Un poco más

-Corre!- Leomon, intentaba frenar el feroz ataque , mientras el joven y su digimon corrían por el inmenso patio.

Un rayo de luz tocó la espada del Digimon, lanzándola lejos, T.K y Patamon voltearon a ver como una sombra se posaba Leomon, que yacía en el suelo.

El joven se apresuró a su lado intentando en vano defenderlo, el digimon estaba dispuesto a matarlos.

Patamon digievolucionó en Angemon, conteniendo por unos momentos el rayo de luz que amenazaba la vida de sus amigos.

Mientras T. K ayudaba a Leomon a salir del patio, Angemon intentaba bloquear los rayos que el digimon emanaba. Más de una vez cayó a tierra, pero temiendo por la vida de T. K se levantó, dispuesto a defenderlos.

-Está cerca, la salida está cerca.-

Por fin se podía ver el fin del patio, el muchacho y el digimon divisaron la tan anhelada salida, un paso más y estaban fuera, un paso más.

-T.K rápido!-gritó Angemon combatiendo cuerpo a cuerpo con el digimon, viendo como lentamente sus fuerzas menguaban y cedía terreno.

Sin perder el tiempo, el joven se acercó a la salida y sólo entonces se dio cuenta de la naturaleza de tan peculiar salida.

Un risco daba continuidad a la salida, abajo una caída de más de 20 metros, les esperaba, coronada con el frío océano abajo.

-T.K- ahora era Patamon quien le miraba, al parecer su poder no había sido suficiente para contener la eminente amenaza que era Lucemon y ahora estaban acorralados entre el risco y la muerte segura.

Pero no se rendirían jamás lo harían, habían llegado hasta ahí después de mucho esfuerzo, habían conocido el terror latente que representaba Lucemon o lo que quedaba de él y ahora que conocían una respuesta segura, no esperarían a la muerte.

Lucemon miró fijamente a T.K, dos pupilas de un azul intenso mirando con crueldad a unas parecidas e igual de frías. Por un momento T. K sintió reconocerse en la mirada de Lucemon, pero la voz de Patamon lo devolvió a la realidad.

Ese era el momento, lo que tanto habían buscado, unos pasos los separaban de la libertad y uno de la muerte alada. Un segundo, un rayo salió de Lucemon directo a T. K y el cerró los ojos, sintió el viento que le cortaba la cara y la velocidad de la caída.

En un instante estaban cayendo por el acantilado , viendo en cámara lenta el horror que arriba se desarrollaba.

Una sonrisa y fue lo último que vio de Leomon, que les deseó suerte con una mirada y en un último gesto de camadería y valentía atacaba a Lucemon hasta su final.

Mientras, T. K caía, sin poder hacer nada, sin poder despertar de la horrible pesadilla que era su vida. Afortunadamente su manto se atoró, en una grieta del risco y pudieron subir, poniéndose a salvo al menos por el momento.

Entonces lo vio, salir descolgado de su cuello, en una gruesa cadena oxidada, y precipitarse hacia el vació, pequeño, dorado y desgastado, el diminuto objeto parecía desaparecer en las tinieblas del mar.

Impulsado por un repentino sentimiento, T. K intentó bajar y sin siquiera contestar a Patamon, que lo miraba con cansancio, se lanzó al precipicio.

Un poco más, sólo eso y lo tenía, sintió como sus dedos rozaban el metal y metió el anillo en su dedo, mientras el mar lo recibía como una criatura de grandes fauces en la obscuridad.

Patamon contemplaba todo esto y sin poder aguantar más , pese a la fatiga que sentía se lanzó detrás de su compañero, esperando poder auxiliarle.

Pero ahora que harían?, estaban en el mar, solos de nuevo, y aunque Patamon digievolucionara, la falta de energía no le dejaría seguir y morirían irremediablemente por el frío.

El joven luchaba contra las olas, intentando quitarse el manto gris que lo aprisionaba y mover las piernas mejor en el mar.

-T.K! aquí!-Patamon se acercó a su compañero que se estaba congelando, pero por más que quiso no sintió el poder de la digievolución parecía que todo estaba obscuro y eso negaba el poder de la digievolución.

Mientras flotaban en las frías aguas, T. K recordó aquella ocasión años atrás cuando Kari y el viajaron al Otro Mundo, en aquella ocasión habían salido gracias a lo que Gatomon llamó el poder del amor.

Sin embargo, un corazón herido parece por tiempo incapaz de amar y mucho menos si no tiene intención de salvarse así mismo.

La piel del joven se veía blanca, y Patamon no sabía que hacer más para salvarle, no podía no tenía con qué, seguro se acabaría para los dos. Morirían igual que Leomon.

Las aguas comenzaron a cubrir poco a poco al joven , y el digimon comenzó desesperadamente a moverlo para que recuperase la consciencia , pero fue en vano, T. K estaba completamente fuera de su mente.

Patamon miró la mano de su amigo que aferraba algo con fuerza, y al mirarlo de cerca se sintió conmocionado, pensó que el joven lo había perdido, jamás había imaginado que el siempre lo hubiese tenido.

-Después de todo es cierto-dijo el pequeño digimon mirando con melancolía y ternura a su amigo, que parecía morir en ese momento.

-Perdón…-el chico susurró débilmente con una voz casi inaudible excepto para Patamon.

-No te vayas, T.K , despierta-Patamon movía la mejilla del muchacho, esperando que reaccionara.

-Perdóname Patamon, hice lo que pude, yo sólo quería…, yo solo quería verte-se dirigió a la nada y apretó una vez más el anillo.

El silencio los envolvió por un instante y una luz blanca los cubrió, no se vio nada más.

Nada

-Patamon!!!-TK se incorporó bruscamente en el lecho mientras buscaba con desesperación a su pequeño compañero

-Calma, él está bien, pero que tal tú?- un digimon ángel lo miraba de un lugar cercano, al parecer lo habían estado cuidando desde que lo encontraran en el mar.

-Cuanto tiempo?-

-Dos días-contestó el digimon seriamente

¿Dónde estamos?- es ningún lugar, estas en la zona vacía del Digimundo.

A continuación el joven se levantó de un salto y miró por la ventana; blanco, miró a lo más cercano y distinguió unas casas plateadas, con absolutamente nada en su interior.

-¿cómo llegué aquí?-

-Buscándolo, nadie llega aquí por error-dijo el digimon con el mismo tono de voz apagado.

T.K salió de la habitación presuroso, para regresar instantáneamente a esta.

-Sabes que de aquí no puedes salir, mira ni siquiera existo yo, solo soy una parte de tu conciencia que te explica las cosas-volvió a decir el digimon sin siquiera mirar a T.K

-¿Cómo?-el joven volvió a salir, sólo para regresar exactamente al mismo punto.

Un cascabel, un leve tintineo rompía el mortal silencio y T.K alcanzó a ver el pequeño resplandor dorado, corrió hacia él.

-T.K, por favor despierta-dijo una voz desconocida

-¿Eres tú?

-Despierta, te necesitan.

T.K se levantó asustado mirando a su alrededor, esta vez no estaba en la nada estaba en un palacio de cristal.

Paredes, cama, pisos y techo, todo hecho absolutamente del fino material.

Se bajó de la cama buscando a Patamon, y en su lugar encontró a Angemon, quien le hizo permanecer en la cama.

-Tranquilo, llevamos un tiempo por aquí,¿ te encuentras bien?-preguntó su compañero forzándole a permanecer quieto.

-¿Dónde estamos?-dijo el muchacho con inquietud por el "sueño" pasado.

-Estamos en un lugar llamado Ice Palace.

El Palacio de Hielo

Construido en medio de la neblina, entre una tormenta de hielo, se erguía el elegante pero sencillo Palacio de Hielo.

Nadie sabía cuando había sido construido ni quien lo había hecho, tan sólo sabían, los que llegaban a entrar que dentro había la estatua de un digimon.

También por alguna razón sólo aquellos digimon tipo vacuna con habilidades especiales podían entrar y los que lo hacían eran pocos, la mayoría no sobrevivía a la ventisca del exterior.

Si bien lo último que recordaba T.K era haber estado en el agua, el despertar en un palacio de hielo lo confundió bastante.

-Algo nos trajo hasta aquí-refirió Angemon ante el extraño suceso – y hasta ahora he encontrado contados digimon, todos ellos ángeles.

En ese momento se abrió la puerta de la habitación y un Piddomon entró pidiendo as T.K se reuniera lo más pronto posible con el Amo.

El joven se levantó, e invadido de una repentina fuerza, siguió a Piddomon por el palacio, pasaron puertas tras puerta de cristal, pero en ningún lugar se veía un alma. Por momentos jurarían escuchar susurros, pero nada más ni una palabra concreta.

Finalmente llegaron a una larga sala, al final había una enorme y hermosa estatua de cristal de Angewomon y al voltear no encontraron a Piddomon.

-Aquí todo sucede así, cuando abrí los ojos me atendieron unos digimon, pero al poco desaparecieron-dijo Angemon intentando calmar la enorme curiosidad de su pareja humano.

Caminaron por la sala, siguiendo un camino iluminado hasta la estatua, que recordaba a T.K y Angemon, de buenos tiempos anteriores.

Y no sucedió nada, ni voces ni movimientos; nada en absoluto, nada.

T.K tuvo una ligera corazonada y sacó el anillo que tan celosamente guardaba.

-Lo tienes aún-dijo Angemon dejando escapar una sonrisa, que a pesar de ser alegre encerraba tristezas.

-No podía dejarlo- contestó el joven acariciando la superficie del pequeño objeto.

-¿Quién eres tú y qué haces aquí?-dijo una voz a su espalda

-¿Lucemon?-dijo T.K extrañado e inmediatamente Angemon se colocó frente a su amigo.

-¿Qué haces en este santuario?¿Por qué me has despertado?-prosiguió Lucemon ignorando la actitud de Angemon.

T.K entonces apartó a Angemon y se acercó, notando como el digimon seguía cada uno de sus movimientos con su profunda mirada azul, que esta vez y para sorpresa de la pareja era completamente inocente.

-¿Quién te ha dado ese anillo mágico?-preguntó Lucemon acercándose más al joven, quien cerró instintivamente la mano.

-Ahh, no quiere decirme, es que se lo has robado a mi hermana-

-T.K no ha robado nada, ese anillo le pertenece.- contestó Angemon con fiereza mirando desafiante a Lucemon.

-Pero que descortés, uno los trae por aquí y como dijo la Señora los cuidamos , todavía no entiendo quién los puso en ese estado.

-Fuiste tú-pensó T.K recordando los eventos ocurridos anteriormente.

Pero Lucemon no pareció notar nada, ni la incomodidad de la pareja, ni la agresividad ni el hecho de que estaban solos. Era como un niño, inocente, curioso y tranquilo.

-Están aquí para aprender, los he traído en consideración a D' Arcmon y por ese objeto extraño que porta el muchacho-una voz femenina hizo eco en el recinto.

-Este no es lugar de humanos-contestó Lucemon sonriente y evidentemente fastidiado.

-No será mucho Lucemon, lo suficiente para que se enfrenten al enemigo.-la voz dijo jovialmente.

-está bien, pero será a mi modo.-dijo Lucemon convencido de haber ganado.

Y ese día sin saberlo T.K y Angemon se encontraron "prisioneros" en el Palacio de Hielo.