Lejos de casa
-Me pregunto si podrás esperar-
-Esperaré hasta el final-
La calidez de una mano humana, el reflejo de unos ojos enamorados
Ojos que ya no ves, Caballero Gris?-dijo Lucemon mirando a T.K que yacía inmóvil en el piso.
Desde su llegada al Palacio de Hielo, se había decidido que entrenarían para poder vencer al Enemigo, pero algo nuevo para T.K era que este entrenamiento era sin Patamon.
Aunque al principio se resistía, finalmente los ruegos de su pequeño amigo lo convencieron de tomar ese entrenamiento de años separados.
10 años?, estás loco, jamás llegaré a tiempo.-reclamó el joven a Lucemon cuando este le anuncio la decisión de la Señora.
Lucemon río al ver la cara de genuina preocupación de T.K
-Aquí el tiempo es bastante rápido, es por eso que ustedes en el digimundo no notan más que murmullos.-explicó
-Quieres decir que este no es el Digimundo?.-
-Pues sí y no, es uno de tantos lugares adimensionales del digimundo-
T.K lo miraba como si no entendiese nada, y hasta ahora no había entendido nada. Cuando le preguntó a Lucemon quien era la Señora recibió una risa fría como respuesta, cuando quiso saber donde estaba Patamon Lucemon desapareció.
Después de varios días por fin apareció Lucemon, diciendo que por fin había recibido ordenes de su entrenamiento y lo llevó a …..Una biblioteca?
T.K empezaba a preguntarse si su destino estaba unido al de los libros cuando notó que era una biblioteca un poco diferente.
Todo en impecable orden, los estantes llegaban al techo, repletos de libros en todos los idiomas imaginables.
Y en el centro había un digimon ángel con armadura pesada, movía cada uno de los libros. Sacaba uno y lo llevaba al otro lado, tomaba otro y cambiaba su lugar, así hasta que sonaba una campanilla y se quedaba inmóvil.
El joven se quedó intrigado del por que de la acción, pero su acompañante no estaba dispuesto a explicarle.
-En todo este mecanismo hay algo-fue lo único que dijo y desapareció
-Ah y parece que le tienes mucha afición a esta tira de tela vieja-apareció de nuevo y le lanzó a la cara el viejo trozo gris que antes usaba como capa.
Sin saber por que, T.K se lo colocó y se dispuso a observar al digimon, pasaron varias horas y el digimon hacía lo mismo sin detenerse hasta el sonido de la campanilla.
Finalmente haciendo un esfuerzo T.K descubrió un viejo reloj de oro, y en su centro algo muy familiar..Extrañamente familiar..
Era un pequeño objeto plateado colgando de un hilo, sin embargo lo que fuera, el recuerdo que le traía le hacía querer poseerlo.
Entonces intentó hablarle al digimon, pero este lo ignoró.
-No existo-se dijo el muchacho, moviendo una mano frente al digimon.
Subió por los estantes hasta llegar al reloj, al parecer lo que hacía el sonido era el golpear de un engrane contra el pequeño objeto metálico.
-Me pregunto que sucederá si lo saco- T.K metió la mano al mecanismo y rápidamente retiró el objeto.
De pronto se oyó un chasquido , todo quedó en silencio y obscuridad, ni siquiera era posible ver su propia nariz.
Comenzó a bajar lentamente los estantes, con el temor de caer , cuando un sonido lejano lo detuvo.
Era un extraño sonido de metales que se acercaban cada vez más, T.K se apresuró a bajar sintiendo una especie de pánico que lo envolvía al acercarse el sonido metálico.
La luz volvió, en medio de la habitación seguía el digimon, no se movía, seguramente la causa era el "robo" del objeto, pero tenía un extraño aire de conciencia.
Sin poder aguantar más el joven se acercó al digimon y le preguntó por qué estaba ahí.
No hubo respuesta.
T.K volvió a repetir la pregunta y al no obtener nada decidió buscar una salida. Un leve crujido le hizo voltear a simple vista no parecía nada, pero T.K estaba seguro de que algo había pasado.
Siguió caminando, una leve brisa y su instinto le llevó a desconfiar y se movió hacia la derecha.
En el lugar donde había estado estaba una enorme espada blanca y a su lado estaba el digimon.
Sus ojos azules temblaban al ver que el digimon levantaba nuevamente la espada y rodó por el suelo, si no hubiese hecho eso ahora estaría hecho polvo.
Rápidamente se puso de pie y sin voltear atrás corrió, el digimon parecía moverse más aprisa moviendo la espada intentando darle a T.K
Aprovechando los libreros, derribó uno que aplastó al digimon y sólo entonces T.K se dio cuenta que era una armadura vacía, y que eso significaba..
Las piezas se juntaron y la armadura avanzó hacia el digielegido, quien se ocultó tras un librero.
Un leve corriente le indicó cuando la espada cortó el librero y quedó desprotegido.
-Que sucede?-dijo una voz familiar mientras él corría.
-Detenlo!-gritó T.K asustado al ver que por más que corriera la armadura se acercaba más.
-No eres mi amo-contestó lucemon cruzando los brazos y esquivando un nuevo golpe de la armadura.
Parecía que la biblioteca no tenía fin, sus piernas comenzaban a fallarle y Lucemon sólo volaba cerca esquivando los mandobles de la espada.
-No te dije que tuvieras cuidado con tu curiosidad?-le dijo de pronto mirándolo como quien mira una escena extremadamente cómica.
Curiosidad?
-No te gustaría ver que hay ahí?-dijo una chica sonriendo alegremente ante la vista del lago.
-Se ve como un buen lugar por qué no vamos?.-
-Todo es lindo por aquí , como lo descubriste?-preguntó la chica acercándose más a él.
-Fue todo por curiosidad..-
El rumor de la espada se hizo lejano y T.K abrió los ojos, estaba en el suelo, su mente seguía danzando en recuerdos.
Ojos que ya no ves, Caballero Gris?-dijo Lucemon mirando a T.K que yacía inmóvil en el piso.
Poco a poco se incorporó y descubrió que estaba en el Palacio de hielo, en su mano tenía un pequeño objeto plateado.
-Es un silbato?-Lucemon se encogió de hombros mientras miraba el objeto con desprecio.
-Quien diría que era un objeto así el que hacía el sonido-
Nada de lo que decía parecía llegar a T.K quien contemplaba el silbato como si nunca hubiese visto uno en vida.
-Vamos deja eso!-Lucemon dio un manotazo a la mano de T.K y el silbato cayó haciéndose pedazos.
El joven regresó a la realidad, una realidad que aunque por momentos mejor que sus recuerdos, le costaba trabajo entender.
-No te aflijas, esto es sólo el comienzo te prometo, que veremos algo muy divertido-dijo Lucemon sonriendo con picardía y volando hacia una ventana abierta.
Algo divertido
La puerta azul, aunque común e insignificante representaba algo aterrador.
De madera y azul , con un enorme número que decía 32-A, parecía traer lo más horrible de su vida en un momento.
Había rogado prácticamente a Lucemon para omitir esa fase de su entrenamiento, pero él se había negado.
-Absolutamente necesario.-había dicho el digimon mientras T.K abría la puerta al Mundo Real.
-Ya son tres años- dijo cuando puso un pie en el vacío caber café donde aparecieron, el joven había sido muy cuidadoso al elegir el lugar.
Desde su desaparición, se vigilaban las entradas y esta no era la excepción.
-Kyoto? Eso está a horas de camino, no pudiste ser más sensible?-dijo Lucemon malhumorado viendo como el semblante del joven permanecía en ese eterno estado de shock.
Era tanta su palidez y extraño su aspecto con esa tela bajo el brazo, que al pasar por una calle concurrida, un niño le dio una moneda.
Humillante..Pero eso no era nada , comparado con lo que estaba por suceder en aquella puerta 32-A.
Ahora estaba ahí frente a frente con su inexorable destino, unos milímetros separaban su dedo del timbre de entrada y lo tocó; una voz masculina contestó desde dentro y la puerta se abrió. Un par de ojos azules, contemplando a otros ojos azules y T.K reunió el valor para decir esas cuatro letras que hacían su nombre.
-Matt-
Fue todo muy rápido, un puño salió de la nada golpeando el rostro de T.K, una ,mano que jamás lo había golpeado, que anteriormente lo llevaba al jardín o lo ayudaba a cruzar la calle.
-Entiendo que estés furioso, he venido a…-un portazo dejo al joven en silencio, que contemplaba tristemente la puerta mientras su rostro se inflamaba.
-Entra ya!-Matt abrió la puerta justo antes de que T.K se fuera y este penetró en la residencia.
Extrañamente organizada y con un toque varonil, T.K esperó en una silla mientras Matt, conseguía unos hielos para su rostro.
-Son años, y ni una llamada! Te dimos por muerto! No sabes como ha sufrido mamá-dijo Matt pasándole la bolsa con hielos.
-¿Cómo está mamá?-dijo sencillamente T.K aparentando calma.
-Casada, se deprimió mucho después de tu huida-continuó Matt tomando asiento junto a su alto hermano menor quien no salía de su sorpresa.
-Has crecido-dijo Matt mirando bien a quien alguna vez fue un niño llorón- también te has endurecido, nadie te dijo que te fueras, todos lo entendimos.
-Ustedes nunca entendieron nada-murmuró T.K sin ver a su hermano a la cara.
-Estuvimos preocupados, tú sabes que no fue tu culpa, no tenías por que huir.-dijo Matt apenado por el cambio de actitud.
-Yo no…-T.K no pudo terminar la frase, sentía como si algo le apresara la garganta, gruesas lágrimas rodaron por su rostro sin que el se percatara de ello.
-Pero ahora estás aquí y eso es lo único que importa-dijo Matt ignorando las lágrimas por respeto a su hermano menor, y se dirigió al teléfono con intensiones de llamar a los demás en casa de los…
-No les llames, nadie debe saber que estoy aquí, sólo vine aquí a disculparme y ya me voy.-dijo T.K deteniendo a Matt.
No estaba en sus planes que todos se enteraran de su visita.
-Él no está molesto contigo-dijo Matt intentando retener a su hermano que se acercaba a la puerta.
-No, pero yo sí, y no puedo regresar hasta que todo esté en paz- T.K cerró la puerta.
-No tienes que luchar solo!-gritó Matt mientras su hermano bajaba las escaleras.
-Lo sé, pero no estoy solo-contestó y luego dijo para sí...: Nunca más.
Gracias a la gente que me lee, por su apoyo y espero que sigan leyendo mi Fic, ojalá les agrade..
