Disclaimer: Final Fantasy VII y todo su mundo es propiedad de Square-Enix.

.Cerrado bajo llave.

por. Bechan in wonderland.

Carmín.

Yuffie entra derrapando con los pies descalzos por el parqué. La única luz del salón es la de la ruidosa nieve en la pantalla del televisor que anuncia las altas horas donde ya no hay programación que emitir. Agazapada como un gato en la oscuridad, sus salvajes ojos inspeccionan el lugar y encuentran a Vincent sentado en el sillón, con una copa de vino en la mesa auxiliar y un viejo libro en la mano a punto de resbalarse entre los dedos. Pareciera que se hubiese quedado dormido, pero con su sexto sentido casi místico, Vincent abre los ojos al instante y se queda mirando a la chica. Yuffie sonríe en un mohín de dientes que ocupa toda su cara redonda, y con el dedo índice le indica que no haga ruido. Tiene esa cara que Vincent conoce tan bien de cuando ha hecho alguna fechoría de las suyas. Vincent decide ignorarla, y cierra los ojos con pesadez. Pero tras escuchar un click, la lámpara de pié al otro lado del sillón se enciende y la luz atraviesa los párpados cerrados de Vincent.

Con un gesto molesto, Vincent clava la mirada en Yuffie. Ella está a su lado, apoyada en la mesilla auxiliar mirándose coquetamente en el espejo colgado en la pared, a punto de tirar la copa de vino con el vientre. Vincent se interesa y descubre que Yuffie tiene en sus manos un pintalabios rojo carmín fuerte, con el que, torpemente, se está maquillando.

―¿No es ésa la barra labial de la señorita Tiffa? ―pregunta Vincent.

Yuffie hace chasquear la lengua. Seguramente, ninguna otra persona de Avalancha sabría decir de qué color lleva pintado los labios Tiffa todos los días desde siempre, ni siquiera Cloud que se pasó media adolescencia deseando besárselos, pero Vincent sí. Vincent sabe qué gama es, y que es de la marca Christopher's; un maquillaje quizás demasiado caro para una camarera, pero que Tiffa se permite a sí misma porque sabe que la forma en que ese rojo carmín fuerte, su textura, e incluso el olor, resaltan sus labios la hacen ver muy mujer, muy atractiva. Quizás los hombres no se dan cuenta, pero sí que subconscientemente lo perciben cuando tragan fuerte la saliva al imaginarse el grosor que tendrá su labio inferior al ser mordido tras un beso que no se olvida al día siguiente.

―No está hecho para usted ―decide Vincent en tono desaprobador. Yuffie se vuelve molesta hacia él:

―¿Y eso por qué?

―Porque es de mujer.

―¿Y yo no soy una mujer, acaso? ―Yuffie se planta frente a Vincent con los brazos en la cadera en forma de jarra. Vincent la inspecciona un segundo, por lo que Yuffie se yergue mucho sobre su metro sesenta, tratando de meter tripa y sacar pecho. Pero ella no tiene ni tripa ni pecho, y el labio está mal pintado en la comisura izquierda. Así que él simplemente sonríe de lado y vuelve a buscar su página en el libro, dando por sentada la respuesta. Yuffie se molesta y se inclina peligrosamente hacia él, acorralándole con los brazos apoyados en cada reposabrazos del sillón. Tiene el culo echado hacia fuera en pompa, los pies de puntilla, y la espalda muy curvada―: Vinny ―le llama―, ya no soy una niña ―se acerca más a él, a su nariz afilada, al olor de su pelo negro y al aliento cálido de su boca. Los respira todo hondamente y prosigue―; y cuando quieras, te lo puedo demostrar, llenándote el cuerpo de este carmín que llevo en los labios.

―Yuffie ―se escucha la voz de Tiffa acercándose por el pasillo. Yuffie se aleja de él gritando que está en el salón, y al segundo Tiffa se acerca con una taza humeante y unas galletitas―. Aquí tienes tu chocolate, cénalo y vete a la cama, que es tarde y luego mañana no madrugas ―se lo entrega y le acaricia la mejilla con aire maternal antes de volver a desaparecer por el pasillo, ignorando a propósito el color carmín que lleva en su boca mal pintada.

Yuffie mira a Vincent esperando un chiste como revancha, pero él es demasiado guay como para reírse abiertamente de ella donde otro no dudaría en hacer una burla fácil. En lugar de eso, su gesto de indiferencia y silencio resultan más ignominiosos ante una evidencia tan grande: "Sí, toda una mujer" casi se puede leer en sus ojos. Yuffie hace un gesto airado, se bebe un trago largo del chocolate, que le deja un bigote marrón debajo de la nariz, y con el puño del jersey, se limpia el chocolate, y con él todo resto del pintalabios.

―¿Entonces qué, Vinny? ―sigue jugando, balanceando las caderas ligeramente en un gesto mono―, ¿te pinto de carmín?

―Ya no os queda carmín, princesa ― dejar caer socarronamente.

Yuffie sonríe, como si esperase esa respuesta. Se sienta a horcajadas en su pierna izquierda, y muy dulcemente deposita un beso en sus labios. Un beso jovial con regusto a chocolate. Nada que ver con el que deja un pintalabios de Christopher's. Pero no le importa. Porque Christopher's no está hecho para Yuffie, es demasiado artificial para ella. Cuando se Yuffie retira tímidamente de sus labios, él pregunta:

―¿Y el carmín en el cuerpo?

Ella suelta una risilla y se levanta. Al alejarse de él, Vincent siente frío ante la ausencia de su calor. Yuffie tapa el estuche de la barra labial, y la coloca en la mesa auxiliar al lado de la copa de vino.

―Ya lo tienes, Vinny ―dice, riéndose totalmente divertida al ver la cara confundida del siempre impasible Vincent Valentine, que tarda unos segundos en descubrir que su blusa negra está lo suficientemente entreabierta para dejar ver su pecho, donde con rojo carmín fuerte hay pintado un corazón.

Notas de autora: demasiado tiempo sin pasarme por aquí. Lo sé. Seguramente ya nadie siga este fic, pero me apetecía mucho escribir una de mis raras escenas sobre estos dos con las que tanto disfruto escribiendo, sin esperar nada. Como siempre, cualquier comentario constructivo, es bien recibido. Besos y hasta el próximo!