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Capítulo II
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AGUA – PARTE II
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Mientras corrían dirigiéndose al templo de la montaña sagrada observaron como el bisonte pasó sobre sus cabezas. Katara se detuvo al instante, habían llegado tarde. Sus cuerpos agitados por la carrera trataban de recuperar el aire, no entendía como Sokka pudo haber llegado antes que ellos cuando hiso avanzar con su control la góndola hacia la ciudadela y corrieron como despavoridos atreves de las calles hasta llegar a la montaña, el ascenso obviamente disminuyó un poco su ritmo, pero eso no pareció ser suficiente para detenerlos. Zuko literalmente se dejo caer en los escalones para descansar. Estaba a medio camino de llegar a la cumbre, al templo destinado a las dos deidades del sur, la luna y el océano. Solo en una ocasión había acompañado a Aang a ese lugar cuando estuvieron por primera vez en la tribu.
- Katara – habló mientras recuperaba el aliento - ¿Qué es lo que esta pasando realmente?
Sospechaba, no, con seguridad podía afirmar que ella sabía algo que él no. Zuko no entendía porque la premura de alcanzar a Sokka y sobre todo ¿Qué quiso decir con eso de que Suki lo iba a matar?
La maestra agua lo miró, se mordió el labio y pudo ver la vacilación en ella.
- Katara – le habló con seriedad.
La observó tomar un respiro. Entonces le contó lo que había pasado hace dos años.
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Katara estaba feliz, habían conseguido la paz y ahora todo se consolidaría cuando se hicieran los acuerdos. El rey tierra ya se encontraba en la Nación del Fuego, así como otras personas importantes del gran continente. La tribu agua llegaría a la mañana siguiente y eso, es lo que la tenía mas emocionada.
- ¡Rayos!
Volteó inmediatamente a mirar a su amiga. Toph estaba acalorada y roja por lo que acababa de probar.
- Te dije que soplaras primero, los pasteles rojos son los mas picantes y calientes - después de ver lo roja de su lengua y con seguridad escaldada, pidió un poco de leche al mesero y se la dio a probar para disminuir su ardor – Mantenlo en tu boca primero antes de beberla.
Obedientemente le hiso caso y después de un momento sintió un poco de alivio.
Se encontraban en la capital disfrutando de un paseo. Los mercados se convirtieron en su lugar favorito y realmente, las dos, disfrutaban de descubrir todo lo que había por ver en el corazón de la Nación del Fuego. Incluso para Katara, ella nunca había salido de su hogar, la Isla de Sun Jing era lo único que conocía y compartía la misma emoción que Toph de ver lo rica y hermosa que era su nación.
Toph hiso una mueca de alivio y supo que el ardor había pasado, pero eso no la detuvo de seguir comiendo el pastelillo y con mas cuidado lo probó nuevamente. Ahora en verdad disfrutó de su sabor.
- ¿Vendrás con nosotros a Ba Sing Se?
- Aun no estoy segura, falta mucho por hacer aquí.
Después de la llegada del cometa y recuperarse rápidamente de su herida había estado brindando ayuda médica. Hubo muchos heridos ese día, apenas había terminado de atender a los que se encontraban en el hospital de la capital pero sabía que había otros lugares de la nación que también necesitaban de atención. Ella misma se había ofrecido para tal tarea y con ayuda de la tribu del norte y del sur, si es que aceptaban, se estarían haciendo cargo de la atención médica de pueblos y ciudades que lo necesitasen.
- Pero cuando termine – agregó después – Estaré encantada de volver – le sonrió. La maestra tierra compartió su alegría.
Terminaron de comer, después de pagar siguieron moviéndose entre las calles adoquinadas y casas de techo color rojo. Había pasado dos meses desde el final de la guerra, la vida en la capital del fuego ya mostraba algunos cambios, especialmente en su gente.
El viento fresco anunciaba que pronto anochecería. El invierno había llegado y aunque se encontraban en el país donde el fuego residía, y lejos de la idea popular que el clima cálido era el gobernante, realmente no eran excluidos de los cambios de estación del mundo, resultaba increíble que existieran partes de la nación donde incluso nevaba. Toph y Katara vieron ese momento para dar por terminada su salida y volver a la boca del volcán. El viaje de ascenso lo hicieron sin prisa mientras que el sol poco a poco moría y las luces de los faroles iluminaban las callejuelas.
Toph se encontraba como invitada en el palacio al igual que su hermano y otras personas del Reino Tierra, pero ella no quiso quedarse ahí optando mejor por mantenerse en la residencia de Katara. Su padre tenía una casa en la capital y ella prefería un lugar mas acogedor, como lo llamaba, que un palacio, realmente odiaba las grandes casas de señores o gobernantes. Aunque la morada del maestro de la esgrima no era tampoco algo pequeño; el lujo de la mansión era mas que notoria; Piandao era uno de los señores mas ricos de la nación, no pertenecía a la nobleza, pero eso no evitaba que viviera con los lujos o comodidades de uno, aunque él había preferido la vida tranquila en la apartada isla.
Mientras caminaban, Toph fue la perceptora de algo, o mas bien de alguien. Cuando se detuvo Katara inminentemente también lo hiso.
- ¿Qué pasa?
- Hay alguien ahí.
Su vista fija en un lugar. Al mirar, Katara observó sin encontrar nada, pero al hacerlo con mas detalle se percató de la figura oculta en las sombras al pie de un árbol.
- ¿Suki? – reconoció la maestra tierra al acercarse.
La Kyoshi reaccionó a su nombre levantando un poco la cabeza mirando a las dos que estaban frente a ella. Su actual estado las dejó algo sorprendidas. Pero, a pesar del fuerte temple de la chica, la cual conocían muy bien, les pareció increíble que en el instante en que las vio, comenzara a llorar desconsolada.
Minutos después y en la casa de la maestra agua escucharon, con sorpresa lo que había provocado el estado emocional de la guerrera.
- Todo este tiempo jugó conmigo.
Las lagrimas comenzaron a salir nuevamente. Tal vez Suki era una formidable guerrera, pero eso no evitaba que su corazón le doliera por la evidente traición hacia sus sentimientos. No deseaba que sus amigas y compañeras de pelea la observaran en tal estado de vulnerabilidad, ella era su líder, la persona que las guiaba, su deber era verse fuerte e inquebrantable, pero incluso ella supo que iba a ser incapaz de ocultar su evidente dolor, no era de piedra después de todo. Por eso había huido, se había alejado y buscó un lugar donde pudiera desahogarse. Aunque fue encontrada no le molestó que fuera por ellas. Al contrario, muy en el fondo una parte de ella deseaba sacar todo lo que estaba acumulando en su interior, aunque eso significara que se enteraran de su humillación.
- Suki, tal vez las cosas no sean como crees – vagamente trató de defender Katara.
- ¿Y como serian entonces? – rio de manera triste – Estúpidamente me entregué a él. Solo me utilizó para mantener su cama caliente mientras estaba lejos de su prometida.
- ¿Entregarte a él? – repitió Toph.
Un ligero sonrojo que no supieron si era producto de su llanto o algo mas estaba en la chica, desvió su mirada antes de hablar – Tuve relaciones con Sokka – declaró abiertamente.
Katara vagamente entendió el significado.
- ¿Relaciones de que? – preguntó de nuevo la maestra tierra.
Los ojos avellana miraron a la princesa de su reino - tal vez ella no sabe - pensó, pero le daba aun mas vergüenza aclarar ese punto.
- Tuve sexo con Sokka.
La declaración abierta y cruda que salió de sus labios le hiso sentir mas vergüenza, ahora había una palabra cruel que describía a la perfección lo que el bastardo príncipe y ella hicieron.
Katara ahora se mostro asombrada, ella solo sabía de dos maneras para llamar a la relación física de un hombre y una mujer. Una era hacer el amor, que era cuando dos personas se sentían atraídas mutuamente y deseaban compartir entre ellos ese contacto. La segunda era lo que hacían las mujeres del burdel, en la mente de Katara solo ese tipo de damas llevaban acabo la practica del sexo. Entonces, si Sokka había tenido sexo con Suki, lo cual acababa de aclarar, ¿Significaba que la consideraba una prostituta? Su deducción la dejo mas que asombrada si no que impactada. Cuando llegó a conocer a Suki le sorprendió bastante e incluso llegó a admirarla, especialmente por su forma de combate; en mas de una ocasión entrenaron juntas y aprendió mucho de ella y viceversa. Que Sokka la humillara al darle tal lugar, porque sabía en el fondo que Suki no era una prostituta, resultaba muy indignante para ella.
- ¿Querías tener bebés con Sokka? – preguntó de pronto Toph, las dos chicas la miraron.
- ¿Qué?
- Se que debes tener sexo para hacer bebés.
La sola mención de eso hiso que la herida en el corazón de la guerrera se volviera mas profunda, porque siendo honesta si llegó a imaginar tal suceso; un niño o una niña con el color de sus ojos, era una idea que ocurrió después de que tuvo su ciclo lunar; hasta el momento ni siquiera había pensado en una contramedida para evitar la procreación de bebés y cuando llego el sangrado fue que en verdad se dio cuenta de que pudo haber quedado embarazada. Pero aquella idea fue algo que le causó una gran emoción y alegría, tal vez no sabían lo que les deparaba el futuro en ese momento, pero Sokka se mostraba leal a ella y confiaba en él lo suficiente para saber que ambos podrían lidiar con la llegada de una nueva vida.
Ahora solo quedaban fragmentos de aquella ilusión rota en mil pedazos.
- Sokka no quiere tener bebes conmigo – las lagrimas amenazaban con salir – Y ciertamente nunca lo quiso.
Con su mano limpió el rastro de agua de su cara. Toph y Katara vieron como algo cambió en ella en ese momento. Podían sentir el dolor, sin embargo una determinación ligada al enojo y furia brillaba en sus ojos.
- Nunca debí de haber permitido esto, el me ha mancillado y solo existe una manera de recuperar mi honor.
- ¿Y cómo sería eso? – se atrevió a preguntar Toph.
- Sangre por sangre se paga.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de las dos amigas - ¿Qué quieres decir? – fue el turno de la maestra agua de preguntar, aunque en el fondo sospechaba que no le gustaría la respuesta.
- La primera vez que una mujer esta con un hombre sangra, es la prueba de su pureza y solo se tiene que ser entregada a su esposo, pero si ocurre antes del matrimonio y el hombre no se casa con ella, él también deberá sangrar. Solo de esa manera recuperará su honor y podrá desposarse con otro hombre.
De alguna manera las dos chicas supieron que la Kyoshi no se conformaría con una simple cortadura. Suki haría que se desangrara sin lugar a dudas.
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Zuko suspiró en la noche.
- Sokka planeaba romper su compromiso por Suki.
Sabía que estaba enamorado de ella y mas aun que estaba dispuesto a pelear por estar a su lado, eso podía asegurarlo pues el mismo se lo había dicho. Por eso cuando tuvo noticias de que el compromiso con su antigua prometida seguía en pie y mas aun, que pensaba llevarlo acabo le sorprendió bastante. Ahora entendía lo que había pasado.
- ¿De verdad?
El asombro que vio en ella al preguntar le sorprendió un poco – Por supuesto – aseguró - Él mismo me lo dijo cuando estábamos en Ba Sing Se. Estoy seguro que tomo esa decisión cuando fuimos a rescatarla a la Roca Hirviente.
- ¿Y porque no lo hiso? ¿Por qué continuó con el compromiso?
- Si Suki reaccionó como dices, tal vez ya no quiso saber de él.
Tuvo que darle razón, ella en verdad se veía dolida - No lo entiendo, Si Sokka en verdad amaba a Suki ¿Por qué nunca se lo dijo? ¿O al menos trató de explicarle?
- ¿Crees que no lo hiso?
Katara negó con la cabeza – Visité a Suki hace unos meses – sus ojos se nublaron con un poco de melancolía – Ella... ha cambiado, desde hace dos años que renunció a su puesto como líder de las guerreras Kyoshi. No quise preguntarle directamente sobre Sokka, así que, le pregunte a una de las chicas, me contó que el nunca se molestó en contactarla.
Faltó agregar que el nombre de Sokka era aborrecido por las guerreras de la isla. Sospechaba que ellas sabían parte de lo sucedido, aunque Suki había dado otra explicación respecto a su renuncia, Katara suponía que en parte se debía a su condición de deshonra, eso no quitaba el echo de que al menos, las mas cercanas a la ex líder, hicieran sus propias conjeturas y culparan al príncipe de la tribu agua. Mientras estuvieron en Ba Sin Se después de su rescate fue evidente que había algo entre ellos.
- Y por un momento pensé que a Sokka en verdad le gustaba Nala.
Zuko la miró como si hubiera dicho un mal chiste - Si Sokka estaba dispuesto a casarse con Nala fue por el bien de la tribu y nada mas. Tu misma puedes darte cuenta que estas cosas se toman enserio y haber roto el compromiso antes de tu pelea pudo haber causado disputa entre los clanes – no pudo objetar ese punto - Estoy seguro ama a Suki, y que aun lo hace.
Aunque había visto a Nala anteriormente no la había conocido del todo. Después de ver el escandalo que causó por el rompimiento de su compromiso no lo que cupo a menor dudas que eso fue lo mejor que le pudo haber pasado a Sokka, realmente hubiese sentido gran pena por él si el matrimonio se hubiera llevado acabo.
Pero sentía que algo había mal en ese rompecabezas, como una pieza faltante. No concebía un escenario en donde Sokka no tratara de buscar a Suki, ¡Si fue por ella a una prisión a rescatarla! Tomando en cuenta la situación de esos momentos y que no tenían ni la seguridad de que estuviera ahí, mirándolo en retrospectiva aquello había sido una completa estupidez y misión suicida, claramente lo que hiso Sokka fue exponer sus sentimientos hacia ella con tal acción. Si eso no era prueba suficiente de su amor ¿Entonces que diablos lo era?
Katara se sentó en los escalones.
Vaya lio que se estaba formando, pero aun si Sokka la amaba no podía dejar de estar de lado de Suki, lo que había echo no había sido lo correcto, apenas había entendido eso, especialmente después de que haber platicado sobre ese tema esa misma noche en que Suki se quedó en su casa. Al parecer y el echo de que se hiciera tanto escandalo por haber tenido relaciones con Sokka, cosa que no entendían Toph y Katara, era que, ninguna mujer debería tener relaciones sexuales con un hombre hasta que estuvieran casadas. Efectivamente la finalidad de tal acercamiento íntimo era para la procreación y era bien sabido que solo las mujeres con esposo tenían hijos, las familias se formaban una vez que la pareja se casaba, hacer algo como eso antes del matrimonio no era bien visto y las mujeres que lo hacían tenían cierta reputación, además de que eran rechazadas por otros hombres por haber perdido su pureza antes del matrimonio; mientras que otra mujeres lo hacían sin importarles eso, y ese tipo de mujeres tenían un nombre. Prostitutas. Damas que prestaban su cuerpo para ese servicio en especifico.
El nuevo concepto que tenía Katara ahora le había abierto, y no de buena manera, los ojos ¿Por qué nadie le había dicho ese punto tan importante? Ella creía que estaba bien estar con un hombre y llevar acabo tal acción física si ambos estaban de acuerdo, solo sabía que algunas lo hacían como trabajo y otras solo por el placer de estar con la otra persona. Ella se consideraba de las segundas, estaba completamente segura que no tenía sexo con Zuko, como las mujeres del burdel con otros hombres, porque había algo mas entre ellos, la manera en que lo deseaba, que la tocara y de brindarle el mismo placer que el provocaba en ella era exactamente como la tía Wu había descrito "Hacer el amor" y sobretodo precisamente ese sentimiento era lo que la impulsaba a estar con él de esa manera.
Ella lo amaba.
Fue en esos momentos que compartían que se dio cuenta de ello. Cada noche lo esperaba, lo deseaba y fue muy tarde cuando se percató de ese sentimiento, pero muy en el fondo sabía que era mutuo, sus ojos la miraban de tal manera que sentía que se lo gritaba a cada instante, sus acciones también la convencían de ello, era tan suave, tan delicado y en ocasiones posesivo, hubo momentos de arrebato en los que se mostraba dominante; en muy pocos encuentros había ocurrido, especialmente cuando la había visto hablar con otros chicos, algunos de sus antiguos admiradores del restaurante; aunque no intervenía ni decía nada, su reclamo llegaba por las noches cuando se encontraban. Debía admitir que ese lado le gustaba – Debes tener cuidado, esos chicos solo tienen una cosa en la mente – le advertía, pero ella inocentemente creía que lo que pensaban era invitarla a salir, como en muchas ocasiones le habían pedido, así que simplemente atribuía su conducta como celos, incluso ella los llegó a sentir. A pesar de que Zuko no permanecía mucho tiempo en la capital después del eclipse el ya tenía una reputación en la zona alta, muchas chicas lo conocían, y aunque sabían de su identidad eso solo aumento el valor del antiguo mesero. Ella también fue presa de aquella inseguridad, pero de nuevo solo era la prueba que reafirmaba su amor por él, y el echo de que la visitara por las noches la mantenía tranquila.
Sin embargo, después de lo sucedido con Suki se dio cuenta, que tal vez, el sentimiento no podía ser mutuo y ciertamente no un factor determinante para que ellos tuvieran tales encuentros. Había hombres que deseaban ese placer físico sin ningún compromiso de por medio, sin boda ni casamiento, por ello que existían los burdeles y las prostitutas, ellas brindaban aquel goce por un precio, y había quienes estaban dispuestos a pagarlo. El amor no tenía mucho que ver en esos momentos y después del suceso de la guerrera Kyoshi, Katara se dio cuenta que tal vez estaba en la misma posición – Esos chicos solo tienen una cosa en la mente – Las palabras haciendo eco en sus recuerdos, había un momento, según supo después, en que las hormonas hacían estragos en la mente de los muchachos, donde solo buscaban eso en particular, ella misma fue presa de ello aunque nunca supo el porque del despertar de su cuerpo ante tal necesidad física, eso la había inducido a estar con Zuko de esa manera, y probablemente impulsaba a otros chicos a acercarse a ella. Le repudió esa idea. Pero solo así entendió a la perfección el sentimiento de la guerrera y su odio. Sokka estaba comprometido y las relaciones que mantuvo con Suki solo se podían describir como un momento de querer satisfacer esa necesidad de su cuerpo. No habría nada mas que eso. La había utilizado, tal y como ella lo había dicho.
Katara pensaba en su situación. ¿Qué tan diferente estaba de lo que había pasado con ella y Zuko? Ya había pensado en ese panorama anteriormente, sin embargo su límite de pensamiento abarcaba una relación en el futuro. Si la guerra terminaba y ellos ganaban, Zuko se convertiría en el Señor del Fuego, resultaba demasiado obvio que tomaría ese lugar. Y entonces sabría que ya no habría oportunidad de estar juntos nuevamente, no había manera de que el Señor del Fuego desposara una mestiza, seguramente no se lo permitirán y todo lo que tuvieron terminaría. Ella sabía que ese era el resultado si conseguían la paz, era el precio a pagar para ellos, pero aun así lo había aceptado, por ello cuando Toph había mencionado ese tema cierta noche ella le respondió con seguridad que no esperaba que nada mas sucedería una vez terminada la guerra si vencían, por ese motivo en particular aprovechaba cada momento con él, cada instante juntos y presentía que Zuko sentía lo mismo.
Su predicción no fue errada por completo, efectivamente se convirtió en el gobernante de su nación y ahora le esperaba una gran responsabilidad y trabajo, ella se tendría que apartar. Lo que una vez pasó entre ellos ya no estaba destinado a repetirse. Pero lo supo aceptar de buena manera, no se arrepentía en absoluto, aun sabiendo que seguramente ningún hombre se desposaría con ella después de saber que ya había tenido relaciones con otra persona, siendo honesta consigo misma, Katara ni siquiera podía verse en tal acto con otro sujeto y ciertamente no lo haría.
Pero ahora su panorama cambió drásticamente. La idea de que Zuko probablemente hiso exactamente lo que Sokka había echo se convirtió en una aguja clavada en su corazón. El concepto de que no la amara y solo la utilizó de esa manera para satisfacer su necesidad se había vuelto en algo que la había agobiado todo ese tiempo, lo sucedido con Suki había despertado ese miedo en ella y cobardemente no estuvo dispuesta a averiguarlo; quiso mantener su distancia con él, alejarse, porque sabía de todas maneras que no podían estar juntos, entonces puso de su parte para que fuera así. Sin embargo, las pocas ocasiones al final de la guerra en que se vieron y conversaron se dio cuenta que su amor por el crecía mas, y eso la hiso tener mucho miedo. No deseaba saber que él no la amaba, que entre ellos fue solo sexo cuando para ella significó mucho mas que eso, no quería terminar igual que Suki, con un corazón roto, así que huyó. Se mantuvo ocupada tanto como pudo en su nación y después partió al Reino Tierra con Toph, el que estuviera en el sur todo ese tiempo era para olvidarlo, en ocasiones le enviaba cartas y solo le respondía con la misma seriedad y toque de amistad que él le escribía. Si había algo que de pronto la mantuvo inquieta esos días fue la boda de Sokka y el pensamiento que nació entonces a causa de ese evento ¿Qué haría cuando se enterara que él se comprometió y se casaría con otra? La sola idea la mataba y provocó que algunas noches llorara en silencio, porque a final de cuentas Zuko nunca la amó, o eso creía hasta esa noche, cuando el la besó. Con ese simple acto había derrumbado las ideas que se había echo, ese beso significaba mucho para ella ¿Pero para él?
El frio se volvió mas intenso en ese momento, la energía de la carrera la había abandonado, abrazó sus rodillas en busca de mantener su calor.
- No puedes culpar a Suki por odiar a Sokka – habló de repente Katara - Si el nunca le dijo que la amaba, entonces es natural que piense que solo la utilizó, agregando a eso que estaba comprometido entonces...
Ni siquiera terminó la frase, solo se encogió de hombros dando en entender la idea, Zuko fue capaz de comprenderla. El maestro fuego suspiró negando con la cabeza, aun así no podía dejar de pensar en lo enredado que estaban las cosas en ese momento. Era verdad que no podía culpar a Suki de su enojo, pero tampoco entendía porque Sokka nunca la buscó para explicarle y contarle sobre su plan de terminar con su compromiso, no estarían en esa escenario de ser así. Era cierto en que parte su amigo tenía la culpa por haber echo con Suki algo que debió esperar hasta que se casara, o al menos hasta que resolviera la situación de su compromiso y evitar toda la idea de que solo la había utilizado. Deseaba golpear a Sokka por haber sido tan idiota, pero no tenía el derecho de reclamarle por algo como eso cuando el también lo había echo.
Como balde de agua fría cayó en algo que no había pensado - El también lo había echo - Miró a la maestra agua a solo dos escalones debajo de él.
- ¿Piensas igual que ella? - Katara giró su cabeza para mirarlo - ¿Piensas igual que Suki?
Su voz se había vuelto seria, ella lo pudo percibir.
- Bueno...
- Ella piensa que Sokka la utilizó de esa manera – la interrumpió, Zuko se puso de pie – Que solo se acostó con ella para después dejarla de lado.
Algo había cambiado, se veía molesto, no entendía su cambio de actitud, ahora defendía a su amigo y su comentario anterior no le había gustado evidentemente.
- ¿Crees que eso pasó entre nosotros? – habló seriamente.
La tomó por sorpresa su pregunta, no esperaba que se lo dijera, ella también se puso de pie, pero a diferencia de él no mostraba la seriedad y determinación que había en el maestro fuego. Era precisamente esa situación que deseaba evitar. Ingenuamente podía pensar que la amaba y se le declararía en ese momento, pero su racionalidad le decía que lo siguiente que saldría de su boca sería la aclaración de que entre ellos no podía haber nada mas, que solo fue algo físico y no deseaba crear las misma expectativas o ilusiones que Suki se hiso con Sokka. Esa resolución era lo que mas le dolía, y precisamente esa misma deducción fue lo que la hiso no poder odiar a Sokka del todo, que Suki deseara mas de lo que él ofrecía no era su culpa, aquella conjetura la había echo Toph. Especialmente si Sokka nunca aclaró sus intenciones, fue ella quien accedió a final de cuentas a estar con él, culpar al príncipe del sur de todo no era justo y la maestra tierra no tomó partido por ninguno de los dos. Su opinión solo se la había dicho a ella.
Sentía su miraba esperando su respuesta pero no pudo responder, después del beso de hace unos momentos Katara ya no sabía que pensar, ¿Él la amaba o simplemente deseaba estar físicamente con ella? Todo se volvió una nube de confusión en su mente y sus emociones comenzaron a salirse de control.
Zuko vio su vacilación pero jamás cruzó por su mente que ella podría pensar diferente a lo que en esos años se había formado en él. La amaba, con su maldita vida que lo hacía y él casi juraba que ella le correspondía. De ninguna manera podía pensar en Katara como una de las chicas con las que llegó a estar en el pasado, que solo buscaban un acostón de una noche. Nunca la ofendería de esa manera pues sus encuentros se mantuvieron repetidas veces y si ella lo permitía era porque había algo de por medio entre ellos ¿Cierto? El lo podía sentir en su mirada, en la preocupación que mostraba hacia él, en la manera en que se entregaba ¡Hasta había hablado con su padre al respecto! Aunque no lo dejó terminar era claro que el supo descubrir sus intenciones ¿Qué acaso nunca se lo había mencionado?
Había sido tan cuidadoso con ella, con su trato una vez que se convirtió en el Señor del Fuego, no deseaba que su muestra de afecto se convirtiera en un problema entre sus consejeros y asesores, sabía que no sería fácil que aceptaran a Katara cuando él les hiciera saber sobre sus intenciones de casarse con ella, era un tema que estuvo manejando con delicadeza, pero ante todo y pese a su molestia, sabía que aun no era momento de desposarse, quedaban cosas por hacer, pero ahora todo era un poco diferente, dos años sin ella y verla en esos momentos le hicieron cambiar de pronto de idea, quería estar con ella mas que nada en el mundo, su beso hace unos momentos fue la prueba de ello.
Se había propuesto que todo iniciaría con calma con ellos, sería como una pareja debía de ser al principio, la invitaría a salir, le declararía su amor y posteriormente se casarían, ese era el plan inicial; se habían saltado todo esa parte hiendo directamente a la practica de algo reservado solo para parejas casadas, pero en el fondo ansiaba esos momentos, compartir con ella como si fueran una pareja, de esa manera también se darían cuenta sus súbditos de su romance que ya no planeaba esconder como fue durante la guerra, aceptarían su relación con la maestra agua, que lo creyeran conveniente o no sería algo que debatiría con sus consejeros en su momento, y aunque fracasó rotundamente en no tocarla, cosa que se había propuesto en su mente mientras ideaba todo el plan de su relación con ella porque de ahora en adelante se comportaría como un caballero, no se arrepentía en absoluto, en la intimidad de ese lugar no pudo evitarlo.
Sin embargo ahora veía las cosas ligeramente diferente ¿Qué pasaba si ella no pensaba igual a él? ¿Qué se sintiera ofendida igual que Suki? No quería eso, pero había algo de verdad en sus palabras anteriores y en la situación que había puesto en un gran embrollo a su amigo, él nunca le dijo que la amaba, pensaba que sus acciones habían sido suficientes como lo fue para él, pero estaba dispuesto a cambiar esa situación en ese momento.
- Katara – su voz la hiso sobresaltar, bajó los dos escalones que los separaba hasta llegar a ella, juro verla temblar, entonces se dio cuenta de algo ¿Acaso le temía?
La abrazó con fuerza. Pudo sentir la tensión en su cuerpo,
Mientras estaba en sus brazos susurró palabras a su oído, algo que solo ella podía escuchar. Una declaración que le debía desde hace tiempo. La sintió temblar aun mas y eso confirmó la teoría que se había formado en él solo hace unos momentos, ella no tenía idea de sus sentimientos, sus sollozos y su agarre al volverse aun mas fuerte le dieron la confianza en deducir que ella le correspondía. De ahora en adelante se encargaría de hacerle saber cuando la amaba.
- ¿Chicos? – voltearon hacia arriba, Aang bajaba por las escaleras - ¿Qué hacen aquí?
Katara inmediatamente limpió sus lagrimas.
- Tratábamos de alcanzar a Sokka – explicó Zuko.
- ¿A Sokka? – se quedó en silencio un momento - Esperen... ¿EL SE LLEVÓ A APPA? Estaba meditando y cuando terminé Appa ya no estaba.
- Si, seguramente él lo hiso – aclaró Katara mas calmada.
- ¿Y porque se lo llevó?
- Para ir con Suki.
- ¿En verdad? ¡Me alegro por él!
Pero el rostro de Katara de pronto cambió. No mostró felicidad si no preocupación.
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- ¿Entonces he venido para nada? – gritó Toph molesta mientras miraba a sus amigos.
En la mañana habían arribado a la tribu. El globo en color verde descendió en una plataforma de hielo creada al instante de su llegada. La forma de viajar del Rey Tierra fue algo novedosa y llamaba mucho la atención. Zuko había optado por regalarle aquel medio de transporte como parte de una pequeña compensación por el daño causado, no era un pago justo sin lugar a dudas, pero al menos era un paso hacia delante para la restauración. Aunque, el motivo oculto de aquel obsequio no era precisamente con ese objetivo si no algo mas personal y privado. Kuei sufría de mareos cuando viajaba en barco. Hasta el momento el rey tierra no sabía que era susceptible a eso, pues obviamente nunca había salido del palacio o realizado viajes, solo hasta que se embarco para viajar a la Nación del Fuego por los tratados a realizar fue que se dio cuenta de su padecimiento náutico. Su viaje fue terrible, tomando en cuenta los tres días y medio que dura el traslado, para el fue toda una tortura que lo mantuvo indispuesto algunos días aun después de haber llegado a tierra firme. Toph se burlaba de él.
- Vaya que Rey idiota que eres – le regañaba con burla - Mira que marearte solo por viajar en barco. Si cuando andabas en Appa no tuviste ningún problema y eso era mas aterrador.
Y de ahí nació la idea.
Usar un medio de transporte diferente a un barco para atravesar los mares no era ni siquiera posible, pero, algo bueno debió de haber dejado la guerra, y eso precisamente fueron muchos de los inventos creados, aunque con fines destructivos, pudieron darles otra función, al menos a algunos de ellos. El inventor no evitó mostrar ligera sorpresa, y miedo, cuando fue llamado por el Señor del Fuego. Hablaron respecto al cambio de su invento en particular y accedió a realizarlo, el mismo orgullo por su bebé fue mostrado nuevamente, y el obsequio fue dado al Rey Tierra, incluso Toph se mostro sorprendida. Sobra decir que Kuei estaba mas que feliz y motivado por su nuevo transporte real. Ahora ya no tenía que sufrir el inconveniente del mareo cuando viajara en barco, pero el clima extremo del polo sur lo había vencido. En el instante en que puso un pie en la nieve los estornudos no dejaron de llegar. Y en ese momento, solo una hora después de haber arribado a la tribu, ahora estaba en cama reposando por el resfriado.
- ¿Cómo fue que pasó de todas maneras? – preguntó la maestra tierra.
Le contaron lo sucedido, después de escucharlos solo atinó a hacer una sola pregunta.
- ¿Te dejaste vencer por ella? – miró a Katara, y hasta ese momento sembró la duda en los otros dos que estaban ahí.
- ¡Claro que no! Yo había ganado el encuentro. Me tomó por sorpresa su último ataque - pero la mirada verde de su amiga estaba fija en ella al igual que la de Zuko y Aang - ¿Ustedes piensan que me deje vencer por ella a propósito? – se sentía insultada.
- Yo solo digo que resulta raro que hayas perdido.
- No sería la primera vez que lo hago – se justificó.
- Si, pero Nala no tenía mucho aprendizaje como maestra agua – intervino Aang – Y tu Katara, eres con seguridad una de las mas fuertes de la tribu. Solo has perdido ante Batou, ni siquiera yo he podido vencerte en un encuentro de agua control ahora.
Eso avivó mas el fuego.
- ¡Fue por ese mismo motivo que perdí! No podía enfrentarme a Nala con toda mi fuerza, la hubiese matado. Bajé mi guardia y ella me venció. NADIE – remarcó esa parte – Sabía que era a sí de fuerte, o que me atacaría por la espalda.
Hiso aquel pequeño gesto con su cara cuando estaba molesta, cruzó sus brazos en su pecho sintiéndose indignada que la creyeran capaz de poner su vida en peligro solo por ayudar a Sokka y romper su compromiso.
- Además no sabía que iba a terminar de esta manera - agregó al darse cuenta de ese punto.
Aang supo entonces darle un poco de razón, pero no quitaba el echo, que a partir de ese suceso, la verdadera actitud de Nala quedó al descubierto, especialmente después de arremeter contra Katara delante de todos en el salón del jefe, sirvió para hacer mas que justificada su decisión. Lo hiciera intencional o no, en definitiva, aquel encuentro fue la clave de terminar con el compromiso.
- Cómo sea – habló Toph quitándole importancia al tema - ¿Dónde esta Sokka?
Y Katara de repente se puso tensa.
- Fue con Suki – le respondió Aang con alegría.
La cara de la maestra tierra no compartió su sentimiento, miró entonces a Katara y eso le bastó para entender la preocupación que ahora veía en sus ojos.
- Para estos momentos tal vez ya este en la isla Kyoshi – agregó el monje. Eso solo aumento un poco la preocupación en ambas chicas.
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Sokka estaba molesto, tenía un hambre terrible, y eso no ayudaba en nada a su estado actual. Las cuerdas en su muñeca le apretaban la circulación, con seguridad sangraban por el forcejeo de liberación previo, podía percibir la hinchazón de la sangre acumulada en el inicio del amarre, ya ni siquiera podía sentir sus dedos, y eso desde hace horas. La quijada entumecida por la mordaza en su boca, sus piernas se estaban acalambrando por estar de rodillas con sus manos atadas a un poste en su espalda, la pose no era para nada cómoda y sabía que era para ese propósito en particular, el era un guerrero entrenado en los fríos páramos del sur, su condición física era mas que buena y sabía que podía soportar aquella tortura sin problemas, pero el punto es que había descuidado un poco su entrenamiento al final de la guerra dedicándose a cosas mas políticas junto a su padre. Se arrepentía por ello en ese momento, pero se justificaba al pensar que jamás pensó ser recibido de tal manera en el instante en que puso un pie en la isla.
Había llegado en la madrugada, apenas y descendió de Appa cuando fue tomado por las guerreras que inmediatamente lo inmovilizaron y colocaron una bolsa en su cabeza, lo segundo que sintió fue un golpe y ya no supo mas. Al despertar estaba tal y como en esos momentos. Amordazado, con hambre y por supuesto muy molesto en un lugar tan obscuro que era incapaz de saber que hora del día era. Dejó de luchar contra sus ataduras cuando se dio cuenta que eso solo lo dañaba mas que ayudarlo a liberarse. Lo habían atado demasiado bien.
Por un momento pensó que no había sido buena idea hacer ese viaje solo, al menos Zuko pudo haberlo acompañado o Katara, o Aang aunque se llevara su cuerpo en meditación, de esa manera no estaría en esa situación, o por lo menos uno de ellos podría huir y traer ayuda. Y ahí cayó en algo, pasaría algo de tiempo antes de que se dieran cuenta de que algo malo le había pasado. No tenía idea de lo que pasaba de todas maneras pero el echo de que lo trataran así no podría significar nada bueno.
Escuchó una puerta abrirse, la tenues llamas de una antorcha se percibieron atreves de la madera que estaba a unos metros delante de él, los pasos confirmaban que no se trataba de una sola persona. Vio la luz situarse justo detrás de la entrada a su celda, solo unos segundos después escuchó el cerrojo abrirse y el rechinar de la puerta dejó ver a una chica con el vestido verde y los adornos que el tanto conocía. Detrás de ella había cuatro mas. Se acercó a él, en sus manos pudo ver la bolsa de color negro, quedó de frente inclinándose hasta llegar a su altura.
Su mirada era hostil y Sokka supo regresarle el mismo sentimiento.
- Ha llegado la hora de que pagues por lo que has hecho.
Y de nuevo obscuridad.
El agua helada lo hiso despertar de las sombras. Maldición, lo sintió hasta los huesos. Respiró agitado y abrió los ojos sintiendo la molestia de la luz. Estaba en un claro, frente a él había una gran estatua del avatar de la isla. Observó entonces a varias, y no todas, las guerreras que estaban alrededor de la plataforma de piedra circular. Sus hombros sentían la presión del par de manos que lo sostenían con fuerza para mantenerlo arrodillado. Lo miraban con profundo odio que se plasmaba aun mas aterrador por el maquillaje que cubría sus rostros. Sus manos seguían atadas en su espalada. Después de escuchar las palabras anteriores tenía la certeza de que lo que pasó con Suki estaba ligado al comportamiento extraño de las chicas que estaban a su alrededor, había ofendido a líder después de todo, pero se negaba a creer a que Suki hablara al respecto. Una de ellas hiso paso hacia delante, quedando frente a él y de espaldas a la estatua, el guerrero del sur no perdió de vista el arma afilada que llevaba en su mano.
- Sokka de la tribu agua – habló con fuerza – Este día en que decidiste volver a la isla de Kyoshi has causado tu propia perdición. Se te ha encontrado culpable de haber deshonrado a un miembro muy importante de nuestra comunidad, y el precio a pagar es con sangre.
El grito de las chicas se hiso fuerte y un barullo comenzó. sus palabras confirmaron su teoría anterior.
- Ahora solo queda decidir hermanas ¿De qué parte de su cuerpo haremos que corra la sangre?
El corazón de Sokka casi se detiene, pero a pesar del peligro en que se encontraba, que ni por los mil demonios imaginó que estaría en aquella situación, no mostro miedo ante la horda de psicópatas que lo rodeaban. Cada una de ellas gritaba una parte de su cuerpo donde se debería de cortar, la garganta, las piernas, el pecho e incluso su hombría.
Las manos de la guerrera se alzaron acallando al resto – He decidido donde cortaremos – todos incluso Sokka esperaron por saber – Su sangre será derramada de su cara. De esa manera cada vez que se vea en un espejo recuerde la falta que cometió, y cada mujer que se acerque a él sienta el mayor asco y repudio por ver su rostro deformado. Ya no serás capaz de humillar a alguien más.
Los gritos de aprobación no tardaron en hacerse escuchar. Todas estaban de acuerdo. Vio entonces como se acercaba con el arma en sus manos, pero el no bajó su rostro ni trato de escapar, la miraba desafiante con sus ojos azules, lo cual sabía que estaba molestando aun mas a la guerrera, su calma hiso que quienes lo sostenían de sus hombros no aplicaran tanta fuerza como debía de ser. La mano se alzó y bajó rápidamente provocando el primer corte, pero la sangre no corrió. Sokka se inclinó hacia atrás evitando la afilada cuchilla, su repentino impulso hiso que las dos que lo sostenían se inclinaran por su peso y de manera rápida giró sobre sus talones haciendo que ellas se cayeran por haber mantenido recargadas en su cuerpo, la que tenía el cuchillo lanzó otro ataque cortándole en el hombro, no se inmutó en absoluto. Con increíble fuerza logró romper la soga de sus manos y una vez libre no dudo en atacar a las tres que estaban mas cerca de él, a una de ellas simplemente la pateó lanzándola fuera de la plataforma, la segunda cuando quiso atacar se detuvo al ver como el guerrero del sur había capturado la mano de su amiga quitándole con facilidad la afilada daga para colocarla en su garganta.
Todo pasó muy rápido que cuando las demás quisieron reaccionar Sokka ya había inmovilizado a su verdugo amenazando con matarla. Se quedaron quietas ante eso. Él miró alrededor dándose cuenta que ahora, era él quien tenía el control de la situación. Se quito la mordaza de su boca sintiendo el alivio de la presión liberada.
- ¿Qué es todo esto? – su agarre seguía fijo en la chica que tenía sujeta, la punta de la daga sin tocar la carne de su cuello.
- ¡Debes de pagar por lo que hiciste! – le dijo con enojo la guerrera.
- Si te refieres a Suki...
- ¡NO TE ATREVAS A PRONUNCIAR SU NOMBRE! ¡NO TIENES DERECHO!
Sus ojos azules se volvieron mas obscuros, como un mar que arrasaba con todo en medio de una tormenta y te llevaba a sus profundidades sin escapatoria.
- ¡Escúchenme de una vez por todas! – gritó sin evitar que se notara su enojo – Lo que pasó entre Suki y yo es asunto nuestro, lo que ustedes piensen me tiene sin cuidado. Así que paren de una vez con esto.
Soltó a la chica solo para después dejar caer con fuerza el afilando instrumento haciendo que se clavara en la dura piedra.
- Ahora llévenme con ella o quítense de mi camino.
El príncipe se alzaba con mas fuerza y poder de lo que ellas pudieron imaginar. Recordaban al chico que llegó a la isla y que fue vencido con suma facilidad por su admirada líder, quien estaba ahora frente a ellas no era para nada esa misma persona, se veía peligrosa y atemorizante.
- ¿Qué esta pasando aquí?
El corazón de Sokka se detuvo y no precisamente por miedo a que mas guerreras llegaran con intención de querer lincharlo. Ella estaba frente a él. Le hiso falta el aliento al verla. No vestía el uniforme verde ni el maquillaje, su rostro estaba limpio y eso permitía admirar mas su belleza, el cabello seguramente largo se recogía en un modesto moño en su nuca dejando algunos mechones caer libremente en su rostro. Sokka recordó que tenía que respirar y un fuerte suspiró salió de sus labios sin querer. En verdad la había extrañado, y mas aún, el solo verla en ese instante le hiso avivar algo que sabía jamás se había apagado en él. La amaba con todo su ser.
De pronto todo el ambiente cambió, la tensión se hiso presente. Suki observaba de manera analítica todo a su alrededor.
- Suki... – solo la voz de Sokka se escuchó en el sepulcral silencio.
Su mirada se volvió tan fría como el clima, o incluso mas; el disgusto y odio se fijaron en la persona que se había atrevido a hablar.
- Creí haberte dicho que no pronunciaras mi nombre.
El corazón de Sokka sintió un corte frió atravesarlo. Le dolió, pero no lo demostró, solo igualó en ese momento la altivez de su mirada. La batalla silenciosa de sus ojos dio inicio y ninguno de los dos mostró debilidad o alguna vulnerabilidad hacia el otro.
- ¿Qué es todo este escandalo?
Las guerreras de pronto se tensaron o mas bien se asustaron, Ling, la matriarca de la isla se hacia presente. Sokka sintió su mirada en él.
- ¿Y bien? – exigió la mujer.
- Él se atrevió a venir aquí después de lo que le hiso a Suki – habló una de las chicas – Solo le estábamos haciendo pagar por su gran falta.
- ¿Y de que falta estamos hablando?
- Ninguna – habló de pronto Suki, sus ojos seguían fijos en Sokka pasando por alto la reacción que había causado entre las que hace dos años fueron sus compañeras – Regresa a tu tribu Príncipe del Sur. No hay nada para ti aquí – terminó de decir con severidad.
Suki les dio la espalda para perderse en el bosque olvidando siquiera que le estaba faltando el respeto a la matriarca.
- He venido por algo que es mío – habló con fuerza Sokka haciendo que se detuviera – Y no me iré de aquí sin ello.
- ¿Y que es eso? – preguntó la gobernante de la isla. Lo miraba con seriedad. Sokka no sabía si estaba fingiendo interés o simplemente esperaba el momento para atacarlo con el abanico que colgaba de su muñeca.
- Mi derecho de tomar a Suki como mi mujer.
Todas se quedaron sin aliento. A nadie se le ocurrió que diría algo como eso. Suki se giró para mirarlo, sus manos apretadas en un fuerte puño que en ese momento deseaba dejarlo ir contra la cara del maldito que estaba a la distancia.
El temple de la matriarca cambió de pronto, pero la altives no desapareció - ¿Y porque piensa que tiene derecho a eso?
- Porque la vencí en un encuentro, según sus tradiciones puedo reclamarla como mía.
Algo que no supo si describirlo como orgullo o satisfacción se hiso presente en los ojos de la mujer de mayor edad – ¿Es eso verdad Suki?
Todas estaban fijas en ella, podía sentir el ardor en sus manos por lo fuerte que apretaba sus uñas en el puño cerrado. Su mirada dio con el bastardo príncipe asegurándole su muerte por lo que había dicho. Desvió entonces su vista hacia su gobernante y mentora, su ligera impaciencia haciéndose evidente por la tardanza de su respuesta – Lo es – declaró finalmente.
- Si es así, toma a tu mujer príncipe Sokka – Suki sintió su alma caer hasta sus pies – Y a todas ustedes – su evidente cambio de tono hiso estremecer a las demás – Vuelvan a sus quehaceres ¡Ahora!
Ninguna esperó un segundo mas desapareciendo inmediatamente de la vista de su señora. Sokka se distrajo solo unos segundos mientras todas las chicas se marchaban a una velocidad increíble, pero cuando volvió su vista al frente, Suki ya no estaba. Abrió sus ojos con asombro ¿Adonde se había ido?
- ¿Príncipe Sokka? – fijo su vista en la persona que le hablaba, en ese instante notó que ya no había nadie mas ahí. Estaban completamente solos – Por favor acompáñeme – quiso decirle algo pero la chica se le adelantó – Sus heridas, debemos atenderlas y creo que el bisonte en el que llegó lo extraña - ni siquiera había pensado en Appa – Creo que lo mejor en este momento es dejar a Suki a solas – agregó finalmente para convencerlo.
Echando un último vistazo al lugar donde Suki estuvo se dio la vuelta para seguir a la chica que no vestía como guerrera. Lo condujo adentro del bosque, mientras avanzaban Sokka reconoció a la que caminaba frente a él.
- Eres tu – ella giró su rostro para mirarlo – Tu fuiste quien me dijo sobre buscar a Suki después del eclipse – Saya.
Su sonrisa solo lo confirmó – Me alegra que no se haya olvidado de mi.
- Nunca podría, a ninguna de ustedes – agregó en voz baja, ella lo escuchó.
Llegaron a un rio, ahí estaba Appa, el bisonte se levantó al verlo.
- Hola amigo, seguro estabas preocupado ¿Verdad? – un pequeño gruñido en respuesta.
Mientras Saya cosía la cortada en su hombro notó el mutismo en el que estaba sumido el príncipe del sur. No hacía ni un solo gemido mientras la aguja traspasaba su carne y el hilo cerraba la piel abierta. Casi miraba con terror el alcance de sus compañeras, el filo de aquella daga era increíble, había traspasado el grueso abrigo llegando hasta su piel e incluso lograr dañarlo con algo de profundidad. Había echo bien en decirle a Suki sobre la visita inesperada e incluso a la matriarca Ling. Ella se había dado cuenta que algo no estaba bien la noche anterior, el extraño comportamientos de las chicas no era algo que recordaba para las vigilancias nocturnas, pero fue hasta esa mañana que siguió su rastro, llevándola con el bisonte al lado del rio, no tuvo que pensarlo dos veces en saber de quien era y sobre todo quienes podían estar en la isla. Le sorprendió que solo fuera él quien había llegado, pero al mismo tiempo le emocionó. Ella sabía que el príncipe del sur no era malo, podía apostar con seguridad que en verdad amaba a su antigua líder y compañera, aunque se tardó dos años en demostrarlo.
De manera morbosa echo un vistazo a él. El abrigo que llevaba puesto estaba de lado a sus pies, la segunda prenda tenía la rasgadura en el hombro y estaba manchada de sangre, no lo pensó dos veces en arrancar el mismo la manga y quitársela de paso. Dejándolo entonces con una camisa que llevaba de bajo, la ultima prenda que protegía su cuerpo del frio del sur, los fuertes brazos quedaban al descubierto y se podía ver parte de su pecho. Saya desvió la mirada avergonzada concentrándose mejor en terminar de suturar.
- ¿Por qué Suki no viste como guerrera Kyoshi? – preguntó de pronto.
Hiso un punto mas antes de responder – Ella ya no es una guerrera de la isla – los ojos azules la miraron – Renunció hace dos años, cuando regresamos de la Nación del Fuego.
Quiso preguntar, pero las palabras murieron en su boca antes de que salieran al conjeturar la razón sobre esa decisión – Fue por mi ¿No es así?
- Ella nunca lo dijo, o al menos no nos lo hiso saber. La única que sabe la verdad es la matriarca. Cuando renunció nos explicó al resto que simplemente ya no podía seguir siendo una de nosotras, que ahora tomaría un rumbo diferente. Yo también renuncié cuando ella lo hiso, y... me contó la verdad después.
Sokka notó entonces que no había odio en ella, no como las otras desquiciadas que trataron de matarlo hace unos momentos.
- ¿Todas lo saben? – preguntó entonces.
Eso tomó por sorpresa a la chica, pero incluso ella mostraba la misma interrogante del que estaba atendiendo – No, o al menos eso creía – dijo con honestidad – Cuando renunciamos salimos de la isla, hemos estado viajando por el reino tierra ayudando, apenas volvimos hace tres meses y se que Suki no hablaría de esto con nadie, le costo trabajo abrirse a mi. Pero se con seguridad que algo cambió a nuestro regreso, lo noté cuando llegó su prima.
- ¿Katara?
- Si, ella estuvo aquí hace apenas unas semanas después de que nosotras llegamos, se quedó solo unos pocos días, platicó conmigo y con otras de las chicas, pero creo que algunas se mostraron un poco hostiles hacia ella.
- Ellas hablaban de un pago de sangre por una ofensa ¿Qué quisieron decir con eso.
Guardó silencio por un momento.
- Es la manera en que una guerrera deshonrada puede recuperar su virtud y poder casarse – no tuvo que decir mas, Sokka entendió su punto.
- Si es así entonces ellas lo saben – aseguró con mas firmeza.
- ¿Cómo se enteraron?
No pareciera haber respuesta para esa pregunta, Saya terminó de coser.
- ¿Dices que no estuvieron en la isla desde hace dos años? – su mirada estaba fija en un punto del bosque pensando la posible respuesta a todo ese lío de hace un momento – He enviado cartas aquí desde que Suki y yo... – no terminó, pero ella lo entendió – Y eso comenzó hace dos años - Saya lo miró con asombro – La última la envié hace tres meses.
Exactamente dos noches antes de su compromiso, fue su último intento por recuperarla, pero ella nunca respondió las cartas que literalmente llegó a escribir una por día, eso lo hiso darse por vencido finalmente. La falta de respuesta lo hiso continuar con el plan de su tribu, y solo reafirmaba la teoría de que Suki no lo amaba y que no deseaba saber nada de él.
- ¡Esas perras! – gritó Saya haciendo que Sokka la mirara con asombro por sus palabras - ¿Cómo pudieron hacerlo?
La nueva información la dejo sin habla ¡Ellas leyeron las cartas! Eso explicaba todo. Las muy malditas obtuvieron información personal y seguramente hicieron sus propias conjeturas. Saya estuvo a lado de Suki, escuchándola llorar en la obscuridad cuando creía que nadie mas lo hacía y fingir una sonrisa al día siguiente, por ese motivo habían salido de Kyoshi, porque el recuerdo del príncipe estaba en esa isla y Suki no podía con ello – Deseo superarlo Saya, solo eso – esas habían sido sus palabras, pero en el fondo ella esperaba algo, sospechaba que aun lo amaba y si él pedía por ella, sin lugar a dudas Suki volvería a él. Pero nunca hubo nada que indicara eso, no hubo señales del príncipe, ni siquiera una disculpa o explicación en todo ese tiempo y Suki asumió que solo fue una aventura y ya. Por eso el odio y el rencor parecieran igualar el dolor que sufría. Saya no sabría cual de los dos era mejor ¡Y todo este tiempo esas malditas estuvieron recibiendo cartas! ¡Cuánto habrían cambiado las cosas de haberlo sabido antes!
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- ¡EL NO PUEDE LLEVARSE A SUKI! – se hiso escuchar fuerte y claro la chica de cara maquillada – USTED NO PUEDE PERMITIRLO.
La mujer la miró con severidad, jamás permitiría que le faltaran el respeto de tal manera, aun si se trataba de sus guerreras. La conducta de la chica cambió entonces a una mirada mansa.
- ¿Y quien eres tu para hacer tal reclamo? – le espetó con dureza.
- El la ofendió, le quitó su virtud aun sabiendo que estaba comprometido con otra mujer, no le importó usarla.
- Si Suki fue vencida por él, entonces tiene todo el derecho de hacer con ella lo que le plazca – las forma en que lo dijo dejó a la guerrera sin habla – Y por lo que a mi respecta no ha cometido ninguna ofensa.
- ¡Pero esta comprometido!
- Ese – dijo con enojo y fastidio – Es problema de ellos, no nuestro.
Y ahí dejo por terminado el tema, dejando en claro también que ya no deseaba hablar al respecto.
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La noche llegó y Sokka miraba el cielo nocturno, Saya había sido muy amable en llevarle comida a él y a Appa asegurando que se encargaría de llevar a Suki con él para darle la oportunidad de hablar; hubiera preferido hacerlo por si mismo, pero la chica le advirtió que no seria buena idea, las guerreras estaban al pie de guerra contra él y si se acercaba a la comunidad lo atacarían sin lugar a dudas, al menos le dio la confianza de que no intentarían nada mientras estuviera en el bosque, o eso pensaba. ¡Pero ya habían pasado todo el día y a esas horas de la noche seguía sin pasar nada! Se estaba desesperando. Miró de nuevo el cielo, con un suspiro cerró los ojos tratando de concentrarse en los sonidos del bosque para distraerse. El ruido del agua, los animales nocturnos que salían a la caza y los minúsculos sonidos que provocaban al caminar entre hojas y ramas, la respiración de Appa, el viento tocando los árboles provocando una danza en sus ramas. Entonces escuchó los pasos, se incorporó de inmediato y de entre las sombras pudo distinguir a la única persona que deseaba ver en esos momentos.
Quiso decir su nombre, pero temía que al hacerlo su imagen se desvaneciera como si fuese una ilusión o un sueño, de los tantos que tuvo con ella. Su figura salió de la obscuridad a la poca luz de la noche. Su corazón latiendo tan rápido como la primera vez que se enfrentó a ella.
- Debes marcharte – escucharla solo confirmó que era real – El derecho que reclamas ya no tiene validez, se rompió en el momento en que dejé de ser una guerrera de Kyoshi.
Algo frio lo cubrió y no precisamente era por el clima. La mirada desafiante de Suki dejaba en claro la verdad de sus palabras. Pero Sokka estaba lejos de renunciar a ella.
– ¿Tendré que vencerte de nuevo entonces? - igualó su mirada desafiándola.
- ¡No ofendas nuestras tradiciones solo por el capricho de tenerme en tu cama!
Sokka se molestó – ¡Jamás te atrevas a decir algo como eso de nuevo! – se acercó a ella a paso decidido – Lo que paso entre nosotros fue mas que el deseo de tenerte en mi cama y lo sabes – ella quiso hablar pero él la cayó antes – Ni siquiera te atrevas a ofender esos recuerdos con lo que piensas decir.
Quedó frente a ella pero a una distancia prudente, la tentación de tocarla y besarla las contenía a duras fuerzas, verla en esos momentos e incluso aun si estaba enojada solo provocó que el deseo por ella creciera enormemente, pero no era el momento de pensar en ello, tenían que platicar, aclarar las cosas y por lo visto de la situación sabía que eso sería difícil de lograr.
- Se que estas enojada y tienes todo el derecho de estarlo – comenzó a hablar sin dejar de lado su determinación, incluso su tono de voz era severo – Pero juro por mi vida que en ningún momento tuve la intención de ofenderte o deshonrarte.
- Si has venido a disculparte ya es muy tarde para eso, no me interesan tus palabras Sokka, márchate en este momento y jamás vuelvas.
- ¡No me estas escuchado! – en su desesperación se acercó a ella tomándola por los brazos – ¡El único motivo por el que he vuelto es por ti! Suki yo...
Una bofetada lo cayó. El ardor en su mejilla.
- Te dije que no me tocaras – se había librado tan rápido de su agarre que ni el fue capaz de predecir su movimiento – Y que tampoco volvieras a pronunciar mi nombre.
La miró fijamente, su rostro apenas distinguible por la obscuridad, los pequeños rastros de luz de la luna pobremente los iluminaba, pero aun así fue capaz de percibir el odio en ella, porque eso era, un profundo odio y no dolor. Sokka lo merecía, era el mas grande bastardo del mundo por haberle echo tan gran daño, por no haber sido sincero desde el comienzo, por no haber tenido el valor de enfrentarse a su padre y romper el compromiso desde el instante en que su corazón comenzó a latir por ella. Pudo haberlo echo en Ba Sin Se, cuando aun estaban en guerra, pero no lo creyó conveniente, iniciar una posible discusión con su padre después de que los habían ayudado no era la manera de agradecer su intervención y el perdón por la falta que cometió por haber escapado de su tribu meses pasados. El pago por sus acciones se estaba llevando acabo y pudo decir que era mas que justo y merecido. Quería pelear por ella, pero ahora se daba cuenta de lo tarde que era.
Sintió algo mas que el ardor en su mejilla, un cálido líquido descendía por su piel que instintivamente limpió con su mano. Tal vez la obscuridad no le dejaba ver bien, pero supo distinguir el color obscuro de su sangre. Se fijó en ella, su mirada seguía ardiente y el odio no había disminuido.
- Sangre con sangre se paga. Ya nada te detiene, no hay derecho que reclamar ni ofensa a la que pedir perdón. Márchate de una vez por todas.
Supo entonces que lo hiso a propósito. Pero Sokka estaba lejos de coincidir con ella – No lo haré – su cambio fue evidente, ahora él estaba enojado, se acercó, sin querer hacerlo Suki retrocedió un paso. Había algo diferente en él, se veía amenazador y peligroso - No me iré solo para que otro pueda tenerte. Eres mía Suki y tendrás que matarme para alejarme de ti.
No lo pensó mas. El primer golpe lo dio ella, Sokka lo supo esquivar, pero cuando el segundo ataque cortó su antebrazo su paciencia se había ido al demonio. La embistió sin importarle que era precisamente a la mujer con la que trataba de reconciliarse la que se estaba enfrentando. Ella se incorporó rápidamente, después de darle una patada a su cara corrió hacia el bosque, no huía de él pero Suki era lo suficientemente lista para saber que no podría vencerlo con facilidad, Sokka era mas fuerte sin lugar a dudas, la primera vez que la venció no había sido porque ella lo permitiera, el realmente le ganó y no dudaba que en vistas de las circunstancias el resultado se repetiría, no podía permitirlo. Corrió a terreno conocido, donde tendría la ventaja, esperó por él, en solo segundos la había alcanzado, lo sintió detenerse, sabía que ella estaba al asecho pero contaba con el factor sorpresa a su favor, contuvo la respiración, poniendo en practica años de entrenamiento ataco al príncipe del sur.
Sokka sintió el golpe en su brazo, justo donde estaba la herida, pero fue lo suficientemente rápido para contraatacar y sujetarla antes de que abriera la sutura y le fuera difícil mover el brazo, Suki se sujetó de su propio agarre y haciendo palanca lo derribó al suelo, el cayó en una posición nada cómoda, el cuerpo de la Kyoshi había echo una llave sobre el inmovilizándolo, sentía su brazo a su merced, sabía que podría romperlo con facilidad si así lo quisiera y de ninguna manera lo iba a permitir, de alguna forma se impulsó para quedar sobre ella pero el agarre no menguó, con su mano libre sujetó su garganta con fuerza, cuando el aire le hiso falta no tuvo opción que soltarlo para liberarse de su mano y así poder respirar, se alejó de él mientras tosía recuperando el aliento. Al ponerse de pie él también lo hiso, sus manos en posición de ataque, lo recibió con un derechazo directo en su quijada, Sokka respondió de la misma manera, no deseaba golpearla solo inmovilizarla, pero la maldita daba golpes muy fuertes y eso lo estaba desquiciando. Sujetó su mano a la menor oportunidad que tuvo, le dobló el brazo obligándola a darle la espalda, aplicó mas fuerza de lo debido, su quejido se lo decía, impulsó su cuerpo estrellándola contra un árbol, separó sus piernas con las de él de esa manera no lo golpearía, con su mano libre le sujetó su hombro obligándola a permanecer con el rostro pegado a la corteza.
Sus respiraciones eran agitadas, sentía el aliento de Sokka en su cuello, era ruidoso y profundo igual que el de ella. Su cabello se había soltado desde hace tiempo, pudo ver aun por la obscuridad como pequeñas ramas y hojas secas se había enredado, seguramente estaba todo enmarañado por la pelea pero en esos momentos eso no le importaba, su concentración estaba en el dolor de su brazo por la posición en la que se mantenía y el agarre de la persona que se encontraba en su espalda, especialmente en esa persona. Percibía su calor sobre ella, no la tocaba directamente pero podía sentirlo. La posición no era nada cómoda pero debido a su agarre podía fácilmente adivinar la disposición de cada parte del guerrero, solo tenía que encontrar una oportunidad y sabría donde atacar y liberarse.
- Ni siquiera lo pienses.
Con sorpresa ahora su cuerpo la cubrió por completo, le había liberado el brazo pero sus manos sujetaron sus muñecas manteniéndolas fuertemente agarradas sobre la corteza. Ahora sentía su cuerpo haciendo presión sobre el de ella mientras era empujada, si era posible, sobre el tronco del árbol aun más.
Sokka era duro.
Estaba muy consiente de cada parte que hacia presión sobre su cuerpo, especialmente una que estaba justo a la altura de su trasero. De ninguna manera podía moverse, si lo intentaba el lo sabría y evidentemente evitaría cualquier posible ataque, de nuevo había perdido.
Solo hasta que Sokka sintió su cuerpo relajarse, al menos un poco, fue que recargó su cabeza en su hombro, ella tenía la cara inclinada hacia el otro lado. Seguía agitado por la pelea, su nariz aspiraba su aroma, el mismo aroma que había amado tanto en el pasado, su cabello era hermoso y se preguntó si solo lo mantuvo corto por su condición de guerrera. Aun así llegó a la conclusión de que debía de mantenerlo de esa manera, largo.
- No tengo derecho a pedirte perdón – de pronto habló – Y te mentiría si te dijera que no deseo que estés en mi cama de nuevo. Pero lo único de lo que me arrepiento es de no haber sido sincero contigo, de no haber aclarado las cosas cuando tuve tantas oportunidades para hacerlo, pero era cegado por ti, tu presencia, tu sonrisa, todo en ti me distraía por completo dejando solo un pensamiento en mi mente. Estar contigo. Estábamos en medio de una guerra y después de lo que pasó en la Roca Hirviente fue claro para mi que no podía perder mas tiempo preguntándome si era correcto o no estar contigo a pesar de mi situación – hiso una pausa – La verdad es que me había enamorado de ti mucho antes de eso, y lo sabes. Lo que pasó aquí fue lo que me ató a ti para siempre.
El recuerdo les llegó acompañado de un viento fresco, la noche en que fue vencida por él, la misma noche en ella misma se había entregado sin reservas al hombre que ahora por derecho le pertenecía. El secreto guardado en aquel bosque como una promesa; una que ahora el estaba dispuesto a cumplir.
- Te amo Suki – dijo finalmente.
El silencio de la noche los cubrió a los dos. El sonido de viento rozando los árboles se escuchaba, el ruido del agua a lo lejos y de pocos animales que seguían la vida nocturna. Sokka ya no tenía mas que decir, ahora dependía de ella, y sea cual sea su respuesta el la respetaría, estaba dispuesto a dejarla ir si no lo amaba, pero solo necesitaba una señal, una prueba de que ella compartía ese sentimiento y para el sería suficiente. Soltó su agarre y se alejó de su cuerpo.
Suki siguió abrazando el árbol como si fuera su único soporte, aunque así lo era, no confiaba en el poder de sus piernas para sostenerla, el frió cubrió su espalda cuando el calor de su cuerpo la abandonó. Sus palabras haciendo eco en su mente, repitiéndose una y otra vez. Había soñado tanto con ese momento, en el que el regresaba y le decía que la amaba y que se quedaría a su lado, pero todo era una hermosa ilusión de algo que jamás sucedería, porque el nunca le había dado aquella señal que ella esperaba.
Hasta ese momento.
Giró su rostro para mirarlo, fue capaz de mover su cuerpo para quedar frente a él, dejando que su espalda se recargara en el grueso tronco lo observó. La mirada tan profunda brillaba aun en la noche como el mar que era. Un mar en calma en esos momentos pero con ligera turbación en su superficie. Quiso hablar, decirle algo, pero sus labios se abrieron con otras intenciones lejos de dejar salir palabras, Suki se abalanzó hacia él besándolo. Aunque sintió la sorpresa inicial por su acto el le respondió al instante, sus brazos la rodearon apresándola con fuerza a él. La besaba con vehemencia, con el furor reprimido de tanto tiempo haber estado lejos de ella, podía sentir su desesperación de profundizar aun mas el beso y saciarse por completo. Apenas y tuvo un respiro cuando el la besaba nuevamente. En un impulso la empujó de nuevo al árbol y cuando su espalda tocó la corteza Sokka siguió devorando su boca. Sus manos ahora surcaban por su cuerpo. Tocando cada parte de ella ¡Como había extrañado su toque! Se estaba dejando llevar y no le importaba, no en esos momentos que ansiaba estar con él mas que nada en el mundo, y evidentemente el también, ahora lo sabía, no solo por sus acciones en esos momentos, si no por la verdad que se enteró antes de ir a verlo esa noche.
Saya había llegado a ella una hora después de lo sucedido con las otras guerreras, no tuvo que adivinar que seguramente estuvo con él. Nadie mas se atrevería a acercase a Sokka ahora que evidentemente todas sabían lo que había pasado entre ellos y eso no la hiso nada feliz, lejos de dar explicaciones prefirió alejarse de todas, su presencia la estaba perturbando de sobremanera. Creyó que lo había superado, su alejamiento de la isla y de ciertos recuerdos le habían ayudado, pero haber visto al culpable de tantas lagrimas que derramó la puso en una situación que no esperaba, el solo verlo le confirmó que estaba lejos de poder olvidarlo, su estúpido corazón aun latía por él, pero el odio y el rencor también seguían ahí, y así como tal vez sus sentimientos se manifestaban a flor de piel, la creciente decepción y disgusto regresaban como un torbellino destruyéndolo todo a su paso en su interior.
Su amiga llegó con un montón de papeles y los dejó frente a ella. Antes de decir algo ella habló primero y le explicó todo. La declaración la dejo impactada. Miró de nuevo el papel apilado, las cartas estaban frente a ella, la prueba de que él la buscó, de que se arrepentía de todo y la declaración de su amor plasmadas en tinta y papel. Suki leyó cada una de las cartas en soledad, las primeras trataban de explicaciones, las siguientes sobre su arrepentimiento, y otras sobre el amor que le profesaba, algunas tenían palabras tan hermosas que derramó lagrimas, casi incapaz de creer que fuera Sokka quien las hubiera escrito, otras le parecieron graciosas al notar el forzado intento de ser romántico y poeta. Así continuó todo el día, leyendo cada uno de los papeles blancos y azules, al hacer la cuenta y viendo la cantidad que eran pareciera que le hubiese escrito una carta por día, lo cual la asombró y conmovió. Después de haber pasado la mitad las cartas se volvieron mas casuales, ya no profesaba amor, solo hablaba de temas particulares como de su familia, su tribu y demás cosas, pareciera como si presintiera que ella pudiera haberse cansado de sus disculpas y declaración de amor incondicional y entonces prefirió optar por algo mas parecido a una conversación entre amigos. Pero la última carta fue diferente a todas las demás. Lo que había escrito en ella fue mas profundo que lo escrito anteriormente, igualable a la primera carta. El estaba dispuesto a dar todo por ella, solo necesitaba una señal, una respuesta de su parte que le indicara que aun había esperanza para su corazón y al mismo tiempo estaba dispuesto a dejarla ir, cosa que no había mencionado antes, el la dejaría en paz si ella así lo quisiera y si esa fuera su elección se disculpaba por todos los inconvenientes que seguramente sus insistentes cartas le atrajeron.
Las lagrimas corrieron incapaz de detenerlas. Vio la fecha de hace tres meses, miró entonces confundida todo. Saya llegó en ese momento, llevaba una charola con té y panecillos, había estado todo el día en su casa apartada de las demás, el sol se estaba ocultando y por el tiempo que pasó era evidente que se encontrara preocupada por ella, no le importó que la encontrara en tal estado, seguramente se veía terrible, con sus ojos hinchados y rojos de tanto llorar. Saya se acercó a ella en el momento en que depositó la charola en una mesita. Le tocaba la espalda con suavidad mientras que soltaba nuevamente en llanto.
- El me ama... – susurraba – En verdad me ama.
- De no ser así no creo que estuviera aquí.
Se incorporó un poco para mirarla – Su última carta dice que él esta dispuesto a dejarlo todo por mi, pero si no tenía respuesta entonces se casaría – incluso Saya mostro sorpresa y conmoción de sus palabras – Pero eso fue hace tres meses, el debe de estar casado en estos momentos.
- No, no pienses así – inmediatamente intervino – Si él esta aquí es por una razón, y que este casado no creo que sea una de ellas. Tu misma lo escuchaste, vino por ti, solo por ti. Solo mira esto – señaló las cartas – Te escribió cada día desde que... te enteraste de su compromiso – no tuvo que ser una genio para darse cuenta de eso, la cantidad de papel hablaba por si sola – Y aun sin que tu le respondieras, sin que le dijeras ni una miserable palabra, el vino aquí. Cualquier otro ni siquiera se hubiese molestado, después de dos años hubiera entendido el mensaje, pero él no lo hiso, no se dio por vencido y esta aquí ahora, jugándosela por última vez, por ti. Suki si eso no es prueba suficiente de su amor por ti entonces no se que esperas de él. Se que sufriste mucho, pero creo que el también lo hiso.
Tenía razón ¿Por qué lo estaba dudando? El no volvería solo para decirle que estaba casado, había venido a reclamarla como su mujer y ella le había dicho que se fuera, seguramente eso lo devastó. Se puso de pie rápidamente al darse cuenta de ese detalle.
- ¿Suki?
- Le dije que se fuera Saya, debo alcanzarlo.
- El sigue aquí – la detuvo con sus palabras – Se quedó en el bosque, me había hablado sobre las cartas que envió en estos dos años, no tuve de deducir quien las tenía porque era mas que obvio que tu no sabias de ellas. Esas chicas tal vez lo hicieron con la mejor de las intenciones pero realmente este desastre fue creado por su culpa – se cruzó de brazos evidentemente molestia.
Entonces Suki pareció vacilar. Saya lo notó, se puso de pie acercándose a ella.
- Ve con él Suki, se que lo amas, y nosotras te apoyamos – la miró un poco confundida – No crees que pasé las últimas horas preparando el té y esos panecillos ¿verdad? Dejé muy en claro lo que pensaba sobre lo ellas hicieron y la Señora Ling estuvo de acuerdo en todo – se sorprendió por el apoyo de su matriarca, pensó que la odiaría por cometer tal desplante e imprudencia al haber estado con un hombre sin en estar casada, además de que él estaba comprometido – Tu misma la escuchaste ¿O no? Prácticamente te estaba dando permiso de irte cuando Sokka dijo que eras su mujer por derecho – su amiga suspiró – Creo que ella nunca quiso que te fueras, no le hubiera importado tu condición, pero aun así te admiró por lo que hiciste, pero ahora ya no es momento de lamentaciones ni de mirar al pasado – le tomo de las manos – Ve con él Suki, te mereces ser feliz y solo con él lo serás. Y en vistas de lo perra que has sido tendrás de demostrarle mas que con una cursi declaración todo lo que en verdad sientes, porque superar todo esto no será fácil – su vista se fue hacia las cartas – Aun que creo que hallaras la forma de hacerlo inolvidable.
Miró de arriba abajo su cuerpo haciendo que su amiga entendiera el mensaje y ella lo captó de inmediato, se sonrojó de golpe por lo que le acababa de sugerir – Esas mujeres de Omashu no te dejaron nada bueno – Saya solo le sonrió.
No fue corriendo de inmediato hacia él, tendría que mejorar su aspecto en primer lugar y tomar un baño a lo cual Saya le obligó. Cuando se sintió lista caminó hacia el bosque. Sentía su corazón latir con fuerza, aunque estaba ansiosa eso no hiso que apresurara el paso, al contrario iba tan lento como podía, porque no podía negar que sentía un vacío en su estómago llamado incertidumbre ¿Y si era él quien la rechazaba ahora? ¿Si llegaba a donde estaba y no lo encontraba? ¿Qué haría? Le había dejado mas que claro que no lo amaba y que no lo quería cerca de ella. Ahora sintió miedo.
No Suki, no piensas así – Se abofeteó mentalmente, era tal y como Saya le había dicho, el la amaba, no estuvo dos años enviando cartas por nada, de repente se detuvo. El estuvo enviando cartas. Cartas que fueron interceptadas por las otras chicas y que mantuvieron ocultas durante su ausencia. ¿Por qué había enviado solo cartas? ¿A caso hubiera sido muy difícil hacerle una visita en persona para tratar de explicarse? Hubiera sido mucho mas fácil y se hubieran ahorrado tanto sufrimiento. Por ese motivo se quedó un par de semanas mas en la isla aun cuando ya había renunciado, su ultima esperanza había sido esa, pero se dio un duro golpe de realidad cuando vio que no pasaba nada. Él pudo haberla ido a buscar ¿O no? Su amor por ella lo valía ¿No es así? Pero entonces recordó una frase de su ultima carta. El estaba dispuesto a dejarlo todo por ella si le daba una señal, y por dejarlo todo se refería a su compromiso ¡ENTONCES EL SEGUIA COMPROMETIDO MIENTRAS LE ENVIABA TODAS ESAS CARTAS! ¡El muy bastardo había echo exactamente lo mismo! Si la amaba de verdad hubiera roto su estúpido compromiso con la estúpida zorra quien sea con la que estaba obligado a casarse ¡Y después le hubiese ido a buscar! Pero el príncipe bastardo no haría nada hasta que ella le hubiese demostrado que aun lo amaba, de esa manera, ante su evidente rechazo el tendría un premio de consolación, su prometida.
Ahora estaba furiosa, y con una determinación muy diferente fue a verlo, se prometió que no dejaría que sus sentimientos se interpusieran, lo encararía. Antes de llegar se detuvo por última vez, necesitaba tranquilizarse un momento, cuando llevó sus manos a su estomago para calmar la ansiedad que se había depositado ahí, sintió algo frio. El broche de su cinturilla. Lo desprendió sin importar que la prenda se aflojara un poco, entonces tuvo una idea.
Todo se fue al diablo después de que perdió la pelea contra él. Siendo honesta se sintió muy bien golpeándolo, fue una manera de desquitarse por todo el daño que le había causado y haberla echo esperar por tanto tiempo. Pero sus palabras la habían conmovido realmente, en su primera carta le había escrito exactamente lo mismo, escucharlo de su propia voz le hiso perder la batalla interna y se rindió ante él sin lamentación.
Gimió con fuerza cuando mordió su pezón, lo abrazó mas a ella. En ese momento la mitad de su cuerpo estaba desnudo, su torso expuesto a la noche y a las manos del príncipe que estaba frente a ella, su pierna se había anclado a su cadera mientras que el la sostenía con su mano tocándola suavemente exponiendo la piel para él, su recorrido continuó mas abajo, al centro íntimo que guardaba su falda. La sintió estremecer y gemir de una manera que solo él conocía; rompió el broche finalmente haciendo que ella quedara aun mas desnuda.
Para Sokka era un redescubrimiento, un recuentro con el cuerpo que tanto amó y soñó cada noche desde la última vez que la vio; amaba todo de ella, su fuerza, su ferocidad y delicadezas que solo con el mostraba. Su cuerpo era un mapa que había trazado con sus manos, sabía donde estaba cada lugar oculto, cada parte que la estremecía y que el encantado descubría en esos momentos. Comenzó a descender con sus besos. Besó su estómago, las pequeñas cicatrices en su cuerpo, el vientre plano y finalmente llegó a su objetivo, a pesar del tiempo que estuvieron juntos ninguno de los dos había echo algo como eso, pero él deseaba besar cada parte de ella, reclamarlo como suyo únicamente y que entendiera que ahora le pertenecía y no la dejaría ir.
- ¡Sokka!
Su piernas le flaquearon cuando su lengua llegó a su zona íntima, él la sujetó con aun mas fuerza de sus muslos y trasero para evitar su repentino movimiento, no estaba seguro si le gustaba o no, pero los gritos que ahora daba le indicaban que estaba haciendo muy bien su trabajo. Suki le sujetó el cabello con fuerza como queriéndolo enterrar aun mas dentro de ella como si fuera posible. La humedad que había era grande y no podía evitar saborear cada parte de esa zona tan sensible. Sonreía satisfecho, ya había encontrado esa parte en el mapa de su cuerpo, solo que ahora la exploraba de una manera muy diferente y tuvo que reconocer que le encantaba. Entonces tuvo la idea de hacer algo mas, según la tradición de los navegantes, cuando encuentras un territorio inexplorado tienes el derecho de nombrarlo a tu gusto y dejar una marca tuya en ese lugar, Sokka conocía a la perfección las aguas por donde navegaba en esos momentos, pero, debido el tiempo que pasó lejos de aquel territorio que ya consideraba suyo, creyó que era momento de marcarlo nuevamente, y de una manera diferente.
Adentró uno de sus dedos en ella.
Su reacción no se hiso esperar, sus gritos se hicieron tan obscenos que incluso el se excitó aun mas de escucharla, movía sus cadera sobre el como si la estuviera penetrando, solo que en esa ocasión lo hacia con otra parte de su cuerpo. La idea de que no fueran exactamente sus dedos los que entraba en ella lo estaba volviendo loco, sentía el calor, la suavidad y humedad de su interior, así como la presión que ejercía, estaba tan duro por ella. Echó un vistazo hacia arriba. No debió de haberlo echo. Suki estaba en completo éxtasis, una de sus mano estaba en uno de sus senos apretándolo con fuerza mientras que la otra sujetaba la corteza del árbol con sus uñas para sostenerse, resultaba tan excitante de verla de esa forma que estuvo a punto de venirse, entonces sintió que ella lo jalaba hacia arriba. Sus labios lo recibieron con fuerza mientras él hacia presión sobre su centro húmedo.
Suki estaba al borde y aunque deseaba desesperadamente llegar a la plenitud del placer que estaba sintiendo en esos momentos quería mas que nada que fuera con él dentro de ella, llenándola de la única manera en que solo él lo había echo. Lo besó sintiendo su sabor mientras que sus manos le quitaba todo aquello que le estorbaba para llegar a su piel y tocarlo por completo. Liberó su miembro hinchado y preparado, lo toco haciendo que se estremeciera por el roce, le hubiera gustado experimentar mas, como él lo había echo con ella, pero la advertencia de su nombre le indicó que no duraría mucho si seguía de esa manera y por supuesto, al igual que ella deseaba estar en su interior cuando ambos llegaran a la cumbre del placer.
Sin embargo Suki le hiso esperar un poco mas. En lugar de dejar que el entrara en ese momento de una vez por todas y hacerla suya en el suelo cubierto de hojas como la primera vez, la Kyoshi pensaba algo diferente. Para sorpresa de Sokka ella le dio la espalda, se inclinó dejando que su cuerpo se sostuviera por el tronco ahora frente a ella dándole la mejor vista de su trasero quedando justo donde su miembro palpitante estaba. La visión era igual de hermosa, la luz de la luna le daba aquel toque etéreo a su piel, su cabello caía sobre su espalda como cascada brillante, jamás había amado el cabello de alguien hasta ese momento, Suki lo miraba sobre su hombro de una manera tan seductora que le seco la garganta al príncipe de la tribu agua. Reaccionó solo segundos después, pero antes de entrar en ella se inclinó para besar su hombro haciendo de lado el cabello que había ahí, al hacer eso tuvo que rozar su cuerpo y su hombría hiso fricción con su trasero haciendo que ella sonriera y él gruñera por el contacto, esa parte era demasiado suave. Suki movió su cadera hacia atrás para provocar mas roce, mordió su piel en reacción. Sus manos bajaron a sus senos que ahora estaban expuestos a la gravedad, los sintió aun mas grandes por esa nueva posición.
- Sokka...
Oh por los espíritus, había dicho su nombre tan sensual y de esa manera que le pedía estar en ella, una suplica a la que no se pudo oponer. Tocó la espalda disfrutando de su reacción hasta llegar a la redondez de su cuerpo, tomó un pequeño respiro mientras observaba con un deleite, que solo era superado por la exquisita sensación de estar adentrándose a ella, como la parte mas sensible de su anatomía desaparecía entre las formas mas protuberantes del cuerpo de la guerrera.
Gimieron al mismo tiempo sin poder evitarlo.
El cuerpo de ella se arqueó hermosamente mientras su cabeza se inclinaba hacia atrás. Sokka de alguna manera se tuvo que quedar quieto, acostumbrándose nuevamente a la estrechez de su interior. De alguna manera y diferente a lo que su cuerpo le pedía se inclinó hacia ella besando nuevamente su hombro, eso la sorprendió, Suki giró su rostro para mirarlo y encontrarse con sus labios, el beso fue mas que tierno, de alguna manera la estremeció enormemente, a pesar de la situación, aquello era algo que amaba de Sokka, precisamente esa conducta hacia ella mientras estaban juntos no dejaba de sorprenderla, el se tomaba su tiempo para hacerla sentir especial y con ese beso el lo estaba demostrando, era diferente a los que se dieron al comienzo y ella podía notar el cambio, una de sus manos se había situado en su seno derecho, pero no precisamente para estimularla, sintió que su toque se acercaba un poco al centro de su pecho, justo en su corazón, ella también llevó su mano ahí, sujetando con fuerza la de él. Entendió el mensaje.
Cuando sus labios se separaron el no parecía ser capaz de mirarla, sabía que a pesar de todo su concentración estaba en otra parte, sonrió por ello y amanera de dejarle ser movió su trasero. En ese momento abrió sus ojos azules rápidamente, con su mirada le dijo todo y aunque aun la sujetaba de su mano en su pecho tuvo que soltarla para tomarla de sus caderas, embistió por primera vez, ambos gimieron, pero conforme tomó el ritmo Suki gritó al bosque, casi podía jurar que la escuchan hasta la aldea pero poco le importó ese detalle. Todo se sentía tan bien, tan delicioso. En esa posición llegaba hasta lo mas profundo de ella, a ese lugar que solo el podía tocar y hacerle sentir tal goce que le era imposible controlar los gemidos y gritos que salían de su garganta expresando de esa manera lo mucho que estaba disfrutando. Le era imposible mantener los ojos abiertos, de cierta manera sus parpados pesaban mas, como si las energías de su cuerpo se concentraran en un único lugar que en ese momento estaba siendo tocado y estimulado de manera tan maravillosa. Sentía que sus piernas no las sostendrían mas pero el férreo agarre de Sokka en su cadera se lo impedía, el tronco ayudaba también, prácticamente lo abrazaba mientras era empujada hacia él por el constante movimiento del hombre en su espalda.
Sokka estaba al borde, había pasado mucho tiempo sin estar con Suki y los gritos de su nombre así como la exigencia de mas realmente no ayudaban en su resistencia, pero ella tenía que venirse primero, llevó una de sus manos a su centro, estaba expuesto por la posición y tenía libertad de tocarle, por lo que hiso previamente sabía que le gustaría. Ella inmediatamente reaccionó a la nueva estimulación - ¡Sokka! - No pasó mucho antes de que sintiera la convulsión en su interior y el desahogo de su culminación lo arrastró también a él. La liberación fue explosiva, su cuerpo se tensó al instante sujetando con mas fuerza la suave piel de su cadera, el cenit del placer a su alcance estallando en mas de mil pedazos. No pudo pensar en nada mas. El goce vino después, como un placebo para sus extremidades, sintió el cuerpo de Suki flaquear, no era capaz de sostenerse, la tomó mientras giraban sus cuerpos siendo él quien se recargaba en el árbol, se deslizó hasta quedar sentado dejando que ella descansara en su regazo. Se acomodó con tal facilidad en él como si nunca se hubiesen separado, sus cuerpos recordaban exactamente como estar juntos de manera cómoda. La estrechó contra él, de nuevo llevó la mano sobre su pecho, ella también lo hiso.
Todo era calma y relajación, calor y suavidad. Un murmullo de dos alientos se situó en el bosque ahora silencioso. Suki escuchaba el corazón agitado dentro del pecho de quien la sostenía, el pum pum la calmaba, sus ojos se alzaron hacia él, Sokka la miraba en ese momento. No hubo palabras pues se habían dicho suficiente, ahora solo quedaban las acciones y los pequeños detalles que vendrían para el futuro que demostrarían su amor, un futuro que ahora compartirían juntos. Observó como estiraba su brazo hacia el abrigo que estaba no muy lejos de ellos, de ahí saco una pequeña bolsa en color rojo, algo un poco fuera de lugar pensó Suki. Al abrirla un collar se dejo ver. Era hermoso sin lugar a dudas, aunque la obscuridad no le permitió apreciarlo a detalle, pero se sorprendió aun mas cuando lo colocó sobre su cuello.
- Es una tradición en la tribu que cuando un hombre desea casarse le entregue un collar como este a la mujer que eligió. Es un símbolo de que esta comprometida.
Se quedó sin habla. Lo tocó sintiéndose conmovida, si llevaba eso con él dejaba en claro cuales eran sus intenciones. Por un momento se sintió mal de haber pensado terribles cosas antes de encontrarse con él hace unos momentos, sin poder evitarlo lloró en su pecho. Sokka la abrazó tratando de reconfortarla, sabía sin preocupación que su llanto no era por algo malo.
- Te amo...
- Yo también te amo Suki.
De alguna manera todo se sentía en paz.
– Permíteme ser rencoroso pero no pienso invitar a todas tus amigas a la boda.
La risa de Suki fue lo siguiente que escuchó.
.
Los fuegos artificiales iluminaron el cielo nocturno del sur. Las luces brillantes de diferentes colores explotaban en formas caprichosas que se complementaban con secuencia coordinada. Todos los ciudadanos disfrutaban del obsequio proveniente de la Nación del Fuego.
La repentina cancelación de la boda del príncipe fue una noticia que se esparció tan rápido como una ventisca, especialmente los motivos que llevaron aquel rompimiento, pero los rumores de que posiblemente ya había una nueva elegida superó el enfrentamiento de Nala y Katara. Después de la llegada de Suki la atención se centró en la chica del reino tierra que llevaba el collar de compromiso, no era para nada parecido al que Nala portó, el cual era muy ostentoso, este era mas sencillo y delicado, solo si dejabas de lado que se trataba de rubíes azules, perlas y diamantes. Sokka lo había echo, como la tradición manda. A decir verdad lo hiso en la Nación del Fuego, justo al día siguiente del día del cometa. Zuko le había proporcionado el valioso material, aquel había sido el verdadero obsequio anticipado de bodas que su mejor amigo le dio, pero después de haber fallado dos veces con el diseño y aun contando con el asesoramiento y ayuda de uno de los joyeros de la casa real, Zuko lo amenazó con hacerlo pagar por las piedras preciosas si lo echaba a perder de nuevo - ¿Cómo demonios había dañado un diamante? ¡Esas malditas piedras eran lo mas duro del planeta y Sokka de alguna manera se había encargado de volverlas inutilizables! - su advertencia hiso que el príncipe del sur pusiera mas empeño, solo así logró crear un collar hermoso con un diseño único.
Las góndolas y muchas mas embarcaciones que estaban en el mar que separaba el palacio de la tribu eran iluminadas con lámparas provocando un hermoso panorama de luz flotante, todas las personas celebrando la unión de la pareja observaban el espectáculo de pirotecnia. Había mucha felicidad y alegría en el aire, Zuko miró a Katara quien estaba a su lado, sus ojos se iluminaban con cada despliegue de luz que explotaba en el cielo así como la sonrisa que crecía en su rostro. Ella era lo mas hermoso que había visto; su mirada azul se fijó en él, sonrió al instante, tomo su mano y a pesar de llevar el guante la llevó a sus labios para depositar un beso; la mirada de amor y un ligero sonrojo la cubrió. Tal vez se había tardado demasiado en decírselo con palabras, pero sin lugar a dudas ahora sabía que sus acciones expresaban lo mucho que la amaba, y ella lo entendía a la perfección.
La fiesta oficialmente había terminado, pero algunos aun mantenían los festejos, especialmente en la ciudad de hielo, a pesar de la distancia, en el palacio casi era perceptible la música y el baile que los ciudadanos tenían. Solo un pequeño grupo aun quedaba de los tantos invitados de ese día, y un par de ojos azules observaban a alguien en especial.
El color rojo resaltaba indudablemente entre el azul y blanco del salón, a pesar de las flores amarillas y delicados tonos verdes que adornaban todo el lugar, resultaba imposible que aquel color pasara inadvertido, especialmente quien lo portaba. Desde su llegada, la nieta de Hama vestía de azul todo el tiempo, fácilmente pasaba como alguien mas de la tribu, sus rasgos denotaban su herencia, pero en ese momento había cambiado, al igual que un par de días anteriores, el rojo nuevamente la cubría.
El abrigo era hermoso, hecho a la medida si tuviera que adivinar, con un bordado de flores doradas al igual que el vestido debajo en color tornasol, iniciando en un amarillo hasta difuminarse en un naranja obscuro, los tonos de un atardecer. Cada parte de aquella sutil tela se movía al compas de su cuerpo mientras compartía una danza con el príncipe de su tribu. Era hermosa, y el era un experto en cosas hermosas. Su padre se encargaba del trato de comercio de telas y joyas de todo el sur, algo nada fácil de logar en vistas de las condiciones extremas en que vivían, pero el clan de la Aurora no se encontraba del todo cubierto de hielo y nieve, aunque su hogar estaba casi al inicio de lo que era considerado el polo sur, las montañas nevadas y bosques formaban parte del paisaje local, eso permitió que sus ancestros pudieran experimentar aun mas, a diferencia de los que se encontraban mas hacia el sur, y lograr la creación de nuevas formas de vestirse además de pieles. Podían sembrar plantas y a partir de ahí crear telas. La joyería y minería marítima fue otra ventaja, los maestros aguas existentes se encargaban de realizar los viajes submarinos a las profundidades heladas donde extraían las mas hermosas joyas que eran desprendidas de la roca como la fruta de un árbol. El había crecido rodeado de aquella belleza, y por supuesto podría reconocerla cuando la veía, y lo que sus ojos presenciaban era eso.
Había sido demasiado tarde cuando se dio cuenta de ello, al descubrir aquella perla escondida en el mar no se dio cuenta que alguien mas ya había puesto sus ojos en ella, nadó hacia el fondo y tomó el precioso tesoro en sus manos, y al igual que cuando te apoderas de algo valioso, nunca lo dejaría ir. Zuko se había arrojado al agua primero, su carrera la inició mucho antes que él y por eso, ya era demasiado tarde. Lo recordó cuando llegó a la tribu la primera vez, el joven que decía provenir del reino tierra llevando consigo al único ser que podría considerarse el mas importante del mundo, y ahora ese mismo hombre había regresado con su mirada fija en la única persona que consideraba la mas importante solo para él. La mujer que amaba.
En una ocasión Katara le comentó que hubiese pasado si ella hubiera crecido en la Tribu del Sur y no en la Nación del Fuego. Mil ideas cruzaron por su cabeza, y en todas y cada una de ellas, de alguna manera u otra terminaban juntos. Por que en el fondo era lo que él deseaba, lo que anheló en el instante en que descubrió lo hermosa que era.
Con un suspiro disipó todas esas ideas, sus pensamientos solo los había mantenido para si mismo y dejó que así se quedara. Bebió del vino de hielo, el frescor y sensación rasposa que bajaba por su garganta le ayudó a sentirse mejor, tal vez no deseó amar, pero no sería algo por lo cual se dejaría vencer. Miró a su hermano menor, Sorek, aunque tenía la edad para beber no era muy bueno para lidiar con el alcohol en su cuerpo, estaba dormido en la mesa y prácticamente roncando. Bien, la fiesta ya había terminado para ellos y era hora de descansar. Su padre aun platicaba con otros hombres y algunos jefes de clanes, aunque sus risas y alboroto le decían que no precisamente hablaban de cosas importantes. Apoyando la mitad del cuerpo de su hermano en él dejó el salón.
- ¡Auch! ¡Sokka! - se quejó Katara, era la tercera vez que la pisaba.
- Perdón – aunque lo dijo, si había una sonrisa en su rostro resultaba obvio que no le creía.
- ¿Cómo es posible que a mi me pises y a Suki no?
- Tal vez porque solo así la mira a ella y no con quien baila.
Los primos le sonrieron a la pareja que se acercó a ellos. El Señor del Fuego y la nueva princesa de la Tribu Agua habían estado bailando también.
- Creo que es hora de que le devuelva a su esposa, señor Sokka – oh como disfrutaba llamarlo así, especialmente la mirada que su amigo le brindaba cuando se lo decía. Extendió la mano de Suki hacia él, la tomó sin dudarlo.
- Oh tal vez porque Katara no es muy buena bailando.
La cara de la maestra agua se transformó a total indignación – ¡Fui yo quien te enseño a bailar! – le recriminó señalándolo – Incluso mi tía Kya se dio por vencido contigo.
Y había mejorado bastante si tuviera que decirlo, pero esa noche tal vez el licor de hielo le estaba afectando a su ya mala coordinación.
- No te preocupes Katara – habló Suki – A partir de hoy serán solo mis pies los que llegue a pisar.
Le sonrió mientras se acercaba mas a él, su mano libre se dirigió a su pecho mientras el brazo de Sokka le rodeaba la cintura estrechándola con suavidad.
- Jamás lo haría.
Y su mundo se cerró, nadie mas existía, el amor era tan perceptible como el frío de la noche, pero incluso aquel implacable clima retrocedió ante ellos, como una muestra de respeto por los futuros gobernantes.
- Mañana regresaremos al Reino Tierra.
Toph giró para ver a Sun Hee, se paró a su lado. Se encontraban en uno de los balcones con vista a la tribu fuera del salón, el frío era aun mas perceptible en ese lugar, pero el extremoso tiempo fue amable esa noche.
- Si lo deseas puedes quedarte, su hermano lo ha autorizado.
- No planeo quedarme – eso tomó por sorpresa al maestro tierra – Hay una tienda de té de la que tengo que hacerme cargo.
Si estaba ansiosa por volver no lo demostró. Pero incluso Sun Hee supo entender que deseaba estar en casa, el sur no era un lugar donde un maestro tierra podría estar por mucho tiempo, estaban por completo fuera de su elemento y no había manera de que pudieran, por lo menos, llevar a la práctica un poco de entrenamiento. Incluso él se llegó a sentir frustrado por eso, pero tenía el metal para desquitarse un poco. Seguramente eso era lo que la impulsó a querer volver a su amada tierra al igual que él. El maestro tierra se había mantenido cerca de ella a lo largo de eso días como su única escolta, aunque realmente su trabajo, lejos de la idea que todos tenían de que era su guarda espalda, Sun Hee tenía una misión completamente diferente.
Cuidar de que Toph no hablara demasiado.
Ya había demostrado en mas de una ocasión y en los momentos menos inoportunos que no era precisamente la voz de las relaciones públicas y buenos tratos de su reino. Por mas princesa que fuera sus modales y lengua suelta le habían valido algunos problemas y disgustos al Rey Tierra. Un ejemplo demasiado claro fue lo que pasó cuando el jefe Hakoda había solicitado una audiencia con los jefes de clanes e incluso con el Rey Tierra al día de su llegada. Aparentemente la boda se había cancelado y aunque no entendió en ese momento el porqué de la presencia de la princesa en aquella junta, ya que Kuei se encontraba indispuesto por el resfriado que recién había adquirido, fue explicado el echo de que tal vez, la próxima esposa del príncipe se tratara de una ciudadana del reino vecino. Eh ahí que se dio cuenta del motivo de su participación en aquel momento, siendo la princesa de la nación involucrada en una unión tan importante, su opinión sería tomada en cuenta, pero lo que dijo no era exactamente lo que se esperaba.
- Realmente no me interesa – a Sun Hee se le abrieron los ojos como platos cuando escuchó eso - Si Sokka quiere casarse con alguien del reino tierra ese es muy su problema, no mío. Pero si lo que desean saber es que si apruebo esto solo diré que si ambos desean estar juntos ¿Por qué diablos estamos teniendo esta reunión? A final de cuentas es él quien va a casarse no nosotros, así que nuestra opinión en este asunto está de más y solo nos queda respetarla.
Y con eso lo dijo todo. De alguna manera les había dado a entender que no se hicieran una tormenta en un vaso de agua, si Sokka quería casarse, sea quien sea la chica, era única y entera responsabilidad de él aquella decisión. Lo apoyaba sin lugar a dudas y al mismo tiempo mostraba cierta ofensa si llegaban a oponerse a la nueva unión, porque prácticamente eso pareciera que estaban haciendo, comenzar un debate sobre si convendría o no que su príncipe se casara con una muchacha extranjera, y eso no le gustaba para nada a la maestra tierra. Pero claro, existían mejores palabras para expresar eso ¡Y ELLA TUVO QUE ELEGIR LA MENOS ADECUADA DE HACERLO! Deseaba sacarla de ese salón y reprenderla por su gran bocota. Ni siquiera había pensado en las consecuencias de lo que había dicho, cualquiera tomaría su comentario como una ofensa, el echo de que estuviera ahí demostraba que aquellos hombres si tomaban en cuenta su opinión, lo que ella expresó hiso que sus muestras de respeto fueran pisoteadas por su aparente falta de interés.
Maldición, Kuei debió de haber estado muy enfermo si permitió que su hermana lo suplantara en una reunión tan importante como esa, seguramente deliraba, porque solo en un mundo alterno la princesa, que ahora estaba al lado de él, sería una gran figura pública que desempeñaría su papal de manera impecable.
Aun así, su voz dio en el objetivo y su mensaje fue entendido. Uno de los hombres se había incluso reído aunque otros no tanto, tal persona expresó lo mismo que la maestra tierra y después de un pequeño debate todos los jefes de clanes estuvieron de acuerdo en que la elección de una esposa era solo asunto del príncipe. Además, por los nuevos tiempos que eran, que su príncipe se casara con alguien del extranjero podía ser un mensaje de que la tribu era una nación fuerte capaz de crear lazos que la harían aun mas grandiosa. Eso terminó de convencer a los pocos desconfiados, la ventaja de tal unión podía ser beneficiosa también en otros ámbitos. Al final todo quedó en buenos términos y Toph rápidamente salió de aquella junta, había cosas que realmente no le interesaban y la política era una de ellas. Kuei la había agobiado un poco con la idea de que se convirtiera mas en una figura política y dedicarse a su nación que andar vagueando y entrenar; aunque no se lo dijo de manera directa, el Rey Tierra tuvo una manera sutil de darle entender el mensaje. Y fue obvio que no le gusto mucho, por lo tanto aprovechaba cualquier ocasión de huir, o tomarse unas largas vacaciones. Aunque en ese momento el maestro en metal control pensó que elegiría seguir vagabundeando por el mundo, ella había optado por regresar. Sonrió entonces.
- Muy bien, le diré a su hermano que regresará con nosotros.
- ¿No estas cansado? – susurro de pronto – De ser mi perro faldero – la mirada de la maestra tierra fija en el frente.
No le gustó mucho el termino pero trato de fingir que no lo había escuchado – No importa lo mucho que nos guste un trabajo, tarde o temprano desearemos hacer algo diferente, aunque eso no significa que odiemos lo que hagamos en estos momentos. Fui un soldado y un general en tiempos de guerra, y hubo momentos en que realmente deseaba dejar de serlo, pero no podía – sus ojos verdes se nublaron un poco - Ahora hago algo completamente diferente – pareció recuperar su chispa - Y para mi, es como un soplo de aire fresco.
Cuando volteó a verla se dio cuenta que se había quedado dormida estando de pie. El sonrojo en sus mejillas, que antes creyó que se debía al frio, le decían que seguramente había bebido mas vino del que pudiera soportar. Solo tuvo que acercarse un poco y ella por si sola se acomodó en su pecho, la tomo de la cintura y la alzo de las piernas, el viento helado le llevó el aroma de su perfume. Definitivamente, su nuevo trabajo era exactamente eso, aire fresco que no sabía lo mucho que le hacía falta.
Wu observó a su sobrino y la manera muy discreta en que se llevó a la princesa de la que estaba a cargo de su cuidado en esos momentos. Unas escaleras exteriores evitó que tuviera que entrar de nuevo al salón y todos vieran como cargaba a la joven que aparentemente dormía en sus brazos. Un terreno muy inestable estaba pisando, uno que lo llevaría a un abismo causado por la misma persona a la que ahora protegía.
- La guerra los unió – la voz de Iroh hiso que volviera su atención en él – Y ahora parece que lazos aun mas fuertes los unirán en estos tiempos de paz.
Levantó la mirada hacia la pareja en la pista de baile, especialmente en la de color rojo.
- Un paso predecible – sonrió. Los dos lo hicieron.
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El buque avanzaba por el mar sin retraso, el clima había sido muy bueno, a pesar de ser invierno las heladas y pocas tormentas típicas de la estación no fueron un problema; la embarcación real de la Nación del Fuego arribaría a la capital al amanecer.
Katara se encontraba en la proa, una inquietud natural que no podía controlar, estaba nerviosa y aterrada. Lo que antes le había causado una gran angustia ahora era motivo de gran felicidad, pero era precisamente esa felicidad a la que le temía en esos momentos, la había visto como una luz inalcanzable, de la que solo podía mirar a lo lejos cubriéndose por las sombras que provocaba su incandescencia; ahora tenía en sus manos esa pequeña lucecita que se convirtió en un fuego que la cubrió por completo, dándole el calor que en esos dos años estuvo ausente. Y aun así era precisamente eso a lo que le temía, que ese fuego la consumiera y no pudiera lidiar con él, que no fuera capaz de controlarlo y se escapara de sus manos.
Su presencia fue tan perceptible como el movimiento del barco con la marea, podía sentir su calor como los rayos del sol de un día de verano, sabía que la miraba y se acercaba a ella. Apenas y tuvo que girar su rostro para verlo llegar a su lado.
- ¿No puedes dormir?
No vestía de manera ceremoniosa, el traje era sencillo en color negro, a decir verdad eran unas pijamas algo elegantes si miraba con detenimiento; tal vez el clima no era tan extremo como en el sur, pero el viento helado de la noche los hiso abrigarse aunque sea un poco. La forma casual como se veía, con el cabello suelto tan obscuro como la noche misma y un rostro tranquilo, por primera vez Katara sintió que veía al sobrino del hombre de la casa de té que conoció en el reino tierra y no pudo evitar admitir que era muy apuesto con ese perfil. Un increíble sonrojo creció en ella al igual que el calor en su pecho alimentado por el fuerte latir de su corazón que pareció incrementar en esos instantes. ¿Qué le estaba pasando? En el momento en que sus ojos se fijaron en ella solo empeoró las cosas, desvió la mirada sintiéndose azorada.
- Estoy bien – apenas logró decir - Es solo que... he estado mucho tiempo lejos de mi hogar y estoy emocionada.
- ¿Una emoción que no te ha dejado dormir en tres días?
Sintió una pequeña punzadita en su pecho, de manera lenta posó sus ojos azules en él y pudo ver una sospecha echa realidad. La forma en que la miraba le estaba diciendo que el sabía lo que pasaba por su cabeza realmente, el motivo de su insomnio que no tenía nada que ver con el echo de que estuvieran regresando a su nación, si no lo que pasaría una vez ahí.
- ¿Estas preocupada no es así?
Su silencio fue su respuesta, evitó su mirada. Katara no se lo diría directamente, no lo hiso cuando le dijo que la amaba y que deseaba unir su vida a la de ella, resultaba imposible para él pensar en algo diferente, pero al igual que él, sabía que ciertas dudas e intrigas nacieron en ella por lo que harían en el futuro y el papel que ahora tomaría. Sin haberlo notado había puesto demasiada presión en ella y su felicidad de amarla con libertad en el sur había evitado que se diera cuenta de ello; ahora con su llegada a la nación se hiso mas evidente e imposible de ocultar, al menos a sus ojos, la perturbación que tenía.
- ¿Será difícil? – susurró apenas mirándolo - ¿Convencerlos?
A pesar de que no le gustaba su pregunta al menos agradecía que hablara al respecto, se había mantenido todas esas preocupaciones reservadas solo para ella y lo menos que podía hacer es serle sincero con la situación en la que estaban ambos.
- Todos tenemos opiniones diferentes respecto a lo que es mas conveniente para la nación en estos momentos, aun así, lo que es mejor para mí es algo que solo yo puedo decidir y nadie mas - se acercó a ella envolviéndola en un abrazo, casi pudo sentir algo de tensión en su cuerpo, pero inmediatamente se relajó y sus manos le rodearon – Respetaran mi decisión, y lo que lleguen a pensar al respecto me tiene sin cuidado.
Un suspiro cálido en su cuello y supo que era exactamente eso lo que deseaba escuchar, aunque sus temores no parecían irse por completo. No quería que su relación se convirtiera en un problema para ella o causa de desvelo, solo deseaba su felicidad mas que nada en el mundo, y sobre todo que fuera él quien la hiciera feliz.
- ¿Crees que yo pueda hacerlo? – preguntó desde su cuello. Su aliento le hiso cosquillas.
- Si pudiste enseñarle a bailar a Sokka, dirigir la Nación del Fuego será mucho mas fácil.
Escuchar su risa fue lo mejor en esos tres días que llevaban de viaje. La estrechó con mas ímpetu, sentía que debía aprovechar esos momentos, una vez que llegaran a su destino las muestras de afecto y cercanía sería limitada, había ciertos estándares que cumplir y siendo él quien era y su posición debía de cuidar sus tratos. Al menos por esa noche, y pese los ojos indiscretos de sus guardias que tal vez observaban, no había nada malo en la cercanía con la mujer que amaba, si todo salía bien, en pocos meses cualquier acercamiento que tuviera con ella no sería considerado inapropiado.
A excepción de lo que llegase a pasar en la intimidad de su alcoba.
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