¡Hola, holaaa!
Por fin nuevo capítulooo. Siento el retraso, pero estoy en una época demasiado creativa y las ideas me salen solas, por eso no puedo centrarme en un solo fic y me apunto a tantos retos y todo eso... xD Además se me ha hecho muy difícil este cap, pero bueno ya lo tenemos aquí.
Espero que lo disfrutéis y a partir del siguiente empieza haber salseo ;P
Disclaimer: TODO lo que reconozcáis pertenece a JK Rowling.
Capítulo 7
Cinco minutos después había aterrizado en el despacho de McGonagall con un gran estrepito. Estaba nerviosa, el descubrimiento que acababa de hacer me había dejado aturdida, anulando momentáneamente mi capacidad de coordinación y ponerme en pie se me hizo una dura tarea.
La profesora McGonagall estaba sentada detrás de su escritorio con una ceja alzada, observándome por encima de la montura de sus gafas. En cuanto conseguí estabilizarme con los dos pies, escuché la voz de la profesora hablándome.
- Señorita Granger, ¿se encuentra bien? – me interrogó con la mirada - ¿Alguna novedad respecto a sus padres?
¿Mis padres? ¡Oh! La nota manipulada con la que había salido de Hogwarts, lo había olvidado por completo. Tragué saliva nerviosamente y me dispuse a contestarle intentando que no se notara mi turbación.
- Ehh, no todavía no. Pronto tendré noticias. – dije apresuradamente, sin dejar de mirar sus ojos para que pareciera más creíble.
- Bien, señorita Granger. Ya puede volver a sus…
- Minerva, si me permites intervenir. – dijo la voz del retrato de Dumbledore, sorprendiéndome – La señorita Granger parece un tanto alterada por la falta de noticias de sus padres, creo que deberías darle el resto de la mañana libre, para que se calme. – finalizó mirándome sobre la montura de sus gafas de media luna y guiñándome un ojo.
Ese hombre sabía algo, ¿cómo se las arreglaba par incluso después de muerto saberlo todo? Le devolví la mirada un tanto incomoda, esperando el veredicto de la directora. Justo a la derecha del retrato de Dumbledore estaba el de Snape, observándome con un brillo indescifrable en sus oscuros ojos, pero con su habitual máscara de desprecio y le dediqué un breve movimiento de cabeza, con respeto.
- Tienes razón, Albus. – habló por fin McGonagall, con el ceño fruncido – Señorita Granger si lo desea puede tomar el resto de la mañana libre. Todos sabemos que no va a quedarse atrás. – acabó con una mirada de orgullo en sus ojos que me hizo bajar la mirada, sintiéndome mal por mentir.
- Gracias, profesores. – susurré con voz débil, empezando a encaminarme hacia la salida.
- Que tenga un buen día, señorita Granger. – escuché que decía la voz de Dumbledore, cuando ya estaba cruzando la puerta del despacho.
Al salir al pasillo empecé a reordenar mis caóticos pensamientos y a intentar pensar con claridad. ¿El anillo que llevaba en el dedo, era el anillo de Bellatrix Black? ¿La misma Bellatrix que me había torturado sin ningún tipo de remordimiento en la mansión Malfoy? Pero la pregunta más importante, ¿quién sería FL? Desde que había salido de Grimmauld Place no había parado de devanarme los sesos intentando averiguar a quien podrían pertenecer esas iniciales, pero por más que lo intentaba nada llegaba a mi mente.
A cada segundo que pasaba la curiosidad por saber más sobre la historia aumentaba. No era capaz de procesar la imagen de una Bellatrix enamorada de un amor prohibido, ¿sería un sangre sucia, un traidor a la sangre? ¿Alguien que conociera? La loca de Bellatrix, la causante de la muerte de Sirius y de tantas otras víctimas inocentes. ¿Cómo era posible eso? La nota que había junto al anillo en el doble fondo rezaba: "Te amo, BB. Recuérdalo siempre" Esas palabras no parecían dirigidas a una loca sádica, mano derecha de Voldemort y una de las más proliferas asesinas de esa guerra. No, estaban escritas con amor y con un sabor amargo a despedida. Palabras dedicadas a un ser amado, ¿realmente alguien había visto algo más allá de esas capas de maldad injustificada? ¿O verdaderamente la historia que había allí detrás era tan trágica que Bellatrix era producto de las circunstancias?
Las palabras que me dedicó mientras me estaba torturando en la mansión Malfoy retumbaron en mi cabeza con un eco fantasmal, como una firme sentencia: "Nunca lo conseguirás, Sangre Sucia. No está en tus manos." En aquel momento pensé que se refería a escapar de sus garras, pero ahora… Malfoy estaba a tan solo unos cinco metros, con una postura tensa, una mueca indescifrable en sus facciones y sus plateados ojos fijos en nosotras. Bellatrix me susurró esas palabras sin apartar la mirada de su sobrino. ¿Significaba eso que podía ver más allá de su locura? ¿Qué estaba comparándome con ella? ¿Con FL? ¿Sabría sobre los sentimientos de Malfoy?
Suspiré pesadamente con la cabeza saturada de información y demasiadas preguntas sin respuesta. Lo primero que tenía que hacer era buscar a Malfoy e interrogarle sobre lo que sabía. Tenía demasiada información sobre los anillos, por consiguiente debía saber algo y seguramente más de lo que estaría dispuesto a admitir.
Con esa firme idea en la cabeza emprendí el camino por los pasillos de Hogwarts intentando dar con la cabeza rubia de Malfoy. Pero después de unos veinte infructuosos minutos de búsqueda todavía no tenía ninguna pista de donde podría estar. En teoría a esta hora, debería estar saliendo de alguna clase, ¿pero de cuál?
Estaba en la planta baja cerca del pasillo de Transformaciones, cuando a unos cuantos metros de mí pude divisar a Zabini junto a Janneth Mitchell, una chica de Ravenclaw que cursaba séptimo curso con nosotros. Ella tenía una sonrisita estúpida en sus labios mientras Zabini le decía algo invadiendo indiscretamente su espacio personal. Con el ceño fruncido y con pasos firmes me planté delante de ellos descaradamente.
- Zabini. – dije para llamar su atención, haciendo que volteará la cara con una clara actitud de fastidio, quedándose momentáneamente parado en cuanto me reconoció. Janneth, le dedicó una sonrisa y con un movimiento de cabeza se marchó de allí apresuradamente, con el rostro fuertemente sonrojado. Arqueé una ceja, volviendo mi atención al Slytherin.
- Espero que merezca la pena, gatita. – me dijo acercándose un paso a mí, mirándome con una sonrisa burlona. Obviando su comentario jocoso me dispuse a contestarle sin ningún ápice de humor en mis facciones.
- ¿Sabes dónde puedo encontrar a Malfoy? – su sonrisa se ensanchó todavía más, irritándome en exceso. Por Merlín, que insufrible podía resultar este chico. ¿Qué había visto Ginny en él?
- La última vez que le vi, acompañaba a Pansy a los invernaderos.
- Claro como no… - dije inconscientemente a la vez que bufaba de manera despectiva, logrando que Zabini soltara un fuerte carcajada en mis narices.
- ¿Eso que huelo son celos, gatita? – dijo inclinándose sobre mí y olfateando el aire de mi alrededor. Eso consiguió cabrearme del todo y di un paso atrás con furia.
- ¿Por qué no empiezas a ocuparte de tus asuntos pendientes, en vez de entrometerte en los asuntos de los demás? – le espeté viendo como su expresión normalmente juguetona demudaba a una mortalmente sería y eso me asustó. Nunca le había visto así, ni en las fotografías que habían publicado en el Profeta de su juicio. Tragué saliva nerviosamente, reprochándome mentalmente por dejarme llevar por el enfado.
- Si te refieres a tu amiga pelirroja, es que conoces toda la historia. Así que deberías saber que es ella la que tendría que venir a mí, arrastrándose. – dijo en un siseó contenido, aunque se podía intuir un tinte doloroso en su tono de voz y sus oscuros ojos brillaban con fuerza. Sin esperar nada más se marchó de allí a grandes y fuertes zancadas, dejándome con un amargo sabor de boca.
Emprendiendo el camino hacía los invernaderos a ver si podía toparme con Malfoy, decidí que hablaría con Ginny para intentar convencerla que tenía una conversación pendiente con esa sorprendente serpiente. Y caminando distraídamente por los pasillos de Hogwarts volviendo al asunto de Bellatrix que ocupaba la mayoría de mis pensamientos, - los otros pocos iban dirigidos a Malfoy y a su sombra – divisé una cabeza platinada justo en uno de los patios interiores y parecía que estaba "discutiendo" con Parkinson. Rápidamente retrocedí unos pasos, escondiéndome tras una columna que me proporcionaba una vista privilegiada de la escena a pocos metros y si hablaban lo suficientemente alto podría escucharles a la perfección.
- Pansy, simplemente te estoy diciendo que lo que haces no te está sirviendo para nada. Tienes que soltarlo. Abrazarte a mí cada noche sin hablarme no me sirve para ayudarte y la gente va a empezar a hacer preguntas, ¿no lo has pensado?
Estaban sentados en un banco, Malfoy había intentado hablar bajo, pero se le notaba lo suficiente alterado como para no poder medir los niveles de volumen de su voz. Parkinson en ese momento se levantó de un tirón del banco situándose frente a Malfoy con los brazos abiertos.
- ¿Realmente crees que a estas alturas me importa una mierda lo que piensen, digan o hagan los demás? ¿De verdad lo crees, Draco? – le espetó la Slytherin con una mueca furibunda y los ojos anegados de lágrimas, dejando a Malfoy cabizbajo, ¿qué estaba pasando ahí? Parkinson decidió continuar hablando con voz dolida - Pero todos sabemos que sólo temes que sea esa insufrible sabelotodo la que empiece a interrogarte y no puedas contestarle para no exponerme.
¿Insufrible sabelotodo? ¿Esa era yo? La rabia se apoderó de mi sistema queriendo salir allí y decirle cuatro cosas a esa víbora. Pero sin querer cometer otro error como el de Zabini, respiré profundamente dos veces viendo como Malfoy suspiraba derrotado.
- Pansy, sólo estoy intentando hacerte comprender que esta actitud que has tomado después de la guerra no te está ayudando, es más, te estás hundiendo tu sola.
- ¡Bien, Draco! Sólo puedo prometerte que lo intentaré. – exclamó Parkinson, con resentimiento en su rostro – Ahora para que veas como lo hago, me voy sola a Herbología y no te atrevas a seguirme. ¡Eres peor que Theodore!
Dicho esto se marchó de allí dirección hacia los invernaderos a pasos apresurados, dejando a Malfoy plantado en el banco con la palabra en la boca. Observé como bufaba con frustración mientras se pasaba las manos por el pelo revolviéndoselo de manera que le caía sobre los ojos, con esa maldita costumbre tan arrebatadoramente seductora.
Esa discusión que acaba de presenciar no tenía nada que ver con una discusión de dos enamorados, más bien de dos amigos reprochándose cosas el uno al otro. ¿Qué le habría pasado a Parkinson durante la guerra como para que Malfoy estuviera dándole consejos como un padre preocupado? ¿Realmente sus heridas de guerra serían tan profundas como para no dejarse ayudar ni por sus amigos?
Vi como Malfoy se preparaba para irse de allí, así que decidí que ese era momento para intervenir. Sabía que no era un buen momento para él después de haber discutido con una de sus amigas, pero tenía que saber cómo sabía tanto sobre los anillos, si conocía de quien podrían ser las otras iniciales y así ir recabando información sobre la historia, para poder compararla con la mía y saber qué consecuencias podría traer el poder de esos anillos. Saliendo de detrás de la columna que me ocultaba me adentré en el patio, posicionándome frente a él y obstaculizándole el paso.
- Malfoy. – le dije con voz resuelta y firme, logrando que arqueara una ceja.
- Granger.
- ¿Conocías la identidad de los dueños de los anillos? – le pregunté con el ceño fruncido y cruzándome de brazos a la espera de una respuesta satisfactoria.
- No, pero imagino que por la postura y el tono de voz tú sí. – me contestó con una sonrisita de medio lado, volviendo a sentarse en el banco y haciéndome una invitación con la mano derecha para que le acompañara. Pero no moví ni un musculo, mi interrogatorio no había acabado y me sentía más intimidante de pie.
- ¿Sí no conocías sus identidades como sabías tanto acerca de los anillos? – volví a preguntarle, observando casi un imperceptible cambio en sus facciones, para un segundo después volver a componer su sonrisa burlona.
- Bien, Granger. Parece que los dos tenemos información que interesa al otro, porque no la intercambiamos como personas civilizadas. – volvió a hacerme otra invitación para que me sentara a su lado y vacilante lo hice, quedando a una distancia prudente de su cuerpo intentando que no se notara mi nerviosismo por tenerlo tan cerca. Giré la cabeza para observarle de frente, siendo sincera, a mí me interesaba toda esta conversación y el tema de Bellatrix el que más, así que decidí empezar yo.
- ¿De verdad no sabías que los anillos pertenecían a Bellatrix Lestrange, en aquella época Black? – a medida que iba formulando la pregunta, la cara de Malfoy se iba transformando, primero abrió los ojos de manera exagerada, después abrió la boca como si fuera a decir algo y finalmente la cerró quedándose pensativo mirando al vacío - ¿Malfoy?
- Vaya… - articuló finalmente. Dejé que ordenara sus pensamientos, expectante y sin moverme. Unos segundos después continuó – Eso no me lo esperaba. Aunque con retrospectiva, muchas cosa tienen sentido… - y volvió a sumirse en sus pensamientos, con los ojos entrecerrados y la mano derecha en su barbilla.
- ¿Cómo cuáles? – susurré intentando no romper esa burbuja en la que estaba sumido. Él volteó su cara mirándome como si hubiera olvidado que estaba allí y suspirando resignadamente se dispuso a contestarme.
- Mi tía me acogió bajo su ala para entrenarme hasta llegar a ser un mortífago útil para su adorado Señor Oscuro. Pero más bien lo que parecía que intentaba hacer era reeducarme. Jodida psicópata. – eso ultimo lo susurró de manera furiosa – Cuando te escogió a ti en vez de a Potter o a Weasley en mi casa para… - tragó saliva antes de continuar hablando. Yo estaba conteniendo la respiración y el corazón me bombeaba frenéticamente – Sólo era una prueba más para mí. Por supuesto no la superé, aunque debía haberla matado en ese mismo instante.
Hubo un momento de tenso silencio después de sus palabras. Observé su figura, parecía derrotado, consumido por los recuerdos pasados, seguramente reprochándose muchas cosas más de las que decía. Sin ser consciente de que mi cuerpo se movía, me acerqué imperceptiblemente, inclinándome un poco sobre él.
- No podías haber hecho más de lo que hiciste, todo podría haber sido diferente y ahora no estaríamos hablando aquí. – le susurré afectuosamente – A riesgo de parecer Trelawney te diré, que todo se desarrolla como debe ser. – finalice con un sonrisa fingida, sabía que esas palabras eran completamente falsas, pero no se me ocurría nada más que decirle y no podía seguir viendo esa expresión en su cara. El Malfoy que había visto en el ministerio había vuelto y eso aunque nunca lo admitiera me desgarraba el corazón.
Su ceño se frunció al mirar la poca distancia que había entre nuestros cuerpos y alzando la mano me apartó suavemente un rizo rebelde, colocándolo detrás de mi oreja. Me removí inquieta en mi sitio, seguramente con la cara ruborizada.
- No lo entiendes, Granger. Al verte estirada entre las garras de la loca de mi tía, me paralice. Mis más oscuras pesadillas se estaban haciendo realidad y lo único que pude hacer fue quedarme observando, mientras temblaba. Finalmente Potter tenía razón, soy un cobarde.
- No Malfoy, no digas eso. Arriesgaste suficiente al no delatarnos. Te habrían matado allí mismo. – le dije, posando una de mis manos en su barbilla, levantándole la cabeza la cual había agachado.
Nuestros ojos se encontraron, creando un choque electrizante. Sus irises plateados, brillaban con fuerza. Eran dos faros alumbrando las más oscura de las noches. Estaba atrapada por ellos, tenía la mirada más clara que le había visto nunca. Parecía un ángel, un auténtico ángel caído.
- ¿De dónde has salido, maldita bruja? – dijo en un casi inaudible susurro, mientras sus ojos se desviaban a mis labios. La burbuja en la que había estado Malfoy durante casi todo el rato me había engullido. Ahora mismo, no veía nada más a mí alrededor que a él, sus ojos, sus labios y sus delicadas, pero atormentadas facciones.
Poco a poco nos fuimos inclinando sobre el otro, acercándonos sutilmente. Parecía que el tiempo se había detenido, mientras sentía como su mano izquierda pasa por detrás de mi cuello en un sutil roce, enviando un cosquilleo por toda mi columna vertebral. Nuestros labios estaban a punto de rozarse, pero el ulular de una lechuza cercana explotó la burbuja en la que nos habíamos inmersos y rápidamente me aparté de él en el banco, quedando a la misma distancia con la que habíamos empezado toda la conversación. Carraspeando con incomodidad y sintiendo como toda la sangre de mi cuerpo se agolpaba en mi cara empecé a hablar para romper la tensión del momento.
- ¿Te… te dicen al-algo las iniciales "FL"? – solté de una manera más torpe de lo había pretendido y para no tener que enfrentarlo todavía, empecé a rebuscar en los bolsillos en busca de la nota que había encontrado junto al anillo. Pude notar por el rabillo del ojo, como Malfoy me observaba fijamente con el ceño fruncido y apretaba sus manos en puños sobre sus rodillas.
Cuando encontré la nota se la pasé rápidamente evitando su mirada y el roce de sus manos. Vi como leía rápidamente el contenido y como sus ojos se ensanchaban momentáneamente con el mensaje que encontró, seguramente sorprendido por tan afectuosas y sentidas palabras. Volteó la cabeza para mirarme, devolviéndome la nota.
- No, no me dicen nada. Pero Bellatrix dejó su mansión en herencia a mi madre, puede que allí haya quedado algo. La próxima semana iré a visitar a Goyle, puede que me escape un momento para ver si encuentro algo.
- ¿Puedo ir contigo? – le pregunté de repente, arrepintiéndome al instante de no pensar antes de hablar. Seguramente el rubor seguía adueñado fuertemente de mis mejillas, incluso puede se hubiera intensificado mientras veía como arqueaba una ceja y una estúpida sonrisita aparecía en sus labios – Ehh, olvida…
- Por supuesto, Granger. Será un placer jugar contigo a los detectives. – dijo con una actitud claramente juguetona. Fruncí el ceño por la burla implícita subliminalmente en sus palabras.
- Bien, y ahora dime, ¿Cómo tenías tanta información sobre los anillos sino sabías nada de la historia de tu tía? – le pregunte pasando finalmente al siguiente tema que me interesaba.
- ¿Todavía no lo has adivinado? – me dijo, ensanchando su sonrisa aún más – Y dicen que eres la bruja más inteligente… Obviamente he usado uno.
Esa declaración me dejó momentáneamente parada. Nunca había pensado en esa posibilidad. ¿Malfoy usando ese tipo de anillo? La expresión de mi cara debía de ser lo suficiente elocuente para hacerle fruncir el ceño y espetar con mala cara:
- Después del Baile de Navidad de cuarto año, pasé… un mal momento. Y Blaise decidió regalarme uno de esos anillos para esa misma navidad. Obviamente no sabía mucho del asunto, pero había leído que te hacia vivir sueños muy reales. – un sutil rubor se instaló en sus mejillas al confesar todo eso, con el ceño fuertemente fruncido y una mueca muy graciosa en sus labios. Y mentalmente compuse una sonrisa al verle de esa manera.
- ¿Y cómo te libraste de esa sensación de muerte por las noches cada vez que te lo quitabas? – volví a preguntarle, sin querer ahondar en lo anterior, ahora mismo no estaba preparada, antes debía reordenar mis pensamientos y sentimientos.
- ¿Con quién has estado soñando? – me dijo cambiando su expresión a una totalmente seria. Me encogí sobre mi misma por la fuerza que ejercían esos ojos sobre mí, pero no estaba preparada para decirle que era él el que me atormentaba cada noche con sus caricias, con sus seductoras palabras y con esa atracción fatal que había entre los dos – Tranquila Granger, no tienes que explotar por no decirlo, respira. La poción para dormir sin sueños no funciona, el poder del anillo es más potente. Te recomiendo cantidades ingentes de alcohol y poción para no dormir.
Y dedicándome un guiño de ojos se puso en pie y empezó a emprender el camino, presumía que hacia las mazmorras, dejándome plantada en medio del patio y con el corazón palpitando desaforadamente contra la caja torácica y con una sensación indescriptible en el cuerpo.
Levantándome decidí ir a los terrenos de Hogwarts a refrescarme y a intentar pensar con un poco más de claridad. Sabía que Ginny y los demás debían estar en Herbología por lo que me situaría cerca de la salida de los invernaderos para que me vieran en cuando acabara la clase.
Veinte minutos más tarde estaba sentada en unas rocas cerca del invernadero número tres, pensando en lo último que había dicho Malfoy. Después del Baile de Navidad había empezado a usar el anillo y justo a partir de ese año sus insultos, burlas y comentarios mordaces se habían reducido a casi nada. Es más, a partir de ese año no podía recordar casi ninguna ofensa dirigida a mi persona, por lo general iban dirigidas a Harry y a Ron, sobre todo a Ron. ¿Tendría alguna razón especial para haber intensificado sus ataques a los chicos, especialmente con Ron y olvidarse por completo de mí? ¿Sería por los sueños que le producía el anillo? Al imaginar lo que podría haber llegado a presenciar en esos sueños, un embriagador calor empezó a invadirme todo el cuerpo acompañado de un familiar cosquilleo en las extremidades. Suspiré sofocada al tiempo que una mano se posaba en mi hombro y me hacía saltar hacia atrás completamente asustada. Debía estar demasiado sumida en mis propias cavilaciones como para notar que alguien se me acercaba en un terreno lleno de hojas y ramas con las que anunciarse.
Al abrir los ojos después de haberme recuperado del susto, vi que Ginny y Luna estaban intentando aguantarse la risa justo detrás de mí e inmediatamente fruncí el ceño.
- Me habéis asustado. – les espeté con mala cara.
- No es culpa nuestra si estás tan sumida en tu propia realidad que te impide percatarte de lo que pasa en esta. Por cierto, ¿en qué o quién estabas pensando? – dijo moviendo las cejas de manera estúpida. Escuché claramente una risita de Luna y les saqué la lengua a las dos.
- Pues no es en lo que estáis pensando, pero ahora es una estupidez hablaros de ello porque tengo casi la misma información que vosotras. – les dije mintiendo, refiriéndome a los anillos y a la historia de Bellatrix y FL, haciendo que las dos se miraran entre ellas con evidente confusión – No preguntéis, estoy saturada de preguntas que me hago a mí misma. Ahora mismo no podría aguantar más. Vamos a cambiar de tema, ¿dónde están los chicos?
Reprimiendo las ganas de preguntar, Ginny me contestó mientras Luna empezaba a arrancar el césped de su alrededor de manera distraída mirando hacia el lago.
- McGonagall les ha pedido que antes de la semana que viene les tienen que entregar la ficha completa del equipo de Quidditch de este año y se han marchado a convocar unas pruebas para Bateadores y algún nuevo cazador.
Y charlando sobre trivialidades pasaron más de media hora, casi a punto de ser la hora de comer, pero entonces un carraspeo nos detuvo y nos giramos hacia el sonido quedándonos momentáneamente paradas, menos Ginny quien se tensó visiblemente y me agarró fuertemente del brazo por la impresión.
- ¿Weasley, podría hablar a solas contigo un momento? – dijo Zabini, dejándome completamente sorprendida por su cambio de actitud después de la conversación que habíamos tenido. Vi cómo me dedicaba una mirada por el rabillo del ojo, sabiendo que me había pillado.
Ginny tragó saliva, su cara estaba mortalmente pálida y parecía que sus cuerdas vocales no le funcionaban. Le di un leve pellizco para que espabilara, el momento había pasado a ser incomodo con su silencio y vi como poco a poco reaccionaba.
- Ehh, n-no… lo que ten-tengas que decir, pu-puedes hacerlo delante de ellas. – nunca había visto a Ginny tan nerviosa y torpe. Parecía que estaba a un segundo de colapsar, tenía la espalda tensa, el cuello rígido y una expresión increíblemente extraña en su rostro. ¿Podría ser miedo?
- Bien, tú lo has querido. – dijo Zabini resoplando despectivamente, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón - ¿Sigues saliendo con Potter?
Todo quedó en silencio por un segundo. Pensaba que Ginny no le iba a contestar, pero sorprendiéndome una vez más lo hizo.
- No.
- ¿Significó algo para ti lo nuestro? – soltó a bocajarro, dejando a Ginny temblando. Decidí intervenir.
- Nosotras podemos irn…
- No, no os vayáis. – me interrumpió Ginny, mirándome a los ojos. Parecía que había recuperado el control de sí misma, volviendo a componer una expresión segura, aunque yo no tenía tan claro que fuera verdadera. Volvió la cabeza de nuevo hasta Zabini – Sí, significó algo.
- ¿Por qué huiste sin mirar atrás o sin siquiera pensar en volver? – le espetó está vez con un matiz oscuro en sus palabras. Parecía dolido, pero él no sabía todo lo que había sufrido Ginny desde ese entonces por él – Déjalo no contestes ahora. Si cambias de opinión sobre lo de hablar a solas, mañana después de la cena donde siempre.
Y se fue tan rápido como había venido. En ese momento Ginny empezó a respirar de verdad y nos miró como si el mundo fuera de color verde y acabara de descubrirlo.
- ¿Qué diablos ha sido eso? – nos preguntó retóricamente, aunque ella no sabía que yo si tenía la respuesta a su pregunta.
- Bueno… puede que yo tenga algo de culpa en eso. – dije rascándome la cabeza con nerviosismo.
- ¿Qué? ¿Qué ha pasado? – peguntó histéricamente, girando su cabeza hasta a mí y acercándose con un brillo peligroso en sus ojos.
- Puede que esta mañana le espetara que se ocupara de sus asuntos pendientes, o sea de ti. – dije incómodamente – En mi defensa diré, que tiene un talento innato para sacarme de mis casillas.
Ginny estaba boceando como un pez fuera del agua, pero Luna intervino.
- No me ha parecido que estuviera enfadado, si no dolido. Creo que deberías hablar con él. Hermione sólo te ha dado la oportunidad. – dijo con su voz suave mirando a Ginny con sus ojos saltones.
- Luna tiene razón, Ginny. En cuanto se lo dije cambió de actitud y se marchó de allí apresuradamente. Realmente parecía dolido.
Ginny bajó la cabeza con una mueca clara de culpabilidad en sus facciones.
- Bien, iré. Ahora vamos a comer por favor, tengo que sobreponerme del shock.
Luna y yo nos miramos intentando reprimir una carcajada, pero fracasamos en el intento y nos largamos a reír sin remedio, haciendo que Ginny se escandalizara en un primer momento y se uniera a nosotras segundos después. Y así nos dirigimos hacia el Gran Comedor para una suculenta comida. Allí nos encontramos a los chicos los cuales estaban demasiado enfrascados en una profunda discusión sobre a que miembros de Gryffindor seleccionar para el equipo, porque este al ser su último año debían arrasar con todas las demás casas. O esa era lo que ellos deseaban.
Las chicas nos enfrascamos en una conversación sobre nuestra siguiente clase "Estudios Muggles", tenía muchas expectativas con esa clase, muchas ganas de conocer a la profesora y de ver que nos explicaba en esta única, clase teórica que tendríamos. Todas deseábamos que llegará cuanto antes la siguiente semana para enfrentarnos a nuestra primera salida al mundo muggle.
- Os imagináis a los Slytherins en el mundo muggle. – dijo Ginny con una sonrisa de oreja a oreja – Eso va a ser memorable.
Dirigí la mirada hacia la mesa de Slytherin donde estaba el grupo de Malfoy y vi que Parkinson estaba sentada entre las hermanas Greengrass, enviándole claras miradas hostiles a Malfoy, Zabini tenía una expresión seria mientras removía la comida de su plato y Nott y Malfoy estaban enfrascados en una conversación intentando eludir el tenso ambiente que se respiraba en esa zona. Me los imaginé en el mundo muggle y no pude reprimir una fuerte carcajada que resonó por todo el Comedor, ocasionando que varias cabezas se giraran a mirarme. En especial la cabeza platinada de Malfoy quien arqueó una ceja en mi dirección. Ruborizándome aparté la mirada de su mesa, centrándome otra vez en las chicas.
- Y que lo digas, va a ser digno de recordar.- le dije, componiendo una sonrisa y levantando la mirada disimuladamente hasta Malfoy, observando que había vuelto su atención a Nott.
Veinte minutos más tarde nos dirigíamos hacia el aula donde se impartiría Estudios Muggles que estaba en la planta baja por lo que no estaba demasiado lejos y nos lo tomamos con calma. Los chicos iban unos metros delante de nosotras todavía enfrascados en la misma discusión. Al llegar frente a la puerta, vimos que casi todos los alumnos ya estaban reunidos allí a excepción de Parkinson y las hermanas Greengrass. Malfoy estaba apoyado despreocupadamente contra el muro de piedra y Zabini y Nott en identicas posturas a su lado, todos con muecas de auténtico aburrimiento.
Escuchamos el sonido de la puerta abrirse y todos empezamos a entrar. Susurros especulativos y jadeos sorprendidos se escucharon de algunos de los chicos debido a todo lo que estaban observando. Yo abrí los ojos fascinada.
Toda el aula emulada a la perfección las clases de los institutos muggles. Había una zona de ordenadores, los pupitres típicos de esos sitios, una pizarra con sus tizas en la pared frontal del aula junto a un escritorio lleno de papeles, libros y unas cuantas cajas pequeñas. Las conté y eran veinte justas para que cada alumno tuviera una. ¿Qué sería? Había muchos posters y carteles educativos que usaban los muggles para decorar sus aulas. La tabla periódica, Platón, Mozart y muchas cosas más. Sonreí como una niña pequeña.
Un carraspeo desde uno de los laterales nos llamó la atención a todos y dirigiendo nuestra atención hasta la fuente del sonido vimos a una chica con el pelo de color acaramelado y unas ondulaciones que le hacían parecer adorable, tendría menos de treinta años y una expresión amable y expectante iluminaba su rostro. Era menuda, no debía medir más de un metro setenta e iba vestida completamente a lo muggle, con unos pantalones de mezclilla y un jersey de lana morado de cuello alto.
- Bienvenidos, chicos. Sentaos como queráis, no estaremos muchas más clases en esta aula. – todos tomamos asientos.
Nos quedamos parados un momento mirándonos entre nosotros. La mayoría estaban un poco aturdidos por todos los aparatos y las cosas demasiado nuevas que estaban viendo y no sabían cómo proceder. Así que decidí dar el primer paso, si no la profesora iba a empezar a preocuparse. Cogí a Ginny del brazo, - Luna estaba hablando con Nott – y nos senté en el primer pupitre que encontré.
En ese momento todos los demás empezaron a tomar asiento. Sorprendentemente Luna agarró a Nott del brazo y los guio hasta uno de los pupitres que quedaban a nuestra derecha. Harry y Ron se quedaron momentáneamente estáticos observando a la extraña pareja, pero Harry sacudió la cabeza y finalmente los dos se sentaron en el pupitre de delante de nosotras. Malfoy y Zabini le mandaban miradas con el ceño fruncido a Nott, no sabía si reprochándole que se hubiera ido a sentar con Luna o que fuera el único de los tres que se atrevía a hacer lo que quería en cada momento, parecía haber aprendido y aceptado el verdadero significado de libertad y estaba haciendo uso de ella. Los dos Slytherins se sentaron detrás de nosotras, Ginny y yo nos miramos incómodamente, no nos gustaba sentirlos detrás sin poder ver sus movimientos.
Ya habían tomado asiento todos los alumnos, Neville era el único que se había quedado en un pupitre solitario justo en la derecha de Harry y Ron. Pero en ese momento se abrió la puerta apareciendo por ella las tres Slytherins que faltaban, las hermanas Greengrass y Parkinson, quedándose paradas en la puerta observando el panorama de la clase.
- Bienvenidas, tomad asiento donde podáis. – les dijo amablemente la profesora. Parkinson miraba con los ojos como platos el asiento vacío al lado de Neville, devolviéndoles una mirada suplicante a sus amigas. Fue la pequeña de las Greengrass la que suspirando fue a sentarse junto a Neville. Y las otras dos se sentaron en el único pupitre que quedaba libre, frente a Harry y Ron.
- Bien, ahora que ya estamos todos, comencemos. – dijo la profesora, caminando hasta el frente del aula junto a la pizarra, agarró una tiza y se dispuso a escribir – Me llamo Catherine Walls y seré vuestra profesora de Estudios Muggles durante este curso. Soy hija de muggles. – después de decir eso dejó una pausa para comprobar si sus palabras creaban alguna reacción, pero al ver que todo el mundo seguía atento a ella, continuó con una sonrisa – Fui estudiante de Ravenclaw – ahí los pocos estudiantes de esa casa aplaudieron con orgullo, haciendo que Catherine se sonrojara – Al acabar los EXTASIS y no saber bien que era lo que me apetecía realmente hacer, me fui a estudiar Historia a la Universidad de Oxford. He de decir que siempre me ha fascinado el mundo muggle y lo muy evolucionados que están sin nuestro don. Por eso este año queremos que abráis vuestra mente y que aprendamos quienes son nuestros vecinos y el basto mundo lleno de oportunidades y experiencias que os habéis estado perdiendo.
Dicho eso se acercó hasta su escritorio, cogió los muchos papeles que allí había y le dijo a Jeremy Miller un alumno de Hufflepuff que le ayudara a repartir las cajas que había visto al entrar sobre su mesa. El chico vacilante se acercó hasta allí cogiendo unas cuantas cajas con sus manos y empezó a repartirlas por la parte derecha del aula.
- Por descontado, la magia está totalmente prohibida en esta clase así como en todas las salidas que realicemos al mundo muggle, si lo hacéis se os descontaran puntos a vuestra casa. – cada vez estaba más encantada con esta profesora y como estaba llevando las cosas, iba a ser una de las clases que más iba a disfrutar sobretodo viendo la turbación de los magos que allí habían y que no tenían ni idea de lo que les estaba por venir.
- Profesora Walls, ¿qué son estos documentos? – preguntó Damien West un chico sangre pura de Ravenclaw. La profesora estaba pasando frente a nuestro pupitre en ese momento dejando los documentos de los que hablaba Damien en nuestra mesa.
- Estos documentos sirven para identificarte y viajar por el mundo muggle. La pequeña tarjeta con vuestra foto y vuestros datos es el documento de identidad y el pequeño librito es el Pasaporte, es un documento con validez internacional que acredita que puedes salir o entrar en los diferentes países. – le contestó la profesora.
Observé los dos documentos con los ojos brillantes, recordaba la vez que fui a hacerme los míos con mis padres cuando tenía apenas cinco años, preparándonos para el viaje a Disneyland Paris, el sueño de cualquier niño y no pude reprimir una sonrisa nostálgica por aquellos tiempos que esperaba recuperar pronto.
- Tienen completa validez legal, conseguidos por el ministro en sus contactos con el ministerio muggle. Así que no los perdáis, son muy importantes. – en ese momento Jeremy pasaba delante de nuestra mesa dejando la pequeña caja delante de cada una y lo que vi me dejó momentáneamente sin habla. ¿Un teléfono móvil? – Antes de que abráis las cajas, ¿alguien podría decirme que es la Tecnología? – rápidamente alcé la mano – Si, señorita Granger.
- La Tecnología es el conjunto de conocimientos técnicos, científicamente ordenados, que permiten diseñar y crear bienes y servicios que facilitan la adaptación al medio ambiente y ayudan a satisfacer tanto las necesidades esenciales como los deseos de las personas. En resumen es el recurso que utilizan los muggles a falta de magia.
- Estupendo, señorita Granger. Diez puntos para Gryffindor. – Ron y Harry se dieron la vuelta para sonreírme y yo les devolví una sonrisa orgullosa a la vez que escuchaba una sonrisita entre dientes venir desde la parte de atrás. Me giré para ver a Zabini sonriendo entre dientes burlonamente y a Malfoy con una sonrisa seductora en sus labios. Gruñí y volví mi atención a la profesora – Bien, abrid las cajas.
La abrí rápidamente encontrándome un pequeño aparato de color azul, con una pequeña pantalla y teclas con números, letras, flechas. Mi primer teléfono móvil, lo cogí con reverencia recordando las veces que usaba el de mis padres en las vacaciones de verano. Siempre me dijeron que si yo quería el mío propio, pero sabía que los aparatos muggles no funcionaban en Hogwarts, así que era una tontería comprar uno solo para usarlo tres meses al año. Miré alrededor y vi como casi todos miraban el aparato con una increíble curiosidad, impacientes por saber que era.
- ¿Alguien podría decirme que es y para qué sirve este aparato? – pregunto la profesora Walls. Decidí no levantar el brazo y ver si alguno sabía o se atrevía a decir algo. Todas las cabezas se giraron en mi dirección con miradas expectantes y con una sonrisa de superioridad me crucé de brazos a la espera de una respuesta. De los veinte estudiantes que cursábamos séptimo año, sabía que había muy pocos hijos de muggles, por no decir que era la única. La mayoría se habían instalado en el mundo muggle huyendo de las secuelas de la guerra y nadie podía reprochárselo. Harry delante de mí mirándome con el ceño fruncido, levantó el brazo.
- Adelante, señor Potter. – le invitó a hablar Catherine.
- Es un teléfono móvil. Sirve para enviar y recibir llamadas y mensajes desde otro aparato como este y a distancia. – dijo Harry de manera vacilante.
- Bien, cinco puntos para Gryffindor. ¿Y sabe cómo se usa para enviar una llamada?
- Ehh, puedo intentarlo… - dicho esto se enfrasco en intentar usar su teléfono, viendo que le era imposible desbloquearlo compuso una mueca – No sé cómo se enciende. – susurró avergonzado.
- No se preocupe señor Potter. Es un aparato de muy sencilla utilización cuando se ha aprendido lo suficiente de él además de muy útil. A diferencia de los teléfonos fijos estos son móviles por lo que puedes llevarlos contigo, tienen una batería – abrió su aparato mostrándonos su forma interior, la plaquita que era la batería y el cargador que venía también en la caja – que se carga mediante energía eléctrica. Todo eso lo iremos aprendiendo a medida que avance el curso. De momento nos tenemos que centrar en cómo funciona.
- Perdone profesora, ¿pero los aparatos muggles no funcionaban en Hogwarts, no? – preguntó Casandra Dixon, sentada en uno de los pupitres del frente del aula con Alissa Simmons.
- Tiene razón señorita Dixon, pero la directora McGonagall ha hechizado estos aparatos y todos los de esta aula para que función con normalidad, así que estos serán vuestros teléfonos móviles con los que podréis comunicaros entre vosotros y con el profesorado a la hora de las salidas al mundo muggle. En vuestra nueva sala común tenéis enchufes donde podréis cargar el teléfono y a medida que avance el curso y aprendamos nuevas cosas, añadiremos nuevos aparatos tecnológicos para que os vayáis familiarizando con ellos.
Todos estábamos encantados, miré por el rabillo del ojo a la mesa de Malfoy y pude ver que observaba el aparato con una extraña curiosidad, apretaba todos los botones sin ningún sentido esperando que el trasto hiciera algo, al igual que Zabini. Solté una risita mal disimulada haciendo que se girara en mi dirección y que arrugara la nariz de una manera muy graciosa logrando que soltara una risita más fuerte y él resoplara con indignación. Giré la cabeza en dirección a Luna y Nott y vi que los dos tenían las cabezas muy juntas observando solo el teléfono que Nott tenía entre sus manos. Neville y la pequeña de las Greengrass estaban enfrascados en una discusión porque Neville estaba invadiendo su espacio en la mesa y Parkinson miraba al frente mientras su compañera le susurraba algo al oído. Harry todavía seguía enfrascado en su aparato intentando averiguar cómo se encendía y Ron observaba lo que hacía por encima de su hombro.
Ginny me miraba con el teléfono móvil entre sus manos.
- ¿Sabes cómo funciona esto? – me preguntó expectativamente.
- Por supuesto que se cómo funciona. – le dije arrogantemente. Le di dos veces seguidas a la tecla del asterisco y la pantalla se encendió, logrando que Ginny soltara un sonoro "Guau" y que todas las cabezas se giraran una vez más a mirarnos.
- Muy bien, señorita Granger. ¿Podría decirle a sus compañeros como lo ha hecho?
- Hay que apretar dos veces seguidas la tecla del asterisco. La estrellita. – añadí viendo que no habían entendió a que me refería. Y todos procedieron a hacerlo, quedándose sorprendidos al ver como la pantallita se iluminaba dándoles la bienvenida al menú principal del teléfono.
- Bien, ahora realice una llamada y diga en voz alta el proceso que utiliza. – me dijo.
- Vale, después de desbloquearlo le damos a la flecha que señala hacia abajo y veremos el dibujo de una agenda, ahora presionamos el botón del centro que sirve para confirmar y entraremos a un apartado donde hay una lista con todos los números que conforman la memoria del teléfono, podemos añadir más si lo deseamos. – dije como apunte viendo que en la agenda del teléfono estaban todos los números del resto de compañeros. Y marqué el de Luna.
El timbre tradicional de un teléfono empezó a resonar por toda el aula a la vez que el teléfono de Luna que estaba apoyado en la mesa se movía de lado a lado debido a la vibración. Luna y Nott miraban la pantalla iluminada del teléfono con cara de pasmados sin saber si debían tocarlo o hacer algo para que dejara de sonar y moverse.
- Ahora, señorita Lovegood está recibiendo una llamada. Lo único que debe hacer es presionar la tecla de color verde y llevarse el aparato al oído. – Luna cogió el teléfono vacilante pegando un pequeño brinquito en cuanto sintió la vibración en su piel e hizo lo que la profesora Walls le había dicho.
- Hola Luna, ¿me oyes? – pregunté a través del móvil.
- ¡Hermione! Sí que te oigo. Parece que estas muy cerca cuando puede verte en la otra punta. – dijo saludándome desde el otro lado del aula. Sonreí y le devolví el saludo.
- Bien, chicas ahora para colgar solo debéis darle al botón rojo y finalizará la llamada. – dijo con entusiasmo viendo que todos estaban con caras de alucine al comprobar que los muggles tenían aparatos verdaderamente útiles y que no se comunicaban a través de lechuzas el cual era un sistema muy poco higiénico o las chimeneas con todo el hollín que acumulabas después de cada sesión de red Flu – Los mensajes de texto ya son algo más complicados y requieren de algo de practica y se nos está acabando el tiempo, así que os recomiendo que investiguéis el aparato por vosotros mismos y seguro que poco a poco conseguís esa práctica.
Todos dejaron sus teléfonos a un lado volviendo su atención a la profesora que había vuelto a la parte frontal junto a la pizarra.
- Hablaros y explicaros lo que es el mundo muggle en este rato es muy difícil, por eso hemos organizado este proyecto que nos sumergirá en la historia y la cultura de nuestros desconocidos vecinos y que nos hará ver, descubrir y comprender que hay más allá de nuestras fronteras. Estoy segura que disfrutaremos mucho juntos y no dejéis que nadie os impida cumplir vuestros sueños, vuestras ilusiones y esperanzas. El futuro es vuestro, explotarlo como merece. Nosotros nos veremos la semana que viene en este aula para trasladarnos al mundo muggle para la primera salida, estoy segura que os encantará. – dijo con una sonrisa misteriosa en sus labios, levantando las manos al aire – Por último, está aula estará constantemente abierta por si alguien quiere investigar y como dijo Novalis, un poeta alemán: "La vida no debe ser una novela que se nos impone, sino una novela que inventamos". Disfrutad del resto del día, chicos.
Dicho esto cogió unas carpetas del escritorio y con una sonrisa en sus labios se marchó hacia su despacho. Todos nos marchamos de allí en procesión completamente enfrascados en nuestros nuevos y exclusivos aparatos. Ginny, Luna, Harry, Ron y Neville estaban extasiadas, instigándome para que les enseñara cómo funcionaba absolutamente todo del teléfono - Neville era el único que me miraba disculpándose por el avasallamiento de los demás - con una sonrisa, todos nos fuimos hacia nuestra siguiente clase después de haberles prometido que lo haría.
El día y las clases pasaron en un borrón, todas eran de bienvenida con poco contenido realmente educativo y la hora de la cena se abalanzó sobre nosotros con bastante rapidez. Para aquel entonces Ginny ya había aprendido a la perfección como enviar mensajes e incordiaba constantemente a Ron con palabras burlonas y jocosas. Harry había descubierto un juego dentro del teléfono llamado "Snake" y ahora estaba inmerso en la pantalla con las cabezas de Ron y Neville a cada lado de cada uno de sus hombros, deseando que llegara su turno. Luna había dicho que iba a enseñarle a Nott como funcionaba y se había marchado de la mesa dando brinquitos hasta la de Slytherin llevándose de allí a Nott.
La cena transcurrió con relativa calma y al acabar mientras los chicos se dirigían hacia la sala común yo me fui hacia la biblioteca. Esa mañana había faltado a algunas clases y entre ellas Transformaciones, aunque McGonagall me hubiera dado permiso sabía que no le había gustado que me perdiera una de sus clases y allí podría repasar con tranquilidad lo que habían hecho gracias a los apuntes de Luna.
El silencio del lugar era imponente, iluminado tenuemente por la luz de las velas. La señora Pince era la única ocupante del lugar en su gran mostrador absorta en alguno de sus libros. Las inmensas estanterías repletas de millones de libros creaban sombras sobrecogedoras en las paredes de piedra. Un escalofrío me recorrió la espalda y nerviosamente, con una sensación extraña me adentré entre las mesas buscando una que estuviera lo suficientemente iluminada.
Cinco minutos más tarde mientras intentaba concentrarme en el libro de Transformaciones, con la misma sensación de inquietud que me había asaltado nada más entrar en la biblioteca, escuché el sonido de unos libros caer muy cerca de mí, en una de las estanterías que tenía detrás. Girándome hacia el sonido vi los libros tirados en el suelo y absolutamente nada más. Un poco turbada, pero con resolución me dirigí hacia allí para colocar los libros en su sitio, no quería que se estropearan. Los libros eran como pequeños tesoros y había que conservarlos como tal.
Al agacharme, entre los tomos divisé una nota en un trozo de pergamino y con curiosidad la recogí acercándomela a los ojos:
"Estás acorralada"
¿Qué?
Con rapidez y un poco de miedo me di la vuelta al tiempo que un cuerpo más grande que el mío me acorralaba contra la estantería, tapándome la boca con una mano evitando que el gritito que había emitido resonara por el silencioso lugar. Al levantar la mirada me topé con dos profundos ojos plateados que me miraban con diversión y una sonrisita de suficiencia en los labios.
- Vaya, Granger. Me sorprende lo fácil que eres de sorprender. – dijo muy cerca de mis labios, intoxicándome con su exquisita esencia, estuve tentada a cerrar los ojos para absorberla con los cinco sentido, pero me contuve y le devolví la mirada desafiante - Eres una suculenta criatura de costumbres, es muy fácil anticiparse a tus pasos.
- ¿Qué se supone que pretendes, Malfoy, asaltándome de esta manera? – le susurré, aunque en mi cabeza había sonado mucho menos estúpido. Compuso una sonrisa de medio lado demasiado sensual para mi salud mental y tragué saliva.
Se acercó todavía más, pasando peligrosamente cerca de mis labios, casi rozándolos, pero dirigiéndose hasta el lóbulo de mi oreja y posó sus manos a cada lado de mi cabeza, atrapándome con su cálido cuerpo.
- Creo recordar que esta mañana te he proporcionado una gran cantidad de información, a diferencia de ti que has sido escasa e irrelevante. – susurró dejando escapar su aliento para que se filtrara en mis sistema nervioso, arrancándome un visible escalofrío.
- ¿Y qué? – le contesté débilmente, intentando fusionarme contra la estantería, pero no había espacio entre nuestros cuerpos y ese mueble como para poner la mínima distancia y eso estaba socavando mi voluntad.
- Quiero saber con quién has estado soñando. – sentenció rozando su nariz con la mía. Inconscientemente cerré los ojos, derritiéndome ante esos sutiles roces.
No. No podía decirle que él era el dueño de todos y cada uno de mis sueños, que era el que se había colado en mi sistema envenenándome poco a poco. Negué con la cabeza desesperadamente sin abrir todavía los ojos, evitando esa astuta mirada que podía ver a través de mí.
- ¿No seré yo el que invade tus sueños, Granger? – dijo con un susurro ronco, contra la piel de mi mejilla.
Abrí los ojos asustada, con la aplastante sensación de sentirme descubierta. Sentí como mis ojos se aguaban mientras miraba la cara de Malfoy que ante mi reacción se había echado hacia atrás estupefacto, con los ojos impactados. Con un empujón me liberé de su opresiva postura y salí de allí como alma que lleva el diablo sin mirar atrás y con los ojos desbordados de lágrimas. ¿Realmente lo había descubierto? ¿Ahora que iba a hacer?
Al llegar a la sala común en un tiempo record y con la respiración acelerada me metí rápidamente en el baño para intentar serenarme y refrescarme la cara con grandes cantidades de agua congelada. Eso no debería haber pasado, joder. El susto se había retransformado en enfado y ahora me miraba en el espejo reprochándome haber sido tan estúpida y haberme dejado embaucar por esa serpiente traicionera. Malfoy sí que sabía cómo debía tratar a la gente para conseguir lo que quería. Sólo tenía que bajar mis defensas y mis emociones salían a raudales de mi cuerpo sin que pudiera evitarlo.
Media hora más tarde salía del baño mucho más calmada, - aunque no del todo todavía temía encontrarme a Malfoy de camino a mi habitación – después de una buena ducha de agua caliente.
Al entrar en la oscura habitación, solo iluminada por un par de velas en mi mesita de noche, pude ver, sorpresivamente, que la cama de Parkinson estaba ocupada y que en cuanto me escuchó entrar el bulto de debajo de las sábanas se giró para quedar de cara a la pared, dándole la espalda a mi cama. Con un suspiro resignado me dispuse a cambiarme de ropa y ponerme el pijama. Cinco minutos más tarde estaba cómodamente en la cama completamente a oscuras pensando en todo lo que había pasado, mi cabeza estaba saturada de información y todavía no tenía el valor suficiente para quitarme el anillo así que estaba preparándome mentalmente para sumergirme en la vida paralela que proyectaba en sueños.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que me había tumbado, pero Morfeo ya me estaba arrastrando con él. Hasta que el susurro de unas sábanas y las maldiciones de Parkinson me trajeron de vuelta a la realidad y me incorporé de un tirón observando como la Slytherin salía de su cama y se abalanzaba sobre la puerta.
- Parkinson. – dije haciendo que se detuviera con el pomo de la puerta en la mano - ¿A dónde vas? – le pregunté como si no lo supiera ya.
- No es de tu incumbencia, Granger. – me contestó y giró la mano abriendo la puerta. Así que intenté volver a detenerla.
- Si te descubren fuera de tu habitación a estas horas te castigaran. – le dije, logrando que soltara una gran carcajada sarcástica y se girara para mirarme. La expresión de su cara era estremecedora, unas oscuras ojeras trastornaban la belleza que hacía tan sólo dos años iluminaba el rostro de Parkinson. Nada quedaba de aquella chica arrogante, maliciosa y seductora de Slytherin.
- A diferencia de ti, me importa una mierda. – dijo con una mueca de auténtico desprecio en su rostro y volvió a darse la vuelta dispuesta a abandonar la habitación.
- Mira Parkinson, entiendo perfectamente lo que… - ese fue el mayor error que cometí durante todo el día. Si antes la tensión en el ambiente era notable ahora era tangible, casi podía tocarse.
Los objetos encima de las mesitas de noche empezaron a vibrar al igual que los cuadros en las paredes. La figura de Parkinson todavía me daba la espalda. Podía sentir como una fuerte energía la rodeaba. Los pelos de su cabeza se habían erizado, dándole una apariencia aterradora. Lentamente se dio la vuelta quedando frente a mí. Tenía la cara descompuesta y los ojos desorbitados completamente anegados de lágrimas.
- ¿Lo entiendes perfectamente? – susurró con una voz suave y peligrosa - ¿QUÉ LO ENTIENDES?
Una explosión de magia involuntaria estalló desde su cuerpo. Todos los cristales se rompieron, los objetos volaban alrededor de su órbita como si su energía los estuviera atrayendo. Se acercó un paso a mí a la vez que una fuerza invisible me lanzaba de la cama hasta el suelo. Ella dio un paso más, logrando que esa fuerza me empujara hasta la pared quedando atrapada.
- ¿Entiendes lo que significa que te recluten para ser mortífago? – espetó con rabia contenida. Volvió a acercarse otro paso. Esta vez la fuerza que desprendía, me alzó dos metros sobre el aire todavía adherida a la pared.
Estaba aterrada, mi mente no podía pensar en una manera de salir de ahí. La varita había quedado tirada en el suelo vibrando a gran velocidad como todos los objetos de la habitación. Parkinson estaba descontrolada, su magia interior había estallado de manera violenta y no sabía qué hacer para calmarla. Sólo podía mirar sus profundos ojos llenos de dolor, heridas casi incurables que por fin estaba dejando que supuraran como era debido, drenando todo el dolor que acumulaba.
- ¡¿Entiendes lo que es que como iniciación te hagan matar a una niña de diez años?! – exclamó esta vez con más potencia, haciendo que varios objetos salieran disparados hacia la pared en la que estaba sujeta, por suerte chocando contra esta, a varios centímetros de mí cuerpo - ¡¿Y que al negarte, te torturen y te violen delante de tus padres, como castigo por haber criado a una bruja tan débil, cobarde y mediocre?! ¡¿ENTIENDES LO QUE ES ESO?! – en ese momento, colapsó.
Cayó de rodillas al suelo aguantándose con las palmas de sus manos. Todos los objetos perdieron la fuerza con ella, haciendo un gran estrepito al chocar contra la piedra. La fuerza invisible que me sostenía contra la pared también cedió, haciendo que me precipitara hacía abajo en caída libre, doblándome el tobillo al aterrizar. Me quedé estática con los ojos como platos, mirando a Parkinson como no la había visto en mi vida. ¿Esas son las cosas que habían vivido en el bando contrario? ¿La sumisión o la muerte y la humillación? ¿Cómo podía haber estado pasando eso delante de nuestras narices sin que tuviéramos la más mínima idea? ¿Y si lo hubiéramos sabido podríamos haber hecho algo? ¿Cuántas personas habían tenido que servir incondicionalmente a Voldemort por miedo a que pasara eso en sus familias?
- ¿Entiendes que tu madre se suicidara con un simple "Lo siento, pequeña" por no poder vivir con eso? ¿Qué a tu padre lo mataran de la manera más cruel y sangrienta porque quiso defender a su familia? – susurró, mientras gruesas lágrimas caían sobre el suelo de piedra, filtrando el dolor de la chica - Dime que lo entiendes, Granger.
En ese momento pude divisar como un cuerpo se acercaba lentamente al de Parkinson, con ese color rubio de pelo tan reconocible. Entonces, salí de shock comprobando que en la habitación había varias personas. Y sentí como mis mejillas estaban húmedas debido a las lágrimas que había estado derramando inconscientemente.
Vi a Harry con cara de impacto casi en el marco de la puerta y los otros dos chicos que estaban situados junto a todos nosotros en el pasillo derecho de la sala común. No había nadie más, creí que el estrépito debería haber alterado a la mitad del castillo, pero supuse que habría un hechizo silenciador en cada pasillo donde estaban las habitaciones, creando un ambiente más intimo. Y interiormente di gracias por eso, ahora Parkinson lo que menos querría sería ser el centro de atención.
Malfoy lentamente, posó una mano sobre el hombro de su amiga, logrando que esta se incorporara de golpe repeliendo el contacto, pero al reconocerlo se lanzó desesperadamente a sus brazos hundiendo la cara en su pecho y sollozando como nunca había visto hacerlo a alguien. Desgarrador.
- Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento… - decía incansablemente Parkinson entre sollozos e hipidos. Malfoy la abrazaba con fuerza con una mueca descompuesta en su rostro. Estaba tenso, podía notarlo por la forma en que se le marcaban los músculos de los brazos y lo rígida que tenía la espalda.
- Shhh… tranquila. – le susurró sobre su cabeza, acariciando suavemente su espalda en círculos lentos.
Lentamente me incorporé, intentando no romper la atmósfera que habían creado entre ellos. Sabía que Malfoy no sabía qué hacer para calmar a su amiga y yo no podía quedarme como estaba, necesitaba mostrarle que aunque no entendiera realmente lo que había pasado podía empatizar con ella y ayudar a que volcara en mí todo su dolor. No soportaba ver tanto sufrimiento en una sola persona, nadie tenía que poder aguantarlo y Parkinson llevaba reprimiéndose desde hacía mucho.
Cautelosamente me acerqué a ellos, Malfoy por el rabillo del ojo captó mis intenciones y asintió con una débil sonrisa. Me posicioné delante de ellos y sintiendo como mis ojos volvían a inundarse de lágrimas aparté a Malfoy y me fundí en un abrazo sincero con Parkinson. Al principio se tensó, pero debía estar demasiado agotada emocionalmente como para luchar y finalmente se entregó al abrazo hundiendo su cara en el hueco de mi cuello, dejándome un reguero de humedad en toda la zona.
- Lo siento mucho, Parkinson. De verdad que lo siento. – susurré contra su oído. Ella sollozó con fuerza y se apretó más contra mi cuerpo.
Con una mirada a Malfoy le indiqué que se marcharan y dedicándome una sonrisa sincera y un pequeño gesto de despedida, se dirigió a la salido llevándose a todos los presentes de la habitación.
Con Parkinson todavía aferrada a mí y sin dejar de sollozar, nos guié hasta la su cama tumbándonos en ella y me acomodé con la Slytherin a mi lado, con su cabeza apoyada en mi pecho, mientras le acariciaba suavemente la cabeza.
- Suéltalo todo, Pansy. No dejes nada dentro. Estaré contigo todo el rato. – le susurré, mientras ella seguía llorando sin descanso y abrazándome con fuerza.
Iba a ser una noche muy larga, pero esperaba que pudiera servirle para aliviar un poco la carga que había soportado durante tanto tiempo. Estaba segura que podría superarlo, con el apoyo de sus amigos y con el de todos nosotros.
Seguí acariciando la cabeza de Pansy y susurrándole palabras de aliento cada pocos segundos hasta que ya no oí sus sollozos y su respiración se había regulado y profundizado. No sabía cuánto rato llevábamos así, pero podía ver como poco a poco el cielo iba aclarándose hasta pausadamente unos intensos rayos del sol se colaron por la ventana. Un nuevo amanecer al que enfrentarse, esperaba que con sueños e ilusiones renovadas.
Y lentamente fui sucumbiendo al sueño.
Porfiii, agradecería mucho vuestras opiniones sobre todo de la escena final... es la primera vez que escribo algo tan duro y no si he podido plasmarlo como era debido, pero bueno soy una aficionada y lo intento... xDD Sed clementes...
Tengo una pregunta que haceros: ¿Os gustaría que a partir del siguiente capítulo añadiera pequeñas escenas desde el punto de vista de otros personajes? ¿Tal vez la conversación entre Ginny y Zabini? ¿y así empezar a introducir más sus historias ahora que van a empezar a desarrollarse? Dejadme vuestra opinión pleaseee :D
Y bueno, en cuanto a la actualización, puede que tarde un poco, pero nunca abandonaré la historia, como mucho un mes o dos de espera ;P
Parenting Class llegará el miércoles. Me he dejado el disco duro donde está la traducción en casa de mi prima y hasta ese día no lo recupero... Lo sientooOoO.
¡Besitos amoress!
Contestación a los reviews sin cuenta:
SALESIA: Wolas cielOOO! Ahora si que espero que ya estes recuperada de la gripe ;P Aun así te sigo mandando muchos achuchones y abrazos (L) JAJAAJAJA Obviamente las iniciales eran de Bella y Frank... desde que me leí Turncoat por primera vez me enamoré de esa extraña y tragica pareja y no he podido evitar introducirla en este fic.. xD Y bueno a medida que avancen los caps iremos descubriendo más sobre la historia de esos dos... A ver si encuentran algo en la Mansio Lestrange ;P En cuanto a la nueva profesora, ho hemos visto un poco más de ella, pero dentro de poco veremos avance entre ella y Charlie y por supuesto a partir de ahora empieza lo bueno entre las parejas... empezaran a formarse y todo ;P Veremos como se desarrolla ^^ ¿Que te ha parecido lo de Pansy? ¿Demasiado? ¿Lo he plasmado bien?... BUFF ha sido lo más dificil que he escrito nunca... xD Espero haber estado a la altura, pero bueno... y ¿Que te han parecido los encuentros Dramione? JajJAJa Hoy estoy en modo insegura... xD En fin cielo muchas gracias por tus reviews, sabes que los adoro (L) Y nos vemos pronto en Parenting Class ;P
Angel: Awwwww, me has sacado una sonrisa y un sonrojo enorme con tus palabras. Guau yo si que he degustado tu review con deleiteee :D Me alegra muchsisimo que te guste la historia y que creas que se está desarrollando como debe ser... espero que con este capítulo quedes igual de satisfecha, a mi me da un poco de miedo vuestras opiniones sobre él, pero bueno.. jajaja a partir del siguiente veremos como van avanzando un poco más en parejas ;P Millones de gracias por el review y un Picasso ;P
Bliu Liz: Woww encantada de verte por aquí :D Muchsisimas gracias por tus reviews cielOOO! Me alegra que te haya gustado, me da un poco de miedo porque es mi primer fic largo y eso me deja siempre con inseguridad a la hora de subir capítulo... pero bueno, es una alegría ver que os gusta aunque sea un poco. Me halaga mucho que me digas que los personajes están bien estructurados eso es música para mis oídos :DDD Sí, desde que leí Turncoat tengo debilidad por el Bella/Frank y no he podido evitarlo meterlo en la trama... xDDD poco a poco iremos viendo como fue esa historia ;P
Luz: Muchas gracias por el review cielOO y me alegro que e guste la historia. Por supuesto no la voy a abandonar solo que tengo tantas ideas que no puedo centrarme solo en un fic y este requiere un poco más de esfuerzo :D Pero bueno puede que la espera se de uno o dos meses pero llegará :D Gracias y besos guapaa!
