¡Hola! ¿Qué tal están?

Espero que les guste el nuevo capítulo. Ya me dirán.

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.

Gracias por todo.

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CAPÍTULO 20

-¿Lista?

-¿Para qué?

-Para ser mi postre particular.

-No creo que tengas tanta hambre.-Los ojos del lobo relucieron amenazadores ante mis palabras.

-Te avisé que nunca retases a un lobo cariño, ahora eres mi presa.

oOo

Bella Pov

Sam enredó más sus manos en mi cabello provocando que la diadema que llevaba se resbalara y terminara en alguna parte de la camioneta; daleó mi cabeza hacia un lado y mordió mi cuello en la zona donde se encontraba la marca de emparejamiento, justo entre el cuello y mi hombro. No pude evitar pegar un brinco por la sorpresa, a cambio Sam me dio un beso en el lugar que acababa de reclamar como suyo.

-Tú querías jugar, cariño.

-Eso no es…- no pude acabar de responderle ya que mi cerebro tuvo un cortocircuito cuando su lengua empezó a lamer la zona y su pelo rozaba mi cuello. Fue repartiendo besos llegando a mi mandíbula y luego haciéndose poseedor de mi boca.

Bajó sus brazos hasta mi cintura y me llevó con él hacia la parte trasera del coche, provocando que mis pies se deshicieran de las manoletinas cuando di con el cambio de marchas. Una vez atrás; me colocó a horcajadas encima de él, con mis piernas a cada lado de su cadera. Yo no quise quedarme atrás y lie mis manos en el cabello de mi chico, provocando que su cabeza cayese hacia detrás y permitiéndome llevar a mí por un momento el control de la situación. Esta vez fui yo la que besó, lamió y mordisqueé su cuello, causando un ronco gemido en Sam.

Era obvio que él no iba a quedarse quieto, ni mucho menos. Llevo sus manos al comienzo de mi camisa para ir desabotonándola a la par que iba acariciando la piel que iba exponiéndose.

-Malditos botones…

No pude evitar sonreír ante el tono impaciente de mi chico. El calor y la necesidad nos habían invadido a ambos hasta hacernos llegar a un límite en el que no había vuelta atrás. Cuando hubo desabrochado la camisa por completo, la deslizó por mis hombros dejándola caer al suelo; sus manos recorrían mi espalda de una forma tan suave y ardiente que me hacían desear estar completamente desnuda para sentir sus caricias por todos lados.

Deseaba sentir su piel, así que agarré el borde de su camiseta azul y fui levantándola poco a poco para después desprenderla del cuerpo de mi chico con su ayuda. Mis manos se dirigieron directamente hacia su pecho, acariciándolo y degustando el suave tacto que provocaba su vello en mis manos. Cuando mis manos se dirigieron hacia su pantalón, con un rápido movimiento Samuel desabrochó mi sujetador y movió las copas hacia abajo para atacar mis pechos con su boca. Un gemido se escapó de mis labios cuando su lengua se arremolinó alrededor de mi pezón izquierdo mientras su mano masajeaba posesivamente mi otro seno.

-Samuel…

-Me encanta tu cuerpo Bella.

Su boca se dirigió hacia mi otro pecho para devorarlo, lo chupo, lo lamió y lo mordió suavemente haciendo que mi centro se mojara aún más si era posible. Yo decidí deshacerme del sujetador para dejarme completamente a su merced. Lo necesitaba, lo ansiaba.

Sus manos fueron descendiendo por mi estómago, creando abstractos dibujos sobre mi piel, haciendo pequeños círculos alrededor de mi ombligo antes de llegar a la cinturilla de los pantalones negros. Con un rápido movimiento lo desabotonó y bajó la cremallera metiendo su mano derecha en el pantalón para obsequiarme con leves caricias sobre mis braguitas. Era una pura tortura.

No contenta con esto, bajé mis manos por su abdomen, recreándome en los abdominales, seguí la flecha de bello que marcaba el camino hacia el tesoro oculto; encontré el cinturón, lo desabroché, bajé la cremallera de los vaqueros e introduje la mano bajo el bóxer. Rodeé su miembro con mi mano y apreté ligeramente.

-¡Joder Bella!

-Dijiste que quería jugar, lobito.

Dispuesta a investigar, deslicé los dedos por el tallo, recreándome con su tersura y su suavidad. Sam jadeó excitado y satisfecho, llenándome con una ola de orgullo por poder provocar ese placer en él. Mi lobo, a modo de venganza, deslizó su mano por debajo de mis bragas recorriendo con sus dedos mi piel resbaladiza. Su dedo anular, se deslizó lentamente por mi centro, extendiendo la humedad de mi vulva hasta llegar a mi clítoris donde comenzó a trazar pequeños círculos a la vez que su otra mano acariciaba mis pechos. Entretanto, recorría y oprimía sin cesar el pene con manos ansiosas, con el dedo pulgar acariciaba la punta tersa y húmeda, seguía con los dedos las gruesas venas sumamente apetecibles que bajaban por todo su tallo, disfrutando al máximo del cuerpo de mi chico.

De forma impaciente, Samuel se adueñó de mi boca al mismo tiempo que bajaba mis pantalones a la vez que mis bragas. Sus dedos volvieron a mis pliegues y abriéndolos para meter su dedo corazón en mi vagina completamente empapada, curvó el dedo en mi interior y comenzó a entrar y salir de mi centro a la vez que su dedo pulgar acariciaba mi clítoris. No pude evitar los gemidos que se escapaban de mi boca, mi respiración se volvía cada vez más acelerada y tuve que dejar de acariciar la dureza de mi chico para no perder el equilibrio, coloqué mis manos en sus hombros y en una de sus caricias que me hicieron tocar casi el culmen del placer clavé mis uñas en ellos.

-Eso es Bella, vamos cariño descontrólate completamente.

Su dedo se vio acompañado por un segundo, su boca se volvió a centrar en mis senos; sus dientes trazando caminos ardientes que al segundo después, la lengua de mi chico se encargaba de refrescar. El nudo que en mi centro se estaba formando estaba a punto de romperme en mil pedazos por las atenciones de Sam. Ya no era capaz de resistirme más. El placer se estaba adueñando por completo de mi cuerpo con la constancia de mi chico. Cuando sus dedos se curvaron dentro de mí alcanzando a tocar ese punto que me hacía perder completamente el control simplemente me descontrolé. Me deshice en los dedos de mi hombre mientras él acallaba mis jadeos con un beso feroz.

-Tan hermosa. Mi loba.

Mi cabeza terminó apoyada en su hombro izquierdo mientras trataba de recuperar el ritmo normal de mi respiración. Mi corazón latía salvajemente y estaba segura de que mi lobo era capaz de oírlo perfectamente. Samuel, retiró sus dedos de mi interior de manera suave y lenta, provocando un ligero escalofrío en mí ya que estaba muy sensible a causa del orgasmo.

-Samuel eso fue…

-Pues aún no has visto nada nena.

De un momento a otro, mi chico me apoyó en los asientos a la vez que devoraba mi boca. Rodeé con mis brazos su cuello para atraerlo más a mí. ÉL, mientras tanto, se deshizo del resto de sus ropas para estar completamente desnudo para mí. Se separó de mí bruscamente dirigiéndome una mirada llena de hambre y lujuria; tomó mis tobillos y los colocó sobre sus fuertes hombro, acto seguido me penetró. Mi espalda se arqueó en un arco perfecto ya que en esta postura estaba absolutamente abierta para él y pude notar su embestida en lo más profundo de mi centro. Algo que me volvió completamente loca. Samuel apoyo su brazo izquierdo al lado de mi costado y su mano derecha descendió de nuevo hacia mi entrepierna; comenzando a acariciarme de nuevo de forma suave a la vez que me penetraba lentamente.

Sus dedos tomaron mi clítoris entre ellos y lo apretaron suavemente provocando en mí un nuevo orgasmo; el calor recorrió todo mi cuerpo hasta que estalló en mi cabeza dejándome totalmente sorprendida. Mi vagina se contraía en torno al miembro de mi chico a la vez que todo mi cuerpo temblaba. Cuando pude volver a enfocar la vista, miré a Samuel que sonreía cual lobo orgulloso de sí mismo. Sus ojos dorados brillaban en la semioscuridad del coche recorriendo todo mi cuerpo desnudo y provocando que me percatara de que él seguía duro en mi interior…

-Te deshaces muy fácil cariño.

-Tú…

Y sin esperar a que terminase de hablar, volvió a embestirme. Lo hacía de forma lenta, con ritmo a la vez que volvía a acariciar mi clítoris ¡Dios! Iba a volver a conseguir que me viniese de nuevo así de fácil. Las embestidas de mi lobo se volvieron más rápidas, bombeando con más fuerza; sin querer quedarme yo detrás, comencé a mover mis caderas al mismo ritmo que él. Enredé una de mis manos en su pelo y con la otra pellizqué uno de sus pezones provocando un fuerte gemido en Samuel. Lo empujé hacia abajo para adueñarme de su boca; mordiendo y lamiéndole los labios. Mi lobo respondió a mi ataque bombeando más profundo y mucho más fuerte. Sus dedos se movieron mucho más rápido sobre mi clítoris provocando espasmos de placer en mi ser, mi vagina se comprimió y todos mis músculos temblaron. Mi chico lo notó y comenzó a embestir más ferozmente aun si cabe. Él rugió y yo jadeé, mis músculos internos comprimieron su miembro y ambos gritamos de placer por el orgasmo que nos recorrió por completo.

Ambos tratábamos de recuperar el ritmo normal de nuestras respiraciones y los corazones se encontraban en las mismas circunstancias. Samuel se sentó bien en el asiento y me llevó con él para que me acomodara en su regazo. Yo me percaté de mi completa desnudez y me invadió la vergüenza, sé que Sam me ha visto en bastantes ocasiones desnuda pero aun así el pudor me podía.

Mi chico notó el cambio en mi actitud y sus brazos me envolvieron más ferozmente si cabe. Sam es muy protector conmigo y eso… Me encantaba.

-Nena, ese pudor tuyo va a tener que desaparecer de una vez por todas conmigo. Me encanta tu lado inocente pero me vuelve loco pensar que te avergüenzas de mostrarte ante mí.

-No es eso Samuel, sabes que soy tímida.

-Pero no conmigo cariño. No más. Y mucho menos cuando hacemos el amor.

Conmigo en sus brazos, se agachó para recoger mi sujetador y mi camisa. Me vistió tan delicadamente que me entraron unas ganas terribles de volverme a quitar la poca ropa que me había puesto para que me lo volviera a poner. Luego se encargó de ponerme los pantalones pitillos sin las braguitas… Un momento, ¿y mis bragas?

-Sam, te olvidas de mis braguitas.

-O no lobita, claro que no me he olvidado de ellas. Simplemente creo que sobraban en tu piel y he decidido quedármelas de recuerdo por nuestra primera vez en mi camioneta.- Terminó de decir mi chico con una sonrisa lobuna tan característica de él.- Además, así cuando esté solo en casa y no pueda tenerte podré recordar tu olor y tocarme pensando en ti.

Mi cara en estos momentos sería un completo tomate rojo. Es algo tan desvergonzado y a la vez tan erótico…

-¡Depravado!

-Así te gusto, y ni intentes engañarme porque el olor de tu excitación te delata lobita.-Ugh, me había pillado.

Decidí que era mejor encargarme de vestirlo a él, así que tomé toda la ropa que encontré desperdigada por el coche y lo vestí lentamente, recreándome en toda la piel caliente que iba escondiendo con esa ropa tan odiosa, porque sí, en estos momentos era detestable por quitarme las vistas tan tentadoras…

oOo

Sam paró el coche delante de mi casa, ambos sabíamos que era el momento de la despedida por lo menos durante esta noche ya que a él le tocaba patrullar las tierras.

-Odio tener que dejarte ir cuando lo que más deseo es poder llevarte a mi territorio y saber que te tengo en nuestra casa y dormida en mi cama.- ¿Por qué tenía que decir estas cosas tan, tan… tan? No encuentro otra palabra que lo describa… Lo único que me apetecía cuando hablaba así era besarlo hasta que ambos olvidásemos todo lo que nos rodea.

-A mí también me gustaría Samuel, pero no puedo dejar solo a Charlie. Le daría un patatús.

-Lo sé, aún es pronto para ese paso. Pero no dudes que no será dentro de mucho. Mi lobo quiere a su hembra junto a él en todo momento.

-Lobo mandón.

-Loba obstinada.

Ambos sonreímos y nos dimos un breve beso de despedida. Me bajé del coche y me dirigí hacia la entrada de mi casa. Una vez en la puerta le di un breve saludo y Sam partió con la camioneta hacia La Push.

Al entrar en casa me encontré a un Charlie viendo la televisión arrellanado en el sillón. Me dio una breve mirada, cogió el mando de la tele y bajo el volumen.

-Bella cariño, ¿podemos hablar?

-Claro papá. ¿Qué pasa?

-Solo quería decirte que tienes mi visto bueno con Samuel.

-¿De verdad?

-Sí, siempre he sabido que era un buen muchacho porque Billy habla maravillas de él pero esta noche lo he podido comprobar. Es un buen hombre y estoy seguro que te valora por cómo eres y no lo que otros desean que seas.

-¿A qué te refieres papá?

-A Edward.

-¿Qué?

-Mira cariño, sé que hasta hace poco mencionar a ese niño idiota te dolía pero también me he dado cuenta que desde hace algún tiempo tú has pasado página y lo has dejado en el pasado. Por eso me atrevo esta noche a mencionarlo princesa. Sé que ha sido Sam el que te ha vuelto a traer ese brillo especial en los ojos y sé también que a él le ocurre lo mismo contigo; esta noche lo he podido ver con mis propios ojos.

-Gracias papá.

-No tienes que darlas cariño. Lo que quería referirme es que Edwin o como sea siempre trató de cambiar en cierta forma tu manera de comportarte o de ver las cosas; ya sea con lo de ir de tiendas con su hermana, o que hablaras de tal manera, o que no hicieras nada por ti misma… Tú eres una chica completamente independiente desde que tuviste ocho años y debías encargarte de que tu madre no metiese la pata en las cosas de casa- Una breve sonrisa apareció en su boca al mencionar esto- Y Samuel deja que seas tú misma en todos los aspectos de la vida. Y eso debo de tenerlo en cuenta para no querer desollarlo y hacerme un bonito sillón con su piel.- Los dos reímos ante esto.

-Gracias papá, me hace muy feliz que entiendas todo esto.

-No tienes que darlas cielo. Eres mi pequeña y siempre lo serás, por eso trataré de cuidar de ti cada vez que esté en mi mano. Anda dale un beso a tu viejo y a la cama señorita, que por hoy ya ha sido un largo día.

-Que descanses papá.

Sencillamente adoro a mi padre, desde afuera puede parecer un hombre distante y seco pero en el fondo es un blandengue que protege a los suyos al máximo. Junto con Samuel, eran los dos hombres más importantes de toda mi vida, siempre serían ellos dos hasta el final.

Mientras me dedicaba a quitarme la ropa y no pararme a pensar que no había llevado bragas delante de mi padre cuando tuvimos esa mini charla… No puedo dejar de pensar en Sam; me parece de lo más cursi decir que lo echo de menos pero es la pura verdad. El enlace de pareja se fortalece cada día más y poco a poco Samuel está convirtiéndose en una parte esencial dentro de mi ser, como si fuera la otra mitad de mi alma. Y sé, que a él le ocurre lo mismo; aunque no me lo diga yo puedo sentirlo a través del vínculo ya que por medio de él podemos sentir las distintas emociones que invaden al otro… Para mí, Samuel no necesita decirme lo que siente aún, porque sé que él está un poco asustado con la inmensidad que representa esta unión y las diferentes impresiones que nos causamos mutuamente. Él necesita su tiempo para asimilarlo todo y yo, como su pareja, estaré para él en todo momento.

Sam es mío.

Y yo de él.

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¡Oooooh! ¡Nuestra Bella marca territorio!

¿Qué tal el momento coche de nuestros protagonistas? ¿Les gustó? Ya me dirán se estuvo bien o no. Espero haber conseguido subir un poco sus temperaturas… =P

¿Qué les pareció la opinión de Charlie? Me parece que se ha portado muy bien y lleva razón en sus palabras. Quiere demasiado a su hija =)

Espero que se vayan preparando para lo que viene, tiempos oscuros se presentan en el camino de nuestra pareja… No diré nada más…

Muchísimas gracias por los comentarios recibidos. Llegamos a los 98 reviews. Gracias de verdad.

Muchas gracias a: CaroBereCullen, marieisahale, Cullen-21-gladys, miadharu28, Mel-nyx, Rossy04.

Gracias a todas las demás que seguís esta historia, a las lectoras fantasmas y a los que le han dado a favorito y a seguir a la historia.