Disclaimer: Matantei Loki (tomos del 1 al 7) y Matantei Loki Ragnarok (tomos del 8 al 12), son propiedad intelectual de Kinoshita Sakura, siendo editadas y distribuidas por las editoriales Squar-Enix y MadGlobe.
Capitulo IV
"Lágrimas de un corazón roto"
by Lifheith
Fue muy divertido anoche...
Y otra vez la frase del día volvía a resonar en su mente. Si ya de por sí se sentía mal por estar deseando a su enemigo en la semana más larga de su vida, se sentía el triple de mierda por haber concretado su fantasía. Sí. La gran y mismísima, mierda; mierda, por haber engañado a su flamante prometido que nada tenía que ver con todo lo que le pasaba, al contrario, era tan bueno e ingenuo que a veces daban ganas de golpearlo; mierda, por estar haciendo de defensora de la Virginidad y la Castidad para después encamarse con el primero que se le cruzaba. Seguramente ese desgraciado debía estar regodeándose por todos los rincones del pueblucho por marcar el gol de su vida. Mierda.
Volvió a encogerse en el pequeño rincón que ocupaba desde que había salido de la cama, sin muchas ganas de moverse, pensando que, si se mantenía lo suficientemente quieta, le saldrían raíces y conseguiría que la tierra la tragara de una vez, porque la vergüenza que sentía, era mucha como para soportarla ella sola. Necesitaba irse, y rápido si quería conservar la poca cordura que le quedaba. Total, si se casaba y pasaba la mejor Noche de Bodas de su vida, todo aquello se le olvidaría antes de decir misterio.
Hablando de misterios... ¿dónde se había metido el violador en potencia?
Levantándose, comenzó a inspeccionar toda la casa buscando algún rastro de donde podría haberse escondido. Ó, en el mejor de los casos, ido, porque el saco que solía llevar no estaba sobre el sillón, como de costumbre.
Genial, una noche y actúas como si fueras su esposa. Patético.
Otra vez, mierda.
Se dejó caer sobre el mullido sofá, tapándose la cara para proteger los ojos de la molesta luz del Sol que se colaba por las ventanas.
Estaba metida en un flor de problema. Gordo. Pero... ya ni ganas tenía de pensar.
Mierda. Si despertarse por las mañanas ya era malo, ahora resultaba que tenía que lidiar con un maldito dolor de cabeza que martillaba su cerebro y se lo hacía latir, vengándose de toda la psicodelia de la noche anterior. Sí, había sido libertinaje puro desde que se había encamado con la prometida del idiota, acabando en el bar para beber y festejar el regocijo que significaba ganarle una Freyr luego de todo lo que había hecho. Seh, él le había arrancado gemidos a la puta, pero ahora parecía que Freya estaba tratando de hacer justicia dibina por haberla... ¿forzado? Que lo si siguieran torturando, porque él ya no podría ser más feliz.
Frustrado, se revolvió en la cama y se llevó ambas manos a la cara, tapando sus ojos, maldiciendo hasta a la última criatura que vivía en la Tierra por la endemoniada resaca que parecía no querer darle tregua.
¿Dije que lo soportaría? Puta madre, ¡quítenme esta mierda ya!
—¡ARGH, maldición! ¡La cabeza me está matando!—se quejó al fin, sentándose de golpe para mirar iracundo a Thor que estana de lo más calmado lustrando a su Mjolnir.
Este ladeo la cabeza mirándolo de reojo, mofándose de su mala suerte.
—Eso te pasa por beber como un animal sin pensar en las consecuencias—rió, ganándose un gruñido por parte de su interlocutor.
—¿Podrías callarte y pasarme la taza de café que te pedí hace media hora?
—De acuerdo, de acuerdo, poniéndote violento no llegas a nada.—Levantó ambas manos frente a su cuerpo en señal de derrota y que no deseaba pelear, acercándole una taza de manera cuarteada que tenía sobre la mesita de noche. Pensó que esa pequeña mofa al status social de Loki acabaría en masacre, empero, para su sorpresa, el chico cogió la taza tan feliz que hasta podría decirse que a su alrededir brillaba un aura pura y blanca con música celestial.
—¡Oh, amado y sagrado café! Bendito seas por sacarme la resaca de todos los días.
Miró al techo y levantó los brazos en pose de alabanza, casi llorando de pura emoción. Acabar con toda su parafernalia, torció el cuello para mirar cínico a su acompañante—. ¿Por qué no me cedes esa capacidad tuya de soportar el alcohol? Tienes la mejor cualidad de entre los Dioses y no la sabes aprovechar.
—Será porque yo sí se apreciar mi vida.
—No me gustó como sonó eso—torció el gesto, dándole un sorbo a su café.
—Tómalo como quieras, pero por favor, hazme el favor de recuperarte pronto, que no tengo ni la menor intención de soportar sólo al Ejército de Freyr—sentenció, dándole la última pulita al yunque de su martillo.
Loki, ante la sola mención del ser repugnante, se atragantó con el líquido y comenzó a toser violentamente, golpeándose el pecho con el puño para tratar de recuperarse.
Frunció el ceño.
—¿¡CÓMO QUE YA ARREGLASTE EL ENCUENTRO CON EL IMBÉCIL ESE!?—gritó, golpeándose el pecho.
La cara de asco de su sobrino era pronunciada.
—Sí, envié un mensajero ayer en la noche.
—¡SERÁS IDIOTA! En ningún momento te dije que lo hicieras. ¿No ves que así estas desperdiciando todo mi jodido esfuerzo?
—Tener a Mayura en este lugar no tiene el menor sentido. Ni Freyr ni tú hicieron un movimiento, aunque claro, no cuenta para nada ir a fiestas y esas cosas.
—¡Ese es el punto!—estepó, levantándose de la como impulsado por un resolte, acercándose a un tranquilo Thor para agarrarlo del cuello de la camisa con auténticas ganas de matarlo—. Ni en todos los años que llevamos juntos tuve tantas ganas de romperte la cara.
—Hazlo. No pienso permitir que Mayura se quede un día más con nosotros; no se lo merece. ¿O qué? ¿Vas a decirme que la razón por la que quieres que se quede es porque te gusta? Si es así yo...
El último comentario le cayó como agua fría al Striker. Se puso pálido de repente y lo soltó de golpe.
¿Qué si se había enamorado de Mayura? ¿Se podía saber qué clase de estupideces eran esas? Ni en su puta vida iba a volver a enamorarse, y cuando decía nunca, hablaba muy enserio. Tan enserio que ni oír la palabra podía. Había aprendido la lección de la manera difícil, y no estaba dispuesto a volver a repetir la experiencia. Porque enamorarse era sinónimo de sufrimiento, y para eso justamente existía él, para traer desdichas a los humanos descuidados que pasaran por su camino, repartiendo su venganza con todos, para que sintieran, en carne propia, todo lo que él sintió cuando... Ya no valía la pena recordarlo, tenía que concentrarse en el nuevo problema que se le planteaba.
Resignado, se pasó una mano por el pelo y volteó dándole la espalda a Thor, que no paraba de clavarle la mirada en la nuca.
—De acuerdo, tú ganas, regresaremos a la chica a su casa.
Pudo sentir el cántico de victoria y gruñó para sus adentros. No soportaba perder.
Algo dentro suyo le decía que debió hacer caso a su orgullo, ya que esa sería la peor decisión que podría haber tomado.
-¡Ábreme la puerta maldito desgraciado! ¡Sé que estás del otro lado!
Las cosas iban de mal en peor: primero, era secuestrada por sujeto uno que quería vengarse por sabe quien que cosa y segundo, sujeto uno se la folla a gusto para luego dejarla encerrada como un animal. ¿Qué clase de trato era ese?
¿Cómo esperabas que te tratará? ¿Cómo una reina? Sólo por sí lo olvidaste, estás S-E-C-U-E-S-T-R-A-D-A
Maldita sea su conciencia que parecía ser mucho más sensata que ella misma. Resignada, se sienta al lado de la puerta con las rodillas tocándole los hombros, abrazándose a ellas y ocultando la cabeza, deseando que algún milagro sucediese para poder salir de una vez de ese lugar, porque se estaba cansando de repetirse mentalmente siempre lo mismo y de martirizarse hasta el punto de creer que todo lo que le pasaba era justo y que no se merecía ni besar el suelo por el que caminaba el príncipe heredero.
Sí algo era cierto, y tenía que aceptarlo, era que Loki le gustaba, mucho le gustaba, hasta el punto de impulsarla a hacer cosas que ni en su soberana vida haría estando cuerda. Es una droga. Por otra parte, y con creses, amaba a Freyr: fue el único que la había contenido por la muerte de su padre, y como si fuera poco, la había llevado a vivir al castillo; demasiado como para ignorarlo. Es una vaina. Haciendo un balance, la razón le gana al corazón, y decidió que su obsesión debía parar antes de lastimar a más gente. Porque las razones del corazón no las entiende la razón.
Sí, eso haría.
Irónico, estas dejando ir algo que nunca fue tuyo
Con una nueva decisión tomada, se levanta y sacude la camisa que llevaba puesta como único cobertor, precipitándose luego para la puerta, haciendo un último esfuerzo por salir de la casa. Luego de dar tres golpes de puño, esta se abre de golpe, dejando ver a las dos personas con la que estuvo compartiendo su vida la última semana. Uno de ellos no se veía muy contento que digamos.
—Ponte algo encima, te llevaremos de vuelta.
Sin dar crédito a sus oídos, preguntó—: ¿N-N-o me est-ás engañando? ¿De verdad me llevarás de vuelta?
—¿Estás sorda o no fui lo suficientemente claro? Agarra cualquier cosa para cubrirte que te llevamos de vuelta.
A pesar de todos sus intentos por no llorar, la euforia por semejante declaración fue demasiada como para aguantar.
—Que alegría—sollozó, cubriéndose la nariz y la boca con ambas manos.
En ese preciso instante, el rubio sintió un enorme vacío en el estómago. Si algo no soportaba, era ver a una mujer llorar, y sobre todo a esta en particular.
—Hey, hey tranquila. Comprendo que estés emocionada, pero tampoco es para tanto—trató de calmarla Thor cobijándola un poco entre sus brazos—. Deja de llorar, por favor.
La aludida solo asintió con una sonrisa ladeada.
—No siento para nada interrumpir su teatro barato pero—hizo una pausa masticando las palabras con receso—, si no se apuran, el cochero se cansará de esperarlos.
—¿No vienes? Tal vez quieras despedirte adecuadamente de Mayura.
—Ni loco me subo a uno de esos—señalo el carruaje y luego agregó—: Llegaré igual a darle mis saludos al idiota ese.
—Seguro. Vamos.
Apoyo un largo abrigo sobre los hombros de la chica y pasó el brazo rodeándola por la cintura, para comenzar a dirigirla hasta su transporte.
Antes de cruzar el umbral de la puerta, no pudo evitar mirar hacía atrás y echarle un último vistazo al que fue su amante, que estaba de espaldas y con los brazos a los costados de su cuerpo.
Jamás había sentido semejante angustia al alejarse de alguien, y solo sabría la razón en el momento menos indicado.
Todo un ejército se encontraba a la espera del enemigo, estratégicamente ubicado en diferentes zonas para cubrir el mayor radio posible y así atrapar con éxito al escurridizo semi-dios.
Freyr tenía una extraña mezcla de sentimientos entre la felicidad que lo llenaba por ver de vuelta a su Princesa, y la furia poco conocida por cierta personita que sabía como meterle el dedo en la yaga. Se las pagaría muy caro, de eso estaba seguro.
Ya había llegado la hora pactada y todos comenzaron a ponerse en guardia al escuchar el sonido del galope de los caballos que corrían desbocados. Una carroza negra se situó rápidamente en el epicentro de la infantería. El caballo del monarca avanzó unos pasos.
—Muy buenos días, no me esperaba semejante Comité de bienvenida de tu parte Freyr.
—Thor, no estoy para bromas en este momento, dame a mi Princesa ahora mismo o yo...
La risa del castaño lo interrumpió.
—¿Qué me vas a hacer? Vamos, los dos sabemos que eres demasiado tonto como para hacerme daño, y además, yo no tengo nada en tu contra. Sabes muy bien que a mi no me pinta para nada toda esta situación.
La inesperada seriedad de su interlocutor lo hizo bajar la cabeza.
—Lo sé muy bien, créeme. Lo siento, pero por favor... déjame verla—cambió su tono a uno más angustioso.
—Si me lo pides así...
Ayudó a bajar a la pelirosada que no paraba de soltar murmullos de felicidad.
—Freyr... —susurró un poco amedrentada.
—¡Princesa!—gritó bajando del corcel, corriendo a abrazarla.
Ella enterró su rostro en su pecho y se dejó rodear por los hombros.
—Tenía mucho miedo!
—Lo sé, ahora estás conmigo. No tienes nada que temer.
Una serie de asentamientos de cabeza le siguieron después.
—Thor, no sabes cuanto te agradezco que la hayas traído.
—No tienes que agradecer. Al fin y al cabo el problema es entre Loki y tú, ella no tiene nada que ver.
—General, ordénele a las tropas que lo dejen ir, él no es un enemigo—ordenó dejando a Mayura en manos de un soldado.
—¡Sí, Señor!
Cada uno de los soldados comenzó a salir de sus puestos hasta ponerse en una impecable fila frente de su líder.
—Ya puedes irte.
—Ahora soy yo el que tiene que darte las gracias.
Silencio. El sonido del viento peinado las hojas de los árboles traía mal augurio, más cuando una sombra se movió rápidamente hasta quedar frente al rango visual de todos.
—Muy mal, no está bien fraternizar con el enemigo.
—¡LOKI!—bramó con furia.
—¿Dónde quedó toda la tranquilidad? Descuida, no vengo hacerte daño ni a ti y a la perra, sólo vengo a darte una advertencia.
—Ten cuidado cuando te refieres a Mayura.
—Si como digasledió la razón como a los locos, mirándose las uñas—. La cosa aquí es sencilla: no voy a descansar hasta verte destruido.
Semejante sentencia hizo dar un vuelco en el corazón de la joven que se encontraba al margen.
—Eso quisieras, vamos a ver quien es el que ríe a lo último.
La tensión entre ambos era evidente. ¿Qué cosa tan grave pudo pasar como para que esos dos se odien tanto?
—Te lo vuelvo a repetir: te voy a hacer pagar con sangre todo lo que tu jodido padre y tú me hicieron. Te haré sentir exactamente lo mismo que yo sentí, arrebatándote todo lo que quieres, hasta que me supliques de rodillas y llorando sangre que me detenga y te mate.—El fuego de sus ojos era el más intenso que jamás había visto en su vida, y eso la amedrentó un poco.
—No voy a permitir que nos hagas daño.
—Eso lo veremos. Bueno, creo que ya es suficiente persuasión por su día, me voy.
Se despidió y desapareció entre las sombras.
—¡Qué esperan! ¡Encuéntrenlo y maténlo!
—¡NO! Sólo por hoy... déjalo ir—suplicó tomando el brazo de su prometido, ocultando la mirada entre su flequillo.
—N-no entiendo...
—Por favor.
Ante semejante suplica, no pudo más que deshacer su orden.
Con sumo cuidado, la subió al caballo y emprendió la retirada.
Editado el 14 de abril de 2009
