El chico del apartamento 7B - 5ta parte
―E Hiccup Haddock sigue con vida, señoras y señores ―exclamó Ruffnut con una sonrisa al instante en que la puerta del 7B se abrió.
―Buenos días para ti también ―respondió Hiccup un poco adormilado.
―Venga, hazte un lado, que tengo hambre ―ordenó la chica mientras se hacía paso por la sala, evitando pisar las envolturas de galletas que estaban en el suelo, para llegar a la cocina. Hiccup le siguió soltando un bostezo e importándole muy poco el que Ruffnut abriera el refrigerador y se comiera el yogur de fresa que llevaba allí más de una semana―. ¿Y Astrid? ―preguntó ella recordando el motivo de su visita.
Hiccup se encogió de hombros.
―Durmiendo. Nunca ha sido una persona madrugadora ―señaló negando con un gesto la cuchara que le ofrecía Ruffnut.
― ¿Ha conseguido trabajo?
―Creo que ayer fue a buscar uno ―explicó―, cuando me desperté no estaba y tras la comida se encerró en su habitación. Así que supongo que no ha conseguido. ¿No debo preocuparme por un probable ataque de histeria, verdad?
Ruffnut resopló divertida.
―Creo que deberías preocuparte por ti y no por ella, Hiccup. Y de una vez te aviso que si algo pasa y terminas en el hospital, yo no iré a visitarte. Que ese tipo de lugares me hacen sentir intranquila.
―Por última vez, Ruffnut, lo que viste aquella vez no era un fantasma, sólo era una sábana colgada en un tripie.
―Ja, yo sé lo que vi Haddock.
Hiccup suspiró rindiéndose ante la insistencia de Ruffnut.
―Lo que digas ―dijo él―. Y aparte de asaltar el refrigerador, ¿viniste por algo más?
―Quería asegurarme que ninguno de los dos estuviera muerto, ¡cúlpame por ser una excelente amiga!
¿Buena amiga? Ya, claro. Y él era diestro.
― ¿Te has peleado nuevamente con Eret, verdad? ―la acusó con tono divertido. Ruffnut, al menos, tuvo la decencia de sonrojarse.
―Es un idiota ―susurró―, ¡pero lo amo!
―Anda, toma asiento. Prepararé el desayuno ―agregó resignado conforme con la sonrisa agradecida de la rubia.
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El aroma de hot cakes recién hechos, terminó por despertar a Astrid. Se incorporó un poco en la cama y como cada vez que despertaba, se sintió un poco desorientada, pues creía asegurar que había dormido lo más parecido a una posición recta y no toda volteada en la cama. Su estómago rugió un poco y el aroma de los hot cakes se le hizo realmente delicioso. Rayos, realmente tenía hambre. La noche pasada no cenó y tuvo que atormentarse con el aroma de la cena que Hiccup se había preparado. ¿Cómo rayos cocinaba tan bien ese desgraciado? ¡No era justo! Y para acabarla, le había preparado su platillo favorito para la comida. ¡Agh! De veras que lo odiaba. ¿Acaso creía que conseguiría su preciada redención con comida deliciosa? Bah, que se jodiera si pensaba eso.
Pero… ¡Dios, tenía hambre!
Quizás, quizás si se aparecía en la cocina de improviso y se mostraba sorprendida, tal vez podría agarrar uno que otro. Suspiró intentando calmarse, no debía frustrarse desde tan temprano, además de que necesitaba toda su concentración para buscar un trabajo y no para pensar en Hiccup. Se golpeó levemente ambas mejillas para terminar de despertarse y salió de la habitación.
―Vaya, hasta que despiertas Astrid ―comentó Ruffnut antes de darle una mordida al hot cake que estaba cubierto completamente de miel.
¿Qué rayos?
― ¿Qué haces aquí, Ruffnut? ―preguntó sorprendida.
―He venido a desayunar, ¿qué más? ―contestó como si nada.
Astrid miró de reojo a Hiccup, quien sostenía la sartén y estaba usando un delantal con el estampado de «Aliméntame de besos».
―Venga, Astrid. Siéntate y come, que los hot cakes de Hiccup siempre saben rico ―ánimo Ruffnut palpando la silla a su lado para que se sentara. Hiccup soltó una carcajada mientras dejaba caer unos cuatro hot cakes en el plato de la mesa.
―Ya, lo que pasa es que te has quedado sin dinero ―aclaró Hiccup dándole un golpe con la espátula en la cabeza.
Okey, Astrid no podría sentirse más fuera de lugar. ¿Qué rayos estaba pasando? Ósea, sabía que Ruffnut e Hiccup eran amigos, pero no que fueran tan cercanos. Dios, no podía evitar sentirse un poco apartada, y luego sentirse más mal porque sabía que aquello era estúpido.
―Por cierto, Astrid ―le llamó Ruffnut interrumpiendo, sin saber, todo su monologo interno―, le estaba comentando a Hiccup ―Astrid frunció el ceño―, que Tuffnut me comentó ayer, después de que le venciera en una partida de póker, que el lugar en donde trabaja está contratando gente. Sí, ya sé que estudiaste literatura y que preferirías mil veces regresar a tu puesto en aquella aburrida y gigantesca biblioteca ―explicó antes de que le interrumpiera―, pero pensé que querrías saberlo.
Astrid suspiró, cogió unos 3 hot cakes y marchó a su habitación.
― ¿Dije algo malo? ―preguntó levemente preocupada, que sabía que tendía a decir las cosas sin pensarlo, y algunas veces terminaba insultando a la persona sin querer.
Hiccup negó y tomó asiento para comer también. A los minutos, Astrid salió de nuevo de su habitación, vestida con unos jeans y una playera, y sin decir nada se marchó del apartamento.
―Creo que dijiste lo necesario ―comentó Hiccup con una sonrisa.
Ruffnut suspiró y aliviada y empezó a reír.
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Cuando el reloj marcó las seis, Astrid, con pasos pesados y una clara expresión de cansancio, regresó al apartamento con una bolsa de plástico. Hiccup, quien se hallaba en el sillón de la sala leyendo un libro, le miró extrañado.
― ¿Qué rayos te pasó? ―exclamó.
Astrid se dejó caer en el sillón vacío y sin ganas de pelear. Le dolía el cuerpo, podía sentir la grasa pegada en su cuello, el fuerte aroma a desinfectante en sus manos y unas cortadas en sus nudillos que le ardían horrible.
―El jefe de Tuffnut es un sádico ―comentó.
―Dime algo que no sepa.
Astrid alzó una ceja curiosa, pero desistió de preguntar.
―Ruffnut me pidió que te dijera que le llamaras en cuanto llegaras ―dijo Hiccup mientras se levantaba para ir por el pequeño maletín de primeros auxilios que guardaba en su cuarto. Cuando regresó, dispuesto al menos a instruirle a Astrid como curarse adecuadamente las cortadas ─pues una que otra le seguía sangrando─, se encontró con la chica durmiendo. Hiccup sonrió divertido, y sacó lo necesario para curarle las heridas. Tras terminar le mandó un mensaje a Ruffnut.
«Lo consiguió.»
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El leve ardor que estaba atormentando su cuello le obligó a moverse un poco y terminar tirada en el suelo. Astrid maldijo por lo bajo. Al parecer se había quedado dormida en el sillón.
―Pero, ¿qu-
Ni siquiera pudo terminar la frase. En sus nudillos había gasas pequeñas cubriendo las heridas que se había hecho. Confundida, se levantó con toda la intensión de dirigirse al baño y tomar una buena ducha, que se quería quitar esa sensación de chicle que tenía en todo su cuerpo. Una nota pegada en la puerta de su habitación le llamó la atención.
«Te he dejado el botiquín en el baño, si las heridas te siguen sangrando cambia las gasas, y te recomiendo tomarte una pastilla de diclofenaco para que puedas descansar bien. Nos vemos mañana.»
Vaya, conque había sido Hiccup.
¿Y quién más pudo ser, tonta?
Astrid arrancó la nota y la dejó sobre la mesita que tenía en su cuarto. Estaba demasiado cansada para hacerla bolita.
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Hiccup regresó a la mañana siguiente. El turno había estado tranquilo pues sólo le había tocado atender a tres pacientes. Se fue a su cuarto para recoger sus cosas para darse un baño, y se quedó quieto al ver que en su puerta había una nota.
¿Estoy soñando acaso?
Agarró la nota, la leyó y soltó una carcajada.
«Eres un imbécil, Haddock.
P.D. Gracias.»
Por esos invitados no deseados y caídas al suelo
Gracias a: Tori Berk, laloquita . co, Writer65, ORQUIDEA671, Risu-chan, Nina, Lady Aira H H, Flopi216, the-rider-sel, UnbreakableWarrior, hillary . lopezperez, aileen, KatnissSakura, videl.S.S., Flame n' Shadows, Yoloswagy
Jojo~ No pude evitarlo... quiero romance! xD
