¡Holaaaa de nuevo! ¿Qué tal está mis chicas favoritas? ¡Gracias por todo!

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.

Hago un aviso muy importante. El capi de hoy es subido de todo, con un poco (o bastante) de violencia y lenguaje vulgar. Si sois algo sensibles respecto a los lemons os pido que no leáis esto.

Gracias por todo

CAPÍTULO 7

-¿Te gusta verdad? ¿Te gusta? ¡Respóndeme zorra!

La mujer gimió ante la fuerza con la que el hombre la embestía una y otra vez, aplastándola con su cuerpo en la cama.

-¡Qué lo digas mujer!

-¡Sí! ¡Sí, sí, sí! ¡Me encanta! ¡No pares por favor!

El hombre soltó una carcajada por la petición de la mujer. Sabía que ella se encontraba en estos momentos por completo en sus manos y podría hacerle lo que quisiera. Estaba a su entera disposición.

La tenía encadenada en la cama con unas esposas. Le había puesto unas pinzas para los pezones a la mujer. Quería llevarla por el camino del dolor y el placer, volverla loca por la lujuria y dependiente a él hasta los límites extremos.

La mujer era toda una belleza; con su piel blanquecina como la suya, un cuerpo muy curvilíneo, con grandes pechos que le habían hecho llegar más de una vez al orgasmo en el tiempo que llevaban con esto que tenían. Su melena larga y pelirroja que la hacían ver como un animal salvaje, lo volvía loco…

Ella se había convertido en su nuevo pasatiempo, en un juguete con el cual desquitarse de toda la rabia y asco que sentía. Todos los años en los que se había estado reprimiendo y siendo un completo gilipollas se habían esfumado cuando su paciencia se agotó.

Sangre, sexo y muerte eran sus nuevos intereses. Era un sádico que disfrutaba con ver sufrir a los que le rodeaban, se sentía vivo cuando sobrepasaba los límites del dolor en los demás. Su vida había dado un giro de 360º en cuanto se dio cuenta del monstruo que era.

Era una animal, una bestia, un monstruo que se alimentaba del dolor del resto; sin importarle cuantas muertes llevar a cabo, cuantas personas asesinadas en sus manos por un mero juego de entretenimiento.

-¡Más! ¡Por favor! ¡Más fuerte señor!

-¿Por qué razón debería? ¿Acaso te lo mereces? ¿Te mereces que te deje correrte sobre mi polla? ¡Responde!

-¡Sí señor! ¡Por favor! He hecho todo lo que quisiste…

Aceleró la velocidad de sus embestidas, haciendo que su miembro entrase cada vez más rápido y más brusco en el centro de la mujer. Esta gritaba de placer por las diferentes sensaciones que el hombre con el que follaba la hacía sentir.

-Quiero que te corras y quiero que lo hagas cuando yo te lo diga, cuando te dé la orden. No será cuando tú lo desees, porque aquí el que manda soy yo ¿entendiste?

-¡Ah! ¡Sí, sí! ¡Tú, tú mandas! ¡Por favor no pares!

El hombre la embestía cada vez más deprisa, queriendo llevar a la mujer hasta el precipicio para después dejarla caer en el placer.

-¡Córrete! ¡Vamos, ahora! ¡Córrete sobre mi polla puta!

Y con esa orden la mujer no pudo soportarlo más y se vino con una fuerza que hizo a su cuerpo a doblarse casi por completo en dos por su espalda. Le faltaba el aire, ese hombre la llevaría a la locura y ella, gustosa, se dejaría guiar una y otra vez por él con tal de alcanzar esta satisfacción divina que sentía en estos justos instantes.

Lo encontró solo por las calles vagando sin un rumbo fijo. Él estaba tan perdido como ella y decidió tomar ventaja de ello. Así que, desde ese día que se acercó a él y ambos sucumbieron al placer no se habían separado un instante. Ella le enseñaba todos los oscuros secretos que conocía y él le entregaba todo lo que su cuerpo podía llegar a soportar y más.

No le importaba que la viera como una esclava o un juguete, sabía que en el fondo él la quería, aunque fuera de una manera enfermiza y tan cruel. A ella le encantaba ser sometida por él, darse al placer del dolor y a los golpes sin sentido en su piel. Él lo era todo para ella y ella para él, estaba segura de ello.

El hombre lo estaba satisfecho con lo que llevaban echo, así que se salió de la mujer de forma brusca, la desató de las esposas y le quitó las pinzas. No sabía a qué juguete llevarla ahora. Tenían tantos con los que jugar en esa habitación, desde potros hasta cadenas en el techo… ¡Bingo! Quería verla colgada por las muñecas, sin que sus pies pudieran tocar el suelo mientras él descargaba su furia en el cuerpo de la pelirroja.

La tomó en brazos y la colocó debajo de las cadenas que colgaban a un lado de la habitación con paredes de color negro. La mujer lo miraba ensimismada por la belleza de su acompañante. Era un dios griego caminando entre los simples mortales.

-Estira los brazos por encima de tu cabeza y pon las muñecas juntas.

Ella lo hizo sin rechistar, completamente maravillada con la voz dictatorial de él. El hombre tomó las cadenas y las cerró alrededor de sus muñecas. Le hizo darse la vuelta para que mirara a la pared. Él se dirigió a la palanca para estirar las cadenas y que los pues de la pelirroja quedasen colgando. Se quedó admirando el cuerpo de su juguete. Le apetecía follarla por detrás, quería ver como su polla se perdía en el culo apretado de la mujer y escuchar los gritos de ésta mientras la penetraba y le rogaba que la tocase.

Le excitaba oírla suplicar por él.

-Te voy a follar este culo lindo que tienes y tú no te quejarás, al contrario gritarás para que no me detenga ¿entendido?

Ella se encontraba completamente excitada a causa de él, su centro se encontraba completamente mojado por lo ocurrido anteriormente, por su voz, sus caricias, por sus órdenes…. Estaba tan concentraba en las sensaciones que ni siquiera respondió. Estaba expectante a ver lo que hacía.

-Te he hecho una pregunta zorra y quiero que me respondas ¡ahora!- la tomó por el pelo haciendo que girase su cabeza para que lo viera a la cara. Era doloroso el ángulo en el que se encontraba su cuello pero verlo a él valía la pena.

-Sí, señor.

-Así me gusta- Soltó la melena de la mujer, colocando su cabeza de nuevo en dirección de la pared.

Comenzó a acariciar de nuevo el cuerpo de ella, estimulándola y haciendo que se mojara más aún. Llevó su mano hacía el coño de la mujer y tomó la humedad en sus dedos llevándola hacia el ano de ésta. Lubricó esa zona un poco, solo un poco ya que quería penetrarla brusca y salvajemente para que ella gritará de dolor. Y así lo hizo, metió su miembro de un solo empujón haciendo a la mujer dar un chillido que se escuchó en toda la casa, retumbando en las paredes de la habitación.

Mientras la penetraba por detrás, llevó una de sus manos al centro de ella, además, su otra mano se dirigió a la garganta de la mujer. Fue apretando poco a poco, privándola de aire y dándole bruscas caricias en su clítoris.

Ella gemía, chillaba y agonizaba de placer. Repetía su nombre una y otra vez como si fuera un cántico, como su salvación. El hombre continuó embistiéndola como un loco, intentando encontrar su satisfacción sin importar la de la mujer, ella ya había tenido su propio placer y gracias a él…

Ella estaba a punto, sentía que estaba llegando por momentos a su clímax, sabiendo que él también lo estaba. Deseaba que él se corriera en ella, que la marcase y le diera placer.

-¡Sí! ¡Señor! Y-yo… ¡Oh, sí!

-Eso es, grita más fuerte. Córrete de nuevo, vamos.

Y ambos se corrieron gritando y haciendo retumbar los ventanales de la habitación. La luna iluminaba el cuarto, dejando ver a ambos amantes jadeantes y satisfechos. El hombre soltó las muñecas de ella y se dirigieron de nuevo a la cama. Se tumbaron, quedándose viendo el techo; cada uno concentrado en sus pensamientos y emociones. La mujer se giró hacia él, admirando su perfil y su cuerpo desnudo como el de ella.

-Tesoro, ¿qué piensas?

-Nada de tu incumbencia.

El hombre no quería tener recuerdos de su anterior vida, pero aun así, en el momento menos esperado lo invadían y ya no los podía alejar de nuevo de él. A su mente volvió la imagen de su anterior juguete; tan frágil, inocente y tonta… creyó que él podría estar enamorado de ella, estúpida niña… él era mejor que ella en todos los aspectos y no podía equivalerse a él en ningún sentido.

Pero el recuerdo de la muy maldita lo sometía a cada vez que bajaba la guardia, haciéndolo más enfurecido y desesperado.

Giró su cara hacia su juguete y la contempló en silencio. Ella era hermosa y deseaba venganza al igual que él. Quizás podría unirse a sus despiadados planes y borrar de la faz de la tierra a la niña imbécil, quizás así podría librarse de estos estúpidos sentimientos repugnantes.

-Deberíamos seguir con tus planes, querida. Llevas razón en todo ese tema.- A la mujer se le iluminó la cara ante aquella afirmación. Deseaba poder cobrar venganza y derramar la sangre de la impura.

-Sería estupendo, cariño. ¿Cuándo deseas que lo llevemos a cabo?

-¿Qué te parece que juguemos antes un poco con ella? Podríamos torturarla un poco antes de darle el golpe final ¿no crees?

-Sí, tiene que sufrir por lo que nos hizo a ti y a mí.

El hombre estaba lleno de júbilo y se lanzó de nuevo a los labios de su mujer.

Ambos conseguirían su venganza, aunque fuera por distintas razones y él, además, tendría la dulce sangre de la maldita.

¿Qué les pareció? Sé que es bastante distinto a los otros capis, pero la trama de la historia se complica y se vuelve algo oscura.

¿Quiénes son los protagonistas de este capítulo? ¿Quiénes creen que son?

Pido disculpas si alguien se siente ofendido por lo que se ha escrito aquí. Tampoco ha sido mucho ¿no?

Mil gracias por sus comentarios me alegran muchísimo y vosotras ¡sois fantásticas! Me encantan vuestros comentarios, son super lindos ^^

Cullen-21-gladys, respecto a la edad de Bella, he tenido que suponer que nuestra chica tuvo su relación con Edward un año antes de lo que salen en los libros, para que pudiese concordar todo. Siento no haberlo especificado antes.

¡Bienvenidas chicas nuevas!

Gracias a Mareliz Luna, CaroBereCullen, Coriina, Natuchi23, Tanya Masen Cullen, moniswan, Cullen-21-gladys, danii Cullen Tsukino, danny Ordaz, Kidaraka, Somela, constanzalmy, darky1995

¡Cuidense!