Nuevo capítulo, espero que les guste.
Les traigo una sorpresita. Ya me dirán si les gustó. ^^
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.
Gracias por todo.
CAPÍTULO 24.
Sam POV.
La tarde en la playa con mi chica fue de los mejores momentos que he pasado en mi vida. Todo fueron risas y diversión. El tiempo con Bella se me pasaba volando. Cada vez sentía el vínculo mucho más fuerte por su parte, sabía que Bella estaba depositando en mí una confianza cada vez mayor y eso, sin lugar a dudas, me hacía sentirme genial. Había podido notar un ligero cambio en ella, era sutil pero lo suficientemente notable como para que el lobo se percatase de ello. Mi chica mostraba más seguridad en sí misma, más confiada en su persona y cada vez iba perdiendo más la timidez conmigo, atreviéndose a jugar con mi lobo como si fuera mi igual.
La loba está emergiendo en ella. Mi hembra.
Sí. No cabía duda, ahora que lo decía el lobo, la preparación para el cambio se estaba fraguando en el interior de mi chica. Sólo faltaba esperar para ver cuando se producía la metamorfosis y así poder disfrutar del bosque junto a ella como una pareja alfa.
La risa de Bella derretía mi alma, era fresca y llena de vitalidad; algo que necesitaba con desesperación en estos desastrosos días que habían pasado desde la muerte de Harry. Sabía que por el vínculo de compañeros mi chica se percataba de mi tristeza aunque mi fachada para el resto era de fortaleza. Ella era la única que conocía mi dolor por la pérdida del hombre que se comportó casi como un padre para mí. Harry nos ayudó a mi madre y a mí en los momentos más duros de mi infancia y siempre estaría agradecido por ello.
Tras pasar la tarde en la playa, quise llevar a Bella a mi territorio. Quería darle otra sorpresa. Me había encargado de organizar una cena especial para ella y para mí. Recordar la charla que tuve con mi suegro acerca de un permiso en la hora de recogida de mi chica hizo que riese interiormente.
Flash Back
Acababa de llegar de un turno de patrullaje a mi casa, se marcaban las ocho en el reloj de pared de la cocina. Llevaba toda la noche con la idea de hacer algo especial para mi Bella y sabía que debía hablar con uno de los hombres más importantes en la vida de mi chica: su padre. Así que tomé el teléfono y marqué el número de la comisaría, sabiendo de antemano que mi suegro ya estaría allí trabajando.
Tras marcar dos tonos, el teléfono fue descolgado y la voz de mi suegro hizo acto de presencia.
-Comisaria de Forks.
-Charlie, soy Sam. ¿Qué tal?
-Hola hijo, bien aquí comenzando el trabajo. ¿Ha pasado algo en la tribu que necesite mi ayuda?
-No, todo está bien. Quería comentarte una cosa solamente. Si no es molestia claro.
-Adelante. Soy todo oídos.
-Verás, hace varios días que no veo a Isabella y me gustaría hacerle una cena especial para compensarla. Quería preguntarte si podrías dejarla llegar un poco más tarde a casa.
Un minuto entero de silencio gobernó en la línea telefónica. Yo soy un hombre con mucha seguridad pero a lo que respecta con mi suegro, mejor no dar nada por sentado. Tenía un arma y sabía usarla. No me gustaría convertirme en una bonita alfombra de piel de lobo.
-A Bella le gusta mucho la comida italiana.
-Genial. ¿Y respecto a la hora?
-¿Qué quieres hacer tu con mi niña? Déjalo, mejor no quiero saberlo. Menos es más en este caso.
Ambos nos reímos por su comentario. Los dos éramos hombres y, por lo tanto, no podíamos engañarnos ninguno respecto a nuestras intenciones.
-Charlie, no haré nada que Bella no quiera. No pienso engañarte en esto. Siempre respetaré a tu hija y no tiene caso que te diga que no hacemos nada, porque tú has tenido nuestra edad y lo sabes.
Un suspiro sonó al otro lado del teléfono. Sabía que a Charlie le incomodaba el tema. Pero no quería andarme con engaños; es un gran hombre y merece mi respeto y mi sinceridad.
-Tienes que entender Samuel que Bella es mi niña y que aunque haya crecido siempre será mi pequeña. Sé que tienen una edad en la que no solamente se darán la manita y pasearán por ahí pero tomo tu palabra de que la cuidarás si no, ya sabes que siempre podré poner tu cabeza encima de la chimenea a modo de trofeo.
-Queda muy claro.
-Algún día lo entenderás cuando tengas una hija.
-Espero que tenga los ojos de Bella.
Mi suegro contuvo la respiración dos segundos ante la afirmación que acababa de hacer. Pero quería que supiese que en mi futuro se encontraba Bella.
-Vaya chico, eso me deja claro varias cosas. Pero me gustaría que aún no me hicierais abuelo. Todavía no tengo canas.- No pude evitar reírme por esto.
-Tranquilo Charlie. Para eso todavía queda bastante tiempo. Gracias por lo de esta noche.
-No la traigas muy tarde a casa. ¡Y no vayáis a emborracharos!
-Descuida. Adiós y gracias de nuevo.
-Adiós hijo.
Fin flash back.
Mi suegro era el mejor.
Llevé a Bella a su camioneta para poder irnos a mi casa. La veía feliz y su sonrisa iluminaba el interior del coche. El trayecto fue muy breve ya que nos encontrábamos dentro de las tierras de la tribu, aparqué al lado de mi camioneta y tomé la mano de Bella para ir hacia la puerta de mi casa.
Dejé que ella pasara primero. Quería que viese la mesa que había preparado. Espero que le gustase. Todas las dudas que tenía se esfumaron cuando vi la cara sorprendida de mi chica y la sonrisa que se formó en sus hermosos labios.
-Samuel, esto es realmente hermoso.
¡Le gustaba! ¡Sí! Había dejado las luces ligeramente encendidas para que cuando ella entrase lo viese todo. La mesa de la cocina la había llevado al salón, colocándola detrás del sofá beige. Los platos, cubiertos, las servilletas y las copas de vino adornaban la mesa.
-¿Te gusta?
-¡Sí! Es fantástico. ¿Qué celebramos?
-Nada. Sólo me apetecía hacer algo especial. No sé si esto se clasifica como algo romántico para ti, no se me da bien esas cosas.
-Oh Samuel, tú eres romántico incluso sin que te des cuenta. Me encanta esto. ¿Qué vamos a cenar?- Me dijo mi chica mientras la llevaba hacia la mesa para que se sentara en la silla.
-Es sorpresa, y esta vez sí que no vas a usar tus armas de seducción como hiciste en el coche para sonsacarme nada.
-Me quitas la diversión lobito.- Me dijo mi chica haciendo un lindo puchero con sus labios. Era tan hermosa.
-Compórtate lobita o te haré esperar más por la cena.
Ambos sabíamos que yo no sería capaz de hacer eso, soy un lobo y como tal siempre velo porque todas las necesidades de mi compañera estén cubiertas y no es lógico que la deje con hambre.
Hambre de nada.
-Quédate aquí, voy a ir trayendo las cosas y a poner a calentar los platos.
-¿Te ayudo en algo?
-Por supuesto que no. Esta noche es mía para malcriarte.
Me fui a la cocina para preparar la pasta y los aperitivos. Había cocido los tortelinis de carne justo antes de irme a por Bella al instituto, así que les di un enjuagón con agua y encendí el fuego para calentar la salsa napolitana que había hecho, olía genial y tenía buen sabor; espero que a Bella le gustasen mis artes culinarias. Encendí el horno para calentar los cuadrados de hojaldre con queso, aceitunas negras, orégano, atún y pequeños trozos de tomate cherry. Preparé una ensalada césar rápidamente, la aliñé y me dirigí a la mesa.
Bella me esperaba impaciente sentada en su silla. Cuando vio el gran bol de ensalada que había preparado se rio.
-Si esta cantidad de ensalada es la que has hecho no quiero ni imaginarme la cantidad de las otras cosas. Miedo me das.
-Tranquila cariño, come lo que te apetezca. Recuerda que tengo el apetito de un lobo.-Le dije para luego darle un beso furtivo.
Volví a la cocina. Terminé de preparar toda la pasta y la coloqué en una fuente, saqué los cuadrados de hojaldre poniéndolos en un plato llano y volví al salón. Algo me faltaba… ¡Claro! ¡La bebida! Corrí a la cocina de nuevo y tomé el vino.
-Sam esto es impresionante. ¡Todo tiene tan buena pinta!
-Me alegra oír eso; espero que también te guste el sabor.
-¡Pues claro que me gustará! ¡Lo has hecho todo tú, estará buenísimo!
Comenzamos a comer la ensalada y los hojaldres, eché el vino en nuestras copas y vi una mirada traviesa en los ojos de mi chica.
-Con que vino en. Ya veo, me quieres emborrachar y aprovecharte de mí. Eso no está bien lobito.
-Si quisiera aprovecharme de ti no me haría falta el vino. Con solo tocarte hago que te rindas a mí.
-¡Serás engreído!
-¿Acaso me equivoco nena? Yo creo que no. Ambos sabemos que llevo razón y cuando quieras te lo demuestro.-Terminé de decir mientras coloqué mi mano en su muslo por debajo de la mesa y fui subiendo lentamente deteniéndome en la unión de sus piernas. El calor placentero se desprendía del sexo de mi chica y mi lengua picaba por saborear sus fluidos mientras ella se venía en mi boca.
Bella dio un pequeño jadeo y un hermoso sonrojo cubrió sus mejillas. Quería olvidarme de la cena y tomarla a ella como postre pero tendría que esperar.
-Sam…
-La cena primero nena. Luego vendrá el postre-Le guiñé el ojo.
Seguimos comiendo tranquilamente hablando de todo y nada a la vez hasta que recordé que tenía que contarle un chisme nuevo que corría por la manada.
-Nena, tengo que contarte una cosa.
Inmediatamente Bella dejó los cubiertos y me miró con cierta preocupación. Diablos, no quería que lo tomase a mal.- ¿Pasó algo malo Sam?
-¡No muñeca, claro que no! Es solo el nuevo cotilleo de la manada. No es nada grave.
-Menos mal, me estaba poniendo en lo peor.
-Nada de eso. Es sobre una nueva imprimación en la manada.
-¿En serio? ¿Quién fue?
-Adivina…
-No me digas que fue Paul, con lo ligón que es le daría un patatús.
-Seguramente, pero no fue él. Sino Jared.
-¿Jared? ¿De verdad? ¡Eso es fabuloso!
-Verdad que sí. Se imprimó de Kim, una compañera suya de clase. Ella siempre había estado enamorada de él desde primaria y es de la tribu así que ha oído de las leyendas Quileutes por lo que todo ha sido más fácil entre ellos.
-Oh Sam, eso es genial. Me gustaría mucho conocerla. Así habrá otra chica en el grupo. ¿Crees que le caeré bien?
-Por supuesto que sí. Eres lo más maravilloso del mundo, le caerás fantástica.
-Deberíamos hacer una comida o algo para darle la bienvenida, ¿te parece bien?
-Nena, es una idea estupenda. Los chicos y yo teníamos pensado hacer mañana una barbacoa para reunirnos y tomarnos un descanso pero también podríamos celebrar esa pequeña bienvenida. ¡Dios que haría sin ti!
-Seguramente ser un lobo cascarrabias- Respondió riendo.-Y ahora… ¿Dónde está mi postre?
-Te va a encantar. Ahora vengo.
Fui corriendo a la cocina para tomar las copas de mousse de mango que había preparado en la mañana. En cuanto mi chica las vio en mis manos le brillaron los ojitos.
-Samuel tú sí que sabes preparar una fabulosa cena.
-Espero mi recompensa.
-Oh sí, yo también la espero.
En cuanto terminamos de tomar el postre y de recoger la cena llevé a mi Bella al sofá. Me apetecía abrazarla y estar relajados el uno con el otro.
-Mañana iré a tu casa a recogerte Bella ¿te parece bien?
-¡Claro! Pero no vengas muy temprano; quiero preparar varias cosas para la barbacoa como una ensaladilla y un aliño de patatas.
-Umm, que rico suena. Entonces te recogeré a media mañana.
-Estupendo.
Antes de que me diese cuenta, mi chica tomó mis labios en los suyos provocando un cortocircuito en mi cerebro. Dios, su sabor era el jodido cielo. Arremetí en el beso tomando el control de él. Mi lengua incitaba a la suya en un baile decadente, nuestras manos no paraban quietas en el cuerpo del otro. El olor del calor femenino exótico y atrayente llegó a mis fosas nasales, provocando un revuelo de locura en el lobo.
¡Mía!
Descendí poco a poco dejando pequeños besos sobre su mandíbula para centrarme en degustar la deliciosa curva de su cuello. Lamer su hermoso cuello para saborearlo fue instintivo. Fresas, suculentas y ricas, me hacían un jodido hambriento.
-Me encanta como hueles Isabella.
Mi chica se estremeció y las puntas de sus pezones se marcaban a través del jersey que llevaba. El lobo aullaba en mi interior por la necesidad descarnada de tomar entre mis labios esas ricas puntas rosas y hacer gemir a mi mujer. Sin duda alguna, yo estaba completamente de acuerdo con él.
Volví a besar su boca, ronroneando de placer cuando su lengua tomó la iniciativa de buscar la mía. En un movimiento rápido, la senté en el filo del sofá mientras yo me colocaba de rodillas entre sus largas piernas. Sus manos acariciaban mi cabello y mi nuca haciéndome estremecer, deseando sentir esas caricias en otra parte de mi anatomía… Mi pene saltó en el interior de mis pantalones ante la idea, sin embargo mis dedos picaban por poder tocar el sexo de mi chica.
Mis manos viajaron hacia el filo del jersey para quitárselo de una vez por todas, lo odiaba por privarme de la hermosa visión que era el cuerpo de Bella. Un lindo sujetador verde cubría los senos de mi hembra. La boca se me hacía agua.
-Sam, por favor… Tócame.
¿Cómo podría tan siquiera negarme a ese ruego mezclado con una demanda tan excitante? No podría, ni aunque en ello dependiera mi vida; tocar a Bella era como una droga para mí. Sin querer perder más tiempo, me deshice del sujetador y tomé en mis manos sus pechos. Tan hermosos, dos montañas blancas coronadas con picos rosas que se encontraban duros por y para mí. Bajé mi cabeza hacia ellos y metí el pezón derecho en mi boca, succionándolo con fuerza mirando en todo momento a la cara de mi muñeca. La cual no apartaba la vista de mí ni por un minuto. Adoraba que fuera tan desinhibida cuando hacíamos el amor, aunque al mismo tiempo mantuviera ese toque de inocencia tan característico de ella.
La amaba.
En eso se resumía todo. No se lo había dicho aún, pero cada vez me era más difícil callármelo cuando la tenía junto a mí.
Mientras seguía dándole placer con mi boca a sus suculentos pechos, mi mano izquierda descendió hasta el borde de sus vaqueros para desabrochar el botón y la cremallera. Un segundo después de conseguir bajar la maldita cremallera; Le quité los vaqueros junto con sus bragas a juego con el sujetador y también sus botas y calcetines.
Gloriosamente desnuda se hallaba mi Bella sobre mi sofá; la visión que tenía ante mí era magnífica, majestuosa, ardiente… Excitada, mojada y sin ningún resquicio de timidez a la vista. Mi chica me miraba con ojos expectantes, intentando adivinar cuál a ser mi próximo paso; sin embargo, tener a mi diosa de esa forma por mí hacía que ningún pensamiento se lograse filtrar por mi chamuscado cerebro.
-Samuel creo que llevas mucha ropa. Quítala.
Sin ser capaz de articular ninguna palabra para responderle, me despojé de mi jersey gris y desabroché el botón y la cremallera de mis vaqueros. Los ojos de mi Bella brillaban por la lujuria y el placer de ver mi torso, por el enlace de pareja alcanzaba a conocer toda el hambre que mi chica padecía por mí, la cual era casi comparable a la mía.
-Sigues llevando mucha ropa lobito.
-Para lo que tengo en estos momentos en mente no.
Y sin más dilación, descendí mi rostro hasta el paraíso que era el sexo de mi mujer. Caliente, húmedo, apretado… Dios, soy un puto afortunado por poder decir que esta mujer que gemía en mis brazos era mía y siempre lo sería.
Más, necesitamos más. Márcala.
EL lobo se movía desesperado de un lado a otro en mi interior. Queriendo calmarlo y dejando que el tomase el control comencé a chupar con fuerza el clítoris de Bella provocando jadeos y hermosos gemidos que se escapan de su linda boca.
-Más Sam, por favor, más.-Dijo mientras tiraba levemente de los mechones de mi cabello.
Con ese incentivo por parte de mi chica, introduje dos dedos en su centro, haciendo que se arquera por el placer. Comencé a penetrarla sin descanso con ellos y al doblarlos hacia su ombligo toque ese punto en su interior que la descontrolaban por completo. Con cuidado, mordí con mis dientes su botón de placer y ese fue el último empuje que necesitaba mi mujer para correrse.
El placer hecho sabor.
Eso es lo que era la ambrosía que mi Bella me regalaba. Su sabor alimentaba al caníbal lascivo que moraba en mí, eliminando la sed tan dolorosa que me acechaba.
-Isabella, eres lo mejor que ha podido ocurrir en mi vida. Tan hermosa, adoro tu sabor.- Le dije mientras saboreaba sus jugos de mis dedos. Ella reposaba medio tendida sobre el sofá, intentando recuperar la normalidad de su respiración.
Antes de darme cuenta de lo que pasaba, mi chica se había vuelto a poner recta sobre el asiento y había tomado entre sus manos mi miembro. Apoyé mis manos en los cojines del sofá, disfrutando de las caricias que me daba. Su pulgar dibujaba círculos sobre mi glande mientras su otra mano masajeaba mis testículos. Al estar en esta posición, nuestros rostros quedaban a la misma altura ocasionando que nuestros alientos se mezclasen.
Mi lobo se mostraba a mi mujer por mis ojos, sabía que estos se habían vueltos amarillos. Y eso a Bella le encantaba por lo que podía apreciar. Puta gloria.
Su mano comenzó a apretarme mientras ascendía y descendía por mi polla, a la vez que su cabeza bajó hasta mi cuello por el que repartió besos mojados y ligeros mordiscos.
-Me encanta tu cuerpo Sam.-Susurró sobre mi ardiente piel la cual se puso de gallina.
Solo pude gemir en respuesta. Adoraba que me tocase sin ningún pudor. Sin embargo, había un inconveniente: tanta era mi excitación que con unos pocos minutos más iba a terminar como un adolescente enclenque.
Y no pensaba permitirlo.
Aparté con mucho pesar sus manos de mí y las llevé hasta mis hombros. Bajé mis manos por su espalda en suaves caricias hasta tomar su hermoso trasero entre ellas, empujando a Bella más al borde del sofá, consiguiendo posicionar su ajustada entrada con la punta de mi erección.
-Cariño, sabes que me vuelves loco cuando me tocas pero quiero correrme dentro de ti. ¿Estás lista?
-Sí. ¡Ahora Sam!
Y con un único empujón me introduje en el calor abrasador y anhelado ajuste que era su sexo. Ambos gemimos por el placer del acoplamiento. Con un suave vaivén comencé a moverme recibiendo en respuesta unas tímidas acometidas por parte de las caderas de mi chica.
-Eso es nena, sigue así.-Un gemido de gatito fue la única respuesta de mi mujer.
Sonido maravilloso.
Bajé la mirada por el cuerpo de mi Bella, y el balanceo de sus pechos capturó completamente mi atención. Sin dejar de penetrarla, capturé su pezón izquierdo en mi boca. Las caderas de Bella comenzaron a moverse de manera más rápida mientras gemía y sus uñas se clavaban en mi espalda. La sensación de dolor y placer al mismo tiempo era fabulosa. Mi lobo quería más y sabía que mi muñeca estaba muy cerca de venirse, por lo que aumenté la fuerza de mis embestidas. Las damas primero; esa frase tan conocida mundialmente era la más aplicable cuando se trataba de dar placer a una mujer, mejor dicho, a mi mujer.
-¡Samuel!
Ese grito fue solo el aviso para la sensación más satisfactoria de todas: ver la cara de placer de mi Bella cuando alcanza el clímax mientras siento como sus paredes vaginales aprietan mi polla hasta el dolor gozoso. Sin poderme contener más, me dejé llevar. Mi miembro se sacudió en su interior liberando mi semen y marcándola como mía. Sonaba como un animal pero no puedo negar esa afirmación.
Lo soy.
Me mantuve en su interior mientras me echaba para atrás sobre la alfombra y la llevaba conmigo para mantenerla abrazaba entre mis brazos. Nuestros corazones latían al mismo ritmo y nuestras respiraciones trataban de volver a la normalidad. El vínculo de pareja vibraba por nuestro acoplamiento y yo sonreía de felicidad por todo el amor recibido a través de él procedente de Bella.
Mi mano acariciaba tiernamente su espalda entretanto aspiraba el delicioso aroma desprendido de su cabello. Umm. Bella levantó la cabeza y la apoyó sobre sus manos en mi pecho, sus ojos me miraban con una esperanza visible que antes nunca había estado ahí ¿y eso?
-¿Qué pasa nena?
-Nada, es solo que el vínculo de compañeros es un chivato.-Dijo sonriendo. ¿Ein? ¿Qué quería decir? Mi nena es tan rara ¡y me encanta!
-¿A qué te refieres?
-¿No puedes notar todo lo que yo siento? Qué raro, porque yo puedo notar todas tus emociones.-Respondió frunciendo el ceño.
-Claro que las siento. Eres un volcán de sensaciones en mis brazos cariño-Le dije guiñándole el ojo-Y un volcán adormecido cuando no estoy junto a ti. ¿Y sabes por qué se todo eso? Porque a mí me pasa lo mismo y el enlace de pareja nos une y nos muestra todos los recodos del otro. Es fantástico. Pero creo que a veces es bueno decir lo que se siente.
-¿Qué quieres decir Sam?
Sabía que este era el momento, quería decirle a Bella todo lo que sentía y que me había estado callando por mucho tiempo. Quizás ella aún no está lista para darme una respuesta pero yo necesitaba decirlo.
Adelante. Es nuestra hembra. Dile lo que nos hace sentir. Átala más a nosotros. No me hagas callar más.
Era ahora o nunca.
-Te amo Isabella.
¡Oh la lá! ¡ Nuestro lobo se confesó a nuestra querida bella! No me lo esperaba! Pero cuando estaba escribiendo Sam me incitó a ello xD
¿Qué os pareció el capítulo? ¿Os gustó la fantástica cena que hizo Sam? A mí me encantaría. ¿Y la parte después del postre? ¿Les gustó? ¡Decidme que sí, por favor! Nuestros chicos son muy pasionales ^^
El próximo capí va a tener una parte fuerte, será sorpresa; espero impactaros.
Muchas gracias por los reviews recibidos: Juulii, vieraj000, marieisahale, helenagonzalez26-athos, yyamile.
Quiero responder a las preguntas de Juulii, me encanta que las hagas^^: respecto a Leah queda bastante por descubrir, así como sobre el pasado de Sam…Porque ¿sabemos algo de él? Creo que no y pienso que es necesario conocerlo y así sabremos porqué es así. En cuanto al asesino de Harry… No puedo decirte mucho, solo que seguramente volverá a actuar como anunció en el capítulo 22… El asesino desconocido tiene sus razones al igual que su jefe, si te soy sincera son unos auténticos sádicos. Muchas gracias por tu interés. Y a todas las demás también.
