¡Hola! ¿Qué tal están?

Espero que les guste el nuevo capítulo. Ya me dirán. Aviso que es un poco largo y les traigo lo que tanto me han pedido ^^

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.

Gracias por todo.

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CAPITULO 17

Sam POV

Los primeros rayos de sol comenzaron a infiltrarse por la ventana e iluminando poco a poco la habitación de mi chica. Tanto yo como mi lobo no podíamos dejar de pensar en todo lo ocurrido en esa noche. Había sido putamente genial. No existía ningún calificativo mejor.

Mi Bella se había atrevido a tocarme y a darme placer con sus manos; impregnando en mi piel su propio aroma, dejando la marca de su fragancia de una manera invisible para que todos los demás lobos supieran a quien pertenezco.

Por ahora, mi lobo está un poco más calmado gracias a todo lo que pasó en el día de ayer, tanto por la mañana como anoche. Pero no me iba a engañar. La unión debía ser pronto porque mi parte animal desea y ansía poseer a Bella en todos los aspectos y poco a poco estaba arañando con sus garras mi piel por dentro para que lleve a cabo ese paso. Sin embargo, mi parte humana trata de controlarlo explicándole que Bella debe entregarse tanto al hombre como al lobo de forma voluntaria sin ninguna coacción; aunque eso conlleve que pase todo el puto día con las bolas jodidamente azules.

Aún era temprano para despertar a mi mujer; su despertador todavía no había sonado y apenas marcaban las seis y media. Mi chica debía descansar después de todo lo de anoche. Me concedió volver a tocarla y darle placer, y no es por fardar pero doy gracias a quien sea porque el padre no se despertara por lo gritos que mi nena dio debido a mis atenciones.

Joder, estaba empalmado por mi puta mente calenturienta pero no podía evitarlo; es jodidamente fantástico despertar junto a mi chica por la mañana. Estar completamente rodeado de su olor y arropado con el calor de su cuerpo era algo incomparable.

Bella se comenzó a mover inquieta por culpa de la luz del amanecer. Supe el momento exacto en el que se despertó porque su corazón comenzó a latir escandalosamente rápido. Sin lugar a dudas se había percatado de que se había quedado dormida con medio cuerpo encima de mí y que la única prenda que cubría su apetitoso cuerpo eran sus braguitas rosas. Joder, que bien le sentaba ese puto color.

-Buenos días nena. Todavía es temprano. Duerme un poco más si quieres.

Mi chica hermosa se estiró como una gatita y acarició mi pecho con su nariz, suspirando al oler mi cuerpo y provocándome un escalofrío de placer por todo mi cuerpo.

-Hola lobito. No te fuiste.

Eso me cabreó. ¿De verdad pensaba que me iba a ir después de marcar su cuerpo con mi boca y mis manos? Joder, voy a tener que enseñarle a que confíe en mí al cien por cien. No soy un puto gilipollas, puede que un cabrón con los demás pero con ella jamás.

-Bella, ¿Querías que me fuera después de que me tocaras y yo te hiciera correrte una y otra vez contra mis dedos? ¿De verdad querías eso?- Nada más terminar la frase, mi mujer se levantó de golpe y se colocó sobre mí.

-¡No Samuel! ¡Siento haber dicho eso! Me encanta despertar junto a ti, de verdad; ojalá fuera así todos los días. No te enfades ¿vale?-

Y comenzó a darme pequeños besos repartidos por toda mi cara. Con esta mujer era imposible enfadarme, era lo más dulce del mundo. Tan dulce, que daban ganas de devorarla por completo y no dejar nada de ella. La tomé de las caderas e hice girarnos para colocarme yo encima de ella.

-Si me das un beso de buenos días en condiciones te perdono, cariño.

Bella simplemente sonrió por mi comentario. Se quedó mirándome fijamente y poco a poco se fue acercando a mí. Rozó mi nariz con la suya en un tierno gesto y luego besó mis labios de manera suave. Dejé que ella llevase la voz cantante en el beso pero cuando su lengua acarició mis labios no pude contenerme y profundicé el beso. Nos hice girarnos de nuevo y la coloqué sobre mí, sus piernas estaban una a cada lado de mis caderas y nuestros centros chocaron el uno contra el otro haciéndonos gemir. Llevé mi mano derecha hacia su nuca para poder inclinarle la cabeza de tal manera que pudiera avasallarla por completo; mi mano izquierda le acarició la espalda mientras descendía hasta su trasero. ¡Dios! ¡Me encantaban las curvas de mi mujer!

Pronto necesitamos separarnos para poder coger aire y tratar de normalizar nuestras respiraciones. Besar a mi Bella me hacía ser avaricioso con ella hasta el extremo. Deseaba tenerla de esta manera, jadeante, sonrojada y caliente por mí y para mí. Durante todo el día y toda la noche. Pero tenemos que volver a la cruda realidad y dejar estos hermosos momentos para cuando podamos escaparnos.

-¿Me has perdonado Sam?- Me preguntó mi mujer con voz entrecortada y un sonrojo en sus mejillas.

-Era una simple excusa para que me besarás muñeca. ¿Tienes clase hoy?

-Sí, pero no quiero ir si no voy a poder estar contigo- Respondió haciendo un pequeño puchero con sus carnosos labios. Era inevitable. Le di un pequeño mordisco en su labio inferior y en respuesta obtuve un pequeño gemido. ¡Oh, maravilla!

-Nena, debes ir. Luego si quieres podremos vernos. Pero no quiero que pierdas clase por mi culpa. Además, debo ir y encargarme del taller y los muchachos.

-Está bien, debes pensar que soy una niña chica.

Bella intentó separarse de mí y levantarse pero se lo impedí. Odiaba verla entristecida, yo soy su compañero y tengo que velar por su bienestar. Rodeé su cintura con mis brazos y la estreché fuertemente contra mi cuerpo. Era tan pequeña y tan frágil.

-No eres una niña chica, eres toda una mujer. Mi Mujer. Y si no tuviéramos cosas que hacer créeme que en estos instantes de tomaría y te llevaría conmigo hacia mi casa para tenerte desnuda y extasiada de placer en mi cama.

Mi Bella simplemente se sonrojó más aun y acarició mis hombros con sus manitas. Tan linda.

-Pero no puedo ser tan egoísta. Así que, es hora de levantarse y prepararse para el día. ¿Tu padre seguirá por aquí? No lo oigo por ningún lado.

-Charlie suele irse temprano a trabajar, así que la casa es nuestra.

-Fantástico. Vete a vestir, cariño. De mientras iré a preparar el desayuno.- Bella me miró con los ojos abiertos, ¿de qué se sorprendía?

-¿Sabes cocinar?

-La pregunta ofende muñeca. Pues claro que sé cocinar. Vivo solo por si no lo recuerdas.

-Ya, bueno. Pero Charlie vivía solo antes de que yo llegara y comía fatal.

-Cuando quieras te invito a cenar y te demuestro lo bien que se me da la cocina.- Dije con voz grave e intentando provocar un nuevo sonrojo en mi Bella ante el doble sentido de mis palabras.- Venga, ve a coger la ropa y yo voy a la cocina.

Ambos nos levantamos de la cama. Bella solo llevaba esas minúsculas braguitas rosas y yo estaba completamente desnudo. Los dos nos recorrimos con la mirada el uno al otro, y en ese breve instante la habitación comenzó a arder. Mi lobo me arañó la piel y mis ojos se volvieron amarillos por el fuerte golpe de instinto por marcar a mi chica. En cambio Bella, estaba colorada y sus pupilas dilatadas por el deseo. Era obvio que estaban excitada, tanto sus pezones erguidos como el olor de su excitación eran un evidente detalle.

-Ropa. Comida. Ahora.

-Sí, Sam.

Tomé mis vaqueros y me los puse lo más rápido que pude. Necesitaba salir de esa habitación si no quería romper mi promesa de dejarle tiempo a Bella. No podría perdonármelo. Menos mal que Charlie no estaba ya por aquí, sino hubiera sido algo difícil de explicar mi presencia por la casa en la mañana estando medio desnudo. No hubiera sido adecuado conocer a mi suegro con estas pintas.

Bajé las escaleras y me fui hasta la cocina. Era hora de encargarme de las necesidades de mi mujer.

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Bella POV

Dios mío, todo esto era algo completamente increíble. ¡Había pasado la noche con mi lobo! ¡Toda una noche completa rodeada por sus brazos y su calor! Y lo mejor de todo es que le había podido devolver el placer que él me había brindado a mí. Pero Sam no conforme con eso, también me había tocado y acariciado hasta llevarme al éxtasis y volverme más esclava aún de todo él. Mi lobo no era para nada un egoísta en ese aspecto de nuestra relación, siempre miraba por mí primero y luego él; me sabía un poco mal que antepusiera mis necesidades a las suyas como me estaba dando cuenta que hacía respecto a todos las cosas. Sin embargo, ya me encargaría de ser yo la única que se ocupase de sus necesidades y de su bienestar. No iba a ser él el único que llevase el papel de protector en esta relación. Quizás me estaba volviendo un poco demasiado territorial pero Sam me provocaba eso, me incitaba a actuar por instinto, a querer marcarlo como mío y que el resto del mundo supieran que ese hombre maravilloso me pertenecía en todos los aspectos.

¡Bueno Bella ya! ¡Deja de fantasear y declarar discursitos respecto a tu actitud! Era hora de moverse y prepararse para el día de hoy. Tengo que vestirme y dejar arreglado el cuarto, además Sam me espera abajo…

Decidí dirigirme al armario para escoger unos pantalones pitillos vaqueros y un jersey grueso de pico verde agua. Me puse unos calcetines y me calcé las botas. Me fui al cuarto de baño para cepillar mi pelo de forma apresurada y hacerme una cola de caballo alta. ¡Voilá! Tampoco me veía tan mal.

Bajé corriendo las escaleras y la imagen que encontré me dejó sin palabras. Era mi chico llevando solamente sus vaqueros rotos y preparando el desayuno para ambos mientras silbaba una canción. Quizás la imagen era de lo más sencilla, pero ver a un hombre tan fuerte y corpulento como Sam moviéndose en mi pequeña cocina con el pecho descubierto y su pelo negro alborotado daban ganas, simplemente, de saltar sobre él y degustarlo entero como si él fuera el desayuno.

La cara de Sam mostró una de esas sonrisas daleadas que tanto me gustaban. Estaba claro que sabía que estaba siendo observado y que quien lo observaba se lo estaba comiendo con la mirada. Posibles culpables: yo, solo yo. ¿Cómo se declara la acusada? Culpable.

-Menos mal que estoy haciendo el desayuno, sino me temo que habría terminado siendo yo la comida ¿o quizás me equivoco, nena?- Habló Sam mientras giraba su cabeza en mi dirección y clavaba esos hermosos ojos negros en mí.

-Quizás te hubieras llevado algún que otro bocado, pero no nada que no pudieras soportar.-Contesté con una sonrisa.

Sam me miró con cara sorprendida. Por lo visto él no esperaba mi respuesta tan descarada. No puedo evitarlo, él me incita a revelarme.

-Seguramente te hubiera dejado hacerlo cariño, pero haciéndote saber que luego sería mi turno para devorarte y degustarte entera.

Decir que el color de mi cara era como el de los tomates era quedarse corto. La timidez poco a poco iba desapareciendo con respecto a Sam pero aun así el calor que invadía mi cuerpo cuando mi mente formaba imágenes de mi lobo y yo tan explícitas provocaban ese efecto en mí.

-Vamos muñeca, siéntate que voy a servir el desayuno.

En cuanto me hube sentado, Sam colocó sobre mi plato huevos revueltos y varias lonchas de bacon. Además, añadió un vaso de zumo de naranja, un pequeño tazón de fruta picada con yogur por encima y un plato con varias tostadas, salchichas y galletas. Era demasiada comida. No sería capaz de comerme ni la mitad.

-Esto es mucho Sam. ¿Cómo voy a ser capaz de comerme todo eso si con solo verlo ya me siento llena?- Sam simplemente se rio por mi pregunta.

-Come lo que tengas ganas, yo también voy a desayunar contigo así que no serás tú la única que se zampe todo esto. Además, quiero que repongas toda la energía que gastaste anoche… Te quiero fuerte y con ganas de mucho más, vas a acabar pidiéndome descanso.

Con mi cara ardiendo a más no poder, comencé a comer todo lo que había en mi plato sin ser capaz de dirigirle una mirada a Sam. Me había puesto demasiado nerviosa su respuesta. ¿De verdad iba a pedirle descansar? ¿Tan activo era Samuel? ¿Y si quizás no estoy a su altura? Una sombra de inseguridad barrió mi mente y se reflejó en dudas en mi cara, porque Sam pudo atisbarlas y tomó mi mano por encima de la mesa.

-Eh nena, ¿qué ocurre? ¿Dije algo malo?

-Yo… Sam… Verás, tú… eh…- ¿Cómo le preguntaba esto? Dios mío. Odio mi timidez.- ¿En serio te pediré un descanso? ¿De verdad no voy a ser capaz de seguirte el ritmo Samuel?

-Así que es eso. Verás Bella, a mí me gusta el sexo y ahora que he encontrado a mi compañera de vida me voy a volver un puto adicto a ti; siempre tendré ganas de tenerte desnuda y suplicante por mi toque, justo como me ocurre ahora pero quiero comportarme contigo como un caballero, de vez en cuando claro.

Me reí por esto último. Sam no era el caballero de brillante armadura de los cuentos de hadas. Era más bien el lobo feroz que persigue a la protagonista por el bosque para darle caza y llevársela con él. Y claro está, si yo fuera la prota sin lugar a dudas dejaría que me raptase y dejaría al príncipe con su castillo y su maldita corona.

-Y dices que no estás segura de poder seguirme el ritmo… Encanto, ahora mismo me estás comiendo con la mirada y sé que si no estuviera la mesa por medio me estarías reclamando como lo hiciste toda la noche de ayer; y yo como tu esclavo que soy te dejaría sin lugar a dudas. ¿De verdad piensas que no estrás a mi altura en el sexo? ¿De verdad crees que no me he dado cuenta de que ocultas a una verdadera diosa del sexo? Muñeca, tu eres mi compañera y me vas a complementar perfectamente. No tengas dudas de ello.

No pude evitarlo por más tiempo. Me levanté de mi silla, me lancé a sus brazos y besé esa boca tan descarada. ¡Sí! ¡Mucho mejor que cualquier desayuno! Poco a poco fue bajando la intensidad del beso y terminé dándole uno pequeño en su nariz. Sam sonrió por ello.

-¿Ves? Me desarmas por completo con un simple beso. Cariño, al final seré yo el que te pida clemencia.

-Me parece que sí, lobito. Al final te convertirás tú en la caperucita…

Ambos reímos y terminamos el fabuloso desayuno que preparó mi chico. Recogimos todo y tomé mi chaquetón y la mochila. Sam me tomó de la mano y me dirigió hasta mi camioneta.

-Samuel, ¿quieres que te alargue hasta la Push?

-No te preocupes nena, cambiaré a mi lobo y así daré una vuelta por las tierras para saber que todo va bien.

-De acuerdo, entonces nos vemos luego.

-Por supuesto. Ten cuidado al conducir.

Le di un pequeño beso y me separé de Sam para abrir la puerta pero antes de poder abrirla del todo una mano morena la cerró de golpe y mi chico me giró; pegando su cuerpo al mío y dejando mi espalda apoyada en la puerta de la camioneta. Sam se agachó hacia mi cuello en el cual comenzó a repartir pequeños besos ascendiendo hasta mi oído.

-¿Qué beso de despedida es ese muñeca? ¿De verdad crees que me voy a conformar con solo eso para aguantar todo el día sin ti? Tss, tss. No, encanto, no.

Y justo al terminar de decir esas palabras se adueñó de mi boca en un beso tan fiero y sediento que en mi estómago las mariposas volaban en todas direcciones sin lograr encontrar el maldito norte. Dios mío, este hombre te hacía tocar el cielo con solo rozar sus labios. El beso cada vez se iba volviendo más ardiente, más posesivo y más necesitado. Tanto él como yo no teníamos por lo visto dejar las voluntades a un lado para que el otro dominase el beso, no señor; esta vez sería Sam el que debiera acabar con el beso. Y hasta que no lo hizo no dejé de saborearle.

-Joder nena. Me parece que has ganado esta vez, pero que sepas que no te saldrás siempre con la tuya cariño. Requeriré mi venganza. Pronto.

-Pronto.

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El instituto había sido un completo aburrimiento. Todo me resultaba demasiado tedioso: los horarios, las clases, los compañeros… Menos mal que tenía Ángela junto a mí, si no llegar a ser por ella lo habría pasado estrepitosamente horrible. A parte de esto, no podía quitarme de la cabeza a Samuel. Era un pensamiento demasiado tentador como para ignorarlo a lo largo de toda la mañana. Sonará muy cursi lo que digo pero lo he echado de menos, mucho. Siento una necesidad incontrolable de ir y estar con él, de poder hablar y reír con mi lobito. Además, mi cuerpo me duele, es como si necesitara sentir el toque de Sam sobre mi piel constantemente y notaba a mi cuerpo demasiado sensible. Creo que la imprimación me está pasando factura y sé perfectamente el porqué. Es el momento de llevar a cabo la unión; me siento preparada, confío al cien por cien en Samuel y no quiero que él sufra por la espera ni que el lobo piense que lo rechazo.

Decidí que era el momento de tomar yo la iniciativa. Ahora o nunca. Subí a mi habitación y husmeé en mi cajón de la ropa interior en busca de aquel conjunto rosa de encaje que mi risueña madre me regaló en mi anterior cumpleaños… A veces pienso que mi madre me manda indirectas cuando me compra estos conjuntos tan provocativos… Cuando lo encontré por fin, lo puse sobre la cama al lado de los pantalones negros y el jersey rosa que había escogido ponerme. Me di una ducha tomándome mi tiempo: exfolié mi piel, me quité algún que otro pelillo suelto (que molestos son, ugh), lavé mi pelo con calma, me sequé y me masajeé la piel con mi crema hidratante de fresa para después de la exfoliación. Me coloqué la ropa y me peiné el pelo dejándolo suelto.

Me dirigí a la cocina y escribí una nota a Charlie. No quería preocuparlo si llegaba tarde, además le indiqué que la cena la tenía en la nevera para calentarla en el horno. Espero que no se le quemase…

Tomé el camino hacia la Push e hice memoria sobre la ubicación de la casa de Samuel. Espero que estuviese en casa y no me llevara un palmo de narices en mi plan de seducirle, si no… Me iba a llevar un tremendo chasco.

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Aparqué el coche al lado de la camioneta de Samuel y me dirigí hacia la puerta. Golpeé un par de veces y esperé a que mi chico me abriera la puerta. Escuché un par de pasos acercándose hacía mí y el nudo de nervios en mi estómago se hizo más grande. Sin embargo cuando mi lobo abrió la puerta llevando solamente unos bóxer negros, con el pelo revuelto y los ojos entrecerrados de dormir todos esos horribles nudos desaparecieron.

-Hola lobo.

-Hola nena.

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Sam Pov

Nada más dejar que mi Bella partiera hacia su instituto, algo bastante difícil de permitir, me transformé en mi lobo y dejé que me guiara a su antojo. Tanto él como yo nos sentíamos tremendamente felices por los avances con nuestra mujer pero todavía no estábamos contentos, obviamente. Necesitábamos hacerla nuestra por completo y todo era mucho más difícil de sobrellevar cuando mi Bella nos atacaba con sus inocentes gestos y sus dulces besos… Mejor será que agote esta cantidad de sobre energía corriendo y patrullando las tierras.

Decir que acabé agotado fue poco, ninguno de mis lobos pudo seguirme el ritmo. Yo estaba más allá de los límites. La adrenalina estaba apoderada de mi por completo y el invisible enlace de emparejamiento que poco a poco se estaba formando entre Isabella y yo estaba absorbiendo por completo mi control. Los chicos me mandaron a descansar cuando me vieron en el estado de angustia en el que el lobo se encontraba por no reclamar a su hembra. No entendía el actuar del hombre.

Es mía, ¿por qué no la puedo reclamar? Soy parte de ti y ella también me pertenece. No me niegues mi derecho a poseer a mi hembra. Te hace daño a ti y me hace daño a mí. Nuestra mujer nos acepta, no nos rechaza ¿a qué esperas para rematar con el enlace de pareja? ¡Hazlo! ¡Acaba con la agonía y el dolor!

Simplemente no podía. Bella debía entregarse a nosotros. No la iba a forzar a nada por mucho que mi lobo me arañe la piel con las afiladas uñas. Decidí tomar el consejo de mis compañeros de manada y fui a descansar a mi guarida. Seguramente me quedé dormido por algún tiempo porque el sonido del timbre me despertó y me hizo gruñir por la interrupción. Estaba en bóxer y no me iba a poner nada encima; a mi lobo no le gustaba mucho la ropa. Cuando llegué a la puerta y abrí no me esperaba la visión tan hermosa que hallé. Mi Bella, mi mujer estaba allí plantada con sus mejillas sonrojadas, sus ojos brillantes y una pequeña sonrisa rondando por sus labios.

-Hola lobo.- Joder, que puta voz celestial tenía mi mujer. Maldito suertudo era yo por poder tenerla.

-Hola nena.

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Narrador POV

Ambos sabían que a partir de este momento todo cambiaría entre ellos. Era la oportunidad para dar paso a los sentimientos de la piel, al lenguaje entre dos amantes sedientos el uno del otro sin importar lo que ocurriera en el resto del mundo. Samuel tomó la mano de su chica y la guio hacía el interior de su hogar. Le encantaba la presencia de Isabella en su territorio. Allí era donde pertenecía y a donde pertenecerá siempre.

-Yo me muero por ti, Isabella Swan. No soy capaz de resistirme más a ti. Si has venido a mi guarida sabes a lo que te vas a enfrentar. ¿Estás segura cariño? Porque una vez que ocurra no habrá marcha atrás. No te dejaré marchar, te encadenaré a mí por siempre, nunca conseguirás estar lo suficientemente alejada de mí porque yo, Samuel Uley, siempre seré tu sombra, tu hombre y tu lobo. Hasta el final.

Bella deseaba decir tantas cosas, todas esas frases de niña fantasiosa y enamorada se le agolpaban en la boca impidiendo que cualquier sonido saliera de su garganta. Todas y cada una de las palabras que deseaba decir mostraban lo que sentía por ese hombre de piel morena y ojos negros que tenía delante suya. Sin embargo, era hora de demostrarlo con la pasión, con las caricias, con la entrega de cuerpo a cuerpo, con el placer de posesión.

-Hazme el amor, Samuel. Ahora o nunca, Sam. Hazme tuya de una vez por todas.

Los ojos del lobo se mostraron ante ella; ya no solo se encontraba el hombre junto a ella sino también ese extraordinario animal de pelaje negro que la consideraba su hembra. En un segundo, Sam caminó hacia ella y se pegó por completo a su cuerpo, rodeando su pequeña cintura con sus fuertes brazos. Ella era su vida, su luz en la oscuridad su anclaje a este mundo de realidad. Tomó el suave cabello de su mujer en un puño para jalarla con ternura y darle un beso, el cual demostraba toda la necesidad que tenía de ella. Un beso ansioso, desesperado, necesitado, ardiente. Un beso que marcaba el antes y el después. Un beso que negaba todo lo pasado, que hacía arder todos los malos momentos y daba paso a la lujuria, al placer, a la obsesión y a los deseos más escondidos del alma.

-Tan hermosa. Tan delicada y a la vez tan fuerte. Quiero todo de ti, mujer. Quiero todo tu cuerpo, tu sexo, tu alma, tu mente. Toda tú serás mía. Tan bella.

-Y tú serás mío.

-Nunca lo dudes cariño, nunca. Tuyo siempre.

Volvieron a besarse con desesperación, no era el momento de ser delicados; eso vendría después. Sam alzó a Bella y ella enredó sus piernas alrededor de sus caderas. La erección de él chocó con el centro dulce de su mujer y ambos gimieron dentro del beso. Todo era demasiado placentero, demasiado real como para no ser un sueño. Sin embargo lo era, era la pura realidad. Era el instante que deseas que sea eterno por siempre en tu memoria.

-Sam llévame a tu cama ahora, ahora lobo. No puedo más. Quiero sentir tus manos en todo mi cuerpo, más amor, más.

Samuel no podía negarle nada a su mujer. ¿Cómo decir no al objeto de su deseo? ¿Cómo decir no a la mujer que le robaba el aliento? Imposible, prácticamente era imposible negarse, sería como arrancarse el corazón. Volvió a besarla sin parar mientras la llevaba hacia su habitación. Le mordía esos labios tan carnosos, penetraba su boca con su lengua imitando el movimiento que su propio cuerpo haría dentro de poco, incitaba a la lengua de su mujer a la lucha por el control, aunque ambos sabían que era él el que lo poseía.

La bajó de su cuerpo, dejándola al lado de su cama. Sus cuerpos no podían separarse, eran como imanes con polos opuestos.

-Quítame la ropa Samuel, no la soporto si tú estás junto a mí. Quítala, me quema el cuerpo si tu piel no está con mi piel.

-Joder nena, esa boca tuya me va llevar a la perdición como sigas hablando así. Levanta los brazos. ¡Puta madre Bella! ¡Qué hermosa eres! ¿Dónde tenías escondido este bello sujetador? Bah, no contestes lo que mi importa de verdad son las preciosidades que esconde detrás de él.

Desabrochó el broche del sujetador y lo tiró a algún lado de la habitación, le importaba una mierda donde habría terminado. La piel de su mujer estaba para lucirse para él, solo para él y esa molesta prenda le privaba las vistas.

Volvió a avasallar su boca. La devoraba con un hombre privado de su alimento favorito por siglos. No podía controlar este hambre que se estaba formando en su cuerpo, Samuel le provocaría una combustión espontánea si seguía así. Las manos de él recorriendo su espalda desnuda hasta toparse con el borde de sus pantalones, rozó la piel de su cintura con sus dedos provocando un escalofrío por todo su cuerpo. Se deshizo del broche y bajó la cremallera. Bajó los pantalones junto con las braguitas de encaje, dejando a su mujer completamente desnuda delante de él.

-Tan hermosa, tan mordible…

Tomó a su mujer y la tumbó en la cama. Él se colocó sobre ella y comenzó a descender por su cuello hasta llegar a sus pechos. Los devoró. No había otra palabra para explicar lo que hizo su hombre con sus senos. La llevó a la locura con sus besos, con sus lamidas en los pezones. Al límite de la fractura de todo su cuerpo.

-Joder, Bella adoro tu piel, me encanta como sabes. Muero por probarte.

Mientras que con sus manos amasaba los mechos de su mujer; alternando caricias con pequeños pellizcos y tirones de esos pezones rosas ahora de color cereza gracias a sus atenciones. Estaba sediento, necesitaba sentir el sabor de los jugos de su mujer, ansiaba hundir su lengua el coño dulce de su chica. Y no se iba a privar de su deseo. Llegó a su ombligo y hundió su lengua en él.

-Este ombligo tan lindo que tienes va a ser uno de mis sitios favoritos en tu cuerpo. Pero creo que más abajo está el que de verdad va a ser mi favorito.

Bajó hasta los huesos de las caderas y dejó un beso en cada uno de ellos para luego descender hasta el monte de venus de su chica donde aspiró el aroma de la excitación de su hembra. Joder, mango y canela, pura delicia para sus sentidos.

-Joder, hueles tan bien nena que moriré de placer al hacer que te vengas en mi boca.

Y así, sin más dilación le separó los labios mayores y hundió su lengua entre ellos. Comenzó a lamer su clítoris con pequeñas lamidas, arriba y abajo, lo besó y lo apretó suavemente con sus dientes. Bella no podía para de gemir, era tanto el placer que sentía por lo que Sam le estaba haciendo que no sabía ni qué hacer con sus manos; apretaba la sábana, daba pequeños puños en el colchón, se agarraba al pelo de Samuel pero nada era suficiente, deseaba más mucho más.

-Samuel más, más. Por favor, no pares. Más, quiero más.

Y se lo dio chupaba su botón con más fuerza, y hundió un dedo dentro de su vagina. Dentro y fuera, dentro y fuera; cada vez más rápido. Sentía todo su cuerpo al límite a punto de estallar y eso ocurrió cuando su hombre le mordió suavemente mientras que la penetraba con dos dedos. Y el caos se desató, no pudo contenerse más y explotó. Tan intenso, tan fantástico.

-Isabella sabes a membresía. Eres mi sabor favorito sin lugar a dudas. Toda mojada para mí y deshaciéndote en mi boca, contra mi lengua. Joder, el puto cielo nena.

-Sam yo quiero probarte también. Ven aquí.

-O no nena, esta vez sí que no. Dejaré que me tomes en tu boca la próxima vez, pero esta vez es para ti. Tu placer es mi placer nena. Recuérdalo.

Y volvió a atacar su centro sin piedad, una y otra vez le provocaba un orgasmo tras otro haciendo ver las estrellas a Bella sin ningún descanso. Sus huesos se estaban convirtiendo en gelatina a cada lamida que su hombre le daba pero ella lo deseaba sentir dentro suya. Ya no soportaba más esa espera.

-¡Saaaam! ¡Por favor! ¡No puedo más! Hazme tuya ahora.

Sam ascendió por el cuerpo de su mujer repartiendo pequeños besos y mordisco suaves, rozando su incipiente barba con la blanca piel de su nena. Tan hermosa y suculenta. Llegó a su boca y la devoró con un beso que dejó a ambos sin respiración haciendo que Bella probase su propio sabor en la boca de su hombre. Demasiado erótico, demasiado excitante, demasiado hambriento.

Samuel colocó la punta de su polla en la entrada de su mujer pero en el último segundo recordó la jodida protección. Él estaba sano, no tenía ninguna enfermedad al igual que Bella pero no quería dejar a su Bella embarazada. No aun.

-Mierda, el condón.

-Samuel está bien. Yo… Tomo la píldora.

Inmediatamente las alarmas de Samuel saltaron en su cabeza. ¿Le pasaba algo? ¿Tenía algún problema?

-¿Por qué la tomas cielo? ¿Te pasa algo?

-Tengo la regla algo irregular, así que el médico me recomendó las pastillas. ¿Te molesta?

-Joder, claro que no. Voy a poder disfrutar por completo de toda tu piel sin la mierda de un plástico de por medio.

Colocó las manos a cada lado de la cabeza de su chica y jugó con su pene arriba y abajo. Colocó la punta del glande en la entrada de ella y poco a poco fue entrando.

Era demasiado grande, la estaba abriendo por completo. Dolor, placer, dolor y placer. Samuel llevó su mano hacia la vulva y comenzó a acariciar de forma circular el clítoris de su mujer para que se relajara y le permitiera entrar más. Y lo consiguió. Llegó a la barrera de su himen y de un solo empujón la rompió. Devoró la boca de Isabella para que ella no pensara en el dolor. Sabía que él era grande y que ella debía adaptarse a su intrusión y a su tamaño. Por eso había querido que estuviera tan mojada para poder recibirlo bien del todo.

-Tan apretada, nena. Tan apretada, mojada y caliente. Joder amor, me aprietas como un puño. Voy a morir de placer.

-Samuel…

-¿Estás bien? ¿Quieres que pare?

-¡No! Solo es que eres tan grande…

-Sí, y tú me adentras en ti como un guante. Eres perfecta nena.

-Mío Samuel, eres mío.

-Sí, tuyo. Y tú eres mía.

-te necesito… Más.

Y Samuel comenzó a moverse despacio de forma lenta para que su chica se acostumbrara. Control, Samuel, control. Es su primera vez. No le hagas daño. La besaba en todas las partes que alcanzaba. Su boca, su nariz, sus párpados, su hermoso cuello de cisne y sus dulces pechos duros por la excitación. Joder, era putamente perfecta. Cuando Bella fue al encuentro de sus embestidas aumentó el ritmo. No podía más, necesitaba hacerle el amor como el hombre y el lobo ansiaba. La follaba con amor, con dolor, con desamparo, con un deseo reprimido por días desde que supo que era su compañera. Los sonidos que emitían eran maravillosos, el olor a sexo descarnado, el sudor de su cuerpos, la visión más erótica del mundo donde su pene entrando en el apretado coño de su mujer, sus brazos y piernas entrelazados el uno con el otro, la vista del vello de ambos confundido en cada embiste…

-Tan hermosa Bella, tan linda y eres mía, mía, ¡mía!

-Sí Sam, sí, sí, sí. Tuya, tuya, solo tuya. Más, por favor más. No pares.

Y Sam aumentó aún más el ritmo, complacido porque su mujer no se quedaba atrás y lo recibía con el levantamiento de sus caderas hacia él, atrayéndolo más aún si cabía a ella, a su sol, a su luz, a su vida.

-Nena, dios, yo…yo… te deseo, muero por ti. Sí, Bella. Eres mía, tan hermosa. Joder, oh, joder.

-Más amor, más. Mi Samuel, mío.

-Córrete cariño. Vamos, córrete para mí.

El centro de Bella lo empezó a apretar más aún de lo que ya lo hacía. Comenzó a convulsionar alrededor de su polla mientras gritaba y gemía su nombre. No pudo más, y se fue con ella. Calientes chorros de semen llenaban el interior de su mujer, marcándola, dejando su huella en ella. El lobo ronroneó complacido, el hombre suspiró de placer. Y la mordió. Sí lo hizo, dejó la marca en su piel como signo de reclamo. Ella era su mujer y su hembra. La loba del alfa.

Suya, solo suya. Ahora y siempre.

Se quedaron abrazados mientras sus cuerpos y respiraciones volvían a la normalidad. Ambos satisfechos por lo que acababan de hacer, felices por la posesión mutua que habían realizado.

Sam se salió poco a poco de su mujer, no quería hacerle más daño. Sabía que a ella le había dolido pero a partir de ahora solo sería placer, puro y duro placer.

-¿Te encuentras bien cariño?

-Me encuentro fantástica Samuel. ¿Y tú? ¿Lo hice bien?

-Genial. Maravillosa muñeca, caliente, sexy, hermosa… Toda una diosa para mí.

Sam se levantó y fue a por una toalla mojada con agua para limpiar a su mujer y calmar un poco el dolor que sabía que ella sentía en esos momentos.

-¿Te duele mucho?

-Solo un poco. Pero no es nada Sam.

-Lo siento. Ya no dolerá más. Lo prometo.

-Lo sé. Pero ahora quiero que me abraces. Quiero tener tu cuerpo contra el mío. Ven conmigo Samuel.

-Lo que mi dama desee.

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¡Por fin! ¡Al fin nuestros queridos protagonistas han estado juntos! ¡Sí! ¿Demasiada tensión acumulada verdad?

¿Les gustó el capítulo? Espero que sí. Fue un poco largo pero creo que ha salido bien. Me gustaría que me dieran sus opiniones.

Gracias por todos los reviews recibidos, ¡hemos llegado a los 70! ¿Creen que con este capi llegaremos a más de 80? Sería todo un honor. ¡Comenten por favor! ¡Me animan a seguir!

Mil gracias a todos los que seguís esta historia. Sin vosotros y vuestro apoyo yo no continuaría con este proyecto. Gracias.