Si este es el último capítulo de mi historia exasperante. Siento mucho que escriba tanto y se les haga pesada la lectura, mi salud ha sido mala y escribo cuando puedo, pensaba ponerlo el dia de mi cumple, pero por obvias razones eso fue imposible.
Espero no este tan mal , gracias por todo su apoyo, quiero ser mejor.ah y si me odian por el final jeje xDD
[bien bien.. quien haya entendido esta subita modificación, por favor no diga nada, por favor..., todo lo demás está igual... jeje
Una oportunidad.
( A tí, siempre pendiente con sus ojos azul cielo de los cambios en los míos color madera; el guardián de mi mirada)
El Mercado
Era gris y apagado, T.K pensó que había sido muy acertado llevar su capa, en aquel lugar todo era obscuro.
Mirando a todas partes buscaban a la persona responsable de todo ello, pero no aparecía.
Aquel lugar era verdaderamente extraño, sombras, algo que parecían digimon o restos de digimon, pero no era como lo recordaba, estaba más iluminado y las formas eran más reconocibles.
Un sonido distante hizo que la actividad del mercado se suspendiera, T.K y D'Arcmon miraron y se asombraron al ver que no había ningún movimiento, todas las miradas estaban dirigidas a un mismo punto; un balcón.
Blanco como la nada, de figuras simples, un par de cortinas de gasa colgaban opacando un poco la visión.
Ahí de pie estaba ella; cabello castaño y largo, ojos cafés, miraba silenciosamente al mercado, como si todo fuera una especie de sueño.
Sus tristes ojos cafés se deslizaron por la gris homogeneidad, por la espesura de la niebla hasta toparse con un azul.
Era el azul del cielo, un color que no había visto en años, algo que había añorado, pero no lo recordaba.
El joven la miró como si fuera una aparición, sus ojos temblaban de una forma extraña y quiso acercarse. Dio un paso y se perdió la figura cerrada, cientos de brazos o cosas parecidas lo sostuvieron y mantuvieron atrás.
De pronto y como si hubiese amanecido, salió una luz intensa del balcón y las formas se hicieron definidas, acto seguido se cerró la ventana y la joven se movió con el suave tintineo de un cascabel.
-Kari-, alcanzó a decir T.K, y por un segundo creyó ver una mirada de reconocimiento.
Un día perfecto.
Le había costado mucho trabajo llegar ahí, y ahora no estaba seguro de lo que debía hacer, debía entrar a esa fortaleza y debía sacarla, debía llevársela, debía….
-Calma, no puedes desaparecerla de esta tierra así, ellos viven de su luz.-dijo D'Arcmon intentando tranquilizar al digielegido que daba vueltas cerca de un alto muro.
-Así es, no se puede entrar sin ayuda-dijo una voz familiar, y Gatomon se acercó a ver de cerca a T.K
Parecía cansada, pero de alguna forma sonreía con alegría, cosa que T.K jamás había pensado.
Aquel día había sido lo que él habría llamado un día perfecto; el almuerzo, el lago y los anillos.
Dos perfectos aros dorados hechos a semejanza del anillo mágico de Gatomon, un dedo perfecto para el anillo de T.K; el anillo que contenía la esperanza y el amor.
El viento parecía conocer el secreto cuando se encaminaron al lago, pero el joven no escuchaba más que la voz de Kari.
Nuevas memorias, nuevas experiencias, era lo que cualquier persona hubiera deseado, era demasiado, tanto, que incluso Kari había olvidado que era ese lugar.
No vieron cuando la niebla apareció, cuando abrieron los ojos ya estaba sobre ellos, como una enorme masa mortal.
Y tomó a Kari, T.K intentó por todos los medios liberarla, finalmente sin poder hacer nada por ella dejó que Gatomon se marchara con la obscuridad, quedándose solo. En su mano el auténtico anillo de Gatomon y un fragmento del de Kari.
Ahora estaba aquí y Gatomon le ayudaba a entrar.
Dentro del palacio, era un verdadero laberinto, obscuridad y confusión. Sus peores memorias parecían tomar forma a cada pasillo y sólo el anillo dorado de Gatomon parecía iluminar el camino.
-Debe faltar poco-dijo D'Arcmon observando como el anillo brillaba con mayor intensidad, parecía que habían caminado horas, pero no llegaban a ningún lugar.
Finalmente un brillo débil respondió al brillo del anillo y Gatomon gritó:
-Kari!-
La luz se encendió iluminando la estancia y la vieron. Cubierta de telas coloridas y joyas doradas seguía sentada sin mover ni un músculo.
-Kari…he venido por ti-dijo T.K sintiéndose torpe, pero la muchacha ni siquiera parpadeó, parecía una enorme muñeca con cabellos largos y pestañas pesadas.
-Ha estado así desde entonces-dijo D'Arcmon acercándose a revisarla.
La luz del final del corredor
-Recordarás hace años que Kari y tu viajaron a otro lugar?, ese punto del digimundo donde todo era sombras?-dijo Gatomon acomodando el manto alrededor de la chica.
-El mar?-contestó T.K mientras caminaban en busca de la salida.
-Si ese lugar, donde no había luz, los seres eran regidos por un dios digimon y vivían en la miseria, pero un día sin poder aguantar, pidieron luz.-Gatomon miró atentamente la obscuridad.
-Su dios, decidió dar lo que pedían y tomó a la única luz que conocían-dijo Gatomon, y T.K sintió un escalofrío que recorría su espalda.
-Se negó al principio, pero con el tiempo no pudo más, su cuerpo no estaba hecho para soportar eso, con el tiempo dejó de quejarse hasta que llegó a este punto.-dijo señalando a Kari que no movía ni un solo músculo.
T.K miró a quien había sido toda su vida el objeto de su cariño y la abrazó, todo esto había sido por su culpa, y merecía cada uno de los golpes que le dieran.
Salieron al frío de la obscuridad, sintiendo que cada vez era más extraño el misterioso silencio.
Kari dio unos leves pasos y de pronto su cuerpo comenzó a calentarse, antes T.K había temido que estuviese muerta; por el frío de su rostro.
Parpadeó un par de veces y miró a T.K
-¿Quién eres tú?-
Poco a poco sintió el frío, mientras miraba a través del azul de sus ojos como lo miraba y con auténtica curiosidad preguntaba quien era.
-Takeru…T.K me llamó-dijo fríamente mientras intentaba hacerla caminar, por el camino que trazaba el anillo mágico.
-T.K, eres antes del Señor o después?-preguntó Kari buscando con la mirada algo entre la obscuridad.
-Señor?-T.K no había alcanzado decir eso cuando un estruendo espantoso lo detuvo, sintió un empujón y vio a D'Arcmon frente a él.
¿Qué era? O ¿Quién era, T.K prefirió no saberlo. Era una masa enorme y gris, viscoso y aterrorizantes, sus colmillos relucían como hielo ante la débil luz del anillo, al principio parecía un digimon que se podía manejar con sus habilidades pero más tarde comprobaron que el era la obscuridad.
-No te llevas …..al ….Sol-pareció murmurar con una voz entrecortada y silbante, Kari pareció reaccionar y miró aterrorizada a la enorme masa de obscuridad.
La enorme mole se acercó a Kari, pero T.K se plantó en medio.
-No!-D'Arcmon sonrió felizmente y una luz envolvió su cuerpo. La luz deslumbró a la bestia por un momento y no se atrevió a moverse.
Patamon reapareció y a su lado de pie se encontraba D'Arcmon.
-digievoluciona-dijo T.K y una luz envolvió a Patamon quien se transformó en Seraphinmon.
Sin perder ni un instante más los digimon iniciaron una lucha encarnizada, T.K luchaba con todo el corazón, sin perder de vista a Kari quien parecía mirarle con más interés.
-No más pesadillas-susurró la joven y un pequeño objeto en su mano comenzó a brillar, los destellos de los anillos iluminaron todo el lugar, mientras los tres digimon , ahora en su más poderosa forma de ángeles luchaban contra la masa de malignidad.
De la nada comenzó a fragmentarse el mundo haciéndose un enorme vació que se tragaba todos los pedazos de materia.
-Vamos Caballero vuela!-dijo D'Arcmon , mientras daba un nuevo golpe a la masa gris que parecía reducirse.
Su rostro sonriente le dio confianza a T.K. Fue la última vez que la vieron.
Cuando vuelo junto a ti.
Siento que no pasa el tiempo y se acaba la vida
Y en un suspiro recuerdas que seguimos aquí.
Poco a poco nos vamos acercando, sin voltear
Ni titubear
Escuchas mi voz?
Es la mía o la del viento gris?
Puedes ver mi rostro?
Es el mío o la pálida luna, que me lleva atrás?
Mientras yacía en sus brazos Kari no podía dejar de pensar en lo que había pasado. A lomos de Pegasusmon T.K la había cargado, y como en las historia que leían de pequeños la había salvado.
Volaron horas, cruzando el estrellado cielo, recorriendo todas las porciones del Digimundo que parecían estar en paz.
Sintiendo el viento en el rostro y del otro lado la cálida mejilla de su salvador, miró una vez sus ojos azules y creyó ver en ellos tristeza, volvió a verlos y se disiparon sus dudas.
-Quiero quedarme siempre junto a ti-dijo Kari cuando T.K le habló de volver al mundo real.
Sus pequeños ojos cafés destilaban felicidad como no lo habían hecho en años, caminaron por entre el lago donde había empezado todo.
T.K no podía dejar de observar sus ojos de absorber cada cambio con su mirada, había pasado años buscándolos. Sintió su mano en la suya, y se alegró.
Y olvidando por completo sus penas y la dureza de su aventura se internaron en el digimundo.
Meses después Tai Kamiya recibiría de manos de Matt, su mejor amigo, un paquete de fotografías, al sacarlas tembló su mano, y sin poder decir nada sencillamente sonrió.
-Lo logró.-
