Disclaimer: Final Fantasy VII y todo su mundo es propiedad de Square-Enix.
.Cerrado bajo llave.
por. Bechan in wonderland.
Y todo ese Jazz.
Todos los miembros de AVALANCHA saben que cuando Vincent no está con el grupo es porque se halla en Nibelheim, regodeándose en sus penas, en su miseria. Haciéndose daño recordando lo que hizo y no hizo, en soluciones a problemas ya resueltos no de la mejor forma.
Por eso Yuffie sube las escaleras despacio, contando cada escalón. Siente la carga invisible del dolor que encierran las paredes de la mansión Shinra y Yuffie camina con el respeto que se merece esa casa de los horrores. Es consciente de lo que se puede encontrar, que le destrozará el alma verlo así, consumido en su propia flagelación de recuerdos espinosos y seseantes como un látigo. Pero no va a detenerse. Quiere estar con él en esos momentos de depresión aguda que acometen contra él cuando nadie mira, cuando nadie vigila que no esté solo. Hasta Vincent le guía la música que delinea melodías sincopadas con escala melódica que sale del gramófono de la única habitación iluminada. La puerta está entrecerrada, pero Yuffie prefiere pensar que está entreabierta. Y cuando se asoma y mira, la máquina del tiempo empieza a funcionar, no sabe si hacia delante o hacia atrás, pero desde luego no es el presente. O quizás se ha congelado el tiempo y por eso siente ese frigidísimo insoportable.
Vincent Valentine. En toda su expresión, pero diferente. Es un Vincent distinto del que Yuffie ha visto hasta entonces. Puede que sea la ropa. Sólo con sus pantalones y camisa negra, demasiado casual. No lleva la capa, ni el guantelete dorado, ni los cinturones que parecen cadenas sobre su cuerpo encerrando cada sentimiento. Sentado en un sillón orejero cerca de la chimenea que da luz a la habitación, sus pies descalzos tamborean al ritmo de la música lacónicamente nostálgica del jazz que sale desde su gramófono sobre el escritorio. Y ya no parece tan intimidante, tan distante, tan inhumano. Parece más viejo. Es que es viejo, Yuffie. De pronto aparenta la edad que realmente tiene.
—Vincent...
Lo llama. Ha dicho Vincent. Ella nunca lo llama con su nombre entero. Pero Yuffie no puede pensar en él como Vinnie ahora que lo ve descalzo y con la camisa arrugada por fuera del pantalón y arremangada a la altura de los codos.
Él levanta la cabeza lentamente y parpadea un par de veces al ver a la ninja de Wutai. Su cara parece la de siempre, pero sus ojos, oh, por Leviatán, sus ojos, delatan sorpresa al verla ahí. Debe ser la primera vez que no la percibe cuando ella ronda cerca suya antes de asaltarlo. Yuffie muchas veces jugó a acecharlo, esperando el momento para estar justo detrás de él, a sus espaldas, y sorprenderlo con una maniobra; y él estaría ahí, indefenso sin poder moverse, muy cerca de ella y sorprendido. Pero Vincent siempre susurraba un reprochante Yuffie antes de que ella ni siquiera pudiera abarcar su espacio personal en el que puede oler ese aroma a cuero viejo y grasa de pistola. Y ahora tiene un Vincent tan humano ante sus ojos que el plan malévolo de Yuffie pierde fuerzas cuando se siente como una intrusa.
Sin embargo Vincent se recompone rápido. Cierra el libro que estaba leyendo, uno con la tapa tan roída que Yuffie no puede leer el titulo. Libros viejos y polvorientos, como él. Se inclina un poco hacia la chimenea y tira al fuego un tronco de madera.
—Acérquese —dice—. Hace mucho frío esta noche y la mansión es muy húmeda.
Yuffie se siente pequeña, tímida y frágil de repente. Algo extraño porque ella nunca se suele sentir así, y menos con Vincent. No, nunca con él. Vincent tiene el poder de hacerla vibrar, de llenarla de fuerza con uno de sus comentarios apropiados, de hacerla sentir capaz de todo si él está ahí con sus ojos sabios vigilándola para cogerla si cae. Pero éste no es el Vincent que todo lo sabe y Yuffie piensa que el mundo perderá su eje si Vincent deja de decirle en qué dirección debe girar.
—En realidad, Nibelheim en general es muy húmeda.
No sabe si Vincent es guapo o qué pero alumbrado por la chimenea, con su larga melena negra y esos ojos rojos, Vincent es una figura impresionante que sobresale entre los demás, lánguido, plácido, nostálgico, sabio. Yuffie no puede apartar los ojos de él. Si dejar de mirarle fuese posible, Yuffie lo intentará. Pero está segura de que no lo es. Una revelación le susurra al oído que Vincent es algo distinto y más importante que guapo. Su aspecto frágil y hechizador, pero Yuffie sabe que bajo esa lasitud existe una fuerza asombrosa, Vincent es prometedor, digno. Incluso su tristeza es estoica y está llena de esperanza. Le hace diferente, mejor que guapo. Es hermoso. Y quiere hacerle comprender hasta que punto su presencia lo magnetiza todo con una masculinidad misteriosa y embriagadora.
Yuffie se acerca a él y se sienta en el brazo del orejero, muy cerca de Vincent. Pasas sus largas piernas por encima de las de él hasta colocar las botas llenas de barro en el otro extremo. Vincent desliza un brazo por la espalda femenina y posa su mano justo en la cintura, en ese sitio que está ahí para que los hombres sujeten a las mujeres cuando bailan. Muy lentamente, todo muy suave. Yuffie rodea su cuello con los brazos y hunde el rostro entre esa maraña de pelo negro y olor a libro viejo. Y Vincent apoya la frente en el hueco que existe entre el cuello y el hombro. Y así se quedan, muy quietos y muy callados, abrazados. Con es chispeante murmullo del fuego en la chimenea y todo ese nostálgico, triste y dulce jazz.
Notas de la autora: pude hacerlo más largo. Lo hice más largo, pero en la última revisión, decidí que la mitad sobraba. Creo que así es mejor. No hace falta decir que Vincent está triste por Lucrecia y su bla, bla, bla. Yuffie sencillamente ya lo sabe y el nombre de Lucrecia en presencia de Vincent es demasiado sagrado como para nombrarlo en vano. Espero que os haya gusto ;)
