Nuevo capítulo, espero que les guste. Actualización temprana ^^

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.

Gracias por todo.


CAPÍTULO 23.

Bella POV

Hacía casi un mes justo desde el entierro de Harry Clearwater. El ambiente que podía sentirse en la tribu era verdaderamente triste. La mayor parte de la tribu fueron a rendirle homenaje y darle su último adiós. Sue estaba destrozada por la pérdida de su marido, lo poco que vi de ellos juntos fue que eran felices y se querían muchísimo; me daba pena la situación por la que Sue estaba pasando: sus dos hijos convertidos en lobos y su marido asesinado. Al menos se encontraba arropada por Billy y por Charlie, sobre todo. Mi padre se pasaba por su casa todos los días después del trabajo para ver cómo estaba y por si necesitaba alguna cosa.

Todos los lobos de la manada estaban pasando por un mal momento, Harry los había ayudado junto con Billy en todo lo referente a comprender lo que eran. Sam era el alfa y como tal, debía mostrar más fortaleza que ninguno para que los demás se repusieran pronto y siguieran adelante. Ahora era cuando debían permanecer más unidos para que no hubiese ninguna brecha dentro de la manada. Sabía que mi lobo estaba pasándolo mal, Harry fue un hombre muy querido por él y había crecido bajo su protección. Como su compañera, podía sentir a través del enlace de pareja todas las emociones que lo embargaban; yo trataba de aligerar esa carga en su corazón, dando cariño y amor tanto al hombre como al lobo.

Me encontraba en clase de Literatura, no cabe decir que era mi asignatura favorita. Sin embargo, hoy no conseguía concentrarme en ninguna de las materias. Solo podía pensar en Sam una y otra vez. A través del enlace pude percatarme que hoy se encontraba ansioso por algo, pero ¿el qué?

El profesor seguía su discurso sobre la importancia de poner todo nuestro empeño a la hora de leer los poemas de Bécquer para así hacer el trabajo que debíamos entregar de forma adecuada y no solo quedarnos con lo superficial. Dios... Menos mal que era la última hora de clase en todo el día, y lo mejor de todo es que era viernes. Podría pasar todo el fin de semana con mi chico, cuidando de él.

La campana sonó y tomé todas mis cosas para guardarlas en la mochila apresuradamente. No podía entender por qué tenía tanta prisa, pero algo me decía que debía actuar de esta manera. Tomé la chaqueta del respaldar de la silla y con un rápido adiós me despedí de Ángela y de Ben. Al salir del exterior del edificio pude darme cuenta que el tiempo era fabuloso; nada de nubes, con un cielo completamente azul y una temperatura agradable que incitaba a quedarse afuera de casa y disfrutar para ver llegar el crepúsculo del día.

Tomé el camino hacia mi camioneta roja, la cual necesitaba un arreglo inmediato en el motor y en la carrocería. Iba buscando las llaves en el bolsillo pequeño de la mochila y metiéndolas en el bolsillo de la chaqueta cuando sentí un ligero tirón dentro de mi ser y una mirada clavándose en mí. Levanté la vista hacia el frente y para mi gran deleite, Samuel se encontraba apoyado sobre la puerta del copiloto con sus fuertes piernas cruzadas y sus brazos apoyados sobre su pecho. Sus hermosos ojos negros recorrían mi figura desde mis pies hasta mi cabello, deteniéndose su mirada en mis ojos. Cuando supo que había captado mi atención me regaló una de sus hermosas sonrisas piratas, las cuales hacían que mi respiración se entrecortara y fuego líquido se formase entre mis piernas. Llegué al frente de él, dejando solo unos pocos centímetros de separación entre nosotros; no podía apartar mis ojos de él, no tenía ninguna duda de que era el hombre más atractivo que puede existir en la vida.

-Hola nena.

Yo seguía sin poder articular ningún pensamiento lo suficientemente coherente para poder decirlo en voz alta. Me había quedado completamente sorprendida por su presencia en el aparcamiento del instituto. Todos los alumnos que pasaban nos miraban de manera curiosa, intentando averiguar cualquier chisme que pudieran cotorrear. Sinceramente, me daba igual lo que pasase por sus cabezas. Yo solo podía centrarme en Sam, hacía dos días que no habíamos podido vernos; sus turnos de vigilancia lo tenían muy ocupado y cuando no estaba patrullando yo lo obligaba a descansar, no quería que terminase enfermando (algo imposible puesto que es un lobo, pero por si acaso).

Samuel me miraba divertido por mi reacción, porque seguramente lo estaría mirando con los ojos completamente abiertos y mis mejillas sonrosadas por la cercanía de su cuerpo al mío.

-¿Qué ocurre cariño? ¿Te comió la lengua el lobo? Porque que yo recuerde aún no te he besado.

Su broma me sacó del ensueño en el que me hallaba y volví a la realidad.

-¡Samuel!- Grité y me lancé a sus brazos como si mi vida dependiera de ello y en cierta medida mi cordura lo hacía.

Mi lobo simplemente se rio contra mi cabello y me estrechó fuertemente contra su cuerpo. Después de un pequeño lapso de tiempo nos separamos y nuestras miradas se enlazaron la una con la otra provocando que todo lo que nos rodeaba fuese solamente un ruido de fondo.

-Te extrañé nena.

-Y yo a ti lobito.

Por fin, nuestros labios se fundieron en un tierno beso y cariño se dirigió en los dos sentidos por el vínculo de pareja. Cada día era más fuerte y más evidente entre nosotros, dándonos a ambos una seguridad mutua tan completa que opacaba todas las relaciones que tuvimos en el pasado.

Apreté mi agarre en su nuca y en el jersey gris oscuro que llevaba pudiendo sentir la contracción de sus músculos tensos y calientes debajo de éste. Gimiendo suavemente contra su boca, Sam lamió todo a lo largo de la unión de mis labios. Una de las manos de mi chico me agarró fuerte por la cintura mientras que la otra descendió hasta la parte baja de mi espalda, acercándome aún más si cabe a él y pudiendo sentir el calor de su rígida erección empujando contra mi abdomen… Besé con pasión sus labios, adorando su sabor.

Ambos gemidos suavemente por el placer que nos abordaba.

Separándonos poco a poco volvimos a recuperar la normalidad de nuestras respiraciones. Un destello dorado en los ojos de mi chico me hizo darme cuenta de cuan cerca estaba el lobo de la superficie, era evidente que Sam había olfateado el almizcle de mi excitación. Mis mejillas se colorearon más rojas si cabe por la vergüenza pero no podía evitar lo que mi Samuel me hacía sentir.

-Muñeca será mejor que nos vayamos de aquí. No creo que mi control dure mucho más después de haber estado sin ti por dos días.

-Creo que será lo mejor.

-Me está volviendo loco tu olor.

Y antes poder decir nada, Sam metió las manos en mi bolsillo y extrajo las llaves abriendo la puerta del coche para que yo subiera. Tras cerrar la puerta, dio un rápido rodeo al coche y se montó para arrancar la camioneta y llevarnos a donde sea que mi hombre tenía planeado.

-¿A dónde vamos?

-Es una sorpresa.

-¿No vas a decirme nada lobito? ¿Ni siquiera una pista?-Le pregunté al mismo tiempo que hacía un ligero puchero con mis labios. Eso era hacer trampa, lo sabía, pero quería saber dónde me llevaba mi chico. Samuel apartó la vista de la carretera y me dio una rápida mirada. Su boca se curvó a un lado cuando vio mi expresión. Volvió su atención al frente.

-Eres una tramposa nena.

Sabía que él no podía resistirse a mi expresión y solo me faltaba el toque final. Así que acerqué mi cuerpo al suyo y me incliné ligeramente hacia su hombro; mi boca quedó a la altura de su oído derecho y mi mano descansó sobre su muslo.

-Vamos lobito, no seas malo conmigo… ¿Dónde me llevas?- Y tras acabar la frase di el golpe maestro: mordí suavemente el lóbulo de su oreja calmándolo enseguida con una pequeña pasada de mi lengua.

Samuel gruñó y pegó un respingo en su asiento, lo que provocó que se me escapara una pequeña risita traviesa.

-¡Jesús Bella! ¡Estoy conduciendo!

-Ambos sabemos que todos tus sentidos lobunos hacen que conducir sea para ti un juego de niños. Venga nene, ¿A qué sitio vamos?- Volví a preguntarle en su oído mientras mi mano ascendía y descendía por su pierna.

-Eres una bruja, haces conmigo lo que quieras. No es que me queje la verdad, me encanta tener toda tu atención en mí.

-Egocéntrico.

-Es parte de mi encanto.

-¿Me dirás a dónde vamos?

-Qué remedio. Siempre te sales con la tuya muñeca. Había pensado pasar la tarde en la playa y disfrutar del buen tiempo antes de irnos a cenar a mi casa. ¿Te apetece?

-¡Por supuesto! ¡Quiero tomar el Sol contigo! Estoy muy blanca y en comparación contigo parezco un cadáver andante.

-Así que te vas a desnudar en la playa para tomar el Sol… Vaya, no sabía esa vena exhibicionista tuya nena.

-¡Samuel! ¡Qué dices!- Le respondí dándole un ligero golpe en el brazo, aun sabiendo que a él no le afectaría para nada y que mi mano saldría peor parada.-No pienso quedarme desnuda en la playa, ¿imaginas que pase alguien y me vea? ¡Qué vergüenza!

-Como alguien se atreviese a mirar lo que es mío le sacaría los ojos y se los metería por el culo. Tu cuerpo es mío ¡sólo mío! ¡De nadie más!-Pude escuchar al lobo resonando en su voz.

Mi lobo posesivo y hermoso.

-Sólo tú Sam.

-Eso quería escuchar.

No nos llevó más de diez minutos llegar a nuestro destino. Sam había aparcado mi camioneta en una zona muy cercana a la playa, la cual me era completamente desconocida. Normalmente, siempre había ido a las playas a las cuales todos los lugareños de Forks tienen permitido ir, sin embargo, esta zona parecía estar aislada de todo y ser solo accesible para los Quileutes. Nos bajamos ambos del coche; Samuel me esperó apoyado en el capó de la camioneta para tomar mi mano y guiarme hasta un camino oculto entre las rocas, el cual, tras una pequeña caminata desembocaba en una pequeña cala.

Era maravilloso el paisaje que se encontraba delante de nosotros: la tierra oscura ligeramente mojada por el vaivén de las olas, el agua azul reflejando pequeños destellos de color al reflejar los rayos del Sol y varios troncos de árboles esparcidos por la playa dando la oportunidad de sentarse sobre ellos y disfrutar del entorno.

-Esto es realmente hermoso.-Le dije a Samuel mientras mis ojos se maravillaban por todo lo que nos rodeaba.

-Sí, hermoso.-Me respondió mi chico mientras su mirada me recorría de arriba abajo y me sonreía con ternura. ¿Acaso se refería al paisaje o a mí?-Es un bonito lugar ¿cierto? Lo encontré hace poco cuando estaba patrullando, no suele venir nadie por aquí, es una zona muy apartada incluso para los de la tribu. Así que nos dará algo de tiempo a solas sin ninguna interrupción.

-Me parece perfecto.-Le respondí sonriendo. Por fin podría pasar tiempo con él a solas. ¡Menos mal!

-¿Qué te parece si nos sentamos y comemos algo?-Dijo al mismo tiempo que agitaba unas cuantas bolsas de papel que contenías algo de comida. ¿Cuándo había sacado eso? Ni idea, seguramente lo habría colocado en la parte de atrás de la camioneta para que yo no me diera cuenta. Lobo astuto. Y yo, chica despistada sin duda.

-Me encantaría. ¡Vamos Samuel! ¡Vámonos a ese árbol de allí!-Tiré de su mano para guiarlo hasta el árbol caído que parecía el más cómodo de todos y al mismo tiempo el más cercano a la orilla del mar.

-¡Cuánta impaciencia cariño! ¡Me encantas pequeña!-La sonrisa en su voz me hacía feliz por ver que yo era capaz de animarlo y aligerarle los ánimos.

Cuando ambos nos habíamos sentado y acomodado en el tronco, Samuel frunció el ceño. ¿Por qué?

-No me gusta cómo nos hemos sentado nena, ¿te importa que cambiemos?

-No, claro. ¿Cómo quieres sentarte?

-Así.

Sam en un movimiento rápido se sentó con las piernas abiertas dejando el tronco del árbol entre ellas y después me tomó por la cintura levantándome del suelo y sentándome de la misma forma salvo que mis piernas quedaron suspendidas sobre sus muslos. Era una postura claramente provocativa y no me quedó duda cuando vi la sonrisa traviesa que se mostraba en el rostro de mi chico.

-Mucho mejor cariño.

-Samuel pero esto es…

-¿Qué es? Perfecto, así tengo tu delicioso cuerpo disponible para mí por completo. Y ahora, ¿quieres saber lo que hay dentro de las bolsas?

-¡Sí!

-Estupendo. Quiero que cierres los ojos, comas lo que te doy y luego me dices que es.

-¿Qué consigo yo si acierto?

-Un premio misterioso, el cual nos implica a ti y a mí. ¿Qué dices? ¿Aceptas?

-Sí- fue la única respuesta que mi cerebro podía procesar. Hoy el lobo de Sam estaba juguetón y no sería yo quien nos negara la diversión a ambos.

Mirándole atenta como abría una de las bolsas de papel no pude resistirme en caer en la tentación de imaginar esas grandes manos recorriendo mi cuerpo desnudo. Un escalofrío de placer recorrió mi espalda.

Sam se percató de que aún mantenía los ojos abiertos. Sonriendo por haberme pillado en un vano intento de echar un vistazo a lo que contenía la bolsa.

-Cierra los ojos, nena.

Fui cerrando mis párpados lentamente, ya que no podía dejar de mirar a mi chico. Cuando tuve cerrados los ojos completamente pude ser más consciente del olor y del calor que el cuerpo de Sam desprendía llamándome como un canto de sirena a acurrucarme en su pecho.

Iba a hacerle una pregunta a Samuel cuando uno de sus dedos rozó mis labios.

-Saborea cariño.

Perdiendo el hilo de mis pensamientos, mordí suavemente sobre el pastel que había puesto en mis labios. Era como un pastel de hojaldre con crema de chocolate en su interior. Ummm, chocolate.

-¿Sabes qué es nena?

-Creo que es napolitana de chocolate.

-Bien. Acertaste.

¡Toma ya! ¡A la primera! Fui a abrir los ojos pero Samuel me detuvo.

-Mantenlos cerrados muñeca, todavía no hemos acabado. Quiero la revancha.

Lo escuché tomar la otra bolsa de papel, desenvolviendo seguramente el próximo pastel que tendría que probar. Di un bocado; estaba completamente decidida a ganar este pequeño juego.

Estaba segurísima de lo que era: magdalena de nueces. ¡Soy ganadora! ¡Sí!

-Es una magdalena de nueces.

-Mal. Fallaste cariño, ahora me debes una.

Rápidamente abrí mis ojos para fijarme en el pastel traidor que me había hecho perder el juego. ¡Era una maldita magdalena de nueces y frutos rojos!

-Lo siento nena, pero has perdido. Así que quiero mi prenda.

-¿Prenda? No hablamos de ningún premio para ti si yo fallaba. ¡Tramposo!

-Nunca preguntaste. ¿Y ahora quieres saber cuál va a ser el premio que debes darme?

-Lobo astuto, venga dime.

-Un beso nena. Eso es lo que te pido. ¿Me lo darás?

Antes de que pudiera seguir jugando al ratón y al lobo, tomé su rostro entre mis manos y atraje su cuerpo un poco al mío. Acerqué mi boca a la suya y simplemente lo besé.

Lo besé con todo lo que sentía en mi interior y que se transmitía a Sam a través del vínculo de pareja. Dios. Besar a mi chico era lo mejor del mundo. Nos besamos de manera suave y dulce, el lobo ronroneó provocándome un jadeo en su boca, lo cual Sam utilizó a su favor para introducir su lengua y acariciar la mía. Era demasiado placentero. Al terminar el beso, le di un pequeño bocado en su labio inferior y lo chupé; provocando un pequeño gemido en mi chico y que fuera él en esta ocasión quien llevase el beso. Cuando nos separamos, nuestras respiraciones eran rápidas, en los ojos de Samuel se distinguía el dorado del lobo y sus labios estaban un poco hinchados por nuestros besos. Demasiado atractivo para su seguridad.

Los brazos de Samuel me tenían rodeada por la cintura y me atrajo un poco más a su cuerpo, haciendo que nuestras frentes reposaran la una en la otra.

-Besarte es lo mejor del mundo, nena. Nunca me cansaré de hacerlo.

-Ni yo tampoco.

-Mi chica hermosa.


Fin del capítulo 23. ¿Qué les pareció? ¿Os gustó? Me apetecía hacer una escena de nuestros protagonistas para relajarnos un poco de la trama misteriosa que los rodea. ¿Les pareció dulce? Y no lo digo solo por los pasteles. xD

Cada día me gusta más Sam, espero que a vosotras también os pase lo mismo.

Gracias por todos los reviews recibidos, aprecio vuestro apoyo y sus comentarios me animan a seguir con este proyecto.

Gracias a: CaroBereCullen, marieisahale, vieraj000, helenagonzalez26-athos, Cullen-21-gladys.

Gracias a todos los que les hayáis dado a favoritos y a seguir a esta historia. ¡Espero sus reviews para este capí! Un beso.