¡Hola, hola! Bueno... la cosa está en que durante las siguientes semanas, me veré atrapada en la tarea (D:) y no he querido dejar esto al pendiente. Como sea, ahm... pues, eso. No tengo mucho para decir además de eso...o ahorita no se me ocurre.
ilyasha77: Muchas gracias por seguir comentando, simplemente me haces muy feliz al escribir esas líneas (TwT). Pues, solamente me queda asegurarte de que mi intención es buscarle a Sigyn alguien para que la ame, y mucho, porque se lo merece casi tanto como ninguno (x3U), pero a ser sincera no tengo mucha idea de quién pueda ser esa persona, así que si me mandas sugerencias... solo para darme idea (:DUU). Vale, una vez midiendo mis palabras, te agradezco muuucho seguir leyendo la historia, espero desde el fondo seguir contando contigo (QwQ)
KariDz: ¡Mil gracias por comentar! (x3) Tus reviews, cuando son tan largos, me hacen tan increíblemente feliz. Hacen que valga la pena sentarme hasta las cuatro de la mañana escribiendo esta cosa rara. En fin, pues, en vista de que ya te comenté largamente el asunto, me limitaré a decirte que espero que la historia continúe siendo de tu agrado y puedas seguirme ayudando -sí, ayudando- a continuarla con tus reviews. Un gran saludo (:3)
AkatsukiDrak: (.w.) Ahm, bueno, sempai no dejó comentario en esta ocasión (TwT), pero ha dejado la historia en la página de FB: "Everyone x Loki" y no pude evitar sentirme honrada (uwu) Jaja, ten por seguro que siempre que entro a FB -y a veces nada más para eso- es con la intención de ver las actualizaciones que se hacen (*w*) y, joder,... no tengo palabras para describir cómo me siento cada vez que veo a Loki, en especial cuando tiene referencia a la nueva película (x3)... esa página me mantiene despierta cuando ya no puedo más y me da energías, así que, si sempai sigue leyendo esta historia, y por ende este comentario (xD): ¡Muchas gracias!
En fin (ewe)... la historia, entonces:
Hado: ¿El Destino de los Dioses?
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Loki estuvo solo en su habitación durante lo que pareció una eternidad, con la mirada fija en un punto más allá de las penumbras, donde bailaban las escenas que el Ojo de Niflheim le mostró minutos u horas antes, quién sabe; ya no le importaba en absoluto el tiempo transcurrido desde que el guardia lo hubiera dejado en su recámara y cerrado la puerta al salir. Ni siquiera pensó en Thor y la manera en que se retorció, presa del oscuro poder que conlleva ver el futuro. Por un resquicio de su mente, se abrió la posibilidad: Quizá tenían razón, él tuvo la culpa de lo sucedido, por no ser capaz de evitar que su hermano tomara aquel objeto maldito.
Supo que cuando la oportunidad se le dio, debió aprovecharla y detener al rubio, en vez de quedarse pasmado sin saber cómo ayudarlo una vez que el desastre había empezado, sin darles tregua. No obstante, él solamente fue capaz de arrebatarle el Ojo de Niflheim y luego observar a la esfera convirtiéndose en un objeto frío y pesado como el un bloque gigante de hielo, quemando a su contacto y entumeciéndole los miembros, haciendo incluso llorar sus ojos mientras las imágenes se seguían unas a otras, con una rapidez con la que, de no saber qué traían consigo, podría haber ignorado su significado.
Solamente una pregunta rondaba su mente: ¿Por qué?
Ragnarök. La palabra hizo eco en las palabras de su cerebro y se quedó grabada dolorosamente en cada fibra de su ser, como si alguien hubiera tomado un cuchillo y le hubiera marcado las letras a lo largo del cuerpo; un recordatorio eterno que se volvería una cicatriz imborrable y sobre todo, lacerante. Podía sentir el odio, la tristeza y muchas cosas más haciendo meollo en su corazón herido y temeroso.
Se mordió el labio hasta hacerlo sangrar. El regusto metálico casi lo trae al mundo real…casi.
Después volvió la imagen de su hermano, y algo más, una voz distorsionada, como si perteneciera a un sueño olvidado: "¡No puedes aniquilar a toda una raza!". La voz era ciertamente desconocida, pero el tono le resultaba familiar. Le siguió otra persona: "¿Y por qué no?" Pausa pequeña y una risa amarga "¿Y qué es ese nuevo amor por los Gigantes de Hielo? ¿Tú? Pudiste matarlos con tus propias manos". El dolor palpable era destilado en cada palabra, incluso cuando sonaba cínico. ¿Quiénes eran esas personas que hablaban en su interior? ¿Era él, acaso? ¿A quién había lastimado?
Por favor, pidió en silencio mientras las lágrimas empezaban a brotarle de los ojos cansados, daría todo sin vacilar con tal de no cumplir aquel destino. Lo que fuera.
Un frío hiel tomó su cuerpo repentinamente, y sus dientes empezaron a castañear, incluso a pesar de las cobijas que lo abrigaban, calentitas y heladas al mismo tiempo. Sin embargo, no se veía capaz de encoger las piernas hasta su pecho y abrazarlas para entrar en calor; el cerebro ya no le respondía. Y es que aun cuando mantenía su rostro impasible, dentro de él se libraba una batalla entre el miedo y el dolor; en su cabeza estallaban aquellas terribles imágenes, una tras otra, con la lentitud suficiente para volverse un suplicio. Escuchaba la música taladrando sus oídos y produciéndole náuseas, mientras le gritaban en el oído: "Tu destino es causar el Ragnarök. ¡Tu camino es causar dolor y ser la pesadilla del mundo,…!"
Parpadeó por vez primera desde que llegó y esperó en silencio por una voz, o cualquier sonido que lo trajera a la realidad. Pero lo hizo en vano, nadie fue a verlo esa noche y tampoco durante la mañana. ¿Lo habían castigado? ¿Acaso lo confinarían a sus cámaras para toda la eternidad?
El pensamiento lo asustó. Se imaginó a sí mismo corriendo en dirección a las puertas, intentando abrirlas sin ningún éxito, y luego cayó en la cuenta de que todavía permanecía inmóvil. La desesperación empezó a cubrirlo. ¡¿Por qué no se movía?!
La sangre le bombeaba con fuerza y ensordecía todo a su alrededor, entretanto gritaba mentalmente que no podía caer en la locura. Empero, se sentía —hoy más que ningún día anterior o futuro— como un muñeco sin vida…, como quien se ahoga en su propia mente hasta volverse loco.
Tal vez ya había sucedido.
Frigga lo visitó en algún momento, acompañada por la ayuda de cámara y una charola llena de su comida favorita: Imagawayaki [1]. La inquieta mujer, que se veía hermosa ataviada con su vestido de seda, le suplicó que probara bocado, pero él siguió en otro mundo demasiado distante para escucharla con atención, desglosando más y más el futuro que los Dioses prepararon a su persona, condenándolo.
Durante dos o tres días permaneció en el mismo estado meditabundo. Al final, su consciencia iba y venía. Loki estaba en cama, sudando frío y con los dientes castañeándole, de cuando en cuando murmurando hechizos que en alguna ocasión prendieron fuego a las cortinas de su habitación. Temblaba y se sumía en la oscuridad antes de volver; siempre acompañado por la música. ¿Estaba en su cabeza? ¿El Ojo de Niflheim lo estaba llamando una vez más? ¿Por qué todo lo demás se quedaba en silencio?
Mientras tanto, Frigga trajo distintos médicos de la corte e incluso al mismo Odín.
Todavía podía recordar cuánto le gritó la mujer al anciano para que hiciera algo, pero el otro parecía reticente a mover un dedo: "Ya lo has oído. La profecía de Skuld [2] no ha cambiado en absoluto y él va a matarnos a todos". Si tenía que ser sincero, Loki comprendía con exactitud lo que Odín estaba tratando de hacer entender a Frigga; era el rey, no podía seguir poniendo en peligro a la gente de Asgard. En ese entonces, cuando no entendía absolutamente el desprecio de todos por él, hubiera podido aceptar la llegada de la muerte si con eso no lastimaba a nadie… principalmente a su familia.
"¿Y entonces, qué? ¿Vamos a dejarlo morir así nomás?" Frigga se oía acusadora; ella lo quiso, le ofreció un regazo dónde llorar y por eso, Loki la sentía como su madre verdadera, igual que a Thor lo veía como su hermano. Sin embargo, en aquella ocasión fue imposible escuchar nada más, pues se sumía de nueva cuenta en la espesa neblina que lo encerraba y arrastraba hasta las sombras de la inconsciencia.
Cuando volvió a abrir los ojos, Odín se inclinaba hacia él y palpaba su frente con un gesto contraído en la boca, para luego irse y no aparecer más. Por otro lado, Frigga se quedó a su lado durante la siguiente semana, en una ocasión acompañada por Thor, que le hablaba en susurros para que despertara; en otra, con una chica hermosa, que parecía un ángel con sus cabellos dorados y ojos verdes, como una muñequita de porcelana.
Los días seguían pasando con una lentitud espantosa; Loki seguía sin reaccionar. Bramaba en silencio, pidiendo misericordia a un ente divino que no lo escuchaba, ni lo haría jamás, seguramente.
No tardó mucho tiempo en ver la mano huesuda de una dama, acariciando su rostro hasta que la muerte parecía un destino feliz. Él se dejaba hacer…
"Ven a mis brazos" decía ella, "te llevaré a una tierra encantada; aquí voy a protegerte, abrazando tu cuerpo entre las sombras. Mil estrellas serán la visión que tengas durante todos los días, y el silencio es lo único que podrás pronunciar, pero del dolor no tendrás que preocuparte más. No tengas miedo y cierra los ojos, olvídate de este mundo perdido por el egoísmo y codicia. Oh, dulce alma que se hunde en la pena, escucha y recibe mi canción…". En sus palabras encontraba un consuelo avasallante, conciliador, y no tardó en dejarse caer de lleno en un profundo letargo, del que nadie logró despertarlo por… ¿Cuántos días más estuvo postrado en la cama? No lo sabía con certeza y tampoco era como si le importara en lo más mínimo.
Sin embargo, una última imagen perduró en su memoria, una pesadilla repleta de angustia: Estaba frente a los grandes ojos del monstruo volador de Niflheim. Éstos hablan del Ragnarök y le sonríen con malicia, porque había cumplido con el destino que le deparaba, destruyó todo y envío a miles a la niebla que nunca se disipa, donde no existe luz ni esperanza.
Las palabras se graban a fuego en su cabeza, a través de la misma voz femenina que le cantó: "Volando baja de Nidafiol/ el dragón tenebroso, el reptil fulgurante; / las plumas de Nidhogg —sobre el llano planea—/ van llenas de muertos. ¡Y ahora se hunde!".[3]
Ahí va Loki sumiéndose — junto a muchos otros— en la eterna oscuridad de Naströnd, en el olvido, el sufrimiento y el caos. Tal era su destino, inmutable e inevitable.
Sus ojos empezaron a arder, con la amenaza latente de las lágrimas a punto de derramarse. ¿Por qué le hacían esto? ¿En qué clase de persona enferma y cruel iba a convertirse? ¿Y por qué se transformaría en el desalmado monstruo que traería el final de los tiempos? Él no era malo, aunque todos los Aesir y asgardianos le miraran como si fuera el único que llevara consigo la vileza. Proscrito desde el inicio, por el simple hecho de existir.
Cavilando sobre todo lo anterior se dio cuenta de que no comprendía en absoluto a los suyos. Porque, ¿quién en su sano juicio podría odiar a un niño de ocho años, nada más por estar ahí? ¿Por qué despreciarlo con tanto ahínco? ¿Por convertir el vino en serpientes, en una travesura sin (realmente) malas intenciones? ¿Por cortarle el cabello a (la zorra de) Sif luego de que se cansará de sus malos tratos y ofensas, que le separaban cada vez más de su hermano? Al final, ¿era posible sentir tanto odio dirigido a tu persona, que dejas de sentirlo en absoluto, como un pez que no sabe que está en el agua? Y eran todas aquellas cicatrices que miraba a diario, las que evocaban de su memoria un dolor tan insoportable que lo único que podía preguntarse es, ¿qué había hecho mal?
Nunca fue su decisión que Odín lo acogiera en su casa y jamás pretendió hacer daño a nadie; si bien encontraba divertido hacer travesuras, nunca intentó lastimarlos. En cambio, ellos le herían constantemente, con sus palabras y miradas de repulsión que lanzaban cada vez que se lo encontraban en el pasillo o cuando entraba junto a Thor al comedor.
¡De ningún modo quisieron darse cuenta que le dolía su trato! Estaba tan roto por dentro y no sabía cómo empezar a juntar los sueños y los pedazos de su corazón, para unirlos o pegarlos nuevamente en su lugar.
—Loki. —Un golpe sordo le hizo abrir los ojos; aunque de inmediato se dio cuenta que todavía se hallaba dentro del sueño, pues aún escuchaba la caja de música, con la bailarina girando sobre su eje. Negó con la cabeza e intentó huir. Pero en vez de eso, levantó la mirada. Sus párpados se abrieron de par en par y el corazón le dio un vuelco (agradable, y que sin embargo trajo consigo un miedo muy grande)—. Loki —la voz era aterciopelada, amable y… amorosa; hizo que sintiera una descarga eléctrica bajando por la espalda.
Igual que todas las noches, la culpa y la confusión se abrían paso en su cabeza. Joder, reconocía esa voz, ese tono. Entreabrió los labios despacito, pues temía romper el silencio.
Una sola palabra salió de su boca al encontrarse con los ojos tan azules como el cielo claro en un día de verano:
—Steve. —Lo llamó con un suspiro, y cuando el otro le sonrió (a él, que era despreciado por todos), Loki recuperó por fin lo que había perdido a lo largo del camino en su triste y solitaria vida.
Entonces…, despertó.
Lo primero que notó fue que estaba sentado en las escalerillas que daban al timón y que sobre su cabeza, la luz se abría paso a paso en el amanecer y brillaba con intensidad, cegándole. Se talló distraídamente los ojos, con la excusa de que éstos se acostumbraran a la claridad. Después frunció el ceño y dejó caer la mano a su costado, barriendo el lugar con la mirada…, buscando nada en específico.
Se puso de pie y estiró, bostezando un poco. De pronto recordó a Frigga diciéndole que cuando lo hacía, le evocaba uno de los animales en Midgard… ¿cómo se llamaba? ¡Ah, un gato! Sí, eso.
Obligó a su mente a deshacerse de los últimos vestigios del sueño, al que de por sí no recordaba del todo pero que debido a su repetición, ya podía intuir de qué se trataba. Además, aun lo acompañaba la sensación de pesar y angustia, característicos de las pesadillas.
—¿Rogers? —Escuchó su propia voz gangosa y tan extraña, que consideró prudente carraspear para devolverla a la normalidad. Al no obtener respuesta, arqueó una ceja y repitió su llamado, en esta ocasión con más fuerza—: ¡Rogers!
Siguieron otros instantes de mutismo. Ya estaba en proceso de maldecir, cuando le llegó la contestación del otro.
—¡Aquí arriba! —Exclamó y Loki subió el mentón. Steve se encontraba parado en la cola para el vigía, con el cabello revolviéndose con el aire. El asgardiano hizo sombra con una de sus manos, intentando que la luz no lastimara (más) sus ojos—. ¡Quería ver el amanecer desde acá! ¡Es realmente hermoso! —Rió un poco e hizo una pausa, ofreciéndole entonces una gran sonrisa—. ¡Debería venir!
Desde su lugar podía ver la mueca infantil y admirada del joven rubio, pero no hizo comentario alguno, como habría sucedido con su hermano si llegara a encontrarlo en uno de sus momentos tan infantiles. En lugar de eso, se acercó a los obenques y tomó la cuerda, sujetándose con fuerza y empezando a subir. No costaba mucho trabajo, pero una vez que alcanzó su destino, dejó escapar una mueca de alivio.
Steve le extendió la mano cuando estaba cerca, pretendiendo ayudarlo. No obstante, tan altanero como es, no aceptó la ayuda y por supuesto, mucho menos dijo gracias o algo parecido.
En las alturas, el viento que le golpeaba el rostro era frío y traía consigo el salado aroma del mar, pero resultaba agradable incluso cuando sus cabellos se sacudían de un lado a otro, amenazando con picarle un ojo. Miró de soslayo al rubio —que apenas dejaba caer la mano de nuevo en su costado—, y sonrió entre curioso e irritado porque el otro no hiciera una mueca de desagrado o reproche por su comportamiento tan déspota. Steve tan solo volvió su atención al horizonte, con los ojos entrecerrados.
Al asgardiano le llevó un rato imitarlo, pues se encontraba un tanto despistado con el brillo de la mirada cerúlea y el halo casi celestial que se dibujaba entorno al cabello dorado.
—Tienes razón —prorrumpió, observando al fin los matices anaranjados, rojos y azules pálidos (un poco grises todavía) que encendían al cielo igual que una antorcha de colores cambiantes, como aquellas que Loki podía hacer usando la magia. Le gustó ese ambiente, pensó de inmediato—: Es realmente hermoso.
Hubo un pequeño silencio, antes de que Steve lo rompiera nuevamente.
—Mis padres se conocieron en un lugar como este —confesó el otro, de forma taciturna—: Un navío llamado Viajero del Cielo (el cual se supone que es un regalo de amistad que dio Odín a Midgard). Ella dice que la primera noche, cuando el crepúsculo estaba por dar pie a la noche, llevaron a cabo una pequeña celebración. La gente cantaba y bailaba de un lado a otro en cubierta, riendo y escuchando la música cuando de pronto, allá en el horizonte, vieron una luz intensa y brillante. Sucedió tan rápido que creyeron haberlo imaginado, pero todos se detuvieron para ver en esa dirección. —Tomó un poco de aire antes de continuar—: En Midgard, este fenómeno es llamado Vía de Mercurio, ya que es el Dios que protege los caminos y el guía del viajero; el hecho de que lo vean las personas en altamar, se supone que trae esperanza, cualquiera sea tu empresa.
Loki le observó sin discreción alguna, medio interesado.
—¿Quieres ver algo así en nuestro viaje? —Preguntó al fin, sonriendo mezquinamente. Steve le correspondió el gesto, pero de una manera escueta y sincera.
—No me molestaría —puso las manos en la nuca y al instante, la fuerte brisa empezó a levantarle un poco la camisa, sacudiéndola y dejando al descubierto parte de la piel de su abdomen. El jotun deslizó la mirada hacia abajo y luego la devolvió (casi de forma violenta) al rostro del rubio, que había cerrado los ojos y parecía ajeno al mundo, disfrutando de esa repentina paz luego de que ambos estuvieran yendo y regresando para mantener a flote el barco—. ¿Lo ha visto alguna vez?
—¿Un destello que se levanta al cielo? —Ironizó y se apresuró a contestar de inmediato—: Sí. Aunque nosotros lo llamamos de una manera diferente.
—¿Cómo?
—El Príncipe de Medianoche.
Steve abrió los ojos y dejó caer las manos.
—Qué nombre tan interesante —comentó—. ¿Tiene alguna historia sobre por qué ese precisamente?
—Claro. Pero no voy a contártela —añadió, sin borrar la mueca jovial. Steve pareció golpeado, por lo que el moreno suspiró—. Es una historia triste y no presagia nada bueno, así que mejor nos quedamos con tu versión. Si llegáramos a verlo (que de por sí parece imposible), es mejor pensar que nada tiene que ver con la historia de Asgard.
—Bueno, supongo —musitó el otro, no muy seguro. Luego de varios segundos de mutismo, abrió la boca para cerrarla de inmediato, sin articular sonido. Por primera vez, Loki se preguntó si aquel chico estaría a gusto teniéndolo de compañía únicamente a él. De acuerdo, ¿qué estaba haciendo? ¡No podía tomarle importancia a esa clase de cosas! Loki no estaba ahí para convertirse en el amigo de Steve.
E incluso estando seguro de ello, se sintió repentinamente acosado por la idea de hacerse a un lado y abandonar la promesa que le hiciera a Hela, no porque se creyera incapaz de llevar a alguien como Steve a su muerte (que en cierto modo, era así), sino por el hecho de que si estaba mucho tiempo junto al rubio, terminaría encariñándose con la fantasía de tener a alguien que no le mirase de mala manera, nunca, ni siquiera cuando se lo merecía.
Steve volvió a romper con sus cavilaciones.
—Viajero del Cielo —susurró, mirándole—, ¿por qué te llaman así?
Loki pestañeó rápido tres o cuatro veces, no procesando del todo las palabras del midgardiano, que esperaba su respuesta… ¿en serio le hablaba a él?
—¿Tratas de recitar un poema o algo así? —Preguntó, con la voz ronca. Steve lo imitó y parpadeó, confundido.
—No. Quiero saber por qué te dicen Viajero del Cielo.
—Jamás en mi vida me han llamado así —contestó, frunciendo el ceño e inyectando a su voz un tono herido—. No te estés burlando.
El otro se apresuró a negar con la cabeza, con una expresión alarmada.
—¡Jamás haría eso! Yo no estoy tratando de mofarme o algo parecido. —Loki se le quedó mirando antes de volverse sobre sus talones y disponerse a bajar, con el porte orgulloso. Steve le tomó del brazo, sujetándole. Él se giró con violencia e indignación—. Lo siento, no pretendía ofenderte. —El tono, pese a su rostro inquieto, era serio—. De verdad.
—Escucha, tengo suficiente experiencia para saber cuándo miente la gente —soltó entre dientes, y mentalmente se vio obligado a admitir que en ese momento, Steve no le mentía al decir que no quiso ofenderlo—. He oído toda clase de sobrenombres dirigidos a mi persona, pero jamás algo tan rimbombante como ese. "Mago de las mentiras", "Herrero mentiroso", "Transformista", "Lengua de Plata" o incluso "Dios de las travesuras y el caos", son cosas con las que me familiarizo más. Y digamos que sé cómo y por qué es cada una de ellas, pero jamás se han dirigido a mí como "Viajero del Cielo", así que es lógico pensar que mientes o te estás equivocando de Loki.
—Eres el hijo de Odín, así que dudo haberme. Él dijo que…
—¡No soy el hijo de ese malnacido! —Gritó, haciendo saltar a Steve en su lugar y soltarlo casi al mismo tiempo, para observarle con una expresión sorprendida. Loki chasqueó la lengua y sacudió la manga de la que se había sujetado el otro, recuperando la compostura—. Odín no es mi padre, y te agradecería que de aquí en adelante, no se mencione su nombre en este lugar. La próxima vez podrías terminar con la cabeza estrellándose en cubierta, ¿eh? —amenazó. Steve frunció el ceño y el asgardiano pensó en la mirada (casi) iracunda que le dirigió antes, cuando intentó hacerle cambiar de parecer con respecto a su intención de salvar a Peggy—. Ya estás advertido, y se acabó esta conversación.
Se volvió hacia los obenques, dispuesto a bajar.
—¿Es por eso que lo mataste? ¿Porque no era tu padre? —Steve interrumpió su descenso. Loki compuso una mueca iracunda.
—No estamos aquí para hacernos amigos, Rogers —siseó—. Así que no te inmiscuyas en mis asuntos.
—He escuchado más de Lengua de Plata que de Loki —respondió de pronto, y el jotun se enderezó, con una mueca burlona. Sabía que estaba haciendo referencia al momento en que, recién presentándose, infirió que "era un gusto conocer a Loki Odinson"; ésta era la contestación a la que entonces le hubiese dado él.
—¿Tienes efecto de respuesta retardada? ¿Por qué hasta ahora te animas a decir esa verdad? ¿Eh? ¿Ya te diste cuenta de que no es un placer conocerme, tal como quisiste pensar? —Mierda. Mierda. Había un tono herido en su voz. Steve sacó el pecho y se enderezó tanto como le era posible; a pesar de ello, Loki se sintió complacido de que no alcanzara su estatura—. Ahora, lo siento. En este momento, ¿tardarás en contestar lo suficiente como para irme y echar una hibernación?
Steve estuvo a punto de ruborizarse.
—Trato de averiguar si es un placer conocerte, aunque lo hace un poco difícil: No me deja acercarme en absoluto.
La carcajada que brotó de sus labios, incluso a él habría logrado darle un escalofrío: Tan fría, amarga y seca. Le pertenecía más que nunca, supuso. De alguna manera los sentimientos que experimentaba justo ahora le trajeron un déjà vu de cuando Odín le confesara por fin que no era hijo suyo. Miedo, ira, indignación, desprecio, tristeza y dolor se le juntaban en la garganta y salían de sus labios atropelladamente.
—¿Por qué querría hacer algo como eso? No seas idiota —observó complacido que Steve no podía dar respuesta alguna.
—Es injusto que solamente uno de los dos tenga el derecho y la oportunidad de conocer al otro, ¿no?
—Dime una cosa —señaló, haciendo énfasis en las palabras—, ¿cómo destruyes a una persona? —La pregunta pareció tomar desprevenido al otro, pero él no esperaba una respuesta concreta de su parte—. Uno tiene que atacar su corazón. Rogers, si te encariñas con las personas, es muy factible que sea a través de ellas que te lastimen. Por otro lado, tú y yo estamos no solo en reinos y tenemos posiciones diferentes, sino que nos encontramos en mundos y realidades diametralmente opuestos. Eres solamente un vasallo y para mí, no más que un boleto de salida hacia una vida mejor. Y ¿sabes algo? Seguramente vas a morir en nombre de tu querida Peggy (no que me importe una mierda), pero si comienzo solo por un insignificante y patético momento a sentir aprecio por ti (lo que será de aquí a que el Infierno se congele dos veces), prefiero estar muerto.
—Solamente quiero ayudarte, como lo estás haciendo tú por mí.
—No es voluntario —respondió, encogiéndose de hombros—. Y en cualquier caso, te he dicho que pierdes tu tiempo. Yo ni voy a perdonar ni olvidar lo que me hicieron.
Steve empezó a respirar agitadamente, pero se volvió de espaldas a Loki.
—Como quiera, entonces. Si no desea cambiar, ¿qué se le va a hacer?
—Tú no entiendes. No puedo hacerlo. Todos tenemos un destino fijo y el mío es… —se interrumpió a sí mismo, justo a tiempo. El rubio no le devolvió la mirada y por alguna razón, eso le dolió un poquito más que el hecho de admitir en voz alta que su destino no iba a cambiar. Entregarlo a Hela era su única oportunidad que tenía para ser remotamente feliz, y adquirir la gloria que todos le negaron, por eso no se podía echar para atrás—. Existen cosas que no están en nuestras manos, Rogers.
—Si tú lo dices.
—Yo lo digo. —El silencio fue roto solamente por el constante ir y venir del aire en sus oídos. Loki apretó la mandíbula, ya no quiso bajar a cubierta. Al menos, su cuerpo no se lo permitía—. Eres una buena persona, Steve —concedió—. De haberte conocido en otras circunstancias, quizá me habría gustado ser tu amigo. Pero llegas demasiado tarde, y no voy a empezar a tomarte confianza, porque eso es un lujo que no me puedo permitir.
Steve se volvió hacia él, todavía serio.
—¿Por qué quieres estar solo?
—Así es mejor. A estas alturas, incluso me alivia. —En esta ocasión, sí descendió por los obenques, sin nada más por decir.
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Sabía que jugaba con fuego al actuar tan imprudentemente con el asgardiano, mas una parte de él intuía que su tiempo estaba terminando e iba contra las manecillas del reloj, así que tuvo que intentarlo una vez más. Por supuesto, y como era de esperarse, erró completamente y ahora tendría que soportar el desprecio y el silencio del príncipe. A fin de cuentas, él no terminaba de creerse la promesa de Hela con respecto a dejar su "alma intacta", y aunque no entendía muy bien cómo o por qué sentía una amenaza en cada una de las palabras que le dijese la reina, empezaba a sentirse prisionero. Eso no podía darle lógica a su inexplicable necesidad de ayudar al moreno, pero supuso que carecía de importancia. A Steve siempre se le había dado por asistir a las personas cercanas a él, y pese a no conocer en absoluto al asgardiano, en su mirada podía sentir una especie de conexión consigo mismo; Loki sentía un dolor profundo, ese tipo que solamente se adquiría con la impotencia, como si fueras un barquito de papel en un tormentoso mar.
No puedes escapar del destino. Es lo que le dijo aquel personaje y sin embargo, estaba aquí, luchando contra el mismo, así que Steve se preguntó quién era realmente Loki Odinson, ¿por qué parecía un animal enjaulado y maltratado cuando se trataba de un príncipe y una de las criaturas más hermosas que hubiera visto nunca en su vida?
El último pensamiento le obligó a sonrojarse, azorado. Quizá el estrés iba sacando cavilaciones más y más extrañas en él. Pero bueno, como un artista, tenía que admitir que Loki era hermoso; un tipo de belleza sombría, más propia de criaturas exóticas y desconocidas que solamente aparecen en la noche para tentar el corazón de los hombres con promesas. Steve estaría encantado de hallar el momento para dibujar la figura del otro, sin perderse detalle alguno, ni siquiera de lo más insignificante. Pero esas ideas, claro, únicamente puestas en el plano del artista, porque una vez que aterrizaban en la personalidad, Loki parecía ser poco más que imposible. No alcanzaba a entenderlo en absoluto, y eso le hacía sentirse algo enojado consigo mismo, pues en su cabeza seguiría rondando la imagen del asgardiano golpeando la madera, los puños ya sangrantes y el dolor que se reflejó durante segundos en su mirada.
Cerró los ojos, el corazón latiendo con fuerza mientras evocaba la sensación de estrechar el cuerpo de Loki contra el suyo, de tocar su piel…, de sentir sus labios.
Pasó mal la saliva y empezó a toser. La visión se le nubló debido a las lágrimas, por lo que al instante, se asió de la madera; no que fuera a caminar o algo así, pero al menos se sintió mejor cuando tenía algo que apretar mientras se le pasaba la atragantada.
El rostro le ardía de nuevo cuando al fin logró calmar los espasmos —uno que otro todavía escapó de su control—.
Se entretuvo más tiempo observando el mar, tratando de dejar la mente en blanco. Luego de una media hora, al fin se decidió a bajar. Una vez en cubierta, notó el silencio que reinaba y se preguntó si Loki estaría en la cabina o acaso, habría bajado a la bodega para comer. ¡Ah, ya! Eso le recordaba que, enojado o no, el príncipe tendría que tener hambre en algún momento y él no había preparado nada para la cena.
Estaba disponiéndose para ir a cocinar, cuando algo distrajo su atención: Al frente, tan lejos como para tener que forzar la vista, se hallaba la primera señal de tierra que viera en lo que parecía ya una eternidad. Eran dos piedras con forma de medio pico; se alzaban hacia el cielo como dos estacas que buscan alcanzar las nubes e incluso a esa distancia, le causaron un escalofrío. Precisamente, estaban en el curso que Loki había fijado para el navío. Se mantuvo observando las rocas, acompañado por los últimos vestigios de luz dorada y cálida que surcaban el horizonte. Caminó lentamente hasta la proa y se quedó estático, silencioso, con los miembros tensados hasta que le dolían.
Allá el mar se revolvía como impulsado por un huracán, golpeando las rocas que seguramente bramaban con un sonido de otro mundo, víctimas de la violencia del agua. Steve casi podía escucharlas, y eso únicamente aumentó su incertidumbre. ¿Realmente, el camino hacia Helheim debía ser por ahí?
Tal vez tendría que mencionarle a Loki el curso, por si acaso no era el correcto. Quería tener esa esperanza.
Cuando se volvió sobre sus talones, se sorprendió de encontrar al asgardiano saliendo a cubierta. Efectivamente, pensó, estuvo dentro de la cabina. Tenía la mirada puesta en el mismo lugar que él hace unos segundos tuviera posada la suya, pero se veía incluso más suspicaz. No era ninguna buena señal.
Steve, lo primero que realmente deseó en ese momento, fue disculparse por su anterior comportamiento. Ningún viaje ni circunstancia habría justificado de buena manera el hecho de que se quisiera entrometer en la vida del otro. Sin embargo, a pesar de abrir la boca, ningún sonido salió de ésta. Para cuando alcanzó a sentirse de nuevo como un idiota, Loki ya estaba caminando con elegancia felina hacia él, y solamente se detuvo cuando estaba a un metro de distancia.
—El Canto de Seirên —dijo repentinamente el moreno, sin apartar la mirada del sitio. Tenía una sombra alrededor de los ojos y su piel (algo cenicienta) brillaba, como si tuviera fiebre y no hubiera dormido en casi una semana—. Sin duda uno de los paisajes más desolados y terribles de la Tierra.
El estómago se le encogió desde las primeras palabras. En Midgard, era especialmente conocido por ser un sitio de muerte; un cementerio para los marinos. Pocos de los que habían entrado salieron con vida para contarlo, y lo hicieron naufragando durante semanas; para cuando los encontraban, su locura era tan grande que la mayoría terminaba suicidándose. El Canto de Seirên no presagiaba otra cosa más que la condena, ¿a manos de quién? Muchos decían que los fantasmas de miles de almas en pena, unos terceros juraban que por las Sirenas. En lo personal, no sabía cuál era más viable.
Miró a Loki indeterminado tiempo, mientras éste parpadeaba lentamente.
—¿Nuestro camino va a llevarnos hasta ahí? ¿No hay manera de rodearlo? —Preguntó, con la voz ligeramente estrangulada. El de ojos verdes esbozó una especie de mueca exhausta.
—Ya te había dicho que el camino no iba a gustarte —respondió—. El camino es este o echarte para atrás y renunciar; hay un arrecife que se extiende demasiados kilómetros a los lados de aquella fosa y lo más cerca que podemos virar para recuperar el camino, puede llevarnos a criaturas peores que las Sirenas.
Steve se estremeció; era bien sabido por todos que entre las muchas criaturas había pocas peores que ellas.
—Hagamos lo que considere mejor —señaló, con cuidado. Loki esbozó una especie de sonrisa.
—Ya que no tengo opción (y aunque la tuviera, seguramente tú seguirías incluso en un bote de remos), seguiremos hacia delante. Estoy seguro de que con la magia podré eludir lo suficiente a las Sirenas y salir bien parados. Al menos, solamente somos dos y no será difícil.
Él tendría que confiar en su palabra. A decir verdad, casi no le costó demasiado, tal vez porque necesitaba aferrarse a una vaga esperanza. Frunció el ceño y asintió, para luego deshacerse de su inquietud acerca del lugar y volver la atención al príncipe.
—Permíteme ofrecerte una disculpa por lo que sucedió con anterioridad —prorrumpió—. Creo que todas estas situaciones han estado haciendo meollo en mi cabeza y… fue una completa falta de respeto haber actuado así.
—Mientras te encargues de no repetir tal comportamiento, estará bien.
Steve asintió. Después, esbozó una expresión dubitativa.
—¿Y estás bien? Te ves un poco pálido.
—Creo que he usado la magia por demasiado tiempo —admitió, y Steve se dio cuenta de que le costaba hacerlo—, así que sería bueno poder descansar un momento. ¿Te importa?
—Para nada —aclaró—. Y puede que este tiempo me sirva para hacer la cena. Estoy seguro de que debes estar hambriento.
—No, en realidad.
El rubio arqueó la ceja con desconfianza. Loki simplemente se encogió de hombros; el barco no tardó mucho en detenerse y por primera vez, pareció hacerlo con el ancla, pues escuchó el sonido de una cadena deslizándose y un ¡splash! acompañándole.
—Tendrías que sentarte un momento —puntualizó de todos modos, señalando la cabina con un gesto de la cabeza.
—El aire libre me viene bien ahora y —realizó una pausa, frunciendo el ceño—, estoy seguro de cómo trate mi estado no es mucho de tu incumbencia.
Decidió no discutirle más acerca de ello, estaba claro que nunca podría convencerlo de lo contrario, así que mejor dejó escapar el aliento y asintió, obediente. Permanecieron en silencio durante mucho tiempo, mirando a la distancia El Canto de Seirên.
—Ahora sería precisamente bueno que apareciera en el cielo aquel destello que presagia, según Midgard, buena fortuna a los navíos.
—No si realmente significa lo que se dice en Asgard, aunque no sé ni de qué va. —Loki le miró con un pequeño asentimiento—. Jamás pensé que vería un sitio como ése.
—La desesperación de los hombres los vuelve muy parecidos a animales, ¿huh?
—Sí —musitó, quedito—, demasiado.
—Dime, Steven: Si tú fueras un animal, o pertenecieras a otra raza diferente de la que eres (cualquiera que sea esta), ¿qué te gustaría ser?
Lo primero que el rubio de verdad se vio contestando, fue que a Loki no debería interesarle aquello; si el joven asgardiano tanto insistía en mantener un interrogatorio —pues ya se estaba imaginando tales circunstancias—, él no quería seguir dándole en el gusto. El moreno estaba reticente a contestar sus preguntas y cuando llegaba a hacerlo, respondía de forma escueta o un tanto liosa y grosera, por lo que de por sí la poca confianza que deseaba darle, estaba menguando más y más.
Hace un rato se lo había dicho: "¿Cómo destruyes a una persona? Uno tiene que atacar su corazón". ¿Y qué mejor manera de hacerlo que conociendo los secretos de éste?; ¡ojo!, por supuesto no estaba diciendo que él confió ciegamente en este hombre desde el principio. A pesar de todo, él no era tan ingenuo.
—Jamás lo he pensado —dijo de forma tajante, pero sin mentir. Loki arqueó una ceja en señal de incredulidad, tal vez—. Supongo que poco me serviría desear no ser quien soy.
La cara de éste se contorsionó durante una milésima de segundo y a Steve se le estrujo el corazón, pues durante esa fracción de tiempo, casi inexistente, el de ojos verdes pareció impresionado. Al rubio le dio la sensación de que una respuesta como aquella, sincera igual que siempre, no era la que Loki esperaba.
Tal vez era eso, pensó con un chispazo de intuición brillándole en los ojos cerúleos, mientras lo recorría fugazmente con la mirada desde la coronilla hasta la punta de los pies: ¿El asgardiano sentía repulsión por quién era? ¿Por eso se rehusaba a la idea de que Odín le criara como su hijo? ¿Acaso despreciaba al difunto Rey por arrancarlo de su cuna, o todo era un malentendido?
Arrugó ligeramente el ceño y se mantuvo en silencio, esperando porque la sombra se disipara en aquellos hermosos ojos verdes. Cuando al fin, lo consideró prudente, le dedicó una leve sonrisa; aunque una parte de él se quemaba con la curiosidad, prefirió dejar pasar el asunto de la manera más natural que pudo.
Loki no pareció notar su gesto hasta unos segundos después, cuando sonrió con cinismo.
—Es cierto —había un ligero matiz entristecido en su voz. Silencio; un largo y pesado silencio le siguió a esas palabras.
—Iré a preparar algo para comer —señaló él un momento después, encogiéndose de hombros—. ¿Gusta algo en especial?
—Me parece que hoy lo dejaré a tu gusto y mando —concedió, no pensándolo demasiado. Hizo un elegante ademán para peinarse los cabellos y le dedicó una sonrisa, en esta ocasión un poco menos forzada—. De cualquier modo, no tengo antojo de nada.
—Bueno, ya veré qué puedo traer, entonces.
—Adelante. —El príncipe se viró y se dirigió en silencio hasta la cabina. Steve también le dio la espalda, yendo hasta la bodega mientras cavilaba acerca del descubrimiento que recién había efectuado con respecto al asgardiano.
Cuando, media hora después, salió con ambos platos en las manos, la puntita de su lengua asomaba entre sus labios y él estaba concentrado en no tropezar de nuevo, que el viento frío que le golpeaba el cuerpo apenas y lo percibía, incluso después de haber estado junto al calor de aquella cocineta. Se había esmerado un poco más el día de hoy, así que rebuscó entre toda la despensa hasta dar con un pavo, el cual acompañó con un poco de papas; el olor era agradable, aunque hubiera de decirlo él, y estaba muy seguro de que al príncipe le gustaría.
Al llegar a la cabina, pateó ligeramente la puerta, para dar a entender al asgardiano que ya estaba ahí.
—Pasa, Rogers —le indicó el otro y Steve hizo un par de malabares con el plato para dejar una mano libre y abrir la puerta. Esbozó una de sus sonrisas más amigables antes de entrar, para dejarla congelada al instante en que vio al asgardiano, sentado en la cama (los codos apoyados en las piernas e inclinado un poco hacia delante), y el torso descubierto. Se quedó estático, con el plato en ambas manos y observando con cuidado la piel blanca del otro, los marcados músculos y las cicatrices que le recorrían el cuerpo, apenas perceptibles—. ¿Ya está listo?
—Sí.
—Huele bien —admitió Loki, poniéndose de pie. El pecho y el abdomen, así como el rostro, estaban cubiertos por una ligera capa de sudor, pese a que el tiempo estaba fresco; Steve se sintió un poco aprehensivo por esto.
—Gracias —medio tartamudeó antes de mirar hacia los lados y acercarse para jalar una pequeña caja que estaba en el fondo. Dejó ahí el plato y se hincó, sacando de sus bolsillos un tenedor y cuchillo para cortar las piezas—. ¿Qué pieza quieres? —Loki musitó algo incomprensible, y Steve alzó la cabeza—. Perdón, ¿qué?
—Pierna —repitió el otro.
Steve se apresuró a servirle y luego le pasó el plato. Loki lo tomó y miró largo rato la comida, sin apetito.
—¿Algo está mal? —Se atrevió a preguntarle, por fin. El asgardiano le miró, dubitativa e intensamente. El rubio sintió que el rostro empezaba a arderle entonces y el corazón se le disparó. Automáticamente, sus ojos viajaron hasta los labios del moreno, pero se obligó a establecer de nuevo contacto visual.
Uno, dos, tres…
—No —respondió Loki, pero no parecía muy seguro—. Solamente estaba pensando.
—Ya veo —susurró con apenas fuerzas, volviendo su atención al pavo y esperando por alguna indicación del príncipe; al ver que éste no agregaba nada, le miró y dedicó otra suave sonrisa—. Loki —dijo su nombre con toda la naturalidad que pudo, tratando al mismo tiempo de sonar afable y quizá un poco comprensivo, sin embargo, el otro hombre se tensó de pies a cabeza, y apretó la mandíbula como si acabara de recibir un ataque. Steve decidió continuar, haciendo caso omiso de éste último detalle—, ¿quieres alguna otra pieza? Para servirla ahora y dejarte a solas.
—¿En esta ocasión no me vas a sugerir acompañarme?
—Soy consciente de que no… te sientes muy bien en mi compañía.
Loki dejó escapar el aire en algo parecido a una risa amarga.
—Tu compañía es mejor que muchas otras que he tenido la desgracia de verme obligado a soportar; si bien eres un poco… extraño, está bien eso, supongo —se encoge de hombros despectivamente, como quien no quiere la cosa. Steve le restó importancia.
—¿Deseas que te acompañe?
—Como quieras —bufó, pero el rubio tomó sus palabras como una invitación silenciosa y un tanto despectiva. Dicho eso, Steve se dejó caer en el suelo, en posición de flor de loto, ante la curiosa mirada del asgardiano, que siguió sus movimientos con las cejas arqueadas y una expresión cautelosa. El rubio simplemente empezó a cortar sus respectivas piezas y a comer en silencio; no quería presionar ningún tipo de plática entre ambos, aunque a decir verdad, el silencio no le venía absolutamente mal. Ahí se estaba a gusto, pese a que la temperatura parecía estar descendiendo en picada.
Le dio un pequeño escalofrío, pero de inmediato se recuperó. Loki empezó a comer en silencio, mirando un punto en la nada.
—¿Te ha gustado? —Preguntó repentinamente, tratando de no sonar ansioso. El otro dio un mordisco más en vez de contestar, pero se lo pensó mejor.
—Es bueno, ciertamente.
Steve le sonrió, tan feliz que él mismo se espantó. A pesar de esto, el de ojos verdes aún se hallaba demasiado ausente para notarlo.
—Me alegro mucho —dijo, escuchando sus propias palabras como algo lejano, que no le pertenecía repentinamente. Loki volvió a ofrecerle su atención.
—Si fueras una chica, seguramente habrías de ser una buena esposa —soltó con burla. Steve pestañeó rápidamente y frunció el ceño ante la sonrisa divertida del moreno, pues claramente le estaba tomando el pelo; inmediatamente, el asgardiano apoyó las manos en el colchón, apoyándose en ellas para hacerse un poco para atrás.
—Si esa es su forma de intentar un cumplido… —hizo una pausa, arqueando una ceja en espera de alguna respuesta, pero al ver que el otro no hacía ademán de corregirlo, suspiró pesadamente—, gracias, supongo.
Algo en ese hombre de ojos verdes, y la forma en que se enderezó para encogerse de hombros, le recordó a Tony cuando ambos se sentaban a descansar en las rocas luego de una misión y el otro restaba importancia al peligro. Tenía incluso el mismo porte engreído, pero era infinitamente más elegante que su amigo y había algo oscuro en su persona, algo que no podía identificar y tanto le daba recelo como curiosidad.
El asgardiano cerró los ojos y continúo comiendo en silencio. Por su lado, Steve lo imitó, mirando de un lado a otro en aquella pequeña habitación. De pronto, pensando en el frío que sentía en el ambiente, le vino a la mente la imagen de los jotun. Frunció el ceño; Loki arqueó una ceja, dubitativo.
—¿Qué sucede? —Le preguntó el moreno al fin, viendo que él no iba a expresarle sus dudas en voz alta. Rogers se tardó un poco más en responder.
—¿Por qué será que están surgiendo todos estos ataques? —Musitó con voz apenas audible. Loki no cambió su expresión, pero en sus ojos brilló un sentimiento que de nuevo (y no era sorpresa), a Steve se le escapó—. Los jotun parecen estar en altamar únicamente para encontrar víctimas, y están dispuestos a atacar incluso los barcos que vienen de Helheim. Me resulta inquietante.
—Y no sólo a ti —apuntó Loki, mirando con indiferencia el pedazo de pierna que le faltaba devorar—. Pero, ¿de qué te sirve preocuparte por ello? Los jotun son monstruos; en Asgard, cuando era pequeño, ellos son las criaturas con las que los padres asustan a sus hijos… incluyéndome.
Steve pestañeó rápidamente, como si no acabara de creerse que el otro hubiera respondido de esa manera, pero ya lo estaba notando, que tenía sus deslices con respecto a ciertos temas, como si el peso fuera demasiado y solamente hablando de ello en voz alta, pudiera liberarse; aunque en esta ocasión, en el caso de Loki, parecía ser todo lo contrario. A diferencia de muchas personas de las que conocía, cuando el asgardiano hablaba acerca de sus problemas, únicamente parecía más destruido que antes.
Tal vez, sería el momento oportuno para ponerle la mano en el hombro o algún otro gesto de compañerismo que le diera a entender que no estaba solo, que no tenía por qué estarlo. Sin embargo, el pensamiento murió antes de procesarlo del todo, y se mantuvo estático, contemplando en silencio a Loki, quien al mismo tiempo tenía la mirada fija en un punto en la nada.
—Yo no creo que sean monstruos —expuso con un hilo de voz, no muy seguro de si quería captar la atención del moreno—, tal vez un poco incomprendidos, pero…
—Anda, ahora me vas a salir con que eres capaz de congeniar con esas… bestias —la última palabra pareció herirle, como si lo acuchillaran en el corazón lenta y profundamente.
La sombra de dolor en sus ojos no se escondió de Steve en esta ocasión, y antes de que Loki volviera a su impasible rostro, Steve ya había pensado en mil y un posibilidades acerca de ese sentimiento. No se atrevió a decir nada, ni tampoco a conjeturar antes de recabar más datos; así tendría que ser, ¿no? Después de todo, quería ayudar a Loki, fuera lo que fuera que tanto le hería; no sabía por qué le inspiraba tanto ese instinto de protección, como si a partir de aquel primer incidente con la copa el día de la celebración, sus destinos se hubieran ligado más de lo que estaba dispuesto a admitir, más de lo que podía controlar. Steve se sentía aterrado, ¿por qué iba a negarlo? Sin embargo, él nunca se había hecho para atrás luego de tomar una decisión.
—¿Cómo hacer entender a un hombre que está demasiado ciego para ver? —Susurró Loki, poniendo los ojos en blanco y resoplando hacia arriba, donde un pequeño mechón se levantó y volvió a caer en su lugar, un tanto desordenado—. ¿Habrás olvidado que en la Edad Oscura, ellos intentaron destruir Midgard? Sólo mi gente impidió que los tuyos se fueran a la perdición.
—Según ese criterio, entonces todos los habitantes de los reinos debemos ser llamados monstruos, puesto que siempre estamos pensando en cómo superar o destruir al enemigo, ¿no? —Hizo una pausa—. Al menos, eso es lo que siempre dice Tony.
—Desde hace mucho tiempo que el único modo de ganarse la vida es traicionando —señaló—. Tu amigo parece mucho más prudente de lo que le hiciste parecer. Sabe cómo funciona hoy en día el mundo —le dedicó una especie de mueca burlona—. Es un poco ridículo señalarlo a estas alturas, pero nunca dejará de sorprenderme de que existan personas como tú, Steven, que eres de los pocos que piensan que todas estas almas en desgracia tienen la posibilidad de la salvación.
—Yo creo que…
—Ahórratelo. Idealizas demasiado el mundo. Sinceramente no me interesa escucharlo, ni ahora ni nunca.
—Tengo los pies en la Tierra —se defendió Steve—. No confío en cualquiera, pero tampoco me dispongo a prejuzgar a diestra y siniestra, partiendo de ideas o palabras de terceros.
Loki le dedicó una sonrisa antes de ponerle la mano en la mejilla. Steve tensó el cuerpo de pies a cabeza, y su corazón se detuvo segundos antes de golpearle con tanta fuerza, que debió hacer un esfuerzo sobrehumano para no soltar un quejido. La sangre le subió al rostro y se sintió repentinamente mareado, como si estuviera en una especie de remolino o algo parecido.
—¿Me tienes miedo? —Le preguntó el moreno con voz aterciopelada, pero una mirada endurecida. Steve pasó saliva pesadamente.
—¿Debería tenerlo? —musitó con la voz un tanto estrangulada, al sentir que la mano del asgardiano descendía hasta su cuello para presionar con suavidad su manzana de Adán; el tacto era más parecido a una caricia maliciosa que a alguna clase de amenaza, pero le causó tanto miedo como si el moreno tuviera una cuchilla en su yugular; a decir verdad, Steve no sabía por qué cualquiera de las dos le parecía realmente mala. Se sintió escandalizado, e incluso tentado de sacar el escudo y ponerlo entre ambos, ya que podía sentir cómo empezaba a manar de Loki un aura extraña, amenazante, pero que por alguna razón no parecía poner en riesgo su integridad física.
—Más del que te puedas imaginar —respondió al fin el asgardiano, dejando caer la mano devuelta a su regazo. Steve notó que su mano, de forma inconsciente, se había movido hasta el bolsillo de su pantalón y se apretaba en el escudo; no logró relajarse rápidamente, y se mantuvo estático, alerta por si en cualquier momento debiera prepararse para una batalla. No obstante, el otro se devolvió a una postura despreocupada e incluso desinteresada—. ¿Sabes? Mi herma… —carraspeó antes de continuar—… Thor se parece a ti en lo que refiere a siempre intentar ver algo parecido a la bondad en todas partes. Por supuesto, él es demasiado impulsivo y suele arreglar las cosas de manera diferente. Él se dedica a golpear y pregonar palabras a diestra y siniestra; siempre escuchando a sus tontos amigos.
Una sonrisa escalofriante se dibujó en el rostro del asgardiano y Steve se estremeció. Por primera vez, notó realmente a qué se refería el moreno y sintió un remoto miedo por algo que realmente parecía ser maligno.
No apartó la mirada de Loki y se enderezó tanto como pudo. Incluso a pesar de estar sentado, estaba intentando verse más grande y quizá, en cierto punto lo había logrado. En los ojos verdes del otro se estaba encendiendo nuevamente aquel destello rojizo, pero era el cierto grado de locura lo que le hacía parecer un tanto descuidado y quizá hasta frágil. No, al contrario; parecía mucho más poderoso, como si la energía proveniente de él empezara a salir poco a poco de su control.
—Deberías descansar —soltó Rogers mientras se ponía de pie y fruncía el ceño. El moreno levantó su mirada a la par que él—. Creo… que estamos sometidos a demasiada presión. Para mañana estarás más tranquilo, y yo también.
—Mañana estaremos por el paso de las Sirenas; te aseguro que tendrás algo por lo que inquietarte —hizo una pausa y miró alrededor, igual que si notara una presencia que a él se le estaba escapando—. Aquí el aire es más pesado —comentó, encogiéndose de hombros, aunque la misma acción parecía terminar con muchas de sus energías. Steve tuvo que admitir que tenía razón; a lo largo del día, el ambiente se había vuelto más sombrío y otra cosa que no se atrevía a comentar. El viento que disfruto en la mañana, estando en las alturas, se estaba extinguiendo poco a poco—. Será mucho peor cuando lleguemos a Helheim.
Esperó un par de segundos antes de soltar las palabras, despacito.
—¿Estarás bien para entonces?
Loki le miró con un gran desprecio y soberbia, por lo que se encogió, ligeramente avergonzado.
—Jamás dudes de la palabra de un asgardiano —la última palabra (se atrevería a decir) le dolió pronunciarla—. Si te dije que te llevaré a Helheim, es que así será.
Puede que fuera un tanto estúpido, pero de inmediato supo que era verdad.
Loki se recostó en la cama, todavía observándole con ojos cada vez más turbios. Aquella manera de dejarse caer sobre el colchón no le gustó a Steven en absoluto; aquél estaba ceniciento, todavía sudando y parecía enfermo con las manchas negras que se estaban formando debajo de sus ojos. Le dio miedo que le estuvieran sacando la vida poco a poco. Durante un segundo, Steven pensó en una flor secándose; uno, dos, tres pétalos descansando a los pies del florero, en donde la flor se inclina hacia delante, como un desahuciado…, cada vez menos color y vida.
—Yo vi ese destello cuando tenía casi trece años… —susurró el otro, tomando por sorpresa a Steve—; él quería enseñarnos a Thor, Balder y a mí, cómo luchar contra los dragones. Ya sabes, Asgard es un sitio de guerreros, y la isla donde ellos se reproducen no está muy lejos de ahí.
"Estábamos muy entusiasmados con la perspectiva de llegar y demostrar cada uno su valía. Llevábamos con nosotros todo tipo de armas, desde cuchillas hasta las más increíbles espadas, también los arcos que elfos luminosos habían regalado a los soldados en su última incursión... no puedes tener idea de lo hermosos que eran, tan brillantes y resistentes como el diamante y flexibles como el bambú; iban adornados con runas de protección. Cada vez que soltabas una flecha, parecía zumbar el viento, cantando alguna canción. Bueno —sonrió amargamente—, podrás ver que a diferencia de muchos, el arte con la espada me gustaba más bien poco. A mí, simplemente no se me daba.
"Todo el camino, tuve que soportar a aquellos dos idiotas presumiendo sus dotadas habilidades con la pelea, y Odín diciendo cuán feliz estaba de tener hijos tan diestros. Jamás me miró a mí mientras decía eso, y si lo hizo, a seguro fue con un tanto de… ¿Compasión? ¿Obligación? Pese a que (en contadas ocasiones) se interesó por mi aptitud para la magia, y la utilizaba como bien los Aesir exigían y querían, nunca me dijo verdaderas palabras de apoyo. Ya te he dicho… ¿cómo iba a hacerlo si yo no pertenecía a toda esa (falsa) grandeza de la que presumen ahí, en su familia? Pero en ese entonces no sabía nada acerca de mi origen.
"Es increíble cómo una persona puede sentirse tan celosa e impotente a la vez. Eso lo descubrí aquel día, cuando le mostré a Odín mi puntería con las cuchillas y el arco; yo también quería presumirle. —Loki rió sin sentimiento alguno, mirando el techo, hacia un punto en la nada. Steve sintió que el estómago se le retorcía, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no acercarse al moreno y ponerle una mano en la frente, para verificar si no tenía fiebre—. Él dijo que era bueno, pero no que se sentía orgulloso. Balder entonces insinúo (maldito hipócrita inútil y despreciable), que era debido a mi cobardía, porque un verdadero guerrero de Asgard no pelea con honor sino es cuerpo a cuerpo, y lo que yo hacía era poco diferente a usar la magia —ya tenía los dientes apretados y hablaba entre ellos, como una serpiente siseando—. De nada sirvieron las horas de práctica, ni los callos y ampollas que se formaron por sujetar el arco durante todo el día.
"Yo despreciaba tanto a Balder. Lo creyera mi hermano entonces o no, como ahora, lo odio tanto. ¿Qué tenía de especial aquel despreciable insecto? De lo único que se valía era su fuerza bruta y su belleza. Thor al menos podía sentir compasión… al menos trataba (de manera consciente o no, quién sabe), de incluirme en ese mundo.
"A Odín siempre le dio por enseñarnos a través de cuentos, por lo que al oír lo que me decía Balder, se acercó y nos obligó a escuchar la historia del Príncipe de Medianoche. Cuán bien nos describe a nosotros esa historia. —Se volvió hacia el rubio—. Supongo, que podría contártela ahora, si gustas.
Steven debió pensárselo un rato, pues parte de él deseaba salir de la cabina y no volver hasta que Loki se sintiese mejor o no tuviera aquel semblante espectral y colérico, como un Dios a punto de lanzar su ira contra los hombres.
—No quiero que te esfuerces demasiado —señaló, con voz queda y dedicándole una suave sonrisa—. Ahora mismo, pareciera que estás enfermo. Estoy un poco… preocupado. ¿No tienes fiebre o algo así?
Loki pestañeó rápidamente, pero al final, únicamente se enderezó en la cama.
—Qué enternecedora palabra, eso de "preocupado" —se burló y luego encogió los hombros—. Como sea, te aseguro que no estoy enfermo. Es solo que… —hizo una pausa y luego frunció el ceño—, he tenido que tomar medidas.
—¿Medidas? —Repitió Steve, un poco atónito—. ¿Medidas con respecto a qué?
—Hace no mucho que asesiné a Odín…, y ya que estamos en eso, a la estúpida zorra amiga de mi hermano —el rubio casi retrocedió un par de pasos al escuchar eso último—; he escapado de mi castigo y es obvio que no querrán dejarme impune. Estoy muy seguro de que están cerca, así que debí realizar hechizos de protección e invisibilidad, en especial luego de que nos atacarán los jotun.
—¿Ah? —La pregunta se le escapó antes de contenerla—. ¿Entonces por qué nos han visto?
Loki bufó algo a media voz.
—La ruta hacia Helheim no suele ser muy transitada —señaló con displicencia—, y aunque no lo creas, emplea una gran cantidad de magia abarcar las veinticuatro horas un objeto tan grande como este, y con magia que pueda engañar incluso al más sabio de los hechiceros. Los humanos en general —añadió con una risa cínica—, son muy poco perceptibles a los encantamientos. Cuando salimos, únicamente contaba con que nos siguieran ellos, y de habernos topado en el camino con los barcos de Asgard, a seguro que hubiésemos pasado sin ser vistos; pero los jotun se entrenan contra y para usar las artes mágicas, así como la mayoría de los otros reinos.
Steve volvió a sentirse impresionado por la habilidad de Loki al escuchar su explicación. Realmente, era alguien muy fuerte. Si planeaba que sus pensamientos terminarán saliendo en voz alta, se vio interrumpido por el otro:
—Además, tengo un mal presentimiento —agregó éste con seriedad—. Siento como si… mis encantamientos no fueran a servir frente a los ojos de alguien, y debido a ello voy a fallar en un momento crucial de la empresa.
El asgardiano se miró la mano, ahí donde la primera vez, el rubio hubiese visto un tatuaje cuyo significado desconocía, pero estaba seguro de que era importante; también le producía un mal sentimiento.
—¿Por qué sería así? —Tuvo que preguntar. Loki alzó la mirada, pero todo atisbo de incertidumbre se había borrado de su mirada. Solamente dijo una palabra, y a ser sincero, Steven no la entendió.
—Sleipnir.
0*0*0
El establo donde dejaron a los pegasos se reforzó con la magia de Sigyn, para evitar que robaran a los cuadrúpedos. Después de todo, estaban en una taberna cualquiera de un pueblo olvidado, de aquellas que eran visitadas frecuentemente por bandidos y otras criaturas un poco peores —Thor estaba casi seguro de haber visto una especie de troll atendiendo las mesas donde se hacían las apuestas—.
Sin embargo, lo fuera o no, él se sentía un tanto cómodo en un lugar como este, pues sus aventuras le llevaban a sitios peores; ¿un ejemplo? Podía dar muchos, pero pocos comparados a aquella vez en que para recuperar su preciado martillo Mjolnir de las manos de una secta de hechiceros, tuvo que disfrazarse de novia junto a Loki, quien al mismo tiempo se hizo pasar por su dama de compañía[4].
Sí, pues, comparado con aquella ocasión, una taberna llena de matones era para nada estresante. Sin embargo, podía notar el recelo de los midgardianos, que iban deslizándose entre las mesas y miraban a todos lados, como sospechosos de algún crimen; parecían gacelas mostrándose a los leones. Se preocupó durante un instante, pues a la clase de gente que frecuentaba estas tabernas le encantaba buscar cualquier excusa para armar un lío, e incluso una mirada que ellos consideraran grosera podía ser causa de pelea. Lo sabía por experiencia.
Por eso, tan despreocupado como pudo, se limitó a escoger una mesa y sentarse, con un gran tarro de cerveza en la mano. Seguido de él, se sentaron los midgardianos —el que se hacía llamar Tony, se acomidió a retirarle la silla a Sigyn, para que ésta se sentara—.
Entre ellos quedó el silencio, a excepción de unos cuantos comentarios del Stark, que parecieron dirigirse a nadie en especial y no tuvieron ningún efecto. Nada se le podía hacer, pues sus ánimos estaban todavía por los suelos después de pasar las últimas veinte horas en el aire, sin rumbo aparente. Fue cuando empezaron a sentir demasiado sueño y resultó más que probable morir en una caída, que Thor sugirió detenerse en este insignificante lugar perdido.
Por suerte, no se habían desviado demasiado. Sigyn, que había entablado una especie de comunicación con el hijo de Loki, parecía saber que éste los dirigía al Canto de Seirên.
Al principio, todos ellos se sintieron alarmados y hubo un momento en que Thor estuvo dispuesto a golpear con el martillo a Sleipnir por creerlos tan estúpidos. No obstante, la joven rubia —quien confiaba plenamente en lo "dicho" por el caballo— sugirió rodear el camino, y aunque seguramente iban a tardarse un poco más de lo esperado, se supone que alcanzarían a Loki y ¿se llamaba Steve?, en dos o tres días más. Eso claro, solamente si el jotun no era la mitad de prudente que Thor creía. Su hermano —mierda, seguía llamándolo así— era bastante meticuloso; no había mucha probabilidad de que tomará un camino como el Canto de Seirên, sino que él lo habría rodeado como estaban por hacerlo ellos, ¿verdad?
Suspiró. A estas alturas, ya no estaba seguro de nada acerca de Loki.
Miró alrededor, sin prestar mucha atención a nadie en especial. Había toda clase de criaturas, propias de las tierras con las cuales los nueve reinos no solían tener ningún tipo de trato, pues los creían bárbaros; eran prácticamente nómadas, y se dedicaban a la piratería o el comercio en los Mercados Negros. Encajaban a la perfección con el ambiente tan sombrío y apestoso de la taberna: Duendes, orcos, algunos elfos renegados, hadas y humanos —los últimos con apariencia de remendados muñecos cocidos aquí y allá—.
Sin embargo, por sobre todas las cosas, su preocupación radicaba en las hadas; diez o quince veces en su vida se había topado con una —incluso teniendo romances sin importancia—, y aunque bien podría admitir que eran interesantes y hermosas, también se caracterizaban por ser engañadizas y convenencieras, siempre hablando dualmente y procurando sacar diversión de las cosas que decían o hacían.
El pensamiento vino a su mente, acudiendo de forma desobediente: Hubo una ocasión en que un hada —que no era nadie más ni menos que una Reina, si bien quería llamarlo así—, celosa y despechada, raptó a Jane para vengarse de él. Y ¿saben qué hizo para cobrárselas? ¡A la chica la tuvo encerrada en un calabozo durante casi tres días y luego, cuando al ir a rescatarla le atraparon, le dijo que únicamente la liberaría si accedía a convertirse en un sapo y conseguía el beso de alguien dentro de la Corte de Hadas! Aún no olvidaba lo que se sintió estar croando y saltando a lo largo de la estancia, esperanzado de que alguien se apiadara de él.
En ese entonces, había ido con sus amigos y Loki, podía recordarlo; por supuesto, ellos más que nadie.
—¡Espera, Thor! —Le gritó su hermano, luego de un rato de que aquellos despiadados seres incluso le dieran patadas para apartarlo de sus vestidos. Por su parte, no había sido capaz de hacer otra cosa más que aceptar el trato del hada; allá, en el fondo de la sala, estaba un troll cargando con Mjolnir. Le miró con odio antes del llamado de Loki, al que se giró lentamente. Sus amigos estaban sujetos y rodeados por varios caballeros—. Su Majestad Arya ha dicho que podías besar a alguien que estuviera presente en la Corte, pero no ha especificado que debía ser un hada.
Por la sonrisa que enmarcó la mujer, estaba seguro de que había sido su intención que no se diera cuenta de ese detalle, y él sintió cómo se le revolvía el estómago; si bien las hadas no solían ser criaturas de gran maldad, tendían a la malicia y búsqueda de la manera conveniente para hacer sus travesuras. En cierto sentido, a veces le recordaban a Loki, pues eran poseedoras de una belleza y elegancia exóticas, y eran extremadamente peligrosas cuando del habla y los engaños se trataba.
En aquella ocasión habría gritado de ira de no ser porque, únicamente le iba a salir un croar extraño y sinsentido que atraería las burlas de sus —ahora— enemigos.
—Muy observador, joven —señaló la mujer, una criatura asombrosamente hermosa, de largos cabellos platinados y ojos arcoíris—. Es cierto: El hijo de Odinson puede besar a cualquiera presente en esta corte.
Thor nunca se sintió tan aliviado de ver a Sif ahí. Pero al notar su mirada, la chica negó con la cabeza.
—No voy a besarte como sapo, ¡ni muerta! Prefiero que tu amiga se quedé en el calabozo; tarde o temprano tendrán que devolverla.
—Oh, claro. Pero, ¿en qué condiciones? Y toma en cuenta, jovencilla, que mi vida es muy larga. Para mí, lo que sucede en un parpadeo, para Jane sucederá en ¿veinte años? Quizá ya no viva para entonces.
Sif se ruborizó y Thor se acercó a ella. Ésta apenas se decidió a levantarlo en sus manos y observarlo con mueca de asco.
—¡Bésalo! —Exclamó Fandral, removiéndose entre el agarre de un caballero hada al que se le veía una sonrisa de satisfacción apenas perceptible—. Hazlo ya, antes de que me haga viejo.
—¿Y por qué no lo besas tú? —Preguntó la chica, enfurecida—. ¡Ha dicho que cualquiera! —Parecía que estaba a punto de arrojarlo contra el rubio. Arya les vio discutir un largo rato hasta que Thor fue arrebatado de las manos de Sif (¿o para entonces estaba con Volstagg, en una especie de juego de papa caliente?).
—¡Debería darles vergüenza! —Gritó Loki, de malhumor—. Se hacen llamar guerreros, ¡pero son unos amilanados!
—¿Unos qué? —Preguntó Fandral, arqueando una ceja, al parecer sin decidirse si los había insultado o algo así (como le sucedía a Thor).
—Cobardes, pues —respondió Loki, apretando los dientes mientras observaba a su hermano convertido en sapo; viscoso y lleno de verrugas. Tragó saliva, y Thor creía recordar que hizo lo mismo.
—Anda, ¿realmente vas a hacerlo, Lackey? —Se burló Sif. Loki le dirigió una mirada iracunda.
—Si hicieras un buen trabajo como la amiga que eres —parecía esconder un sentido de "arrastrada" por la forma en que lo dijo—, podríamos evitarnos ver quién da el heroico besito —señaló con ponzoña, para luego mirar a Thor—. Y tú, por esto que voy a hacer, más te vale que me consigas algún increíble libro de hechicería (con el cual, de paso, borrarnos a todos la memoria).
Con los ojos cerrados y respirando copiosamente mientras hacía una mueca extraña, Loki le besó en los labios. Al instante, pudo escuchar las exclamaciones de la Corte, entretanto sentía el hechizo del hada desaparecer y él volver a su forma normal. En cuanto finalizó la transformación, Loki y Thor abrieron los ojos y se separaron empujándose uno al otro para toser y tallarse el rostro con fuerza.
Arya comenzó a aplaudir y reír, con elegancia y al mismo tiempo, entusiasmo. Parecía satisfecha con la escena mientras se inclinaba hacia delante.
—Y dime, querido, ¿cómo se siente besar a tu amigo? ¡Parecía que lo estuvieras disfrutando!
—¡Agh! Por supuesto que no. ¡Es mi hermano! —Los ojos de Arya destellaron de interés y su sonrisa se fue perdiendo hasta que solamente era una fina línea que se ladeaba hacia un lado, con malicia—. Eres una degenerada.
—Así que tu hermano —musitó ella, si se puede, más divertida e interesada en la escena. Se había inclinado hacia delante, cruzando las piernas y apoyando la cabeza en su mano—. Magnífico. Los hijos de reyes tan poderosos. Deben estar orgullosos…
Thor y Loki se miraron, sin entender palabra alguna. La reina habría de sonreír antes de hacer un ademán hacia su caballero, indicando por fin que liberaran a Jane.
—Esto es solamente porque me han entretenido un momento, ¿eh? Y porque sinceramente, hijo de Odín, vales muy poco la pena. A decir verdad —fijó su atención en Loki—, tú podrías venir aquí cuando quisieras y más lo necesitaras. Quiero saber quién es realmente Lengua de Plata; estoy segura de que tendríamos muchas cosas en común.
El moreno le dirigió una especie de sonrisa condescendiente. Mientras traían a Jane, el hada se puso de pie e hizo un movimiento con la mano, haciendo aparecer una pequeña esfera, apenas del tamaño de la palma. Era transparente con unos aros dorados que giraban a su alrededor, suspendidos a unos milímetros del cristal.
—Un regalo de mi parte, señal de buena fe a un transformista tan habilidoso como tú. —Le pasó la esfera, y Loki la atrapó en el aire—. Algún día, te vendría bien ser amigo mío.
—Acepto su regalo con humildad —contestó el moreno, segundos antes de que la esfera empezara a temblar. Cuando Thor se diera cuenta, la mano de su hermano se estaba poniendo de una tonalidad azulada. Loki soltó una maldición y dejó caer la esfera; ésta chocó contra el suelo y rodó por sus pies. Ambos príncipes levantaron la mirada hacia Arya, que sonreía de nuevo divertidísima—. O quizá no.
—Estaba pensando, cuán hermoso te verías con la piel azul. Una verdadera joya, igual que un zafiro oculto en la sombra de una… burda zirconia amarilla —respondió, sin el menor atisbo de vergüenza al mirar a Thor mientras decía lo último.
Jane apareció entonces por el umbral de la puerta, con los pliegues del vestido medio hechos jirones y el cabello, que unas noches antes hubiera estado ataviado con hermosos adornos y un peinado complicado, caía sobre sus hombros en una maraña mugrienta; tenía la cara llena de tierra o lodo, un par de rasguños y magulladuras, seguramente producto de haber intentado escapar del troll cuando la llevara ante Arya. Thor se sintió indignado, colérico, y de no ser por el alivio que le dio ver que ella todavía estaba viva, seguro se lanza a matar a todos los presentes con sus propias manos. Jane corrió a abrazarlo, y poco después ellos fueron expulsados de la morada; el rubio también conforme de que Mjolnir hubiese regresado a su poder.
Sin embargo, el alivio habría de durarle muy poco. Aquella noche, hace casi nueve años, las cosas entre ambos hermanos habían cambiado. En un principio, cuando la distancia se iba formando, Thor lo atribuyó al beso y lo vergonzoso que resultaba encontrarse frente a frente en los pasillos. Pero luego de un par de semanas, no terminaba explicándose cómo o por qué Loki parecía tan distante no solamente de él, sino del resto de los asgardianos. Ya llevaba mucho tiempo encerrándose en sus recámaras, sin hablar con Thor o ningún otro; tenía dos días sin bajar a comer; ya no buscaba a Odín ni tampoco aceptaba ver a nadie…solo una vez dejó entrar a Frigga y cuando ésta salió, no mucho tiempo después, tenía un semblante decaído y los ojos rojos.
Thor nunca se atrevió a preguntar qué sucedía, y cuando al mes comenzó a terminarse esa etapa, por primera vez, iba a darse cuenta de que su hermano parecía no encajar en absoluto con Asgard; tan delgado, sombrío, esbelto pero no fuerte, apuesto pero no hermoso. Tan chocante como un extranjero, incluso en su propia piel.
Pese a sus intentos, el trance de su hermano duró casi seis meses. En una ocasión, lo encontró echándose sobre la cabeza su capucha verde y escabulléndose hasta el Bifrost. Lo siguió tanto como pudo antes de que Loki se volviera hacia él e hiciera una mueca de molestia, para desaparecer en el aire. ¡Perfecto! Se regañó entonces, había seguido a uno de sus clones. Entonces, ¿dónde se había metido el verdadero? Eso tampoco lo supo jamás, ni se atrevió a mencionarlo a nadie, e incluso agradeció que el moreno tampoco lo hiciera.
Contactó con Heimdall en cierta ocasión, para preguntarle acerca de las constantes desapariciones de su hermano, pero éste le dijo que no podía verlo. ¡Heimdall, que debido a su puesto podía verlo y oírlo todo!
Thor se desalentó y dejó de ir a los entrenamientos casi una semana; una cosa que en otro momento habría sido una tortura. Sus amigos se mostraron preocupados y hablaron con Odín. Cuando el rubio al fin encontró ocasión (o valor) para hablar acerca de sus inquietudes con su padre, él diría que habló con Loki, que todo se arreglaría y le diera tiempo. Pero las cosas únicamente empeoraron.
No mucho tiempo después sucedió lo de Sleipnir, y el rubio no vio a su hermano a lo largo del transcurso de casi once meses; para cuando volvió, su relación con los Aesir era delicada y tensa, como si éstos pensaran que él había traicionado a su gente y se había vuelto en su contra por su "merecida" amenaza que le dieran luego de que aceptaran el trato de aquel gigante que construyó las murallas de Asgard.
—¡Y ahora vienes con esa aberración, producto de un marica como tú! —Le gritó alguno de los miembros. Thor, que estuvo presente en la junta, intentó apoyar a Loki de cualquier manera que pudiera, pero el constante rechazo de su hermano le obstaculizaba con frecuencia. Para cuando las cosas volvieron un tanto a la normalidad, existía una brecha enorme entre ellos y parecían distanciarse más y más.
Entonces, ¿desde cuándo dejaron de sentirse como hermanos? ¿Por qué había sucedido todo aquello? Lo sabía, quisiera o no admitirlo. Mientras sucedía la procesión de su padre hacia el Valhalla, cuando él, Balder y los Tres Guerreros iban cargando el ataúd de su rey… tuvo que preguntar acerca de lo sucedido. Jotun, había dicho Odín a Loki. Y Frigga por fin le dijo la verdad.
Ahora, simplemente lo sabía. Y durante los últimos días, estuvo dándole vueltas al qué había hecho mal como hermano para que las cosas se torcieran así. ¿Todo fue a causa de su encuentro con Arya? ¿Y si ella se lo había hecho saber y durante estos nueve años, Loki supo acerca de su verdadero origen? Después de todo, él era un jotun y…
Una verdadera joya, igual que un zafiro...
¿Por qué no había confiado en él y le dijo lo que sucedía?
La respuesta le llegó a través de una niebla densa, un recuerdo que lo marcaba: El Ojo de Niflheim. Creyó que nunca se habría de arrepentir más que nunca de haber ignorado a su hermano como en aquella ocasión. Sí, porque, ahora reconocía la voz de aquel hombre… lo hizo desde que empezó a notar el cambio en la de su hermano: "¿Y qué es ese nuevo amor por los Gigantes de Hielo? ¿Tú? Pudiste matarlos con tus propias manos".
Sí, eso habría hecho él. Hace tiempo. Ya era otro.
¿Eso significaba que no iba a matar a Loki? ¿Qué no le haría cumplir su castigo, firmar su sentencia? Loki había matado a su rey, a su padre… al de los dos. ¿Existía una criatura más horrible que la que hiciera eso?
—¡Eh! —Alguien le gritó en el oído, y Thor se vio obligado a regresar a la realidad. Cuando se volvió hacia la derecha, Tony estaba pasándole la mano frente a los ojos. Pestañeó para deshacerse del sopor—. ¿Piensas beberte eso? Llevas casi media hora mirándola como si te fuera a revelar el futuro, hombre.
—¿Ah? —Miró el vaso de cerveza como si fuera la primera vez que viera uno, y éste se moviera o hablara contra toda lógica—. Este… —los midgardianos tenían su mirada puesta en él. Al fin, negó con la cabeza y echó a un lado el trasto—. Creo que no tengo mucho humor —trató de esbozar una sonrisa—. Me iré a dormir. Por favor, disfruten de un momento de tranquilidad, porque mañana —volvió a ponerse serio—, nuestra búsqueda empezará de nuevo.
Todos asintieron, soltando escuetas palabras que él ni siquiera se esforzó en escuchar del todo, mientras se ponía de pie y se retiraba.
A pesar de haber dicho que iría a las alcobas, dio un pequeño paseó por los alrededores, y luego de una o dos horas, pasó a los establos. No podía sacar a ninguno de los pegasos, y posiblemente el hechizo de Sigyn le impediría hasta tocarlos, pero se detuvo frente a Sleipnir. El caballo, al que había montado durante todo el día sin descanso, le observó con sus ojos brillantes y ávidos; Thor volvió a sentirse un poco extraño ante la presencia del animal. Veía poco de Loki en él… bueno, claro, ¡era un caballo!, pero además del porte elegante y quizá un tanto de las crines oscuras, no se parecían en absoluto.
Lo miró en silencio, como si pudieran compartir palabra alguna entre ellos.
El caballo relinchó y cerró los ojos al fin, como decidido a ignorarlo por completo. Quizá sí, pensó entonces, Loki y Sleipnir sí se parecían.
—Siempre creí que era tu tío —musitó, atrayendo la atención del semental—. Es… curioso saber que eso también era mentira. —Lanzó una risa amarga—. ¿Sabes? Vine a ofrecerte una disculpa, por todo lo que te he dicho en el palacio. Creo que yo nunca podría hacerte daño. ¡Joder! —Se pasó una mano por los cabellos, un tanto desesperado—. Es cierto lo que me ha dicho a Balder sobre que pienso a Loki tan hermano mío, que posiblemente, todo este viaje no tenga casi nada que ver con mi padre. —Volvió su mirada hacia Sleipnir, con un atisbo de enojo; la voz estuvo a punto de quebrársele y los ojos le escocieron—. ¡¿Tú lo entiendes?! ¿Sabes por qué Loki actúa como actúa? ¡Yo no! Se le dio todo en la vida y…
—Alguien sigue siendo un monstruo, en la medida de los ojos que lo ven —interrumpió una voz femenina, que hizo a Thor volver la mirada. Ahí estaba Sigyn, con sus cabellos trenzados y una cubeta llena de agua. El de ojos azules se ruborizó ligeramente, removiéndose incómodo y desviando la mirada, para que no se notara lo que seguramente eran lágrimas—. Lo siento, Sire. No pretendía sorprenderlo; solamente, le estoy traduciendo lo que él dice.
—¿Ah? —Preguntó, y se sintió como un completo idiota. La chica le miró como si fuera precisamente uno, y el más grande…quizá lo era.
—Sleipnir —aclaró—. Él dice que para muchos, Loki siempre ha sido y será un monstruo.
—Oh. —Se mesó la barba, haciendo como que no había escuchado nada aparte del nombre—. ¿Puedes entenderlo? Ni siquiera ha relinchado.
—La magia es poderosa —señaló, acercándose lentamente y dejando el cubo a un lado—. Se busca, en toda la medida posible, una comunión entre el hechicero y su entorno. Saber lo que piensan los animales, no es difícil… por eso, soy vegetariana. —Thor volvió a sentirse un poco idiota al ver que la chica levantaba, con lo que parecían delicados brazos de porcelana, el cubo lleno de agua y él riñó en silencio por no acomedirse a ayudarla. Ella, sin embargo, no pareció molesta o algo parecido, y simplemente se frotó las manos contra el vestido y le dirigió una mirada curiosa—. Creí entender que usted iba a dormir.
—Necesitaba estar a solas, eso es todo. Al menos… —miró a Sleipnir, interrumpiéndose a sí mismo y cambiando sus palabras—. ¿Él está diciendo algo ahora?
—Que tiene sed. —Sigyn se ocupó de las necesidades del caballo y luego regresó su mirada al asgardiano; en comparación con él, la chica se veía extremadamente diminuta, como una muñeca.
Thor, todavía muy aletargado para moverse de su lugar, se dedicó a mirar la forma en que ella servía a los demás caballos y luego, se sonreía con ellos, palmeándoles la cabeza como si él no estuviera ahí. Sleipnir, de haber sido un gato, seguramente estaría ronroneando, porque había cerrado los ojos y se dejaba hacer, en silencio y tan tranquilamente que trajo a su memoria a Loki, esbozando una sonrisa mientras veía al potro correr de un lado a otro en el bosque, mientras ambos intentaban darle alcance con sus monturas.
El rubio tragó saliva y se frotó el cuello adolorido.
—¿Por qué estás aquí, Sigyn? —Preguntó al fin, con una voz cansada, como si hablar le pesara igual que cien años y un cuerpo demasiado gastado lo arrastrarían al suelo—. De verdad, ¿por qué?
Ella no pareció sorprendida de que lo preguntara, pero lo único que hizo fue arrugar un poco el ceño, pensativa. Se limitó a acariciar a Sleipnir, sin darle una respuesta.
—También —añadió Thor—, estuviste ahí esa vez en que Loki cayó enfermo gracias al Ojo de Niflheim. ¿Piensas sabotear su captura?
Sleipnir abrió los ojos casi tanto como Sigyn. Ambos parecían sorprendidos por la afirmación del rubio, y más porque éste no mostrara casi ningún interés en la idea; no parecía esbozar ese acto como una traición, y eso los inquietaba.
—Jamás iría contra el Rey. —Contestó justo después ella, mirando entristecida hacia el frente—. Pero, quiero estar al lado de Loki cuando muera. Deseo sostener su mano y decirle que todo estará bien, porque nadie ha hecho eso por él y se lo merece.
Thor la escuchó pacientemente, ignorando la voz iracunda que bramaba por lo contrario, gritando el nombre de Odín y Sif.
Con pasos lentos y un suspiro enorme —que fue más bien para calmar su ira—, se dirigió apoyó en la puerta continúa a la del hijo de Loki, que estaba vacía. Se cruzó de brazos y miró hacia el suelo.
—Tu amor es noble, Sigyn.
—Es algo tonto —respondió ella—. Sé que Loki nunca me amará. Él tiene… un corazón roto, y jamás ha alcanzado a aceptar del todo el mío. Ni siquiera somos amigos, pero… —hizo una pausa y dejó caer la mano al regazo; Sleipnir siguió ésta con los ojos, como si estuviera molesto de que hubieran parado de palmearle la cabeza—. Loki me salvó la vida, y desde entonces he estado enamorada de él. —El rubor se instaló en sus mejillas y Thor se sintió un poco impresionado—. Soy incapaz de estar en contra de la justicia…, y creo que usted es justo. Así que, termine como termine Loki, estaré ahí.
Él esperó para decir algo, pues no estaba seguro de que hubiera algo que añadir. En este momento, la chica le pareció fuerte, decidida, tan grande que incluso lo superaba a él, que no sabía cómo o en qué creer.
—Mi hermano es afortunado de tener a alguien como tú, aunque no lo sepa.
Ella se volvió sobre sus talones y Thor esbozó una triste sonrisa.
—Buenas noches —fue lo único que la otra musitó, antes de perderse en el umbral del sitio. Thor permaneció en silencio, pensando en lo que había dicho la joven.
Loki le había salvado la vida incontables veces, a él y sus —igual de— imprudentes amigos. En muchas ocasiones, de no haber sido por éste, hubieran terminado muertos, descuartizados, prisioneros o algo peor. Muy en el fondo, Thor se sentía comprometido a todas esas veces, aun cuando la muerte de Odín y Sif le nublaran aquel juicio… ¿o esclarecían el asunto? Después de todo, había sido una traición.
—Nadie va a redimir eso —musitó, echándole un vistazo a Sleipnir—. Alguien sigue siendo un monstruo, en la medida de los ojos que lo ven. —Rió amargamente, subiendo y bajando las cejas—. Eres tan sabio como tu padre, ¿huh?
Thor se recargó de nuevo en la madera y se dejó resbalar hasta topar con el suelo, sobándose la frente, pues la cabeza le punzaba como un tambor. Maldijo por lo bajo, encogiendo las piernas y apoyando los brazos en las rodillas, acomodándose mejor.
Extrañaba a su hermano… al Loki que disfrutaba haciendo travesuras, como convertir el vino en serpientes, y el que solía burlarse de él y lo tranquilizaba al mismo tiempo.
"¿No somos dos buenos compañeros, Loki? ¡No hay parecidos en todos los Nueve Reinos! Ven, dame tu mano". El moreno siempre le correspondió el gesto, poco o mucho, sabiendo o no lo que era… intento ser bueno. O Balder tenía razón y Thor únicamente idealizaba demasiado al jotun.
Sleipnir relinchó, pero el rubio ya estaba flácido; semi dormido, más por el cansancio que por verdadera intención. Estaba muy cansado, y presentía que todo estaba por ser más difícil.
¿Qué iba a hacer? Mierda, ¿qué tenía que hacer?
Dormir fue lo más fácil y correcto que se le ocurrió, pero también es lo único que podía hacer ahora. Descansar. Y ya mañana se enfrentaría con los fantasmas de sus dudas y de los peligros… del mismo chico al que dijo un día, tenía que proteger porque era su hermanito y él, el hermano mayor.
0*0*0
Tony estaba en el pequeño balcón de su habitación, con su pipa y tratando de ignorar el olor a las heces de troll, cuando Sigyn atravesó su campo de visión hacia los establos. La siguió con la mirada, no sabiendo muy bien en qué entretenerse ahora que la noche estaba demasiado oscura para no ver otra cosa además del rubio cabello de la chica, que resaltaba como oveja negra en el rebaño.
Mientras la veía caminar, se dio cuenta de que le recordaba un poco a Steve, completamente dispuesto a dejar todo por la persona que amaba… solo que, no estaba muy seguro de a quién amaba ella.
Sacó el humo y dio un largo suspiro antes de despeinarse un poco. El frío que hacía durante esa noche le traía a la memoria un día de su infancia, cuando su padre y él salieron a acampar a las afueras del palacio, justo en un sitio donde se podía ver la aurora boreal, tan hermosa e infinita, y para su mala suerte, nevó. El frío los hacía temblar y su padre se juntó tanto como pudo a él. Tony recordaba muy poco de cuando su padre le hubiera abrazado, así que aquella era una ocasión especial, no solo porque fue la primera vez que se interesó en la ciencia, ni porque vio la aurora boreal, sino por el calor que expedía su padre mientras, dentro de la casa de acampar, ambos se decían buenas noches y un te quiero, tan bajito que a veces lo atribuía a un sueño.
Howard Stark le había dicho antes de morir que él estaba destinado a hacer grandes cosas, y él lo creía fervientemente. Al menos, una parte de Tony estaba dispuesta a luchar por eso. A veces, por eso le daba tanto miedo la forma en que, solo en determinadas ocasiones, terminaba lanzándose a la boca del lobo por algunas de sus personas queridas. En especial por el grupito de raros con los que se juntaba en sus tiempos libres: Dos cazarrecompensas que no le tenían respeto alguno, un chico súper inteligente con problemas de humor y el santurrón de Steve. En verdad, si a él le preguntaran por quién daría la vida, ellos tendrían que estar en su respuesta, pues de alguna u otra manera, su cuerpo avanzaba hacia el peligro sin preguntarle nada, en cuanto veía que alguno corría peligro. Quería pensar, que eso era recíproco.
Cuando a la vida de Steve, llegó una chica como Peggy, enferma de algo incurable a menos que se fueran por las vías de lo mítico, la odió demasiado. No importa que ella fuera gentil, fuerte, increíble, hermosa… Él, antes de darse cuenta, ya tenía sentimientos encontrados por Rogers y la despreciaba más que a nadie en todo el mundo.
Una parte de él recriminaba interiormente a su poca racionalidad, y la otra decía que Steven no tendría por qué sacrificarse.
—¿No puedes dormir? —Preguntó alguien a sus espaldas. Tony se volvió para ver a Bruce, que se tallaba los ojos y bostezaba; tenía un aspecto realmente cansado.
—Oh, Bruce. Veo que sufres el mal del desvelo. ¡Es terrible!
—No grites, o te van a oír todas esas criaturas y vendrán para matarnos.
—Nadie podría querer tocarme un pelo, para maltratarme.
—Te aseguro que tienes uno de esos frente a la nariz.
Tony le sonrió y le extendió la mano con la pipa. Bruce tardó en aceptar, y cuando al fin lo hizo, pareció que era la primera vez que viera una de esas y no supiera muy bien cómo proceder ahora. Stark lanzó una risa suave, apenas consciente.
—Vamos, me dirás que nunca has fumado, ¿no? —Preguntó, con su típico tono burlesco. El de lentes (que ahora no los traía puestos), fumó de la pipa y tosió un poco—. No tan aprisa, hombre.
—Cállate. Esa cosa está demasiado fuerte, ¿qué es?
—No lo sé. Me lo ha vendido un hada… tal vez sea polvo mágico para volar, pero, sigo con los pies en la tierra.
—¡Un hada! —Repitió Bruce—. ¿Por qué se lo has aceptado?
—Estoy muy estresado —admitió, aunque lo dijo como si no fuera la gran cosa. Bruce destensó los hombros, como si sus palabras le hubieran tomado desprevenido; luego, pareció un tanto golpeado.
—¿Steve?
—¿Quién sino? Te lo tengo dicho, Bruce —agregó, calando más a su pipa—, voy a matarlo. Nadie hace así a un lado a Anthony Stark y se queda impune; mucho menos porque ha aceptado ir con ese sujeto… ¿cómo se llama? Logi.
—Loki —corrigió.
—Como sea.
Bruce se apoyó en el barandal y declinó la oferta de una nueva probada de lo-que-fuera-que-este-sujeto-ha-comprado y el silencio cayó sobre ambos.
—No es necesario que te enfades —murmuró al fin el de lentes—. Steve solamente…
—Sí, quiere salvar a Peggy. Lo tengo muy en claro y grabado en la memoria; gracias.
Escuchó el largo y pesado suspiro de Bruce, mientras se daba media vuelta y se iba, exhausto, de vuelta a la habitación.
—No te acuestes muy tarde. Al rato terminarás arrepintiéndote y no creo que nadie te quiera llevar detrás cuando no puedas montar en los pegasos… Cansado no ayudarás a Steve.
—Es claro que aquí tampoco.
—Ah, eres un idiota.
Tony sabía que Bruce no merecía que lo tratara así, pero estaba muy enojado consigo mismo. ¡Él debió ir detrás de Steve y…y…!
Aguarda un segundo… ¿eso era un cochino volador? No, más bien… era como una especie de cochino montado sobre una vaca con alas y aspecto de nave espacial. ¡Más allá estaba un elefante vestido con sari!
Tony pestañeó rápidamente y luego miró la pipa. Su mano destellaba fuerte, como si estuviera sujetando una piedra brillante.
—Señor —era la voz de Jarvis, pero sonaba como si fuera una persona que tragase helio—. Su nivel cardíaco ha aumentado demasiado, ¿está bien?
No. No estaba bien.
—Oh, joder —fue lo único que dijo mientras el elefante con sari lo invitaba a bailar, haciéndose más y más atrás. Por alguna razón, él se veía tentado a seguirla—, ¿qué cosa me he tomado?
Antes de recibir una respuesta, topó cuerpo con el barandal y, al seguir caminando, se vino para abajo. Lo último que supo de sí durante largos instantes de negrura, fue que le dolía mucho la cabeza, y que probablemente había caído sobre el excremento de troll.
—¡Tony! —Era Bruce, ¿acaso lo había visto caer? ¿Por qué no lo había ayudado? ¡Joder! Cuánto le dolía la cabeza… y apestaba tanto. Fue lo último que pensó antes de desmayarse
0*0*0
Hela atravesó el umbral de las puertas de sus aposentos, junto a su fiel compañero Garm. Todos los soberanos que ya estaban presentes, la miraron de reojo mientras ella se acomodaba en la amplia mesa cuadrada. Había sido convocada por, nadie más ni nadie menos, que el Rey de Asgard, ahora entendido como Balder. Durante un segundo, mientras veía que Surt, el de Muspelheim, se encontraba parado y esperando un asiento digno de su tamaño, consideró esperar parada. No obstante, descartó su propia educación y se sentó casi violentamente en su puesto, fulminando con la mirada al chiquillo soberbio que se encontraba en el puesto principal de la mesa, acompañado por Frigga y varios guardias, que le daban la bienvenida.
Además de los recién mencionados, únicamente se encontraba Fury —éste tamborileaba la mesa con los dedos— y un hombre de más o menos cuarenta años, llamado Coulson; ambos midgardianos parecían tensos y miraban de un lado a otro con recelo.
No mucho tiempo después, apareció Ijósálfar [5], ataviado con sus elegantes ropas de seda y su corona plateada que parecía una enredadera de hojas brillantes, que resaltaba bastante en su cabello largo y color negro azulado. Tenía un rostro adusto y serio pero eternamente joven, con líneas angulosas y los ojos de un color grisáceo pálido que casi tiraba a blanco; no había criaturas más hermosas que los elfos, pensó Hela mientras seguía con la mirada al recién llegado y sus dos guardianes.
Justo después de él, mientras Balder y Frigga le daban la bienvenida al elfo y lo invitaban a sentarse, llegó el asiento de Surt, y apenas sentado éste, Dvalin, Señor de los Enanos. Robusto y pequeño, pero tan fuerte y terco como se esperaba de un Rey, el enano fue recibido con la misma cordialidad; Balder inclinándose un poco para saludar debidamente. Dvalin se mesó la barba pelirroja y arrugó la nariz redondeada y grande, esbozando una mueca de desagrado que se borró al instante de ver la resplandeciente sonrisa del nuevo Rey.
Por último, apareció Nidhogg —en su forma humana—, moviéndose con lentitud hasta su lugar, sin saludar a los presentes. Hela sintió un escalofrío; nunca le había gustado el Rey de Niflheim, territorio muy conjunto al suyo. Durante casi un siglo, existían pequeñas confrontaciones entre ellos, y a la Señora de Helheim le disgustaba el porte despectivo del otro, sus ojos de un color rojizo y pupilas verticales, el cabello negro y grasoso que le caía sobre el rostro de piel cenicienta, y los dientes filosos que parecían púas. Es claro, sin embargo, que lo prefería en su forma de dragón; él desentonaba completamente en aquella sala donde el dorado y la grandeza competían. No obstante, a ella le molestaba ser también un punto de contraste en ese lugar, con Nidhogg presente, ya no se sentía tan extraña y fuera de lo normal.
Ya nadie esperaba a Malekith ni Laufey, por lo que inmediatamente, Balder se sentó y puso las manos sobre la mesa. A su lado, tenía una copa, seguramente llena de vino. Hela casi esperó que se le volcara sobre el pulcro traje que llevaba tan ornamentado.
—Bienvenidos sean a Asgard, aquellos que permanecen unidos por las ramas de Yggdrasil —prorrumpió el rubio, captando la atención incluso de Dvalin, que hasta ahora se había ocupado de fulminar a Surt con una mirada cargada de odio; la escena casi resultaba graciosa, como si fuera un ratón intentando ahuyentar a un león—. Mis Aliados y compañeros de armas en estos tiempos difíciles, hoy, durante la ceremonia de la mañana, he ascendido al lugar de mi padre como soberano de Asgard. Ustedes han estado presentes y han sido testigos de mis palabras, así que me tomo el derecho de convocarlos para discutir nuestra situación en horas tan tormentosas.
Hela esbozó una sonrisa divertida, inclinándose hacia delante.
—Su Alteza pretende sonar como la bien versada Lengua de Plata —señaló con animadversión. Balder debió hacer un gran esfuerzo para no mirarla de forma horrible; Garm lo estaba mirando como si fuera a convertirse en su próxima botana—. ¿Un mal indicio del destino, o es solamente una mala noticia?
Dvalin miró con recelo a Balder.
—Cuando Lengua de Plata habla, todos caen bajo el hechizo de sus palabras. ¡Si pretendes hablar como el traidor de tu hermano, te estás buscando problemas!
—Ni mucho menos estoy intentando algo así —se defendió el otro, echando chispas por los ojos. Fury lanzó un suspiro y le miró.
—¿Qué sucede? —Preguntó con rudeza el de piel morena. Balder se volvió hacia él, con una expresión satisfecha.
—Todos estos problemas, causados por el ataque de Malekith y la muerte de Odín y la (momentánea) ausencia de mi hermano Thor para buscar a Loki, ha traído gran calamidad a nuestras vidas. Tanto es así, que no hemos hablado seriamente de la firma de los Acuerdos. Eso es un asunto de privilegio en estas fechas; sé que, como nosotros, ustedes están tensos y preocupados de qué será ahora de todo esto. Pero, hemos de unir fuerzas para soportar el peso de una posible guerra. Separados, Jötunheim y Svartálfaheim juntos podrían dominarnos uno por uno. Ya que me han acompañado en la pena por el deceso de mi padre, confió en que los Acuerdos se firmen hoy, sin más preámbulos.
El silencio cayó sobre todos.
—Es obvio que los Acuerdos no pueden esperar más —señaló Fury, con el ceño fruncido—. Debemos apresurar, como ya se los había dicho, el proceso.
—¿El proceso? —Se burló Nidhogg con su voz gangosa y aguda, mientras se apoyaba en el respaldo del asiento y pasaba la lengua bífida por sus labios—. Espero estés consciente, Nick, que eso significa que aceptamos la ascensión de Balder a Asgard. Sinceramente, dudo mucho que el chico tenga mucha madera para llevar un reino de forma eficiente.
—Está claro que prefieres a mi hermano Thor, que es más joven e impulsivo que yo —señaló Balder—. ¡Ha dejado su reino porque busca a Loki!
—Tiene razón, que Thor es más imprudente.
—A suerte, Loki debió ser el heredero de Asgard; mucho más sabio y prudente —Nidhogg habló, y Hela sonrió.
—Un mentiroso, claramente —intervino Dvalin.
—Si venimos a discutir nuestro acuerdo con quién debería o no ser rey, jamás vamos a acabar —dijo Ijósálfar, apoyando los codos sobre la mesa—. Es tan poco fructífero como no empezar a discutir la firma de los Acuerdos, a la que no me opongo en absoluto.
—De acuerdo con él —señaló Surt—. Con la amenaza inminente de una guerra, Jötunheim y Svartálfaheim no se atreverían a atacarnos si saben que estamos unidos.
—Hay una distancia considerable de reino a reino —dijo Hela, encogiéndose de hombros—. La ayuda llegaría tan pronto como se pudiera, pero aun así, nos encontraríamos en desventaja.
—Tu reino está escondido en las profundidades de la nada, no hay por qué temer —sopesó Nidhogg—. Tus topas deberían repartirse entre los reinos. ¡Imagínense! Un ejército de muertos para combatir…
—Mi reino es poco menos que una niebla, y lo sabes bien —detestó admitir la Señora de Helheim—. Los muertos no pueden salir de las puertas. Acaso, tan solo traerían destrucción para todos, ya que atacan desmedidamente y sin conciencia. —Le dedicó una sonrisa—. No deberías de provocarme, pues el Ragnarök todavía está a distancia.
Frigga se encogió en su lugar.
—Pido que no toqué el tema —ordenó la mujer. Hela se volvió hacia ella, casi al mismo tiempo que el resto de los soberanos.
—La impresión de lo que está sucediendo —empezó Fury—, también amerita que nos empecemos a preocupar por Loki.
—En la profecía de Skuld se señalaba que no sería hasta después.
—La profecía hablaba de otros tiempos —intervino Balder—, madre. Loki ha tomado un camino más precipitado.
—¡Queremos la cabeza de él! —Vociferó Dvalin—. La profecía de Skuld puede variar en tiempo y modo, ¿no es así, Hela?
—¿Por qué me miran a mí? —Preguntó, fingiéndose la inocente—. ¿Buscan una profecía de su muerte? No la tendrán. Hablar del destino a quien no es una valquiria, cuesta caro. Hay acciones que se cambian y…tendremos menos esperanza de triunfar contra esa amenaza.
—De momento, hay que detener su fuga. ¡Si está por ir con su padre, la profecía se cumple! —Gritó Balder. Hela sonrió divertida.
—¿Laufey? ¿En verdad crees que Loki iría con aquel que lo dejó para morir, siendo un jotun deforme? —La risa le salió estruendosa—. Eres tan ingenuo como marca Nidhogg (y sepan que me pesa tener algo en acuerdo con él). Es obvio que nunca se han cuestionado el porqué del odio que vendrá de Loki hacia todos nosotros… y por ende, al saber el destino, han actuado de la peor forma que pudieron. He aquí —señaló a Balder—, una de las muchas razones de las cuales, nos tenemos que preocupar del Ragnarök.
—¿Me estás acusando?
—A ti, y a los vanes. A Asgard, en general. Todo aquel desprecio que les tiene Loki, por cada burla, por cada insulto y golpe a su orgullo, es lo que volcará sobre todos nosotros la ira. Mejor, tenerlos a ustedes a parte. El darte cuenta de esto, Balder, es la razón de que de pronto, todo se llene por la angustia de firmar los Acuerdos —Hela se puso de pie—. Yo no te ofreceré mi ayuda.
Silencio. Un largo y pesado silencio.
—¿Insinúas que te unirías a Laufey y Malekith?
—Ellos no son peligrosos para mí. Nadie aquí presente tiene la capacidad de someterme a mí o mi reino. Loki Laufeyson, sí. Y no me pondré en su contra. Creo, señores, que ha llegado el momento de tomar cada quien su camino, pues la injusticia y maldad que hay entre uno y otro reino, es una bomba a punto de estallar. Todos los sabemos.
Ijósálfar le devolvió la mirada a Dvalin. Fury apretó la boca en una fina línea.
—¿Nos dejarán solos? —La voz de Frigga se escuchó quedita, pero había un tono de reproche.
—He sufrido injusticia tras injusticia de tu esposo; y veo en la gloria de ustedes un recordatorio de la pobreza de otros —indicó Hela, señalando a Surt, Dvalin y Fury respectivamente—. Tu reino, lo siento Frigga, se está volviendo un parásito que vive de los otros.
—¡Jamás hemos hecho tal cosa! —Gritó Balder, echando a un lado la copa. Garm rugió y mordisqueó el aire. Hela puso una mano sobre su cabeza—. Nosotros les hemos ayudado.
—Odín fue cruel con algunos reinos —admitió Fury—, pero el riesgo de una guerra… necesitamos firmar los Acuerdos.
—Fíate del buen seso —prorrumpió Nidhogg—. La guerra es sólo si Loki encuentra contacto con Laufey y Malekith. Estoy de acuerdo con Dvalin, y debemos asesinarlo antes de unir Acuerdos.
—Lo que tú deseas es tener el control. Con un poder como el que liberaría Loki, nos tendrías a todos en tu control. ¡Quieres hacer una Alianza con él! —Gritó Balder.
Ahí estaba, pensó Hela. Lo único que necesitaba. Un Rey que no pensara antes de hablar, y sometiera todo su juicio al destino. Uno suele encontrar su destino en el sendero que usa para evitarlo. ¿No es lo que había dicho Steven?
Qué ingenuos. Qué tarados. Nadie lograba entender bien por qué Loki era una pieza clave… Bueno, Odín tendría que estar feliz; si bien el chico nunca iba a poder unificar pacíficamente Asgard y Jötunheim, lo haría con el resto del mundo. Todos bajo un mismo Rey… y se acabaron los malos tratos. Hela ya había escogido bando, y era el suyo propio… solamente, estaba cediendo un poco sin importancia a Loki.
Pero a ella no le interesaba el poder; solamente quería a Steve. Su alma. Su libertad. Estaba dispuesta a arrastrar a todos para conseguir eso. Loki deseaba poder, respeto… y mientras se jugara con esa carta, estaba segura de que él no iba a traicionarla. Conoces el corazón de la gente y sabes cómo destruirla… o, en este caso, cómo ganártela. En esta sala todos lo sabían, pero creían ilusamente que la maldad de Loki era alimentada por su locura, y no es verdad; era el dolor, era el desprecio que sentía de sí mismo, era la necesidad de ser amado.
Ahí estaba la manzana de la discordia, rodando a los pies de los soberanos que empezaban a atacarse entre sí.
Divide y vencerás.
Hela había hecho su parte. El poder estaba al alcance de Loki, solamente tenía que llevarle el alma de Steve y todo lo demás, estaba al alcance de su mano.
Continuará.
[1]El Imagawayaki es un bollo japonés con mermelada de judías rojas dentro. Intenté hacerme una idea de cómo sería la comida favorita de Loki en los cómic y/o películas, pero siendo sincera no se me ocurrió nada —si se hubiera tratado de postre, a seguro pongo el "pudin", ya que siempre veo esa clase de referencias con él—, por eso, cuando perdía el tiempo leyendo el manga de Mythical Detective Loki Ragnarok donde al pequeño Loki parece encantarle esta comida (ewe), decidí arriesgarme con ello. Mary se disculpa por el ser otaku que salió de su escondite (xP)
[2]Skuld. En la mitología nórdica es un espíritu femenino, más precisamente una de las nornas (equivalentes a la visión de las Parcas clásicas que personifican las fuerzas del destino). Skuld es "lo que debería suceder, o es necesario que ocurra".
[3]Edda Mayor, Edición de Luis Lerate, página 36, versos 66-69.
[4]Bueno, sin duda, encuentro muy interesante el Cantar de Trym (xD), eso de imaginarme a Thor y Loki vestidos de mujer e intentando convencer a los otros de que efectivamente, Thor era la novia… jo (=w=), una escena simpática (?). En fin, ya sé que en la versión original esto es debido a un gigante, que deseaba quedarse con Freyja y todo eso, pero me parece recordar que en el primer capítulo mencione que Loki nunca se había encontrado con los jotun, así que me vi en la necesidad de cambiarlo por un hechicero (u-u)
[5] Ijósálfar es la forma en que los cuentos nórdicos identifican a los elfos luminosos; deberán perdonarme, pues mis fuentes —de momento tendría que ser Internet y Edda Mayor— no me proporcionan el nombre de alguien que gobierne en Alfheim, así que a falta de información… ese será el nombre de su rey (xDU).
Bueno, y aquí finaliza el capítulo de hoy. Pues, ¿qué les voy a decir? (u-u) El tiempo me está faltando y poco a poco, parece que me cuesta más sacar las ideas. Como sea, al menos todavía llegan algunas (¬¬U)
Espero de todo corazón que les haya alcanzado a gustar algo del capítulo; ya sé que estuvo muy cutre con eso de que ora no encontré cómo hacer que se notaran las parejas y me empecé a enfocar un poco en el destino que está poco a poco alcanzándolos, pero prometo que en el próximo, ya me empiezo a lanzar directamente contra el romance entre Steve y Loki, así como de Tony con Bruce (x3)... porque, aunque no lo tengo muy en claro, ¡Iron Man está drogado y solito en una habitación con Banner!... Si quieren que suceda algo en especial, los dejo abierto a las personitas que comentan, para aportar ideas (:D)
Ahora, déjenme aclarar... estaba intentando realmente un acercamiento de hermanos con la escena dedicada a Thor, y cuando de pronto me vi escribiendo lo del beso... no sé si me asusté o me dio risa o me entraron nervios de verme escribir algo así (._.), pero bueno, no sé qué fue eso. No buscaré excusas, y solamente espero que también hayan alcanzado a disfrutar un poco del "humor" que traté de lograr.
¡Uh! Cada vez me encanta más jugar con el personaje de Hela -y no se diga el de Loki-, así que espero que lo hayan encontrado todavía merecedor de un lugar importante en el fic. En cuanto a Sigyn, prometo no hacerla sufrir; a mí tampoco me gusta hacerle daño (xDU), pero no soportaba la idea de esta serie sin ella, lo siento (u-u).
A quien corresponda: ¡Muchas gracias por leer! Y, AkatsukiDrak, KariDz, ilyasha77, no me quedan palabras para seguirles agradeciendo seguir el fic, en especial porque parece no tener éxito (xDUU); espero contar de nuevo con su comentario, porque me hacen extremadamente feliz y evitan que recaiga en lo más parecido a la depresión que he tenido... durante ya un tiempecillo (._.) Un saludo enorme y mil bendiciones de mi parte (:D)
