Abrió la puerta con cautela y salió hacia el bullpen a paso lento. Para su sorpresa no había nadie allí, solo Wylie. Éste al percibir la presencia de Lisbon se tensó. Ella no lo pasó por alto; años de experiencia con Jane la habían vuelto mas sensible al lenguaje corporal.
-Tranquilo Wylie, no voy a morderte.-dijo sin mirarle, directa a su escritorio.
-Lo sé, yo...
-Déjalo estar, Wylie.-dijo cerrando los ojos y negando con la cabeza. Wylie se quedó pensativo un momento y se volvió hacia su ordenador.
-¿Quieres que te enseñe a utilizar el programa de rastreo?-preguntó de golpe.
-Sé como se maneja.-respondió con superioridad.
-¿En serio?
-No tengo la más mínima idea.- dijo después de unos segundos.
Wylie rió ante su desesperación y se levantó para desplazar su silla hacia donde se encontraba Lisbon.
-Bien, veamos...-empezó.- Ese es el icono del programa.-dijo señalando un símbolo azul en la pantalla. Lisbon asintió y abrió el archivo.- Bien. No es muy difícil de usar, solo tienes que coger práctica. Escribe el nombre del chico y selecciona el archivo que te aparezca. Tendrás toda su información: nombre, familiares, vida personal, laboral, estudios...- Lisbon obedeció y abrió los ojos de par en par.
-Wow, nunca había hecho esto, siempre me daban los archivos.
-Sienta bien ¿eh?, somos como ninjas.
Lisbon le miró sorprendida pero aun así con una sonrisa en la cara.
-¿Ninjas? ¿En serio, Wylie?-rió.
Estuvieron un par de horas rastreando al individuo en cuestión, la primera parte fue fácil pero saber dónde está alguien en cada momento ya no es tarea de niños.
-¡Beaumont!-gritó Lisbon a la vez que se ponía en pie y señalaba la pantalla. Sonrió de oreja a oreja orgullosa de su trabajo. Los demás agentes la miraban con curiosidad, salvo por Jane y Rigsby, que soltaron una carcajada. Se acercaron a ellos y miraron la pantalla. Efectivamente, el sospechoso se encontraba en Beaumont, Texas, solo necesitaban saber dónde exactamente.
Lisbon se sentó de nuevo, esta vez un poco mareada y ciertamente, exhausta. Empezaba a estar incómoda.
-Ya sigo yo, Lisbon.- se ofreció Wylie.
Y ella debía estar realmente incómoda porque asintió y se fue directa al sillón de Jane. Y él tras ella, por supuesto, como un fiel sabueso.
-Hey.-empezó él dulcemente.- Vete a casa.
-Debería.-suspiró.-Creo que por una vez te haré caso.
-Apunten en el calendario el día de hoy señores, ¡Teresa Jane Lisbon haciéndome caso!- exageró él moviendo los brazos.
-No te acostumbres.- le sonrió ella.
-De haber sabido que me harías caso, hubiese hecho esto hace mucho tiempo.-dijo señalando a su barriga. Como respuesta solo obtuvo un golpe en el pecho que le hizo sonreír.-Vamos a casa, preciosa.-dijo mientras la ayudaba a levantarse, por lo que su voz sonó pesada y entrecortada. Llamó la atención de Cho para indicarle con la cabeza que se marchaban. Él simplemente asintió y volvió su mirada a la pantalla.
Una vez en su nueva casa, Jane acompañó a Lisbon hacia el sillón y la ayudó a acomodarse. Acercó la pequeña mesa que tenía enfrente y colocó diversos frascos con vitaminas, ácido fólico y otras que ella desconocía pero Jane la obligaba a tomar; una botella de agua y varias revistas.
-Patrick, estoy embarazada, no inválida.
-Ya lo sé, pero quiero que estés lo más cómoda posible.-se agachó para darle un beso.-¿Sabes? Se me había olvidado, todos los Rigsbys están aquí, en Austin, ¿Por qué no invitas a Grace a casa? Así estará un rato contigo.
A Lisbon se le iluminó la cara.
-¿De veras? Sí, sí, por supuesto, necesito hablar con ella.
-Bien. Yo me voy, pero si necesitas algo no dudes en llamar ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
Él se disponía a partir pero ella le detuvo carraspeando teatralmente. Levantó las cejas y estiró los labios hacia delante. Él rió sonoramente y relajó sus hombros, deshaciendo el camino que había hecho para encontrarse con ella otra vez. Puso una mano en su pelo y otra en su estómago y volvió a besarla, esta vez con más intensidad.
-Te estás volviendo caprichosa.-sonrió Jane contra sus labios.
-Cállate. Yo firmé para ello, tengo derecho.
Jane se rió ante el comentario y recordó el momento que habían ido juntos a rellenar los papeles matrimoniales. Se agachó y le dio un beso en la barriga.
-Adiós a ti también.
No pasó siquiera una hora cuando Lisbon estaba incómoda otra vez. Se las arregló para levantarse y comenzó a caminar en círculos para estirar las piernas. Con una mano en la parte de atrás de su espalda fue directa hacia su teléfono y marcó el número de Grace VanPelt. Un rato de charla le bastó para que la pelirroja aceptara su invitación y fuera en su "socorro".
-¡Tía Terezaa!- gritó la pequeña Maddie mientras corría hacia ella. Lisbon se agachó para estar a su altura y la atrapó en un fuerte abrazo.
-¡Pero mírate, que grande estás!
-Tía Tereza, ¿tienez limonada?
-No, pero puedes ayudarme a prepararla.- Le guiñó un ojo.
-¡Bien!-gritó corriendo hacia el interior de la casa.
Grace salió del coche y se fundieron en un abrazo.
-Lo siento, Lisbon, es todo un personaje.
-Es preciosa.
-Bueno¿Y tú qué? ¿Nerviosa?-preguntó VanPelt, claramente refiriéndose al bebé.
-Aterrorizada.-confesó
-Lo harás bien, créeme, has pasado por cosas peores.
-Todo el mundo me dice lo mismo.-sonrió tímidamente.- Pero, no me preocupa el dolor físico...¿Y si no soy capaz de cuidarlo?
-Oh, vamos, Lisbon, no digas tonterías, lo harás muy bien. Además, tienes a Jane.
-Sí...
Las tres estaban en la cocina, preparando la esperada limonada y algunas galletas, debatiendo con Maddie sobre dibujos animados y riéndose con ella a cada momento. De repente, Maddie hizo algo inesperado.
-Tía Tereza, ¿puedo ezcuchar a tu bebé?
Con una sonrisa en la cara, Tía Teresa no pudo más que asentir y dejarle claro a Maddie que no hacia falta que preguntara. Llevaron las cosas hacia la mesita de la sala de estar y las tres se sentaron en el sillón. Maddie en medio de ellas, se estiró hacia la barriga de Lisbon y puso su oreja en ella. Se estuvo quieta un rato pero de repente se apartó abruptamente.
-¡Ze ha movido!-dijo con la boca abierta. Y volvió a colocar su oreja. Lisbon miró a VanPelt e hizo un movimiento de cejas sonriendo.
-Sí, lo ha hecho, te está saludando.-dijo Lisbon suavemente. Pero Maddie ya estaba ligeramente dormida sobre ella.
-Llévala a nuestra habitación.-susurró Lisbon a VanPelt, y ésta asintió.
-A ver pequeña.-dijo la madre agarrando a Maddie.
-Mami, no me quiero ir.-susurró contra su cuello.
-No nos vamos, tesoro, solo a dormir una siesta en la cama de la tía Teresa.
Cerró la puerta al salir y se reunió otra vez con su ex-jefa.
-Lo siento mucho, Lisbon, de veras.
-Nada de disculpas. Me encanta que se sienta a gusto. Venid cuantas veces queráis, siempre seréis bienvenidos.
VanPelt se limitó a suspirar y a ofrecerle una amplia sonrisa.
-Entonces,- empezó misteriosa.- sospecho que no me has llamado solo para hacer limonada.-finalizó arqueando una ceja.
-No.-se llevó una mano a la parte baja de su barriga y prosiguió.- ¿A ti también te hacían comentarios sobre tu aspecto?
-¿Wayne te ha dicho algo indebido? Porque te juro que no sería su intención, no se da cuenta, lo siento, yo...-se alarmó VanPelt.
-No, no, no ha sido solo él. Es que... verás...tengo miedo de que algo vaya mal. Solo estoy de cinco meses y parece que esté de ocho, como muy bien dijo Cho. ¿No estará ocurriendo algo malo?
-Lisbon, no sé que decirte. Personalmente, no creo que ocurra nada pero para salir de dudas puedes ir al médico.
-Jane me ha dicho lo mismo. Pero...-se quedó callada un momento.
-¿Quieres que yo te acompañe?-observó con una dulce sonrisa.
-Por favor.- susurró.
-Está bien. Iremos juntas.- le apretó cariñosamente el hombro.- Dejo a Maddie con la canguro y vengo a buscarte ¿sí?
-No sabes cuánto te lo agradezco.
-No hay de qué, jefa.- le guiñó un ojo y se incorporó para recoger a su hija.
En un par de horas sabría qué era lo que estaba ocurriendo. Y no podía estar más nerviosa.
