Hola a todas. Lo primero de todo es que siento muchísimo la tardanza, la señora inspiración había cometido acto de desaparición y para añadir más leña al fuego he tenido un pequeño problema de salud. Así mis más sinceras disculpas por haber tardado tanto.
Espero que les guste.
Este capítulo va dedicado a todas y cada una de vosotras. Os lo merecéis.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, yo solo los tomo prestados para crear esta historia.
Gracias por todo.
EPÍLOGO
Seis años después
Sam POV
Estábamos en una calurosa tarde de agosto, reunidos la manada al completo en una pequeña cala de la playa. Habíamos encendido una hoguera para hacer una cena todos juntos acompañados de nuestros allegados. Los muchachos jugaban al balón cerca de la orilla, sus chicas hablaban y reían de las tonterías que ellos hacían y Billy charlaba animadamente con Charlie mientras este sostenía, en sus rodillas sentada, a Sue. Ellos hacían una pareja fantástica y Charlie cuidaba de Sue como si fuera el tesoro más preciado del mundo; la miraba con tal fascinación que podría pasar como un lobo imprimado mirando a su compañera.
-¡Vamos Tammy! ¡Tú puedes cariño! ¡Vamos chica!- Bella animaba a la pequeña hija de Dakota y Embry a caminar. La pequeña tenía nueve meses recién cumplidos y estaba agarrada de la pierna de su madre, la cual se encontraba sentada justo en el tronco de en frente del que estaba sentada mi mujer. La niña adoraba a Bella y cada vez que la veía, solamente quería estar en los brazos de mi compañera.
Yo estaba de pie apoyado en la pared de piedra con una cerveza en la mano, observando todo el panorama que se presentaba ante mis ojos. Era una imagen llena de felicidad y me alegraba saber que todo esto se había conseguido gracias al esfuerzo de todos los que nos encontrábamos aquí. Embry se encontraba situado junto a mí, mirando embelesado a su mujer e hija. Él era un afortunado por poder tener ese pequeño tesoro llamado Tammy.
-Tammy ve con Bella. ¿No quieres ir con ella? ¡Vamos bebé!- Dakota alentaba a su hija a andar hacia mi Bella mientras le acariciaba los pequeños rizos castaños de su cabeza.
-¿Tam no quieres darme un abrazo? Mira que tengo muchos besos para ti.-Bella sabía cómo engatusar al bebé, joder; sabía cómo embaucarla a ella y a mí. Era una loba demasiado seductora para su propia seguridad.
Tammy miraba fijamente a Bella, desviando su mirada al espacio que las separaba. Parecía como si evaluase los pros y los contras de la situación, con su pequeño cejo fruncido en concentración. Sin duda, ella sería una gran loba. Tam comenzó a andar hacia mi Bella a paso lento, con sus piernecitas temblando en busca de equilibrio.
-¡Eso es Tammy! ¡Lo estás haciendo estupendamente! ¡Vamos cariño! ¡Ya te queda muy poco!-Bella parecía más emocionada que la pequeña, más incluso que Dakota.
La cachorra avanzó poco a poco, con la clara intención de llegar a Isabella sí o sí, la niña era terca, bien porque lo había heredado de Dakota o bien porque mi compañera se lo había pegado. ¡Maldita loba terca que seguía sacándome de mis casillas después de tantos años!
A la pequeña le faltaban solo seis pasos para llegar hasta Bella y los cuatro estábamos en tensión ante la espera de que lo consiguiera. Embry cambiaba su peso de una pierna a otra, ansioso por ver llegar a su hija hasta la meta.
Apenas le faltaban dos pasos para tocar las rodillas de mi Bella, pero ésta ante la emoción que estaba embargándola, saltó hacia delante y tomó a Tammy en sus brazos mientras daba vueltas con la pequeña alzada.
-¡Lo has hecho maravillosamente Tammy! ¡Ha estado estupendo!- Decía Bella completamente ilusionada mientras la niña reía como si unas campanillas sonasen porque el viento las mecía. Dakota, Embry y yo sonreíamos ante la efusividad que Bella y Tammy mostraban por lo ocurrido. Mi mujer tenía a la niña acunada en sus brazos haciéndole carantoñas mientras ésta se reía y le tocaba un mechón de pelo con una de sus manitas.
-Esa es mi bebé.- Dijo Embry con orgullo marcado en su voz.
Ver a Bella tan feliz con la niña hacía que mi corazón se comprimiese. Era una imagen hermosa, dulce… Hacía que desease que la situación fuese igual pero en vez de con la pequeña Tammy fuese con un cachorro de los dos. Sabía que Bella estaba completamente lista para dar ese paso entre nosotros, mi compañera era la mujer más fuerte que jamás haya podido conocer. Sin embargo, yo… Joder, estaba aterrado. Toda la mierda que pasé de pequeño creía haberla superado después de tanto tiempo, pero cuando sentí que la conexión entre mi compañera y yo era más fuerte de que se era posible entre los compañeros - ninguno de los otros lobos habían experimentado ese cambio con sus parejas, ni siquiera Embry. Y lo sabía porque mi lobo tenía una conexión fundamental con todos ellos al ser el alfa - simplemente me aterré.
¿Y si no era lo suficientemente bueno como para ser el hombre que necesitara Bella para amar y proteger a nuestros hijos? ¿Me aceptarían y querrían mis cachorros? ¿La jodería igual que hizo mi padre conmigo? Mierda no, jamás en la vida les haría eso a mi compañera y a mis hijos. Ellos serían míos para cuidar y proteger, incluso de mí mismo.
Es el momento. Nuestra loba está preparada.
Lo sé.
¿Y a qué esperas? Yo quiero verla con nuestros cachorros. Quiero un cachorro. Es el momento.
Joder, no es tan fácil.
Bella en este justo momento, volvió su cara en mi dirección sonriéndome para dejarme completamente eclipsado como ella sola sabía hacer. Mierda… Sabía que se había percatado de mi diatriba interior, debido al maldito enlace de pareja que era un chivato. No quería preocuparla con esto; ella tenía suficiente con toda la tensión en su trabajo como editora en una editorial conocida de Seattle. Pero justo ahora, sabía que ella no lo dejaría pasar; ella querría saber el porqué de mi ansiedad ¿pero cómo decirle que estaba totalmente cagado ante la idea de joderla con nuestro cachorro? No quiero que él termine odiándome por la herencia de nuestros genes. ¿Repudiaría la historia de nuestros ancestros?
Estaba comenzando a tener un jodido ataque de pánico en plena fiesta de la playa. Moví mi cabeza de un lado a otro tratando en vano de hacer desaparecer las estúpidas ideas que me estaban rondando por la mente. Mientras tanto, Bella se acercó a Embry y a mí con Tam en brazos.
-Lo has hecho estupendo, pequeña lobezna.-Le dije a Tammy mientras le daba un pequeño toque en su respingona naricita. La niña sonrió y estiró sus brazos hacia su padre. Este la tomó en brazos y se fue con Dakota.
-Tammy cada día está más grande.-Dijo Bella mientras alzaba sus brazos y enredaba sus dedos en mi cabello, como un acto reflejo envolví mis brazos en su cintura.- ¿Y has visto lo linda que está con ese pequeño vestido que tu madre le hizo?-Sus ojos brillaban con la más absoluta de las alegrías.
-La cachorra será toda una rompecorazones cuando sea mayor.- Sonreí ante la imagen que se formó en mi cabeza.- Ya me veo a Embry con el bate de béisbol en la puerta cuando algún chico se le acerque para pedirle permiso para salir en una cita con la pequeña Tammy.
-No seas malo, lobo.-Me regañó Isabella.- Ya quisiera yo verte a ti en su situación, ¿me vas a decir que no actuarías igual, o incluso peor de lo que hará Embry? Vamos Samuel, a nuestra hija no la dejarías ni salir de casa.-Bufó ante lo último que había dicho.
-¡Claro que no la dejaría! ¿Para qué? Nada de novios ni citas hasta que cumpliera los treinta, o incluso más.- Le dije frunciendo el ceño ante la absurda idea de mi hija teniendo novio. Ningún idiota le haría daño alguno, porque ni siquiera tendrían la oportunidad de acercarse tanto a ella.
-Eres incorregible. Mi lobezna tendrá novio cuando ella esté preparada, ¿o ya no recuerdas con cuantos años empecé a salir contigo?
-Eso fue distinto, tú eres mía, no tenías escapatoria.- Bajé un poco mi cabeza para poder deleitarme con el aroma de su cuello y le di un pequeño mordisco que la hizo dar un salto por la sorpresa.
-Compórtate, estamos en público.-Las mejillas de Bella se sonrojaron por mis actos.
-Están ocupados, no se darán cuenta de que nos hemos ido.-Mi voz ronca dejaba claro cuáles serían mis intenciones nada más que estuviéramos solos.
-Samuel…- Bella tragó audiblemente el nudo que se había formado en su garganta ante los nervios de estar conmigo a solas.-Tenemos que hablar de lo que ha pasado antes.
Mierda, sabía que Bella no lo dejaría pasar.
-No ha pasado nada, Bella.-Traté de esquivar su pregunta.
-Mentiroso, sabes que a mí no puedes mentirme. A cualquier otro si podrás pero yo te conozco muy bien; tanto a ti como a tu lobo.-Sabía que mi mujer no se daría por vencida.
-Está bien. Tú ganas. Pero no es momento de hablarlo aquí.-Bella frunció su ceño ante mis palabras. Y mi respuesta fue suspirar de fastidio.
-Sam, por favor… Todo ha surgido cuando me has visto jugando con Tammy.- Sus ojos fijos en mi rostro me miraban de manera especulativa, buscando cualquier tipo de reacción ante sus palabras.- ¿Es eso? ¿Tiene que ver con la pequeña cachorra?
Yo solo me mantuve en silencio, con la mandíbula apretada tratando de no decir nada. Me parecía humillante decirle a mi compañera que estaba cagado ante la idea de tener un cachorro y que no fuera capaz de estar a la altura de lo que se esperaba de mí. Mi compañera pareció percatarse de toda mi diatriba, pues su expresión de preocupación cambió a una de comprensión y dulzura.
-Lobo, eres un hombre maravilloso; serás un magnífico padre para nuestros hijos. No tienes que preocuparte por esas ideas que seguro te rondan por la cabeza. Los cuidarás y protegerás con tu vida, al igual que haces conmigo. Y ellos te querrán más que a nadie, porque eres su padre y nunca serás como Josh. Tú eres mucho mejor que él. Jamás dudes de eso.- Acarició mi mejilla con sus finos dedos.
-Bella…-Mi cabeza bajó un poco más para poder rozar sus labios en una leve caricia de mariposa. Ella era la única capaz de alejar la oscuridad de mi ser.
Ella nos acepta. Ella es nuestra. Ella es mía.
La posesividad que sentía normalmente por mi compañera solía tenerla bajo un estricto control pero en estos momentos las riendas se habían soltado y tanto mi lobo como yo sólo deseábamos tenerla únicamente para nosotros; auparla sobre mi hombro y salir corriendo hacia mi territorio para hacerle el amor en mi cama hasta que me pidiera que parara.
Obviamente, eso tendría que esperar a un poco; mi suegro estaba a menos de diez metros de distancia y aunque estuviera con su atención en Sue, de vez en cuando echaba un vistazo a su hija. Si consideraba a Charlie sobreprotector, no querría verme yo en su pellejo…
-Será mejor que vayamos con los demás…
-¿Por qué? Yo quiero estar contigo a solas… ¿Por qué mejor no nos vamos? Quiero tenerte solo para mí.-Bella acercó su boca a mi cuello dándole pequeños bocados intercalados con suaves lamidas se su lengua.
Mujer tentadora.
Gemí ante sus caricias y moví de manera inconsciente mis caderas hacia delante para poder rozar mi erección contra su abdomen. La respiración de mi mujer se entrecortó al notar cómo me tenía.
-Samuel…- Gimió bajito para que mis oídos fueran los únicos que la oyeran mientras acariciaba mi pecho.
-Bella, por dios… Tu padre me va a terminar ahogando en el mar como sigamos así.
-Por eso mismo deberíamos irnos.-Inmediatamente, se separó de mí y comenzó a correr, internándose en el bosque lo más rápido que pudo.
Estaba retando al lobo, estaba incitando al hombre…
Que comience la caza.
Rápidamente fui tras su estela para alcanzarla. Ella sabía perfectamente lo que significaba retar a un lobo, el efecto que tenía sobre el animal el preámbulo de la caza… Y lo reafirmó cuando a mis oídos llegó la risa traviesa de mi compañera. Bella se movía ágilmente a través de las ramas y las raíces de los árboles, dando distintos giros para que yo perdiera su rastro; pero ella estaba jugando con un alfa. Avanzábamos por el bosque con el sonido de la risa de mi mujer y algún que otro gruñido por mi parte para hacerla tomar otra dirección; así pude guiarla hasta mi territorio. Ella divisó nuestra casa y aumentó el ritmo pero la sorprendí saliendo de la nada a solo dos metros de distancia de que alcanzara la puerta de entrada. El rostro de Bella mostraba asombro en cuanto me vio, hecho que aproveché para tomarla de su fina cintura y meterla en casa.
-¡Sam! ¡Bájame!-Bella enredó sus brazos alrededor de mi cuello mientras yo entraba en casa y cerraba la puerta de una patada.
-No.- Le solté en un leve gruñido.- Tú te lo has buscando al provocarme.-Le dije entretanto la empujaba contra la puerta y tomaba su boca para poder calmar la sed que tenía por ella.
Sus manos bajaron hasta el filo de mi camiseta y la subió a la vez que me acariciaba con sus dedos para después quitármela cuando permití que rompiera el beso. Sin ninguna gana de que tuviera que volver a dejar de besar sus labios rojos quité en un segundo su camiseta, dejando al descubierto sus duros senos que llenaban perfectamente bien su sujetador azul, haciéndome la boca agua.
-Quiero morder...-Dije antes de volver a reclamar su boca.
El resto de la ropa desapareció en cuestión de minutos mientras nuestras bocas seguían devorándose y nuestras manos marcaban la piel del otro con caricias de deseo. Bella mordió mi labio inferior. El gruñido de respuesta emergió profundamente en mi pecho, la levanté y la apreté más fuerte contra la puerta. Mi mujer se agarró instintivamente a mis hombros, rodeándome al mismo tiempo las caderas con sus piernas.
En ese instante, nuestras miradas se cruzaron. Nuestros lobos se encontraron cara a cara, con los ojos de un puro dorado salvaje. Mi miembro chocó con el núcleo delicado e indefenso de mi compañera. Ella no se acobardó, mi Bella se meció en mi contra provocando que mi polla se humedeciera con sus fluidos y haciendo que ambos gimiéramos por las sensaciones.
En ningún momento nuestras miradas se separaron.
-Te quiero Samuel, nunca dudes de ello.- La mujer dijo las palabras con su loba presente en la superficie de cada una de ellas.- Y ellos también lo harán.
Un escalofrío nació en la parte baja de mi espalda y subió por mi columna haciéndome estremecer ante su declaración. Aun estando en el fuego de la pasión, Bella luchaba por mi espíritu sin importar que ella perdiera cualquier tipo de batalla. Su susurro afectuoso me descompuso, me destruyó y me hizo darme cuenta de lo que necesitaba en estos justos momentos. Temblando ante la visión de la su mirada clara, determinante y segura de sus palabras; alcé mi mano para realizar una caricia descendente desde su cuello pasando por sus pechos- en los que me recreé un poco más de tiempo-, su cintura y por fin llegar a su mojado centro. El paraíso. Mí paraíso.
Bella suspiró ante mis caricias, embebiéndome de él en un beso. Cuando la alcé un poco para dejarla caer sobre mi erección mientras la penetraba, ella no me rechazó; me tomó con un jadeo de bienvenida. Tomó mi rostro entre sus manos para darme un beso delicado, el cual era increíblemente femenino y lleno de amor. Tambaleándome ante la dulce y a la vez fiera actitud de mi mujer, dejé que ella tomara el control. Ella comenzó a mover sus caderas, oscilándolas circularmente, haciendo que mi control se fuera desquebrajando poco a poco; provocando que me rindiera a la grandeza de su amor. La besé como si pensara que no hubiera un mañana, como si pensara que al salir el sol yo me convertiría en polvo y en cierta manera así me sentía. Aterrado por ver que me encontraba al borde del precipicio del cual caería si alguna vez ella me abandonaba, si ella desaparecía.
Mis caderas comenzaron a moverse al compás de las suyas, iniciando el ritmo que los dos amábamos. Bella iba a mi encuentro con la misma pasión que le demostraba, haciéndome ver que nunca sería menos para ella, que jamás ella se quedaría detrás de mí… Ella iría a la par que yo en la vida. Apreté sus nalgas fuertemente con mis manos, provocando que la nueva estocada de mi polla fuera aún mucho más profunda que la anterior. Bella gimió y arañó mi espalda en respuesta. Y el calor pareció apoderarse de nosotros. La penetré más rápido y más fuerte, extendiendo mi posesión por cada terminación nerviosa que su cuerpo albergaba al mismo tiempo que mi boca la marcaba en el hueco de su cuello donde la mordí la primera vez que la reclamé.
-¡Samuel!-Bella gritó cuando su clímax la partió en dos, apretándome tanto que el placer también se apoderó por completo de mí, induciendo una oleada de calor infernal que me llevó a correrme sin ningún tipo de límite. Marcando su interior con mi esencia.
Mía.
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Más tarde, después de todo el placer, y sabiendo que mi compañera lucharía de nuevo contra mí si era necesario; admití tumbados en nuestra cama- estando yo sobre ella apoyado en mis codos- el terror que me acechaba.
-Ya no soy ese niño asustado que fui, no lo soy desde hace mucho tiempo.- Un nudo en mi garganta, las manos de mi Bella acariciándome mis brazos y mis hombros borrando todo el desconsuelo en silencio.- Pero… ¿Y si no puedo ser el padre que nuestros hijos necesitan? ¿Y si ellos odian el legado de nuestra sangre? ¿Y si ellos prefieren otra vida a la que le podamos dar?- Putos ataques de pánico.- Hay tantos "y si" Bella que no estoy seguro de cuál de ellos quiero que me des una contestación.- Aspiré fuertemente en un intento de hacer llegar a mis pulmones algo de aire, que parecía haberse esfumado completamente.- Sé que tú estás lista para dar el paso y yo quiero darlo también.- Clavé mis ojos en los suyos, dejándole ver el miedo de mi interior. El maldito nudo en mi garganta no me dejaba tragar.-Solo te ruego que no me dejes fallar. Soy tuyo para hacer conmigo lo que quieras Bella, y siempre será así. Nuestros cachorros y tú siempre seréis lo más importante para mí. No quiero fallaros.
Bella tenía los ojos llenos de lágrimas sin derramar, su amor se transmitía por el enlace de pareja y era algo abrumador. Alzó su cabeza hasta estar a escasos centímetros de la mía y depositó un suave beso en mis labios. Un beso redentor, un beso que borraba todo lo malo en mi cabeza y en mi alma. Un beso de esperanza.
-Eres el mejor compañero que nunca habría podido soñar Samuel. Tú eres para mí, tu lobo es para mí y todo lo que tengas en ti y lo que no tienes lo aceptaré y amaré.
-Te quiero Bella.
Y en la intimidad de nuestra habitación volví a perderme en su piel.
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Dos meses después
Bella POV
-Bella tu trabajo es excelente.- Me alabó mi jefe mientras le echaba un vistazo a los documentos que le acababa de entregar.- Gracias por venir tan rápidamente, sin avisarte con tiempo ni nada. Te habrá costado terminar tu trabajo antes del plazo que te dije. Lo siento por eso.
-No te preocupes por ello. Terminé con él hace dos días y esta mañana había venido a Seattle por unos cuantos recados. No ha sido ninguna molestia.- Le respondí mientras me levantaba de la silla de su oficina.
-Genial. Entonces ¿ya has recogido los nuevos proyectos para la próxima fecha de entrega?- Me preguntó alzándose al mismo tiempo que yo.
-Sí, Rick. Ya tengo todo listo. Nos vemos dentro de unas semanas.
-Hasta pronto Bella. Cuídate.
Salí de la oficina de mi jefe para tomar el ascensor hasta el garaje del altísimo edificio en el que se encontraba mi editorial. Aparcado en mi plaza correspondiente se encontraba la camioneta de Samuel. Después de tantos años y todavía seguíamos teniendo la misma discusión sobre mi vieja camioneta.
Lobo terco.
Al montarme en la camioneta solté un largo suspiro de cansancio. Estaba agotada de estar nerviosa. Mi visita a Seattle no era solo por trabajo, era para confirmar una sospecha que llevaba teniendo desde hacía bastante tiempo.
Estaba embarazada.
Iba a tener un bebé de Samuel. ¡Estoy tan feliz de saber que dentro de mí tengo a un cachorrito! Me rodeé el estómago con mis brazos, teniendo una tonta sonrisa en mi cara. Sabía que mi pequeño lobo o loba estaba creciendo cuando tuve la primera falta. Yo siempre he sido un reloj con el período, nunca se me retrasó y cuando hace un mes no la tuve comencé a sospechar. No quise hacerme ilusiones y mucho menos hacérselas a Samuel. Él se extrañó cuando notó que no tuve la menstruación pero yo le quité importancia, sin embargo, en este mes ya no podía hacer como si nada. Mi loba lo supo desde siempre; a la espera silenciosa para poder saltar de alegría y compartir su felicidad conmigo.
¡Un cachorro! ¡Un cachorro! ¡Vamos a tener un lobezno o una pequeña cachorrita!
Sí, un pequeño lobezno.
Estaba tan nerviosa por decírselo a Samuel. Él sabía que me ocurría algo, que andaba ansiosa por alguna cosa ya que el enlace de pareja me mantenía unida a él en cuerpo y alma sin ser capaz de que Sam ignore como me siento a cada instante. Es tan frustrante a veces… Sobre todo cuando quieres mantener algo en secreto.
No se lo digas aún. No le digas en cuanto llegues a casa.
¿Cómo no iba a decírselo? Soy horrible mintiendo y Samuel me conoce mejor que nadie en el mundo. Además, el lobo de Sam puede darse cuenta de ello. Seguro que se dará cuenta.
Yo lo puedo ocultar. Su lobo no tiene porqué saberlo tampoco. Quiero que sea especial para él. Se lo merece.
Sí, Samuel se merecía eso y más. Mi compañero se pondría nervioso nada más conocer la noticia y su humor cambiaría radicalmente. Era un hombre dominante y muy sobreprotector con respecto a mí, y no dudaba ni un segundo en que esa faceta suya se triplicaría en cuanto supiese de mi estado.
También por eso, espera a decírselo.
La loba es demasiado libre e independiente y cualquier idea que limitara sus actividades nos ponía irritable. No me veo capaz de esperar el momento adecuado para decírselo, seguro que se dará cuenta. ¿Y si busco algún detalle que le dé quizás una pista? Sí, definitivamente haría eso.
Algo menos nerviosa y con la clara intención de esperarme un corto período de tiempo para decírselo a Samuel, arranqué el coche y me dirigí hacia casa. El trayecto fue un poco más largo de lo que normalmente me tomaba de tiempo, no quería pisar el acelerador a toda prisa; había una personita completamente a mi cargo que dependía de mí de ahora en adelante. Antes de salir de Seattle, me había parado en una tienda especializada en el pequeño regalo que tenía en mente para Sam. Estoy segura de que le gustará.
Aparqué la camioneta al lado de nuestra casa y a mis oídos llegó el ruido de la madera siendo talada por un hacha. Seguramente Sam se encontraba detrás de la casa cortando leña; hace bastante tiempo atrás me di cuenta de que era una especie de ritual para relajarse. Algo lo tenía frustrado e impaciente, y me temía que el origen de ello fuese yo. Algo apenada por esto, entré en mi hogar cargando el maletín con los nuevos manuscritos en los que debía trabajar y con una bolsa de papel azul. Dejé el maletín en el suelo de la entrada y seguí adelante hasta el salón para dejar la pequeña bolsa sobre la mesita de café, justo en frente del sofá. Haría un cambio de planes y se lo contaría ahora mismo, no quiero verlo de esa manera; solo conseguiría que tuviéramos leña para dos inviernos completos.
¿Qué haces? ¡No lo dejes ahí! ¡Él lo verá!
Ese es el punto.
¡Pero íbamos a esperar a decírselo! ¡Esconde eso!
No. Él tiene que saberlo ya, está de mal humor y frustrado por culpa nuestra. No pienso dejar que se siga torturando, ¿o acaso no sientes como está por el enlace de pareja?
Está bien. Tú ganas.
Bien. Mucho mejor. Con la clara determinación de ir en busca de mi compañero, seguí hacia la parte trasera y salir al porque donde se encontraba colgado el banco de madera tipo columpio que Sam construyó para mí hace seis años atrás… Mi lobo estaba sin camiseta, llevando unos vaqueros desgastados y cortados a la altura de las rodillas; su morena piel estaba bañada en sudor y sus músculos se apretaban y relajaban cada vez que alzaba el hacha. Mi Sam era un hombre demasiado atractivo para su seguridad, ¿a qué chica no se le haría la boca agua teniendo delante a semejante espécimen? Tendría que ser de piedra para no sentir absolutamente nada.
Es mío.
Sí, era nuestro. Y de nadie más. Pude admirar la vista durante un par de minutos antes de que Samuel se percatara de mi presencia. Nada más fijar sus ojos en mí paró de cortar y se alzó en toda su altura. Sus ojos negros me evaluaban y analizaban mi cuerpo desde la cabeza a los pies y volvían a hacer el recorrido inverso. Cuando su mirada se detuvo en mi rostro pude apreciar que en estos momentos se encontraba hambriento.
Y no de comida exactamente.
-Hola lobo.
-Hola.-Su saludo ronco denotaba que estaba atento a cualquier cambio en mí, a la espera de una simple señal para tomar todo el control de la situación.
-¿Por qué no entras y te tomas una cerveza mientras descansas?-Sonreí cuando sus ojos se estrecharon en sospecha de que algo estaba tramando. Lobo inteligente.
Su única respuesta fue asentir con la cabeza y comenzar a caminar hacia mí, yo me giré y entré al interior de la casa sabiendo que él me seguiría sin rechistar. La paciencia de Samuel estaba a falta de una mísera gota de agua más para que el vaso rebosara, por lo que llevaría a cabo cualquier sugerencia que le hiciera para poder estar más cerca de su objetivo.
-Siéntate en el sofá. Voy a la cocina para traer tu cerveza.-Le dije al mismo tiempo que giraba mi cabeza en su dirección para darle una sonrisa alentadora.
-¿Tú no beberás cerveza conmigo?- Su voz impaciente marcaba por un gruñido bajo.
-No, mejor tomaré agua. Vamos lobito, siéntate. En seguida vuelvo.-Salí pitando del salón mientras oía como Samuel se desplomaba en sofá y nuestro enlace estaba lleno de sospecha y desconocimiento.
Rápidamente tomé una botella de agua y una cerveza para mi chico. Volví al salón para encontrarme a Sam con la bolsa de papel en su mano mientras que con la otra sacaba el pequeño peluche de lobo de tela. Yo me quedé quieta en el quicio de la puerta, esperando a ver su reacción, temerosa de que no reaccionara bien y se aterrase por lo que estaba a punto de decirle. Él miró fijamente al peluche y luego dirigió su mirada hacia mí.
-¿Bella?-Aclaró su garganta con el ceño fruncido y soltó la bolsa azul en la mesa de café de nuevo.
Avancé hasta el sofá de piel y solté las bebidas en la mesita. No dije absolutamente nada. Lo miré expectante, actuando paciente para darle tiempo a procesar todo. Samuel únicamente me miraba en silencio, como analizando mi cara en busca de quién sabe qué.
Los segundos parecieron convertirse en minutos- los más largos de mi vida- y finalmente Samuel tuvo una respuesta. Las aletas de su nariz se dilataron mientras inhalaba para captar mi esencia y cuando sus ojos se volvieron el dorado del lobo supe que había captado el ligero aroma de nuestro pequeño o pequeña. Alargó el brazo para acortar la breve distancia que nos separaba y posó su mano sobre mi abdomen. El calor de ésta traspasó mi ropa y provocó que un escalofrío se extendiera por todo mi cuerpo. Soltó el muñeco de peluche sobre su fuerte muslo y agarró mi nuca con dicha mano. Avanzó hacia delante al mismo tiempo que me empujaba hacia él; nuestros labios se encontraron a medio camino fusionándose.
Samuel me besó como si mañana fuera a terminarse el mundo, sus labios eran dulces pero exigentes al mismo tiempo; su lengua rozaba la mía con clara posesión y su gran mano masajeaba mi nuca haciéndome gemir. Antes de que pudiera poner mis manos sobre él, interrumpió el beso y apoyó su frente sobre la mía mientras seguía acariciando mi estómago.
-Un cachorro…-Su voz estaba totalmente cargada de emoción, su lobo emergía con un ronco susurro.-Un cachorro tuyo y mío…
Entrelacé mi mano con la suya en mi barriga y acariciaba su mejilla ligeramente con la otra. Su piel estaba áspera por la incipiente barba y mis dedos picaban de gusto ante la sensación.
-Te quiero Samuel.
Y mis labios volvieron a buscar los suyos. Porque a veces las palabras sobran, a veces no son necesarias.
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Cinco meses después
Sam POV
Aún no me creía que mi mujer estuviera embarazada de mi hijo. Y el lobo tampoco. Era imposible que pudiéramos sentir tanta alegría. Todos en la manada estaban muy contentos por la noticia, el padre de Bella incluso se emocionó cuando fuimos a contarle que sería abuelo dentro de siete meses. Mi suegro trató de hacerse el duro pero sus ojillos brillantes y la típica excusa de que se le había metido algo en los ojos nos hicieron saber a Bella y a mí, que Charlie adoraría y malcriaría a su nieto como nadie más.
En cuanto a mi madre… Se volvió loca. Cuando mi chica y yo le dijimos la noticia comenzó a chillar de la emoción y nos dijo que iba a empezar a hacerle la ropita al bebé. Que su nieto no podría vestir cualquier cosa. Emma creo que sería peor incluso que mi suegro.
Pero sin lugar a dudas, el que estaba más allá de la completa dicha celestial era yo… Su padre. Saber que mi mujer llevaba a mi hijo… Joder, era la cosa más jodidamente excitante y emocionante que pudiera haber. Desde que Bella me hizo conocedor de su secreto –todavía no le perdonaba que me lo hubiera ocultado por dos meses, ni a ella ni a su loba – Me había vuelto un maldito sobreprotector. Trataba de pasar el mayor tiempo posible con ella, evitando que hiciera cualquier cosa físicamente ardua. Los viajes que tuviera que hacer a Seattle los hacía conmigo al volante, por nada del mundo dejaría que mi mujer condujera de nuevo embarazada y sola, si llegará a pasarle algo… Mierda no, nada de ponerse en lo peor y que un jodido ataque de pánico me dominase.
Estaba apoyado en el quicio de la puerta viendo a mi mujer tumbada en el sofá mientras leía un libro acariciándose inconscientemente su enorme abdomen abultado. Mi hijo iba a ser un lobezno considerable, según Bella: sería igual de grande y fuerte que su papá. Avancé hacia el sofá para sentarme en el borde y contemplar la hermosa vista que era mi compañera. Ella nada más notarme a su costado dejó el libro a un lado y me sonrió con ternura. Bella me comprendía y entendía mi obsesión por controlar que todo estuviera perfecto para ella y el bebé; nunca me reprochó nada ni me echó en cara que me volviera un maldito troglodita. Mi mujer era demasiado buena… Aunque hay que destacar que cuando sus hormonas la dominaban por completo me tiró una zapatilla al pecho porque no la dejé que fuera sola a ducharse. ¿Qué? Cúlpenme si quieren de ser un acaparador pero por nada del mundo iba a dejar de perderme la hermosa visión de su cuerpo desnudo cargando a mi hijo en su interior.
Acaricié su abdomen con admiración a la espera de que mi hijo hiciera acto de presencia. Mi pequeño pateador no se hizo esperar. Dio un suave golpe con su puño provocando que sonriera ante el acto y miré a Bella embelesado.
-Este pequeño va a ser todo un alborotador.-Dijo con amor en sus palabras.
-Por supuesto que sí. Se parecerá en eso a su madre.
-Que yo sepa, de los dos soy la más tranquila. Así que será cien por cien como tú. Como su papá.-Acarició mi mejilla dulcemente.
-¿Tranquila? ¿Te recuerdo como te pusiste la otra noche porque no había helado de chocolate en el congelador? Si a eso le llamas tú ser tranquila, por mis venas en vez de sangre circula Valium.-Dije riéndome de su cara enojada.
-Eso fue un hecho puntual. Y fue tu culpa por no haber comprado más helado cuando se terminó.- Habló con suficiencia entre tanto me dedicaba una sonrisa traviesa. Oh no…- Y hablando de helado… Creo que a nuestro pequeño pateador le apetece un poco. Así guapo papá, tráenos la tarrina de chocolate con trocitos de chocolate y sirope de chocolate.
Sus ojos brillantes, su sonrisa alegre y sus caricias provocadoras hicieron que no pudiera resistirme a que la besara. Joder, amaba a Bella y me hacia el hombre más feliz.
- Todo lo que mi compañera desee.
-¿Todo?- Susurró contra mis labios que apenas se habían separado unos milímetros de los suyos.
-Todo.- Mis ojos clavados en los suyos para que no viera ningún reflejo de duda ante mi afirmación.
-Bésame otra vez Sam.
Cumplí su deseo, gustoso. Sus labios siempre serían mi perdición. Nos besamos sin prisas, sin la necesidad de exigir nada del otro porque ambos sabíamos que estábamos marcados el uno del otro para todo lo que restaba de existencia.
Mi Bella. Mi mujer, mi compañera… Mi loba para mí. La felicidad que nunca supe que necesitaba hasta que la encontré a ella.
Sinceramente no sé qué decir... Esta fue mi primera historia aquí en fanfiction y ha sido un largo camino por recorrer. He adorado cada momento que pasé con ella y he disfrutado como nunca cada vez que me llegaba el aviso de algún comentario. Os agradezco a todas el apoyo que me habéis ofrecido y el entusiasmo que habéis mostrado con nuestro lobo.
Miles de gracias a: marieisahale, ElaSalvatoreCMG, miraura21, helenagonzalez26-athos, Cullen-21-gladys, carlabordon90, Shamy, oliveronica cullen massen, Coni, Juulii, elizita. Muchas gracias por vuestros comentarios fueron maravillosos y os lo agradezco un montón. Espero que este os guste también, ya me diréis ^^. De verdad gracias por comentar, es todo un detalle y me alegra que lo hagáis.
marieisahale: gracias! me alegra que te gustara ;). ElaSalvatoreCMG: creo que tu duda se solventó :) espero que te gustase y me alegra haberte encontrado en facebook. miraura21: gracias por comentar y me encanta ver que releiste la historia, eso me alegra mucho^^ helenagonzalez26-athos: que te digo a ti que ya no sepas cariño? Gracias por estar ahí siempre. Cullen-21-gladys: en mis proyectos están Emmett, Paul... Espero poder leer tus opiniones en mis otras historias; me encantaria que me aconpañaras. carlabordon90: gracias a ti por esperar y estar atenta a cada paso que daba ^^. Shamy: sabes que me tienes para lo que necesites, y aunque haya días nublados siempre saldrá el sol. Y tú eres un cielo de persona. oliveronica cullen massen: me alegra que te gustara! Espero que el epílogo también. Coni: me encantan tus comentarios, eres muy linda y te agradezco muchisimo que me apoyes en mis historias, espero que podamos hablar algún día. Juulii: no estés triste, porque yo ya estoy con la vela caída por pensar que esto se acaba... Aunque no sé yo... Ups, dije de más. Gracias por apoyarme en todo lo que ha durado. ¡te quiero ver en las otras! si quieres claro :P elizita: miles de gracias por el comentario. me alegra mucho saber que te atrapó lo que escribí.
A todas quiero darles las gracias, las lectoras fantasmas, a aquellas que le dan a favorito y a seguir a la historia, a aquellas que me mandan privados para preguntarme como estoy y que tal va la historia, aquellas que hablan a menudo conmigo y en general a todas las que me apoyasteis con este proyecto. Sois estupendas.
Me gustaría invitaros a leer mi historia de Jasper y Bella, podéis echarle un vistazo a ver que os parece. Es algo diferente.
Gracias y espero que les haya gustado, ya me dirán.
Un beso.
