Wolas Princesis!

EDITADO: Ayer se me olvidó poner que la respuesta de Draco está basada en una canción de rap español, he leído un comentario de nana11 que dice que es "Querida Alma Gemela" de Porta, pero no, es "El y Ella" de Arma Blanca ft. Dlux. Cada vez que escucho esa canción me viene Draco a la cabeza y eso que no tiene nada que ver con amor más bien de un chico y su relación con la cocaína, pero cada vez que la escucho me acuerdo de Draco ;) Os recomiendo que si podéis la escuchéis ^^

He vuelto! Aunque no con Parentig Class, para eso tendréis que esperar un poco más (puede que el sábado que viene...)

Vengo con el segundo cap de esta historia... hoy acaban las votaciones para el reto y... aquí estoy!

Antes de que os leáis, (vengo con dos caps!) quiero haceros algunas aclaraciones:

En mi delirio paranoide, Draco siempre ha estado enamorado de Hermione (siempre), Aunque la guerra se que acaba en 1997 yo lo adelanto unos años (2001) para tener un poco más de libertad tecnológica, la mayoría de muertes siguen siendo como las del libro, sólo he salvado a Hedwig (me parece una muerte tan gratuita, en verdad casi todas las del libro 7...), pero las demás me pueden ser necesarias para el desarrollo de la historia... ahh y el beso entre Ron y Hermione en la cámara de los secretos, NUNCA ha pasado ^^

Creo que no me dejo nada... Espero que os guste ;)

Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a JK Rowling ;)


Capítulo 2

Estaba parada frente a LA puerta. Esa puerta que me separaba del dueño de mis más primitivas pesadillas. Acababa de acabar el juicio contra los Malfoy y le había pedido al Ministro, como un favor personal, que me dejara unos minutos a solas con él.

Lucius había sido condenado a cadena perpetua en Azkaban, por haberse arrepentido en el último momento y huir de la Batalla Final, al principio pensé que había sido una condena injusta, que se merecía el Beso, pero a medida que pasaban los minutos, no me podía imaginar peor castigo que vivir atrapado de por vida entre esas frías y oscuras paredes, rodeado de muerte y decadencia, con la perpetua presencia de los Dementores, arrebatándote hasta el más mínimo atisbo de esperanza, de fe.

A Narcissa le habían condenado a dos años de arresto domiciliario y a cinco años de retirada de varita, la declaración de Harry a su favor, había contribuido a que se salvara de Azkaban. Gracias a ella, Harry había tenido la oportunidad de matar a Voldemort, por lo tanto me parecía justo que no acabara entre esas paredes, no se lo merecía, finalmente había hecho lo correcto a expensas de que la tacharan de traidora si acababa ganando Voldemort.

Y Malfoy… había sido el último en subirse al estrado, cuando lo vi entrar en los tribunales con su clásico porte elegante, con la cabeza alta y sus oscuros ojos grises llenos de orgullo, un torrente de imágenes me invadió la cabeza: sus labios susurrándome, sus manos rozándome, sus ojos devorándome… tuve que tragar saliva y mirar hacia otro lado. Harry y Ron fueron los primeros en declarar, nos había costado un poco, pero finalmente habíamos convencido a Ron de hacer lo correcto, supuse que la guerra nos había hecho madurar a todos, incluso a él. Cuando fue mi turno para subir al estrado de testigos, quedé frente a él, cara a cara, el levantar la mirada y encontrarme con la suya, fue devastador, así que rápidamente la aparté dirigiéndola al Ministro.

Otra vez esa mirada… ¿Qué significaba?

Me las apañé como pude para soltar mi alegato y sin pensármelo dos veces bajar del estrado. Pensábamos que yo era la última en declarar, pero sorpresivamente, el mismísimo Ministro se puso en pie diciendo que había una última declaración, alzó la mano sosteniendo en alto un frasquito lleno de una sustancia plateada que todos reconocimos al instante.

- Son algunos recuerdos que dejó en su testamento Severus Snape a la atención del Ministro. Primero los veré yo. Después el jurado tendrá diez minutos para verlo y darnos el veredicto.

Después de decir eso toda la sala quedó en un mortal silencio. Rápidamente dirigí mi mirada hacía donde estaba sentado Malfoy, viendo que sus ojos se habían ensanchado sorpresivamente, para un segundo después volver a cubrir su rostro con su ya conocida mascara de frialdad, desviando sus ojos hasta el suelo, dejándolos allí.

¿Snape antes de morir había pensado interceder por Malfoy en su juicio? No podía dejar de sorprenderme y maravillarme lo bien calculado que lo tenía todo ese hombre. Un potente sentimiento de admiración por él se elevó en mi pecho. Realmente había sido todo un descubrimiento.

Aproximadamente dos minutos después, cuando Kingsley volvió al presente, tenía una expresión sería, medida. Sin decir ni una palabra, con un sutil movimiento de varita el frasquito y el Pensadero fueron a parar frente al miembro del jurado que le quedaba más cerca. Mientras el frasquito iba pasando delante de cada uno para que vieran los recuerdos, la sala seguía en un sepulcral silencio y los ojos de Malfoy, todavía seguían fijos en el suelo. ¿Qué estaría pensando?

El último de los miembros del jurado, dejó el Pensadero, todos y cada uno de ellos habían acabado con miradas escépticas y expresiones tensas. ¿Qué diablos habían visto en los recuerdos de Snape?

El portavoz del jurado se puso en pie y aclarándose la garganta dijo:

- Ya tenemos el veredicto.

Le habían declarado culpable de algunos de los cargos que habían presentado en su contra, dándome cuenta que eran los más débiles e ineludibles, como el ser portador de la Marca tenebrosa, intento de homicidio condicionado… pero la condena había sido lo más indulgente posible. Estaría dos años sin poder salir del país sin permisos, con el uso de su varita limitado a hechizos básicos y si le sorprendían en cualquier actividad ilícita se replantearía la sentencia, llevándolo directo a Azkaban.

Después de eso se lo llevaron de la sala, a la espera de que le devolvieran la varita modificada para limitar su uso y que un Auror lo escoltara hasta su casa, junto a su madre.

Y ahí estaba yo. Frente a la sala donde Kingsley me había dicho que lo habían llevado, también me había advertido que posiblemente le quedarían restos de los efectos del Veritaserum que había ingerido para el interrogatorio previo al juicio. Estaba pensando si debía entrar, en qué iba a decirle, si es que finalmente me atrevía a cruzar esa maldita puerta. Llevaba cinco minutos, plantada frente a ella como una idiota. Menos mal, que era un pasillo desierto, en el que no se veía ni un alma y un escalofrío empezó a recorrerme la espina dorsal. ¿Volvería a ver esa mirada al cruzar esa puerta? ¿Me encontraría con el Malfoy al que todos estábamos acostumbrados? ¿El Veritaserum todavía tendría efecto en él? No tenía ni idea de lo que me depararía cruzarla, pero si quería desprenderme de esas pesadillas o por lo menos comprender que era lo que había visto ese día en la Mansión Malfoy, debía arriesgarme, no podía perder nada al intentarlo.

Así que sin pensármelo dos veces y sin llamar, abrí la puerta de un tirón. Lo primero que vi nada más abrirla fue a Malfoy sentado en una silla frente a una mesa con la cabeza hundida entre sus brazos, pero al escuchar el ruido de la puerta abriéndose, levantó la cabeza, vi como sus ojos se ensanchaban, con la misma sorpresa que cuando Kingsley había mostrado el frasquito con los recuerdos de Snape, pero como antes sólo duró una fracción de segundo, esculpiendo de nuevo su cara en una máscara de frialdad y desprecio.

- Si has venido a cambiar tu declaración, te has equivocado de habitación, sangre sucia.

Con ese recibimiento me había quedado plantada detrás de la puerta. ¿Por qué diablos había decidido entrar finalmente? ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Esa respuesta sería cosa de los efectos de la poción?

- ¿Se supone que estas aquí por algo en especial o simplemente disfrutas viéndome encerrado entre estas cuatro paredes? Porque si es así creo que tú y tus amigos os habéis equivocado al declarar, sangre sucia.

- Hola a ti también Malfoy. – le dije, acercándome lentamente hasta quedar frente a él, al otro lado de la mesa – Sólo estoy aquí para que me aclares una duda, no me tomará mucho tiempo.

- ¿Enserio Granger? ¿Una duda? ¿Qué duda podría tener la Gran Sabelotodo que un Malfoy pudiera resolverle? – me preguntó, levantando las cejas con escepticismo.

Iba a ir directa al grano, sin rodeos, ya creía que había perdido el tiempo suficiente con esto, pero ya que había llegado hasta allí, no me iba a ir sin preguntárselo. Y si la poción todavía tenía algún efecto en él, pillarle por sorpresa sería un buen movimiento.

- Cuando tu tía me estaba torturando en tu casa, a lo único que pude aferrarme para no sucumbir, fue a tus ojos Malfoy, me mirabas fijamente, con una mirada que a día de hoy aún no he sido capaz de descifrar. Pero no he podido dejar de preguntarme… - incluso me atormentaba por las noches. Hice una pausa inclinándome contra la mesa, mirándole fijamente a los ojos - ¿Qué significaba?

- ¿Qué? ¿Mi tía te dejó frito el cerebro? Vamos Granger, simplemente estaba allí, disfrutando del espectáculo. – dijo sin dejar de mirarme a los ojos.

¿Dónde estaba esa mirada? ¿Realmente había sido un delirio de mi mente para no sucumbir ante la tortura de Bellatrix? No, no estaba loca, no me lo había inventado, hacía un rato en los tribunales cuando estuvimos frente a frente, había vuelto a ver, a sentir esa mirada. No me iba a rendir tan fácilmente.

- No me taches de loca Malfoy, se lo que vi, se lo que he visto hace un…

- Ah, sí, se me olvidaba. Santa Granger, patrona de las causas perdidas y justa con los pecadores. En serio sabelotodo, tú y tus amiguitos deberíais dejar de ir de héroes por la vida, ya está muy vista y explotada esa faceta.

Si la estrategia de tomarle por sorpresa no había funcionado quizás, atacarle de frente si lo haría. Con la humillación sacudiéndome el cuerpo, di una palmada con fuerza en la mesa, inclinándome un poco más y apuntándole con el dedo índice.

- Tú sabes tan bien como yo que no me he inventado lo que te he dicho. Creo que la cobardía es una de tus muchas "virtudes" y que por eso estás aquí, a salvo, mientras muchos de los que considerabas los "tuyos" se pudren en Azkaban. Buen trabajo Malfoy, has vuelto a salvar tu culo.

Mientras le soltaba todo lo que pensaba, sus facciones fueron transformándose, su normalmente expresión de superioridad y de burla cuando hablaba conmigo, demudó a un de completa ira, sus ojos grises, parecían un mar en plena tormenta, tormentosos, oscuros y a mi parecer potencialmente peligrosos. Parecía que había funcionado, le había desestabilizado.

Se levantó de la silla de un tirón, dando un fuerte golpe en la mesa con sus palmas. Sorprendida por el ruido, di un brinquito e instintivamente un paso atrás.

- ¡Bien! – explotó, dando un paso lejos de la mesa y empezando a moverse en mi dirección, ante lo cual empecé a retroceder lentamente - ¿Quieres saberlo? ¡¿Eh?! ¡¿Quieres?! Bien… porque ya no tengo nada más que perder. Después no te arrepientas.

Seguía avanzando hacia mí, mientras yo seguía retrocediendo, hasta que choqué contra la maldita puerta que no debía haber cruzado nunca. Volvía a tener esa mirada en su rostro, dejándome sin palabras, a su merced. Estaba empezando a ponerme nerviosa, sabía que no tenía varita y que si intentaba algo podía hechizarle, pero estaba atrapada por esos profundos y tormentosos ojos, que parecía que veían a través de mi alma.

Se quedó parado justo a un metro de mí y mirándome fijamente con los ojos nublados por los últimos efectos de la poción y empezó a hablar:

- Me dabas recompensa. Pensando en ti escapaba. Al taparme cada día con tu manto de hielo, perderme significaba encontrarme. – se acercó un paso más a mí, mientras seguía hablando – Han sido tiempos duros, sin esperanza, sin apoyos, ni amigos, aunque a mi parecer es un justo castigo para aquel que como yo ha jugado con cuchillos.

Estaba aguantando la respiración, mirando sus ojos sin poder desprenderme de ellos, volvió a acercarse un paso más, ahora ya estaba a tan solo unos pocos centímetros, no me atrevía a mover ni una pestaña, ¿Qué era todo esto? ¿De qué estaba hablando? ¿Los restos de Veritaserum habían tomado el control o me estaba tomando el pelo?

- Todos mis campos sembrados con sueños han acabado reducidos a cenizas. Para ti es tan sencillo someterme al completo olvido y para mí es tan utópico recuperar lo que he perdido. Y es que el tiempo no conoce piedad, se cobra los actos, no acepta sobornos, haciendo que el pasado quede intacto. – redujo el espacio que nos separaba, apoyando su frente contra la mía y continuó hablando, susurrándome contra los labios – Enamorarme de ti fue entablar un pacto con demonios, por ti lo he perdido todo, convirtiéndome en un alma en pena vagando en solitario por este cruel mundo.

Se detuvo aspirando fuertemente, levantó una mano dejándola a un centímetro de mi mejilla, para un segundo después volver a bajarla y continuar hablando.

- Si tú te aferraste a mi mirada durante unos diez minutos de tortura, yo me he aferrado a tu ser, a tu desprecio, como lo único real durante los años que he vivido bajo el yugo del Señor Oscuro, pero cuando la luz de un fuego se apaga todo se vuelve oscuro y no existe salida posible a esa oscuridad, te engulle día a día. Yo no pude cumplir mi promesa y ellos… así que la libertad que me habéis otorgado para salvar mi culo, para mí está cubierta de un espeso y cada vez más oscuro manto, del que no voy a ser capaz de desprenderme…

Finalizó con los ojos cerrados y sus labios a tan sólo un milímetro de los míos. Los ojos se me habían ido inundando de lágrimas a medida que hablaba. ¿Qué había sido esto? ¿Realmente estaba hablando en serio? ¿Seguiría siendo una de esas pesadillas? Esto no podía ser verdad, Malfoy no podía esconder dentro de él a un ser tan atormentado como el que me acababa de mostrar.

¿Enamorarse de mí? ¿Por mí lo había perdido todo? ¿Pero de que estaba hablando? Estaba estupefacta, observando su cara a tan solo un milímetro de la mía. Sin ser consciente de lo que hacía, lentamente levanté mi mano hasta posarla en su mejilla y él de repente abrió los ojos, deslumbrándome.

- Malfoy… - susurré.

- Vete. – susurró el de vuelta, con sus ojos fijos en los míos, parecía asombrado por todo lo que acaba de decir, como si no hubiera sido su intención soltar lo más desgarrador de dentro de su ser – Vete, ahora mismo.

Y con fuerza se dio la vuelta, alejándose todo lo que podía de mí, pasándose con frenetismo las manos por su pelo.

- Malfoy yo…

- No quiero tenerte cerca. ¡Lárgate!

Pegué un pequeño brinco debido a ese último estallido. Estaba en estado de shock, no podía reaccionar, quería ver más de lo que estaba viendo, quería abrir el caparazón donde me había dado cuenta se escondía el verdadero Malfoy, un ser atormentado, perdido y por lo que veía en sus actos, completamente desesperado. Quería seguir descubriendo más de él, ahora estaba débil a causa de los últimos efectos de la poción, podría aprovecharme, pero ese no era el momento.

Sin dejar de mirar su postura derrotada, apoyado contra la mesa y con la cabeza caída, llevé mis manos a mi espalda, buscando el picaporte a tientas y sin decir ni una palabra, desaparecí de esa sala. Pero con una decisión muy clara en la cabeza.

¿Me culpaba de todo lo que le pasaba? Pues bien, iba a aceptar la culpa y a enmendar el supuesto error. Hablaría con Kingsley, tenía una idea que proponerle y esperaba que aceptara.

Como había dicho Malfoy, era Santa Granger, patrona de las causas perdidas y justa con los pecadores. Pues le iba a demostrar lo cierto que eso podía llegar a ser. Y así a parte de ir destapando a ese Malfoy que acababa de descubrir, - gracias a los efectos de una poción - le ayudaría a redimirse, a borrar toda esa culpa que había visto pesaba sobre sus hombros y que según él era mía.

Alejándome por el todavía desierto pasillo por el que había venido, para reunirme en el Atrio con Harry y Ron, iba pensando en que nunca me hubiera esperado lo que me había encontrado tras esa puerta. Sinceramente, tampoco me había planteado que era lo que pasaría cuando fuera a preguntarle lo que quería, pero nunca, ni mis más retorcidas pesadillas de las últimas semanas, me habían preparado para eso.

¿Malfoy enamorado de mí y carcomido por la culpa de haberse salvado y sus amigos no? Supe qué hacía unos días habían sido los juicios de Parkinson, Zabini y Goyle, a los dos primeros les habían caído dos años en Azkaban y a Goyle cinco años. No sabía los detalles de los juicios, pero me había enterado por el Profeta. También creía haber leído que Nott no había tenido juicio, porque contra todo pronóstico se había negado a tomar la marca y a participar en cualquier actividad de los mortífagos a expensas de días y días de torturas a manos de su padre y que ahora yacía en una cama en San Mungo a la espera de ver si se recuperaba, o eso contaba el diario.

Entendía lo que me había querido decir, se había salvado del crudo destino de Azkaban gracias a no habernos delatado, a que Harry, Ron y yo habíamos declarado a su favor. Era obvio que sintiera esa rabia y esa culpa por el destino que sí habían sufrido sus amigos, incluso por el destino de su padre.

Tenía que hacer algo por él, no me podía quedar de brazos cruzados con todo lo que me había soltado hubiera querido hacerlo o no. Simplemente no podía, por mucho que me costara admitirlo. Sabía que no iba a ser fácil lo que me proponía, pero tenía que hacerlo. Sino esas pesadillas volverían todavía con más fuerza, - después de todo lo que había escuchado en esa sala - no habría servido de nada ir allí, si lo único que conseguía era que el problema se agravara.

Esto no iba a quedarse así, iba a ayudarle, quisiera él o no.


No tengo mucha idea de como funcionan los juicios en el Mundo Mágico y tampoco me he puesto a buscar mucha información porque sólo los voy a nombrar de pasada, espero que no haya habido nada raro... :S

Espero que os haya gustado, no se donde acabará esto, pero bueno... ya lo averiguaremos, de momento sólo espero que lo hayáis disfrutado aunque sea un poco y ahora a por el cap tres ;)

A partir de ahora si que contestaré a los reviews ;) Besos!