Hola a todas. Nueva actualización.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.
Gracias por todo.
CAPÍTULO 29.
Sam POV
Hacía cuatro días desde que acordé con Charlie el tema de la mudanza de él y de Bella. No hace falta decir que estaba eufórico con la idea de tener viviendo conmigo a mi mujer en mi territorio, estaba más que impaciente por terminar de llevar todas las cajas con las cosas de mi chica y pasar por fin la primera noche juntos en nuestra casa.
-¡Samuel deja de holgazanear y ayúdame con esto!-Chilló Bella desde su habitación.
Subí los escalones de dos en dos hasta colocarme en la puerta de su cuarto viendo todo el caos que ella tenía montado. Toda la ropa tirada en lo alto de la cama, los libros esparcidos por el suelo, los botes con esas cremas raras que las chicas usan para el cabello y el cuerpo (aunque cabe decir que huelen muy bien), los discos de distintos grupos amontonados en columnas tambaleantes… Sí, sin dudas mi mujer había creado un mini caos en un breve periodo de tiempo.
-¿Qué deseas nena?-Dije con toda la calma del mundo, sabiendo que iba a hacer enojar a mi chica un poco más.
-¿Cómo que qué deseo? ¿No es obvio? Podrías echarme una mano ¿no?-Terminó de decir un leve gruñido y sus ojos encendidos por las molestia.
-Vaya parece ser que la loba se ha despertado hoy con la pata izquierda…
-¡Tú! ¡Te lo estás tomando todo a broma! Mueve tu culo y ayúdame a meter en esas dos cajas todos los CD ¡anda!- resopló.
-Vaya genio tenemos hoy ¿no? ¿Te pasó algo en el instituto que te haya puesto de este humor tan endemoniadamente encantador?-Fui diciendo mientras me acercaba hasta una caja que llevaba escrito con un rotulador negro la palabra discos y comencé a meter la pila de CD. Hoy había sido el primer día que mi Bella había vuelto a ir al instituto; ella necesitaba ir volviendo a la rutina poco a poco después de la muerte de su madre y la transformación. A mí no me parecía una buena idea, pero a ella se le había metido entre ceja y ceja y ya no hubo nada que hacer. ¡Mujer terca! Yo solo quería tenerla en mi casa encerrada y desnuda en mi cama…
-Nada que no pase normalmente. Es solo que cada vez que escucho hablar a Jessica Stanley mi loba solo piensa en darle un fuerte mordisco para que deje de decir tonterías. ¡Ugh! ¡Es muy complicado controlarse Sam!-Concluyó mi chica mientras movía los brazos con indignación y el moño alto que se había hecho se meneaba de un lado a otro. Joder, demasiado linda cuando sacaba ese genio que tiene.
-¿Se puede saber que estuvo diciendo para que mi lobita quisiera clavarle sus dientes?
-Que no era justo que yo andase engatusando a todos los chicos que a ella le gustaban. ¡Cómo si yo quisiese que eso pasara!
-¿Engatusando?- Repetí alzando una ceja; sinceramente no me hacía ni puta gracia la sola idea de imaginar a Bella coqueteando con otro hombre que no fuese yo. Mi lobo quería gruñir de irritación.
-Sí, ella afirma que yo tengo como una especie de "hechizo" que uso contra ella para que todos los chicos se fijen en mí aun teniendo el gran y caliente novio que tengo, palabras textuales de ella. ¿Té te puedes creer la sarta de tonterías esas? ¿En qué cabeza cabe que yo desee que el imbécil de Mike se pase toda la clase hablando de mí y del gran cambio que he dado? ¿O qué Tayler no pare de decir que va a hacer que te deje para salir con él? ¡Es un idiota!
No pude soportarlo más, mi pecho retumbó ante el gran gruñido que mi lobo hizo provocando que sonase por toda la habitación y que incluso los pájaros que anidaban en los árboles cercanos dejasen de tronar. Antes de darme cuenta de mis actos, me lancé sobre Bella para inmovilizarla en el suelo conmigo encima y comencé a besarla con toda la rabia de los celos. Ardía de furia por lo que los estúpidos mocosos de mierda iban diciendo por ahí. Bella era mía. ¡Mía!
Y de nadie más.
-Esos malditos criajos… ¡Qué se les vayan quitando esas absurdas ideas de mierda antes que vaya yo y les haga saber bien a quien perteneces! ¡Tú eres mía Isabella! ¡Solo mía!- Terminé de decir para volver a atacar sus labios. Mi chica no protestó ante mi fiereza, al contrario, me respondió de la misma forma provocando que mi lobo solo pensase en hacerla suya en la más primitiva de las formas.
¡Malditos niñatos!
¡Y estúpida mudanza!
-Sam sabes que soy tuya y nada de lo que ellos digan me van a alejar de ti, lobito. Solo tú, nada más que tú.
-Bien, me gusta oírte decir eso. Pero aun así, mi lobo no está conforme. Me pasaré alguna noche por sus casas en forma de lobo para darles algún que otro susto…
-¡Ni se te ocurra Samuel! ¡Ni siquiera vuelvas a pensar en ir a sus casas a asustarlos! ¡No seas crío!
-¿Crío? ¿Yo? ¿Acaso tú no tomarías represalias si alguna chica quisiera tener algo conmigo?
Los ojos de mi Bella cambiaron al ámbar de la loba en un instante, su mandíbula se tensó y en un abrir y cerrar de ojos nos había dado la vuelta colocándose ella encima de mí mientras agarraba mi cabello para que alzase la vista y dejara mi cuello completamente libre para su alcance.
-Si alguna vez cualquier chica se atreviese a acercarse a ti con segundas intenciones mi loba estaría más que feliz de afilarse las uñas con su piel y yo la animaría también en que se acicalara sus lindos dientes. Recuérdalo lobo, yo soy tuya pero tú, Samuel, tú eres completamente mío.
Su cabeza descendió para seguidamente notar esos lindos dientes sobre mí yugular, marcando mi piel en el proceso; luego, los labios de mi mujer tomaron los míos en un beso tan posesivo que no dejaba lugar a dudas. Decir que no estaba tremendamente excitado con su arrebato de dominación sería una completa mentira. Mi Bella era una cachorra en cuanto al dominio de los instintos se refería y yo sabía que todo lo que acababa de decir provenía de su lado más animal. De aquella loba que formaba nueva parte de su alma.
Y era la puta gloria.
-Joder nena, creo que en alguna otra ocasión en la que tengamos más tiempo libre te voy a recordar esta conversación para que vuelvas a hacer lo que estás haciendo.
La única respuesta de su parte fue una tímida sonrisa y el moverse encima de mí para seguir con la puñetera mudanza. Me levanté para volver a lo que sea que estuviera haciendo antes con una mueca de molestia por culpa de la nueva estrechez que se había producido en mis vaqueros en cierta parte de mi anatomía. Mierda.
-¿Esto es todo lo que tienes que llevarte a mi casa cariño?-Dije al percatarme de que no eran muchas cosas. En un solo viaje habríamos terminado de llevar todo, seguramente.
-Sí. Esas dos cajas debajo de la ventana también hay que llevárselas. Creo que no son muchas cosas ¿verdad? Quizás debería dejar algunas aquí, si tú ves que es demasiado para llevar a tu casa enton-
-Para, para, para. Cálmate nena, lo que preguntado porque me parecen pocas cosas, no porque sean muchas. No te preocupes.
-Gracias Sam.
-¿Por qué son las gracias lobita?
-Por dejar que me mude a tu casa y que mi padre se vaya a vivir también a la reserva.
-No tienes porqué darme las gracias por eso; si te soy sincero me siento malditamente egoísta por aprovecharme de la situación para hacer que te vengas a vivir conmigo. Pero no me arrepiento, sé lo que quiero y es a ti durmiendo en mi cama conmigo todas las noches.
-Oh Sammy…
Antes de volverme una nenita total, seguí metiendo las cosas en las cajas y cerrándolas con celo. En menos del tiempo que estimé, habíamos terminado de empaquetar todas las cosas. Ya solo quedaba bajarlas y cargarlas en mi camioneta.
-¡Por fin está todo! ¿Qué bajamos primero? ¿Las cajas de ropa o la de los libros que pesan más?
-¿Cómo que "qué bajamos"? Tú no vas a bajar nada muñeca. Yo me encargaré de todas las cajas, son muy pesadas y tú eres pequeña ni en broma te vas a encargar tú de ellas.- ¿Acaso mi chica había perdido algún tornillo? ¿En qué estúpido universo alterno iba a ser yo capaz de dejar a mi mujer llevar las cajas de un lado a otro? ¡Para que a ella le pasase algo!
-¡Samuel! ¡No seas cabezota! Son solo unas simples cajas, así entre los dos tardaremos mucho menos. Además, ¿te olvidas de que ahora tengo superfuerza por ser loba? No va a ver ningún problema.
-Ni de coña, que ahora seas un "poco" más fuerte que antes no es suficiente en comparación conmigo. No vas a llevar las cajas Bella y punto. Si quieres puedes abrirme la puerta de la casa para que yo pase sin problemas.
-¿La puerta? ¿Eso quieres? ¡Estupendo! ¿Y luego que más? ¿Quedarme sentada mientras veo como haces tú todo el estúpido trabajo? Espero que no te creas semejante idiotez, porque no voy a quedarme sentada como señorita del siglo quince suspirando por el regreso de mi hombre. ¡Borra esa estúpida sonrisa de tu cara Samuel!
No puedo evitar la sonora carcajada que acabo de emitir a causa de la imagen que mi mujer ha dicho. ¡Cómo si mi Bella fuese siquiera capaz de llevar eso a cabo! Aunque la idea de verla vestida de época con esos vestidos ajustados a la cintura y un poco más escotados de la cuenta tenía que ser una visión tremendamente excitante… Joder, yo pensando a una fantasía erótica mientras mi mujer echa humo por las orejas; si supiese ella lo que estoy pensando… ¿Bella se vestiría así por mí?
-¿Se puede saber cuál es el chiste Samuel?- Preguntó mientras se cruzaba de brazos realzando sus lindos pechos y moviendo el pie derecho con impaciencia sobre el suelo.
-¿La verdad? Que estarías muy linda vestida de época y que no me importaría encargarme de desvestirte.-Le dije regalándole una sonrisa daleada, la cual sabía que era su favorita; hacía que su ceño flaquease y una pequeña sonrisa curvase sus carnosos labios hacia arriba.
-¡Eres… Incorregible!
-Y te encanta cariño, reconócelo. Vamos, no te enfades y vamos a terminar con la mudanza.
Bella al final terminó cediendo y bajó a abrirme la puerta de la casa mientras yo cargaba tres cajas grandes. Pero cuál fue mi sorpresa cuando al girarme vi a mi chica cargando una caja bajo cada brazo. ¡Mujer insolente!
-¿Bella qué coño te dije antes? ¡Tú eres mi chica y yo me encargo de las cosas pesadas! Deja las puñeteras cajas ahora mismo niña testaruda.
-Ay ya lobito, no te enfades. Tampoco es para tanto. Anda si quieres sube a por las otras tres cajas que quedan y yo te espero aquí ¿sí?- Fue diciendo mientras se acercaba a mí y con sus pequeñas manos recorría mi pecho ascendiendo hasta rodear mi cuello con sus brazos.-No te enojes lobo gruñón, solo quiero llegar a casa lo antes posible para estar contigo tranquilamente.-Su cálido aliento bañó mi cuello mientras hablaba y su nariz me rozaba mi piel provocando que se erizara por sus atenciones.
Hembra astuta.
-Pequeña manipuladora…- Fue lo único que pude responder; Tener a mi mujer tan cerca y ser el receptor de su cariño me nublaba la mente y hacía que perdiese el rumbo de cualquier pensamiento razonable salvo el de tenerla bajo mi cuerpo desnuda, caliente y mojada para mí.
Decidí que mi mujer llevaba razón, así que le ordené que se metiera dentro del coche porque comenzaba a hacer fresco y yo corrí hacia el interior de la casa para terminar de cargar todo lo restante. Tras esto, me subí a la cabina de la camioneta y prendí el motor rumbo a mi territorio.
Por fin.
-¿Crees que mi padre estará bien en casa de Billy y Jacob?- Dijo Bella mientras dejaba de mirar por la ventana y centraba su vista en mí.
-Seguro que sí. Pero me da a mí la sensación de que va a estar más tiempo en otro sitio.-Sonreí de lado al recordar el cómo miraba Charlie a Sue…
-¿Otro sitio? ¿Te refieres a la comisaria?
-¿De verdad que no te has dado cuenta de cómo se miran Charlie y Sue, nena?
-¡Oh eso! Sí, la verdad es que sí. Pero me daba cosa preguntarle a papá por ello. Quizás no quiere que nadie lo sepa o intervenga. ¿Crees que deberíamos ayudarlos?
-No. Déjalos que vayan a su ritmo. Ellos sabrán qué hacer.
Antes de que nos diésemos cuenta habíamos llegado a la reserva y estaba aparcando la camioneta al lado de mi casa. El bosque a nuestro alrededor nos daba la bienvenida con su belleza y tranquilidad. Giré mi cabeza a la derecha para ver como Bella bajaba del coche y posaba sus ojos chocolate en la puerta de nuestra casa y luego dirigía su mirada hacia a mí. Sus ojos se habían vuelto de nuevo del color ámbar de su loba y sus blancos colmillos se habían alargado ligeramente cuando su nariz hizo un leve movimiento como captando mi olor… Por el enlace de pareja llegó a mí una ráfaga de descarnada lujuria y deseo, algo que tanto a mi lobo como a mí nos volvió locos.
Ella nos quiere, nuestra hembra nos quiere reclamar.
-¿Nena?-Pregunté mientras me acercaba poco a poco a su figura al mismo tiempo que ella hacía lo mismo para acabar encontrándonos delante del coche. Su mano subió hasta colocarse en mi mejilla izquierda y bajó suavemente hasta que sus dedos pararon a acariciar mis labios de manera tierna.
-Samuel quiero algo, mi loba anhela algo contigo pero no sé cómo actuar o dejarla hacer. ¿Qué me pasa? Solo quiero tocarte y entrar en casa para seguir tocando toda tu piel.
-Cariño tu instinto quiere reclamarme, no te asustes. Estás en el que va a ser tu territorio y quieres marcar a tu compañero. Yo quiero amarte pero no deseo presionarte con todo lo que has pasado.
-Pues yo sí quiero que lo hagas, vamos lobo, demuéstrame que soy tu compañera y que de ahora en adelante me vas a tener aquí contigo.
Ella lo sabía. Lo sabía perfectamente. Bella sabía que nunca debía lanzar un desafío al lobo si no quería verse envuelta en toda la locura que la caza conllevaba. Mi instinto animal tomaría las riendas y le daría caza hasta estar completamente satisfecho de ganar el dominio sobre su hembra.
Hazlo. Ella lo quiere.
Sin hacer esperar más a mi chica y a mí, tomé su cintura con mis manos para alzarla e instarla a que envolviera sus largar piernas en torno a mis caderas. Mi boca se adueñó al momento de la suya y toda la locura comenzaba a desatarse. La apoyé sobre el capó del coche, quería tenerla tumbada sobre él así que incliné mi cuerpo ligeramente sobre el de ella para lograrlo. El beso continuaba, ninguno era capaz de parar para tomar aliento. Porque no era necesario. En estos momentos sólo necesitábamos ser uno solo y eso es lo que iba a ocurrir.
Mi manos se movían inquietas sobre las piernas de mi mujer, deseoso de tocar su piel sin ninguna desquiciante tela de por medio. Decidí que eso pasaría en breve así que subí mis manos hasta sus pechos, los cuales se encontraban llenos y duros por la excitación.
Para mí. Por mí.
Mi Bella gimió en mi boca haciendo que el sonido fuese directamente a parar a mi polla, la cual se puso más dura aún si cabía. Volví a apretar sus senos con ansia a la vez que sus piernas se apretaban más en torno a mí. Joder. Tenía que tenerla desnuda ya.
-Sam, quita la ropa. Tócame más.
Cuando escuché su orden dicha con su voz en un tono de ruego quise hacer exactamente lo que dijo pero me daba cuenta que estábamos fuera de la casa y no quería dar ningún espectáculo a cualquiera que decidiera pasar por allí.
De ninguna maldita.
Así, con la poca cordura que albergaba aun mi mente, volví a tomar a Bella en mis brazos y me encaminé al interior de nuestra casa. Ya dentro de ella, fui dando tumbos por los pasillos debido a los besos apasionados que mi mujer me regalaba hasta que llegué a mi habitación.
Tanto su ropa como mi ropa desaparecieron rápidamente. Sólo necesitábamos nuestra piel.
Nada más.
Tumbé a mi Bella sobre la cama y la boca se me hizo agua al querer probar su pubis suave, mojado y caliente para mí.
Y no me resistí.
Hundí mi cara entre sus piernas, besé suavemente su monte de venus y bajé un poco para tomar entre mis labios su clítoris. Aferré el pequeño nudo de nervios con mucho cuidado entre mis dientes a la vez que le daba pequeños golpecitos con la punta de mi lengua. Bella dejó caer la cabeza sobre el colchón y comenzó a gemir descontroladamente. Lamí con gula toda la ambrosía que emanaba de mi mujer. Posé mis labios sobre la entrada de su vagina y succioné con fruición, pudiendo absorber con ganas todos los fluidos emergentes calmando la sed de mi lobo al poder palpar su sabor en mi lengua. Mis manos masajeaban sus nalgas mientras las piernas de mi chica apretaban mi cabeza y sus manos tiraban con fuerza de mi cabello.
-¡Samuel!
Lo sabía, sabía perfectamente que mi mujer estaba muy cerca de alcanzar el clímax pero esta vez quería que lo hiciéramos juntos. Así que paré de degustarla obteniendo de los labios de mi chica un quejido frustrado.
Quería más. Mucho más.
Ascendí por su cuerpo dejando un camino de besos hasta que estuvimos rostro con rostro, piel con piel. Moría de fascinación por sus ojos dorados de loba, sus labios hinchados por mis besos, sus pechos prefectos y esas mejillas sonrosadas por el placer. No pude resistirme. La besé. Mis labios impregnados con su sabor le demostraron todo el amor que siento por ella. Y mi mujer, respondió con idéntica adoración.
Sus talones se anclaron sobre la parte trasera de mis muslos y sus caderas se balancearon contra las mías instándome a completar lo que había empezado. Y sin más espera, la tomé.
Los movimos a la vez, cada uno de nosotros imitando los movimientos del otro. Nos fuimos guiando mutuamente por el placer hasta deleitarnos con el glorioso éxtasis feroz de nuestra unión.
Compañeros, unidos por el amor, la confianza y el alma.
Mi mujer. Mi compañera.
Mi corazón.
¡Voliá! Nuevo capítulo, espero que les haya gustado. Ya me dirán que opinan.
Muchas gracias por los comentarios recibidos. Gracias a:chochidenalicullen, Cullen-21-gladys, Juulii, helenagonzalez26-athos, marieisahale. Gracias por vuestros comentarios. ¿Llegaremos a pasar los 150 reviews? Eso espero. ^^
¿Me dirán qué opinan sobre el capi? Espero que sí.
Gracias por todo el apoyo.
