Wolas pequeñas!

Hoy vengo con un nuevo cap de Pesadillas, esta vez es el más largo con diferencia de todos, espero que lo disfrutéis porque he estado dos días enteros escribiendo, a mi me encanta el cap y espero que ocurra lo mismo con vosotras :D

Así que a disfrutar ^^

Disclaimer: TODO lo que reconozcáis pertenece a JK Rowling.


Capítulo 6

El uno de septiembre había llegado mucho más rápido de lo que deseaba. Desde hacía dos semanas que los sueños habían pasado de ser sesiones desenfrenadas de sexo salvaje a momentos delicados donde se hacía el amor y eso estaba acabando con mi debilitada cordura. Lo bueno de la situación es que había hecho algunos descubrimientos, cómo por ejemplo que el causante de todos esos sueños era el pequeño y sencillo anillo de plata que tenía en el dedo índice y que me había llamado desde el primer momento que había puesto un pie en mi habitación de la Mansión Black.

El resplandor verde que había empezado a aparecer en el anillo hacia aproximadamente dos semanas, coincidiendo con ese primer "te quiero", era lo que había levantado mis recelos y a la segunda vez que vi ese brillo salir fui directa a la biblioteca de la mansión, allí había pasado horas revisando cada tomo que tuviera que ver con objetos hechizados o malditos, ya no sabía dónde agarrarme para seguir buscando porque todas esas horas habían sido tiempo perdido, ninguna referencia a ningún anillo que evocara fantasías de carácter sexual, ni sueños recurrentes, ni nada…

Harry y Ron habían llegado a pensar que me había vuelto demente estudiando para los EXTASIS, aunque no podían estar más equivocados de la razón de mi demencia, si me había vuelto demente no era por pasarme horas memorizando datos, si no intentando averiguar de dónde provenía esa, cada vez más mórbida, obsesión por Malfoy.

Después de una semana de infructuosa búsqueda de información, donde mi ánimo y paciencia habían tocado fondo y la frustración había superado todos los límites, me rendí, decidiendo dejarlo para cuando llegara a Hogwarts y poder volver a vagar por las enormes estanterías de mi amada biblioteca. Así que esa misma noche después de bajar de la biblioteca y proyectar mi frustración a base de gritos ahogados contra la almohada resolví quitarme el anillo para ver si así se detenían los sueños.

Craso error, se suele decir que hay veces que la solución es posiblemente peor que el problema en sí y eso fue exactamente lo que me pasó al quitarme el maldito anillo. Al principio no sucedió nada y mis labios compusieron una sonrisa de alivio y pensando que había terminado con mí tortura me abandoné a los brazos de Morfeo, pero al tiempo que mi consciencia se alejaba podía sentir como la desesperación, la angustia, el vacío y la nada más absoluta se cernían sobre mí como un ave carroñera sobre su presa cuando sabe que ya es toda para ella. Esa asfixiante sensación había estado presente durante todas las horas de sueño y yo era muy consciente de ese tormento minuto a minuto, tampoco podía despertar, era como estar colgada en medio de la nada sintiendo como esa negrura iba engulléndome lentamente.

Al despertar, me había incorporado vertiginosamente, notando una intensa humedad en mi almohada y mis mejillas, había estado toda la noche llorando, sin ningún tipo de control sobre mis acciones. Sin pensármelo dos veces me coloqué de nuevo el anillo, decidiendo no volver a quitármelo hasta que descubriera más cosas sobre él en Hogwarts. Suponía que lo que me había pasado se podía comparar con el famoso síndrome de abstinencia, a lo mejor con el paso de los días esa ausencia de todo durante los sueños desaparecería y podría volver tener una vida onírica normal, pero no quería arriesgarme y no volví a quitarme el anillo y los sueños habían vuelto con más fuerza que nunca.

Y una semana después ahí estaba, plantada en medio del andén 9¾, sin haber dormido ni un solo minuto la noche anterior a base de una buena cafetera del café más intenso que había encontrado en el supermercado y una buena sesión de lectura. El resultado: unos ojos inyectados en sangre, unas ojeras enormes bajo estos y apariencia de Inferi. Ginny estaba justo a mi lado, aunque más bien estaba su cuerpo, porque su mente parecía estar muy lejos de allí, tenía la mirada perdida, estaba más pálida de lo normal y parecía a punto de colapsar. Estaba segura de saber cuál era el motivo de su inquietud. Más o menos el mismo que el mío.

Harry y Ron ya habían entrado en el Expreso en busca de Neville y de un compartimento para todos y nosotras nos habíamos quedado en el andén esperando a Luna como habíamos quedado tres días antes. En ese justo momento, un murmullo colectivo empezó a elevarse por todo el lugar y con curiosidad alcé la mirada hacía la fuente de ese interés general y allí los vi, pude notar como Ginny también los había visto porque sentí un estremecimiento justo a mi lado.

A unos seis metros de donde nos encontrábamos, en dirección directa hacia el Expreso estaba Draco Malfoy a la cabeza del grupo, vestido con un traje muggle de, ¿Armani? No estaba segura, pero rodé los ojos mentalmente, incluso vestido de muggle era todo un snob, aunque no podía negar que estaba arrebatadoramente perfecto, pensé sonrojándome ligeramente, tenía su habitual máscara puesta sin demostrar ninguna emoción ante lo que pasaba a su alrededor e iba a pasos apresurados.

Dos pasos detrás de él y en perfecta sincronización, uno a la derecha y otro a la izquierda iban Theodore Nott y Blaise Zabini, vestidos igual de elegantes que Malfoy, pero con diferentes expresiones en sus rostros. Nott, tenía una expresión tensa, componiendo una mueca con sus labios, como si estuviera incomodo con la situación y Zabini en cambio parecía estar divirtiéndose de lo lindo, tenía una expresión burlona en su cara y un sonrisa traviesa en sus labios.

Pero lo más impactante de esa escena era la persona que estaba justo en medio de esos tres imponentes chicos. Pansy Parkinson, como si estuviera rodeada de sus guardaespaldas iba en medio de los tres, vestida con un abrigo tres tallas más grandes y él cual estaba segura nunca habría sido su estilo, tenía la mirada fija en el suelo y un moño medio desecho como peinado.

Fruncí el ceño, girando la cabeza hacia Ginny para preguntarle qué opinaba de todo eso cuando un fuerte grito me interrumpió.

- ¡Theo! – gritó, una voz muy familiar.

Un borrón amarillo y azul eléctrico pasó a gran velocidad justo frente a nosotras en dirección al grupo de Slytherins y atrapando a Nott en un opresivo abrazo. Ginny y yo intercambiamos una incrédula y divertida mirada, volviendo rápidamente nuestra atención a la pareja. En cuanto se habían fundido en el abrazo Nott había cerrado los ojos, inspirando profundamente mientras llevaba suavemente sus manos a la espalda de Luna, dedicándole una dulce caricia. Vimos como Luna intercambiaba saludos con los demás Slytherins, a Malfoy le dio un suave e impersonal apretón de manos, Parkinson se encogió en si misma mirando al suelo mientras Luna levantaba la mano en señal de saludo y Zabini le cogió gentilmente la mano y con un sonrisa coqueta le dio un suave beso en el dorso de la misma, Ginny a mi lado al ver eso bufó despectivamente cruzándose de brazos y yo sonreí interiormente.

Los Slytherins siguieron su camino hacía el Expreso y Luna vino directa hacía nosotras dando brinquitos, unos segundos después, estábamos las tres sumidas en un abrazo grupal.

- ¿Qué ha sido eso Luna? – le preguntó Ginny, con una ceja arqueada.

- Un abrazo en grupo. – le contestó Luna con una sonrisa deslumbrante – Os echaba de menos chicas.

- Nos vimos hace tres días Luna. – le contesté con otra enorme sonrisa.

- No me refería a eso, - intervino Ginny con una sonrisa, pero maliciosa – sino a lo de allí atrás.

- ¿Theo? – Ginny y yo asentimos – Somos amigos. Después de que despertara en el hospital, me quedé con él varios días para hacerle compañía hasta que se recuperará de todas las secuelas, tenía miedo de volver a ver a sus amigos, lo sé aunque no me lo dijera.

- ¿Y después…? ¿Le has seguido viendo? – insistió Ginny, dándole un codazo amistoso a Luna en el brazo.

- Bueno… después de recibir la carta de Hogwarts me dijo que si podía acompañarle a comprar la ropa muggle que necesitaríamos para el curso y ya sabéis que no se me dan muy bien esas cosas, le dije que con vosotras sería mucho más fácil, pero él insistió en ir los dos solos, - en ese momento Ginny y yo intercambiamos una mirada cómplice – así que le llevé a uno de esos mercadillos muggles que me gustan tanto, pero no pareció quedar satisfecho con nada de lo que allí encontró, aunque me compró este colgante – dijo, mientras sacaba un colgante de cordón negro, con una media luna también de color negro y una hoja de marihuana encima, reprimí una carcajada al tiempo que el nombre de uno de los destinos a los cuales viajaríamos se me aparecía en la mente "Ámsterdam" – y después fuimos a comer un helado. Fue un día estupendo.

- Le gustas. – sentenció Ginny.

- ¿Y a vosotras? – preguntó y Ginny y yo nos miramos con confusión – Quiero decir, ¿os gustaría que me gustara?

- ¡Luna! – exclamó Ginny saltando a sus brazos – Tu le gustas, a ti te gusta. Nosotras no tenemos nada que opinar.

- Lo que Ginny quiere decir, es que parece un buen chico y que estaremos muy felices por ti. – le dije con una sonrisa uniéndome a ellas en otro abrazo grupal.

El silbido del expreso nos anunció que nos estábamos rezagando y apresuradamente entramos en él. No tardamos mucho en encontrar el compartimento donde estaban los chicos junto a Neville y nos adentramos en él. Me senté al lado de la ventana apoyando la cabeza en el cristal mirando hacia fuera. El tren puso rumbo a Hogwarts y todos nos sumimos en nuestras cosas. Luna con la revista de El Quisquilloso entre sus manos, Harry, Ron y Neville sumidos en una "profunda" charla sobre Quidditch, Ginny había sacado un libro de su bolso y estaba leyéndolo "La isla de las tormentas" ¿de dónde lo había sacado?, la interrogué con la mirada, pero enterró más su cara en el libro, dejándome en claro que no iba a hablar y yo me iba desmoronando por momentos, el traqueteo del tren me arrullaba y cada vez me alejaba más y más de allí, por mucho que luchara por evitarlo…


Un tenue, pero magnifico atardecer iluminaba todo el lago creando inmensidad de reflejos, volviendo las aguas oro líquido. La vista era majestuosa y la compañía también. Estaba apoyada en un cálido cuerpo que se amoldaba a la perfección al mío, encajábamos tan bien como dos piezas vecinas en un puzle, aunque todo el mundo dijera lo contrario, nosotros dos sabíamos que estábamos hechos el uno para el otro.

Alcé la cabeza la cual estaba apoyada perezosamente en su pecho y le observé a placer. Su mentón orgulloso y fino, cubierto por una incipiente barba casi invisible, su elegante y fina nariz y sus ojos, esos ojos que parecía que veían más allá de mi vida terrenal, me atravesaban el alma y me hacían alcanzar todos los limites, esos ojos grises y tomentosos que ahora irradiaban pequeños destellos dorados, fundiéndose entre ellos y creando la viva imagen de la perfección.

- ¿Admirándome pequeño ratón de biblioteca? – me preguntó bajando la mirada, mientras componía una sonrisa burlona en sus labios.

- Eso es lo que te gustaría, pequeño hurón de pacotilla. – le contesté, sabiéndome descubierta y por ser maliciosa añadí – Sólo intentaba imaginarte pelirrojo.

Observé como su mueca burlona se iba descomponiendo, adoptando una de auténtico horror, no pude reprimir la carcajada que me estaba subiendo por la garganta y dándome la vuelta arrojándolo de espaldas y subiéndome a horcajadas sobre él, atrapé sus labios en un delicado roce de bocas. Me separé dos centímetros de su cara, mientras nuestras narices se rozaban y no pude evitar decirle lo que sentía en ese momento.

- Te quiero, Draco.


Una fuerte sacudida del tren me devolvió a la realidad con un gran sobresalto, tenía la respiración agitada y alguna gota de sudor en la nuca, un brillo verde llamó mi atención y una vez más dirigí la mirada hacia el resplandeciente anillo.

- ¿Es uno de esos anillos que te dicen tu estado de ánimo? – preguntó Ron – ¿Qué indica ahora? ¿Qué tienes ganas de echar la pota? – los tres chicos que había en el compartimento compartieron una carcajada, al tiempo que Ginny le daba un golpe en la cabeza con el libro a su hermano.

- Ehh, sólo se enciende cuando tengo hambre. – dije apresuradamente, intentando serenar mi respiración.

- Oh, que… femenino. – dijo Ron, ganándose un nuevo golpe de su hermana.

- Voy a ir a buscar a la señora del carrito, ¿queréis algo? – les pregunté, quería salir de ahí en ese instante, necesitaba refrescarme la cara y respirar hondo.

- Ranas de chocolate. – dijo Ron, los demás negaron con la cabeza y a paso rápido salí de ese reducido espacio que me estaba ahogando.

Cerrando la puerta me recosté aliviada de estar sola contra la pared de al lado del compartimento. Esto no me podía estar pasando, en las escenas de los sueños cada vez había más complicidad entre Malfoy y yo, más intimidad, más amor y todo eso estaba haciendo mella en mí ya de por si inestable estado de ánimo. Mirando todavía el tenue resplandor que emitía el anillo, deseé cuanto antes llegar a Hogwarts, poder ir a la biblioteca y buscar información, pero hasta entonces, todavía debía pasar una noche y en Hogwarts, no en la intimidad de mi habitación, sólo de pensarlo me sonrojaba.

- ¿De dónde has sacado ese anillo, Granger? – preguntó una voz que conocía tan bien que la reconocería entre una multitud - ¿Es tuyo?

- Yo… yo, lo encontré. – le dije, poniéndome en pie de un salto y el ritmo de mi corazón empezó a aumentar, aunque había salido del compartimento para calmarme… debía haber previsto que esto podía pasar.

- ¿Lo encontraste? – me preguntó con una ceja alzada y una sonrisa burlona en los labios al tiempo que se acercaba un paso más a mí, invadiendo mi espacio personal y por tanto poniéndome aún más nerviosa – No deberías coger objetos que no sabes lo que contienen, podrían estar malditos, ¿sabes? No parece que aprendas a base de experiencias.

- ¿Tu sabes lo que es? – le dije esperanzada, incorporándome de la pared, donde me había apoyado en un vano intento por alejarme de él.

- ¿Me ves cara de enciclopedia mágica? – dijo con una sonrisa burlona, mientras yo fruncí el ceño - ¿Qué has estado soñando, Granger? – dijo, cada vez más cerca de mí, ya nos separaban muy pocos centímetros, podía oler su fresca y soberbia esencia, intoxicándome, nublando mi raciocinio.

- ¿Y tú, Malfoy, que sueñas? – le dije mirándole fijamente a los ojos, retándole. Vi como su mirada se ensombrecía por una fracción de segundo, para volver a componer esa habitual máscara que usaba ante todos, pero a mí ya no me engañaba.

Se acercó un poco más, aproximando sus labios a mi oído y con voz ronca susurró:

- Si te lo dijera, te escandalizarías, Granger. – su cálido aliento, se filtró por mi nuca, produciéndome un escalofrío que no pude reprimir y girando la cabeza, quedando a tan sólo un centímetro de sus labios, mi boca empezó a hablar sin mi consentimiento.

- No te creas… - fue un débil susurro, no creí que lo hubiera escuchado, pero se acercó un poco más, amoldando su cuerpo al mío y puso una mano en mi cintura.

- No tientes a la suerte, Granger… - susurró, deslizando la mano que tenía en mi cintura bajo la camiseta, haciendo un camino descendente por mi columna vertebral – podría morderte el culo. – finalizó, con los dedos sobre mis nalgas y con una la boca a sólo un milímetro de mis labios entreabiertos.

Un ruido de una puerta abriéndose nos sacó de nuestra propia realidad y nos separamos como si el roce del otro fuera fuego, aunque no estaba muy alejado de la realidad. Malfoy tenía los ojos vidriosos y oscuros y mi respiración estaba más agitada que cuando había salido del compartimento y notaba como la sangre se iba agolpando en toda mi cara.

Empezó a alejarse con pasos elegantes, como si no acabara de pasar lo que había pasado y cuando estuvo a unos tres metros se giró dedicándome una seductora sonrisa.

- Te daré una pista, Granger. – dijo – Busca el anillo de los amantes.

Y guiñándome un ojo, se adentró en uno de los compartimentos de la derecha. Me quedé parada en el pasillo al menos durante cinco minutos más, intentando procesar lo que acababa de pasar. Había sido mucho más intenso que cualquier sueño, me había dejado con hambre, sentía el flujo sanguíneo mucho más espeso y caliente, las puntas de los dedos me picaban reprochándome no haber tocado esa nívea piel que había tenido a pocos centímetros. Una tonta sonrisa se estiraba en mis labios y fue así con esa cara como me di cuenta de que había más movimiento en el tren, los chicos y chicas más jóvenes ya tenían el uniforme de Hogwarts perfectamente en su sitio y sin perder más el tiempo, pero sin abandonar esa estúpida sonrisa, volví a meterme en el compartimento.

- ¿Dónde están las ranas de chocolate? – me preguntó Ron, nada más poner un pie dentro.

- Ehh, oh sí. Finalmente me he olvidado… - dije apresuradamente, en ningún momento había pensado en las ranas – He visto que ya había gente con el uniforme, así que debemos estar llegando, ¿vamos preparándonos?

Todos me miraron sospechosamente, esperaba que mi rubor hubiera desaparecido lo suficiente como para no parecer extraño y que mi sonrisa no pareciera tan estúpida como realmente pensaba, pero parecía que debía tener alguna especie de indicio en mi cara, porque no dejaban de mirarme. Ginny y Luna, con sonrisas y miradas cómplices entre ellas, Harry me miraba con los ojos entrecerrados, Ron parecía enfadado por lo de las ranas de chocolate y Neville intentaba disimular mirando hacia el techo del tren. Intentando parecer inocente me puse a recoger mis cosas, preparándome para la inminente entrada en el que sería nuestro hogar por última vez.

Y así, unos veinte minutos después estábamos montados en los carruajes camino directo hacía Hogwarts, el trayecto duró relativamente poco, mientras era acosada por una exasperante Ginny que no dejaba de interrogarme acerca de mi estado de agitación, mi evidente sonrojo y mi estúpida sonrisa en el momento de entrar en el compartimento, era evidente que había sido más que obvio mi estado y no pude evitar volver a sonrojarme mientras Ginny estaba insistiendo en que le contestara, cosa que propicio un acoso y derribo más intenso por su parte.

Por suerte para mí, llegamos rápidamente a la entrada del castillo y de manera autómata y sin ser muy consciente de lo que me rodeaba ya estábamos sentados en la mesa de Gryffindor y la selección de ese año ya había dado comienzo. Había muchos menos alumnos, pero algunos más de lo que habría esperado. En ese momento levanté la vista hacia la mesa de profesores, abriendo los ojos de la impresión.

- ¿Qué hace aquí vuestro hermano? – les pregunté a Ginny y a Ron. La primera estaba de espaldas a la mesa y se giró con rapidez hacia la mesa y Ron quien estaba mirando las bandejas vacías de comida casi babeando también alzó la mirada, abriendo la boca del impacto.

- Ni idea. – dijeron los dos a dúo. Charlie Weasley estaba sentado en la mesa de profesores, a su derecha tenía una chica de aproximadamente treinta años que tampoco había visto en mi vida. Charlie levantó la vista, como si hubiera sentido que estábamos hablando de él y alzó la mano, saludándonos, con una sonrisa divertida en su boca.

El último de los chicos de primero fue enviado a Ravenclaw, quienes lo recibieron con vítores y aplausos, el pequeño de once años, un poco intimidado por la situación fue a sentarse apresuradamente donde sus compañeros le hicieron un hueco. Justo en ese momento McGonagall se levantó de su asiento como directora para darnos el discurso de bienvenida.

- Bienvenidos un año más a Hogwarts: Colegio de Magia y Hechicería. Antes de empezar con los anuncios de este año me gustaría que guardáramos un minuto de silencio en homenaje a los caídos en la batalla de Hogwarts y a todas las víctimas de esta guerra.

Todo el mundo se sumió en un profundo silencio, casi todas las cabezas estaban gachas, presumiblemente todos sumidos en sus propios demonios. Disimuladamente lancé una mirada a la mesa de Slytherin y pude ver como el grupo de Malfoy, estaba cabizbajo, pero los tres chicos no apartaban su mirada de una ausente Parkinson que parecía hacer dibujos con su dedo sobre la madrea de la mesa.

- Bien, - dijo McGonagall después de aclararse la garganta afectada, supuse que a ella también estaba afligida por ese emotivo momento – este año tengo algunos anuncios más que exponer. Empezaremos por los que nos afectan a todos, en primer lugar y como podréis observar los más veteranos tenemos nuevos miembros en el profesorado. Para la asignatura de Defensa Contra Las Artes Oscuras, tenemos el placer de contar con Charlie Weasley, no ha sido fácil que alguien aceptara el puesto, pero Charlie siempre ha sido todo un Gryffindor. – dijo esto, dedicándole una suave sonrisa a Charlie, quien sonrió orgullosamente y un fuerte aplauso se elevó por todo el Gran Comedor – Y para la asignatura que hasta este año era opcional, pero que se convierte inmediatamente en obligatoria para todos los cursos, tenemos a Catherine Walls, antigua alumna de Ravenclaw y licenciada con honores en historia en la prestigiosa universidad muggle de Oxford. – otro fuerte aplauso se escuchó por todo el lugar y la nueva profesora se sonrojó levemente saludando con la mano a la multitud de estudiantes – Demás está decir que el Bosque Prohibido está terminantemente prohibido para cualquier alumno, así como el pasillo del tercer piso.

Hizo una breve pausa, mirando fijamente a todos los alumnos de primer año, enfatizando sus palabras con ese gesto de severidad. Antes de volver a hablar de nuevo tan bien nos lanzó a nuestro grupo en particular una mirada llena de significado "Este año no os metáis en problemas, por favor".

- Continuemos. Este año hemos decidido no nombrar Premios Anuales, sería muy injusto para la gente que no estuvo el año pasado o que ya no está. Así que mañana a la hora del desayuno se os informará sobre quien serán los prefectos de cada casa.

Volvió a hacer una pausa y todos pensábamos que estaba a punto de anunciar el deseado banquete de bienvenida, pero parecía que aún tenía algún anuncio más que hacer.

- Tengo unos anuncios exclusivos para los alumnos de séptimo curso. Como bien habréis podido notar, este año el curso con más bajas es el último, es comprensible que muchos de esos chicos y chicas que ya son hombre y mujeres hayan decidido seguir con su vida sin necesidad de acabar los estudios, después de todo lo que han tenido que pasar. Aun así me alegra que haya habido algunos de vosotros que hayáis decidido volver. Sois veinte alumnos de distintas casas, por eso hemos decidido que viviereis los veinte en una misma sala común, compartiréis habitación con un compañero que se os ha asignado, no se puede cambiar, así que no lo intentéis.

Un trozo de pergamino apareció delante de todos los alumnos de séptimo y con miedo en la cara, me dispuse a saber quién sería mi nuevo compañero de habitación:

Pasillo derecho: [Hermione Granger/Pansy Parkinson] [Harry Potter/Draco Malfoy] [Jeremy Miller/Aiden Hall]

Pasillo central: [Kiara Thompson/Janneth Mitchell] [Alexander Gray/Damien West] [Alissa Simmons/Cassandra Dixon] [Ron Weasley/Theodore Nott]

Pasillo izquierdo: [Ginny Weasley/Daphne Greengrass] [Luna Lovegood/Astoria Greengrass] [Neville Longbottom/Blaise Zabini]

Contraseña de la sala común: "Alea jacta est"

¿Pansy Parkinson? Levanté la mirada con los ojos un tanto impresionados hacia la mesa de Slytherin, allí el grupo de tenía varias expresiones. A Nott parecía que le daba igual el tema, Zabini estaba riéndose de algo que acababa de decir Malfoy y este estaba con el ceño fruncido y resoplaba constantemente, Parkinson seguía con la cabeza gacha y parecía que no se había enterado de lo que pasaba a su alrededor y las hermanas Greengrass estaban al lado de esta, mirando hacia el frente sin ninguna expresión en sus caras.

- Bien, vuestra sala común está situada en la quinta planta, cerca del baño de los prefectos, detrás del cuadro de la Dama Roja. La contraseña la tenéis en el pergamino que acabáis de recibir y el proyecto de Estudios muggles empezará está semana con una clase teórica donde se os explicara y dará todo lo necesario para llevar a cabo el propósito y la semana que viene será vuestra primera salida. Dicho esto, espero que disfrutéis de este nuevo año y que tengáis un banquete delicioso. Buenas noches.

Dicho eso, todas las bandejas del comedor se colmaron de exquisitos manjares. Ron fue el primero en atacar la comida, parecía que había estado recluido el verano en un bunker sin comida, todos disfrutamos de una magnifica cena. Había comido todo lo rápido que pude y le dije a Ginny y Luna si nos podíamos marchar ya hacia la sala común, no haber dormido la noche anterior estaba haciendo estragos y cada vez se me desdibujaba más la realidad. Sabía que en cuanto mi cabeza tocara la esponjosa almohada de plumas caería rendida en cuestión de segundos.

Llegamos al pasillo del quinto piso donde se encontraba la ubicación de nuestra sala común y pronunciando la contraseña nos adentramos en ella. Era amplia, luminosa y majestuosa, había varios sofás y sillones colocados en formación frente a una gran chimenea que le daba un ambiente cálido y acogedor a toda la estancia. Diferentes estanterías se distribuían por las paredes, repletas de tomos por leer y varios escritorios de madera de roble se podían apreciar repartidos por la habitación. Una suave moqueta color madera recubría todo el suelo. Tres pasillos nos recibieron en la pared del fondo de la sala, cada uno se dirigía a las diferentes habitaciones. Yo tenía que irme por el derecho, ellas dos por el izquierdo y despidiéndome de manera perezosa y cansada me adentré en el pasillo donde encontraría mi habitación.

Al llegar a las tres puertas que allí me encontré, vi que en cada una había diferentes iniciales y me adentré en la que ponía: "HG/PP". Sin fijarme mucho en la habitación, me fui directa a la cama con dosel rojo y dorado, la otra era verde y plateada, no tenía que estar demasiado despierta para saber que cama era de quien. No me desvestí, no tenía fuerzas ni para hacerlo simplemente me dejé caer sin mucha elegancia y pocos segundos después estaba alejándome en brazos de Morfeo.


Me desperté debido a un molesto rayo de sol que se filtraba por la ventana dándome directo en la cara. Una vez más con el ritmo cardiaco acelerado y con una estúpida sonrisa entre mis labios. El sueño había sido maravilloso, era mi cumpleaños y Malfoy había ido a la Sala de los Menesteres, la cual había parecido un gran jardín lleno de diferentes y preciosas flores, nos sentamos en un columpio donde pasamos la mayor parte del rato, simplemente abrazados. Me había regalado un collar muy fino de plata con una serpiente de esmeraldas, era impresionante y a la vez nada ostentoso. Perfecto. Habíamos hecho el amor bajo la sombra de un gran sauce y nos habíamos quedado dormidos sobre la hierba fresca, hasta que un maldito rayo de sol me había devuelto a la realidad.

Me incorporé un poco mirando a mí alrededor, sorprendiéndome de encontrar la cama de Parkinson completamente vacía y sin rastro de que hubiera pasado por allí. Extrañada, pero sin darle mayor importancia me dirigí hacia el baño para tomar una ducha y bajar hacia el Gran Comedor, con ganas renovadas para empezar las clases.

Al salir a la sala común no me sorprendió no ver a demasiadas personas en pie, me había acostado más pronto que los demás y aun debía de ser muy temprano. Alissa Simmons, una chica de Ravenclaw con quien nunca había tenido mucho trato estaba sentada en uno de los sofás con un libro entre las manos.

- Buenos días. – saludé por mera cortesía, Alissa se giró percatándose de mi presencia y con una sonrisa en las labios levantó la mano devolviéndome el saludo.

Con una sonrisa me dirigí hacia una de las estanterías para observar que libros había allí y cual no había leído y me sorprendí gratamente al encontrar tomos de autores muggles, de filosofía, de historia, novelas y muchos géneros más. Estaba tan encantada mirando los estantes, que no me percaté que Ginny estaba a mi lado y cuando posó una de sus manos sobre mi hombro pegué un salto que se me cayó el libro de las manos, provocando una risa matinal en Ginny. Dos minutos después íbamos de camino al Gran Comedor, Luna, Ginny y yo y en ese momento recordé la ausencia de Parkinson en la habitación.

- ¿Vuestras compañeras de habitación han pasado la noche allí? – les pregunté casualmente.

- Sí, Greengrass es bastante silenciosa, ni noté que estaba allí y parece que es madrugadora porque está mañana se ha levantado muy pronto y ha desaparecido de la habitación sin mucha ceremonia. – dijo Ginny.

- Astoria también ha dormido allí, es bastante mandona y le molesta cualquier cosa, pero me pareció escucharla llorar a altas horas de la noche, no quise decirle nada para no incomodarla, pero me sentí muy mal por ella. – dijo Luna, con los ojos apenados y la cabeza gacha.

- Pues Parkinson no ha dormido en la habitación, creo que ni siquiera ha pasado por allí. – les dije y las dos me miraron con el ceño fruncido – Exactamente esa cara puse nada más despertarme… ¿Dónde creéis que ha pasado la noche?

- Ni idea. – dijo Ginny y Luna se encogió de hombros.

Cinco minutos después estábamos atravesando las puertas del Gran Comedor y dirigiéndonos hacia la mesa de Gryffindor para desayunar y coger fuerzas para el primer día de clases. Me serví unas tostadas con mantequilla y mermelada y un gran vaso de zumo de naranja. Nada mejor por las mañanas. Cinco minutos después aparecieron los chicos y se sentaron a nuestro alrededor mientras contaban las batallitas que habían sufrido la noche anterior con los nuevos compañeros de habitación.

- Nott, es un tío muy tranquilo, se quedó más de dos horas leyendo apoyado en su cama sin mover ni un solo músculo, a veces pensé que estaba dormido, pero al cabo de dos segundos le veía parpadear… da miedo. – dijo Ron, reprimiendo un escalofrío, mientras se servía un buen surtido de bacon con huevos.

- Zabini se comportó como una persona normal, pero he oído que suele traer compañía nocturna bastante escandalosa… - intetnó explicar Neville y observé como Ginny fruncía el ceño y cerraba las manos en puños.

- No te preocupes Neville, yo me encargaré de que nadie haga nada escandaloso… - dijo con voz calmada, pero peligrosa y no pude reprimir una sonrisa.

- Pues Malfoy no pierde el tiempo. – dijo Harry, haciendo que mi completa atención se centrara en él – Parkinson apareció ayer por la noche en el cuarto, mientras me estaba cambiando. – dijo escandalizado.

- ¿Qué? – pregunté aguantando la respiración, Ginny pareció percatarse de mi estado y me dio un suave apretón de apoyo en el brazo.

- Sí, se metió en la cama de Malfoy y así se han despertado. – explicó.

- ¿Y sabes que estuvieron haciendo? – le preguntó Ginny, aunque yo preferiría no saberlo, me estaba poniendo enferma por momentos. Las tostadas habían quedado olvidadas en el plato y mis manos rígidas habían quedado sobre la mesa.

- No, me di la vuelta y puse un hechizo insonorizador en la cama. No quería traumatizarme escuchando como esos dos creaban pequeños hurones. – dijo soltando una risa burlona, haciendo que Ron y Neville se unieran a él en una tanda de carcajadas.

Como un resorte me levanté del banco, con las manos crispadas en puños. Le lancé una mirada a la mesa de Slytherin donde todo el grupito comía en paz y tranquilidad, Parkinson estaba apoyada en el hombro de Malfoy y este parecía que le estaba diciendo algo sobre la comida.

Con la bilis subiéndome por la garganta y la visión tornándose roja de furia, me alejé de allí, pensando en mi inmediato destino La Biblioteca, ahora sí que necesitaba desprenderme de ese anillo, pero sobre todo desprenderme de lo que me había hecho sentir por Malfoy. ¿Cómo se atrevía a coquetear descaradamente conmigo en el Expreso y después meterse en la cama con Parkinson? ¿A que estaba jugando?

Escuché de lejos como Ron preguntaba a donde me iba y levanté el libro de Runas Antiguas como única explicación, sabía que con eso les quedaría claro a todos a donde me dirigía.

Tres minutos después estaba frente a las puertas de la biblioteca, el camino hasta allí me había parecido un borrón y al darme cuenta ya había llegado allí. Tenía que saber a qué me enfrentaba, cómo podría desprenderme de ese anillo y de Malfoy, sin esas ganas de morirme en el proceso.

Me adentré entre las muchas estanterías de la biblioteca, sin saber muy bien por donde empezar a buscar. Malfoy había dicho algo sobre el anillo de los amantes, aunque no estaba muy segura, en esos momentos no había prestado demasiada atención a sus palabras.

Media hora después, había deambulado por los pasillos sin encontrar nada significativo, hasta que había llegado a la zona donde se encontraban los volúmenes de objetos mágicos y un libro donde hablaba de anillos me había llamado la atención. Caminé hasta la mesa que todos los años había usado, era la que más iluminación natural tenía, ya que estaba bajo una ventana y era la más apartada de las zonas de aglomeración. Mi pequeño santuario.

Abriendo el libro por una página al azar vi un anillo que te otorgaba sabiduría, sabiendo que no era ese el que me había tocado a mí, seguí buscando durante diez minutos más hasta que por fin, frente a mis ojos, tenía un dibujo calcado al anillo que llevaba en el dedo índice, así que con ansias me dispuse a leer:

El anillo de los amantes o del vínculo eterno

Su origen es prácticamente desconocido, aunque algunas leyendas dicen que su procedencia es rusa. Las primeras referencias históricas que se le atribuyen datan del siglo XIII. Dichos anillo se usaban como vínculo entre dos personas que se amaban, pero por diferentes circunstancias no debían o no podían estar juntas. Vulgarmente se decía que los portadores de los anillos sufrían la maldición del amor prohibido. Se puso muy de moda entre los nobles de la aristocracia Inglesa y muchas tragedias se han escuchado de mano de estos singulares objetos.

Por sí solo, el anillo tiene un poder limitado, pero no por ello menos potente. Atrae con su llamada a los portadores que tienen un amor prohibido escondido en lo más profundo de su ser, creándole realidades oníricas, abriéndole las puertas de su mente. Tiene un componente mágico que crea adicción, haciendo que cada vez que un portador se lo intenté quitar, se sumirá cada noche en una profunda y consciente oscuridad, dejándole vacío, casi sin vida. El propósito del anillo es encontrar otro con el que vincularse, a poder ser con el objeto de deseo del portador. Cada vez será más difícil desprenderse de él y los efectos secundarios serán peores, como consecuencia debilitará la fuerza de voluntad del portador creando cada vez realidades oníricas más oscuras y trágicas, conduciendo directamente a querer irracionalmente vincularse con su otra mitad.

Los anillos vinculados utilizan una magia antigua y de dudosa procedencia. Crean entre los portadores un mundo onírico a parte donde los amantes cada noche podrán encontrarse. Los portadores quedan vinculados eternamente, si uno de los dos decide quitarse el anillo, los dos vivirán atormentados el resto de sus vidas, la muerte de uno será la muerte del otro en vida. No morirá, pero dicen que es un destino peor que la muerte.

El hechizo que crea el vínculo es este:

"Duae animae, cor unum"

Se desconoce el movimiento de varita que hay que empelar para crearlo. Para más información, remitirse a libros de Ocultismo y de magia oscura, aunque no es considerado un objeto de magia negra, sí que tiene tintes oscuros y está en el límite de la magia blanca.

Al acabar de leer la corta explicación, me quedé sin habla, estaba impresionada. ¿Una realidad onírica donde encontrarse? ¿Eso era físicamente posible? Ese anillo no era ninguna tontería, su poder era increíble, nunca había oído nada parecido. Lo de la adicción me lo había temido, la sensación de angustia que sentí ese día, más la ansiedad que le siguió, podía decir perfectamente que se trataba del famosos síndrome de abstinencia y si con el tiempo se incrementaba debía hacer algo para desprenderme de ese anillo, aunque quisiera arrancarme el corazón en el proceso para no sentir ese enorme abismo que crecía en mi interior.

Quería ir a Grimmauld Place, tenía que ir. Ahora más que nunca quería saber a quién había pertenecido ese anillo, si había llegado a vincularse a otro y cuales habían sido las consecuencias finales de todo el asunto. Sólo me faltaba encontrar una excusa para salir unas horas del Castillo.

Y justo en ese preciso momento, un repiqueteo en la ventana me hizo salir de mis pensamientos. Una lechuza del ministerio estaba plantada fuera con una pequeño trozo de pergamino atado a una de sus patitas. Debía ser la hora del correo, todos debían estar recibiendo sus cartas o lo que fuera y esa lechuza en particular debía haber estado buscándome hasta haber dado conmigo. Así que levantándome fui a recoger y abriendo la ventana le dejé pasar.

Un escueto mensaje estaba allí escrito, con la que reconocí como la letra de Kingsley.

Hermione, hemos hecho algunos avances en relación al caso de tus padres.

Dentro de poco tendrás más noticias.

Atentamente, Kingsley Shacklebolt. Ministro de magia.

Al acabar de leer la nota, me olvidé de todo el cabreo con Malfoy. Habían avanzado en el tema de mis padres, eso era nuevo, esperaba que los Inefables hubieran encontrado algún hechizo o poción que pudiera devolver la memoria después de un potente Obliviate.

Con la nota entre mis manos, de repente me sobrevino una idea para poder salir del castillo y llegar a Grimmauld Place sin despertar las sospechas de nadie. Sólo tenía que manipular un poco la nota, poniendo que requerían mi presencia en el ministerio esa misma mañana para dar mi consentimiento de probar con mis padres diferentes maneras de devolverles la memoria. No era del todo mentira, simplemente eso lo había hecho antes de llegar a Hogwarts, pero McGonagall no tenía por qué enterarse, ¿no?

A toda prisa fui a dejar el libro en su correspondiente sitio y salí de la biblioteca los más de prisa que me daban mis piernas, tenía que llegar ya al despacho de McGonagall, si me apuraba quizás no me perdería ninguna clase. Al llegar al tercer piso, sentí como una mano me arrastraba hacia una de las esquinas del pasillo, acorralándome.

- ¿Dónde vas pequeña leona? – me preguntó esa voz que ahora mismo pagaría por no volver a escuchar.

- No te incumbe Malfoy. – le dije con voz dura, luchando por salir de esa esquina donde me tenía atrapada, pero él era mucho más fuerte y lo único que conseguí fue que se pegara más a mi cuerpo, así que opte por contestarle a ver si así me dejaba en paz – El Ministro requiere mi presencia en el ministerio.

- Mientes. – me dijo acercado su cara a la mía, mientras esos dos pozos de plata fundida me atravesaban, poniéndome nerviosa.

- ¿Co… cómo…

- Siempre que mientes arrugas la nariz y te muerdes el labio inferior con nerviosismo. Eres un libro abierto para mí, Granger. Así que dime… ¿Dónde vas? – susurró junto al lóbulo de mi oreja, enviándome oleadas de calidez con su aliento, embotando todos mis sentidos.

- Yo… yo… quiero descubrir de quien era el anillo. – le dije, sin saber porque le estaba contando la verdad.

- Así que ya has descubierto lo que es… Y ahora, ¿me vas a decir con quien has estado soñando?

Esa pregunta, me hizo recordar con quien había pasado la noche, el porqué de mi inicial enfado y por qué quería deshacerme de todo eso cuanto antes y con fuerzas renovadas intente zafarme de su alcance, pero justo en ese momento, escuchamos pasos al final del pasillo y como un resorte se apartó de mí, como si me repeliera.

- Draco, Pansy te estaba buscando desesperadamente. – al final del pasillo y con una sonrisa burlona en la cara estaba Zabini, acercándose a pasos perezosos hasta donde estábamos y sin esperar nada más de esos dos me di la vuelta bufando con fuerza y alejándome hasta donde estaban las gárgolas de entrada al despacho de la Directora.

- Guau, bufa como una autentica gatita. – escuché que decía Zabini.

- ¡Cierra el pico Zabini! – le grité, sin darme la vuelta y enseñándole en alto el dedo corazón en un gesto universal de mandar a la mierda y escuché de su parte una estruendosa carcajada.

- ¡Granger! No te olvides de decirme cuando vuelvas quien es la siguiente manzana podrida de la familia Black, estoy deseando escucharlo. – dijo Malfoy a la distancia, justo cuando ya estaba a punto de entrar por el hueco de las gárgolas después de haberle dicho la contraseña y sin mirar hacia atrás me metí en el hueco de la escalera de caracol.

Al llegar a la puerta del despacho de McGonagall me quedé allí durante un segundo, ¿Qué pretendía Malfoy jugando así con las dos? ¿Sería alguna tipo de apuesta eso de acercarse a mí? Sacudí la cabeza haciendo desaparecer ese tipo de pensamiento, me tendría que dar exactamente igual, no debería tener poder para dañarme y en cuanto superara esa fase de abstinencia con el anillo se habría acabado Malfoy y esa enfermiza obsesión con él para siempre.

Golpeé la puerta suavemente con mis nudillos y la voz de McGonagall me dio permiso para entrar desde dentro. Le enseñe la nota modificada del Ministro donde ponía que requería mi presencia inmediata en el ministerio para dar mi consentimiento para usar a mis padres de conejillos de indias. Sin ninguna sospecha de su parte y con su aprobación me introduje en la chimenea para llegar a Grimmauld Place a través de la Red Flu, le había dicho que debía pasar por allí para recoger algunos documentos de mis padres.

Y cinco segundos después estaba en el salón de la mansión Black, el silencio era el dueño del lugar y sin querer perturbarlo caminé de puntillas hasta llegar al segundo piso donde estaba mi habitación y donde había encontrado el dichoso anillo.

Durante una hora entera había estado buscando cualquier indicio o pista que me dijera a quien había pertenecido, pero después de dejar la habitación como si una banda de ladrones rumanos hubiera entrado en ella, no había encontrado ni una miserable pista. No había ni un hueco en el suelo en el que ni hubiera algo tirado, el contenido de todos los cajones y estantes estaba también desparramado por el suelo, la cama estaba llena de bártulos que no sabía que habían estado ahí nunca e incluso había levantado algunas piezas de madera del suelo que le habían sonado huecas, pero absolutamente nada del anillo.

Estaba a punto de darme por vencida y recogerlo todo para volver a Hogwarts, pero decidí volver a mirar en la mesita de noche donde lo había encontrado y nada, totalmente vacío. Alargué la mano hasta el fondo hasta tocar el final del cajón y cuál fue mi sorpresa al descubrir que el fondo del cajón estaba hueco y que claramente había un doble fondo.

Con ansiedad, volví a golpear el trozo de madera, escuchando ese ruido sordo que hacía un hueco entre tablas, un perfecto escondite. Con la varita saqué el trozo de madera que hacía de falso fondo y allí posado inocentemente había un sobre, parecía mantenerse igual de blanco que el primer día, como si el tiempo no hubiera hecho mella en él.

Con reverencia lo abrí y vertí el contenido de esté sobre la mesita de noche, la cual no había sido invadida de cosas, por suerte. Y con los ojos y la boca abierta vi como de allí salían, un anillo idéntico al mío y una pequeña nota, la cual cogí con frenetismo, sabiéndome muy cerca de descubrir quien había sido el protagonista de esa trágica historia, con posiblemente un trágico final, debido a que allí estaban los anillos y según el libro no era precisamente ese un final feliz.

Con los ojos abiertos como platos leí el mensaje:

Te amo, BB. Recuérdalo siempre.

FL

Mi gran expectativa eran dos malditas iniciales o incluso podría ser un acrónimo de bebé. Estaba más confundida que al principio, aunque al menos había encontrado el anillo, pero siendo sincera conmigo mismo, eso me había dejado más intrigada, deseosa de saber quiénes habían sido los protagonistas de esa historia, quería conocerla, saber que había llegado a pasar y por supuesto ver las consecuencias que el poder de ese anillo causaba, ¿sería tan malo tenerlo puesto? ¿De verdad con el paso del tiempo lo único racional que podría llegar a pensar sería en vincularme a Malfoy?

Desinflada completamente, por sentir un completo fracaso la operación "Escapada de Hogwarts". Arreglé todo el estropicio que había generado en la búsqueda con un simple toque de varita, en esas ocasiones adoraba tener ese trozo de madera entre mis manos. Con pesar me dirigí hasta la cocina para prepararme una buena taza de té que me relajara y decidí ir a bebérmelo a la sala donde estaba el tapiz del árbol genealógico de la familia Black, a lo mejor observándolo durante un rato, podría descubrir algo.

Y así estuve durante unos buenos veinte minutos, sentada en un sillón frente al tapiz y sin despegar los ojos de él, pero nada se me iluminaba hasta que acabé observando la cara de la madre de Malfoy, se parecía bastante a él si sabias observar bien, tenían un gesto muy parecido, sin esa maldad que caracterizaba los ojos de Lucius Malfoy. Y de repente, como si de un tiro se tratara, todo estaba claro, ahí frente a mis ojos.

- Mierda…

Tenía que hablar con Malfoy inmediatamente.


¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido? He de decir que a mi me ha encantado escribirlo. Espero que os haya gustado muchOO. Espero haber plasmado las personalidades de todos medianamente bien, se que Pansy no parece ella, pero tiene un porque y dentro de poco lo sabremos ;) Y en cuanto a los anteriores dueños de los anillos, es bastante fácil de adivinar, sobre todo para aquellos que hayan leído Turncoat ;) Ya me diréis... ^^

Por cierto, si queréis saber como es el collar que Theo le regala a Luna, sólo tenéis que googlear esto en Imágenes: Colgante luna y hoja de marihuana y es la primera imagen que aparece.

El próximo capítulo veremos la primera salida, ¿A donde irán nuestros chicos? ¡TACHÁN! Sorprise!

Besitos dulces para todos!

Contestación a los reviews sin cuenta:

Guest: Bueno mi querido anónimo, veremos como se van desarrollando las parejas, pero te digo que no vas nada desencaminado ;) Besitos!

Angel: Hola guapsisimaa! Bueno, hemos tenido un primer impacto de lo que puede ser este curso, Malfoy ha estado enamorado de ella durante toda su vida y notarla receptiva tiene que ser como una viagra en vena... así que bueno... esto es lo que ha salido de mi cabecita, espero que tus expectativas no hayan bajado en cuanto a la historia y que te haya encantado el cap, me encantan tus reviews ;) me dices unas cosas... *se sonroja profundamente* muchas gracias cielo! Besitos!

Guest: Wolas querido anónimo, bueno me alegra que no entendieras que era lo que causaba las pesadillas de Hermione, espero que este cap te haya abierto los ojos en eso ;) Pues si quería cambiar el título, pero ahora que la gente empieza a conocerla así, no se si hacerlo, aunque me gusta mucho tu propuesta ^^ Ya veré que hago ;) Besitos y graciass!

SALESIA: Wolas guapsisiisma! Aquí estoy de nuevo, pero esta vez con Pesadillas. Creo que ha quedado bastante claro quien será el candidato para nuestra nueva profesora de estudios muggles, no? en el próximo cap tendremos una descripción a fondo de esta chica ;) Por cierto espero que todo lo que decías en el review como la gripe y lo de tu rodilla este más que solucionado y te encuentres a la jodida perfección ;) y te mando un abrazo por si acaso ^^ Y bueno la ansiada respuesta en los sueños de Hermione a llegado y bueno espero que la explicación de los anillos haya quedado convincente, ¿Que te ha parecido? ¿Sabes quienes eran los antiguos dueños? Estoy segura de que sí ;) JAJAJAJ Y bueno dentro de poco iremos viendo que más parejas se van formando en ese extraño grupo ;) Espero con ansiedad tu opinion con respecto a este cap, eres como mi critica literaría, me analizas todo el cap a un detalle que me fascina! Te adoorrooo ¿Te lo he dicho alguna vez? jajaj Bestoes cieloo!