Todo el viaje hacia el hospital fue pura tensión. VanPelt, al volante, no sabía con qué conversar con Lisbon y eso la inquietaba. Mientras tanto, Lisbon no paraba de temblar; tamborileaba los dedos contra el espacio entre la ventana y la puerta y con la otra mano jugueteaba con un botón de su blusa, abrochándolo y desabrochándolo repetidas veces.
-¿Es usted su pareja?-preguntó la doctora a VanPelt que se sonrojó al momento.
-No, es una amiga.-respondió Lisbon instantáneamente.-¿Supone algún problema que se quede?
-No, no, por supuesto que no. Es solo que lo más habitual es que venga el padre. Pero no se preocupe.-se giró hacia el monitor.
-Escucha si quieres que me vaya, puedo esperar fuera.-susurró VanPelt a Lisbon.
-No. No, por favor.-suplicó. VanPelt le estrechó el hombro para darle el poco apoyo que podía ofrecerle.
-Está bien. Comencemos.-Empezó la doctora.- Esto no duele ¿de acuerdo? Solo levante su blusa para dejar la barriga al descubierto.-Lisbon asintió en silencio y obedeció.- Así, perfecto. Vale, le aplicaré este gel para que la ecografía tenga un mejor resultado.- Lisbon volvió a agitar la cabeza y de estremeció un poco al contacto con el frio gel.- Lo sé. Está helado, no sé por qué no fabrican productos más tibios. ¿Es que no piensan en las mujeres?- Era evidente que intentaba alentar a la pobre Lisbon, que temblaba en la camilla a más no poder. Teresa simplemente curvó los labios en una media sonrisa mientras se autoconvencía de que todo estaría bien.
-Wow...-susurró Lisbon al ver la imagen.
-Bueno, parece que todo está perfectamente.-comentó la mujer mientras le recorría el aparato contra su barriga.
-¿Lo ves? Te lo dije.- le recordó VanPelt a Lisbon.
-Ajá...-fue todo lo que dijo Lisbon. Estaba admirando la imagen en blanco y negro que tenía delante, contemplando cada detalle, intentando entender e imaginar que su hijo era el conjunto de alguna de esas manchas. Pero algo llamó su atención.- Espere, ¿qué es eso?
-Está usted total y absolutamente segura que no oyó nada la noche del asesinato?- preguntó Cho a Lauren Brooks.
-Una vez más, no. No oí nada, ni olí nada, ni toqué nada la noche del asesinato.
-Qué relación tenía con la víctima?
-Era una chica simpática.
-Y nada más? Como era en el vecindario?
-Tranquila.
Cho suspiró pesadamente pensando en desistir, cuando Wiley preguntó:
-Había hablado con ella recientemente?
-Sí, vino a verme hace unas semanas. Estuvimos charlando y tomando el té. Me contó que había conocido a alguien...
-A quién?- la cortó Cho.
-No lo sé, no estaba prestando atención. A alguien del trabajo. Solo me acuerdo que mencionó que era amable con ella.
-Dónde trabajaba?
-En la Escuela de Artes municipal.
-Eso es todo.
-Muchas gracias- añadió Wiley.
Salieron los dos por la puerta algo desanimados, si uno se fijaba bien podía ver la decepción de Cho en sus ojos. Wiley lo hizo y decidió alentar a su amigo.
-Has visto que salón más horrible? Tiene animales de vidrio por todas partes.
-Sí. Volvamos.
-Esto no suele pasar...- comenzó la doctora.
-Definitivamente siempre hay una primera vez.- comentó Van Pelt.
-Lisbon no decía nada; tenía los ojos como platos y no dejaba de mirar a la pantalla.
-Es normal que haya ocurrido. A esta edad augmentan las probabilidades de...
-¿Cómo no se habían dado cuenta?- cortó Lisbon.
-Bueno, la última vez que vino, usted estaba de unos pocos meses por lo que era difícil saber que...
-En ese momento sonó un teléfono, el de Lisbon más concretamente. Lo cual le vino bien a Lisbon para salir de la habitación con una excusa.
-Lisbon.
-Eres Jane, ahora.- remarcó Cho por la otra línea.
-¿Qué pasa, Cho?
-Jane está en el hospital. Morton le ha pegado.
-¿Que qué? ¿Qué ha hecho esta vez?
-Ha sido él mismo.-Cho sintió el suspiro cansado de Lisbon.
-Voy para allá.
-Van Pelt ya había salido de la habitación mientras Lisbon hablaba con Cho y se dirigía a ella rápidamente.
-Lisbon, tengo que irme, la niñera se va en media hora.
-Está bien. No te preocupes.
-No vienes?
-No. Jane está en el hospital.
-Qué dulce, ¿ha venido a buscarte?
-Ojalá. Desbe estar en alguna camilla del segundo piso. Un sospechoso le ha pegado.
-Dios mío, ¿y está bien?
-Cho no parecía muy preocupado...
-Buena suerte.- le dijo guiñándole un ojo.
-Gracias por acompañarme.
Se despidieron con un abrazo y Lisbon se dirigió tan rápido como pudo al segundo piso. Paró en una pequeña recepción para tener una no tan agradable discusión con la recepcionista y al fin la dejaron pasar para que viera a su marido. Cuando entró el aun dormía a causa de la anestesia. Dejó caer su bolso en el suelo y se sentó en una silla reposando la frente en la palma de sus manos.
-Patrick, ¿que has hecho esta vez?- dijo a nadie en particular.
-Nada. Soy adorable.- murmuró Jane desde la camilla. Esto sobresaltó a Lisbon y se levantó rápidamente para colocarse junto a la cama. Alargó la mano y sacó un mechón rubio de su frente mientras él abría los ojos. Una vez abiertos, Lisbon arqueó las cejas.- Bueno...-Lisbon sonrió- puedo haber comentado a Morton que su novia lo engañaba.
-¿Y es cierto?- respondió ella dulcemente acariciándole el pelo.
-La duda ofende...-dijo Jane con una sonrisa que borró de su rostro al notar cuanto le dolía la cara. Lisbon, por supuesto, notó ese detalle.
-Eres un idiota.- susurró sin dejar de jugar con sus rizos rubios.
-Tal vez, pero si no me hubiera pegado las cosas se habrían complicado mucho.
-¿Sabes quién mató a la chica?
-Siempre ese tono de sorpresa...- fue su ultimo comentario antes de cerrar los ojos con la media sonrisa que le permitía el dolor.
