¡Hola de nuevo! Ya hace un tiempo, ¿no? (Claro, permitan que me regodee en el hecho de que no fue tanto como la última vez). Igual yo estaba preparándome para una ausencia enorme cuando, luego de darle a mi cabeza una sesión de películas slash, BL, yaoi (como gusten y manden llamarle), me encontré presa de la inspiración y apuré estos últimos fines de semana para escribir como alma que lleva el Diablo (xD), casi literalmente. Y de alguna manera, lo siguiente fue lo que quedó. Como siempre, espero que les guste mucho y que valga su tiempo (nwn).
¡Uh! Pero claro, tengo que agradecerles enormemente a las personitas por quienes decidí que esto todavía puede durar hasta donde me alcance y no morir antes: ReginaNatsu y VictoriaMoon. Ustedes dos son un pan de Dios y mi vaso de agua en el desierto (TwT). Realmente agradezco mucho su ánimo y sus comentarios, que mantienen viva mi llama de inspiración, aunque se haga la difícil y nos ponga a esperar (:s).
Y así, pues, nada más me resta dejarles la continuación (nwn)/.
Hado: Con mil mentiras y un disfraz
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No sabía cómo reaccionar, así que permaneció estático en su lugar, aguantando la respiración por temor a que cualquier movimiento hiciera que Loki estallara o que él colapsara dentro de todos sus atropellados pensamientos, que iban cobrando fuerza mientras el tiempo avanzaba. Durante aquel segundo tan largo como una eternidad, ambos hombres siguieron compartiendo la mirada con una intensidad que ponía nervioso a Steve.
Él no estaba seguro de por qué era incapaz de romper el contacto visual con el jotun, pero sabía de antemano que sería más que inútil esforzarse en hacerlo. Cada vez que estuvo a punto de lograrlo, los ojos de Loki volvían a capturarlo cual telaraña a su presa; y en realidad, daba la impresión de que luchar contra ellos solamente conseguían retenerlo más. Por lo tanto, Steve buscó una razón (o excusa, al menos) capaz de aclarar el por qué estaba sucediendo algo así. Deshacer la niebla que aletargaba su cerebro fue difícil, pero a través de ella, una voz le gritaba que debía regresar al mundo real y no permanecer contemplando a Loki como un reverendo estúpido.
Steve mandó a callar la voz; no quería escucharla. Simplemente deseaba contemplar el fenómeno que se llevaba a cabo en los ojos de Loki, los cuales brillaban como un par de esmeraldas magníficas e inigualables. Él nunca había visto unos ojos que pudieran compararse con aquellos y a pesar de saber que formaban parte de un disfraz, todavía se sentía completamente fascinado por su color, su brillo y las sombras que habitaban al mismo tiempo dentro del iris.
Eran hermosos, en todo el sentido de la palabra. Pero Steve se dio cuenta rápidamente de que estaba buscando el matiz rojizo de hace unos momentos; quería verlo, sentir la profundidad de aquel par de rubís mientras le observaban escrupulosamente, brillando sólo para él.
« Un momento. ¿Qué acabo de pensar? ». Se dijo a sí mismo, notando que la boca de su estómago se encogía de una forma desagradable y casi soltaba un gemido adolorido. Sin embargo, estaba demasiado sumido en sus propias reflexiones como para que su cuerpo reaccionara aunque fuera inconscientemente.
Reparar en aquel último detalle (de que le gustaría tener aquella mirada sólo para él), hizo que su corazón latiera con una rapidez tanto asombrosa como preocupante. En medio de los sentimientos de confusión y vergüenza que de pronto lo asaltaron, uno que era todavía más fuerte y desconocido empezó a propagarse a través de oleadas que recorrían su cuerpo entero, dejándolo ligeramente aturdido. No sabía cómo llamar a este sentimiento nuevo e intenso que iba tomando control sobre él, más rápido de lo que le gustaría.
En contraste con lo lento que estaba para entenderse a sí mismo, tardó poco menos de tres segundos en darse cuenta que necesitaba dibujar la expresión de Loki. Una parte de él estaba, como siempre, adelantándose al papel y trazando mentalmente los rasgos del jotun: Su figura delineada y resaltada por las sombras restantes de la noche; la increíble belleza de su rostro, con la chispa inteligente y traviesa que se formaba en la leve insinuación de sonrisa; los cabellos negros como las plumas de los cuervos; los atisbos de piel azul. Pero más que nada, Steve deseaba capturar su mirada.
En sus ojos estaba el matiz más triste que nunca vio en otro, al mismo tiempo que brillaban con una determinación tan poderosa que muchos artistas podrían dejarse caer de rodillas ante el que era, según Steve, una de las criaturas más hermosas (e incomprendidas) de la Tierra. Y si todos conocieran los demonios que cargaba Loki sobre sus hombros…, si se detuvieran a entenderlos por un ínfimo momento, muchos terminarían con el corazón roto.
Rogers pensó también que Loki era una persona muy fuerte; no estaba seguro que de estar en su lugar (él o cualquier otro) habría sido incapaz de resistir a todos esos años de rechazo y ser visto como un proscrito cuyo destino sólo es causar destrucción, caos y muerte, cuando si le hubieran dado una oportunidad, sería completamente distinto. Lo decía por experiencia propia, ya que vivió la discriminación y también cargó con el hecho de que podían abusar de él cada vez que se presentara la oportunidad, pero él tuvo a sus amigos que nunca le permitieron caer en la desesperación y la soledad. Por el contrario, Loki únicamente halló puertas cerradas y las pocas que se le abrieron, otras personas impidieron que llegara hasta ellas.
Sin embargo, Steven creía que el golpe más brutal de todos fue descubrir que (tal como afirmaba el jotun), no pertenecía a ningún lugar. Loki no sabía realmente quién era… o al menos, no quería dar cuentas frente a su verdadera naturaleza pues la creía terrible. Steve sabía que su percepción estaba equivocada, pero a los ojos del jotun, ¿cómo podría ser de otra manera, si durante toda la vida se le llenó la cabeza con ideas sobre lo "monstruosa" que es la raza a la que pertenece? ¿Cómo podría Loki no despreciarse a sí mismo?
« Bien ha dicho Hela, que la gente es despiadada con los que son diferentes. Maldición, ¿quién les da honra a los unos que a los otros quita? [1] En Asgard todos se han comportado como lobos con cara de corderos ».
Y de pronto, Steve se preguntó algo más: Sabiendo lo que sabía acerca de su origen de Jötunheim, ¿qué lo llevó a quedarse en Asgard? ¿Realmente creyó que al persistir con esa gente que tanto le hería, conseguiría un "lugar en el mundo", aunque jamás sería igual? A Rogers le daba la impresión de que Loki, luego de descubrir que era un jotun, no le interesó el encajar dentro de esa sociedad disque utópica. A partir de todo lo que le hicieron, él se formó una idea del mundo, acorde a la crueldad y el egoísmo de los que fingían ser las criaturas más perfectas de la Tierra.
La mayoría hubiera sucumbido al instinto de destruir a todo el que les hubiera infringido daño alguno sin importar qué, pero el jotun resistió hasta tocar fondo y después, sólo hasta que estuvo contra la espada y la pared, eligió defenderse aún si eso significaba acabar con los pocos vínculos que había forjado.
Exactamente. Steve juraría que Loki odiaba Asgard con toda su alma… así que, la única razón para quedarse debieron ser Frigga y Thor, tal vez Odín (a quien siempre trataba de impresionar). Ellos eran la única familia que conocía, lo único en el mundo que realmente le importaba; todo lo demás fueron sombras y tristezas.
Lo había observado muy bien desde que ambos lucharan juntos en Asgard. El moreno era alguien muy expresivo y tenía muchos ademanes que dejaban aturdido a Steve tanto o más que su elocuencia, porque formaban parte de su elegancia e indudable atractivo. La impredecible actitud y el misterio que conllevaba descifrar cada una de sus acciones, hacían que Steve estuviera al pendiente de éstas, atraído como la polilla lo estaba hacia la luz. Lo más interesante de todo es que aun sabiendo el riesgo que corría por acercarse demasiado (o tratar, al menos), Rogers estaba dispuesto a ello. Porque Loki merecía que alguien lo hiciera…, porque el propio Steve quería hacerlo después de conocer las abrumadoras emociones que el jotun tenía.
Era terrible admitirlo, pero exactamente eso convertía a Loki en una criatura gloriosa; era un ángel caído, errante, dolido y hermoso como nada que hubiera visto antes.
Claro, su parte artística era en gran medida la que reflexionaba sobre estos puntos. Sin embargo, Steve no pensaba avergonzarse por lo impresionado que estaba ante la figura de Loki, pues como artista debía percatarse de ciertos detalles, en ocasiones tan insignificantes que para otro resultarían desapercibidos.
Steve, por otro lado, encontraba unas súbitas ganas de tener un cuaderno y lápices de carboncillo para hacer cientos y miles de bosquejos únicamente sobre Loki.
De pronto, Rogers sintió el peso de sus cavilaciones. Éstas ocasionaron que las mejillas se le encendieran en un segundo. Él jamás había pensado así de un hombre…, en realidad, tampoco de muchas mujeres. La única que logró algo parecido de Steve, había sido Peggy y él habría jurado que sería también la última.
Sin embargo, el embelesamiento que ahora crecía en su interior parecía mucho más grande y peligroso que entonces. Así que rápidamente (igual que si quitara un curita), expulsó todas aquellas ideas de su cabeza y trató de permanecer tan serio como fuera posible.
A pesar de su creciente inquietud, trató de resistir aquella lucha de miradas y aguantar la sonrisa que desde hace un rato se había transformado en una mueca, más exhausta que otra cosa.
Incluso cuando quería decir algo, cualquier cosa que rompiera con el pesado silencio entre ambos, no pudo recuperar la voz tan rápido. Su garganta estaba tan seca como si hubiera tratado de ingerir arena por la fuerza y, si era sincero consigo mismo, no deseaba perturbar la tranquilidad de Loki. Éste lucía relajado, con los brazos laxos y el ceño sin fruncir; parecía extraviado en su mundo oscuro y singular. Aquel era un sitio al que Steve ya había accedido cuando experimentó todo ese odio y dolor, pero no pudo evitar peguntarse si sus palabras cambiaron algo.
El silencio continúo. Steve quería sostenerlo por un momento, suficiente para darle tiempo de entender al otro que no tenía por qué lastimar a la gente; hacerle ver que estaría para él si era necesario y, como era natural en Rogers, no pedir nada a cambio.
« De acuerdo, eso no es del todo cierto: Él está dispuesto a pisotear a todos ya que pocos le han mostrado un lado amable…, la otra cara de la moneda. Puedo evitar que destruya a todos (junto consigo mismo) y no me supondría algún sacrificio ni mucho menos arrepentimiento. Loki se ha visto abusado por tanta gente que ha perdido la confianza y el camino. Deseo hacer todo lo que pueda para rescatarlo de su propia locura ». Pensó y acompañándose con un pesado suspiro, quebró el silencio:
—Tú también me agradas, Loki —murmuró con firmeza, aunque no había ningún matiz amonestador ni exasperado—. Podríamos ser amigos, después de todo.
Steve recordó al moreno diciéndole que en otras circunstancias, quizá existiría la oportunidad de fomentar una amistad, pero que en la situación actual resultaba patético siquiera insinuarlo, pues ya era demasiado tarde. Pero nunca es demasiado tarde para salir adelante, librándose hasta del más oscuro pasado; había visto a sus amigos hacerlo.
Aun así, una parte del rubio se sintió un poco tonto por traer a colación el asunto. De cualquier manera, permaneció firme incluso cuando las cejas arqueadas de Loki sugerían que lo estaba tomando por idiota. Y cuando las palabras de Steve fueron asimiladas por Loki, sus ojos verdes perdieron la luminosidad que tanto había capturado al artista, sumiéndose entonces en las sombras.
« Quizá lleva razón al acusarme de egoísta. También busco mi propia conveniencia, porque incluso si no trato de cambiar su opinión por el bien del mundo, lo hago por el de una persona a la que amo y a la cual no estoy dispuesto a perder ».
Él no supo cómo tomar esa última reacción pues a todas vistas era cierta y las implicaciones que conllevaba no eran demasiado agradables para el rubio. Por su parte, Laufeyson endureció una vez más sus facciones hasta el punto de sentir que habían retrocedido en el tiempo y el príncipe nuevamente veía a Steve como una potencial amenaza.
« No entiendo exactamente qué hago mal. Siempre que estoy cerca de lograr un progreso con él, termina empujándome tan lejos como puede ». Pensó alicaído, notando la amargura y el arrepentimiento subiendo por su pecho mientas se regañaba a sí mismo por actuar temerariamente.
Era obvio que la situación no decantaba en su favor. Loki tenía un alma destrozada y llena de rencor, tan mancillada que estaba preparada para reaccionar a la defensiva a cualquier señal de cercanía que la gente intentara hacer con él. Steve evocó —sin querer— los sentimientos de odio y destrucción que bulleron en su corazón antes de que la Convergencia terminara por disiparse. Se dio cuenta (algo horrorizado por compartir en cierto grado los mismos pensamientos) que no podía achacar a Loki su deseo por cortar de raíz a los Asgardianos. Mas no importaba cuánto dolor hubiera experimentado, Steve no creía que eso justificara sus planes de venganza, cualquiera que éstos fueran.
Además, hablaba muy en serio cuando le dijo a Loki que él debía ser mucho mejor que todos los que lo habían lastimado. Sabía que estaba pidiendo algo muy difícil…, era algo que no tenía derecho a pedir, pero no desistiría.
Abrió la boca, pero antes de decir cualquier cosa, el jotun ganó la palabra:
—Eres demasiado bueno para tu propio bien, Steve, y deberías tenerlo en cuenta —replicó, aunque su tono no era tan severo como antes; de hecho, se oía resignado y acaso exhausto. Parecía hablar con un necio sin remedio o un niño pequeño que no alcanza a comprender los argumentos lógicos. Rogers no se sintió avergonzado, pero tampoco lo hacía especialmente feliz.
Steve frunció los labios durante un segundo, tratando de pensar con mayor claridad. Desvió su atención de los ojos verdes y se encogió de hombros, restándole importancia al hecho con una facilidad que irritó más a Loki.
—Lo tengo en cuenta, pese a que no estés dispuesto a creerme —aseveró. En respuesta, el jotun resopló y murmuró algo ininteligible—. De verdad.
—El mejor mentiroso es aquel capaz de engañarse incluso a sí mismo —observó, haciendo énfasis en cada una de las palabras. Steve tardó mucho en entender a lo que se refería y para cuando lo hizo, Laufeyson ya estaba continuando—: Hazte un favor y no te mientas: Tu afán por buscar bondad donde no la hay, un día te costará la vida. Abre los ojos a la realidad, porque la ignorancia es (aunque tu gente lo diga lo contrario), fuente de desgracia.
El moreno giró sobre sus talones y caminó hacia los obenques. Una vez los tuvo cerca, se agarró firmemente a la cuerda y se preparó para subir hasta la cola del vigía. Steve no pudo evitar seguirlo con la mirada, atento a la forma en que Loki se aupaba con la facilidad y maestría de un gato. El cómo se deslizaba a través del espacio (con elegancia y movimientos calculados), hacían del jotun una criatura casi sobrenatural, tenía que admitirlo.
—Sé que a muchos les parece un defecto mostrarse amable con otros (mis amigos también me lo repiten demasiado). Pero… —hizo una pausa y sonrió de lado—, lo que ustedes nunca entenderán es que soy un soldado; cuando debo proteger lo que amo, lo hago hasta el final de la línea y sin dudarlo, no importa cuántas personas deba llevarme. Me apena decir que con nuestra naturaleza bélica, incluso yo tengo que dejar a un lado los idealismos.
Loki se detuvo, mirándolo fijamente, como sino terminara de comprender a dónde estaba yendo el rubio. Una sonrisa amarga cruzó el rostro del jotun.
—¿Me estás diciendo que puedes ser tan cruel como otros? —Bufó. Steve lo pensó.
—Es triste admitirlo —musitó—, pero los hombres no solamente estamos hechos para amar ni para crear. Reglas de la naturaleza y los opuestos, supongo: No hay luz sin oscuridad.
—Comprenderás entonces, que eres la luz de tu mundo mientras que yo he sido una sombra desde que tengo uso de razón.
—Tampoco hay que ser tan extremistas, ya te lo he dicho. Siempre existe un punto medio…, la posibilidad de escoger.
El rostro del moreno se llenó de amargura y ponzoña.
—¡¿Qué te hace pensar eso?! —Gritó, dejándose caer a la cubierta—. Dime, ¿acaso has vivido en un mundo que te rechaza mientras vives cada segundo de tu vida preguntándote qué es lo que has hecho mal? ¿Crees que yo no pasé años buscando encajar en Asgard? ¡Incluso después de todo, traté de salvar a Odín con la esperanza de ser querido… redimido a sus ojos acusadores y decepcionados!
Steve trató de no perder el control. Gritar no le serviría de nada a ninguno de los dos, e intuía que Loki también lo sabía pero que no era capaz de tomar rienda sobre su lengua; sin duda, a veces ésta le jugaba malas pasadas.
—Ahí está tu error, Loki —murmuró y detuvo la perorata del jotun—: Si tanto les odiabas, nunca debiste buscar ser igual a ellos. ¿Qué sabrían del mal y el bien? Nunca supieron quién eras realmente porque no intentaron verte —hizo una pausa, tomando una gran bocanada de aire para aliviar el nudo en su estómago—. Yo lo he intentado y, ¿sabes qué? Eres diferente a las mil mentiras que has creado a alrededor tuyo como escudo ¡y todavía más de lo que Asgard te ha dicho! Eres más que ese disfraz de cinismo y crueldad. —Dejó que las palabras cayeran sobre Loki una por una; su voz no denotaba violencia ni tampoco acusación, de ninguna manera. Él estaba constatando un hecho a pesar del brillo indignado en su mirada, que desmentía por completo la imparcialidad—. Lo siento, harías bien en recordar que la Convergencia nos sirvió a ambos para explorar al otro.
Las fosas nasales de Loki temblaban al ritmo de su agitada respiración. Sin embargo, no parecía tener nada para replicar, así que luego de unos segundos, el midgardiano continúo:
—No te estoy haciendo una amenaza —objetó—. Lo único que deseo señalarte es el hecho de que, por muy defecto que tú le llames a mis esfuerzos por ver la bondad dentro de cualquier hombre como tú, jamás se trata de fe ciega. Siempre intento que no sea con las personas equivocadas y, no importa lo que digas, juraría que no eres una de ellas.
El silencio entre ambos se volvió denso. Todo rastro de tranquilidad e intimidad que habían experimentado hace un rato, marchó lejos con su discurso.
Las cejas de Loki ya estaban tocándose cuando tomó la palabra:
—Podría matarte ahora mismo con un simple movimiento de mano.
—No lo harás.
—¿Crees que no me atrevería?
—Al contrario —admitió Steve.
—¿Entonces? —Preguntó Loki y, aunque trató de evitarlo, se le formó una mueca de escepticismo; sus barreras volvían a flaquear. Steve sabía que no era precisamente una buena idea tentar la suerte, pero contra toda lógica, dijo:
—La pregunta es, ¿quieres hacerlo?
El moreno levantó la mano derecha y le apuntó. Steve contuvo el impulso de recoger su escudo y utilizarlo para cubrirlo; el cuerpo de Loki no temblaba, no había vacilación. El jotun era alguien que probablemente también se había visto obligado a matar…, era además de un príncipe y un jotun, un guerrero de Asgard (el reino cuya gente tenía el primer lugar en los asuntos bélicos). Pero la cosa es que Loki no era igual a ellos. Podría ser cruel y despiadado con sus palabras; sería capaz de asesinar a otros, sino le fuera necesario.
La gente puede prescindir de otra, de la misma forma que es capaz de desprenderse de la moral para alcanzar sus objetivos. Y Steve sabía que Loki era así; pero todos, en algún punto, lo eran.
La cuestión no era quién, cuándo o dónde, ni siquiera por qué. Las personas eran egoístas por naturaleza, sólo así podían sobrevivir. Lo que realmente importaba eran las decisiones que tomaba al estar frente a esas oportunidades de pisotear y ganar la supuesta gloria (que la fama, como dice el poeta, es dañina tanto si es buena como si es mala). Loki quería todo eso, sí, pero en el fondo, ahí en el resquicio de su corazón donde todavía permanecía el niño herido, la necesidad por mostrar su valía aún era palpable. Todavía perseveraba una cierta inocencia, una grieta por donde se colaba la esperanza y era esa a la que Steve apelaba. La parte más herida y triste de Loki que, a pesar de las cicatrices, quería ir contra el destino y hallar la felicidad, no a costas de otros, pues en ello jamás habría satisfacción. Y Loki, el jotun, el asgardiano, el que no-era-ninguno-de-los-dos, lo sabía.
Por eso, no lo mataría. Simplemente no quería hacerlo.
—Tu insolencia se pagaría cara si no… —se detuvo abruptamente, al parecer dándose cuenta de que había estado a punto de hablar sobre algo que no debía—… si no necesitara llegar a Helheim para encontrarme con la Reina.
Steve apretó los puños; el movimiento pareció ser advertido por Loki, aunque no dijera nada.
—¿Qué necesitas de ella, Loki? —Preguntó, alzando un poco la voz—. ¿Por qué nos ha dejado a ambos en este barco? ¡Seguro que a ti no te parece extraño! Dime, ¿cuál es esa alma que tanto anhela y para qué la quiere?
Los ojos del jotun se abrieron de par en par ante la repentina pregunta. Steve notó la crispación en su rostro mientras se ponía lívido. Súbitamente, Loki bajó la mirada y la posó en sus pies. ¿Se sentía culpable, frustrado, enojado? Era imposible decirlo pero, ¿Steve conseguiría que le dijera el cuál era la finalidad que cumplía su viaje?
Loki respiró profundamente y dejó escapar el aire. Levantó la mirada, dura y triste.
—Sin importar cuánto quieras, jamás vas a entendernos —musitó despacio, cuidando cada una de las palabras aunque daba la apariencia de que era inútil hacerlo; era más un hábito por mantener su elocuencia característica y su misticismo, que otra cosa—. Nosotros, los que estamos condenados a las sombras, queremos ya sea redención y tranquilidad, ya sea verlos a todos sumidos en la misma desesperación.
»Hela tiene la absurda idea de que puede cambiar su destino y adquirir en su cuerpo un alma para… no sé para qué. Ella simplemente quiere que todo termine; que la soledad se acabe. Envidia a los que podemos… morir. No teme al abismo, sino que lo desea, pero carece de alma y por lo tanto, es incapaz de fallecer.
»Yo soy del otro tipo de condenados: No me hago ilusiones de encontrar la satisfacción, ni siquiera cuando todo empiece a arder hasta los cimientos, pero es un comienzo. Toda mi vida he estado solo y no tengo nostalgia por ningún pasado más brillante, porque también me han acostumbrado a quitarme todo. Así que, en vista de las condiciones, Hela me visitó para explicarme que su condición puede cambiar, pero a cambio necesita un heredero. Pero sabe que no muchos aceptarían su oferta.
»¿No es curioso? Me pregunto… la mayoría de la gente piensa en la inmortalidad, yo sé que aceptarían sin pensárselo. Pero creo que Hela ha visto algo en mí… o tal vez es porque no tengo nada para perder. La inmortalidad siempre va acompañada de la soledad y, en algún punto, del vacío. Tal vez Hela no ha querido legar la carga a alguien que podría extrañar y sufrir lo mismo que ella. Así que escogió la única alma que ha sido abandonada y rechazada desde siempre. Yo estoy seguro de que no extrañaré nada de lo que deje atrás cuando tome mi alma. Loki, el hijo bastardo de Odín… Loki, el hijo débil y patético de Laufey que fue abandonado para morir en las tierras de Jötunheim, no sufrirá su ascensión al trono de Helheim.
»Por supuesto, tuvo que esperar hasta que toqué fondo. Pero una vez que asesiné a Odín, nadie se habría arriesgado a salvarme.
Dejó que las palabras hicieran mella en Steve; al menos, eso le pareció al rubio, que frunció el ceño.
—Por eso accedió a curar a Peggy —musitó el rubio—. Te ayudaría a escapar.
—Y no permitirías que me sucediera nada.
Rogers frunció el ceño.
—Debe haber algo más. No tiene sentido traerme si ella pudo sacarte; si tú vinieras solo.
—Lamento decirte, Steve, que Hela es quien juega las cartas. Esto que acabo de decirte, es lo que me ha dicho ella. No sé más, pero sólo me queda asirme a esta única y última cuerda de salvamento, o me ahogaré con la corriente.
Steve entrecerró los ojos. No veía duda alguna en Loki; estaba diciendo la verdad.
« O está más que versado en el arte de la mentira ». Le advirtió una voz, muy a lo lejos. En esta ocasión, Steve trató de oírla atentamente, pero mucho antes de que ésta siguiera, Loki irrumpió en sus cavilaciones.
—No soy una buena persona —aseguró, bajando la mano que hasta entonces le había apuntado a Steve—. Si existe un motivo más por el que estés aquí, no me interpondré con Hela. Tú y yo tomamos este viaje juntos por cosas del destino, pero cada uno lleva su camino y está solo.
El rubio se mantuvo en silencio unos momentos, lo que permitió al otro continuar.
—Entiende que ya no existe parte buena en mí. Loki únicamente se hará cargo de Loki; es todo. A eso se resume esta situación y cualquiera que se presente en mi futuro, cualquiera que éste sea y de la forma en que termine. No exigiré piedad de otros; nunca lo he hecho ni la he necesitado, así que para mantenernos en cierta tolerancia uno con el otro (y por tu propio bien), te recomiendo que dejes el numerito.
Mientras Loki se daba media vuelta, Steve dejó caer la cabeza al pecho.
—No es compasión lo que me está impulsando a esto —dijo, haciendo que Loki se detuviera y se volviera hacia él, expectante—. No es ignorancia ni tampoco la bondad artificial que tú crees; de hecho, ni siquiera lo llamaría bondad. Es… estoy enojado con todas las personas que te han hecho pensar que el mundo es desgracia tras desgracia. Molesto, más de lo que nunca he estado en mi vida, porque has tenido que esconderte detrás de mil mentiras y un disfraz para hacerte creer que estás bien. Indignado por el hecho de que has vivido sin permitir que tu cuerpo sienta por completo el abrazo de otro. Es otra prueba irrefutable de que la naturaleza es mala, porque así nos ha hecho a todos; ella es la imagen y semejanza que tomó Dios para moldearnos. Pero incluso entonces, sabiendo que es imposible cambiar este hecho, no quiero permanecer de brazos cruzados.
—¡Por Yggdrasil, ya basta! —Gritó Loki, encolerizado y con la voz ronca, aunque quebrada al mismo tiempo—. ¿Sería mucho pedir que dejes de intentarlo? Entre más escuchó tus alegatos, más desearía corromper tu alma, hasta que se marchite toda esperanza.
—Crecerá de nuevo.
—Oh, claro —escupió entre dientes—, porque el maravilloso Steven Rogers tiene a muchos amigos que lo ayudarán a pasar las adversidades y Loki, que no tiene ni tendrá ninguno jamás, no lo puede entender.
—Yo estoy aquí.
El rostro de Loki se crispó pero sus ojos brillaron presos del asombro, luego de ira. Sin embargo, aquello terminó tan rápido como siempre y antes de que Steve pudiera decir o hacer algo, la mano del jotun se había ceñido en su muñeca y tiraba de él con fuerza inusitada. Con un giro elegante, pero no por ello carente de energía, el rubio salió impactado hacia un lado y se estrelló contra el barandal.
Steve notó un dolor punzante arriba de la cadera que lo entumió durante varios segundos. Impresionado por la vertiginosa velocidad del moreno, Rogers apenas atinó a abrir los ojos desmesuradamente. El corazón le golpeaba las costillas con una fuerza sobrecogedora y mucho más dolorosa que antes. Ahí donde su pecho rozaba el de Loki, sentía un cosquilleo y quemazón no del todo desagradables, pero que sí le incomodaban mucho.
El asgardiano no parecía muy consciente de lo cerca que se encontraban ahora…, o quizá sí. Steve era el que todavía no podía creerse que el rostro de Loki siguiera acercándose al suyo más y más, hasta que únicamente los separaba un escaso centímetro.
Rogers no tuvo tiempo de sentirse azorado. Una voz en su cabeza, por otro lado, empezó a berrear su desaprobación por permitir que aquello siguiera: Desaprobación por el hecho de que su cerebro se hubiera desconectado durante un momento, el suficiente para que en una batalla real su vida se acabara de una rápida estocada.
De acuerdo; conocía siete maneras distintas en las que podría haber interceptado ese movimiento y unas cuantas más para librarse de él, pero descubrió que no quería hacer eso, en absoluto.
Steve se dio cuenta de que el sentimiento que repentinamente lo invadía, era el miedo puro y desencadenado por el contacto de la piel fría de Loki contra la suya y lo bien que se sentía. La frescura que le proporcionaba el agarre del jotun iba expandiéndose en su interior por oleadas. Pequeñas corrientes eléctricas le siguieron, semejantes a las que probó ya sea durante la Convergencia o el último hechizo que ensayaron juntos. Steve se estremeció interiormente, luchando por mantener la calma, aunque lo logró por muy poco.
Se obligó a decir que era magia, y no otra cosa, lo que hizo que su cuerpo desobedeciera la orden de su cerebro que gritaba por salir del agarre.
No era sano que una persona tuviera tantas altas y bajas en su carácter, así como sucedía con Loki. Su estilo impredecible haría que Steve perdiera la cabeza y terminara por explotar. Lo molestaba la forma tan despectiva, cruel y extremista en la que Laufeyson veía el mundo. Le consternaba todavía más el hecho de que deseaba ayudarlo…, porque Hela tenía razón: Loki jugaba un papel importantísimo en el futuro de la Tierra y podría destruirla o hacerla mejor. Eso dependía del moreno.
Los vellos de la nuca y los brazos se le erizaron ante el último pensamiento, sólo para desaparecer segundos después, cuando todo dejó de importar.
Lo único que Steve tenía en mente era el roce de su pecho contra el del jotun y el suave aliento que le golpeaba en el rostro.
Se dio cuenta de que había contenido la respiración quién sabe cuánto tiempo. Al jalar aire a sus pulmones nuevamente, el contacto de ambos cuerpos se hizo mayor y Steve notó un extraño calorcillo en el pecho que se apresuró a desterrar. De sobra estaría decir cuánto alivio sintió al lograrlo.
Sus ojos, atados nuevamente a los de Loki por un hilo invisible, viajaron hasta los labios entreabiertos de éste. No pudo evitar recordar días atrás, cuando el barco de los jotun les atacó y ellos se sumergieron en el agua; rememoró su "beso" y el tacto de sus labios sobre los otros, que le hizo sentir más seguro que en ninguna parte. El hecho de desearlos nuevamente, hacía que la cabeza de Steve diera vueltas. No sabía cómo, ni por qué, ni cuándo, ni dónde estaba.
—Loki —murmuró con voz baja, mitad advertencia y orden, pero también haciendo una petición silenciosa que incluso él desconocía.
—Quiero que me odies —siseó el jotun en respuesta, aparentemente haciendo caso omiso de lo anterior—, que me temas. Siempre he sabido manejar que otros se sientan así en mi presencia. —Una vez dicho esto, el hombre volvió a acercarse peligrosamente a su oído y continúo con voz aterciopelada y ronca al mismo tiempo—: Está en mi naturaleza destruir todo lo que toco y aquello que me importa.
Steve notó que sus mejillas se ruborizaban ligeramente, pero lo ocultó bien.
—¿Te importo? —Repitió con voz firme y más seguridad de la que él sentía. Loki pestañeó antes de darse cuenta de lo que había implicado su anterior comentario. En seguida resopló y se hizo para atrás, con una expresión en blanco; a Steve no le gustaba ni un poco.
—No voy a permitirlo jamás —escupió la respuesta momentos después de su temeraria pregunta, pero el silencio había sido tan prolongado que Steve intuyó la duda en el asgardiano, pese a sus esfuerzos por continuar tan pétreo como una estatua.
El rubio decidió que no añadiría nada más por ahora. En su lugar, esperó pacientemente a que Loki dijera algo más. Sin embargo, el moreno se limitó a soltarlo y alejarse un par de pasos, como si no fuera consciente de lo que acababa de hacer aunque era todo lo contrario. Rogers, por su parte, el metro de distancia que ahora los separaba le resultaba inquietante y molesto. Él quería detenerlo, hablar más con él, sentir la piel fría contra la suya… pero no sabía por qué. No lo supo ni siquiera cuando dio un par de zancadas para acortar la distancia y le tomó del brazo.
Loki se giró a verlo y abrió la boca en un gesto tanto sorprendido como iracundo. Pero Steve, el soldado que nunca hacía nada sin detenerse a pensar lo suficiente en un plan, se limitó a actuar. Cedió a su primer instinto y tiró con fuerza para atraer al jotun a su cuerpo.
En seguida le rodeó con sus brazos mientras Loki dejaba escapar un gritito al impactar contra el rubio.
Pese a que Steve no los veía, imaginaba que los ojos de Loki estaban abiertos de par en par, atónitos por el repentino movimiento que hasta para Rogers era demasiado extraño y precipitado. Sin embargo, se sentía como si no pudiera hacer algo mejor.
Así que se encontraban los dos en un abrazo, deshaciéndose de todos aquellos sentimientos que estaban golpeándolos, desde la incertidumbre que había empezado a invadir el corazón de Steve hasta el odio que profesaba Loki hacia todo ser vivo.
El jotun, por supuesto, no reaccionó en absoluto; se quedó congelado en su lugar, con los brazos en los costados y la barbilla apoyada sobre el hombro derecho de Steve. En esa posición, el midgardiano era capaz de notar la suave fragancia que expedían los cabellos azabaches; su nariz le cosquilleaba por la cercanía de éstos.
Fue Loki quien reparó en que la situación era más que extraña y se sentía demasiado bien; cuando Steve lo notó agitándose entre sus brazos, fue consciente de que no estaba dispuesto a soltarlo, pero no quiso ni intentó profundizar en por qué sentía la necesidad de tenerlo ahí.
Todo siempre empezaba con un sentimiento pequeño, que se iba haciendo más y más fuerte. De haber sido inteligente, Steve hubiera empujado el cuerpo de Loki tan lejos como fuera posible, antes de que los brazos del asgardiano se levantaran y lo aferraran como si en ello se le fuera la vida.
Percibió las uñas del jotun clavándose en su espalda, a la altura de los omoplatos. Ni siquiera la ropa impedía que fuera consciente del agarre.
Sin darse cuenta de cómo ni por qué, Steve había dado inicio a unos terribles acontecimientos…, sólo que ahora no lo parecían. En absoluto. Él ni siquiera se daba cuenta de lo que estaba haciendo.
—Steve —murmuró Loki en su oído; era un sonido bajo, ronco y que encendió un fuego dentro del rubio…, una llama que no sabía que existía en su interior. Notó las corrientes eléctricas y cómo se le enchinaba la piel desde el sitio donde las manos de Loki estaban sujetándolo con fuerza.
Se separó apenas lo suficiente para estar frente a frente con el jotun. Éste lo miraba con los ojos enturbiados, confundidos, resignados y al mismo tiempo, llenos de determinación; era una combinación singular.
El ceño de Steve sufrió de un minúsculo tic, producto de los nervios hacia aquella cercanía. A él nunca se le había dado precisamente bien manejar este tipo de situaciones y le sorprendía lo natural que resultaba estar ahí, rodeando a Loki con los brazos mientras éste lo observaba y su respiración comenzó a acelerarse. Le pareció una lenta agonía mientras recorría la cara del moreno con rapidez asombrosa, guardando cada detalle y el resplandor de sus ojos, donde parecía que habitaban un par de estrellas que hasta ahora no había visto. Steve, muy en el fondo esperaba que nadie hubiera sido testigo del fuego magnífico y extraordinario que le daba vida a la mirada esmeralda.
Una de las manos de Loki viajó hasta su barbilla. La punta de sus largos dedos acarició su piel, apenas de forma perceptible, como si temiera que el contacto frío hiciera que él se retirase, pero no lo hizo.
«¿Cómo hemos llegado a este punto? ¡No importa, por Dios! Tengo que detenerlo ».
Pero su cuerpo no respondió a las órdenes de su cerebro. Todas ellas quedaron regadas superficialmente gracias a la mirada de Loki, cada vez más profunda; a la cercanía, que desaparecía segundo a segundo hasta que las puntas de sus narices estaban por tocarse.
—Steven —volvió a decir el otro—, quédate conmigo. Por favor, no me dejes solo.
Durante un segundo, el midgardiano trató de comprender cómo era posible oír todas esas palabras juntas en una sola oración cuando era Loki quien las estaba pronunciando.
Era una vulnerabilidad que nunca pensó ver, que tampoco creyó que existiera en él.
Lo siguiente que ocurrió le pilló completamente desprevenido: Los labios del moreno aplastaron los suyos durante un momento. El contacto fue más bien tímido en un principio, como si Loki tampoco estuviera pensando las cosas. Duró un lapso casi insignificante al cual Steve recurrió para deshacerse de la niebla que había aletargado su mente hasta entonces, y gracias al cual se separó.
El jotun no hizo nada para detenerlo. Rogers, que había cerrado automáticamente los ojos, ahora los abría para encontrarse con el rostro apacible de Loki, cuyos párpados se tomaron un milisegundo más para despegarse; sin embargo, mientras lo hacían, Steve capturó la imagen pacífica de aquel hombre que de pronto se veía más pequeño y frágil, pero no por eso menos hermoso e increíble.
Vio que las pestañas largas y oscuras del jotun temblaban ligeramente y sus labios permanecían semi abiertos, casi indecisos sobre qué acaba de suceder. Steve no les había dado tiempo de acostumbrarse a tener algo sobre ellos.
Loki abrió entonces los ojos y Steve se preguntó qué habría visto en él. ¿Indecisión, confusión, miedo, anhelo?
El rubio tragó saliva, pero no hizo mayor ademán para alejarse. Loki, sujetándolo por el cuello todavía, tomó esto como una invitación a continuar y rompió la distancia una vez más. Sin embargo, en esta ocasión, el beso iba acompañado por una mezcla de deseo y necesidad que hicieron de aquel beso una caricia salvaje y poco sincronizada. Loki no tuvo reparo en juntarse a su cuerpo y presionar más fuerte, como si de ello dependiera su vida; probablemente, en algún punto así era.
Steve lanzó una exclamación ahogada por la presión a la que su boca era sometida. Su cerebro todavía estaba demasiado estupefacto. Tan sólo dejó que Loki se hiciera cargo de los movimientos.
Le sorprendió que, a pesar de todo, el jotun no tratara de forzar su entrada. Aguardó hasta que de pronto la boca de Steve (medio embriagada por el sabor de aquellos labios), cediera por fin y se abriera. Entonces, Loki introdujo la lengua y jugó con la suya con una maestría impresionante, haciendo que Steve se preguntara si ésa sería otra razón para llamar al moreno Lengua de Plata.
Steve entonces se desprendió de todo pensamiento racional (o lo que pretendía serlo) y rodeó la cintura de Loki, atrayéndolo hacia sí. Maldición; quería permanecer ahí para siempre.
Los brazos del jotun viajaron hasta enredarse sobre su cuello; los dedos delgados y diestros comenzaron a pasera entre sus cabellos de la misma forma lenta con que las manos de Steve viajaban por la espalda de Loki hasta su cintura, aunque tenían un matiz más sensual y provocativo que la torpeza y confusión con las que el rubio dotaba sus movimientos.
La sensación de sus bocas unidas… ¡por Dios! Era magnífica y le hacía sentir tan vivo como cuando estaba en el fervor de la batalla. La adrenalina lo hacía consciente de todo y nada a la vez. Al cerrar los ojos y tener un molesto zumbido en los oídos, ahora Steve únicamente era consciente del regusto de la boca de Loki; el olfato porque la nariz estaba muy cerca de la piel del jotun y lo embriagaba con un aroma desconocido pero igual exquisito; sólo podía notar el tacto de su cuerpo contra el otro, al que quería más cerca que nada en este momento.
Claro, fueron sus pulmones los que exigieron que se separara del otro, en búsqueda del aire que le había privado durante los últimos segundos…, minutos…, horas…, lo que fuera. En cambio, Laufeyson apenas y tomó una rápida bocanada de aire antes de volver a depositar sus labios sobre la barbilla y luego el cuello de Steve.
—Loki —gimió el rubio, con las mejillas cubiertas de rubor—. Espera.
En lugar de obedecer, el asgardiano le dio un mordisco en la garganta. El dolor que le recorrió fue más placentero que otra cosa, pero eso fue lo que necesitó para despertar completamente de aquella escena y terminarla.
Con un rápido movimiento, Steve tomó de los hombros a Loki y le empujó, deshaciéndose de toda cercanía entre ambos pero sin dejarlo libre. Inmediatamente después de percatarse de ese último detalle, retiró las manos del asgardiano, como si su tacto le quemara. Cubrió su rostro con el dorso de la mano, un tanto escandalizado por su comportamiento y falta de control.
Por su parte, Loki le miró con la respiración igualmente agitada, pero además de eso no parecía descompuesto en ningún sentido.
—No quería eso —dijo Steve entonces, tratando de no romper contacto visual con el príncipe; había sido injusto para los dos. El midgardiano se equivocó al abrazar al otro en un momento de debilidad y desatado la tormenta cual Dios caprichoso haciendo una rabieta contra los hombres—. Lo… lo siento.
El rostro de Loki se encendió, aunque no precisamente de vergüenza.
—Te equivocas; claro que lo querías hacer —dijo con severidad—. Y yo también, así que no te escudes detrás de mí —añadió al ver que se disponía a decir algo parecido—. Tú has causado todo esto —bufó, estirando las manos y flanqueando la cara de Steve una vez más—. Maldito seas, midgardiano estúpido.
Y volvió a atraerlo hacia sus labios. En esta ocasión, el salvajismo desapareció y dejó en su lugar una caricia profunda, seductora y tranquila, como si lo hubieran hecho mil veces; como si no necesitaran más para unir sus almas.
El pánico volvió a ganarle a Steve, que se deshizo del agarre de Loki con un ademán.
—¡No está bien! —Gritó, tallándose la boca. En cuanto las palabras abandonaron su boca, supo que había dicho algo terrible; lo refutó al ver el rostro herido del jotun, que se apresuró a borrar todo rastro de cualquier emoción que hubiera aflorado hasta entonces.
—Había olvidado que Midgard es tan patética y retrasada que teme reconocer el amor en todas sus formas —puntualizó Loki rodando los ojos. Steve no se dio cuenta de la implicación de aquellas palabras hasta mucho, mucho después—. Perdona mi error.
Frunció el ceño y levantó las manos hasta su cara, como si fuera a lavarla. Las deslizó hacia atrás y Steve observó que el rostro del jotun se hacía más perfilada y sobre todo, femenina. Los cabellos del asgardiano se alargaron hasta la espalda baja, donde cayeron en sedosos rizos. Steve continúo observándole asombrado durante varios segundos que sirvieron al jotun para cambiar el resto de su cuerpo.
—¿Así está mejor? ¿Te hace sentir más cómodo? —Preguntó Loki, ahora con voz femenina. Lucía genuinamente divertido con la reacción de Steve, que rayaba en la más pura impresión—. Soy capaz de cambiar lo que sea en mi aspecto; todo.
Rogers miró con atención la figura que estaba frente a él; sin duda, era una de las mujeres más hermosas que alguna vez tuvo enfrente. No necesitaba cambiar nada para que él se sintiera atraído…, nada.
—Es una ilusión de cualquier manera. No puedo.
El gesto del príncipe, lejos de convertirse en una mueca de orgullo, dolor o ira, permaneció impasible; como si el resultado lo hubiera esperado desde mucho antes.
—A pesar de tus palabras… —murmuró todavía con voz femenina. En seguida, un resplandor verde lo cubrió para dar paso al hombre una vez que se extinguió. La risa seca y amarga hizo acto de presencia, haciendo que Steve se diera cuenta de que muy en el fondo, no soportaba ese rechazo. Loki evitó agregar algo más y el rubio, aunque sabía que era una mala idea, preguntó con un hilo de voz:
—¿Era una broma? ¿Por qué te ríes?
El jotun dejó que la sonrisa vacilara unos segundos antes de obligarla a desaparecer.
—Alguien me dijo una vez que yo nunca sería capaz de sentir amor, ni de obtenerlo —hizo una pausa—. Lo sé y nunca me ha molestado, pero… —lo miró fijamente, sin terminar la oración. Se obligó a recuperar la calma y encogerse de hombros—. Olvídalo.
Ya no intentó ir hasta la cola del vigía. En lugar de eso, se encaminó hacia su cabina.
—Loki, no quise decir que…
—Oh, quisiste —lo interrumpió, sin girarse—. Pero no te preocupes. El convenio entre tú y yo sigue en pie: Te llevaré hasta Helheim y, sea cual sea el resultado de tu patética aventura, igual no tendremos que vernos más.
—Amo a Peggy —dijo a modo de excusa—. Ella es…
—Lo entiendo.
—No es verdad. Mira, Loki… no sé qué ha sido lo de hace un momento, pero tienes que entender que… yo no soy la persona para ti. Créeme que sería el más afortunado si… es sólo que no quiero pensar que lo haces por las razones equivocadas.
—¿Razones equivocadas? —Repitió, volviéndose para encararlo. Steve notó que se le formaba un nudo en la boca del estómago—. Perdóname, ¿cuáles podrían ser? ¿Crees que te he besado porque tengo necesidades reprimidas? Te equivocas. ¿Piensas que lo hice porque eres el único que me ha mirado dos veces expuesto en mi verdadera forma, e incluso así decir que soy alguien que vale la pena? Pues sí, ¿no es lo que tratamos de encontrar todos en este mundo hipócrita y asqueroso? ¿Aceptación, amor, comprensión? ¡Yo nunca he tenido nada de eso!
Steve tragó saliva; nuevamente la sentía seca como el desierto.
—Tu madre… —empezó a decir, pero Loki volvió a interrumpirlo.
—¡Ella no es mi madre! Y siempre se ha sometido a las órdenes de Odín —agregó con ponzoña—. Aunque me diera su amor entero y se mantuviera a mi lado, ¿qué hizo cuando me azotaban por desobedecer? ¿Acaso impidió que me cosieran los labios? ¿Dónde estaba el día que me vi obligado a distraer al semental de aquel gigante? ¿Qué hizo cuando la arpía de Sif me jugaba bromas o mentía y yo salía pagando por todo? —Hizo una pausa—. Sí, quiero a Frigga… pero ella no ha estado al cien por ciento conmigo, subyugada a todo lo que ordenaba el Padre de Todo. Y tú… —se detuvo entonces, observando atentamente a Steve. Sus cejas se juntaron en una expresión lastimera mientras la realidad iba entrando en su cabeza—. Tú tampoco. Te acabo de conocer, después de todo.
Lo último fue pronunciado en voz muy baja y la forma en que dejó caer los hombros, hizo que el corazón del rubio se encogiera.
—Por eso es que no debes ser amable con personas como yo —bufó Loki, negando con la cabeza—. Los que estamos condenados, siempre manejamos mejor el odio y el miedo que otros dirigen hacia nosotros; uno se va acostumbrado. En cuanto te muestran afecto y comprensión… regresar a lo anterior es todavía más cruel.
—Loki…
—Cállate. No tiene caso…
Steve abrió y cerró la boca sin llegar a articular palabra. ¿Cuál podría ser la indicada en estas circunstancias?
Fue un grito, de una voz desconocida, lo que impidió a Rogers seguir buscando qué decir.
—¡LOKI! —La voz atronadora hizo que los ojos del jotun se abrieran de par en par. Steve levantó la mirada al cielo, sorprendido de ver un caballo gris (carente de alas) que venía galopando sobre el aire con una rapidez asombrosa; a lomos de éste, venía un rubio fornido que reconoció de inmediato como el príncipe Thor.
El rubio levantó su brazo, en el que cargaba un gran martillo.
Se escucharon truenos y, del día clareado y bello, unos cuántos aparecieron rasgando el cielo en dirección a Mjölnir. Un momento después, la fuerza de tres relámpagos fue guiada por el fuerte brazo de Thor y salió impactada hacia el barco, dando directo al pecho de Loki, quien fue proyectado contra Steve con inusitada fuerza.
El midgardiano no reaccionó lo suficientemente rápido para atrapar al jotun sin caer de bruces contra el suelo, así que perdió el equilibrio y se dio un sentón.
Le llevó varios segundos entender lo que había sucedido, y cuando logró entender los recientes acontecimientos, solamente bajó la mirada hacia donde estaba el jotun, inconsciente.
—¿Loki? —Susurró con un hilo de voz, notando que desde el pecho del aludido salía un poco de humo—. ¡Oh, por Dios! ¿Puedes escucharme? ¡Loki, responde!
0*0*0
Desde una noche atrás, Balder decidió que visitaría el gran árbol que dio nombre al cometa Yggdrasil. Para el primogénito de Odín (ahora Rey de Asgard), se había mancillado a este sagrado y perenne árbol ya que al contrario del cometa, realmente simbolizaba la unión entre los Nueve Reinos, atados por los hilos del destino, inasequibles para las tristes mentes que no entendían las conexiones tan bien como lo hacía él y otros pocos seres en todo el mundo. De hecho, salió a primera hora de la mañana hacia el Valhalla precisamente para visitar a las nornas, cuyo conocimiento iba más allá de todo lo posible, según se presumía en Asgard.
Él nunca había visitado a las mujeres que mantenían al fresno sagrado, pero había escuchado a su padre nombrarlas en determinadas ocasiones; especialmente a Skuld, la norna del futuro. Al parecer, ella había tomado un gran partido en las decisiones de Odín durante todo su reinado. Balder esperaba tener la misma oportunidad de consultarlas de ahora en adelante, gracias a su calidad de soberano. Por supuesto, creía que asesorarse con ellas era un derecho como rey de Asgard y no había necesidad de pensar otra cosa. De cualquier manera, no deseaba hacer sentir a las mujeres amenazadas por su presencia así que ordenó a la comitiva de soldados que se mantuvieran fuera del edificio.
El Valhalla era un sitio repleto de luz gracias a los amplios ventanales. Su estructura amplia y circular estaba diseñada para que la procesión de los reyes difuntos cupiera con facilidad y entera comodidad; todos los soberanos estaban repartidos en sus tumbas a lo largo de la zona del arcado, en el nivel más bajo de la torre. En los niveles superiores estaban los soldados y las algunas mujeres (que se presumía, fueron castas hasta el último de sus días, así como también otras grandes guerreras). Una vez dentro pensó que le gustaba ese lugar; siempre había encontrado reconfortante la quietud que abrazaba las estancias. El único ruido que irrumpía en el lugar, era el de sus pasos, aunque después de unos momentos también se escuchaba el suave canto de las nornas rebotando en las altas paredes.
Pero lo que realmente le interesaba a Balder, estaba en el centro, donde se erguía Yggdrasil con su apariencia increíble, parecida al cielo estrellado.
El fresno brillaba como si tuviera dentro grandes luciérnagas de color azul zafiro, morado, rojo y verde. Colgando entre sus ramas, como frutos gigantes, se podían ver los Nueve Reinos; diversas escenas danzaban frente a los ojos de Balder, que se concentró nada más en verlas un segundo antes de bajar por la escalera de caracol, hacia el sitio más oscuro.
El pasillo que descendía sólo era iluminado por unas cuantas antorchas, dejadas paulatinamente para que los —pocos— visitantes no se tropezaran en medio de la oscuridad. Una vez que estuvo en el último escalón, Balder oyó el suave correr del agua y la canción de las nornas se hizo todavía más fuerte y comprensible a sus oídos: "Él sabe exactamente/ cómo herir al mundo/ y conoce las debilidades de cada uno: / Las ve claramente como el agua en el pozo de Mímir/ aquel que buscó redención y nunca la encontró".
Balder detuvo sus pasos cerca del manantial que había debajo de Yggdrasil, lo suficientemente cerca para ver a las tres mujeres ataviadas con largos vestidos blancos que danzaban a los pies del árbol, acompañándose por movimientos delicados y gráciles, incluso la anciana Urd, cuya complexión delgada y vieja podrían hacer pensar que sería incapaz de siquiera moverse.
El Rey carraspeó la garganta y las mujeres se interrumpieron. La más hermosa de ellas, de rostro joven y largos cabellos al rojo vivo, lo miró fijamente. Balder tragó saliva disimuladamente, tratando de mantenerse firme ante el escrutinio de ésta.
La anciana giró la cabeza un poco hacia atrás, sosteniendo en alto un hilo tan brillante como las estrellas; la pelirroja siguió observando al frente, justo a su dirección; la rubia, que era más joven que las otras, miraba hacia la nada, como si estuviera lejos de toda la acción que se efectuaba en esos momentos.
Balder hizo una reverencia y abrió la boca, disponiéndose a hablar, pero una de ellas se le adelantó:
—Bienvenido a Urdar, príncipe Balder el Hermoso, hijo de Odín Padre de Todo y Frigga la que hila nubes —saludó Verdandi, extendiendo los brazos; el movimiento hizo que sus tirabuzones rojos se agitaran.
—En realidad, mi Señora, soy el legítimo Rey de…
—Así como tu padre y el padre de tu padre, vienes a buscar nuestro consejo —interrumpió la anciana con voz grave, todavía mirando hacia atrás—. Yo, Urd, enseño las lecciones del pasado.
—Yo, Verdandi, les recuerdo hacer buen uso del presente —dijo, extendiendo una cálida sonrisa.
—Y yo, Skuld, advierto de los peligros del futuro —finalizó la rubia, con una expresión vacía, todavía mirando a ningún lugar.
Balder frunció ligeramente el ceño. No estaba acostumbrado a que cortaran sus palabras. Sin embargo, se calló su desaprobación y volvió a saludar a las nornas.
—Les agradezco su tiempo; sé que es preciado para ustedes.
—El tiempo —replicó Urd con una diversión seca mientras se ponía a tejer una vez más—. Hablan de él siendo tacaños; lo han convertido en la moneda universal y todos quieren guardar para sí cada segundo. Nosotras no entendemos el tiempo de la misma manera, Balder el Hermoso, en que lo hace la débil percepción de las criaturas que sólo entienden la nostalgia por el pasado…
—Porque les cuesta mirar el presente como un regalo… —añadió Verdandi.
—Y siempre se preocupan por el futuro, mirando más lejos de lo que llegarán en verdad —terminó Skuld—. Pero hay destinos grandiosos; existen personas que juegan un papel fundamental en la vida del mundo.
Nuevamente, antes de que Balder pudiera decir más, las tres se pusieron a cantar igual que si él no estuviera presente:
—En las sombras un fuego ardiente y eterno nació: /de humo cubrió el cielo y escondió el sol. / El hielo abrazó la vida /y quebrantó el corazón. / Creamos en la Tierra el Infierno / aquellos cuya crueldad arrancaron las alas a un ángel que toda esperanza perdió.
Balder sintió la bilis reptando por su garganta; la inquietud comenzó a hacer mella en él.
—¿Es una advertencia? ¿Sobre quién hablan?
—¡Arde! —Exclamó Skuld, levantando los brazos al cielo—. ¡Oh, el proscrito que sólo crueldad conoció! —Tanto Verdandi como Urd detuvieron su tarea con el hilo y dejaron caer las cabezas al pecho, quedándose en silencio mientras Skuld levantaba el brazo hacia Balder, señalándolo—. Él atravesará el mundo con su furia incontenible y hará pagar a todos los que hirieron su corazón. —La voz de Skuld se hizo más grave, casi amenazante, conforme las palabras salían de su boca—. La bestia intenta liberarse… grita su nombre en un eco. Puedo ver a los causantes de la desgracia: Todo Asgard clama su nombre.
El rey frunció el ceño.
—¡Loki! —gritó, colérico.
Skuld bajó la cabeza y en su lugar, Urd tomó la palabra:
—Él lloraba en la quietud de las sombras —susurró.
—Está llorando dentro de su corazón endurecido en apariencia —continúo Verdandi.
—Y los hará llorar a todos —añadió Skuld—. Pero la satisfacción no está en su naturaleza y el dolor que infringe a otros no le parecerá suficiente.
—Porque su alma sólo conoce la desesperación y la pérdida. De él seguirán fluyendo lágrimas por la tragedia que alcanzó a ese hombre del que se enamoró —dijeron las tres simultáneamente.
—¿Están hablando de Loki? —Preguntó el asgardiano, aturdido por tantas frases sin sentido; no le ayudaban en absoluto. En lugar de responder, las mujeres volvieron a su tarea de tejer; el hilo adquiría colores distintos, pero nada de ello significaba algo para Balder. El hecho de saber que la respuesta estaba ante sus ojos, tomando forma entre las manos de las mujeres, y que él era incapaz de comprenderlo, le ponía furioso.
—La corona de hielo la lleva otro / con cara de cordero y alma sombría. / El monstruo no es a quien todos señalan. / Aquel que esté libre de toda culpa / arroje pues, la primera piedra.
Balder gruñó una respuesta ininteligible y se dio media vuelta, dándoles la espalda a las tres mujeres. Antes de abandonar el Valhalla, escuchó un último verso de la canción, que le hizo sentir un escalofrío bajar por su espalda:
—Le advertimos a Odín que sucedería —sisearon las tres mujeres al mismo tiempo—: Necio, a tus hijos, ¿qué consejo has dado, / qué político estado te llenó la memoria y la fantasía de la marcial y bélica osadía? /…¿Qué sed, por insaciable que haya sido con sangre se apagó? /…¿Qué cielo, di, ganaste si tu mismo sepulcro conquistaste? [2]
Se apresuró en salir del Valhalla, con las voces de las nornas todavía resonando en su cabeza y una punzada en la cabeza que le indicaría que esa tarde, una migraña le daría una pequeña y especial visita. Aquellos dolores de cabeza eran insoportables y muchas veces hacían que explotara por cualquier cosa, e Yggdrasil sabía que necesitaría mucha paciencia ahora, cuando tenía que hablar con los soberanos de los Nueve Reinos. Debía asegurarse que el ataque a Jötunheim y Svartálfaheim estuviera bajo su entera supervisión.
Cuando las puertas del Valhalla estuvieran abiertas y después que el sol cayendo directo en la entrada lo obligara a entrecerrar los ojos, Balder se topó con un escenario desagradable que le congeló en el umbral durante varios segundos: Todos los soldados que le habían acompañado esa mañana estaban tirados en el suelo con el rostro ennegrecido vuelto hacia el cielo, componiendo muecas horrorizadas. Era un tanto macabro pues lucían como estatuas de ceniza, y sus rostros eran poco menos humanos con las mejillas hundidas, como si apenas tuvieran carne en los huesos.
Todas las monturas (a excepción de su Nieve de fuego) habían desaparecido en el bosque que rodeaba la torre. Lo siguiente que notó, fue el hecho de que no había un solo ruido en los alrededores ni tampoco algún cuerpo de un enemigo. Balder se dio cuenta que la batalla no tenía otro objetivo más que asesinar a toda su comitiva, pero el propósito era extraño y carecía de sentido para el joven rey.
Él no percibió a nadie cerca, pero de cualquier manera, hizo amago de sacar la espada del cinto. Sin embargo, antes de conseguirlo otra espada ya se encontraba sobre el dorso de su mano de tal manera que si la movía un poco más, se la amputaría. El autonombrado rey de Asgard se giró a ver al hombre que lo amenazaba: Era un elfo oscuro, que tenía rasgos amables y que parecía triste de encontrarse en esas circunstancias. Balder no lo reconoció al principio debido a la piel oscura y los ojos de un azul brillante, pero luego de pestañear unos momentos, se dio cuenta de que había conocido a ese hombre durante mucho tiempo, suficiente para haberlo escogido entre su guardia selecta de guerreros.
—¿Horst? —Murmuró con un hilo de voz, aunque delataba más incredulidad que miedo. El elfo levantó la barbilla en un gesto orgulloso; la forma en que el viento agitaba sus cabellos plateados escondía de vez en cuando las (ahora) orejas largas y puntiagudas—. ¿Qué…?
—Mi nombre es Algrim —cortó el elfo con su tono solemne—. Sirvo a Malekith el Maldito; siempre ha sido así.
—¿Cuál es tu propósito aquí? —Preguntó el rubio, dejando caer el brazo al costado y sonriendo, como si se tratara de un mal chiste. El elfo ladeó la cabeza, sin dar muestras de verdadera hostilidad ni mucho menos cólera por el hecho de que Balder restara importancia a sus actos con tanta facilidad.
—Vigilarte (supongo que es la palabra) —respondió con soltura y agregó poco después—: Dame tu espada, Balder. No quiero que hagas nada precipitado.
El primogénito de Odín rió, aparentemente divertido.
—Eras uno de los más íntimos consejeros de mi padre —acusó, pese a que su voz denotaba cierto respeto—.Bien jugado. Una extraña combinación de inesperado y predecible, al mismo tiempo. Nosotros te considerábamos familia y nos hiciste creer que eras parte de nuestra causa.
—Entonces cumplí muy bien con el papel, ¿cierto? —Se mofó, aunque tanto su mirada como su voz carecían de alegría o pedantería—. Anda ya, entrégamela.
Balder terminó de sacar la espada y se la dio a regañadientes. Algrim la tomó con cuidado por el mango y la envainó en el cinto de su propia arma.
—¿Vas a matarme? —Preguntó el más joven, entre dientes—. Bueno, en otras circunstancias sería obvio pero, supongo que tengo que preguntar, después de todo, estuviste mucho tiempo ocultándote y de pronto te rebelas… ¿qué te motivaría a ello?
Algrim suspiró.
—Evitaré hacerte daño a menos que te conviertas en una amenaza —contestó—. Así que no te hagas una idea equivocada: Yo los he protegido con mi vida en incontables ocasiones y lamento decir que ni siquiera yo estoy exento de encariñarme de tres mocosos con los que tuve que pasar mi vida entera aquí, en Asgard, durante la espera de la Rebelión.
Balder arqueó la ceja.
—¿Encariñarte con los tres? ¿Incluso Loki se ganó tu corazón?
—Al parecer, Loki más que nadie sería útil para los planes de mi Señor —indicó, dedicándole una frívola mirada y eludiendo la respuesta a su pregunta—. Fuera de eso, supongo que no podrías entenderlo. Te falta corazón para ello.
El más joven se ruborizó ante las palabras.
—¿Cómo te atreves a decir eso? ¡Maldito traidor! —Al hablar, Balder ya estaba realizando un movimiento para quitarse la espada enemiga y golpear al elfo, pero éste fue más rápido y lo bloqueó primero con el brazo y luego le empujó con el mango de su arma, clavándose directamente en la sien mientras se acompañaba de un ágil y rápido giro—. ¡Agh!
—Un buen rey sabe controlar su ira —regañó Algrim con voz neutra, como lo hiciera en las incontables horas de su entrenamiento—. Un buen rey admite sus errores. Ni tú ni Odín saben lo que significa ser bueno para la gente que guían. —Balder se sentó, mirando hacia arriba con la furia destilando de sus ojos—. Estabas mejor cuando la flecha de muérdago te atravesó el corazón, niño —musitó, inclinándose hacia delante—. Le dije a Odín que no te llevara con Nidhogg cuando la Reina de Helheim se negó a salvar tu vida. Pero no me hizo caso; el Padre de Todo estaba encantado contigo y lo que eras, hasta ese entonces.
El rubio dejó que se levantaran las comisuras de sus labios, de un modo tremebundo y cruel, tal como era su sonrisa en esos momentos. Se levantó despreocupadamente y se sacudió las ropas.
—Tus palabras me conmueven. Veo de dónde tomó Loki su elocuencia; ustedes dos tienen tanto en común: Malditos traidores sin una pizca de decencia en su sangre, siempre inferiores.
Balder se molestó de ver que Algrim permanecía con gesto vacío ante sus insultos.
—Ustedes aprovecharon muy bien el ingenio de Loki, ¿no es así? Él aprendió a ser más agudo en su mente, más que en la fuerza y eso, Balder, es lo que pidió tu madre.
—Ella pensaba ingenuamente que esas cualidades salvarían a Loki de ser discriminado en un reino que se aboca a la guerra —lanzó una risa divertida—. Una acción bastante estúpida, que lamento achacar a una mujer que es guerrera y mi madre. Junto a otro error más que es el de empeñarse en ver generosidad en todos.
—Inclusive en ti.
Balder frunció los labios y empezó a moverse en círculos, aunque no había una intención de escapar ni despistar al elfo para después atacar. Su gesto era el de quien se hubiera encontrado con algo especialmente asqueroso.
—Pocos se atreven a decir que soy cruel —murmuró despectivamente—. Aún menos después de lo que acabas de hacer con mis soldados. Es un excelente poder; deberías enseñármelo.
Algrim no dejó de apuntarle con la espada mientras caminaba, receloso de su actuar. Cuando Balder notó la tensión, dejó de provocarla y se mantuvo quieto, sin abandonar su postura altiva.
—Un consejo que podría darte es que antes que fomentar enemistades, debes conocer a tus enemigos —prorrumpió Algrim—. Malekith también ha hecho malas decisiones, terribles alianzas y ha cometido traición sin igual. Daría gracias, si fuera tú, a que reconozco el potencial que eres capaz de proporcionar en esta guerra.
Balder arqueó las cejas, impresionado por el cambio tan repentino del Elfo, pero dejó que continuara si lo creía conveniente. No tuvo que esperar mucho.
—El poder que acabo de utilizar se conoce entre los Nueve Reinos como una habilidad muy especial y específica de Hela, aunque no imposible de aprender si tienes fuentes concretas y fiables —anunció, bajando la espada—. Ella es inteligente y juega un papel muy importante en todo lo que está sucediendo. También se trata de la mala decisión que hizo mi Señor, pues hará que nos destruyan a todos. —En este punto, miró sus manos con expresión inquieta, que rompió con el malhumor de Balder—. Mi gente podría ser masacrada, igual que muchas otras, a causa de lo que quiere. No puedo permitirlo. —Levantó la mirada hacia el asgardiano—. Quiero detenerla.
Balder se inclinó hacia delante y lanzó una carcajada.
—Idiota. No es como si pudieras vencerla; ella es inmortal. ¿Sabes lo que significa?
—¿Crees que soy estúpido? —Agregó, con un matiz paciente—. No, Balder. Detenerla implica otra cosa.
—¿Cómo qué?
Algrim esperó unos segundos; parecía debatirse entre si era o no buena idea contarle. Al final, decidió que correría el riesgo:
—Ella tiene, como todos en esta tierra, una función que cumplir. Pero está condenada por la eternidad. Debería saberlo y no tendría por qué buscar otro fin —hizo una pausa—. Ahora bien, el hombre que viaja actualmente con Loki es un peligro para todos. Debemos matarlo.
Balder contorsionó la boca en un gesto de molestia.
—Quien sea, no me importa. Yo quiero matar a Loki…
—Tendrás el placer de hacerlo —musitó—, a su debido tiempo. Pero necesitamos erradicar a ese joven, al que llaman Steven Rogers. Tengo contactos con los jotun y ellos pueden traerte a Loki; eliminar a Steve al mismo tiempo. Nos deshacemos de dos pájaros con un tiro.
—Hum —lo meditó el rubio—. ¿Qué tengo que ver yo en todo esto? ¿Insinúas que me alié con los jotun?
—Te conviene hacerlo. Sin importar qué, viste lo que lograron un puñado de soldados elfos y jotun.
—Eso fue antes. Ahora, los otros reinos enviarían su ayuda y podría aplastarlos en pocos segundos.
Algrim levantó la caja, irónico y ligeramente divertido.
—Piénsalo Balder, que te enseñé a hacerlo. No todos los reinos gozan una buena relación con Asgard; de hecho, el único que fomenta un vínculo potente con ustedes serían Fury y Dvalin; esto sólo porque los humanos se sienten mejor entre ellos y los enanos estarían dispuestos a enfrentarse a los gigantes de Laufey y Surt donde fuera, por viejos rencores. —Hizo una pausa—. Ijósálfar nunca se sumaría a una guerra sin sentido, pero ya que esto constituye una verdadera amenaza para su tranquilidad, buscará la amistad con el mejor postor y ésa es Hela, lo que constituye en realidad un peligro máximo para todos, aliados suyos o no.
»Por lo tanto, debemos trabajar juntos para que esta batalla tenga las menos bajas posibles. Una nueva Edad Oscura podría caer sobre nosotros en cualquier momento por el capricho de una mujer, o las ambiciones ridículas de seres muy inferiores.
»El plan sería cortar de raíz los recursos de Hela.
Balder odiaba admitirlo, pero Algrim tenía un punto.
—Continúa.
—Malekith está seguro que los jotun se alían con Hela por miedo y las ansías de venganza que tienen hacia tu padre —señaló, como quien no quiere la cosa—. Es preciso eliminar a Laufey y su descendencia.
—Erradicarlos a todos sería muy fácil con ayuda de Heimdall —respondió con soltura, haciendo gala de una crueldad que bien podría ser la causa de la mueca que hizo Algrim.
—No es mi intención que la raza de los jotun desaparezca —musitó con cuidado, frunciendo el ceño—. Me refiero a la familia de Laufey: Él y su esposa Farbauti, así como sus hijos Helblindi y Byleist. Sin una línea directa de ascendencia, los jotun tendrán que negociar la ascendencia de uno de sus clanes al trono y suele llevar tiempo y acaloradas discusiones que podrían proporcionarnos el tiempo necesario para abatir los planes de Hela y evitar un terrible holocausto.
Balder sopesó la propuesta, analizando cada palabra con mucho cuidado. Él preferiría eliminar a los jotun y lo demás bien podría importarle poco. Sin embargo, erradicar una raza completa no se vería muy bien como primer mandamiento, por muy posible que fuera; es importante que los asgardianos estuvieran seguros de que él iba a ocupar el trono de su padre con sabiduría y no con la ira propia de aquellos que llevaban siempre la destrucción a su pueblo.
« Asgard no se opondría a mi decisión de liquidar a los jotun, pero sería mejor llevarlo a cabo en otro momento. Ahora me preocupa genuinamente lo que ha dicho Horst… Algrim (maldita sea, qué difícil resulta saberse estafado por una escoria de elfo) ». De pronto cayó en la cuenta:
—¿Qué me asegura que puedo confiar en ti? Nos has mentido toda la vida y además, piensas traicionar a tu Señor, según lo que entendí —le acusó con severidad, a pesar de que era muy consciente de su posición desventajosa. Algrim suspiró; daba la impresión de que estuvo esperando esa pregunta.
—Un villano siempre es su propio héroe en su cabeza —dijo y Balder recordó tantas otras veces que había escuchado las mismas palabras en boca del que, creía, era su maestro—. Malekith, bajo todo lo que tu padre ha dicho, siempre ha buscado el bien para nosotros. Tal vez no quieras verlo, pero Odín se coronaba pacífico mientras trataba a todos con puño de hierro y abusaba de su poder, incluso sobre otros reinos. Los Elfos oscuros han tenido que verse sometidos a la paranoia de tu padre y se vieron relegados a unas tierras desiertas y áridas, donde apenas se conoce la buena comida.
»Apoyaría a Malekith en la venganza; lo seguiría hasta el fin del mundo sino fuera porque con la ayuda de mi gente, se irá construyendo el Apocalipsis.
Algrim frunció el ceño y tragó saliva.
—Así que te harás cargo de Malekith, por el bien de los Elfos —terminó Balder y notó el dolor en la mirada del peliblanco; tan abatida que no fue muy difícil para él, descubrir que había algo más en el corazón del Elfo. Se rió interiormente, pero se mantuvo inmutable por fuera—. ¿Y luego? Si alcanzamos a frustrar los planes de Hela, ¿qué?
—Asgard y Svartálfaheim fomentaran un vínculo. El próximo Rey (o Reina) y tú acordarán una alianza que tendrá que sacar de la desgracia a mi gente —respondió con firmeza, tan seguro que Balder no tuvo oportunidad de burlarse de él.
—¿No quieres ser tú su Rey)
—Nunca he aspirado al trono. Pero, quien preceda a Malekith, jurará fidelidad contigo igual que tú con él.
—La lealtad ya no vale mucho en estos días.
—Lo será si se lleva a cabo bajo el Juramento del Dragón.
Al más joven no le gustaba mucho la propuesta. El Juramento del Dragón se hacía en presencia de uno de los reptiles aquellos (a los que los Elfos eran tan aficionados); los que prestaban su promesa se veían sometidos a los ojos escrutadores de estos seres indómitos mientras hacían el juramento. Si había duda alguna de la veracidad de sus palabras, los dragones harían de conocimiento público sus intenciones y después los asesinaban. Balder no quería ninguna alianza con esas criaturas de la oscuridad; si fuera alguien como Ijósálfar, las cosas cambiarían. O tal vez no.
Era demasiado arriesgado.
—¿Los términos son de tu agrado? —Preguntó Algrim, aunque realmente lo dejaba sin salida. Balder echó un rápido vistazo a los guerreros que habían caído; algunos de ellos tenían mucha más experiencia en batalla que él y fueron vencidos rápidamente por el Elfo mientras que éste no presentaba herida alguna. Confrontarse a él podría resultar perjudicial…
—Tú te encargarás de Malekith. ¿Asgard se encargará de Laufey? —Preguntó a regañadientes. Algrim asintió con la cabeza—. Bien. A primera hora mandaré un grupo de soldados para que se deshagan de ellos. —Hizo una pausa—. Y quiero ser yo quien corte la cabeza de Loki; lo decreta el honor de mi padre.
—Entendido. Así será.
Balder hizo un gesto a sus soldados caídos.
—Has matado a varios de mis mejores guerreros.
—Siempre hay que realizar sacrificios —musitó Algrim—. Creí que ya te lo había enseñado.
—Jamás te creí capaz de arrebatar una vida tan fríamente…, bueno, entonces era un mocoso —apuntó, dándole a entender al Elfo que no iba a permitir que se le hiciera el tonto una vez más; que él no sería tan indulgente como lo habría sido Odín—. Tendrás que pagar frente a la justicia de Asgard.
—Así como la tuya frente a la mía, entonces —bufó, arqueando las cejas y sonriendo. Balder se ruborizó al notar quién llevaba por el mango la sartén. No se lo permitiría, pero ya se daría tiempo para la revancha.
—Tendremos que explicarlo.
—Eso es sencillo. Dirás que fueron los sirvientes de Hela los que destruyeron nuestra escuadra.
—¿Y salir de aquí tan indemne? ¡Me acusarán de cobarde! —Exclamó con intenciones de burlarse hasta darse cuenta de lo que estaba sugiriendo Algrim; empalideció, aunque trató de evitarlo—. ¡¿Y qué hay de ti?!
—Debo partir hacia donde Malekith para cumplir mi parte. Necesitaré toda mi energía.
—¡Yo lideraré la guerra! También necesito mis fuerzas —replicó, pero Algrim no se intimidó n flaqueó.
—Un rey antepone el bienestar de su pueblo al suyo —proclamó con su voz de sabihondo que tanto detestaba Balder, pero que tanto su hermano como el malnacido de Loki siempre habían encontrado inspiradora. Él sabía que Horst (¡Su nombre es Algrim, maldita sea!), solamente era un tonto idealista.
Aunque ahora, viéndolo tal como era, puede que su opinión cambiara.
—¿Qué debo hacer?
Algrim se acercó y levantó la mano. Los ojos del Elfo se volvieron completamente oscuros, hasta la esclerótica. Balder sabía lo que estaba a punto de suceder y no le gustaba nada.
—Confía en mí, Balder.
—Me gustaría tener el Juramento del Dragón para respaldar tus palabras —bufó, encolerizado. Algrim sonrió.
—Lo siento; tendrá que ser en otro momento. Ahora simplemente no puede esperar. —Hizo una pausa—. Si la herida no es mortal, Eira podrá hacer que te recuperes en proceso de doce horas (poco más, poco menos).
Balder pensó en la sanadora real y arrugó la nariz. Sabía cuántas cosas era capaz de curar la mujer, pero todavía quedaba el resquicio de desconfianza para con Algrim. Y joder, que nadie podía culparlo.
—Es fácil para ti decirlo —rezongó de cualquier manera. Sin embargo, había tomado su decisión: una voz le dijo que esto era para bien; que se dejará hacer por el Elfo—. Anda, pues.
Algrim puso la mano en el costado de Balder y el dolor que le recorrió la piel, atravesando e inutilizando sus nervios lo dejó sin aliento. Apretó los dientes hasta hacerlos rechinar y sentir que casi cedían bajo la presión. Momentos después entretanto sentía morir parte de sí, no pudo contener el grito de dolor que rompió con el silencio del bosque.
El Elfo retiró la mano y Balder cayó de rodillas frente a él, muy a su pesar. Se sujetó el costado, que aparecía tan ennegrecido como los cuerpos de sus guerreros. El resto de su cuerpo le quemaba, como el fierro candente al ganado, y temió que la reacción siguiera expandiéndose más allá pero no sucedió nada.
Arriba, mirándolo con cierta satisfacción, Algrim dijo:
—Tal vez me equivocaba al decirle a tu padre que tú nunca serías un buen Rey —musitó. Balder notó la ira sacudiendo su interior pero, un momento después, cayó sobre el suelo, incapaz de moverse mucho más; ya suficiente energía estaba perdiendo al combatir la inconsciencia—. Cuando te sientas más fuerte, sube a Nieve de Fuego y cabalga hasta Asgard. Recuerda decir que han sido los soldados de Hela, haciendo así una declaración de guerra.
El Elfo saco la espada que traía en el cinto (la suya) y la dejó caer pesadamente a un lado. Enfundó la que le pertenecía.
—¡Que los Cielos te cuiden y den alas! —Exclamó en idioma (elfo y antiguo), que Balder únicamente reconoció porque un día oyó a Loki explicándole a Thor qué significaban estas palabras. Luego, Algrim echó a correr por los bosques con asombrosa rapidez y mucha más gracilidad. No volvió a mirar atrás.
« Maldito bastardo; apuesto a que siempre supo quién era realmente Horst ». Pensó mientras hacía un esfuerzo casi sobrehumano por levantarse. « ¡Ah, cuando termine el periodo de luto y ya pueda cargar conmigo a la valerosa Gungir! ¿De qué le sirve al Padre de Todo ser velado por su arma? ¡Hoy pude morir al no tenerla conmigo! ».
A Balder le llevó casi un cuarto de hora reunir la fuerza para levantarse y tuvo que caminar un buen resto del camino, pues era incapaz de montar a su caballo incluso cuando el corcel se había echado para que le fuera más fácil.
El camino hasta el palacio de Asgard iba a ser muy pesado para él.
« ¡Y esas malditas nornas pagarán por no avisarme de esto! En cuanto esté curado, ya les hablaré muy seriamente sobre esto, que casi podría llamarse traición ».
0*0*0
Sigyn se quedó sin aliento al ver los ojos de Loki, que se abrían llenos de sorpresa e incredulidad para luego cerrarse de golpe cuando el trueno que salió de Mjölnir impactó en su pecho.
El cuerpo del jotun voló hacia un rubio bastante atractivo (al que identificó con el nombre de Steven Rogers), sin embargo, en ese preciso segundo no valía la pena molestarse por estar en lo correcto; lo único que ella podía ver era al hombre que robó su corazón, cayendo sobre la cubierta y quedarse laxo en los brazos del midgardiano. Éste gritó el nombre de Loki repetidas veces, con tanta potencia que Sigyn pensó que lo estaría haciendo por los dos, en vista de que ella no era capaz de articular palabra alguna.
Golpeó los costados del pegaso que montaba, con mucha más violencia de la que pretendía. Wildfire relinchó en protesta y se agitó violentamente, tratando de hacer que parara o cayera en el proceso, mas ella se sujetó de las crines y lo espoleó con los talones, desesperada por llegar hasta el barco.
La visión se hizo borrosa mientras se daba cuenta que llegaba demasiado tarde. Y de pronto, se percató de que jamás iba a poder evitar aquel resultado ya que, antes de todo, Loki se había convertido en un traidor. Sigyn prometió no intervenir, aunque… ¿realmente pensó cumplir aquello alguna vez?
Probablemente no. La imagen que se apareció en la mente, que era la Reina de Helheim sentada a su lado, le dio toda respuesta.
—¡Loki! —Gritó al encontrar su voz; las lágrimas cristalinas ya resbalaban por su rostro. El sonido de su voz quebrada rompió con el suave arrullo del mar. Incluso Thor se giró para verla sobre su hombro. A pesar de todo, Sigyn notó que el rostro del príncipe estaba descompuesto: Las mejillas rojas, la mirada cubierta de tristeza y escepticismo, como si no terminara de creerse que realmente había disparado contra su hermano.
A Sigyn no le importó. Lo único que quería era llegar hasta el barco de Helheim, así que pasó rápido al hijo de Odín.
« ¡Por favor, no mueras! ». Gritó en su cabeza y notó que las palabras se repetían dolorosamente en un eco. « Espérame un momento. No puedes morirte; no puedo permitirlo. Loki, te quiero más que a nada en este mundo. ».
Wildfire aterrizó sobre la cubierta y ella se apeó enseguida, sin perder tiempo. Corrió en dirección al jotun, pero en cuanto estuvo lo suficientemente cerca para ver el rostro de Steve, se detuvo en seco. La mirada del midgardiano parecía realmente calma… pero no de una forma natural. A Sigyn le recordó de inmediato los momentos antes de una tormenta; la indignación y la cólera eran visibles en sus ojos, brillantes como el cielo raso. Todavía sostenía el cuerpo inerte de Loki cuando mostró los dientes, aun mirando hacia Thor, al parecer sin tener en cuenta la presencia de la chica o la de sus amigos.
Por un largo instante, lo único que existía para Steven, era el príncipe de Asgard.
—¡Cobarde! —Gritó enfurecido, levantándose en el acto (depositando con cuidado el cuerpo de Loki en el suelo) y sacando de sus bolsillos un pequeño aparato. Al apretar un botón, se desplegó un escudo con una estrella en el centro—. ¡Ven aquí y pelea!
Sigyn reaccionó y volvió a precipitarse hacia Loki. Cuando estaba a unos pasos de él, Steve la notó y se giró en su dirección con un movimiento feroz.
—¡Aléjate de él! —Vociferó él, tan implacable como la bestia que ha perdido algo muy importante para ella. No obstante, las palabras que añadió se oyeron cansadas, resignadas y tristes—: No quiero lastimarte.
Parecía decirlo en serio. Sigyn negó con la cabeza, dándose cuenta (con ira apenas contenida) que una había perdido la voz vez más. Pocos segundos después consiguió abrir la boca y habló:
—Déjame intentar… —jadeó, tratando de mantener la calma—. Tal vez pueda ayudar a Loki…
A lo mejor fue la desesperación en su mirada, que ambos parecían compartir; quizá fue la manera en que pronunció el nombre del jotun o algo todavía más extraño…, pero Steve le dejó acercarse. Había en su rostro un marcado sentimiento de impotencia, producto de que era incapaz de hacer nada para ayudar al joven Laufeyson, más que ver y esperar su muerte. Pero si Sigyn podía evitarlo, lo haría.
Corrió hasta el jotun y se dejó caer de rodillas, perfectamente consciente de que arriba (cada uno en su respectiva montura), los miraba con atención y pasmo.
Observó el rostro de Loki, que lucía tan apacible como si estuviera durmiendo. Lo que vio le causó un nudo en la boca del estómago: La piel de Loki se había puesto gris y había manchas oscuras en varios puntos (como de ceniza); de su pecho todavía continuaba saliendo un fino hilo de humo que se extinguía en las alturas, pero que le golpeaba de lleno la nariz y traía consigo un olor a chamuscado.
La rubia no tenía tiempo que perder. Concentrando la magia en su mano, la pasó sobre el pecho de Loki e hizo que las ropas de cuero (que en otras circunstancias probablemente le habría llevado mucho tiempo retirar), se desvanecieran en el aire. Sigyn emitió un ruidito estrangulado al ver la piel ennegrecida que decoraba, como si fuera una especie de estrella deforme, el pecho del jotun.
Pero aquella imagen, a pesar de todo, le infundió la confianza que necesitaba para comenzar a hacer el procedimiento médico. Se concentró en ver si todavía había aunque fuera un latido; lo encontró. Despojándose de todo sentimentalismo (porque en ese momento habría gritado de felicidad), habló en un idioma antiguo, salmodiando palabras incomprensibles que hicieron brillar las palmas de sus manos. Momentos después de terminar el hechizo, Sigyn puso las manos sobre Loki y comenzó la curación.
Tan concentrada estaba que apenas notó que Thor y los midgardianos habían llegado a cubierta y se apeaban velozmente.
No, ella continúo atrapada por la imagen del moreno, acordándose de la primera vez que lo encontró en el palacio de Asgard, sentado solo en los jardines de Asgard, mirando todo aquel esplendor como si estuviera enamorado de él. Sigyn recordó que había pensado en ese entonces, como muchos otros, que había algo extraño en el comportamiento de Loki; era como si después de todo, realmente fuera demasiado diferente y no cuadrara con aquel mundo.
Sigyn jamás había sido muy buena para mentir: Antaño sentía no poca curiosidad por Loki. Escuchaba de su (antes) mejor amiga Sif que era un joven enclenque y singular que causaba más problemas que ayuda. Por supuesto, también oía de las travesuras que el jotun hacía en las diversas cenas de los Aesir, que se dedicaban a hablar de política y economía; ella misma había presenciado una, cuando transformó el hidromiel en serpientes y consiguió que más de uno de los autoproclamados "grandes soldados, los mejores de la corte", chillaran asustados. Por aquel entonces, ella tendría diez años y Loki once.
Ambos habían hablado pocas veces. A las hijas de los nobles se les tenía prohibido estar a solas con chicos, y además, Sigyn tenía rotundamente vedado hablar con Loki Odinson. Sus padres alegaban que incluso siendo el príncipe, había algo que nunca les gustó de él, aunque no sabían (o no querían) decirle qué era. No obstante, Sigyn acostumbraba a dar vueltas alrededor de él, siempre a una distancia prudente. Creía que podían tener algo en común y, sinceramente, estaba impresionada con su magia.
Él hacía algo realmente especial con la hechicería; algo inigualable que siempre calentaba el corazón de Sigyn. Lo había visto sentarse en la oscuridad de la noche, cuando no había mucha gente alrededor y sacar de las yemas de sus dedos siluetas de mariposas brillantes con distintos tonos de verde, que volaban a través del cielo en una danza silenciosa que sólo ellas y acaso Loki eran capaces de oír. Y la sonrisa del jotun cuando utilizaba la magia era tan grande y sincera, que la chica no podía concebir cómo podría no serlo cuando le daba a ese rostro comúnmente triste y sombrío, tanta alegría, paz y esperanza.
Puede que hubiera sido entonces cuando quedó prendada del espíritu que había realmente debajo de todas las travesuras y las maldades que le achacaban. Sigyn, aunque creyó estar enamorada de Balder un tiempo, realmente pensaba que tuvo sentimientos encontrados por Loki desde el primer momento en que vio sus ojos.
En el presente, reunió todas aquellas emociones y recuerdos que alimentaban el fuego de su corazón, haciendo que su magia cobrara más fuerza con ayuda de éstos.
« Puedo salvarte, Loki ».
La herida en el pecho comenzó a cicatrizar y un momento después, las pestañas del moreno temblaron, señal de que volvía en sí.
« Por favor ». Suplicó una vez más antes de que, de pronto, los ojos de Loki se abrieran y se fijaran en ella, justo igual que ese día mientras le tomaba de las manos y le dijo que olvidara su venganza contra Balder, que era mucho más hermosa y buena de lo que su hermano merecía. Recordó el momento en que Loki brilló como jamás había visto a nadie hacerlo.
« Te quiero ». Pensó, con lágrimas de alivio rodando por sus mejillas sonrosadas. Deseaba poner en palabras todo lo que sentía, pero se vio incapaz de hacerlo. Mientras la piel de Loki recobraba su color natural y la terrible herida desaparecía casi del todo en su pecho (dejando sólo una parte lisa, muy parecida a las cicatrices), Sigyn fue capaz de entrar un momento en la cabeza de Loki y explorar sus pensamientos e incluso una ráfaga de sentimientos, poderosos y confusos, que se atropellaban a unos a otros. Sin embargo, todos tenían el mismo centro: Steven Rogers.
La asgardiana quedó sumida en un espacio completamente negro que, en un principio, atribuyó a la inconsciencia de Loki. Pero cuando notó que la mente del jotun se iba aclarando poco a poco, sintió un terrible y agudo dolor, que al mismo tiempo de ser una tortura, era dulce como sentarse a las orillas de un lago para mojar la punta de los pies. Le pareció que el tiempo se detenía y el corazón quedaba suspendido en la nada, expectante, nervioso, feliz, asustado e indignado, todo de forma simultánea.
La debilidad del jotun hizo que fuera imposible sacarla de inmediato y Sigyn estuvo segura de que tardaría poco más de un minuto en recuperarse del todo, o al menos lo suficiente para volver a esconderse en las trincheras que durante años había armado Laufeyson a su alrededor.
Pero ya sería demasiado tarde. Ahora Sigyn conocía su secreto, uno que la hizo flaquear y amenazó con derrumbarla de un momento a otro.
Ahora las lágrimas eran simplemente porque su corazón estaba roto.
Steven Rogers era un importuno que llegó para causar estragos en Loki. Y Sigyn, que ya un día había estado con él cuando enfermó (luego de tocar el Ojo de Niflheim) y fomentó entre ellos una secreta conexión, se dio cuenta de que en algún punto, mientras el jotun pensaba en Steve, sus lágrimas se secaron y la melancolía había desaparecido.
Sigyn dejó escapar un sollozo y entonces, la oscuridad la reclamó.
0*0*0
« Solamente Dios sabe cuántas veces me he dormido con el deseo y la esperanza de no despertar jamás. Y al día siguiente abro los ojos, vuelvo a ver la luz del sol y siento de nuevo el peso de mi existencia [3] ». El sombrío pensamiento, como muchos otros que antes había tenido durante incontables ocasiones, fue lo primero que llenó su mente durante varios segundos. Mientras iba recuperando la consciencia y el dolor en el pecho desaparecía, las palabras brotaron tranquilas, aunque hicieron una explosión de color muy difícil de controlar.
Al abrir los ojos, Loki únicamente se topó con la mirada y rostro descompuesto de una hermosa joven que parecía un auténtico ángel; uno bastante familiar, pese a que intentaba no fijarse demasiado en él, porque era una de las tantas causas de su desgracia en Asgard.
La contempló durante un largo segundo y notó que la inconsciencia trataba de arrastrarlo nuevamente a las profundidades de las sombras; ahí donde podía verse a sí mismo sin tapujos. No obstante, Loki evocó el rostro de Steve y sus últimos momentos juntos: El beso, la increíble firmeza de los músculos, el calor de su cuerpo contra el suyo, el suspiro inesperado que salió en algún momento de los labios de Steve.
Loki dejó que esa imagen lo embriagara, deseando volver con ella hasta la muerte, si es que todo iba a terminar por fin. No quería molestarse por nada que hubiera sucedido después del beso; quería irse con un recuerdo grato. ¡Al menos eso merecía!
A pesar de lo mucho que deseaba terminar con el suplicio. Su cuerpo fue ganando energía; el impulso de levantarse fue más grande cada vez. Oía voces más lejanas al quebrado sollozo de la asgardiana; gritos de voces que conocía demasiado bien y otras pocas a las que era incapaz de darles un nombre y una faz. Pero todas ellas, incluso la de Steve, lo ponían de malhumor.
Era como si estuvieran martilleándole la cabeza constantemente.
« Por compasión, sólo quiero que desaparezcan ».
Sigyn, que aplicó demasiada energía en curarlo, se derrumbó a un lado. Loki hizo amago de levantarse, pero su cuerpo se resistió.
« Maldito seas; ¡no me dejas descansar para quedarte tumbado como un bebé que no se vale por sí mismo! ». Se amonestó entretanto obligaba a sus miembros a apoyarse y recobrar una postura ligeramente erguida al enderezarse.
La cabeza le daba vueltas y el dolor en el pecho era casi insoportable; sentía que iba a desfallecer en cualquier momento. Nunca había sido golpeado por un rayo (menos del jodido martillo de su hermano), pero era desagradable y, sinceramente, le sorprendía continuar vivo. El ataque de Mjölnir que impactó contra él no estaba diseñado para que nadie sobreviviera.
Sabía que la asgardiana tenía algo que ver, pero su escaso razonamiento actual le impedía siquiera pensar en agradecerle. No, eso le traía sin cuidado ahora. En su lugar, dirigió la atención que pudo recuperar y la direccionó hacia Steve y, más allá, a su her… Thor.
Cuál fuera su sorpresa al verlos a ambos encarándose, uno con su escudo y el otro con el martillo levantado. Atrás del hijo de Odín estaba una serie de personas que Loki no conocía en absoluto, pero que observaban a Steve con pasmoso asombro; más atrás estaban los pegasos y…
Loki alzó una mano tambaleante hacia el semental que se agitaba de un lado a otro, relinchando y golpeando la cubierta con sus patas.
—Slei- —murmuró con voz débil el jotun, aunque su voz estaba demasiado quebrada para que se le entendiera nada. El mundo dio vueltas una, dos y tres veces, haciendo que él decidiera que era mejor tirarse sobre el costado… o tal vez, no fue algo que dependiera de él. Sintió su cuerpo venirse abajo, pero en ningún momento dejó de observar al caballo—. Sleipnir.
Tenía la garganta seca y los oídos le zumbaban; a éstos, su voz se escuchaba a través de una cortina de agua. Era desagradable en muchos sentidos.
Aún tendido sobre su espalda, el mundo siguió girando muy rápido. Loki notó que se le revolvía el estómago e intentó no sucumbir a las ganas de vomitar. Oh, por Yggdrasil; no quería caer tan bajo como para quedarse en el charco de su propia porquería.
Se giró con dificultad hasta quedar panza abajo y apretó los ojos. Respiró profundamente, albergando una ingenua esperanza de que terminaras las náuseas.
—Hazte a un lado, midgardiano —prorrumpió la voz de Thor, que aún se escuchaba lejana—. El hombre con el que viajas es un prófugo de Asgard y he venido para llevarlo ante la justicia.
Steve respondió fuerte y claro, evidenciando poco menos que animadversión hacia el príncipe:
—No veo que se haya emitido un juicio más allá de la violencia bruta —dijo entre dientes—. Y aún más, un ataque a espaldas de Loki.
Los ojos de Thor se abrieron de par en par; su expresión era tan graciosa que el jotun se habría caído al suelo de la risa sino estuviera ya sobre éste y si además, pudiera confiar en que su estómago resistiría las arcadas. Como de esto último no tenía certeza alguna, confió en su memoria para guardar este momento hasta el final de sus días (que probablemente no sería mucho).
—Steve —llamó un hombre castaño; su tono era desagradablemente burlón, aunque la situación era muy seria—. Escucha amigo, no queremos meternos en problemas. Lo que Asgard haga a sus prisioneros…
—No es justo que lo traten como prisionero, Tony —señaló el rubio, levantando el escudo—. Yo sé en qué condiciones ha muerto el Rey de Asgard. Loki solamente…
—Él te ha mentido —interrumpió Thor, esforzándose en mantener la calma, aunque lo desmentía lo blanco de sus nudillos en la mano que apretaba a Mjölnir—. Loki es un maestro del engaño y la manipulación.
El jotun sintió la frustración colándose por un gruñido, amortiguado por los pasos de Steve mientras se deslizaba y ponía frente a Loki, en una actitud claramente protectora. Los midgardianos y Thor parecieron sorprenderse de que hiciera frente al mismísimo Elegido para defender a un pobre y miserable diablo que tenía el destino sellado; el propio Loki estaba sorprendido de que Steve, viendo lo que Mjölnir era capaz de hacer, se plantara contra él tan voluntaria y heroicamente.
—¿Qué estás haciendo, Steve? —Medio chilló otro castaño (aunque de pelo más claro), que traía un arco y carcaj en la espalda—. ¡Mira, no es tiempo para jugar al noble!
—No lo tocará —musitó Steve, implacable, dirigiéndose únicamente a Thor y callando la réplica de sus amigos.
—¿Eso crees? —Gruñó el otro rubio entre dientes y con una sonrisa que Loki solamente había visto cuando estaba a punto de luchar. Steve frunció el ceño.
—Lo sé, porque no voy a permitirlo.
Thor rió.
—¿Tú? ¿Qué podrías hacer frente a mí? —Steve se preparó en lugar de contestar algo más. No planeaba dar el primer golpe. Thor, a costa de todo pronóstico que hubiera podido dictar Loki, se contuvo e intentó razonar una última vez—: Escucha, midgardiano, te conozco sólo de oídas y no hay mayores razones por las cuales darnos poco respeto uno al otro. Sinceramente, quiero evitar problemas, pero es mi deber darle venganza a mi padre y… ese hombre es el culpable —dijo, señalando a Loki con desdén y una mirada donde se leía la traición y el dolor que sentía.
—Mi decisión está tomada. Si realmente lo quiere, tendrá que pasar sobre mí.
—¡Steve! —Gritó de forma reprochadora Tony, abriendo los ojos de par en par. Thor, por su parte, ya estaba moviendo el cuello justo como lo hacía siempre que se proponía a atacar—. Amigo, tienes que calmarte. Y usted, príncipe, con todo respeto…deje que razonemos con él.
—Está claro que no va a cambiar de opinión —murmuró el rubio entre dientes. Steve levantó un poco más el escudo, cubriéndose. Loki tuvo ganas de decirle que era ridículo, que perdería inmediatamente frente a su hermanastro.
Con ciertos trabajos, el jotun se apoyó en los codos y las rodillas, tratando de levantarse. El movimiento hizo que Thor le prestara toda su atención, como si temiera que hiciera algo peligroso. Sin embargo, Loki ni tenía energía ni pensaba que iba a poder hacer algo frente al hijo de Odín.
—Eres patético, Thor —bufó una vez que estuvo de pie, tambaleante—. El último golpe que recibiré de Asgard fue la burla de tu padre. No volveré ahí en calidad de prisionero.
—También tienes la opción de entrar en una cajita de cartón —amenazó. Steve frunció el ceño, mientras que Loki encontró aquello muy divertido. Necesitaba tiempo para recuperar su magia, pero después de varios segundos, ya podía mantenerse en pie sin temor de que sus piernas flaquearan. ¿Realmente tendría que luchar?
—Te reto al Kharjaz [4]—musitó quedo por toda respuesta. Vio que incluso los midgardianos parecían atónitos por la sugerencia. Thor arrugó la nariz y la comisura de sus labios se levantó en un gruñido casi bestial; el dolor, no obstante, se reflejaba en su mirada y es obvio que buscaba cómo deshacerse de aquel reto que se decidía sólo hasta la muerte de un oponente.
Su rostro se iluminó un segundo cuando dio con algo que podría servirle.
—No tienes sangre directa con una Familia Real, Loki —a pesar de todo, su voz sonaba abatida debajo del triunfo—. Aunque formes parte de ella como jotun, es imposible que se lleve a cabo.
—No lucharé como Loki, de Asgard —contestó él firmemente y una sonrisa se formó entre sus labios, pensando en cuántas cosas ignoraba el otro. De momento, se sentía en extremo complacido por la mueca escandalizada del rubio.
—Loki… —murmuró Steve a su lado. Él decidió ignorarlo y, tragando saliva, rompió con el hechizo que mantenía su forma humana. Los midgardianos soltaron exclamaciones de sorpresa mientras veían el cambio.
—Yo lucharé haciendo gala de mi derecho de nacimiento: Como un miembro de la Familia Real de Laufey, su tercer hijo, llamado Lopt. Así que ya lo ves, tengo ascendencia directa al trono y por lo tanto, entero derecho a pedirte el reto.
Thor se puso lívido y retrocedió un par de pasos, vacilante.
Loki nunca había pensado en la energía inconsciente que gastaba manteniendo su disfraz; no era demasiada, pero serviría. Los jotun no precisaban magia para utilizar sus ataques de hielo y eso, bien podría darle una ventaja, siempre y cuando se moviera más rápido que Thor y el ataque de Mjölnir.
—¿Miedo, Odinson? —remarcó la última palabra, consiguiendo que sonara como un auténtico insulto.
—Eres mi hermano —susurró Thor, aferrándose a palabras vanas e insulsas. Loki evocó el frío de su cuerpo y en ambas manos apareció una gruesa capa de hielo en punta.
—Nunca lo he sido. —El dolor nuevamente hizo acto de presencia en el rubio que había empezado a sacudir la cabeza de un lado a otro.
—No voy a aceptar.
—Por mí, bien: Mancha tu orgullo y el de la familia. Pero esta es la única manera en que permitiré que me lleves de vuelta a ese asqueroso lugar.
Estaba haciendo tiempo para que su cuerpo se acostumbrara a su propio peso y recuperase la fuerza junto a la agilidad.
—Los jotun tardarán poco en interceptarnos —prorrumpió una mujer pelirroja y muy atractiva; la observación hizo que Loki se estremeciera ligeramente—. Y el Canto de Seirên está a menos de quince minutos de distancia.
Lo que iba a hacer era muy arriesgado y jamás lo había intentado, pero era la mejor opción que tenía ahora. El jotun levantó ambos brazos y las estalactitas salieron volando en dirección a Thor. Loki sabía que era un ataque inútil, que incluso estando desprevenido, seguramente el rubio podría esquivar con facilidad; no se equivocó. Por otro lado, su objetivo era el suelo, cerca de los pies del dijo de Odín. Éste, de cualquier manera y por instinto, hizo un giro grácil y rápido para esquivar el ataque.
Las estacas se clavaron en la cubierta. Loki se preparó al ver que Thor levantaba el martillo. Steve lo miró un segundo, escandalizado por la idea de que nuevamente el trueno que salía de Mjölnir fuera a chocar contra él. Sus miradas se entrelazaron y fue como aquella primera lucha que libraron juntos, allá en el palacio de Asgard donde, sin palabra alguna, se entendieron.
Steve sabía que Loki no tuvo intención de matar a Thor; lo quería y, aunque pesara admitirlo, Rogers tenía pleno conocimiento de ello. Y, ¿por qué habría de lastimar a los midgardianos?
—¡ARGH! —Gruñó el rubio con una fuerza increíble; encolerizado, las venas de su cuello se marcaban por la tensión y el grito de guerra. Jaló su martillo hacia atrás y éste pareció oscurecerse un momento antes de que un poderoso rayo saliera contra Loki.
Así que esto podía ser todo. Sin embargo, el jotun no estaba dispuesto a ello: Levantó las manos a la altura del pecho e invocó lo último de sus energías, sin vaciarla toda, para recibir el trueno en sus manos y convertirlo en su propia fuerza.
Mjölnir estaba hecha para destruir a sus enemigos, pero jamás se había topado con alguien como Loki, que había visto su energía actuar una y otra vez, analizando y reflexionando sobre cuáles eran sus puntos fuertes y débiles.
El moreno, que era "hijo de nadie", era mucho más valioso que cualquier noble y más avispado que el mismísimo gigante Mímir. En cuestiones de lucha había perdido mucho, pero nunca sin llevarse algo consigo; en magia, estaba seguro que solamente seres como Nidhogg y Hela podrían superarlo. Y no estaba enfrentándose más que con su hermano, que era imprudente y al cual conocía desde que tenía uso de memoria.
Loki no iba a perder frente a él una vez más.
Vio la expresión escandalizada de éste cuando retuvo la fuerza del trueno y comenzó a moldearla para convertirla en suya. Las manos de Loki temblaban incontrolablemente y hasta cierto punto, era doloroso absorber el rayo; sentía una quemazón cada vez que su magia dejaba colar un pequeño atisbo sin convertir.
El relámpago brilló un momento más, suspendido frente a sus manos como si fuera una estrella y luego desapareció, atravesando las venas del jotun.
Cuando aquello terminó, su energía estaba al máximo y la punta de sus dedos emitió unas últimas chispas. El poder que traspasaba sus venas era increíble.
Le complacía en extremo la cara de Thor, contorsionada en una mueca de temor y desconocimiento que nunca le había visto al enfrentarse con otro. Loki se sintió momentáneamente orgulloso ya que ni los mejores luchadores de Asgard habían conseguido sacar una expresión parecida en su hermano; él estaba destinado a ser el guerrero más fuerte del mundo y estar frente a alguien que podía, realmente, amenazar esa mención honorífica, lo ponía nervioso.
La duda era palpable. La sensación de poder en Loki hacía que sonriera más y más a cada segundo.
—No volveré —musitó y levantó las manos—. ¡No podrás obligarme a nada, Thor!
Los hermanastros se miraron directamente a los ojos de forma triste, anhelante, como si hubiera muchas cosas por decir que ahora ya no tuviera sentido expresarlas. Era demasiado tarde.
—¡CUIDADO! —El grito del arquero hizo acto de presencia justo cuando una bola de fuego se proyectaba hacia la embarcación de Hela.
Loki se giró y por instinto, lanzó un rápido hechizo que bloqueó la llamarada.
—¡Dragones! —Exclamó Tony, impresionado de ver a cinco dirigiéndose hacia ellos—. ¿Por qué los Elfos nos están siguiendo?
Al ver los reptiles voladores y sentirse amenazados, los pegasos que habían montado hasta entonces los midgardianos y Thor se dieron a la fuga (todos con excepción de Sleipnir, que trotó hasta la chica asgardiana que había curado a Loki y que todavía yacía inconsciente por el esfuerzo que suponía haberle vuelto a la vida); a ningún animal le gustaba mucho estar en presencia de aquellas criaturas. Y Loki no les culpaba de todo, pues éstos eran atemorizantes en verdad.
Lanzó una maldición cuando, con una rapidez asombrosa, los dragones alcanzaron la embarcación y abrieron las patas, dispuestas para atrapar a sus presas. Loki se impulsó hacia Steve y lo empujó al suelo; el rubio soltó una exclamación al caer y golpearse el costado, pero ambos se habían salvado por los pelos de ser capturados gracias a que Loki hizo aparecer entre ellos dos y el mundo un campo de fuerza.
Sin embargo, el contacto de las garras contra la pequeña cúpula de energía, hizo que las defensas de ésta misma descendieran y se agrietaran, como el cristal que es golpeado por una piedra.
Por los midgardianos, ningún elfo parecía especialmente interesado. Lo notó al ver que estos seguían en pie. La pelirroja disparaba con unas armas peculiares; el arquero dejaba que sus flechas volaran y acertaran en varios puntos de las membranas alares de los dragones más cercanos; el de lentes se posicionó cerca de la chica y dijo algo. Ésta asintió y giró sobre sus talones.
—¡Ahora! —Exclamó mientras corría y era impulsada al cielo con una increíble fuerza. La pelirroja disparó a los elfos, dándoles en la cabeza; sin embargo, los cascos impidieron que sucediera más que un desequilibrio.
La pelirroja cayó de vuelta a los brazos del hombre. A su lado ya se encontraba Tony, que lanzaba bolas de luz desde las palmas de sus manos, donde traía unos guantes muy peculiares. El jotun no pudo evitar pensar que ese debía ser el ingeniero.
Siete elfos se dejaron caer sobre la cubierta (debían estar distribuidos a lo largo de los dragones, en la cola, listos para salir impulsados a la menor oportunidad). Loki sintió que Steve se movía y corría hacia varios de ellos, empezando a atacarlos. Thor se le unió momentos después.
Oyó entonces el cuerno de guerra que los jotun solían utilizar y supo que estaban demasiado cerca y que si éstos aparecían, los derrumbarían fácilmente.
Loki se levantó de su lugar e invocó una gran cantidad de humo que cubrió el barco y mucho más allá, para desubicar a los elfos.
Quizá gastaría demasiada energía, pero tenía que hacer que el barco se moviera hasta el Canto de Seirên, donde ninguno de ellos se atrevería a cruzar.
—¡Dispara a los dragones, Thor! —Gritó, encolerizado por la falta de sentido de su hermano. Loki no podría tomar control de los cinco al mismo tiempo, ya que los Elfos utilizaban hechizos para controlar las mentes de éstos y no solamente era difícil romperlo, sino que de hacerlo, el dragón estaría desubicado y atacaría lo primero que viera.
El rubio dejó que Steve se encargara de los elfos y apuntó hacia un dragón; el disparo dio en la frente de éste y la criatura se vio impulsada hacia el mar, esquivando por muy poco el barco.
Loki lanzó un hechizo neutralizador a uno y liberó a un segundo, que gruñó y se rebatió hasta caer contra el agua también.
Los midgardianos derribaron al último, aunque no supo muy bien cómo. Tuvo que admitir que eran excelentes luchadores. Pero aquel elogio mental duró muy poco ya que enseguida, Loki se inclinó
Enseguida, puso las manos sobre la cubierta y empezó a salmodiar palabras. Una capa de humo verde cubrió la embarcación. Hubo un momento de extraño silencio entre los midgardianos cuando de pronto, el barco dio un tirón y comenzó a avanzar más y más rápido hacia el Canto de Seirên, que ya se erguía muy cerca de ellos.
—¡LOKI! —Gritó su hermano a lo lejos, pero el jotun únicamente pensaba en atravesar pronto los límites entre aquella gran fosa. El mar arreció y se hizo tan violento que a Loki le costaba mucho trabajo mantener una línea directa a la entrada.
« Falta poco ». Se dijo a sí mismo, empezando a sentir la factura de su esfuerzo. « Sólo necesito un momento; sólo un poco más y… ». El pensamiento fue interrumpido cuando algo golpeó la popa e hizo que el lugar se estremeciera.
Loki se giró hacia atrás y vio que los jotun habían imitado su acción desesperada. En la proa, con los brazos cruzados y una actitud más pedante incluso que Thor estaba un jotun relativamente joven; sus ojos, que brillaban con una fiereza que hizo estremecer a Loki cuando sus miradas se encontraron, casi hacen que pierda el aliento.
Supo, aunque no muy bien cómo ni por qué, que los jotun venían por él y que esa criatura frente a ellos, le odiaba con todo el corazón.
El impacto de barco contra barco, empujó al de Helheim contra unas rocas; Loki hizo que por muy poco, se virara lo suficiente para entrar sin mayores complicaciones.
« Y uno pensando que este pasaje iba a ser lo más difícil del viaje ». Bufó, molesto mientras trataba de esquivar las grandes piedras en punta.
Los midgardianos y Thor estaban gritando, exclamando groserías y chillando quién sabe qué más debido a la precipitación que tenían.
El barco subía, bajaba, se golpeaba contra las duras piedras y hacía un ruido terrible. Loki estuvo a punto de perder el control sobre su magia cuando, durante un golpe especialmente fuerte, sus manos se resbalaron y él se estrelló contra el suelo.
Ellos estaban recibiendo todas las arremetidas, amortiguando las del barco de Jötunheim. Loki agradeció por un momento que el camino fuera demasiado estrecho para que estuvieran a la mira de los cañones, pero eso no impidió que comenzaran a invadirlos; los jotun saltaban desde la proa hasta el barco de Helheim y él no podía hacer nada para evitarlo.
Deseó salir corriendo de ahí, desaparecer y dejarlos a todos. Los gigantes habían venido a por él únicamente, lo veía en los ojos rubí del Capitán.
Los jotun estaban ya sobre la cubierta, blandiendo sus largas espadas de hielo. Thor golpeó a uno en la barbilla y éste salió proyectado contra el risco, hacia un agujero. Loki vio por el rabillo que de ahí unos brazos femeninos aparecían desde las sombras y arrastraban al jotun hacia su escondite.
El moreno sintió un escalofrío bajando por la espalda al escuchar el grito agudo del jotun segundos antes de desaparecer.
—¡Mantengan sus posiciones! —Bramó el jotun que estaba al frente—. ¡Tráiganme a Loki!
Un gigante pasó la formación de los midgardianos saltando mucho más alto. Ninguno fue capaz de detenerlo mientras corría hacia Loki, alzando su brazo donde cargaba su espada de hielo.
El moreno no podía despegar las manos del barco o éste perdería velocidad. Ya se estaba preparando para esquivar cuantos golpes pudiera cuando el escudo de Steve hizo su aparición y golpeó la espalda del jotun. Éste perdió el equilibrio, lo que sirvió a Rogers para recuperar su arma, saltar y golpearlo de lleno en la sien. El gigante cayó pesadamente al suelo.
Loki alzó la mirada hacia Steve y éste también lo miró.
—Sólo preocúpate de sacarnos de aquí; yo no dejaré que te lastimen —le dijo con un asentimiento; su tono no era imperativo, sino plena confianza de que lo lograría y la silenciosa promesa de que lo defendería.
El jotun se quedó en silencio un largo momento. No quería ceder frente a las palabras de Steve; no podía hacerlo. Los hombres son criaturas demasiado versátiles y no hay seguridad de que cumplan, pero sabía que aquellas condiciones no aplicaban al rubio. Él era demasiado bueno.
« Nadie me dará el amor, la alegría y el goce de las felicidades que no siento dentro de mí [5] ». El pensamiento le taladró la cabeza y le impidió pensar con claridad. Sif tenía razón: Loki no podía amar ni ser amado. Así lo había creído hasta que, por un segundo, tuvo la certeza absoluta de que ella, él y todo Asgard se habían equivocado.
Había alguien capaz de preocuparse por él genuinamente, de entenderlo y estaba ahí, a su lado.
Supo que Rogers no lo hacía tanto por su convenio por el vínculo que, para bien o para mal, habían formado.
« No quiero que eso cambie. Quiero que él se quede y sea mío».
—Confía en mí, Loki, ¿de acuerdo? —Volvió a decir el rubio, levantando el escudo a la altura de la nariz. El jotun no encontró su propia voz entre el esfuerzo y el caos, así que se limitó a asentir. Aunque no había palabras implicadas, jamás en su vida fue tan sincero como ahora.
Continuará.
[1] Mateo Alemán.
[2] Enrique Gómez, Canción VI.
[3] J.W. von Goethe, Werther.
[4] Kharjaz en el proto-germánico es parte de la raíz que construye el término de Einherjer (espíritus de los guerreros que murieron en batalla y eran llevados al Valhalla). Esta palabra significa: arrasar, hacer la guerra, saquear y guerrero.
[5] J.W. von Goethe, Werther.
Y es todo por ahora (x3). Bueno, me disculparé por los posibles errores que (seguramente) he cometido, por ahí me está esperando mi querido Cervantes (todo Don Quijote, ¿a quién se le ocurre?) y otros libros para las próximas dos semanas y se seguiría aplazando. También quiero aclarar que llevo años ansiando la llegada del Canto de Seirên, pero por una cosa u otra siempre termina para la próxima (7-7U) y es que en esta ocasión ya se planteaba tan largo que tuve que obligarme a decir: "Para un momento"(-.-).
Ahora, ¿les ha gustado Balder? (owo) Quería darle su parte y de alguna manera terminó por involucrarse con Algrim, al que le he tomado cierto cariño luego de ver por tercera vez Thor: Tales of Asgard; la verdad es que este Elfo me simpatiza ahí.
Hela se quedó a un lado durante el capítulo, aunque admito que la extrañé horrores (xD). Y aclaro, por si surgió la duda que en el capítulo anterior ella ha dicho que necesitaba que Loki recordará por qué hacía las cosas; nada de ello ha cambiado, pero creo que su condición de inmortal no conocería del todo el (poco o nulo) razonamiento del corazón "humano" y es que pienso que entre más sumido está uno en la oscuridad, más hermoso y atractivo puede resultar la luz, incluso en alguien como Loki. Una disculpa sino piensan igual, pero en este caso, Hela es quien ha jugado mal sus cartas.
Pero, aquí lo importante es... ¿Y el Stoki? ¿Fue bueno? ¿Valió la pena? Fue extraño dedicar todas esas reflexiones que parecen ocupar una eternidad y que realmente es de minutos..., no sé, quería jugar con el tiempo mientras divagaba por la mente de Steve... que sorprendentemente parece un poco más difícil que aplicarme en Loki (xD). Igual espero que haya cumplido las expectativas...
Y bueno, esto no tiene nada qué ver, pero las citas que compartí de Werther, me pegaron duro a la hora de la inspiración y francamente quería decir que, si tienen un tiempo, deberían pasarse a leer la obra, que es realmente buena (a mí me gustó mucho, al menos).
Así que, fin (xD). Les estaré leyendo uno de estos días y, de cualquier manera, trataré de darme espacios para continuar, si es que así ustedes (y mi inspiración) gustan (:3). ¡Mil gracias por leer y compartir su opinión!
