Este capítulo va a gustar mucho... que lo sé yo. La verdad, la historia se me está quedando corta... no sé, sólo me faltan... ¿Uno, dos arcos argumentales? Tampoco vamos a alargarla innecesariamente, ¿Verdad? Ah, Love, este capítulo te va a gustar especialmente a ti... Hay gorecillo, y SALSEO.
Anzu
Lo admito. Estaba aterrada. Yo sola, frente a aquel ejército, que avanzaba entre gritos de una victoria que no se habían ganado. Mi capa se movía con el viento. Durante unos segundos sentí como si el mundo se quedase en completo silencio. A continuación, los sonidos comenzaron a volver uno por uno. El viento meciendo las hojas, el suave sonido del agua de un ruido. El aullido de un lobo. Y, sobre todo ello, volvieron los gritos.
No tenía más remedio. Siempre había rehuido la batalla en la medida de lo posible. Bajo aquella imponente armadura, estaba temblando, por más que desde fuera se me viese segura. La noche estaba cayendo cuando finalmente llegaron a mi posición.
El ataque fue feroz. Era imposible bloquearlos a todos. Mi espada estaba cargada de energía, y cuando lanzaba un mandoble, la primera línea salía despedida hacia atrás, presa de la inconsciencia. Pero una oleada nueva la sustituía. Era inútil. Después de todo, era imposible que un solo soldado venciese a un ejército. Y, por resistente que fuese la armadura, no iba a aguantar tanto.
Emma
En aquel momento sentía verdadero odio por Regina. Por no confiar en mí. De acuerdo, es cierto que quería que cortase con Robin, quería que saliese conmigo, pero desde luego, no jugaría una carta tan sucia como la que había creído que empleaba. Regina había creído que le mentía, y eso no tenía perdón alguno. Por momentos deseaba verla sufrir. Pero estaba dolida, era normal.
Estábamos llegando a la sala del trono, cuando el pasillo se oscureció. Cinder miró en derredor, imaginándose lo peor. Y luego la perdí de vista. A ella y a Regina. El pasillo cambió, y repentinamente me encontraba en la mansión de Regina. Aquello tenía que ser un hechizo, desde luego. Uno muy bueno.
Tuve que empezar a moverme por la casa, buscando a Augustine. Todo aquello tenía que ser obra suya. Me encontraba en la cocina, cuando me pareció escuchar un ruido en el salón. Me dirigí allí, y noté como se me aceleraba el pulso al ver un reguero de sangre que venía de la planta superior.
Mis piernas fueron más rápidas que mi cerebro subiendo a la planta superior. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba en la habitación, y la escena que vi me dejó helada.
Regina estaba tumbada sobre la cama, con un puñal clavado en el pecho. Su cuerpo estaba en un ángulo extraño, lo cual tenía sentido, dado que debían haberla arrastrado desde abajo. Alguien había cerrado sus ojos, y estaba completamente pálida.
_ Esto no es real... no puede ser real..._ Murmuré, para mí misma.
Me acerqué y me senté sobre la cama, cogiéndola en brazos. Saqué el puñal y toqué su rostro, manchándolo con su propia sangre. Entonces fue cuando vi el oro borde de la cama. Y la cosa no mejoró. Henry estaba tirado en el suelo. Le habían apuñalado hasta casi dejarlo irreconocible. Mi rostro estaba lívido, mi corazón golpeaba la caja torácica de un modo impaciente.
_ No es real..._ me seguía repitiendo.
Pero sentía el calor de la sangre en mis manos. El cuerpo de Regina, sin vida, aún caliente, entre mis brazos. Sentía el olor a muerte. Sentía el tacto del pelo de Regina. Y no pude evitar llorar. Llorar como una niña pequeña, a pesar de que aquello no era cierto, de que era un ilusión.
_ ¡No es real!_ Exclamé con todas mis fuerzas._ ¡Esto no es real, y no vas a conseguir que me lo crea! ¡Así que sácame de aquí!
Pero lo más triste es que se lo suplicaría. Se lo suplicaría porque no podía soportar más aquella imagen. Y entonces, apareció. Podía ver en sus ojos que aquello la divertía. ¡Monstruo repugnante!
_ Pues claro que no es real._ Me dijo, con toda la tranquilidad del mundo._ Sólo es miedo... pavor... ansiedad. Es lo que más temes en el mundo. Perder a los que amas. A las dos personas que más te importan.
_ ¿Y por qué me lo enseñas?_ Pregunté.
_ Para recordarte qué es lo que más temes... y lo que más te importa. He tomado prestado algo del temor que usé en los soldados de Blancanieves. Quién sabe... puede que vuelvan uno o dos, los más valientes... Pero merece la pena.
Anzu
Caí al suelo. La armadura, aún echa de una aleación extremadamente ligera, me pesaba más de lo que quisiera admitir. Los soldados habían vencido. Iban a masacrar al otro ejército. Buscándolos uno a uno. Había caído la noche, pero la luz de la luna lo iluminaba todo. No tardarían en encontrarlos. Ni en atravesar mi armadura. Encontrarían la manera o me matarían sin sacarme de ella. Debía estar llena de moratones, pero dudaba que pudiese llegar a comprobarlo jamás.
Pero entonces, algo ocurrió. Se escuchó un aullido que sobrepasó el sonido de los hombres que me azotaban. Y repentinamente, todos se detuvieron. Pude empezar a ver algo a través del visor. Y lo que vi, me dejó anonadada. Una manada de lobos surgió de entre los bosques, lanzándose sobre los soldados que se defendían como podían, sin demasiado éxito.
Empezaron a darme espacio, y pude apoyarme sobre la espada para ponerme en pie. Sentí como una brisa me rozaba la cara y algo se paraba en frente de mí. Mi primer pensamiento fue que se trataba de un enorme bicho que emitía luz azul. Pero al fijarme más, pude darme cuenta de que se trataba de otra cosa.
_ ¿Se supone que eres un hada?_ Mi voz sonaba ronca.
_ Soy el hada azul._ Parecía ofendida de que no tuviese idea de quién era._ Y he venido a ayudarte.
_ Un poco tarde._ Dije, observando a los lobos.
_ ¿Quieres mi ayuda o no?_ Me espetó.
_ Está bien, está bien... la quiero._ Puse los ojos en blanco pero, obviamente, ella no pudo verlo.
Sentí como algo caía sobre mí, pero no tuvo ningún efecto. La miré, sin entender que pretendía, y miré lo que me había tirado encima. Sobre mi mano encontré un polvo azul que brillaba. Abrí un momento el visor y lo dejé caer dentro de la armadura.
Fue algo instantáneo. Noté como recuperaba la energía por completo. El cuerpo había dejado de dolerme. Me sentía bien, como si no hubiese entrado en batalla. ¿Eso era lo que hacía el polvo de hada? Volví a ponerme el visor, con intención de volver al ataque. Pero finalmente los lobos lograron que se retiraban y, el que parecía su líder se me acercó.
El hada que me había lanzado el polvo le lanzó algo encima. Una capa roja. Y entonces, de entre las profundidades de la capa, surgió el rostro de una mujer. Confieso que había visto pocas cosas en mi vida que me impresionaran más que eso. Cuando se puso en pie, llevé la mano a la hombrera y la golpeé para hacer desaparecer la armadura.
_ Gracias... por salvarme la vida, y todo eso. Soy Anzu._ Dije, extendiendo la mano.
_ Yo soy Ruby._ Acercó la mano y me la estrechó._ ¿Acaso no te doy miedo?
_ ¿Por qué ibas a darme miedo?_ Pregunté.
_ La mayoría de la gente suele tomarse muy mal el ver cómo me transformo._ Se cruzó de brazos._ Me pareces familiar... ¿Seguro que no nos hemos visto antes?
_ En otra vida, quizá._ Dije, aparcando el asunto._ Oh... Cinder. Tengo que ir al castillo.
Sin dar más explicaciones me di la vuelta y me encaminé al castillo. Cinder, Emma y Regina estaban en peligro. Estaba segura de que nuestra particular conocida tendría algo preparado para ellas en el palacio.
Cinder
Cuando volví a aquella escalera, tenía la respiración acelerada. Había visto aquellas siluetas, y aquella palabra que se repetía. Volvía a tener siete años y una vez más estaba escondida en un cubo de basura. Aquella criatura había sacado de mis entrañas mi más oscuro recuerdo y lo había hecho salir a la luz. Y ahora que estaba de nuevo fuera, no podía evitar sentir otra cosa que no fuera el más puro odio. Emma y Regina parecían estar en la misma situación.
Regina
Mi pasado. Era, por supuesto, aquello con lo que me había atacado aquella criatura. Uno por uno, todos mis errores me habían golpeado en la cara. Pero eso era algo que me habían hecho ya demasiadas veces. Ya ni tan siquiera tenía el efecto que estaba buscando. Yo no iba a volver a ser la reina malvada. O eso había pensado, hasta que me vi a mí misma asesinando a Robin a sangre fría. Y en mi interior, en lo más profundo de mi ser... no sentía absolutamente nada ante aquella escena.
Y ahora nos encontrábamos allí, frente a Augustine, que observaba por la ventana, parecía decepcionada. Se volvió hacia nosotras, y me pareció que miraba especialmente a Emma. Las garras de sus brazales parecieron temblar por un segundo.
_ Supongo que, me habéis ganado otra vez._ Se rió._ Y estáis muy cerca de terminar. Sólo nos queda una parada más en nuestro pequeño viaje. Y entonces... habréis ganado. Y aprendido las lecciones que con tanto anhelo os he estado enseñando. ¿Verdad?
Anzu subió finalmente hasta donde nos encontrábamos, y sus ojos se cruzaron con los de Augustine. Aquella criatura se rió, y se desvaneció de nuevo. Dejándonos solas. Al parecer la situación estaba controlada, y podíamos volver a casa.
Zelena
Robin se derramó de nuevo dentro de mí. No era más que un títere, una marioneta idiota. Realmente creía que estaba enamorado de mí. Y actuaba en consecuencia porque, por más que dijera lo contrario, no era un hombre de palabra, no era un hombre de honor. Me coloqué aquel sucio pantalón que parecía más de presa que de enferma, y me preparé para despedirme cuando la puerta se abrió de par en par. Y allí estaba Regina.
Y me sentí frustrada porque en sus ojos no parecía haber dolor, ni siquiera rabia. Eran unos ojos fríos, como si aquello no la sorprendiera en absoluto. Sentía que, una vez más, había perdido. Quería verla furiosa, iracunda. Ella, sin embargo, sólo sacó su móvil, y nos sacó una foto, una panorámica, de hecho.
_ Regina... no es lo que parece._ Intentó decir él.
Muy poco, muy visto y muy tarde. Estaba claro que no la engañaba con eso. Regina no era estúpida. Le había dejado pasar demasiadas cosas, pero estaba claro que después de eso, romperían. Y se suponía que ese era mi plan. Pero Regina no parecía dolida en absoluto. Al contrario, se la veía tranquila, casi liberada.
_ Según nuestro contrato de matrimonio._ Dijo, casi recitando._ La infidelidad por parte de uno de los cónyuges le da derecho al otro lo rompe inmediatamente. Lo cual me alegra porque no tendré que ir a buscarte para pedir tu firma. Contrataré a alguien para que lleve tus cosas a tu cabaña.
Se dio la vuelta, y cuando Robin intentó alcanzarla, sencillamente había desaparecido. No obstante, yo misma cerré la puerta de mi habitación. Si Robin no estaba casado con Regina, ya no lo necesitaba para nada. Por mí podía podrirse.
Anzu
Me encontraba sobre la torre del reloj, esperando. Esperando a Augustine porque sabía que iba a aparecer. Se había comunicado con Emma y con Regina. Y Cinder no parecía interesarle para nada. Yo necesitaba recuperar su armadura. Cinder sabía que yo tenía una nave, una que estaba atrapada en la Tierra, desde hacía mucho. Y si no conseguía su armadura, me preguntaría el motivo, tarde o temprano. ¿Por qué no coger la nave y seguir avanzando?
No podía decirle que el motivo era el mismo por el cual nuestra relación jamás había empezado. Porque ella me amaba, siempre lo había hecho... y yo la amaba a ella. Pero ese motivo, esa razón, era demasiado pesada. Y no quería que surgiera antes de que fuese necesario. Augustine no se hizo de rogar más, y casi lo agradecí, porque a decir verdad estaba empezando a hartarme de tener esos pensamientos.
_ ¿Cómo te has sentido?_ Me preguntó._ En el campo de batalla... rodeada de esas criaturas que para ti no son más que moscas.
_ Empiezo a cansarme de esa actitud tuya. Crees que me conoces, y no tienes ni idea. Las personas valen más para mí de lo que crees.
_ ¿Sabe alguna de ellas lo quién eres en realidad?_ Pareció replantearse la pregunta_ ¿Qué eres en realidad?
_ Yo no les he dicho quién eres tú... de modo que espero que tú guardes ese secreto por mí.
_ Sí, pero mi secreto._ Se colocó la mano sobre la máscara de acero._ No voy a tenerlo mucho más... ¿Qué pasará entonces con el tuyo?
_ Cuando me vaya de aquí ya no será un problema.
_ Bueno, eso ya lo veremos, Anzu._ Me señaló con el dedo._ Un viajecito más... y luego, todo terminará. ¿Estarás preparada entonces?
