Flores y Miel.
Diez años habían pasado en el extraño mundo de Lucemon, el joven y su compañero digimon estaban por encontrarse de nuevo, pero Lucemon no cedía.
-No sé si estos diez años te han servido en verdad para aprender.-le dijo un día a T.K
-Diez años, no son suficientes para cambiar a una persona.-dijo sonriendo con malicia, sabía que el joven estaba más que harto de su compañía.
-¿Cambiar? ¿Cómo se supone que aprenda de ti cuando eres tú el Digimon que quiso destruir el mundo?-dijo T.K con gravedad, todas y cada una de las enseñanzas de Lucemon le habían servido pero igual le había costado.
-Es relativo, el equilibrio del mundo no existiría sin mí-dijo Lucemon muy complacido
-Eres el digimon odiado entre los divinos-murmuró T.K con desprecio y burla.
Lucemon guardó silencio por un momento recargado en una gruesa pared de hielo, sus alas se extendían por todo el muro como una extraña, pero apropiada decoración.
-Y tú el más odiado de los Elegidos-dijo finalmente casi en un susurro.
Una campana anunció que había pasado el mediodía y fueron conducidos a otro salón, T.K esperaba con ansias el momento.
Este era el momento en que volvería a reunirse con Patamon, pero como 5 años atrás habían dicho lo mismo y no había pasado, no tenía mucha fe en ello.
Incluso había intentado encontrarse con Patamon él mismo, pero fue detenido brutalmente por Lucemon.
-Ahora estás solo, no busques más recipientes para tu miseria!-le había dicho mientras lo apaleaba con su impresionante poder.
La sala estaba iluminada, como la vez en que entraron por primera vez, y ahí en el frente estaba un digimon. Era pequeño y afelpado, con enormes orejas como alas y grandes y amigables ojos azules.
-Patamon!-T.K hubiese corrido a abrazarle, pero temía un poco al puño de Lucemon.
-T.K…..-Patamon sonrió con tristeza y T.K sintió algo helado en la nuca, luego no vio nada.
-Por fin despiertas, hoy el día en que aprendes las verdades y se te ocurre actuar así-dijo la irritante y familiar voz de cierto digimon.
-Patamon..?-
-Patamon está esperándote en la sala, pensábamos que no se te iba a cerrar la herida nunca-dijo Lucemon retorciendo un par de rizos de su rubia melena.
Sin perder ni un segundo T.K se levantó, y verificando que tenía todas sus pertenencias se dirigió a la sala.
Al llegar se encontró con siete ángeles digimon , sentados en tronos dorados y plateados, en el centro estaba Patamon.
-Te esperábamos-dijo un ángel señalando uno de los asientos libres junto a Patamon.
El joven avanzó con paso decidido a su puesto esperando oír alguna burla de Lucemon pero no escuchó nada.
Sin poder evitarlo volteó atrás y se encontró al digimon mirando desde el marco de la puerta.
-No piensas pasar?-le dijo en su habitual tono.
-Entrar a donde no fui llamado?-dijo Lucemon fallando en su sonrisa.
-Como puedes siquiera pensar en dejar pasar a ese digimon?-dijo uno de los ángeles del centro.
-Destructor, vino al mundo tan solo a destruir.-murmuró otro con molestia.
-Es el caos, como permitir a ese demonio entrar aquí?-dijo una digimon de cabello plateado.
Lucemon sólo escuchaba, apoyado en la columna de la entrada, sonriendo de una forma extraña, como si le doliera pero intentara disimular.
-Aprende Elegido, no puedes dejar entrar a tu enemigo-le dijo Lucemon con un dejo de amargura , mirando fríamente a T.K que no dejaba de observar al digimon.
Los digimon llamaron a silencio y todos se quedaron callados, el juicio iba a comenzar, pero T.K no podía dejar de pensar en Lucemon.
Diez años juntos, diez años duros de golpes y risas, de extraña compañía. ¿Qué había de malo que aquel, quien fuera el más vil digimon, escuchara? Si él era el más odiado de los elegidos y había de su dura mano aprendido más de una lección.
T.K se puso de pie y se acercó a Lucemon, quien se mostraba muy sorprendido.
-Que haces?, dejarás ahí a Patamon?-le dijo Lucemon abriendo los ojos descomunalmente.
-Diez años en tu compañía y no te hacen digno de entrar a la misma sala que yo? No merezco ayuda.- le dijo el joven mirando a su terrible maestro con una luz nueva.
Por unos segundos brilló la sala y cuando dejó de brillar el salón estaba vacío, en el centro estaba Patamon sonriente junto con Lucemon y frente a ellos la estatua de una digimon.
-Digno en todos los sentidos de llevar ese anillo- dijo una voz femenina
T.K observó como el anillo brillaba alegremente en su mano.
-Te hemos observado, queríamos saber si eras la persona de quien hablaba nuestra hermana.- continuó la voz con entusiasmo, inundando a los presentes con un sentimiento de absoluto bienestar.
-Tú que representas la esperanza estabas muriendo, y contigo la única salvación de la dama.-dijo Lucemon sonriendo con ternura a T.K
-Mandé a Lucemon para buscarte y cuando te encontró te separó de Leomon, esperando encontrar una respuesta y nos sorprendiste. Después de todo la esperanza aún brillaba en tu corazón y te hicimos entrar a este recinto.-dijo la voz, aclarando sus movimientos.
-Pero Leomon, valió la pena el sacrificio?-preguntó Patamon preocupado por su amigo.
Una nube pálida mostró a Leomon caminando por entre las praderas.
-No teman, hemos comprobado que ustedes son auténticos y se les ha permitido el uso de este anillo.-dijo Lucemon riendo al ver la cara de los compañeros que miraban atónitos la escena.
-Este anillo, es un anillo mágico unido en parte a su legítimo dueño y en parte a otra persona. El anillo que sostienes en tu mano no es el verdadero anillo de Gatomon.-dijo la voz y T.K sintió un vacío.
-El anillo que ves, en efecto es el anillo de Gatomon, pero ha cambiado de propósito siendo este el anillo de otro-continuó la voz explicando la procedencia del anillo, pero dejando a la pareja sumida en sus pensamientos.
Bandido!
Hacía varios años T.K había sostenido el anillo en sus dedos con la intención de ponerlo en otra mano. Había sostenido esa pequeña mano y había reído.
Hasta que la vida dio un giro brusco y lo dejó en ese momento del tiempo suspendido, el anillo seguía en su mano, extrañando la pequeña mano.
Vagando como alma en pena, perdiéndose cada vez más, olvidando que su emblema era la Esperanza, dejando enterrados sus sentimientos, en su cuello el anillo.
Luchando en esa capa gris que proyectaba su agitado interior buscando esa luz perdida, y el anillo giraba en su mano, enviando débiles destellos dorados.
Ahora parecía que era el momento de regresar, de abandonar ese triste antro y seguir en el tiempo. Unos pasos y los compañeros estaban en el Digimundo, el eco de la voz y la figura de Lucemon se desvanecían como un tierno sueño.
-Vamos Patamon-dijo T.K envolviendo a Patamon con una cálida mirada, un azul que no helaba sino que mostraba una llama azul.
Volaron Pegasusmon y T.K como no lo habían hecho en años, cruzando el cielo estrellado, acercándose cada vez más al norte donde estaba su destino.
Uno con el viento se volvieron y siguieron acercándose con el corazón en la mano, el frío los golpeaba, pero no apagaba sus emociones.
Por fin luego de varias horas llegaron a tierra, y como era habitual reunieron leña para la fogata. A penas era mediodía pero ya Pegasusmon estaba cansado y T.K prefería descansar, el viaje era largo y tortuoso.
Mientras Patamon descansaba acostado en el césped, T.K decidió buscar algo de alimento y se internó en la espesa jungla.
Alguien seguía sus pasos de cerca; T.K giró a la derecha consiente de que era observado y esperó.
Un joven de cabellos revueltos se le lanzó, T.K forcejeó con el atacante en el suelo, el atacante quiso golpearlo pero los años de entrenamiento habían hecho a T.K más fuerte y con gran facilidad lo descontó.
Se levantó y miró atentamente al muchacho, él lo conocía, conocía muy bien ese cabello parado y esos ojos.
El muchacho se puso de pie y se abalanzó a T.K que ya lo esperaba, hacia años ese mismo joven había intentado golpear a T.K mientras iba a casa de otro digielegido.
-Asesino!, tú la mataste, me la quitaste y luego la mataste!-dijo abriendo un poco las heridas de T.K
-Yo no la maté-contestó T.K muy seguro de sí mismo mientras derribaba nuevamente al joven de un puñetazo.
-La pagarás!- el joven se levantó con sangre en las comisuras de los labios, y aprovechando un descuido de T.K que lo miraba con pena, lo tiró de una patada.
Viendo que T.K aún no se levantaba lo golpeó en la espalda con saña.
T.K giró y le dio una patada en el abdomen, el muchacho se retiró y T.K pudo pararse dispuesto a seguir el combate.
-Esto no se acaba aquí-el muchacho dio un silbido y Flamedramon se acercó-acaba con él!-ordeno Davies
Flamedramon miró un instante a T.K como pidiendo disculpas y ejecutó uno de sus famosos ataques.
T.K sintió como la piel ardía, pero era imposible defenderse, Patamon estaba muy lejos.
Nuevamente atacó hasta que T.K cayó al suelo, de nada servían razones, el joven era muy testarudo.
Flamedramon se preparó para el ataque final, que T.K pensó recibir de pie, Lucemon había hecho de él, un joven duro, que de alguna forma recordaba al amable y orgulloso T.K de antes.
Flamedramon se acercaba a gran velocidad y el ataque fue interrumpido.
Frente a T.K estaba D'Arcmon con la espada levantada, en el suelo yacía veemon
-Basta ya.-ordenó T.K a Davies, que intentaba evolucionar al exhausto Veemon.
Sorprendentemente este se incorporó y evolucionó a X-veemon.
-Mucha es su determinación.-le dijo T.K a D'Arcmon, quien asintió y nuevamente desvió los ataques de su antiguo amigo.
Los rayos casi rozaban a la digimon, pero esta se movía con gracia suficiente como para esquivarlos, los digielegidos gritaban desesperados en tierra.
De pronto para pesar de Davies , D'Arcmon se acercó , y de un tajo terminó la batalla, Demi-Veemon se encontraba inconsciente.
-Esto terminó Davies-dijo T.K y con una frialdad que rivalizaba con la de Lucemon, se alejó de ahí.
Por primera vez en su vida Davies no le siguió, durante la batalla había estado seguro de su victoria hasta que su mirada se posó en un resplandor dorado.
-Por qué no quieres salir conmigo?-Davies había temido siempre ese momento.
-Tú eres mi amigo y siempre te he querido, pero..-sus ojos brillaban con gran alegría, que Davies no compartía.
-Yo siempre te he querido y tú lo sabes-se acercó a ella tembloroso.
-Tú me amas, pero yo no siento el mismo amor por ti, mi corazón esta unido al suyo y sin él pierdo algo de mí-le dijo pasando un brazo alrededor de él.
-Mi destino es estar contigo-le dijo Davies abrazándola con delicadeza.
-No, mi destino me lleva a otro, por que el destino es de dirigir y si lo perdiera..-su voz se quebró y soltándose del abrazo se alejó.
-Adiós para siempre-Davies se quedó solo, observando como su gran amor se desvanecía en las tinieblas.
Esos recuerdos había llegado a Davies quien escuchaba las mismas palabras una y otra vez, había considerado atacar a T.K mientras D'Arcmon se ocupaba de X-veemon, pero cuando volteó a ver a T.K. el resplandor dorado pareció extenderse y por un momento creyó ver una figura femenina.
La pálida figura recostó su cabeza sobre el pecho de T.K y puso sus brazos alrededor del joven, Davies miraba aterrado a la figura que lo miró con ojos suplicantes.
-Lo siento Davies, no pudimos ganar, pero los buscaremos otra vez.-dijo Demi-veemon mientras el joven regresaba a casa, no era su estilo perder.
-Déjalo, ya he comprendido que no tengo nada que hacer, desde un principio había perdido.-dijo secamente y agachó la cabeza.
Al llegar a su habitación cerró la puerta y se acercó a su escritorio. Fotografías, viejas fotografías.
Tomó una del escritorio y sin decir nada lloró sobre la fotografía, luego acercó el cesto de la basura y las tiró.
-Por que sé que mañana me espera un nuevo día-
-¿cómo estás tan segura de que te hará feliz?-
-lo hará, yo confío en él y así será-
