los oídos, zumbándole como molestos mosquitos que él se veía incapaz de quitarse. Casi tropezó cuando notó que el asgardiano subía un pie a la madera con una agilidad sorprendente, y supo que de verdad iban a abandonar el navío…, pero, ¿y luego? ¿Se quedarían en el mar, naufragando? ¡Cielos, al menos que usarán algún bote salvavidas!

Clavó los talones en el suelo, reticente a moverse. Loki pareció perder pie y se volvió enojado hacia él, con una mueca iracunda.

—¿Qué estás haciendo? —Le riñó—. ¡Nos van a matar si nos quedamos aquí!

—¡Tampoco podemos echarnos al agua así! ¿A dónde iríamos?

Una bala de cañón les pasó cerca y el instinto del rubio le indicó protegerse con el escudo. Loki también se inclinó hacia delante mientras las astillas volaban de un lado a otro. Tenían las frentes pegadas prácticamente la una a la otra y entonces, Loki le observó fijamente. Steve se dio cuenta de que en aquel iris había algo increíble que hasta ahora le pasó desapercibido: El destello verde que refulgía, mágico y hermoso como las praderas de Midgard en primavera, se encendió con un fenómeno que entonces solamente había visto en los ojos de Bruce, cambiantes de acuerdo a su posición contra la luz. Sin embargo, los ojos de Loki eran diametralmente distintos, pues durante un segundo —que más bien atribuyo a su imaginación— le pareció que se volvían escarlatas; tal vez se trataba de la magia.

Loki le puso una mano sobre el brazo. Steve se tensó al ver el gesto contraído en su rostro, casi suplicante.

—Confía en mí —musitó el asgardiano, frunciendo el ceño; el efecto rojizo en sus ojos desapareció. Steve se quedó ahí, parado—. Estarás bien. Llegarás a Helheim y hasta entonces, no dejaré que nada te pase. Pero tienes que confiar en mí.

Steve abrió la boca y la cerró tres o cuatro veces, sin llegar a articular sonido. Podía sentir la mano firme de Loki apretándose en torno a su brazo y durante un largo momento, habría jurado que sólo ésta lo mantenía en pie. Al fin, tragó saliva pesadamente y asintió, guardando el escudo en su bolsillo. Entonces el príncipe se volvió hacia la proa y, todavía sujetándolo —igual que si temiera que fuera a quedarse ahí—, lo arrastró hasta saltar al agua.

Estaba fría y en primera instancia, él emitió un ruidito ahogado al entrar en contacto, porque se sintió como si le clavaran miles de alfileres en la piel. Loki estaba cerca de él, con el cabello pegado en la piel al igual que la ropa. Se miraron; el midgardiano con una expresión dubitativa, mientras el asgardiano tomaba aire y braceaba para flotar.

¡Bang! ¡Bang! Los cañones seguían ensordeciendo casi todos los pensamientos del rubio, así como el sonido del barco cediendo sobre su propio peso.

—Vamos a sumergirnos tan al fondo como seas capaz —explicó Loki. De inmediato, Steve le miró con una expresión escandalizada.

—¡Pero, pero…!

—Hazlo. Yo me encargaré de que no mueras ahogado. ¡Rápido!

A Steve no le quedó más remedio que jalar una bocanada de aire y sumergirse; Loki le siguió poco después. El agua fría volvía pesados y lentos sus movimientos, pero Rogers se obligó a sumergirse más y más, hasta que se sentía mareado y su primera reacción fue dejar escapar el aire. Tragó agua y empezó a removerse de un lado a otro, con el estómago y la garganta ardiéndole.

Empezó a volverse hacia la superficie, y entonces sintió los dedos de Loki ciñéndose de nueva cuenta en sus brazos, dolorosamente. Steve le miró, asustado, repleto de pánico.

La figura de Loki parecía difuminarse entre el agua tan azul como el zafiro y sus cabellos flotaban en todas direcciones. Su expresión era dura, pero sus ojos le tranquilizaban.

Y entonces, con el ceño fruncido, Loki se acercó a él y lo besó. Sin que se viera capaz de reaccionar lo suficientemente rápido, sintió cómo la lengua del asgardiano penetraba su boca, de forma tan ruda que él gimió.

Soltó una exclamación, aun sin separar su rostro del otro. El pecho dejó de dolerle al instante y lo que pareció mucho tiempo después, se dio cuenta de que no había perdido el aliento, sino que al contrario, incluso podía "respirar" bajo el agua...si bien era Loki, éste le compartía la respiración, impidiendo que se ahogara. Frunció el ceño y arrugó ligeramente la nariz, presa del pánico, aunque no sabía si por el ataque sufrido o la impresión de que, en este momento, acababa de recibir su primer beso.

Cuando alcanzó a darse cuenta de la intrusión en su boca trató de alejarse, no obstante, el moreno le obligó a mantener el contacto; sus labios estaban tan fríos como el agua, pero suaves. A Steve le impresionó lo bien que se sentían al contacto con los suyos, la forma en que parecían encajar unos con otros, como si acaso fueran dos piezas de un rompecabezas que acaban de unirse correctamente.

El calor subió a sus mejillas e hizo que olvidará el frío hiel que le aplastaba el resto del cuerpo. Loki subió ambas manos hasta su rostro y, qué gran sorpresa fuera la suya, Steve se sintió seguro por primera vez en mucho tiempo, ahí en las sombras cambiantes de un mar tranquilo y azulado, con una nave de jotun destruyendo donde hubiesen viajado antes y le resultó increíblemente natural alzar también las manos y prácticamente abrazarse al cuello del moreno. Ni siquiera lo pensó, ¡por supuesto! De hacerlo, jamás habría hecho nada en absoluto. Sin embargo, resultó extremadamente fácil ignorar el mundo exterior; Loki era una burbuja dentro del océano, una donde se estaba muy a gusto.

Ya que no era un beso, supuso que no podía extrañarse de la larga duración del mismo; si fueron minutos, segundos u horas, lo ignoraba. Para cuando abrió los ojos y contempló el rostro del asgardiano, tan inmutable como parecía ser su costumbre. Él contenía la respiración, un segundo después, el de ojos verdes le indicó que debían salir a la superficie.

Pocas veces en su vida, se había aliviado tanto al respirar el aire fresco, pero estaba seguro ahora de que jamás olvidaría la inquietante sensación de verse medio acorralado entre la vida y la muerte, con temor de verse ahogado y que sin embargo, ahora estuviera con vida; una vez más gracias al príncipe Loki.

Éste también salió del agua, y miles de gotas salpicaron el aire mientras enderezaba la cabeza y se retiraba los cabellos de de la frente, solo para bracear después y mantener el cuerpo a flote. Ambos se miraron un segundo, pero Steve apartó su atención hacia el barco de Hela, ahora destruido casi por completo, lamentándose al ver los daños quizá irreparables.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —Preguntó, inquieto. Loki barrió los alrededores con sus ojos resplandecientes de un lado a otro, igual que un halcón en búsqueda de su presa. No obstante, se quedaba corto de palabras para describir el inmenso alivio que sintiera el moreno al ver que estaban solos nuevamente. Al fin, como si acabara de recordar su presencia, se volvió hacia él y le dirigió una sonrisa tensa.

—Vamos al barco —indicó, nadando hacia el objeto aludido. Steve lo siguió pocos segundos después. Les costó un poco subir a él, ahora que todo se hallaba destruido, pero por fin asieron sus pies a un lugar firme de lo que debía ser anteriormente la cubierta y se dejaron caer sobre la madera, exhaustos. Los daños eran considerables, pensó el rubio…, ya no podrían seguir su camino. Algo dentro de su pecho empezó a romperse, antes de que Loki se tumbara sobre el suelo y empezará a reírse como si acabaran de contarle un buen chiste. Steve frunció el ceño, un tanto irritado.

—¿Por qué te ríes? —(Casi) Bramó, enrojeciendo a partir del coraje y la impotencia que se abrían frente a él de solo pensar que nuevamente sus esperanzas de salvar a Peggy se le venían abajo. Loki le miró.

—Creí que… —jadeó, con los ojos brillantes—, nos atraparían.

Steve pestañeó rápido.

—¿Quieres decir que tuviste miedo? —Aventuró con una expresión incrédula. El asgardiano empezó a carcajearse y de pronto, se vio tan joven como un niño que acaba de hacer una travesura y escapar del castigo; no tardó en sentirse contagiado por ello. Las risas empezaron a escapársele, hasta que terminó riendo tan fuerte que dolió su estómago y le salían lágrimas por el rabillo de los ojos. Abrazó su estómago con los brazos. Luego de un par de minutos, el silencio sobrevino a ambos. El rubio notaba la atención que Loki le prestaba, así que volvió su cabeza hacia él, con una ceja arqueada mientras la pregunta se iba formulando en su expresión, muda y transparente al mismo tiempo.

—Estás temblando —musitó entonces el moreno, enderezándose como un resorte. Steve tardó en darse cuenta de que, en efecto, sus dientes castañeaban. Se abrazó más a sí mismo y frotó las manos contra los brazos, encogiéndose de hombros y esbozando una especie de sonrisa—. Haré fuego.

—No, por favor. Quédate ahí un momento, yo no necesito de ello…, ahora.

—Bueno, a mí tampoco me vendría mal —hizo una pausa—, y no es como si ocupara demasiado tiempo —añadió mientras con un chasqueo de los dedos, se encendía entre ambos una pequeña chispa naranja que se fue convirtiendo poco a poco en un fuego más grande y cálido, al que Steve no tardó en acercarse lentamente. Por otro lado, Loki se mantuvo a cierta distancia.

No se dijeron nada, pero en determinado momento, el príncipe se puso de pie y le dirigió un ademán al otro para indicarle que se pusiera de pie. Steve tardó un poco en obedecer y el hombre levantó la mano.

—Voy a secar tu ropa, o te enfermarás. —El rubio asintió lentamente. Loki utilizó la magia para que la ropa dejara de pesar tanto y se le pegara al cuerpo como una segunda piel. En el transcurso, Rogers sintió la mirada atenta del otro sobre su persona y se removía incómodo cada cierto tiempo—. Listo.

—Lo que hiciste —empezó a decir, haciendo que el jotun regresara su atención hacia él—, gracias por salvarme de nuevo.

Loki no dijo nada durante tres segundos.

—No le des tanta importancia, por favor —susurró con apenas fuerzas y juraría que en el timbre de su voz bailaba una especie de súplica.

—¡Pero es que ha sido importante! Sin ti no estaríamos vivos y… —miró sobre su hombro, como si pudiera observar la escena que se formó bajo el mar entre ellos. Se ruborizó al instante.

—Supongo que —formó una fina línea con sus labios antes de continuar—: también es gracias a ti que tengo la oportunidad de salvarte. —Rodó los ojos—. Como sea, será mejor que me ponga a reparar el barco para que sigamos el camino.

Steve asintió y luego miró hacia el horizonte, rascándose la mejilla distraídamente. Ya no tenía frío y empezaba a sentirse relajado; cerró los ojos un segundo y escuchó la calma del mar. Se sentía bien. Pero, nunca tan bien como había sido besar a Loki, aunque no lo dijera.

Abrió un ojo y miró con cuidado al asgardiano mientras éste trabajaba. Él todavía no se secaba a sí mismo, y bien se podía apreciar la forma de sus músculos —no demasiado marcados— debajo de la tela verde. Sonrió un poco. Loki, asesino o no de Odín, era una buena persona, aunque aparentara ser alguien distante y frío, tenía un buen corazón. De algún modo quería creerlo.

No, pensó mientras se ponía en pie y se acercaba para ofrecerle su ayuda en lo que fuera. Steve sabía que Loki era una buena persona.

Continuará.


*William Shakespeare.

**Bueno, me siento obligada a hablar acerca del -claro- OoC de los personajes:

Un aspecto con el que quiero jugar en esta ocasión con Thor no es sólo con la confusión a la que, yo creo, cualquiera tendría luego de que le traicionarán, sino que me interesa abordar un aspecto que me llamó la atención en su película: Ese insignificante y casi diminuto momento en que, cuando va a ser coronado, muestra cierta inquietud por la idea de no hacer bien las cosas. ¡Sé que puede mostrarse muy OoC con esto que acabo de poner, pero quería darme en el gusto! (nwn)

Del mismo modo, sé que el personaje de Loki está en las mismas, porque de que llega a tener un narcisismo latente, lo tiene, pero creo que es parte de su encanto. Pero además, yo prefiero la visión que tengo de él en Thor, con ese aspecto donde a Loki le duele hasta la médula ser quien es. Entrando en ese punto en que su necesidad de atención y quizá la adoración —contra voluntad de los demás— es para compensar esa parte de él que detesta haber vivido en una mentira de que alcanzaría una grandeza que no le pertenecía —pero que no dejaré de insistir que se merecía (xD)—.

En lo que refiere a Hela, estuve dándole muchas vueltas en mi cabeza, hasta que por fin me inventé esta excusa del por qué quiere tener un alma. Creo, sinceramente, que de acuerdo a cómo voy manejando al personaje, a ella le importa mucho las virtudes de la vida, ¿y quién mejor que Steve para hacerlo? De cualquier manera, es probable que vayan evolucionando poco a poco.


¡Yei! Y por fin terminé la actualización (.w.) Creía que iba a morir entre todo lo que he tenido que hacer y cómo lograba, de alguna manera, desvelarme con tal de escribir un poco. ¡Bien! Pues hasta aquí por el momento, sempais. Espero de todo corazón leerlas pronto en algún comentario y así, apurarme un tantito más con este fic.

Oh, a propósito, en cuanto al largo de la Serie: Hado, no sé muy bien cuánto termine siendo. La verdad es que en un inicio no pensaba ocupar tanto, pero ya que el reto de Cien veces para siempre es llenarlo de cuanto número de capítulos se pueda, aunque no sea precisamente mundos distintos cada capítulo, me justificaré en ello. De todos modos, ya saben que son ustedes quienes deciden si me puedo permitir continuar aquí (uwu)

¡Un saludo y mil bendiciones de mi parte! Hasta luego (:D)