Capítulo 6
―No quiero que a última hora me canceles, Astrid.
Astrid puso los ojos en blanco y balanceó el par de bolsas que llevaba cargando. Tras enterarse que había conseguido el trabajo, Ruffnut no había perdido el tiempo y le hizo saber a Astrid que estaba más que dispuesta a celebrarlo. La celebración no sería gran cosa, Astrid lo sabía. Por lo regular sólo era ordenar comida a domicilio y desvelarse con un maratón de películas, y aunque eso en sí era entretenido, la insistencia de Ruffnut –que en un punto de la semana se había transformado en un tipo de acoso-amistoso, si es que eso existía– era realmente abrumador.
―No me dejarás de otra si sigues llamando ―. Eso era una mentira, pero nunca estaba de más darle un pequeño susto a Ruffnut. Que eso de recibir cuatro llamadas diarias –y eso sin tener en cuenta los mensajes y uno que otro correo de voz– no era lindo.
―Okey, okey. Ya entendí. Te veo el viernes ―. Ruffnut se despidió y cortó la llamada con una risilla burlona.
¿Habrá entendido realmente?, pensó Astrid mientras empezaba a subir las escaleras del segundo piso. Por las dudas, puso su celular en silencio. Total, no eran muchas las personas que le llamaban.
Cuando llegó a la puerta del departamento, inhaló profundamente. Esa mañana había salido temprano a realizar unas compras de última hora, más que nada para tener algo en el refrigerador. Hiccup le había recordado, antes de irse a trabajar, que debían ir pronto al mercado y comprar alimento. A Astrid no le atraía mucho la idea, pero tenía que admitir que sus habilidades culinarias no eran las mejores y que la comida rápida era muy cara. Y a pesar de lo que había comprado era algo muy rudimentario –una caja de cereal, leche y yogurt–, tenía al menos que servirles ese día.
Sacó las llaves del bolsillo de su pantalón de mezclilla y abrió lo más silencioso posible la puerta, no queriendo toparse con Hiccup desde tan temprano.
Y aunque Hiccup no estaba a la vista, lo que significaba que seguía durmiendo, entonces ¿por qué Astrid veía a una joven morena en ropa interior y con una camisa –que obviamente le pertenecía a Hiccup, puesto que a la chica se le veía muy grande– comiendo sin preocupación alguna la última porción de helado que había en la nevera?
― ¿Qué demonios? ―exclamó sorprendida.
La chica alzó la mirada y le sonrió.
―Oh, creí que ya te habías ido a trabajar ―contestó, dejando la cuchara sobre una servilleta―. Espero y no te moleste que haya agarrado el helado, pero estaba muy hambrienta.
Astrid frunció el ceño, confundida.
―Da igual. Pero ¿quién eres tú?
―Soy Heather, amiga de Hiccup ―Se presentó extendiendo la mano, la cual Astrid estrechó automáticamente―, quien por cierto, sigue durmiendo. Uno pensaría que estaría ya acostumbrado a la vida nocturna, pero supongo que lo dejé agotado ―suspiró dramáticamente.
Okey, de acuerdo. Astrid quería irse ¡pero ya! No tenía necesidad alguna de escuchar eso.
―Sí, bueno, tengo que irme a trabajar. Un gusto ―dijo rápidamente dejando las bolsas en la mesa de la cocina y marchando a su habitación. Cuando salió del cuarto, Heather no estaba a la vista, pero había una bolsa en uno de los sillones, así que supuso que seguía en el departamento.
Mientras bajaba las escaleras de dos en dos, Astrid pensó en seriamente incluir un par de reglas a las ya existentes. ¿Cómo se atrevía Hiccup a llevar una de sus conquistas allí? Bien, era su casa y eso, pero no vivía solo. Y aunque estaba más que acostumbrada a ver a una chica en ropa interior, que Ruffnut tendía a ser muy desinhibida en su departamento, eso había sido muy incómodo.
Y eso sin contar que se había acabado el helado que ella ansiaba terminarse ese día.
Astrid suspiró. Mejor debía centrarse en conseguir un taxi, que iba tarde.
Hiccup despertó cuarto para las nueve, y con sólo el pantalón del pijama salió del cuarto rumbo a la cocina.
― ¿Acaso me estás seduciendo, Hiccup? ―Heather le saludó desde uno de los sillones, vestida ya con lo que era un uniforme de hospital.
―Ya quisieras ―respondió él con una sonrisa mientras abría el refrigerador.
Heather rodó los ojos y apagó el televisor.
―Por cierto, no me habías mencionado que tenías nueva roomie.
Hiccup dejó el bote de jugo sobre la mesa y pasó un mano entre su cabello.
―Apenas lleva una semana conmigo.
―Es linda, pero se ve muy ruda. De haber sabido que esa clase de mujeres eran tu tipo, hace mucho que habría dejado de hacerme el manicure ―comentó despreocupada.
―Pero que dices. Tus manos me gustan por eso ―Hiccup le guiñó el ojo.
Heather rio y se levantó del sillón.
―Como sea, me tengo que ir. Dagur ha de estar preocupado porque no he llegado.
― ¿Todavía están peleados?
―Qué va. Lo que pasa es que me he traído su camisa favorita, ya sabes, la de los conciertos, y siempre la usa los jueves ―explicó ella al mismo tiempo que su celular sonaba―. Te lo dije ―Le mostró el celular.
Hiccup soltó un bostezo y asintió. Dagur no era alguien que le simpatizara mucho, pero era el novio de Heather, a quien sí apreciaba como una amiga, así que no le quedaba de otra que soportarlo.
―Deberías marcharte, entonces. Que estar en medio de una de sus peleas da miedo.
―Tonto ―dijo ella antes de irse.
Sabiéndose por fin solo, Hiccup fue al baño, más que dispuesto a darse otra ducha, para luego seguir durmiendo. Que en la tarde le esperaba un emocionante viaje al supermercado, sólo esperaba que Astrid llegara de buen humor.
Amistades salvajes y botes de helado
Si llegaron a pensar que abandoné el fic... :P
