Disclaimer: Final Fantasy VII y todo su mundo es propiedad de Square-Enix.

.Cerrado bajo llave.

por. Bechan in wonderland.

Que se detenga hoy el tiempo.

Todo está en completo silencio, pero desde la oscuridad del camarote de las chicas Yuffie escucha con atención como Viento Fuerte ruge y chirría bajo la vibración de sus viejos motores y vaivén de la tormenta. Son las tres de la madrugada y no puede dormir; tiene el estomago revuelto, pero esta vez no es por culpa de Viento Fuerte. Se supone que tras estos siete días debería haber encontrado un motivo por el que luchar y Yuffie ni siquiera entiende aún porque maldita sea ha regresado a la aeronave. No es la más fuerte del grupo, sabe que su presencia no cambiará demasiado los resultados del combate de mañana. Enciende la luz mortecina y encuentra soledad al ver el resto de las yacijas vacías. Aerith hace ya tiempo que no ocupa la litera de arriba y Tifa esta noche se ha quedado con Cloud en algún recoveco de Viento Fuerte donde compartir juntos su posible última noche.

Fuera de las mantas de franela de su camastro parece Iciclos, sobre todo cuando sus pies descalzos recorren el frío suelo de los solitarios pasillos que resuenan con ruidos metálicos entre sus planchas de chapa, cobijada tras el poncho de lana vieja con capucha en forma de Moguri. Desde el camarote de los chicos de enfrente puede oír, si se concentra, los ronquidos de Barret, seguramente desplomado en la cama con Cait Shit encima de su panza, mientras Cid dormita en la cabina de mandos, sentado en el cómodo asiento del capitán, con el piloto automático puesto y Nanaki tumbado a sus pies vigilando que todo esté bien.

Trata de no hacer demasiado ruido cuando hace girar el pestillo de caracol para abrir la pesada puerta de acero de la sala de máquinas. Al principio duda, por miedo a encontrarse a Tiffa con Cloud, pero piensa que lo más seguro es que estén en la cubierta principal, a la intemperie. Yuffie no encuentra el romanticismo en eso, ella prefiere estar entre las calderas, donde el ronroneo de los motores es más fuerte yalguno de los viejos tornillos del casco se resiente, pero el calor es más soportable y se nota menos el movimiento de Viento Fuerte. Pero hoy no ha bajado hasta ahí para eso. Coloca el poncho en el suelo y se acurruca entre los generadores y los termos del oscuro compartimiento para esperar, pero sus cansados parpados pesan más que nunca.

Una manta escarlata la rodea y la tapa. Huele a Vincent y Yuffie sueña que él la abraza. Entonces lo escucha pronunciar su nombre una voz de tenor, gruesa y potente como el imponente mar, que lleva a su mente inmediatamente el recuerdo de una sonrisa triste. Abre los ojos y lo ve a su lado. Vincent se ha arrodillado enfrente de ella y con una mano acaricia su pelo y con la otra termina de colocarle la capa para que no coja frío. Y el tiempo se detiene.

Nadie en el mundo se puede imaginar cuánto lo quiere. Lo quiere por sus cicatrices, las de dentro y las de fuera, lo quiere por su fuego interior y por su calma exterior, por su dignidad sin límite, por su melancolía y su profunda humanidad, lo quiere porque es sabio y porque a veces se equivoca y porque nunca se perdonará así mismo por esos errores, pero ya ha olvidado los de los demás.

Vincent le pregunta con cuidado si está mareada, ella le responde que ya no y la sonrisa que ilumina la cara de Yuffie es la más sincera que ha esbozado en semanas. Lo estuvo esperando, su motivo para luchar, y finalmente ya lo tienen. Con cuidado y sin pedir permiso se deja caer en los brazos de Vincent y sabe que merece la pena bajar al Cráter de Norte a luchar con Sepiroth aunque sólo represente para la fuerza del grupo una décima más en el pequeño porcentaje de posibilidades que tienen de ganar si eso le permite estar un día más a su lado, en una ruidosa y oscura sala de máquinas. Pero de momento, que se detenga hoy el tiempo.