Bueno, aquí hemos terminado. Habrá una continuación más adelante, un crossover, de hecho, pero esta historia en concreto ya se puede dar por terminada. Espero que disfrutéis del final. Love, gracias por todos tus reviews, espero seguir viéndote en mis futuros fics.


Anzu

Todo mi ser era nuevo. En su momento me habían hablado de aquello, pero ni de lejos se parecía a lo que había vivido. Era... sencillamente majestuoso. Me encontraba observándome ante un gran espejo. En efecto, Regina tenía razón, me parecía muchísimo a Cora en su juventud. Mi pálida piel sólo era interrumpida por la caída de mi cabello de fuego. Mi pelo me recordaría a Cinder durante el resto de mi vida.

Bajábamos de nuevo al sótano, donde mi nave nos estaba esperando. Quizá mi mente hubiese cambiado, pero no lo mal que me sentía por tener que dejar a Cinder. Habíamos compartido tantas aventuras, tantas historias, que saber que no iba a volver a verla me rompía el alma. El candado de la nave había desaparecido, y la puerta de aquel sarcófago se abrió, como esperándome.

Esperaba que pudiera volar, a fin de cuentas, Cleopatra había roto mi armadura, de modo que ya no tenía ninguna otra forma de volver a llevar a Regina y Emma a su casa... o comenzar mi propio viaje. Tras la puerta del sarcófago aguardaba una estancia con paredes doradas, poligonal, en torno a una columna de cristal brillante alrededor de la que se hallaban los mandos.

_ Escaleras arriba hay habitaciones._ Comenté._ Supongo que querréis dormir un poco después de todo lo que hemos pasado.

Intenté cambiar las coordenadas, como última esperanza, pero se volvían a fijar automáticamente. Tiré del arranque, y la sala comenzó a tambalearse mientras nos desplazábamos. Fue tan sólo un segundo, rematado por un sonido ahogado, como si los frenos se hubiesen quemado. Uno de los monitores mostró el exterior. Debía haber pasado poco más de un minuto desde que había recogido a Cinder. Y sin embargo a mí se me hacía tan lejano.

_ Bueno... nosotras vamos a ver esas... habitaciones... que has dicho._ Dijo Regina.

_ Pero si yo quería ver..._ Emma empezó la frase, pero Regina le dio un codazo y se la llevó arriba.

Regina

_ Emma, a veces pareces tonta._ Le dije, poniendo los ojos en blanco._ ¿No ves que quieren estar solas?

_ Yo pensé que Cinder querría decirnos algo._ Dijo ella, encogiéndose de hombros.

_ Piensa, Emma._ Me puse seria, buscando las habitaciones. Aquello era enorme... A pesar de que por fuera no era más que un sarcófago._ Si nos tuviéramos que separar y no pudieses volver a verme nunca más... ¿Acaso querrías que en nuestra última conversación hubiese dos personas a las que hemos conocido hace bien poco?

_ Supongo que no._ Dijo, mirándome._ Aunque no quiero tener que pensar en eso.

Me empujó contra la pared y me besó en los labios. La miré a los ojos, y se me escapó una sonrisa traviesa al verle la cara. Desde luego, Emma me había estado ocultando un lado suyo muy atractivo todos aquellos años. La miré a los ojos, y ella me mantenía la mirada, con fijeza.

_ Confieso que verte pelearte con Cleopatra por mí me ha puesto bastante._ Reconocí.

_ Tenemos que encontrar esa maldita habitación de una vez._ Emma lanzó una risita y me cogió del brazo.

Cinder

Sentía el estómago revuelto, un nudo en la garganta, me temblaban las manos incluso. Era puro terror. Me dirigía de vuelta a un infierno, pero eso no era lo peor. Lo peor era que sabía que no iba a volver a Anzu. Su físico era lo de menos. Seguía siendo ella, a pesar de todo. Llevaba al menos un minuto mirando la pantalla, sin decir nada. No quería decirme que me fuera, no quería despedirse. Y eso era algo que entendía perfectamente, porque yo no le había hablado porque tampoco quería hacerlo.

Finalmente pareció ser ella la que reunió el valor y se separó de la consola de la nave. Se acercó a mí, caminando como si se dirigiera hacia una muerte incierta, y me rodeó con los brazos. La escuché sollozar, y no pude evitar imitarla. Siempre me habían dicho que no llorase, que no servía para nada, pero en ese momento, era lo que necesitaba.

Necesitaba romper a llorar, dejar que esas lágrimas que se agolpaban en mi interior salieran a la luz. ¿Alguna vez has mirado al horizonte y has visto como una persona se alejaba, sabiendo que no ibas a volver a verla nunca más? No era nada comparado con lo que sentía en aquel momento. Me separé un segundo y cerré mis ojos, tan sólo para acercarme y darle un beso en los labios. Me separé y la miré a los ojos, esos ojos que estaban tan empapados como los míos.

_ Te quiero._ Dije, en un susurro ahogado.

_ Y yo a ti._ Me dijo, sin dejar de mirarme a los ojos.

_ Prométeme que no me olvidarás.

_ Jamás._ Dijo, poniéndome una mano en el rostro.

Sonreí, sintiéndome un poco mejor al escuchar esas palabras. A partir de entonces, estaría sola, volvería a correr y a esconderme para sobrevivir, porque al parecer había un motivo para ello. Cuando crucé aquella puerta en forma de sarcófago, me quedé observando aquella nave que, con un sonido agónico se desvaneció en la nada. Ahora estaba sola, una vez más. Volvía a sentirme como la niña asustada que se había metido en el cubo de la basura mientras asesinaban a sus padres.

Emma

Finalmente habíamos encontrado una habitación, y me había dejado llevar, presa de una ansiedad que confieso que llevaba sintiendo desde que nos habían interrumpido en la habitación de la alcaldesa. La empujé dentro de aquella habitación señorial, y la lancé sobre la cama, casi arrancándome la ropa. Lo cierto es que no me apetecía juguetear, y algo me decía que a Regina tampoco. Sin embargo, sí que se metió dentro de la cama y se tapó con la mata como si quisiera ocultarme algo que ya había visto.

_ Me temo que voy a tener que detenerla por escándalo público, alcaldesa.

Me lancé sobre la cama, buscando sus labios, mordiéndoselos cuando los encontré. Pero Regina no me dejó tomar la delantera, aprovechó la lucha de nuestras lenguas para empujarme y atraparme bajo la manta. Notaba su textura acariciar mi piel, mientras Regina se movía, buscando enloquecerme, algo que no parecía costarle ningún esfuerzo. Pronto todo mi cuerpo estuvo receptivo.

Bajó la manta y rápidamente atacó mis pezones con sus dientes. Sin embargo, cuando quise mover la mano para acariciarla, no me dejó bajar más allá de su pelo. Regina siempre tenía que llevar la voz cantante, y aquello no cambiaba en la cama.

Metió su cabeza entre mis pechos, y sus labios y dientes dieron buena cuenta de ellos. Empecé a gemir, sonoramente, sabiendo que nadie podía oírnos. Me recreé gritando, desfogándome de esas frustraciones que había sentido durante todo el tiempo en el que había estado fantaseando con la alcaldesa. Repentinamente se coló sobre las mantas y me besó en los labios. Al parecer estaba tan ansiosa como yo, porque no tardó en empezar a encajarse conmigo.

Empezó a moverse, rozándose contra mí. Me sujetó la cabeza, mirándome a los ojos fijamente, obligándome a devolverle la mirada, mientras nuestros cuerpos se movían, y nuestros gemidos subían cada vez más de tono. Me sujeté al pelo de Regina, notando como el cabecero de la cama comenzaba a golpear contra la pared. El orgasmo no golpeó a la vez, fuerte e intenso como un relámpago. Regina gritó con todas sus fuerzas, hasta juraría que se le había escapado alguna palabra inadecuada.

Se tumbó sobre mí, y así nos quedamos dormidas. Supusimos que Anzu nos llamaría cuando llegásemos a casa.

Anzu

Tenía que seguir adelante. Pero no era precisamente fácil. Había un hueco en mi corazón, que dolía, como si tuviese un puñal clavado. Señalaba las coordenadas para volver a Storybrooke con gran pesar. Todo había terminado. La nave hizo un sonido lastimero, como si entendiera mi dolor, yo me reí un poco.

_ Ya sé que a ti siempre te tengo, Lucrezia. Pero no es lo mismo.

El habitual sonido de aterrizaje me puse sobre aviso, y tiré de una palanca, que serviría como sonido de alarma para mis dos acompañantes. Emma y Regina llegaron algo más tarde. Estaban despeinadas, y se habían vestido con prisas. Yo ya imaginaba lo que habían estado haciendo.

_ ¿Lo lleváis todo?_ Pregunté, mirándolas._ No sé cuanto tardaré en volver cuando me vaya.

_ ¿No quieres quedarte un poco más?_ Preguntó Emma._ Apenas has hecho nada más que ayudarnos con Augustine y luchar contra Cleopatra. No has tenido tiempo de divertirte.

_ Es mejor así. Vosotras tenéis una vida que compartir... y yo, bueno... Tengo que vagar por aquí y por allí.

_ Pero no deberías hacerlo sola._ Emma pareció sobresaltarse ante las palabras de Regina._ Por eso Cinder iba contigo, ¿Verdad? Porque no querías estar sola.

_ Y le he destrozado la vida._ Dije, en un susurro._ No es que la haya ayudado mucho.

_ Sé mejor que nadie lo que es sentirse sola, Anzu._ Me dijo, mirándome a los ojos._ Y no debes estarlo. No saldré de esta nave hasta que no me lo prometas, Anzu.

_ Está bien._ Dije, en un quejido._ Te prometo que buscaré a alguien con quién viajar.

_ Te deseo suerte en ese viaje._ Me dijo la morena, acercándose.

La abracé, tal como había hecho con Cinder, y la reina me respondió. Esta vez pude contener las lágrimas, pero me fue terriblemente difícil.

_ Cuídate mucho, ¿Vale?

_ Lo haré._ Dije en un susurro.

_ Procura no meterte en más líos._ Me dijo Emma, con ciertos celos en la mirada.

_ Eso no puedo prometerlo.

Se despidieron con la mano y salieron por la puerta. En cuanto se cerró la nave se puso en marcha, sin mi dirección. Todo comenzó a temblar, y tuve que aferrarme para no caer.

_ ¿Lucrezia? ¡Se puede saber a dónde me llevas!

Continuará...