Hola a todas. Lo primero de todo es que siento muchísimo la tardanza, he tenido miles de cosas que me han quitado el tiempo, apenas tenía tiempo ni para dormir. Así que mi única forma de recompensaros es escribiendo un capítulo bastante largo. Y aviso de que este lo es; es el más largo de toda la historia tanto porque os lo debía y porque era es el último capítulo de la historia. Sí, lo que leen. Aquí termina la historia, aunque habrá epílogo. No puedo decirle adiós tan fácilmente a esta historia con la que comencé aquí.
Espero que les guste.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.
Gracias por todo.
CAPÍTULO 40.
Sam POV.
Decir que después de que llegarán el doctor y Sue todo se calmó sería una burda mentira. Mi madre siguió tratando de calmarme y tranquilizarme diciéndome palabras suaves y dulces, aunque yo apenas las escucharas como un leve sonido de fondo ya que mi atención estaba completamente centrada en mi mujer. Ella seguía muy débil y apenas era consciente de todo lo que pasaba a su alrededor. El doctor Collins y Sue trabajaban conjuntamente de manera perfectamente sincronizada; atendiendo a Bella de la mejor manera posible.
Cuando consiguieron limpiar sus heridas, coser las más graves y darle los medicamentos necesarios, me permitieron tomarla en mis brazos y cargarla hasta nuestra habitación para dejarla descansar y recuperarse en nuestra cama. Mi loba estaba dormida cuando la dejé sobre el colchón y la tapé con la fina tela de las sábanas, no quería que pillase un resfriado en su débil estado, sería lo único que le faltaría para acabar con su salud.
Verla yacer sobre nuestra cama a salvo, a pesar de las múltiples heridas, era una visión que hacía calmar la furia del lobo y apaciguaban al hombre. Me incliné ligeramente hacia delante, apoyando una mano sobre el colchón mientras la otra acariciaba la etérea curva de su hombro.
Su delicioso olor llegó a mis fosas nasales creando una tempestad de sentimientos en mi cuerpo. Sin poderme resistir, deposité un beso sobre su cabello apartándome rápidamente para no caer en la tentación de quedarme junto a ella y tumbarme a su lado para poder cuidar de ella y no dejar que ninguna amenaza más pueda hacerle daño; sin embargo, tenía que hacerme cargo de otras responsabilidades que requerían inmediatamente mi plena concentración.
Leah acababa de morir y su madre había venido para curar a mi mujer; ella había estado pendiente en todo momento de Bella sin detenerse a mirar el cuerpo inerte de su hija y yo sabía que ella había estado reteniendo las ganas de tomar su cuerpo y llorar por su pérdida. Y ese momento acababa de llegar. Con mi sentido auditivo avanzado debido a las cualidades del lobo podía oír el silencioso llanto de una madre rota por el dolor al ver a su hija muerta. Me alcé en toda mi altura, tomé una camiseta cualquiera y salí de mi habitación no sin antes dirigirle una última mirada a mi Bella, la cual dormía pacíficamente y sin ninguna queja por el dolor. Recorrí rápidamente el pasillo y llegué hasta el salón donde mi madre y el médico miraban silenciosamente a Sue abrazando a su hija. Era una imagen triste y desgarradora ante todos los sentimientos encontrados que se apoderaban de mi ser en pocos segundos.
-Mi pequeña Leah…-Las lágrimas mojaban cada palabra de Sue.- ¿Por qué lo hiciste cariño? ¿Por qué? Tú no debiste. No debiste hacerlo.- Ella lloraba y mecía sin descanso a Leah, acunándola como si fuera una niña pequeña, instándola a dormir en su regazo; salvo que en esta ocasión el sueño sería eterno y nunca más despertaría.
Me acerqué a Sue lo más lentamente que pude, dejándola tener este momento aislado con su hija. Me arrodillé junto a ella y le eché mi brazo sobre sus hombros para atraerla hacia mi pecho y darle el consuelo silencioso que se consigue únicamente con el tacto. Sue, dejó caer levemente su peso sobre mí, rozando su rostro lleno de lágrimas sobre mi camiseta mientras seguía arrullando a su hija.
-Lo siento mucho Sam, de veras que lo siento.-La voz de Sue estaba rota por el dolor y aun así ella trataba de disculparse por las decisiones equivocadas que su hija tomó.- No sé qué le pasó por la cabeza para hacer todo esto, yo tenía que haber estado más atenta de ella, yo tenía que haber sido capaz de darme cuenta que mi hija había cambiado y planeaba algo, yo debería… debería…-Su voz se quebró y nuevas lágrimas volvieron a emerger de sus ojos.
-No es tu culpa Sue, Leah era una adulta para saber tomar las decisiones adecuadas. Ella era plenamente consciente de lo que estaba bien y lo que estaba mal, no te cargues con la culpa de nada, ella ha sido la única causante de haber elegido el camino equivocado. Tu falta de amor no es el causante de nada, porque nunca le faltó tu amor Sue. Ella siempre supo que la amabas, solo erró a la hora de elegir su destino.
-Leah odiaba su herencia, odiaba la sangre que corría por sus venas. Ella me lo gritó hoy Samuel, ella me reprochó haber elegido como marido y padre a un hombre que poseía la maldición de los guardianes lobos. Ella ha ayudado a asesinar a su padre Sam… Su odio no ha tenido límites y el pago por ello ha sido su muerte. ¿Cómo voy a poder seguir adelante habiendo escuchado como última palabras de Leah que ella me odiaba con todo su ser y que deseaba no haberme tenido como madre? ¿En qué fallé Sam? ¿En qué momento me equivoqué en mis decisiones como madre?
-No eres mala madre, Sue. Mira a Seth, él te adora y sabe que tiene a la mejor madre que podría llegar a tener. Leah se dejó cegar por la ira y la rabia; ella te quería Sue, solo que ella no supo aceptar su posición en la tribu y en la manada.- Tomé su barbilla para obligarla a mirarme. Ella fijó sus ojos mojados en los míos y supe que mis palabras serían decisivas para ella.- Si mi madre no fuera Emma, sin ninguna ocasión de duda te elegiría a ti para serlo. Eres una buena madre Sue, tanto para los que son tus hijos de sangre como los que no lo somos.
Sue rodeó mi cintura con uno de sus brazos, mientras que con el otro mantenía agarrada a Leah, y me devolvió el abrazo; haciéndome conocedor de que mis palabras reparaban levemente su corazón marchito.
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Y a partir de ese momento, toda la manada y nuestros familiares más cercanos formamos una piña más unida; tratando de cuidar a aquellos que más lo necesitaban, consolando a Sue y a Seth, velando por mi Bella… Todos y cada uno me preocupaban pero la que más me hacía desvivirme era mi compañera, ella seguía muy débil, ni siquiera podía andar sola; aunque ella me riñera por cargarla a todos lados no me importaba absolutamente nada.
Ella tenía que recuperarse al cien por cien y si estaba en mi mano haría todo lo que hiciera falta, aunque ella sacara su lado terco. Mi lobita era una cabezota a temer, cuando se le metía algo entre ceja y ceja no había quien se lo sacara. Desde el inicio de su recuperación se obcecó en que ella sola podía bañarse perfectamente… ¿De verdad se creía esa mierda? Todos los días de esta semana desde el día del ataque teníamos la misma discusión cuando llegaba la hora de ducharse. Ella decía que podía sola, yo le decía que no, durante cinco minutos nos pasábamos con este tira y afloja y el final era siempre el mismo: yo la despojaba a ella con sumo cuidado de sus ropas, la metía en la bañera y después me desnudaba yo y me metía con ella.
Adoraba la cara que ponía cuando me veía completamente desnudo, sus mejillas se sonrojaban, sus ojos se oscurecían levemente y sus dientes comenzaban a morder repetitivamente su labio inferior; tentándome a mí a morderlo también. El deseo era palpable en ambos y era un eco constante entre nosotros, sin embargo, no sería algo que sucediera pronto. Su salud era muy débil y Bella no sería capaz de resistir siquiera el hambre voraz aunque pausada del lobo y del hombre. Ella era una loba y como tal tenía la capacidad de sanar un poco más rápido que un humano normal, pero el estado de sus heridas era deplorable y aun siendo loba tardarían en desaparecer por completo. Mi lobo vagaba por mi mente frustrado ante la imposibilidad.
Justo en estos momentos habíamos terminado de almorzar y yo había cargado a mi Bella hasta el sofá para que descansara mientras yo recogía la mesa y fregaba todos los platos. Mi madre se encontraba en casa de Sue haciéndole compañía a ella y a Seth; así que solo estábamos mi mujer y yo. Ella se encontraba completamente perdida entre las páginas de un nuevo libro que había comenzado a leer esa misma mañana, el cual se lo había traído Kim junto con otros cuantos. No tenía ni idea de cuál podría ser pero lo que no me cabía duda es que era un libro erótico. Varias veces a lo largo del día había mirado a Bella y la había pillado con el rostro completamente sonrosado y mordiéndose el labio sin descanso, sus piernas se movían una contra la otra, frotando sus muslos en un vano intento por calmar el ligero ardor que se había producido en su centro. Y para salir de cualquier duda, el ligero aroma otoñal de su excitación inundó mis fosas nasales cada vez que había ocurrido todo esto. Espero que Bella no quedara enganchada con el protagonista masculino de turno; él único que tenía el derecho de deslumbrarla, adorarla y saciar todas sus fantasías era yo. Y yo, no era el jodido protagonista de ninguna historia…
Terminé de recoger la cocina y me dirigí hacia el salón para volver a ver a Bella totalmente con el rostro ruborizado, sus piernas flexionadas y sus rodillas fuertemente apretadas mientras los pequeños dedos de sus hermosos pies se encontraban encogidos. ¡Mierda! Bella se había topado con otra nueva escena de sexo en el libro. Mi lobita estaba completamente absorta en el libro y todavía no se había percatado de mi presencia así que tomé ventaja de ello y avancé hasta ella para colocarme tras su espalda por detrás del apoyabrazos del sofá y comencé a leer el dichoso libro del demonio.
El hombre la observaba, la analizaba en todo su apogeo de elegancia al caminar, imaginando en su mente todas las opciones posibles para arrastrarla fuera de la dichosa fiesta y llevarla a su apartamento para tenerla en su cama a su entera disposición. Sin nada de ropa, sin nada de ataduras moralistas ni convencionalismos baratos, solo piel y calor, solo pasión y amor. ¿Qué más daba que la mayoría de los presentes en la fiesta no los quisiera juntos? Que se fueran al jodido infierno. Ella le pertenecía, ella era suya. Había marcado su piel con sus caricias, con sus besos. Su sexo le pertenecía, todo su cuerpo era su territorio particular, su mente estaba atada con los hilos de su hambre voraz y famélica, y su corazón llevaba tatuado su nombre a base de batallas sin descanso. Y ella… Ella lo tenía como un verdadero esclavo, preso de cada palabra que escapaba de sus labios, prisionero de todos sus deseos, cautivo de su hambre sagaz y silenciosa.
Ella llegó hasta él, sin un ápice de timidez o temor ante lo que cualquiera de los allí presentes pudiera pensar. Acercó su rostro hasta el de David y dejó que él fuera el que decidiera el siguiente paso. Su sonrisa traviesa lo tenía embrujado y su erección palpitaba con el deseo abrasador creado solo por esta mujer que tenía enfrente.
"¿Qué dices cariño? ¿Le damos un espectáculo a toda esta gente puritana y les dejamos ver las bestias pecaminosas que somos tú y yo juntos?"
"No sabrían apreciar tal espectáculo… Aunque el reflejo que creamos tú y yo en el espejo de tu habitación cuando hacemos el amor estoy segura que si lo hará." Su sonrisa pícara hacía hervir la sangre del hombre con un hambre descontrolada. "Llévame a casa Vaughn, llévame y hazme ser libre como solo lo soy cuando estoy contigo sin ropa y tú encima de mí."
Jodida mierda… No había pasado absolutamente nada en esa página del libro y ya me había enganchado a seguir leyendo para saber que jodida cosa iba a ocurrir. Mi respiración era silenciosa, tratando de controlarla al máximo para poder seguir fisgando en lo que Bella leía sin que ella se diera cuenta. Volví mi atención la siguiente hoja del libro y jodida cosa es lo que leí en uno de los primeros párrafos de ésta.
"Quiero que te desnudes, lentamente, sin prisas. Quiero que dejes caer al suelo ese vestido rojo que llevas y te deshagas del hermoso tanga rojo que estoy seguro de que llevas debajo, bruja tramposa." Vaughn ordenó a la mujer de sus tormentos mientras él seguía sentado en el sillón de la habitación y se quitaba la dichosa pajarita del esmoquin. "Cuando hagas todo eso, quiero que te recuestes sobre la cama y abras esas piernas hermosas tuyas para que me dejes ver ese rosado y precioso coño mojado que tienes por y para mí, Helena. Tócate, mastúrbate y acaríciate con regocijo. No hay prisas, solo somos tú y yo, el tiempo tampoco tiene cabida entre nosotros. Y Helena, en ningún momento se te ocurra dejar de mirarme; porque entonces dejaré de tocarme como tú me has exigido."
¡Me cago en la puta! ¿Cómo se le ocurría a Kim traerle a mi mujer estos libros? ¿Es que acaso estaba mal de la cabeza? Que Bella leyera esto y no pudiéramos hacer nada al respecto de la excitación que nos podía provocar era una completa locura. ¡Si ni siquiera era necesario ningún tipo de aliciente entre nosotros! ¿Cómo se le ocurría poner más pólvora a la mecha?
-¿Me vas a dar a mí ese espectáculo dentro de poco en nuestra cama nena?- Dejé de seguir leyendo porque sabía que si continuara por donde iba leyendo Bella perdería completamente la paciencia. Mi voz sonó más ronca de lo normal y Bella pegó un pequeño brinco sobre el sofá. Ella se giró con su rostro aún más rojo que antes y con la vergüenza emergiendo de cada uno de sus poros.
-Samuel…Yo… Esto no es… Esto es solo…-Los nervios la hacían tartamudear y que no pudiera explicarse bien. Mi Bella era tan pequeña.
-Sé lo que es lobita, estás leyendo un libro erótico sin tener en cuenta que a mí me volvería loco ver cómo reaccionas a las escenas. Mi pequeña niña traviesa.-Sonreí ante su cara de incredulidad.-Exijo que cuando estés perfectamente recuperada me hagas una demostración de todo lo que has leído en esos libros endemoniados tuyos.- Me incliné un poco más hacia ella para rozar su nariz ligeramente con la mía.-Me dará un infarto de gusto ver cómo te das placer a ti misma nena.
-¡Samuel!-Me moví rápidamente para evitar el golpe que mi mujer me iba a dar por mis palabras descaradas.
-¿Qué? ¿No lo harás Bella? ¿No me dejarás cumplir esa fantasía que tengo contigo? Solo piénsalo cariño, imagínanos haciendo esa escena del dichoso libro.- Las pupilas de mi Bella se dilataron y sus ojos pasaron a tener un suave color dorado ante el comienzo de la excitación al imaginarse a nosotros dos en el papel de los protagonista.- Imagina lo maravilloso que será. Solo hazlo Bella, solo y siempre seremos tú y yo.
-Sam, yo quiero hacerlo… Yo quiero estar contigo, no quiero esperar más. –Sonreí ante el tenue puchero que sus carnosos labios formaron. Me encaminé hacia el sofá y me senté en él para después coger a mi lobita y colocarla sobre mi regazo.
-Sabes que aún no estás recuperada del todo, todavía tienes heridas y algunos moratones, necesitas dejar que tu loba recupere todas sus fuerzas y que la sanación haga su trabajo de regeneración diligentemente.
-Pero Sam, tú estás frustrado. Y yo también.- Y para corroborar sus palabras meció suavemente sus caderas sobre mi incipiente erección, ¡mierda!-¿Por qué nos niegas nuestra necesidad del tacto? Mi loba te necesita a ti y a tu lobo, y la espera nos está matando a ambas.
Ella llevaba toda la jodida razón, el saber que casi la perdimos para siempre había tenido graves efectos sobre el lobo y en el hombre. Ambos necesitábamos sentir la vida en el cuerpo de nuestra compañera, el fuego y la pasión que solo ella podía ofrecernos; porque ella es única, ella era distinta y ella era nuestra.
Acaricié su mejilla con mis dedos y a cambio ella apoyó su rostro en mi mano. Estos momentos eran especiales, eran los más hermosos que alguna vez he podido tener y siempre iba a tenerlos con mi mujer, nadie se interpondría por medio. –Bella, cariño, te perdí durante unos segundos. Los segundos más largos, eternos y dolorosos que haya podido experimentar. No pienso arriesgarme de nuevo. El solo pensar que con un descuido te pudiera causar algún daño me vuelve loco. Solo serán unos días más. Unos pocos hasta que tu cuerpo vuelva a tener toda la fuerza capaz de resistir el hambre que tanto tú como yo tenemos el uno por el otro.
Ella asintió y trabó sus finos brazos alrededor de mi cuello para estrecharme en un tierno abrazo. Estos días habían sido agonizantes, exhaustos. Todos nos estábamos adaptando a los recientes acontecimientos, tratando de habituarnos a todas las pérdidas sufridas y los hechos pasados que marcaron nuestro presente. A mi Bella decidí contarle toda mi terrible infancia, no quería que hubiera ningún secreto entre nosotros; no era justo para ninguno de los dos. Ella solo guardó silencio y escuchó atentamente todo lo que dije, acariciándome cada vez que llegaba a alguna parte dolorosa, besando mi mejilla, mi frente o mis labios cuando se formaba un nudo en mi garganta al decirle cómo encontraba a mi madre tras una paliza del monstruo. Y me abrazaba fieramente cuando le dije cómo el pequeño niño indefenso que fui se sentía con cada golpe que su padre le daba, como creía que se lo merecía por existir y como lloraba sin consuelo cuando curaba las heridas de Emma… Dios, fue desgarrador volver a esa época de mi vida pero a la vez exorbitantemente liberador.
Luego fue el momento de ella para contarme toda su infancia con Renné. Todos los detalles, hasta el más insignificante. Como el de comprarle un cochecito de bebé de juguete y en vez de meter a su muñeco favorito paseaba a todos sus libros en cambio. Ella prometió buscarme las fotos de cuando era pequeña para que la viera; y yo, cual lobo enamorado, andaba impaciente por ver a mi chica con sus trenzas danzando cuando hacía ballet o verla sus ojitos chocolate devorando un libro. Ella siempre sería dulce. Un bocado suculento al que hincarle el diente.
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Al día siguiente, la manada y yo tuvimos una reunión en mi casa para tratar sobre el tema que nos concernía a todos: la vampira pelirroja. Aunque la amenaza de mi padre y Leah había desaparecido, aún teníamos tras nuestras espaldas la presencia de la maldita chupasangre, ella había estado compinchada con el monstruo de mi padre y sabíamos que ella no descansaría hasta que consiguiera ponerle las manos encima a mi mujer. Algo que no iba a pasar en la vida. Jamás.
-La jodida sanguijuela está cambiando de táctica, alfa.-Dijo Paul, con claro gesto de fastidio.- Lleva días en los que solo se dedica a correr entre la línea de nuestras tierras y de la de los chupasangres vegetarianos para luego salir corriendo hacia el mar. Estoy harto de ella, Sam. La próxima vez no se escapará, le arrancaré la cabeza de cuajo.
Sí, ese era Paul. Con su genio de los mil demonios y su impaciencia fluyendo por doquier.
-Tenemos que trazar una nueva estrategia. Tenemos que conseguir sorprenderla, para así atraparla en una emboscada que no se espera y no tenga escapatoria alguna.-Dijo Jacob.
-Yo voto simplemente por esperarla e ir tras ella.
-No creo que eso sea muy productivo, Jared.-Le dije.-Hasta ahora, esperar su presencia y comenzar a correr detrás de ella como si fuéramos unos malditos chuchos tras un hueso solo nos ha causado frustración. Jacob lleva razón, hay que organizar una nueva táctica para dejarla sin ninguna salida.
Giré mi rostro cuando sentí la mano de mi chica sobre mi muslo, se la veía pálida y cansada. Por el enlace de pareja me daba cuenta de que también estaba un poco mareada, desde esta mañana no ha estado muy fuerte. Ha pasado una mala noche y ahora le estaba repercutiendo.
-¿Estás bien nena?-Los demás seguían charlando sobre las opciones.
-Estoy un poco cansada. Creo que me voy a acostar, ¿o quieres que me quede contigo?-Bella siempre anteponía mis necesidades a las suyas, ¡maldita mujer terca!
-No, no tienes que quedarte. Ve a acostarte, ¿te acompaño?
-No, no. Estoy bien.-Me respondió sonriendo, intentando quitar hierro al asunto de mi preocupación.
Mi Bella se levantó lentamente y desapareció por el pasillo, oí como se cerraba la puerta y como se echaba en la cama. Mi cuerpo estaba en tensión por las ganas de ir con ella y comprobar que todo estaba bien allí, pero debía contenerme y seguir con la dichosa reunión.
-¿Todo bien Samuel? ¿Bella no se encuentra bien?- Preguntó mi madre.
-Sí, solo está un poco cansada. Se ha ido a echar un rato. Sigamos nosotros con lo nuestro.
Mi cuerpo y mi cerebro estaban plenamente en las estrategias de caza sin embargo, mi lobo solo podía estar pendiente del estado de su compañera. Constantemente verificaba a través del enlace de pareja cómo estaba Bella y escuchaba atento la respiración acompasada de mi mujer mientras dormía.
Calma chico, ella está bien.
Sí, lo está, pero no me fío de todas formas. Seguiré atento a ella. Siempre.
Sí, siempre.
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Edward POV
Volvería al lugar donde mi parte humana se encontró con la vampira, donde me convertí en el tonto adolescente enamorado. Hoy volvería a ese frío y húmedo lugar que era Forks, hoy volvería a fijar mis ojos en esa chica de grandes ojos chocolate que me convirtió en un ser débil con un corazón sangrante. En mi cruzada no voy solo, mi nueva adquisición me acompaña. Victoria. Su melena roja como el fuego danza con el viento mientras corremos hacia nuestro destino; ella es salvaje, una mujer sin miedo, sin asco a mis deseos, sin miedo a abrazar el dolor… Porque el dolor se ha convertido en una droga para los dos, una de la cual ya no podemos escapar; las garras de la oscuridad y de lo tenebroso nos abrazaron cuan peluches en los brazos de un niño. Y nosotros, gustosos, nos entregamos.
Por fin, por fin podré matar a la maldita mocosa. Ella no vale nada, ella no es nada. Solo una insufrible humana que merece morir desangrada mientras bebo su sangre.
Los pensamientos de Victoria gritan de júbilo complacido, feliz de poder tocar su sueño maldito. Lo que ella no sabe es que quien matará a la pequeña niña dulce seré yo. Ella me lo dio todo y a la vez me lo quitó, ella hizo que mi familia me odiase, que mi corazón muerto reviviera y muriera desangrado por su culpa, que las lágrimas que nunca podré derramar se agolparan en mis ojos y dejase de ver la maldita realidad surrealista que había frente a mí.
Puede que sea un animal, un engendro a los ojos de muchos pero el verdadero monstruo es Ella… Solo ella.
¡Por fin! Vocifera la mente de mi vampira.
Sí, por fin. Por fin estamos en tierras de los chuchos sarnosos. Por fin la venganza será posible de terminar. Ella habrá sufrido con todo lo que le perro viejo de Josh le hizo a su querida mamá y a su padre, pero le ha llegado la hora a ella. Su sentencia de muerte está firmada.
Victoria y yo nos detenemos cerca de uno de los acantilados que dan al mar, la brisa vendaval trae consigo los aromas de los altos árboles, de la tierra mojada por la humedad de la lluvia, de la sal que se apega a las rocas, el ligero olor de la ambrosía de esa sangre que canta para mí….
¡Mía!
-¡No!-Le chillo a Victoria. Ella no la puede tocar, la mocosa es mía, solo mía.
-Pero amor…-Victoria trata de replicarme mientras da un paso hacia mí y toca mi pecho en suaves caricias con sus manos por encima de la tela de mi camisa negra.
-Nada de peros Victoria. Sabes desde el comienzo que yo sería el encargado de acabar con ella.
-Pero yo quiero intervenir. Déjame torturarla, déjame que le enseñe lo que significa la palabra sufrir. Por favor, Edward…
Yo agarro sus muñecas y doy un tirón fuerte para acercarla más a mí. Su rostro queda apenas a unos centímetros del mío y arremeto contra sus labios de una manera cruel y metódica, sabiendo que ella adora eso y siendo conocedor de que con ello podré obtener de ella todo lo que desee. Cuando decido romper el beso ella está jadeante y sus ojos rojos brillan con deseo y sed.
-Si prometo jugar después contigo… ¿Me dejarás tranquilo para hacer lo que tenga que hacer con la niña?
-Sí, Edward. Lo que quieras.
-En ese caso, ve a entretener un rato a los chuchos. Sé que adoras ser perseguida por ellos.
-Está bien, amor. Solo tú sabes lo que me gusta.-Con un beso rápido, ella parte hacia el lado opuesto de donde está mi destino.
Comienzo a correr, dejándome guiar por mi sentido del olfato. Esquivando las diferentes fragancias de los lobos que están vigilando y siguiendo la estela del delicioso aroma de su sangre. Huele tan bien, tan deliciosa… Mi memoria no ha hecho justicia cuando memorizó su fragancia.
Estoy cerca de las proximidades de una casa, ella está ahí. Y en esa casa puedo escuchar la voz de varios lobos y de algunas personas más. Sé que toda la manada no está ahí, el maldito alfa tiene constantemente vigilando las tierras ante la posible visita de uno de nosotros. Maldito bastardo. Se atrevió a poner sus manos sobre ella…
Decido avanzar, a riesgo de entrar en una casa llena de perros sarnosos. Me da igual, en estos momentos solo puedo pensar en entrar en la habitación en la que ella se encuentra y para ser más irónico el destino será por la ventana… Como cuando yo la visitaba en la casa de su padre y la veía dormir completamente hipnotizado. Camino silenciosamente y a favor del viento, para que mi esencia no llegue a los hocicos de los chuchos. La ventana está entreabierta lo suficiente para darme a mí la oportunidad de entrar sin hacer ningún ruido. Al entrar en la habitación lo primero que me golpea es el olor de ella entrecruzado con el del perro alfa. El asco y la rabia inundan mi sistema y decido dejar de respirar. No quiero perder tan rápido el control. Y como fin trágico clavó mis ojos en la silueta suave y durmiente de ella, de Bella Swan.
Ella duerme sin decir ninguna palabra en sueños, hasta en eso cambió. Su cuerpo frágil y lleno de heridas se muestran ante mí. Sus magulladuras son como bolas de demolición contra mi perspectiva de hacerle daño. Es increíble el deseo que se enrolla sobre mí, el cual me incita en ir en busca del desalmado que le haya podido hacer esto.
¿Pero qué demonios me pasa? He venido a matarla y acabar con cualquier enlace que pudiera tener con mi moralista pasado. ¿Es posible, acaso que este golpeteo silencioso que inunda mi pecho sea el resurgir de mis sentimientos amatorios por esta chiquilla? Su largo cabello castaño se encuentra esparcido por toda la almohada, su rostro ceniciento reposa cómodamente sobre ésta y sus manos la abrazan cuan amante silencioso se tratara. Sus largas piernas están semiencogidas y sus bellos pies me incitan a acariciarlos con dulzura, tal mariposa que aletea sobre las flores de mi claro del bosque.
¡Maldita sea! ¡Ella es Bella! ¡Esta dulce mujer que está dormida frente a mí es la niña que despertó mi corazón de piedra y lo revivió! ¿Cómo voy a ser capaz de beber su sangre hasta dejar su cuerpo con vida? No puedo, no.
No soy capaz.
Oigo unos pasos ligeros por el pasillo y decido que es momento de salir de aquí. La perdí por mis ansias eternas de ser el vampiro sufridor y heroico, que al final resultó convertirse en un monstruo hambriento de sangre y deseoso del dolor ajeno. ¡Maldito sea!
Salgo rápidamente a través de la ventana y corro hacia donde suenan los pensamientos de Victoria. Ella ha dado esquinazo a los lobos durante un buen rato y es mi oportunidad perfecta para tomarla y largarnos de aquí. Ella está sentada sobre la rama alta de uno de los árboles, en el territorio que le pertenecía a mi familia. Su piel blanca y su cabello rizado y rojo son como un faro en la oscuridad soñolienta en la que me encontraba antes de ver a Bella, sin embargo, ahora es… Ahora solo es mi compañera en la travesía del dolor. Y sé que no disfrutará con mi decisión pero no me importa, la castigaré hasta que entre en razón.
-¿Por qué no hueles a su sangre derramada?- Su voz suena desconfianza y su mente es un hervidero de pensamientos caóticos.
Él ha tenido que matarla, ¿entonces por qué demonios el amo no huele a muerte y destrucción? No, espera. Quizás cambió de opinión y me va a dejar que juegue con ella antes de matarla. ¡Será eso!
-No Victoria, no ha pasado nada de lo que estás pensando. Bella no va a morir ni por mis manos ni por las tuyas.-Dije serio y lentamente para que mis palabras calasen hondo en su persona.
-¡No! ¡No pronuncies su nombre! Ella se merece morir. ¡Morir! ¿Me oyes? ¡Si no lo haces tú lo haré yo!- Decidida, bajó de un fuerte salto del árbol y calló al suelo para comenzar a correr hacia la tierra de los lobos. Yo la intercepté antes de que cruzase la línea del tratado y la agarré fuertemente por los brazos arrastrándola hacia atrás.
-¡Victoria he dicho que no! ¡Te lo he prohibido! ¿No escuchas?-Grité.
-¡Suéltame! ¡Ella tiene que pagar la muerte de James y que aun siga manipulando tu mente!
-¡Ella no me manipula nada! ¡El único culpable de la muerte de tu adorado James fuimos mis hermanos y yo! ¡Nosotros le quemamos! ¡Nosotros lo asesinamos! ¡No ella!
-¡No! ¡Es culpa de ella! ¡Ella tenía que haberse entregado a James cuando él lo exigió! ¡Ella solo es una simple humana! ¡Un simple alimento para nuestra especie! ¡Para los vampiros! ¡Ella no tiene ningún derecho a estar en tu mente!- El forcejeo entre nosotros era descontrolado pero no iba a dejarla que ganara. Ella era mi querida amante y lo seguiría siendo aun si tengo que obligarla a ello.
-¡Quédate quieta Victoria! ¡He dicho que te estés quieta hija de puta!
Inmediatamente ella se paró en seco y sus ojos rojos me miraron con furia pero a la vez con deseo. Maldito seamos los dos por excitarnos con esto.
Él, él… Maldito sea mi señor, pero no puedo alejarme. Es mío, y nadie me lo arrebatará.
-Nadie Victoria, nadie lo hará. Al igual que nadie te apartará de mí. Somos dos partes de un todo doloroso. El mundo nos odia, el mundo nos detesta y nadie nos quiere. ¿Para qué necesitarlos entonces? Si estamos los dos no necesitamos a nadie más.
-¿De verdad te tengo Edward?-Dijo mientras me abrazaba.
-Sí, cariño. Me tienes.
Comenzamos a besarnos con pasión, sin importar que estuviéramos en mitad de un claro del bosque. Mis manos fueron a su cintura y las suyas viajaron desde mi espalda hasta mis caderas. Las suyas se movieron contra mi duro miembro y gemí ante el deseo de ponerla de rodillas y follar su prieto trasero. Su boca se separó de la mía y viajó hasta mi cuello, el cual comenzó a devorar con gula. Sus labios fueron ascendiendo hasta mi oreja y allí se detuvo.
-Siempre serás mío.
Y ese fue el principio de nuestro final. Victoria tomó rápidamente un mechero del bolsillo de sus vaqueros y me prendió fue para después inmediatamente prenderse a ella misma. Las llamas comenzaron a consumirnos y ella volvió a atacar mis labios para hacer callar nuestros gritos de dolor. Sí, sí, sí. Dolor. Esa era la palabra favorita de los dos. A lo lejos escuché gritos, llantos y gruñidos. Pero ya daba igual, la sorpresa por morir a manos de mi amante al mismo tiempo que ella y el placer de sentir el sufrimiento que las llamas causaban en mí eran lo único que me asaltaba y bloqueaba.
Ya no había camino a seguir. Ya todo había terminado.
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Sam POV
Paul, Jared y Jacob discutían con Seth y Embry acerca de cuáles eran las mejores tácticas de persecución, así como cuál de ellos sería el que hincaría el diente a la chupasangre pelirroja… Siempre estaban picándose por ser el mejor lobo. Yo continuaba inquieto respecto a Bella, ella dormía tranquilamente en nuestra cama sin ningún sobresalto pero yo necesitaba ver con mis propios ojos que todo estaba bien, que ella no se había ido y que no le había ocurrido nada en absoluto. Me levanté lentamente, ajeno a la mirada suspicaz que me dirigió mi madre y me encaminé hacia la habitación. Nada más abrir la puerta mis ojos se posaron en la figura apacible de mi mujer durmiendo sin nada que la perturbase. Y lo segundo que me llegó fue el apestoso aroma de una maldita sanguijuela Cullen: el del pelo cobrizo. ¡Mierda! El tipejo ese había estado aquí y por la intensidad del olor hacía apenas unos segundos que se había marchado.
¡Hijo de puta!
Me acerqué corriendo a Bella, tomándola en mis brazos para comprobar que ese maldito engendro no la había tocado. Ella se despertó sobresaltada ante mi acción y cuando vio que era yo su miedo menguó un poco.
-¿Sam que ocurre? ¿Qué ha pasado?
-¡Bella! ¡Dios! Él ha estado aquí, ¿lo sentiste?- Ella me miró desconcertada.- ¿No te diste cuenta que Edward estuvo aquí?
Inmediatamente el poco color que su rostro albergaba se perdió para convertirse en un rostro aún mucho más pálido de lo que era normal.
-¿Él… él estuvo aquí? –El nudo en su garganta era notable.
-Sí, justo hace apenas unos segundos. ¿Puedes captar su aroma?-Ella inhaló ante mis palabras y su boca mostró un gesto de rechazo. El aroma de los vampiros era como algodón de azúcar impregnado en alcohol. ¡Buagh!- Ese es su olor. Tengo que ir tras él Bella, ha estado a punto de hacerte daño y no pienso dejar que se salga con la suya.
Salí corriendo de la habitación sin siquiera dejarle tiempo a que me contestara. No pensaba dejar que él se presentara y tratara de trabucar la vida de mi mujer justo ahora, ella es mía y no va a llevársela sin yo antes luchar. Llegó al salón donde están todos reunidos y me miran sorprendidos ante mi crispación.
-¡Vampiro!- Solo grito para que mis hombres entiendan la situación y se preparen para salir tras de mi estela.
No hay preguntas por parte de ellos aunque sé que mi madre, Kim y Dakota están preocupadas ante lo que pueda pasar. Salimos inmediatamente de la casa y comenzamos a correr tras la estela del maldito Cullen, mis lobos se transforman en su animal mientras yo decido seguir en forma humana para hablar con el maldito y echarle en cara todo el daño que le hizo a mi mujer. Paul da un salto ante los pensamientos que seguramente le lleguen de Collin y Quil, informándole de la situación sobre las visitas en nuestras tierras.
El rastro del chupasangre se desvía hacia el territorio de los Cullen. Pero esta vez no va a haber tratado que me detenga, él ha atravesado mis tierras y ha sido, por tanto, el primero en romperlo. Cuando llegamos a la línea divisoria lo que menos nos esperábamos es la visión que tuvimos delante de nosotros. Era grotesca y sin sentido. ¿Qué demonios hacia la vampira pelirroja besando a Cullen mientras los dos ardían en llamas? ¿Y qué hacía la familia del vampiro al completo viendo tal acto? ¿Por qué no hacían nada?
La pareja se consumió en apenas unos segundos, dejando en el aire una desagradable una humareda que el viento elevó y se llevó consigo. Cuando decidí que el tiempo de espera había pasado me acerqué a la frontera y el jefe del clan, el tal Carlise, se aproximó seguido de su familia.
-Nosotros no deseamos un enfrentamiento con tu gente, Alfa Samuel. Nuestra visita a Forks es meramente temporal. Mi hija Alice tuvo una visión en la que vio a Edward junto a Bella y Victoria. Decidimos venir para tratar de impedir que ninguno de los dos le hiciera daño.
-Bella ya no necesita de su protección. Ella es mi compañera y la hembra alfa de la manada.-Sus rostros me miraron sorprendidos ante mis palabras, pero no me importó. Solo era la pura verdad.- ¿Él ya no formaba parte de tu clan?
-No, Edward nos abandonó hace varios meses. No supimos de su paradero ni de las compañías que frecuentaba en todo ese tiempo. Cuando se fue… Dejó varios estragos en mi familia.
-El muy maldito se ha matado antes de que pudiéramos hacerlo nosotros.-La vampira rubia dijo entre dientes con sus manos apretadas en puños por la rabia y el enfado.
-¿Queríais matarlo? ¿Qué fue lo que hizo?-Pregunté con interés.
-Hizo daño a varios de nosotros.-Respondió el vampiro alto y de espaldas anchas.
-Pues visto lo visto ya no lo hará más. Ni la sanguijuela pelirroja ni él serán más una amenaza para mi compañera. El tratado sigue en pie. No podéis pasar más allá dela franja divisoria y nosotros no vagaremos por vuestro territorio.- Esas fueron mis últimas palabras antes de asentir y girarme para marcharme hacia mi hogar donde se encontraba mi mujer. Solo quería abrazarla y tenerla junto a mí sin que nadie nos molestara.
-Espera Sam.- Dijo la compañera de Carlise, no sé cómo se llamaba. ¿Esme me dijo Bella? Da igual. Yo me paré y giré mi rostro para fijar mi mirada en ella mientras seguía dándoles la espalda.- Nosotros estaremos unos días por aquí y me gustaría poder ver y hablar con Bella sobre todo lo sucedido. Solo si ella quiere, nosotros aceptaremos cualquier decisión que ella elija.
La idea no me hacía nada de gracia pero yo no podía tomar la decisión por Bella. Ella era la única que podía hacerlo.
-Se lo diré.
Y sin decir más nada, comencé a correr con mis hombres hasta mi casa. Ya todo había terminado por fin. Ya nada quedaba por resolver.
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Cuando llegamos a casa, los muchachos tomaron a sus parejas y el resto se fueron para dejarnos a mi mujer y a mí intimidad. Ella se encontraba sentada en el sofá con gesto de preocupación; nada más verme, se levantó y se tiró a mis brazos. Ella lloraba sobre mi pecho y yo la apretaba fuertemente, ella estaba conmocionada por todo esta mierda y esto última había sido la gota que colmó el vaso. La cogí en brazos y la llevé de nuevo al sofá, para sentarnos juntos y dejarla que se desahogara cuanto tiempo ella necesitase.
-Shhh, nena ya pasó todo. Ya. Ya todo terminó.
-Samuel…
Yo sabía que no lloraba por él, que no le dolía que él hubiera estado tan cerca de ella; mi Bella sufría y sollozaba porque se sentía culpable. Por el enlace de pareja sabía que se hacía responsable de todo lo que había ocurrido hasta ahora y ese peso a sus espaldas la había quebrado.
Ella no ha hecho nada malo, ella no tiene la culpa.
El lobo gruñó en desacuerdo con su compañera, él estaba furioso de la visita de la sanguijuela y por el intento de amenaza de volver a perder a su compañera en sus narices. Tal y como yo.
Los minutos pasaron y Bella se fue calmando paulatinamente en mi regazo, ella me preguntó por todo lo que había pasado mientras estuve fuera y le conté todo lo ocurrido. Ella se sorprendió de la relación de Edward con Victoria así como de su suicidio conjunto, también se asombró por la presencia del resto de los Cullen; no esperaba volver a tener noticias de ellos. Yo le comuniqué los deseos de la tal Esme de poder verla y hablar pero Bella fue muy clara con su respuesta.
-Ellos me abandonaron. No lo hizo solamente Edward. Ellos eran lo suficientemente razonables y lógicos para saber cuál era la decisión más adecuada, seguir los deseos de Edward y dejarme atrás en el camino o entender y aceptar la decisión de Edward pero seguir manteniendo una relación cordial conmigo. Yo los consideraba mi familia, Samuel, pero no fue así. Ellos deben hacerse responsables de las consecuencias de sus decisiones. Igual que yo de las mías y en estos momentos no me considero capaz de volver a verlos. Yo rehíce mi vida y te encontré a ti. Que has sido lo mejor que ha podido pasarme jamás. Quizás, en algún futuro más adelante sí crea necesario verles y hablar pero no ahora.
Y yo acepté su elección sin rechistar. No eran necesarias las palabras, yo la entendía perfectamente y respetaba su decisión. También soy sincero y no negaré que no me alegrase de saber que no los vería. Ellos le hicieron daño, aunque no físico pero sí emocionalmente, y esas heridas son muy difíciles de curar. Yo fui quien les dio la respuesta de Bella a los Cullen, era mi deber como compañero. Ellos se entristecieron ante su decisión pero también entendieron que sus malas decisiones provocaron esta declinación por parte de mi mujer.
A los tres días, los Cullen volvieron a abandonar las tierras de Forks con un sabor agridulce ante la pérdida de su hijo, el rechazo de Bella y la alegría de saber que esta estaba viva y a salvo.
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Habían pasado tres meses desde que todo el caos de dolor terminó. El pueblo y la aldea no tuvieron ninguna visita más de ningún vampiro en todo ese tiempo y mi mujer se había recuperado completamente. Ella había terminado por fin el instituto y había sido aceptada en la universidad de Port Angels. Estudiaría Literatura, su gran pasión. Me alegraba mucho por ella pero me aterraba la idea de que estuviera todo el día yendo y viniendo en su vieja camioneta. Sé que le tiene un cariño inmenso, pero no sería capaz de soportar los viajes desde La Push hasta la universidad diariamente. Y justamente eso era lo que estábamos discutiendo en estos instantes.
-¡No pienso cambiar de coche Samuel! ¡Es mi Chevy y es mío!- Vociferó mientras se movía de un lado a otro por la habitación. Parecía un lobo enjaulado, aunque más bien era una loba…
-No voy a dejar que vayas todos los días con ese coche a la universidad Isabella. Es antiguo y aunque sea resistente el otro día te dejó tirada en medio de la calle después de haber ido al supermercado. ¿Te imaginas que te pasara en mitad de la carretera por no haberme hecho caso?- Le contesté con toda la calma del mundo mientras estaba de pie con los brazos cruzados en el otro lado de la cama. Sabía que mi actitud desinteresada y carente de enojo la cabrearía más, pero cúlpenme si quieren por gustarme ver sus mejillas sonrosadas por el enfado y sus ojos dorados brillantes rebosantes de vida. Pura delicia como desafío a mi lobo.
-¿Y qué? Solo fue un pequeño cablecito de nada.- Dijo al mismo tiempo que se paró para encararme y poner sus brazos en jarras. Era muy hermosa llevando mi camisa celeste y un moño desordenado.
-¿Un cablecito de nada?- Eso sí que me cabreó.-Podías haber tenido un maldito accidente, Bella.
-Sí, pero no lo hubo. Recuerda que tengo reflejos de lobo y mi coche fue arreglado perfectamente por Jacob así que no pienso dejar tirado a mi coche solo porque tú quieras.-Sonrió con suficiencia, esa altanería femenina que se estaba gastando últimamente le iba a costar caro. Muy caro.
Déjame darle un mordisquito. Solo uno.
-Bella…-Le dije a modo de advertencia.
-No Samuel, no pienso ceder en esto. Así que acéptalo como un chico grande y ya no más discusión.-Su sonrisa se hizo más grande cuando mi ceño fruncido se profundizó así como su malditas pestañas hermosas se batieron como si fuera una niña inocente pidiendo una golosina.
¿Un chico grande? ¿Aceptarlo? Ni de coña.
Antes de que ella pudiera predecir mis movimientos me desplacé alrededor de la cama, valiéndome de mi lobo y la tomé en mis brazos para ponerla de rodillas sobre el filo de la cama. Ella estaba doblada sobre esta, con sus piernas levemente abiertas y conmigo detrás suya de rodillas también; con mis piernas abiertas a cada lado de las suyas por fuera. Mis manos mantenían agarradas sus caderas firmemente para que no pudiera escapar.
Esto ya me va gustando más.
Jodida razón llevaba mi lobo.
-Y dime nena, ahora que te tengo en mis manos, a plena disposición de mis deseos ¿qué vas a hacer?-Bella se removió inquieta cuando susurré las palabras en su oído.- ¿Vas a seguir negándote a utilizar mi camioneta para ir a la universidad?-Mis manos comenzaron a vagar por sus muslos, arriba y abajo, de manera acompasada; provocando que su piel se erizara.
-Pero esa es tu camioneta…-Su pequeño trasero se movió contra mi erección.-Tú la necesitarás para moverte por la reserva o el pueblo.
-No la necesitaré para moverme por la reserva y si tengo que ir al pueblo, puedo usar tu Chevy. Soy un lobo alfa, cariño ¿recuerdas? Puedo valerme muy bien por mí mismo.-Moví mi boca hacia su cuello, el cual comencé a besar y lamer lentamente. Provocando a mi mujer, provocando a mi loba.
-Yo también soy una loba.-Dijo ella mientras movía su cabeza hacia un lado para darme mejor acceso a su cuello. Ummm, que bien olía.- Puedo valerme por mí misma.
-Sí, pero eres la compañera de alfa y él quiere que uses su coche. No te está obligando a que te compres otro, dios sabe cuánto detestarías esa absurda idea, nena.-Mordí su cuello con suavidad y pequeño gemido se escapó de sus labios.-Vamos lobita, llévate mi coche a la universidad. ¿O quieres que te siga convenciendo de ello?
-Yo… Umm… Sigue. Sigue negociando. Convénceme.-Bella rio sensualmente cuando obtuvo como respuesta a su descarado desafío un apretón de su nalga derecha.
-Tú lo has querido nena.
Llevé mis manos al filo de la camisa y fui subiéndola poco a poco por todo su cuerpo, rebelando su braguitas azules con un pequeño lazo blanco detrás para después dejarme ver la fina piel de su espalda carente de la irritante presencia de su sujetador.
Mi pequeña niña traviesa.
Una vez le hube sacado la camisa totalmente, comencé a repartir besos por toda su columna a la misma vez que mis manos agarraban avariciosamente sus pechos, los cueles están llenos y duros por la excitación. La respiración de mi Bella era agitada y se entrecortó cuando me aparté un poco de ella para seguir besando su espalda a la altura de la cintura mientras iba bajando sus braguitas.
-Sam…
-Lo sé cariño, lo sé.-las bajé más aún hasta llegar a sus rodillas, las cuales alzó Bella una tras otra para terminar de quitárselas completamente. Una vez que la hube desnudado, llevé a cabo el camino inverso de besos hasta alcanzar su nuca, la cual mordisqueé y como recompensa un nuevo gemido escapó de mi mujer. Llevé mi boca hasta su oreja.-Quiero que te estés completamente quieta ahora lobita, nada de moverse.-Mis manos no podían estar quietas teniendo su piel completamente carente de cualquier vestimenta.
Me levanté rápidamente y me despojé de la camiseta seguida de mi pantalón vaquero junto a mis bóxer, gracias a dios que iba descalzo y mi tiempo de desvestirme se vio reducido, la imagen de mí compañera de rodillas sobre el filo de nuestra cama completamente desnuda me tenía absolutamente obnubilado y mis ojos eran incapaces de apartarse de su esbelta figura de ninfa. Volví a arrodillarme detrás de Bella, tal y como estaba antes; sin embargo, ahora no había ninguna ropa de por medio entre nosotros y mi miembro erecto tocó la suave piel de sus nalgas, acercándome más para ubicarla en su separación y deslizarme por ella. Mi mujer gimió al sentir mi erección contra ella y empezó a mecerse al mismo ritmo que yo lo hacía.
Caliente.
-Sam, por favor.
-Con calma lobita, recuerda que tengo que conseguir convencerte.-Dije mientras me reía entre dientes.
-Malvado.-Se quejó Bella al tiempo que alargaba mi mano hacia su centro.
-Tú lo pediste nena.- Terminé de decir cuando alcancé su centro totalmente empapado. Llevé parte de su excitación hacia su botón hinchado y comencé a acariciarlo de arriba abajo como sabía que a Bella le gustaba.
Ella comenzó a gemir más fuertemente mientras mecía sus caderas contra mis dedos. Adoraba como se movía descaradamente, sin ningún pudor, completamente entregada a mí. Cambié mis dos dedos por mi pulgar para penetrarla con mis dedos medios, su espalda se arqueó por la sorpresa de mi movimiento y sus caderas oscilaron más rápidamente. Yo sabía que mi mujer estaba cercana al clímax y ansiaba sentirla venirse en mis dedos así que aceleré mis movimientos como Bella necesitaba y mi mano izquierda fue a parar de mientras a su duro seno. Agarré su pezón y lo estrujé circulantemente y eso quebró el poco control de mi Bella, ella se corrió impetuosamente mientras gritaba mi nombre.
-¡Samuel!
Cuando los temblores de su canal cesaron, aparté mis dedos de su interior lentamente, haciéndola estremecerse ante lo sensible que estaba. Quería su sabor en mi boca y no pensaba dejar que nada se malgastara, así que me llevé mis dedos a la boca y gemí de placer al sentir en mi lengua el delicioso sabor de mi mujer.
-Deliciosa cariño, siempre tan rica.-Mi voz sonaba ronca y sabía que mis ojos estaban del color dorado del lobo. Bella me miró por encima de su hombro y se lamió sus labios de manera golosa.
Mía, ella es mía.
Agarré mi duro miembro y me coloqué en su entrada. Tomé a mi Bella por sus caderas y de un empellón la penetré hasta lo más profundo. Ambos gemimos y nos sentimos nuevamente completos. Comencé a mecerme lentamente, renovando de nuevo la excitación de Bella tras su orgasmo, dejándome disfrutar de su calor envolvente.
-Samuel más, más.-Dijo entre gemidos y suspiros.
-Todo lo que quieras.-Comencé a moverme más rápido, resolviendo así la exigencia de mi mujer y permitiéndome a mí acercarme más a la culminación. Cuando Bella me apretó fuerte al alcanzar el clímax yo me dejé llevar. Mi semen se derramó en su calor confortando a mi bestia posesiva.
Mía siempre.
Ambos respirábamos agitados y de manera dificultosa, nuestros corazones latían rápidamente al mismo compás y mi cuerpo había perdido toda la energía. Cuando recuperé un poco de aliento, me levanté levemente y acaricié su mejilla. Bella abrió sus ojos y me miró mientras sonreía. Yo me separé lentamente de ella, apenado por tener que salirme de mi paraíso personal, nos llevé al medio de la cama y nos tapé con las sábanas.
-¿Logré convencerte lobita?-Le dije sonriendo pícaramente.
-Hmm, bien, sí. Lo conseguiste.-Dijo mientras fruncía el ceño y sus mofletes se hinchaban a modo de rabieta.
Tan dulce y hermosa.
-¿Acaso pensabas que me rendiría tan fácilmente contigo nena?- Coloqué un brazo detrás de mi cabeza mientras me echaba sobre mi espalda. Bella inmediatamente se giró a la par conmigo y se colocó sobre mi pecho, en el cual comenzó a hacer trazos sin sentido.
-Sé que nunca te rendirías conmigo. Porque tú eres mi compañero.-Dijo seriamente.
-Lo soy, al igual que tú eres mi compañera. Mi mujer.
-Te amo Samuel.-Depositó un beso en mis labios y fijó sus ojos en los míos.
-Te amo Bella.-Ella sonrió con ojos brillantes ante mis palabras y se acurrucó entre la base de mi cuello y mi pecho.
-Un lobo para mí.- Susurró bajito mientras se dormía.
Sí, ese siempre fue mi destino. Un lobo para ella.
Su lobo.
¡Dios! No sé verdaderamente qué decir. Creo que el capítulo habla por sí solo. Victoria con su mente desquiciada, Edward con su arrepentimiento y culpa aceptando su muerte, los Cullen, nuestra querida Bella y nuestro adorado lobo… Han sido miles de cosas, y he adorado escribir este capítulo. Ha sido difícil, largo y duro pero merecía la pena. Espero que a todas os haya gustado, ya me diréis que os ha parecido en los comentarios.
Miles de gracias a: miraura21, carlabordon90, EMILCE CULLEN-VULTURI, marieisahale, ElaSalvatoreCMG, powercat, Cullen-21-gladys, oliveronica cullen massen, helenagonzalez26-athos, coni, Shamy, Juulii. Muchas gracias por vuestros comentarios fueron maravillosos y os lo agradezco un montón.
miraura21: espero que la historia te esté gustando. carlabordon90: linda gracias por escribirme, espero no haberte defraudado con lo de Edward. EMILCE CULLEN-VULTURI: gracias por el piropo! , marieisahale: bella es muy linda. ElaSalvatoreCMG: no puedo matar a Bella, sería muy cruel. Powercat: lo pillaste, es exactamente lo que ocurrió con Edward, chica lista^^. Cullen-21-gladys: Edward se equivocó en sus decisiones, por eso ha terminado tan mal. oliveronica cullen massen: me alegra que te gustase, espero que este también lo haga. , helenagonzalez26-athos: jajaj sí, es lo bueno de ser escritora, puedo ser un poquito mala. Mil gracias por mi regalo, fue todo un detallazo de tu parte cielo. Coni: en el anterior capitulo aclaramos todo al fin, espero que te haya gustado este. Muchas gracias por preocuparte por mí. Shamy: eres una gran sorpresa, una linda mujer que se ha cruzado en mi camino. Juulii: gracias a dios que no me asesinas jajajaja, espero que te haya gustado el capitulo y haya estado a la altura de lo que esperabas.
A todas quiero darles las gracias, las lectoras fantasmas, a aquellas que le dan a favorito y a seguir a la historia, a aquellas que me mandan privados para preguntarme como estoy y que tal va la historia, aquellas que hablan a menudo conmigo y en general a todas las que me apoyasteis con este proyecto. Sois estupendas.
Quizás me haya pasado un poco en la extensión del capítulo pero os lo debía y es el último. Solo queda decir que habrá EPÍLOGO. Porque sí señoritas, considero que nuestros chicos se lo merecen. Veremos a ver que les depara el futuro.
Gracias y espero que les haya gustado, ya me dirán.
Un beso.
