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Capítulo III

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FUEGO

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La noche llegó acompañada de música y baile, la promesa de diversión y entretenimiento para todos aquellos que fueran atraídos por sus luces brillantes y algarabía. La isla de Sun Jing se vestía de fiesta, el festival de las máscaras había comenzado. Muchas personas caminaban por las plazas con sus disfraces, en el lago principal se había dispuesto una plataforma donde se representaban obras de teatro y los artistas o danzantes mostraban sus habilidades; era una fiesta del pueblo, pero muy reconocida a los alrededores y Katara amaba esos días de celebración.

El velo cubría su rostro, aunque no con las intenciones pasadas, ahora lo hacía como la primera vez que se colocó aquel disfraz, para confundirse al igual que el resto de la gente, aunque en esos momentos ya no lo consideraba necesario, era casi como un ritual que deseaba continuar. Caminaba por las calles observando la alegría y a las personas que estaban por todos lados, Haru se había separado de ella desde hace horas, podían casi decir que contaban con suerte esa noche, su padre tuvo que salir a la capital por ciertos asuntos y no regresaría hasta el día siguiente, el aprendiz había tenido la cortesía de preguntarle si podría salir y disfrutar de la enmascarada, ella le respondió con un gran si, siempre y cuando no le contara a su padre que ambos habían salido con la idea de quedarse hasta muy tarde.

Los niños corrían y había una gran muchedumbre, típico de la primera noche del festival. Los puestos con comida y juegos atraían a muchas personas así como los espectáculos callejeros. Algo que le provocó mucha alegría fue ver a las niñas con sus mantos rojos y sombreros, las pequeñas Damas Pintadas. Un personaje que se había vuelto muy popular. Le resultaba imposible no pensar en lo que sucedió hace tres años, justamente en ese festival. Por extraño que pareciera un meteorito había caído cerca de la ciudad, el incendio que produjo su caída se propagó rápidamente, ella estaba ahí y haciendo uso de sus habilidades logró extinguir el fuego, pero fue vista. Los aldeanos esparcían el rumor de que la Dama Pintada los había salvado contralando el agua, pero cualquier soldado no pensaría que un espíritu había echo tal cosa. La sospecha sería levantada y una búsqueda iniciada, la llegada de un grupo de soldados confirmaba aquel temor; siguiendo el consejo de su padre no le quedó otra opción que huir a un lugar seguro.

Al principio se arrepintió un poco de haber sido tan irresponsable, había evitado que el bosque se incendiara, pero no significaba que los mismo aldeanos pudieran hacerse cargo de ello. Aun así, aquel acto de bondad la llevó a iniciar un viaje que cambió su vida para siempre. Que la llevó a conocer el mundo que se había mantenido oculto para ella.

Que la llevó a él.

Alzó la mirada a través del velo, la mascara azul sonriéndole al final de la calle la hiso detener y su corazón sobresaltarse, fue solo por un instante antes de perderse entre la gente. No podía ser ¿O si? Impulsada por la curiosidad avanzó abriéndose paso entre las personas. El final de la calle llevaba al lago donde un grupo de músicos estaba tocando, las personas bailaban de manera coordinada al ritmo del conocido danzón, pero no había rastro del enmascarado. Un destello azul le hiso voltear rápidamente. La mascara del demonio, el traje negro, las espadas en la espalda, pero...

- Soy el Espíritu Azul ¡El bandido mas buscado por todas las naciones!

Movió sus espadas demostrando al grupo que lo rodeaba la capacidad de sus habilidades, hasta que una de ellas se le resbaló de las manos y en su intento de capturarla terminó en una bochornosa pose mientras la espada caía de manera inevitable al suelo.

- ¡Que farsante! – Acto seguido el pequeño niño que curiosamente vestía el mismo disfraz, lo golpeó en su entrepierna con una de sus espadas de madera.

Todos rieron, incluyendo al grupo de chicas que el impostor trataba de impresionar alejándose de él con burla.

La decepción la golpeó por un instante seguida por una sonrisa de sus labios rojos al darse cuenta lo tonta que había sido. Era imposible que él estuviera ahí, y siendo el día que era, no debería de sorprenderse que existieran muchos mas Espíritus Azules esa noche, al igual que el ánima que representaba, el bandido enmascarado se había vuelto muy popular y reconocido.

Sonrió a la noche y miró el cielo estrellado mientras la música llenaba sus sentidos. Tal vez ahora eran pareja, pero Zuko es el Señor del Fuego, y sus deberes estaban antes que su novia. Ella entendía, lo aceptó desde el momento en que besó sus labios en el polo sur después de la confesión de su amor por ella. El recuerdo de su beso y la caricia en su rostro cuando se despidieron al llegar a la isla la estremeció, casi sintiendo el toque sobre su piel, él prometió que la vería pronto, había pasado dos semanas desde entonces.

La idea de hacer un viaje a la capital y quedarse en la casa de su padre unos días resultó tentadora, aunque rápidamente descartada, no quería convertirse en ese tipo de mujer que solo reclama atención de su pareja, ella sabía que Zuko la amaba y si no la había visto o convocado al palacio era porque seguramente estaba muy ocupado. El viaje al polo sur tomó mas tiempo de lo planeado debido a los cambios sufridos, quedarse una semana mas de lo establecido traerían como consecuencias trabajo acumulado que lo estaría esperando a su regreso y que requerían forzosamente de su atención; podía imaginarlo encerrado en su oficina o en reuniones durante esos días. No por nada había tardado mas de dos años en salir de la Nación del Fuego, su trabajo en la restauración así como gobernar en esa nueva era de paz requería de mucho esfuerzo y él lo estaba haciendo de manera asombrosa. Ella pudo notar el cambio a su regreso. Zuko estaba cambiando a la Nación del Fuego, la estaba sanando.

Solo eso la consolaba. Tal vez era dueña de su corazón, pero él le pertenecía a su nación y no podía competir contra eso, no después de que lucho tanto por convertirse en lo que era ahora.

De pronto se estremeció. Su espalda sintió el calor, al darse la vuelta se topó con el demonio azul. Su corazón latió de prisa sin poder evitarlo y por algunos segundos le faltó el aliento. No podía ver su rostro y el traje era idéntico a los que llevaban otros muchachos, pero ella lo sabía, muy dentro, en su pecho, en su alma, el calor que sentía, la llama que se encendía en ese instante no dejaba lugar a dudas.

La mano con guante negro se extendió hacia ella y su cuerpo se inclinó indicándole una sola cosa. Le tomó unos segundos entender lo que estaba haciendo. La invitaba a bailar. Con una sonrisa en sus labios rojos acepto la propuesta. La llevó al lugar de la pista improvisada, parejas con mascaras bailaban con gracia, en el momento en que se posicionaron comenzaron a moverse.

Los bailes eran dirigidos por una coordinación exacta, cada canción tenía sus propios movimientos y las parejas jóvenes las sabían de memoria. La falda se alzaba cada vez que su cuerpo giraba, sus manos eran gráciles como cualquier bailarina experta conducida con suavidad por su compañero. El toque de su mano cubierta quemaba su piel, los sutiles contactos demostraban no solamente lo bueno que era en algo tan simple como lo es bailar, si no que la estaba provocando, el rose de sus manos, la pequeña presión que hacía cuando sujetaba su cadera, la fuerza en sus brazos cuando la alzaba, el calor la estaba invadiendo y era mas que el esfuerzo de la danza. El latir de su corazón era igualado al ritmo de la música hasta que todo se detuvo. Quedó de frente al demonio. Su cuerpo firmemente sujeto al de ella. Se separó de él, una inclinación como era debida a su compañero y después de eso, fue el turno de ella de desaparecer.

No entendía a donde había ido, la cantidad de gente que lo rodeaba y las muchas chicas que vestían con el manto rojo y el sombrero no ayudaban para encontrarla, aunque él sería capaz de reconocerla, sabía que no estaba ahí. Una brisa helada lo hiso mirar hacia el bosque, la neblina apenas percibible, pero él entendió el llamado.

La música escasamente se escuchaba, las luces del festival dejaron de iluminar el bosque y la obscuridad de la noche se hiso prominente, el sonido del agua lo atrajo mas. El pequeño lago en el bosque, los árboles nacían de sus aguas cubriendo el cielo con sus gruesas ramas, en pequeños espacios dejaban que la poca luz de la luna iluminara el lugar.

- Nos encontramos otra vez, Espíritu Azul - la neblina se abrió y una figura nació de ella. La mujer estaba en el agua - ¿Has venido en busca de mis atenciones?

Sonrió bajo la máscara. Se adentró al agua acercándose a ella, una vez de frente las manos de su dama fueron hacia los costados de su rostro. Sintió el viento en su cara, abrió los ojos encontrándose a la hermosa mujer de mirada azul y marcas rojas en su piel. Sus labios fue lo siguiente que sintió, respondió suavemente mientras la estrechaba a él, sus curvas fueron tan perceptibles atreves de la fina tela de su traje. En dos años su cuerpo había cambiado demasiado para superar su cordura. Deseaba sentirla aun mas. Escuchó como la máscara caía al lago seguida por el sombrero mientras el profundizaba el beso. Un pequeño respiro para llenar sus pulmones dejando sus frentes tocarse. Un par de semanas sin verse y la ansiedad de estar con ella lo estaba matando, algo realmente extraño pues había pasado aun mas tiempo lejos de su presencia y lo había podido soportar a la perfección, sin embargo había una gran diferencia que en las ausencias anteriores, ahora ambos se pertenecían, se declararon mutuamente y eso lo había sentirse mas desesperado en buscar su compañía, la necesitaba como el oxigeno al fuego, porque ella era exactamente eso, el oxigeno que hacía su llama arder con intensidad.

- Que sorpresa verte aquí – susurró.

- ¿Qué tiene de malo que quiera ver a mi prometida? - sus ojos se abrieron con asombro, Zuko la miró saboreando la impresión que adornaba su rostro - Oficialmente eres ahora mi prometida – aseguró con una ligera sonrisa.

Ese día había tenido una junta con sus consejeros, no planeaba de ninguna manera seguir esperando a estar con ella, a amarla sin contemplaciones. Quería ser la primera persona que viera al despertar y la última al dormir. La amaba con todo su ser y lo único que deseaba era consolidar ese amor.

Aunque lo cierto es, que en verdad no le fue tan difícil que sus consejeros aceptaran su idea de casarse, especialmente con Katara.

Desde el instante en que volvió era algo que deseaba arreglar lo mas pronto posible. La trama fue planea junto a Yen Hyu, su consejero de mas confianza. Aunque al principio el hombre mostró sorpresa por sus intenciones en querer casarse, lo apoyó de manera incondicional acompañado de una sonrisa de felicidad y orgullo.

- Si tuviera que serle honesto, ya otros miembros del consejo han hablado mucho respecto a ese tema – le dijo segundos después de que le revelara la noticia – Planean hablar con usted en la siguiente reunión. Quieren usar como excusa el casamiento del príncipe Sokka como motivo para que usted también siguiera sus ejemplo y de una mensaje de fortaleza a la nación con una boda – Zuko escuchaba con mucha atención – No se sienten del todo tranquilos con la idea de que aun siga soltero, casarse y tener herederos hace que la continuidad de la corona sea asegurada y mas aun, proyecta la perdurabilidad de su legado.

El consejero suspiró de una manera muy aliviada y relajada – Me alegro al menos que ya tenga solucionado todo eso. Ya me veía venir la cantidad de problemas cuando comenzaran a sugerirle muchachitas apropiadas para ser su esposa – Una fuerte carcajada acompañó su último comentario.

Zuko movió su cabeza a manera de negación, sabía de aquellas intenciones, e incluso usaron a su madre para llevar acabo un plan que a él no le gustó para nada. Hace un año habían sugerido el cambio de ubicación de la escuela de señoritas de la Nación del Fuego, los directores deseaban de buen corazón donar el espacio de aquella institución para fines mas beneficiosos y en cambio que se establezcan de manera provisional en el palacio; no eran un grupo demasiado grande que representara alguna molestia e inconveniente, y dado el echo de que ahora partes del palacio que habían sido destinas a otros usos en tiempos de guerra, se veían libres en esos momentos de paz y la sugerencia de que la misma princesa Urza fuera también partícipe fue algo que cambió los planes de Zuko en negarse en ese instante.

Sus intenciones no pudieron ser mas que obvias, pero el que su madre tomara lugar en algo como ese proyecto al menos le permitió tener un poco mas de control al respecto. Ella sería quien se encargaría de todo lo que sucediera respecto a ese grupo de jovencitas que ahora vivirían en su casa, aunque las ubicó lo mas apartado posible, deseaba evitar cualquier situación que tuviera que ver con matrimonio en esos momentos, especialmente si no incluía a cierta chica de ojos azules, la restauración era su objetivo y cosas mas importantes cruzaban por su mente. La falta de atención que mostró ante las nuevas invitadas se hiso notar y pese que algunos noches compartió cenas formales con las chicas, no les prestó demasiado cuidado como sus consejeros esperaban. Al menos su madre sabía que a él no le gustaba mucho pasar aquel tiempo con las muchachas; supo manejar muy bien la coordinación de la escuela con los directores y en mas de una ocasión se negó a llevar acabo ciertos eventos que dejaban mas que claro las dobles intenciones de exhibir a la chicas ante su hijo, la princesa fue mas que clara en hacerles entender que algunos programas no podrían llevarse acabo por el momento en que pasaba la nación, y de esa manera la insistencia cesó.

Tal y como se lo había dicho tres días después se llevó acabo la reunión dejando en claro sus intenciones. Se hiso un gran silencio después de su declaración, Yen Hyu fue el único que se atrevió a hablar y dar el apoyo a su señor, algunos lo siguieron brindando opiniones similares, otros se reservaron sus comentarios, especialmente porque el padre de la chica se encontraba ahí. Piandao podía ser un hombre muy reservado, pero su reputación le precedía, ofender a su hija no sería para nada prudente. En solo unos minutos, la idea de que se casaría con Katara se respetó.

Al salir de aquella reunión se sintió inmensamente aliviado, había estado tan nervioso que esperaba que nadie lo hubiese notado. Iroh se acercó a él felicitándolo de buen corazón.

- Realmente no esperé que aceptaran tan fácilmente – declaró con honestidad en la privacidad de un pasillo.

- Supongo que no desean hacerte enojar, especialmente con algo tan importante que te involucra de una manera demasiado personal – Zuko lo miró sin entender – Tal vez no te has dado cuenta pero alguno de esos hombres te temen – le confesó.

- ¿Qué? – no ocultó su asombro.

Sonrió – Todos ellos saben lo que le hiciste al ministro el día del cometa por faltarte el respeto, no quieren que les pase lo mismo.

Lo miró asombrado, resultaba increíble que su tío no le estuviera reprochando por tal acto de barbaridad cometido ese día, aunque en el fondo el hombre del té tal vez lo desaprobaba, el mensaje había quedado muy claro. Pero Zuko hasta ese momento no lo había visto de esa manera ¿Acaso lo creen capaz de matar a sangre fría solo por estar en contra de sus ideas? Su rostro se volvió de gran indignación.

Iroh supo que ese comentario lo había afectado mas de la cuenta, colocó una mano en su hombro – No eres tu padre – Zuko lo miró – En el pasado la autoridad del Señor del Fuego no era respetada solo porque era el gobernante, el miedo los impulsaba a hacer todo lo que decía y nadie podía negársele. Pero tu eres diferente Zuko; los escuchas y tomas sus comentarios en cuenta, saben que los necesitas, pero al mismo tiempo no confunden tu benevolencia con debilidad, y eso es los que los hace ser precavidos al dar sus opiniones en ciertos temas.

Pudo ver como de pronto se relajaba. Al parecer la sombra de su padre era algo que aún temía su sobrino, pero de eso a llegar a ser como él había un abismo de distancia, Iroh sabía que de ninguna manera terminaría como Ozai, no había forma de que eso pasara y él se sentía mas que satisfecho por todo lo que había logrado hasta ahora.

- Además – agregó – La encuesta popular te coloca como el Señor del Fuego mas amable de todos – ahora su mirada fue de sorpresa - Tu pueblo te quiere Zuko – y algo que jamás había visto en esos dos años ocurrió, su sobrino se sonrojó, no pudo evitar reírse de ello.

La cara de incredulidad de Katara no había desaparecido, la besó nuevamente. En el momento en que salió de esa reunión el deseaba contarle la noticia; los planes de su tío y su madre era de invitarla al palacio y decirle de una manera romántica, pero cuando supo del festival por boca del maestro Piandao, tuvo una mejor idea.

Se habían conocido de esa manera, como los espíritus en un encuentro que los unió esa noche cuando fue salvado por ella. Antes de conocer a la mujer, el ya se había enamorado de la Dama Pintada, le había robado su corazón y fue suyo desde esa noche. La reafirmación de su amor sucedió después, cuando ambos se entregaron en aquel templo una vez descubiertas sus identidades, y eso era lo que mas apreciaba Zuko, ella se había enamorado del él, aun antes de saber su identidad. Desde el momento en que tomó el trono y con la llegada del grupo de estudiantes femeninas en el palacio, se hiso mas que obvio que su posición era algo muy ventajosa y que muchas deseaban; convertirse en la Señora del Fuego podía representar tanto para cualquiera e incluso los padres de las chicas podrían aprovechar la ventaja de que una de sus hijas fuera la escogida. Pero Katara era diferente, ella se sintió atraída por el Espíritu Azul, por el hombre bajo la máscara y no del príncipe de la Nación del Fuego, al verse descubierto pudo percibir la vergüenza y la pena de saber quien era él.

Lo que pasó en la tribu fue algo que también reafirmaba la falta de interés por su posición en la maestra agua. Ella lo había dejado ir en el instante en que tomó posición como gobernante, no creyéndose digna de él, o incluso, sospechando que no la amaba. Tales acciones y pensamientos lo hacían feliz, aunque estuvo a punto de crear una terrible situación al mantener ambos sus sentimientos guardados para si mismos, la expresión de ellos con mas que acciones si no también palabras reafirmó de nuevo sus lazos, uniéndolos fuertemente y ahora con seguridad irrompible.

La besó suavemente, podía casi jurar que ella estaba temblando. Sacó del bolcillo de su pantalón una pequeña cajita, la colocó frente a ella y la abrió a sus ojos.

- No es un collar como se acostumbra en las Tribus Agua – tomó la pieza – Pero creo que es suficiente como regalo de compromiso – deslizó el anillo sobre su dedo anular.

La luz era escaza, pero aun así pudo apreciar el brillo dorado y de algunas piedras en el. Katara No estaba impresionada por la pieza de joyería que ahora descansaba en su dedo, si no por lo que representaba. Miró su mano por largo rato, incrédula de que estuviera pasando. Ella lo amaba sin lugar a dudas y deseaba estar con él para siempre, pero no podía negar que la idea de que todo se estuviera consolidando le diera un poco de miedo. Por que ella quería ser su esposa, pero temía ser la Señora del Fuego.

Zuko alzó su barbilla con su mano, sus ojos buscando los suyos, tratando de ver hasta lo mas profundo de su mirada azul los pensamientos que en esos momentos cruzaban por su mente. Podría adivinarlos a la perfección. Pero de ninguna manera dejaría que sus inseguridades estropearan ese momento. La besó con mas pasión, el gemido que se ahogó en su garganta lo motivó a un mas y su curiosa lengua pidió entrada, ella lo permitió y no tardó en degustar su interior. Tenía que demostrarle que no había nada que temer, que el siempre estaría ahí para ella, sería su soporte y pilar como lo era ella para él.

Jamás estaría sola.

Cuando sus manos rodearon su cuello percibió que estaba mejor. Le respondía el beso con la misma intensidad, solo se detuvo un instante para tomar aire y continuar con su labor, los labios de la maestra agua descendían por su mandíbula y arrastraron la tela de su cuello para dejarlo expuesto. Al sentir la presión de sus dientes y la forma en que lamía su piel supo que tenía que detenerla, su cuerpo estaba reaccionando a sus acciones y para ese momento, en que ella presionaba su cadera sobre él se dio cuenta de que estaba perdido. Con sus manos tomó las de ella y las separó de su cuello, apartándola suavemente, la besó y al verla pudo apreciar la lujuria en sus ojos azules; en cualquier otra ocasión no le hubiera importado tomarla en ese momento de todas las maneras posibles, y la idea de que ambos estaban en representación de los espíritus resultaba igual de excitante como la primera vez que se conocieron, pero no podía ceder a ello. No todavía.

Respiraba agitada, la clara muestra de que deseaba mas, pero su pequeño beso pareció cesar momentáneamente ese impulso. Tomó sus manos con las de él y las llevo a sus labios, besando especialmente donde se encontraba el anillo.

- A partir de mañana vivirás en el palacio. Serás mi esposa en tres meses.

- Tu esposa – repitió ella.

Algo diferente en sus ojos comenzó a brillar, le sonrió en ese momento y el corazón de Zuko se derritió por ella. La besó con dulzura.

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- De ninguna manera.

- Mai no es algo que tengas que decidir por ti misma, deja de lado tu egoísmo y piensa también en nosotros.

- Si me has llamado para decirme esto entonces has perdido tu tiempo.

Fueron sus ultimas palabras antes de salir del salón, sus pies la llevaron hasta la salida de la que era su casa y caminó a paso firme por las calles de adoquín rojo. No deseaba escuchar nada sobre las ideas de su madre. La tenían tan fastidiada en ese momento que no podía soportar estar en su presencia. Lo que le pedía era algo que jamás haría.

El final de la guerra no llegó con mano de hierro y castigos a quienes habían provocado tanto daño al Reino Tierra, pero la benevolencia que el Señor del Fuego mostró tenía un precio. Solo un desliz y no serían perdonados. Sin embargo la suerte que corrió su familia era por mucho demasiado beneficiosa; si en el pasado lo que pasó con su tío los puso en una situación demasiado difícil con el antiguo soberano, eso dio pie a que Zuko se mostrara amable con la familia de Mai. Su recuentro en la isla de los Guerreros del Sol hiso que el antiguo hilo que los unió en el pasado como amigos se enlazara de nuevo, algo mas que agregar fue la inesperada aparición de la madre de Zuko. La princesa recordaba a Mai y le guardaba tanto cariño y aprecio que cuando era solo una niña; eso la colocó en una posición tan ventajosa que su madre en ocasiones no perdía la oportunidad de decir que se convertiría en la próxima Señora del Fuego pues su joven señor se mostraba muy amable y cordial con ella así como la princesa.

Lejos estaba de saber lo equivocada que estaba. Ella sabía que Zuko no la amaba y ciertamente nunca lo haría. Por otro lado, la cordialidad que mostraban ante ella era solamente el resultado de que no se hubiese revelado del incidente que pasó en la isla, donde ella se enfrentó a Zheng y la maestra agua. Pero su madre pensaba diferente y la estúpida idea de que se volviera en la esposa de Zuko se convirtió en su objetivo, la animaba a ir mas al palacio, a aceptar las invitaciones de la princesa Urza, lo que sea que ayudara a estrechar mas lo lazos con la familia real. Tal actitud la fastidió y tomando una decisión osada abandonó su hogar.

Desde hace un año que vivía en la isla Fuente de Sol con su tía, la hermana menor de su madre. A diferencia de su progenitora, Maru había elegido casarse con un hombre común sin atadura con la nobleza o puestos importantes, tal acción dio como resultado que fuera rechazada por sus padres e incluso negada como hija. A ella no le importó. Era feliz en su modesta casa como florista al lado de su esposo e hijo. Cuando Mai llegó a ella la recibió de brazos abiertos. La chica de la nobleza no era de hacer algún tipo de trabajo, sin embargo se mantuvo como su aprendiz y aun después de tanto tiempo, el gusto por los arreglos florales no parecía llegar a ella todavía, no obstante eso no significaba que lo odiara del todo.

Le parecía increíble que su tía fuera hermana de su madre, eran tan diferentes. No era tan empalagosa, le daba su espacio y platicaban en ocasiones, la mayoría para hablar sobre las flores y sus significados, se dio cuenta, que solo con ella se comportaba con los modales de una mujer de la nobleza, tal vez incapaz de olvidar la enseñanza aprendida desde su niñez. Su esposo por otro lado poseía las elegancias de un hombre del campo, dedicado solo a la siembra y cultivo. No por ello era menos estúpido, sabía muy bien sobre su oficio, algo que a Mai nunca le interesó realmente.

Pero hace unos días un rumor comenzó a expandirse en toda la Nación. El Señor del Fuego Zuko se había comprometido. La hija de Piandao había sido la elegida.

La sorpresa se hiso grande, especialmente entre los nobles, porque la chica era una mestiza, una maestra agua nacida en la Nación del Fuego. Jamás en la historia de los hijos de Agni había existido unión igual a esa, incluso en los tiempos de paz, los matrimonios entre la realeza de otras naciones no había sucedido.

Muchos susurraban que era algo político, una estrategia para reforzar los lazos con otras naciones, la procedencia de la chica apuntaba a ello; en primer lugar estaba su padre, todos en la nación conocían la reputación del espadachín, era alguien legendario entre los soldados en tiempos de guerra; además, estaba la identidad de su familia materna; por ese entonces se rebeló todo referente a ella. Sus tíos eran los soberanos de la Tribu Agua del Sur, y el príncipe, su primo, era el mejor amigo del Señor del Fuego. Tal vez siguiendo los pasos del príncipe sureño, que contrajo matrimonio con una chica del Reino Tierra, el Señor del Fuego Zuko vio las posibilidades y ventajas de una unión como esa, y de igual manera lo hiso.

Sin embargo, la maestra agua ya era reconocida aun antes del anuncio del compromiso. Al final de la guerra su nombre se hiso escuchar en toda la nación y aun más gracias a la participación activa que tuvo durante la reconstrucción el año pasado. Se había ganado la buena opinión de muchas personas a las que ayudó, además de que su amistad con el Señor del Fuego no era un secreto, todos sabían incluso que fue participe durante la batalla por lograr la paz, peleando al lado del príncipe el día del cometa e incluso desde antes de eso. Que la fijación del Señor del Fuego hacia ella fuera mas allá que la amistad había sorprendido a todos, pero no a Mai. Ella sabía que incluso desde antes del final de la guerra que esos dos ya mantenían una relación. Su compromiso resultaba demasiado obvio. Pero eso fue algo que dejó de importarle desde hace tiempo. Honestamente, aunque su orgullo le impedía aceptarla eso no significaba que iría en su contra, el motivo por el que aun conservaba su amistad con Zuko fue por que ella mantuvo su boca cerrada respecto al encuentro que tuvieron y Mai era lo suficientemente lista para darse cuenta que en esos momentos no era para nada adecuado comportarse como lo hiso en ese entonces. Se abofeteaba a si misma por tal conducta, parecía una niña caprichosa y celosa y ella no se consideraba así. Aunque sus celos fueron difíciles de controlar en ese momento ahora solo quedaba aceptar, aunque no de buena manera, que ya no había nada que hacer respecto a la relación que había entre Zuko y la maestra agua.

Pero lo que su madre le pedía era inaceptable para ella. De ninguna manera iría con Zheng a seducirlo y hacerle creer que estaba enamorada de él para retomar el compromiso roto. Su madre estaba loca si creía que haría algo como eso, especialmente después de lo que le hiso a su familia. Aunque no fue la voz directa de la acusación si fue quien sembró la duda respecto a la lealtad de la familia del muchacho en el pasado. Para su madre, el hijo de un capitán que se encontraba desaparecido y posiblemente muerto no era suficiente para ella; en el pasado tal vez lo consideraba así, pues el capitán Qian era muy conocido y renombrado en toda la Nación, obviamente su hijo seguiría sus pasos pues aun siendo muy joven y como mandaba la ley, ya era un soldado en camino de convertirse en alguien igual de importante; sin embargo el destino dio un giro inesperado y no fue mas que motivo de molestia para su madre. Siendo que Mai mantenía una estrecha relación con la princesa Azula eso la convertía en alguien que muchos jóvenes de familia adecuada querrían, ya antes habían mostrado aquel interés y vio muchas buenas oportunidades perderse solo por el echo de que ella ya estaba prometida a alguien mas; por lo tanto, tuvo que recurrir a otra estrategia para asegurar el futuro de su hija. Su plan fue cruel, y aunque no tenían pruebas en contra de la familia la sospecha fue suficiente para quitarle títulos y posición así como enviar a Zheng a la cárcel. Su madre había ganado y muy tarde se dio cuenta de que esa victoria la condenaría ahora.

Al final de la guerra Qian se había vuelto Almirante, sus títulos fueron devueltos y su familia se convirtió en una muy cercana al Señor del Fuego; Zheng formaba ahora parte de la guardia personal de Zuko, algo que hablaba demasiado bien del joven maestro fuego y no pasó mucho tiempo antes de que se volviera muy popular y objetivo de algunas muchachas, o mas que decir, de algunos nobles que deseaban bañarse con la buena reputación y gloria de su familia. Era claro que todos aquellos que ayudaron ese día eran ahora muy reconocidos, y los beneficios de haber apoyado al príncipe estaban dando frutos, se posicionaron de manera rápida y su voz se hiso escuchar aun mas. Los nobles de antaño perdieron un poco del gran poder que poseían, los mas listos se adaptaron al nuevo gobierno y vieron otras maneras de mejorar su situación, pero, lo cierto era que en esos momentos la familia de Mai había perdido mas de lo que había ganado. Tal vez aun conservaban su posición, algo de lo cual debían estar agradecidos, pero caminaban sobre terreno peligroso. Después de lo que pasó hace unos meses se dio cuenta que su familia, al menos su padre, estaba en la cuerda floja. La situación era por mucho complicada, y sabía con precisión que su madre no sabía nada al respecto y su ignorancia no la hiso ver que lo que le estaba pidiendo era algo imposible para ella de realizar. No había forma de que eso pasara.

- ¡Mai!

Se detuvo al instante, la voz tan familiar que no creyó escuchar después de tanto tiempo – Ty Lee.

- Me alegra verte Mai – un abrazo que ella correspondió.

- ¿Qué haces aquí? Pensé que estarías por todo el Reino Tierra con el circo.

- Acabamos de llegar, nos presentaremos esta noche y quiero invitarte. Fui a visitarte a casa de tu tía cuando pasamos por la isla pero ella me dijo que estabas aquí.

La alegría de su amiga era grande y resultaba imposible, incluso para Mai, no contagiarse de ella, por un momento olvidó la desagradable charla con su madre y agradeció la invitación confirmando su asistencia.

Esa noche, cuando la pareja real llegó a la gran carpa todos se pusieron de pie y algunos aplaudieron, la bienvenida a su Señor y a su prometida fue muy cálida y animada, la habían aceptado demasiado rápido, o simplemente lo hacían porque debían, a Mai no le importó, su corazón no sintió nada por verlos juntos. Cuando tomaron lugar la función empezó.

- Que sorpresa tenemos por aquí.

Su atención cambió de las actuaciones a quien estaba a su lado. El animo de Mai cambió por completo.

- ¿Al fin das la cara? – la chica miró sus uñas antes de mirarla a ella – Tu ausencia en los eventos de este año son muy notorias, aunque solo la princesa Urza sea quien lo note, para mi es mas cómodo así, no soporto el olor a perfume barato.

- Y yo huelo la desesperante decepción – respondió mordaz - ¿Qué tan mal te sentiste cuando anunciaron el compromiso Emi? ¿Lloraste porque la oportunidad de convertirte en la Señora del Fuego se escapó de tus manos?

- No tanto como la tuya.

- Yo jamás quise casarme con Zuko – atajó seriamente.

- Tu madre pensaba diferente – omitió el echo de que llamara al Señor del Fuego por su nombre, odiaba la familiaridad que existía entre ellos – Aunque debo decirte que mi decepción no es tan grande, hay mas peces en el océano, y algunos son mas grandes que otros.

La vista de la chica estaba fija en algo mas que las personas que estaban actuando en la pista, siguiendo la línea de su mirada Mai pudo ver a quien se refería. Zheng estaba de pie a un costado del palco donde Zuko y su familia se encontraban, en guardia al igual que los otros soldados que custodiaban la seguridad de su señor. La vista del maestro fuego se poso por unos segundos en ellas, Mai la desvió rápidamente.

¿Ahora su objetivo era Zheng?

- Tal parece que ningún hombre que hayas elegido se quedará contigo a final de cuentas. Aunque debo darte las gracias por esta oportunidad.

Le sonrió maliciosamente y disfrutando de ver lo poco afectada que se veía se levantó de su lado alejándose satisfecha.

Un gran desagrado quedó en Mai pero se desvaneció tan rápido cuando Ty Lee salió al escenario, ahora recordaba aun mas porque odiaba tanto hacer estos viajes a la capital.

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La velada había sido placentera. Katara disfrutó del espectáculo de circo y en esos momentos era encaminada a su habitación por Zuko como todas las noches. Un beso de despedida y el amor en sus ojos dorados era lo que le bastaba a la maestra agua para tener dulces sueños.

No negaría que aun se sentía insegura por el lugar tan importante que tomaría, desde su llegada al palacio las lecciones sobre modales y comportamientos, así como la ética y elocuencia tomaron lugar de manera primordial; ella en parte no sabía mucho sobre lo que tenía que hacer como Señora del Fuego, y estaba mas que dispuesta en aceptar cualquier ayuda. Urza había pedido que uno de los directores de la escuela de señoritas que estaba a su disposición en el palacio le brindara las lecciones y llevara su aprendizaje.

El maldito hombre la odiaba y no tenía que tener la habilidad de Toph para darse cuenta de ello.

Nada de lo que hacía parecía ser suficiente para él y ciertos comentarios inapropiados y de doble sentido eran lanzados en su contra cuando se encontraban a solas. Tal vez era una mestiza ¡Pero ella era de la Nación del Fuego! conocía a la perfección sus costumbres y tradiciones. Había sido educada apropiadamente por su padre, sabía como comportarse en la mesa, entablar conversaciones y mantenerse de manera apropiada cuando era necesario. La disciplina que tenía era impecable y aunque nunca lo llevó a la practica con otras personas mientras estuvo en su casa, lo desarrolló al máximo mientras vivió con el señor Iroh en el Reino Tierra. Sus modales habían sido elogiados no solamente por el mismo hombre del té si no también por los nobles de la zona alta. Kuei una vez declaró que le gustaría que Toph se comportara al menos la mitad de cómo lo hacía ella, pero como siempre, las opiniones del Rey Tierra le entraban por un oído y le salían por el otro a su hermana.

Aun así el hombre pomposo no dejaba de tratarla como una tonta salvaje sin modales. En una ocasión declaró que lo menos que podría hacer era aparentar ser una reina digna, porque solo a eso llegaría. La idea de congelarle la sangre había pasado por su mente en varios momentos, no la llevó acabo por obvias razones, pero lo agobiante y agotador que era aquello no ayudaba demasiado en su seguridad de lo que pasaría a futuro una vez que se convirtiera en la esposa de Zuko. Podría ignorar sus comentarios, pero eso no significaba que la afectaran de alguna pequeña manera. Apostaba que su comportamiento hacia ella era debido a que esperaba que otra, alguna de sus alumnas tal vez, estuviera en el lugar que tenía en esos momentos y solo por una fracción de segundo se preguntó si eso era lo mejor.

Pero todas las noches en que Zuko le despedía, los pequeños momentos en que pasaban las tardes juntos hacían que su corazón se mantuviera firme a él. Lo amaba, y la tortura de las lecciones con ese hombre eran nada en comparación a lo que seguramente sufriría si el estuviera atando su vida a alguien mas. Por ese motivo mentía cuando amablemente Urza o Iroh preguntaban sobre su progreso en sus lecciones y como se sentía al respecto, no podía ser honesta del todo, pero al menos se mostraba optimista y con una sonrisa les respondía. Zuko en ocasiones se disculpaba por hacerla pasar por todo eso, pero le aseguraba que una vez casados ya no tendría que hacerlo. Eso solo hacía que se mantuviera aun mas firme en su resolución de soportar aquellos momentos incómodos con el hombre de los tratos y modales, como en ese instante en que la despedía para dormir.

Cuando sus labios se separaron pudo ver el oro fundido que eran sus ojos en esos momentos, Katara sabía lo que significaba y se preguntaba si estaría mal hacer algo mas esa noche; antes de que Zuko llevara su mano a sus labios y la besara para retirarse, se abalanzó sobre su boca nuevamente rodeando su cuello con sus brazos.

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En el momento en que su cuerpo se acercó mas a él besándolo de esa manera las alarmas en la cabeza de Zuko sonaron rápida y muy fuerte, la conocía lo suficiente para saber a donde quería llegar y por el momento no podía permitirlo.

¡Se supone que debían esperar! Pero se siente tan bien... ¡No Zuko! ¡Concéntrate!

Se abofeteó mentalmente y haciendo un gran esfuerzo de voluntad, que realmente debía de ser reconocido e incluso premiado, se separó de ella. La maestra agua respiraba agitada, un sonrojo en sus mejillas y sus hermosos ojos brillando por el deseo y la pasión. Maldición... ¿Cómo rayos iba a resistirse si lo veía de esa manera?

- No... lo deseas? – preguntó en un susurro.

- Mas que nada – admitió rápidamente – Es solo que... no es correcto.

Le estaba costando contenerse, pero si ella insistía no iba a ser capaz de detenerla. Sabía que cedería, solo esperaba que entendiera. Aunque una parte de él deseaba con todas sus fuerzas que lo besara nuevamente para así perder el control por completo y tomarla en ese instante.

Antes de pensar en algo mas sus sentidos reaccionaron con alerta y rápidamente movió su mano calcinando la cuchilla que se dirigía a él. Los dos miraron fijamente el final del pasillo donde la sombra ya no estaba, sus pies se movieron por si solos y cuando menos lo pensaron estaban en la búsqueda del intruso.

Sin que se dieran cuenta, una ataque de cuchillas fueron lanzadas directo hacia ellos.

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El murmullo de la plática acompañado de la tenue música mantenía distraídos y animados a los hombres que estaban en el gran salón de la majestuosa casa. Ya era pasada la media noche, el objetivo debía de ser cumplido. El plan era perfecto y aprueba de fallas, pero eso no significara que algo pudiera haber salido mal, ya habían fracasado anteriormente.

- ¿Creen que lo lograron? - al fin se atrevió a preguntar uno de los tres que estaban cómodamente sentados, apartados ligeramente del bullicio de las otras personas. El vaso de cristal con whisky de fuego bailaba entre sus manos.

- Las dagas están envenenadas, con un solo roce y será suficiente para matarlo. Aunque ellos no sobrevivan, el Señor del Fuego Zuko tampoco lo hará. Sabremos si tuvieron éxito en la mañana.

Su deducción era segura. Así como su plan. Se dieron cuenta después de varios intentos que enfrentarse de frente al Señor del Fuego era una opción que resultaba en el fracaso. Sabía pelear muy bien y su maldita guardia no era fácil de vencer. Envenenarlo era otra opción, pero nunca pudieron lograr el objetivo, de alguna manera, sin importar en que alimento colocaran el mortal líquido él jamás lo ingería. Pero algo bueno debía de salir de todos esos intentos fallidos, se dieron cuenta de que si no lograban matarlo, al menos habían logrado herirlo o lastimarlo. Tal vez habían mantenido muy bien oculto los ataques que sufrió a lo largo de esos dos años, nadie sabía que el nuevo soberano era un objetivo de muerte, pero resultaba un poco mas difícil de encubrir la molestia de una herida o la cojera en una pierna, aunque él lo hacía perfectamente.

Ellos compartían reuniones con su señor, y podían notar, aunque solo si miraban con detenimiento, que tanto había sido el daño causado en cada intento que terminaba en fracaso. De ahí la idea de colocar veneno en el filo de las cuchillas y dagas, de esa manera se aseguraban que entrara en su cuerpo y pudiera morir. No había manera de que fallaran en esta ocasión. Aunque atacar directamente en el palacio resultaba arriesgado, sabían que la mejor oportunidad que tenían era precisamente ahí, donde se creía estar mas seguro. Todos sus intentos habían sido en el exterior, cuando salía a algún evento o paseo casual en la nación. Pero los constantes fallos y la intervención de su guardia, y a veces del dragón no permitían llevar acabo su objetivo.

Sin embargo había algo diferente en ese ataque, la seguridad de su éxito la sentía como un hormigueo apunto de salir de sus dedos en forma de fuego.

Después de expresar su opinión se levantó para irse. Ya había pasado el tiempo necesario para que su cuartada fuera sólida y no lo relacionaran con el asalto de esa noche. Los ocho nobles que estaban ahí, al igual que otros más se habían reunido con esa intención, bajo el amparo de una reunión de juego mantendrían su perfil bajo y fuera de sospechas. El humo de los cigarrillos flotaba como una nube en el techo y cubría parcialmente la habitación mientras la música cambiaba a una suave tonada de cuerdas.

Antes de llegar a puerta, el anfitrión de la casa lo detuvo.

- ¿Te marchas tan pronto Liang? ¡La noche aun es joven! Aunque nosotros no lo seamos tanto – se quito el puro de su boca para dejar salir una carcajada acompañada de humo.

A duras penas pudo devolverle la sonrisa, aunque prefería escupirle en la cara al hombre frente a él sabía que no podía hacerlo. Hong era un traidor a sus ojos por apoyar incondicionalmente al chiquillo que los gobernaba ahora. Fácilmente mostro lealtad hacia el ex príncipe exiliado, y obviamente no formaría parte de los planes de aquellos que eran leales a Ozai.

Sin embargo, eso no significaría que no lo usaran a su favor.

El ser alguien leal, o al menos libre de desconfianza, dudaba que el Señor del Fuego lo investigara, o sospechara de él al dar una fiesta justamente la misma noche en que se estaba llevando acabo el ataque. Aunque esa coincidencia no era exactamente eso, tal vez Hong era un idiota que apoyaba la nueva paz, pero su hijo era otra historia. La idea de la fiesta fue dada por él, no le costó mucho meterle la idea a su padre, o hacerle creer que fue suya, de esa manera, tenían la cuartada perfecta para el ataque de esa noche. En dos años no los habían descubierto, eran muy cuidadosos y se aseguraban que todo aquel que fuese enviado a llevar acabo tal tarea fuera silenciado si era atrapado. Tenían espías en todas partes. Si sucedía algo que los pusiera en riesgo, se enterarían rápidamente.

- Tu lo has dicho – le devolvió la sonrisa – No somos tan jóvenes, y para este viejo, ha llegado la hora de retirarse.

Antes de que Hong lo convenciera de quedarse mas tiempo escucharon cristal romperse. Voltearon por inercia a donde el sonido había provenido. Las conversaciones seguían, algunos platicaban animadamente ajenos al hombre que estaba inmóvil observando un punto en particular, el whisky se había demarrado en el suelo a sus pies en un charco de líquido y cristal. Liang se acercó un poco, siguió la dirección de la mirada hacia el pequeño escenario donde estaba la interprete tocando el erhu. No entendía que es lo que le pasaba al pobre hombre que pareciera haber visto un fantasma.

Los brazos se movían con fluidez mientras las suaves notas salían de las cuerdas provocando la hermosa melodía. El cabello estaba sujeto a un costado de su oreja con un broche en forma de flor de loto, el resto caía por su otro hombro en un flujo de risos color obscuro. Le tomó dos segundos darse cuenta qué es lo que hacía diferente a la chica que estaba ahí.

Se congeló al instante.

¿Cómo diablos no pudo notarlo antes? Miró al hombre que la había descubierto, aun inmóvil de pie, sus miradas se cruzaron y pudo ver el miedo y terror. Lo que significaba su presencia era lo que lo mantenía en ese estado de shock. ¿Toda la noche ella estuvo ahí? ¿Tocando para ellos sin que se dieran cuenta? Resultaba imposible, ella debía de estar en una función de circo esa noche, se lo habían confirmado, su llegada tuvo que haber sido después ¿Pero cómo? A esas alturas ella debía de estar muerta al igual que...

La respuesta le llegó como un balde de agua fría.

El Shock en el que ahora se habían sumergido ambos hombres llamó la atención de mas de alguno haciendo que los miraran. El dueño de la casa llegó a ellos.

- ¿Qué sucede? – preguntó tratando de entender porque de pronto estaban tan tensos.

- Guarde silencio – la voz los estremeció al punto de congelarlos – Aun no ha terminado.

La melodía seguía sonando, el silencio ahora cubrió la habitación, todos desviaron la vista hacia el que había hablado. Ni siquiera se estaba ocultando. En uno de los sillones color rojo estaba sentado cómodamente, el traje era negro, exquisito con detalles dorados, similar a los que ellos portaban solo que el nivel de elegancia era muy diferente. Su pierna estaba cruzada sobre su rodilla, una de sus manos sostenía el pequeño vaso con licor, la otra estaba en el descansabrazo. El cabello suelto caía sobre su rostro, no estaba recogido en el elegante peinado que los Señores del Fuego mantenían para portar la corona, caía libremente sobre sus hombros y cubriendo parcialmente la cicatriz.

Los ojos que mantuvo cerrados hasta el momento disfrutando del concierto se abrieron como dagas furiosas cubiertas de fuego dorado. El estremecimiento los recorrió a todos.

Hong se impresionó increíblemente por el invitado que estaba en su modesta reunión.

- ¡Señor del Fuego Zuko! – su grito de confirmación solo sirvió como sentencia para los demás - ¡Por Agni! ¡No sabía que estaba aquí! Por favor discúlpeme por mis modales e impertinencia hacia usted ¡Inmediatamente hare que lo atiendan como se debe!

- No es necesario noble Hong – respondió con una tranquilidad inquietante – Su hijo se ha encargado de darme la atención adecuada.

Liang sintió que su alma se escapaba de su cuerpo. Sentado en el sillón muy cerca del Señor del Fuego estaba efectivamente el hijo de Hong, su cara le decía todo, era un libro abierto al miedo que lo recorría. Desde un tiempo que lo había visto platicar con ese otro hombre ¡Y ni siquiera lo había reconocido! No le había puesto la suficiente atención por tener en su mente el resultado del ataque de esa noche, además su apariencia no era para nada a lo que estaba acostumbrado a ver. Liang lo odiaba profundamente, un simple niño a sus ojos jugando a ser gobernante, no merecía que inclinara su cabeza ante él, ni siquiera había sido quien venció a el gran señor Ozai y todo la basura que había escuchado sobre lo que pasó en la isla Fuente de Sol no lo creía en absoluto, aun así, esa noche, en ese preciso momento vio algo en sus ojos que lo aturdió, la mirada dorada penetrante, dentro de él sintió que ardía, un fuego que lo consumía poco a poco. Por primera vez, en dos años, vio al Señor del Fuego en la mirada del príncipe que siempre odio.

Supo entonces que ya no había escapatoria.

Cuando la música terminó, fueron capaces de sentir el latir de sus corazones precipitados. A excepción de Hong, ajeno a todo, que rápidamente tomo lugar como anfitrión frente a su Señor.

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La guardia esperaba en silencio a las afueras de la casa. Las ordenes habían sido claras, solo dos entrarían mientras que el resto se aseguraría de que nada extraño ocurriera.

- ¿Creen que estén bien? – susurró uno de los hombres.

No vestían con el traje oficial que los distinguían como guardias imperiales, el negro era su uniforme esa noche, como sombras tratando de pasar desapercibidos. La aprensión de los traidores tendría que llevarse acabo con discreción.

- ¿Realmente lo estas preguntando? – le respondió otro.

- Solo lo decía, están tardando demasiado.

Uno de los hombres que estaba a su lado sonrió – Ellos están bien.

Jen, jefe de la guardia nocturna fue el primero en notar la intromisión al palacio, se había enfrentado a un par de los bastardos intrusos cuando se adentraron al area privada. Comparándolo con los acometidos anteriores, el número de atacantes era casi el doble, algo sorprendente puesto que no sería fácil infiltrar un grupo tan grande al palacio, aunque logró vencer, cuando dio la señal de alerta, varios mas ya habían huido hacia el objetivo principal. Existía una manera muy discreta de comunicación para esas situaciones, la guardia imperial inmediatamente se puso en movimiento, llegaron al momento exacto para ver como su señor y su prometida atacaban al grupo que se había infiltrado.

Ya había visto la forma de pelea de quien juró proteger. El Señor del Fuego Zuko era bravo en su forma de ataque, pero de alguna forma controlado y analítico, no por nada había sobrevivido a tanto a lo largo de esos años, aun así eso no evitó que sufriera de algunos golpes, pero verla a ella era otro boleto. Sabía que siendo la hija de Piandao debía de ser muy buena en el combate, aunque pelearon juntos el día del cometa no pudo prestarle demasiada atención, estaba muy ocupado con sus propios enfrentamientos, pero en ese momento él y los demás miembros de la guardia fueron testigos de sus habilidades.

Había algunos cuerpos en el césped, la piel quemada dejaba en claro quien había sido el causante de ponerles fin; pero un resto que no tuvo la desgracia, o suerte en esos momentos, de morir por las manos de su soberano. Miraban impactados como sus figuras se elevaban en el aire, cuando las manos de la prometida del Señor del Fuego se movían, ellos obedecían como títeres bajo su control. Si había dolor no eran capaces de exclamarlo, solo de expresarlo en forma de miedo y terror atreves de sus ojos. Sus cuerpos eran oprimidos por una fuerza extraña que retorcía sus extremidades dolorosamente.

- ¿Cuántos de ustedes se necesitan para saber quien está detrás de todo esto?

La voz no era la misma que había escuchado antes, tranquila y jovial, fresca y alegre como lo era ella. Había algo obscuro y frio, una amenaza disfrazada de tranquilidad pasiva. El peligro en sus palabras fue tan perceptible como el depredador que esta al asecho en las sombras, que sabes que te observa, que viene por ti.

Ellos lo sintieron, los malaventurados que ahora estaban en su poder sentía el terrible miedo por la situación en la que estaban, no entendían que es lo que pasaba o como era posible tal acción. Jen casi, y aunque después lo negara, sintió lastima por ellos, pero ciertamente no deseaba estar en su lugar.

- Uno.

Fue la respuesta de su Señor.

La sangre salió expulsada de sus cuerpos como agua a presión, no hubo gritos, sus gargantas estaban llenas del líquido rojo ahogando cada posible exclamación, la lluvia roja manchó el césped verde. Tres cayeron al suelo, sus cuerpos sin vida con la sangre desbordándose por cada orificio.

Solo uno quedó.

Nadie fue capaz de moverse. Ni siquiera el asesino que ahora estaba de rodillas en el suelo con el corazón aun latiendo dentro de su pecho, estaba en shock, tal vez quería escapar ¿Y quien no lo haría? Pero la impresión de lo que acababa de suceder fue suficiente para mantenerlo quieto e inofensivo, o tal vez era ella quien lo mantenía así, sea como sea el último sobreviviente quedó frente al Señor del Fuego, a diferencia de otras ocasiones, donde trataban de obtener información y lo único que salía de sus bocas eran insultos y escupidas, el hombre habló fácilmente, dijo todo, exponiendo lo que ellos nunca lograron obtener. Aunque su declaración coincidía con las sospechas e investigaciones previas respecto a las identidades de las personas que estaban detrás de todo eso, escucharlo directamente solo reforzaba sus teorías. Los traidores quedaron expuestos, llegó el momento de ponerles fin a sus planes de una vez por todas.

- Yo me preocuparía mas por los que están ahí adentro – completó Jen - Solo espero arrestar personas y no sacar cadáveres.

Un ligero estremecimiento recorrió a algunos de los hombres.

Zheng escuchaba en silencio, guardándose su opinión personal sobre lo que había visto esa noche, decir que todo seguía normal era mentirse así mismo. Él como guardia y también durante su tiempo de soldado había visto enfrentamientos increíbles, incluso lo que era capaz de hacer el Señor del Fuego Zuko le parecía extraordinario, pero ella, lady Katara, había superado con creces su límite de impresión.

Sin embargo, aquella rara habilidad despertó cierta inquietud en él.

Se pusieron alerta en el instante que la puerta principal se habría, dos personas se dejaron ver. Ninguno de ellos mostraba rastros de una pelea o que tuvieran algún daño. Cuando se acercaron su señor les dio la única orden de escoltar a cada uno de los hombres dentro a sus respectivos hogares y asegurarse que llegaran bien, no deseaba que les pasara algún accidente o salida imprevista que los ausentara de la reunión que tendría con ellos temprano en la mañana.

Llevaron acabo sus ordenes.

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El viaje de regreso fue en silencio. Observó a Katara que caminaba a su lado, todo el tiempo había permanecido callada desde que salieron de la casa de Hong hacia el palacio. Sabía lo que venía a continuación.

Llegaron a las puertas de su habitación, apenas intentó decir algo cuando ella lo arrastró dentro cerrando fuertemente, en el instante en que lo hiso comenzó a desnudarlo.

- Katara...

Resultaba imposible detenerla, era mas rápida de que lo pudiera haber imaginado. En el momento en que su torso quedó desnudo maldijo internamente por no haberla frenado.

El corazón de la maestra agua se había detenido en su pecho. La confirmación de sus sospechas echas realidad. Tal vez en otros momentos el cuerpo de Zuko le habría secado la garganta, el era realmente digno de observar sin prenda alguna, pero su atención no estaba en los perfectos músculos de sus abdominales o lo fuerte que se veían sus brazos. Los lazos blancos que cruzaban por su hombro y la parte de su pecho la distrajeron completamente. Acercó nuevamente sus manos a él, el pequeño broche que sujetaba la venda fue liberado y poco a poco retiró las delgadas líneas de tela.

La quemadura estaba de lado izquierdo, cubría la mayor parte de sus costillas, un morete en su hombro, la línea de corte en su pecho había creado un cardinal a su alrededor. Los tonos morados y rosas coloreaban la piel blanquecina resultando imposibles de ignorar. Después de su escaneo pudo deducir el tiempo que esas heridas tendrían. No podían pasar de mas de dos semanas, al menos no la del hombro, pero la sanación avanzada del corte en su pecho le indicaba que esa tenía mas tiempo, la quemadura aun se veía reciente y dolorosa. Un escaneo mas de cerca y pudo ver algunas cicatrices que indicaban al menos un año de haberse producido. Lo miró entonces, sus ojos dorados le sostuvieron la mirada sin temor, casi desafiante.

Zuko pudo ver que el azul mostró una preocupación que fácilmente fue sustituida con una niebla que opacó todo brillo en sus ojos. Un suspiro en lugar de la replica esperada, se dio la vuelta dirigiéndose a un jarrón al lado de su tocador, dejó caer agua sobre el recipiente ovalado de cerámica. Con una mirada fue suficiente para hacerle entender que se reuniera con ella; al quedar de frente el agua se reunió en su mano y el brillo comenzó a iluminar suavemente. La herida en su pecho fue la primera en recibir el tratamiento. El toque era frio, se estremeció un poco, hacia tiempo que no era curado de esa manera. La observó, estaba concentrada pero podía adivinar claramente todo lo que pasaba por su cabeza en ese momento, y era precisamente esa situación la que trataba de evitar.

No quería ocultarle la evidencia de los ataques que sufrió cuando trataron de asesinarlo a los largo de esos dos años, pero no deseaba asustarla, hacerle creer que ella también corría peligro a su lado. Se había estado encargado de ese problema desde las sombras, puso mas ímpetu en ello cuando regresó de la Tribu del Sur y fue atacado nuevamente, mientras no detuviera a los culpables esos atentados no terminarían. Tomando en cuenta sus futuros planes existía la posibilidad de que ella se convirtiera en el siguiente blanco y él no lo permitiría. Hacer oficial su compromiso y llevarla al palacio era la mejor opción que tenía para protegerla.

Nunca pensó que lo atacarían directamente en el palacio y mucho menos delante de ella. Estaba furioso después del ataque fallido y eso influyó en su comportamiento de esa noche, al igual que él de ella.

Pero cuando los mismos nobles que se sientan en su mesa se ven envueltos en conspiraciones, el Señor del Fuego no puede tomar justicia por su propia mano, desgraciadamente no puede. Pero eso no evitaba que hiciera lo que hiso esa noche. De alguna manera debía de hacerles recordar algo, antes de ser el Señor del Fuego, él fue un rebelde, una traidor tratado como criminal. Y los crímenes que cometió no fueron solo por haber ayudado al avatar y estar en contra de su padre. Había asesinado a varios soldados de su propia nación, matado a muchas personas que se interpusieron en su camino en busca de la paz ¿Cuántos habían sido? Nadie llevaba la cuenta, pero lo que pasó en la Roca Hirviente tampoco se había olvidado.

Había logrado su objetivo. Después de esa noche, ya no tenía que preocuparse mas sobre ataques en contra de su vida.

Aunque su cuerpo delataba los enfrentamientos nadie miraría mas allá debajo de su ropa, a excepción de ella, tenía la esperanza de que sanaran antes del día de su boda, o esperaba la llegada de la maestra Yugoda para pedirle la curación total de sus heridas, confiaba en que sería capaz de guardar el secreto. Sin embargo ya no podía efectuar ese plan, la principal persona que no deseaba que se enterara ya sabía todo y ahora lo estaba atendiendo.

Fue inevitable que ella lo acompañara a la casa del noble Hong, e imposible de detenerla. Si había algo que no debía hacer Zuko era olvidar que antes que nada, ella también es una guerrera, una asesina que hace un par de años había matado a muchos soldados. Que ahora, ese lado de ella hubiera despertado a causa de lo sucedido resultaba inevitable, así como su frialdad al matar. La mano que había acabado con la vida de varios hombres subió a su hombro con suavidad. Cuando el dolor fue desapareciendo sintió el frescor en su costado, la segunda mano atendía la quemadura en sus costillas. Sus ojos se mantenían cerrados en concentración de su trabajo, pero su cuerpo estaba muy cerca de él, podía sentir la respiración cálida en su pecho, hasta que el toque en su piel desnuda lo estremeció. Ya no había líquido en su mano y podía sentir el calor de su palma situada en sus costillas sobre el músculo sano. Su otra mano bajó tortuosamente lenta, tocándolo solamente con la punta de sus dedos dejando un rastro perturbable en su recorrido, se detuvo en la cicatriz en su pecho.

- No estas solo.

El aliento chocó en su piel. La miró al instante en que sus ojos se alzaron hacia él. No era capaz de percibir la preocupación anterior, o la decepción y enojo de que le hubiera ocultado algo tan importante – No estas solo Zuko – repitió.

Una declaración murió en su garganta cuando ella besó la cicatriz.

- No eres el único que debe cargar con todo esto.

La mano en su costado se movió hacia su espalda expandiendo un calor placentero mientras que la otra subió de nuevo a su hombro, para ese momento todo su cuerpo estaba pegado a él, la conciencia de sus curvas nunca fue mas evidente que en esos momentos. La reacción que tuvo no se dejó esperar y una pulsación se situó en sus pantalones. Sus manos le ardieron por tocarla.

- Peleamos juntos para terminar una guerra, no me apartes de la lucha por mantener esta paz.

No había rastro de reclamo o enfado en su voz, sus palabras estaban lejos de provocarlo, sin embargo su cuerpo le decía otra cosa, la forma en que le habló había sido suficiente para desarmarlo, la seducción jamás tomó un doble sentido como en esos momentos. Se atrevió a tocarla, sus manos calientes se fijaron en sus brazos, inclinó su cabeza para tentar su frente con la de ella.

- Lo siento – apenas y pudo decirlo con verdadero pesar aunque no fuera perceptible.

No se arrepentía de haber tratado de protegerla, de mantenerla oculta al peligro, su disculpa era mas bien por haber puesto su propio cuidado y seguridad a un lado. Ella sabía que atacaba sin importar el resultado de su cuerpo después de la pelea, las heridas o golpes que tal vez podrían haberlo matado. Se arriesgaba mucho, ya se lo había dicho antes. Pero entendía que sus palabras eran verdaderas, él no estaba solo, ya no.

Miró sus ojos azules y el brillo en ellos mostraban una calma tranquilizadora. Pero cambió tan rápido cuando sintió que su pantalón se aflojó.

- Aun no he terminado – se adelantó antes de cualquier reclamo.

Liberó el agarre de su pantalón dejando de que cayera libremente hasta el suelo. Sus manos descendieron hacia su afilada cadera donde había un cardinal, no era muy grande y a él ya no le molestaba, pero ella planeaba sanarlo por completo. El tratamiento fue rápido. Tragó grueso cuando la vio descender aun mas, una cortadura en su pierna era lo siguiente, sintió su aliento caliente sobre su piel mientras descendía hasta quedar de rodillas entre sus piernas. Sus ojos examinaban la herida aunque la atención de Zuko estaba lejos del examen médico de la maestra agua. El sentía el soplo de su respiración caliente rozando su apretado eje aun escondido por su ropa interior, pero perceptible mientras sanaba su herida. El tiempo que le tomó le pareció tortuosamente largo.

Cuando sintió la presión de sus labios en la parte mas dura de su cuerpo una exclamación nada propia del Señor del Fuego salió de su boca. Eso lo tomó por sorpresa.

La mezcla de humedad y calor que le era transmitida atreves de la tela lo dejo sin aliento, se sentía tan bien y al mismo tiempo tan irreal lo que estaba haciendo. Ella besaba su hombría mientras sus manos se aferraron a su trasero, poco a poco fueron subiendo hasta tomar el borde de la única prenda que cubría su cuerpo. Comenzó a descenderla, su miembro duro fue liberado quedando tan expuesto como él, haciendo evidente lo mucho que le había gustado sus atenciones, el recorrido que hiso sus manos desde sus piernas hasta la base de su hombría le pareció eterna. Ahora ella respiraba sobre su piel mas sensible.

Alzo sus ojos azules para mirarlo.

A pesar de lo erótico que era el momento no podía evitar sentirse avergonzado, su cara estaba tan caliente como seguramente lo estaba todo su cuerpo ¿Esa era su manera de castigarlo? Su mirada le dejó en claro una cosa. Estaba condenado. En una ocasión escucho a un hombre decir que una mujer era lo mas peligroso que existía en el mundo, podía ser la salvación o la condena de un hombre. Y en ese momento no pudo encontrar a criatura mas hermosa y peligrosa que la estaba arrodillada frente a él. Estaba a su merced. Había perdido la batalla hace mucho tiempo, pero era una rendición de la que nunca se arrepentiría.

Mirándose fijamente observó como su hombría desaparecía entre sus labios envolviéndolo en la funda de calor y humedad de su boca.

Gruño mientras su cabeza se alzaba al cielo obscuro de la habitación, el juró haber visto las estrellas. La succión le hiso flaquear sus piernas por un momento y llevó una mano a la cabeza de la maestra agua agarrando con fuerza el cabello. No sabía si lo había echo para detenerla o para incitarla a continuar, pero el empuje involuntario de su cadera hacia ella le hiso aplicar el mismo impulso a su mano incitando sobre su cabeza para mantenerla ahí.

La lengua exploraba su longitud, recorriéndola de la base a la punta, besando con fuerza la cabeza sensible para después meterlo todo en su boca de ser posible. Si alguna vez llegó a pensar que solo en la cavidad oculta entre sus piernas era el único lugar donde podría sentir tan gran placer, se daba cuenta en esos momentos que estaba equivocado, y mas aun cuando su mano se colocó en su base comenzando a presionarlo y moverse de arriba abajo mientras su boca seguía engullendo la mitad de su eje. Cerró los ojos con fuerza por el gran placer y un gruñido casi animal salía de su garganta. Su respiración se volvió errática y no se dio cuenta que él mismo empujaba la cabeza de la maestra agua mas hacia él.

Todo era calor y confusión, placer y descubrimiento. El pensamiento sobre lo que era correcto en esos momentos se había ocultado en el fondo de su mente; no podía pensar, no era capaz de mirar mas allá que sus instintos y la visión de ella degustándolo. El momento se volvió eterno y efímero, como el aroma de un perfume que se inhala profundamente por unos segundos antes de desaparecer y quedar impregnado a él para siempre. El endurecimiento de su abdomen era la advertencia de lo inevitable.

- Katara... – apenas y pudo hablar.

Las uñas de una de sus manos sujetaba su trasero y después de decir su nombre se aferro aun mas, la presión de su boca se volvió mas fuerte así como el movimiento de su palma. Fue suficiente para llevarlo al borde.

- Ka...

No fue capaz de continuar, en ese instante fue golpeado por la convulsión placentera. El estremecimiento lo invadió con fuerza enviando sensaciones eléctricas por toda su columna vertebral llegando hasta la punta de sus dedos. Sentía como su esencia era expulsada de su cuerpo siendo succionada por su boca húmeda.

Al igual que el fuego.

Las llamas lo cubrieron. Fue incapaz de darse cuenta pues aun se mantenía en el cenit de la emoción que embriagaba su cuerpo. El calor había sido normal en sus encuentros, pero la luz parpadeante le hiso abrir los ojos. Nunca olvidaría lo que vio en ese instante.

Ella estaba de pie frente a él. El fuego la rodeaba como un manto dorado, observó como poco a poco sus prendas se deshacían ante el calor de las llamas revelando la piel morena, su cabello que había estado sujeto danzaba sobre su cabeza en un halo de rizos color obscuro. No había miedo en su mirada mientras era engullida por las llamas, los ojos azules estaban fijos en él en todo momento mientras sus ropas desaparecían dejándola completamente desnuda. Era como un fénix nacido del fuego, una criatura de piel canela y mirada de luna, aunque en ese momento sus ojos brillaban como el mas intenso sol en todo su esplendor.

Había algo que nació en Katara en ese momento, tal vez era por la influencia de la luna que llenaba esa noche, o lo que sucedió después de su ataque. La adrenalina corría por su cuerpo desbocada ante la persecución y captura, recordando cuando se cubría con el velo y castigaba, los momentos en que peleó por una causa, todos esos instantes despertaron en ella un bajo instinto que no solo hacía su cuerpo arder de la emoción, la excitaba y mas aun por el hombre que la acompañaba. Pelear a su lado no solo resultaba una combinación mortal, era también de admirar, ella siempre veía eso, la perfecta ejecución de sus movimientos, la tensión de sus músculos cuando invocaba su elemento y lo dejaba salir furioso, su concentración en esos instantes. Katara nunca deseó con tanto fervor estar con Zuko que en esos momentos. Mandó al diablo su caballerosidad y solo quiso satisfacer sus deseos provocándole, y respondió de manera maravillosa.

Zuko no perdió un segundo mas antes de tomarla y besarla. El hambre por sus labios era insaciable, sintió el fuego consumirse entre ellos solo para dejar un calor abrazador en sus cuerpos mientras se unían en un abrazo de pasión y deseo. Acababa de culminar, de llegar a la cima del goce, pero solo segundos de tenerla entre sus brazos y fue suficiente para estar de nuevo en guardia por ella. Sus manos fueron a la redondez de su trasero presionando con fuerza las suaves curvas mientras la levantaba. Sus piernas se enredaron en su cadera, sus sexos rozando placenteramente mientras el afirmaba el agarre y la conducía a la cama. Estaba duro y atrapado entre su caliente centro que no dejaba de llamarlo, de pedirle que entrara, pero en ese momento solo podía rozar la protuberancia mas sensible de su cuerpo.

La dejó caer con suavidad en las sábanas rojas cubriendo por completo su cuerpo con el suyo. Las manos tocaban y reclamaban la piel caliente, se movía como un animal desbocado pisando suelo familiar, como si hubiera regresado al hogar, un hogar al que no había vuelto en mas de dos años. La evidencia del cambio de su cuerpo mas notoria que nunca, la había conocido a los diecisiete, ahora a sus casi veinte era mas que deseable, estaba en la cumbre de su maduración, las curvas mas pronunciadas, todo se encontraba firme y mas grande en los lugares adecuados, su rostro había perdido un poco de la adolescencia que dejaba atrás dando paso a la mujer que ahora era. No podía sentirse mas que satisfecho de redescubrir su cuerpo nuevamente, de sentirse dueño de ella por completo.

Descendió sobre su cuello marcando con fuego cada parte donde sus labios besaban, llegó a sus senos donde rápidamente devoró la endurecida cumbre. Sus uñas se clavaban en su espalda cuando mordió ligeramente esa parte. Su cadera se alzo hacia él, la humedad era tan perceptible mientras rozaba su erección situada entre sus piernas. Sintió la fuerza aplicada en sus hombros y como lo empujaba hacia atrás, cuando menos lo pensó su espalda tocaba las sábanas mientras que la maestra agua se erguía sobre su cadera majestuosa y dominante, tan hermosa como la primera noche que se entregaron. Su mirada se desvió en algo que no había notado, pero que ahora apreciaba con claridad, una marca en su pecho, justo en el centro. Un movimiento de su cadera y sus pensamientos se perdieron, el gruñó en repuesta, no estaba dentro de ella, aun, pero lo torturaba con su suave meneo. Llevó sus manos a su cadera queriendo de una vez por todas profundizar en su interior; en el instante en que la tocó sus manos comenzaron a llenarse de escarcha. Con sorpresa la miró, pero la sonrisa diabólica en su rostro le decían que lo había echo a propósito.

Las morenas manos comenzaron a tocar con sus yemas el endurecido vientre, la tensión en él mientras era recorrida cada línea de sus músculos con su toque frio, el contraste del ardiente calor de su cuerpo con el cambio de temperatura lo excitaba aun mas. La escarcha comenzó a expandirse mientras que él la convertía en vapor. La danza de fuego y hielo comenzó, su cuerpo se inclino sobre él, la sensación de sus puntas endurecidas sobre su pecho nunca se sintió tan placentera como en ese momento. La lengua traviesa lamia su piel, el aliento helado sopló en su pezón, algo que lo tomó por sorpresa, descubrió lo sensible que era en esa parte cuando ella succionó. Estaba al borde. Presionó sus manos con mas fuerza sobre la tierna piel, la demanda de lo que deseaba, lo que su cuerpo pedía a gritos. Ella tampoco quiso esperar mas. Se erguía nuevamente mientras alzaba sus caderas y lo colocaba en su entrada, había dejado un rastro húmedo sobre la piel donde había estado.

Sintió el mas puro éxtasis mientras era cubierto por su interior desapareciendo por completo entre sus piernas.

Sus movimientos eran con fuerza, con apremio tino provocándole gran placer. Katara sentía su cuerpo arder, su centro palpitante era casi doloroso y al mismo tiempo lleno de delicia por el empalamiento. Estaba fuera de su control, se sentía dominada por sus instintos dejándose llevar por todas las sensaciones provenientes de su sexo. Abrió sus ojos por unos momentos, observó al maestro fuego bajo ella, la imagen la excitó aun más. El era duro, no solo en la parte que estaba dentro de ella en ese momento, todo su cuerpo era el máximo estándar de un hombre perfecto, sin las heridas que lo opacaran apreciaba aun mejor la musculatura marcada y latente en su piel sana, sus hombros y espalda eran anchos y sus brazos dejaban apreciar lo fuertes que eran, podía romper los huesos si así lo deseaba. Por un momento llegó a pensar que tal vez no estaría en la misma condición física, ahora se dedicaba a la política, a gobernar, ya no había persecución que lo mantuvieran en constante movimiento, en el ejercicio diario de su cuerpo; pero se dio cuenta que nunca dejó de entrenar y entendía el motivo. Solo le quedó admirar su trabajo hasta ese momento. Era tan glorioso como la primera vez que lo vio desnudo. Su piel clara brillaba, resplandecía con luz propia, y era tan caliente.

Gimió con fuerza, sintió la pulsación en su centro y un nuevo placer la invadía ahora. La excitación de lo que veía aceleraba todas sus sensaciones. Su cabeza se alzo al cielo observando la congelación del techo, el hielo cubría poco a poco las vigas de madera roja, la neblina fría iba por delante, señalando el próximo lugar a congelarse. Pero ella estaba lejos de prestar mas atención al extraño fenómeno, toda su concentración estaba en otro lugar. Para ese momento cabalgaba con intensidad sobre el hombre bajo ella, su cadera se alzaba y se reunía a su encuentro con fuerza, en el instante en que sus yemas calientes llegaron a tocar su nudo sensible fue su perdición, su movimiento cambió a un meno hacia delante y atrás, tratando de frotarse mas contra la dedos que la masajeaban tan deliciosamente. La presión creció en el vientre, la liberación llegando con fuerza e inevitable, ansiosa de recibirla incrementó su balance hasta que explotó en su interior.

Los espasmo íntimos marcaron su final, pero no para Zuko. Apenas y la dejo terminar cuando el la tomó e invirtió la posición, solo que ella no tenía la espalda sobre las sábanas rojas. Su cara hacia presión sobre la almohada. El jalón desde su caderas obligándola a levantarlas sostenidas por sus rodillas.

- ¡Ah!

Gimió cuando el entró nuevamente. Estaba demasiado sensible, húmeda y resbaladiza que el sonido de sus fluidos íntimos con cada embestida era audible. Sus suspiros y clamores eran callados por las almohadas, se aferraba a ellas con firmeza que ni siquiera creía que aun poseía, incluso sus caderas se movían al compás del empuje con que el maestro fuego golpeaba con fuerza hacia ella. Era incapaz de controlarse, gritaba abiertamente en los pocos momentos en que sus pulmones exhalaban solo para recuperar el aire que rápidamente era consumido. Sentía su piel arder bajo sus manos que la sujetaban con fuerza, lejos de lastimarla incrementaba mas su placer el cual crecía rápidamente y estaba a punto de desbordarse.

- ¡Así! ¡No pares! ¡No pares! Zu...

Su nombre murió en su boca, sustituido por el ahogo de su éxtasis. Cuando Katara llegó por segunda ocasión él también lo hiso y con gran fuerza. Pudo sentir algo cálido bajar por sus piernas, la culminación de su orgasmo al igual que el de ella. Lo siguiente que observó fue el cuerpo la maestra agua descendiendo hasta la cama, agitada, sudorosa, y muy complacida. Se inclinó sobre ella, besando su espalda, subiendo sobre la piel desnuda degustando su sabor hasta llegar a sus labios.

Rodeó su cuerpo con sus brazos.

¿Dónde había quedado la firme resolución de no tocarla? ¿De comportarse como un caballero hasta el día de su boda? Había fallado miserablemente ¿Pero quien no lo haría después de haberla visto de esa manera? Después de lo que hiso. Tendrías que ser completamente de piedra para no reaccionar a eso, pero al mismo tiempo demostraba lo mucho que ella también deseaba estar con él. Había sido un poco tonta la resolución de no hacer nada si no hasta después de estar debidamente unidos cuando ya habían cruzado esa línea desde hace tiempo. Aunque era la manera correcta, resultaba egoísta prolongar mas el recuentro de sus cuerpos cuando era algo que evidentemente no podían soportar mas. Aunque mas que nada sus motivos eran que no descubriese sus heridas, el también deseaba ir con calma y hacer las cosas bien, de manera apropiada, especialmente ahora que vivía en el palacio, estaba seguro que si algo pasaba en alguno de sus aposentos tarde o temprano alguien hablaría sobre ello, hasta ese momento estaba agradecido de que su guardia personal estuviese haciéndose cargo de los conspiradores de esa noche, de lo contrario, lo que acababa de pasar hace unos momentos se habría podido escuchar por todo el maldito lugar sin dejar a dudas que es lo que estaban haciendo ahí.

Que llegaran a pensar que su señor era un pervertido que no era capaz de aguantarse las ganas resultaba algo ofensivo, tenía una reputación que cuidar.

Pero honestamente ya no le importó seguir siendo un caballero, era un hombre después de todo y reaccionaba de manera natural a ella. En muchas ocasiones su cuerpo despertó solo por sus sutiles besos y delicadas caricias deseando mandar al demonio su resolución y ceder al impulso. Su fuerza de voluntad resultaba increíble en esos momentos, pero había un límite para todo, y el había llegado al tope esa noche.

Besó su frente perlada de sudor. Apresó aun mas su cuerpo al de él mientras que ella se acomodó a su lado. Definitivamente deseaba mas noches como esta.

- No me gustan las clases de preparación.

Abrió sus ojos, trató de mirarla pero se encontró con su cabello, su cabeza escondida en el hueco de su hombro y cuello.

- Ese hombre cree que soy una tonta salvaje que no sabe nada de modales o comportamiento.

Tal vez se estaba quejando, pero su voz sonaba tan cansada y cautivadora que perdía ese efecto cuando se habla de algo que te disgusta.

- Sospechaba que no te agradaban, pero siempre respondías de buena manera cuando te preguntaba.

Alzó la cabeza para mirarlo – No deseaba agobiarte con eso. Suficiente tienes con todo lo que haces para agregarte mas carga.

Acunó su rostro con su mano – Nada de lo que te moleste se convertirá en una carga para mi, jamás. Deseo saber siempre que te preocupa y poder ayudarte.

La mirada en sus ojos azules le hiso entender, sus propias palabras lo abofetearon con fuerza. Desvió la mirada avergonzado. Sabía que lo que pasó hace unos momentos no solucionaba la situación entre ellos por lo sucedido antes.

- ¿Estas molesta por eso? – se atrevió a preguntar.

Negó con su cabeza - Así como yo creí mejor no decirte nada respecto a las clases de preparación comprendo el por qué no quisiste hablarme sobre esto – guardó silencio por un momento, algo cambió en ella en ese instante, pudo notarlo. Un brillo diferente cubría sus ojos.

- ¿Qué sucede?

Vio su labio temblar antes de hablar – Creo que estamos demasiado acostumbrados a hacer las cosas por nuestra cuenta. A tomar decisiones que creemos ser las correctas sin detenernos a preguntar si realmente lo es – ocultó su cara en su hombro – Yo casi te pierdo por no haber sido sincera con mis sentimientos y contigo, por asumir una idea sin tomar en cuenta tu opinión.

Zuko tomó su rostro para fijar su mirada en ella, las lagrimas corrieron por sus ojos sin poder detenerlas. Se sentía como un gran bastardo por hacerla llorar. Lo último que deseaba era eso, hacerla sentir insegura e incapaz de ganarse su confianza cuando él pondría su vida en sus manos sin dudarlo.

- Te amo Zuko... – susurró mientras las lagrimas bajaban por sus mejillas, sujetó su mano con la suya - Quiero escucharte, hablar contigo de cualquier cosa, por mas simple que sea quiero saberlo. Todo lo que hay en ti, todo lo que sea de ti. Vivo para ti.

Su mirada se había vuelto nublosa por las lagrimas, la conmoción de sus propias palabras la estaba afectando. De alguna manera quería decirlo y dejarlo en claro aun mas. Las pequeñas opiniones guardadas para ellos, los secretos que mantenían por creer proteger al otro realmente no estaban ayudando en nada a su relación. Ambos se amaban de eso no había duda, pero la confianza y libertad de expresarse era algo en lo que eran muy malos. Sus cuerpos hablaban por si solos, pero eran las palabras las que al final realmente marcaban la diferencia, las que afectaban mas.

La besó en respuesta, ahogó su gemido con sus labios. Fue largo el momento en que decidió separarse de ella.

- Te prometo que así será, de ahora en adelante.

Nuevamente la besó cerrando así su promesa.

.

La cuchilla la lanzó hacia donde estaba la presencia, el sonido metálico le indicó que había fallado y antes de lanzar un segundo ataque la creación de una llama revelando la identidad del intruso la detuvo.

- ¿Qué diablos haces tu aquí?

Mai se levantó de la cama mirando fijamente al maestro fuego que envío su llama a la linterna cercana a la puerta, las luces saltarinas iluminaron la habitación del hotel donde se hospedaba. Zheng estaba de pie mirándola de tal manera como si estuviera enojado o furioso con ella, no le importó realmente, solo deseaba saber que rayos estaba haciendo ahí a esas horas de la madrugada.

- Mas vale que tengas una buena explicación – amenazó Mai.

El uniforme negro se apretó aun mas a su cuerpo cuando cruzó sus brazos en su pecho - ¿Por qué no mejor me explicas qué es lo que hacías en casa de tu padre esta mañana? – le preguntó seriamente.

Mai se molestó – Que rayos te importa.

- Me importa cuando tu padre estuvo involucrado en el ataque de esta noche contra el Señor del Fuego.

No mostró el asombro que esperaba ver, la confirmación de sus sospechas echas realidad. Mai levantó la barbilla mirándolo desafiante. Su figura iluminada por su fuego, el camisón que vestía era modesto, uniéndose en la estrecha cintura con un lazo dejando una apertura en su pecho haciendo perceptible la curvatura de sus senos, sus puntas eran tan visibles atreves de la delgada tela apenas cubiertas por los largos mechones de cabello negro que caían sobre sus hombros.

- No se de lo que estas hablando.

- Creo que sabes perfectamente de lo que estoy hablando – Se acercó a ella – Esto no es un juego Mai. Zuko no va a ser piadoso con aquellos que trataron de asesinarlo, aun si es tu padre.

- Lo que mi padre haga no es mi problema.

- Lo es cuando esta involucrado en algo tan serio como esto y tu estás aquí justamente la misma noche en que él y su prometida fueron atacados.

- ¡Yo no tengo nada que ver con eso! – su furia había explotado – Si estoy aquí es por mi madre que me llamó y si me quedé esta noche fue por Ty Lee. Tu mismo me viste en el circo ¡No hubo nada mas que me detuviera a quedarme aparte de eso! Ni siquiera he visto a mi padre desde hace meses.

Buscó la mentira en sus palabras pero le costó encontrarlas, no sabía que deseaba exactamente, que ella estuviera involucrada y de alguna manera verla pagar por ello, o alivio de que fuera verdad lo que le decía para dejarla fuera de todo ese asunto.

- ¿Qué haces aquí exactamente Zheng? – le preguntó inquisitiva.

Mai sabía que podía investigar y verificar su historia. Dejando de lado el ataque, si es que ocurrió, visitar a uno de los posibles conspiradores y hacerle un interrogatorio como en esos momentos estaba fuera de lugar. Mas bien parecía una advertencia que un arresto.

- Se que no tienes pruebas contra mi – se atrevió a decir.

- ¿Por qué estas tan segura? – la desafió.

- Porque de lo contrario me estarías arrestando y no teniendo esta conversación conmigo.

Tal vez tenía razón en eso, pero ella desconocía algo. El sabía que se había reunido con su padre hace unos meses en la isla Fuente de Sol. Las investigaciones que hacían respecto a los conspiradores detrás de los ataques contra el Señor del Fuego lo llevaron ahí. Solo él fue enviado a investigar y aunque no encontró nada fuera de lo común, su sorpresa llegó al tercer día. El ex general llegó a la isla de incognito pero lo reconoció al instante, aparentemente estaba buscando aliados para la causa, reuniéndose en secreto con ellos, fue aun mas grande su sorpresa cuando esa misma noche la miró a ella llegar al lugar de reunión, estaba acompañada por un muchacho. Se infiltró al recinto para saber mas. Ella no ocultó la sorpresa de ver a su padre, aunque tampoco lo demostró tan abiertamente. Escucho todo lo que tenía que decir. La confesión fue mas que clara y a Zheng no le cupo a dudas que estaba mas que involucrado en los ataques contra el Señor del Fuego, su sentencia estaba echa. Pero ahora el padre de la chica la invitaba a unírseles, siendo ella una persona cercana a su soberano la colocaba en una posición perfecta para llevar acabo sus planes.

Sin embargo y para su sorpresa la respuesta de Mai fue darle la espalda para salir de ese lugar sin decir nada; cuando el mismo hombre la llevó quiso detenerla lo dejó noqueado, al igual que el resto que se atrevió a ir tras ella. Su padre solo se quedó de pie mirando asombrado el alcance de su hija. Le echo un último vistazo antes de finalmente irse.

Zheng dio advertencia sobre lo que acababa de ver, pero dudó sobre informar sobre la participación de Mai. Se quedó un par de días mas para seguir sus movimientos. Al parecer y según la información que obtuvo, llevaba mas de medio año viviendo en la isla con una tía trabajando en una florería. Ni siquiera se había dado cuenta de su ausencia en la capital. Era muy consiente cuando visitaba el palacio para reunirse con la princesa Urza o con el Señor del Fuego, le molestaba verla, pero apenas y hasta ese momento se dio cuenta el porque ya no la había visto. Aunque no sabía el motivo de su cambio de domicilio no le tomó importancia después de haber tenido la información suficiente respecto a ella.

El viaje al polo sur días después le hiso admitir que había echo lo correcto en no mencionarla, a final de cuentas y por lo que vio, ella no estaba involucrada, su invitación había sido esa noche y claramente no había aceptado. No había forma de que obtuvieran información por parte de ella. Le cayera bien o no era inocente.

Aunque su padre era otra historia.

Sin embargo, después de lo que pasó esa noche y verla a ella ahí le hiso pensar diferente. Tal vez había cambiado de opinión y terminó por aceptar la propuesta de su padre y si era así entonces había sido su culpa que algo tan peligroso como esa noche se llevara acabo. Y ahora era su responsabilidad arrestarla o dejarla ir. Después de escuchar su declaración dependía de él si creerle o no, y estaba demasiado inclinado en no hacerlo.

- ¿Qué fue lo que te dijo tu madre exactamente? – fue su turno de preguntar.

- Eso no te importa – le respondió muy a la defensiva.

- ¿Te hiso la misma propuesta que tu padre?

Ahora si vio la sorpresa en sus ojos. Abrió su boca para decirle algo pero él se adelantó.

- Es por ese motivo que estoy aquí Mai. Se lo que pasó en la isla Fuente de Sol cuando te viste con él.

Sus manos se apretaron en un puño y de alguna manera se vio aun mas furiosa – Si estas al corriente de eso entonces sabes perfectamente que no estoy involucrada en nada de lo que hace mi padre.

- Pero aun así estas aquí.

- No por los motivos que tu crees.

- ¿Y tu madre esta involucrada?

- Si lo esta no sabría decírtelo – atajó - Pero si te aseguro que no me reuní con ella para hablar de conspiraciones homicidas – fue su turno de acercarse a él desafiante, sin miedo, pero evidentemente enojada - No se si mis padres están juntos en esto o no, pero de alguna manera creen que pueden usarme para sus estúpidos objetivos como si fuera una pieza mas de sus juegos. Por eso me fui de este lugar, lejos de todos aquellos que solo quieren manejarme a su antojo. Lo que ahora les pase me tiene sin importancia.

Terminó de decir. La veracidad con que habló le hiso darse cuenta, aunque tal vez no de buena manera, que decía la verdad.

Dejando de lado todo lo que estaba pasando, Zheng se dio cuenta de algo, esta era la cuarta vez que platicaba con ella, no sobre conspiraciones y acusaciones obviamente, si no compartiendo un momento a solas. La primera vez que la vio fue a los trece años, antes de partir al reino tierra, eran tan jóvenes en ese entonces y el se sentía tan tonto y adolescente delante de su prometida, la segunda ocasión fue a su regreso a la capital y la tercera en la isla de los guerreros del sol, naturalmente no quedaron en los mejores términos. Ahora se enfrentaban nuevamente, pero no eran unos muchachos, en ambos se notaba la maduración de su crecimiento. Por primera vez, vio a la mujer que alguna vez había sido destinada como su esposa. Una mujer que solo vestía un camisón de dormir que a pesar de que cubría su cuerpo modestamente, la delgada tela con que estaba echo no dejaba mucho a la imaginación.

Por desgracia, su vista se desvió solo por una fracción de segundo a su escote profundo, había estado evitando mirar ahí concentrándose en la conversación, pero su determinación le fallo en el instante en que ella se acercó a él para defender ferozmente su inocencia. Mai lo notó y se dio cuenta de lo que él estaba viendo, consiente de la vista que le estaba dando al guardia imperial se dio la vuelta inmediatamente, miró su bata en la silla al otro extremo de la habitación y consideró inútil llegar a ella en esos momentos. Solo caminó cruzando sus manos en su pecho para cubrirlo dirigiéndose por el costado de su cama para sentarse ahí y mirarlo de nuevo, de esa forma se aseguraba de que no le estaría mostrando nada mas de lo que se considera apropiado, a excepción de la abertura en su pierna que se hiso mas evidente al sentarse, pero desde ese ángulo el no podría verla.

La mirada desafiante que le propició le hiso recordar a Zheng el motivo del porque él estaba ahí. Recobró un poco la compostura.

- Si lo que dices es verdad, entonces no tienes nada de que preocuparte – habló finalmente - Pero si te recomiendo que te mantengas alejada de tus padres estos días.

Se sorprendió a su mismo por sus últimas palabras. Le estaba advirtiendo y él jamás tuvo la intención de ayudarla. Sabía que no se lo merecía, se reprendió mentalmente por haberlo echo.

- ¿No piensas hacerlo? – la mirada fija en él – Acusarnos, es tu oportunidad de vengarte por lo que te hemos hecho a ti y a tu familia, traición por traición. Un pago justo ¿No lo crees?

Si tuviera que admitir, desde el momento en que confirmó la involucración de su padre en todo esto para él fue mas que gratificante. Pagarían por lo que una vez le hicieron a ellos. Sin embargo...

- No deseo que personas inocentes sufran un castigo que no les corresponda – de alguna manera sintió que el hilo de sus intenciones de visitarla esa noche volvía – Pero si son culpables – el fuego se movió feroz en la linterna - Yo mismo me encargaré de hacerle pagar su justa condena.

Todo se volvió obscuridad. Mai se incorporó rápidamente a la defensiva, quedó momentáneamente cegada hasta que sus ojos se acostumbraron a las sombras.

Estaba sola.

Al día siguiente no hubo noticas respecto al ataque del Señor de Fuego, ni siquiera un rumor o escandalo sobre los involucrados. Mai se dio cuenta que tal vez todo lo estaban manejando por debajo del ojo público, algo que no le sorprendió. Entonces se preguntó ¿Desde cuando había pasando esto? Lo único que escuchaba desde el final de la guerra es como la gente apreciaba a su nuevo gobernante, los comentarios eran amables y a su favor. La paz había sido muy bienvenida por la gente común, no era de extrañarse que solo los nobles que no contaban con el favoritismo del nuevo Señor del Fuego fueran las mas disgustados por el nuevo gobierno y evidentemente los únicos que tenían motivos para querer verlo muerto y retomar la guerra.

- Entonces decidieron cambiar la rutina de ultimo momento lo que causó gran alboroto entre todos los artistas.

Puso atención a las palabras de su amiga tratando de despejar su mente. Realmente no era que siguiera el consejo de Zheng, pero a final de cuentas ya había acordado en tomar el almuerzo con Ty Lee, después de eso partiría a Fuente de Sol. Nunca extrañó tanto la casa de su tía como en esos momentos, con todo y su esposo agricultor que llegaba lleno de tierra la mayoría de las veces y sus molestos primos de ocho y doce años.

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Inhaló, llenó sus pulmones con aire y lo retuvo. Sintió los latidos de su corazón y concentrándose pudo ser capaz de disminuirlos, poco a poco el aire salió de sus pulmones, sin que fuera profundo, apenas perceptible el movimiento de su pecho. Escuchaba todo, sus sentidos agudizados, los pasos metálicos pasaron cerca y después se alejaron. El movimiento de la tela al caminar también se hiso presente, el viento que apenas se dejaba filtrar por los ventanales del extenso pasillo, el aroma de un perfume. En un instante dejó de sentirlos y supo que estaba solo.

- ¿Escondiéndote?

- ¡AH!

Zuko gritó y saltó hacia un lado. La reacción de su cuerpo no había sido la mejor y pudo saber que se vio ridículo, pero se había llevado un susto de muerte.

- ¡Toph! ¿Cómo me encontraste? - se supone que estaba solo, no sintió su maldita presencia cuando llegó.

- Solo tuve que oler tu cobardía – expresó la princesa del Reino Tierra, sus ojos verdes lo miraron con satisfacción – Pero si deseas esconderte te sugiero el laberinto. Ellos ya vienen.

Su sangre se congeló y palideció al instante, cuando su amiga comenzó a caminar hacia los jardines no dudó en seguirla.

No es que estuviera huyendo de los planificadores, de su madre, de su tío, de los sabios del fuego, o de quien sea que se acercara a él con la intención de hablarle referente a la boda. Solo faltaban dos días y el ya se sentía mas harto que ansioso. Por increíble que pareciera prefería encerrarse por horas en el salón y tratar con todos sus consejeros y nobles referente a cualquier condenado tema que hablar por un minuto sobre la ceremonia. Que si las flores, los manteles, la comida, los lugares asignados para los invitados bla bla bla... Estaba cansado y en esas últimas semanas había sido agobiante. No se imaginaba como estaría Katara, no había podido hablar directamente con ella desde hace dos semanas y eso había sido lo peor de todo, era una tradición que el novio no podía ver a la novia hasta el día de la ceremonia, con la fecha acercándose su paciencia y cordura se estaba hiendo al demonio mas rápido de lo que arde una mecha y sin Katara a su lado para tranquilizarlo se sentía capaz de incendiar a alguien.

- Relájate chispita, te siento igual de fastidiado que cuando tuviste que servir té en la fiesta de esa chica ¿Cómo se llamaba? ¿Jin? ¿Min? - el sonido de fastidio le confirmó que se acordaba de ese momento. Ella solamente sonrió - Creo que necesitas distraerte.

- A menos que quieras tener un enfrentamiento conmigo no veo de que otra manera podría distraerme.

Dejar salir toda su frustración mediante entrenamiento le había funcionado, pero después de que casi lesiona gravemente a uno de sus guardias con los que se enfrentaba tuvo que detenerse, era peligroso cuando estaba estresado y agobiado, tal vez combatir contra Toph podría ser aun mejor, ella era muy fuerte y dura de vencer.

- Un idea tentadora, pero me temo que si lo hago voy a tener a mi hermano molestándome el resto del día por haberlo echo. Últimamente no deja de decirme que tengo que comportarme de manera adecuada y todo eso.

Zuko bajó un poco la mirada para verla. Toph tenía su brazo sujeto de él. El vestido verde de verano era muy hermoso y elegante, su cabello negro que en el pasado lo mantuvo recogido en un gran moño en su nuca, ahora caía como una cascada sobre su espalda contrastando con su piel clara. El abanico negro que cubría sus pestañas solo hacía resaltar sus ojos color olivo, como un prado en primavera, y lo mejor de todo es que estaba lleno de vida y luz. Toph era, sin lugar a dudas hermosa.

- Atrás quedaron lo tiempos en que yo servía té y tu peleabas en la arena del sector bajo.

Los ojos verdes lo miraron y pudo reconocer la nostalgia en ellos – Eran buenos tiempos – el le sonrió en confirmación - Muchas decían que tu trasero fue lo que hiso que el Dragón de Jazmín tuviera éxito, ahora puedo decir que coincido con ellas.

Se avergonzó tanto que en el instante que la maestra tierra desvió su mirada hacia su parte trasera Zuko la cubrió con su mano. Su risa se escuchó fuerte mientras que el se sentía tan rojo como una cereza.

No paraba de reír – Lloraron cuando supieron que tu trasero tendría dueña.

El solo negó con su cabeza. Había olvidado esos momentos, y una parte de él deseaba hacerlo para siempre, no era que se quisiera admitirlo pero fue acosado durante esos años que sirvió a su tío en el Dragón de Jazmín. Y no solamente por las jóvenes, las mujeres maduras era aun mas atrevidas y su precioso trasero en mas de una ocasión sufrió los pellizcos de sus uñas.

- Gracias por recordarme porque prefiero ser el Señor del Fuego y no un mesero.

- Oye, no lo hacías tan mal. Aunque ella no llegó a verte.

Se detuvo por lo que dijo, siguiendo la mirada de su amiga sus ojos se fijaron en un punto, ni siquiera había prestado atención en donde estaba en ese momento. Habían llegado a la mitad del laberinto donde se encontraba un hermoso kiosco rodeado de flores de durazno luna. Solo una persona de pie en la estructura de madera que reconoció al instante.

- Katara.

La emoción que lo embargó lo hico caminar de prisa hacia ella, cuando la maestra agua se giró al escuchar su nombre, su sonrisa se hiso tan grande que corrió a su encuentro. La recibió en sus brazos y se negó a dejarla ir. Un gran alivio lo cubrió, rodear su figura era reconfortante así como respirar su perfume. Se dio cuenta que esto era lo que necesitaba. Tenerla a su lado.

- Te extrañe tanto – la escucho hablar desde su cuello.

- Yo también.

- Sí si, los dos se extrañaron – Toph habló a la distancia – De haber querido se hubieran visto desde hace mucho tiempo, son unos idiotas por seguir esa estúpida regla.

Katara sonrió – Gracias por traerlo Toph.

- Ni me las des, o veía como congelabas a ese organizador o Zuko atacaba al siguiente que le hiciera una pregunta respecto a la boda. Honestamente ninguno de ustedes dos sabe manejar esto. Al menos espero que con verse se calmen un poco.

Después de expresarse se retiró.

La pareja quedó a solas, se miraron expresando sin palabras el amor que se tenían. Una de las manos de Zuko pasó de su cintura a su cara, ella se inclinó a su toque.

- ¿Cómo has estado?

- Agobiada – su voz dejaba en claro cansancio - No pensé que fuera de esta manera, la boda de Suki y Sokka fue tan simple a comparación de esto.

- Organizar una boda real no lo es.

Ella inclino su cabeza de nuevo a su pecho, buscando un refugio de toda la algarabía que pasaba a su alrededor.

- Nuestros tíos y tu mamá parecen felices de hacerlo.

- No pensé que Kya sabría llevar nuestras costumbres tan fácilmente.

- Las adoptó demasiado bien, desde que llegó se unió a tu madre y no a habido manera de detenerlas. Me abruman con todas sus ideas y las que cambian a último minuto y se que odian al organizador, he tenido que ser intermediaria en muchas ocasiones.

- Lo se, vienen a mi también cuando eso pasa.

Cuando no lograban estar de acuerdo su madre recurría a él. Era el Señor del Fuego después de todo y tenía la última palabra. Aunque Katara no habló directamente con él, debido a que no podían verse, su madre y Kya eran las intermediarias, según, para expresar ciertos detalles o ideas para la boda. Aunque al final terminó tan atosigado que accedía a todo sin preguntarse si en verdad su prometida había tenido la idea realmente solo si así evitaba mas consultas al respecto.

Sintió el suspiro en su cuello – Creo que prefiero enseñarle a bailar a Sokka que pasar por todo esto.

El sonrió – No te preocupes, es algo que sucederá solo una vez.

Se miraron en ese momento. Tal vez estaban agobiados y cansados por todo lo que pasaba a su alrededor respecto a su boda, pero aun así había felicidad en ellos. Pronto estarían unidos para siempre de manera oficial. Todo habrá valido la pena.

- Tu mamá me preguntó sobre nuestro viaje de bodas, mencionó que tú ya te habías echo cargo de eso pero que no le has dicho a nadie al respecto - hubo una sonrisa en el maestro fuego que la estremeció un poco.

- Fue en lo único que no deje que intervinieran – le dijo aun sonriendo – Es una sorpresa – la besó nuevamente.

Definitivamente ver a Katara cambió radicalmente su estado de humor. Ahora se sentía mas tranquilo por no decir emocionado y verdaderamente feliz, se separaron al salir del laberinto, habían pasado casi toda la tarde juntos y eso lo hiso sentir mas enamorado que nunca, se sonrojó de golpe al pensar en eso, detuvo por un momento su andar por los pasillos al darse cuenta de su pensamiento, él en verdad estaba enamorado. De acuerdo, resultaba algo estúpido llegar a esa resolución cuando estaba a dos días de casarse con ella, él la amaba de eso estaba mas que seguro, pero hasta ese instante no se había tomado el tiempo de pensar hasta que grado influía la maestra agua en él.

Ella era su vida.

Su corazón latió con un golpeteo mas vibrante. Sonrió como un tonto enamorado, si, ella era su vida, la mujer que amaba y con la que compartiría su vida, para siempre.

Su mirada se dirigió al frente y el guardia que estaba en la pared lo miraba con increíble extrañeza, incapaz de creer que acababa de escuchar a su señor reír y de esa manera. Zuko se puso rojo al instante y haciendo sonar su garganta trato de recobrar la compostura haciéndose ver lo mas dignamente posible, aunque sabía que el hombre trató de todos los medios de verse neutral, la escenita que acababa de hacer frente a el no la olvidaría.

Entró a su habitación, debía cambiarse para la cena, y después de eso se reuniría con el organizador de nuevo, sería la última reunión, debido a su estado de animo estaba dispuesto a escuchar todo lo que tuviera que decir al respecto de la ceremonia. En el instante en que las puertas se cerraron una bolsa en su cabeza fue puesta y segundos después sintió unos golpes en su cuerpo, sus manos fueron atadas a su espalda y cuando menos pensó todo se volvió obscuridad.

Jen observó como el Señor del Fuego estaba siendo raptado por el avatar, el príncipe de la tribu del sur y el general del reino tierra. El bisonte se elevó por los aires alejándose del palacio y el solo pudo quedarse como idiota mirando todo sin hacer nada, solo segundos después la realización de lo que acababa de pasar lo golpeó de repente, al mirar hacia un lado se encontró con Iroh.

- Solo espero que lo traigan a tiempo para la ceremonia.

Fue lo único que dijo el ex general antes de retirarse.

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- ¿Están seguros de que esto fue buena idea? - el susurro de la voz lo hiso despertar – Creo que si se lo hubiéramos dicho habría aceptado venir.

- Oh vamos Sun Hee, tu no conoces a Zuko como nosotros, seguramente hubiera dicho algo como "No puedo, soy una persona muy ocupada y no puedo perder mi tiempo en cosas como estas" – hiso la mejor imitación del maestro fuego lo que provocó la risa de Aang – Es una maldito aguafiestas, desde que se convirtió en el Señor del Fuego no ha hecho nada mas que trabajar. Estoy seguro que de no ser por mi boda ni siquiera hubiera salido de ese estúpido palacio.

El quejido que se escuchó al fondo de la silla los hiso callar.

La bolsa que cubría su cabeza fue retirada y lo primero que vio fue los ojos verdes del maestro tierra.

- ¿Qué esta pasando? – exigió tratando de ignorar el dolor en su cabeza.

- Lo que esta pasando mi querido amigo, es que vamos a tu despedida de soltero – explicó Sokka.

- ¿Y por eso me golpearon? – se molestó – Si me lo hubieran pedido hubiera venido por mi propia voluntad.

Sun Hee miró a Sokka con una cara de Te lo dije, mientras liberaba a Zuko de sus muñecas.

- Existe una ceremonia para esto Sokka – habló el maestro fuego – Iba a ser mañana ¿Por qué no esperaron?

- Porque eso sonaba aburrido. Y lo que yo planeo es aun mejor.

Sonrió de la única manera en que sabía que significaba que nada bueno iba a salir de todo eso.

- Muchachos estamos llegando – anunció Aang.

Los tres en la silla asomaron sus cabezas y Zuko se quedó impresionado. Las luces de la isla le resultaron familiares, reconoció al instante a donde se dirigían.

La isla Ember.

Varias horas después...

Quien tuvo la idea de entrar a la maldita obra de teatro les debía dos horas de su vida, había sido lo mas estúpido que habían visto, pero para lo borrachos que estaban en realidad les había parecido de los mas divertida. Habían cambiado de ropa haciéndose pasar por ciudadanos de la Nación del Fuego, resultaba mas divertido de esa manera, además de que no llamaban mucho la atención. Anduvieron por varias partes de la isla disfrutando de la vida nocturna. Mas de alguna decidió probar suerte ante el grupo de jóvenes pero tanto Zuko como Sokka les cortaron las ilusiones, esa noche era de ellos y de ninguna manera harían algo estúpido, en cambio el maestro tierra se dejaba querer un poco. Aunque resultaba de lo mas divertido ver como Aang lidiaba con una situación como esa.

Viéndolo con detenimiento era fácil ver que el maestro aire era atractivo y vistiendo como un joven de la Nación del Fuego cambiaba por completo su imagen. Era alto para sus quince años, sus brazos expuestos dejaban ver lo trabajado que estaban por sus entrenamientos, traía puesto un turbante para evitar que se viera la marca en su cabeza haciendo que toda la atención cayera en los grandes ojos grises. No les resultó extraño que algunas chicas se acercaran a él, pero el monje adolescente no tenía idea de cómo hacer frente a una mujer, se portaba muy torpe y apenado.

- ¿Y ahí esta el encargado de restaurar a los maestros aire? – preguntó Sun Hee mientras observaban como la chica que se había aproximado a su amigo se acercaba de una manera mas sugerente, y tal vez hiso algo mas pues el monje reaccionó de una manera algo alterada lo que provocó que por accidente derramara la bebida sobre ella lo que la hiso enojar mucho.

- Va necesitar de un milagro.

Los tres explotaron en una carcajada sin poder controlarse por la forma en que la chica lo abofeteó e insultó antes de irse.

- Definitivamente – apoyó Sokka.

Continuaron con su travesía por la isla. Debían aprovechar esos momentos, había pasado tanto tiempo desde que se divirtieron de esa forma, a excepción del polo sur donde también pasaron de un tiempo muy agradable, estar en la Nación del Fuego tratando de pasar de incognitos les recordó mucho sus viajes por el reino tierra, y todos los problemas en los que se llegaron a meter.

- Realmente nunca te dejan solo ¿Verdad?

Sun Hee le había susurrado a Zuko mientras caminaban por las calles bulliciosas de la isla, era un lugar turístico muy conocido, especialmente en esa época del año, pero por la boda real el número de personas había incrementado tanto locales como extranjeras, se habían topado a mas de algún grupo con ropas verdes y azules. Miró al maestro tierra y con un gesto señaló sobre su hombro. Discretamente miró hacia atrás y pudo percibir lo que había llamado la atención del general.

- Pensamos que por la distancia no serian capaces de alcanzarnos.

Zuko sonrió – Aunque no se los ordenara ellos de todas maneras lo harían.

- ¿Aun estas en peligro?

Negó con la cabeza – Todo esta bajo control, aun quedan pequeños asuntos por atender, pero no hay nada de que preocuparse.

El maestro tierra pareció aceptar sus palabras. El había estado ahí cuando ocurrió el primer ataque, a decir verdad de no haber sido por él Zuko en esos momentos podría haber estado muerto.

El primer atentado había ocurrido en Sun Jing. Mientras Toph estaba de visita con Katara, Zuko había pretendido visitarlas de sorpresa por lo que solamente había viajado con una escolta mínima, cuatro hombres lo acompañaban, solo por casualidad se habían topado con el maestro tierra que andaba turisteando en la isla. Mientras iban camino a la finca del maestro del esgrima fue que ocurrió el atentado, la sensibilidad de Sun Hee y su aguda percepción les había advertido a tiempo, aunque eso no evitó que resultaran heridos. El asalto había sido muy agresivo, el objetivo demasiado claro, la muerte del nuevo Señor del Fuego. Aunque sobrevivieron y en contra de lo que Sun Hee hubiera imaginado no fueron hacia la finca de Piandao en busca de ayuda, pensaba en Katara atendiendo sus heridas, Zuko lo convenció de lo contrario, no sabían si aun había rebeldes por ahí, y si se dirigían con ellas solo sería ponerlas en peligro. El entendió y solo le quedó aceptar y guardar el secreto. El Señor del Fuego fue llevado inmediatamente a la capital sin haber visto a sus amigas.

Días después se reunió con Zuko en el palacio, lo que había pasado de alguna manera no había extrañado del todo al maestro tierra, pero lo mas preocupante es que había ocurrido a solo días del final de la guerra, los líderes y mandatarios apenas y se reunirían para finalmente hacer los acuerdos de paz, que se formaran grupos de rebeldes tan rápido dejaba en claro la oposición de que había al respecto de la nueva situación que ahora había en la nación, y, de alguna manera tenía la seguridad de que un acto como ese no sería el último.

Le informaron a Kuei sobre lo sucedido una vez que llegó a la Nación, sin embargo no dejaron que Aang se enterara. Tal vez como avatar podría tener muchas responsabilidades y egoístamente algunas personas lo dejaban cargar con todo los problemas del mundo, pero Aang no era el único que debía de tomar las riendas en el asunto, el avatar era el puente entre el mundo de los espíritus y el de los hombres, mantenía equilibrio entre las naciones, pero eso no significaba que era el mediador universal de cada disputa o malentendido. Tanto Kuei como Zuko no permitirían eso, los dos gobernantes dejaban en claro que eran capaces de controlar a su gente y poner fin a cada altercado que ocurriese. Incluso aun antes del final de la guerra, tanto Zuko como Kuei ya tenían una estrategia y planes a futuro sobre que medidas a tomar en diferentes situaciones y la mejor manera de solucionar las cosas. Tal vez Zuko no era el Señor del Fuego y aun se encontraban en guerra contra su padre, pero siendo él un príncipe para Kuei fue suficiente para tomarlo como el representante de su nación. La amistad que unía a los dos líderes era lo que hacía que llegaran a acuerdos respetables.

Siendo honestos, ambos eran nuevos en todo eso de gobernar y dirigir a su pueblo. En esa ocasión Kuei le confesó a Zuko que lo admiraba, el era muy joven y aun así desempeñaba su papel a la perfección en los escasos días que llevaba gobernando, con gran autoridad y confianza, algo que él sentía que le faltaba. Pero el Señor del Fuego también estaba asombrado por la determinación del hombre con gafas. A pesar de que muchos gobernantes y nobles de su nación se opusieron a dejar todo en paz con los ciudadanos de la Nación del Fuego, no solo después del día del eclipse si no también cuando fue terminada la guerra, él se mantuvo firme en su decisión de no tomar represarías tan extremistas contra los nativos del este. Zuko no podía oponerse al odio que los embargaba y sentía justo su resentimiento, pero el apoyo del Rey Tierra y su fuerte determinación en comenzar desde cero fue algo que ciertamente admiró del hermano mayor de su mejor amiga. Pareciera que Kuei había encontrado su valor y la voz de su palabra se escuchaba fuertemente.

Sin embargo, precisamente esa nueva renovación del Rey Tierra también podía ponerlo en peligro.

Si existían rebeldes en la Nación del Fuego que se negaban a aceptar la paz, también podrían haber personas en contra de las nuevas decisiones del Rey Tierra en no querer hacer nada contra los culpables de haber causado tanto daño a su reino. Kuei declaro que esa posibilidad no podía estar muy errada, existía cierto des conformismo por sus decisiones entre algunos gobernantes, pero el estaba dispuesto a tomar el riesgo por sus ideales al igual que Zuko. La amenaza de una guerra civil en ambas naciones se alzaba como una sombra sombre ellos. Ambos tomaron la decisión de llevar esto en conjunto, no podían arriesgar la paz por la que lucharon solo por los deseos egoístas de otras personas.

- Kuei me contó que todo esta en calma en el Reino Tierra.

- Sí – declaró feliz - Aun hay algunos pequeños asuntos que arreglar pero nada de que preocuparnos.

Zuko sabía que Sun Hee era el encargado de llevar la tarea de la captura de rebeldes y evitar posibles conspiraciones que pusieran en riesgo la paz del Reino Tierra, así como a su Rey. Bajo la excusa de estar a cargo de la seguridad de Toph, le permitió llevar acabo investigaciones sin levantar sospecha, además de que también se aseguraba de que tanto Toph como Katara, que durante unos meses estuvo en el Reino Tierra el año pasado, no fueran objetivos de ataques.

- ¿Aun piensas llevar acabo tu idea? – preguntó el maestro tierra.

- Es el momento indicado para hacerlo, y la oportunidad esta presente.

- Creo que mejor deberías aprovechar ese tiempo para algo mas.

Sun Hee lo miró con una sonrisa pícara en su rostro que solo significaba una cosa. Ambos sonrieron, después de un momento miraron al frente solo para ver como Sokka se dirigía a ellos abriéndose paso entre la gente.

- ¡CORRAN!

Fueron sus únicas palabras mientras pasaba a toda prisa sobre ellos, se miraron extrañados, el grito de las personas hiso que miraran de nuevo al frente, Aang ahora corría hacia ellos, la multitud se abría a su paso despavorida, con gran sorpresa vieron como detrás de él había una nube de polvo provocada por una manada de caballos avestruces que corrían justamente hacia su dirección.

- ¡CHICOS! ¡CORRAN POR SUS VIDAS!

No lo pensaron dos veces antes de que sus pies se pusieron en movimiento uniéndose a la multitud que corría despavorida.

¿Ahora que diablos habían echo? Se preguntaban los dos maestros.

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Zheng se acomodó en la silla de aquel pequeño restaurante cerrando sus ojos en busca de un poco de descanso, se encontraba en uno de los balcones con vista al mar. En cualquier otro momento habría disfrutado de su estancia en la Isla Ember, pero trabajo era trabajo y tener que cuidar de su señor era primordial. Él no consideraba del todo necesario su presencia, al menos no ahora que prácticamente podían asegurar que se encontraba a salvo. Cuando Jen llegó a él diciéndole que el Señor del Fuego había sido raptado por sus amigos le pareció que era una broma que le pidiera que los siguiera, es decir, estaba en compañía del avatar, lo cual era suficiente para saber que nada malo podían pasarle en su presencia, además del maestro tierra que tenía una fuerte percepción de todo lo que pasaba a su alrededor, y el príncipe del sur que a pesar de no tener un control era mas fuerte de lo que podía aparentar. Ciertamente su presencia y la de otros de los guardias la creía innecesaria, pero ordenes eran ordenes, y ahí estaba velando por su señor.

Se preguntaba si los otros estarían mejor o peor que ellos, según supo, la prometida del Señor del Fuego en compañía de sus amigas habían salido del palacio hacia Sun Jing con las mismas intenciones que el grupo que ahora estaba vigilando lo que causó que la guardia imperial personal se dividiera para cuidar del gobernante y su futura esposa.

Escuchaba el escandalo de los chicos que estaban en el balcón de al lado, definitivamente estaban llevando la fiesta hasta el final de la noche. Abrió sus ojos perezosamente y el lugar frente a él, que estaba vacío antes de tomar su pequeño descanso de escasos segundos, ahora estaba ocupado. El Señor del Fuego Zuko estaba tranquilamente sentado tomando seguramente licor, de una pequeña taza, incluso el tokkuri estaba puesto en la mesa frente a él. Ni siquiera se molestó en sentarse de manera formal. El resto de la guardia ya se había ido a dormir, dejándole a él el último turno de vigila.

- ¿Cómo se encuentra tu familia? – preguntó suavemente.

Zheng no sabía si su tono, o la forma en que se estaba dirigiendo a él era por el alcohol en su cuerpo o porque simplemente se encontraba extrañamente relajado lejos del ambiente de formalidad que siempre lo rodeaba. Llego a la conclusión de que se trataba de ambos.

- Todos están bien, aunque mi madre y mi hermana no dejan de hablar respecto a la boda y los vestidos que van a usar. Ya volvieron loco a mi padre.

- Dímelo a mí - Pudo ver la reacción en su rostro haciéndole saber que entendía a la perfección su situación.

A Zheng le parecía casi extraño ver al Señor del Fuego de una manera tan informal; había sido muy poco el tiempo en que pasó antes de la llegada del cometa en que lo había visto de esa manera, con ropas comunes, pero se había acostumbrado demasiado pronto a sus atuendos que marcaban su posición como gobernante que casi se olvidaba que eran de la misma edad. Aunque siempre le demostró el respeto correspondiente, así como el resto de su guardia, Zuko no se comportaba como esperaba, el tratamiento que le tenía a su guardia era mas como un trato entre amigos que la distancia marcada entre un señor y sus súbditos.

- ¿A que conclusión has llegado? – preguntó cambiando el giro de la conversación.

Zheng no esperaba que le hablara al respecto de ese tema, o al menos no en esos momentos, pero supuso que deseaba dejar las cosas en orden de una vez por todas.

- Es inocente respecto al ataque de esa noche. No estaba involucrada y no sabía nada sobre los planes llevados acabo por el grupo de rebeldes. Aunque se ha negado a decirme que fue exactamente lo que habló con su madre esa mañana.

Su vista se dirigió al mar, el viento salado golpeaba su cara dándole frescor. Sentía la mirada de su señor sobre él, sabía que aun tenía algo mas que decir al respecto.

- Sin embargo, ella sabía que su padre era un conspirador en su contra – terminó de decir.

Se dio cuenta que su ultimas palabras tuvieron efecto en él. El juicio de las familias de los nobles involucrados eran las que estaban tardando mas, aunque no se estaba llevando a ojo público se notó el radical cambio entre las familias de la zona alta, especialmente entre los que estuvieron detrás de toda aquella conspiración. Zuko no deseaba hacer pagar a inocentes por las ideas de los líderes de las casas, pero si formaban parte de todo eso, ya sea de manera directa, como lo estaba el hijo de Hong, ellos también recibirían su castigo. La familia de Mai no había quedado absuelta del todo, y aunque Zuko solo por unos segundos dudó en dejarle aquella tarea a Zheng de investigar la familia de Mai, confiaba lo suficiente en él como para saber que su juicio no se vería nublado o afectado por lo que había ocurrido en el pasado entre ambas casas.

- ¿Y simplemente decidió no tomar participación al respecto? – preguntó después de un momento.

- No, y por lo que me dijo ni siquiera parecía importarle.

Sorprendentemente lo vio sonreír antes de darle otro trago a su bebida. Después de eso se puso de pie, al parecer se retiraba.

- ¿Qué piensa hacer al respecto? – preguntó haciendo que se detuviera.

- Seguir con el plan original.

Después de eso se fue. Observó el recipiente con sake, no se le había olvidado, de eso estaba seguro, sonrió, bueno, al menos el clima en la isla Fuente de Sol era agradable en esa época del año.

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- ¿Nerviosa Sugar Queen?

Katara sonrió mientras Toph se paraba a su lado, la miró y no pudo evitar sonreír aun mas. Su apariencia era un desastre, el de las tres lo era para ser exacta, habían echo tantas cosas esa noche que ni siquiera ella se creía capaz de realizar y todo por seguir las ideas de la maestra tierra, su comportamiento dejaba mucho que decir de la princesa. El sol había nacido entre las montañas y su casa se bañaba con las luces matutinas, la taza de café en sus manos para despertarlas, Suki se escuchaba perezosa acercándose a ellas y tomando lugar en el cómodo cojín en el suelo mientras se servía su propia su ración del líquido caliente.

- Emocionada.

Sin embargo Toph notó una ola de emociones que hicieron vibrar el cuerpo de su amiga, algunas tal vez coincidían con la emoción descrita, pero hubo algo mas que pudo percibir. Llevó su mano a su espalda, tocándola suavemente.

- Todo estará bien – Katara la miró – No hagas caso a lo que ese estúpido hombre te dice, no creo que una vez convertida en la esposa de Zuko tu única función sea darle bebés y verte bonita a su lado.

Suki casi escupe el café y después de eso miró a las dos chicas.

- ¿Qué? – no ocultó su asombro.

- Es el organizador y tutor de Katara – Toph tomó lugar al lado de la princesa del sur – Al parecer no cree que sea una digna Señora del Fuego y solamente le dice que se conformaría con que se vea bonita al lado de Zuko.

- Ser la esposa de un gobernante es mas que ser un... adorno – opinó la guerrera.

- Lo sé pero...

Katara suspiró, no deseaba que sus inseguridades la agobiaran, no estando a un día de su boda, pero no había hablado de esto con nadie y al menos, trataba de encontrar un poco de desahogo con sus amigas.

– En la Nación del Fuego las mujeres no tienen una función demasiado activa, incluso las Señoras del Fuego anteriores no hacían mucho, a decir verdad no hacían nada además de estar presentes en cenas o ciertos eventos creo. Durante la guerra no había mucho que pudieran hacer ¿O si? No tengo a nadie que me guíe al respecto, no se realmente que es lo que tengo, o debo o pudiera hacer una vez que... sea coronada.

Tanto Suki como Toph pudieron percibir la angustia de su amiga, era obvio que las condiciones de Katara era muy diferentes a las de ellas, en primer lugar Toph era una princesa, no sería una reina como su hermano, a menos que el falleciera antes de tener un heredero, pero ella ya había sido instruida en cómo gobernar, sabía como se debía de desempeñarse y dirigir su nación, que no le interesara esa formación no decía que no pudiera llevarlo acabo de manera adecuada. Por otro lado, aunque Suki no había nacido dentro de una cuna real o noble, ella cuenta con el asesoramiento de la aun soberana del sur, la reina Kya le instruía respecto a la manera de sus funciones futuras y aunque aun faltaba tiempo para que ella tomara su lugar, su aprendizaje estaba mas que bien encaminado, además su suegra era muy amable con ella lo que le resultaba enormemente fácil aprender.

Pero de alguna manera sentían que Katara estaba sola. Había una gran desventaja sobre ella y fue por el echo de que pasó la mayor parte de su vida encerrada en su hogar. Su educación era buena, ni siquiera ellas lo pondrían en duda, pero desempeñarse dentro de una sociedad tan estricta y arraigada como lo era la Nación del Fuego no era cosa fácil. Si Katara hubiese nacido dentro de la nobleza y mantuviera una vida activa dentro de ella, algo que les parecía demasiado extraño que no lo fuera debido a la fortuna que aparentemente tenía su padre, las cosas pudieron haber sido diferente, al menos así sabría como se desenvolvían las mujeres de su sociedad y no sería tan difícil para ella.

- ¿Qué hay de Lady Urza? – preguntó Suki – Ella fue la Señora del Fuego ¿O no?

Katara negó con la cabeza – Antes de que el padre de Zuko se convirtiera en el Señor del Fuego ella... – dudó por un momento – Salió de la nación, solo llevó el título de princesa.

Ambas suspiraron, realmente no podían ayudarla.

- Si fuera tu haría las cosas a mi manera – comentó de pronto Toph.

- ¿Qué?

- Si, es decir, si no tienes idea de cómo deberías de comportarte entonces crea tus propias reglas, tu propio protocolo. Eres la Señora del Fuego, que aprendan a lidiar con eso y si no les gusta pueden irse al diablo. – sonrió de manera maliciosa.

Tanto Suki como Katara se quedaron en Shock, pero segundos después soltaron a reír, esa era Toph, después de todo su opinión sincera y directa había dado en el clavo con la situación actual de la futura soberana. Aceptó de muy buena manera sus consejos y después de un merecido baño y un almuerzo el cual a penas y pudieron probar ya que sus estómagos estaban algo inestables por el consumo de alcohol, partieron de regreso a la capital.

Después de la ceremonia realizada en honor a la futura novia, y el regaño del organizador por haber realizado tal desplante de su parte la noche anterior, Katara sentía que debía aclarar su mente de una vez por todas, ella quería ser la esposa de Zuko, pero así como lo había platicado antes con Suki y Toph, no tenía idea de que hacer como Señora del Fuego.

Recorrió a la única persona que pudiera ayudarla en esos momentos.

- ¿Katara?

- Hola tío Iroh – le sonrió al hombre del té.

- Me dijeron que querías hablar conmigo.

Se adentraron a los jardines privados.

- Se que tal vez le parezca extraño que le hable de esto en estos momentos pero, me gustaría saber, ¿Cuales son exactamente las expectativas de una Señora del Fuego?

Iroh la miró ligeramente sorprendido y ligeramente feliz, no le esperaba que le preguntara sobre eso, pero al mismo tiempo se sentía agradecido que viniera en busca de su consejo. Todo lo contrario a la reacción de su sobrino cuando le plantó la idea de que se convertiría en el siguiente gobernante. Estaba seguro que era por su amor a Zuko que ella estaba sobrellevando todo con aparente calma. Katara era lo suficientemente inteligente para saber que su posición, a pesar de ser la prometida de su sobrino, estaba ligeramente inestable, una maestra agua convertida en la Señora del Fuego, aunque fuera una mestiza y ciudadana de la nación no era muy bien aceptado a boca cerrada por todos. Pero su instinto la hiso ceder ante todos solo para demostrar que era capaz de llevar acabo la tarea de gobernar, sin embargo, se dio cuenta que la idea que tenía sobre su papel estaba algo errada y ahora no parecía feliz con eso.

- Tal vez te moleste pero la principal función de ser la esposa del Señor Fuego es el de dar herederos a la corona.

Ella suspiró, era exactamente lo que le habían dicho, para ser mas preciso era para lo único en lo que la estaban preparando, debía de ser sumisa y estar a la disposición de su esposo en todo momento, no le gustaba la idea realmente, es decir, no es que le moleste estar con Zuko en ese sentido, pero pensar que solo por eso estaba con él era lo que mas le disgustaba.

- Sin embargo – agregó Iroh – Esos eran otros tiempos – Katara lo miró - La respuesta no está en lo que hacían antes las Señoras del Fuego, si no en lo que deberían de hacer ahora.

Sus ojos azules le miraron con algo de confusión. Iroh tomó sus manos.

- Ustedes Katara, son el futuro ahora, una nueva generación que esta lista para romper los moldes viejos con los que fueron forjados las naciones. Y ninguna merece y necesita ese cambio mas que esta nación.

Su corazón se calmó dentro de su pecho y algo nuevo nació en ella, Toph había tenido razón, ella no sería como sus antecesoras, suficiente tenía con ser una maestra agua, lo cual ya rompía con el primer molde del que hablaba Iroh, y algo dentro de ella le decía que no sería el único en romperse.

Con una enorme sonrisa aceptó las palabras del hombre del té. Ahora se sentía mas segura respecto a lo que tenía que hacer.

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La ceremonia se había llevado con todo lo alto, el esplendor que la nación dejó mostrar era otra manera de hacerle ver al mundo otro lado de ellos. Y al parecer fue bien recibido.

Ya era muy noche cuando se adentró a su habitación. Su tía Kya y su abuela le ayudaban a quitarse el esplendoroso vestido y los adornos del cabello reemplazándolo por un atuendo mas cómodo y un peinado sencillo. Aunque lo normal era que esa sería la primera noche que los recién casados compartirían, hubo un ligero cambio de planes.

El viaje de bodas iniciaría en ese momento.

Cuando estuvo lista, las dos mujeres la miraron de la misma manera en que ven a las jóvenes cuando inician esa nueva etapa de su vida, nostalgia y felicidad combinadas con una sonrisa de satisfacción y orgullo. A pesar de que no se conocían de toda la vida, eran familia y eso era suficiente para crecer los lazos que los unía. Katara les agradeció sus atenciones, Kya la despidió con lagrimas en los ojos deseándole la mejor de las felicidades mientras que Hama le dio un dulce beso en la frente.

- Te equivocaste en algo – le susurro la matriarca del sur – Si me agrada tu esposo – el recuerdo del momento en que dijo esas palabras la hiso sonreír – Has elegido bien, un hombre digno de ti, como tu de él. Estoy mas que feliz de haberte acompañado en este día tan importante.

Sintió las lagrimas bordear sus ojos. Un segundo beso en su frente acompañado de un abrazo por parte de ambas mujeres la reconfortaron. Nunca había extrañado a su madre tanto como en esos momentos. Pero el amor compartido de las dos mujeres de su familia fue suficiente para trasmitirle el calor y aprecio que seguramente ella también le trasmitía desde el mundo de los espíritus.

Al salir de la habitación su padre le esperaba, al igual que en el momento en que la vio vestida de novia y lista para la ceremonia, el maestro de la esgrima fue incapaz de ocultar sus emociones, la abrazó con fuerza. Fue suficiente para ella entender sus sentimientos transmitidos atreves de su cuerpo.

La profecía se había cumplido. Nunca se sintió mas orgulloso, feliz y nostálgico como en esos momentos.

Sin mirar atrás y con una mar de emociones en su interior pero a paso firme Katara camino por el pasillo tenuemente iluminado. Cuando salió al exterior pudo sentir el aire fresco rozar su cara. Mientras se acercaba a la explanada vio el globo, la espalda de Zuko fue lo siguiente en mirar, Iroh estaba a su lado así como Urza, los tres giraron cuando la sintieron llegar, Zuko le sonrió al instante.

Los ojos del señor del té la miraron con cariño y aprecio, la felicidad de ver como dos personas que apreciaba tanto ahora estaban unidos. Y él sabía que su sobrino merecía esta felicidad mas que nada en el mundo. Un dulce abrazo para ambos en despedida. Urza de igual manera los despidió con lagrimas en los ojos.

Zuko extendió su mano y Katara la tomó sin dudar, de pronto la alzó para adentrarla a la canastilla. Él la siguió después. Con su fuego control hiso arder mas la caldera y el globo comenzó a elevarse poco a poco. En el aire vieron toda la capital siendo iluminada por las luces de la noche, era hermosa. Druk se elevó quedando a su altura, volando a su lado.

- ¿Lista para iniciar nuestro viaje? – le preguntó con una sonrisa. Katara pensó que no podría enamorarse de él mas de lo que ya estaba, pero al sentir su mirada de esa manera sus límites de amor se expandían aun mas.

- Mas lista que nunca – respondió con alegría y seguridad. Sí, ella estaba lista para él, para su futuro y lo que sea que vendría.

La besó con intensidad, solo para después dirigir el globo hacia su destino.

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