Aquí tenéis el cap 3, la verdad que no se cuando tendré listo el siguiente, aun no he empezado a escribirlo, pero ya tengo la idea en la cabeza... así que puede que en unas dos semanas o así ;)

Otra aclaración: Quiero que penséis en lo que le pasa a Hermione como una enfermiza obsesión, que crea pequeños sueños recurrentes en su cabeza... Esas cosas pasan y quería plasmarlo, porque me encanta esa faceta de la Psicología ;)

Nos vemos dentro de poco en Prenting Class ^^

Disfrutadlo!

Disclaimer: Todo lo que reconozcáis pertenece a JK Rowling.


Capítulo 3

El cielo anunciaba tormenta, una de esas tormentas de finales de verano que descargaban toda su furia en un instante, el ambiente estaba oscurecido, con algún que otro destello de algún lejano relámpago, quedarían pocos minutos para que la tormenta estallara. Acababa de salir de hacerle una visita a Hagrid, los chicos no habían podido venir porque estaban castigados con Snape, Ron le había estado haciendo burla mientras buscaba unos ingredientes en su armario y Harry se había largado a reír a carcajadas haciendo que Snape se diera la vuelta y los pillara.

Caminaba por la linde del bosque, dando un rodeo para llegar al castillo, me gustaba disfrutar de la calma que precedía a la tormenta, esa quietud, esa oscuridad cada vez más palpable, esa ausencia de sonidos.

De repente, escuché un sutil sonido muy cerca de donde estaba, internándose en el bosque. Pensando que sería cualquier pequeño animal yendo a resguardarse de la inminente tormenta, seguí adelante, pero un segundo sonido como de un siseo capto mi atención. Sabía que la tormenta cada vez estaba más cerca, ya empezaban a escucharse los primeros truenos, pero mi insana curiosidad ganó la batalla contra la racionalidad, así que di unos tentativos pasos adentrándome en el espeso bosque, donde la oscuridad era aún más evidente.

Delante de mí veía las hojas de los arbustos moviéndose, como si algo acabara de pasar por allí. Me adentré un poco más en el bosque, empezando a ponerme un poco nerviosa, la oscuridad ya era casi patente, los truenos cada vez resonaban más fuerte, creando un eco entre las ramas de los árboles, terrorífico.

Llegué a un pequeño claro rodeado de cinco árboles, alcé la mirada hacia el cielo viendo como los relámpagos creaban sombras aterradoras en las negras nueves, para un segundo después llegarme el sonido atronador de un trueno cada vez más cercano, unas gruesas y frías gotas de lluvia empezaron a caer sobre mí, haciendo que me estremeciera.

Decidí que no había sido muy buena idea internarme en un oscuro bosque a un minuto del diluvio universal por un simple ruidito, por lo que iba a dar media vuelta, cuando esta vez un fuerte ruido a mi derecha, hizo que me volviera súbitamente hacia allí con la varita alzada.

- ¿Quién anda ahí? – dije como pude, cada vez más asustada.

Un segundo ruido a mi izquierda. Giré todo mi cuerpo rápidamente hacía allí. Nada. La lluvia cada vez caía con más fuerza, pero aún no había estallado la verdadera tormenta, tenía que salir de allí. Empecé a retroceder, para a la cuenta de tres salir corriendo en dirección al castillo.

Uno…

Dos…

De repente, una sombra salió de detrás del árbol que tenía delante y me acorraló contra el que tenía detrás. Un cuerpo caliente, fibroso, se amoldó al mío, haciéndome soltar un pequeño jadeo debido al brusco cambio de temperatura. Noté como una nariz olfateaba detrás de mi oreja y como suspiraban después.

- ¿Qué hace un pequeño ratón de biblioteca como tú en un bosque tan peligroso como este, en plena tormenta? – dijo una voz que arrastraba las palabras, pero esta vez sin prepotencia, sin ese deje de desprecio que solía emplear, sino más bien cargado de sensualidad, de hambre. – Deberías tener más cuidado, ¿no sabes que el plato favorito de las serpientes son los pequeños roedores?

Dijo dándome un pequeño, pero contundente mordisco en el lóbulo de la oreja. Solté un pequeño quejido, debido a la sorpresa y a la intensa sensación que nació en mi bajo vientre. ¿Qué era esto?

La lluvia seguía cayendo a plomo sobre nosotros cada vez con más intensidad, la tormenta había estallado. Separó un poco la cabeza de mi cuello, dejándome ver esos plateados ojos, deslumbrándome como dos faros en el oscuro océano, eran profundos, transmitían poder, prometían tantas cosas…

- ¿Qué estás haciendo, Malfoy? – dije en un quedo susurró, todavía hipnotizada por esos ojos. No podía moverme estaba paralizaba, temía que me hubiera lanzado algún hechizo para retenerme.

Abrió la boca justo a un centímetro de la mía, pero no me contesto, se quedó ahí a la espera, tentándome a dar el siguiente paso. Entrelazó sus manos con las mías al tiempo que ladeaba la cabeza y me dedicaba una sonrisa. Empezó a levantar mis manos con las suyas hasta juntarlas justo por encima de mi cabeza, dejándome indefensa, a su completa merced.

Un trueno resonó entre nosotros, al tiempo que súbitamente me subía a horcajadas en sus caderas, alejándose varios pasos del árbol, quedando justo en medio del pequeño claro.

Delicadamente, mientras la lluvia seguía empapándonos, haciendo que las cristalinas gotas se deslizaran por nuestras pieles, cada vez más calientes, se fue agachando, estando todavía a horcajadas entre sus caderas, notando la poderosa excitación por la que parecía controlado.

Nos extendió sobre el suelo mojado, arqueé la espalda al sentir placenteramente la sensación del enfangado, húmedo y frío suelo de tierra en toda la extensión de mi espalda, haciendo que él soltara un gutural gemido. Estaba apoyado contra sus palmas, con los ojos cerrados y mordiéndose el labio inferior, mientras las envidiadas gotas de agua se deslizaban desde los mechones rubios de su pelo, por su arteria carótida, hasta perderse por el cuello de su camisa. Era la viva imagen del placer, ver eso me hizo volver a arquear la espalda. Ya no sabía qué hacía… estaba nublando mi juicio.

Entonces, abrió los ojos mirándome con hambre, con deseo. Como un cazador mira a su presa antes de saber que la tiene entre sus manos. Se fue inclinando suavemente mientras un relámpago iluminó todo el claro, haciendo que temblara, pero no de miedo, fue la poderosa sensación de perder completamente el norte. Cuando nuestras narices se rozaron se detuvo, sacando la lengua, lamiendo mi labio superior.

- ¿Qué que estoy haciendo? – dijo en un cálido susurró que se metió dentro de mi ser – Tengo una curiosidad morbosa por conocer lo innombrable. – me mordió el labio superior, estaba hipnotizada, el sonido de su voz era como un afrodisiaco y me tenía atrapada – La sensación de placer que siento al ir en contra de los valores y normas que mis padres me inculcaron desde pequeño es casi imposible de transmitir. No te imaginas la adrenalina que me produce esta sensación de peligro inminente, de ser descubierto, de tocar todos los límites.

Otro relámpago iluminó todo el claro, seguido de un trueno mucho más fuerte que el ultimo, haciendo que amortiguara el sonido del gemido que solté al escuchar esas palabras al tiempo que sus caderas me embestían y la lluvia caía sobre mi piel haciendo un contraste delicioso con todas las sensaciones que estaba sintiendo.

- Eres mi pecado capital, Granger. Quiero saciar todos mis vicios ocultos contigo. Eres la tentación que me vuelve loco todas las noches, la dueña de todas mis más placenteras fantasías y quiero hacerlas realidad. – no podía más, esto era mucho más de lo que una persona normal podría aguantar, levanté la cabeza del suelo, notando ramas, hojas y barro adheridos a él y con todo el descaro que pude reunir le mordí el labio inferior, enroscando mis brazos alrededor de su cuello, arrastrándolo conmigo de vuelta al suelo, introduciendo mi lengua en la cálida cueva de su boca, gimiendo ante tal sensación.

Se escuchaban las gotas de lluvia romper contra el suelo, el sonido de los truenos rompiendo el cielo y nuestras respiraciones, jadeos y gemidos en un frenético y sensual beso rompiendo las barreras impuestas de lo prohibido, de lo inalcanzable.

Al notar la falta de aire, Malfoy se alejó lo suficiente para apoyar su frente contra la mía, tenía los ojos más oscuros que nunca, llenos de un deseo incontrolable, parecía un animal salvaje a la espera de devorar a su presa.

- Eso es Granger, deja que tomen el relevo tus instintos más primitivos. Sé que lo deseas tanto como yo. Déjate llevar… no pienses, sólo siente. – empezó a desabrocharme los botones de la camisa del uniforme lentamente, mirándome a los ojos – Quiero que cada vez que cierres los ojos pienses en lo que podría estar haciéndote, quiero que tiembles de anticipación cada vez que me veas, quiero hacerte mía de todas las maneras posibles, quiero lamer todos los pliegues de tu intimidad, dejarte sin voz, beberme todo tu placer y tragarme todos tus gemidos.

La camisa ya estaba abierta por completo, haciendo que miles de gotas congeladas cayeran contra mi pecho haciéndome gemir. Lentamente fue creando un camino de húmedos besos desde mi cuello hasta mis pechos, lamiendo mordiendo, succionando. Me estaba volviendo loca de placer, esto no podía ser natural… ¿Cómo unas solas palabras y unos sutiles roces podían hacer que estuviera casi ardiendo en combustión espontánea?

- Recuerda esto; el sabor de lo prohibido, es el placer más deseado. – susurró de nuevo contra mis labios, haciendo que sacara la punta de la lengua para lamer los suyos, tan apetecibles, tan tentadores… - Déjame entregarte la Tierra Prometida…

Gemí guturalmente, temblando frenéticamente de anticipación.

Un trueno resonó por todo el bosque, el más fuerte de todos, el clímax de la tormenta.


Me desperté sobresaltada con el sonido de ese último trueno retumbando en mi cerebro y una sensación húmeda entre mis piernas. Dios… cada día era más fuerte, cada día más animal, más salvaje.

Desde que Malfoy me había confesado todo aquello – gracias al Veritaserum - en una sala olvidada entre los muchos pasillos del Ministerio. La Pesadilla, como había bautizado a aquel primer sueño recurrente que había tenido con él, había variado en escenario, en esencia, ahora cada "pesadilla" era más excitante que la anterior, más primitiva, pero nunca, nunca llegaba a culminar. Siempre había algo que me devolvía a la realidad antes de tiempo. Dejándome insatisfecha, hambrienta, deseosa de que todas esas cosas que susurraba contra mis labios fueran reales.

Estaba tan excitada…

Cerré los ojos, recreando las sensaciones que había sentido durante el sueño. Instintivamente introduje mis manos debajo de mi camiseta de pijama, deslizando los dedos por la piel de mi abdomen, imaginándome que eran sus carnosos y húmedos labios.

"El sabor de lo prohibido, es el placer más deseado"

Gemí.

Deslicé la yema de mis dedos por mi piel, creando un camino hacia el sur, rodeando con lentitud mi ombligo, disfrutando de la sensación que me producía imaginarme su lengua recorriéndome, jugando conmigo. Llegué al borde del pantalón.

"Déjame entregarte la Tierra prometida…"

Un segundo gemido, esta vez más profundo.

Deslicé lentamente mis dedos bajo el pantalón, notando lo muy húmeda que estaba, arqueé la espalda.

Pero, un repentino golpe de nudillos en la puerta me hizo congelarme. La adrenalina invadía mi cuerpo y una vez más mi mente evocó sus palabras.

"No te imaginas la adrenalina que me produce esta sensación de peligro inminente, de ser descubierto, de tocar todos los límites."

Dios… mi corazón palpitaba desenfrenado. Qué maravillosa sensación, tenía los ojos abiertos como platos, nubados por el deseo, con las manos en mi intimidad, por encima de las braguitas, notando como volvía a empaparme.

- ¿Hermione? ¿Estas despierta? – esa era la voz de Harry – Tenemos que estar en la oficina de Kingsley dentro de una hora.

¿Qué hora era? Habíamos quedado con Kingsley a las diez de la mañana, así que debían ser las nueve. Maldita sea. Respiré profundamente, intentando calmar mi apresurado corazón.

- Sí... voy a la ducha y salgo. – le contesté, intentando sonar con normalidad.

- Vale, estaremos en la cocina, Kreacher ha preparado el desayuno. – dijo, mientras oía como sus pasos se alejaban.

Ron y yo nos habíamos alojado en Grimmauld Place, después de la guerra. Ron necesitaba alejarse del drama que había en su casa a causa de la muerte de Fred. Siempre estaba cabizbajo, callado, a veces cuando creía que nadie le veía soltaba alguna lagrima y supuse que ver a su familia así, aun le producía mayor dolor.

Harry y Ginny estaban pasando un bache en su recién estrenada relación y nadie sabía porque, ni que había causado ese distanciamiento. Ron nos había contado el otro día mientras desayunábamos, qué Ginny sólo salía de su habitación para coger el plato de comida e ir al baño. Todo el mundo creía que estaba así por la muerte de Fred y yo no lo dudaba, pero intuía que ahí pasaba algo más. Tendría que haber hablado con ella, pero no había tenido tiempo material para hacerlo y creía que Luna había ido a visitarla el día anterior, quizás había podido ayudar a la pequeña de los Weasley.

Y yo… bueno, no tenía donde ir, todavía no había podido recuperar a mis padres. Sabía dónde estaban, pero no sabía cómo hacer que recuperasen sus recuerdos. Le había pedido ayuda a Kingsley y me había dicho que lo consultaría con los Inefables, así que allí estaba, a la espera de una respuesta.

Me levanté perezosamente dirigiéndome hacia el baño para tomar una ducha y despejarme de todas esas sensaciones. Antes no quería que estas "pesadillas" continuaran, quería pararlas, pero ahora… me acostaba cada noche con la esperanza de vivir esos excitantes momentos que cada día ansiaba más, eran una deliciosa tortura, que me hacía preguntarme si el Malfoy de mis sueños estaría escondido en ese atormentado ser que había confesado estar enamorado de mí. Con sólo pensarlo, temblaba… necesitaba que todo lo que tenía pensado saliera bien.

Me apresuré a cambiarme y vestirme de ropa. El día que había hablado con Malfoy, nada más volver con Harry y Ron, les había dicho que necesitaba hablar con Kingsley y que también necesitaba que ellos estuvieran allí, pero ese día a Kingsley aún le quedaba algún juicio y papeleo y nos dijo que quedáramos tres días después por la mañana en su oficina.

Salí de mi habitación dirigiéndome hacia la cocina, caminando con cierto nerviosismo, pensando si Harry podría haber oído algo. Con un leve rubor instalado en mis mejillas, abrí la puerta de la cocina. Aliviada noté como los chicos seguían enfrascados en sus desayunos, apenas notando mi presencia. Con un suspiro, caminé hacia la mesa tomando asiento al lado de Ron, cogiendo de manera automática una tostada y empezando a untarla en mantequilla.

Ron volvió su cabeza hacia mí, mirándome con los ojos entrecerrados.

- ¿Estas bien, Hermione? Pareces enferma. – dijo.

- Oh… nada, una noche movidita. – dije, removiéndome en mi asiento.

- ¿Pesadillas? – me preguntó Harry, mirándome con preocupación.

- Ehh… si, pesadillas. – le contesté, con un leve rubor volviendo a mis mejillas.

- Todos las tenemos, pasaran con el tiempo. – me intentó consolar Harry y avergonzada bajé la mirada, fijándola en la mesa. A mí no me atormentaban los gritos de terror de las víctimas o las miradas asesinas tras las máscaras de los mortífagos, ni el mismísimo Voldemort. No, a mí lo único que me atormentaba eran esos profundos ojos plateados, nublados por el deseo, que cada noche me devoraban, me hacían rozar todos los límites.

Empezando a notar como una especie de criatura me rasgaba el bajo vientre, junté los muslos apretándolos, intentado aliviar esa ardiente sensación y carraspeé incomoda, volviendo mi cabeza hacia Ron.

- ¿Cómo está Ginny? – le pregunté, desviando el tema de las pesadillas.

- Bueno, sigue como últimamente, sólo sale para coger el plato de comer y volver corriendo a su habitación, incluso a veces no sale ni para eso y mi madre tiene que llevárselo. Ayer, Luna estuvo toda la tarde metida en la habitación con ella.

- ¿Y qué dijo? – le pregunté. De reojo vi como Harry prestaba más atención, pero no parecía realmente preocupado. Debía ser grave lo de esos dos.

- Sólo que estaría bien con el tiempo. – dijo Ron mirando a los ojos a Harry, como increpándole que no hiciera nada. Harry desvió la mirada, levantándose.

- Voy a… os espero en la chimenea. – contestó, dirigiéndose hacia la puerta de la cocina.

Ron bajó la mirada, con los puños apretados, levantándose también y saliendo rápidamente de la cocina. El ambiente estaba cargado de tensión, era casi palpable. Decidí apresurarme con el desayuno y salir, a ver si con el cambio de aires el humor mejoraba, estaba segura que les iba a encantar la segunda parte de mi plan.

Veinte minutos después aparecíamos en el Atrio del Ministerio, empezando a dirigirnos directos hacia la oficina de Kingsley. Parecía que los chicos ya habían arreglado sus diferencias ya que estaban enfrascados en una trivial conversación de la cual no estaba captando ni media palabra.

Caminaba con nerviosismo. Esto tenía que salir a la perfección, tenía que exponerlo como si fuera la tesis de mi vida. No por nada llevaba los tres días antes de la reunión para conseguir toda la información que pude, incluso había ido a uno de esos sitos muggles donde había conexión directa a internet, esperaba no haberme dejado nada al azar, tenía hasta una exposición en mi bolsito de cuentas, al cual me aferraba con fuerza.

De repente, nos detuvimos porque ya estábamos ante la puerta de la oficina del Ministro. Tragué saliva, la parte que tenía más miedo que rechazara la expondría primero, así vería a que me enfrentaba y como tendría que hacerlo para que realmente todo fuera como lo tenía planeado.

- ¿Qué esperas, Hermione? – me preguntó Ron.

- Sí, ¿Qué tienes planeado decirle, que te has puesto pálida? – me preguntó Harry, mirándome con suspicacia.

Sin responderle y respirando profundamente, golpeé con mis nudillos la puerta.

- Adelante. – sonó una voz femenina desde dentro, debía ser la secretaria.

Lanzándoles una última mirada a los chicos, empujé el picaporte de la puerta, adentrándonos en la sala de espera que daba al despacho del Ministro.


Tres horas después, los tres salíamos del despacho de Kingsley. Yo con la sonrisa más satisfecha y deslumbrante que podía y los chicos con sendas miradas y expresiones de estupefacción. Antes de que dijeran cualquier cosa empecé a dirigirme hacia las chimeneas del Atrio, los chicos empezaron a seguirme en un asombrado silencio. Iba pensando en cómo elaborar la nota que tenía que escribir, mientras las últimas palabras de Kingsley resonaban en mi cabeza:

"En lo primero que has expuesto, tienes toda la razón, Hermione. Después de la guerra todo fue muy rápido y no pudimos hacer nada, estaba trabajando en como cambiarlo, pero te me has adelantado y sinceramente es una manera estupenda, te felicito. Tendrás que reunirte tú con el señor Malfoy y explicárselo todo bien, dile que las cartas de sus amigos le llegaran a él y que tiene que encargarse de todo por ellos, si el señor Nott aún no se ha recuperado, también le llegará su carta. En cuanto a lo segundo, tengo que consultarlo, lo sabréis nada más recibáis la carta. Por cierto, Hermione, si todo esto sale bien, tienes asegurado un puesto en el departamento de regulación y seguridad mágica. Que tengáis un buen día chicos."

Estaba segura que si la segunda parte de mi plan dependía de lo que dijera McGonagall, era casi un triunfo asegurado y si no, podía apostar a que el retrato de Dumbledore la convencería de hacerlo. No tenía nada que perder, ni mucho que trabajar en ello, había elaborado un completo plan con todo lujo de detalles que le había entregado a Kingsley y ella sólo tenía que llevarlo a cabo.

Sin haberme dado cuenta una vez más, ya estábamos en el Atrio, frente a una de las chimeneas que nos llevarían de vuelta a Grimmauld Place. No tenía ni idea si los chicos me habían dicho algo por el camino, pero sin darle mucha importancia me adentré en las llamas verdes, murmurando: "Número 12 de Grimmauld Place"

Al aparecer en el salón de la Mansión Black, fui apresuradamente a buscar un trozo de pergamino en el que escribir. Regresé rápidamente al salón, donde Harry y Ron habían tomado asiento en el sofá y me senté al lado de Ron, apoyándome en la mesita de café para ponerme a escribir.

- ¿Hermione, has pensado todo eso tu sola? – escuché la voz de Harry, así que volteé la cabeza hasta él.

- Bueno, tuve un empujoncito. – le contesté, viendo los plateados y atormentados ojos de Malfoy, así que tuve que reprimir un escalofrió que me empezó a subir por la espina dorsal.

- Guau. – dijo Harry, al parecer sin salir de su asombro.

- Pues si McGonagall acepta, creo que va a ser el año más alucinante de todos. Sólo hay una pega… - empezó a decir Ron.

- No es una pega Ron, es una condición, así que si esto pasa, ves haciéndote a la idea. – le espeté de mal humor, ya había dicho lo mismo unas ciento cincuenta veces y la verdad estaba empezando a cansarme.

- ¡Es que no lo entiendo, Hermione! ¿Slytherin es una condición? ¿Por qué? – exclamó por enésima vez.

- Ron, como te he dicho las otras ciento cincuenta veces que me has preguntado, no es de tu incumbencia, deja de preguntarlo y acéptalo. – le contesté con cansancio.

- Bueno, con Slytherin o sin ellos, espero que este sea un año memorable, que borre todos los recuerdos de esta horrible etapa que acabamos de pasar y que sea el comienzo de una nueva, espero que esta vez digna de recordar. – dijo, con la cabeza gacha.

Arrepentida de haberle hablado así, le pasé un brazo por encima de los hombros, intentando reconfortarle. Harry también había bajado la cabeza, supuse que perdido en sus propios malos recuerdos, así que estiré el otro brazo envolviendo también sus hombros.

- Seguro que este año es el comienzo de una vida mejor para todos. – les dije con una cálida sonrisa en mis labios, después de un breve silencio continué – Cambiando de tema chicos, ¿me acompañareis esta tarde a hablar con Malfoy?

Harry y Ron intercambiaron una mirada llena de burla, como haciendo un chiste silencioso que sólo ellos entendían y entonces, Harry dijo:

- Bueno Hermione, no es por nada, pero no nos apetece estar cara a cara con el hurón como si fuéramos amigos de toda la vida. Creo que mejor te esperaremos en Sortilegios Weasley, ¿no Ron?

- Si, ya tuve suficiente con verle la cara en el juicio y si encima Slytherin tendrá que ir con nosotros, prefiero alargar el momento de volver a ver su cara de amargado.

Contuve las ganas de gritarle a Ron que si tenía cara de amargado sería porque tenía razones, como si él después de la muerte de Fred estuviera muy alegre, pero me contuve y en cambio dije:

- Bien, le escribiré la nota a Malfoy. Harry, ¿me prestas a Hedwig para mandársela?

- Si claro, debe de estar en mi habitación. – me contestó.

- Gracias. Me citaré con él a las cinco, estad preparados para ese entonces. – les dije.

Y sin esperar respuesta desaparecí por el pasillo hacia las escaleras, para subir a la habitación de Harry, escribirle la nota a Malfoy y entregársela a Hedwig.

Cuando llegué allí, cerré la puerta detrás de mí y me puse en el suelo a escribirle la nota a Malfoy:

"Malfoy:

El Ministro quiere que nos citemos para consultarte noticias de suma importancia. Así que, me gustaría que nos reuniéramos en el Caldero Chorreante, esta tarde a las cinco, si no puedes asistir devuélveme la nota con la fecha, hora y lugar que te vaya bien. Es importante que vayas, si no será una falta en tu expediente.

H.G"

Quería decirle tantas cosas más, pero sin embargo, tenía que centrarme. El Malfoy de mis sueños, nada tenía que ver con el de la realidad, incluso aunque afirmara estar enamorado de mí, que a estas alturas, empezaba a creer que hubiera sido un delirio de mí, cada vez más, enfermiza mente. Pero sabía que el Veritaserum no tenía fallos así que…

Me gustaría poder ver su reacción cuando recibiera la nota… ¿Qué pensaría? ¿Asistiría?

Echándole una última mirada insatisfecha al pergamino, me levanté para envolverlo alrededor de la patita de Hedwig, susurrándole el nombre del destinatario.

- Draco Malfoy. Wiltshire.


Dentro de poco sabremos de que cojo... está hablando Hermione... ;)

Besitos princesas!