¡Hola, hola! Les paso a dar la bienvenida al nuevo capítulo de la serie Hado. Ugh, mi Dios, no me invento lo difícil que me resultó la página en blanco cada vez que me sentaba a buscarle el hilo negro a la continuación. Tantas ganas que le tenía a la parte del Canto de Seirên y terminé arrojando papeles con borradores, chillándole al teclado como si fuera el culpable de todo...en fin, odiando a cal y canto el momento que se me ocurrió ese escenario (x'D)... fue horrible, pero lo he logrado y, como siempre, espero que valga su tiempo.

Y luego de mis pobres excusas de ser escritora, me importa agradecerles a Luna Asami y ReginaNatsu, porque juro que sin ustedes dos, ya habría mandado al cuerno la historia (._.U). No les puedo poner en palabras lo mucho que les agradezco y lo mucho que me disculpo por la tardanza en la publicación.

Bueno, entonces creo que les dejo la continuación porque es tarde en mi país y ya no tardan en venir a reñirme por estar despierta (:D)


Hado: La corona de hielo

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Loki había pasado noches enteras en el balcón de su recámara, simplemente observando la belleza majestuosa y opulenta de Asgard. Había envidiado a sus habitantes, los maldecía y al mismo tiempo, deseaba ser como ellos. Pero todos sus intentos quedaron frustrados y con la verdad rebelada, Loki únicamente se desplomó por completo en la oscuridad, haciendo lo posible por mantener la cabeza arriba y acaso, ganarse el respeto de los que todavía llamaba familia, a pesar de todo. Sin embargo, las cosas volvieron a salir mal y Odín derramó la última gota del vaso; repentinamente, todos aquellos sentimientos se desbordaron del recipiente. Ninguno de ellos era bueno o amable; sólo había ira, dolor, odio y tristeza.

Él, más que simple caridad o lástima, necesitaba un milagro para salvar su alma, pero se dijo que encontrar algo parecido era imposible. Y entonces, Steve cayó como bomba en su vida, justo cuando la esperanza había muerto y él tocó fondo, como una piedra en un estanque. Lo había perdido todo: Fueran sueños o esperanzas, Loki había decidido darles la espalda y ocuparse sólo de la venganza. Alimentar su ira parecía el único camino que podría mantenerlo con vida.

« Vivimos en una sociedad donde mentir se volvió rutina, traicionar es parte de nuestra monotonía y la hipocresía se convirtió en la forma de vestir ». Había pensado en esto muchas veces cuando llegaba a encontrarse con Odín en los corredores. Podía notar la mirada suspicaz del anciano, siguiéndolo mientras él desaparecía por la esquina del pasillo, igual que si esperase ser atacado por la espalda. Aquella era una mirada que, muy en el fondo, hería a Loki. Tantos años buscando ser aceptado por Odín, esforzándose para ganar su respeto, para luego descubrir que todo había sido inútil desde el momento en que llegó a Asgard, la prisión… no, la vitrina donde el Padre de Todo lo exhibía como premio.

Loki estaba roto por dentro. Había luchado contra la corriente y perdido. Así que viéndose solo y desesperado, aceptó la mano de Hela; la verdad es que se hubiera aferrado a cualquier cosa con tal de evitar el destino que le deparaba en Asgard. Creyó que nada más podría empeorar, pero lo hizo. No podría culpar a otro de lo que sucedió en ese punto donde solía estar su corazón; él no fue capaz de mantener sus sentimientos a raya. Siempre había sido fácil controlarse a sí mismo, adueñarse por completo del dolor, el odio —e incluso— el amor, y sin embargo ahora no era capaz de poner límite a la avalancha de emociones que prendieron fuego a su alma cuando sus ojos se cruzaron con Steve en ese momento.

Y, juraría frente al mismísimo Yggdrasil, sintió la misma descarga de adrenalina que experimentó cuando Sigyn lo trajo de vuelta a la vida.

Aquel fue un momento extraño en verdad. Él no sabía qué decir o cómo resistirse al estremecimiento que sacudió su cuerpo y renovó sus fuerzas, haciéndole creer que era capaz de cualquier cosa.

« Steve: Eres un milagro que realmente no merezco y voy a destruirte. Estoy condenado a convertir en cenizas todo lo que amo ».

¿Y si había una manera de detenerlo? ¿Loki sería capaz de cambiar la maldición que pesaba sobre su cabeza? Si los jotun únicamente lo estaban buscando a él, podría ofrecerse a sí mismo y permitir que tantos asgardianos como midgardianos sobrevivieran sin mayor problema. De cualquier manera, Thor estaba ahí para hacerle pagar su crimen y la probabilidad jugaba en su contra si los amigos de Steve decidían intervenir para proteger al rubio. Es lo que hacían las buenas personas, ¿no? Impedir que te hagas daño, sostenerte cuando necesitas una mano y escucharte para que alivies el corazón. Al menos, así actuaba Steve. Pero, ¿cómo poner a otros delante de uno? Loki no sabía hacer eso y tampoco quería.

Nadie, hasta Steve, intentó hacer algo así por él.

Quería proteger al rubio. De la amenaza que representaban los jotun, de él mismo. Y simultáneamente deseaba quedarse con Rogers, arrancarlo al mundo para tener una mínima esperanza de volver a la vida y la alegría que un día le robaron, cuando ni siquiera sabía distinguir entre un padre y otro.

Hoy, más que nunca, quiso que su destino fuera diferente. Él no solamente quería ser la destrucción del mundo, quien condenara a hombres, enanos, elfos e incluso a los gigantes. ¡Sólo necesitaba una oportunidad! Y no dejaría que su hermano, los jotun o la misma Hela pudieran arrancarle eso. Saldría del Canto de Seirên y borraría de la memoria

Una vez más comenzó a salmodiar palabras en el idioma antiguo, haciendo lo posible por adelantar el barco de los gigantes y subsanar los daños en el navío. Concentró toda su energía en ello, a pesar de que los jotun imitaron la rapidez con la que se esforzaba en manejar el barco de Helheim, evitando las piedras que sobresalían amenazantes hacia ellos, igual que los dientes de un monstruo ciñéndose hacia ellos.

Pronto comenzó a aparecer una densa niebla que escondía los filones e impedía que Loki viera con claridad, así que chocaron en repetidas ocasiones. La embarcación se sacudió con una fuerza inmensurable por la manera en que era proyectada de un lado a otro, haciendo que mantener el equilibrio se dificultara todavía más. Ninguno —hombre o jotun— quedó exento de resbalar con sus propios pies, pero eran los humanos quienes sufrieron mayor desventaja, pues a los golpes y el peligro de caer expuestos, se sumaba que la cantidad de gigantes los superaba.

No obstante, los midgardianos y su hermano continuaron luchando y —sorprendentemente— fueron capaces de salir adelante. Loki admitió que era una hazaña considerable, pues incluso Sif y los Tres Guerreros (quienes alegaban ser los mejores luchadores), se habrían enfrentado con más problemas estando en la presente situación; efectivamente, aquellos cuatro tenían razones para envidiar a este grupo de midgardianos de los que siempre habían hecho burla.

« Las personas en las que menos se deposita la fe, son los que más te pueden sorprender », pensó mientras recordaba la expresión de Sif durante sus últimos minutos de vida. Se concentró nuevamente en la pelea, frunciendo el ceño y aplicando más energía en sus palabras seseantes, casi violentas.

De pronto, el mar se calmó y ambos barcos quedaron sobre una superficie lisa: Un lugar amplio y circular, tan silencioso que Loki se encogió en su lugar, como si ese repentino mundo le hubiera lastimado los oídos; incluso el sonido de la batalla pareció quedar detrás de una cortina de agua. Su respiración se aceleró debido a la aprensión.

Tragó saliva; quitó una de sus manos de la cubierta y lanzó un rápido —pero extenuante— hechizo para disipar la niebla casi por completo. Lo primero que vio, le produjo un escalofrío que le taladró hasta la base de la espalda: Había al menos siete embarcaciones hechas añicos aquí y allá, formando una tétrica decoración con los cadáveres colgando y balanceándose como el péndulo de un reloj. Atrás, los oponentes parecieron advertir también el peligro que representaba ese lugar. Seguramente, pensó Loki, los jotun habían creído que podían capturarlos antes de entrar al Canto de Seirên o si en realidad, todo aquello formaba parte de su plan y no les costaba demasiado tomar ventaja, siempre y cuando se mantuvieran vigilantes.

Loki casi había olvidado lo que hasta entonces, era lo único que había constituido un verdadero problema, hasta la aparición del otro grupo.

El rubio, pudo ver por el rabillo del ojo, se enfrentaba contra dos jotun, cubriéndose con el escudo lo mejor que podía. Había lanzado una patada hacia el gigante de la izquierda, haciendo que éste perdiese el equilibrio y cayera de sentón, lanzando un fuerte gruñido. Rápidamente, Steve hizo un gancho con su escudo y golpeó al otro gigante justo entre la nariz y el labio superior. El golpe salpicó a Rogers de sangre. Sin perturbarse, el midgardiano volvió a golpearlo justo en el cuello, matando al gigante de manera fría y casi despiadada.

Durante un instante, el príncipe sintió terror; ese mismo que había experimentado siempre que había visto a Thor asesinar a los jotun sin dudar, con una sonrisa temeraria dibujada en su rostro. No obstante, captó la sombra fugaz que envolvió los ojos del rubio y se convenció de que la batalla resultaba, de alguna manera, dolorosa para Steve.

Todo aquello ocurrió en apenas segundos, así que el rubio se permitió volver la mirada hacia Loki. Fue como si pidiera disculpas, adelantándose a la posible reacción del príncipe. Al instante, el corazón del moreno se inundó de afecto. Eso hasta que vio al primer jotun levantarse sobre Steve y alzar su brazo, el cual estaba empezando a recubrirse de hielo.

—¡Steven! —Llamó a modo de advertencia, pero su propia voz se oía estrangulada y vacía, producto del esfuerzo que suponía mover la embarcación.

El rubio se giró justo a tiempo para recibir un puñetazo en el rostro que lo tiró de espaldas; aquel tiempo, el jotun lo usó para terminar de cubrir su miembro con hielo. Apuntó hacia Rogers y, ya estaba disponiéndose a dejar caer su arma cuando Loki sacó una daga del cinturón y lo arrojó contra el gigante. Sólo el mango sobresalía de entre las cejas momentos antes de que el jotun cayese hacia atrás. Inmediatamente después, Loki puso las manos devuelta en el barco.

—Maldición —bufó entre dientes al notar que su energía comenzaba a terminarse. Más allá, Steve se había levantado y lo miraba con agradecimiento.

Ahora que estaban en un espacio amplio, su mayor temor era quedar en la mira de los cañones enemigos; ahí resultaría muy sencillo acomodarse a su lado y abrir fuego. Una vez más, el barco de Jötunheim golpeó al de Helheim, empujándolo contra las rocas. Loki no fue capaz de detenerlo; la roca saliente, como la punta de un iceberg, hizo las veces de rampa y el barco salió disparado hacia arriba. Fueron unos segundos escalofriantes en los que todos quedaron al aire antes de caer sobre sus asentaderas violentamente.

« La energía se me está acabando. ¡Todo en mal momento! ». Pensó antes de darse cuenta que el barco se había atascado con la roca; empalado como aquellos cadáveres que lucían entre las cuevas oscuras. Su corazón se oprimió mientras trataba de pensar con lógica. Superados en número, en condiciones lamentables, ¿cuál era su mejor opción? « Necesito que Sigyn despierte ». Fue lo mejor que pudo sacar de su atribulada mente. Miró en dirección a la chica, todavía inconsciente. Apretó los dientes: Si utilizaba la magia para despertarla, ninguno de los dos tendría fuerza para enfrentarse a nada que se les pusiera enfrente, ni siquiera para sacar al barco de su penosa situación y escapar.

Sintió la desesperación reptando por su garganta y tuvo ganas de vomitar.

Mjölnir hizo un fuerte sonido al estrellarse en el pecho de un jotun y arrojar al mismo contra las rocas. Cayó al mar y se sumergió en la profundidad de las aguas, ayudado por un par de colas que se impulsaron hacia adentro. Entonces Loki sintió que se le venía el alma encima.

« No. No. Malditos sean todos ustedes, humanos, jotun y Thor ».

El chapoteo de la cola fue lo último que escuchó Loki durante un segundo; ni siquiera alcanzó a extrañarse por la increíble resonancia que producía aquel sitio, como si fueran un anfiteatro. Únicamente quedó el dulce y exquisito sonido de las voces que salían desde las cuevas y se levantaban sobre la espuma de mar.

Por la noche me imaginaría lejos, lejos / dejaría que cayera a los lados mi cascada de rizos, / saltaría con ligereza sobre el trono y jugaría con los tritones entre las rocas —así cantaban las arias del mar, seguidas por sus compañeras escondidas en las cuevas (quienes parecían todavía más maliciosas—: […] Pero si alguien se acerca gritaré / y como una ola saltaré desde las diamantinas cornisas que sobresalen de la hondonada. [1]

Qué sublime éxtasis para los oídos de midgardianos y asgardianos por igual. Se quedaron tan fascinados como las polillas hacia el fuego de la hoguera que las terminaría consumiendo.

Thor recibió un puñetazo en medio del rostro y cayó de espaldas contra el barco; el llamado Stark fue atrapado entre las garras de un jotun, quien lo levantó por el cuello varios centímetros por encima del suelo; aquel de lentes golpeó a un gigante con una fuerza extraordinaria antes de caer de rodillas y mirar el cielo, como si lo hubieran despojado de toda su energía y lo transformasen en un simple muñeco; el arquero se quedó parado en medio de la pelea durante un tiempo suficientemente largo para que otro jotun levantara su brazo y lo descargara con toda intención de cercenarle la cabeza.

Loki oyó a Steve gritando algo (probablemente el nombre del arquero). El rubio levantó el escudo alistándose para lanzarlo, ¡pero estaba demasiado cerca del agua!

Una sirena saltó desde las profundidades y se agarró del escudo, tirando de él mientras regresaba al agua. Rogers abrió los ojos como platos durante un segundo, quizá advirtiendo su error, aunque ya era demasiado tarde.

Al príncipe se le detuvo el corazón. ¡Steve iba a desaparecer en la superficie del agua! No volvería a verlo. Lo perdería y ni siquiera era capaz de moverse para hacer algo. El rubio alcanzó a girarse de una manera complicada y desesperada, zafando su brazo del escudo para liberarse mientras dejaba escapar un grito adolorido. Loki pensó que se habría dislocado el hombro derecho, pero lo alivió sobremanera el que Steve continuara en el barco. Simultáneamente a esto, la mujer pelirroja que acompañaba a Thor, disparó en la cabeza al jotun que amenazaba a Clint.

Entonces todos los seres que están en los incoloros musgos / en el fondo del mar, se enroscarán silenciosamente / a mi plateado pie, mirando hacia arriba, buscando mi amor * —cantaban las sirenas del agua, sentadas a horcajadas de las embarcaciones, en algunas piedras.

Sin duda, eran criaturas hermosas, de colas y ojos brillantes. Tenían largos y sedosos cabellos que caían sobre sus pechos desnudos; sus colas se sacudían de un lado a otro, como jugando, y Loki se percató de que tanto las escamas de sus aletas como el iris de sus ojos brillantes e hipnóticos, eran iguales, ya fueran verdes, azules, moradas, rojas, etc.).

Loki tragó saliva. Tuvo la impresión de que no querían hacerles daño…, solamente….

—¡Maldita sea, Clint, despierta! —Gritó Natasha mientras abofeteaba al arquero, sin éxito al despertarlo. En cambio, la voz penetrante de la mujer perforó la consciencia de Loki y lo obligó a regresar.

Y cuando yo cantara alegremente desde lo alto, / todos los seres blandos, ahorquillados y con cuernos, / se asomarían a la honda esfera del mar / y mirarían abajo buscando mi amor ** —añadieron aquellas voces que salían desde las cuevas; éstas últimas eran mujeres de gran belleza, de cuyas espaldas salían esplendorosas alas de muchos tipos de aves [2], según pudo apreciar Loki en medio de su confusión.

Presa de un pánico nada usual en ella, Natasha comenzó a disparar sin piedad a todos los jotun que entraban; cambiaba las municiones con rapidez y precisión. Fue ella quien se deshizo del jotun que sujetaba a Tony. No tardó, al parecer, en arrepentirse de haberlo liberado.

—¡Vengan a mí! —Gritó Tony con ojos brillantes y perdidos, extendiendo los brazos al aire, como invocando a las mujeres que se precipitaban desde las alturas. Más allá, Thor parecía imitar al midgardiano, sonriendo como un auténtico idiota, aún tendido en el piso. Bruce se había levantado y caminaba hacia el barandal, hipnotizado por una sirena que estaba sentada ahí cerca y lo llamaba.

¡Todo era un desastre!

Y no hizo más que empeorar cuando las sirenas se percataron de que los jotun no caían bajo su embrujo. Se oyó un grito agudo y horrible que no provenía del barco de Helheim; Loki se dio cuenta, en medio de su aletargamiento, que las sirenas habían empezado a atacar fieramente el barco de Jötunheim, viendo frustrados sus intentos por divertirse con sus presas. Y es que a las sirenas eran como arañas: Les gustaba jugar con su comida, pero cuando ésta les aburría, se daban a la caza despiadada.

Una de las criaturas aladas se llevó a un elfo oscuro que Loki no había notado. El príncipe se dio cuenta de que habría sido ese pobre miserable el que utilizó su magia para repeler los encantos de las sirenas, porque todos los jotun parecieron escandalizados; aunque tenían una gran habilidad en la hechicería, los elfos se defendían aún mejor, y confiando en la protección de éste, los gigantes habrían puesto pocas defensas en sí mismo (gastarían demasiada energía en ella). Ahora, sin embargo, estaban indefensos antes los cantos y ataques de las sirenas.

—¡Bruce! —Gritó la pelirroja mientras veía que el aludido se acercaba al agua para ser recibido por una sirena. Natasha disparó, pero no atinó a la criatura, quien había vuelto a esconderse en el mar.

Loki miró nuevamente hacia Steve; peste apretaba los ojos y se tapaba los oídos mientras temblaba incontrolablemente. El rubio lo miró un segundo…, su expresión triste y de pronto, asustada.

—St… —comenzó a decir antes de sentir un fuerte tirón en su pierna, lo cual hizo que nuevamente su barbilla encontrara camino contra el suelo.

Se dio cuenta, tal vez demasiado tarde, que Steve no había tenido tiempo de advertirle que detrás de él estaba algún jotun. El moreno alcanzó a girarse a ver sobre el hombro y vio, en cambio, a una sirena con rostro delicado enmarcado por una capa de cabellos largos, lacios y de un azul pálido impresionante. Sus ojos, igual que su cola, eran de un bonito color dorado y tenía una de las sonrisas más seductoras que había visto en una mujer.

De súbito, algo hizo clic en su cabeza. Loki no se permitiría morir ahí, de esa manera, cuando en un principio todo debió de salir bien. ¡Thor y los midgardianos lo habían arruinado! ¡Los jotun y los elfos habían hecho añicos sus planes! Sin embargo, Loki no era una persona que se dejara caer de inmediato, ni tampoco alguien incapaz de idearse cómo salir de situaciones engorrosas (aunque en esta ocasión tardó un poco más en hilar cabos). Con decir, pues, que el favorito de Odín ya había caído y esperaba la muerte, mientras que él permanecía tan consciente como para idear un plan de escape.

Loki simplemente respiró profundamente, calmándose de manera tan fácil y rápida que la sirena pareció irritarse con ello. En lugar de retorcerse de un lado a otro para zafarse del sorprendentemente fuerte agarre de la criatura marina, simplemente dejó que la magia emergiera a través de su cuerpo, adquiriendo la estructura femenina que había tomado al asesinar a Sif y al besar a Steve. Antes de que los largos cabellos hicieran acto de presencia y de que crecieran busto y caderas, la sirena ya estaba gruñendo, mostrando unos dientes increíblemente filosos.

Ellas no podían hacer nada contra el oído de las mujeres y aun cuando sabía que tras ese disfraz estaba un hombre, su encantadora voz ya no le serviría para atraer los oídos de éste. En cambio, ahora la canción que brotaba de sus labios sonaba se sentía más como el graznido de una gaviota que el adorable canto del ruiseñor.

Él aprovechó la ocasión para propinarle una fuerte patada en el rostro que hizo a la sirena chillar de dolor, con un alarido que casi le perfora los oídos de tan agudo y terrible que era. Ésta le soltó de inmediato. El jotun se levantó enseguida y corrió hacia Steve, lanzando un encantamiento contra el rubio, quien se tambaleó antes de sufrir el cambio.

El jotun no se quedó observando la nueva figura de Rogers, pues inmediatamente pasó a lanzar el mismo hechizo contra Bruce, Clint y Tony, con movimientos rápidos. Durante un segundo, buscó a Thor con la mirada, temiendo que las sirenas ya se lo hubiesen llevado.

La sensación de vacío y miedo que le arrancó el aliento, hizo que se percatara de cuán importante seguía siendo su hermano para él. Lo cierto es que no soportaba la idea de que le sucediera algo, incluso cuando el mayor estaba tan decidido a darle fin a su vida, como castigo por haber asesinado a Odín.

Quisiera decir que comprendía del todo los sentimientos de su hermano, pero sería ridículo fingir que podía hacerlo: Después de todo, él quería vivir. Y para ello, sería mucho más fácil permitir que las sirenas arrastraran a Thor hasta el fondo, para ahogarlo y alimentarse de él como pirañas. Sin embargo, quería al rubio más que ninguno de los asgardianos que tanto presumían de hacerlo. Se dio cuenta justo en ese momento, cuando su corazón paró en el vacío, presa del miedo que le suponía la idea de que su hermano pereciera.

« Un romántico como Steve, me diría que los lazos de sangre no siempre son los que pesan más en el corazón de los hombres. Qué patético: Thor intentó matarme. Yo debería… debería ser capaz de sobreponerme. Él me hizo daño. Lo hará como tantas otras veces. No tengo la obligación de salvarlo ». Justo cuando terminó de decirse aquello, ubicó a Thor poniéndose encima del barandal y estirando un brazo hacia el agua, donde una sirena le cantaba, esperando recibirlo en sus carnosos labios.

—¡THOR! —Gritó Loki con toda su fuerza mientras corría desesperadamente hacia él. Sabía que no iba a atraparlo; era demasiado tarde. Ni siquiera le había dado tiempo de conjurar el hechizo correspondiente. A sus propios oídos, su voz se escuchó quebrada, como si ya hubiera perdido a su hermano y lo estuviera llorando—. ¡NO!

Y de la nada apareció Sleipnir. El caballo mordió la capa del rubio y tiró de ella con tanta fuerza que tumbó al otro de costado; la cubierta se estremeció una vez más por el golpe sordo. Loki se apresuró a hacerle el encantamiento a Thor, quien yacía inconsciente en el suelo, gimiendo algo que a esa distancia no comprendía. Desprenderse de su magia tan rápida y violentamente hizo que Loki terminara mareándose. A pesar de ello, la adrenalina lo mantenía en movimiento, barriendo su entorno una vez más.

Los jotun parecían haberse recuperado de su sorpresa inicial y el repentino pánico de que su elfo oscuro hubiera sido eliminado. Recubiertos en una nueva capa de hechizos, avanzaban hacia los midgardianos y golpeaban a las sirenas que llegaban a acercarse. Loki estaba satisfecho de notar que las criaturas —marinas y aladas— ya no les prestaban la más mínima atención a la tripulación de los humanos.

El príncipe frunció el ceño. Tenía que sacarlos de ahí a como diera lugar, ¡pero nuevamente había gastado demasiada energía! Y Thor, el único que podía levantar a Mjölnir, estaba en los brazos de Morfeo…

Steve se lanzó hacia delante cuando un nuevo jotun saltaba desde la cola de vigía enemiga. A falta del escudo, se arrojó hacia el martillo, el cual había caído no muy lejos de él. Laufeyson tuvo la impresión de que abría la boca para advertirle que esa era un arma especial y se rompería el brazo antes de siquiera levantarlo un milímetro, pero las palabras se le atoraron en la garganta. ¡Cuál fuera su sorpresa cuando vio que Mjölnir se alzaba con una gran facilidad —mucho más que con Thor— y arremetía contra el jotun en el aire!

Loki sintió nuevamente esa pizca de respeto hacia Steve un segundo antes de llamarle con voz en cuello.

—¡Steve! ¡Rápido, necesito más energía!

Éste pareció entender de inmediato qué se proponía hacer, pero en sus ojos se veía la duda y el miedo. Fue sólo entonces que Loki pudo ver bien su nueva apariencia: Tenía el cabello largo hasta el inicio de los redondeados pechos, cayendo en una cascada de oro líquido; su tez era un poco más blancas y las mejillas ruborizadas realzaban los pómulos altos; sus labios eran ligeramente carnosos —no en exceso— y también tenían un matiz sonrosado y brillante, como si apenas se hubiera maquillado. Por supuesto, y como era de esperarse, sus ojos continuaban siendo brillantes, aunque ahora eran ligeramente más rasgados, cubiertos por unas largas pestañas enchinadas. La musculatura no se veía tan marcada, pero con el traje —aún masculino— se veían los brazos torneados.

A Loki le pareció que tenía una apariencia casi divina y, no obstante… era una máscara, un simple disfraz.

No era Steven.

De pronto, entendió lo que había querido decir el otro acerca de las apariencias, pero fue algo lejano e inconsciente, fugaz como el batir de alas de un colibrí.

Mientras tanto, la duda se extinguió en el rostro de Rogers y Loki apenas tuvo ocasión de acomodarse antes de que Steve invocara los truenos hacia Mjölnir, justo como Thor lo había hecho con anterioridad miles de veces. ¿Cómo podía hacerlo Steve? No tenía ni idea, pero agradeció interiormente con por el rugido de éstos al caer desde el cielo repentinamente; éstos hicieron que algunas de las sirenas chillaran asustadas y se alejaran de la embarcación.

El cabello de Steve se agitó un segundo antes de que bajara el brazo, apuntara hacia Loki y dejara que el poder del trueno saliera impactado en su contra. Habiéndolo intentado una vez con anterioridad, fue relativamente más sencillo adaptar los relámpagos como energía para sí mismo. Loki tuvo la impresión de que se debía en gran medida a que, contrario a Thor, Steve no había disparado a matar. El arma de su hermano era increíblemente susceptible a adoptar las intenciones de su dueño; casi parecía tener vida propia.

Laufeyson absorbió la fuerza y se sintió revitalizado. Segundos después de que el último relámpago fuera proyectado, Loki dejó a su cuerpo acostumbrarse. Las yemas de sus dedos parecían estar brillando con chispas azules. Lo primero que hizo fue lanzar una buena cantidad de energía de Sigyn; la necesitaba despierta. Después, se dedicó a luchar para erradicar a sus —verdaderos— congéneres del barco, luchando hombro con hombro junto al grupo de los midgardianos.

El que parecía ser el capitán, fue quien se abalanzó hacia ellos casi en último lugar, tal vez exasperado por el fracaso de sus soldados.

—¡Bastardo! —Gritó éste mientras se abría paso entre la todavía encarnizada lucha. Únicamente tenía sus ojos puestos en Loki, quien retrocedió un poco para evitarlo. Su oponente lo había alcanzado pronto e intentó propinarle un golpe, él se agachó para esquivarlo. Sacó las dagas de su cinturón y giró ágilmente para clavar una de ellas en el costado del gigante. Pudo sentir cómo atravesaba la piel y se hundía hasta que sólo el mango del arma sobresalía de la piel—. ¡Argh!

—¡Príncipe Byleist! —Gritaron algunos de los soldados jotun, quienes todavía se enfrentaban a los midgardianos.

De pronto, diez de éstos grandes y pesados personajes —incluyendo al capitán—, fueron proyectados hacia la borda por una fuerte de energía dorada. Los humanos permanecieron en cubierta, con los ojos abiertos debido al repentino despliegue de magia que había terminado de despejar el lugar. Sólo escucharon los gritos y quejidos de algunos antes del chapuzón, seguidos de la tétrica risa de las sirenas, quienes se apresuraron a tomar una presa y arrancarle la vida.

Algunos de los gigantes salieron y se rebatieron contra las criaturas, haciendo lo posible por liberarse, pero inútilmente. Sólo Byleist permanecía sacudiéndose a una y otra, congelando la aleta de ésta y clavándole su brazo de hielo a otra, sabiendo que estaba en clara desventaja y que la sangre de su herida las empezaría a atraer. Su desesperación parecía cada vez más evidente y observaba con anhelo e ira hacia el barco de Jötunheim.

—¡Lady Sigyn! —Exclamó de primero Clint, bajando un poco el arco y la flecha—. ¿Está bien?

Ella levantó la mirada hacia el arquero y frunció el ceño al notar el cuerpo femenino que se escondía bajo el traje oscuro. Dejó caer el brazo que había extendido en su dirección y retrocedió hasta toparse con Sleipnir, quien venía relinchando desde momentos atrás, buscando llamar la atención de la rubia, sin mayor éxito; estaba demasiado confundida por el cambio de escenario (pues, antes de caer inconsciente, lo último que supo fue que debía salvar a Loki). El semental miraba de un lado a otro con sus inteligentes ojos, como intentando decirles que se apresuraran a salir de aquel sitio.

—Sí —respondió y su mirada viajó hasta Loki. Éste la miró con sus ojos brillantes y repentinamente aliviados. ¡La chica le había salvado por segunda vez!—. Loki —casi suspiró ella, echando a correr en dirección al moreno, quien abrió grandes los ojos cuando la rubia le echó los brazos al cuello y se aferró a él con fuerza—. ¡Gracias a Yggdrasil que estás vivo!

—Eh… —murmuró él, sin saber exactamente cómo reaccionar a esto. Su mirada repentinamente volvió su atención hacia Steve, quien jadeaba un poco y tenía un rastro de sangre en la mejilla (corte que probablemente le dejaría una cicatriz). Éste apartó la mirada hacia otro lado, como si estuviera irrumpiendo en algo sumamente íntimo. Sus mejillas adquirieron pronto un color aún más rojo, que el príncipe no comprendió del todo—…yo…

Pero antes de que terminara de formular su oración, Byleist se alzó en el aire, suspendido sobre el agua como si le sujetara una mano gigante. Un par de sirenas que se habían abrazado a él, fueron separadas y estallaron frente a los ojos de todos, convertidas en una cálida lluvia roja. Desde el fondo del mar y en las cuevas, se oyeron gemidos, no lastimeros sino de algarabía e indignación al mismo tiempo.

—¡Maldito seas, Helblindi! ¿Por qué tardaste tanto en sacarme? —Gritó el jotun con los ojos rojos despidiendo fuego, igual que dos brasas. Miraba hacia el barco de su gente, donde había aparecido una figura imponente de largos cabellos blancos y con grandes cuernos que lucían más largos que los rastros de la corona de hielo que traía sobre su cabeza—. ¡Llama a los curanderos, estoy herido!

El llamado Helblindi tenía una mano levantada y con suaves movimientos, hizo que el otro se moviera hasta el barco de Jötunheim y lo dejó caer sobre la cubierta. Chasqueó enseguida los dedos y apareció una docena de gigantes. Loki se estremeció y soltó a Sigyn de inmediato, observando los inteligentes y calculadores ojos del que fuera su hermano. Éste parecía mucho más sensato que Byleist, pero no le gustaba en absoluto la manera en que caminó hacia el barco de Helheim y se acercaba a ellos con un andar pausado, cadente pero al mismo tiempo firme y esplendoroso.

—Así que la princesa salió del cuarto que le servía de escondite, ¿huh? —Comentó Tony, levantando el brazo y dando una señal silenciosa para que el resto se preparara de nueva cuenta para la lucha. Todos los midgardianos levantaron las armas simultáneamente. Helblindi se detuvo y puso las manos detrás de la espalda, como si no temiera a ninguno de ellos.

—Lopt —llamó con voz grave, pero sorprendentemente gentil—. Esperaba que vinieras de buena gana con nosotros. —Añadió, extendiendo la mano—. Lamento que esta haya sido nuestra forma de saludar. Lo cierto es que he perdido a buenos soldados cuando se enfrentaron con estos humanos; quería deshacerme de mayores ataduras que pudieran mantenerte fijo en el camino hacia Helheim. Pensaba que sólo te acompañaría esa atractiva joven rubia que tenemos por aquí —añadió, señalando a Steve—. Mira, padre quiere verte.

Loki frunció el ceño. ¿Qué acababa de decir? ¿Realmente pensaba que iba a aceptar así nomás la "invitación" que le ofrecía?

—Creo que sería mejor que acataras la orden. Puedo matarlos a todos ustedes con un simple movimiento de dedo, pero creo que cada uno de estos midgardianos será un valioso trofeo para mi Rey —añadió, al ver que ninguno decía nada.

—¡Vete a la mierda! —Gritó Tony e hizo amago de dispararle; en un segundo fue su propio grito el que rompió el silencio. Su brazo derecho estaba doblado en un ángulo completamente bizarro y poco natural. Bruce corrió de inmediato en ayuda de su amigo.

—Ha sido muy inteligente lo que hiciste para evitar a las sirenas. Aunque podría haber sido más sencillo para ti… —diciendo esto, levanto una mano y congeló el agua; las sirenas chillaron e intentaron salir, pero incluso al aire las alcanzó el poder del jotun y se quedaron congeladas—. No dudo… —continúo arrojando su poder hacia las sirenas aladas que se preparaban para atacar, pero se quedaron congeladas en pleno vuelto y cayeron sobre las rocas, quebrándose en mil pedazos—, que seguramente podrías vencerme. Tuve que consumir la energía de nuestros soldados caídos en la presente batalla para conseguir este gran poder y no temer que fueras a explayarte demasiado en mi contra. Quiero asegurarte que mis intenciones son tan amistosas y fraternales como lo permiten los años que hemos estado separados, hermanito.

Una sonrisa apareció en sus labios, pero se extinguió pronto. En un segundo se volvió una expresión fría y, nada más con un movimiento de cabeza, hizo que un profundo dolor le penetrara desde la cabeza hasta los pies. En un instante, el hechizo que Loki invocó para protegerlos de las sirenas desapareció y tanto él como los midgardianos quedaron en el suelo, gimiendo de dolor y temblando por el violento cambio.

El moreno levantó la mirada, apretando los dientes. Helblindi parecía majestuoso con la luz arrancándole brillos imposibles a su cabello blanco como las nubes.

—Ven con nosotros ahora —exigió el príncipe, ignorando las protestas de Byleist, quien hacía lo posible por sacudirse a los gigantes que pretendían atenderlo, con tal de exponer su indignación frente a la invitación de su hermano mayor. Loki pensó que de alguna manera, ambos jotun le recordaban a sí mismo y Thor, aunque invertidos: Uno que manejaba bien la diplomacia y otro que berreaba sus opiniones igual que un animal enfurecido—. Lopt.

En respuesta a ese nombre, Loki arrugó la nariz.

—Así no es como me llamo.

—Oh, ¿prefieres el nombre que te dio ese anciano malnacido? Debo admitir que me sorprende. —Hizo una pausa y luego sacudió con la cabeza—. En realidad, no. ¿Qué podría esperar de un jotun que se metamorfosea en humano? Has olvidado tu verdadera naturaleza, aprendido a temernos y luego odiarnos. Lamento decir que te han arrancado de la cuna y, una vez que has traído esa máscara durante tanto tiempo, ¿cuál es tu verdadero hogar? Lo has olvidado. O te has dado cuenta de que no tienes ninguno, ¿verdad?

Los labios de Loki temblaron. ¿Había dicho que lo arrancaron de la cuna? Qué gran implicación tenían esas palabras a los agudos oídos del moreno: ¿Quería decir que no fue abandonado a su suerte en las frías y desoladas tierras de Jötunheim? Qué dulce promesa, acarició la idea en la superficie y luego rascó más, hasta exiliarla de su corazón.

No podía permitirse esa clase de esperanza, y lo cierto es que no le interesaba oír las palabras del gigante. Por lo tanto, su mirada viajó hasta Steve, quien lo observaba con firmeza a pesar de estar jadeando; sus ojos reflejaban el cansancio de la lucha y el rastro de dolor que había dejado en él la magia de Helblindi, pero brillaban con el mismo poder de siempre, ofreciéndole una sensación de seguridad que había empezado a flaquear frente al príncipe.

Loki alzó la barbilla.

—¡Él y nosotros no tenemos nada qué ver uno con el otro! —Gritó Byleist, acompañándose de una serie de blasfemias en el idioma de los gigantes. Helblindi, no obstante, ignoró olímpicamente a su hermano y se acercó lentamente hacia Loki, extendiéndole la mano para ayudarlo a levantarse. Pero el moreno no la aceptó. En cambio, se levantó por su cuenta y lo observó sin amedrentarse del poder que exhumaba el mayor de sus hermanos—. ¡Helblindi!

—Tengo una tarea para cumplir —musitó el Laufeyson más joven, arrastrando las palabras como si estuvieran cargadas de veneno—. No se inmiscuyan en mis asuntos.

Helblindi frunció el ceño y sus ojos adquirieron un brillo mortífero e impaciente.

—Deja de tentar la suerte, Lopt. Tu deber más importante es acatar la palabra de tu Señor.

—Él no es miembro de su Corte —irrumpió Sigyn, haciendo el esfuerzo de cubrir con su menudo cuerpo al moreno—. Loki es parte de los asgardianos.

La risa cruel de Helblindi hizo eco en el Canto de Seirên y Loki buscó una vez más el rostro de Steve. Los midgardianos ya se habían puesto de pie y, aunque tambaleantes, parecían estar recobrándose de todo lo sucedido. Una vez más, Helblindi chasqueó los dedos para que el resto de su tripulación hiciera acto de presencia; la imagen era agobiadora incluso para Loki y Sigyn, quienes tenían magia. Más ágilmente que los otros, una docena de jotun cruzó de un barco a otro y se acercaron a ellos de forma amenazadora, flanqueando a su príncipe.

—Creo que no lo entienden: Jamás les di a elegir. Tienen que venir con nosotros o simplemente empezaré a matar a cada uno de tus amigos… —amenazó el gigante, dando un cuarto de vuelta y caminando con parsimonia.

Loki se animó a soltar una risa amarga.

—Es una amenaza poco eficiente conmigo, ¿te das cuenta? Ninguno de ellos me interesa.

Cuando era niño, había escuchado con fascinación todas las historias de Odín acerca de los jotun. Sabía que cuando se enfrentaban a sus oponentes, siempre buscaban puntos débiles; por supuesto, no debía demostrar que Steve y Thor significaban mucho para él y que —lamentablemente— por extensión, no quería que los otros midgardianos salieran heridos en la confronta. Contrajo ligeramente los puños, mesurando sus rasgos hasta dejarlos con la expresión pétrea de las estatuas. No existían el resto de jotun ni los humanos que lo miraban llenos de indignación: Ahora sólo estaba Lengua de Plata frente al primogénito de Laufey.

—¿A quién quieres engañar? Eres todo un sentimentalista, Lopt —alegó el mayor con una terrible sonrisa—. Tu barrera tiene demasiados agujeros y yo puedo verlo claramente. El ojo de un futuro rey está entrenado para notar cada resquicio.

Loki levantó la mano al mismo tiempo que Helblindi; fue un movimiento demasiado rápido que escapó a los ojos del resto. En un segundo, destellos de magia se cruzaron entre sí y explotaron en medio de ambos grupos, haciendo fuegos artificiales pálidos y helados como una ventisca de invierno. La fuerza del choque los proyectó a todos hacia atrás, tumbándolos sobre el suelo con golpes que les hicieron gemir adoloridos, incluso a algunos gigantes que estaban cerca de la confronta, pese a haber apoyado bien los pies en la madera.

Tanto Loki y Helblindi apenas se habían podido mantener firmes en sus pies, observándose fijamente mientras los alrededores volvían a temblar y el aire se hacía pesado a su alrededor, como si ellos estuvieran arrancando toda energía de los alrededores.

Resultó agotador luchar de esa manera contra Helblindi y supuso un esfuerzo sobrehumano mantenerse erguido, aparentando una fuerza que se drenaba muy rápido de sus manos; Loki se sentía como si la fuerza se le escapara igual que granos de arena cuando la ola los arrastra lejos. Sin embargo, no estaba dispuesto a darle la victoria al hermano que jamás conoció.

—¡No iré a Jötunheim, ni en calidad de príncipe y mucho menos como prisionero! —Gritó en respuesta, con la voz firme y carente del acento diplomático que lucía siempre al hablar; demasiadas emociones le impedían hacerse de vuelta con el control en sí mismo.

—Ya no está en tus manos decidir —gruñó el otro, levantando la barbilla en un gesto tanto despectivo como exasperado, igual que si estuviera hablando con un niño pequeño—. Vendrás con nosotros así tenga que arrastrarte a ti y al resto de estos humanos.

—¡¿A caso crees que podrás hacerte tan fácilmente con nosotros?! —Exclamó Tony, quien se sujetaba el brazo roto con fuerza y miraba con ojos brillantes de ira al más grande de los jotun. Presumiblemente, en la opinión del ojiverde, Stark reconocía el peligro que suponía Helblindi, pero su boca hablaba también sin preguntarle a su cerebro cuál sería la mejor acción para tomar en ciertas condiciones.

—¡Cállate, Tony! —Gritaron Steve y Bruce al unísono.

—No quiero lastimar a ninguno de ustedes —insistió Helblindi—. Esto puede ser pacífico si me dejan proceder adecuadamente. Después de todo, aún tenemos cerca a las sirenas y no es mi intención perder otros miembros de mi tripulación.

—Entonces, arreglemos esto luchando solamente tú y yo —sugirió Loki—. Si ganas, puedes llevarme hasta Jötunheim. Si te venzo, me dejarás partir tranquilamente.

Helblindi frunció el ceño. Su desaprobación parecía evidente, aunque la hubiera disfrazado pronto con un rostro pétreo y hasta contemplativo, meditando la propuesta de su hermano.

—Parece una opción sensata y, por lo tanto, viable —comentó y suspiró—. Sin embargo, ¿quién me asegura que cumplirás que cumplirás tu palabra y te quedarás?

—¿A dónde quieres que vaya? —Replicó—. Mi nave está destruida y necesito tiempo para repararla. No puedo hacerlo si estoy luchando.

—Puedes usar la magia para transportarte, ¿no? ¿No trataras de escapar? —Reiteró, sospechando de todos sus motivos.

En esencia, Loki era capaz de llevar su cuerpo a cualquier lugar que conociera, pero eso significaba que sólo tenía como opción regresar a Asgard y sería peligroso. Además, dudaba poder llevar a todos los humanos y a Sleipnir lejos de ahí; era peligroso llevar demasiadas personas durante un hechizo tan complejo y desgastante (las células y fibras que componían los cuerpos podrían confundirse unas con otras, de manera que sería una aberración monstruosa lo que llegaría al otro lado).

Loki había sopesado la oportunidad que tendría si llevaba sólo a Steve consigo. Inconscientemente, sus orbes verdes regresaron al preocupado rostro del rubio. No, jamás le perdonaría si lo obligaba a abandonar a sus amigos. Y él no quería huir de esto; en el fondo, sabía que no era algo prescindible.

—Porque de verdad necesito enfrentarme contigo —arguyó con dureza—. Es algo que debía hacer tarde o temprano, por quién era y soy en este momento.

Los ojos de Helblindi brillaron cual piedras preciosas, con la misma frialdad y magnificencia; de pronto, en el príncipe que tenía delante, Loki casi pudo entender a qué se había referido Steve cuando le dijo lo hermoso de unos orbes carmesí como las suyas. La voz del rubio que le infundió valor, de la misma forma que en su tiempo lo hizo la entera confianza de Thor y el amor de Frigga hacia él. Pero había algo distinto… una intensidad que lo abrumaba, porque Steve le había prometido un lugar al cuál pertenecer: Él era la persona con quien deseaba compartir sufrimientos y alegrías.

Un sentimiento oscuro se alzó al mismo tiempo, haciendo que la esperanza menguara. Loki debía entregar a Steve; la reina de Helheim lo quería y no sería buena idea sumarla como enemiga. Pero vio a Rogers besándolo, diciéndole que la genética no decide quién es uno realmente y sugiriendo que regresara a Midgard con él, para hacerlo su nuevo hogar.

En un principio, las escenas de los últimos días pasaron frente a sus ojos como si aquello hubiera ocurrido centurias atrás y a otra persona, después tomando consciencia de que le ocurrió a Loki, el maldito y proscrito hijo de Laufey. Y se dio cuenta que no sería capaz de traicionarlo.

Irónico. Había decidido tomar las riendas de su vida, luchar contra el destino y la crueldad que siempre le fueron impuestos, sólo para descubrir que se condenó a sí mismo de la peor forma posible. ¡Esa idea de amar es una noción nacida de una moralidad idiota! [3] se dijo, pero ya no importaba.

—No entiendo qué podrías ganar con ello —prorrumpió Helblindi, sacándolo de sus pensamientos—, pero luce como si te diera la convicción necesaria. —Loki asintió y volvió a mirar a Steve y, en seguida, a Thor—. Muy bien. Lucharé contigo, Lopt.

El moreno frunció el ceño. Aquel nombre estaba lejos de ser el suyo; él nunca había pertenecido a los jotun y parecía incorrecto usarlo, se había dado cuenta de eso cuando lo empleó como excusa para enfrentarse a Thor. Y comprendió entonces por qué el rubio había parecido tan herido cuando se presentó como Lopt: Era una especie de insulto hacia la persona que fue todos esos años, el Loki en todas sus facetas y tamaños, con todos los sueños, deseos y lágrimas.

—Mi nombre es Loki, hijo de Frigga y hermano de Thor Odinson —proclamó, el rostro sereno de quien ha encontrado por fin una parte que había perdido hace mucho tiempo—. Y seré tu contrincante a cambio de mi libertad.

Helblindi no parecía convencido ahora, pero asintió y se enlistó. Su brazo derecho, grueso como la pata de un oso, expidió un humo parecido al hielo seco; al disiparse, apareció el arma típica de los gigantes… una especie de escudo-espada de un hielo tan duro como el diamante. Loki, a su vez, extrajo una daga de su cinturón y movió su cuerpo para quedar en posición de pelea, con la agudeza y rapidez de una serpiente.

—Así lo has querido tú —declaró Helblindi con un brillo sanguinario en su mirada. Nuestro padre me mandó traerte vivo, pero no debe importar si te rompo una pierna o las dos.

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Lokabrenna refulgía hermosa aquella noche de invierno, mientras él observaba desde el balcón. Cada vez que la estrella en el cielo titilaba, parecía ir al compás de sus propios latidos, secos y tristes. Había vuelto a soñar con la visión que le mostró el Ojo de Niflheim, de manera que su pecho le dolía y provocaba un escozor en sus ojos.

Aunque todavía era un niño, entendía perfectamente las circunstancias. Intuía el sufrimiento que le deparaba, pero no entendía por qué el destino lo señalaba como un condenado. Cerró los ojos y rezó sin palabras por alguna respuesta que no llegó.

¿Habría una manera de cambiarlo? ¿No existía la más mínima esperanza de salvar su alma?

—Steve —murmuró contra el viento que tiraba de sus cabellos en una violenta danza.

La imagen de aquel hombre salió de sus labios, haciéndole sentir que flotaba en el agua, recibiendo la dulce caricia del sol. Durante los últimos días, "Steve" fue el único consuelo que recibió su atormentada mente; los ojos azules le infundían un extraño sentimiento de valentía y el sonido de su voz, tan calma y afectuosa cuando lo llamaba por su nombre; le hacía creer que podría enfrentarse a todo.

Quería conocer a Steve. Parte de él deseaba encontrarlo pronto; Lokabrenna resplandecía con fuerza al pensarlo. Debía ser porque Steve tenía la capacidad de salvarlo.

Se aferraría a ese nombre, a la esperanza de hallarlo y oír su voz. Nunca lo olvidaría.

—Voy a encontrarte, Steve —juró a la habitación oscura y solitaria—. Y cuando lo haga, te protegeré con mi vida. No dejaré que te suceda nada.

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Era curiosa la forma en que su mente reaccionó a la batalla. Su memoria no oscilaba de un paisaje a otro; por el contrario, repetía la escena una y otra vez, aferrándose al recuerdo como si fuera el último vaso de agua en el desierto. Sin embargo, Loki había olvidado su juramento; los años que siguieron a su promesa, no le dejaron más opción.

Mantener la esperanza de que iba a ser salvado, únicamente le provocaba más daño. Él terminó por cavar un hoyo en su corazón para hundir ahí toda ilusión; por resultado, obtuvo años alimentados con una terrible mezcla de odio y miedo. Atrapado entre esos dos sentimientos, ni siquiera pudo reconocer el nombre del rubio cuando Hela lo pronuncio en el Abismo.

Loki repasó una vez más la hoja de su daga, volviéndola más resistente a los poderosos golpes que conectaba Helblindi acero contra hielo. Tomó una larga bocanada de aire y se mostró estoico, aunque por dentro se agitaba entero por la incertidumbre de si ganaría. El jotun había dicho que Laufey lo buscaba vivo, pero nada le aseguraba que así era y, después de todo, no quería encontrarse con su padre biológico, incluso para resolver cualquier asunto del pasado.

Las heridas se volvieron cicatrices que permanecerían a lo largo de los años; nada iba a cambiar eso.

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—Me volveré más fuerte, Balder —aseguró Loki mientras usaba unos tambaleantes brazos para levantarse y observar al primogénito de Odín—. Puedo convertirme en rey de Asgard. Tengo tantas probabilidades como tú.

El rubio lanzó una carcajada que sonaba como las finas cuerdas de un arpa, crueles a sus oídos, pero hermosas para el resto de los espectadores.

—Lo dudo —replicó Balder—. Tienes una gran carencia y jamás cruzarás esa distancia entre nosotros dos. La convicción que te sostiene es demasiado débil, por eso estoy destinado a prevalecer sobre ti.

—Te equivocas —bufó el moreno, escupiendo las palabras con seguridad—. Lucharé contra ese destino incluso si significa mi propia muerte.

La sonrisa del otro fue amplia y le causó un escalofrío.

Apresúrate en desfallecer, entonces.

Balder era realmente un lobo con la apariencia de oveja.

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El choque de las espadas fue lo único que resonó en medio del barco durante varios segundos, al menos para Loki, ya que los jotun marchaban sobre su lugar, entonando un cántico de tradición durante las peleas. Era un sonido distante pero terrorífico, como una procesión de monjes fantasmas.

Su brazo tembló ante la fuerza de Helblindi. El golpe que había descargado en su contra había lastimado su brazo y tenía que ocupar toda la energía de su cuerpo para mantener la punta de hielo lejos de su pecho.

Gimió bajito y, en un movimiento desesperado, se deslizó a un lado y proyectó un campo de fuerza para deshacer el rápido movimiento del gigante, quien previó su siguiente acción.

—¡Hermano! —Gritó Thor y su voz parecía estar del otro lado de una cascada.

—¡Loki! —Exclamó Steve, casi al unísono con el hijo de Odín.

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Mi deber es protegerte, Loki explicó Thor con una de sus grandes sonrisas. No importa de quién o cuántos. Seremos tú y yo contra el mundo.

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El siguiente golpe de Helblindi hirió su mano y lo hizo soltar la daga. Cayó de espaldas, con un corte profundo en el brazo, pero se apresuró a levantarse. Arrojó una bola de fuego al jotun. Éste se protegió con facilidad del ataque, dándole tiempo a Loki de usar la magia para curarse la herida; si permitía que su oponente lo inutilizara, estaría perdido.

Levantó las manos y controló el agua que yacía bajo el navío. Durante un momento se sacudió la superficie, para después quedar como suspendida por unos enormes tentáculos de agua que salieron proyectados hacia Helblindi; no obstante, nada tenían que ver con el ave que lanzaba a su hermano cuando le daba una —no tan grata— bienvenida a su habitación, si no que eran duros y certeros como látigos.

Uno de ellos tiró al jotun de espaldas y le hizo golpearse en la cabeza, pero al proyectar un segundo golpe, la espada de Helblindi cortó el "látigo" con facilidad.

En pocos segundos estaba nuevamente en pie y corría hacia Loki, quien justo en el momento adecuado, se inclinó hacia la daga a la cual se había acercado durante los últimos segundos. La recogió y dando un giro elegante para rehuir la estocada, clavó el filo justó en el abdomen de su hermano biológico. Éste lanzó un aullido pero, no bien Loki hizo amago de sacar el cuchillo, cuando estiró la mano libre y sujetó su pierna.

Un frío intenso heló el músculo del moreno y se extendió rápido hasta la punta de sus dedos, antes de que él se apartara con un traspié. Loki dejó escapar un gemido que resultaba más producto del temor que al dolor; de hecho, no sentía la pierna. Era como si la hubieran transformado en una piedra.

—Maldición.

Helblindi mostró una risa parecida a la de Balder.

Has perdido, Loki.

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Steve recibió un golpe en la mejilla que lo hizo caer de espaldas contra un gran bote de metal. El rubio encaró a su agresor y frunció el ceño, limpiándose la sangre que le escurría del mentón.

—No tolero a los entrometidos —bufó la sombra que se levantaba sobre él. Steve se levantó, tambaleante.

—Y yo a los abusivos.

Loki fue testigo de la golpiza que le propinó aquel chico a Steve. Interiormente, quería gritar que corriera y escapara por su propio bien, pero el rubio siempre se levantaba por más.

Steve era diferente de él: Guardaba en sí tanta luz y esperanza. Aunque su cuerpo hubiera cambiado, su alma seguía siendo pura. Lo había visto cuando curó sus heridas en el ataque que hicieron en los Acuerdos… lo corroboró al enseñarle magia e introducirse en sus recuerdos.

Extendió la mano hacia el rubio, pero sólo lo traspasó como el fantasma del futuro que era, un intruso que anhelaba proteger al chico delante de él.

Steve…

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—Lo he visto en tus ojos murmuró Helblindi mientras Loki arrastraba su pierna, ahora inútil—: Tu punto de presión ahora es evidente para mí.

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Ni Peggy. Ni Hela.

Steve siempre le había pertenecido a él.

La mujer de cabellos castaños y labios rojos apareció ante él, mostrándole la caja de música; ella era la amada de Rogers por quien su alma corría peligro en vano. La odió con cada fibra de su ser y deseó que no existiera.

El tatuaje del árbol que apareció durante su trato con la reina de Helheim pareció arder y lo hizo gemir.

¿Esto era un sueño, una ilusión, un recuerdo?

Nidhogg estiró sus alas con plumas del Averno y Loki sollozó. Era el destino irrevocable.

—¡Steve! —Gritó con voz estrangulada, pero el rubio no lo sujetó. En cambio, su voz apareció de ningún lado, aunque la sentía en la nuca, donde el aliento del rubio lo golpeaba.

—Yo no soy el indicado para ti; no quería esto. Amo a Peggy.

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Helblindi había estado ganando terreno en los últimos minutos y conectaba más golpes en el rostro y torso de Loki, a quien la sangre le escurría a través de los nuevos cortes.

El pelinegro invocó uno de los últimos fragmentos de su fuerza y proyectó hacia su hermano biológico un ataque que, conforme se acercó al rostro del gigante, se volvió mortífero: Cinco estalactitas, idénticas a la corona de hielo que perforó a Odín en su lecho de muerte, se estiraron para alcanzarlo. Sin embargo, el jotun se movió velozmente y conectó su propia arma contra el hielo y lo quebró en cientos de pedazos que cayeron al suelo con un ruido tintineante, igual que campanas repicando suavemente en la lejanía.

Loki jadeó y retrocedió, levantando la daga de treinta centímetros que le servía para enfrentarse a su hermano. Hace unos momentos, la gracia y rapidez habían sido su mejor aliado, pero desde que su pierna había cedido por el poder del hielo, perdió toda su posible ventaja; cada vez que apoyaba el pie contra el barco, sentía que iba a rompérsele cual paleta de hielo. Gimió y arrastró la pierna —ahora— inútil.

Soslayó a Steve y la inesperada comitiva que los había ido a buscar. Tragó saliva, creyendo que sus propios fluidos eran ácido bajando por su garganta aumentando la ira que le hervía en la boca del estómago.

—¡Loki! —Exclamó Thor a voz en cuello; el aludido no sabía si intentaba animarlo u otra cosa, pues el zumbido en sus oídos le impedía procesar del todo las notas que acompañaban estas palabras. Él estaba demasiado exhausto y había perdido terreno—. ¡Vamos, hermano! ¡Puedes vencerlo!

El hijo de Odín parecía desesperado por entrar en la batalla, pero tal acción se consideraría al nivel de una traición no sólo para los jotun (que, después de lo sucedido en los Acuerdos, poco debía importarles sus maneras), si no para Loki.

La pelea que se estaba llevando a cabo era entre dos gigantes de hielo… más que eso, eran cuestiones de los príncipes de Jötunheim (aunque Loki jamás hubiera sido reconocido con dicho título); a consecuencia, estaba restringido que alguno de ellos tomara partido o le diera su ayuda.

Loki pasó la daga a su otra mano y fijó su atención en Helblindi. No le iba a permitir ganar. Debía sobrevivir.

Nadie volvería a pasarle por encima. Sabía que tenía que ser inteligente. Aunque ganara, los jotun no le dejarían escapar si eran las órdenes de su rey. Y de la misma forma, si él perdía, no se dejaría llevar a Jötunheim.

Todo era una batalla para ganar tiempo y pensar en algo; ambos jotun reconocían eso para sí mismos y habían logrado predecir la traición del otro.

—Creí que eras mucho más prometedor —se mofó el gigante, levantando su brazo y haciendo relucir la armadura de hielo que terminaba en una terrible punta—, pero realmente me has decepcionado mucho, Lopt. He escuchado que tampoco significabas la gran cosa para Odín, pese a que te llevó consigo luego de derrotar a nuestro padre. —Se hizo el silencio durante varios instantes. Loki sabía que el otro estaba dejándole sopesar las palabras, como si éstas mismas fueran cuchillos clavándosele en el corazón. Pero él no se dejó amedrentar; el dolor por aquella vida no era más que una sombra que fácilmente podía controlar, ya que tenía muchos años de práctica—. Dime, ¿cómo te sientes al saber que no tienes ningún lugar para llamarlo tu hogar? ¿Cómo es sentirse inútil a los ojos del mundo? No eres necesario para nadie.

Una leve punzada en el fondo de su alma. Helblindi usaba un tono de voz bajo, para pasar desapercibido por el resto de los espectadores.

—Patético —gruñó en respuesta—. ¿Crees de verdad que caeré en el sentimentalismo más bajo de todos? ¿Realmente necesitas humillarme para engrandecerte antes de ser derrotado?

Helblindi alzó su arma.

—Has perdido, hermano reiteró—. Antes, me dejaste ver tus cartas.

Loki frunció el ceño, genuinamente confundido. Entonces captó el leve movimiento que hicieron los ojos del jotun hacia su espalda y luego vio a Byleist conjurando un poderoso hechizo; a la distancia, lucía como una bola de nieve brillante envuelta en su resplandor azul eléctrico. La esfera, que en el centro era blanca como la nieve, giraba igual que una ventisca.

Su mente se deshizo en posibles conjeturas, cada una peor que la otra, conforme la gama de rostros humanos pasaban delante de sus ojos. Uno de ellos quedaría implicado en la pelea, a pesar de que hasta entonces tanto midgardianos como asgardianos habían hecho lo posible por quedarse al margen. Los gigantes no conocían nada de honor, pero eso no tenía gran importancia ahora.

La verdadera pregunta que debía formularse era: ¿A quién iban a atacar? ¿Creyendo que le importaban más, atacarían a Steve, Thor, Sleipnir o Sigyn? ¿O le estaban haciendo cuestionarse sobre los más importantes pero realmente irían por los amigos de Steve? Ambas posibilidades eran malas. Loki debía evitarlas a cualquier costo.

Miró hacia atrás y captó, sólo por un breve instante, la expresión de Steven. El rubio había empezado a correr en su dirección, adivinando el verdadero objetivo de Byleist, quien había fingido apuntar a los humanos para distraer la atención del hechicero.

Entonces, todo pasó muy rápido: Helblindi descargó una nueva estocada hacia él.

—¡Steve! —Gritaron todos los midgardianos al mismo tiempo que Rogers lanzaba a Mjölnir en dirección al segundo hijo de Laufey.

El arma se impactó contra el hombro del jotun y éste cayó hacia atrás, pero de cualquier manera, arrojó el hechizo con una puntería certera hacia Loki. El moreno, protegiéndose del ataque del jotun con quien realmente estaba luchando, descuidó por completo el flanco de Byleist.

Steve, no obstante, no permitió que llegara a golpear al aturdido Loki, pues justo cuando desvió el golpe de Helblindi, el rubio tiró de sus hombros y lo estampó contra el suelo. El moreno chocó la cabeza contra el suelo y por un momento, la confusión y el zumbido en sus oídos se sobrepusieron a todo lo demás. La cabeza le dio repetidas vueltas y su vista se hizo borrosa mientras levantaba la mirada y veía cómo en cámara lenta, el pecho de Rogers era alcanzado por el hechizo del gigante.

Los ojos de Loki se abrieron grandes al verlo salir proyectado hacia atrás, golpeando la cubierta con un ruido sordo y pesado. El canto de los gigantes paró al instante y en las cuevas que los rodeaban, hubo algunos gruñidos melódicos, como el sonido discordante de un piano.

—Steve… —jadeó y extendió la mano hacia el cuerpo del rubio, el cual se sacudía ligeramente, recordándole a Thor después de tocar el Ojo de Niflheim—. Steve… —repitió con la voz teñida de incredulidad y miedo a partes iguales.

Miró a Helblindi, quien parecía no tan satisfecho con el resultado de los eventos. Una parte de Loki advirtió que él había pensado cumplir su palabra, pero ahora eso carecía de significado. Con una mirada punzante de odio, el moreno se arrastró hasta quedar a un lado del rubio y le pasó el brazo detrás del cuello.

Atrás, los humanos parecieron salir de su estupor y echaron a correr en dirección hacia ambos, llamando a gritos a Rogers. Loki ni siquiera les prestó demasiada atención, pues observaba alarmado los jadeos profusos de Steven, luchando por recuperar el aire; tenía la boca abierta en una mueca extraña de dolor y los ojos vidriosos, había contraído las —temblorosas— manos, llevándolas hasta su pecho para restregar las uñas contra la piel, como si intentase desgarrarse y sacar un monstruo del interior.

El iris azul chocó con el verde durante un momento. De la garganta de Steve brotó un gemido adolorido y desesperado que le hizo sentirse impotente.

—Steve —volvió a llamarlo, imitando una letanía—. No, no. Steve.

—Por los Dioses —jadeó alguien a su lado, a quien Loki identificó como Sigyn; la voz de la mujer poseía un timbre de abatimiento tan latente que Laufeyson deseó gritar—. Está muy frío.

—¡Eres un bastardo malnacido! —Gritó Tony Stark, con las venas saltándole en la piel mientras señalaba al primogénito de Laufey—. ¡Voy a destrozar tu cráneo como si fuera una uva!

Intentó abalanzarse hasta el príncipe, pero los brazos de Bruce y Clint lo detuvieron justo a tiempo. Sleipnir relinchó en la distancia, un sonido enfebrecido y amenazante. Thor se encargó de sujetarlo antes de que se proyectara en contra de los jotun; el rubio miró a su hermano, quien sostenía la cabeza de Steve y la atraía hacia su pecho, igual que si intentara darle en un abrazo todo el calor que rápidamente estaba perdiendo.

—Debe haber un hechizo —murmuró y trató de recordar alguno que incluyera un poco de calor para aliviar el cuerpo de Steve. La voz de Natasha se hizo oír por encima del coro de voces iracundas que envolvía su cerebro.

—No lo haga —ordenó la pelirroja—. En su estado mental de cataclismo, podría hacerle daño.

—¡Cállate! —Gritó él, pero renunció a la búsqueda de un hechizo y se limitó a abrazar a Steve. Notó que el rubio llevaba sus manos hasta las suyas y se las apretaba débilmente; el temblor constataba el frío que se iba extendiendo a través de sus venas conforme se bombeaba la sangre—. Steve. Mi Steve. No te mueras, por favor.

—Va a congelarse —indicó Thor con voz grave, pero quebrada ante la escena que ofrecía su hermano; tan vulnerable y rota—. Es imposible ayudarlo: Ha golpeado su corazón directamente.

—Se trata de una magia muy poderosa —añadió Helblindi, ignorando la perorata de Tony, acercándose al grupo e inclinándose; una mueca de consternación le convertía el rostro en una extraña máscara de compasión.

Loki juntó su frente con la de Steve y partió su propio silencio con un gimoteo que a le pareció surreal incluso a él.

—Tú dijiste que podría regresar contigo a Midgard… que ese sería mi nuevo hogar —murmuró, sin apartar la vista de los ojos azules del rubio. Le acarició el rostro, con las lágrimas empezando a asomar de sus ojos—. Así que, por favor, no te mueras.

Loki sentía que su alma se había partido en miles de pedazos. No era capaz de hilar ningún pensamiento coherente y estaba, como bien había señalado Romanoff, en medio de una catástrofe personal. Los labios de Steve temblaban tan rápido como el batir de las alas de un colibrí, por lo que él creyó que era su imaginación cuando escuchó la voz del menor abriéndose paso a través de las sombras.

—Lo-Loki… —murmuró quedito—…dón… perdón. —Sus pestañas se agitaban mientras cerraba los ojos, pero el moreno lo sacudió.

—¡No te duermas! Escúchame: Quiero ir contigo a Midgard —dijo—. Por favor… tú eres… tú eres mi única luz.

Las palabras le brotaban sin que él pudiera meditarlas. Con Steve daba rienda a todas sus emociones, se sentía libre… y ahora lo estaba perdiendo todo porque, una vez más, no había sido lo suficientemente fuerte.

—Es inútil —intervino Helblindi, desalentador; más allá se oían los aullidos de dolor de su hermano, al cual ignoraba olímpicamente—. No hay poder en la Tierra que pueda salvar al midgardiano. Nada, excepto el Cofre de los Inviernos Antiguos.

Thor miró al príncipe con ojos tan refulgentes como los truenos que invocaba Mjölnir, al cual llamó y levantó hacia el gigante.

—El Cofre fue robado hace años de la habitación de las Reliquias.

—Lo sé —replicó el gigante—: Un contacto nuestro fue quien lo envió con nosotros a Jötunheim, para sellar nuestra amistad. Pero, si vienen con nosotros, él podrá salvarse. Si no, quedará congelado por toda la eternidad.

Hubo sonidos de protestas; la única que fue capaz de identificar Loki, resultó provenir de Stark:

—¡Hirieron de muerte a nuestro amigo para tomarnos como rehenes!

—No. No era mi intención lastimarlo. Él es… —hizo una pausa y sacudió la cabeza—. Mi hermano será castigado por su traición.

Loki apretó la mano de Steve y fijó su atención en Helblindi.

—Iré a Jötunheim por voluntad propia, si así salvaré a Steven —decretó con toda la seguridad que fue capaz de reunir. Rogers gimió en protesta y él lo miró, haciendo caso omiso de las miradas incrédulas de todos en el barco—. Te pondrás bien. Ahora te toca confiar en mí. Yo voy a salvarte, así me cueste la vida.

Continuará...


NOTAS:

[1], *, **, ***: Fragmentos escogidos del poema La sirena, escrito por A. Tennyson.

[2] Bueno, en la mitología griega solían representarse a las sirenas como híbridos de mujeres y aves a propósito de su hermoso canto. No sé, me dio por meter ambas concepciones en la historia, a fin que no se sufre mucho por el pedazo que ocuparon estas criaturas (:3)

[3] Anne Rice, Lestat el vampiro.


Bueno, sólo me resta esperar que les haya gustado. Lamento la falta de romance, he descubierto que últimamente tengo algo de problemas con el tema en general con muchas historias (xP). Pero, con Steve al borde de la muerte, chance me da tiempo de trabajar un poco más las otras parejas y exponerle a Loki su situación (aunque creo que por aquí, él mismo comienza a aceptarlo).

Pero, ahora que lo hace, ¿cómo reaccionará Hela? (Ya la extraño, por Yggdrasil). ¿Qué quiere Laufey de su hijo? ¿Cómo van los planes de Balder y Algrim? Algo es seguro, la verdadera batalla está por comenzar (?). Lo siento, debe ser el sueño y el catarro (xD)

¡El rectángulo los está esperando! Muchas gracias por leer.

PD: Juro que el Canto de Seriên fue una de las primeras cosas que pensé del fic y no tiene nada qué ver con Frozen, por mucho que lo parezca. En cambio, la ambientación del lugar sí tiene mucho de Sinbad, la película animada.

PD2 (Para Luna Asami): Lamento no responderte desde que vi tu review (xD), estaba segura de que no tardaría y después sólo me dio vergüenza admitir que no me salía nada, pero la canción sí es invención mía; me hace muy feliz que te haya gustado.